La novia vendida
Abstract
El artículo propone dos períodos principales de intensificación agraria en la Península Ibérica: La transición del Campaniforme a la edad del Bronce y la del Bronce Final a la Edad del Hierro. Ambos momentos se relacionan con cambios en los sistemas de herencia por vía femenina y son detectables a través del análisis de la orfebrería y de los ajuares funerarios.
Full text
LA NOVIA VENDIDA: ORFEBRERIA, HERENCIA Y AGRICULTURA
EN LA
PROTOHISTORIA DE
LA PENINSULA IBERICA
po
MARISA RUIZ-GÁLVEZ PRIEGO
RESUMEN
El a ículo p opone dos pe íodos p incipales de in ensi icación ag a ia en la Península Ibé ica:
La ansición del Campani o me a la Edad del B once y la del B once Final a la Edad del
Hie o. Ambos momen os se elacionan con cambios en los sis emas de he encia po ía
emenina y son de ec ables a a és del análisis de la o eb e ía y de los ajua es une a ios.
ABSTRACT The pape p oposes wo main pe iods o ag icul u al in ensi ica ion a he Ibe ian Peninsula:
The Beake /B onze Age ansi ion and he La e B onze Age/I on Age ansi ion. Bo h
momen s a e ela ed o changes in women's inhe i ance and a e de ec able h ough he
analysis o he gold and sil e eso s and g a e goods.
En
,
la ópe a
"P odaná ne és e" ,
la no ia endida
1
,
el composi o Bed ich Sme ana y el lib e is a
Ka el Sabina, nos ela an una his o ia de amo campesina. Ma enka y Jenik se aman mu uamen e pe o
los pad es de la chica quie en casa a és a con Vasek, el hijo de un ico p opie a io. A la ez, Kecal el
casamen e o local, p e ende conce a la boda de Jenik con una ica he ede a.
Temas como es e, han sido muy comunes en la li e a u a Occiden al y e lejan un hecho eal: cómo
las bodas en e e a enien es o incluso en e pequeños campesinos, enían menos que e con los
sen imien os que con los in e eses económicos, pues el obje i o p incipal de los concie os ma imonia-
les e a ac ecen a el amaño, iqueza y pode del sola amilia .
1. La aducción española del í ulo no es demasiado a o unada desde un pun o de is a an opológico. Conside o más
co ec a la aducción inglesa: "The ba e ed b ide", es o es, la no ia ocada
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MARISA RUIZ-GALVEZ PRIEGO
El an opólogo b i ánico Jack Goody, quién ha esc i o ampliamen e (1973, 1976 a y b, 1986 y 1990)
ace ca de los sis emas de ma imonio y ansmisión de la he encia, señala cómo el ma imonio con do e
es ípico de Eu asia y del A ica No saha iana, en an o que el de comp a de la no ia es más ecuen e
en el A ica Subsaha iana. Es o esponde ía a azones de ipo económico, en especial a di e encias de
ecnología ag a ia. Así, en A ica subsaha iana, la ag icul u a ha sido adicionalmen e i ine an e, de
azada, azuela o palo ca ado . Ello supone que el amaño de la pa cela po indi iduo es muy limi ado, la
densidad de población baja y que po an o, no se plan ean p oblemas de escasez de ie a cul i able, ni
ampoco g andes di e encias en e los miemb os masculinos de la sociedad, en azón de la ex ensión de
ie a que poseen y su di e en e p oduc i idad. Pe o más impo an e que ello, es el hecho que Bose up
(1967 y 1984) y Goody (1973 y 1976a) señalan, de que en ales sis emas ag a ios p edomina la
exogamia, la poliginia y la comp a de la no ia, po que el abajo del campo descansa básicamen e en la
muje y los hijos. Aunque al sis ema e is e muchas a ian es y los obje os, pe ecede os o no, usados
como pago de la no ia, pueden pasa en odo o en pa e a la amilia de la muje quien los u iliza a su
ez pa a comp a esposas pa a sus hijos a ones, lo impo an e de al sis ema es que la iqueza
ans e ida po el no io o su amilia a la de la no ia ac úa como compensación po la pé dida de la hija
como p oduc o a pe o sob e odo, po la enuncia po pa e de la amilia ma e na a eje ce de echos de
iliación sob e la descendencia de la hija que pasa á a o ma pa e unila e almen e de la amilia del
pad e. De ahí que en ales sis emas, la muje no ansmi a he encia y és a se man enga den o del clan o
del linaje.
Po el con a io, den o de sis emas más complejos con empleo de a ado, el sis ema ma imonial que
p edomina es la do e. Es a se de ine como
"El caudal que lle a la muje cuando se casa"
y que puede
se o no, un an icipo sob e su he encia que pasa de los pad es a la hija. Po que lo impo an e de es os
sis emas es que la muje he eda y ansmi e sus de echos a su descendencia. La do e consis e gene al-
men e en dine o, bienes muebles o inmuebles incluidas ocasionalmen e ie as. Aunque ambién en es e
sis ema exis en muchas a ian es, como la do e indi ec a, o p opiedad ans e ida po el no io a su
amilia o a la no ia, con mo i o de sus desposo ios o de sus bodas (Goody, 1976a: 11; Lisón, 1987:83),
el obje o de la do e es es ablece , jun o con lo apo ado po el ma ido, un capi al conyugal que ayude al
ma imonio en sus comienzos, pe o que, sob e odo, asegu e inancie amen e a la muje en caso de
disolución del ínculo, bien po mue e del cónyuge o po di o cio. Aunque el ma ido puede ene el
usu uc o y adminis a los bienes do ales, la p opiedad es de la muje y puede e o na a la amilia de
és a en caso de que la hija mue a sin descendencia.
Po ello, si los sis emas de comp a de la no ia son unila e ales y gene almen e agna icios, en los que
p edomina la do e, son cogna icios o bila e ales, pues se econoce igual impo ancia a la descendencia
po ía pa e na o ma e na, ya que la p opiedad o el pa imonio no es án ligados necesa iamen e al sexo
(Goody, 1976a y b).
Es a di e encia en los sis emas de iliación y he encia con espec o al p opio de la ag icul u a de
azada, adica en el hecho de que el a ado pe mi e cul i a pa celas más ex ensas, sos ene densidades
mayo es de población y amen a la p oduc i idad de las ie as que se cul i an y odo ello p oduce
p esión sob e la ie a cul i able. En es e ipo de cul i o, la mano de ob a necesa ia, mucho meno , es
p edominan emen e masculina. Goody (1976 a: 25 y 107), señala cómo la ex ensión de e eno po en-
cialmen e cul i able po homb e aumen a de 6 ac es (1 ac e = 40 Ha), a 60 ac es, con el uso del a ado y
que un homb e sólo, puede lab a 20 ac es (= 800 Ha), en el mismo iempo que una amilia in ie e en
lab a con azada 8 ac es (= 320 Ha) (ci ado en Thomas 1987). Todo ello p oduce di e enciación social,
incluso a ni el de aldea y pe mi e la concen ación de ie as y la apa ición de seño es y sie os, de
amos y en e os.
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En ales casos, es p eciso p ese a el es a us an o de los homb es como de las muje es de la
amilia. Ello explica el sis ema de do e emenina, que pe mi e la celeb ación de ma imonios en e
iguales (homogamia), o den o de un es a o social supe io (hipe gamia) (Goody, 1973:18;Tambiah,
1973:64). Ello explica ía ambién pa a Goody (1976a:51), el que en es os sis emas p edomine la
monogamia, pues en cada nue o ma imonio hab ía que p ocede a cons i ui un capi al conyugal, en el
que lo lle ado po la nue a esposa en la do e, end ía que se igualado po las p opiedades apo adas
po el ma ido.
De ahí el que las muje es sean alo adas p incipalmen e como ep oduc o as, se con ie an en
ins umen os de a eglos ma imoniales, se con ole celosamen e su i ginidad p ema imonial (Goody,
1990:210 y 273-5; Pe is iany, 1968; Junque a, 1989) y que la endogamia sea una p ác ica ecuen e
en e las amilias e a enien es. La azón pa a ello, adica en la posibilidad de que la muje se
con ie a en he ede a, debido a la al a de he ede os a ones en muchos ma imonios. Goody
(1986:71), calcula un 20% ap oximadamen e de pa ejas po gene ación, que no end án hijos a ones y
o o 20% que no end án descendencia. Es as ci as pod ían se mayo es de acue do con Goody, si se
die an al as asas de es e ilidad, homosexualidad o con acepción. Aho a bien, con la do e an o co no
con la he encia, las muje es enajenan bienes ue a de la amilia o del clan; po ello, si es as ansmisio-
nes suponen bienes básicos de p oducción como ie a, o ganado en las sociedades ganade as, el
ma imonio en e pa ien es p óximos se adop a como solución a la ausencia de he ede os a ones y a la
dispe sión del pa imonio. Ello puede lle a apa ejado el cambio de apellidos po pa e del ma ido o de
los hijos de una he ede a. Es o explica po ejemplo, el galima ías de los apellidos de la nobleza
española, donde hijos nacidos de los mismos p ogeni o es, pueden sin emba go lle a apellidos di e-
en es, pues en España la muje podía se mayo azga si no exis ía un a ón. El cambio de apellidos
pe mi ía así, pe pe ua el nomb e y el linaje de una casa noble, en donde no había he ede o (Leb un/
Bu guié e, 1988:75).
Y c eo que con ello hab ía que asocia la singula idad que di e encia a las muje es españolas y
po uguesas del es o de las occiden ales, quienes, en e a es as, no cambian su apellido al casa se y lo
ansmi en a sus hijos, que usan los del pa ilinaje pa e no y ma e no (o ma e no y pa e no en Po ugal.
Sob e ello, e ambién Goody, 1990:364-5). Y con la posibilidad emenina de he eda y ansmi i
bienes inmuebles, en especial la ie a, es á ambién ligada la cues ión del acceso de la muje a la
sucesión en el o icio, como es el caso de la ins i ución egia (Goody, 1976b: 13).
Na u almen e es a es a egia es di e en e en amilias campesinas pob es, cuyas pa celas apenas dan
pa a alimen a a una amilia elemen al. En al caso se end á que op a bien po emplea a los hijos
como mano de ob a, o bien po con ola el núme o de su p ole, lo que a ec a especialmen e a las niñas,
menos p oduc i as en el campo y a las que hay que do a pa a pode casa . Es o explica los in an ici-
dios emeninos en China, India o en la Eu opa Medie al (Goody, 1976 a: 68; Idem, 1976 b: 11; Idem,
1990:115 y 468-9).
Goody (1986:118), man iene la esis de que ins i uciones como las desc i as, basadas en la ansmi-
sión de la he encia y el es a us de pad es a hijos con independencia del sexo, exis ie on en la Eu opa
P o ohis ó ica, an o medi e ánea, como cél ica y ge mánica, a pa i del su gimien o en Eu asia
du an e la Edad del B once, de una ag icul u a écnicamen e a anzada, en la que el a ado o el egadío,
subs i uye on a una ag icul u a i ine an e (Goody, 1990:2). Y que es la Iglesia quién, a pa i del iun o
del C is ianismo en el s. IV, comienza a omen a las donaciones y a opone se a las es a egias
he edi a ias exis en es, p ohibiendo la adopción, el ma imonio en e p imos, el concubina o, el le i a o
o el di o cio y las segundas nupcias, e insis iendo po el con a io, en la igu a de la amilia conyugal
en e a la amplia, en el ma imonio po amo y mu uo consen imien o, o en la libe ad del es ado de
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hace lo en con a de los in e eses de los pa ien es. Todo ello pe mi ió des ia el pa imonio hacia Ella
en de imen o de la amilia, como o ma de hace así en e a Sus c ecien es necesidades en an o que
O ganización dedicada a la ca idad, a la educación y a la o ación. El esul ado de ello ue que la Iglesia
se con i ió paula inamen e en el mayo e a enien e de la C is iandad, si bien nobles y plebeyos
halla on los medios de bu la los manda os eclesiás icos, como el p opio a gumen o de la ópe a con el
que es e abajo se inicia, demues a cla amen e.
Muchos a queólogos b i ánicos (B adley, 1980, 1981, 1984; Ba e , 1989 ay by 1990; Ba e /
B adley/G eenn, 1991: 120-8 y 138-9; Thomas, J., 1987; Thomas, R., 1989), se han basado en los
abajos de Goody al es udia la P ehis o ia eu opea y especialmen e, el egis o une a io y su elación
con los cambios en la ecnología ag a ia. No obs an e, y aunque la do e y o as o mas de pagos
ma imoniales han sido obje o de es udio en la li e a u a española, an o an opológica como his ó ica
(Casey e al., 1987; Lisón, 1987; Junque a, 1989 y en p ensa; Ma ínez-Alie „ 1972; Redondo, 1987;
Ruiz-Gál ez, E. 1990;), han alcanzado un escaso eco en e los a queólogos españoles. Po ello, es e
a ículo aspi a a llena al acío y a suge i la exis encia de cambios en ecnología ag a ia y en sis emas
de he encia, isibles en el egis o a queológico de la Península Ibé ica, muy especialmen e a a és de
la o eb e ía.
ORFEBRERIA
Y
AGRICULTURA
Los dos pe íodos p incipales de desa ollo de la o eb e ía, son la ansición Calcolí ico/Edad del
B once y el B once Final y ansición a la Edad del Hie o. Tal hecho no es acciden al, sino que es á
elacionado con dos momen os de in ensi icación ag a ia, de c ecien es in e cambios y de con ac os
in e egionales.
La o eb e ía Campani o me/B once An iguo, se concen a muy especialmen e en el Cen o-No e
de Po ugal y en Galicia. En e ella, asos de o o, o ques de pale as, pendien es ipo baske y ga gan i-
llas de i as, ienen buenos pa alelos en con ex os de Wessex y de los Túmulos A mo icanos. Da acio-
nes adioca bónicas más ecien es y iables, posibili an si ua es as umbas inglesas y b e onas, en la
ansición del Campani o me a la Edad del B once, es o es, en e ines del HP y los inicios del
II-9-
Milenio a.C. en c onología calib ada. Dada la inexis encia de da aciones absolu as pa a las umbas y
depósi os españoles y po ugueses, debemos supone pa a ellas unas echas semejan es a las an e io es.
Tales simili udes en o eb e ía y ajilla de o o en la Eu opa Occiden al, son la consecuencia, de
acue do con She a (1987), de un pe íodo de expansión ag a ia, con la llegada al á ea a lán ica de la
"Re olución de los p oduc os secunda ios", aducida desde un pun o de is a social, en la endencia a
la apa ición del en e amien o indi idual y en la c ecien e impo ancia de la igu a del a ón.
En echas ecien es, C iado/Fáb egas (1989), señalaban cómo en algunos de los monumen os mega-
lí icos de mediados del III Milenio a.C. en c onología calib ada ( ines del mismo milenio en echas
con encionales), los ajua es documen ados consis en en mazas, cinceles o hachas de comba e, de
mo ología o almen e desconocida en la Península Ibé ica y que po el con a io, e lejan con ac os
con Eu opa Occiden al, donde obje os simila es es án bien documen ados en con ex os a doneolí icos.
Es os, así como la ce ámica campani o me, indica ían la c ecien e iqueza de los ajua es de la úl ima
ase megalí ica gallega, en con as e con la paula ina pé dida de monumen alidad de las umbas. Es e
enómeno se elaciona ía, de acue do con los mencionados au o es, con la expansión de cie os monu-
men os megalí icos hacia las ie as bajas más p oduc i as pe o de suelos pesados, cuya explo ación
hab ía eque ido una ecnología ag a ia más compleja, como son el a ado lige o y posiblemen e am-
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bién, el abonado animal. Dicho p oceso de in ensi icación hab ía lle ado a la la ga a un cambio en la
o ganización de la sociedad, con un c ecien e én asis en el indi iduo y en le pode indi idual, e lejado
en la paula ina monumen alidad en los en e amien os, jun o con una iqueza cada ez mayo de los
ajua es pe sonales. Ello desemboca ía en la apa ición de los en e amien os indi iduales de inicios de
la Edad del B once.
Es e enómeno, ha sido igualmen e es udiado en G an B e aña (B adley, 1984:63-65), donde en el
Neolí ico Final, la mayo ía de las hachas de p ocedencia exó ica, se concen an en las ie as de mayo
po encialidad ag ícola y las ma cas de a ado conse adas, así como los análisis polínicos, señalan un
eanudamien o de la de o es ación y la p ime a apa ición de pa celaciones —land enclosu es—, en una
época inmedia amen e an e io a la in oducción del me al. La consecuencia se á una eno ación de los
con ac os con el Con inen e a a és del Canal de la Mancha y con ello, del papel dominan e del á ea de
Wessex ya a pa i de mediados del III Milenio a.C. cal, ( ines del III
2
/inicios del II
2
con encional, Ve
B adley, 1984: Table 3,1 de pág. 40).
Desg aciadamen e, la ansición Campani o me/Edad del B once en B e aña, ha sido es udiada
desde un pun o de is a mucho más c ono ipológico que socioeconómico y apenas si con amos con una
in o mación muy pa cial. Po ello, podemos únicamen e supone que la apa ición de las icas umbas
a mo icanas, esponde a un enómeno posiblemen e simila a los an e io men e ci ados. B ia d (1985 y
1986), señala cómo el p oceso de de o es ación iniciado en el Neolí ico, se in ensi ica a ines del 1112/
inicios del II
2
Milenio a.C. en echas calib adas. En es os momen os, an o los diag amas polínicos
como la iden i icación en las u be as y en los paleosuelos bajo los úmulos de ni eles de incendio,
pa ecen indica de o es ación pa a cul i o o pas izal. Ya en es as echas, el polen de ce eal indica
p ác icas ag ícolas asociadas a ganade ía. No hay sin emba go, indicio alguno documen ado de pa cela-
ciones de ie a o de ma cas de a ado y ampoco es os iden i icados de hábi a . No obs an e en mi
opinión, no podemos hace di ec amen e la ecuación ag icul u a de a ado = di e enciación social + do e
emenina y endogamia. Po que pa a que ello se p oduzca, es p eciso un p e equisi o: posee de modo
es able y pe manen e unas ie as sob e las que eje ce unos de echos de p opiedad ansmisibles a la
descendencia y sob e las que eje ci a una polí ica de alianzas que pe mi an su ac ecen amien o. Y és o
no es lo que me pa ece e en buena pa e de la Península, como ampoco en g an pa e de Eu opa
Occiden al en es os momen os.
Richa d B adley (1984:158 y ss), señala cómo el paisaje del su de Ingla e a du an e el Neolí ico
Final y la P ime a pa e de la Edad del B once pa ece dominado po los monumen os une a ios y las
e e encias a los an epasados. Po el con a io, las e idencias de luga es de habi ación son mucho más
suma ias y escasas. Mien as se cons uyen cen os ce emoniales gigan escos, los luga es de habi ación
son, en sus palab as (Ibidem, pág 159)
"de los menos imp esionan es".
Po el con a io, desde el
B once Final y sob e odo en la Edad del Hie o, esa endencia se in ie e y mien as los hábi a s son
clá amen e isibles y albe gan imp esionan es es uc u as y zonas de almacenamien o, los luga es
cul uales p oducen
"escasa imp esión"
( e ambién B adley, 1991a).
Lo mismo pod íamos deci de B e aña, donde la documen ación a queológica en e el Neolí ico y el
B once An iguo, es básica o casi únicamen e une a ia. El hecho empeo a a pa i del B once Medio en
c onología a lán ica, cuando únicamen e conocemos depósi os me álicos (B ia d, 1965, 1979 y 1984).
Si ios como Fo -Ha oua d en el No e de F ancia (Mohen/Bailloud, 1987), con una la ga aunque
desigual ocupación del Neolí ico a ines de la Edad del B once, son excepcionales.
Y si ol emos la is a hacia el No oes e de la Península Ibé ica, el pano ama es simila . El paisaje
apa ece dominado po el mundo de los mue os, mien as que poco sabemos del de los i os. Es
in e esan e señala sin emba go, que los en e amien os indi iduales de inicios de la Edad del B once,
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en su mayo ía cis as, de los que conocemos un escaso núme o po que al con a io que los monumen os
megal icos, su documen ación no p ocede de p ospección sis emá ica sino de hallazgos casuales, han
sido descubie os gene almen e du an e la lab anza, lo que signi ica que se si úan en elación con las
ie as de cul i o. Po el con a io, los da os habi acionales son, desde el Neolí ico a bien en ada la
Edad del Hie o, bas an e poco imp esionan es como di ía B adley.
Da os p oceden es an o de p ospección in ensi a como de análisis polínicos, indican la explo ación
po las comunidades megalí icas gallegas, de los suelos lige os y la p ác ica de una ag icul u a ce ealís-
ica po el sis ema de ala y oza (C iado/Ai a/Díaz-Fie os, 1986; C iado, 1988; C iado/Fáb egas, 1989
a y b). No se conocen asen amien os asociados a ales monumen os, aunque quizá a su ase más
ecien e pod ían co esponde los si ios al ai e lib e de O Reguei iño, A Fon enla y el ni el an iguo de
La apés, odos en la península de Mo azo (C iado/Fáb egas, 1989). Los es p esen an ca ac e ís icas
simila es; asen amien os b e es, al ai e lib e y basados en una ag icul u a i ine an e de ala y oza
(Peña, 1984 a,b y c; Rod íguez/Gu ián, 1984; López, 1984).
Es a pau a pa ece con inua se en la ansición del Campani o me al B once y has a el B once Final.
Así el ho izon e más ecien e de La apés, con ce ámicas me opadas ipo Penha, dos agmen os de
moldes de undición con adhe encias de cob e y es os de bello as ca bonizadas que p opo ciona on
una echa adioca bónica no calib ada de inicios del 11
2
Milenio a.C. ( ines del III Milenio a.C. cal),
p esen a una economía y o ma de ida i ine an e, simila a la del ni el an e io . Si ios del B once
Final, como Lamela (Ga cía Alén, 1968), Chan do Ca ís (Peña en p ensa), o Po ecelo (Vázquez/
Cano, 1988; Cano/Vázquez, 1988), e lejan la pe du ación de una ida i ine an e, basada aún en g an
pa e en la ecolección, en la ansición hacia el I Milenio a.C.
Susana Jo ge (1986 y 1990), ha suge ido pa a el No e de Po ugal una ocupación pe manen e de los
hábi a s, ya desde el III Milenio a.C. El que en los yacimien os de So Lou go, Ci co y Senho a da
Bandei a, los e i o ios aba cados en media ho a de ma cha desde el hábi a se in e cep en, indica en
mi opinión, que no pudie on es a ocupados al mismo iempo; es más ac ible pensa que la población
se desplaza a de unos asen amien os a o os, una ez ago ados sus ecu sos. Nue amen e, la ausencia
de in o mación de asen amien os has a el B once Final, pe mi e pensa , más que en al a de p ospec-
ción sis emá ica, en su ca ác e pe ecede o y de co a du ación, ac o que di icul a su localización.
Es pues posible que es e p oceso de in ensi icación ag a ia ligado a la in oducción del a ado,
pe mi ie a sos ene un c ecimien o de población más que un asen amien o es able (R. Fáb egas comu-
nicación pe sonal). Po que pa a que es e se p oduzca, hace al a conse a la e ilidad de los suelos
bien po abonado, po o ación de cul i os o po pe íodos más o menos la gos de ba becho ( e
Bose up, 1967 y 1984. Un esumen de Lambe e al., 1983:394).
Da os his ó icos ecien es sob e el uso del suelo en Galicia y á ea can áb ica, den o de sis emas
ag a ios adicionales, señalan el es ingido uso de abonado animal. En la co nisa can áb ica, donde la
hoy ípica economía ganade a es sin emba go una in oducción muy ecien e, el campesino apenas si
podía sos ene una cabeza de ganado al a io pa a su en a en Cas illa, po lo cos oso de su alimen a-
ción. Pues como los pas os comunales no e an u ilizables en in ie no, había que p e e alimen o pa a
los animales en la pa e baja de los alles, donde debido al elie e, el espacio de cul i o disponible e a
muy limi ado y la alimen ación del ganado en aba po ello en compe encia con la del campesino.
Has a la in oducción del maíz en el s. XVIII, las ie as no daban cosecha odos los a ios, po el
2. He seguido el c i e io de Champion e al 1984 (88):
P ehis o ia de Eu opa,
de da las equi alencias en c onología
calib ada pa a las echas de Neolí ico a B once Pleno y usa echas no calib adas a pa i de B once Final, en que es posible
es ablece c onologías c uzadas con el Medi e áneo que concue dan mejo con las echas adioca bónicas sin calib a .
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excesi o la ado de los suelos a causa de la abundan e llu ia y del escaso abonado, pues el núme o de
cabezas e a educido y se p ac icaba un pas o eo ex ensi o. Ello impedía cul i a el mismo ce eal más
de dos años seguidos y obligaba a deja las ie as en ba becho. De modo que sólo los hue os
amilia es se cul i aban de o ma in ensi a. Ello se complemen aba con desmon es y su cul i o po ala
y oza, sis ema muy ex endido desde las mon añas de Bu gos a las de León y As u ias (Ga cía
Fe nández, 1974).
En el caso de Galicia, el cul i o in ensi o se in odujo en el s. XVIII, como consecuencia de una
p esión demog á ica y se basó en un abundan e es e colado de los suelos pa a e i a los pe íodos de
ba becho. Pe o la ex u a a enosa y po osa de és os, p o ocaba un ue e la ado y ai eación de los
mismos. El oxígeno ea i aba la unción bac e iana, oxidando y des uyendo la ma e ia o gánica que
había que epone ápido y en abundancia, po lo que el cul i o in ensi o sólo e a posible a base de
g andes can idades de abonado. Como el ob enido de la paja animal apenas daba pa a el cul i o de los
hue os, és e enía que consegui se a cos a de una g an in e sión de abajo, del ojo. Debido a ello, el
campo no se abonaba con la ecuencia eque ida. Po ejemplo, en el é mino de Pon e ed a se hacía
cada es años y en las coma cas del in e io no llegó a en a el cul i o in ensi o y se siguió p ac ican-
do el ba becho. La p ác ica del sis ema de ala y oza ue ambién común en Galicia (Ga cía Fe nández,
1974).
La documen ación medie al de Po ugal indica p ác icas simila es, con ecuen e empleo de ala y
oza que p o ocaba enómenos de e osión. También ue escasa la p ác ica del abonado con an e io i-
dad a los s. XV-XVI, po que el ganado e a escaso y la paja enía o os usos (Oli ei a Ma ques, 1968).
Una posibilidad al e na i a o complemen a ia del abonado animal, se ía la o ación de cul i os con
leguminosas, buenas ni ogenan es, adicional alimen o del ganado y, mezclado con los ce eales,
alimen o de eno me alo nu icional, sus i u i o aún hoy en día en el á ea medi e ánea, de la die a
cá nica (Zoha y/Hop , 1973:887; Ri e a Núñez/Obón de Cas o, 1989: 249-253). Zoha y y Hop
(1989:83 y ss), señalan la ex ensión con la p ime a oleada de plan as domés icas, de una p ime a
gene ación de leguminosas que como el guisan e, la len eja, el ga banzo o los ye os, son au opoliniza-
do as al igual que sus an epasadas sil es es, quienes po ello y en e a las de polinización c uzada,
es aban p eadap adas pa a la domes icación. Ello se ía consecuencia de que la au opolinización p odu-
ce inmedia amen e una ba e a en e las poblaciones sil es e y cul i ada y ija au omá icamen e los
geno ipos deseados. Todas es as leguminosas es án documen adas en Eu opa O ien al y Cen al y en
algunos pun os del Medi e áneo Occiden al, a pa i de la in oducción del Neolí ico (Zoha y/Hop
1989, map 10), si bien muchas de ellas disminuyen en can idad y ecuencia du an e la Edad del
B once (Zoha y/Hop , 1989). Sin emba go el haba ( icia aba L.), o a de las leguminosas de mayo
alo nu i i o, se ep oduce p incipalmen e po polinización c uzada y no es á documen ada en Eu opa
an es del III, Milenio a.C., especialmen e en luga es del Medi e áneo Occiden al, como Vila No a de
Sao*Ped o y Zambujal en el Cen o de Po ugal, o en di e sos yacimien os Calcolí icos y A gá icos del
su es e español (Zoha y/Hop , 1973:182; Idem, 1989:205-6; Hop , 1987; Ri e a Núnez/Obón de Cas-
o/Asensio Ma ínez, 1988: 317-334; S ika, 1988 Tab 1).
Po el con a io, no conozco más que ambiguas e idencias de leguminosas en el No oes e de la
Península Ibé ica con an e io idad a la Edad del Hie o
3
.
Hay una excepción, el caso del yacimien o
3. Pago (1954:512), ci a agamen e la p esencia de haba en Pepim (Ama an e), pe o no menciona el con ex o del
hallazgo, si lo iene. Po su pa e, Ramil e al. (1990), ci an la p esencia de g anos de leguminosa, aunque sin especi ica más,
jun o a b assicáceas y o as, ecogidas en un sondeo de un si io de la Edad del B once, o mado apa en emen e po algunas
cabañas de ma e iales pe ecede os. De la osa de donde se ex aje on las mues as, p ocede una da ación adioca bónica sob e
ca bones, de 4.880 ±80 B.P
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MARISA RUIZ-GALVEZ PRIEGO
po ugués de Bu aco de Pala en B aganÇa (Sánchez, 1987 y 1989). Se a a sin emba go, de un ab igo
en al u a con eniendo silos de almacenamien o y hoga es, con una secuencia que i ía del Neolí ico a los
inicios de la Edad del B once. De la se ie de da aciones absolu as ob enidas des aca especialmen e una
de 2.170±80 a.C. en echas con encionales (mediados del III milenio cal.), po que p ocede de una
mues a de habas halladas en uno de los silos. Según comunicación pe sonal de su exca ado a, Bu aco
da Pala se ía una ocupación es acional de una comunidad campesina cuyo asen amien o p incipal, aún
no localizado, es a ía en el llano. Cabe plan ea se sin emba go, si lo que Bu aco de Pala ep esen a no
es posiblemen e una as e minancia ganade a, en la que los pas o es, como en el caso de los Tolmos de
Ca acena (So ia) (Jimeno, 1984;214), cul i an "in si u" pa a ellos y pa a complemen o del o aje
animal. Pues no esul a en able que el pas o suba a los pas os de e ano, ca gado con pesados sacos
de ha ina y o os alimen os. Si mi hipó esis es ace ada, la p esencia de leguminosas no indica ía
necesa iamen e aquí p ác icas de o ación y p ese ación de la e ilidad de los suelos. Po o a pa e,
aún du an e g an pa e de la Edad Media y Mode na de Po ugal, el uso de las leguninosas como
ni ogenan e es u o poco gene alizado (Oli ei a Má ques, 1968).
En G an B e aña, aunque las leguminosas es án documen adas al menos desde el Neolí ico ecien e
en el su de Gales (Whi le, 1985:249), la in oducción de algunas de ellas como los guisan es y la icia
aba, muy icas en p o eínas, no pa ece an e io a mediados o ines del I Milenio a.C. (Me ce , 1981:
XVIII).
Así pues, es muy posible que el escaso uso o incluso la o al ausencia de ni ogenan es, el escaso
abonado animal, la p ác ica de ala y oza y segu amen e, la necesidad de pe íodos de ba becho
ela i amen e la gos, expliquen la imposibilidad de los campesinos de la ansición Campani o me/
Edad del B once, de man ene se es ables du an e la gos pe íodos, en los e enos de cul i o de Eu opa
Occiden al.
B adley (1984:91-4), señala como causas del ocaso de la p ime a e apa de la Edad del B once en el
Su de Ingla e a, el uso inco ec o del suelo que conduce a la apa ición de enómenos de podzoliza-
ción y o mación de u be as, acele ado en pa e po p ocesos de de e io o climá ico, pé dida en
algunas á eas del monopolio de las edes de in e cambio que suplían de me al con inen al y eme gencia
de o as zonas dominan es. Todo ello, obligó a una eo ganización de las p ác icas ag a ias. Po su
pa e C iado/Fáb egas (1989), indican que el impac o humano sob e el paisaje p o ocó la con e sión
de zonas de pas os en pá amos, cla eo de zonas o es adas, el inicio de la o mación de u be as...e c,
p ocesos e osi os que se aduje on odos ellos en deg adación de la ie a cul i able, si bien, acen úan,
no se a a ía de una au én ica ca ás o e ecológica.
En cualquie caso, odos es os da os pa ecen apoya la idea de que, no obs an e la posible in oduc-
ción del a ado lige o y de nue a ecnología ag a ia en con ex os campani o mes, g an pa e de Eu opa
Occiden al es aún incapaz de conse a la e ilidad de los suelos y po ello, de man ene se de o ma
es able y pe manen e en las ie as que ocupan.
Es po ello que la mayo ía de los au o es conside an la sociedad de es e momen o, o ganizada sob e
una ed de alianzas en e indi iduos de al o ango, pe o en la que el pode de i a ía más del acceso al
conocimien o i ual, del con ol de los in e cambios y del abajo del suelo que de la p opiedad misma
de la ie a cul i able. Rowlands (1980), B adley (1980 y 1984:63), K is iansen (1982) o Shennan
(1982), han de inido ales sociedades de la Edad del B once como basadas en una economía de bienes
de p es igio, si bien hay que en ende lo aquí, de modo di e en e al modelo o mulado pa a las Je a u as
Cen oeu opeas de la Edad del Hie o que come cian con o ganizaciones polí icas más complejas
(F ankes ein/Rowlands, 1978; Ba e /B adley/G een, 1991: 239). Se a a aquí más bien, de lo que
Ren ew (1982:6; Ren ew/Che y, 1984), de ine como
" elaciones en e sis emas polí icos simila es",
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a a és de cuyas edes de in e cambio luyen no sólo obje os ma e iales, sino ambién in o mación y
conocimien os i ual y eso é ico (Ren ew, 1984:6; B adley, 1984:63; Goody, 1987: 161-4; Helms,
1988). Ello explica ía el al o g ado de con e gencia cul u al y la apa ición de simili udes en las o mas
de se i comida y bebida en Eu opa en e el Calcolí ico y el Campani o me, a los que She a (1987)
alude, y que es a ían asociados a la expansión del a ado y o os elemen os de la Re olución de los
p oduc os secunda ios.
A p opósi o del consumo comuni a io de bebida —alcohólica po supues o— señalaba ecien emen e
Die le (1990), cómo en las sociedades sin papeles polí icos ins i ucionalizados, pe o con nacien es
di e encias je á quicas como las sociedades Big Men, la in oducción de nue as o mas de bebida
puede se manipulada pa a acumula símbolos du ade os de iqueza po medio de su con e sión den o
de di e en es es e as de in e cambio. Un ejemplo de ello son los
"wo k-pa y eas s",
en los que el
an i ión in ie e una pa e de su capi al en la p oducción de bebidas alcohólicas, con las que agasaja a
los ecinos, pa ien es y deudos que ienen a ayuda le g a ui amen e en la cosecha de sus campos. Es la
capacidad de acumula mano de ob a, más que la de acumula ie a, lo que es i al aquí.
Bajo al pe spec i a, se ía más explicable un eso o como el de Caldas de Reyes (Ruiz-Gál ez,
1978) ( ig,l
a
), el más imp esionan e a eso amien o de o o del B once An iguo, no sólo en la Península
Ibé ica sino has a donde sé, de oda Eu opa Occiden al. La pa e conse ada del mismo pesa más de 30
kgs, ap oximándose su peso o iginal a los 50 kgs. Apa e los asos y el peine que indican la in oduc-
ción de nue as o mas de bebida y ado no pe sonales (She a , 1987), des acan del conjun o po su
espec acula idad, el g an o ques de pale as con ce ca de 1 kg de peso y 22,6 cms de diáme o, que al
ez haya que e (Peña San os comunicación pe sonal), como un po alingo es del que colgaban los
b azale es y no como un obje o de ado no; y los 21 b azale es o lingo es macizos, con un peso medio
de 483 g s, supe ando algunos los 700 g s. El amaño y peso excepcionales del o ques y de los
b azale es inclina a conside a los como lingo es y po an o, como a eso amien o de ma e ia p ima
cos osa y p eciada.
Depósi os de ales dimensiones no se conocen en es os momen os en Eu opa Occiden al, pe o sí en
cob e o b once en cen oeu opa donde Ha ding (1984), señala la coincidencia en e g andes a eso a-
mien os de obje os me álicos y la ce canía a e as de mine al. She a po su pa e (1976), los
elaciona con la p ime a acumulación de iqueza pe sonal y la posible apa ición de Big Men.
Análisis ealizados sob e piezas inglesas pe enecien es a con ex os de Wessex I, indican no sólo la
exis encia de es echos con ac os con B e aña sino, asimismo, que el me al empleado en la ab icación
de los puñales de Wessex I es impo ado (B adley, 1984:87-8; O away, 1974). Vis o que B e aña no es
p oduc o a de cob e y la Península po el con a io lo es, esul a al amen e p obable que el me al
empleado en los puñales a mó ico-b i ánicos p ocedie a, en e o as, de es a uen e. Aunque mues as
e as de cob e más icas se si úan en el SE y SO, ningún indicio pe mi e pensa que és as ue an las
que abal ecie an al me cado a lán ico. Po ello y de acue do con la concen ación de hallazgos a lán i-
cos del B once An iguo, hay que conclui que ue el cob e y el o o del No oes e el que cub ió la
demanda ex e na, cuyo olumen de o o lado, no debió se muy g ande dado su ca ác e más emblemá-
ico que p ác ico (Ren ew, 1986; Ruiz-Gál ez, 1987). Ello pe mi i ía al No oes e o ma pa e del
ci cui o de con ac os a lán icos den o de esas elaciones en e sis emas polí icos simila es.
Los cambios en la balanza de pode de unas egiones a o as, la pues a en explo ación de nue as y
más ce canas e as de mine al, p ocesos de deg adación de los suelos...e c, explica ían igualmen e la
pé dida de impo ancia del No oes e peninsula a ines del B once An iguo (1
1
mi ad del
112
milenio
a.C. en echas con encionales, o inicios del mismo milenio, calib adas). Es a egión, no ol e á a
en a plenamen e en los ci cui os de in e cambio occiden ales has a el B once Final.
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MARISA RUIZ-GALVEZ PRIEGO
Es posible que lo que la ajilla y las ma e ias exó icas como el ámba y el hie o de Villena
ep esen en sea, po una pa e, un p oceso de emulación al y como lo desc ibe Die le (1990), quien
basándose en Goody (1982), señala cómo en sociedades je á quicas, con pa ones de ma imonio
endógamo y de clase, el ipo de alimen os, su p epa ación, se icio y consumo, si en pa a di e encia
a la éli e del común de la población. Y po o a, la subs en ación y ac ecen amien o del pode , po
medio de la de en ación de conocimien o a cano y eso é ico —en es e caso el hie o— y del monopolio
de los con ac os con los po ado es de aquel (Goody, 1987; Helms, 1988), que pudie on se i pa a
a ianza el con ol social de alguien, el dueño de la ajilla y de las a mas de Villena, que segu amen e
gozaba ya con an e io idad, de conside able pode en es a ica y es a égica egión.
Es impo an e señala la densa ocupación p ehis ó ica de la coma ca ( ig 2), y la so p enden e
concen ación en su en o no de hallazgos áu eos, oda ez que no exis en apa en emen e en ella
me ales, aunque ecien emen e Sole (1987:151), alega documen ación oponímica pa a pos ula como
ío au í e o el Vinalopó. En su cu so al o se emplaza el municipio de Villena con olando la ía hacia
la cos a, de la que apenas dis a 60 kms o lo que es igual, unos dos días de iaje a lomos de caballe ías y
menos de un día, si ue a posible la na egación lu ial (Piggo , 1983; Reid, 1986; Ruiz-Gál ez P iego,
en p ensa b). Con ola ambién el c uce de una se ie de caminos na u ales que, de un lado, conducen
desde la cos a medi e ánea al in e io de la Mese a po el paso de Almansa y hacia La Mancha, po el
"Camino iejo de Chinchilla" y de o o, hacia el alle del Guadalqui i a a és del an iguo "Camino
de G anada" y al Le an e, po el "Camino de Já i a". Pe o además, la coma ca de Villena albe ga una
se ie de impo an es ecu sos na u ales. En p ime luga un é il alle, g acias a los ecu sos acuí e os
de su subsuelo y a la exis encia de una laguna salada, desecada en 1803, odo lo cual pe mi ió una ica
ag icul u a, una g an a iedad y iqueza de auna sal aje y una impo an e cabaña o icap ina. En
segundo luga es el paso de las ías de ashumancia que desde la Mese a O ien al, en especial desde la
Se anía de Cuenca, conducían los ganados a in e na al bajo Vinalopó. La oponimia de la zona da e
de ello, así como de la exis encia de salinas, o a de las iquezas de la coma ca, de las que exis en
es imonios de explo ación desde la An igüedad y que en la Edad Media ue on monopolio eal
(Ma a edona, 1983:250, 272 y 349; Schüle, 1976:144; Sole , 1987: 11-12; Ruiz-Gál ez P iego,
1989:55 y no a 3 de pág 56). Una ag icul u a capaz de conse a la e ilidad de los suelos, jun o con el
con ol de salinas, ías de paso y de pas o, pod ían explica al ez, el denso poblamien o de la
coma ca; la iqueza de hallazgos áu eos en la zona; la p esencia ce una ajilla de o o y pla a pa a la
comida y bebida, al es ilo del mona ca o ien al (po ejem. Reyes, 10,21; Gilgamesh, Tab. X ex o hi i a
y Tab X col. I ex o asi io), aunque aduzca o mas ce ámicas locales; así como ambién explica ía, la
o ma y deco ación epe i i a de los b azale es de Abía, Sepúl eda, Cabezo Redondo y Villena,
posiblemen e o mas de pago o ibu o, al igual que lo e an las conchas o los ú iles de b once en el
eino del Congo (Godsen, 1985:477), en e o os muchos ejemplos e nog á icos.
Todos es os ecu sos na u ales de la coma ca pudie on aumen a de alo , con el inicio de las
na egaciones p e enicias a pa i del B once Ta dío y la consiguien e demanda de ca ne y su conse -
an e, pieles, p oduc os lác eos y aún más impo an e, de un pun o de a aque que pe mi ie a ondea al
anochece , o hace epa aciones (Ruiz-Gál ez P iego, 1989:55).
Es o quizá explica ía ambién el inal de Villena, si se c ea a compe encia po el monopolio de la
in e mediación come cial, pa a la que es a ían mejo si uados si ios en el cu so bajo del Vinalopó. Ello
jus i ica ía asen amien os de nue a plan a como Peña Neg a, basado en una economía ganade a, con
ce ámicas pin adas pe o ya no au én icas Cogo as I, e impo aciones medi e áneas así como un a esa-
no undiendo "in si u" me alu gia a lán ica, desde los p opios inicios de su ocupación, (González P a s,
1983 y 1990. Véase especialmen e su apéndice a la campaña de 1987; Ruiz-Gál ez P iego, 1989:55).
Es muy posible que al come cio medi e áneo p e enicio hacia la Península Ibé ica, espondie a
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emp anamen e una co ien e en sen ido in e so, desde el Occiden e peninsula hacia el Medi e áneo.
Ello lo jus i ica ía no an o la p esencia de obje os peninsula es de c onología an igua en el Medi e á-
neo Cen al (Ruiz-Gál ez P iego, 1986:11), que po sí mismos no demues an come cio indígena hacia
el Medi e áneo, como la p esencia de a esanos undiendo me alu gia a lán ica en el Le an e, y de
b azale es simila es a los de Villena en el Occiden e, donde no ienen p eceden es c onológicos y
donde en ocasiones se usionan, como en el caso del b azale e de Can onha (dis . B aga), (Ca dozo,
1957), con o eb e ía de ipo a lán ico, dando luga a o mas mix as ( éase Pe ea, 1991:138).
Pa a comp ende lo que ello signi ica, es p eciso que ol amos la mi ada hacia el Occiden e de la
Península Ibé ica, el e ce g an oco de la o eb e ía del B once Final. Aquí poseemos po p ime a
ez, cla as e idencias de asen amien os es ables y pe manen es desde el s.X a.C. en echas no calib a-
das, en el Cen o-No e de Po ugal y en s.IX a.C. según la secuencia es a ig á ica, en el Bajo
Guadalqui i . Es as echas coinciden con la ea i ación de un come cio a lán ico y , como imos an es
( ide sup a), con na egación p e enicia en el Oes e Peninsula (Ruiz-Gál ez P iego, 1991 a).
Con independencia de los b azale es ipo Villena ya mencionados, la más ípica o eb e ía de la
egión la cons i uyen los o ques macizos de deco ación incisa, bien es udiados po Almag o Go bea
(1974 b y 1977), quien ecue da sus p eceden es y pa alelos den o de la o eb e ía a lán ica eu opea 8•
Dos aspec os cabe señala de es os o ques. En p ime luga , la eno me acumulación de o o de
algunos de ellos, como los po ugueses de Penela, É o a y Sin a o los españoles de Sag ajas y
Be zocana que pesan en e 1 y 2 kgs, po lo que pod ían ene un alo emblemá ico de pode ío y
iqueza (Ruiz-Gál ez P iego, 1988 y 1989). En segundo luga el que, como ya señala on en su día
Hawkes (1971:47) y Almag o Go bea, (1977:61), po su pequeño diáme o, pa ecen pe enece a
muje es. Es e úl imo au o (Almag o Go bea, en p ensa), indica además la coincidencia de es os
o ques supues amen e emeninos, con la p esencia de ep esen aciones iconog á icas ela i as a muje-
es, en las es elas del SO, del B once Final. Alicia Pe ea (1991:101), alega sin emba go con conoci-
mien o de causa, que aunque o ques como los de Sag ajas y Be zocana p esen an huellas de uso,
di ícilmen e se ían piezas de u ilidad p ác ica, po que la exigua abe u a de sus ex emos no pe mi e su
encaje en el cuello. Dicha abe u a, que oscila en e los 6/6,6 cms en los es o ques, es cie amen e
excesi amen e es echa pa a el cuello de una muje adul a ac ual, pe o al ez no pa a el de una muje
de la Edad del B once en edad de con ae ma imonio, a pa i de los 12-13 a ios. Da os de en e a-
mien os emeninos del B once An iguo en Cen oeu opa, pe mi en calcula una al u a media de 1,55 m,
(Bá o a, 1991:133). Ga alda (1974), p opone un p omedio de 1,52 m, pa a los en e amien os emeni-
nos de Calcolí ico/B once An iguo de la Mese a. Sob e una mues a cie amen e educida, Jacques
(1890:337 y ss), calculaba una alla media pa a las muje es a gá icas, de 1,50 m. Finalmen e, de las es
inhumaciones exca adas en el yacimien o so iano de los Tolmos de Ca acena del B once Pleno (Jime-
no, 1984), una pe enecía a una muje en la ein ena, de 1,47 m de al u a (Ga alda/Gale a, 1984;342-
6). Po odo ello conside o ac ible que esos o ques ue an ealmen e usados po muje es.
La localización de es os eso os ampoco pa ece cap ichosa pues la mayo ía de ellos, como los de
Sag ajas, Be zocana, Bélmez o Bodonal de la Sie a po ejemplo, con olan no ie as de po encialidad
ag ícola, sino ados e impo an es ías de paso y su dispe sión es complemen a ia de la de los
hallazgos lu iales de espadas. Es a úl ima ci cuns ancia, se epi e en o os luga es del Occiden e
8. No se ha incluido el supues o ajua de una umba de Mé ida (Almag o Go bea 1977:35-38 y ig. 9; Ha ison 1977:18-
29), po que p ocede del me cado de An igüedades po la que an o su con ex o como luga de hallazgo son dudosos.
Especialmen e, en un momen o como el B once Final, en el que la pau a es la ausencia de umbas en Occiden e. Po o a pa e,
su c onología es incie a y an o Almag o Go bea como Ha ison, se han basado en la obille as pa a si ua el conjun o en el
B once Final. Nada impide sin emba go, an o desde un pun o de is a ipológico, como écnico o mo ológico, una da ación
más an igua pa a el conjun o.
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a lán ico y algunos eso os, ca en es apa en emen e de con ex o, pod ían in e p e a se siguiendo a
B adley (1984:110-111; Ibidem:1990:136), como posibles ajua es une a ios emeninos cuyo equi a-
len e masculino se ían las espadas deposi adas en las aguas, en un momen o en el que en la Koiné
a lán ica no exis en umbas a queológicamen e iden i icables (B adley, 1982, 1984 y 1990: 90 y ss:
Ruiz-Gál ez P iego, 1982 y 1991: Belén/Escacena, en p ensa) ( ig. 3). B adley (1990) señala que
muchos de los o ques de Eu opa No occiden al, apa ecen o os y de o mados, lo que siguiendo a
Meillassoux (1977:105), in e p e a como obje os usados en las ansacciones ma imoniales.
¿Cómo debe íamos en ende al hecho, en el con ex o de las sociedades eu opeas de inales de la
Edad del B once?.
Rowlands (1980) basándose en in o mación lingüís ica y en los ex os homé icos, econs uía la
sociedad eu opea del B once Final como o ganizada en un sis ema de pa en esco pa ecido a lo que en
an opología se conoce como C ow-Omaha. Es deci , sin eglas ma imoniales ijas, sal o cie as
p ohibiciones que obligan y a la ez, pe mi en c ea alianzas cada nue a gene ación en e g upos
exógamos. De al mane a, que el pode y la je a quía social se alcanzaban no di ec amen e po el
con ol de la ie a, sino del abajo de és a, a a és del dominio de las es a egias ma imoniales y de
la polí ica de in e cambios po el que se adqui ían los obje os de p es igio usados en ansacciones
sociales, como la comp a de la no ia, la polí ica del Don, e c, g acias a las cuales e a posible accede a
alianzas ma imoniales con muje es de al o ango.
Y eso es lo que c eo que la mayo ía de ales o ques ep esen an; el es ablecimien o de alianzas
en e egiones como el Cen o-No e de Po ugal, Bajo Guadalqui i , Ex emadu a o el Su oes e, cuyos
ecu sos ag opecua ios y mine os es án ganando impo ancia en el ma co de unas elaciones come cia-
les c ecien emen e impo an es. La p esencia de b azale es del ipo Villena a lo la go de oda la achada
Occiden al (Almag o Go bea, 1977; ig 16; Ruiz-Gál ez P iego, 1984:mapa 39; Ibidem, 1989:48;
Pe ea, 1991: ig 5), e leja asimismo la llegada de écnicas y al ez ambién de muje es, desde el SE. de
la p opia Península Ibé ica, como pa e de unas alianzas que acili a on posiblemen e, la na egación
indígena en e el A lán ico y el Medi e áneo y el in e cambio de me al y o as me cancías, así como de
in o mación, ecnología y conocimien o.
LA EDAD DEL HIERRO O, ¿QUE SE HIZO DEL ORO?
Si algo ca ac e iza a la Eu opa Occiden al du an e g an pa e de la Edad del B once es la g an
concen ación, en depósi os o aislados, pe o casi siemp e ue a de con ex o a queológico, de ú iles,
joyas y a mas. Eso mismo ocu e en el Occiden e de la Península Ibé ica, donde a lo la go de medio
milenio ap oximadamen e, es p ác icamen e odo lo que conocemos de las gen es que lo habi a on y
allí i ie on, u ie on descendencia y mu ie on. Sin emba go, a pa i de la Edad del Hie o ocu e algo
pa ecido a lo que B adley señalaba pa a Ingla e a ( ide sup a),: sabemos mucho más de la pa e
co idiana y p osáica de su exis encia que de la i ual y une a ia, pues ni a mas ni joyas uel en a
apa ece en ales con ex os
9.
Roge Thomas (1989:277-280), eba ía en su con ibución al coloquio "The B onze Age-I on Age
T ansi ion in Eu ope", la adicional in e p e ación de la supe io idad del hie o sob e el b once, como
9. Sin emba go, las ocul aciones de eso os cel ibé icos en o o y sob e odo en pla a, a la llegada de los omanos, indican
que el me al p ecioso seguía usándose como ado no, aunque no deposi ándose en las umbas. En cuan o a los o ques galáicos
que ampoco apa ecen en con ex os une a ios, no son an e io es, cuando se les puede da a , a la llegada de los omanos (Peña
A de la en p ensa)
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causa del colapso de las edes de in e cambio de me al a lán icas y del inal de la Edad del B once.
Po que, como señalaba, al supe io idad hubie a sido pe cep ible únicamen e después de su in oduc-
ción y no an es. E indicaba como causa p obable de al colapso, una densidad c ecien e de población
que hab ía conducido a un pun o, en el que el con ol de la ie a y de la p oducción ag a ia empeza ía
a se mucho más impo an e que el de los in e cambios, de las alianzas ma imoniales y del abajo del
suelo. También Bose up (1976 y 1984), ha man enido en di e sas ob as la esis de que con o me la
población aumen a, c ece la in ensidad de u ilización de la ie a, se in ie e más en ecnología ag a ia
y se educen los pe íodos de descanso de la misma.
Es muy posible que esas mayo es densidades de población, ue an consecuencia de la incen i ación
ag a ia que se es á p oduciendo en oda Eu opa desde los inicios del B once Final, u o de la expan-
sión o de la nue a in oducción de cul i os y ecnología que pe mi en, po p ime a ez en una buena
pa e de la misma, asen amien os es ables y pe manen es. Y esa explicación es en mi opinión ex ensi-
ble al Cen o-Oes e de la Península Ibé ica, donde a pa i del s.X a.C. en c onología no calib ada,
conocemos poblados pe manen es con mu allas, cons ucción en pied a y p esencia de leguminosas
como el haba (Ruiz-Gál ez P iego, 1991 a). Ello es asimismo isible en el Bajo Guadalqui i donde,
en palab as de Belén/Escacena (en p ensa), se p oduce a pa i del s.IX a.C. un nue o lo ecimien o
poblacional. Esos cambios se án po supues o más no o ios a pa i de las colonizaciones his ó icas, en
yacimien os a ésicos o que, como en el caso de Peña Neg a II (González P a s, 1983 y 1990), se
encuen an some idos a una ue e in luencia colonial. Pues aumen an espec acula men e de amaño y
en ellos, además de la in oducción de nue as plan as, animales y ecnología, ambién el mayo núme o
y alzado de los bó idos se a ibuyen a in luencia enicia (Ambe ge , 1985).
Tales cambios paula inos que se es án p oduciendo en buena pa e de la Península a pa i del
B once Final, indican la in e conexión de és a con el es o de Eu opa, en un momen o en el que
simila es con enciones en el a mamen o o en o mas comuni a ias de comida y bebida, demues an que
es un Con inen e abie o y que Cen oeu opa y el Mundo A lán ico es án comunicados en e sí y
ambos, con el Medi e áneo.
Es a a és de es os eno ados con ac os ma í imos como segu amen e llegan al Occiden e Peninsu-
la inno aciones ecnológicas, en e ellas nue os cul ígenos y leguminosas de al a en abilidad como el
haba. Más di icil es de e mina con segu idad su pun o de o igen. Cabe pensa que és e ue a el á ea
A lán ica, con quién el Occiden e Peninsula es á cla amen e inculado cul u al, come cial e ideológi-
camen e du an e el B once Final (Ruiz-Gál ez P iego, 1991 a) y que como imos, al menos en el caso
de G an B e aña ( ide sup a), es á expe imen ando cambios económicos ascenden ales a pa i de
mediados del II milenio a.C. O a posibilidad se ía que ales inno aciones hubie an llegado a a és de
sus con ac os con el Le an e español, donde se iene p ac icando una ag icul u a compleja que pe mi e
la consolidación de la población en el suelo que cul i a, desde el III Milenio a.C. Poblados le an inos
como el de Cabezo Redondo, con una ag icul u a basada en ce eales y leguminosas como el haba
(Ri e a Núñez/Obón de Cas o/Asensio Ma ínez, 1988: Tab 4 n 6), y uso de a ado y segu amen e
abonado, como indica la p esencia de bó idos en el yacimien o, y con una impo an e cabaña o icáp i-
na, e lejan una economía ag a ia desa ollada (Sole , 1987). Segu amen e ambas posibilidades son
mu uamen e complemen a ias, en luga de excluyen es, en un momen o en el que el ma comunica, no
sepa a y en el que los Pi ineos son ía de paso y no on e a.
Sin emba go como se dijo, a mas y joyas desapa ecen del Occiden e A lán ico a pa i de la Edad
del Hie o. Tal desapa ición se a p oduciendo paula inamen e ambién, en el con ex o une a io del
es o de la Península, a pesa de que, como Te esa Chapa (1991), señalaba, las uen es g eco omanas
coe áneas de la conquis a y omanización de la Península hablan de las ue es sumas de o o y pla a
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que los conquis ado es ob ienen como bo ín, o que los encidos deben paga como ibu o. La causa de
al desapa ición se debe en mi opinión menos a las ans o maciones que se es án p oduciendo en los
sis emas de p opiedad y he encia, que al cambio en el signi icado del me al y en el de los con ex os
sociales en el que se emplea, como consecuencia en palab as de B adley (1990), del hundimien o del
sis ema socio-polí ico p eceden e. Así, la paula ina desapa ición del o o de los ajua es une a ios o de
los i os de paso asociados con la mue e, se debe ía no an o al hecho de que és e se he ede y no se
deposi e en la umba, aunque ello es muy posible ( e Ransbo g, 1981:112), como al hecho que señala
Chapa (1991) en época ibé ica, de que p edomine su alo eal sob e el social, es o es, su alo de
cambio sob e el de uso, (Ren ew, 1986), ya que de aho a en adelan e, el pode de i a á menos del
con ol de las edes de in e cambio y del acceso limi ado a los obje os como el o o, usados en cie as
ansacciones sociales, como las ma imoniales, que de la posesión de la ie a y el con ol de los
medios básicos de p oducción. Es a su desapa ición de la es e a de ci culación social a lo que se e ie e
B adley (1990), cuando habla del colapso del come cio a lán ico del me al.
Aún en la Edad del Hie o se documen a a queológicamen e la p ác ica del in e cambio de muje es,
pe o se a a en es e caso, de muje es de al o ango, au én icas p incesas, u ilizadas pa a sella pac os
polí icos po que asmi en de echos, en e ellos, los de la sucesión al o icio ( ide sup a).
Así po ejemplo hay que en ende el en e amien o de El Ca pio de Tajo, en Toledo (Pe ei a/Al a o,
1990: 217-234). Se a a de una sepul u a en osa que con iene don inhumaciones, la de un adul o jo en
de sexo apa en emen e emenino y un ecién nacido. Jun o con ello, un iquísimo ajua une a io p opio
de una muje de al o ango, so p enden e además po el ca ác e o ien alizan e de su elemen os, algo no
inhabi ual en el á ea a ésica, pe o sí en el co azón de la Submese a Su . En e los abundan es y
a iados obje os que componen és e, des aca una clepsid a pa a as asa líquidos que sus publicado es
(Ibidem:220), in e p e a on como empleada jun o con algunas de las u nas, pa a un i ual de libación
une a ia; ce ámica pin ada como la del SO; ecipien es a o no de g an amaño; ja i as enicias;
obje os me álicos, como un posible b ase o, una íbula de ipo Alco es o los es os de un b oche de
cin u ón, además de anillos y o os ado nos pe sonales, po ados an o po el indi iduo adul o como po
el bebé '°, de dos cuchilli os de hie o, me al excepcional en la egión en es os momen os, pe o no en el
SO, y de un asi o de pla a, inamen e lab ado a pa i de una única chapa de pla a.
Esa se ía ambién la explicación del eso o de La Aliseda (Cáce es), si Almag o Go bea (1977:204),
es á en lo cie o al in e p e a es e hallazgo casual de p incipios de siglo, como co espondien e al ajua
de una umba emenina. En al caso se epe i ían las ex añas ca ac e ís icas de la umba de El Ca pio.
Un ico ajua o ien alizan e deposi ado muy lejos del á ea a ésica.
Aún exis en o as simili udes en e El Ca pio y La Aliseda. Ambos en e amien os se si úan en
pun os es a égicos de u as que conec an el SO. y su pe i e ia, los e i o ios al Su del Tajo. En el
p ime caso, la umba apa eció al pie del ío Gé alo, a luen e del Tajo, muy ce ca de la es ela de las
He encias (Fe nández-Mi anda, 1986), y del ado de Azu án, donde se localizan ambién hallazgos del
B once Final de espadas en las aguas, como un ejempla de espada en lengua de ca pa de El Ca pio
(Jiménez, 1966) y o a pis ili o me inédi a, a la al u a del p opio ado. Es e es el a anque de una ía
en e la Mese a y el Su oes e —y explica segu amen e las ce ámicas pin adas y el hie o de cas os como
Ala illa (Ruiz-Gál ez P iego, 1986:37, no a 17; Méndez/Velasco, 1988)— y de conexión con la Mese a
O ien al a a és del sis ema Tajo-Jalón. En el caso de La Aliseda, el en e amien o se localiza en un
impo an e nudo de caminos con olando po una pa e el c uce de la Sie a de San Ped o, di iso ia
en e las cuencas del Tajo y del Guadiana y po o o, el camino en e Cáce es y Po ugal (Ruiz-Gál ez,
P iego/Galán Domingo, 1991). No cabe pues o a explicación en mi opinión que in e p e a ambos
10. Véase no a n.
Q
3
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en e amien os como pe enecien es a p incesas del SO., casadas con seño es locales si uados en el
hin e land a ésico, como pa e del es ablecimien o de lazos de pa en esco en e je es, que ga an izan
la paz y la lib e ci culación en e ambos e i o ios. A la ho a de su mue e, es as muje es se ha ían
en e a con el ajua aído del hoga pa e no como símbolo de su ango (Ruiz-Gál ez P iego, en p ensa
b; Ruiz-Gál ez,P iego/Galán Domingo, 1991).
Es a misma polí ica, como nos ela an las Fuen es ex uales (Diod, XXV, 12 y Li ., XXIV, 41), y
nos eco daba ecien emen e Juan Pe ei a (1987:269) a p opósi o de la umba p esun amen e emenina
de la Dama de Baza, es la que los Ba ca p ac ica on en la Península, pues an o Asd ubal como Aníbal
se casa on con muje es ibe as de al o ango, como o ma de ob ene la adhesión de las ibus a las que
es as pe enecían.
En anca con adicción con cuan o has a aquí se ha dicho, es a ían las epe idas e e encias ace ca
del abajo ag a io emenino y del ma ia cado, apa en emen e p ac icado en el No e de la Península
Ibé ica (Ca o Ba oja, 1981:347-352; Blázquez, 1968:194-5; Be mejo Ba e a, 1983:141-3). Es a in e -
p e ación se basa no única pe o sí undamen almen e en un pasaje del geóg a o Es abón (111,4,18),
quién a i ma e i iéndose a los Cán ab os (y no a odos los pueblos del no e), que:
"Los homb es dan
la do e a las muje es, las hijas son las que he edan y dan muje a sus he manos".
Pe o, como ecue da G.Pe ei a (1983:200), Es abón habla en gene al y como si ue an lo mismo,
de odos los pueblos de la co nisa can áb ica desde los Pi ineos al ex emo No occiden al. El que se
asocie a los pueblos del No oes e con una ag icul u a p imi i a de azada y un sis ema ma ia cal, se
debe a la in e p e ación de es e ex o es aboniano en consonancia con o a ci a de es e o de o os
esc i o es como Jus ino, ace ca del abajo emenino del campo.
Los da os a queológicos sin emba go, con adicen al isión, pues desde los s. VII-VI a.C. en
da aciones no calib adas, hay cla as e idencias en Galicia de la endencia al hábi a pe manen e. Así, la
edi icación en pied a o la p ác ica de una ag icul u a desa ollada que posibili a man ene la e ilidad
de los suelos y que emplea plan as esis en es o al amen e nu i i as, como el mijo, el guisan e o el
haba (Vázquez Va ela, 1983:151).
Be mejo Ba e a (1983:142), señalaba la con adicción en e la a i mación de Es abón ace ca del
sis ema ma imonial y o a suya an e io (111,3,7), según la cual los pueblos del No e "se casan como
los g iegos". Goody (1990:389 y ss), a i ma que en la G ecia clásica exis ía un sis ema de ma imonio
con do e, en el que la no ia e a do ada po su amilia con mo i o de su boda y que en el caso de
A enas, la muje no he edaba pos e io men e, aunque podía se cons i uida en he ede a si no había
a ones. En al caso, la he ede a se casaba con un pa ien e ce cano.
Todo ello, como ya señalaba Be mejo (1983), no casa con la exis encia de un ma ia cado y de la
he encia de las muje es en de imen o de los homb es. Nue amen e, Es abón gene aliza y me e en el
mismo saco a odos los pueblos de la co nisa can áb ica, cuyas ins i uciones y ni el de desa ollo
económico, no debían se sin emba go los mismos, ni siquie a den o del mismo e i o io polí ico (po
ejem la Galicia cos e a o el in e io ).
Si, a pa i de los inicios de la Edad del Hie o en la Galicia Cos e a, se pe cibe una p og esi a
endencia al hábi a es able y pe manen e (Peña San os, en p ensa; Ruiz-Gál ez P iego, 1991), en lo
que hoy es As u ias y San ande , no poseemos in o mación de los hábi a s has a p ác icamen e la
llegada de los omanos (Blas Co ina/Fe nández Manzano). Ello sólo es a ibuible a la p ác ica de una
economía i ine an e que no acili a la pe manencia humana p olongada sob e los suelos que explo a.
Es o no es únicamen e achacable a p ác icas ganade as, pues pueblos ganade os de la Mese a como
Ve ones o Cel íbe os, documen an asen amien os es ables y pe manen es sob e una economía mix a,
con una ag icul u a de subsis encia con o ación de cul i os y plan as o aje as pa a el ganado que
posibili a el que sólo una pa e de la población se desplace es acionalmen e con és e (Ruiz-Gál ez,
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P iego 1991 b:75). Si a alguien se le puede a ibui un sis ema ag ícola muy p imi i o, en el caso de
que podamos da e a las a i maciones de Es abón y Jus ino, es más a la población de las zonas de
As u ias, San ande , No e de León (Fe nández-Posse/Sánchez Palencia, 1988:203 y ss), pa e del País
Vasco y al ez de zonas de la Galicia In e io , pe o no a oda ella.
SINTESIS
He de endido en es e abajo: 1) la exis encia de cambios en la ecnología ag a ia de la Península
Ibé ica, asociados no sólo al uso del a ado y de la ue za de acción, sino del abonado y sob e odo, de
cie o ipo de leguminosas que pe mi ie on conse a la e ilidad del suelo, aumen a su e icacia
alimen icia y con ello, la es abilidad de las poblaciones sob e las pa celas de cul i o. 2) Esos cambios
se p oduje on en la Península Ibé ica como en o as pa es de Eu opa, en dos momen os signi ica i os:
En p ime luga , en el Calcolí ico y la ansición a la Edad del B once, ligados a la di usión de la
"Re olución de los P oduc os Secunda ios" en el Su es e de la Península Ibé ica, donde a pa i de ese
momen o enemos indicios de hábi a pe manen e y de posiciones sociales he edadas y no adqui idas.
En segundo luga , du an e el B once Final y la ansición al Hie o, en el que el es o de la Península,
como Eu opa Occiden al, se inco po a a es a endencia. 3) En ambos momen os, se pe cibe la eme gen-
cia de la igu a del a ón y del a ón gue e o, asociado en mi opinión, al desa ollo de un sis ema
pa ia cal y a la ez, el paula ino cambio de signi icación del me al. Es e no se dep ecia a pa i de la
Edad del Hie o, sino que cambia de signi icado social, pasando de la es e a del Don a la de me cancía
(Appa udai, 1986; Kopy o , 1986) y p obablemen e ya no juega un papel básico en la adquisición de
pode , sino que su posesión es consecuencia de él. Po que a pa i de aho a y has a la Re olución
Indus ial, el papel de cada indi iduo en su sociedad, se de ini á en elación con la ie a.
Tal ez la explicación de es e hecho, la hallemos en el con enido de la con e sación que man ienen
Ge ald O'Ha a y su hija: Esca la a se lamen a ama gamen e, de que el homb e que ama a a casa se
con su p ima de quien no es á enamo ado, sólo po que siguiendo las eo ías del Viejo Con inen e,
Wilkes y Hamil ons se casan siemp e en e p imos. Ge ald a gumen a que las eo ías del Viejo Con i-
nen e son magní icas, pues
los ma imonios en e a ines escogidos po los pad es, pe mi en a las
amilias man ene se ue es y dignas gene ación as gene ación. Solo los yankees y los c iados
—añade—
se casan po amo ,
ya que eso no es lo e dade amen e impo an e (El sub ayado es mío).
¿Pues, qué es en onces lo e dade amen e impo an e?, cabe p egun a se. La espues a la iene
Ge ald O'Ha a: "La ie a es la única cosa del mundo que iene algún alo (...) po que es la única que
pe du a. (...) Es la única cosa que me ece que abajemos po ella, que luchemos po ella, que
mu amos po ella". (Mi chell 1939 (1943):52-3) ".
Mad id, e ano de 1991/Ene o de 1992 '2
11.
Na u almen e, no es casualidad el que an o los O'Ha a como los Hamil on y los Wilkes sean amilias ca ólicas ( éa-
se el capí ulo XL de la no ela). La Re o ma p o es an e no sólo acabó con las abas de la Iglesia a la conse ación del
Pa imonio den o del g upo amilia (Goody 1986: capí ulo 7), sino que a o eció la é ica de la jus i icación po el abajo y
el su gimien o de una nue a clase, u bana e indus ial. Es e es el as ondo de la no ela "Lo que el ien o se lle ó"; el
en en amien o en e dos é icas y dos o mas de ida: la del No e, indus ial, bu gués y de mo al p o es an e y la del Su ,
la i undis a, a is oc á ica y de cul u a ca ólica.
12.
Ma ín Almag o, Jesús Al a ez, Ana A nanz, Te esa Chapa, Ramón Fáb egas, Edua do Galán, Al edo Jimeno,
Ca los Junque a, Ma ibel Ma ínez Na a e e, Alicia Pe ea, Gonzalo Ruiz Zapa e o y Juan Manuel Vicen , mejo a on es e
ex o y apo a on aliosas suge encias y c í icas. Los e o es que con enga, son de la única esponsabilidad de su au o a. Debo
además a Ana M. A hanz la mayo pa e de la bibliog a ía sob e mac o es os ege ales que he manejado. Te esa Chapa u o
la amabilidad de da me a lee el ex o de su con e encia. Los dibujos de la ajilla de Villena son de Julia Sánchez y la
p oyección de los asos de Caldas de Reyes, de Edua do Galán Domingo.
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