La paulatina integración de Carmo en la Romanidad
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La paulatina integración de Carma en la Romanidad Antonio Caballos Rufino Dpto. de Historia Antigua Universidad de Sevilla Partiendo de la capacidad informativa de las fuentes disponibles, en este trabajo introductorio trata mos algunos argumentos significativos de la dinámica histórica experimentada por Carmona en época romana. La historia de ésta estuvo condicionada por su ubicación central en la Baja Andalucía, por las condiciones de visibilidad y fácil defensa de la meseta sobre la que se asentó la ciudad y por la idónea complementariedad económica y funcional de los diversos ambientes que componían el vasto territorio de Carmona. Junto a la dinámica histórica estudiarnos los procesos de aculturación, las transformaciones en la vida ciudadana y su reflejo urbanístico, así como las relaciones campo-ciudad. With the help of the information provided by the available sources we study in this introductory article some of the factors that conditioned the historical evolution of Carmona in Román times. The most important of those factors vvere Carmona's central location within lower Andalusia, on a plateau offering both a wide range of visibility and was easy to defend, and the great variety of landscapes to be found in her vast territory which complement each other economically and functionally. Apart froni the historical evolution we investígate the processes of aceulturation, the transformaron in the life of the city and its reflection in Carmona's urbanism as well the relations between city and country. En este trabajo introductorio no me toca describir la riqueza patrimonial de Carmona, pero sí enunciar algunos argumentos que creo de significación en los procesos históricos vividos por esta ciudad en época romana. Naturalmente que la significación histórica de Carmona en este período no es una evidencia reciente, tampoco el papel que en ésta le cupo a una ubicación que se mostró muy beneficiosa1. La historia de Carmona estuvo, ya desde los comienzos de su andadura histórica2, especialmente marcada por su emplazamiento sobre esa peculiarísima formación terciaria que constituyen Los Alcores. Tres son los argumentos básicos que ahora conviene destacar: A) La centralidad regional, por su ubicación en una encrucijada clave de los caminos de la Baja Andalucía, B) la orografía que convierte a Carmona en una plaza prácticamente inexpugnable3 y en un otero1 * * *, desde el que se divisan todas las unidades 1 La constatación de esta importancia es la que justifica, e.g,, la atención que ya le prestara en el Renacimiento el utrerano Rodrigo Caro en sus Antigüedades y Principado de la Iltistríssima Ciudad de Sevilla y Chorographia de su convento iuridico, o antigua cbancillería, Sevilla 1634 Creimpr. Sevilla 19821. dedicando sus capítulos XL1 al XLVII a Carmona (fols. 154vy a l66v,J). 2 Las excavaciones llevadas a cabo en la calle Costanilla Torre del Oro han permitido establecer una secuencia que remonta a un silo calcolítico del II milenio, al que sigue un hiato que sólo se salva con estructuras tipo Cogerías I, que deben datarse hacía los siglos XIV-XII a.C., luego otro vacío hasta el Hierro I. entre fines del VIII y comienzos del VI. Un asentamiento humano definitivo con carácter doméstico no se produce hasta época turdetana, a partir del siglo V a.C., manteniéndose éste sin solución de continuidad durante toda la Antigüedad (R. Cardenete, M.T. Gómez, A. Jiménez, R. Lineros e 1. Rodríguez, “Excavaciones arqueológicas de urgencia en el solar de la calle Costanilla Torre del Oro s/n. Carmona (Sevilla)", AAA, Exc Urgencia, 1989, pp.563-574). ' El argumento defensivo es el que explica la primera ocupación humana, remontando al siglo VIII a.C., con prelación a un uso doméstico, tal como se ha podido documentar en la zona de la Barbacana Alta (M8. S. Gil, R. Lineros, R. Cardenete, T. Gómez e I. Rodríguez, “Informe de las excavaciones arqueológicas en el yacimiento de Barbacana Alta (Carmona, Sevilla)-', AAA, Exc. Urgencia, 1986, pp.355-.360) y de la calle José Arpa 3 (M8. S. Gil, R. Lineros, R. Cardenete, T. Gómez e I. Rodríguez, “Informe de las excavaciones arqueológicas en el solar de José Arpa núm.3 (Carmona, Sevilla)", AAA, Exc. Urgencia, 1986, pp.361-365). En estos ámbitos la primera ocupación humana remonta al siglo V a.C., no existiendo un hábitat definitivo hasta la centuria siguiente. También el primer recrecido artificial del afloramiento rcx'oso para aprovecharlo como fortificación en lo que luego sería la Puerta de Sevilla debe remontarse al siglo VIII a.C. (R. Cardenete y R. Lineros, “Excavaciones arqueológicas de urgencia practicadas en el solar n“2 C/ Barbacana Alta. Carmona, Sevilla", AAA, Exc. Urgencia, 1988, pp.264-270). 1 Si no destacan sus alturas absolutas, de poco más de 250 m. sobre el nivel del mar, sí que lo hace su altura relativa con relación a la llanura circundante y el desnivel del escarpe entre la Meseta y la Vega (cfr. A. Jiménez Martín. La Pueda de 3
Antonio Caballos Rufino fisiográficas del Valle del Guadalquivir, la Sierra Morena al norte, las Cordilleras Béticas al sur y el Aljarafe al ponientes; y, por último, C) la complementariedad económica y funcional de los ambientes que componen el vasto territorio de Carmona, los Alcores en que la ciudad se ubica, la fértilísima Vega que aquélla domina y las terrazas que le llevan suavemente al Guadalquivir. Estos argumentos marcaron el destino histórico de Carmona, con lo que su fuerte se manifestaría en su potencial agrícola y en su papel estratégico como llave del Bajo Valle del Guadalquivir. En consonancia, su significación histórica corrió pareja con la valoración de estos argumentos, y se debilitó en proporción a la disminución del papel de aquéllos y a la revalorización de otros factores, cuando la explotación agraria y la defensa transfirieron su protagonismo económico a las actividades de intercambio suprarregional a gran escala. Fue entonces cuando Hispalis, ya de forma irreversible, sustituyó a Carmo en el protago nismo en la región. Simplificadamente, para comenzar a entendernos y con el riesgo de una excesiva trivialización de los fenómenos, en situaciones de inestabilidad bélica Carmona puede rentabilizar al máximo una situación estratégica envidiable y unas condiciones de defensa inmejorables, siempre que se taponase su débil flanco occidental, como pudo hacerse con el bastión de la Puerta de Sevilla ya desde época cartaginesa6. Si bien el territorio de Carmo es propenso a una explotación agrícola extensiva, en tiempos de estabilidad sostenida y cuando, como consecuencia, se lograron estadios superiores de organización provincial y de vertebración imperial, Hispalis manifestó por el abrazo del Guadalquivir, cauce de horizontes mediterráneos, su más fiable y duradero potencial de capitalidad regional. Carmona mostró su indiscutible fuerza y supremacía en la región hasta que la pax Romana, por los argumentos anteriores, añadidos a otros de carácter ideológico-político que enunciaremos más adelante, exteriorizó su flanco débil, frente a Hispalis, que no en vano presumiblemente habría de ser la sede del procurador imperial7, capaz de capitalizar un comercio ultramarino a gran escala. Nuestra posibilidad de conocimiento sobre la historia de la Carmona romana y los límites de éste dependen, - Primero, de la reflexión imaginativa, que no es sino fruto de la formación y de una entrenada sensibilidad en apreciar y suscitar interrogantes que nos permitan una idónea interpretación de los fenómenos y las dinámicas históricas, - Segundo, del volumen y calidad de las fuentes de información a nuestra disposición, - Tercero, de la utilización de una idónea metodología de análisis, - Así como, por último, -no olvidemos que la Historia es Literaturade nuestra capacidad de construcción argumentativa y de exposición literaria. Historia no es, no tiene capacidad de ser, recuperación, sino, si se quiere y en su sentido etimológico, reconstrucción, y aquí es donde el papel del historiador, desde sus inquietudes personales y colectivas, muestra su significación más profunda, en su intento de comprensión dialéctica. Son tres, desde mi punto de vista, las características de la información literaria disponible para el conocimiento de la Carmona romana, que en esencia comparten las fuentesdisponibles para multitud de ámbitos de conocimiento de la Antigüedad: 1Q La escasez y discontinuidad de éstas, que dificultan la presentación de un panorama Sevilla en Carmona, Málaga 1989, p.19). Son muy ilustrativos los topónimos como “El mirador", o el del “Cortinal del Telégrafo", por el repetidor de la línea de telégrafo óptico situado en El Picacho y que estuvo en funcionamiento desde 1800 a 1808, sustituido en época moderna por un repetidor telefónico (A. Jiménez, La Puerta de Sevilla.. . cit., p. 29, nota 63, y P88). ’ Una descripción de las condiciones defensivas del emplazamiento en A. Jiménez Martín, Jbid., pp. 18 ss. ” Según A. Jiménez, Ihid., p.175. Rudolf Haensch, Capitel provinciamm. Staltbaltersitze und Provincialvenvaltung in der rómiseben Kaiserzeit, Maguncia 1997. pp.184 s. 4
La paulatina integración de Carino en la Romanidad lineal de la trayectoria histórica de Carmona y dejan en la sombra argumentos funda mentales. 2Su unilateralidad, dado que las fuentes son siempre romanas, por lo que nos presentan por ello una visión necesariamente sesgada y viciada por prejuicios culturales, y, por último. 3'J La grandilocuencia de los argumentos que presentan las fuentes correspondientes a la etapa republicana, vinculadas a hechos bélicos de significación*;. mientras que las literarias referentes a la época imperial son de carácter básicamente geográfico9, cumpliéndose básicamente aquello que ya destacase Mommsen al tratar genéricamente de la historia de la Hispania romana: la carencia de acontecimientos de relevancia específicamente hispanos dignos de historiar10 11. Estas características de la documentación literaria a nuestra disposición nos obligan a la inferencia, a la extrapolación, como fórmula de suplir las discontinuidades para componer así un panorama histórico lineal, cuyo resultado será válido en función de su propia coherencia argumental. Me voy a detener a partir de ahora, aunque sea mínimamente, en el tratamiento de las siguientes cuestiones: 1. - La dinámica histórica seguida por la Carmona romana. 2. - Los sucesivos procesos de aculturación que desembocaron en la plena incorporación de Carmona en la romanidad, con los cambios estructurales y mentales que ello supuso; y, por último, 3. - El paulatino surgimiento y desarrollo de la vida urbana, con los consiguientes desequilibrios operados en las relaciones campo-ciudad, cuerpo y cabeza de la vieja Carmo. El proceso de incorporación de Carmona a la romanidad fue, como el título de esta escrito adelanta, largo. Mucho más lento y matizado de lo que deja entrever la reiteradamente aducida descripción de Estrabón, de nuevo grandi locuente y abusando de la generalización: “Los Turdetanos y ante lodo los habitantes junto al fíetis han sido completamente romanizados, de manera que ya no se acuerdan de su idioma. En su mayor parte han sido transformados en Latinos y han recibido colonos romanos, de manera que poco falta para que todos sean Romanos”n . Pero no sólo dilatado en el tiempo, sino, a la par, complejo por su falta de linealidad, duro, por las dificultades y sufrimientos que éste ocasionó, pero no por ello menos fructífero si echamos la vista atrás. En este proceso de adaptación se encierran algunos de los más radicales cambios experimentados por la trayectoria histórica de Carmona, cuando ésta se integró en la koiné latina, asumió las formas de vida urbana y vio definitivamente definido su papel en la región. Marcando una clara cesura con las gentes del Bronce Medio, el substrato humano básico en la Carmona antigua, el que las fuentes históricas describen genéricamente como turdetano, estuvo ya configurado en sus componentes étnicos esenciales hacia el siglo IX a.C. A partir de ese momento tienen lugar una serie de impactos sucesivos, que desembocan en un proceso de aculturación, debido a la interacción desigual que se produce entre civilizaciones que se hallan en un distinto estadio de desarrollo. El motor son las influencias de esa superior cultura material que hemos designado genéricamente como orientalizante, y que englobaría, no sólo en su acepción tradicional a los fenicios y si los entendemos así, a sus epígonos, los cartagineses, sino también, ¿por qué no? y yendo a las raíces del fenómeno, a Roma. La resultante de ese impacto K Apiano, lber. 25; id., 58; bivio 33,21,6; César, Bell. ciu. 2,19,4; Bell. Alex. 57,2; id., 64,1. 9 Estrabón 3,2,2 y Ptolomeo 2,4,10. Tradidonalniente se destaca la falta de mención de la ciudad en Plinio, lo que se viene explicando por la tipología de las fuentes de la Naturalis Historia y por la forma de articularse el relato (R. Corzo y A. Jiménez, “Organización territorial de la Baetica’’, ABA 53, 1980, pp.21 ss.; A. Jiménez Martín, La Pueda de Sevilla..., cit., p.37 y R. Wiegels, Die Tnbusinschriften des rómischen Hispanien. Ein Katalog, Berlín 1985, p. 26; sobre la estructura de la descripción de la Bética por Plinio véase también M. Mayer, “Plinio el Viejo y las ciudades de la Baetica. Aproximación a un estado actual del problema", enj. González, ed.. Estudios sobre Ursa Colonia lidia Genetiva, Sevilla, 1989, pp.303-333). Los itinerarios que mencionan la ciudad de Carmona son Itin.Ant. 414,2; A ti. Rav. 315,5 y Vicarello I, II, III y IV. 10 "Gescbicbteisteseigentlicb nicht; esistein vólligesZusammengeben mitRom", en Th. Mommsen, RómiscbeKaisergescbicbte. Nacb den Vorlesitngs-Aiitscbrifteii van Sebastian undPaul Hensel 18S2/86 (ecls. B. y A. Demandt), Munich 1992, p.344. 11 Estrabón VI,3,2,15 (c. 151). 5
Antonio Caballos Rufino orientalizante, los cambios culturales operados, habitualmente han enmascarado la existencia de una realidad social compleja. Aquí queda por despejar la interrogante del grado de permeabilidad cultural, y ello no únicamente por carencias documentales. Y es que la historiografía ha destacado los impactos exteriores tal vez entendiéndolos demasiado mecánicamente como un proceso de sucesivas sustituciones en el dominio, primero de fenicios, luego de cartagineses y, finalmente, romanos. Pero, en puridad, no se trata de un proceso de sucesiva sustitución de dominios equivalentes, que obligue en contrapartida a un monocorde juego de aceptación o rechazo. Por una parte, el de "dominio-' no es un concepto unívoco, debiéndose aplicar básicamente el adjetivo cultural para el ejercido por la presencia fenicia*2, mientras que los componentes militares son determinantes en una concepción genérica de las relaciones con el mundo bárquida y con el romano. Pero es que, por otra, el ritmo y la capacidad de impacto se muestran como variables sumamente dinámicas a lo largo del tiempo, cambiando, no sólo la intensidad y cualidad de los influjos exteriores, sino asimismo el grado de permeabilidad y los matices que median entre el rechazo, la simple oposición, hasta llegar a la posible aceptación, o incluso, en ocasiones, el deseo del cambio. De aquí que podamos hablar de un aumento en la gradación de esos intercambios culturales, partiendo de préstamos amplios, a una aculturación enmascaradora, hasta llegar a la transculturación que hemos genéricamente designado como proceso de romanización. Después de experiencias históricas muy fructíferas, siendo las mantenidas con la civilización fenicia de especial significación para la etapa,que vamos a analizar aquí, cabe destacar lo temprano de los contactos mantenidos con Roma. Carmona desempeñó un papel protagonista en la primera presencia romana en la región, en relación con la expulsión de los cartagineses. A la descripción de la dinámica histórica queda consagrada una de las secciones de esta monografía. Además de contener estudios diacrónicos y una puesta al día interpretativa, en ese apartado se analizan los escenarios bélicos, el territorio y el módulo de los asentamientos rurales y urbanos en la región, las bases económicas del protagonismo histórico de Carmona, los fundamentos ideológicos y la vertebración social, ámbitos de análisis excluidos por ello de esta introducción. Es desigual la información disponible para cada una de las etapas en que históricamente podemos dividir la presencia romana en Hispan ¿a durante la época republicana. Carecemos de cualquier tipo de mención explícita únicamente para la primera fase de las Guerras Civiles, pol lo que desconocemos el papel que jugaría Carmona en la denominada Guerra Sertoriana; mientras que al menos alguna referencia nos permite historiar, aunque sea mínimamente, el resto de los períodos. Carmona. De la órbita de Cartago a la de Roma. A Carmona le cupo el papel de protagonista en el conflicto donde se jugó el destino del Mediterráneo en la Antigüedad, conflicto militar, pero también de dos maneras de entender la vida, dos mundos contrapuestos, el cartaginés y el romano. El norte, entonces romano, que salía ganador, y el sur, representado en aquella ocasión por Cartago, uno de cuyos bastiones principales era precisamente Carmona. El desenlace del último gran enfrentamiento militar entre romanos y cartagineses supuso un punto de no retorno en el camino de la Romanización ele Hispania. una cesura en las relaciones mantenidas hasta entonces por las gentes del sur de la Península Ibérica, cuyas referencias rolarán hacia el nordeste, apuntando desde entonces a Roma. La documentación disponible designa con dos nombres a la que fue una de las grandes batallas de la Antigüedad: Ilipa'1 o Carino. No voy a detenerme aquí. El debate no debería enfocarse en una opción excluyeme entre uno u otro emplazamiento. Sin que necesariamente ello suponga elevar este criterio a argumento prioritario, en el potencial de impacto cultural nunca deberíamos olvidar la dimensión temporal. Frente a lo dilatado de las relaciones con el círculo occidental fenicio, capitalizado tradicional mente por Cades a la caída de Tiro en el 573, la presencia física de los Barca se desarrolla únicamente durante 33 años, los que median entre el desembarco de Amílcar en el 238 y la expulsión definitiva de los cartagineses en el 205. " En los manuscritos de Polibio recogida la ciudad como " [litiga , en Livio como "Silpia". ó
La paulatina integración de Carmo en la Romanidad tratándose como se trató de un conflicto largo, con múltiples enfrentamientos y escaramuzas más o menos significativas, de las que las fuentes, de tradición heterogénea y en muchos casos complementarias, ofrecen un panorama, por simplificado, que obliga a un fuerte reduccionismo, parcial e incompleto. En suma, ambas localidades debieron haberse visto involucradas y sustancialmente alteradas por los hechos que desembocaron en la definitiva expulsión por Roma de los cartagineses de Hispania. Si la revalorización de Apiano* 14 desembocó en un giro en la interpretación geoestratégica de los acontecimientos bélicos15, hoy, en función de un análisis de los intereses económicos y las reales capacidades de Roma en el momento, parece más adecuado volver a los esquemas tradicionales16. En todo caso, de lo que no debe quedar duda es del papel para Cartago de Carmo como emplazamiento militar clave en el control del Bajo Guadalquivir17. La primera fase de la conquista romana. La supuesta luna de miel en las relaciones de Roma con los hispanos tras la expulsión de los cartagineses se quebró dramáticamente en el año 197 a.C. La descripción de Tito Livio no parece dejar lugar a dudas18. Varias son las enseñanzas de significación que se extraen de este texto. En primer lugar la ruptura de la vieja “relación de asociación” entre indígenas turdetanos y colonizadores, que, como sustituía de Cartago, Roma había interinamente mantenido19. En el año 197 la ficción no se mantuvo más. El nombramiento de dos nuevos pretores, elegidos para el gobierno de las provincias hispanas20, demostraba bien a las ciaras el afán de permanencia de Roma en nuestro territorio, cuyas posibilidades de explotación económica eran bien evidentes. Frente a M. Helvio, el primer gobernador de la Ulterior designado por este sistema, se levantó una amplia rebelión en el sur21. Entre los coaligados contra Roma, si Cuica aparece mencionado con antelación por el propio Tito Livio22, no sucede así con Luxinius, nombre latinizado que de esta manera conocemos sólo por esta referencia23 24. Este Luxinius, descrito como “régulo” de Carmo y Bardo por Livio, puede ser considerado como el prototipo de lH Frente a una deslegitimación como fuente, que adquiere carta de naturaleza en el comentario de Schulten en las Pon tes Hispaniae A ntiquae (Fase. 111: Las guerras de 237-154 a. deJ.C., Barcelona 1935, p.142): “En Apiano consiste la narración de la batalla en anécdotas sin valor tomadas de malos anales”. 14 R. Corzo Sánchez. “La segunda guerra púnica en la Hética”, Habis 6, 1975, pp.213-240. Ih I Millán León, "La batalla de Hipa”, Habis 17,1986, pp.283-303. En ella, según Apiano (Iber. 25), se reunieron las tropas cartaginesas convocadas por Asdrúbal, a las que se sumaron hispanos puestos a las órdenes de Magón y los númidas de Masinissa. lh Livio, a.Lie. 33 21.6. a 21.9: A. Jiménez, La Puerta de Sevilla..., cit. p.35 * Livio 32,27,6. -1 Sería anacrónico presentar éste como un enfrentamiento "nacional” y manifestación de una a modo de “protoconciencia" de identidad autonómica regionalista frente a la opresión romana, dado, tanto que el concepto de nación ligado al de soberanía colectiva es ajeno a este estadio histórico, como que la alianza fue sólo fruto de una coincidencia de intereses entre potéis soberanas en un ámbito carente de otro nivel superior de vertebración organizativa. 22 Livio 28.13-3Con ocasión precisamente de la descripción de los acontecimientos previos a la batalla de Silpia, en la tradición manuscrita, flipa (Alcalá del Río, Sevilla), según la identificación tradicional (cfr. J. Millán León, ¡lipa Magna, Sevilla 1989. pp.20-36). Por entonces, si no se trata de un error de transmisión o achacable al propio Livio, éste indica que Cuica “reinaba sobre veintiocho ciudades fortificadas”, informando a la par del compromiso del reyezuelo de aportar tropas al ejército romano de Escipión. La pérdida de poder experimentada por el caudillo indígena entre uno y otro momento bien pudiera deberse a una táctica romana de debilitamiento del adversario bien conocida, tal cual se expresó, eg., en el decreto de Emilio Paulo (CIL I 2614 = OI. 11 5041; cfr. F. Martín, “La fórmula ‘populus senatusque roma ñus’ en el bronce de Cuscuta”, Actas del Congreso sobre Epigrafía hispánica de la época romano-republicana, Zaragoza 1986, pp. 103 ss., L. García Moreno, “Sobre el decreto de Paulo Emilio y la 'Furris Lascutana”, Actas del Congreso sobre Epigrafía hispánica de la época romano-republicana, Zaragoza 1986, pp. 195 ss., y F. Marco, “La ‘manumissio’ oficial de Emilio Paulo en el marco de la política internacional romana del siglo II a.C.", Actas del Congreso sobre Epigrafía hispánica delaépoca romano-republicana, Zaragoza 1986, pp.219 ss. Consúltense éste y los otros textos clásicos aquí citados en el trabajo de A. Ramírez de Verger. "Las fuentes literarias para el conocimiento de la Carmona romana”, contenido infra en este volumen. 24 No se documenta ningún Luxinius en el repertorio de onomástica hispana deJ.M. Abascal Palazón, Los nombres personales en las inscripciones latinas de Hispania, Murcia 1994. Un C Flavius Luxianus en Moraleda de Zafayona (Granada), HEp 1, 352. Un Lusinius, como gentilicio, Mares Lusinius Diocl(es), en Roma en una inscripción fechada a fines de la República (AF. 1980, 107; cfr H. Solin y O. Salomies, Repertorium nominum gentilium et cognominum Latinorum, Hildesheim-ZurichNueva York 1994, p. 108). 7
Antonio Caballos Rufino caudillo de los reinos turdetanos, en proceso de vertebración y consolidación desde el descoyuntamiento que supuso el fin de Tartessos. La autonomía funcional de estos reinos entraba en ciara contradicción con la política romana. El enfrentamiento armado se manifestaba como la única salida posible. La concluyente victoria romana supuso el definitivo punto de inflexión en el papel de Carmo en la región, que se vería desprovista desde entonces de autonomía y su territorio convertido oficialmente en ager publicus. De tal manera que dependería de una graciable, insegura, voluble y condicionada “magnanimidad" de Roma la forma en que los romanos se recrearan en la suerte, y así el que de fado los de Carmona se convirtiesen o no en parias en su propia tierra. El pasaje de Livio también nos permite identificar la significación de Carmo en función de las dimensiones del territorio bajo el control de Luxinins, extendido entre Carmo y Bardo, si, como parece razonable mantener, se trata de hitos extremos en un territorio básicamente no discontinuo. Las habituales referencias sobre cuestiones toponímicas entre los historiadores de la Antigüedad citan Bardo/Baldo como localidad de ubicación desconocida24. Fue A. Jiménez quien lanzó la propuesta que, ante la carencia de argumentos probatorios en cualquier sentido, nos sigue pareciendo hoy por hoy la más adecuada, la de la identificación de la Bardo turdetana con la actual Paradas, en la provincia de Sevilla, a 23 km. al SSE de Carmona, a través de una derivación fonética del topónimo pasando por el árabe Bardis15. Según al-Razi e Ibn Galib, a la cora de Carmona pertenece el lugar de Bardis, a la que se identifica como madina, adjudicándole, por lo tanto categoría urbana24 * 26. La Paradas moderna políticamente se remonta a la carta de población que en 1460 otorgó al lugar D. Juan Ponce de León, II conde de Arcos, casado con Leonor de Guzmán27 y miembro de un linaje de tanta vinculación con Carmona28. Paradas tomaría así el nombre del antiguo asentamiento, aún no identificado documentalmente, pues la epigrafía no nos ayuda en este caso29. Varios son los candidatos entre los despoblados de los alrededores. Podemos citar, a título de ejemplo, la antigua Ermita de San Albino, el punto más alto, desde el que se divisan no sólo Carmona, sino los otros hitos de la región: El Viso, Mairena y El Gandul al NO, Marchena al E, El Arahal al O, y Morón al SO. También, ¡cómo no!, el 24 Así en R. Thouvenot, Essai sur laprovince romaine de Bétique, París 1973, p. 106, y A. Tovar, Iberische Landeskunde. Batid I: Baetica, Baden-Baden 1974, p. 158. La identificación del nombre como una coraipción de Baelo que avanza Hübner (RE 2.2759) parece poco verosímil, dado la distancia que media entre Baelo Claudia, ubicada en Bolonia (Cádiz), y Carmona. 2!i A. Jiménez Martín, La Puerta de Sevilla en Carmona, Málaga 1989, p.35. M. Belén, por su parte, suma a ésta, como hipótesis alternativa, la posibilidad de pensar en el yacimiento de “El Gandul", en el extremo más occidental de los Alcores. Pero para ello deberían desecharse otras identificaciones toponímicas de este emplazamiento, especialmente con Lucurgentum a partir de CIL II 1264 (cft: al respecto J. González, “M. Accenna M.f. Gal. Helvius Agrippa”, en Arqueólogos, historiadores y filólogos. Homenaje a Fernando Gaseó, Sevilla 1995, tomo I, pp.367 s.). 2Í’ Yaqut, Mu’yam al-buldan, tomado de J. Vallvé, La división territorial déla España musulmana, Madrid 1986, p.323 s. y nota 397. Asimismo Mohammad Ibn Galib, “Farhat al-Anfus fi Tarij al-Andalus”, Revista del Instituto de Manuscritos árabes, vol. I, fase. II, El Cairo 1955, p.292. Cfr. R. Valencia, “La Cora de Carmona (712-1247): medio físico y humano", Actas del I Congreso de Historia de Carmona. Edad Media, Sevilla 1998, p.35; así como Ahmed Tahiri, “El esplendor de la Carmona islámica. Épocas del Califato y taifas", Actas del l Congreso..., cit., p.54. El único otro topónimo medieval que hemos encontrado que tal vez pudiera tener alguna vinculación con el primitivo de Bardo es “(Jafrapardal”, de ubicación ignota, y mencionado entre las localidades entregadas mediante capitulación a Fernando III en 1240 (Primera Crónica General de España, Edición de R. Menéndez Pidal, II Tomo, Madrid 1955, 740 a b; cfr. M. González Jiménez, “Marchena en el contexto del siglo XIII andaluz”, Actas de las ¡¡Jornadas sobre Historia de Marchena (Historia de Marchena Vol. ü). Marchena bajo los Ponce de León: Formación y consolidación del señorío (siglos XLU-XVL), Sevilla 1997, p.2). 27 A. Collantes de Terán Sánchez, “Nuevas poblaciones del siglo XV en el reino de Sevilla", Cuadernos de Historia 7, 1997, pp. 283-336; cfr. F. Devís Márquez, Mayorazgo y cambio político. Estudios sobre el mayorazgo de la Casa de Arcos alfinal de la Edad Media, Cádiz 1999, especialmente 3. Propiedad y derechos reales: el ejemplo de Paradas, pp.29-31. Sobre el personaje véase R. Sánchez Saus, Linajes sevillanos medievales, Sevilla 1991, vol. I, p.234, n°29 y vol. II, Árbol genealógico LXIII, pp.402 s., nQ29; cfr. M.A. Ladero Quesada, “Andalucía en el siglo XV”, Estudios de historia política, Madrid 1973, pp. 20 s. 28 Sobre las relaciones entre Marchena, en la que primitivamente estaba integrado el posterior término de Paradas, y Carmona, mantenidas también tras la Reconquista, aunque con unas relaciones conflictivas, especialmente tras la creación del señorío de Mairena, desgajado de Carmona, y concedido al II Señor de Marchena en 1342, véase A. Franco Silva, “Carmona y los señoríos de su término”, Actas del 1 Congreso de Historia de Carmona. Edad Media, Sevilla 1998, cfr. pp.456-462 y R. Sánchez Saus, “Caballeros y oligarcas en la Carmona medieval: formación, desarrollo y límites de un grupo social”, Actas del I Congreso..., cit., pp. 479-497. 2V Sólo dos inscripciones, ambas funerarias cristianas, son asignadas a Paradas en J. González, ed., Corpus de inscripciones Latinas de Andalucía. Vol. IISevilla, Tomo III: La Campiña, Sevilla 1996, nu833 y 844. 8
La paulatina integración de Carrno en la Romanidad yacimiento de Montemolín a 14 km. al Este de Paradas, en una elevación junto al Cordones30. Pero no son éstas las únicas posibilidades. Los trabajos de la dinámica de poblamiento en la región llevados a cabo por Mercedes Oria Segura, Enrique García Vargas y Eduardo Ferrer Albelda permiten aportar otros candidatos, yacimientos arqueológicos de significación en la región31. La segunda fase de la conquista romana. Carmona en el ambiente de las Guerras Lusitanas. Carmo vuelve a ser citada en las fuentes como refugio del pretor Servius Galba tras su derrota del 151 a.C. frente a los lusitanos32. Se manifiesta así cómo la ciudad seguía conservando su función campamental, mantenida desde antiguo y monumentalmente expresada en el bastión construido por Cartago -según se ha publicado-, como primer germen de la actual Puerta de Sevilla33. Complementariamente para estos fines toda la mitad sudeste de la meseta sobre la que se asienta Carmona contaba por entonces aún con amplios espacios sin urbanizar. La subordinación política, un hecho desde la derrota de Luxinius y sus coaligados, tiene su contrapunto en los procesos de aculturación, dinamizados por la masiva presencia de soldados romanos y la amplia cohorte de civiles que, a la búsqueda de una fácil ganancia, siempre rodeaban y parasitaban a éstos. El proceso de romanización. La historia de Roma, a partir del inicio de su expansión militar, es la historia de muchas co munidades humanas, unidas bajo la sola autori dad del Estado romano, que fueron uniformán dose en un proceso de aculturación, lento y des igual, que conocemos genéricamente con el nom bre de “romanización”. Como resultado de ésta, los diferentes pueblos conquistados por Roma fueron en mayor o menor medida, y con un rit mo muy desigual, aclimatando sus propias cul turas y sus lenguas, para adoptar los modelos romanos y, al menos en las provincias occiden tales, el latín como fundamental vehículo de trans misión cultural. En Hispania se observan de for ma muy especial los impactos culturales y organizativos, pudiendo entenderse la romanización peninsular como el proceso de in tegración de Hispania en el Estado Mediterrá neo que define el Imperio. En términos históri cos la romanización de la Península Ibérica debe considerarse como una de las transformaciones de más trascendencia y de más fructíferos y durables resultados experimentada por nuestra patria. La presión romana sirvió a estos efectos de catalizador, generando un mayor dinamismo histórico, en una manifestación más de la tra ducción cultural del teorema de Fischer de que, a mayor diversidad, mayor es la velocidad de los cambios operados34. Con todo, la unificación no fue total, sino que se vio limitada fundamentalmente por las condiciones del medio físico o por el sustrato cultural, con lo que así cada ámbito concreto mantuvo algo, o mucho, de su personalidad an terior, lo que proporcionó al Imperio Romano diversidad y riqueza. Se trató de un proceso de integración gradual, que, en el caso de Hispania, no supuso la total extinción de las formas pre vias de organización. Así, las fuentes nos dan cuenta de pervivencias indígenas, habiéndose conservado instituciones antiguas integradas y 40 La ubicación allí de la misteriosa Cilpe, ciudad conocida sólo por dos monedas de procedencia incierta (Vives 106-1 y 2, L. Villaronga, Corpus nummum Hispaniae ante Augusti aetatem, Madrid 1994, p.420), es sólo una aventurada hipótesis con nulo fundamento adelantada por A. Delgado (A. Delgado, Nuevo Método de clasificación de las medallas autónomas de España, T. I, Sevilla 1871, pp.l 16-120). Éste sólo conocía un único ejemplar de moneda, procedente de Sevilla, que formó parte de la colección de Caballero Infante, En la región contamos con el Artigi quod Iulienses de Plinio N.b. 3,10. J. González propone la posibilidad de identificar esta Artigi precisamente con Montemolín (CIL5 vol. II, tomo III, p.193, ad n-‘8l6). Más concretamente, en este caso, habría que pensar en el Cortijo de La Torre (a 3 km. al norte de Montemolín), si atendemos a la restitución propuesta para AE 1984, 512 (= C1LA II, 816). M Junto a Montemolín, al que antes nos referimos, hay que citar la zona de Porcún/Las Motillas, al norte de Paradas en dirección a Carmona, o la “La Loma de la Lombriz”, al sureste de Carmona, en el actual término de Marchena. -'2 Apiano, Iber. 58. 44 Tras la elevación de un torreón troncocónico que A. Jiménez remontó al siglo IX a.C. (A. Jiménez, La puerta de Sevilla..., cit., p. 175)- Por su parte M. Pellicer Catalán, en comunicación oral que agradezco, no encuentra argumentos arqueológicos para remontar nada de lo que se ha conservado de la Puerta de Sevilla a época cartaginesa. 14 Cfr. F.J. Ayala, La Teoría de la Evolución. De Darwin a los últimos avances de la Genética, Madrid 1994, p.67. 9
Antonio Caballos Rufino camufladas en un marco organizativo aparente mente romano. Estas pervivencias dependen esencialmente del mayor o menor contacto con Roma, resultando éste menor en las zonas de más difícil acceso o de menores recursos econó micos. El resultado fue la diferente graduación de la romanización en función de las coordenadas espacial y temporal. Esta heterogeneidad de si tuaciones en las diferentes áreas de la Península Ibérica, y a lo largo de toda la etapa de dominio romano, fue consecuencia de un doble proceso, complejo y nunca lineal en su desarrollo. Un proceso externo, de conquista del territorio, y otro interno, de organización política y adminis trativa y romanización cultural. Resulta pertinente mencionar aquí entre los factores que, a modo de elementos de presión, propiciaron una gra dual aculturación, afectando específicamente a Carmona, los siguientes: - El establecimiento de tropas romanas y las emi graciones de contingentes de población civil, tanto romanos como itálicos. A partir del siglo II a.C., como resultado de los conflictos civi les, habría que sumar la llegada de inmigrantes de extracción social superior, con unas mayo res necesidades y mayor capacidad de irra diación cultural. - El proceso recíproco de reclutamiento de mer cenarios indígenas para formar parte de las tropas auxiliares romanas. - Las necesidades de los órganos de adminis tración romanos. - Las actividades comerciales de diverso cali bre, que alcanzarían todos los ámbitos penin sulares, y finalmente la plena integración de la Península Ibérica en el sistema económico romano; factores que favorecieron de forma muy especial la difusión de la escritura roma na, medio de comunicación universal y lingua franca en todas las transacciones. La asimilación de formas culturales nuevas fue muy compleja y afectó a todos los órdenes de la vida, dando lugar a modificaciones o susti tuciones graduales de las situaciones organizativas de partida. En el mediodía penin sular los resultados fueron palpables y, para mu chos ámbitos y momentos cronológicos, se pue de hablar de una plena asimilación y una autén tica integración. Nada más que habría que adu cir para ello el elevado número de senadores de extracción hética -eso sí, ninguno documentado hasta ahora en Carmona-, entre quienes se cuen tan incluso dos de los emperadores -Trajano y Adrianode más notoria actividad y fama a lo largo del Imperio. Una de las más evidentes consecuencias de la romanización, y a la par uno de sus síntomas más claros, es la difusión de la latinización, y, a partir de ésta, de la utilización del sistema gráfi co romano como algo usual y generalizado. De tal manera la romanización se puede medir por la difusión de la escritura romana, ya que la ge neralización de ésta es conditio sine qua non de la plena romanización. Pero, al igual que acaba mos de decir al hablar de la romanización, el uso de la escritura también se fue difundiendo de forma muy progresiva y afectando de diversa manera a las diversas áreas de la Península, y dentro de cada uno de éstas en forma muy des igual a los diferentes estratos de la sociedad. La escritura romana fue en unos momentos inicia les de uso exclusivo entre los romanos asenta dos en Hispania. Luego pasó a ser el vehículo usual de comunicación entre romanos e indíge nas y la lengua de la diplomacia, para llegar pau latinamente a ser de aceptación prácticamente general y obligada tras la plena integración polí tica y administrativa, y como resultado de la ge neralización del sistema educativo romano, cuyo primer nivel estaba compuesto por el aprendi zaje de la lectura y la escritura. Con ello la socie dad hispanorromana puede considerarse como una sociedad plenamente alfabetizada, que usa ba habitualmente y de forma muy versátil el sis tema gráfico romano. Éste de la Romanización es un tema que se presta como pocos a una interpretación ideologizada. Aquí la pretendida «verdad" histó rica deja paso a una realidad plena de matices en un proceso de lentas transformaciones, don de los puntos de referencia, Roma e Hispania, se doblan en los argumentos de la aceptación o rechazo; la hagiografía de la romanización, ma nifestada en la serie de las Laudes Hispaniae, frente a la reivindicación extemporánea. A pesar de las dificultades, o precisamente por esto, si gue siendo necesaria una más profunda identifi cación, para otros desenmascaramiento, del pro ceso de romanización, al que tanto debemos por lo que hoy somos, pero al que hay que conocer mucho más profundamente, sin dejarnos llevar excesivamente por la grandilocuencia formal y estética, que es ropaje, expresión del poder y la ideología romana. 10
La paulatina integración de Carino en ¡a Romanidad En este ámbito de la interpretación de los procesos culturales, en muchos casos las postu ras pueden manifestarse como irreconciliables. Pongamos un ejemplo, el de la Cabeza de Marte, hallada en 1978 al realizar un acondicionamien to del acerado de la C./ San Pedro de Carmona, delante del teatro Cerezo, junto con otra femeni na, a la que se ha querido identificar, como parergo de la anterior, con Juno33 * 35 36. La calidad de la escultura es soberbia y excepcional. De abso luto primer nivel, que justifica el que la hayamos llevado a la portada de este libro. El original está depositado en el Museo Arqueológico de Sevi lla, en el lugar de honor que le corresponde: en la sala oval, y junto a otras esculturas tan impor tantes como la estatua de Trajano o los bustos de Adriano y Augusto de Itálica. Paradójicamen te sigue sin haber sido estudiada en profundi dad, salvo algún pequeño avance. Se trata de una cabeza de mármol barbada y con casco, una pieza de encastrar, tal vez en una estatua con coraza. Representa a un personaje noble de edad madura, con abundante cabello, barba poblada, de rostro idealizado. Sus rasgos los aproximan al de la estatua de culto encontrada en el Tem plo de Mars Ultor de Augusto, datada en época de Domiciano. El tipo sigue el modelo clásico de la Atenea Partbenos de Fidias con casco corintio levantado sobre la nuca. Para Niemeyer sería una obra de calidad de un taller local de fines del siglo I d.C.3<1 ¿De quién se trata? Iconográficamente lo de bemos identificar a no dudar con Marte, el dios de la guerra, hijo de las dos principales divinidades romanas, Júpiter y Juno37. Padre a su vez de Rómulo, el legendario fundador de Roma. Pero, ¿seguro que nada más que el Marte romano? Y es que las cosas no son tan claras como aparentan, o como Roma hizo que apa rentasen. Mucho, muchísimo antes de que Roma llegara aquí ya era Carmona una ciudad de pa sado glorioso y floreciente, en un riquísimo en torno agrícola, y con una tradición cultural que la vinculaba, primero a los viejos fenicios, luego a sus directos epígonos, los cartagineses. No en vano sin duda podemos presumir que vería paLám. 1.- Cabeza del dios Marte hallada en Carmona (Museo Arqueológico de Sevilla). sear por sus calles al mismísimo Aníbal, el terror de Roma. De tal manera que, ya por entonces, su pasado pesaba y le aportaba una clara perso nalidad, que no habría de ser fácilmente asimila ble a la romana. Y aquí, con la conquista roma na, tuvo lugar uno de los procesos de cambio más significativos en la trayectoria histórica de Carmona. Con la romanización Carmona se vería afec tada en mucho mayor medida que otras ciuda 33 Cfr. F. Amores Carredano, Carta arqueológica de Los Alcores (Sevilla), Sevilla 1982, pp. 133 s.; y Hans-Georg Niemeyer en W. Trillmich, Th. Hauschild, M. Blech y otros, Hispania Antiqua. Denkmdler der Rómerzeit, Maguncia 1993, pp.382 s. y Lám. 177. 36 H.-G. Niemeyer en W. Trillmich, Th. Hauschild, M. Blech y otros, Hispania Antiqua. Denkmdler der Rómerzeit, Maguncia 1993, pp-382 s. y lám. 177. r Un repertorio de las manifestaciones epigráficas del dios Mane en la Bética en J. Rodríguez Cortés. Sociedad y Religión Clásica en ¡a Bélica Romana, Salamanca 1991, pp.76-81. 11