A propósito de los dibujos de José Chavez Ortiz
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Revista de Estudios Taurinos N.º 30, Sevilla, 2011, págs. 291-296 APROPÓSITO DE LOS DIBUJOS DE JOSÉ CHAVES ORTIZ .Pedro Romero de Solís* urante los primeros meses del año en curso la madrileña galería de arte Ansorena estuvo subastando una serie de dibujos a tinta del pintor sevillano costumbrista José Chaves Ortiz que me interesaron no sólo por la calidad sino por el hecho de saber que habían sido realizados en plenairismo y fijándose en detalles taurinos hasta entonces, que yo sepa, nunca dibujados. Unos meses antes fui encargado por la Real Maestranza de Sevilla de preparar un libro sobre su Colección de Estampas Taurinas, libro a punto de ser presentado y dado a conocer1. En este estudio me ocupé, entre otros temas, de la obra gráfica de Chaves Ortiz y puesto al trabajo me sorprendió la escasa representación que había de este pintor en el, sin embargo, rico Archivo de Estampas de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Con la autorización del presidente de la Fundación de Estudios Taurinos pujé en la casa de subastas por los dibujos a los que me acabo de referir y logré * Fundación de Estudios Taurinos. 1Coordinado técnicamente por Diego Carrasco y bajo la dirección editorial de Pedro Romero de Solís (Fundación de Estudios Taurinos), el libro Colección de Estampas Taurinas de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla ha contado con la colaboración, en el aspecto técnico, del taller Laduna, y en el literario, de Carlos Abella del Centro de Asuntos Taurinos de Madrid y Álvaro Martínez-Novillo de Cultura, ambos de la Comunidad de Madrid, Vicente Lleó y Fernando Olmedo, de la Universidad de Sevilla, y Carlos Martínez Shaw, Fátima Halcón, Alberto González Troyano y el que suscribe, de la Fundación de Estudios Taurinos. D
Pedro Romero de Solís 292 adquirir estos cuatro que aquí se reproducen, concretamente en la Sección de Dibujos de este n.º 30 de la Revista de Estudios Taurinos, ocupando un cuadernillo central. Así pues, a lo largo de los meses fueron desfilando ante mis ojos hasta un centenar de dibujos a tinta china –algunos aguadas– impresos en los sucesivos Catálogos de Ansorena y lo que más me llamó la atención fue que el artista –Chaves Ortiz– había abandonado la representación de los escenarios de estudio en los que hasta entonces, como en el resto de la pintura costumbrista, los artistas habían desplegado su pintura para dirigirse a los campos donde pastaban los ganados y observar, de una manera semejante a cómo lo hacen los científicos sociales, el manejo profesional de los toros y sus comportamientos en régimen de libertad. Sin duda, esta práctica de pintar in situ, del natural y, en este caso, en el campo mismo, como pueden indicar, al menos, los dos primeros dibujos insertados en el cuadernillo, debió representar, en su tiempo, un cambio del punto de vista seguramente revolucionario con respecto a lo que era la práctica normal de los ilustradores taurinos de la época. En consecuencia, por sus dibujos pasan los vaqueros, las puntas de bravos, los comederos, los abrevaderos, las diversas posturas de los toros, sus peleas, etc., representadas de forma estrictamente realista. José Chaves nació en 1839 y fue bautizado en la parroquia sevillana de San Vicente2. Aparte de haber sido galardonado con numerosos premios y menciones por su labor como pintor y acuarelista, fue además, junto con Perea, el más destacado litógrafo y, posteriormente, cromolitógrafo del siglo XIX. Sus “cromos” fueron editados en las revistas taurinas más importantes del momento como en La Lidia de Madrid o en La Fiesta 2Leo este dato en el interesante y documentado artículo de Salvador Villalba del que me siento muy deudor . Ver Villalba, Salvador: “José Chaves, pintor de escenas taurinas” en www.upo.es/depa/webdhuma/areas/arte/atrio3/18.pdf
Apropósito de los dibujos de José Chavez Ortiz 293 Española de Sevilla. Sus estampas tuvieron tanto éxito que las empresas editoras imprimieron numerosas reediciones que, aparte de satisfacer la codicia estética y personal de los aficionados, fueron utilizadas, masivamente, para decorar centenares de bares y tabernas en Sevilla y en toda España3. La obra de Fig. n.º 75.- Chaves Ortiz, José: Torero con mujer, Bilbao, Colección particular. Obsérvese que el cuadrito que cuelga por encima de la pandereta coincide con la estampa “Suerte de recibir” de su Serie de Tauromaquia (Apud Morales: Los toros en El Arte, 1987: 141). 3Al modo de la actual taberna Pepe-Hillo, un bar moderno situado en la calle Adriano de Sevilla, frente a la puerta trasera de la plaza de toros, cuya decoración es un rescate estético de la de las antiguas tabernas con estampas de La Lidia. Chaves, por consiguiente, está impresa con caracteres indelebles en el imaginario taurino de los aficionados.
Pedro Romero de Solís 294 Como artista quizá fuera el que con más dedicación se entregó a la representación de la Tauromaquia. Así el profesor Enrique Valdivieso pudo afirmar que merecería que se le considerase como el pintor del XIX andaluz que plasmó el tema taurino «con más entusiasmo y vocación». Es más, dado que vivió profesionalmente toda la segunda mitad del siglo XIX, pudo asumir en su plenitud y sucesivamente el romanticismo, el Fig. n.º 76 .- Chaves Ortiz, José: Caída mortal, ¿1863?. Ól./l., costumbrismo y el realismo sin romper definitivamente con ninguna de las instancias filosóficas y estéticas que nutrían estas tendencias ochocentistas del Arte. Incluso se podría añadir que hasta reprodujo en sus cuadros, en la línea de Fortuny, el rococó del siglo XVIII produciendo una especie de revivals que el público llamaba casacones y, en el mercado internacional, tableautins. Romántica fue la dimensión heroica con que dotó a sus matadores y romántico el gusto, por lo exótico de las corri-
Apropósito de los dibujos de José Chavez Ortiz 295 das de toros; costumbrista en tanto en que cuanto que se convirtió en testigo de las costumbres o vida cotidiana de los toreros los representó en sus casas, en sus tabernas preferidas, en sus diversiones, bien tocando la guitarra, cantado o bailando acompañados de jóvenes y audaces flamencas, ya en sombreados bares, ya en floridos patios, ya en umbrosos jardines; y fue realista porque su interés por la Tauromaquia no se agotó en las Fig. n.º 77.- Manet, Edouard: Torero muerto, 1864, ól./t., 74 x 153 cm., Washington (EE.UU), National Gallery of Art. luminosas y ensoñadoras tardes de toros sino que también se interesó –y vivamente– por la etología del toro bravo, es decir, por su comportamiento en los campos y en las marismas y, por consiguiente, dibujó los combates entre ellos, la vida de los vaqueros, las faenas de acoso y recibo (Ver figs. nos. 61 y 62 de este mismo número); en fin yendo sobre el terreno como un antropólogo moderno –tomando notas del natural– y almacenando apuntes para después utilizarlos en la composición de sus
Pedro Romero de Solís 296 cuadros. Un movimiento análogo le hizo interesarse por las escenas de la vida cotidiana de los toreros sacándolos así de un universo irreal y colocándolos ya en la intimidad de su domicilio (Fig. n.º 75), ya en medio de la sociedad. Mas lo que fue nuevo y rompedor antaño se convirtió en convencionalismo ramplón hogaño, debido al número altísimo de escenas taurinas que se llevaron, en el siglo XIX, al lienzo y al papel, por lo que quedaron, por la repetición misma, banalizadas. Este realismo tuvo en Chaves algunos fogonazos intensos, dramáticos, geniales, como en el caso del lienzo Caída mortal, en el que representa a un picador patéticamente derribado en el albero. Vale la pena traer hasta aquí la estupenda descripción del cuadro que hace su hijo Manuel Chaves Rey en la breve biografía que le dedicó a su muerte4: «Sobre la roja arena de la plaza yace tendido el cuerpo de un picador a quien la fiera acaba de arrojar del caballo, produciéndole la muerte por conmoción. Los brazos están extendidos, cerrados los ojos, lívida la faz de líneas duras, y descompuesto el traje. Bajo el cuerpo se ve el capote de brega que tendiera el diestro de a pie tal vez para hacer el quite, y próximo a la figura está el sombrero castoreño y la puya empapada en la roja sangre de la fiera» (1904: 19) (Fig. n.º 76) Una escena que pueda que prefigure, nada menos, que el célebre Torero muerto de Manet (Fig. n.º 77). Un pintor, un ilustrador, un grabador, un litógrafo, que todo ello era Chaves, digno de estar bien representado en el Archivo de Estampas de la Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 4Fue padre de Manuel Chaves Nogales, el autor de la celebrada biografía de Juan Belmonte, matador de toros, su vida y sus hazañas, Madrid, Estampa, 1935 (Hay sucesivas reediciones en Alianza Editorial y en Libros del Asteroide).