1 EMPATÍA Y CONDUCTA PROSOCIAL DURANTE LA ADOLESCENCIA Sánchez-Queija, I.*, Oliva, A.** y Parra, A.** *Universidad Nacional de Educación a Distancia 1 **Universidad de Sevilla Investigación incluida en un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Proyecto de I+D con referencia BSO2002-03022, inscrito en el marco del Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica. 1 Correspondencia con: Sánchez-Queija, I:
[email protected]; Tlfno: 91.398.88.48; Dpto Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología (UNED), C/ Juan del Rosal, 10. Ciudad Universitaria. 28040 (Madrid) Alfredo Oliva Delgado: [email protected]; Águeda Parra Jiménez: ap[email protected]; Tlfno: 954.55.76.95; Dpto Psicología Evolutiva y de la Educación. Facultad de Psicología, C/ Camilo José Cela, s/n, 41018 (Sevilla)
2 RESUMEN Aunque la relación entre empatía y prosocialidad viene siendo estudiada desde hace años prevalece aún una importante indefinición conceptual e incluso de resultados. Este trabajo pretende aportar algo de luz a la relación entre ambos conceptos y otras variables del contexto social en una muestra de adolescentes. Un total de 513 adolescentes, 221 chicos y 292 chicas de edades comprendidas entre los 13 y los 19 años cumplimentaron un cuestionario que incluía medidas sobre empatía, conducta prosocial, y aspectos relacionados con las variables familiares y de relación con los iguales. Entre los resultados obtenidos podemos destacar la relación existente entre conducta prosocial y empatía disposicional, y entre estas dos variables y las relaciones con la familia y con el grupo de los iguales. Así mismo, y en concordancia con abundante literatura científica, hallamos mayores niveles de prosocialidad y empatía en las chicas que en los chicos. Palabras clave: Empatía, conducta prosocial, adolescencia.
3 EMPATHY AND PROSOCIAL BEHAVIOUR DURING ADOLESCENCE ABSTRACT The relation between empathy and prosocial behavior has been an area of research for many years. Nevertheless, to this day, there is a lack of clarity not only in the definition of the concept but also in the various results on the subject. The aim of this study is to shed some light in examine the relationship both concepts with other variables of social context. To achieve this goal a sample of 513 adolescents, 221 boys and 292 girls, aged between 13 and 19 years old, was interviewed. The teenagers completed a questionnaire, including measures of empathy, prosocial behavior and family and peer relationship variables. In our results, we can point out our finding of a relationship between prosocial behavior and empathy. On the other hand, it is worth noticing that there is a clear link between family and peer relationships with prosocial behavior as well as empathy. Furthermore, as it has already been suggested in previous scientific literature, we find greater levels of prosocial behavior and empathy in girls rather than boys. Palabras clave: Empathy, prosocial behaviour, adolescence.
4 EMPATÍA Y CONDUCTA PROSOCIAL DURANTE LA ADOLESCENCIA INTRODUCCIÓN El estudio de la empatía y la conducta prosocial posee una larga tradición filosófica y psicológica. Sin embargo, cuando nos aproximamos a la literatura científica sobre estos temas sorprende la escasez de títulos, en especial en lo que atañe a la empatía. A pesar de que se ha hablado de la empatía desde hace años (Mead, 1934; Piaget, 1932), existe una escasa claridad conceptual que dificulta el análisis de los resultados encontrados (Stephan y Finlay, 1999). Este problema se hace aún más patente si nos centramos en los años adolescentes (Eisenberg, 1990). Por este motivo, vamos a comenzar intentando aclarar la definición de ambos conceptos. Definiciones de empatía y conducta prosocial La definición de empatía más utilizada es: reacción emocional elicitada y congruente con el estado emocional del otro y que es idéntica o muy similar a lo que la otra persona está sintiendo o podría tener expectativas de sentir (Eisenberg, Carlo, Murphy y Van Court, 1995; Eisenberg, Zhou y Koller, 2001; Hoffman, 1987; Holmgren, Eisenberg y Fabes, 1998). Sin embargo, esta definición no está completa si no anexamos las definiciones de otros conceptos claramente relacionados con la empatía: la adopción de perspectiva, la simpatía y el malestar personal 2 . La adopción de perspectiva hace referencia a la tendencia a adoptar el punto de vista cognitivo del otro; la simpatía a la tendencia a preocuparse o sentir interés por el otro y, finalmente, el malestar personal a la tendencia a sentirse intranquilo o no confortable en espacios 2 Traducción de Personal disstres
5 interpersonales tensos que implican a otros y sus necesidades. (Eisenberg et al., 1995; Eisenberg, 2000a; Hoffman,1987; Underwood y Moore, 1982). La definición que nosotros utilizamos en este trabajo, empatía como experiencia vicaria del estado emocional del otro (Mehrabian y Epstein, 1972), es la más antigua de cuantas citamos en esta introducción, pero no por ello deja de estar vigente (Fuentes, 1990; López, 1990; Padilla, 1995). Es esta una definición de empatía disposicional (es decir, la empatía como capacidad, casi como rasgo de personalidad) frente a las definiciones más situacionales que hacen referencia a diferentes niveles de empatía en función de la situación de referencia. Esta definición implica a la adopción de perspectiva como prerrequisito cognitivo e incluye tanto a la simpatía como al malestar personal que definen Eisenberg y Hoffman en sus trabajos, permitiendo un estudio más parsimonioso del concepto empatía. Menos confusión hallamos en la definición de la conducta prosocial. La única controversia existente se centra en el hecho de la diferenciación entre conducta prosocial y altruista, o más bien en si existe tal diferenciación (para revisiones en castellano ver López, 1994 y Shaffer, 2002). En general, parece haber acuerdo en llamar conducta prosocial a los comportamientos llevados a cabo voluntariamente para ayudar o beneficiar a otros (Holmgren, et al., 1998; Pakaslahti, Karjalainen y KeltikangasJärvinen, 2002), tales como compartir, dar apoyo y protección. Por otro lado, altruismo implica actos prosociales llevados a cabo por motivos o valores internos sin buscar ningún tipo de recompensa externa (Holmgren et al., 1998). La edad y el género como factores mediadores de la conducta prosocial y empática En lo referente a las diferencias de edad y género en empatía y conducta prosocial, volvemos a encontrar divergencias. Estudios como el de Pakaslahti et al.
6 (2002) informan de una disminución de la prosocialidad a lo largo del periodo adolescente, tanto a nivel cognitivo como comportamental. Sin embargo, en el metaanálisis realizado por Eisenberg y Fabes (1998) hallan que, aunque hay un incremento importante en prosocialidad entre los años escolares y los adolescentes, no hay diferencias entre los 13 y los 17 años. Por último, según la teoría de Köhlberg los niveles de prosocialidad aumentan durante la adolescencia al hacerse más complejos los razonamientos morales y, al mismo tiempo, aumentar la necesidad de coherencia entre pensamiento y comportamiento (Shaffer, 2002). La misma escasez de acuerdo la encontramos en los estudios sobre empatía. Calvo, González y Martorell (2001) describen un aumento de la empatía en las chicas con la edad mientras que en los chicos permanece constante. Sin embargo, parece que las chicas son más prosociales y empáticas sólo cuando las medidas son de autoinformes (Calvo et al., 2001; Hay, 1994; López, 1994; Pakaslahti et al., 2002), ya que las diferencias se minimizan al utilizar otro tipo de estudios (Eisenberg, 2000b). Aunque el debate sobre las diferencias de género en la empatía sigue abierto, los estudios observacionales sugieren que dichas diferencias son reales (Zhan-Waxler, Radke-Yarrow, et al., 1992). Relación entre conducta prosocial y empatía De nuevo, y a pesar de que la relación entre conducta prosocial y empatía parece clara (Bermejo, 1996), al hablar de los vínculos entre estos dos constructos encontramos inconsistencias (Eisenberg, et al., 1995; Holmgren et al., 1998): unos estudios encuentran mayor relación que otros, y algunos trabajos ni tan siquiera encuentran tal vínculo. Estos resultados inconsistentes pueden ser debidos a que no siempre
7 consideramos lo mismo al hablar de empatía, o al hecho de que en los estudios se utilice un solo informante o varios (Eisenberg et al., 1990). En cualquier caso, existen autores que apoyan de forma empírica la relación entre empatía y conducta prosocial: “Otros estudios han mostrado que la falta de empatía está asociadas con agresiones sexuales entre hombres (...), abuso de niños (...), agresiones entre varones (...), comportamiento antisocial (...) y actitudes negativas hacia los homosexuales (...). En el otro lado del espectro, los estudios sobre empatía disposicional encuentran que está relacionada con el comportamiento prosocial” (Stephan y Finlay, 1999, pp. 731) Algunos estudios encuentran vínculos entre empatía disposicional y comportamiento prosocial, tanto con adultos como con niños y adolescentes (Carlo, Roesch y Melby, 1998; Estrada, 1995), mayor cooperación si se induce empatía, sobre todo hacia otro que ya se conoce (Batson y Moran, 1999), y disminución de las actitudes racistas si se induce empatía hacia miembros concretos de la minoría estudiada (Stephan y Finlay, 1999). En general, si se sigue la línea conceptual de Eisenberg y sus colaboradores, parece que la simpatía está más asociada a altos niveles de comportamiento prosocial que la empatía (Eisenberg y Fabes, 1991) y que los datos que relacionan empatía con conducta prosocial son más consistentes si hablamos de empatía situacional que si mencionamos la disposicional (Calvo et al., 2001). Factores sociales relacionados con la empatía y la conducta prosocial Como su propio nombre indica, la conducta prosocial es un hecho social y, por tanto, debería ser estudiada teniendo en cuenta el contexto interpersonal en el que se desarrolla. Encontramos trabajos que muestran que los adolescentes de las culturas tradicionales, que participan diariamente en contribuir al bienestar familiar son más
8 prosociales que aquellos de culturas individualistas, donde prima la competitividad y la autonomía del individuo (Carlo, Roesch, Knight y Koller, 2001; Whiting y Whiting, 1975; Grusec, Goodnow y Cohen, 1996). También se ha hecho referencia a la influencia de los estilos de crianza en el desarrollo de la conducta prosocial y la empatía (Eisenberg y Fabes, 1998). Así, hace años que Zahn-Waxler, Radke-Yarrow y King (1979) demostraron que las madres de los niños que se mostraban más compasivos utilizaban un estilo no punitivo y afectuoso a la hora de educar a sus hijos, instándolos al consuelo de la víctima en el caso de que la hubiera, mientras que las madres más punitivas tenían hijos menos compasivos. Datos similares encontraron Eisenberg, Fabes, Carlo, Troyer, Speer, Darbon y Switzer (1992) y López (1994). En un estudio longitudinal, Kochanska (1991, cit en Trommsdorff, 1995) encuentra relación entre las interacciones mantenidas con los progenitores en la infancia y las reacciones emocionales de chicos de 8 y 10 años a las señales de malestar de los otros. Las prácticas de crianza a los 5 años predijeron la empatía a los 31 años, y el tener una relación de apego seguro en la infancia predijo tanto la empatía como la conducta prosocial en los adolescentes (Kestenbaum, Farber y Sroufe, 1989; Koestner, Franz y Winberger, 1990). En la interesante revisión de Eisenberg y Morris (2004), las autoras concluyen que un clima afectuoso y de apoyo será promotor de la conducta prosocial y la empatía cuando los padres utilicen la inducción y sean un modelo de conducta prosocial, además de tener expectativas altas sobre la prosocialidad de sus hijos e hijas. Estos estudios, así como la consistencia de la empatía y la conducta prosocial a lo largo de los años (Eisenberg et al., 1999), nos hacen pensar en la importante influencia de la familia en el establecimiento de estas facetas del desarrollo sociopersonal del individuo. El trabajo que aquí presentamos no estaría completo si no tenemos en cuenta otro de los grandes contextos socializadores, los iguales. Aunque no es abundante la
9 literatura que hace referencia empírica a su importancia en el desarrollo de la conducta prosocial y de la empatía (Carlo, Fabes, Laible y Kupanoff, 1999; López, 1994; Pakaslaslahti et al., 2002), sí es común considerar que el desarrollo social positivo, tanto en lo referente a habilidades cognitivas como emocionales o comportamentales, depende de la aceptación del grupo de iguales (Harris, 1998, Rubin, Bukowski y Parker, 1998). Al mismo tiempo, encontramos estudios que demuestran que lo habitual es que el grupo presione al individuo para que se comporte siguiendo los modelos que la sociedad considera adecuados (Berndt, 1996; Brown, Classer y Eicher, 1986). Objetivos Este estudio pretende analizar la relación que variables demográficas, familiares y del contexto de los iguales guardan con la empatía y la conducta prosocial, así como la relación entre estas dos variables. Creemos que este trabajo aportará interesantes datos y reflexión tanto por su énfasis en el factor mediador de las variables interpersonales, como porque es una investigación española, concretamente realizada con una muestra de adolescentes sevillanos. Eisenberg et al. (2001), aclara que la escasa investigación empírica que se realiza sobre el tema de la empatía y la prosocialidad, suele provenir de ambientes anglosajones. Encontramos alguna excepción más, como el ya citado trabajo de Pakaslahti et al. (2002) y los de Calvo et al. (2001), Fuentes (1990), López (1990; 1994) y Mestre, Samper y Frías (2002) en España, todos ellos muy actuales. Las hipótesis que manejamos a la hora de realizar el presente estudio son: • Mayor empatía y comportamiento prosocial en las chicas que en los chicos, tal y como viene insistiendo la literatura sobre el tema.
16 factorial introdujimos en la ecuación de regresión con el método introducir la puntuación obtenida en la escala de intimidad como índice de la calidad de la relación con el mejor amigo o amiga y, para la ecuación sobre la variable prosocialidad, añadimos como predictora la variable empatía. Introducir tablas 2 y 3 Observamos en la ecuación referida a la empatía que la variable sexo es la que mayor proporción de varianza explica, seguida de la intimidad con el mejor amigo o amiga, la edad y el apoyo parental. En la ecuación sobre la conducta prosocial entra en primer lugar la empatía, seguida de la edad, el apoyo parental y la intimidad con el mejor amigo o amiga. En este caso, el sexo quedaría fuera de la ecuación de regresión. Así, cualquier varianza que explicara el sexo ha quedado ya explicada por las variables anteriores. DISCUSIÓN La conducta social y otros aspectos más relacionados con el desarrollo de la personalidad han sido desde siempre objeto de estudio de la Psicología. Sin embargo, tradicionalmente este interés ha estado focalizado en las conductas problemáticas y/o patologías. Recientemente, tal y como señalan Carlo y Randall (2001), algunos cambios en la Psicología han hecho que se considere legítimo el estudio de los aspectos positivos que pueden beneficiar a la sociedad o las relaciones entre las personas, al tiempo que se analizan los hechos psicológicos desde un punto de vista cada vez más sistémico, teniendo en cuenta los contextos relacionales en los que ocurren. En este marco se integra el presente estudio, en el que analizamos los factores relacionales implicados en el desarrollo de la empatía y la conducta prosocial durante la adolescencia así como el vínculo entre ellos.
17 Hemos encontrado una clara relación entre la empatía y la conducta prosocial, siendo la empatía la variable que mayor varianza explica en la ecuación de regresión sobre la conducta prosocial. Asimismo, en nuestros datos hallamos que tanto las relaciones con los iguales como con la familia están vinculadas con el desarrollo de la conducta prosocial y la empatía durante la adolescencia, y que existe una clara relación entre estas dos variables, y la edad y el sexo de los y las adolescentes. Discutamos estos datos por partes. En consonancia con estudios previos (Calvo et al., 2001; Hay, 1994; López, 1994; Pakaslahti et al., 2002), hemos encontrado mayor empatía y conducta prosocial en las chicas que en los chicos. Creemos sensato pensar que estas diferencias de género están relacionadas con procesos de socialización. De hecho, Carlo et al. (2001) encontraron que las niñas y los niños estadounidenses mostraban los mismos niveles de cooperación, mientras que las niñas brasileñas, que pertenecían a una cultura más colectivista, resultaron ser más cooperadoras y menos individualistas que sus compañeros varones. Esas diferencias de género aumentaron con la edad. De acuerdo con estos datos y siguiendo a Eisenberg et al. (2001) creemos que las chicas reciben una fuerte presión que las hace valorar especialmente todo lo vinculado con las relaciones sociales, los afectos y el tener en cuenta a los demás, lo que no sólo las empuja a ser más empáticas que los chicos, sino que hace que las diferencias de género aumenten según avanzan los años por un incremento de la empatía en ellas y una disminución de la prosocialidad en ellos. Por otro lado, tampoco podemos olvidar la deseabilidad social, que podría influir en que las chicas contestaran al cuestionario en función de lo que se espera de ellas, y esto es ser empáticas y prosociales. En cualquier caso, conviene recordar que en la ecuación de regresión sobre la conducta prosocial el género es excluido, y el resto de
18 las variables explican la variabilidad en la prosocialidad. De hecho, Carlo y Randall (2002) muestran que los chicos son más prosociales que las chicas cuando hablamos de actividades que se realizan para ganar la aprobación de los demás o que hacen referencia a la caballerosidad, mientras ellas son más prosociales cuando se hace referencia a ayuda voluntaria motivada por la preocupación hacia las necesidades y bienestar del otro, en situaciones que las implican emocionalmente, cuando se ayuda porque el ayudado lo pide o sin que lo sepa la persona a la que se ayuda. Cuando introducimos la empatía en la ecuación de regresión, el género sale de ella. Es decir, es razonable pensar que las diferencias de género que se encuentran en la conducta prosocial puedan ser debidas a que ellas puntúan más alto en empatía, y la varianza que explicaba el género pasa a la variable empatía. Son más prosociales los más empáticos, sean chicos o chicas y, generalmente ellas son más empáticas que ellos. En cuanto a la influencia de los iguales, los chicos y chicas más empáticos y prosociales son aquellos que tienen mejor relación con el mejor amigo. De hecho, la intimidad desarrollada con el mejor amigo o amiga es la variable que más fuertemente correlaciona con la empatía, y la que explica más varianza en la ecuación de regresión sobre la empatía. La adolescencia es el momento del ciclo vital en el que se establecen por primera vez las relaciones de amistad íntima (Sullivan, 1953). El tener un alto índice de empatía puede ser una condición previa al desarrollo de las relaciones de intimidad, es decir, los chicos y chicas más empáticos serán quienes tengan más facilidad para establecer este tipo de relación, pero muy probablemente, también ocurra lo contrario y, en una relación de intimidad, de compartir preocupaciones e intereses, de hablar, descubrir y analizar los propios sentimientos con otra persona, sea fácil que el sentimiento empático se fortalezca.
19 Otro resultado a destacar es la influencia de la familia tanto en la empatía como en la conducta prosocial en los años adolescentes. Aunque el contexto de los iguales cobre especial relevancia durante la adolescencia, la familia continúa siendo un pilar fundamental en la vida de los y las adolescentes (Noller, 1994). No obstante, el apoyo parental parece explicar menos varianza de la empatía que la intimidad con el mejor amigo. De hecho, si separamos en la ecuación de regresión sobre la empatía a chicos y chicas, el apoyo parental será significativo en el caso de ellos y será excluido en el caso ellas. La intimidad con la mejor amiga, se transforma en este caso en la variable que mejor explica la empatía. Si tenemos en cuenta que las chicas muestran mayor intimidad a lo largo de toda la adolescencia (Sánchez-Queija y Oliva, 2003), este hecho parece apoyar la idea de que el contexto de cercanía emocional que se establece con los iguales durante la adolescencia, ayuda al fortalecimiento de la empatía disposicional. En la conducta prosocial, la variable apoyo parental explica mayor variabilidad que la intimidad con el mejor amigo o amiga. Esto hace que nuestros datos vuelvan a coincidir con la literatura científica en el sentido de considerar que familia e iguales influyen durante la adolescencia en ámbitos diferentes (Savin-Williams y Bernd,1990). Nuestros datos apoyan la hipótesis de que empatía y conducta prosocial están relacionadas (Carlo y Randall, 2002; Stephan y Finlay, 1999). No obstante, somos conscientes de que esta correlación puede ser debida a la medida concreta de empatía que hemos usado, ya que recordemos, algunos autores (Calvo et al., 2001) apuntan que es más frecuente encontrar esta relación cuando hablamos de empatía disposicional que con otro tipo de medidas. En cualquier caso, nuestros datos hablan no sólo de que ambas variables estén vinculadas, sino que indican que la empatía es el principal predictor de la conducta prosocial, incluso cuando tenemos en cuenta otras variables relacionadas. De esta forma, parece razonable que haya que tener en cuenta la empatía,
20 y las formas de desarrollarla en los programas de promoción de la conducta prosocial, al menos en el caso de adolescentes. El trabajo que aquí presentamos es novedoso en, al menos, tres sentidos. En primer lugar, porque aporta nuevos datos empíricos sobre los factores relacionales, tanto desde el ámbito familiar como desde el de los iguales, que afectan al desarrollo de la empatía y la prosocialidad. En segundo lugar, porque estos datos hacen referencia a la adolescencia, que tal y como señalaran Carlo, Hausmann, Christiansen y Randall (2003) es una etapa de transición especialmente importante en el desarrollo psicosocial, en la que chicos y chicas están consolidando su identidad. Sin embargo, escasean los títulos que hacen referencia al desarrollo de la prosocialidad en este momento evolutivo (Carlo et al., 2003). Por último, este estudio se desarrolla en un ámbito no anglosajón, hecho importante si tenemos en cuenta que la mayor parte de los estudios sobre la empatía y la conducta prosocial se realizan en EEUU (Eisenberg et al., 2001), y aquellos que realizan análisis comparativos entre diferentes culturas encuentran diferencias en el desarrollo de empatía y conducta prosocial (Carlo et al., 2001). Sin embargo, no podemos olvidar las debilidades metodológicas que acarrea un estudio correlacional y transversal como el que presentamos. Así, no podemos concluir sobre si son los chicos y las chicas más empáticos quienes hacen amistades más íntimas o si es en la relación íntima dónde se desarrolla y aumenta la empatía. Tampoco podemos saber si la influencia que tiene la familia sobre el comportamiento prosocial se está ejerciendo en estos años adolescentes o, en realidad, los adolescentes más prosociales son los que han tenido más apoyo parental en los años previos a la adolescencia. Sin duda, son necesarios más estudios en este terreno, aunque la idea fundamental que queremos transmitir con este artículo es lo imprescindible de analizar
21 al adolescente en su contexto, teniendo en cuenta los diferentes aspectos que influyen en su comportamiento y en su desarrollo integral como persona. Agradecimientos: Investigación incluida en un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Proyecto de I+D con referencia BSO2002-03022, inscrito en el marco del Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica
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32 Tabla 3. Coeficientes del modelo de regresión sobre la variable conducta prosocial Coeficientes estandarizados Beta t Sig. Incremento en R cuadrado R cuadrado del modelo Empatía 0,233 4,272 0,000 0,115 0,206 Edad -0,171 3,865 0,000 0,167 Apoyo Parental 0,194 4,163 0,000 0,209 Intimidad 0,135 2,751 0,006 0,206 Sexo 0,031 0,554 0,580 0,205