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La que no existe: descubrir la madre en la historia y literatura de los Estados Unidos

Ozieblo, Bárbara

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©Uni e si a de Ba celona La que no exis e: descub i la mad e en la his o ia y li e a u a de los Es ados Unidos La mad e no exis e; no igu a ni en la his o ia ni en la li e a u a po - que la muje es -somos- mad e únicamen e pa a nues os hijos y nues as hijas. Sólo ellos pueden econoce a la mad e en noso as. Todo lo demás no es sino una cons ucción del pa ia cado, una imagen que la sociedad nos impo- ne a las muje es median e la cual nos con ola y nos subyuga. El pa- ia cado nos asegu a que se ma- d e es equi alen e a se muje , que la a ea sag ada de ae hijos y de cuida los es nues o p i ilegio y, habiéndonos negado cualquie exis encia que no dependa de nues a ma e nidad, elega es a unción a la es e a domés ica que ha con e ido en in isible. Somos pues, in isibles. No exis imos; a no se que acep emos se ampi e- sas, obje os sexuales, pu as ... se- es cuya exis encia el pa ia cado sí econoce pe o desp ecia. Pode- mos sub e i es e o den de cosas si nos aliamos con nues as hijas; enemos allí la posibilidad de un ínculo doble: ellas econocen nues a ma e nidad; ellas son ma- d es en po encia; y noso as so- mos hijas. Si en ez de acep a nues a in isibilidad desechamos las ac i udes ag esi as que ap en- demos del pa ia cado y nos con- • Uní e sidad de Málaga. 37 Bá ba a Ozieblo* cen amos en nues as hijas y en nues as mad es hab emos c eado un ínculo explosi o que pod á ans o ma el mundo ... Hace an sólo ein a años encon- a a la muje en la his o ia o la li e- a u a de los Es ados Unidos e a im- posible po impensable. Hoy, aun- que a egañadien es, el mundo acep a que exis imos. Pe o las con- adicciones en e la ealidad ísica de la ma e nidad y la ep esen ación simbólica so n ales que a me nudo nos impiden sabe lo que noso as mismas deseamos, lo que espe a- mos de nues as hijas o de nues as mad es. In en a é aquí descub i a la mad e en la his o ia y la li e a u a no eame icana con el in de diluci- da es a compleja elación en cele- b ación de una ma e nidad que se aleja de los concep os adicionales que imponen la sumisión, el sac i i- cio y el silencio a la muje . . . . ¿A cuán as muje es no eame i- canas puede en oca nues a Ima- ginación? Supongo que Hilla y Clin on y Bá ba a Bush se p esen- a án en nues as pan allas men a- les; las dos son mad es: la una a- chada de ambiciosa, de ca en e de alo es mo ales y de mala mad e ©Uni e si a de Ba celona mos. Si no se p es a un esme ado cuidado y a ención a las seño as, es amos decididas a omen a una ebelión, y no econoce emos nin- guna ley en la que no engamos ni oz ni ep esen ación".6 Adams se mo ó de los consejos de su muje y, negándose a eco- noce que ella u ilizaba los mismos a gumen os que jus i icaban la se- pa ación de las colonias de G an B e aña, le asegu ó que los hom- b es jamás se desp ende ían del "sis ema masculino" que an os p i- ilegios les o o gaba. Pe o el nue- o gobie no u o que con en a a las muje es de alguna o ma, e in- en ó el concep o de la "Mad e Re- publicana". Es a muje , la mad e de los hijos de los Es ados Unidos, aunque desp o is a del de echo al o o y clasi icada po ley con los escla os, los indios na i os, los ni- ños y los locos, enía no obs an e la máxima esponsabilidad que se podía o o ga a cualquie a: e a la educado a de los u u os demóc a- as no eame icanos, quienes, se- gún la nue a cons i ución, podían odos aspi a a se P esiden e. La mad e, pues, enía el papel más signi ica i o en el desa ollo de la ida de la nación; pa a ci a a Ca- he ine Beeche : "Pe o ¿no se en- comiendan a la muje las a eas de más al a esponsabilidad? ¿No es su p o esión el cuidado de la men- e, del cue po y del alma? y eso, en el momen o más c í ico de la exis- encia."7 Beeche , p oceden e de una a- milia p o es an e de g an adición y a aigo, apoyaba los concep os y a gumen os masculinos que dic a- ban que: "La pa e igual que odo ciudadano iene en la libe ad y la pa e posible que pueda ene en el gobie no de nues o país hace ne- cesa io que nues as damas sean cua li icadas has a cie o g ado po una educación especí ica y ade- cuada, pa a ayuda a la ins ucción de sus hijos en los p incipios de li- be ad y de gobie no".ª La muje , como podemos dedu- ci , no enía la condición de "ciuda- dana" y la ins ucción que debía e- cibi la p epa a ía pa a se buena ama de casa, buena mad e y bue- na educado a de los hijos en sus p ime os años. No odas las muje- es acep a on co11 Beeche las limi- aciones de un sis ema educa i o así: hubo muchas que insis ie on en que la muje , pa a pode edu- ca , necesi aba más conocimien os que los que le oca ía impa i ; la "Mad e Republicana" debía, según ellas, ecibi la misma educación que sus he manos, u iliza los mis- mos manuales, y some e se a los mismos exámenes. Hacia inales del siglo, consiguió, en e o os lo- g os, que la Uni e sidad de Ha - a d ab ie a un Anexo pa a muje- es, hoy Radcli e College, y que se 6. Abigail Adams a John Adams, 31 ma zo 1776, y la con es ación de John Adams, 14 ab il 1776, en Ozieblo,Bá ba a, Un Siglo de Lucha: La Consecución del Vo o Femenino en los Es ados Unidos, Se icio de Publicaciones de la Dipu ación P o incial de Málaga, 1996, pp. 26-7. 7. Ca he ine Beeche , A T ea ise on Domes ic Economy (1841 ), Schoken Books, New Yo k, 1977, p. 30. 8. D . Benjamín Rush, ci ado en Ozieblo, Bá ba a, Un Siglo de Lucha, p. 31. 40 ©Uni e si a de Ba celona econocie a el de echo de la mu je a es udia y a eje ce en los cam- pos de la medicina, la ley, la polí i· ca y la educación supe io eme- nina. Hu gando así en la his o ia de los Es ados Unidos emos a la ma- d e como la que educa a los u u- os ciudadanos. Pe o a ella, a ella como pe sona que su e, goza y pa icipa en la ida de la nación, no la emos. Y lo mismo nos ocu e en la li e a u a. La li e a u a no ea- me icana, en las ob as canónicas de los au o es econocidos como "clásicos", apenas admi e la igu a de la mad e. La muje , si se me pe mi e eco da las palab as de Fiedle , es e a ada si gu iendo dos es e eo ipos: la pálida, inocen e y su ida no ia o la apasionada aman e de oíos oscu os y pelo mo- eno.9 Las dos son hué anas; ni una ni o a pod á se mad e. La p i- me a po que al echaza la pasión mo i á al da a luz, la segunda po - que su amo es siemp e ilegal y no pod á se sancionado po la con- cepción. Es o no quie e deci que las muje es que en iquecen las pá- ginas de la li e a u a nunca se án, ni hayan sido, mad es. Pe o la ma- e nidad no las ocupa de lleno - y cuando lo hace, no son ellas las p o agonis as. Un es udio de las no elas de Susan F ombe g Schae e p o ocó la siguien e e- lexión- e lexi ón que podemos ex ende a la igu a de la mad e en la li e a u a y en la ida -y que me ece se ci ada: "Cuando los pe sonajes cen ales son hijas, so- mos muy conscien es de ese pa- pel, lo mismo que lo son el las. Pe o cuando el pe sonaje cen al es una mad e, a menudo pe cibimos que es á alejada de sus hijos y de su ma e nidad ya que es os ocupan un luga ma ginal en su ida."1º Sólo podemos se mad es pa a nues os hijos; la ma e nidad nun- ca ha sido ma e ia de no elas; da un luga p i ilegiado en nues as idas a los hijos y ene a la ez una ida "in e esan e" son al e na- i as e dade amen e excluyen es. Sin emba go, la igu a de la ma- d e a ae a las esc i o as no ea- me icanas; empujadas po Vi ginia Wool , po las psicólogas Do o hy Dinne s ein y Nancy Chodo ow y po unas ps icólogas ancó onas que se han in il ado en el mo i- mien o eminis a de los Es ados Unidos, las esc i o as se in e esan cada ez más po la mad e, no como un símbolo sino como un se , como una pe sona, y a an de en- ende su come ido y su pos u a an e la ida. 11 9. Pa a un magis al es udio (p e-polí icamen e co ec o) de las he oinas de las no- elas no eame icanas eáse Fledle , Leslie, op. ci ., capí ulo 10. 1 O. Go schalk, Ka he ine K. «Pa alyzed in he P esen : Susan F ombe g Schae e 's Mo he s, o Daugh e s" en Pea lman, Mickey, Mo he Puzzles: Daugh e s and Mo he s In Con empo a y Ame ican Lí e a u e, G eenwood P ess, New Yo k:, 1989, p. 14 L 11. Como se ñala Paulina Palme en Con empo a y Women's Fi c ion: Na a í e P ac i- ce and Feminis Theo y, Hemel Hemps ead, He s.: Ha es e Whea shea , 1989, p. 96) la e-e aluación de la ma e nidad se elaciona con la e-e aluación posi i a de l as ca ac e ís- icas " emeninas" de sus en o y co-ope ación. Sin emba go, Lynne Segal a ibuye el c e- cien e in e és po la ma e nidad a la poca sa is acción que o ece la ida p o esional a la 41 ©Uni e si a de Ba celona Encon amos un ejemplo en la no ela Belo ed de la Nobel Toni Mo ison, donde la igu a cen al es una mad e, Se he; su agedia es p ecisamen e la ma e nidad, la ma- e nidad en las condiciones inhu- manas de la escla i ud.12 Se he, una Medea mode na, bu lando el o den dominan e del homb e blan- co, p e ie e ma a a su hija que de- ja la en el cau i e io; años más a - de es a hija uel e -p esencia eal o espí i u- y hamb ien a del amo ma e nal, comienza a de o- a a su mad e. G acias a la comu- nidad y a un homb e " eminlzado", un homb e que huye de la a en u- a, y que log a en ende el dolo ma e no, Se he ecupe a su oz y, ememo ando un pasado que no debe ol ida se, ap ende a con a su is e his o ia. De es a o ma Mo ison esca a del acío que es el silencio, un episodio eal de los iempos de la escla i ud en los Es- ados Unidos -y p o oca una me- di ación sob e la esponsabilidad ma e na, sob e la e lación en e mad es e hijas y el papel posi i o que puede juga un homb e capaz de asumi una ac i ud ípicamen e emenina de comp ensión y de amo . O a no ela, és a de Jane Smiley (ganado a del p emio Puli ze po He ede ás la Tie a), nos ace ca a una mad e madu a y a una p oble- má ica de ida dia ia con la cual nos puede se más ácil Iden i ica - nos que con Se he .13 O dina y Lo e (Amo co ien e) publicada en 1990, o ece la igu a ma e nal como p o agonis a, y explo a la e- lación que iene con sus cinco hijas e hijos. A pesa del di o cio cuando e an pequeños, y de no habe eni- do la cus odia de los niños, ni ha- be enido apenas con ac o con ellos, ha log ado es ablece una e- lación de con ianza y de amo . Aho a que la olun ad del pad e no lo impide, se ace can a la mad e, ansiosos de ec,ibi su ca iño, de pa icipa de su expe iencia y de sus memo ias que les ayudan a es- ablece su Yo en un mundo hos il. Belo ed y O dina y Lo e o ecen un ejemplo de cómo, g acias al mo- imien o eminis a, hemos podido inco po a nues a expe iencia en la cul u a y en la memo ia colec i- a. En el caso de Toni Mo ison, la p o agonis a es una muje de una mino ía muy hos igada po la his o- ia de su país, pe o el amo y la an- gus ia ma e nal los podemos com- p ende odas las muje es. La p o- agonis a de Jane Smiley es una muje «no mal» en la comunidad no eame icana (blanca, anglosa- jona, p o es an e y de clase media) y nos enseña lo di íciles que son las elaciones con los hijos, pe o ambién, lo sa is ac o ias que pue- den se . Las no elas an e io es al mo imien o eminis a ob iaban el ipo de elaciones que p esen an Mo ison y Smiley. Lo p opio de muje («Women's e eal in o mo he hood: back o he nu se y», New S a esman, 113, n2 2910, 2 ene o 1987, p. 17.) 12. La no ela Belo ed ha sido aducida al español po I is Menéndez y publicada con el mismo í ulo, Ediciones B, Ba celona, 1988. 13. La no ela A Thousand Ac es ha sido aducida po I is Menéndez y publicada con el í ulo He ede ás la ie a, Tusque s, Ba celona, 1992. 42 ©Uni e si a de Ba celona una p o agonis a e a encon a no- io y casa se; cuando se a aba de una muje casada, la opción e a aún más sencilla: la mue e o el suicidio. Hoy podemos econoce que las elaciones con los hijos, lo que pa a el homb e son, an a me- nudo, las pequeñeces de la ida, pueden se ma e ia de una ob a li- e a ia dando así en ada en la li e- a u a a la igu a de la mad e. La elación en e hija y mad e cons i uye a menudo el eje de las no elas au obiog á icas de muje- es ame icanas de o igen asiá ico (y de homb es y muje es de o igen judío) donde la p o agonis a, no - eame icana de segunda gene a- ción, necesi a econcilia sus aí- ces, ep esen adas po la mad e, con la ealidad que la odea. Qui- zás la más conocida de es as no- elas es The Joy Luck Club (El Club de la Buena Es ella) de Amy Tan po que ha sido lle ada al cine. 14 An e io , y de mejo calidad li e a ia, es The Woman Wa io (La Muje Luchado a) de Maxine Hong Kings on. La p o agonis a de es a no ela no iene nomb e -al igual que su " ía-sin-nomb e" que domina el p ime capí ulo (¿se á la p o agonis a su eenca nación?)- y en es e acío sin nomb e, Innom- b able, que es el choque on al de dos cul u as an dispa es, se o ja su p opia iden idad. El con lic o en- e lo que su mad e desea pa a ella, y lo que ella a conociendo en un colegio ame icano no se á e- suel o has a muchos años más a - de, cuando su mad e, desp en- diéndose de la omnipo encia ma- e nal con un he oísmo que sólo la hija puede econoce , acep a que la pe sonalidad de la hija es inde- pendien e de la suya y econoce su de echo a una ida p opia. Al eco- noce la mad e el Yo de su hija és a puede ecoge odo lo que le ha que ido enseña y es e odo, que incluye las cos umb es y o - mas de pensa chinas, se ci a en la habilidad de "con a -cuen os". Con a cuen os, ememo a el pa- sado, supone econoce los lazos con la mad e, econoce que hija y mad e o man un núcleo que las concede au o idad en un mundo hos il. Así, el o den pa ia cal es con ulsionado, y la p o agonis a, igual que su an eceso a Ts'ai Yen, encuen a su oz y ap ende a a- duci se de una cul u a a o a. La ma e nidad, siendo pa a la muje una i encia eal e inmedia- a, signi ica pa a el homb e un se- gu o a la go plazo: no implica ni ma eos ni a ices sino una p olon- gación del Yo en el espacio y en el iempo; es la inmo alidad, son los he ede os, la i a p ueba de su homb ía. Los nue e meses de ges- ación ace can ine i ablemen e a mad e y c ia u a pe o el homb e, al no en ende emo i amen e es e p oceso, se dis ancia an o de la mad e como del ecién nacido. Es más, eme es e pode de ida que iene la muje , pode que no log a imi a y que nunca en ende á del odo. Los abo ígenes aus alianos c een, aún hoy, que los niños son espí i us que i en en los á boles y 14. La no ela The Joy Luck Club ha sido aducida po Jo dl Fibla y publicada con el i ulo El club de la buena es e//a, Tusque s, Ba celona, 1990. 43 ©Uni e si a de Ba celona que en an en una muje cuando desean con e i se en se es huma- nos.15 Las cul u as p imi i as a i- buían a la muje la au o idad sob e la ida y la mue e; el inexplicable milag o de una nue a ida y el e- o del i ual de la sang e emeni- na, luyendo con una egula idad luna , o o gaban a la muje un po- de que el homb e deseaba pa a sí. Po ello c eó el mi o de Zeus, de cuya cabeza nació A enea, y po ello los poe as se a ogan el p i ile- gio de ''da a luz" sus ob as: como nos indican Sand a Gilbe y Susan Guba en su ob a magis al The Madwoman in he A ic, Si Philip Sydney se conside aba «eno me con hijo» cuando esc ibía y Ge ald Manley Hopkins, poe a inglés del siglo diecinue e, asegu aba que el genio del esc i o es una "cualidad masculina"; Edwa d Said, c í ico con empo áneo, conside a al au o como un pad e que engend a la ob a li e a ia, mien as que Ha old Bloom es ablece oda una eo ía li- e a ia sob e la elación pad e-hijo, negando así la exis encia de la mu- je esc i o a. Según los poe as in- gleses Cole idge, Shelley y Kea s, el poe a es como el Dios pad e y gobie na sob e el mundo ic icio que ha c eado. En el siglo diecisie- e, Roches e esc ibía pa a delei a su pene, mien as que según la le- yenda, Renoi pin aba con el suyo ... 16 An e an a insis encia en el aspec o biológicamen e masculi- no de la c eación a ís ica no es de ex aña que el canon li e a io o i- cial se componga de ob as cuyos au o es son ep esen an es del sexo " ue e" y que apenas a e de las " i ialidades" -como es la ma- e nidad y la elación con los hi- jos- que se asocian con el sexo "débil' '. Es e deseo del homb e de ap o- pia se de las unciones biológicas de la muje iene consecuencias noci- as pa a noso as ya que nos hace más celosas de es a unción, e o - zando así la san i icación de la ma- e nidad que la sociedad pa ia cal u iliza pa a op imi nos; nos enseña que la ma e nidad debe se nues a única y más impo an e aspi ación, y nos c ea complejos de culpabilidad si no sen imos es a necesidad. Re- co demos la ad e encia de Simone de Beau oi cuando explica cómo la sociedad ensalza a la muje emba a- zada que, "con su ego endido, alie- nada de su cue po y de su dignidad social . .. dis u a la con o an e ilu- sión de sen i se un se humano en sí misma, un alo . Pe o no es más que una ilusión" .17 Po o a pa e, el miedo que los homb es sien en an e el pode de la muje - mad e les ha lle ado a opone su capacidad ma- e nal a su capacidad in elec ual. La muje -mad e que haya desa ollado su in elec o cons i uye una amenaza ine able; no es de ex aña que du- an e an os siglos el pa ia cado nos haya negado el acceso a la cul u a y 15. Miles, Rosalind, The Women's His o y o he Wo ld, Paladín, G anon Books, Lon- don, 1990, p. 39. 16. Sand a Gilbe and Susan Guba , The Madwoman in he A ic : The Woman W i e and he Nine een h Cen u y Jmagina ion, Vale Uni e si y P ess, New Ha en, 1979. 17. Simone de Beau oi , The Second Sex (1949), Penguin, Ha mondswo h, 1984, p. 513. (Cu si a de Beau oi .) 44 ©Uni e si a de Ba celona la educación y se haya es o zado po inculca nos el cul o a la ma e ni- dad. Has a las muje es más in eli- gen es han caído en la ampa; po ejemplo, Mabel Dodge Luhan, muje cul a e incansable en sus ac i ida- des a ís ico-bohemias en el Nue a Yo k de la segunda década de es e siglo, al abandona la su aman e John Reed, se lamen aba así: " Yo misma me había sumido en el acío aislado del que su ía cuando me eía sin compañe o, sin esa con i- güidad de un homb e que me exal a- ba, dándome la segu idad que nece- si aba pa a econoce me como pe - sona... Me pa ecía que el pode había abandonado mi ú e o desa- endido y había subido a mi ce eb o, y desde es e luga de cues ionable en aja pod ía e a o os ce eb os. Me pa ecía que si se hubie a queda- do en su luga debido los homb es me hubie an que ido de e dad .. . " 18 Dodge, a pesa de su inde- pendencia y b ío en el e i o io in- elec ual, no pudo lib a se de los supues os pa ia cales que escla i- zan a la muje . Necesi aba de un homb e y que ía ene más hijos pa a da p ueba de su " eminidad". Sin emba go, concebi hijos y pa i son expe iencias momen áneas que no dejan más que un ecue do -de dolo , angus ia, aleg ía, gozo ... -cuando la i encia de la elación mad e-hija, la c eación de es e ínculo que exige que las dos econozcan an o su Yo p opio como el Yo de la o a, es lo que pe du a y lo que nos puede sal a de lo que Ma y Daly llama "el Reino del Te o , el eino de los pad es y de los hijos a ones" .19 La His o ia, la his o ia de ellos (his/s o y en inglés), ha excluido a la muje ; es e hecho ha sido docu- men ado y expues o po noso as y po nues as colegas en o os paí- ses a lo la go de los úl imos ein a años - es décadas desde que la muje /las muje es nos p opusimos oma la palab a. G acias a es a la- bo , hoy somos conscien es de que lo que llamamos "nues a" cul u a, an o como el conocimien o on oló- gico, es án basados en una mi olo- gía cen ada en el homb e- el homb e que ma a pa a sob e i i , el homb e que desp ecia a la ida, a la na u aleza y a la mu je , a su mad e. Has a qué pun o es a cul u- a "nues a" nos desp ecia lo e- mos en el hecho de que emplaza sus o ígenes en la igu a del hijo ma icida: O es es que ma ó a Cll- emnes a, Edipo cuyo amo Inces- uoso conduce a su mad e, Yocas- a, a la ho ca ... 20 Re alo iza los mi os, ap ende a elee los ex os, c ea nues os p opios mi os y ex- os, es de p i mo dial impo ancia si hemos de sob e i i a nues a ne- 18. Mabel Dodge Luhan, Mo e s and Shake s. Vol. 11 1. n ima e Memo ies {1936}, K aus Rep in s, New Yo k, 1971, p. 44 . 19. Ma y Daly, Gyn!Eco ogy: The Me ae hics o Radical Feminísm (1979), The Wo- men's P ess, London, 1987, p. 40. 20. Véase Luce, l iga ay, «The Bodily Encoun e wi h he Mo he " en Ma ga e! Whi- o d, ed., The l iga ay Reade , Blackwe ll , London, 1993 , p. 36. {El o iginal se encuen a en l iga ay, Luce, Sexe e pa en/es, Minui , Pa is, 1987.} 45 ©Uni e si a de Ba celona gación, a nues a no-exis encia como muje es, y como mad es. Dice Hélene Cixous: "In ención: de- seo, au o idad -examínalos y e- ás que e conducen di ec amen- e ... al pad e. Incluso puede se que ni nos demos cuen a de que no exis e un luga pa a la muje en los cálculos. En úl ima ins ancia, el mundo de «se » puede unciona sin la p esencia de la mad e. La mad e no hace al a, siemp e que haya quien nos cuide: y es el pa- d e, en onces, quien asume el pa- pel, quien es la mad e. La muje o bien es pasi a o bien no exis e. Lo que queda de ella es impensable, no pensado. Lo cual desde luego signi ica que no se piensa en ella, que no en a en las oposiciones, que no hace pa eja con el pad e (quien hace pa eja con el hijo)." 21 Noso as, pues, pa a es able- ce una ealidad e dade amen e nues a, debemos hace pa eja con nues as mad es, y con nues as hijas -que son las que c ean nues o linaje y con las que pod ía- mos soña en c ea un mundo eliz, u ópico, como el de He land de Cha lo e Pe kíns Gilman ... 22 Po supues o, es a alianza no le ag a- da al pa ia ca, al c eado de los mi os, a quien se empeñó en qui- a le Pe sé ona a Deme e -aun- que se la de ol ió, pe o sólo unos meses al año. La elación en e mad e e hija es una que odas conocemos ín ima- men e; que amos o no, somos hi- jas, y somos además, mad es en po encia. A pesa de odas las eo- ías popula es (léase pa ia cales) que nos imponen la imagen de la jo en mad e, eliz con su ecién na- cido, cambiando pañales con una des eza in ui i a, es e hecho de se hija no nos p epa a pa a se mad e. Es más, las elaciones en- e mad es e hijas son a menudo ensas y di íciles, y nos ol idamos del g an amo que sen ían Deme e y Pe sé ona, sus i uyéndolo po la descon ianza y el desdén más p o- pios de la ag esi ón masculina que de las cualidades elacionadas ípi- camen e con la eminidad. El psicoanálisis -en una e sión que e gi e sa los concep os eu- dianos y que ha sido popula izada, come cializada, y con e ida casi en eligión en los Es ados Uni- dos- señala a la mad e como la culpable de odos los complejos que ama gan nues as idas. Mi- ckey Pea lman asegu a que "echa la culpa a la mad e", en odas sus a ian es c í icas, psicológicas y eó icas, es un pasa iempo nacio- nal no eame icano an o de hom- b es como de muje es.23 La psicó- loga Do o hy Dinne s ein ab ió en los Es ados Unidos el deba e sob e el papel de la mad e, insis iendo en que el cambio de los oles masculi- nos y emeninos den o de la ami- lia es i al pa a la con inuidad de la aza humana. Dinne s ein nos hizo 21. Hélene Cixous, The Hélene Cixous Reade , (ed., Selle s, Susan), Aou ledge, Lon- don, 1994, p. 39. (El o iginal se encuen a en La Jeune Née, Union Géné ale d'Edi ions, Pa is, 1975, p. 116.) 22. Cha lo e Pe klns Gilman, He land (1915), The Women's P ess, London, 1979. 23. Pea lman, p. 1. 46 ©Uni e si a de Ba celona e lexiona sob e el papel de la ma- e nidad en nues a sociedad: pu- blicó The Me maid and he Mlno- au en 1976 como esul ado de una la ga e lexión, como ella mis- ma dice en su P e acio, sob e la si- uación humana que la odeaba en aquel momen o. 24 El e o an e la aniquilación de la humanidad -la amenaza a ómica y la des ucción de la na u aleza- le lle ó a iden i- ica la causa de es a ca e a en ó- pica en el concep o y eje cicio de la ma e nidad que impo ne una de- pendencia o al sob e la mad e a nues os hijos e hijas. Según Dinne s ein el mal no es á en que sea la mad e la que c íe a sus hijos e hijas, sino en la al a que su en és os de una elación a ec i a y de dependencia con un homb e desde los p ime os mo- men os de ida. Nues os p ime os años los i imos dominados po un se emenino, que a iende a odas nues as necesidades y a quien iden i icamos con la na u aleza. El auma de desp ende nos de es e se emenino ocasiona una sensa- ción de pé dida - i ida, según Dinne s ein, más in ensamen e po el niño que po la niña- que no nos abandona á jamás. Ya F eud había señalado la impo ancia de la p esencia ma e nal en la in ancia y de la necesidad de la sepa ación; pe o pa a Dinne s ein es a p esen- cia exclusi a que conlle a la au- sencia del pad e, pues o que incide en la con o mación del adul o, es la causa de la inminen e de as ación del mundo en el que i imos. La solución o ecida po Dinne s ein es la de compa i los cuidados de nues os ás agos; al conoce el niño a dos pe sonas de sexos di e- en es desde sus p ime os momen- os, su desa ollo ecuánime se e á po enciado, y no conoce á la ag esión que la pé dida de los ín- culos excesi amen e ue es con la p esencia ma e nal le ocasiona. Po o a pa e, la niña, al no i i la au o idad de la mad e como au o i- dad dominan e de ocada po la i- gu a masculina del pad e, e á más ácil su elación con su u u o ma ido y sus hijos. Niño y niña, al se desca ada la iolencia y la ag esión de s us i encias in an i- les, con ibui án a la c eación de un mundo pací ico y espe uoso con la na u aleza. Imbuida de un cando- oso op imismo, Dinne s ein nos asegu a que el pad e ha á pa íci- pe del niño de odas sus buenas cualidades masculinas (sus cuali- dades "malas" se es uma ían con las nue as esponsabilidades ad- qui idas), ayudando así a la c ea- ción de un mundo más equi a i o, jus o e in eg ado con la na u aleza. Los a gumen os de Dinne s ein con ulsiona on al mo imien o emi- nis a en los Es ados Unidos, que ecogió sob e odo su insis encia en la necesidad de los pad es de compa i los cuidados del niño, y el én asis en la and oginia básica de odo se humano. Lo que debe- mos ecalca aquí es que Dinne s- ein -sin p oponé selo-consi- 24. Do o hy Dinne s ein, The Me maid and he Mío au : Sexual A angemen s and Hu - man Malaise (1976) ue publicado en Ingla e a con el i ulo The Rocking o he C ad/e and he Ruling o he Wo ld, 1978. La edición u ilizada pa a es e abajo es la de The Women's P ess, London, 1987. 47