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Discurso de contestación

Duque Gimeno, Aquilino

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DISCURSO DE CONTESTACION po AQUILINO DUQUE GIMENO Hay una clase de españoles que un poco po gus o y o o po necesidad hemos pasado la mayo pa e de la ida en el ex anje o. José Ma ia Albe ich es uno de ésos, que se ha pasado en Ingla e a an o iempo que pod ía deci : «England made me so», «Ingla e a me ha hecho así». Sin emba go yo, que lo conozco desde an es de sa li de España, puedo da e de que la lema de Albe ich es congéni a y la lle aba pue s a cuando desemba có po ez p ime a en Albión. Albe ich y yo somos igu osamen e co n empo áneos; a la ez ing e- samos en la Uni e sidad, en el iejo case ón de la calle La aña con la di e encia de que él lo hi zo con buen pie y no se equi ocó de acul- ad. La acul ad en que en ó Albe ich ue pa a mí una acul ad de ec eo, con ue e p edominio emenino, y en ella encon aba odo lo que echaba de menos en mi masculina acul ad de Leyes, en e o as cosas excu siones a ís icas y paseos a queológicos. O o compañe o de cu so, el hoy p o eso en Ha a d Má quez Villanue a, que aía de los Escolapios ama de sabio, se dedi có po su cuen a y iesgo a da clases de inglés en el labo a o io de His o ia del A e, cue a ecole a más idónea pa a la capa co a, el somb e i o neg o y el bigo e blan- co de don F ancisco Mu illo He e a que pa a la o a o ia o onda de don José Hemández Díaz. ¿Fue on aquellos los p ime os balbuceos de Albe ich en la endiablada lengua de Skakespea e? Yo lo dudo, pues Albe ich llegaba de Algeci as, ciudad con dos on e as, una na u al, la del ma y Ma uecos, y o a abe an e, la de Gib al a . Hoy qu e oda España es á llena de Gib al a es, es di ícil en ende cómo el hecho de eni de Algeci as podía se , en la Se illa de la época, algo así como eni de los umb ales del ex anje o, po más que ese ex anje o se eduje a a un Peñón ignominioso. Ignominioso y odo, po ese maldi o Peñón se nos me ie on muchos iaje os que, odo hay que econoce lo, 108 AQUILINO DUQUE GlMENO nos enseña on a obse a nues as cos umb es y nues a na u aleza. Uno de los que se die on cuen a muy p on o de es e in lujo ue Albe ich y puede que po eso decidie a doc o a se en la en onces Uni e sidad Cen al con una esis sob e la anglo ilia de la gene ación del 98 después de habe dedicado la e si na de Licencia u a al hispa- ni s mo de Lo d Holland. La s igu as en que Albe ich cen ó su es udio ue on Unamuno y Ba oja y ju s amen e don Pío, en un a ículo que dedicó a Maez u, decía lo siguien e: Maez u nos ae sus en usiasmos anglosajones y nie zscheanos po la ue za, po el o o, po la higiene pública, po l as calles i- adas a co del, y a noso os nos en e nece la debilidad, la pob eza y las callejuelas o uosas, oscu as y en pendien e. Nos can a a Bilbao, a noso os, que no pen sa mos más que en Toledo y en G anada, que p e e imos el pueblo que due me al pueblo que ela ... po más que sueñe con o a España, la o a España no end á, y si iene, se á sin pensa lo ni qu e e lo, po la ue za a- al de los hechos ... Es más: el día en que esa nue a España enga a implan a se en nues o e i o io, con sus máquinas odiosas, sus chimeneas, sus mon ones de ca bón, sus canales de iego; el día en que nues os pueblos engan las calles i adas a co del, ese día em ig o, no a Ingla e a, ni a F ancia ... , a Ma uecos o a o o si io donde no hayan llegado esos pe eccionamien os de la ci ilización. Esa España del u u o, an anhelada po Maez u y an emida po Ba oja, no e a más que la imagen de la Ingla e a del p esen e, una Ingla e a cuyo pode ío se asen aba en la e olución indus ial, y jus amen e hubo un esc i o b i ánico que se a e ió a hace con es- pec o a Ingla e a lo mismo que Ba oja amenazaba con hace con espec o a España. Ese esc i o ue el escocés Cunninghame G aham, de quien Albe ich nos ha dicho cosas muy sus anciosas. Cunninghame G aham y Ba oja se conocie on en Lond es, según no s cuen a es e úl imo en sus Memo ias y eso debió de se en e 1904 y 1905. El ex o que acabamos de lee es de 1899. No amos a conje u a quién in lujó en quién ni cuál ue el con e ni do p obable de la con e sación en e ambos esc i o es. En odas las épocas hay ideas en el ai e que an es o después hallan exp esión esc i a. Que las mismas ideas se- duje on al escocés y al asco es á ue a de oda duda, co mo lo es á la seducción que ambos eje cie on sob e un homb e que hizo odo lo DISCURSO DE CONTESTACION 109 con a io que ellos, como el p o eso Albe ich. Albe ich dejó España, la España de la segunda mi ad de los años 50, po Ingla e a, una Ingla e a que ue poco a poco cayéndosele encima a Jo la go de seis lus os de ida p o esional. Si el es udio de los angló ilos españoles del 98 lo lle ó a Ingla e a, ue el de lo s hispanis as b i ánicos lo que le pe mi ió sob ell e a la nos algia de España. G acias a esos esc i- o es iaje os Albe ich podía escapa du an e ho as de la b umosa mono onía de la p o incia inglesa. Y desde esa mono onía p o inciana podía comp ende muy bien las mo i aciones que lle aban a sus hé- oes a Ja Feliz A abia o a las uen es del Nilo, a la Alpuja a o a la P o enza, a la Pampa o al Mag eb. Esos iajes imagina ios ue on con i iendo además a Albe ich en un homb e del XIX. Lo deci- monónico de Albe ich es una de o mación p o esional de la que es a Academia es la p ime a en bene icia se. En sus años de Exe e , Albe ich u o que enseña de odo, menos Li e a u a Medie al, pe o como la lengua española a a más, ue a de España po supues o, pudo incluso en aquella Uni e sidad amplia se la plan illa y ya pudo Albe ich dedica se a la li e a u a española del siglo XIX, incluidos aquellos au o es cuyas idas se p olonga ían has a mediados del XX, como don Pío Ba oja. He dicho que es a Academia se ha bene iciado de esa ocación decimonónica del p o eso Albe ich y sob e odo del hecho de su ins alación en ese siglo de sus conocimien os e udi os. Las Academias es án pa a da cobijo a odos aquellos que po alguna azón o po o a no ienen si io en el p esen e, pe o cuando lo hacen suelen muchos de ellos deja de eni po la Academia mien as du a esa ins alación. O os hay, po o una, a quienes la s seducciones del p esen e no apa an de la s épocas que han es udiado y conocen a ondo. Vi imos s in emba go unos iempos de un p agma is mo exace ba- do, donde oda in s i ución -ab s acción hecha de las ins i uciones polí icas- ha de jus i ica su u ilidad. En o os iempos la Academia ha podido se una especie de e ulia de homb es ilus es, pe o en los iempos que co en lo s homb es ilus es han de demos a que po algo Jo son. La consigna «q ue odo uncione» se aplica an e odo y sob e odo a las Academias y po eso es a Academia se iene p oponiendo inco po a a indi iduos que es én, no en el ocaso, sino en la pleni ud de sus acul ades. Es e es el caso de Jo sé Ma ía Albe ich. Y he aquí cómo Albe ich de sp ués de soña muchos años con una Se illa cuasi ma oquí que le de ol ie a odo el so l que Albión le esca imó pa a descansa en un le a go apacible, se encon a ía con una Se illa e- 110 AQUILINO DUQUE GIMENO pidan e y deseosa de con a con él en una de sus más p es igiosas ins i uciones. C eo que ue Juan Bau is a Vico el que decía que lo s homb es encuen an siemp e una cosa cuando andan bu scando o a. José Ma ía Albe ich ino a Se illa pa a ol ida se en e sus lib os de que exis ían aulas declase y salas de con e encias y po mano de quien ue a se encon ó con una Academia exigen e que eque ía sus se - icios. He dicho se icios po que, aun sin co mpa i los c i e ios p agmá icos de la Mode nidad, hay quien opina - y aquí en es a Academia más de uno- que no hay hono sin se icio y que un buen se icio es el máximo hono . El hono que ep esen a la pe enencia a una Academia es pu a anidad cuando no lo jus i ican los se icios p es ados a esa Academia y, a a és de ella, a la ciudad. Y aun di é más, y es que en esos se icios p es ados a la ciudad, o a la sociedad, si se quie e, una Academia es el complemen o de o a isn i ución in- signe, que es la Uni e sidad. Es ine i able que la Uni e s idad acompañe a la sociedad ci il en sus a a a es his ó icos, y odos sa- bemos de qué modo han epe cu ido en la enseñanza en gene al, y en la uni e si a ia en pa icula , las alga adas del 68. A las Academias no le han a ec ado esas mudanzas en igual medida, po la sencilla azón de que, dada la a anzada edad media de sus indi iduos, siemp e han supues o un con apeso conse ado . Aho a bien, ese con apeso, ne- cesa io en la ísica social, nunca puede se una émo a, cosa que ocu e cuando las Academias languidecen en la inope ancia, cuando en ellas hay más elumb e que sus ancia y el hono no se sus en a en el se icio. La Academia iene la esponsabilidad de ga an iza , po ejemplo, el sosiego de la in es igación, el igo del es udio, el cul i- o del espí i u, sob e odo en una época en que la in o má ica ame- naza con ans o ma al géne o humano en una especie de c e inos e icaces. José Ma ía Albe ich iene a sus espaldas una la ga ida uni e si- a ia y en su habe una copiosa bibliog a ía; hoy que llega a la Se i- lla que le desc ibie on Lo d Holland, Blanco-Whi e o Cunninghame G aham, iene po delan e una ecunda labo in es igado a y a su disposición una de l as mejo es biblio ecas de la ciudad. Noso os, s us colegas, es amos segu os de que con su inco po ación es a Academia puede esponde con au o idad y con sabidu ía a los desa íos de la Mode nidad. He dicho.