Discurso contestando al de recepción del Excmo. Sr. D. Enrique Valdivieso González
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DISCURSO DEL EXCMO. SR. DON JOSE HERNANDEZ DIAZ CONTESTANDO AL DE RECEPCION DEL EXCMO. SR. DON ENRIQUE VALDIVIESO GONZALEZ EL DIA 5 DE MAYO DE 1996 Excmo. Sr. Director: Excmos. Sres. Académicos: Señoras: Señores: Gozo muy sincero se siente al recibir y dar la bienvenida a un nuevo compañero, al seno académico, máxime si, como en el caso presente se trata de una personalidad de idéntica vocación, profesión, afanes comunes y amicales inquietudes. Mas aún es pleno alborozo al comprobar que ocupo esta tribuna por séptima vez en acto de recepción, y lo que es más sorprendente, treinta y cuatro veces totalizadas en las diversas Academias de las que formo parte como Numerario; todo ello debido a mi longevidad, a la benevolencia de los Directores y al afecto de los colegas. *** Al comenzar el procedente «laudatio» en mi disertación, manifestaré lo siguiente: Conocí a Enrique Valdivieso González, nue stro ilustre recipiendario de hoy, en trance de oposiciones universitarias; primero en las de profesores Adjuntos (1974) y, un año
162 JOSE HERNANDEZ DlAZ después, en las de profesor Agregado de la Universidad de La Laguna; teniendo la satisfacción de votarle en ambas actuaciones, reconociendo así su preparación, saberes y cualidades pedagógicas. Al estudiar detenidamente su currículum, en obligado cumplimiento, supe que era vallisoletano (1943), estudiante en la Universidad de su ciudad natal y en la Complutense, licenciá ndo se en aquella en la Sección de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras ((1969) y doctorándose más tarde (1972) con máximas calificaciones. Y a en ambas estapas de su quehacer manifestó su s apt itudes de investigador, simultaneándola con la docencia, en claros afanes universitarios. Así, pues, su Memoria de licenciatura versó sobre «La pintura vallisoletana del siglo XVII» y su tesis doctoral acerca de «La pintura holandesa del siglo XVII en Espaíia », estudiándola «in situ», pues se desplazó a Holanda, becado por la Fundación Juan March. Desde entonces, por auténtica necesidad formativa, viaja sin cesar por todos los lugares, que precisaba conocer, para sus trabajos, en acto o en potencia. Simultáneamente laboraba con predilección sobre la pintura barroca española del siglo XVII, integrando la prestigiosa escuela vallisoletana de Historiadores de Arte, dirigida por mi entrañable compañero Juan José Martín González (a quien también tuve el placer de contestar en su recepción en la Nacional de Bellas Artes de San Fernando, en 1985). Allí Valdivieso enseñaba, investigaba y publicaba, codo con codo con s us colegas, los excelentes profesores Plaza, U rrea y otros. En La Laguna, profesó de 1975 al 76, pasando con la misma categoría de Agregado este mismo año (1976) a nuestra ciudad, siguiendo ciertamente el consejo de Lope de Vega al enseñarnos: «Y sí a ver te persuades Ciudades, vete a Sevilla, que en ella por maravilla, están todas La s Ciudade s. accediendo a la Cátedra de Historia del Arte en el Alma Mater Hispalense (1976) con la promoción de aquellos Titulares a estos, en la docencia superior hispánica.
DISCURSO DE CONTEST ACION 163 El recipiendario formó parte del sevillano «Laboratorio de Arte Francisco Murillo Herrera», desarrollando docencia e investigación a tono con la prestigiada escuela sevillana de Historiadores de Arte, aunque con sigunlar personalidad. Inmediatamente comienza a formar un equipo de investigación con elementos del Departamento sevillano de Historia del Arte y a publicar sin pausa, juntos o separadamente, incrementando una imp01tante bibliografía que se incluye en un apéndice de su discurso. Desde entonces, nuestro dilecto compañero se integra no solo en la vida universitaria, sino en la cultural sevillana, colabora11do en jurados, exposiciones, conferencias, dictámenes, recensiones, etc., a nivel de su preparación, afabilidad y buen talante. A este respecto, tras cuatro lustros de permanencia entre nosotros, lo creo incardinado en el ambiente sevillano, a tenor del proverbio latino que reza: «Ubi bene, ibi patria» (Donde se esté bien allí está la patria). *** Nuestro nuevo colega ejerció durante siete cursos en su Universidad de origen y paulatinamente en La Laguna y en Sevilla, según se ha expuesto. Tanto en la Cátedra, ante sus directos discípulos, como en la orientación de trabajos, tesis de licenciatura y doctorales, formación de discentes, orientación de colaboradores, etc. realiza una tarea ejemplar, recordándonos la aseveración de Unamuno: «Deber es del maestro en una disciplina cualquiera inspirar afición a ella en sus discípulos, hacerles amar sus estudios». Alguien lo ha calificado, con justicia, como «un maestro en el aula». *** Naturalmente como investigador, publica sus hallazgos y juicios en libros, folletos, artículos de revistas, y hemerográficos, individualizados, unos, en colaboración con su equipo, otros. Nota distintiva en su brillante producción es su fecundidad, laborando agotadoramente, con presteza, extensa, profundamente
164 JOSE HERNANDEZ DIAZ «y al día». Parece comprobarse el consejo de Baltasar Gracián al afirmar: «Traga primero leyendo, devora viendo y rumia después meditando». Tanta es su facundia, que varias veces me ha recordado el «Carpe diem ... » (Disfruta de lo presente) Horaciano o la es trofa del poema del Mío Cid que dice: «Apriesa ca ntan los gallos e quieren quebrar albores». Citemos a continuación -algunos de sus importanes libros;- además de los ya referidos en la vallisoletana Universidad y de su participación en los inventarios artísticos de Palencia y Peñafiel: Así pues, tan pronto se establece en nuestra ciudad (1976), según queda dicho, inicia sus tareas investigadora s, dando a la estampa su « luan de Roelas» (yo mantego el Ruelas) -197 8- y el mismo año el Catálogo de las pinturas de la Catedral de Sevilla (con el hallazgo -entre otro sde un Francisco Polanco, tan importante para el conocimiento del Taller de Zurbarán), ampliado el propio tema (limitado ahora a los siglos XVII al XX), e incluido en el libro dedicado a la Catedral, impreso en 1984. La Historia de la pintura sevillana, Siglos XIII al XX (1986), es una obra monumental, básica en la bibliografía histórico-artísti- ca y de imprescindible consulta. Muy lejana ya la Die Sevillaner Malesrschule que en 1911 dió a la estampa August. L. Mayer. «El estudio sobre la obra pictórica de la Universidad hispalense, se fecha en 1986. Le sigue la importante monografía sobre Juan de Valdés Leal (1988), trabajo exhaustivo de tesi s, donde puede decirse que agota el tema en sus diversas vertientes -pictórica , social, histórica, psico somática-muy distinto del libro de idéntico asunto firmado por José Gestoso en 1916. A la pintura sevillana del siglo XIX, ha dedicado otra suges ti - va publicación ( 1991 ). Este mismo año da a la estampa su Iconografía de Sevilla, Sevilla pintada, con eruditas aportaciones. *** La colaboración con su equipo universitario de investigación, es otro notabilísimo capítulo de su quehacer científico, participando varios o individualmente, según se expo ne a renglón seguido.
DISCURSO DE CONTES TA CION 165 El Catálogo de las pinturas del Pa lacio Arzobispal de Sevilla, se editó en 1979, tres años después de la arribada a nuestra c iu - dad de Enrique Valdivieso. (Coautor Juan Miguel Serrera). El año siguiente (1980), se imprimió el libro titulado El hospital de la Caridad de Sevilla (también con Serrera) y en la mi sma anualidad, la Sevilla ocul ta. Mona ste ri os y conventos de clausura, notabilísima aportación histórico-artística, co nteniendo centenares de noticias inéditas de un conjunto tan poco conocido por su singularidad (ahora con Alfredo Morales). Importantísima es la Guía artística de Sevilla y su provincia, publicada en 1981 por la Diputación, trabajo ingente, plenamente logrado, con estudio directo de las miles de obras repartidas a lo largo y a lo ancho de toda la geografía provincial, obra de ines ti - mable va lo r, en la que por su envergadura participó todo el eq uipo de nuestro colega -integrado por los profesores Mª Jesús Sanz, Alfredo Morales y Juan Miguel Serrera -, bajo la batuta de Valdivieso, (quienes hemos laborado en obras análogas sabemos del en onne esfuerzo, entrega y dedicación, que requiere, y de su gran responsabilidad ). Del siguiente año (1982) data el estudio La época de Murillo, antecedentes y consecuencias de su pintura (con Serrera). La pintura sevillana del primer tercio del siglo XVII ( I 985) destaca por su gran erudición y aporte de materiale s, copiosamente doc um entados (también con Serrera). Prescindo deliberadamente de s us numerosos artículos de revistas, que harían interminable esta relación, incluido, no obstante, en el apéndice bibliográfico. El cúmulo de precisiones, rectificaciones, hallazgos, identificaciones, etc. es trascendental, imposible si quiera de intentarlo en esta modes ta semblanza. No puedo t er minar esta apabullante relación bibliográfica, sin mencionar que varias de ellas están avaladas por prólogos de sabi as fi rmas y las cuidadas ediciones de no pocas, a cargo de la prestigiosa Editorial Guadalquivir. *** Tan extraordinaria labor ha merecido ju st as y honrosas distinciones, que ennoblecen su excepcional currículum; destaquemos,
166 JOSE HERNANDEZ DIAZ entre ellas, el título de Correspondiente en nuestra c iudad de la Real Academia Nacional de Bellas Artes de San Fernando. *** Réstame, por último, glosar'el discurso de recepción del nuevo Numerario (que acabamos de escuchar y aplaudir), seg ún costumbre generalizada. Se titula Temas cervantinos en la pintura sevillana decimonónica, estudio de tesis, de gran erudición, en que se relacionan las artes plásticas y las literarias, en quehaceres afines a los específicos de esta Corporación. El elenco de artistas analizados fluctúan del neoimpresionismo, el costumbrismo y del romanticismo el historicismo, categorías estética y fórmulas artísticas desenvueltas en torno al realismo academicista imperante en la época. Los asuntos tratados, se refieren fundamentalmente al Quijote, aunque varios se inspiran en las Novelas Ejemplares, o so n escenas cervantinas imaginadas, de libre sentido creativo. Destacan el conjunto en pequeño formato -indudables bocetos- originales del gran artista Eduardo Cano; y de modo muy sobresaliente, los 689 dibujos para ilustrar el llamado «Quijote del Centenario» (además de los óleos de asuntos cervantinos) que compuso el genial José Jiménez Aranda. La importancia de dichas ilustraciones -inconclusas por su autor-lo revela que la serie fuese continuada por grandes maestros del pincel, cuales García Ramos, Bilbao, Villegas Cordero, Sorolla y Benedito. Y no cesan tareas análogas: Acabo de recibir en mi biblioteca un Quijote, editado este mismo año por Espasa-Calpe, profusa y magníficamente ilustrado en color, por el sorollista valenciano José Segrelles, de gran estimación. *** Permitidme ahora, señores Académicos, que me una, en recuerdo emocionado, a dos entrañables amigos, citados por el Doctor Valdivieso, en su discurso: a José Romero Escassi, a quien sucede, seg ún sabemos, en el sillón académico, gran pintor, médi-
DISCURSO DE CONTEST ACION 167 co, Catedrático de Anatomía Artística, y compañero claustral en la Facultad Hi spalense de Bellas Artes, con quien mantuve siempre co rdialísima relación en afanes comunes; es el otro, José María Benjumea Fernández Angulo, ilustre prócer a quien tanto debe la Cultura y el Arte sevillano (Académico Electo de es ta su dilecta Corporación), de quien recibí innumerables y repetidas atenciones y alientos, que tanto me ayudaron en mi quehacer artístico. *** Y termino (que ya abusé de vuestra benévola atención), con una doble felicitación: en primer lugar, al nuevo Académico Numerario por incorporarse de pleno derecho a nuestras nobles tareas; y, muy especialmente, a esta Real Academia por traer a su seno a un historiador de Arte -hombre, además, de vasta cultura-, que, sin duda, la honrará con su demostrado e inteligente sentido del trabajo. He dicho Jo sé Hernández Díaz