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UNIVERSIDAD DE SEVILLA DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA EVOLUTIVA Y DE LA EDUCACIÓN FAMILIAS DE MADRES SOLAS POR ELECCIÓN COMO CONTEXTO PARA EL DESARROLLO INFANTIL TESIS DOCTORAL MARTA DÍEZ LÓPEZ Sevilla, Junio de 2015
FAMILIAS DE MADRES SOLAS POR ELECCIÓN COMO CONTEXTO PARA EL DESARROLLO INFANTIL Memoria presentada por MARTA DÍEZ LÓPEZ Directoras Mª DEL MAR GONZÁLEZ RODRÍGUEZ Profesora Titular del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación BEATRIZ MORGADO CAMACHO Profesora Contratada Doctora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación Tutor JESÚS JIMÉNEZ MORAGO Profesor Titular del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación UNIVERSIDAD DE SEVILLA Sevilla, Junio de 2015
“Al igual que la diversidad de especies es un indicador de la salud de un ecosistema, la diversidad familiar debería ser contemplada como evidencia de la salud de una sociedad, en tanto que muestra el grado en que sus miembros pueden ejercer la libertad de elegir y desarrollar el modo de vida en familia que les hace más felices”. (Scanzoni, 2004; 18)
Agradecimientos Este trabajo ha sido un proceso largo que ha terminado, como pasa tantas veces en la vida, cuando así ha podido y tenido que ser. A lo largo de este tiempo han sido muchas las personas que han estado presentes, algunas están nombradas en estas páginas y otras se esconden entre sus líneas. A todas ellas les quiero agradecer haber formado parte de alguna manera de esta tesis. El agradecimiento más especial es para las familias que nos abrieron las puertas de sus casas y nos mostraron con tanta amabilidad lo que había en su interior. A todas las mujeres que nos contaron sus experiencias, sus miedos y sus ilusiones. A todos los niños y todas las niñas que me concedieron un trocito de su vida para que la contara en este trabajo. Gracias de corazón. En este viaje me ha acompañado desde el principio un gran equipo. Algunas personas siguen formando parte de él, otras lo han hecho durante un tiempo, pero todas han hecho posible que este trabajo fuera posible: Mª del Mar González, Beatriz Morgado, Mª del Mar Tirado, Laura Nieto y Paloma Ponce. Gracias a Mª del Mar González por darme desde el principio la oportunidad de conocer el mundo de la investigación y por enseñármelo de esa forma que sólo ella sabe hacer tan bien, combinando a dosis perfectas su conocimiento y profesionalidad con su cercanía y calidez. Gracias por, a pesar de tantos cambios vitales, estar hasta el final conmigo. Por fin vemos esta tesis terminada, sé que compartes la alegría por ver el fruto de esta semilla que hemos regado juntas tantos años. He tenido la suerte de contar con Beatriz Morgado a lo largo de este tiempo, al principio como compañera, luego como codirectora de tesis y siempre como amiga. Muchas gracias Bea por tus sabios consejos y palabras de ánimo, por acompañarme en estos y otros momentos y por sacar tiempo de debajo de las piedras ya fuera para corregir, para organizar o para charlar. Una de las mejores cosas de la investigación es que mientras estás inmersa en ella te encuentras con personas muy especiales, en este caso Mª del Mar Tirado ha sido, sin duda, mi persona especial. Gracias por tantos ratos que hemos pasado juntas, por esos agradables trayectos en coche hasta las casas de las familias, por las muchas entrevistas que hemos hecho y por lo que, estoy segura, nos queda por pasar. Gracias a Laura Nieto y a Paloma Ponce por su inestimable ayuda con las entrevistas y las evaluaciones de los niños y niñas. Os he tenido muy presente a lo largo de este trabajo ¡gracias! Mi agradecimiento más sincero a las personas que forman parte del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación por influir de forma tan significativa y positiva en mis aprendizajes. Gracias especialmente a Jesús Jiménez que aceptó sin titubear ser mi tutor académico y ha tenido siempre palabras sinceras y gestos de ánimo y comprensión. Gracias, también, a Ana López por su ayuda con los análisis de datos. Gracias a la Dirección General de Infancia y Familias de Andalucía y la clínica IVI Sevilla, pilares fundamentales para llevar a cabo esta investigación, por la confianza depositada en este equipo de investigación. En este tiempo he tenido la oportunidad de conocer y trabajar con otros equipos de investigación de los que he aprendido mucho a nivel personal y profesional. El equipo del HBSC ha sido mi “guarida” durante un tiempo y, como no podía ser de otra forma estando al frente Mari Carmen Moreno, la calidad humana es, ante todo, lo que prevalece en mi recuerdo. Mari Carmen, Pilar, Fran, Inma, Antonia, Irene, Conchi, Carmen, Ana, Isis, Pablo y Teresa ¡gracias por vuestro apoyo y vuestra confianza en mí! Irene, gracias además por esos maravillosos lunes de desayuno, confidencias y
desahogos que espero que no se terminen con esta tesis. Conchi, Carmen y Ana ¡gracias por todo! ahora os paso el relevo, mucho ánimo. Gracias, muchísimas gracias a Águeda Parra y a Inma Sánchez-Queija por darme la posibilidad de formar parte de su grupo de investigación y por acogerme en esta familia que hemos formado las tres TAES. Gracias por darme la fuerza que necesitaba para terminar la tesis y vuestros sabios consejos. Inma, mil gracias por compartir tu despacho conmigo de tan buena gana, por esa sinceridad que tanto valoro y por todo lo que me has ayudado. Águeda, muchas gracias por tu sabia amabilidad y por tus palabras siempre cálidas y acertadas. Gracias a las dos por vuestra paciencia y por todo lo que me estáis enseñando ¡millones de gracias! Tengo la suerte, además, de tener cerca a compañeras y amigas que siempre me han apoyado y sin las que el trabajo diario no sería, ni de lejos, igual de gratificante. Espe, Paqui y Maite gracias por estar cerca, es un verdadero lujo poder contar con vosotras para esto y para otras muchas cosas. Probablemente a quien más tengo que agradecer este trabajo es a mi familia que será porque es la mía, pero es la mejor que podía tener. Gracias a mi padre y a mi madre porque siempre me han ayudado y apoyado de mil maneras. Sé que no teníais claro si terminaría o no la tesis, pero aquí está por fin y es, en gran parte, gracias a vuestra ayuda, porque siempre estáis conmigo cuando os necesito y cuando no también, porque me dais todo vuestro apoyo y amor y porque confiáis en mi, aunque a veces os lo ponga difícil. Gracias a mis hermanas Ana y María, y a mi otra hermana Virginia porque son mis tres pilares vitales ¡gracias chicas por estar siempre a mi lado! Gracias a Lola por domar al potro sin quitarle el fuego de la mirada, gracias por estar, por verme y por ser tan única. Soy muy afortunada por tener buenos amigos y amigas que me apoyan y alegran mis caminos. Gracias a David por formar parte de mi vida y entenderme con una sola mirada; gracias a Elena y Keka por ser tan auténticas y tan grandes amigas, enormes amigas más bien; gracias a Carmen Gloria por su apoyo incondicional; gracias a Maxi por ser él mismo pase lo que pase. Gracias a Mariano por transmitirme tanta alegría. Muchas gracias a mi grupo de mujeres valientes: María X., Maspe, Ana, Angelita, Bea Mo, Bea Ma., María R. y Maka. Gracias a “Buena vecindad” (Jas, María C., Carlos, Mireia, Alex, Olga, Inma, Sebas, Cadí y María N.) por estar literal y figuradamente tan cerca. Gracias a Elena Paredes porque, sin entender todavía muy bien qué es esto de hacer una tesis, siempre me ha animado efusivamente. Gracias sobre todo, Ele, por dejarme formar parte de tu vida. Gracias a Miguel por estar siempre a mi lado, por animarme y confiar en mí en todo momento. Gracias por este proyecto de vida que tenemos juntos y que me hace tan feliz.
Presentación 3 9,4% del total de hogares españoles (de ellos el 7,8% estaban encabezados por mujeres) y el 14,3% de los hogares formados por un núcleo familiar (11,8% bajo la responsabilidad de una madre en solitario). - Disminución de las familias nucleares tradicionales, así como del número de hijos que conviven en ellas. El porcentaje de parejas con hijos e hijas que conviven en el hogar es de 34,6 mientras que hace veinte años representaban el 53.5%. El número medio de miembros es de 2,51 cuando en el año 1970 sobrepasaba los 4 miembros (INE, 2015) - Descenso de los hogares complejos, compuestos por más de un núcleo o por más de una familia, así como de los hogares extensos. Los hogares complejos representan en la actualidad un 6,7% del total de hogares en España frente al 3,2% de hace tan solo veinte años (INE, 2015). Con estos datos por delante, comprobamos la coherencia entre los principales indicadores demográficos actuales y las características con las que Flaquer (1999) identificaba la “segunda transición familiar”, en la que parece que nos encontramos de lleno. Los cambios en las estructuras (por ejemplo, parejas no casadas, madres solas o parejas con un hijo adoptado) y en las funciones de las familias (lejos ya de las meras funciones reproductivas) han venido acompañados, como no podía ser de otra forma, por un cambio también en los valores. Poco a poco se han hecho realidad en el ámbito familiar los valores proclamados durante la Revolución Francesa (Alberdi, 1999): la igualdad entre hombres y mujeres es ahora una premisa que guía la vida de las familias y sus formas de convivencia; la libertad desemboca en la diversidad en los tipos de hogares y en las relaciones personales dentro de ellos, lo que significa una alternativa a las formas tradicionales y jerarquizadas bajo la autoridad del padre; la solidaridad se sustenta en el paso de los sistemas privados de ayuda a los sistemas públicos como la sanidad o la educación, que permite que las mujeres estar más presentes en ámbitos hasta ahora poco accesibles para ellas como el trabajo remunerado. Si se analizan las causas de los cambios acaecidos en los últimos años en el terreno familiar y el cambio de valores que se ha producido, sobresale sobre todo, la influencia del movimiento feminista, como reconocen algunas de las principales figuras de la sociología de la familia en España (por ejemplo, Alberdi, 1999; Flaquer, 1999). El feminismo, en sus distintas variantes, se introdujo de forma real y contundente en el ámbito de la sociología familiar en los años setenta y tuvo que hacer
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 4 verdaderos esfuerzos por demostrar y mostrar que la simetría de roles de género no supone una amenaza a la estabilidad social, ni su asimetría una fortaleza (Barrón, 2008). El movimiento feminista intenta desde sus inicios recuperar las experiencias y realidades familiares que habían quedado silenciadas en el pasado y evaluar las implicaciones políticas, sociales y emocionales de tal silenciamiento. A partir de sus postulados se han tambaleado algunos de los pilares fundamentales de la familia patriarcal, que ha dejado de estar bajo la autoridad única del varón, cabeza de familia, su único representante y organizador de la vida de todos sus miembros y se ha discutido la utilidad y legitimidad de una división de roles en su seno que otorgaba a las mujeres un papel secundario, al servicio de toda la familia. Al hacer a las mujeres dueñas de su propio destino, al reclamar para ellas una “habitación propia” (Wolf, 1929) ha promovido un cambio copernicano en sus roles y opciones vitales, que han tenido consecuencias radicales para las familias. Y es que los nuevos roles desempeñados por las mujeres son un motor de cambio constante en las familias, o mejor dicho, tanto los nuevos roles que cobran cada vez más protagonismo como aquellos otros cada vez menos frecuentes, perfilan una evolución en el interior de las familias que poco tiene que ver con la de hace unos años. Entre los primeros encontramos la incorporación de las mujeres al mundo público: ámbitos como el académico, el laboral o el político son, cada vez más, terrenos compartidos por hombres y mujeres. Entre los segundos está la división de roles, destinada a su desaparición, o la carga de las tareas domésticas y de cuidado como única responsabilidad de las mujeres. Los trabajos que analizan la socio-génesis de la separación entre lo productivo y lo reproductivo, el trabajo y el hogar, han permitido entrever que el estudio de las diversas formas familiares se acaba convirtiendo en un análisis de las diferentes ideologías en occidente, condicionadas y condicionantes a su vez de procesos económicos, políticos e ideológicos que exceden las dinámicas familiares en sí mismas (Barrón, 2008) Apuntábamos que uno de los factores claves del cambio en la forma de entender la familia es el mayor poder de elección de las formas de vida y convivencia. En este sentido, las mujeres se han convertido, por fin, en las fundamentales protagonistas de sus propias vidas, ya no siguen una vida trazada por otros, ahora tienen la oportunidad de elegir si quieren casarse, cómo y con quién, pueden pensar si tener hijos (con su pareja o ellas solas) y cuándo. El emparejamiento y la maternidad han pasado de ser un destino a ser una opción para las mujeres.
Presentación 5 Es en este marco sociocultural e ideológico en el que se inserta y surge, no por casualidad, el tipo de familia de la que nos vamos a ocupar en este trabajo: las madres a solas por elección. La maternidad ha pasado de ser una transición vital inevitable para cualquier mujer, o su ausencia un motivo de estigma, a ser una opción deseada y disfrutada. Esta decisión de ser madre será a priori, búsqueda activa de un embarazo o de un hijo por otras vías como la adopción o la reproducción asistida, o a posteriori, consumación de un embarazo sobrevenido, pero en cualquier caso será una opción decidida y elegida entre otras (vivir en pareja o sola sin hijos, recurrir al aborto o a la adopción, etc). Las familias de madres solas en nuestra sociedad La monoparentalidad no empieza a ser un suceso definido y descrito en España hasta hace apenas treinta años. Esta falta de interés no se debe a la inexistencia de familias de madres solas con anterioridad, sino más bien a su total invisibilidad. Invisibilidad basada, sobre todo, en el hecho de que nuestra sociedad admitía como legítima únicamente a la familia nuclear biparental. Se consideraba que era ésta, como decíamos antes, la familia “natural”, la única aceptable, ensalzada además, en su momento, por el régimen franquista, que la consideraba como uno de los pilares de la patria (González, Jiménez, Morgado y Díez, 2008b). Sin embargo, este no es el único motivo de la ignorancia que han sufrido las familias monoparentales, fundamentalmente, se entiende, encabezadas por mujeres. Otro motivo principal es que en ellas no hubiera un hombre “cabeza de familia”. No olvidemos que era una sociedad profundamente patriarcal, en la que se otorgaba un papel preponderante al padre. Además, hemos de tener en cuenta que se trataba de un estado confesional, impregnado de moral católica, donde ser y desear ser madre era la única forma de realización identitaria de las mujeres y que, además, rechazaba la sexualidad ajena al matrimonio y, por tanto, la maternidad de solteras (Paredes y Agudo, 2010), apareciendo sus hijos e hijas como el producto no deseado de esa sexualidad y relegándolos, junto a sus madres, al plano de lo “desviado” o lo “anormal” (González, Jiménez y Morgado, 2004). Dadas las circunstancias que hemos descrito, no debe resultar extraño que no dispongamos de datos estadísticos acerca de la presencia de hogares de madre sola durante la dictadura franquista y que apenas contemos con información acerca de cómo eran las circunstancias vitales de estas familias (Flaquer, 1999). En los años setenta y ochenta se produjeron una serie de cambios en la sociedad española que tuvieron como consecuencia, entre otras, que las familias de
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 6 madres solas fueran ganando en visibilidad y legitimidad social. De entre éstos, es justo resaltar el artículo 39 de la Constitución Española de 1978 que estableció “la igualdad de todos los hijos ante la ley, con independencia de su filiación, y de las madres, cualquiera que sea su estado civil”, lo que conllevó la reforma del código civil que condujo a la equiparación en derecho de todos los hijos o hijas, independientemente de su carácter matrimonial o extramatrimonial, consiguiéndose así respaldo jurídico para la maternidad de mujeres solteras. Otro cambio importante fue el hecho de que se les otorgara nombre, por fin las familias de madres solas dejan de ser familias “rotas”, “incompletas” o “desestructuradas” (Fernández y Tobío, 1999) para pasar a ser “familias monoparentales”, logro que se debe en gran parte, como decíamos, a la sociología feminista. Dos nuevas regulaciones legislativas han contribuido también a incrementar la presencia de la maternidad de solteras en nuestra sociedad. De una parte, la Ley 21/1987 que modificó el Código Civil en materia de adopción y, de otra, la Ley 35/1988 que reguló por primera vez las Técnicas de Reproducción Asistida y posteriormente la Ley 14/2006 en la que se explicita el derecho de toda mujer mayor de 18 años a ser receptora o usuaria de las técnicas previstas de reproducción, con independencia de su estado civil y de su orientación sexual. Tanto en un caso como en otro, las leyes permiten a las mujeres acceder en solitario a la maternidad, por lo que, desde hace veinte años, las mujeres españolas han podido ser madres en solitario, ya sea a través de la adopción o mediante técnicas de reproducción asistida, siendo este hecho singular con respecto a otros países de nuestro entorno. Por ejemplo, en países como Italia, Inglaterra o Francia la legislación en materia de reproducción asistida no permite a las mujeres solteras someterse a sus tratamientos. En Italia tampoco la adopción está permitida para las familias monoparentales. Por último, la mayor permisividad en materia de sexualidad y cohabitación es, junto al hecho de que la maternidad en solitario se haya extendido a las diferentes clases sociales, otro de los cambios que han contribuido a la visibilidad y mayor aceptación de las familias monoparentales. Son también en este caso las teorías feministas, como no podía ser de otra manera, las que comienzan a desvincular la reproducción y la sexualidad, lo que sirve para recuperar (incluso científicamente) la faceta sexual de las mujeres. Se dejan de realizar análisis y teorías basadas en coordenadas sexistas y ganan protagonismo las dimensiones de deseo y expresión sexual, dejando a un lado la idea de madres y esposas devotas, pero sobre todo de personas asexuales (Barrón, 2008).
Presentación 7 La maternidad en solitario como objeto de estudio Las familias de madres solas empiezan a ser objeto de interés científico en nuestra sociedad, como señalábamos en el apartado anterior, hace treinta años. No es hasta el año 1988 cuando aparece el primer libro sobre monoparentalidad, siendo Iglesias de Ussel su compilador (Iglesias de Ussel, 1988), en el que se incluyen estudios desarrollados por distintos investigadores españoles y franceses. En este libro encontramos un capítulo titulado Las madres solteras. Historia de las mujeres sin historia en la España de los ochenta y escrito por De Miguel, y no deja de ser sorprendente que al final, y paradójicamente, termine refiriéndose más a las interrupciones voluntarias del embarazo que a la propia situación de maternidad en solitario. A partir de esta obra pionera, muchas otras han ido apareciendo. Algunas se han desarrollado con muestras locales o autonómicas (Cif. Arenas, 1992; Domenech, 1994; Hernández Rodríguez y col. ,1996; Jiménez, González y Morgado, 2005; Jordana, 2009; Poveda, Jociles y Rivas, 2011) y otras con muestras nacionales, pero con datos procedentes, fundamentalmente, de la explotación específica de bases de datos concebidas en principio para otro fin (Fernández y Tobío, 1999; González, 2000; Flaquer et al., 2006; Madruga-Torremocha, 2006). La gran mayoría de los estudios realizados en España acerca de la maternidad en solitario han abordado la monoparentalidad “sobrevenida”, si se nos permite la expresión, aquella que no se buscó de partida, pero a la que han conducido distintas circunstancias de la vida: separación o divorcio, muerte del cónyuge, no implicación de la pareja, etc. Es lógico, por supuesto, que haya sido así, puesto que se trata de las situaciones más frecuentes. Sin embargo, no hay que olvidar que, por un lado, son realidades familiares distintas, con aspectos comunes, por supuesto, pero con otros que claramente las diferencian, y, por otro lado, que la estabilidad de los niños y niñas que crecen en una familia de madre sola que así lo ha decidido es distinta, como grupo, a la de aquellos hogares en los que se ha experimentado un episodio de estrés asociado a una separación o una muerte (Golombok, Tasker y Murray, 1997; MacCallum y Golombok, 2004; Nixon, Greene y Hogan, 2012). Aunque existen en las familias de madres solas por elección otro tipo de presiones, como el estigma social, que pueden influir, por ejemplo, en una mayor vulnerabilidad de los niños y niñas a problemas emocionales y de comportamiento (Golombok y Badger, 2010). Estigma social que aparece en el momento en que estas madres deciden apostar por una maternidad sin varón y remueven, consecuentemente, las bases mismas de la familia patriarcal (Almeda y Di Nella, 2011; Flaquer, 1999; Hertz, 2006).
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 8 A diferencia de los trabajos a los que nos hemos referido, el que ahora se presenta está centrado en aquellas mujeres que son madres a solas porque así lo han decidido. Como apuntábamos, el hecho de que se trate de un fenómeno emergente en nuestra sociedad tiene como consecuencia que la comunidad científica española apenas le haya prestado atención. Sólo los trabajos recientes de tres equipos españoles abordan este fenómeno. Por un lado, desde la Antropología el equipo de referencia es el de María Isabel Jociles y Ana María Rivas de la Universidad Complutense de Madrid (Jociles y Rivas, 2009; Jociles y Rivas, 2010; Jociles y Rivas, 2011; Jociles, Rivas y Poveda, 2014; Jociles, Rivas, Moncó, Villamil y Díaz, 2008; Poveda, Jociles y Rivas, 2011). Por otro lado, y también desde la Antropología, encontramos el trabajo de Jordana en la Universidad de Barcelona, (Jordana, 2007; Jordana, 2009). Por último, desde la Psicología, el equipo de la Universidad de Sevilla encabezado por María del Mar González y dentro del que se enmarca esta tesis doctoral (Díez, Jiménez, Morgado y González, 2007; González, Jiménez, Morgado y Díez, 2008; González, Díez, Jiménez-Lagares y Morgado, 2011). En cambio, en otros países es un hecho identificado y en torno al cual han aparecido algunas obras básicas e importantes (Cif. Kammerman y Kahn, 1988; Hertz, 2006; Miller, 1992; Murray y Golombok, 2005a;b), incluyéndose ya en las revisiones de referencia sobre monoparentalidad (Weinraub, Horvath y Gringlas, 2002). Muchos de estos estudios no han distinguido entre las diversas vías de acceso a la maternidad en solitario por elección (Davies y Rains, 1995; Golombok y Badger, 2010; Gringlas y Weinraub, 1995; Hertz, 2006; Herz y Ferguson, 1997; Mannis, 1999; Weinraub et al., 2002). Otros, sin embargo, sí diferencian el modo de acceso y se centran en familias en las que las madres optaron por las técnicas de reproducción asistida (Golombok, Tasker y Murray, 1997; Klock, Jacob y Maier, 1996, Murray y Golombok, 2005a;b; Salomon, sylvest, Hansson, Nyboe Andersen & Schmidt, 2015; Weissenberg, Landau y Madgar, 2007 o Weissenberg y Landau, 2012). Otros autores estudian a las madres que se decidieron por la adopción (Groze, 1991, Pakizegi, 2012, Shireman, 1995; 1996; Siegel, 1998; Tan, 2001). Dada la escasez de estudios y el hecho de que con frecuencia se han usado muestras en que las madres habían accedido a la maternidad por distintas vías, en nuestra revisión usaremos indistintamente las diversas referencias bibliográficas acerca de la maternidad en solitario, independientemente de la vía de acceso. Este trabajo, como decíamos, se centra en las madres solas por decisión propia, mujeres que deciden tener y criar una criatura a solas, sin pareja. Creemos que el estudio de las familias de madres a solas por elección, interesante en sí mismo, nos
Presentación 9 permite además acercarnos a un tipo de hogar que, teniendo la característica básica para conformar una familia monoparental (no hay figura paterna), se distancia de otras familias de madre sola en otras dimensiones tradicionalmente asociadas a ellas, como la corta edad, el bajo estatus económico y social, o el bajo nivel educativo (Hert y Ferguson, 1997; MacCallum y Golombok, 2004; Nixon, Greene y Hogan, 2012; Patterson y Hastings, 2007). Nos situamos ante un tipo de familia en la que el padre no ha estado presente en ningún momento y, por tanto, tampoco se ha producido la dolorosa ruptura marital. De acuerdo con los estudios realizados en otros países, parece que estas mujeres parten de posiciones más aventajadas que otros tipos de madres solas: son adultas, tienen buenos empleos, buenos salarios, niveles educativos más altos, amplias e implicadas redes sociales y, además, el deseo de ser madres y la planificación que esa situación requiere (Golombok y Badger, 2010; Gringlas y Weinraub, 1995; Groze, 1991; Hertz y Ferguson, 1997; Klock, Jacob y Maier, 1996; Manis, 1999; Pakizegi, 2012; Shireman, 1996; Weinraub et al. 2002). Como decíamos, en España no se han realizado muchos estudios sobre estas familias y, cuando se han hecho, ha sido fundamentalmente desde el ámbito de la antropología. Sin embargo, no sabemos si en el terreno psicológico encontraremos características similares a las halladas en otros países donde se ha avanzado más en la investigación desde este ámbito de estudio. Tampoco sabemos cómo serán las mujeres que deciden ser madres sin pareja en cuanto a sus características psicológicas, o si sus hijos o hijas se parecerán a quienes viven con madres solas en otras circunstancias menos favorables o si, por el contrario, encontraremos diferencias significativas en cuanto a ellas y sus criaturas se refiere. El trabajo que a continuación se presenta está enmarcado dentro de dos proyectos de investigación más amplios, bajo la dirección de María del Mar González: el primero de ellos “Madres solas por elección. Análisis de la monoparentalidad emergente” (INV 2004-053) se realizó en el trienio 2004-2007 y dio paso a “Nuevas familias monoparentales. Madres solas por elección” (INVM PR105-07) finalizado en diciembre de 2010, ambos enmarcados en el Programa Sectorial de Estudio de las Mujeres y del Género, en el marco del Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica (I+D+I), con financiación del Instituto de la Mujer y del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. El trabajo se ha organizado en cinco capítulos: en el primero de ellos se ha realizado una revisión de la literatura que aborda la temática de la maternidad en
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 10 solitario en general y las familias de madres solas por elección en particular. Después de hacer un breve repaso por los diferentes tipos de familias monoparentales, nos detenemos en las que son objeto de estudio para apreciar algunas variables de las madres. En esta primera parte del capítulo se intenta dar respuesta a preguntas que tienen que ver con el cómo y por qué estas mujeres deciden convertirse en madres sin pareja y cuáles son sus características principales tanto en lo que tiene que ver con su ajuste interno como de funcionamiento familiar o la constitución de su red da apoyo. En el segundo capítulo se pretende hacer una revisión sistemática sobre aquello que la investigación científica ha estudiado de los niños y niñas que nacen y crecen en hogares encabezados por madres solas por elección. Se describe en este capítulo lo que se conoce de su competencia académica y social, ajuste emocional y comportamental y desarrollo psicológico. El método se presenta en el tercer capítulo. Se describe, en primer lugar, el proceso de acceso a las familias participantes y sus características sociodemográficas; seguidamente se exponen los instrumentos empleados; en tercer lugar se ha descrito el procedimiento y finalmente los análisis de datos realizados. El cuarto capítulo se centra en la presentación de los resultados. Se exponen en él los resultados más relevantes del trabajo realizado, usando para ello distintos bloques, relacionados con los objetivos de este trabajo de tesis. El primer bloque incluye las variables de ajuste interno, funcionamiento familiar y apoyo social de las madres solas por elección estudiadas; en el segundo se muestran los resultados hallados en el desarrollo y ajuste psicológico de sus hijos e hijas; y por último, en el tercero se presenta la posible influencia de las variables sociodemográficas relativas al sistema familiar y de las propias características de los niños y niñas en el ajuste y desarrollo psicológico infantil así como la relación de las variables de las madres y las de los hijos entre sí. La discusión de los resultados encontrados se expone en el quinto capítulo, donde se contrastan con los hallados en otras investigaciones. Este es el momento de formular preguntas que permitan abrir nuevas vías de investigación y de realizar propuestas para futuros trabajos. En este capítulo se incluyen, también, las limitaciones de esta investigación.
Maternidad en solitario por elección 11 I. Maternidad en solitario por elección Este apartado está dedicado a profundizar en el conocimiento actual sobre las madres solas. Comenzaremos describiendo las familias monoparentales encabezadas por mujeres para, inmediatamente después, describir la diversidad que entraña la monoparentalidad. A continuación, pondremos el foco de atención en las madres solas objeto de este estudio, las madres solas por elección. Haremos un esfuerzo por cuantificar el fenómeno de la maternidad a solas elegida y ahondaremos en sus características tanto sociodemográficas como psicológicas.
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 12 1.1. Familias monoparentales encabezadas por mujeres Las familias monoparentales suponen en la actualidad el 9,4% del total de hogares españoles y, de ellos, el 7,8% está encabezado por una madre sola, y el 14,3 % de los hogares formados por un núcleo familiar, siendo en este caso el 11,8% la representación de las familias monoparentales encabezadas por una mujer (INE, 2015). Como se aprecia, las familias monoparentales están formadas, en su mayoría, por mujeres a cargo de sus hijos e hijas (Flaquer, Almeda y Navarro-varas, 2006), de hecho el número de hogares formados por una madre a solas representaba el 82,7% del total de hogares monoparentales (INE 2015). El tipo más común es el constituido por una madre separada o divorciada que convive con sus criaturas (Amato, 2000a; Cantón, Cortés y Justicia, 2000; Fernández y Tobío, 1997; Morgado, 2008; Morgado y González, 2001). De los datos de la Encuesta de Población Activa explotados por el Instituto de la Mujer (2015), se pueden extraer los porcentajes de familias monoparentales según el estado civil de las mujeres que las encabezan: el 53,47% del total estaban separadas o divorciadas, 21,09% estaban solteras, el 10,91% casadas (legalmente, se entiende) y el 8,51% viudas. Si consideramos ahora “la infancia como unidad de análisis y a los niños como unidad de observación”, como planteaba Hernán (2006, p. 45) en una explotación específica del censo de 2001, se aprecia que el 10,3% de los niños y niñas menores de edad españoles viven solos con su madre, lo que en términos absolutos se traduce en 733.560 criaturas. De todos esos niños, la gran mayoría convive con su madre separada (27,4%) o divorciada (12%), un 28,9% conviven con su madre casada pero en trámites de separación, el 19,9% con madre soltera y el 12,5% con una madre viuda (Hernán, 2006). El aumento de las cifras de familias monoparentales en los últimos años se debe, principalmente, a dos hechos: por un lado, al incremento de la maternidad extramatrimonial y, por otro, al aumento de separaciones, divorcios o nulidades. Así, la maternidad extramatrimonial representaba en el año 2013 el 40,85% del total de los niños nacidos según datos del INE (2015), mientras que en el año 2003, diez años antes, esta tasa era del 23,36% y en 1975 era sólo del 2%. En cuanto al incremento de de sentencias de nulidades, separaciones y divorcios, en el año 2013 se produjeron un total de100.437 sentencias (INE 2015), cuando en el año 1981, por ejemplo, fueron 16.362. Si bien este último motivo sí influye directamente en el número de familias monoparentales, la maternidad fuera del matrimonio no afecta necesariamente, ya que la mayoría de estos nacimientos se dan en parejas que conviven aunque no estén
Maternidad en solitario por elección 19 Vitro (FIV) en la que los óvulos son fertilizados en el laboratorio y luego transferidos a la madre, por lo que el feto está relacionado genéticamente con la madre (con el padre y la madre en el caso de ser una familia biparental), (2) la inseminación artificial por la que la mujer es inseminada con el semen de su pareja (ICSI) o de un desconocido (DI) y (3) la donación de óvulos en la que el vínculo genético es con el padre, en caso de haberlo. Por último, la monoparentalidad biológica no asistida, también denominada “espontánea” por los y las profesionales de la reproducción asistida, es aquella que no se buscó de partida, pero que surgió de una relación heterosexual sin compromiso de vida en común. Pueden darse dos circunstancias: la más frecuente es que el embarazo sorprenda a las propias madres, pero sea aceptado y asumido desde el inicio como un proyecto de maternidad en solitario. La segunda circunstancia posible es que una mujer busque un intercurso sexual para propiciar un embarazo que se planifica como una opción individual. 1.3.3. Características sociodemográficas La monoparentalidad ha sido asociada tradicionalmente con falta de recursos económicos y laborales, problemas de vivienda, carencias de recursos educativos… llegando a ser un colectivo sobrerrepresentado entre aquellos con más riesgo de sufrir exclusión social (González, Morgado y Jiménez, 2004; Madruga y Mota, 1999; McLanahan, 1985; McLanahan y Sandefur, 1994). Según el VII Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social (Laparra, 2014), en España el 36,1% de los hogares monoparentales encabezados por mujeres se sitúan por debajo del umbral de la pobreza. Las familias de madres solas se instalan así dentro de un panorama bastante desolador que, sin embargo, cambia de rumbo, y así lo iremos viendo, cuando se trata de mujeres que han decidido activamente convertirse en madres solas, principalmente porque en el momento de la decisión suele gozar de una buena estabilidad personal, económica y laboral. La literatura científica ha comprobado que las madres solas por elección tienen, en general, un nivel educativo alto, son universitarias en su mayoría, aunque no es un patrón absolutamente hegemónico y hay también algunas madres solas por elección, las menos, con nivel educativo secundario (Gringlas y Weinraub, 1995; Groze, 1991; Hertz y Ferguson, 1997; Manis, 1999, Pakizegi, 2007; 2012; Shireman, 1996; Weinraub et al. 2002).
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 20 En cuanto al empleo, son muchos los estudios que constatan que estas madres tienen profesiones estables y cualificadas (Gringlas y Weinraub, 1995; Groze, 1991; Hertz y Ferguson, 1997; Klock et al., 1996; MacCallum y Golombok, 2004; 2005; Mannis, 1999; Shireman, 1996; Weinraub et al. 2002). Un estudio con familias de reproducción asistida realizado por Weissenberg, Landau y Madgar (2007) no encuentra diferencias significativas en el tipo de empleo y de jornada entre las madres que compartían su maternidad con una pareja y las madres solas. Los autores encuentran que los empleos son, tanto en unas como en otras madres, mayoritariamente cualificados y las jornadas a tiempo completo. Si nos detenemos en los estudios que han considerado las circunstancias económicas de las madres solas por elección, observamos que todos ellos comprueban que estas madres gozan mayoritariamente de una financiación segura (Gringlas y Weinraub, 1995; Groze, 1991; Hertz y Ferguson, 1997; Klock et al., 1996; Mannis, 1999; Pakizegi, 2012; Weinraub et al. 2002). Aunque también se ha observado que cuando los niños llegan a la adolescencia, con el consecuente incremento en los gastos económicos, el número de madres que vive como un problema el estrés económico aumenta (Shireman, 1995; Weissenberg y Landau, 2012). Las familias de madres a solas por elección están encabezadas, por tanto, por mujeres con un buen nivel educativo, universitarias mayoritariamente, con profesiones estables y económicamente solventes. Características, todas ellas en general y la solvencia económica en particular, que pueden llegar a ser usadas por las madres como uno de los argumentos principales para legitimar su decisión de ser madre a solas y distanciarse de los estereotipos asociados a la maternidad en solitario no buscada (Bock, 2000; Mannis, 1999). Sin embargo, existen algunas investigaciones que hacen hincapié en que no todas las mujeres que eligen tener un hijo en solitario cuentan con esas ventajas de partida. Por ejemplo, Edin (2000) muestra que hay cada vez más mujeres menos “privilegiadas” que deciden no casarse por razones económicas, entre otras, y además la destacan como una de las razones principales. Esto se debe, según la misma autora, a que la aportación económica de los padres es insuficiente, inestable y de procedencia incierta, por lo que no sólo no suponen una fuente de apoyo económico, sino que además no les perciben como un buen modelo para sus hijos e hijas. Además, las mujeres que deciden no casarse son mujeres que no están dispuestas a tener que desempeñar roles secundarios y a no desempeñar un papel activo en la toma de decisiones importantes.
Maternidad en solitario por elección 21 Por todo lo anterior, resulta necesario profundizar en las circunstancias de estas mujeres. Pasaremos a describir las circunstancias tanto vitales como ideológicas cuya combinación parece desembocar en la decisión de convertirse en madres sin pareja. Circunstancias vitales que rodean la decisión de ser madre en solitario: - Deseo de ser madre: las madres solas por elección son mujeres que quieren ser madres, es una idea que tienen y han tenido de manera continuada o intermitente a lo largo de su vida, pero es, al fin y al cabo, su deseo (Ben-Ari y Weinberg-Kurnik, 2007; Golombok y Badger, 2010; Mannis, 1999; Pakizegi, 2007), un deseo que nada tiene que ver con el mandato de maternidad (Russo, 1976) sino que es, más bien, una aspiración. Deciden convertirse en madres porque ya no quieren seguir posponiendo ese deseo que unas circunstancias u otras les ha impedido cumplir. Se ha llegado a caracterizar la experiencia de maternidad en solitario como un “punto de inflexión vital” a partir del cual aumenta la satisfacción vital y la vida de las madres se tiñe de nuevo sentido y plenitud (González et al., 2008b). - Edad: tienen, como media, entre 30 y 40 años, son, por tanto, mujeres maduras y conscientes de que el “calendario biológico” está en marcha y que, si quieren ser madres, se tienen que decidir pronto (Amato, 2000a; Bock, 2000; Davies y Rains, 1995; Golombok, 2006; Mannis, 1999 y 2000; Pakizegy, 2012; Salomon et al., 2015; Shireman, 1995;1996; Weinraub et al., 2002) - Suficiencia económica: uno de los requisitos a tener en cuenta a la hora de formar una familia es la situación económica. Las mujeres que se plantean la maternidad en solitario, habitualmente, cuentan con ingresos suficientes y estables (Golombok y Badger, 2010; Gringlas y Weinraub, 1995; Groze, 1991; Hertz y Ferguson, 1997; Klock, Jacob y Maier, 1996; Manis, 1999; 2000; Pakizegy, 2012; Shireman, 1996; Weinraub et al., 2002; Tan, 2004). Se trata de mujeres que saben que pueden afrontar la maternidad de forma desahogada, económicamente hablando. - Sin pareja con la que compartir la maternidad: no hablamos de mujeres que evitan la presencia de un padre varón en sus familias, sino de mujeres que han tenido parejas que no se han consolidado, no han encontrado al hombre adecuado para ellas o simplemente ese hombre no quería o no podía tener hijos. Sin embargo, el hecho es que en el momento en el que aparece el deseo de ser madre, no hay una pareja con la que compartirlo (González et al., 2008a; b). Sin embargo, estas mujeres no renuncian
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 22 a tener pareja (Salomon et al. (2015), eso sí, una pareja que no necesariamente asuma el rol de padre (Jociles y Rivas, 2010) Fundamentos ideológicos que favorecen la decisión de ser madre en solitario - Independencia maternidad-emparejamiento: las mujeres que deciden convertirse en madres solas no consideran el emparejamiento una condición necesaria para la maternidad (Bock, 2000). Como decíamos, no son mujeres que eviten la presencia de un hombre en su familia (Jociles y Rivas, 2010), sino que se encuentran en un momento de sus vidas en el que perciben la maternidad y la pareja como dos escenarios de vida que no tienen por qué estar relacionados o ser dependientes entre sí (Ben-Ari y Weinberg-Kurnik, 2007). Rosanna Hertz (2006) expresa con claridad esta idea al considerar a estas mujeres “solas por azar, madres por elección” (“single by chance, mothers by choice”). - Empoderamiento: otra característica común de las madres que nos ocupan es el empoderamiento, ya que se perciben a ellas mismas no sólo como independientes sino también como autosuficientes, con la fuerza necesaria para hacer frente a la tarea de la maternidad (González et al., 2008a; b; Mannis, 1999), experiencia que se convierte en muchos casos en un símbolo de libertad. Muy relacionado con el concepto de empoderamiento aparece el de autonomía y, ciertamente, la decisión deliberada de ser madre sin pareja contribuye al sentido de autonomía en estas mujeres. También se ha llegado a hablar de independencia emocional por el hecho de no necesitar a nadie más para definir su maternidad (Ben-Ari y Weinberg-Kurnik, 2007). Esto no quiere decir que no tengan dudas o necesiten en ocasiones del apoyo o de la pertenencia a un grupo, que no sientan temor de convertirse en un modelo, legítimo y socialmente, desviado (Ben-Ari y Weinberg-Kurnik, 2007), sino que saben que son capaces de llevar a cabo la tarea de ser madres en solitario de forma satisfactoria para ellas y sus criaturas y hacer frente a los miedos y prejuicios de su entorno social (Mannis, 2000). De hecho, ellas mismas crean argumentos de autolegitimación para reafirmar su decisión y su estatus como familia completa y funcional (Sanchís, 2012; Sanchís, Díez y González, enviado) Podemos entonces decir que las mujeres que deciden convertirse en madres solas tienen en común el deseo de ser madres, una economía estable, no tener una pareja con la que compartir esa maternidad y encontrarse en una edad “crítica”, junto con la sensación de sentirse capaces para afrontar la tarea de la maternidad sin un compañero y de hacerlo bien.
Maternidad en solitario por elección 23 1.3.4. Bienestar psicológico Los estudios que se detienen en las características de índole psicológica de las madres solas por elección no son muy numerosos. El hecho de que se trate de un suceso bastante reciente en la sociedad ha generado que se haya caracterizado más sociológica que psicológicamente. Hasta hace no mucho, la literatura sobre monoparentalidad ha estado teñida de descripciones bastante devastadoras acerca del perfil psicológico de las mujeres que encabezan estas familias. En general, se las describe como personas con altos índices de problemas psicológicos, especialmente depresión (Por ejemplo, Davies et al., 1997; Hetherington, Bridges, Insabella, 1998; Hetherington y Stanley-Hagan, 2002), grandes niveles de estrés (Weinraub y Wolf, 1983) y, consecuentemente, con un alto porcentaje de visitas a los servicios de salud mental (Cairney y Wade, 2002). Esta percepción de déficit ha provocado que poco se haya investigado desde la óptica de un prisma más positivo, analizado, por ejemplo, otras dimensiones más relacionadas con el bienestar psicológico. Nada apunta, sin embargo, que una vez que se conocen las características sociodemográficas, vitales e ideológicas de las mujeres que deciden ser madres sin pareja, su perfil psicológico se asemeje a este que acabamos de describir, aunque, como decíamos, hay todavía pocos estudios que las caractericen desde el ámbito de la psicología. Entre quien lo hace encontramos, por ejemplo, a Bock (200) o Weinraub et al. (2002) que las definen como mujeres emocionalmente maduras, responsables y con altos niveles de tolerancia a la frustración. Siegel (1998), por su parte, exploró la satisfacción vital y encontró que las madres a solas por elección presentaban altos niveles en esta dimensión. Así mismo, observó que las madres solas adoptivas estaban más satisfechas con su vida que las madres solas de reproducción asistida o que las madres casadas. Comprobó, también, que el grupo de madres solas biológicas por intercurso sexual era el que presentaba una menor satisfacción vital. Pakizegi (2007), unos años más tarde, también encontró esa misma distribución de la satisfacción vital en el grupo de madres solas: las madres adoptivas tenían mayores niveles de satisfacción vital que las biológicas, ya fuera de reproducción asistida o por intercurso sexual. Los mismos autores explican que en la mayor satisfacción de las madres solas adoptivas puede estar influyendo la mayor aceptación por parte de la sociedad a que las mujeres solas adopten frente a que tengan sus propios hijos o hijas biológicos. Igualmente, explican que la mayor satisfacción vital de las madres solas adoptivas y de reproducción asistida en
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 24 comparación con las madres solas biológicas se debe a que planear la maternidad ayuda a prepararse para planificar y enfrentar las situaciones estresantes y, por tanto, a valorar la vida de forma más positiva. En otro sentido discurren los datos hallados por Shechner, Slone, Meir y Kalish (2010) cuando comparan madres heterosexuales y lesbianas casadas con madres heterosexuales solas por elección todas ellas israelíes. En este caso son las madres solas las que menos satisfacción vital presentan, aunque con medias que indican una satisfacción media-alta. Los autores postulan que la maternidad en solitario puede ser percibida como un fracaso derivado de la imposibilidad de formar una familia tradicional-normativa y que este sentimiento influye en su satisfacción. Es probable que las discrepancias entre este y los otros estudios se deba al propio contexto social ya que, como los autores reconocen, el concepto de familia tradicional sigue teniendo mucha presencia y peso en la sociedad israelí. El nivel de estrés ha sido, como decíamos, una de las variables tradicionalmente estudiadas en las madres solas y los estudios clásicos muestran persistentemente un nivel elevado (véase, por ejemplo, Wang y Amato, 2000b; Pryor y Rodgers, 2001). Estos niveles de estrés se han asociado, en general, a los procesos de separación y divorcio que han vivido las madres estudiadas en esos trabajos y van disminuyendo según va trascurriendo el tiempo desde la ruptura (Del Barrio y Doménech, 1993). Además, se sabe que el nivel socioeconómico bajo de las madres solas estudiadas tradicionalmente (frecuentemente derivado de la pérdida del sustentador principal ya sea por separación o por viudedad) actúa como una variable crucial que influye en ciertas dimensiones de bienestar de las mujeres como es, entre otras, el nivel de estrés (Laftman, 2010). Si nos centramos en las madres solas por elección que, en principio y como apuntábamos unos párrafos más arriba, son mujeres con un nivel económico medio o medio-alto y que, además, no han vivido una separación o divorcio, los estudios indican que su nivel de estrés es equiparable al de las poblaciones no clínicas (Klock et al., 1996). Las comparaciones entre las madres solas por elección y las madres con pareja no muestran diferencias entre ellas en los niveles de estrés (Golombok, Tasker y Murray, 1997; Siegel, 1998). Cuando Siegel (1998) compara el nivel de estrés de las madres solas teniendo en cuenta la vía de acceso a la maternidad encuentra que, como pasaba con la satisfacción vital, el hecho de planear la maternidad ayuda a
Maternidad en solitario por elección 25 preparase para los contratiempos que puedan ir apareciendo a lo largo de la crianza. Así, de nuevo las madres solas biológicas por intercurso sexual se sitúan en niveles más altos de estrés que las madres solas adoptivas o las de reproducción asistida. Copeland y Harbaugh (2005) compararon exclusivamente madres solas biológicas por intercurso sexual y madres con pareja, encontrado en las madres solas mayores niveles de estrés, al menos parental, que las casadas. Sin embargo, las características de las dos muestras no son exactamente comparables ya que las madres solas presentan mayor variedad racial (casi la mitad son mujeres africanas que viven en EE.UU, frente al 100% de madres casadas caucásicas), significativamente menos nivel de estudios y menor nivel de ingresos. Es decir, este estudio no sólo selecciona únicamente mujeres que no han buscado activamente ser madres solas, sino que, además, usa muestras, desde nuestro punto de vista, poco comparables. Sobre la salud mental, se ha encontrado repetidamente que las mujeres que afrontan su maternidad en solitario tienen más riesgo de padecer un estado de ánimo depresivo, incluso de llegar a reunir síntomas suficientes para su diagnóstico clínico, y experimentar episodios de ansiedad (Amato, 2000b; Seaton y Taylor, 2003). Estos trabajos han sido realizados, una vez más, con familias monoparentales formadas tras una separación o divorcio. Sin embargo, los estudios que han contemplado distintas opciones de maternidad (madres solteras, madres separadas/divorciadas y madres casadas) han encontrado que los niveles de ansiedad y depresión de las madres solas que nunca se han casado es similar al de las madres casadas, mientras que el de las madres separadas o divorciadas es más alto (Afifi, Cox y Enns, 2006). Igualmente, los trabajos que se han centrado en la maternidad en solitario elegida encuentran niveles no clínicos de ansiedad y depresión, y además hallan niveles similares entre las madres solas por elección y las madres con pareja (MacCallum y Golombock, 2004; Murray, 1997; Murray y Golombok, 2005a; b). El ajuste emocional de las madres solas está, por tanto, modulado por variables como el nivel socioeconómico o la forma de creación de la familia monoparental (separación /divorcio, madres solas adoptivas, madres solas de reproducción asistida o “espontáneas”).
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 26 1.3.5. Funcionamiento familiar: estilos educativos y estrategias de afrontamiento De acuerdo con la literatura revisada, la relación de las madres solas por elección con sus hijos e hijas es positiva y saludable (Shireman, 1996; Weinraub et al, 2002). Se ha encontrado que las madres solas por elección disfrutan de sus hijos e hijas y sienten gran satisfacción personal (Groze, 1991), que confían en ellos y promueven su independencia (Groze y Rosenthal, 1991) y que establecen relaciones de cercanía e interdependencia positiva (Copeland y Harbaugh, 2005; Nixon et al., 2012). En el caso de las madres adoptivas, parece, además, que la decisión activa de ser madre unida al proceso de la adopción tienen como consecuencia sentimientos positivos y relaciones cálidas entre madres e hijos e hijas (Pakizegi, 2012). Los estudios clave sobre el estilo educativo de las madres solas por elección han sido llevados a cabo por Susan Golombok y su equipo, quienes han realizado dos estudios longitudinales, uno en dos y otro en tres fases, usando muestras de madres que han recurrido a las técnicas de reproducción asistida (Golombok y Badger, 2010; Golombok et al., 1997; MacCallum y Golombok, 2004; Murray y Golombok, 2005a; b). En uno de los estudios longitudinales las autoras se centraron en familias de madres solas con niños y niñas de entre 6 semanas y 1 año de edad (Murray y Golombok, 2005a) a los que volvieron a ver cuando los pequeños habían cumplido 2 años (Murray y Golombok, 2005b). Cuando los niños y niñas tenían entre 6 semanas y 1 año, las autoras entrevistaron a 27 madres solas y a otras 50 madres casadas. La entrevista analizaba las expresiones de afecto mostradas entre la madre y el hijo o la hija, las interacciones entre ellos y la sensibilidad de las madres ante las demandas de los niños. Los resultados indican que las madres solas parecen mostrar niveles más bajos de interacción con sus hijos y responden en menor medida a sus demandas que las madres que tienen pareja. La misma autora plantea que una posible explicación a este suceso es la presencia de una pareja con la que compartir tanto la maternidad como otras tareas domésticas y de cuidado, lo que, a priori, permite a las madres pasar más tiempo con sus hijos, facilitando así la sensibilidad e interacción. Posteriormente, Murray y Golombok (2005b) entrevistaron a las mismas familias que en la ocasión anterior, una vez que sus hijos e hijas tenían 2 años. Los resultados fueron diferentes a los del estudio anterior ya que se encontró que las madres solas mostraban niveles más altos de placer con sus criaturas y niveles más bajos de enfado que las madres casadas, acompañado por una percepción de las madres solas de que sus hijos e hijas tenían más autonomía. Las autoras sostienen que parte de las discrepancias encontradas entre este estudio y el anterior se debe, por un lado, a la edad de los niños y niñas, algo menos dependientes en esta ocasión
Maternidad en solitario por elección 27 y, por otro, a haber usado una medida de relación emocional entre la madre y su hijo e hija que proporciona información más profunda de las dinámicas familiares. El equipo de Golombok realizó otro estudio longitudinal y en esta ocasión entrevistó a madres solas heterosexuales y lesbianas, madres lesbianas que viven en pareja y madres biparentales heterosexuales en tres momentos diferentes: cuando sus hijos e hijas tenían 6 años (Golombok et al., 1997), después a los 12 años (MacCallum y Golombok, 2004) y finalmente a los 18 años (Golombok y Badger, 2010). En todos estos momentos, se evaluó (1) la “calidez” de las relaciones entre la madre y sus hijos e hijas, (2) el control que ejercen las madres sobre los niños y (3) el grado de conflicto entre ellos a través de una entrevista con las madres y una entrevista semiestructurada con los propios niños y niñas. En cuanto a la “Calidez” estas autoras diferencian entre “calidez de las relaciones” y “calidez instrumental”. Con respecto a la “calidez de las relaciones” encontraron que cuando los niños y niñas tienen 6 años, en las familias de “padre ausente” (según la propia clasificación de las autoras del estudio, es decir, madres solas y parejas lesbianas) se establecen relaciones de mayor calidez y niveles más altos de interacción que en las biparentales heterosexuales. Sin embargo, cuando se explora esta misma variable a los 12 años, no se encuentran diferencias. En este segundo momento del estudio se exploran además algunas otras variables intrínsecamente asociadas a la “calidez”, como son la expresión de afecto y la cercanía entre la madre y el hijo, y tampoco se encuentran diferencias entre las familias de madres solas, las de lesbianas y las biparentales heterosexuales. En relación a la “calidez instrumental” se encontraron diferencias entre las madres solas y las madres en pareja tanto homo como heterosexuales. Así, los niños y niñas de madres solas percibían que sus madres les prestaban más interés y realizaban más actividades con ellos que los de las madres en pareja (lesbianas o heteroparentales). Cuando los niños y niñas tenían 18 años se observaron diferencias en el grado de implicación emocional (preocupación y sobreprotección) de las madres con sus hijos e hijas y en la ansiedad por el distanciamiento que experimentaban los adolescentesjóvenes adultos. Las familias encabezadas por mujeres, es decir, las madres solas y las madres lesbianas, muestran niveles más altos de preocupación y sobreprotección y también mayores niveles de ansiedad ante el distanciamiento de sus hijos e hijas que las familias tradicionales de padre y madre. No se encontraron diferencias entre los tres tipos de familia en la habilidad de las madres para responder de modo apropiado a los miedos e inseguridades de sus hijos e hijas (sensibilidad de las respuestas) ni en el sentimiento de seguridad que las madres tienen respecto a la
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 28 relación con sus hijos e hijas (apego de base segura), así como tampoco hubo diferencias en la expresión emocional de las madres, entendida como el tono de voz, la expresión facial y el lenguaje verbal que usan con sus hijos e hijas (expresión de calidez). Cuando las mismas autoras se detienen en la dimensión de control maternal encuentran que, cuando los niños tienen 6 años, en las familias de madres solas y madres lesbianas se dan disputas más severas que en las familias de madres con pareja. No encuentran, sin embargo, diferencias en la frecuencia de las disputas ni en el tipo de disciplina usada por el conjunto de las madres. Cuando los niños tienen 12 años, las autoras comprueban que las madres solas usan con más frecuencia la disciplina basada en la imposición que las madres lesbianas y las madres casadas y que tanto madres solas como madres lesbianas siguen mostrando más severidad en las disputas que las madres casadas. Cuando los chicos y chicas tienen ya 18 años, no se encuentran diferencias significativas en ninguna de las variables, es decir, familias de madres solas, familias de madres lesbianas y familias tradicionales tienen los mismos niveles de supervisión, disciplina basada en la imposición, severidad y frecuencia de las disputas e insatisfacción con el comportamiento. Por último, en el grado de conflicto no se encuentran diferencias significativas entre las familias de madres solas y las biparentales ya sean de madres lesbianas o heterosexuales cuando los niños y niñas tienen 12 y 18 años (en la primera fase no se analizó). Es decir, los niveles de conflicto en la interacción de la madre y el hijo o hija son similares en los tres tipos de familia. Una vez detallado lo que se sabe sobre el estilo educativo de las madres solas por elección, pasaremos a describir las estrategias de afrontamiento. El afrontamiento se define como el proceso de manejar demandas creadas por acontecimientos estresantes que se perciben como igual o más exigentes que los recursos de los que dispone la propia persona (Lazarus y Folkman, 1984). Este proceso puede estar orientado simultáneamente a la acción y a la emoción con el objetivo de gestionar, tolerar o reducir las demandas de un entorno estresante (Folkman y Lazarus, 1988) y es a este constructo al que denominamos estrategias de afrontamiento. El concepto de afrontamiento del estrés es relativamente nuevo en el ámbito psicológico y no existen criterios consensuados en cuanto al tipo y número de estrategias que manejan las personas (Williams y McGillicuddy, 2000). Probablemente, dos de las clasificaciones que han tenido más impacto en la literatura científica han sido, por un lado, la de Lazarus y Folkman (1984) y, por otro, la de Roth
Maternidad en solitario por elección 35 anónimo parece suscitada en parte, por la seguridad que otorga eliminar el riesgo de que un hombre entre en la vida de la familia, ya sea por voluntad propia o por petición de la madre o del hijo, y ponga en peligro la autonomía y autogestión del proyecto de vida que inicia cuando decide ser madre sin contar con una pareja. Para las madres que deciden recurrir a la adopción, el abordaje del padre se une e intercala constantemente con el abordaje de la familia biológica, en este caso es el tema de los orígenes al que las madres dedican más tiempo y esfuerzo. Resultados muy similares según las vías de acceso a la maternidad encontramos en el trabajo realizado por González et al. (2008b) con madres solas por elección andaluzas y, en este caso, sin madres de donante conocido. El estudio realizado por nuestro equipo de investigación sobre el abordaje de la figura paterna (González et al., 2010) mostró que el tema de la ausencia de un padre en la familia era para un 32% de las mujeres entrevistadas la mayor preocupación en relación a sus hijos o hijas, bastante por encima de otras preocupaciones como los problemas de salud o los escolares. También los propios niños y niñas reflejaban un especial interés por saber los motivos por los que en su familia no había un padre, tema al que las madres habían respondido activamente hablando con ellos los motivos de esa ausencia y, de quienes todavía no lo había hecho, la mayoría también se planteaba cómo hacerlo en el futuro, cuando sus hijos o hijas tuvieran edad suficiente para comprenderlo o fueran ellos mismos quienes lo preguntaran. Apoyando estos datos, encontramos que Murray y Golombok (2005a) encuentran que las madres solas que han recurrido a la reproducción asistida están, generalmente, más predispuestas a hablar a sus hijos e hijas sobre sus orígenes que las madres casadas. En cuanto al papel del padre varón y retomando la investigación de González et al. (2010) se encontró que las madres solas por elección lo consideraban importante en la vida de estas familias, aunque no imprescindible para gran parte de ellas. Algo similar ocurría con las figuras masculinas, se consideraban necesarias en la vida de los hijos e hijas pero, normalmente, se encontraban en otras personas que no eran el padre varón. Fuera de nuestro contexto social, Hertz (2002) entrevista a madres solteras norteamericanas y plantea también diferencias en el abordaje de la figura paterna según la vía de acceso, en este caso centrándose en mujeres que han accedido a la maternidad a través de las técnicas de reproducción asistida (donante conocido o donante anónimo). En el caso de las familias compuestas por mujeres que han utilizado a un donante conocido para ser madres, la autora sostiene que tanto la madre como el niño o la niña tienen presente al padre genético, aunque habitualmente no forma parte activa de la vida familiar. Cuando se ha recurrido a un donante
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 36 anónimo, argumenta que las madres imaginan que los rasgos físicos y psíquicos del hijo o la hija provienen del donante como una forma de crear un padre genético para él o ella con la finalidad de reafirmar la identidad del propio padre. En este estudio, Hertz (2002) argumenta que las madres solas por elección se ajustan al modelo familiar convencional en la medida en la que piensan que solo un hombre puede ser el padre de su hija o hijo, un hombre que puede llegar a su vida en forma de pareja, de marido y de futuro padre adoptivo de los niños o niñas. Esta es la forma en la que las mujeres que han decidido ser madres sin pareja se adecuan a un modelo patriarcal, heteronormativo, donde la maternidad está vinculada a la pareja y la reproducción asociada al matrimonio. Esta última tesis es también mantenida por Jordana (2007) con madres catalanas. La identidad otorgada al padre genético es entendida por Hertz (2002) como una estrategia de normalización usada por las madres que pretende minimizar las diferencias entre su propia familia y la familia biparental tradicional ya que esta última es finalmente la única aceptada por la sociedad. Algunos estudios apuntan que las madres solas están, en general, más dispuestas que las parejas a hablar sobre los orígenes o sobre su experiencia con la reproducción asistida tanto con sus hijos e hijas como con otras personas. Señalan, además, que la revelación de su historia es menos traumática que en el caso de las familias biparentales (Klock et al., 1996; Golombok, 2006; Murray & Golombok, 2005), probablemente porque la decisión de recurrir a la reproducción asistida es para las madres solas menos dolorosa ya que no está vinculada a la infertilidad. Igualmente, la ausencia del padre es tan evidente que fomenta la comunicación entre la madre y el hijo o hija sobre su origen. De hecho, Shireman y Johnson (1985) y Shireman (1995) observaron que los hijos e hijas adoptados por madres solas sentían curiosidad por su padre biológico durante la infancia, mientras que los que habían sido adoptados por una pareja preguntaban únicamente por su madre biológica. Como se puede observar, hay distintas teorías más o menos confluyentes sobre la elección por parte de las madres solas a una vía de acceso a la maternidad u otra, pero no hemos encontrado literatura que desarrolle la idea de cómo las madres abordan el tema de la ausencia de la figura paterna con sus hijos e hijas.
Crecer en familias de madres solas por elección 37 II. Crecer en familias de madres solas por elección Este segundo capítulo teórico está dedicado a los niños y niñas que crecen en el seno de familias de madres solas por elección. Así, en el primer apartado se describen algunas variables relevantes de desarrollo y ajuste infantil como la competencia académica y social, el ajuste emocional y comportamental, la autoestima o la adquisición de los roles de género. En el segundo apartado se ponen en relación ciertas características de las madres solas, tanto sociodemográficas como psicológicas, que se han mostrado relevantes en la literatura científica para entender el desarrollo y ajuste de los hijos e hijas.
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 38 2.1. Desarrollo y ajuste psicológico de los niños y niñas que crecen en familias de madres solas por elección Durante mucho tiempo se ha considerado la familia biparental tradicional como el modelo de referencia “normal” o “sano” y como la única estructura familiar deseable, de manera que aquellos otros modelos familiares que se alejaban de él aparecían como desviados. Por supuesto, el crecer en el seno de estas familias conllevaba tener un desarrollo o ajuste igualmente desviado (Amato, 2000a; Anderson, 2003; Fernández y Tobío, 1997; Ruiz Becerril, 2004) La diversidad familiar en general y la monoparentalidad en particular, ha sido estudiada durante años desde un modelo de déficit, esto es, desde la percepción de la carencia (ausencia de la figura paterna, falta de recursos sociales y económicos, deterioro de redes de apoyo, etc). Las investigaciones mostraban, así, una imagen deficitaria de las familias de madres solas; se presentaban como no saludables, se buscaban únicamente los problemas y se usaban muestras clínicas, lo que contribuía a afianzar esta visión de déficit (véase, por ejemplo, Angel y Angel, 1993; McLanahan y Sandefur, 1994). A finales de los años 70, empiezan a aparecer los primeros análisis que demuestran que la maternidad en solitario no tiene, en sí misma, efectos negativos, y no es hasta finales de los años 80 cuando aparecen los primeros trabajos que se alejan de la visión deficitaria de las familias no tradicionales para hablar de diversidad dentro de la monoparentalidad e, incluso, de sus fortalezas (González y Triana, 1998; Jiménez, 2003b; Jiménez Godoy, 2005; Taylor, Weinraub et al. 2002, entre otros). De manera que la situación se hace más compleja al coexistir dos posturas distintas: una que incide en abordar la diversidad dentro de la monoparentalidad y en la que los efectos negativos de la estructura familiar sobre el desarrollo infantil aparecen relacionados no tanto con ella misma como a factores asociados (pobreza, estrés…), analizando, por tanto, factores que favorecen y factores que dificultan la monoparentalidad (Cif. Amato, 2000a; Golombok y Badger, 2010; Pakizegi, 2007 y 2008; Larsen-Rife, Conger, Widaman y Cutrona, 2010; Weinraub et al., 2002). Otra postura resalta la idea de que la experiencia de vivir con un solo progenitor es parecida en todos los casos, sea cual sea el origen de la monoparentalidad y, a pesar de que reconoce la diversidad interna, atiende principalmente a los efectos negativos que tiene para el desarrollo infantil crecer en una familia monoparental (McLanahan y Sandefur, 1994; McLanahan, Tach y Schneider, 2013) A partir de entonces son muchos los estudios que han intentado conocer más a fondo las distintas realidades monoparentales y el desarrollo y ajuste psicológico de
Crecer en familias de madres solas por elección 39 los niños y niñas que crecen en su interior. Se encuentran principalmente datos que nos informan del ajuste de los niños tras una separación o divorcio, a partir de un embarazo adolescente o de la viudedad de la madre. En cambio, los niños y niñas que crecen en el seno de otros tipos de familias de madres solas han sido menos estudiados y, por defecto, se ha tendido a incluirlos entre los anteriores. Desgraciadamente, todavía no existen muchos estudios que nos informen sobre cómo es el desarrollo de los niños y niñas que crecen en ellas, pero ya hay algunos que van proporcionando pistas y nuevos enfoques de investigación. A partir de aquí se intentará señalar lo que de estos niños y niñas se sabe, seleccionando las variables que tradicionalmente han sido causa de preocupación en los hijos e hijas de madres solas y diferenciándolos por edad cuando sea posible, ya que los estudios más recientes se han centrado en la adolescencia mientras los más antiguos lo hacían en la infancia. 2.1.1. Competencia académica En líneas generales, la literatura científica señala que los hijos e hijas que crecen en hogares de madres solas por elección tienen una buena competencia académica. Los estudios que evalúan la competencia académica de niños y niñas adoptados no encuentran diferencias entre los hijos e hijas de madres solas y los hijos e hijas de madres casadas (Groze y Rosenthal, 1991; Jordan y Little, 1966, cit en Groze, 1991; Shireman, 1996 y 1995). Incluso en algunos casos se ha visto que niños con necesidades especiales adoptados por madres solas tienen mejores niveles de atención escolar y disfrutan más en la escuela que los que han sido adoptados por una pareja (Groze y Rosenthal, 1991). En cuanto a los adolescentes, también adoptados, Pakizegi (2012) sostiene que, si las redes de apoyo son amplias y se controlan las variables socioeconómicas, no hay diferencia en la competencia académica de los hijos e hijas de madres adoptivas solas y la de los hijos e hijas de madres adoptivas casadas. Las investigaciones con niños y niñas fruto de la reproducción asistida, en general, tampoco encuentran diferencias en la competencia académica entre los hijos e hijas de madres solas y los de las madres casadas (MacCallum y Golombok, 2004; Weissenberg et al., 2007). En este mismo sentido, Murray y Golombok (2005), al evaluar a niños y niñas de 2 años, observaron que los hijos e hijas de madres solas por elección tenían un desarrollo cognitivo similar que los hijos e hijas de madres casadas.
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 40 En cuanto a los adolescentes, Sharma (2007) no encuentra diferencias en las calificaciones escolares entre los niños y niñas de madres biológicas solas y de madres biológicas con pareja. Golombok y Badger (2010), por su parte, observan que los adolescentes que viven con madres solas que recurrieron a las reproducción asistida se perciben a ellos y ellas mismas con una mayor competencia escolar y laboral que sus compañeros y compañeras que viven en una familia biparental, ambos tipos de familias equiparables en cuanto a clase social y profesión de las madres. 2.1.2. Competencia social y ajuste emocional y comportamental La competencia social es un constructo teórico y multidimensional referido a un conjunto de capacidades, conductas y estrategias, que permiten a la persona construir y valorar su propia identidad, actuar competentemente, relacionarse con otras personas y afrontar las demandas, los retos y las dificultades de la vida, lo que posibilita su ajuste y adaptación, su bienestar personal e interpersonal (Monjas, 2002; 2004). Cuando se ha estudiado el ajuste emocional y comportamental en los hijos e hijas menores de edad de madres solas por elección, se han encontrado buenos niveles, al menos niveles de ajuste similares al de las familias biparentales (Groze y Rosenthal, 1991; MacCallum y Golombok, 2004; Murray y Golombok, 2005a y 2005b; Jordan y Little, 1966, cit. en Groze, 1991; Shireman, 1995; 1995; Weissenberg y Landau, 2012; Weissenberg, Landau y Madgar, 2007). Los estudios han diferenciado generalmente, como se detallará a continuación, el ajuste de los niños y niñas de familias adoptivas del de los niños y niñas nacidos por reproducción asistida, encontrando en ambos casos un buen ajuste emocional y comportamental. Las investigaciones con familias adoptivas muestran que cuando se comparan los niños y niñas adoptados por madres solas con los que han sido adoptados por parejas y se controla la edad de los pequeños, o bien no se encuentran diferencias entre unos y otros (Feigelman y Silverman, 1983 y 1977) o las diferencias juegan a favor de los hijos e hijas adoptados por una madre sola (Groze y Rosenthal, 1991; Tan, 2004; Tan y Baggerly, 2009). Cuando los estudios se realizan con muestras de niños y niñas con necesidades especiales (Groze y Rosenthal, 1991) y son las madres y padres los que informan sobre el estado de los hijos, se encuentra que los hijos e hijas adoptados por una madre sola tienen menos problemas emocionales y de comportamiento que los hijos e hijos adoptados por una pareja. Aunque al tratarse de una muestra de menores con necesidades especiales, ambos, hijos e hijas de madres
Crecer en familias de madres solas por elección 41 solas y de parejas, presentan altos índices de problemas. Los autores plantean que las diferencias encontradas entre los dos modelos de familia se pueden deber a que la mayor simplicidad en la estructura familiar de las madres solas ayuda, especialmente durante los primeros años, a niñas y niños a establecer un vínculo de apego más estable con su madre adoptiva. Entre las investigaciones realizadas con familias adoptivas, merece la pena señalar las efectuadas por Tony Xing Tan con niñas adoptadas chinas. En la primera de ellas (Tan, 2004) se detiene en los problemas de comportamiento asociados a la competencia social de las niñas chinas adoptadas por madres solas, con edades comprendidas entre un año y medio y once años. En este estudio no se encuentran diferencias entre las niñas chinas adoptadas por madres solas y las adoptadas por parejas ni en los problemas internalizados (ansiedad, depresión y síntomas somáticos) ni en los externalizados (agresividad o falta de atención). En un segundo estudio, Tan y Baggerly (2009) analizaron también los problemas de comportamiento de las niñas adoptadas chinas, pero esta vez con edades comprendidas entre el año y medio y los dieciocho años, y realizaron, además, la comparación entre las familias de madres solas, parejas lesbianas y parejas heterosexuales. Los resultados indican que las niñas preescolares (de un año y medio a cinco) que viven con una madre sola presentan menos problemas internalizados que las niñas adoptadas por una pareja ya sea homosexual o heterosexual, no hay diferencias entre los tres tipos de familia en cuanto a los problemas externalizados. Sin embargo, cuando las niñas están en edad escolar (de seis a dieciocho años) las diferencias aparecen en los problemas externalizados. A la edad escolar son también las niñas adoptadas por una madre sola las que cuentan con puntuaciones más bajas en los problemas externalizados, comportamiento agresivo principalmente, y no se encuentran diferencias por tipo de familia en los problemas internalizados. Se concluye así que no solo es que el tipo de familia no resulte una variable predictiva en los problemas de comportamiento, sino que las madres solas pueden ser, incluso, una opción más beneficiosa. Los beneficios de las familias de madres solas radican, por un lado y como ya apuntaban Groze y Rosental (1991), en su simpleza estructural que ayuda a que las niñas se vinculen con sus madres con un apego más estable y, por otro lado, en que las madres adoptivas solas parecen estar más preparadas para manejar los potenciales desafíos que la maternidad adoptiva supone que las parejas (Tan y Baggerly, 2009). Las pocas investigaciones realizadas con chicos y chicas adolescentes aportan una visión igualmente positiva. Pakizegi (2012) sostiene que los adolescentes adoptados por madres solas presentan responsabilidades ajustadas a su edad, son
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 42 independientes y maduros, aunque también matiza que en el caso de madres sobrecargadas y con menos tiempo, aumenta la alianza de los adolescentes con sus iguales y una de las posibles consecuencias es la independencia prematura y la mayor probabilidad de asumir conductas de riesgo. Por otro lado, los trabajos realizados con familias de reproducción asistida han evidenciado que los hijos e hijas de madres solas presentan un ajuste emocional y comportamental acorde a su edad e indistinguible del que muestran quienes crecen con dos progenitores (Golombok et al., 1997; MacCallum y Golombok, 2004; Murray y Golombok, 2005a; 2005b; Weissenberg y Landau, 2012). Cuando se han efectuado comparaciones entre el ajuste emocional y comportamental de adolescentes que crecen con madres a solas por elección y quienes lo hacen con una pareja muestran datos parcialmente divergentes. Así, Sharma y Silbereisen (2013), con una muestra de madres solteras alemanas, observan que los adolescentes que viven a solas con su madre y los que conviven con sus dos progenitores presentan experiencias muy similares tanto en la manifestación de síntomas psicosomáticos (medidos por la ansiedad fundamentalmente) como en la percepción de estrés. Sin embargo, el estudio de Golombok y Badger (2010) con familias del Reino Unido encuentra que los chicos y chicas de 18 años, hijos de madres solas que han recurrido a la reproducción asistida, muestran menores niveles de depresión, ansiedad y hostilidad que los hijos e hijas de madres con pareja, diferencia que explica por la mayor implicación emocional de las madres solas con sus chicos y chicas adolescentes. Si nos detenemos en el estudio de las habilidades sociales, encontramos datos acordes con los expuestos hasta ahora para el ajuste conductual y emocional. Así, se sabe que los hijos e hijas de madres solas tienen un buen repertorio de habilidades sociales y, a la hora de compararlos con los hijos e hijas de madres con pareja, se observan resultados similares en unos y otros (MacCallum y Golombok, 2004; Murray y Golombok, 2005; 1995; y Weissenberg et al., 2007). Toda la información encontrada sobre las habilidades sociales versa sobre familias de reproducción asistida ya que, aparentemente, los estudios sobre adopción se han detenido, fundamentalmente, en los problemas de comportamiento, dejando las habilidades sociales en un segundo plano. Se puede concluir, entonces, que los hijos e hijas de madres solas por elección tienen un buen ajuste emocional y comportamental, presentan, en general, pocos problemas de comportamiento tanto internalizados como externalizados y buenas
Crecer en familias de madres solas por elección 43 habilidades sociales. Se ha comprobado, incluso, que las familias de madres adoptivas solas son una opción especialmente positiva para generar un vínculo estable y, por tanto, prevenir problemas conductuales y emocionales. 2.1.3. Autoestima La autoestima ha sido generalmente una dimensión poco analizada en las investigaciones sobre diversidad familiar. Algunos estudios longitudinales apuntan que no es la estructura familiar en sí misma la que predice el nivel de autoestima de los niños y niñas, sino que son más bien otras variables relacionadas con el estrés maternal como pueden ser el nivel de ingresos familiares, el apoyo o las estrategias de afrontamiento las que influyen en este indicador de ajuste infantil (Nelson, 1993; Porter, Lehman y Brown, 1999) Si nos centramos en la autoestima de los hijos e hijas de madres solas por elección, no son muchos los estudios que la prestan atención, pero los que lo hacen encuentran un nivel medio-alto de autoestima en estos niños y niñas (Shireman, 1995; MacCallum y Golombok, 2004). Shireman (1995) compara los niveles de autoestima que presentan niños y niñas adoptados por madres solas y por parejas, no hallando diferencias entre los hijos e hijas de unas y otras familias cuando tienen 14 años de edad. En el caso de los hijos de madres solas por reproducción asistida, se ha encontrado que los propios niños se perciben ellos mismos como menos competentes cognitiva y psicológicamente cuando tienen 6 años (Golombok et al., 1997), pero esta diferencia desaparece cuando se les estudia a los 12 años aproximadamente (MacCallum y Golombok, 2004) y cuando llegan a los 18 años la balanza se inclina hacia el otro lado, sobresaliendo la autoestima de los hijos e hijas de madres solas sobre los de las madres con pareja (Golombok y Badger, 2010). Golombok y su equipo explican estas diferencias en la evolución de la autoestima de los hijos e hijas de madres solas, en comparación con los que crecen con dos progenitores, en base a dos razones: una de ellas es que realmente la presencia de un padre varón esté asociada con el desarrollo de la autoestima ya que, con frecuencia, son los padres los que actúan como modelos de competencia y dominio, reforzando directamente a sus hijos e hijas por sus logros cognitivos y psicológicos. La otra razón es que los niños y niñas perciban que la sociedad valora menos a las familias de madres solas que a aquellas en las que hay un padre y eso se refleje en las puntuaciones de su propia valía. Sea una razón u otra, o la combinación de ambas, parece que las diferencias
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 44 entre unos niños y otros van desapareciendo a medida que crecen y encuentran sus propios modelos de competencia, a la vez que no les influye tan directamente la percepción social sobre las familias monoparentales. 2.1.4. Identidad y roles de género La adquisición de la identidad de género es un proceso que también ha tenido relevancia en los estudios de los niños y niñas que crecen en familias de madres solas. Coincidimos con Stevens, Golombok, Beveridge y ALSPAC Study Team (2002) en la idea de que las familias de madres solas por elección nos parecen un contexto particularmente útil para el estudio de la identidad de género dado que estos niños y niñas nunca han vivido con un padre y una madre, estructura familiar que tradicionalmente se consideraba imprescindible para el desarrollo de unos roles de género apropiados. Se denominan roles de género a los patrones de conducta considerados socialmente apropiados para cada sexo. El aprendizaje de los roles es un proceso paulatino que se da a través de proceso de socialización, comienza en la familia y se consolida por la influencia de las amistades, el colegio y los medios de comunicación (Shaffer, 2000). Los roles de género se convierten en estereotipos de género cuando pasan a formar parte de un conjunto de creencias estructuradas sobre cómo deben comportarse los hombres y las mujeres, pasando a ser concepciones simples y fijas (Monjas, 2004). La adquisición de los roles de género empieza en los años preescolares, así entre el año y los cinco años, se comienzan a adquirir roles y estereotipos de género principalmente en relación a las características físicas, las profesiones y las actividades. Sin embargo, la compresión de los estereotipos de género es a estas edades muy rígida y aparece como resultado de los estereotipos que existen en el ambiente y de la inmadurez a nivel cognitivo. Entre los seis y los once años (niñez intermedia) los niños y niñas incluyen dentro de los estereotipos de género los rasgos de personalidad y los logros académicos (las niñas, dicen, son mejores en lengua o música y los niños en matemáticas o gimnasia, por ejemplo). No es hasta bien entrada la adolescencia cuando la conformidad con los roles de género va a disminuir (Monjas, 2004). Por eso, y como veremos a continuación, los distintos trabajos realizados encuentran resultados semejantes en edades tempranas, pero a medida que los niños y niñas son más mayores, estos empiezan a diferir.
Objetivos e hipótesis de la investigación 51 4. Respecto al ajuste psicológico de los hijos e hijas de madres solas, esperamos encontrar un desarrollo sano y armónico. Sí esperamos encontrar diferencias significativas entre las medidas de ajuste de niños y niñas de familias de madres adoptivas solas y de familias de madres que recurrieron a la reproducción asistida, ya que sabemos que los niños adoptados internacionalmente tienen unas condiciones de partida que no favorecen, en la mayoría de los casos, su desarrollo físico ni psicológico. 5. Tampoco esperamos encontrar diferencias entre los niños y niñas de familias de madres solas por elección y los niños y niñas de familias biparentales. 6. Esperamos encontrar relaciones entre algunas variables sociodemográficas de las familias de madres solas por elección, como el nivel educativo o la situación de convivencia, y el desarrollo y ajuste de sus hijos e hijas. Sin embargo, no esperamos encontrar diferencias entre los niños y niñas de madres solas por elección en cuanto al nivel de ingresos familiares o a la edad de las madres. 7. Respecto a las relaciones entre las variables de ajuste, funcionamiento familiar y apoyo de las madres solas y el desarrollo y ajuste psicológico de sus hijos e hijas, sí esperamos encontrar relaciones significativas entre algunas variables de las madres (el uso de estrategias aproximativas, el estilo educativo democrático y la satisfacción vital, principalmente) y el buen ajuste psicológico de sus criaturas.
Método 53 III. Método Este capítulo está dedicado a describir la metodología empleada en el trabajo de investigación que se presenta. Comenzamos describiendo el procedimiento de acceso a las familias participantes y exponiendo las características de las mismas. En segundo lugar se describen los instrumentos empleados y se finaliza contando el procedimiento llevado a cabo en la investigación así como los análisis de datos realizados.
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 54 3.1. Participantes 3.1.1. Procedimiento de acceso a las familias participantes La investigación se ha llevado a cabo con familias de madres solas por elección que han accedido a la maternidad por dos vías diferentes: adopción internacional y técnicas de reproducción asistida. En paralelo, se ha entrevistado y evaluado también a madres con pareja y a sus hijos e hijas en cada una de estas vías, procurando que sus características fueran similares y con la intención de tener un grupo de comparación. Para acceder a las familias de madres adoptivas solas el equipo de investigación contactó con 41 mujeres residentes en Andalucía, que habían adoptado internacionalmente a sus hijos o hijas y que cumplían los siguientes criterios adicionales: - En el momento de la adopción eran mayores de 25 años, - En el momento de ser entrevistadas y evaluadas llevaban, al menos, un año como madres solas - Sus hijos o hijas tenían entre 1 y 9 años. El contacto con las familias se realizó a través de dos vías distintas; con 37 de ellas se contactó a través del Servicio de Adopción Internacional de la Junta de Andalucía y con las 4 restantes a través de la estrategia de “bola de nieve”, es decir, las propias mujeres entrevistadas, en estos casos, nos pusieron en contacto con otras madres en su misma situación. El proceso de selección de las familias a las que accedimos gracias a la cooperación de la Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales se realizó intentando seguir un criterio de representatividad por año y país de origen. Cumpliendo esta condición, la elección se hizo al azar. En un primer momento, el Servicio de Adopción nos facilitó un listado con los nombres de las madres, año de adopción, país de origen del menor y número de teléfono, a partir del cual el equipo de investigación escogió aquellas que cumplían los requisitos expuestos anteriormente. Del listado de 76 familias seleccionadas, con 18 no pudo contactarse por cambio de dirección o teléfono y cuatro estaban casadas o tenían pareja estable. De las 54 con las que pudo contactarse y que cumplían los requisitos, 41 de ellas (el 76%) aceptaron participar en el estudio. Seis madres de las restantes (un 11%) se encontraban en circunstancias adversas que les impedían
Método 55 participar y otras siete (13%) sencillamente declinaron participar. Las madres que finalmente participaron en el estudio residen en Andalucía Occidental. Una vez seleccionadas las familias de madres solas, se escogieron las familias de madres adoptivas en pareja intentando ajustar los criterios de edad, nivel de estudios y país de origen de los menores adoptados, de manera que ambas muestras fueran comparables. De este modo, los criterios seguidos para las familias de madres solas se respetaron también para estas familias (mujeres mayores de 25 años, con hijos o hijas adoptados entre el 2000 y el 2006. con una edad de 1 a 9 años con los que convivían desde hacía al menos un año), y además se tenía en cuenta que los parámetros de edad, nivel de estudios y país de origen fueran similares entre ellas. Cumpliendo estos requisitos, se contactó con 78 familias, sin embargo hubo un alto porcentaje al que no le interesó colaborar (45%) y finalmente se contó con la colaboración de 43 familias. Paralelamente el equipo de investigación contactó con mujeres que habían sido madres mediante técnicas de reproducción asistida a través de la Clínica IVI (Instituto Valenciano de Infertilidad), en particular con las clínicas de Sevilla, Madrid y Barcelona. Se acordó con las psicólogas de los centros IVI contactar con las madres solas que cumplían unos criterios semejantes a los tenidos en cuenta en el caso de las madres adoptivas (mayores de 25 años, con hijos o hijas entre 1 y 9 años) y cuyos embarazos tuvieron lugar entre 2000 y 2006. El contacto con las familias se realizó siempre a través de las psicólogas de las clínicas IVI, quienes se ponían en contacto con las madres, les explicaban la investigación y, si aceptaban participar, las citaban para realizar la entrevista y la evaluación. Siguiendo el mismo procedimiento que con las madres adoptivas, se contactó primero con 39 madres solas de reproducción asistida y después se escogieron a las madres adoptantes en pareja intentando ajustar los criterios de edad y nivel de estudios, de forma que ambas muestras fueran comparables, consiguiendo finalmente entrevistar y evaluar a 39 madres de esta categoría. En este caso no podemos saber el porcentaje de la muestra que finalmente colaboró con la investigación del total de familias con las que se contactó, puesto que este primer acercamiento lo realizaron profesionales ajenas a la universidad, con sus propios ficheros. Sí sabemos que del total de familias encabezadas por una madre sola 12 son de Barcelona, 9 de Madrid y 18 de Sevilla, mientras que todas las familias biparentales son de Sevilla, excepto 3 que son madrileñas.
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 56 3.1.2. Características sociodemográficas de las madres del estudio En esta investigación hemos contado con un total de 162 familias: 41 familias de madres adoptivas solas (MS-AD), 43 familias adoptivas biparentales (MP-AD), 39 madres solas de reproducción asistida (MS-RA) y 39 madres con pareja de reproducción asistida (MP-RA), cuyas características aparecen recogidas en la tabla 3.1. Como puede observarse en la tabla 3.1., las madres solas de esta investigación tenían cuando adoptaron o tuvieron biológicamente a sus hijos una media de edad de 40.3 años, mientras en el momento de la entrevista la edad media era de 43.85 años. La mayoría de las madres vivían solas con sus hijos o hijas, tenían estudios universitarios y un solo hijo, si bien encontramos también algunas madres que se salían de este patrón: tenían estudios secundarios, más de un hijo o vivían con otros familiares. Si nos fijamos ahora en las características de índole laboral, comprobamos que la gran mayoría de ellas estaban empleadas por cuenta ajena y trabajaban a jornada completa, sus ingresos económicos oscilaban, de forma mayoritaria, entre los 1.500€ y los 2.500€ netos mensuales y trabajaban en ámbitos que fundamentalmente tienen que ver con la administración, la educación y la sanidad (ver tabla 3.2.).
Método 57 Tabla 3.1. Características sociodemográficas de las madres de la muestra. Comparaciones en función del tipo de maternidad y la vía de acceso a la maternidad. Madres solas (MS) MS-AD / MSRA Madres en pareja (MP) MP-AD / MP-RA MS / MP AD / RA Efectos Interaccc . AD RA AD RA M (D.T) M (D.T) t (78) M (D.T) M (D.T) t (80) F (1,160) F (1,160) F (1,160) Edad nacimiento /adop 41.9 (3.33) 38.7 (4.28) t (78)= 3.75** (d= .84) 38.5 (4.28) 34.6 (3.83) 4.37** (d= 1.13) 35.80** (d= 1.13) 32.84** (d= 1.13) .32 (η2= .00) Edad momento entrevista 45.3 (3.73) 42.4 (4.55) t (78)= 3.09** (d= .84) 42.5 (5.25) 39.9 (6.65) 2.58* (d= .54) 15.13** (d= .50) 15.97** (d= .44) .03 (η2= .00) % % % % Nivel de estudios Sin estudios 0% 0% X²(1)=7.39* (V= .30) 0% 5.1% X²(1)=2.94 (V= .19) X²(1)= 9.04* (V= .23) X²(1)= 6.75† (V= .20) Primarios 0%b 10.3%a 16.3% 17.9% Secundarios 17.1%b 30.8%ª 23.3% 28.2% niversitarios 82.9%ª 59%b 60.5% 48.7% Situación de convivencia Núcleo fam. 82.9%ª 61,5%b X²(1)=4.58* (Phi= .23) 95.3% 97.4% X²(1)=.25 (Phi=.05) X²(1)=17.63** (Phi=.33) X²(1)= 2.97† (Phi=.13) Con familiars 17.1%b 38.5%ª 4.7% 2.6% Situación laboral Empledada cuenta ajena 92.7% 82.1% X²(1)=5.76† (V= .26) 69.8% 51,3% X²(1)=3.46 (V= .20) X²(1)=16.97** (V= .32) X²(1)= 4.38 (V= .16) Empleada cuenta propia 7.3% 5.1% 4.7% 12.8% Desemplead. 0%b 12.8%a 25.6% 35.9% Dedicación laboral Completa 87.8%ª 59%b X²(1)=14.42** (d= .42) 58.1% 38.5% X²(1)= 5.23 (V= .25) X²(1)=19.59** (V=.34) X²(1)= 10.92* (V= .26) Parcial 4.9%ª 2.5%b 16.3% 23.1% Flexible 2.4% 7.7% 2.3% 0% Por turnos 4.9% 0% 0% 2.6% No trabaja 0%b 12.8%ª 23.3% 35.9% Situación económica < 1.500 € 14.6%b 39.5%ª X²(1)=7.50† (d= .30) 52.4% 67.6% X²(1)= 3.89 (V= .22) X²(1)= 21,06** (V= .36) X²(1)= 6.45† (V= .20) 1.500 – 2.000 € 46.3%ª 23.7%b 14.3% 16.2% 2.000 - 2.500€ 29.3% 26.3% 19% 5.4% > 2.500 9.8% 10.5% 14.3% 10.8% † p< 0.1; * p < .05; ** p< 0.01 a. Residuales estandarizados corregidos superiores a 1.96 b. Residuales estandarizados corregidos inferiores -1.96 Nota: el tamaño de efecto usado ha sido: d de Cohen para contrastar una variable cuantitativa con otra cualitativa; el coeficiente Phi para el cruce de dos variables cualitativas con dos valores de respuesta cada una; V de Cramer para el cruce de dos variables cualitativas siempre que una de ellas tiene más de dos valores de respuesta, η2 para el contraste de dos variables cuantitativas y para los análisis de varianza con covariable (ANCOVA)
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 58 Las características sociodemográficas no son homogéneas entre las madres adoptivas solas y las madres solas de reproducción asistida, como se aprecia en la tabla 3.1. Las madres adoptivas solas tienen de media 3.2 años más cuando adoptan que las de reproducción asistida cuando tienen a sus hijos e hijas y 2.9 años más en el momento de la entrevista, en ambos casos además el tamaño de efecto es muy elevado. El nivel de estudios también es significativamente diferente entre unas y otras. Como puede observarse en la tabla 3.1., estas diferencias se deben a que hay más madres adoptivas con estudios universitarios que madres de reproducción asistida, así como más madres solas por reproducción asistida con estudios secundarios y primarios. También hay diferencias significativas, aunque con un tamaño de efecto bajo, en la situación de convivencia, un porcentaje mayor de madres de reproducción asistida que adoptivas viven con familiares. Si atendemos a las características laborales, observamos que las madres adoptivas solas suelen trabajar a jornada completa con más frecuencia que las de reproducción asistida y ninguna de ellas está desempleada, frente a un 12.8% de reproducción asistida que se encuentran en esta situación. Del total de madres que trabajan, se aprecia que las adoptivas lo hacen con más frecuencia en el sector educativo y sanitario y las de reproducción asistida en el administrativo (tabla 3.2.). En el resto de variables laborales, no hay diferencias significativas, aunque sí aparecen tendencias, con un valor medio del tamaño de efecto, que nos indican que hay un porcentaje más alto de madres de reproducción asistida que ganan menos de 1.500€ y uno más alto de adoptivas que se encuentran entre los 1.500 y los 2.000€.
Método 59 Tabla 3.2. Profesiones de las madres de la muestra. Comparaciones en función del tipo de maternidad y la vía de acceso a la maternidad. Madres solas (MS) MS-AD / MS-RA Madres en pareja (MP) MP-AD / MP-RA MS / MP AD / RA AD . RA ADOP RA Administración 12.2%b 43.3%ª X²(1)= 19.44* (V= .49) 14% 7.9% X²(1)= 14.42† (V= .43) X²(1)= 40.62** (V= .50) X²(1)= 20.79* (V= .35) Educación 31,7%ª 7.7%b 20.9% 7.9% Sanidad 22%ª 12.8%b 14% 21,1% Comercio y turismo 7.3% 7.7% 7% 7.9% Comunicación e informática 14.6% 10.3% 2.3% 0% CC. Sociales 0% 7.7% 4.7% 2.6% Economía y seguros 9.8% 7.7% 11,6%ª 0%b Sector artístico 0% 2.6% 0% 5.3% Sector primario e industrial 2.4% 0% 2.3% 13.2% Ama de casa 0% 0% 23.3% 34.2% † p< 0.1; * p < .05; ** p< 0.01 a. Residuales estandarizados corregidos superiores a 1.96 b. Residuales estandarizados corregidos inferiores -1.96 V de Cramer: tamaño de efecto para el cruce de dos variables cualitativas Centrándonos en la comparación entre las madres solas y las madres con pareja, comprobamos que estas últimas eran significativamente más jóvenes cuando adoptaron o tuvieron a sus hijos que las madres solas (3.75 años menos de media), y también cuando las entrevistamos (2.65 años en este caso). La mayoría viven con su pareja y con sus hijos o hijas (sin convivir con familiares), tienen uno o dos hijos, así como estudios universitarios como puede apreciarse en la tabla 3.1. Las madres con pareja viven en menor medida con sus familiares que las madres solas, siendo esta diferencia estadísticamente significativa y con un tamaño de efecto alto. En cuanto al nivel de estudios, si bien, como decíamos, la mayoría de las madres con pareja son universitarias, la proporción es significativamente menor que en el caso de las madres a solas (54.6% frente a 70.95%). Si nos fijamos en las características de índole laboral, comprobamos que la mayoría trabaja por cuenta ajena y a jornada completa en ámbitos que fundamentalmente tienen que ver con la educación, la sanidad y la administración (tabla 3.2.). Sin embargo, hay un 28% de madres en pareja que están a cargo exclusivamente del hogar, mientras que no hay ninguna madre sola en esta circunstancia. Esto se traduce en diferencias significativas con un efecto del tamaño medio entre unas madres y otras en cuanto a la situación laboral. Los ingresos
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 60 económicos de las madres con pareja están, de forma mayoritaria, por debajo de los 1.500€ mientras que las madres solas que se sitúan mayoritariamente en el intervalo de 1.500 a 2.500€, resultando esta diferencias estadísticamente significativas con un tamaño de efecto medio. Hemos encontrado, entonces, diferencias significativas entre las madres solas y las que tienen pareja tanto en la situación y dedicación laboral como en los ingresos, debido, principalmente, a que un porcentaje elevado de las segundas no tienen trabajo remunerado. En el caso de las madres con pareja, no se encuentran diferencias en sus características sociodemográficas entre las dos vías de acceso, excepto en la edad en la que se cumple la misma condición que en las madres solas: las adoptivas son algo más mayores. No hay diferencias significativas, pero sí tendencia (tamaño de efecto medio) en las profesiones ya que las madres con pareja adoptivas se dedican en mayor porcentaje al sector de economía y seguros que las de reproducción. Atendiendo a la vía de acceso a la maternidad (adopción y reproducción asistida) y con independencia de si son madres solas o madres con pareja (tabla 3.1.), comprobamos que las madres adoptivas y las que recurrieron a la reproducción asistida presentan características diferentes, de manera estadísticamente significativa, en lo que se refiere a la edad, a la situación de convivencia y a la dedicación laboral. Las madres adoptivas tienen de media 3.55 años más cuando adoptan que las de reproducción asistida cuando tienen a su hijo o hija y 2.75 años más cuando las entrevistamos (tamaño de efecto grande). En cuanto al nivel de estudios, no encontramos diferencias significativas, aunque sí se observa una tendencia (tamaño de efecto bajo) que indica que hay más madres adoptivas con estudios universitarios que madres de reproducción asistida, así como, correspondientemente, más madres solas por reproducción asistida con estudios secundarios y primarios. Las madres de reproducción asistida conviven con familiares en mayor medida que las adoptivas. Por otro lado, hay más madres adoptivas que de reproducción asistida que trabajan a tiempo completo y se han encontrado tendencias, aunque con un tamaño de efecto bajo, que indican que hay un porcentaje más alto de madres de reproducción asistida que ganan menos de 1.500€ y uno más alto de adoptivas que se encuentran entre los 1.500 y los 2.000€.
Método 67 evaluar las estrategias de afrontamiento, asumiendo la complejidad y variedad de respuestas posibles al estrés (por ejemplo, Mayo, Real, Taboada, Iglesias Souto y Dosil, 2012) Apoyo social: Se usó la Entrevista semiestructurada de apoyo social (ASSIS) (Barrera, 1981) para explorar el apoyo que las madres percibían tener en cada una de las siguientes 6 categorías: sentimientos personales, ayuda material, consejo, refuerzo positivo, asistencia física y participación social. Esta categorización corresponde con los tres tipos de apoyo social tradicionalmente recogidos en la literatura científica, esto es, apoyo emocional (sentimiento personal y participación social), apoyo informativo (consejo y refuerzo positivo) y apoyo tangible o material (ayuda física y material). Con la suma de las distintas personas que prestan estos tres tipos de apoyo obtenemos la amplitud o tamaño de la red de apoyo social. Este instrumento permite obtener cuatro indicadores sobre la estructura y funcionalidad del sistema de apoyo: tamaño percibido de la red (número de personas disponibles para proveer apoyo al menos en una de las categorías), necesidad de apoyo, utilización de la red para obtenerlo y satisfacción con el apoyo percibido. Se obtuvo un coeficiente alfa de consistencia interna de .72 para el apoyo social, de .73 para la necesidad de apoyo y .76 para la satisfacción con el apoyo. 3.2.2. Evaluación del desarrollo y ajuste psicológico de los hijos e hijas Niños y niñas fueron evaluados, por una parte, por las propias investigadoras y, por otra, por sus tutores o tutoras. Las investigadoras siempre fueron las mismas y realizaron la evaluación en el domicilio de la familia habitualmente y, en algún caso aislado, en el seminario del departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla. No se consiguió tener acceso a todas las evaluaciones de los tutores y tutoras de todos los niños, bien porque los instrumentos nunca fueron devueltos o no estaban completos, bien porque las madres preferían mantener el colegio al margen de la investigación. Por eso, en el capítulo de resultados se irá detallando el número de niños y niñas de quienes disponemos datos para cada una de las dimensiones analizadas. Son varios los instrumentos que tanto el profesorado como las investigadoras cumplimentaron y así pasamos a exponerlo.
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 68 Competencia Académica: Medida a través de una adaptación al sistema educativo español de las medidas contenidas en el Social Skills Rating Sistem (SSRS) de Gresham y Elliot (1990). Tutores y tutoras califican al alumno o alumna en cada una de las áreas curriculares. Así, si el alumnado es de Educación Infantil las áreas a evaluar son: lenguaje, psicomotricidad fina, psicomotricidad gruesa, conocimiento de conceptos básicos, autonomía personal, identidad y medio físico y social, otorgando una puntuación de 1 a 3 según esté por debajo de la media, en la media o por encima de la media según el conocimiento del profesor. Para el alumnado de Educación Primaria las áreas curriculares son: lengua, matemáticas, conocimiento del medio, lengua extranjera, educación física y educación artística y se evalúan desde el suspenso hasta el sobresaliente, pasando por aprobado, bien y notable también según el criterio del profesor. Sin embargo, para poder unir las puntuaciones de todos los niños de la muestra, se han recodificado esas puntuaciones de forma que el suspenso se corresponde con el 1, el aprobado y bien con el 2 y notable y sobresaliente con el 3. Competencia Social: Evaluada a través del cuestionario Social Skills Rating Sistem (SSRS) de Gresham y Elliot (1990). Incluye seis subescalas que corresponden a distintas dimensiones del desarrollo social: cooperación, asertividad, autocontrol, problemas internos (por ejemplo, ansiedad o estrés), problemas externos (agresividad e hiperactividad entre otros). El cuestionario consta de un total de 48 ítems (8 por cada subescala) y es evaluado por el profesor o la profesora según la frecuencia de aparición de las conductas, desde 0 (nunca) hasta 2 (muy frecuentemente) con preguntas del tipo “hace amigos fácilmente” o “usa de forma aceptable su tiempo libre”. El coeficiente alfa de consistencia interna de cada una de las escalas se puede observar en la tabla 3.4. Tabla 3.4. Índices de fiabilidad interna del Cuestionario Social Skills Rating Sistem (SSRS) Índice de fiabilidad interna (Alfa de Cronbach) Habilidades sociales .87 Cooperación .74 Aserción .66 Autocontrol .75 Problemas de comportamiento .81 Externalizados .85 Internalizados .57
Método 69 Ajuste Emocional y Comportamental: Se midió a través de la adaptación al castellano del cuestionario Strengths and Dificulties Questionnaire (SDQ) de Goodman (1997). Está compuesto por cinco subescalas, correspondientes a distintas dimensiones: síntomas emocionales, problemas de conducta, hiperactividad, problemas de relación entre compañeros y conducta prosocial. El cuestionario consta de un total de 25 ítems (5 por cada subescala) y es el profesor o profesora quien califica si un ítem es aplicable o no al niño o niña (desde 1, “no es cierto” hasta 3, “completamente cierto” en ítems como “tiene en cuenta los sentimientos de otras personas” o “es más bien solitario, tiende a jugar solo”). El coeficiente alfa de consistencia interna de cada una de las escalas y de la escala total se encuentra en la tabla 3.5. Tabla 3.5. Índices de fiabilidad interna del Cuestionario Strengths and Dificulties Questionnaire (SDQ) Índice de fiabilidad interna (Alfa de Cronbach) Total dificultades .81 Síntomas emocionales .94 Problemas de conducta .36 Hiperactividad .67 Problemas con iguales .60 Conducta prosocial .87 Desarrollo psicológico: Para evaluar el desarrollo de los niños y niñas usamos el Inventario de Desarrollo Batelle (Newborng, Stock y Wnek, 1998) en su modalidad de “screening”. Se trata de una batería para evaluar las habilidades fundamentales en niños y niñas con edades comprendidas entre el nacimiento y los 8 años, se aplica de forma individual y está tipificada. Está formado por 96 ítems que se agrupan en cinco ámbitos: - Área personal-social: capacidades y características que permiten al niño establecer interacciones sociales significativas (algunos ejemplos de ítems son: “le gusta jugar con otros niños”, “utiliza al adulto para defenderse”, “respeta las cosas de los demás”). - Área adaptativa: habilidades de autocuidado y tareas que dichas habilidades requieren (“presta atención estando en grupo”,“bebe en taza o en vaso, sin ayuda”, “se abrocha uno o dos botones”).
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 70 - Área motora: capacidad del niño para usar y controlar los movimientos del cuerpo (desarrollo motor grueso y fino) (“camina llevando un objeto”, “baja escaleras alternando los pies”, “abre cajones o armarios”). - Área de comunicación: recepción y la expresión de información, pensamientos e ideas por medios verbales y no verbales (“vuelve la cabeza hacia un sonido”, “relaciona palabras con imágenes”, “utiliza el plural terminado en s”). - Área cognitiva: habilidades y capacidades de tipo conceptual (“explora objetos”, “busca un objeto desaparecido”, “conoce los lados derecho e izquierdo de su cuerpo”). Esta prueba de desarrollo otorga la posibilidad de trasformar las puntuaciones directas en edades equivalentes, indicando puntuaciones directas medias correspondientes a una edad. Sin embargo, en este estudio se han utilizado las puntuaciones típicas, convertidas desde las puntuaciones directas, atendiendo instrucciones de la propia prueba, para obtener una puntuación estandarizada que sirva como criterio para definir el ajuste en el desarrollo de los niños y niñas, así como la presencia o ausencia de problemas de desarrollo psicológico. No se calculó el coeficiente de consistencia interna siguiendo las indicaciones del Manual de aplicación del propio instrumento: “el Batelle no cumple las condiciones necesarias para ello. Este coeficiente parte de la idea de que los ítems de un test o un componente de un test miden la misma habilidad (…) como en el Batelle no hay áreas ni subáreas que presenten estas características, resulta inadecuada una medida de consistencia interna” (Newborg, Stoc & Wnek, 1988, pp.66) Autoestima: Se utilizó la escala The Perceived Competece Scale for Children de Harter (1982) para niños y niñas de entre 3 y 8 años. Dado que 24 de los niños y niñas de la muestra de madres solas eran menores de 3 años y una mayor de 8 años la muestra se vio reducida en este instrumento. Hay, además, 4 niños niñas de los que no tenemos sus datos en este instrumento porque las familias quedaron en enviarlos por correo, junto a los cuestionarios que el profesorado tenía que rellenar y, sin embargo, nunca llegaron de vuelta. En el caso de los hijos e hijas de madres biparentales 2 eran menores de tres años y 2 familias no nos devolvieron los datos de los cuestionarios. Se usó la versión en imágenes, que consta de 24 ítems con ilustraciones, diferenciadas según el sexo de la criatura entrevistada, correspondientes a cuatro subescalas: competencia cognitiva, competencia física, aceptación maternal y aceptación social. Niños y niñas tenían que posicionarse en una escala de 1 a 4, según se percibieran más o menos competentes en las distintas dimensiones, de
Método 71 manera que el 4 se corresponde con “me parezco mucho” y el 1 con “no me parezco en nada” (Ej.: “A esta niña se le da muy bien hacer puzzles y a esta otra no se le da bien, ¿tú a cuál te pareces más?”). El coeficiente alfa de consistencia interna para la escala es de .75. Roles de género: Se usó una adaptación del Sex Role Learning Index de Edelbrock y Sugawara (1978) para los niños y niñas mayores de 3 años. Por tanto, para esta dimensión sólo contamos con las puntuaciones de los niños y niñas mayores de esa edad. Consta de diferentes tarjetas con las que se observan diferentes índices: - Conocimiento y Flexibilidad de los roles de género. Para medirlos, se usaron 10 tarjetas con diversos objetos (martillo, biberón, plancha, etc) que, en una primera fase, los niños y niñas debían indicar si podían ser usados por “hombres”, “mujeres” o “ambos”. En la segunda fase, aquellas tarjetas seleccionadas como “utilizadas por ambos”, se volvían a presentar de modo que el niño o la niña tenía que decantarse por uno de los sexos, sin la posibilidad de “ambos”. Esta segunda clasificación aportaba la medida de “conocimiento” de los roles de género. El conjunto de tarjetas con objetos calificaos como susceptibles de ser usados por “ambos” dio la medida de “flexibilidad” de los roles de género. - Preferencia por actividades y profesiones ligadas al género. Para medirlos, se usaron 10 tarjetas en las que aparecen figuras infantiles desarrollando juegos y otras 10 con figuras adultas desempeñando profesiones. En los dos casos chicos y chicas deben ordenarlas según sus preferencias. Sus elecciones se valoran en función de la mayor o menor tipificación con respecto al género (por ejemplo, elegir “jugar a los coches” siendo chica sería poco tipificado, mientras elegir “jugar con muñecas” le llevaría a obtener una alta tipificación). 3.3. Procedimiento 3.3.1. Contacto con las familias participantes y recogida de datos Como se especificó en el apartado de procedimiento de acceso a la muestra, el contacto con las familias participantes se realizó de dos formas diferentes, dependiendo de si provenían de adopción o de reproducción asistida. En el caso de las madres adoptivas, una vez seleccionadas las familias, el propio servicio de adopción mandaba una carta (Anexo 4) a esas madres en la que les explicaba los objetivos y finalidad de la investigación así como les informaba de que en una semana recibirían una llamada del departamento de Psicología Evolutiva y de la
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 72 Educación de la Universidad de Sevilla para confirmar o no su colaboración en dicho estudio. Cuando nos asegurábamos de que la carta se había mandado, procedíamos a hacer las llamadas. A partir de este momento la relación era directa entre la investigadora y la madre, de forma que se concertaba una cita para ir a su domicilio o, en caso de que lo prefiriera, a cualquier otro lugar donde se sintiera cómoda. El contacto con las familias de reproducción asistida se realizó siempre a través de las psicólogas de las clínicas IVI: ellas se ponían en contacto con las madres, les explicaban la investigación y, si aceptaban participar, les citaban para realizar la entrevista y la evaluación. A partir de este primer contacto, el procedimiento era similar para las dos vías de acceso a la maternidad. Así, una vez que las familias aceptaban participar en la investigación, se concertaba una visita en la que se realizaba la entrevista en profundidad con la madre y se le pedía que rellenara la batería de instrumentos anteriormente descrita. La evaluación de los niños y niñas se realizaba en paralelo a la de las madres. En algunos casos, una vez terminada la entrevista, mientras la madre cumplimentaba los instrumentos, la misma investigadora que había estado con ella realizaba la evaluación del niño; en otros casos, una investigadora evaluaba a la madre y a la vez otra se encargaba de avaluar al niño o a la niña. De esta forma se ahorraba tiempo a la familia o se evitaba tener que volver en otra ocasión a finalizar el trabajo de valoración del menor cuando la familia no disponía de tanto tiempo. Asimismo, se le dejaba a la madre el cuaderno de instrumentos del profesorado para que se los diese al tutor o tutora de su hijo. Le facilitábamos un sobre y un sello para que, una vez devuelto por el profesor, nos lo enviara por correo. Desde el primer momento se garantizó a las familias la confidencialidad de los datos y su anonimato. Para ello asignamos un código numérico identificativo y un pseudónimo que, desde ese momento, es el que se utiliza para referirse a cada una de las familias. 3.3.2. Análisis de datos y paquete estadístico Con la finalidad de dar respuesta a los objetivos planteados en esta investigación, se han realizado distintos análisis estadísticos que guiarán la descripción de los resultados presentados en el siguiente capítulo. Para llevar a cabo estos análisis se ha usado el paquete estadístico SPSS versión 18.0 y 22.0. Se han realizado análisis descriptivos para cada una de las variables estudiadas. En estos análisis se señalan el tamaño de la muestra, la puntuación
Método 73 media, la desviación típica y las puntuaciones mínimas y máximas obtenidas. En algunos casos los análisis se completaron con correlaciones entre distintas dimensiones de los instrumentos y para ello se usó el coeficiente r de Pearson. En este trabajo se hacen también comparaciones de medias a través de la prueba t de Student para muestras independientes y análisis univariante de la varianza (ANOVA). En todos los casos se aceptó el principio de igualdad de varianza. El tamaño de efecto complementa a lo largo de todos los resultados las pruebas de significación. La razón para usar pruebas de tamaño de efecto es que informan sobre el grado, dirección e importancia real de los resultados obtenidos en las pruebas de significación (Valera y Sánchez, 1997). Además, cuando se investiga con muestras no muy amplias, como es nuestro caso, el tamaño de efecto ofrece información acerca de la dirección de la significatividad si la muestra fuera más amplia. Se han usado distintas pruebas de tamaño de efecto en función de las características de las variables del estudio: - Phi cuando se han cruzado dos variables cualitativas con dos valores de respuesta cada una. Los intervalos para saber la magnitud del tamaño son: de 0 a .09, despreciable; de .10 a .29 bajo; de .30 a .49 medio; y a partir de .50 grande (Agresti, 1996). - V de Cramer (V) si se cruzaban una variable nominal con otra nominal u ordinal siempre que al menos una de ellas tuviera más de dos valores de respuesta Los intervalos son: de 0 a .09, despreciable; de .10 a .29 bajo; de .30 a .49 medio; y a partir de .50 grande (Agresti, 1996). - d de Cohen (d) en el contraste de una variable cuantitativa por otra cualitativa. Los criterios son: de 1 a .19, despreciable; de .20 a .49, bajo; de.50 a .79 medio; y a partir de .80 grande (Cohen, 1992). - Eta al cuadrado (η2) para relacionar dos variables cuantitativas. Sus intervalos son: de 0 a .009, despreciable; de .010 a.089 bajo; de .090 a .249 medio; y a partir de .250 grande (Tabachnick y Fidell, 2007) El control de variables que pueden estar interfiriendo en los resultados derivados de los contrastes de medias llevó a plantear modelos de análisis de la covarianza (ANCOVA), que permiten examinar el efecto conjunto de distintas variables sobre las dimensiones y explorar el efecto del grupo de referencia (madre solas, madres con pareja, madres adoptivas o madres de reproducción asistida) controlando el efecto atribuible a otras variables. La estimación del estadístico eta cuadrado (η2) permite concretar el tamaño del efecto en estos casos.
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 74
Resultados 93 4.2. Desarrollo y ajuste psicológico de los hijos e hijas de madres solas por elección En este apartado se describirá el desarrollo y ajuste de los niños y niñas que han crecido en el seno de una familia de madre sola por elección, explorando las diferencias y similitudes entre quienes fueron adoptados y quienes nacieron por técnicas de reproducción asistida. Se describirán también las comparaciones entre los hijos de madres solas por elección y los de las madres en pareja (diferencias según el tipo de maternidad), así como las comparaciones entre los hijos de madres adoptivas y los hijos de madres que recurrieron a la reproducción asistida independientemente de si son madres solas o en pareja (diferencias según la vía de acceso a la maternidad) y las de la interacción del tipo de maternidad (monoparental-biparental) y la vía de acceso (adopción-reproducción asistida). En último lugar se mostrarán las relaciones entre las distintas dimensiones evaluadas del desarrollo y ajuste psicológico de los hijos e hijas de madres solas. Para llevar a cabo las comparaciones se han realizado análisis de la covarianza (ANCOVA) utilizando como factores el tipo de maternidad (mono y biparental) y la vía de acceso (adopción y reproducción asistida), incluyendo la interacción entre las dos variables, y como covariable el nivel educativo. El motivo por el que se controló el nivel educativo fue, como se recordará, las diferencias significativas que aparecían en esta variable según el tipo de maternidad (véase tabla 3.1. del método) y que explicamos cuando realizamos las comparaciones de las variables de las madres. Cuando se han realizado las comparaciones exclusivamente entre los hijos e hijas adoptados, se han realizado análisis de covarianza (ANCOVA) usando el tipo de maternidad (mono y biparental) como factor y como covariables el tiempo de adopción de los menores y el nivel educativo de las madres. El control de la variable “tiempo de adopción” se llevó a cabo porque se encontró que los hijos de madres solas llevaban una media de 11 meses menos con su familia adoptiva que sus congéneres de familias biparentales, y esta variable podría estar incidiendo en los resultados (tabla 3.1., capítulo de método). Cuando se han encontrado diferencias por el tipo de maternidad (madres solas por elección/madres con pareja) se han realizado análisis de covarianza (ANCOVA). Por un lado, se ha tenido en cuenta la edad de las madres, usando de esta forma el tipo de maternidad (mono y biparental) como factor y como covariables la edad y el
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 94 nivel educativo de las madres. La razón de controlar la edad de las madres es que las madres solas del estudio eran de media 3.75 años más mayores que las madres con pareja (ver tabla 3.1). Por otro lado, se ha intentado controlar también la edad de los niños mediante un análisis de covarianza ya que los hijos e hijas de madres solas son de media 12.6 meses más pequeños que los hijos e hijas de madres solas (véase tabla 3.3, capítulo de método). En este caso se ha usado el tipo de maternidad (mono y biparental) como factor y como covariables el nivel educativo de las madres y la edad de los niños y niñas. Para conocer el desarrollo y ajuste psicológico de los hijos e hijas de las madres solas de la muestra se han evaluado ciertas características consideradas relevantes tanto por el equipo de investigación como por la literatura científica. Algunas de estas características las evaluaron las propias investigadoras (nivel de desarrollo, autoestima y roles de género), mientras que otras fueron evaluadas por el profesorado, concretamente el tutor o la tutora de la criatura era quien completaba los instrumentos que medían la competencia académica, la competencia social y el ajuste emocional y comportamental. Fueron evaluados 80 niños y niñas para este estudio, sin embargo y al igual que pasaba con las características estudiadas de las madres, finalmente no se pudo contar con todos ellos en todas las variables exploradas. La causa más frecuente de esta pérdida de participantes fue que algunos instrumentos, principalmente los del profesorado que evaluaban la competencia académica y social y el ajuste social y comportamental, nunca fueron devueltos (21 familias no nos devolvieron los instrumentos evaluados por el tutor académico). En otros casos los instrumentos fueron devueltos, pero no estaban totalmente completos, lo que también supuso una pérdida de datos. Por otro lado, los instrumentos que miden autoestima y roles de género (Harter y SERLI) no se pueden aplicar a niños o niñas menores de tres años. 4.2.1. Competencia académica La competencia académica se midió a través de una escala simple, tomada del cuestionario Social Skills Rating Sistem (SSRS; Gresham y Elliot, 1990) que cumplimentó el profesorado. La puntuación media obtenida por los hijos e hijas de madres solas por elección es de 2.49 en una escala de “1” a “3”, siendo la puntuación máxima de 2.92 y la mínima de 2.06. Se puede decir entonces que la competencia académica de los niños y niñas del estudio es bastante alta. Se observan diferencias significativas entre los hijos adoptados por una madre sola y los que fueron fruto de las técnicas de reproducción asistida a favor de estos últimos (tabla 4.9.). En concreto, los
Resultados 101 Ante este resultado nos volvemos a plantear la pregunta ¿está mediando en las diferencias entre los niños y niñas adoptados la variable “tiempo de adopción”? para saberlo, se realizaron de nuevo las comparaciones, esta vez sólo entre los menores adoptados y controlando el tiempo de adopción de cada uno de ellos y el nivel educativo de las madres a través de un ANCOVA. Los resultados muestran diferencias significativas a favor de los hijos e hijas adoptados por una familia biparental tanto para la escala total de problemas de comportamiento (F(1,110)=12.19; p=.00; η2=.17), como para problemas externalizados (F(1,110)=8.05; p=.00; η2=.12) e internalizados (F(1,110)=6.98; p=.01; η2=.11). No parece ser, por tanto, en este caso el tiempo de adopción una variable mediadora de las diferencias obtenidas en problemas de comportamiento entre los niños adoptados por una madre sola y por una pareja. 4.2.3. Ajuste emocional y comportamental Para medir el ajuste emocional y comportamental de los niños y niñas de la muestra se usó el cuestionario Strengths and Dificulties Questionnaire (SDQ). Este instrumento permite estudiar tanto las dificultades en el ajuste emocional, medidas a través de cuatro dimensiones (síntomas emocionales, problemas de conducta, hiperactividad y problemas de relación entre compañeros), como la conducta prosocial. Recordemos que el cuestionario fue completado por el profesorado. Los hijos e hijas de madres solas por elección de la muestra han obtenido una puntuación media en la escala total de dificultades de 5.16. donde el “0” es la puntuación mínima e indica la ausencia de problemas de ajuste, el “40” el máximo y, por tanto, señala la presencia de muchos problemas, estando entre “12” y “15” la puntuación límite entre un buen ajuste o un ajuste problemático (tabla 4.11.) A pesar de que la puntuación media del total de dificultades indica que, en general, estos niños y niñas no presentan problemas, se ha analizado en profundidad esta escala. De hecho, observamos que hay un sujeto que se encuentra en la frontera entre un ajuste bueno y problemático y dos con problemas emocionales y de comportamiento, lo que representa el 5% del total de la muestra. Analizando ahora por separado cada una de las cuatro dimensiones que forman la escala global de dificultades (véase tabla 4.11.), observamos que los problemas de conducta, los problemas con los iguales y los síntomas emocionales son prácticamente inexistentes, con puntuaciones medias que rondan el 0.6 (recordemos que la escala es en este caso de “0” a “10”). Sin embargo, la escala de hiperactividad,
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 102 dentro de los límites de la normalidad (la puntuación límite es “6”), es algo más alta, con una media de 3.09. En cuanto a la conducta prosocial, encontramos una puntuación media de 8 en la misma escala de “0” a “10”, pero esta vez la puntuación se lee en sentido inverso a las anteriores, es decir, como el límite está en “5”, las puntuaciones por debajo de ese valor indican un nivel clínico en esa escala. Por tanto, los hijos e hijas de madres solas no parecen tener especiales dificultades de ajuste emocional y comportamental y, además, cuentan con un gran repertorio de comportamientos positivos. Tabla 4.11. Descriptivos y comparación de medias del ajuste emocional y comportamental de los hijos e hijas del estudio en función del tipo de maternidad, la vía de acceso y la interacción del tipo de maternidad por la vía de acceso controlando el nivel educativo de las madres como covariable Hijos madres solas (HMS) HMS-AD /HMSRA Hijos madres con pareja (HMP) HMP-AD / HMPRA HMS /HMP HAD / HRA Efectos Interacc. Adoptiv. HAD Rep. Asist. HRA Adop. HAD Rep. Asist. HRA M (D.T) M (D.T) F (1, 57) (η2) M (D.T) M (D.T) F (1, 52) (η2) F (1, 111) (η2) F (1, 111) (η2) F (1, 111) (η2) Puntuación total de dificultades1 8.83 (3.82) 1.50 (1,10) 91.70** (.61) 6.67 (2.52) 1,56 (1,73) 73.47* (.59) 1.24 (.01) 155.99** (.58) 4.99* (.04) Problemas. con iguales2 1.09 (1,24) .10 (.31) 14.85** (.20) .57 (.87) .30 (.61) 1.55 (.03) .69 (.00) 14.71** (.11) 5.03* (.04) Problemas Conducta2 .41 (1,85) .17 (.39) 10.09** (.15) .75 (1,29) .23 (.61) 5.09* (.08) .58 (.00) 15.94** (.12) 1.58 (.01) Síntomas Emocionales2 1.03 (1,64) .32 (.47) 3.37† (.05) .60 (.61) .30 (.67) 1.53 (.02) 1.02 (.00) 5.48* (.04) 1.05 (.00) Hiperactividad2 5.29 (1,03) .89 (.62) 373.25** (.87) 4.75 (.88) .73 (.66) 360.21** (.87) .13 (.00) 721.47** (.86) .80 (.00) Escala prosocial2 8.12 (1,85) 7.89 (1,64) .98 (.01) 8.63 (1,80) 7.28 (1,86) 7.41** (.12) .10 (.00) 6.40* (.05) 2.12 (.01) † p< 0.1; * p < .05; ** p< 0.01 1 Escala 0 (ajuste óptimo) a 40 (ajuste problemático); 12-15=puntuación límite 2 Escala 0 (inexistentes) a 10 (muy frecuentes) Estos resultados se matizan cuando se atiende a las comparaciones entre los hijos de madres solas según la vía de acceso, esto es, cuando se diferencian los niños adoptados por una madre sola y los biológicos también de madres solas. En este caso encontramos que son los adoptados los que tienen mayores dificultades de ajuste emocional y comportamental, además la significatividad tiene un tamaño de efecto bastante alto (tabla 4.11.). Recordemos en cualquier caso que todos ellos, tanto adoptados como biológicos, cuentan con puntuaciones que indican un ajuste dentro de la normalidad. Merece la pena observar de manera minuciosa cómo son estas diferencias cuando se tienen en cuenta las distintas dimensiones (tabla 4.11.): los hijos
Resultados 103 e hijas adoptados por una madre sola tienen unas puntuaciones un poco más altas que quienes nacieron por reproducción asistida en problemas con los iguales y síntomas emocionales (rondando un punto por encima en ambas), mientras que la puntuación media en hiperactividad está 4.4 puntos por encima. La media en la escala prosocial no es, sin embargo, estadísticamente diferente entre los dos grupos. Es decir, los niños y niñas adoptados puntúan algo más alto en los comportamientos que derivan en dificultades en el ajuste que los de reproducción asistida, principalmente en hiperactividad, pero no hay diferencias en los comportamientos positivos, léase prosociabilidad. Si nos fijamos ahora en la muestra completa de niños y niñas y realizamos las comparaciones teniendo en cuenta el tipo de familia en la que están creciendo (mono o biparental), encontramos que no hay diferencias significativas entre los hijos e hijas de madres solas por elección y los de las madres con pareja (tabla 4.11.). No aparecen diferencias ni en la puntuación total de dificultades ni en ninguna de las dimensiones que la engloba. Tampoco hay diferencias significativas en la escala de prosociabilidad. Luego podemos decir que tanto los niños de madres solas como los niños de madres con pareja tienen un buen ajuste y que además no se diferencian entre ellos. Por el contrario, cuando se realizan las comparaciones por tipo de vía de acceso a la maternidad, se obtienen diferencias significativas entre los hijos e hijas adoptados y los biológicos en la puntuación total de dificultades. Los resultados muestran que los niños adoptados tienen más dificultades de ajuste que los biológicos, insistimos que siempre dentro de la normalidad, ya que hablamos de puntuaciones medias de 7.75 y 1,53 respectivamente, cuando la puntuación límite entre el ajuste normal y el problemático se encuentra entre 12 y 15. Estas diferencias se deben, principalmente, a la elevada puntuación en hiperactividad por parte de los niños y niñas adoptados (5.03 frente a .81 de los niños biológicos), como puede verse en la tabla 4.11. Además, las diferencias encontradas entre los niños adoptados y los de reproducción asistida tienen un tamaño de efecto elevado. Siendo cierto que los hijos biológicos presentan menores dificultades, encontramos que los adoptados obtienen una puntuación media estadísticamente mayor en la escala de prosociabilidad que los biológicos (8.42 y 7.58 respectivamente), aunque esta vez con un tamaño de efecto bajo. Atendiendo a las comparaciones que tienen en cuenta el efecto de la interacción del tipo de maternidad y la vía de acceso sobre las medidas de ajuste emocional y comportamental (tabla 4.11.), se observa que los hijos e hijas adoptados
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 104 por una madre sola cuentan con una puntuación media de dificultades en el ajuste más elevada que aquellos que fueron adoptados por una familia biparental o que los hijos biológicos de cualquiera de los dos tipos de familia. Cuando analizamos las diferencias para cada una de las dimensiones que conforman la escala de ajuste, encontramos que esas diferencias se mantienen para problemas con los iguales, pero que no aparecen como significativas para problemas de conducta, síntomas emocionales o hiperactividad. Tampoco hay diferencias en la escala que mide la conducta prosocial. Para saber si las diferencias entre los niños y niñas adoptados por una madre sola y por una madre con pareja se deben realmente al tipo de maternidad y no al tiempo que llevan adoptados, realizamos, como en ocasiones anteriores, un análisis de covarianza con el tiempo de adopción, junto al nivel educativo de las madres, como covariable. Los resultados revelan que no existen diferencias significativas entre los hijos e hijas de madres solas por elección y los de las madres con pareja en la escala global de dificultades, aunque sí una tendencia (F(1,111)=3.68; p=.06; η2=.06) que indica que los hijos de madres solas tienen una puntuación algo más alta. Al dividir la escala de dificultades, no se encuentran diferencias significativas ni tendencias en ninguna de las 4 subescalas que la componen: problemas con los iguales (F(1,111)=2.16; p=.14; η2=.03), problemas de conducta (F(1,111)=.32; p=.57; η2=.01), síntomas emocionales (F(1,111)=1.89; p=.17; η2=.03) e hiperactividad (F(1,111)=2.08; p=.15; η2=.03). Tampoco se encuentran diferencias en la escala prosocial (F(1,111)=.02; p=.88; η2=.00). Es decir, cuando se controla el tiempo de adopción, no hay diferencias en el ajuste emocional y comportamental de los niños y niñas adoptados por una madre a solas o adoptados por una pareja. 3.2.4. Desarrollo psicológico El nivel de desarrollo de los niños y niñas se midió a través del Inventario de Desarrollo Batelle en su modalidad de “screening”. Se trata de una batería que evalúa las habilidades fundamentales en niños y niñas con edades comprendidas entre el nacimiento y los 8 años. Para realizar los análisis de este instrumento se optó por no tener en cuenta los resultados de desarrollo de una niña que tenía 9 años y 6 meses en el momento de la entrevista y, por tanto, no estaba en el rango de edad susceptible de ser medido con esta prueba. El Inventario de Desarrollo Batelle nos permite conocer si los niños y niñas evaluados están en su nivel de desarrollo o por debajo de él. Para ello, usaremos las puntuaciones estandarizadas que nos permiten establecer, por un lado, el ajuste o no
Resultados 105 a su nivel de desarrollo y, por otro, son un buen criterio para definir la presencia de problemas en el desarrollo psicológico. Los resultados pueden observarse en la tabla 4.12. en la que aparecen diferenciadas las distintas áreas que conforman la puntuación total de desarrollo psicológico. Tabla 4.12. Porcentaje de hijos e hijas de madres solas ajustados a su edad en cada una de las áreas que conforman la puntuación global de desarrollo psicológico Escala de desarrollo Valoración Porcentaje (frecuencia) Personal-social Sin problemas de desarrollo 67.9% (65) Con problemas de desarrollo 32.1% (26) Adaptativa Sin problemas de desarrollo 49.4% (40) Con problemas de desarrollo 50.6% (41) Motriz Sin problemas de desarrollo 67.5% (54) Con problemas de desarrollo 32.5% (26) Comunicativa Sin problemas de desarrollo 65.4% (53) Con problemas de desarrollo 34.6% (28) Cognitiva Sin problemas de desarrollo 84% (68) Con problemas de desarrollo 16% (13) Total Sin problemas de desarrollo 63% (51) Con problemas de desarrollo 37% (30) Más de la mitad de los hijos e hijas de madres solas de la muestra presentan un buen nivel de desarrollo psicológico (63%). Sin embargo, encontramos un porcentaje nada despreciable de ellos con problemas de desarrollo (37%). Analizando el desarrollo en cada una de las áreas, observamos que en las áreas personal-social, motora y comunicativa el porcentaje de niños y niñas con un buen desarrollo es bastante similar, aproximadamente el 66% de los niños cuentan con un buen desarrollo en esos tres ámbitos. Mientras que en la escala adaptativa el porcentaje disminuye al 49.9% y en la cognitiva aumenta al 84%. Parece entonces que el punto débil de estos niños y niñas está en la capacidad para prestar atención visual y auditiva, para comer, vestirse y asearse así como para asumir responsabilidades y el punto fuerte en las capacidades de tipo conceptual.
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 106 Como decíamos, la mayoría de los niños y niñas tienen un desarrollo psicológico ajustado a su edad en las distintas áreas, pero hallamos un número importante de ellos, el 37%, que no han adquirido el nivel óptimo. Para conocer el nivel de gravedad de los problemas de desarrollo que presentan los hijos o hijas de madres solas usamos las puntuaciones típicas, de manera que una puntuación de 1 desviación típica indica un nivel adecuado del desarrollo psicológico; una puntuación de -1 ó -1,5 implica la presencia de problemas leves o moderados; y una puntuación de -2 señala la existencia de problemas severos en el desarrollo psicológico. Como se ilustra en la figura 3.5, del 37% de niños y niñas con problemas en el desarrollo, un 11,3 % de ellos (N=9) tienen problemas severos y 25.1% (N=20) cuentan con problemas leves o moderados, frente a un 63.8% (N=51) que presentan un buen ajuste en el desarrollo. Al comparar el desarrollo psicológico de los hijos e hijas de madres solas por elección según la vía de acceso a la maternidad (adopción/reproducción asistida), observamos que estadísticamente hay una tendencia (tamaño de efecto bajo) que indica que hay más niños biológicos con un buen desarrollo psicológico que adoptados, exactamente un 19.4% más (tabla 4.13.). Problemas severos Problemas leves o moderados Buen ajuste en el desarrollo 11,3% 25,1% 63,8% Figura 4.2. Distribución (en porcentaje) de hijos e hijas de madres solas en función del ajuste o desajuste en el desarrollo psicológico
Resultados 107 Tabla 4.13. Descriptivos y comparación de medias del desarrollo psicológico de los hijos e hijas del estudio en función del tipo de maternidad y de la vía de acceso a la maternidad controlando el nivel educativo de las madres como covariable Hijos madres solas (HMS) HMSAD /HMSRA Hijos madres con pareja (HMP) HMP-AD / HMP-RA HMS /HMP HAD / HRA Adoptiv. HAD Rep. Asist. HRA X² (1) (V) Adop. HAD Rep. Asist. HRA X² (1) (V) X² (1) (V) X² (1) (V) Buen ajuste en el desarrollo 53.8% 73.2% 3.23† (.02) 46.3% 78.9% 9.90** (.33) .05 (.01) 131.46** (.27) † p< 0.1; ** p< 0.01 Cuando se realizan las comparaciones entre la muestra completa atendiendo al tipo de maternidad (tabla 4.13.), se encuentra que no hay diferencias significativas en el desarrollo psicológico entre los hijos e hijas de madres solas y los hijos e hijas de madres con pareja. Tanto la prueba de significación como el tamaño del efecto sugieren que no es el tipo de maternidad el que explica las diferencias halladas en las puntuaciones de desarrollo de los niños y niñas. Si se comparan todos los niños de la muestra según la vía de acceso, observamos que existen diferencias significativas que muestran un mayor porcentaje de hijos e hijas biológicos con un buen desarrollo psicológico, además el tamaño de efecto es alto. En el caso de los hijos de madres solas apuntábamos que la diferencia entre los hijos de reproducción asistida y los adoptados era de 19.4%, y, como puede verse en la tabla 4.13., la diferencia asciende a 32.6% para los hijos de familias biparentales. Una vez realizadas las distintas comparaciones se puede afirmar que en este caso es la vía de acceso a la maternidad, y no el tipo de familia, la clave en las diferencias del desarrollo psicológico de los niños y niñas. Partiendo de esta hipótesis, se dio un paso más con la intención de explorar si el alto porcentaje de niños adoptados que no tiene un buen desarrollo se puede deber a alguna de las variables propias de la adopción, como el tiempo de adopción o el país de origen de los menores. Para ello trabajamos con la muestra completa de adopción, independientemente del tipo de familia. Se comprueba, en primer lugar, que no existen diferencias en el desarrollo de los menores según el tiempo que los niños llevaban en España con sus familias adoptivas (X²(1)= 39.66; p=.73; V=.70). A través de un análisis de correlaciones bivariadas se comprueba también que no hay relación entre el nivel
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 108 de desarrollo psicológico de los niños adoptados y el tiempo que llevan con sus familias adoptivas (r=.14; p=.20; η2=.44). Sin embargo, el tamaño del efecto alto tanto en la prueba de chi cuadrado como en las correlaciones está indicando que existe probabilidad de convertirse en una correlación significativa si aumenta el tamaño de la muestra. 3.2.5. Autoestima La autoestima fue valorada, recordemos, a través de la escala Harter. Los resultados obtenidos para los hijos e hijas de madres solas son, en principio, positivos ya que en una escala de “1” a “4”, obtienen una media de 3.41, como muestra la tabla 4.14., lo que indica que la autoestima de estos niños es entre “media-alta” y “alta”. Resulta llamativo, además, que la puntuación mínima sea de 3, es decir, que ningún niño o niña cuenta con una autoestima “baja”, ni siquiera “media-baja”. Además, cuando se comparan las puntuaciones medias de los hijos de madres solas según su vía de acceso, no se encuentran diferencias significativas entre ellos. No se han hallado diferencias significativas cuando se han comparado los niños y niñas según el tipo de maternidad (mono o biparental), tampoco según la vía de acceso (adopción o reproducción asistida) ni en la interacción de ambas (tabla 4.14.).
Resultados 109 Tabla 4.14. Descriptivos y comparación de medias de la autoestima y de los roles de género de los hijos e hijas del estudio en función del tipo de maternidad, la vía de acceso y la interacción del tipo de maternidad por la vía de acceso controlando el nivel educativo de las madres como covariable Hijos madres solas (HMS) HMS-AD /HMS-RA Hijos madres con pareja (HMP) HMP-AD / HMP-RA HMS /HMP HAD / HRA Efectos Interact. Adoptiv. HAD Rep. Asist. HRA Adop. HAD Rep. Asist. HRA M (D.T) M (D.T) F (1, 53) (η2) M (D.T) M (D.T) F(1, 75) (η2) F (1, 133) (η2) F (1, 133) (η2) F (1, 133) (η2) Autoestima 1 3.44 (.29) 3.39 (.41) 1,75 (.03) 3.55 (.44) 3.56 (.38) .00 (.00) 2.60 (.02) .20 (.00) .36 (.00) Roles de género F (1, 54) (η2) F(1, 73) (η2) F (1, 131) (η2) F (1, 131) (η2) F (1, 131) (η2) Conocimiento 2 14.59(2.75) 15.84(3.07) .41 (.00) 15.4 (3.83) 16.2 (2.95) .69 (.00) 1,04 (.00) 1.84 (.01) .10 (.00) Flexibilidad2 8.72(4.05) 7.61(2.99) 1.04 (.01) 8.45 (4.89) 5.88 (4.65) 4.77* (.06) .97 (.00) 5.98* (.04) .76 (.00) Preferencia activ. lúdicas 3 18.59(7.72) 24.42(6.48) 5.76* (.09) 21,4 (5.64) 22.8 (6.79) 1.01 (.01) 1.23 (.01) 6.59* (.05) 3.17† (.02) Preferencias profesiones3 18.97(7.42) 24.3 (8.31) 7.54** (.12) 23.1 (5.78) 22.1 (5.72) .44 (.00) 2.71 (.02) 2.40 (.01) 7.95** (.06) † p< 0.1; * p < .05; ** p< 0.01 1 Escala 1 (baja) a 4 (alta) 2 Escala 0 (inexistente) a 20 (alto) 3 Escala 15 (muy estereotipado) a 40 (poco estereotipado) 3.2.6. Roles de género Con el Sex Role Learning Index comprobamos, como se indicaba en el capítulo de método, diferentes aspectos relacionados con los roles de género. Por un lado, el conocimiento de los roles de género y su flexibilidad a la hora de considerar distintos objetos como masculinos, femeninos o de ambos y, por otro, las preferencias en actividades lúdicas y preferencias profesionales más o menos estereotipadas para cada género. De manera que cada niño o niña tiene 4 puntuaciones diferentes: conocimiento, flexibilidad, preferencia en las actividades lúdicas y preferencia en las profesiones. Los hijos e hijas de madres solas presentan un conocimiento de los roles de género que se corresponde con una puntuación media de 15.21 en una escala de “0” a “20”. Su grado de flexibilidad en los roles de género es de de 8.01 en la misma escala. Las puntuaciones medias parecen indicar un conocimiento bastante alto de los roles estipulados en nuestra sociedad para cada género y un grado de flexibilidad más bien
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 110 bajo, es decir, conocen perfectamente los objetos que utilizan los hombres y los que utilizan las mujeres, y además no creen que puedan ser fácilmente usados por ambos (tabla 4.14). Si nos fijamos ahora en las preferencias por unas actividades y profesiones u otras, encontramos que los niños y niñas de madres solas por elección obtienen una puntuación media de 21.50 en una escala de “15” a “40” cuando se trata de elegir actividades y una puntuación media de 21.63 en el caso de las profesiones. Recordemos que para puntuar esta parte del instrumento se han considerado las actividades lúdicas y las profesiones según su tipificación por sexos, es decir, según se ajusten a las actividades o profesiones tradicionalmente vinculadas a uno u otro sexo (por ejemplo, elegir “ser bombero” o “jugar con coches” siendo chica es poco tipificado, mientras elegir “ser enfermera” o “jugar a las muñecas” conlleva una alta tipificación). De manera, que cuantas más respuestas tipificadas haya, menor es la puntuación total, como se expuso en el apartado de metodología. Así que teniendo en cuenta las puntuaciones medias de los niños y las niñas de madres a solas, podemos decir que tienden a elegir actividades y profesiones típicas para su género. Por tanto, parece que los hijos e hijas de madres solas conocen perfectamente los roles de género, no son demasiado flexibles en su uso y prefieren las actividades lúdicas y profesionales tradicionalmente adscritas a su género (tabla 4.14). Al comparar las puntuaciones entre los hijos adoptivos y los biológicos, ambos de madres solas (tabla 4.14.), se observa que no existen diferencias significativas entre ellos en conocimiento y flexibilidad, pero sí en las preferencias tanto lúdicas como profesionales: los niños y niñas de reproducción asistida tienden a elegir juegos y profesiones más estereotipadas que los adoptados. No se han hallado diferencias significativas cuando se han comparado los niños y niñas de la muestra completa según el tipo de maternidad (mono o biparental). Al realizar las comparaciones atendiendo a la vía de acceso, se hallan diferencias significativas en flexibilidad y preferencia de actividades lúdicas, aunque ambas con un tamaño de efecto bajo. Son los hijos e hijas adoptadas las que tienen mayor flexibilidad en los roles de género y preferencias algo menos estereotipadas en sus juegos. No se encuentran diferencias significativas, sin embargo, en conocimiento y preferencia de profesiones. Si realizamos las mismas comparaciones pero usando la edad de los niños en el momento de la entrevista como covariable, intentando así que no sea la edad la que esté interfiriendo en el grado de flexibilidad y en las preferencias lúdicas, encontramos que las diferencias se siguen manteniendo tanto para la
Resultados 75 IV. Resultados En este capítulo se expondrán los resultados obtenidos en la investigación. De acuerdo a los objetivos planteados, los resultados se dividirán en tres grandes bloques dedicados a cada uno de los protagonistas de la investigación y a las relaciones entre ellos. Así, el primer bloque se dedicará a la descripción de las madres solas y su comparación con las madres biparentales; el segundo a los niños y niñas nacidos o adoptados en una familia monoparental, comparando también su ajuste y desarrollo con el de aquellos que pertenecen a una familia biparental; y el tercero analiza la posible influencia de las variables sociodemográficas relativas al sistema familiar y de las propias características de los niños y niñas en el ajuste y desarrollo psicológico infantil así como las relaciones existentes entre las madres solas y sus hijos e hijas.
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 76 4.1. Las madres solas por elección En primer lugar, se describirán las características psicológicas de las madres solas, deteniéndonos a explorar las diferencias entre las madres solas adoptivas y aquellas que llegaron a la maternidad a través de las técnicas de reproducción asistida. Todo ello permitirá profundizar en la diversidad interna existente dentro de la maternidad en solitario por elección. A continuación se contarán las diferencias y similitudes entre las madres solas y las madres con pareja, incluyendo el efecto de la vía de acceso a la maternidad (adopción y reproducción asistida) y los efectos de la interacción del tipo de maternidad y la vía de acceso. En segundo lugar, se mostrarán las relaciones entre las distintas características psicológicas estudiadas de las madres solas entre sí. Para finalizar se describirá cómo es el abordaje de la figura paterna en las familias de madres solas por elección, diferenciando, una vez más, la vía de acceso a la maternidad. Para realizar las comparaciones entre unas madres solas y otras se han realizado análisis de la covarianza (ANCOVA) utilizando como factores el tipo de maternidad (mono y biparental) y la vía de acceso (adopción y reproducción asistida), incluyendo la interacción entre las dos variables, y como covariable el nivel educativo. La selección de este tipo de análisis se debe a que el nivel educativo es significativamente diferente entre unas madres y otras, como se expuso en el método (tabla 3.1.), de modo que si no se controla, los resultados de las comparaciones pueden estar sesgados por esta variable, esto es, pueden indicar diferencias según el tipo de maternidad o la vía de acceso cuando realmente pudiera ser que la variable que está mediando y orientando esas comparaciones es el nivel educativo. 4.1.1. Bienestar psicológico En este apartado se va a describir el bienestar psicológico de las madres solas por elección, medido a través de la satisfacción vital y la autoestima. En la tabla 4.1. se pueden apreciar las medias y desviaciones típicas obtenidas para cada grupo de madres de la muestra así como las comparaciones entre ellas.
Resultados 77 Tabla 4.1. Descriptivos y comparación de medias de los indicadores de bienestar psicológico en función del tipo de maternidad, la vía de acceso y la interacción del tipo de maternidad por la vía de acceso controlando el nivel educativo como covariable. Madres solas (MS) MS-AD/ MS-RA Madres con pareja (MP) MP-AD / MP-RA MS / MP AD / RA Efectos Interaccción (vía accesomaternidad) Adopt. (MS-AD) Rep. Asist. (MS-RA) Adop. (MP-AD) Rep. Asist. (MP-RA) M (D.T) M (D.T) F (η2) M (D.T) M (D.T) F (η2) F (η2) F (η2) F (η2) Satisfacción vital¹ 5.33 (.99) 5.44 (.80) F(1,69)= .85 (.01) 5.74 (.85) 5.32 (.88) F(1,64)= 4.33* (.06) F(1,135)= 2.10 (.01) F(1,135)=.43 (.00) F(1,135)= 4.59* (.03) Autoestima² 3.10 (.32) 3.14 (.33) F(1,69)= .43 (.00) 3.09 (.35) 3.03 (.38) F(1,70)= .42 (.00) F(1,141)=.90 (.00) F(1,141)=.00 (.00) F(1,141)=.93 (.00) Estabilidad autoestima² 3.19 (.46) 3.12 (.51) F(1,69)= .18 (.00) 3.10 (.46) 2.86 (.58) F(1,70)= 3.70† (.05) F(1,141)= 3.51† (.02) F(1,141= 3.05† (.02) F(1,141)= 1,08 (.00) † p< 0.1; * p < .05 ¹ Escala 1(insatisfacción extrema) a 7 (satisfacción extrema) ² Escala 1 (autoestima/estabilidad de la autoestima baja) a 5 (autoestima/estabilidad de la autoestima alta) A continuación se describen los resultados que se han obtenido para cada uno de los indicadores estudiados del bienestar materno. 4.1.1.1. Satisfacción vital Como se observa en la tabla 4.1., las madres solas del estudio presentan una puntuación media en satisfacción vital media-alta, obteniendo en una escala de “1” a “7”, en la que el mínimo corresponde con una insatisfacción extrema con la vida y el máximo con una satisfacción extrema, una media igual a 5.38. Cuando se comparan las puntuaciones en satisfacción vital de las madres solas según la vía de acceso (adopción y reproducción asistida), se observa que no hay diferencias significativas entre ellas. Es decir, la puntuación de las madres solas de la muestra en satisfacción vital es alta independientemente de la vía de acceso que hayan elegido para llegar a la maternidad. Si nos centramos en las comparaciones entre las madres solas y las madres con pareja, observamos que no existen diferencias estadísticamente significativas entre ellas. Atendiendo a la vía de acceso, es decir, diferenciando la muestra total (madres solas y madres con pareja) en madres adoptivas por un lado y madres que han recurrido a la reproducción asistida por otro, comprobamos que las madres adoptivas tienen una puntuación media de 5.53 y las de reproducción asistida una puntuación
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 78 media de 5.38, no siendo significativas estas diferencias. Es decir que unas y otras obtienen puntuaciones estadísticamente homogéneas en satisfacción vital. Cuando se combinan los efectos del tipo de maternidad y la vía de acceso sí se encuentran diferencias significativas, aunque con un tamaño de efecto bajo, siendo las madres adoptivas con pareja las que presentan una puntuación en satisfacción vital más alta que quienes, teniendo parja, han sido madres a través de las técnicas de reproducción asistida y también más alta que las madres solas, cualquiera que haya sido su vía de acceso. 4.1.1.2. Autoestima La puntuación media en autoestima de las madres solas por elección que han participado en el estudio es de 3.12 en una escala en la que 1 corresponde con una autoestima baja y 4 con una autoestima alta. Como se recordará, se midió también la estabilidad de la autoestima y los resultados muestran una puntuación media para las madres solas de 3.16 en la misma escala de 1 a 4. Se puede afirmar, por tanto, que la autoestima de las madres solas de la muestra es alta y parece gozar de buena estabilidad. Los resultados relacionados con la autoestima se pueden observar en la tabla 4.1. Si comparamos las puntuaciones de las madres solas según su vía de acceso, no encontramos diferencias significativas entre ellas ni en la puntuación media de autoestima ni en la estabilidad de la misma. Al centrarnos en el tipo de maternidad observamos que las madres solas y las madres con pareja obtienen puntuaciones similares en la escala de autoestima. Encontramos, sin embargo, que las madres solas tienden a puntuar más alto en la escala de estabilidad de la autoestima que las madres con pareja aunque es solo una tendencia, no hay diferencias estadísticamente significativas entre ellas y el tamaño de efecto tiene un valor bajo. No hay diferencias significativas tampoco cuando comparamos a todas las madres de la muestra (solas y con pareja) según la vía de acceso, aunque observamos una tendencia, también con un tamaño de efecto bajo, que indica que las madres adoptivas suelen tener puntuaciones en la escala de estabilidad de la autoestima más altas (M=3.14) que las que han recurrido a la reproducción asistida (M=2.99). Cuando se combinan los efectos del tipo de maternidad y la vía de acceso, tampoco se encuentran diferencias significativas.
Resultados 79 4.1.2. Funcionamiento familiar A continuación se describen algunas variables del funcionamiento familiar como son el estilo educativo y las estrategias de afrontamiento de las madres solas por elección. En la tabla 4.2. se pueden apreciar las medias y desviaciones típicas obtenidas para cada grupo de madres de la muestra así como las comparaciones entre ellas. Tabla 4.2. Descriptivos y comparación de medias de los indicadores de funcionamiento familiar en función del tipo de maternidad, la vía de acceso y la interacción del tipo de maternidad por la vía de acceso controlando el nivel educativo como covariable Madres solas (MS) MS-AD / MS-RA Madres con pareja (MP) MP-AD / MP-RA MS / MP AD / RA Efectos Interaccción (vía accesomaternidad) Adopt. (MS-AD) Rep. Asist. (MS-RA) Adop. (MP-AD) Rep. Asist. (MP-RA) M (D.T) M (D.T) F (η2) M (D.T) M (D.T) F (η2) F (η2) F (η2) F (η2) Estilo educativo 1 Patrón democrático 5.40 (.44) 5.46 (.34) F(1,69)= .46 (.00) 5.38(.41) 5.51 (.28) F(1,66)= 2.26 (.03) F(1,137)=.25 (.00) F(1,137)=2.60 (.01) F(1,137)=.13 (.00) Patrón autoritario 3.04 (.42) 3.00 (.63) F(1,69)= .43 (.00) 3.16(.64) 3.37 (.49) F(1,66)= 2.21 (.03) F(1,137)= 4.92* (.03) F(1,137=.37 (.00) F(1,137)= 2.38 (.01) Estrategias afrontamiento2 Aprox. Prob. 3.81 (.53) 3.76 (.66) F(1,69)= .01 (.00) 3.79 (.72) 3.64 (.70) F(1,63)=.39 (.00) F(1,134)=.29 (.00) F(1,134)=.26 (.00) F(1,137)=.23 (.00) Aprox. Emoc. 3.36 (.74) 3.63 (.84) F(1,69)=3 .01† (.04) 3.63 (.69) 3.48 (.68) F(1,63)=.54 (.01) F(1,134)=.30 (.00) F(1,134)=.59 (.00) F(1,137)= 2.78† (.02) Evit. Prob. 2.63 (.58) 2.74(.67) F(1,69)= 3.26† (.04) 2.54 (.64) 2.83 (.57) F(1,63)= 2.44 (.03) F(1,134)=.39 (.00) F(1,134)= 5.98* (.04) F(1,137)=.30 (.00) Evit. Emoc. 2.24 (.55) 2.11 (.60) F(1,69)= .38 (.00) 1.99 (.69) 2.03 (.68) F(1,63)=.01 (.00) F(1,134)= 2.13 (.01) F(1,134)=.24 (.00) F(1,137)=.47 (.00) † p< 0.1; * p < .05 1 Escala1 (uso mínimo) a 6 (uso máximo) 2 Escala1 (uso mínimo) a 5 (uso máximo)
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 80 Pasamos a describir los resultados que se han obtenido para cada uno de los indicadores estudiados relativas al funcionamiento familiar. 4.1.2.1. Estilo educativo El cuestionario Child Rearing Practices Report (CRPR; Block, 1965) nos da información acerca de los estilos educativos, diferenciando el “patrón democrático” del “patrón autoritario”. El primero de ellos está compuesto fundamentalmente por comunicación, afecto y un control “basado en la inducción” y el “patrón autoritario” se refiere esencialmente al control que tiene que ver con la afirmación de poder. Encontramos, en las madres solas de la muestra, una puntuación media de 5.43 en el patrón democrático, en una escala “1” a “6”, y en el autoritario una puntuación media de 3.02 en la misma escala. Estamos, por tanto, ante unas madres con una alta puntuación en los ítems que tienen que ver con la comunicación, el afecto y el control basado en la inducción y una puntuación media en las que tienen que ver con el control autoritario basado en la imposición. No hay diferencias entre las madres solas por el tipo de vía: madres adoptivas y de reproducción asistida son similares en sus estilos educativos. En la tabla 4.2. se encuentran todos los datos que tienen que ver con el estilo educativo de las madres que han formado parte de este estudio. Si nos fijamos en las comparaciones entre las madres solas y las madres con pareja, observamos que estas últimas obtienen puntuaciones significativamente mayores en el patrón autoritario que las madres solas, mientras que no existen diferencias en el patrón democrático. Esto nos indica que las madres solas son igual de comunicativas y afectivas con sus hijos que las madres con pareja, pero usan algo menos el control basado en la imposición. Cuando se comparan a todas las madres del estudio según la vía de acceso a la maternidad, no se encuentran diferencias significativas en el estilo educativo entre las madres adoptivas y las de reproducción asistida. Tampoco se han encontrado diferencias cuando se compara el efecto de la interacción del tipo de maternidad y la vía de acceso. 4.1.2.2. Afrontamiento del estrés Con el Cuestionario de Formas de Afrontamiento (C.E.A; Rodríguez-Marín, Terol y López-Roig, 1992) se han evaluado distintas estrategias de afrontamiento del estrés puestas en marcha por las madres y posteriormente clasificadas en cuatro meta-
Resultados 81 estrategias. Las distintas estrategias de afrontamiento se han clasificado según un modelo de dos dimensiones: aproximación/evitación y orientación al problema/orientación a la emoción (Krohne, 1993; Lazarus y Folkman, 1985; Roth y Cohen, 1986), tal como se describió en el capítulo de método. En la tabla 4.3. se pueden observar las puntuaciones medias y desviaciones típicas de las madres solas en cada una de las estrategias de afrontamiento que configuran las meta-estrategias, recordando que la escala utilizada es de “1” a “5”, donde “1” es uso mínimo y “5”, es uso máximo. Tabla 4.3. Puntuación media y desviación típica de las estrategias de afrontamiento de las madres solas Meta-estrategias afrontamiento Estrategias afrontamiento Media Desviación típica Aproximativas (1-5) Centradas en el problema Búsqueda de apoyo social 3.84 .85 Búsqueda de soluciones 3.80 .71 Expresión emocional 3.72 .80 Centrada en la emoción Pensamiento positivo 3.73 .81 Contabilización de ventajas 3.24 1,13 Evitativas (1-5) Centradas en el problema Religiosidad 2.24 .89 Pensamiento desiderativo 3.17 .91 Resignación 2.88 1,04 Culpación de otros 2.22 .66 Centrada en la emoción Autoculpación 2.36 .88 Escape 2.00 .74 Como se observa, de modo resumido en la tabla 4.2. y matizando las puntuaciones por tipo de estrategias en la tabla 4.3., las madres a solas utilizan preponderantemente estrategias aproximativas, esto es, tienden a orientar su actividad cognitiva y emocional hacia la fuente de estrés, más que a evitarla... Las estrategias aproximativas más usadas son las estrategias centradas en el problema, como indican las puntuaciones medias obtenidas en “búsqueda de soluciones”, “búsqueda de apoyo social” y “expresión emocional”. Si bien es cierto que son las meta-estrategias aproximativas las usadas con más frecuencia por las madres solas de la muestra, hay una estrategia evitativa que también está muy presente a la hora de afrontar el estrés,
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 82 el “pensamiento desiderativo”, incluida en la meta-estrategia evitativa centrada en el problema. Por el contrario, la meta-estrategia de afrontamiento menos usada por las madres solas es la evitativa centrada en la emoción. A modo de resumen, podemos decir que las madres a solas por elección usan fundamentalmente la meta-estrategia aproximativa centrada en el problema, seguida de la aproximativa centrada en la emoción. Si nos centramos en las comparaciones por el tipo de maternidad (madres solas y madres en pareja), no se observan diferencias significativas en el uso de estrategias de afrontamiento del estrés entre las madres solas y las madres en pareja. Es decir, unas y otras suelen usar con mayor frecuencia las meta-estrategias aproximativas. Cuando comparamos a todas las madres del estudio (solas y con pareja) por el tipo de vía de acceso a la maternidad (adopción y reproducción asistida), encontramos que las madres de reproducción asistida usan más la meta-estrategia evitativa centrada en el problema (M=2.69) que las madres adoptivas (M=2.52), siendo el tamaño de efecto pequeño (η2=.04). No hay diferencias significativas en el uso de los demás tipos de estrategias. Los efectos de la interacción entre tipo de maternidad y vía de acceso no muestran diferencias significativas, sólo una tendencia con un tamaño de efecto bajo (η2=.02), que no llega a ser significativa, de las madres con pareja que accedieron a la maternidad a través de la reproducción asistida a usar la meta-estrategia aproximativa centrada en la emoción en menor medida que el resto de las madres. 4.1.3. Amplitud, necesidad y satisfacción con el apoyo social Con la Entrevista Semiestructurada de Apoyo Social (ASSIS; Barrera, 1980) se obtienen datos tanto de la red de apoyo en sí como de la satisfacción y la necesidad que supone para las madres su red de apoyo social. A su vez, la red de apoyo social se divide en los tres tipos de apoyo tradicionalmente contemplados en la literatura, esto es, apoyo emocional, apoyo tangible o material y apoyo informativo. Comenzando por la red de apoyo social, podemos apreciar que las madres solas tienen una red formada por una media de 8.17 personas, siendo el máximo de 21 y el mínimo de 3 personas. Cuando desglosamos ese apoyo social en los distintos tipos de apoyo más concretos, encontramos que en las madres solas el apoyo
Resultados 83 emocional es el más numeroso, seguido, con puntuaciones similares, del material y el informativo, como se ilustra en la tabla 4.5. Tabla 4.5. Descriptivos y comparación de medias del apoyo social en función del tipo de maternidad, la vía de acceso y la interacción del tipo de maternidad por la vía de acceso controlando el nivel educativo como covariable Madres solas (MS) MS-AD / MS-RA Madres con pareja (MP) MP-AD / MP-RA MS / MP AD / RA Efectos Interaccción (vía accesomaternidad) Adopt. (MSAD) Rep. Asist. (MS-RA) Adop. (MPAD) Rep. Asist. (MP-RA) M (D.T) M (D.T) F (η2) M (D.T) M (D.T) F (η2) F (η2) F (η2) F (η2) Amplitud apoyo social 8.32 (2.53) 8.03 (3.30) F(1,69)= .06 (.00) 9,69 (4.68) 8.67 (3.30) F(1,70)= 1,25 (.01) F(1,141)= 4.70* (.03) F(1,70)= .67 (.00) F(1,70)= .87 (.00) Amplitud apoyo emocional 5.34 (2.14) 5.14 (2.76) F(1,69)= .00 (.00) 7.41 (4.93) 6.55 (3.31) F(1,70)= .84 (.01) F(1,70)= 3.76** (.08) F(1,70)= .26 (00) F(1,70)= .99 (.00) Amplitud apoyo material 4.97 (2.47) 4.94 (2.53) F(1,69)= .08 (.00) 5.33 (3.02) 4.52 (2.41) F(1,70)= 1,53 (.02) F(1,70)=.02 (.00) F(1,70)= .69 (.00) F(1,70)= 1,02 (.00) Amplitud apoyo informativo 4.86 (2.09) 4.82 (2.81) F(1,69)= .00 (.00) 4.22 (2.02) 3.97 (2.45) F(1,70)= .24 (.00) F(1,70)= 1,75 (.01) F(1,70)= .01 (.00) F(1,70)= .21 (.00) Satisfacción apoyo social1 6.36 (.86) 6.42 (.57) F(1,69)= .00 (.00) 6.64 (.81) 6.66 (.85) F(1,70)= .01 (.00) F(1,70)= 4.41* (.03) F(1,70)= .15 (.00) F(1,70)= .06 (.00) Satisfacción apoyo emocional. 6.47 (.84) 6.38 (1.00) F(1,69)= .46 (.00) 6.61 (.95) 6.55 (1.04) F(1,70)=.05 (.00) F(1,70)= 1.22 (.00) F(1,70)= .12 (.00) F(1,70)= .00 (.00) Satisfacción apoyo material 6.34 (1.19) 6.60 (.88) F(1,69)= .43 (.00) 6.75 (.88) 6.84 (.54) F(1,70)=.31 (.00) F(1,70)= 4.18* (.03) F(1,70)= .24 (.01) F(1,70)= .23 (.00) Satisfacción apoyo informativo 6.27 (.87) 6.29 (.99) F(1,69)= .00 (.00) 6.58 (1.03) 6.59 (1.13) F(1,70)= .00 (.00) F(1,70)= 4.10* (.02) F(1,70)= .06 (.00) F(1,70)= .02 (.00) Necesidad apoyo social2 3.42 (.83) 3.43 (1,02) F(1,69)= .18 (.00) 3.47 (.83) 3.69 (.92) F(1,70)= 1,13 (.01) F(1,70)=.59 (.00) F(1,70)= .37 (.00) F(1,70)= .75 (.00) Necesidad apoyo emocional 3.82 (.90) 3.55 (1.07) F(1,69)= 1.93 (.02) 3.87 (.81) 3.91 (.83) F(1,70)= .04 (.00) F(1,70)= 1.27 (.00) F(1,70)= .68 (.00) F(1,70)= 1.26 (.01) Necesidad apoyo material 2.86 (1.12) 3.45 (1.32) F(1,69)=1.18 (.01) 2.90 (1.34) 3.43 (1.19) F(1,70)= 3.08 (.04) F(1,70)= .31 (.00) F(1,70)= .48* (.03) F(1,70)= .12 (.00) Necesidad apoyo informativo 3.47 (.09) 3.29 (1.22) F(1,69)= .92 (.01) 3.65 (1.08) 3.75 (1.23) F(1,70)= .12 (.00) F(1,70)= 2.26 (.01) F(1,70)= .06 (.00) F(1,70)= .60 (.00) † p< 0.1; * p < .05; ** p< 0.01 1 Escala 1 (máxima insatisfacción) a 7 (máxima satisfacción) 2 Escala1 (sin necesidad) a 5 (necesidad extrema)
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 84 Al preguntarnos por el tipo de relación de las madres solas con su red de apoyo, encontramos que en el caso del apoyo emocional y el informativo, son las amistades las que están más representadas, mientras que en el apoyo material, son los familiares (véase figura 4.1.). Es decir, cuando les preguntamos a las madres solas por las personas que conforman específicamente sus redes de apoyo, ellas nombran más familiares en el caso del apoyo material y más amistades en el apoyo emocional e informativo. La categoría “otros” se refiere, en su mayoría, a asistentas, canguros o vecinas. Las madres solas adoptivas y las madres solas de reproducción asistida no se diferencian significativamente en la amplitud de la red de apoyo social ni en la de ninguno de los apoyos específicos (tabla 4.5.), de hecho la puntuación media de sus valores es prácticamente similar. Como se señalaba al inicio del apartado, el ASSIS nos da la posibilidad de conocer, además de la amplitud de la red de apoyo, la satisfacción de estas madres con su red, así como la necesidad de recurrir a ella. Para conocer la satisfacción y la necesidad de las madres con la red de apoyo social, se ha calculado un índice global para cada una de ellas: se ha unido la satisfacción con los tres tipos de apoyo indagados y calculado la media y la misma operación se ha realizado para la necesidad. Los datos obtenidos (tabla 4.5.) nos muestran que las madres solas por elección obtienen una gran satisfacción con su red de apoyo ya que puntúan como 0% 20% 40% 60% 80% 100% Apoyo emocional Apoyo material Apoyo informativo 35,29% 59,70% 46,35% 62,97% 34,79% 51,40% 1,74% 5,20% 2,24% Familiares Amistades Otros Figura 4.1. Porcentaje de familiares, amistades u otros en la red apoyo social de las madres solas
Resultados 91 en particular y suelen usar con menos frecuencia el patrón educativo autoritario que las madres con pareja. En las demás características psicológicas no se encuentran diferencias significativas entre las madres solas y las madres con pareja. Las comparaciones entre las madres adoptivas y las madres de reproducción asistida indican que las madres adoptivas usan en menor medida la meta-estrategia evitativa centrada en los problemas que las que han recurrido a la reproducción asistida, sin observarse ninguna otra diferencia significativa entre ellas. Las diferencias que tienen en cuenta el efecto de la interacción del tipo de maternidad con la vía de acceso, indican que las madres adoptivas con pareja presentan una puntuación en satisfacción vital más alta que las que tienen pareja y han sido madres a través de las técnicas de reproducción asistida y también más alta que las madres solas, cualquiera que haya sido su vía de acceso. En el resto de las variables no hay diferencias significativas En cuanto a las relaciones entre las distintas dimensiones, las madres con alta satisfacción vital suelen tener también una buena autoestima, tienden a usar estrategias de afrontamiento aproximativas centradas en el problema y cuentan con más personas en su red de apoyo. Mientras, aquellas que tienen una baja autoestima van a echar mano con mayor probabilidad de las estrategias evitativas tanto del problema como de la emoción y además tendrán más posibilidades de tener un estilo educativo autoritario.
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 92
Resultados 117 4.3. Análisis de las relaciones entre las variables del sistema familiar, las propias características de los niños y niñas y el desarrollo y ajuste infantil En este apartado se pretende conocer cómo se relacionan determinadas características familiares con el desarrollo y ajuste de los menores. Para ello, en primer lugar se ha analizado la relación entre algunas variables sociodemográficas relativas al sistema familiar (el nivel educativo de las madres, situación económica, situación de convivencia o abordaje de la figura paterna) y las dimensiones estudiadas de desarrollo y ajuste infantil. A continuación se intenta comprobar si las características de los propios niños y niñas se relacionan con su ajuste y desarrollo psicológico. Finalmente se han analizado las relaciones entre las variables de corte psicológico de las madres y el desarrollo y ajuste de sus hijos e hijas. 4.3.1. Relación entre las variables sociodemográficas del sistema familiar y el ajuste y desarrollo psicológico infantil Con la intención de conocer en profundidad cómo crecen los niños y las niñas en el seno de una familia encabezada por una madre sola por elección hemos explorado su ajuste y desarrollo psicológico teniendo en cuenta la influencia de algunas características de corte sociodemográfico del sistema familiar, tales como la edad de la madre cuando adopta o tiene biológicamente a su hijo o hija, la edad de la madre en el momento de la entrevista, la situación económica familiar, la situación de convivencia y el abordaje de la figura paterna. Para ello, se ha realizado para cada dimensión de ajuste y desarrollo infantil un análisis de la covarianza (ANCOVA) utilizando como factor cada una de las características del sistema familiar (edad de las madres en el momento de la adopción o del nacimiento de su hijo o hija, edad de las madres en el momento de la entrevista, situación económica y situación de convivencia) y como covariable el nivel educativo. Como se expuso en el método, no en todas las dimensiones de los niños y niñas contamos con las puntuaciones de todo ellos y, por eso, cada una de las dimensiones tiene un número distinto de niños y niñas, tal como se irá indicando en cada una de las tablas correspondientes a cada variable de análisis. Como se ha descrito en el segundo apartado de este capítulo de resultados, los hijos e hijas que están creciendo en familias de madres solas por elección tienen, en general, un buen ajuste psicológico. Además presentan un desarrollo adecuado para
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 118 su edad en la mayoría de los casos, si bien encontrábamos un 37% de ellos con problemas en su desarrollo, leves o moderados principalmente. Partiendo de estos datos, se ha analizado, en primer lugar, la influencia de la edad de las madres en el momento de la adopción o del nacimiento de los niños y niñas (tabla 4.16). Para realizar estos análisis se han creado dos grupos de madres según su edad, uno de ellos contiene a las madres que tienen 40 años o menos (N=37) y, el otro, a las madres que tienen más de 40 años (N=43). Es decir, un grupo está formado por aquellas madres de la muestra de entre 29 y 40 años y el otro por las que tienen entre 41 y 50 años. Sin embargo, sabemos que las madres adoptivas eran significativamente más mayores que las de reproducción asistida (tabla 3.1 del capítulo de método) y por eso, en esta ocasión, se va a diferenciar entre unas madres y otras no sólo por la edad, sino también por la vía de acceso a la maternidad. Los resultados muestran que no existen diferencias significativas entre los hijos e hijas de madres solas adoptivas cuando se diferencian por grupos de edad. En el caso de los y las menores de reproducción asistida tampoco se encuentran diferencias significativas, pero sí una tendencia, tamaño de efecto medio, que indica que los hijos e hijas de madres biológicas menores de 40 años tienen un menor porcentaje de niños y niñas con un desarrollo ajustado a su edad que los que nacieron cuando su madre era mayor de 41 años.
Resultados 119 Tabla 4.16. Descriptivos y comparación de medias de los indicadores de ajuste y desarrollo psicológico de los hijos e hijas de madres solas según la edad de las madres en el momento de la adopción o del nacimiento, controlando el nivel educativo de las madres como covariable Edad madres adoptivas Edad madres reproducción asistida ≤40 años ≥41 años ≤40 años ≥41 años M (D.T) M (D.T) F (η2) M (D.T) M (D.T) F (η2 ) Competencia académica 2.43 (.47) 2.22 (.40) F(1, 26)= 1.27 (.04) 2.74 (.25) 2.62 (.40) F(1, 23)= .96 (.04) Competencia social Habilidades sociales 40.23 (9.22) 39.94 (8.90) F(1, 28)= .08 (.00) 40.82 (8.18) 44.00 (7.40) F(1, 23)= 1.69 (.07) Problemas de comportamiento 6.53 (3.15) 6.17 (3.10) F(1, 28)= .41 (.01) 4.82 (2.37) 4.44 (3.00) F(1, 23)= .00 (.00) Ajuste emoc. y comp. Total de dificultades 8.61 (3.68) 9.05 (3.90) F(1, 30)= .02 (.00) 1.58 (.93) 1.10 (1.10) F(1, 25)= .00 (.00) Escala prosocial 8.00 (1.75) 8.21 (1.96) F(1, 30)= .51 (.01) 7.94 (1.24) 8.10 (2.07) F(1, 25)= .00 (.00) Autoestima 3.38 (.37) 3.48 (.25) F(1, 35)= .74 (.02) 3.20 (.48) 3.59 (.20) F(1, 16)= 2.50 (.14) Roles de género Conocimiento 14.53 (2.69) 14.62 (2.84) F(1, 35)= .38 (.01) 14.80 (3.25) 17.00 (2.54) F(1, 17)= 2.28 (.12) Flexibilidad 7.84 (3.80) 9.20 (4.19) F(1, 35)= .53 (.01) 6.90 (3.34) 7.77 (3.11) F(1, 17)= .14 (.01) Desarrollo X² (1) (V) X² (1) (V) Desarrollo ajustado 57.1% 50% X² (1) = .18 (.06) 62.5% 88.2% X² (1) =3.35† (.28) † p< 0.1 A continuación, se han realizado los mismos análisis con la edad de las madres en el momento de la entrevista (tabla 4.17). En este caso, las madres del estudio se han agrupado en tres grupos en vez de en dos porque 66 de ellas eran, cuando las entrevistamos, mayores de 41 años, frente a 18 que eran menores de 40 años. Por esta razón se ha decidido ampliar a tres grupos, uno formado por madres menores de 40 años (N=18), otro por madres de entre 41 y 45 años (N=31) y un último de madres mayores de 45 años (N=31), mostrando así una mayor variabilidad interna reflejo de la las diferencias de las propias madres solas en el momento de la entrevista. Al igual que pasaba con la edad de las madres en el momento del nacimiento o de la adopción, en esta ocasión también se va a diferenciar la vía de acceso a la maternidad ya que las madres adoptivas eran cuando las entrevistamos más mayores que las madres biológicas y estas diferencias eran estadísticamente significativas (tabla 3.1 del capítulo de método). Los resultados indican que no hay diferencias entre los niños y niñas de madres adoptivas cuando se diferencian por grupos de edad. Tampoco se han hallado
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 120 diferencias significativas en los hijos e hijas de madres de reproducción asistida cuando se comparan según la edad de las madres en el momento de la entrevista, aunque sí una tendencia, con tamaño de efecto medio, que indica que los que tienen madres más mayores tienen más problemas de comportamiento que aquellos que tienen madres más jóvenes. Tabla 4.17. Descriptivos y comparación de medias de los indicadores de ajuste y desarrollo psicológico de los hijos e hijas de madres solas según la edad de las madres en el momento de la entrevista, controlando el nivel educativo de las madres como covariable Madres adoptivas Madres reproducción asistida ≤40 años 41-45 años >45 años ≤40 años 41-45 años ≥45 años M (D.T) M (D.T) M (D.T) F (η2) M (D.T) M (D.T) M (D.T) F (η2) Competencia académica 2.20 (.18) 2.51 (.41) 2.18 (.39) F(1, 26)= 1.92 (.13) 2.87 (.15) 2.61 (.68) 2.58 (.41) F(1, 23)= 2.54 (.19) Competencia social Hab. soc. 39.00 (2.00) 40.66 (9.61) 39.80 (9.48) F(1, 28)= .29 (.02) 44.66 (6.38) 41.37 (8.91) 39.12 (8.42) F(1, 23)= . 99 (.08) Prob. comp. 5.66 (1.52) 6.75 (3.19) 6.13 (3.31) F(1, 28)= .19 (.01) 3.70 (2.66) 4.75 (2.18) 5.87 (2.53) F(1, 23)= 2.71† (.19) Ajuste emocional y comp. Total dificultades 9.00 (2.64) 8.61 (3.73) 9.06 (4.13) F(1, 30)= .41 (.02) 1.50 (1.08) 1.37 (1.06) 1.33 (1.00) F(1, 25)= .27 (.02) Escala prosocial 7.00 (1.41) 7.92 (1.80) 8.43 (1.96) F(1, 30)= 1.50 (.10) 8.40 (1.26) 8.25 (1.48) 7.33 (1.87) F(1, 25)= 1.35 (.10) Autoestima 3.29 (1.18) 3.44 (.36) 3.47 (.25) F(1, 35)= .47 (.02) 3.18 (.41) 3.59 (.26) 3.55 (.42) F(1, 16)= .93 (.11) Roles de género Conocimiento 15.00 (2.64) 13.73 (2.81) 15.21 (2.67) F(1, 35)= 1.55 (.08) 16.50 (3.25) 16.20 (3.49) 14.66 (2.65) F(1, 17)= .73 (.08) Flexibilidad 9.66 (4.93) 7.93 (4.38) 9.21 (3.79) F(1, 35)= .73 (.04) 6.50 (3.33) 8.20 (2.94) 7.66 (3.44) F(1, 17)= .21 (.02) Desarrollo X² (1) (V) X² (1) (V) Des. ajustado 57.1% 50.0% 52.5% X² (1) = .86 (.06) 81.3% 66.7% 69.2% X² (1) =.89 (.14) † p< 0.1 La situación económica es otra de las características que se ha tenido en cuenta a la hora de analizar las dimensiones de ajuste y desarrollo de los hijos e hijas
Resultados 121 de madres solas. Tal como se dividió esta categoría en el capítulo de método, hemos creado cuatro grupos: madres con ingresos menores de 1.500€ (N=22), esto es, entre 900€ y 1.500€, madres con ingresos de entre 1.500€ y 2.000€ (N=28), madres con ingresos de entre 2.000€ y 2.500€ (N=22) y madres con ingresos por encima de 2.500€ (N=8). Cuando se hacen las comparaciones de medias para cada una de las dimensiones de los niños y niñas (tabla 4.18) no se encuentran diferencias significativas entre los distintos grupos de madres para ninguna de las variables de ajuste y desarrollo psicológico de los hijos e hijas. Tabla 4.18. Descriptivos y comparación de medias de los indicadores de ajuste y desarrollo psicológico de los hijos e hijas de madres solas según el nivel de ingresos de las madres en el momento de la entrevista, controlando el nivel educativo de las madres como covariable * p < .05 También hemos comprobado si hay diferencias entre las madres que viven a solas con sus criaturas (N=58) y las que conviven con su familia (N=22) en cuanto al ajuste y desarrollo de sus hijos e hijas, esto es, si la situación de convivencia influye en las dimensiones estudiadas de los y las menores (tabla 4.19). No encontramos Madres solas por nivel de ingresos < 1.500 € 1.500-2000€ 2.000 - 2.500€ > 2.500 M (DT) M (DT) M (DT) M (DT) F Competencia académica 2.54 (.36) 2.44 (.50) 2.46 (.39) 2.54 (.49) F(1, 51)= .99; η2= .04 Competencia social Habilidades sociales 39.18 (8.24) 41.15 (9.33) 40.37 (6.15) 44.28 (11.65) F(1, 54)= .59; η2=.03 Problemas de comportamiento 4.63 (2.33) 5.50 (3.66) 6.52 (2,52) 5.14 (2.41) F(1, 54)= .48; η2=.02 Ajuste emocional y comportamental Puntuación total de dificultades 3.76 (3.51) 6.75 (4.49) 5.61 (5.04) 5.00 (5.24) F(1, 57)= .63; η2=.03 Escala prosocial 7.75 (1.91) 7,85 (1.87) 8.11 (1.52) 9.00 (1.41) F(1, 57)= 1.02; η2= .05 Autoestima 3.35 (.45) 3.44 (.28) 3.49 (.38) 3.38 (.24) F(1, 53)= 1.09; η2=.06 Roles de género Conocimiento 16.50 (2.27) 14.73 (3.21) 14.21 (2.32) 15.66 (3.20) F(1, 54)= .72; η2=.04 Flexibilidad 8.70 (4.34) 7.88 (3.26) 9.21 (4.90) 6.83 (2.04) F(1, 54)= .62; η2= .03 Desarrollo X² (3) Buen ajuste en el desarrollo 52.4% 72.4% 54.5% 75% X² (3) = 3.26; V=.20
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 122 diferencias estadísticamente significativas entre las madres que conviven a solas con sus hijos e hijas y las madres que conviven con familiares en ninguna de las variables de ajuste y desarrollo psicológico infantil. Tabla 4.19. Descriptivos y comparación de medias de los indicadores de ajuste y desarrollo psicológico de los hijos e hijas de madres solas según la situación de convivencia, controlando el nivel educativo de las madres como covariable Por último, nos interesa saber si los hijos e hijas de las madres que han abordado el tema de la figura paterna tienen algunas características distintas en su ajuste y desarrollo de aquellos cuyas madres no han hablado con ellos nada relativo a la figura del padre o, por el contrario, no influye en su desarrollo y ajuste. Para realizar los análisis correspondientes al abordaje de la figura paterna se han creado dos grupos de madres. Según la estructura de la entrevista que realizamos a las madres podíamos saber si los hijos e hijas habían hecho o no preguntas relativas al padre. En el caso de haber hecho preguntas contábamos con información acerca de si las madres habían contestado y cómo lo habían hecho. Si no habían realizado preguntas, sabíamos si tenían pensado contestar o no cuando sucediera. Siendo fieles a esta Madres solas por situación de convivencia Viven solas con sus hijos o hijas Conviven con familiares M (DT) M (DT) F Competencia académica 2.46 (.42) 2.54 (.44) F(1, 51)= .09; η2=. 00 Competencia social Habilidades sociales 41.19 (8.16) 39.92 (9.44) F(1, 54)= .58; η2=.01 Problemas de comportamiento 5.58 (2.96) 5.53 (2.97) F(1, 54)= .21; η2=.00 Ajuste emocional y comportamental Puntuación total de dificultades 5.95 (4.59) 4.12 (4.88) F(1, 57)= .68; η2=.01 Escala prosocial 8.20 (1.58) 7.66 (2.05) F(1, 57)= .81; η2= .03 Autoestima 3.40 (.35) 3.53 (.25) F(1, 53)= .57; η2=.01 Roles de género Conocimiento 15.04 (2.86) 14.91 (3.20) F(1, 54)= .43; η2=.00 Flexibilidad 8.00 (3.94) 9.27 (3.16) F(1, 54)= 1.52; η2=.03 Desarrollo X² (1) Buen ajuste en el desarrollo 64.4% 59.1% X² (1) = .19; V=.05
Resultados 123 estructura, se ha creado una nueva categoría donde se han unido las madres a las que sus hijos o hijas les han hecho preguntas sobre el padre y ellas han contestado con aquellas a las que sus hijos o hijas no han hecho preguntas pero tienen pensado contestar cuando las hagan o, incluso, han abordado el tema sin esperar a las preguntas (N=57). Por otro lado, se han unido las madres que no han contestado a las preguntas de sus hijos e hijas con las madres que, sin haber tenido todavía demanda de información por parte de los niños o niñas, no tienen pensado contestar (N=18). Estos dos grupos pretenden discriminar entre las madres más receptivas a abordar el tema de la figura paterna de aquellas que lo son menos. Tabla 4.20. Descriptivos y comparación de medias de los indicadores de ajuste y desarrollo psicológico de los hijos e hijas de madres solas según la situación de convivencia, controlando el nivel educativo de las madres como covariable * p < .05 En la tabla 4.20 se puede apreciar que los hijos e hijas de madres solas que han abordado el tema de la figura paterna o tienen pensado abordarlo cuentan con una autoestima más alta así como con un conocimiento menos amplio de los roles de género (en ambos casos con un tamaño de efecto bajo) que los hijos e hijas de Madres solas por abordaje de la figura paterna Han contestado o piensan contestar a las preguntas No han contestado ni piensan contestar a las preguntas M (DT) M (DT) F Competencia académica 2.46 (.42) 2.63 (.40) F(1, 51)= .89; η2= .02 Competencia social Habilidades sociales 40.21 (8.18) 43.80 (9.87) F(1, 54)= 1.75; η2=.03 Problemas de comportamiento 5.80 (2.89) 4.18 (2.96) F(1, 54)= 1.75; η2=.03 Ajuste emocional y comportamental Puntuación total de dificultades 5.73 (4.74) 4.27 (3.79) F(1, 57)= .68; η2=.01 Escala prosocial 8.00 (1.82) 8.50 (1.26) F(1, 57)= .27; η2= .00 Autoestima 3.48 (.31) 3.33 (.36) F(1, 53)= 4.23*; η2=.08 Roles de género Conocimiento 14.65 (2.57) 16.56 (2.70) F(1, 54)= 4.36*; η2=.08 Flexibilidad 8.28 (3.92) 8.43 (3.66) F(1, 54)= 1.52; η2=.03 Desarrollo X² (1) Buen ajuste en el desarrollo 61.4% 63.2% X² (1) = .02; V=.01
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 124 madres que no han contestado a las preguntas ni tienen pensado hacerlo. No se han encontrado diferencias estadísticamente significativas entre un grupo de madres y otro en ninguna de las otras variables de ajuste y desarrollo infantil. 4.3.2. Relación entre las características sociodemográficas de los hijos e hijas y su ajuste y desarrollo psicológico. Para comprobar si las características sociodemográficas de los propios niños y niñas están relacionadas con su ajuste y desarrollo psicológico analizaremos, por un lado, ciertas variables que son comunes a todos los menores del estudio, es decir, comunes tanto a los niños y niñas adoptados como a los que son fruto de reproducción asistida. Estas variables son la edad y el sexo. Por otro lado, dedicaremos a los niños y niñas adoptados un apartado propio ya que tienen algunas características que les diferencian del resto y que, además, pueden ser relevantes en su ajuste y desarrollo, como la edad a la que fueron adoptados, el tiempo que llevan con su familia adoptiva o su país de origen. Se ha realizado para cada dimensión de ajuste y desarrollo infantil un análisis de la covarianza (ANCOVA) utilizando como factor cada una de las variables de los niños y niñas (edad y sexo, por una lado y edad de adopción, tiempo de adopción y país de origen, por otro) y como covariable el nivel educativo de las madres. 4.3.2.1. Influencia de la edad y el sexo Para saber si el desarrollo y ajuste psicológico de los niños y niñas que crecen con madres solas por elección es diferente según su edad, se han creado tres grupos: uno compuesto por niños y niñas que tienen 3 años o menos (N=31), otro con los que tienen entre 3 y 6 años (N=29) y, un último, con los de 6 o más años (N=24). Los instrumentos que miden autoestima y roles de género (HARTER y SERLI) no son apropiados para niños y niñas menores de 3 años, por lo que en estas dimensiones no contamos con puntuaciones para este grupo de edad. Como se puede observar en la tabla 4.21., los niños y niñas de madres solas tienen más dificultades de ajuste cuanto más mayores son, es decir, los niños de 3 años o menos tienen menos dificultades que los que tienen entre 3 y 6 años y estos últimos menos dificultades, a su vez, que los que son mayores de 6 años. El tamaño de efecto de esta comparación es medio. Además se encuentra una tendencia (tamaño de efecto medio) que indica que los niños y niñas más pequeños tienen mejor competencia académica que los más mayores, sin embargo este resultado hay que
Resultados 131 Tabla 4.25. Correlaciones bivariadas (r de Pearson) entre las variables de las madres y el desarrollo y ajuste de sus hijos e hijas MADRES HIJOS Satisfacción vital Autoestima Afrontamiento al estrés Apoyo social Estilo educativo Meta-estrategia aproximativa Meta-estrategia evitativa Amplitud total Satisfacción Necesidad Patrón democrático Patrón autoritario Competencia académica .067 .090 -.007 .177 -.026 .208 .153 .215 -.170 Competencia social Habilidades sociales .214 .108 -.082 .070 .214 .225 -.190 .305* .001 Problemas de comportamiento .052 -.176 .084 -.058 .075 -.011 -.110 -.302* .051 Ajuste emocional y comportamental Total dificultades -.043 -.084 -.092 -.135 .017 -.252 -.129 -.281* .063 Escala prosocial -.129 .051 -.048 .179 -.080 -.058 .008 -.090 .073 Desarrollo psicológico .263* .154 .093 -.003 .126 -.003 -.007 .108 -.048 Autoestima .262 .037 -.035 .081 .089 .047 .108 .159 .099 Roles de género Conocimiento -.141 -.084 .002 .065 .090 -.011 -.027 -.026 .167 Flexibilidad .002 .009 .029 -.023 .172 -.032 -.289 -.101 -.089 * p < .05; ** p< 0.01
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 132
Discusión 133 V. Discusión En este capítulo se pretende realizar una reflexión acerca de los resultados expuestos en los capítulos anteriores, con la finalidad de responder, en la medida de lo posible, a los objetivos con los que se iniciaba el trabajo. Igualmente, se intentará contrastar resultados de este trabajo con los procedentes de la literatura científica acerca de este ámbito de estudio o de otros afines. La estructura del capítulo trata de ser coherente con los objetivos planteados, de manera que comenzaremos con una reflexión sobre las características sociodemográficas de las familias de madres solas, a continuación se examinarán las características psicológicas y de funcionamiento familiar de estas madres para pasar después al desarrollo y ajuste psicológico infantil. Finalmente, se reflexionará acerca de las relaciones entre las características de las madres y las variables de ajuste y desarrollo de los niños y niñas que viven en estos hogares.
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 134 5.1. Características sociodemográficas de las madres solas por elección Conocer las características socioeconómicas de las madres solas por elección nos parecía, desde el inicio de este estudio, necesario para poder conocer la realidad de estas familias cada vez más frecuentes en nuestra sociedad y saber si sus condiciones eran parecidas a las del resto de las familias monoparentales o, por el contrario y como intuíamos, se alejaban de ellas, dando lugar a un perfil de mujeres y madres no documentado en la historia de la monoparentalidad en España hasta hace muy poco. Efectivamente, los resultados ya permitían vislumbrar en el estudio anterior (González, et al. 2008a, González et al, 2008b) que se trataba de unas madres diferentes, como grupo, del resto de las madres solas, seguramente no sólo por sus propias condiciones de partida, sino también porque se trata de mujeres que han preparado su maternidad en solitario, la han decidido así y nunca han contado con el apoyo, real o ficticio, de un compañero. Al inicio del trabajo caracterizábamos a las madres solas por elección como mujeres adultas con un buen nivel educativo, universitarias mayoritariamente, con profesiones estables y económicamente solventes (Ben-Ari y Weinberg-Kurnik, 2007; Bock, 2000; Gringlas y Weinraub, 1995; Groze, 1991; Hertz y Ferguson, 1997; Mannis, 1999; Klock et al., 1996; MacCallum y Golombok, 2004; 2005; Pakizegi, 2007; 2012; Shireman, 1996; Siegel, 1995, 1998; Weinraub et al. 2002; Weissenberg et al. 2007). El equipo de investigación al que pertenezco tuvo la ocasión de comprobar que esta descripción, basada en estudios de otros países, caracterizaba también a las madres solas por elección del estado español (González et al. 2008a, González et al, 2008b). Del mismo modo, en el estudio que aquí se presenta se comprueba de nuevo que todas las características sociodemográficas que definen a las mujeres que deciden ser madres sin pareja, una a una, las cumplen las participantes de la investigación. Nos encontramos frente a mujeres que tienen unos 40 años de media cuando se convierten en madres, casi cuatro años por encima que las mujeres que son madres junto a su pareja, cifras semejantes a las que se encuentran en otros estudios (Siegel, 1998; Tan y Baggerly, 2009). Es probable que la diferencia de edad entre las madres solas y las madres casadas se deba, por un lado, a que las mujeres que deciden ser madres en solitario se tomen más tiempo para tomar la decisión que las que tienen pareja (Klock et al., 1996). Por otro lado y de forma complementaria, a que la maternidad en solitario no es la ruta tradicional para llegar a formar una familia (Pakizegi, 2007) y, por tanto, no es la primera opción barajada por la mayoría de las mujeres (Brewaeys, 2010; Jadva et al., 2009; Salomon et al., 2015). Además, requiere
Discusión 135 un desembolso económico, tanto si se recurre a la adopción como a la reproducción asistida, que impide acceder a ella antes de conseguir unas condiciones económicas mínimamente estables. Las madres adoptivas solas son tres años más mayores que las madres solas que han recurrido a la reproducción asistida, posiblemente, por el tiempo que supone la tramitación de los papeles para la adopción. Quienes recurren a la reproducción asistida no lo hacen, a priori, por problemas de infertilidad por lo que el proceso de buscar el embarazo no tiene por qué convertirse en un largo camino. Sin embargo, el tiempo de espera que, generalmente, supone el proceso de adopción sí se extiende en el tiempo. Palacios, Sánchez-Sandoval y León (2005) situaban en 17 meses el tiempo transcurrido entre la idoneidad y la asignación, a lo que hay que sumar los meses anteriores a la idoneidad y los que pasan entre la asignación, el viaje y la adopción propiamente dicha. En lo últimos años este tiempo de espera ha aumentado significativamente (Bertrán y Badía, 2014) y las Agencias de Adopción lo estiman entre tres y ocho años, según el país de origen (Interadopt, 2015). El nivel educativo de las madres solas por elección del estudio es fundamentalmente universitario como intuíamos tanto por los datos de las investigaciones realizadas dentro y fuera de España, como por las propias características de las personas que acceden a la maternidad a través de las vías estudiadas. Así, por una lado, sabemos que la adopción internacional es un proceso que habitualmente llevan a cabo personas con altos niveles educativos (Dalen, 2002; Palacios et al., 2005). Por otro lado, en el caso de la reproducción asistida no hemos encontrado estudios que relacionen de forma tan directa el uso de sus técnicas con el nivel educativo, sin embargo en las investigaciones realizadas con madres solas que han recurrido a ellas o bien el porcentaje de universitarias es mayoritario (Klock et al., 1996; Weissenberg et al., 2007) o, aunque no se explicite este dato, sí se describe que ejercen, generalmente, empleos categorizados como profesionales o de gerencia (Golombok y Badger, 2010; Golombok et al. 1997; MacCallum y Golombok, 2004; Murray y Golombok, 2005a; 2005b) para los que es necesario tener una alta cualificación. De las circunstancias laborales de las madres solas por elección del estudio sabemos que la mayoría están activas, empleadas por cuenta ajena y trabajando a tiempo completo. Entendemos que el hecho de que estas madres sean el único sostén económico de la familia está en la base de que la gran mayoría de ellas ejerzan trabajos de jornada completa, cuya remuneración necesitan de forma íntegra para
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 136 poder hacer frente a las necesidades familiares. Por tanto, no parece que sea a través de la reducción de la jornada laboral como estén resolviendo la conciliación entre tareas laborales y familiares. De hecho, se sabe que las madres solas españolas optan con menos probabilidad que las familias biparentales (homo o heterosexuales) por estrategias de reducción del tiempo de trabajo que lleven aparejada reducción en los ingresos económicos (González et al., 2012). No es de extrañar, siguiendo en la misma línea, que no encontremos ninguna madre sola que sea ama de casa, frente a casi un tercio de mujeres que son amas de casa en las familias biparentales. Estudios llevados a cabo con madres solas por elección norteamericanas también encuentran que la mayoría de ellas trabajan a tiempo completo (Tan, 2004). En cambio, investigaciones realizadas en Reino Unido (MacCallum y Golombok, 2005a; 2005b) o Israel (Weissenberg et al., 2007) apuntan que es el tiempo parcial el más habitual entre las madres solas por elección. Probablemente las diferencias en los ingresos económicos entre unos y otros países, así como en las políticas familiares que se ponen en marcha en ellos son algunos factores clave que nos ayudan a comprender estas diferencias entre países. En España, por ejemplo, el porcentaje del Producto Interior Bruto dedicado a beneficios familiares fue en el año 2012, último año analizado por Eurostat (2015), un 1.4%, cuando la media europea se encuentra en el 2.2%. Y, por supuesto, las medidas específicas de apoyo a las familias monoparentales son en este país inexistentes (González, 2000; Meil y Iglesias de Ussel, 2001). Sin embargo, es importante también señalar que para las madres solas por elección el acceso al mercado laboral es una precondición, un requisito anterior a la maternidad, más que un resultado impuesto por la misma (Solé y Parella, 2004). Es decir, en general, el planteamiento de la maternidad en solitario aparece cuando ya existe en sus vidas una estabilidad laboral, tal como hemos visto en la introducción de este trabajo. Si nos detenemos en las ocupaciones profesionales de estas madres, observamos que los sectores de la educación, la administración y la sanidad representan a dos tercios de las participantes. No parece que sea accidental que estos sean los sectores de los que provienen la mayoría de las mujeres que deciden ser madres solas. A nuestro juicio, hay dos características que son comunes a los tres y que explicarían su sobrerrepresentación en la muestra. De una parte, son trabajos que se llevan a cabo en formatos estables de jornada continua lo que permite conciliar la vida familiar y laboral de una forma algo más razonable. Por otra, los trabajos que se desempeñan en estos sectores profesionales suelen llevar asociados sueldos estables y que pueden ser considerados suficientes para el sostén de dos personas. Es cierto que son profesiones feminizadas, pero también lo son el derecho o el periodismo y no
Discusión 137 conamos con tantas madres solas en estas dos profesiones, por su menor estabilidad y mayores dificultades para la conciliación Encontramos un número mayor de madres solas adoptivas en los sectores de educación y de sanidad, mientras las madres solas que recurrieron a la reproducción asistida estaban más representadas en el sector administrativo. Una posible explicación, aunque no la única, es que los sectores docente y sanitario están relacionados con una cierta preocupación humanista y social que las madres adoptivas pueden poseer en mayor medida. Aunque esta proporción no se encuentra reflejada en la distribución de las profesiones de las madres de familias biparentales, por lo que, insistimos, se trata simplemente de una posible explicación parcial. No descartamos tampoco que este hecho se deba al puro azar ya que no contamos con una muestra excesivamente grande. Independientemente del sector profesional, las madres solas por elección de este estudio tienen unos ingresos económicos mensuales que oscilan, en su mayoría (67.1%), entre los 1.500€ y los 2.500€ netos al mes. De entre quienes se salen de este rango económico, encontramos un 27.05% con un salario por debajo de los 1.500€ y 5.65% que cobran más de 2.500€. Según los datos del INE (2015), en el año 2013 el 40% de las personas asalariadas recibieron un sueldo bruto mensual de entre 1.217,4€ y 2.159,4€, un 30% ganó menos de 1.217,4€ y otro 30% por encima de los 2.159,4€. Las categorías que elaboramos para analizar y describir la situación económica de las madres solas del estudio son diferentes a las que usa el Instituto Nacional de Estadística y, por tanto, no podemos saber con precisión la proporción de madres solas que se sitúa en cada una de ellas. Sin embargo, todo apunta a una distribución similar a la del conjunto de la población española. Poniendo nuestro punto de mira en los ingresos del conjunto de familias monoparentales (no sólo las denominadas por elección), observamos que las familias de madres solas tienen una renta neta media de 10.144€ al año (845.3€ mensuales), bastante por debajo de los 1.232.3€ al mes de los hogares españoles de la población ocupada total (Perondi, Rodríguez, Molpeceres y Ongil, 2012). No es de extrañar entonces que según el VII Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social (Laparra, 2014), en España el 36,1% de los hogares monoparentales encabezados por mujeres se sitúen por debajo del umbral de la pobreza. No es el caso de las madres objeto de estudio de este trabajo, que, como apuntábamos, económicamente se sitúan en niveles medios o, incluso, medios-altos, y más cerca, por tanto, del conjunto de la población que del grupo de madres solas tradicionales.
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 138 La mayoría de las madres solas por elección del estudio conviven a solas con sus hijos o hijas. Encontramos un mayor número de familias de madres solas de reproducción asistida que conviven con otros familiares, habitualmente con los abuelos y abuelas, que de familias adoptivas. Puede que esta diferencia se deba a que los hijos e hijas de las madres solas de reproducción asistida eran 18 meses de media más pequeños que los adoptivos, así que las madres de estos niños y niñas pueden sentir una mayor necesidad de apoyo continuo que cubren conviviendo con su familia. Además, convivir con la familia facilita las labores de crianza, educación y, sobre todo, hace posible conciliar la vida laboral, familiar y personal a las madres que tienen hijos mellizos fruto de la reproducción asistida (representan el 10.25% de la muestra). Por último, un porcentaje algo mayor de madres biológicas que de madres adoptivas se situaba en niveles de ingresos más bajos, así que interpretamos que esta circunstancia puede influir a la hora de mantener los gastos que una vivienda propia supone. Aunque, no olvidemos, la mayoría de ellas viven en su propia casa junto con su hijo o hija. Entendemos también que vivir o no con la familia ha sido una decisión elaborada previamente ya que, en todos los casos, la llegada del hijo o la hija al hogar ha sido previamente reflexionada y planificada. A raíz de esta descripción, podemos concluir que, si bien la relación entre monoparentalidad y exclusión ha sido ampliamente documentada en distintos trabajos dentro y fuera de nuestra sociedad (por ejemplo, Dennis y Guio; 2004; Flaquer et al., 2006; González, 2000), siempre considerando a las madres solas como uno de los colectivos integrantes de lo que se ha dado en denominar la “feminización de la pobreza”, parece que el que ahora nos ocupa es un tipo de maternidad en solitario que tiene un perfil meridianamente distinto. Se trata de mujeres que, de modo general, no tienen problemas para cubrir las necesidades de sus familias y, es en este sentido que tanto Mannis (1996) como Bock (2000) postulan que la solvencia económica es usada por las madres solas como uno de los argumentos principales para legitimar su decisión de ser madre a solas y distanciarse de los estereotipos asociados a la maternidad en solitario no buscada.
Discusión 139 5.2. Características psicológicas de las madres solas por elección. En este apartado nos detendremos, siguiendo la misma estructura de los resultados, en distintas dimensiones de corte psicológico de las mujeres que deciden ser madres sin pareja. Las primeras de ellas tienen que ver directamente con el bienestar psicológico (satisfacción vital y autoestima), a continuación nos detendremos en las que están más relacionadas con el funcionamiento familiar como son los estilos educativos y las estrategias de afrontamiento, pasaremos después a analizar el apoyo social y finalizaremos con el abordaje de la figura paterna. 5.2.1. Bienestar psicológico de las madres solas por elección Las madres solas del estudio presentan una alta satisfacción vital y una buena autoestima. La autoestima es uno de los predictores más potentes del grado de ajuste psicológico (Diener y Diener, 2009; Sánchez y Barrón, 2003) y es, a su vez, un fuerte predictor de la satisfacción vital (Diener y Diener, 2009). Luego, podemos decir que las madres solas estudiadas se encuentran, a priori, en un buen punto de partida. De la satisfacción vital sabemos que es un concepto fundamentalmente cognitivo que hace referencia a un juicio global sobre la experiencia vital (Diener, Emmons, Larsen, y Griffin, 1985). Así que la puntuación en satisfacción vital de las madres solas del estudio refleja que valoran de forma bastante positiva la calidad general de sus vidas. Poniendo en relación nuestros datos con los obtenidos en el estudio que sirvió para validar en España las puntuaciones normativas para la escala Satisfaction with Life Scale (Vázquez et al., 2013), observamos que la media obtenida por las madres solas por elección está un punto por encima de la media general de la población femenina de entre 36 y 45 años y, también, algo por encima de las personas, hombres y mujeres, con educación superior. No son muchos los estudios que se han detenido a analizar la satisfacción vital de las mujeres que eligen ser madres sin pareja y los que existen no son concluyentes. Weissenberg y Landau (2012) encuentran una alta satisfacción en las madres solas que entrevistan, sin embargo las preguntas que usan para medir la satisfacción van dirigidas fundamentalmente a la satisfacción con la maternidad. Siegel (1998), por su parte, postula que las madres solas por elección tienen una satisfacción vital más alta que las casadas. Concretamente encuentra que las madres adoptivas solas tienen mayor satisfacción vital que las de reproducción asistida, éstas mayor que
Familias de madres solas por elección como contexto para el desarrollo infantil 140 las casadas y por último, con la puntuación más baja, las madres solas biológicas por intercurso sexual. Por lo que concluye que el hecho de elegir ser madre a solas antes o después de la concepción influye en la satisfacción con la vida. Shechner et al. (2010) encuentra, sin embargo, que las madres solas por elección presentan menos satisfacción vital que las madres casadas, ya sean estas últimas lesbianas o heterosexuales. En este estudio no tenemos una muestra de madres solas por intercurso sexual, ni de madres lesbianas, por lo que no hemos podido realizar esas comparaciones. Sí hemos comparado a las madres solas con las biparentales heterosexuales, así como a las madres solas adoptivas con las de reproducción asistida y en ningún caso hemos encontrado diferencias entre ellas, de manera que nuestra propia conclusión es que tanto las madres adoptivas como las que recurren a la reproducción asistida, ya sean a solas o en pareja, se sienten realmente satisfechas con sus vidas. Estos datos son coherentes con los encontrados en los estudios que han explorado la satisfacción tanto de las familias adoptivas (Castle et al., 2009; Gillum y O’Brien, 2010; Sánchez-Sandoval, 2011) como de las familias que han recurrido a la reproducción asistida (Golombok, 2006). Los trabajos en los que se ha analizado la autoestima de las madres solas por elección no son frecuentes, de hecho sólo hemos encontrado uno que lo haya hecho, obteniendo, además, unos resultados similares a los nuestros. Así, Klock et.al (1996) con una muestra de madres solas fruto de la reproducción asistida encuentran puntuaciones medias en autoestima y no observan diferencias entre estas y las madres con pareja. Hay, en cambio, numerosas y completas investigaciones sobre la autoestima con población adulta en general. Por ejemplo, Schmitt y Allik (2005) han medido la autoestima en 53 países encontrando en la población española una puntación media muy similar a la que en este estudio alcanzan las madres solas por elección. Todo apunta, por tanto, a que las madres solas por elección cuentan con una alta autoestima, lo que no nos sorprende conociendo, por ejemplo, la forma en la que validan su modelo familiar usando argumentos de autolegitimación de los que se desprenden una alta percepción de valía personal (Jociles y Rivas, 2009, Sanchís, 2012, Sanchís, Díez y González, enviado) En nuestro trabajo, no encontramos diferencias ni entre madres adoptivas solas y madres solas de reproducción asistida, ni entre madres solas y madres con pareja, es decir, tanto las madres solas, independientemente de la vía de acceso a la maternidad, como las madres con pareja tienen una autoestima media y no se diferencian entre ellas.
SDQ Alumno/a:____________________ Por favor, para cada uno de los ítems señale la casilla “No es cierto”, “Cierto en parte” o “Completamente cierto”. Nos ayudaría si contestara a todos los ítems como mejor pudiera, aun cuando no esté completamente seguro o algún ítem le parezca menos importante. Por favor, responda basándose en el comportamiento del niño o la niña en los últimos 6 meses o durante este año escolar. Gracias. No es cierto Cierto en parte Completamente cierto 1. Tiene en cuenta los sentimientos de otras personas 2. Es inquieto-a, hiperactivo-a, no permanece quieto mucho tiempo 3. Se queja frecuentemente de dolores de cabeza, estómago o náuseas 4. Comparte de buena gana con otros niños (chucherías, juguetes, lápices…) 5. Tiene frecuentemente mal genio, rabietas o acaloramientos 6. Es más bien solitario-a, tiende a jugar solo 7. En general es obediente, hace lo que los adultos le piden 8. Tiene muchas preocupaciones, a menudo parece preocupado 9. Es considerado-a y servicial si alguien está herido, se encuentra mal o está disgustado 10. No deja de moverse o revolverse 11. Tiene al menos un buen amigo o amiga 12. A menudo se pelea con otros niños o los intimida o atemoriza 13. A menudo parece infeliz, bajo de ánimo o lloroso 14. Generalmente le cae bien a otros niños 15. Se distrae fácilmente, tiene poca concentración 16. Es nervioso-a o inseguro-a en situaciones nuevas, pierde fácilmente la confianza 17. Es amable con los niños más pequeños 18. Miente o hace trampas con frecuencia 19. Con frecuencia es agredido-a o intimidado-a por otros niños 20.A menudo se ofrece para ayudar a otras personas 21. Piensa las cosas antes de actuar 22. Roba o se queda con cosas de otros en casa, la escuela o en otras partes 23. Congenia mejor con los adultos que con otros niños 24. Tiene muchos miedos, se asusta fácilmente 25. Termina las tareas, tiene un buen nivel de atención
Anexo 7. Carta de presentación del estudio enviada por el Servicio de Adopción Estimada Sra…….. Nos ponemos en contacto con usted para solicitar su participación en un estudio que estamos realizando en colaboración con el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla y que lleva por título “Familias de madres solas adoptivas en Andalucía”, dentro de un proyecto destinado a analizar “La maternidad en solitario por elección” enmarcado dentro del Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica (I+D+I, Exp 53/04) Con esta investigación se pretende conocer, de la propia voz de las madres solas, cuáles han sido sus motivaciones, sus circunstancias o sus expectativas, así como estudiar los retos fundamentales a los que se enfrentan y los recursos de que se valen, con la intención de arrojar luz acerca de cuáles serían las medidas que facilitarían su vida y la de sus criaturas. Así mismo, con este estudio también se pretende aportar conocimiento acerca de cómo está discurriendo el desarrollo de estos niños y niñas que viven a solas con su madre, en distintos planos (cognitivo, emocional, social, etc.). Creemos que este proyecto puede contribuir a eliminar los prejuicios con los que con frecuencia se han contemplado las familias de madres solas, al tiempo que aportaría información relevante para las instituciones y organizaciones que trabajan en el diseño y la puesta en práctica de políticas sociales y familiares, así como para los Servicios de Adopción y Acogimiento que podrán efectuar un apoyo más preciso a las familias de madre sola y sus criaturas, quienes serían las beneficiarias últimas de que se pudieran implementar las políticas adecuadas. Dado el interés que a nuestro juicio tiene este estudio, le solicitamos su colaboración en él, con la seguridad de que se llevará a cabo con todas las garantías de confidencialidad obligadas. Tal colaboración consiste en la realización de una entrevista en su domicilio o en algún otro lugar donde se sienta cómoda, así como una valoración de desarrollo para su hijo o hija. En unos días recibirá una llamada del equipo de investigación en la que podrá mostrar su conformidad o disconformidad con la participación en él. Con el convencimiento de que atenderá nuestra solicitud en la medida que le sea posible, le saluda atentamente, Isabel Machado Cabezas Jefa de Servicio de Adopción Internacional Dirección Gral. de Infancia y Familias