Los cabildos y la independencia de américa
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Finchelstein, Federico: Fascismo, liturgia e imaginario. El mito del general Uriburu y la Argentina nacionalista. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2002, 157 págs. Este libro, originado en una tesis de licenciatura, intenta realizar una aproximación al tema del nacionalismo argentino de la década de 1930 desde una perspectiva novedosa. Muy influido por los estudios culturales tan de moda en los Estados Unidos y por los estudios acerca de la construcción de la memoria, tan de moda últimamente en nuestro país (Argentina), el autor se propone analizar lo que él llama “el imaginario de la extrema derecha en Argentina” a través del culto y los mitos generados alrededor de la figura del general José Felix Uriburu, líder del golpe de estado que en 1930 derrocó al gobierno constitucional del presidente Hipólito Yrigoyen. La propuesta es interesante pero los resultados, lamentablemente, no parecen satisfactorios. Un primer problema lo presenta el objeto mismo del estudio. Los análisis de rituales, ceremonias e “imaginarios” constituyen un campo riquísimo para el estudio de formaciones ideológicas, pero siempre que los mismos no sean considerados en abstracto. Es muy importante saber que se dice, como se dice, y desmenuzar el carácter “performático” de conmemoraciones y rituales, pero sin olvidar que tan importante como esto es saber quién lo dice, cuántos eran los que lo decían y quiénes eran los interlocutores, reales o imaginados. Conocer estas variables requeriría un tipo de análisis y un uso de fuentes distinto de los que lleva a cabo el autor. Finchelstein nos dice muy poco de todo ésto y su análisis, por lo tanto, queda flotando en el aire. Por ejemplo, menciona ceremonias “multitudinarias”, pero nunca nos informa sobre cuantas personas formaban la supuesta “multitud”. Las caracterizaciones en este sentido de los periódicos nacionalistas, la principal fuente en la que se basa el autor, desde luego eran sesgadas. Tampoco nos dice nada el libro sobre las características sociales de quienes participaban en estos actos en homenaje a Uriburu, ni siquiera de los líderes convocantes a los mismos. Por otro lado, un estudio pormenorizado de ceremonias y discursos, para ser útil, debería prestar una atención muy cuidadosa a los matices y sutilezas del lenguaje y a las tensiones puestas en evidencia dentro de los discursos y de las imágenes. Así mismo, es también crucial analizar las distintas apropiaciones a las que se somete la construcción de una memoria determinada (en este caso la construida alrededor de la figura de Uriburu). De nuevo, en ésto también el trabajo de Finchelstein es decepcionante. En ocasiones, nos indica, por ejemplo, que la figura de Uriburu era asociada por algunos de sus seguidores a la de Mussolini (lo cual sorTomo LX, 1, 2003 309
prende poco), a la de Hitler (lo cual sorprende un poco más), y a la de Roosevelt (bastante más sorprendente). El carácter aparentemente paradógico de esta vinculación simbólica no es señalado por el autor y mucho menos analizado. De la misma manera nos enteramos que la memoria de la revolución del 6 de setiembre era asociada, aun por los nacionalistas más acérrimos, a la memoria de Mayo y de la batalla de Caseros, y por lo tanto que la figura de Uriburu era vinculada a la de Urquiza (y también a la de Lavalle). Si esto es así, nos encontraríamos con otra aparente paradoja por la cual una revolución hecha supuestamente en contra de los principios del liberalismo era simbólicamente construida como una continuación de la línea histórica que le dio origen. Esta comprobación requeriría algún tipo de análisis que el autor tampoco lleva a cabo. Finalmente, otro problema vinculado con el punto anterior es un achatamiento de las categorías. Finchelstein habla de “nacionalistas”, “conservadores”, “fascistas” sin matices de ningún tipo, como si se tratara de bloques homogéneos por el simple hecho de que compartían una identidad formada alrededor del mito de Uriburu. El lector puede sospechar que esta necesidad de generar este culto a Uriburu como “mito unificador” esconde, sin embargo, la imposibilidad de lograr una unidad basada en fundamentos más firmes, incapacidad que también es soslayada por Finchelstein. En suma, se trata de un libro original en su punto de vista pero que no logra cumplir con los objetivos que se propone.—MARIANO PLOTKIN. González, Elda; Moreno, Alfredo, y Sevilla, Rosario (eds): Reflexiones en torno a 500 años de Historia de Brasil. Editorial Catriel, Madrid, 2001, 287 págs. Estamos ante una obra interesante para la historiografía española sobre Brasil. Desde su propia génesis, muestra su relevancia; surge en el interés de tres historiadores españoles por organizar un congreso que conmemore los 500 años de la historia del Brasil. Si bien esta historia y la española tienen puntos en común, como muestran los trabajos compendiados, Brasil es la gran desconocida en la historiografía española sobre estudios americanos. Por ello el título es acertado, es todo un homenaje a la desconocida historia de ese país, que, de paso, contrapone un término políticamente tan incorrecto para los intelectuales españoles como es el término “descubrimiento” por el de “historia”. Uno de los méritos de estas “reflexiones” sobre la historia brasileña, reside en su interdisciplinariedad. Brasil se analiza no sólo desde la Historia, sino también desde la Antropología y la Literatura. Además, la mayoría de los autores pertenecen a escuelas historiográficas tan diferentes como la portuguesa, la española, la italiana, la brasileña y la norteamericana, lo que permite ver los distintos enfoques y temas de interés de las corrientes a las que pertenecen. Por si fuera poco, estamos ante las obras de historiadores de Brasil tan importantes como los brasiRESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 310
leños José Murilo de Carvalho y Boris Fausto y los norteamericanos como Stuart Schwartz y Herbert Klein, acompañados del portugués Eugenio Dos Santos, la italiana Chiara Evangelista y los españoles Elda González (además de su participación como inspiradora de la idea de esta edición), Rafael Valladares y Manuel Lucena, entre otros. El objetivo que impulsa esta diversidad de enfoques, así como de temas y épocas, es abordar hechos, personajes y fenómenos que ayuden a “reflexionar” sobre momentos muy significativos en los quinientos años de la historia brasileña, desde la etapa colonial hasta el momento presente. En algunos estudios se observa además el interés implícito por revelar las conexiones e interacciones entre la historia brasileña y española a lo largo de ese tiempo. En los primeros siglos del periodo colonial, se nos muestra la visión de Brasil en España, entre las élites políticas del siglo XVI, a través de los documentos que produjo (Visiones españolas del Brasil quinientista, de María Justina Sarabia) y en la sociedad del siglo XVII, a través de la literatura (Brasil en la literatura española del siglo de oro, de Consuelo Varela). Un interés más bien centrado en el potencial de sus territorios y las ansias imperiales de los gobiernos, aunque también nacido de la admiración por su abundancia y belleza. Sobre la historia brasileña del siglo XVIII descubrimos nuevos análisis de las características de la dominación portuguesa, en su comparación con el caso español (La imagen de la frontera del Brasil colonial, de Manuel Lucena) y en su interacción con la conquista española (Opulencia y “guerra lenta”. Los brasiles en el tiempo de los Austrias, de Rafael Valladares), así como la activa respuesta que provocó entre algunas comunidades indígenas (Confines políticos y relaciones interétnicas..., de Chiara Evangelista). De épocas más recientes se nos revelan nuevos detalles sobre la relación entre cimarrones y esclavos en Brasil (Trabajo, etnicidad y resistencia. Estibadores del puerto y cimarrones en la malograda rebelión de los esclavos bahíanos, de Stuart Schwartz) y sobre el pensamiento de algunas personalidades en su lucha por la Independencia de Brasil (Moniz Barreto e o movimento independentista brasileiro, de Eugenio Dos Santos). En la época contemporánea, encontramos reflexiones interesantes sobre los pilares y problemas en la construcción de la actual sociedad brasileña: como comunidad nacional imaginada (Nación imaginada: memoria, mitos y héroes, de José Murilo de Carvalho), articulada en torno a la religión (Identidad y religiosidad en Brasil, de Fernando Giobellina), compuesta por distintas comunidades de inmigrantes (Identidad y representación colectiva de un grupo inmigrante: los españoles en Sao Paulo. 1950-1970, de Elda González) y etnias (Unas palabras sobre el 23 de abril, de Oscar Calavia, que atraviesa transformaciones sociales y económicas desiguales (Mudanças economicas e sociais no Brasil (1980-2000), de Herbert Klein y Francisco Vidal). Para este periodo histórico Boris Fausto (O pensamento autoritário no Brasil (1920-1945) contribuye con un estudio de enorme calidad en HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 311
el que intenta desvelar la naturaleza del pensamiento autoritario en el Brasil del siglo XX. Está claro que la voluntad de esta edición por mostrar una visión panorámica de los quinientos años de historia brasileña dista del objetivo de otras ediciones creadas en torno a una temática o enfoques concretos. Por ello sólo señalaremos la aportación de algunos artículos en algunas corrientes o problemáticas historiográficas. En este libro encontramos buenas contribuciones a la Historia Social, para las épocas colonial y contemporánea. Dentro de la academia norteamericana, centrado en los estudios coloniales sobre la esclavitud, y contribuyendo, una vez más, a la escritura de una verdadera Historia Social, Stuart Schwartz presenta el caso de la rebelión de los esclavos bahianos de 1814 para mostrar las hasta ahora desconocidas conexiones entre dos temas claves en estos trabajos: las comunidades de esclavos fugitivos y las rebeliones urbanas, revisando la clásica división étnica establecida en estas formas de resistencia a la esclavitud. Uno de los grandes temas en la historiografía contemporánea es la frontera (en su sentido que supera lo geográfico). Dentro de esa corriente, Chiara Evangelista trata de mostrar el dinamismo de las relaciones interétnicas en la época colonial generado por los grupos indígenas y sus distintas estrategias activadas en la frontera portuguesa y española en contraposición a una visión de las comunidades étnicas como objetos pasivos. Por su parte, Manuel Lucena revisa los análisis comparativos acerca de las características de la dominación portuguesa y la española, esta vez para cuestionar la clásica caracterización que marca enormes diferencias respecto a la forma, de ambos imperios, de concebir y gobernar sus confines políticos. Otro de los temas, cada vez más relevante en la Historia Social, es el fenómeno migratorio. Elda González, continuando su larga trayectoria profesional en este terreno, aporta una nueva visión en el análisis de la inmigración en Brasil, superando los límites nacionales, para esbozar un tema poco trabajado hasta ahora, la presencia cultural de las comunidades en la construcción de la nación brasileña. En el núcleo de la Historia Política encontramos los trabajos de los brasileños Boris Fausto y José Murilo. Fausto presenta una revisión en la interpretación del autoritarismo brasileño contemporáneo, tomando como referencia las obras de algunos intelectuales brasileños de la época, para reflexionar en torno a las características y dificultades que entraña diferenciar entre autoritarismo y totalitarismo. Por su parte, Murilo propone un interesante análisis de la construcción de la nación brasileña, desde su comparación con la estadounidense, ubicándolo en la perspectiva creada en los recientes estudios norteamericanos sobre globalización, en concreto en una de sus temáticas centrales, la revisión del vínculo entre estado y nación. Los nuevos enfoques de la Historia Política son considerados por Rafael Valladares para la época colonial, para abordar un periodo poco analizado en las escuelas historiográficas portuguesa, española o brasileña: cuando la soberanía de los territorios brasileños pasaba temporalmente a manos del Imperio español, para RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 312
mostrar la diversidad de situaciones, de “brasiles” que convivían en esos territorios y con ello profundizar en sus múltiples relaciones con España y Portugal. La producción de estos historiadores que recoge este libro realmente contribuye a la tarea de reflexionar desde la historiografía española, sobre los ya más de quinientos años de historia de Brasil; tal vez, además pueda cumplir el objetivo de ampliar la bibliografía española sobre este país tan desconocido en España.— MARÍA ASUNCIÓN MERINO HERNANDO. Gruzinski, Serge: The Mestizo Mind: The Intellectual Dynamics of Colonization and Globalization, Routledge, New York and London, 2002, 266 págs. Este libro de Serge Gruzinski (Ecole des Hautes Études en Sciences Sociales, París), último que sepamos traducido al inglés, sigue al pie de la letra los énfasis del espíritu y las pautas ya marcados en su trabajo tal vez más importante hasta la fecha, que sigue siendo a nuestro parecer The Conquest of Mexico: The Incorporation of Indian Societies into the Western World, 16th-18th Centuries (Cambridge, Polity Press, 1993), versión abreviada de su tesis doctoral defendida en 1986. Señalo por lo tanto aquí que me remito a estas traducciones británicas de este quehacer intelectual en francés y aquellos que se manejen con soltura en las tres lenguas pertinentes, con la inclusión de ésta que estoy usando aquí, me pondrán a buen seguro en el sitio que me corresponde. Los temas favoritos de Gruzinski siguen estando presentes: la prioridad de las formas intectuales a caballo entre Europa y América dentro de los ordenamientos occidentalizantes de mediados del siglo XVl en adelante, una predilección por la creatividad de grupos amerindios directores, y un énfasis en las coexistencias de aparentes opuestos, unido a la reivindicación (latino-)americanista de mezclas desiguales e hibridizaciones incompletas asentadas en la circunstancia histórica del continente americano. El territorio profesional de Gruzinski es la Nueva España de la segunda mitad del siglo XVl. No se toca mucho el período de la Ilustración o los siglos posteriores. Por lo que se sugiere una especie de retorno del XXl a las condiciones de movilidad artística del XVl. Lo mejor de The Mestizo Mind tiene que ver con la reconstrucción de algunas de las sugerentes imágenes de este horizonte colonial, la “hija bastarda” de todas las tradiciones (nacionales o nacionalistas), según certera expresión de Octavio Paz (y esto nos sigue pareciendo válido para Europa, América Latina y no digamos los Estados Unidos). Este mestizaje no “cabe” cómodamente en ningún lado. Y se trata precisamente de eso, de que no quepa. Nos las habemos, por tanto, con un intento más, y un intento importante, por reivindicar el legado del Renacimiento indiano; si bien nos parece que The Mestizo Mind más que profundizar en los hallazgos ciertamente importantes de The Conquest of Mexico, cae tal vez en cierta facilidad de escritura o penHISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 313
samiento. Y siempre imaginamos que se pueden achacar algunas de estas culpas a los traductores y a los abreviadores británicos. Explicamos seguidamente algunas de estas virtudes y posibles deficiencias. Lo importante, digámoslo claramente, del trabajo de Gruzinski es la sosegada reconstrucción de algunos aspectos sobresalientes de los procesos histórico-culturales de mundos coloniales en transformación u occidentalización. El mejor Gruzinski es el que se acerca con genuina curiosidad intelectual, por ejemplo, a la crónica del franciscano Motolinía, a las pinturas murales de los monasterios de Ixmiquilpan o Acolman, o las visualizaciones manieristas del Codex Florentino de Sahagún o Diego Durán, o la Retórica Cristiana de Juan de Valadés y extrae de éstas una ristra de detalles. Fragmento o detallismo es modalidad de lectura y escritura para Gruzinski, que se encuentra siempre más suelto en estas distancias cortas. Las miras largas son otra cosa. Gruzinski quiere practicar la descripción, el detallismo. Su mirada busca lo italianizante, lo grotesco, lo arcano. Hay algo en esta investigación que busca imitar en su misma forma el gusto artístico internacional de esta segunda mitad del XVl, el manierismo. Hay un modus operandi microscópico de cierto uso ornamentalista que centra el detalle o fragmento en el punto de mira del lector. Y al menos yo echo en falta el uso del telescopio que acompañe, con un vigoroso impulso contextualizador y analítico, algunas de estas reconstrucciones parciales y las acerque a una totalidad u horizonte social. Hay que notar que se reprime, especialmente en las notas al final del capítulo segundo, una cierta pulsión polémica con algunos sectores de la academia norteamericana. Se nos antojan éstas livianas y poco convincentes. La misma edición llena de color e imagen de Routledge, a manera de libro de regalo, no un nombre inmediatamente asociado con la América hispana anterior a la Ilustración, parece no propiciar una serie de intercambios polémicos. En todo caso, Gruzinski no “juega” a la confrontación “anti-occidental.” Su voz se puede caracterizar tal vez de “para-occidental,” entendiendo el prefijo como modulación contrastiva de la voz de un alto con respecto a la voz del tenor (la convención de la tradición historiográfica, occidentalista, afrancesado centramiento en Europa, etc.). Incómodo con ciertas convenciones, Gruzinski no duda en manifestar un repudio claro por cualquier tipo de aseveración fuerte, o esencialismo, y también por todo binarismo, maniqueísta o no. “Mestizo” es entonces imaginario haz, flujo y reflujo, vaivenes, transformaciones aparentemente disolventes de conflictos no-dialécticos de cualquier tipo. Esta modalidad de lectura sólo se puede llamar “indigenista” (i.e. americanista) siempre que se pongan muchos matices. Si bien no hay un fuerte empeño contextualizador (el contexto francés no emerge explícitamente para nada, el peninsular muy de telón de fondo, el mundo anglosajón a ambas orillas del Atlántico es prácticamente nulo salvo el latente trato gélido anteriormente mencionado). No es, en ningún caso, una lectura que quiera transcender un occidentalismo o “post-colonialista.” Se trata, en el caso de Gruzinski, de reivindicar los procesos significativos para un hoy y un aquí de mundos RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 314
subordinados a la marcha de la historia de un Occidente, cuyo horizonte está viéndose sometido a fuertes convulsiones geopolíticas desde el 11 de Setiembre del 2001 en relación a las torres gemelas de Nueva York. Gruzinski no busca el vaciamiento de la tradición occidentalista, sino una correlación de mundos paralelos a ésta. ¿Cómo reivindicar para la vida del pensamiento estas Atlántidas sumergidas? ¿Cómo no caer en el coleccionismo banal de práctica de anticuario al respecto de los “perdedores” de los conflictos históricos? ¿Qué hacer con los hallazgos intelectuales de todos los desfavorecidos de las historias oficiales? ¿Cómo sonreír convincentemente al estar ubicados en los aledaños más o menos iluminados de las cambiantes estructuras imperiales de ayer y de hoy? ¿Cómo dar forma a las anémonas de esta aparente intrahistoria? Complicadísimas preguntas que Gruzinski contesta con los posibles sinónimos de mestizaje: hibridez, sincretismo o incluso caos, “mélange” en francés y tal vez “bochinche” en español argentino. Es decir, “mestizo” vendría a ser la bonanza de los procesos de colonización, y como tal todo es todo lo contrario a la apatía y el distanciamiento, la segregación o la purificación, sea de cuerpos, mentes, lenguas, imágenes, etc. Para Gruzinski, ésta es la esencia de la lección histórica de América al mundo. The Mestizo Mind consta de tres partes, “Mélange, Chaos and Westernization;” “Mestizo Imagery” y “Mestizo Creativity.” Cada una de éstas incluye cuatro capítulos y cada uno de éstos incluye a su vez un conjunto de viñetas mayormente descriptivas. No hay una serie de objetos históricos que Gruzinski lea con orden. Ni un orden ni una serie fijos. No parece importarle esta carencia a este autor francés de origen polaco. Se puede hablar de “objetos evanescentes” en la medida en que éstos son traídos y llevados cuidadosa y fragmentariamente por una lectura impresionista. Decimos evanescente en el sentido de que la tendencia es a desmaterializar y a desocializar, incluso a apartar la institucionalización de dichas imágenes de las élites novohispanas y a éstas de unos mecanismos de ubicación socio-histórica y soltarlos así a procesos de globalización. Se puede llamar así la lectura de Gruzinski ornamentalista, de picaflor. Nos recuerda a menudo los escritos de Walter Pater (1839-1894) sobre el Renacimiento italiano y los elogios de éste de Oscar Wilde (1854-1900). El lector se encontrará con visiones fragmentarias y detallismos, impresionismos y conexiones un tanto gratuitas, filigranas, especulaciones sicologistas, tendencia a dejarse llevar por un gusto de cinéfilo con autores de la talla de Peter Greenaway, Takeshi Kitano, Lars von Trier o David Cronenberg. Y este modo de proceder tiene sus virtudes y sus defectos. Entre las primeras, el mimo del detalle, el preciosismo, cierto lirismo. Entre los segundos, el desinterés por la ausencia de estructura social de dichas apreciaciones dentro de unos imaginarios de vaivén o mezclas, y cierta desubicación de los hallazgos o la excesiva continuidad entre la heterogeneidad del XVl novohispano y nosotros aquí en el XXl en Europa o América. Lo mejor de The Mestizo Mind es, al menos para nosotros, una recreación, siquiera parcial, de materiales visuales, especialmente de pintura mural de segunHISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 315
da mitad del siglo XVl en las Indias Occidentales. El libro contiene cierta exuberancia de referencias de “productos culturales” en cronologías dispares, contextos disímiles, modalidades aparentemente inconexas. Cada capítulo comienza con una ristra de citas de épocas y autores variopintos. Algo de esta profusión manerista gusta y no gusta. Lo cierto es que este quehacer académico quiere ser fundamentalmente “estético” (y juguemos a verle varios ángulos a este adjetivo). Se cae por ello en cierto preciosismo de mera conexión circunstancial que no ilumina en verdad ninguno de los ámbitos de la conexión o los dos elementos anudados por la comparación. Uno se puede preguntar qué tanto se enriquece la sensibilidad histórica con la yuxtaposición momentánea de The Pillow Book de Greenaway y las pinturas murales de Ixmiquilpan, en elactual estado de Hidalgo, del XVl. Salgo de la lectura sin encontrar una respuesta convincente. Pero Gruzinski, creemos, se gusta pensando y escribiendo así. Y es que el signo “mestizo” para Gruzinski es en esencia la utopía no eterna del otro lado de la normatividad imperial. El signo “mestizo” es lo otro agradable de lo desagradable del imperio, pero cercano, cercado y penetrado por éste. “Mestizo” es lo (latino-)americano autóctono, lo “no-europeo” pero significado globalmente siempre dentro de matrices hegemónicas de significación eurocéntricas. “Mestizo” es nudo y mezcla de cuerpos variopintos, lenguas no homologadas, hermenéuticas atadas por el yugo colonial, imágenes partidas, puntos aparentemente desconexos de referencia irregular, tradiciones que aparecen y desaparecen (pág. 129). ¿Desde cuándo y por cuánto tiempo?, es una pregunta incómoda que Gruzinski no se hace. The Mestizo Mind se desdice así mismo de causalidades y teleologías. Hacia una cierta tendencia a descuidar fechas y a tomarse geografías un tanto a la ligera. La edición de Routledge propicia ciertamente algo de esto. La palabra “capitalismo” como marco de referencia que da cabida a lo semiótico no está clara. No hay un intento por conjugar dimensiones económicas o jurídicas a estos procesos de mestizaje. Y no hay un empeño por reconstruir las hibridizaciones de unos grupos sociales en pugna con las hibridizaciones de otros. Es difícil, por tanto, imaginarse el “juego social” de estos productos manieristas en el XVl, pero también cómo se las ha ingeniado para alcanzar los brotes todavía inciertos del XXl. The Mestizo Mind “salta” con excesiva facilidad hacia adelante y hacia atrás cientos de años y, como gato con botas, recorre, dentro de modalidades visuales, varios continentes. En algunos momentos Gruzinski casi ningunea el espacio-tiempo de colectividades enteras de muertos. ¿En qué se asienta esta continuidad si no hay en The Mestizo Mind nada equiparable a la matriz universalizante del Cristianismo para el horizonte histórico oficialista del XVl? Ornamentalismo es precisamente este repudio (post-estructuralista, post-formalista) de matriz universalizante, sea éste el que sea. ¿Y cómo es que la hibridez potencia cierta subversión frente a la ortodoxia eclesiástica? ¿Cuál es el contenido o función social de la mente mestiza? Esto es algo que no sabemos. Es como si la especificidad de estética manierista-indiana del XVl se clonase, sin avisos previos, en una multiplicidad de ubiRESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 316
cuas criaturas híbridas, dentro de otros formatos audiovisuales que aparecen en imprevistas geografías planetarias achicadas en el espacio y el tiempo en el XXl. De repente, y sin querer hacer un chiste fácil, todos somos mestizos, todos somos híbridos, y todos somos manieristas o barrocos y una cierta exuberancia de imágenes disconexas y aparentemente incongruentes parece estirarse, a manera de chicle conceptual, fuera de toda historia, grupo social e interés político, ubicación geográfico-espacial, etc. Este “salto,” evidenciado por las abundantes referencias fílmicas, es repetido numerosas veces y se nos antoja casi alocado y sin red. La naturaleza globalizada del mundo contemporáneo se naturaliza manierista. Y esto no lo quiere explicar o no lo sabe explicar Gruzinski. Es como si el autor hubiera obedecido al editor que le ha sugerido que esconda, dentro de un mercado angloparlante, eso del siglo XVl, porque vende poco y mal, y hable en su lugar de globalización, que es tema de moda. O tal vez sea al revés y el editor desobedeció los consejos del autor que le dijo que sujetase más por la cola histórica la segunda mitad del siglo XVl. O tal vez hubo un poco de ambas opciones. A diferencia, por ejemplo, del uso de “mestizo” en autores importantes como Valentín Y. Mudimbe (1941- ) o autores caribeños de los que Gruzinski se distancia (pág. 20, notas finales 10, 12, 13, 14, 43, págs. 211-3), “mestizo” aquí es lo que se escapa de la filosofía, es “gusto grotesco” (págs. 110-20, 121-8) entre medias del maniqueísmo cristiano y mundos filtrados por un Occidente colonizador (págs. 116, 120, 125, 127). ¿Qué sería lo “no-mestizo” en este contexto?, es una pregunta muy interesante que Gruzinski no se hace. Mestizo quiere decir fundamentalmente la mezcla desigual entre un Occidente expansivo (o una ortodoxia) y un noOccidente (o heterodoxia) más o menos receptivo, resistente, adaptable, etc. Mestizaje es capacidad intergeneracional de síntesis, al menos hasta cierto punto, más bien aculturación de formas “indígenas” americanas hacia algo otro presumiblemente más rico que Occidente. Se trata en definitiva de supervivencia de unas modalidades americanas dentro de unas hegemonías europeas, siquiera puntual o contingentemente. No hay síntesis hegeliana. El final es, para Gruzinski, claramente de debilitamiento de posiciones de resistencia, o cierta transculturación de formas dispares se adelgaza, se debilita. El Occidentalismo es el vencedor. Mestizo es en definitiva el interregnum ideal para unas primeras generaciones indianas de élite dentro de una confluencia de mundos dispares. Se trata entonces en The Mestizo Mind de entretener desde el punto de vista de historia de las ideas esta coexistencia dispar de encontradas visualizaciones intelectuales. Se tiende a debilitar así todo lo conflictual, lo que duele de la historia. La lectura de nuestro autor es curiosamente más canclinesca que cornejo-polariana, quien no está incluido en la bibliografía. No se registran otras referencias de crítica de cierto agotamiento de este discurso de privilegio de hibridaciones. Los peligros de todos los llamados a la pureza o normatividad de sangre, lengua, colectividad, etc. se solventan aquí así con esta reinvindicación, a modo de conjuro, de todo lo contrario: las mezclas, las “imperfecciones,” las “confusiones” HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 317
desigualdades y contrastes, arraigados muchos de ellos en su historia y escasamente estudiados de esa forma hasta hoy. Otro enfoque, muy conectado con el actual debate sobre la historia de México y sus diferentes líneas de análisis, es el referido a la periodización, que aquí rompe con las divisiones cronológicas tradicionales (secuencia por siglos, dinastías españolas, fechas conquista/colonización/reformas/ independencia/liberalismo/revolución ...). Incluso hitos tan prototípicos de esta nación como las fechas de 1810 (primera etapa de la Independencia) y 1910 (inicio de la Revolución Mexicana), son analizados como parte de períodos más amplios. La primera, dentro del capítulo 5, titulado “Desestabilización y fragmentación, 1770-1867” y referido a casi un siglo, visto como la ruptura del monolitismo colonial, desde los cambios políticos y económicos del reinado de Carlos III a la República liberal restaurada —época ésta última que Hamnett conoce bien—, con etapas tan difíciles como la Constitución gaditana de 1812 y su fracaso en relación con los territorios americanos, la guerra México-Estados Unidos, la intervención europea y el imperio de Maximiliano. Las reformas en si mismas son el eje de este capítulo, por encima del paso de colonia a nación. Respecto a 1910 como fecha de comienzo del proceso revolucionario, tan importante para la historiografía mexicana, aparece igualmente en esta obra dentro de un proceso más amplio, bajo el epígrafe “La reconstrucción, 1867-1940” (capítulo 6), en el que el análisis de los cambios y problemas económicos recibe un tratamiento profundo al referirse a los años decimonónicos. Sin embargo, en el estudio de la Revolución Mexicana entre 1910 y 1940, la secuencia política recupera protagonismo ante ese vértigo de cambios, a veces llenos de violencia, que se cierra con el paso a la denominada “revolución institucionalizada”. El capítulo 2 —“La era precolombina”— recorre las diversas culturas situadas en territorio mexicano: olmecas, mayas, toltecas,mixtecos y zapotecos y, finalmente, los aztecas. El acercamiento a la historia de los indios mesoamericanos antes de la llegada de los españoles interesa al autor, que refleja las dudas y problemas existentes en el estudio de esa época, por las dificultades de las fuentes y la cronología. Los capítulos 3 y 4 se centran en el análisis de la colonia bajo los Habsburgo y los primeros Borbones. Necesariamente sintéticos, siguen la evolución del colonialismo español, con especial atención a temas como la imposición del cristianismo y la devoción a la Virgen de Guadalupe desde el siglo XVII (como exponente de un mundo mestizo e indígena que desarrollaba sus propias líneas en lo social, cultural y, por supuesto, religioso), la organización económica y nuevamente la presencia indígena y sus problemas, desde la incidencia de las epidemias a los cambios impuestos por los españoles, que desestabilizaron esas culturas prehispánicas. El último capítulo, centrado en el todopoderoso PRI y su permanencia en el gobierno, interrelaciona la política con los altibajos económicos de este país, lleRESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 324
gando hasta las últimas elecciones presidenciales, que significaron el fin de ese largo período priista y la llegada al poder de Vicente Fox, del PAN. En esas páginas se analizan temas tan actuales como la crisis, la violencia partidista, los cambios económicos, las relaciones internacionales y, por supuesto, la sublevación zapatista en Chiapas. El actual sexenio queda así abierto a los análisis posteriores. La valoración de las cuestiones económicas, las diferencias entre campo y ciudad, la importancia de lo nacional y sobretodo del indígena como elemento humano clave de la República Mexicana, junto a esos enfoques originales en la distribución del libro, son temas sugerentes que hacen de esta Historia de México un libro interesante y atractivo para todo tipo de lector. Una buena traducción del texto original inglés (A Concise History of Mexico, Cambridge University Press, Cambridge, 1999), hecha por Carmen Martínez Gimeno, 51 ilustraciones entre láminas y mapas y un detallado índice analítico son valores añadidos. Como es frecuente, se repite el fallo de una bibliografía incompleta en lo que a historiadores españoles se refiere, más aún teniendo en cuenta que estamos ante una edición hecha en Madrid y dirigida al lector español. Sólo se incluyen dos libros —de autores tan famosos como Octavio Paz y Carlos Fuentes, e incluso el de este último es el que aparece al comienzo del libro que reseñamos como escrito en México en 1995— publicados en España. Creemos que esta edición española merecía una actualización —quizás ampliación— bibliográfica, asequible a ese público más amplio al cual va dirigida esta obra.—M.ª JUSTINA SARABIA VIEJO. Lobato, Mirta Zaida: La vida en las fábricas. Trabajo, protesta y política en una comunidad obrera, Berisso (1904-1970), Prometeo Libros / Entrepasados, Buenos Aires, 2001 333 págs. La inmigración, la industria de la carne, Perón, el peronismo, se destacan entre los tópicos que cimentan las interpretaciones más difundidas sobre la Argentina del siglo XX. En esta obra, Mirta Z. Lobato devela hasta qué punto son, sin embargo, temas que todavía ofrecen un vasto campo de exploración, fundamentalmente en lo que atiene a la complejidad de sus entrecruzamientos. Estas y otras cuestiones de proyecciones sociales y políticas no menos significativas, como el mundo del trabajo femenino, la evolución de las prácticas sindicales, la presencia del comunismo o las pautas de funcionamiento de las industrias frigoríficas, son abordadas en esta obra a través del tema de la vida en las fábricas de Berisso entre 1904 y 1970. La elección de esta pequeña localidad de la provincia de Buenos Aires que nació y creció en torno a una actividad económica predominante, al acotar las dimensiones espaciales y temporales de la investigación, ha permitido abrir varias líneas de indagación simultáneas. Pero esta elección ha supuesto, además, una apuesta interpretativa decididamente más amplia, en tanto Berisso no sólo fue una caja de resonancia de los problemas que afectaron al conHISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 325
junto de la Argentina, sino que tuvo un protagonismo destacado en las movilizaciones de octubre de 1945, que llevaron a Perón al poder. La obra se inicia con un relato en primera persona, que describe las sensaciones experimentadas por la autora al recorrer los vestigios que quedaban, al promediar los años ochenta, de la comunidad del trabajo de Berisso. La presentación de la escena anticipa el tono melancólico que fluye de los testimonios orales que arman en parte la urdimbre del texto, una melancolía que no ocluye el recuerdo de las dificultades y las tensiones de la vida pasada. Lobato indica que el recurso a testimonios orales partió de la intención de dar voz a los sin voz y suplir el silencio de las fuentes escritas, pero que el trabajo con “grupos de recordación”, esto es, con hombres y mujeres reunidos por afinidades étnicas o comunitarias para “recordar juntos”, le dieron la posibilidad de advertir ciertos síntomas, como el silencio, que remitían a tensiones políticas y culturales. Estos síntomas le permitieron una aproximación más matizada, y por lo mismo más rica, de ese pasado. La confrontación con una extensa y variada gama de testimonios escritos e iconográficos, entre los que se destacan especialmente los archivos de fábrica, completa la urdimbre de ese acercamiento. La primera sección de la obra tiene por objeto al escenario y a los protagonistas de esta historia. La presentación del tema de la construcción de la comunidad y el tratamiento de la constitución y redefinición de identidades, en torno a los cuales giran algunas de las hipótesis centrales del trabajo, da paso al análisis de las empresas frigoríficas, destacando la singularidad de sus pautas organizativas y laborales respecto del universo industrial argentino. La reconstrucción de las plantas frigoríficas a través de fuentes empresariales, planos, fotografías, testimonios orales y ficción literaria define un campo de explotación signado por el contraste entre los modernos criterios de racionalidad aplicados a la producción y la materialidad brutal del trabajo con la carne. La fluctuación de los ciclos productivos y el predominio del trabajo no calificado definen, a su vez, la conformación de un peculiar mundo del trabajo signado por la flexibilidad laboral y la consecuente incertidumbre impuesta sobre una masa obrera en la que predominarán, hasta los años treinta, los inmigrantes extranjeros y una cuota importante y creciente de migrantes internos. La segunda sección del libro, titulada “Identidades, protesta y política”, se inicia con la exploración del mundo de la fábrica, primer escalón en la integración nacional de miles de inmigrantes provenientes de lugares tan diversos como el Este europeo, Italia, los países árabes o provincias argentinas como la de Santiago del Estero. En la tensión entre los principios de solidaridad y competencia se forjó una peculiar y cosmopolita sociedad del trabajo que no tardó en expresarse a través del conflicto. En el análisis de la evolución de las formas del conflicto y en íntima relación con el examen de las sociedades comunitarias, políticas y sindicales, resulta particularmente interesante la sugerente aproximación al doble impacto del “lenguaje RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 326
del nacionalismo” y de las transformaciones que tuvieron lugar en el espacio fabril en los años treinta. Las proyecciones políticas de estas transformaciones son analizadas a través de la praxis comunista, el rol de los grandes partidos políticos, la movilización de octubre de 1945 . La llegada de Perón al poder marca, en los testimonios orales, un hito en la historia de la comunidad del trabajo de Berisso. En el análisis de esta etapa, los grupos de recordación permiten ver cómo se construyen y operan los mitos. Si la idea de que Berisso era entonces “una hermosura” tiñe la rememoración de nostalgia, el examen de los hechos sugiere que se trata, en parte, de una nostalgia de lo que no fue. Si es cierto que los trabajadores gozaron de un reconocimiento inédito por parte del Estado, no es menos cierto que la agonía de la industria de la carne era un dato de la realidad y que las luchas por el Estatuto para la industria de la carne y por la nacionalización de las industrias frigoríficas terminaron en frustración. Otro tanto puede decirse respecto a la situación de las mujeres, cuya historia atraviesa toda la obra. Este recorrido advierte, en efecto, acerca del tiempo que insumió el procesamiento y la aceptación de los cambios impuestos en el campo laboral y en el ámbito doméstico por la irrupción de las mujeres en las fábricas y acerca del carácter más bien retórico de la prédica igualitaria que acompañó la sanción de leyes protectoras del trabajo femenino. La legislación tuvo, en los hechos, efectos bastante limitados sobre la segregación ocupacional, la discriminación salarial y el acceso a la conducción de las estructuras sindicales. La coincidencia de la caída de Perón con el definitivo declive de los grandes frigoríficos identificó el reclamo sindical con la lucha política. La historia de los trabajadores de la carne Berisso se cierra con el estudio de las transformaciones de las estructuras empresariales y sindicales y del rol desempeñado por el Estado en los años que culminaron con el cierre de los frigoríficos y con el fin de una forma de vida articulada por el trabajo. El sólido y renovador planteamiento metodológico que sostiene este trabajo de Mirta Lobato, especialmente eficaz en el abordaje de los aspectos míticos del pasado, la convierte en una obra fundamental de la historiografía sobre la Argentina contemporánea. Una obra que puede ser leída, además, como una novela sobre la utopía industrial del siglo XX.—AGUSTINA PRIETO. Molina Martínez, Miguel: Los Cabildos y la independencia de Iberoamérica. CEMCI (Col. Perspectiva Histórica), Granada, 2002, 453 págs., apéndices y bibliografía. La crisis de la monarquía española y el vacío de poder que provocaron la invasión de Napoleón y las abdicaciones de Bayona en 1808 constituyeron, como es sabido, el inicio de importantes cambios, tanto en la península como en los dominios americanos. La guerra de independencia generada por tales hechos en HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 327
España, así como la constitución de Juntas de gobierno que se consideraron legítimas representantes de los derechos de Fernando VII, tuvieron en América su lógica respuesta. Y es que la experiencia peninsular enseñó a las élites americanas la forma en que podían enfrentar la nueva situación, desencadenándose un vigoroso movimiento juntista que se inspiraba en un mismo esquema doctrinal y que estuvo dirigido por los Cabildos, una institución que había sido clave para el desarrollo de la vida urbana en los territorios del Nuevo Mundo. En este contexto histórico, por demás interesante, centra Miguel Molina su estudio. No se trata, como él mismo expone, de hacer una historia de la independencia de la América española, sino un detenido análisis de unos pocos años (de 1808 a 1814) que fueron sin duda alguna decisivos para el proceso emancipador. Es decir, la etapa que se inició con la presencia francesa en España y concluyó con el regreso de Fernando VII. Una época cuyo estudio se revela tremendamente difícil no sólo por el ritmo vertiginoso de los acontecimientos, sino también por la amplia polémica sobre el sustrato ideológico que determinó la respuesta dada en las principales ciudades americanas al conflicto planteado en la metrópoli. No hay que olvidar que, si bien fue un período muy complejo en una y otra orilla del Atlántico, en la dilatada geografía americana revistió características mucho más problemáticas, dada la diversa conformación económica y social de las provincias ultramarinas. Pero ese ha sido un reto que el autor ha sabido superar brillantemente, pues analiza ese tiempo con una minuciosidad y rigor dignos de encomio, impulsado por el propósito de desvelar las raíces y los protagonistas de todo el proceso. Partiendo del hecho de que la emancipación final fue el resultado de una sucesión de circunstancias originadas en la crisis española de 1808, el autor pone el énfasis en dos aspectos, o más bien dos tesis, que marcan el desarrollo de esta secuencia histórica. Por una parte, la unidad ideológica, de evidente raigambre hispana, que impulsó el movimiento juntista que con diferente intensidad se inició en América a partir de dicha crisis. Y por otra, el indiscutible protagonismo que los Cabildos indianos asumieron en el proceso autonomista, aun cuando la independencia no fuera, en su opinión, “una solución política conscientemente buscada ni prevista en los Cabildos ni tampoco en las Juntas resultantes”. Dos tesis que ya en la Introducción plantea Miguel Molina, adelantando lo que en los capítulos correspondientes desarrolla de forma más amplia y completa. La cuestión ideológica se expresa en el principio básico de que el vínculo de unión entre la monarquía y los reinos americanos residía en el rey, en el pacto original establecido entre éste y los habitantes de su imperio ultramarino, por lo que, desaparecido el rey, la soberanía revertía al pueblo, toda vez que con el nuevo monarca, José Bonaparte, América no había suscrito ningún tipo de pacto. En consecuencia, los pueblos americanos podían legítimamente reasumir en otra forma de gobierno la soberanía antes delegada en el rey español. Un principio doctrinal que no tenía un origen foráneo, es decir, no era fruto de la influencia de la Ilustración RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 328
europea, de la Revolución francesa o de la norteamericana, sino que se enraizaba en la tradición hispana de origen medieval y en el pensamiento político-filosófico de los tratadistas españoles del siglo XVI (Vitoria, Mariana, Suárez, etc.). Las doctrinas escolásticas, populistas y pactistas sirvieron, pues, de base a los próceres de la independencia para defender la idea de soberanía y promover el movimiento juntista ante los acontecimientos que se derivaron de la tesitura de 1808. El impacto de Locke, Montesquieu o Rousseau se haría notar posteriormente, cuando se pasara de la fidelidad a la Corona a la independencia de España, cuando se empezara a discutir la organización de los nuevos Estados y se tuvieran que elaborar los textos constitucionales. Se entiende así que Miguel Molina coincida con la afirmación de Levene, para quien la revolución que el Cabildo de Buenos Aires impulsó en mayo de 1810 se nutrió de su propio pasado, de fuentes hispanas e indianas, por lo que no puede ser considerada como una “imitación siamesca, como un epifenómeno de la Revolución francesa o de la norteamericana”. Pero fueron los Cabildos los que, haciendo valer su condición de representantes legítimos del pueblo, reclamaron los derechos de soberanía, en virtud del pactum translationis y la teoría de la reversión política contemplada en la tradicional jurisprudencia española. Como herederos de los viejos concejos castellanos, trataron de recuperar su perdida representatividad popular y se pusieron al frente de la nueva política, aglutinando y personalizando los anhelos autonomistas de las élites. De ellos surgieron las primeras Juntas de gobierno y de éstas las posteriores declaraciones de independencia. Es más, el intenso debate teórico y práctico que los Cabildos de 1808-1810 brindaron sobre su representación, la naturaleza del poder y el papel del pueblo manifiesta también su importancia para la historia del pensamiento político. Las actas de cabildo, las proclamas y otros documentos de la época que surgieron a socaire de las reivindicaciones de los Cabildos, como el Catecismo político cristiano originado y difundido en Chile, contribuyeron a configurar una etapa verdaderamente enriquecedora y con múltiples matices. Pero no menos relevante fue su papel en la transición política pues, al tiempo que en España se cuestionaba el Antiguo Régimen, los Cabildos estaban marcando el rumbo hacia la desintegración de su imperio, protagonizando de esa forma “el paso de una situación colonial a otra autonomista y fidelista que finalmente concluyó en ruptura”. Quizá por eso se ha llegado a decir que “América es continente de vida municipal y obra de sus cabildos”. En realidad, sólo el planteamiento de estos dos importantes aspectos ya constituye una notable aportación. Sin embargo, el indiscutible valor de esta obra no se queda en eso, puesto que a lo largo de los cuatro capítulos en que el estudio se ha distribuido se van desgranando todos y cada uno de los diferentes aspectos que conformaron tan crucial proceso. Consigue de esa forma Miguel Molina dar una visión clara y estructurada de los hechos en función de los numerosos y complejos factores que los determinaron. Parte así en el primer capítulo del análisis de la evolución de los Cabildos durante el período colonial, por ser HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 329
imprescindible para comprender sus actuaciones. Son, sin embargo, los capítulos 2 y 3 la parte medular del trabajo, como el mismo autor reconoce, ya que en ellos examina en profundidad el comportamiento de los Cabildos y la justificación de su actitud, así como el conflicto ideológico, las iniciativas de los diferentes Cabildos y sus consecuencias. Para ello distingue una primera fase, entre 1808 y 1809, en la que los concejos, expectantes a tenor de los acontecimientos en España, se caracterizaron por su fidelidad al rey y por su lealtad a la Junta Suprema Central. La segunda fase la fija en 1810, cuando se cuestionó la legitimidad del recién formado Consejo de Regencia y cuando las voces autonomistas cobraron fuerza a impulsos de la esperanzadora convocatoria a las Cortes de Cádiz que ese año se hizo a los americanos. Fue entonces cuando se produjo el giro desde la fidelidad a la declaración de independencia. Precisamente por ello el cuarto capítulo lo dedica al análisis del proceso constitucional que se desarrolló en Cádiz, poniendo de manifiesto cómo las exigencias de los criollos en torno a la igualdad de representación contribuyeron a configurar el mapa electoral de América, al tiempo que sus reivindicaciones revelaban la incomprensión y los recelos que separaban a los españoles de ambos lados del Atlántico. La Sección de Apéndices, que cubre el 45% de la obra, incorpora importantes textos para conocer con detalle cómo se dilucidó el proceso. Destacan no sólo los emanados de las instituciones que de una forma u otra marcaron los acontecimientos, sino también los testimonios de los actores directos, ya que sus escritos revelan sus aspiraciones, temores y, sobre todo, el bagaje cultural que sustentaba sus manifestaciones. Con el capítulo primero, dedicado al régimen municipal antes de la independencia, se trata de introducir al lector en el conocimiento del gobierno municipal que se implantó en Indias, haciéndose una apretada síntesis de su singular desarrollo histórico en diferentes aspectos hasta el momento de la independencia. Se pone así de manifiesto, en un primer epígrafe, la íntima relación que se dio en un principio entre el Cabildo indiano y el modelo castellano de tradición medieval. De esta forma, el viejo concejo castellano no sólo revivió en América, sino que, reforzado con savia nueva, llegó a adquirir más derechos que en Castilla e, incluso, más autonomía, aprovechando el enorme distanciamiento del poder central. No extraña por ello que la vitalidad y relieve político de la institución municipal en los primeros tiempos de la colonización constituyera un referente en las reivindicaciones de los Cabildos americanos ante la coyuntura de 1808. Pero, si bien fue la Corona la que sancionó el desarrollo del régimen municipal en América, también fue ella la que, mediante su política de venta de cargos, contribuyó a socavar el carácter representativo del Cabildo, convirtiéndolo en una institución oligárquica. Con todo, la última etapa del gobierno borbónico supondría una renovación municipal y, por tanto, una recuperación del antiguo prestigio de los concejos indianos. Es más, sería en el seno de los Cabildos donde se produciría “un resurgimiento de la conciencia criolla”, fruto quizá de la organiRESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 330
zación de los capitulares para eludir o desvirtuar el impacto del centralismo borbónico. Esta revitalización de la conciencia criolla explicaría el protagonismo de los Cabildos en la disolución final del Imperio. De ahí que en el capítulo segundo se aborde la actuación de los Cabildos en el período comprendido entre la primavera de 1808 y la sustitución de la Junta Central por el Consejo de Regencia en enero de 1810. Es aquí donde Miguel Molina examina ampliamente la polémica historiográfica sobre el sustrato ideológico, desarrollando a fondo la cuestión de la legitimidad del movimiento juntista que se inició en España y que más tarde se propagó por América. Su objetivo es demostrar que el establecimiento de Juntas americanas, tanto las leales al gobierno peninsular como las revolucionarias, estuvo inspirado en las teorías pactistas, es decir, en la idea de la reversión del poder al pueblo, una vez roto el vínculo establecido con el rey. Unas teorías claramente enraizadas en la filosofía escolástica y en la tradición del pensamiento político español, cuya influencia en la independencia americana se han encargado de resaltar diversos autores, empezando por Manuel Giménez Fernández, que fue quien primero puso de manifiesto el decisivo papel que las doctrinas populistas ejercieron en dicho proceso. Por otra parte, el examen de lo acaecido en diversas ciudades americanas durante los últimos meses de 1808 y a lo largo de 1809 sirve para evidenciar el comienzo de una crisis política cuyas consecuencias no se podían todavía prever. Y es que el reconocimiento por parte de la Junta Suprema Central de que las Indias no eran colonias, sino una parte “esencial e integrante de la monarquía española” y que, por tanto, debían tener representación nacional por medio de sus correspondientes diputados incitó a sus habitantes a demandar una mayor autonomía. En todas las zonas fueron los Cabildos los que, como representantes de los pueblos, tomaron la iniciativa convirtiéndose en los principales actores políticos. Con todo, las primeras respuestas americanas se caracterizaron por su lealtad al rey y se basaron en criterios políticos tradicionales, ya que en ningún momento se cuestionó la potestad del rey ni el Imperio. En las pocas ciudades donde las iniciativas fueron más radicales los virreyes actuaron rápida y contundentemente. Pero lo más importante fue que todos tomaron conciencia de su situación dentro de la monarquía, haciendo suyo además el principio de la soberanía popular. No extraña por ello que sólo bastaran dos años para que en América se pasara de un exaltado patriotismo hispánico a una generalizada y radical exposición de agravios que acabaría desembocando en la ruptura definitiva. Esta crisis, que comenzó en 1810, es analizada de forma pormenorizada en el capítulo tercero, desarrollando primero de forma general la transición hacia la independencia que asumieron los Cabildos, para luego centrarse en los lugares donde la emancipación se hizo realidad. Se va delineando así una evolución por demás interesante en la que se empieza a replantear la reiterada fidelidad a Fernando VII y se generaliza la crítica a los tres siglos de tiranía y despotismo. El mismo Consejo de Regencia brindó a los descontentos argumentos para poner en tela de juicio la legiHISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 331
timidad de la monarquía, cuando en su manifiesto a los americanos para que enviaran diputados a las próximas Cortes, en febrero de 1810, denunciaba “la arbitrariedad y nulidad de los mandatarios del gobierno antiguo”, al tiempo que les hacía ver que “vuestros destinos ya no dependen ni de los ministros, ni de los virreyes, ni de los gobernadores: están en vuestras manos”. El texto parecía una invitación a liberarse de la servidumbre padecida durante tres siglos y, lógicamente, estimuló la iniciativa de constituir gobiernos propios, pues los americanos comenzaron a tomar conciencia de su propio destino, tal como se puso de manifiesto en Caracas, Buenos Aires, Chile y Nueva Granada. Finalmente, el objetivo del último capítulo es ofrecer una visión del proceso que se siguió para la representación americana en el gobierno español y del debate que se desarrolló en las Cortes sobre las cuestiones municipales. Su interés radica en su planteamiento, ya que, si en los dos capítulos anteriores se analizan los hechos desde la perspectiva americana, en éste último se relata el proceso desde la óptica peninsular, poniéndose de relieve cómo el desarrollo de los acontecimientos en España y la política liberal seguida por la Regencia brindaron a los habitantes de las Indias un inestimable apoyo en sus reivindicaciones. La pretensión de los liberales españoles de liquidar el viejo Estado patrimonial y su proclamación de la igualdad de derechos no hicieron sino ratificar las aspiraciones de autogobierno de los ideólogos americanos. En este contexto, el protagonismo de los diputados americanos en las Cortes de Cádiz, a pesar de su corta representación, sirvió para que se planteara un programa de reformas orientadas todas a conseguir los máximos derechos políticos y económicos, de acuerdo con las demandas contenidas en las Instrucciones que los Cabildos habían elaborado. Sin embargo, las esperanzas se derrumbaron cuando el regreso de Fernando VII acabó con el sistema constitucional que con tanto esfuerzo se había gestado. En América se trató entonces de restaurar el viejo orden, combatiendo sus autoridades todos los movimientos de insurgencia, con lo que la guerra civil se expandió por todo el territorio, cerrándose así el ciclo 1808-1814. En fin, una excelente obra que encierra todo un mundo de ideas y sugerentes interpretaciones sobre una problemática que tuvo, qué duda cabe, una importantísima repercusión para el mundo hispanoamericano. Miguel Molina viene a culminar con ella el otro magnífico estudio que sobre El municipio en América nos brindó en 1996. Lógicamente también aquí se pone de manifiesto el buen hacer de su autor, al que en este caso sólo cabría hacerle una crítica: que se haya encubierto la inmensa labor de recopilación bibliográfica que encierra. Y es que son numerosos los autores y títulos citados a lo largo del texto que incomprensiblemente no aparecen reflejados en la Bibliografía que se expone al final, dando la impresión de una precariedad bibliográfica que en modo alguno es real. De todas formas, no por ello deja de ser una valiosa monografía que sin duda alguna será de obligada consulta para todo el que se interese por los Cabildos indianos y su responsabilidad en la independencia de la América Española.—MANUELA CRISTINA GARCÍA BERNAL. RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 332
Musset, Alain: Villes nomades du Nouveau Monde. Prólogo de Jean Pierre Berthe. Éditions de l’École des Hautes Études en Sciences Sociales. Paris, 2002, 397 págs. Índices topográfico, de personas y temático; 23 mapas y 41 fotografías. Lo primero que llama la atención en el libro es su título, que encierra una aparente contradicción. Y es que el autor se ha dejado seducir por el innegable atractivo de lo contradictorio. Lo explica con toda claridad: quiere estudiar una paradoja; la de unas ciudades, creadas para durar, pero que, en la realidad, están en un movimiento casi constante. Se trata de las ciudades españolas levantadas en el Nuevo Mundo durante la época colonial. Esas que fueron más de 200 y que constituían la columna vertebral del imperio español en América, un signo de su triunfo y de su permanencia...pero que, paradójicamente, 160 de ellas sufrieron un traslado. Y como varias de ellas se trasladaron más de una vez, nuestro autor ha tenido que estudiar la impresionante cifra de 273 cambios. El propio Alain Musset nos dice que ha dedicado siete años a esta investigación y que a lo largo de esos años ha recorrido el territorio americano desde el Río Grande en México al Río Bio-Bio en Chile y ha visitado algunos de los principales archivos españoles y americanos. Se trata, con todo, de una vieja línea de análisis para este autor que él denomina “géographie du temps long” o “Géographie historique”, a la que lleva dedicándole por lo menos entre quine y veinte años de estudio. Baste como prueba su obra publicada hace ya doce años De l’eau vive à l’eau morte, dedicada a los problemas hidráulicos del valle de México entre los siglos XVI y XIX. En Villes nomades du Nouveau Monde, como en sus libros anteriores, Alain Musset muestra su polifacética formación: es geógrafo e historiador y si se lo permiten las circunstancias hace de arqueólogo y de antropólogo. Lo dice con toda claridad: quiere trasmitir al lector “le plaisir de la quête, la variété des approches, le mélange des disciplines”. Al preguntarme ¿cuáles son los objetivos básicos de su libro? me atrevo a resumirlos en dos: En primer lugar quiere establecer una “Théorie du transfert de ville” estableciendo con claridad las causas y la tipología de esos traslados en función de la “amplitude”, es decir de la distancia a la que se producen; la “densité”, es decir de la cantidad de traslados realizados en una misma zona geográfica; el “rythme” o tiempo transcurrido entre cada traslado y de “fréquence” o cantidad de traslados que sufre una misma ciudad. Pero, en segundo lugar, Alain Musset quiere mirar debajo de lo que es una simple relación y clasificación de acontecimientos. Sabe bien que todo lo interesante ocurre en las sombras y por eso es tan útil estudiar los momentos de crisis. En ellos se produce una verdadera inflación documental, que arroja un potente haz de luz sobre los más secretos y verdaderos aspectos de la historia de los seres HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 333
La tarea de reconstruir la representación democrática es quizá la más clara, y en este sentido es bastante esencial la crítica, tanto del qualunquismo como de los actuales partidos, en la que coinciden Mocca, Novaro y Palermo. Quizá deba también subrayarse la idea de Palermo de que la opción por un nuevo proyecto económico y social puede pasar por renovar la apuesta a lo que significó —y puede volver a significar, tras la devaluación del peso— Mercosur, como economía productiva, integración de mercados y avance progresivo hacia la creación de un marco institucional coordinador y regulador. Convencer al público argentino de que el futuro pasa por una mayor integración con Brasil puede no ser una tarea fácil, pero tampoco es tan sencillo pensar una propuesta mejor.—LUDOLFO PARAMIO. Plotkin, Mariano Ben: Freud in the Pampas. The Emergence and Development of a Psychoanalytic Culture in Argentina, Stanford University Press, Stanford, 2001, 314 págs. En 1999 y como parte de mi trabajo de campo acerca de las memorias sobre el célebre Servicio de Psiquiatría (o Psicopatología, o Salud Mental) del hospital llamado El Lanús, mantenía uno de mis frecuentes encuentros con un grupo de dos psicólogos y dos psicólogas en “Sigi”, un café ubicado en una zona de Buenos Aires que, por la gran concentración de consultorios psicoanalíticos, ha recibido el nombre de “Villa Freud”. Mis interlocutores, algunos de mi misma edad, se hacían llamar “psicoanalistas”, aunque ninguno de ellos había realizado su formación como tales en alguna asociación. La conversación era animada, y pronto derivó a otros temas que trascendían su experiencia institucional en el mencionado servicio hospitalario; ellos querían saber también sobre mí: si me había analizado alguna vez, qué opinión tenía del psicoanálisis, por qué no estaba analizándome en ese momento, si había estudiado la obra de Sigmund Freud (y Jacques Lacan) antes de emprender mi investigación... En cierto momento, se me ocurrió comentarles que, de acuerdo a la información de que disponía, el psicoanálisis no tenía en Europa una gran importancia como teoría y práctica en el abordaje de problemáticas de enfermedad mental; lo cual contrastaba notablemente con la situación argentina. Les manifesté que, si era cierto que el psicoanálisis estaba en franco retroceso en Europa, resultaba enigmática la persistencia de su vigencia en nuestro país. Se miraron en silencio unos segundos, sonrieron cómplices, hasta que uno de ellos me dijo con absoluta convicción: “En realidad, lo que habría que preguntarse es por qué el psicoanálisis no ha sido aceptado en esos países”. De allí hasta el final del encuentro permanecí casi en silencio; sentía que poco importaba que les dijese que, a mi modo de ver, lo correcto era interrogarse primero por lo que parecía ser una tendencia que no se ajustaba a las reglas generales. Tampoco tendría sentido preguntarles si el lugar preponderante del psicoanálisis en RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 340
nuestro país —lo cual, presumiblemente, debía hacernos más felices que a los europeos— podía traducirse en algunos indicadores “objetivos” respecto al estado de la salud mental. En realidad, difícilmente alguien acepta interrogar aquello que le sirve para formular sus explicaciones, aquello que constituye la sustancia principal de su comprensión del mundo. Esta es la situación habitual del psicoanálisis en la Argentina —¡y no sólo del psicoanálisis!—, y sobre la cual el historiador Mariano Ben Plotkin decide hacer su punto de partida. Freud in the Pampas es una investigación que nos invita a interrogar, justamente, esta peculiaridad del psicoanálisis en la Argentina: el de ser un mundo aceptado como dado (a world taken for granted), según la célebre expresión del sociólogo Peter Berger. En modo magnífico, Plotkin hace de esta cualidad el motor de su indagación, la cual diseñará con una pregunta tan simple como profunda: ¿cómo ha sido posible esto? Lo más notable reside en que la respuesta a este interrogante lo llevará, inexorablemente, tanto a una investigación sobre el psicoanálisis en la Argentina como sobre la Argentina misma. El predominio del psicoanálisis en la Argentina constituye un fenómeno singular, si se compara su desarrollo y su lugar excepcional respecto al de otros países de América Latina y Europa1. Es el dominador de un vasto campo ocupado por un heterogéneo conjunto de prácticas vinculadas al tratamiento de las dolencias mentales. Este conjunto de prácticas, designado en términos nativos como “psi”, cobija en la actualidad a psiquiatras, psicólogos, psicopedagogos, asistentes sociales, terapistas ocupacionales, psicomotricistas y musicoterapeutas, así como a todo un amplio espectro de teorías, terapias e instituciones. Pese al avance desde los años 1990 de una serie de terapias denominadas “alternativas” (jüngianas, corporales, el control mental, la meditación trascendental o las técnicas de autoayuda, entre otras), el psicoanálisis2continúa conservando su predominio por el gran número de adeptos (psicoanalistas y pacientes), por la gran cantidad y el peso de sus instituciones, y por su extensa difusión en la sociedad; especialmente en Buenos Aires, la ciudad argentina donde ha adquirido un mayor desarrollo3, el cual no sólo se expresa en el ya apuntado predominio en los tratamientos de las 1 Otros datos parecen probar un liderazgo de Brasil. Por ejemplo, se habla de 40000 psicólogos para el estado de San Pablo, de los cuales el 50% residiría en la ciudad de San Pablo. Esto ubicaría a Brasil como el tercer mercado mundial de psicoanálisis, y lleva a predecir su ascenso al segundo lugar en un futuro próximo, detrás de los Estados Unidos (Berlinck 1989; Russo 1993:20-21). Por su parte, Birman (1990) sostiene que existen hoy en Brasil más instituciones psicoanalíticas que en cualquier país europeo, y no duda en declarar a Río de Janeiro como la capital psicoanalítica de América Latina. 2 Su declinación es explicada, básicamente, por la caída en la capacidad económica de los sectores medios para poder solventar tratamientos intensos y prolongados (lo que los lleva a buscar alternativas menos onerosas), como por la búsqueda de soluciones terapéuticas más rápidas. 3 También posee una importante presencia en otras ciudades, como La Plata, Rosario y Córdoba. HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 341
dolencias mentales. Constituye una voz pública autorizada presente habitualmente en los medios masivos de comunicación, tratando los más variados asuntos4. Por otra parte, muchos conceptos psicoanalíticos están incorporados —sin conservar necesariamente su significado especializado— a las formas cotidianas del lenguaje5. Es este complejo y desafiante panorama el que se propone enfrentar Plotkin. El libro constituye, como lo expresa el autor, un estudio sobre la “emergencia y desarrollo de una cultura psicoanalítica en la Argentina”. Según acuerdo a Plotkin, resulta paradójico escuchar desde comienzos de los años 1980 la reiterada pregunta “¿por qué el psicoanálisis ha arraigado tanto en la sociedad argentina?”, al mismo tiempo que las investigaciones sistemáticas que podrían responderla han sido escasísimas. Para Plotkin, no hay dudas de que el mismo carácter “dado” que asume el psicoanálisis en el contexto argentino conspira contra la posibilidad de constitución de un campo de estudios historiográficos y sociológicos que haga de aquel su objeto; esto demandaría la necesidad de su problematización, esto es, la relativización metodológica de sus valores de verdad respecto a otras teorías del psiquismo, y su visión como una forma sociocultural específica producto de condiciones sociales e históricas peculiares. Esto es lo que permitirá entender la singularidad del desarrollo del psicoanálisis en la Argentina respecto a otras formas sociales y políticas, como la francesa o la estadounidense. El carácter “dado” del psicoanálisis no sólo le permite a Plotkin explicar la ausencia de un campo consolidado de estudios historiográficos y sociológicos sobre el psicoanálisis en la Argentina, así como la escasez de investigaciones empíricas específicas; en realidad, su propuesta va más lejos, ya que Plotkin hace de ese carácter “dado” el objeto de su indagación. Su cometido medular radica en responder cómo ha llegado a adquirir semejante peculiaridad en la Argentina, al punto de constituirse en una suerte de sistema clasificatorio organizador de múltiples experiencias, condición que lo emparenta —o directamente lo asimila— a otras creencias colectivas, como las religiosas. Claro está que esta analogía conlleva un posible juicio respecto a la naturaleza del psicoanálisis como teoría científica, o como pers4 Programas de radio y televisión, diarios y revistas no dejan de tener un espacio reservado para la difusión del psicoanálisis o para la divulgación de “consejos”. Los temas que suelen requerir de la palabra del psicoanálisis en los medios pueden comprender desde cuestiones más familiares a sus preocupaciones profesionales (conflictos de pareja, o entre padres e hijos, que son tratadas, generalmente, en secciones dedicadas a la mujer), hasta problemáticas sociales, culturales, económicas y políticas de actualidad (Vezzetti 1994), que han demandado la palabra autorizada de los psicoanalistas. Además, el cine, el teatro y la televisión argentinos han tomado en numerosas ocasiones la terapéutica psicoanalítica como nudo argumental a través del cual relatar conflictos. 5 Valen a modo de ejemplo las apropiaciones de “inconsciente” y “subconsciente”, “culpa”, “fallido”, “asociar”, “yoico”, “edípico”, “reprimido”, “movilizar”, “histérico/a”, “neurótico/a”, y neologismos como “histeriquear” (seducir sin concretar), “psicopatear” (inducir sentimientos de culpa), o “brotarse” (enloquecer). Debe tenerse en cuenta que estos usos terminológicos están difundidos diferencialmente entre las clases y sectores sociales, siendo principalmente propiedad de los sectores medios. RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 342
pectiva racional de la conducta humana; pero la pretensión de Plotkin va mucho más allá de un mero ejercicio de relativización: nos sugiere que en la Argentina, y para vastos sectores sociales, el psicoanálisis representa una Weltanschauung, como la ha denominado Sérvulo Figueira para Brasil (Figueira 1991:435), un modo acostumbrado, seguro, confiable de interpretar los más diversos problemas, desde los conflictos personales hasta la esfera política. Por esta razón, y al igual que Figueira, Plotkin conceptualiza al psicoanálisis como una cultura. Pese a ciertos riesgos que entraña esta operación, Plotkin no cae en la tentación de atrapar la presunta esencia de la Argentina oculta en el lenguaje psicoanalítico; muy por el contrario, lo que Plotkin pretende es mostrar cómo las ideas y prácticas psicoanalíticas se han entrelazado profundamente con prácticas y perspectivas locales, al punto que no sólo el psicoanálisis ha brindado interpretaciones, sino que el mismo psicoanálisis ha adquirido sentidos, variantes o versiones propias de los contextos locales específicos. Desde este punto de vista, el enfoque de Plotkin difiere de aquellos que sostienen a rajatabla la universalidad de elaboraciones intelectuales como el psicoanálisis. Cuando se adopta esta última perspectiva, resulta imposible no concluir en la existencia de formas puras, verdaderas, originales vs formas impuras, desviadas, espurias; perspectiva que ha seguido, por ejemplo, Germán García (1978) en sus trabajos sobre la introducción del lacanismo en la Argentina, y que resulta funcional a las pretensiones de legitimidad que una posición posee en un campo respecto a otras con las cuales se encuentra en disputa6. Para el analista del psicoanálisis en tanto práctica socio-cultural, todas las versiones constituyen el campo. Plotkin readapta el análisis de la difusión de los “bienes culturales”, sin pretender estudiar las divergencias entre las formas originales surgidas a fines del siglo XIX en Austria, con sus adaptaciones “locales”, en su caso, Argentina de la primera mitad del siglo XX. Su pretensión reside en abordar las formas especificas que el psicoanálisis ha adoptado de acuerdo a los contextos en que se inscribe. A mi juicio, esta estrategia nos aleja de la pregunta habitual, casi obligada: ¿por qué el éxito o predominancia del psicoanálisis en la Argentina? Aunque parezca sensata, esta pregunta nos conduce al callejón sin salida de las explicaciones causales, a la búsqueda de factores determinantes o al hallazgo de esencias inmutables7. Por el contrario, Plotkin demuestra que la pregunta es inútil, porque no es posible identificar un fenómeno homogéneo e inalterable al 6 En cierto modo, este enfoque también trasunta algunos análisis que tratan de interpretar la adopción peculiar del psicoanálisis en los Estados Unidos en el marco del pragmatismo y el puritanismo dominantes, y que lejos de pretender relacionarlo con contextos culturales locales, intentan diagnosticar la etiología de su alteración. 7 Al respecto, han sido invocados como factores explicativos el alto componente inmigratorio del país, el supuesto de la consecuente carencia de identidad nacional, y la búsqueda de identidades alternativas basadas en los valores seculares e individualistas de las profesiones liberales, sumadas a su capacidad para constituirse como alternativa profesional exitosa dentro de la medicina para la clase media ascendente (Balán 1991:230-231). HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 343
cual denominar psicoanálisis, sino que, por el contrario, resulta más apropiado reconocer una pluralidad de expresiones, muchas de ellas en abierta oposición, que se reconocen como “psicoanalíticas”. De tal modo, es a esta diversidad de formas enraizadas en los contextos locales y a sus procesos de conformación a lo que debemos atender. Plotkin procede, en este sentido, como un antropólogo social: elude el problema nativo de buscar el auténtico psicoanálisis para diferenciarlo de formas espurias o desviaciones, y prefiere trabajar en un terreno más amplio de discursos y prácticas que invocan a Freud en busca de su legitimidad. Por lo tanto, la gran virtud de este enfoque es no dar por sabido qué es el psicoanálisis, sino tratarlo como una categoría indexical que asume y ha asumido diferentes sentidos en diferentes contextos, y que este es el auténtico problema a resolver. Así, Plotkin prolonga el esfuerzo pionero de Hugo Vezzetti (1989, 1996) por romper con las visiones teleológicas que generalmente adoptan las historias del psicoanálisis cuando son narradas por los psicoanalistas; en este sentido, Plotkin le devuelve al psicoanálisis en la Argentina su dimensión histórica, social y cultural. Plotkin combina diferentes fuentes para generar sus datos: desde revistas especializadas (médicas, psiquiátricas, o específicamente psicoanaliticas) hasta de divulgación masiva (diarios, revistas populares, etc.), dado su interés por entender las formas y alcances de la difusión psicoanalítica más allá de los medios científicos e intelectuales. Pero la diversidad de fuentes es aún mayor, incluyendo entrevistas personales realizadas por el autor con representantes significativos del mundo psicoanalítico. El libro está organizado en nueve capítulos que expresan una periodización de “la emergencia y desarrollo del psicoanálisis en la Argentina”. Los dos primeros capítulos analizan la cuestión de “los comienzos”; en el primero, Plotkin estudia la recepción del psicoanálisis en círculos médicos e intelectuales a comienzos del siglo XX, mostrando cómo el mismo fue apropiado y discutido con fines extrictamente científicos. Lo que pretende mostrar Plotkin es que al tiempo de la fundación de la Asociación Psicoanalítica en 1942, ya existía una importante y amplia difusión, lo cual presuponía la presencia de una demanda. De tal modo, Plotkin se aleja así de los relatos míticos que la propia Asociación ha generado desde sus comienzos, en los cuales se ha presentado a sí misma como “creadora única” del psicoanálisis en la Argentina. La creación y organización de esta institución como organización profesional es el foco del capítulo 2. En él, como también en buena medida en el capítulo 1, Plotkin destaca la íntima relación entre ciertos factores políticos e ideológicos que coadyuvaron al desarrollo peculiar del psicoanálisis en los tempranos años 1940. Específicamente, muestra cómo la polarización ideológica que estructuró la sociedad argentina en los años 1930 y 1940 (conservadores y radicales, nacionalistas y liberales, peronistas y antiperonistas) impactó fuertemente sobre el naciente campo, al punto de dotarlo de características propias, una cuestión que también había sido tratada por Jorge Balán (1991). RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 344
Los capítulos 3 y 4 se centran en el llamado boom de los años 1960, cuando el psicoanálisis llegó a ser no sólo la perspectiva dominante en el campo de los problemas de la salud y la enfermedad mental en la Argentina, sino una concepción del mundo, un sistema interpretativo y un lenguaje útil para dar sentido a los más variados aspectos de la vida social. Es en estos capítulos donde se puede observar el surgimiento de la llamada cultura “psi”, que codifica todos los ordenes de la realidad invocando argumentos psicoanalíticos o, de algún modo, postula una pretendida filiación freudiana. Época de explosión de formas, de experimentación, de hibridación, en el que no sólo se consolida la institución madre, la Asociación Psicoanalítica Argentina, sino que numerosas formas terapéuticas y encuentros intelectuales desafían las ortodoxias. De especial interés para una obra que se propone estudiar procesos de difusión cultural lo constituye el análisis sobre los “difusores” de las ideas psicoanalíticas, agentes que cumplieron un rol activo tanto especialistas o como escritores populares. Pero tal vez sea la tesis albergada en estos capítulos uno de los aspectos más inquietantes del libro: el psicoanálisis habría constituido un canal a través del cual se validaron valores profundamente enraizados en la sociedad argentina. De este modo, Plotkin propone centrarse en cómo las diferentes expresiones del “psicoanálisis” encuentran ya disponibles concepciones locales respecto a la familia, a la persona, al cuerpo, a la mente, a la sexualidad, a la patología o a la locura, forjadas por modos propios, locales, cómo estas concepciones son o bien afianzadas, modificadas, desafiadas o transformadas por el psicoanálisis, y cómo el psicoanálisis es, a su vez, afianzado, modificado, desafiado o transformado por ellos. Éste es un gran mérito del libro de Plotkin, porque ayuda a derribar la imagen que el propio psicoanálisis difunde sobre sí mismo: la de un indómito pensamiento revolucionario. La difusión presentada en estos capítulos es analizada por Plotkin en los capítulos siguientes (5, 6 y 7) en diferentes contextos, como el campo psiquiátrico (donde se encarga en buena medida de desmentir la visión esquemática que sostenía una recalcitrante oposición entre psiquiatría y psicoanálisis), el campo de la psicología (y su profesionalización) y el campo político e intelectual, especialmente el encuentro producido en los años 1960 con el emergente campo político e intelectual de la izquierda. Este tema en concreto se prolongará en el capítulo 8, donde Plotkin aborda la politización y radicalización de la sociedad en la primera mitad de los años 1970 y, por ende, del psicoanálisis; allí inscribe Plotkin la aparición y desarrollo de uno de los fenómenos más notables del psicoanálisis argentino en los años posteriores: el predominio de las perspectivas de Jacques Lacan. Finalmente, Plotkin propone una mirada sobre la situación presente a través de un capítulo —más especulativo que fáctico— centrado en los efectos del terrorismo de estado llevado a cabo por la última dictadura militar sobre el campo psicoanalítico. Aquí, Plotkin señala que las autoridades militares del Proceso podrían haber adoptado partes del discurso psicoanalítico más conservador, como en lo tocante a los valores tradicionales sobre la familia. Las similitudes encontradas por HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 345
Plotkin son sugestivas, aunque tal vez abonen más la tesis de un fondo ideológico común del que ambos proceden. Existen dos aspectos sobre los cuales me gustaría realizar alguna puntualización. El primero de ellos apunta directamente al uso de la noción de cultura. La misma se emplea como sustantivo en un modo que incluye, ante todo, al psicoanálisis y a la misma Argentina; en segundo lugar, como adjetivo, para referirse a un determinado aspecto de la vida social. Si uno se detiene en ciertas menciones expresas, por cultura se está entendiendo un sistema interpretativo, en el sentido semiótico del antropólogo norteamericano Clifford Geertz. De tal forma, decir “cultura psicoanalítica” equivale a concebir al psicoanálisis — o sus versiones— como un sistema interpretativo. En cambio, cuando Plotkin alude a la “cultura Argentina”, parece apelar a una noción diferente, más emparentada con las tradiciones culturalistas, ¡porque no es posible pensar en un sistema interpretativo general y homogéneo! El segundo está relacionado con la cuestión del lugar e importancia del psicoanálisis en la sociedad argentina. Está claro su peso en el mundo “psi’, y su importancia en la constitución de las capas medias en la Argentina. Ahora bien, entiendo que el libro abre notables perspectivas para prolongar las investigaciones respecto a la difusión social del psicoanálisis —que lo llevaron a cristalizarse como sistema interpretativo común a numerosos sectores de la sociedad argentina—; en este sentido, son indispensables futuras investigaciones que puedan complejizar aún más el ya rico panorama brindado por Plotkin, estudiando la difusión en otros sectores y contextos, incluso ahondando en las perspectivas de los sectores populares, en una dirección semejante a la investigación realizada por el antropólogo brasileño Luiz Fernando Dias Duarte (1986). Finalmente, como he adelantado al comienzo de esta reseña, el libro no sólo constituye un estudio para comprender el desarrollo específico del psicoanálisis en la Argentina, sino también la Argentina, o más bien diversos aspectos de su organización social y cultural como el campo intelectual, las organizaciones profesionales, la organización del estado, las universidades o la esfera política. En particular, muestra una clave de lectura para entender la conformación de campos intelectuales y profesionales en la Argentina, estrechamente dependientes no meramente de los procesos políticos específicos, sino de los procesos mediante los cuales los campos intelectuales y profesionales son atravesados por las lógicas del mundo político. A través del estudio histórico del desarrollo y difusión de prácticas e ideas psicoanalíticas, Plotkin ha intentado entender la particularidad de la Argentina, o de algunos de sus sectores —específicamente, capas medias, profesionales, académicos, intelectuales— y aspectos; su lúcida indagación y profusa información constituyen una valiosa contribución a los fines de entender a una nación latinoamericana que, desde Buenos Aires ha, obcecada y a veces desesperadamente, insistido en afirmar una naturaleza europea en las Pampas.—SERGIO EDUARDO VISACOVSKY. RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 346
Bibliografía BALAN, Jorge — 1991 Cuéntame tu vida. Una biografía colectiva del psicoanálisis argentino. Planeta, Buenos Aires. BERLINCK, Manuel T. — 1989 “Difusao e construçao”. En: Birman, Joel (org.), Freud-50 anos depois. Relume Dumará, Rio de Janeiro. BIRMAN, Joel — 1990 “Antídoto contra as seitas”. En: Jornal do Brasil, caderno Idéias/Livros 208. DIAS DUARTE, Luiz Fernando — 1986 Da vida nervosa nas classes trabalhadoras urbanas. Jorge Zahar Editora, Río de Janeiro. GARCÍA, Germán — 1978 La entrada del psicoanálisis en la Argentina. Obstáculos y perspectivas. Altazor, Buenos Aires. RUSSO, Jane — 1993 O Corpo contra a Palavra. As Terapias Corporais no Campo Psicologico dos anos 80, Universidade Federal do Rio de Janeiro, Rio de Janeiro. VEZZETTI, Hugo — 1989 Freud en Buenos Aires. 1910-1939. Puntosur, Buenos Aires. — 1994 “El psicoanálisis y la esfera pública”. Punto de Vista 50: 19-22. — 1996 Aventuras de Freud en el país de los argentinos, de José Ingenieros a Enrique Pichon Rivière. Paidós, Buenos Aires. VISACOVSKY, Sergio Eduardo — 2002 El Lanús. Memoria y política en la construcción de una tradición psiquiátrica y psicoanalítica argentina. Alianza, Buenos Aires. Rabasa, José. The Historiography of Sixteenth-Century New Mexico and Florida and the Legacy of Conquest, Writing violence on the Northern Frontier. Duke University Press, Durham and London, 2000, 359 págs. Nos parece que el último libro de José Rabasa (catedrático de literatura latinoamericana en la Universidad de California, Berkeley) continúa en su esencia algunas de las singladuras ya perceptibles en su primer libro Inventing America : Spanish historiography and the formation of Eurocentrism (1993). Las podemos sintetizar así: intentar sacar a la luz del día algunos de los violentamientos, o procesos de subordinación, que constituyen las diacronías Euro-Americanas; intentar relativizar toda contracción, retraimiento hermenéutico o incluso ignorancia deliberada (Eurocentrismo letrado o no), cuando no vaciarlo de contenido; y finalHISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 347
mente intentar reivindicar para un presente y un futuro estas dimensiones subordinadas (llámense éstas los indios de las Indias Occidentales, la América anterior y posterior a la tradición de la Ilustración, los mundos subalternos dentro y fuera de la actual geografía de los Estados Unidos, etc.). Al lado de un autor mayúsculo como es Antonello Gerbi, podemos definir la sensibilidad intelectual de Rabasa (1948- ) como indigenista y postcolonialista (págs. 16-20, 275-84), en el sentido de que intenta pensar la fuerza futura del legado colonial de la Europa del Renacimiento en América, siendo consciente de las tremendas dificultades de hacer esto dentro y fuera de los departamentos de español y portugués, dentro o fuera de los Estados Unidos. Las cuestiones con las que se encara Writing Violence on the Northern Frontier son mayores. Lo más importante es seguir haciéndose estas preguntas aun cuando nos presenten, de momento, muros casi imposibles de saltarse. Writing Violence on the Northern Frontier consta de seis capítulos y de un breve epílogo. Nos atrevemos a ordenar nuestra reseña invirtiendo el orden del libro dando prioridad a lo que estimamos sobresaliente. El epílogo cuestionador de algunas nociones de historia, en diálogo con el historiador de origen indio Dipesh Chakrabarty, se nos antoja rico en sugerencias, si bien insuficiente. Las cuestiones son vitales, desde un punto de vista intelectual, para todos aquellos interesados por los avatares de los horizontes históricos en el contexto contemporáneo. ¿Dónde, cuándo, cómo, por qué, para qué, con quién empezar a reconstruir eso de “modernidad,” o actualidad, dentro, de manera consciente o no, de la matriz capitalista?, es, claro, fundamental e ineludible. Otra cosa es que la envergadura de la cuestión deje nuestro empeño corto. Si el mundo angloparlante de la Europa rica transplantada a los reductos educativos en los Estados Unidos comienza la historia del mundo significativo en el siglo de las Luces, ¿nos quedamos nosotros aquí también dóciles y sonrientes? Rabasa, en diálogo con voces disidentes como la de Chakrabarty, nos empieza a ayudar diciéndonos que de ninguna manera. Ahora bien, ¿dónde pueden estar las fuentes de inspiración, los puntos de referencia, los léxicos liberadores? La pregunta es sobrecogedora, tal vez no los haya, y uno tal vez no deba apresurarse a contestar con fidelidad ciega a los lazos de sangre, las afiliaciones nacionales, los quehaceres profesionales, etc. Este epílogo es en verdad punto de arranque del quehacer de Rabasa con respecto a un tableau vivant de personajes circunscritos anteriormente a la Ilustración.Writing Violence on the Northern Frontier contiene el gesto importante de incluir los olvidos patológicos al respecto del Suroeste de los EEUU, la zona más hispanizada de ese país aún hoy día. Y esto ya levanta ampollas en esta nación de inmigrantes que se desconoce a sí misma tanto como desconoce al resto del mundo. El mundo como pluralidad de mundos, la equiparación de la subalternidad y la historicidad de mundos coloniales, que ciertamente nos incluye, y el reto por intentar imaginar otros tipos de historia que no sean representacionales, son tres cuestiones que, sin ser exclusivas del quehacer de Rabasa, también lo constituyen. El capítulo sexto versa sobre algunas visualizaciones de antagonismos y violenRESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 348
cias, ya se trate de “anti-hispanismo” (así queremos traducir lo de anti-Spanish). Es lo que se suele solventar con la exitosa apelación de la “leyenda negra”. No se trata para Rabasa, claro, ni de “limpiar, fijar y dar esplendor”, ni de corregir atribuciones, ni de elegir entre buenos angelitos voladores o malos demonios tentadores, sino de luchas de poder entre potencias europeas y de cómo éstas lanzan al imaginario colectivo de las generaciones siguientes sus interesadas propuestas hermenéuticas. Las acusaciones de Bartolomé de las Casas son apropiadas por grandes ilustradores como Théodore de Bry (1594) y otros manuscritos ilustrados menos conocidos en la Universidad de Michigan, para ensuciar la cara imperial de los vecinos del sur. Se explicita y se estetiza así una violencia imperial que incluye varias modalidades y juegos de apropiación y atribución, inculpaciones y defensas. Entre éstas estarían La España defendida y los tiempos de ahora, de Francisco de Quevedo, y la Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme (1601-15), de Antonio de Herrera y Tordesillas. No me queda clara la diferenciación entre alegoría y simbolismo (págs. 236-7), tampoco la sensación táctil (haptic dimension) de dichas ilustraciones. No entiendo bien qué quiere decir eso de cierto llamado sentimental, lo de feeling right (pág. 241); o cómo la apelación a una posible “pluralidad de modalidades interpretativas de recepción auricular” se pueden relacionar con los grabados de De Bry (págs. 201, 225, 236, 249), puesto que el acercamiento de Rabasa es eminentemente (pan-)textualista, impresionista (pág. 73) siempre dentro de textos. Rabasa no lee estos textos coloniales a la manera de Roger Chartier, siempre encerrados, o incluso naturalizados, en el formato libro. Hay poquísimos folios que constituyen la excepción que confirma esta regla. El capítulo quinto trata del magnífico escritor Garcilaso de la Vega (15391617), autonombrado “inca”, “mestizo” e “indio”. Rabasa se centra en la aserción de “indianidad” de Garcilaso como marca explícita y diferencial de su condición subordinada con respecto a la matriz de inteligibilidad europea. Es una pena que no juegue este autor a contrastar a Garcilaso de la Vega con Felipe Guamán Poma de Ayala, un locus classicus en la crítica colonial que amerita ya unos cuantos libros y muchas páginas. “Indio” está claro que hay que entenderlo como “originario de las Indias Occidentales”. Es decir, como “americano”, en este caso de origen criollo-hidalgo ilegítimo y transplantado a la república de las letras en un contexto de la Península Ibérica del XVll (se nos ocurre una conjetura: ¿no puede ser este Garcilaso una cierta posibilidad de imagen de espejo histórico invertido del mismo autor deWriting Violence on the Northern Frontier, de la misma manera que la figura de Calibán lo ha sido para Roberto Fernández Retamar y otros?). No queremos entrar ahora en desacuerdos con Rabasa. Lo importante es hacer notar que Garcilaso de la Vega representa para él en esencia la utopía de una coexistencia tolerante de mundos desiguales propia de una sensibilidad marginal y literaria. Llena de sugerencias es la yuxtaposición del “indio Inca” Garcilaso con Baruch Spinoza (1632-1677) en la ya nueva metropolis de Amsterdam. O la de éstos con HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 349
dad del colectivo de exiliados españoles afincados en Argentina, tanto con respecto a los inmigrantes, sobre todo de su mismo origen, como con respecto a otros exilios como el de judíos centroeuropeos, alemanes e italianos, que son utilizados como espejo y contrapunto permanente. Ello le permite afinar el análisis y llegar a conclusiones originales acerca de las estrategias políticas y personales de los exiliados republicanos y, sobretodo, acerca de su ambivalencia identitaria, que comparten en buena medida con todo exilio, como bien lo señala Said al analizar el caso palestino. La adopción de esa perspectiva permite a su vez a Swarzstein situarse en el fluir mismo de la corriente de renovación de los estudios migratorios que con tanto éxito ha rescatado en los últimos años el papel activo de sus actores, en detrimento de aquella visión que los considera mero subproducto pasivo de políticas y procesos socioeconómicos amplios, sólo abordables con eficacia a través del análisis de sus grandes variables Al tomar como eje el estudio de un tipo de identidad colectiva, el ensayo alude como tema principal a la compleja y tan debatida cuestión de la recuperación de la memoria, con sus múltiples combinaciones de elementos subjetivos y plurales. Propone como herramienta, y a la vez como resultado de esa recuperación, un tipo de Historia Social que surge del diálogo entre la memoria y la historia y de la reconversión de la primera en la segunda. Es aquí donde juega un papel central la Historia Oral. A la reivindicación de la Historia Oral como herramienta y como corriente de estudio histórico se dedica el primer capítulo. Algo lógico si se toma en cuenta que su autora era en el momento de escribir este libro una de sus principales impulsoras en la Argentina y participante activa de distintas asociaciones internacionales que se han consolidado en los últimos años. De los argumentos allí esbozados merece destacarse el énfasis con que se afirma que los testimonios orales no son meros recuentos de hechos, distorsionados muchas veces por el paso del tiempo y por fallos en la memoria, sino que representan cuestiones culturales complejas, importantes incluso en sus errores y silencios. Como confirmación de que no se trata de un juicio destinado sólo a los cultores de la historia oral sino de un precepto metodológico acorde con las preocupaciones de los historiadores contemporáneos en general, resulta oportuna la mención, basada en afirmaciones de Alan Knight y Roger Chartier, que la autora hace de la historia oral como seria advertencia contra las interpretaciones inmediatas e ingenuas de los documentos. El énfasis en la Historia Oral no convierte al ensayo en una mera interpretación de historias de vida, más bien lo ayuda a plantear una reconstrucción social amplia a partir de una combinación, un diálogo, entre distintas fuentes. El resultado es no sólo una interpretación de las múltiples estrategias ensayadas por los exiliados republicanos españoles en Argentina para sobrevivir, incorporarse a la sociedad receptora y constituirse como entidad colectiva, sino también una perspicaz puntualización de zonas problemáticas de la política interna e internacional y una invitación a prestarles mayor atención en el futuro, sin que esto implique un RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 356
desmerecimiento de los avances que autores como Ranan Rein han realizado en los últimos años. Pueden citarse algunos ejemplos: la política aplicada por los gobiernos argentinos de la época con sus propios ciudadanos ex combatientes en la guerra civil española como brigadistas internacionales; los meandros de su política exterior en las décadas de 1930 y 40, con respecto a la neutralidad, la relación con España y el franquismo y la tensión entre concepciones distintas del derecho de asilo, el status de refugiado y su aplicación efectiva. También las continuidades y discontinuidades introducidas por la política peronista en esos mismos planos respecto a los gobiernos autoritarios de la década del 1930 y la revolución de 1943. El contexto internacional del exilio republicano español tal cual es descrito en el libro destaca cómo aparte de la excepcional actitud de México, el resto de los gobiernos americanos se mostró preocupado, de una manera bastante similar, por el “peligro”que los inmigrantes judíos alemanes, austriacos e italianos y los exiliados republicanos españoles podían representar para el equilibrio racial de sus poblaciones, la estabilidad de sus mercados de trabajo y la “pureza” o carácter nacional de sus ideas políticas. En este último plano comenzaba ya a hablarse de “ideologías disolventes”. En el caso argentino las restricciones implementadas como consecuencia de la conversión de dicha ideología en herramienta de política exterior dio como resultado una escasa incorporación al país de refugiados españoles, básicamente intelectuales y sectores más bien acomodados, en general de origen vasco, que gozaban de una imagen positiva en el imaginario de las clases altas locales. Como he señalado, las paradojas son múltiples. Frente a un gobierno que rápidamente se apresuró a reconocer al régimen de Franco, incluso antes de acabada la contienda, y que también desplazó la gestión de la política inmigratoria del área de agricultura y ganadería a la del ministerio del Interior, lo que facilitó el tratamiento fundamentalmente policial del tema, los republicanos españoles gozaron de amplia simpatía entre la población local, afianzada por la notable movilización previa en favor de la república. Es digno de destacar en tal sentido que Argentina fue uno de los países que, en contra de las actitudes pro franquistas de sus gobiernos, más ayuda material brindó a la república, hecho en el que jugó un papel importante el gran número de inmigrantes españoles afincados desde décadas atrás en el país y mayoritariamente partidarios del gobierno legal. Las numerosas entrevistas realizadas por Swartztein a lo largo de varios años le permiten moverse con soltura por los a veces contradictorios vericuetos y resquicios íntimos del exilio republicano español y analizar detalles de la variada gama de afinidades y diferencias que lo vincularon de distinta manera con otros colectivos con los que compartió parte de su trayectoria. En la emergencia de esa gama, nos explica la autora, fue fundamental el papel jugado en primer término por la actividad política como núcleo de solidaridad y como elemento demarcatorio y, en segundo lugar, por un mandato ético, experimentado como hecho colectivo, que inducía a la comunidad a actuar como reservorio de una tradición cultural eclipsaHISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 357
da por el levantamiento militar. Además, sobre todo a partir del momento en que quedó claro que la caída de la dictadura no iba a ser inminente, la ambivalencia del exilio, cuestión central en ese proceso de formación de afinidades y diferencias, limitada en un principio a su relación con su propio pasado y con otros colectivos establecidos en Argentina, se amplió hasta abarcar también las actividades políticas realizadas en España por los grupos del “interior”, lo que originó tensiones y malentendidos dentro del conjunto de la oposición al franquismo. Como no podía ser de otra forma, la envergadura de esta investigación no impide que muchos temas hayan quedado en el tintero o a medio camino. Cuestiones como el papel específico de las mujeres del exilio y su actividad como dinamizadoras de la cultura y la sociedad receptora, están sólo esbozados y merecen sin duda una mayor atención futura. Lo mismo puede decirse acerca de las diferentes pautas de mantenimiento del propio lenguaje observadas por emigrantes y exiliados, punto en el que se pueden establecer correlaciones de interés con el exilio argentino a España de fines de la década de 1970 y la emigración posterior. Desafortunadamente la muerte de Dora Swarsztein, Dorita, especialmente solidaria y afectuosa, como hemos podido observar muchos de nosotros aquí en España, ha dejado trunco el diálogo acerca de estas cuestiones, y muchas otras, del que esta reseña pretendía formar parte. Es de esperar que otros continúen el camino abierto por Dorita, y que sus temas, vinculados a la recuperación de la memoria histórica, tan necesarios para la salud democrática de los países latinoamericanos, y también de España, alcancen la envergadura que ella pretendía darles.—RICARDO GONZÁLEZ LEANDRI. RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anuario de Estudios Americanos 358