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Velocidad, guerra y video: Paul Virilio entrevistado por François Ewald

Virilio, Paul; Ewald, François

Abstract

¿Podría ser urbanista Paul Virilio? Probablemente, pero no es sólo urbanista. ¿Arquitecto? No, es más todavía: un filósofo que consagra su tiempo a leer el presente, pero no tanto en lo dicho o escrito sino en lo que se inscribe en el espacio. Paul Virilio pertenece a otra especie: la filosofía de la técnica. Su amigo Claude Parent dijo de él: «Es el arqueólogo del futuro». Lo cierto es que Paul Virilio siempre procura captar las virtualidades de las técnicas que atraviesan nuestros cuerpos y organizan nuestras relaciones con el mundo y con los demás . Su último libro, La velocidad de liberación (Ed. Galilée), propone una descripción sorprendente de un mundo de ahora en adelante ligado a las técnicas de las telecomunicaciones: el tiempo anula el espacio. Paul Virilio describe allí el peligro especifico en el accidente en general. E invita a la formación de una ecología gris

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FORO ABIERTO VELOCIDAD, GUERRA Y VIDEO Paul Virilio entrevistado por Fran~;ois Ewald ¿Podría ser urbanista Paul Virilio? Probablemente, pero no es sólo urbanista. ¿Arquitecto? No, es más todavía: un filósofo que consagra su tiempo a leer el presente, pero no tanto en lo dicho o escrito sino en lo que se inscribe en el espacio. Paul Virilio pertenece a otra especie: la filosofía de la técnica. Su amigo Claude Parent dijo de él: «Es el arqueólogo del futuro». Lo cierto es que Paul Virilio siempre procura captar las virtualidades de las técnicas que atraviesan nuestros cuerpos y organizan nuestras relaciones con el mundo y con los demás. Su último libro, La velocidad de liberación (Ed. Galilée), propone una descripción sorprendente de un mundo de ahora en adelante ligado a las técnicas de las telecomunicaciones: el tiempo anula el espacio. Paul Virilio describe allí el peligro especifico en el accidente en general. E invita a la formación de una ecología gris. La heroicidad de la técnica P. Paul Virilio, ¿cómo presentarle? R. Soy un war baby, una víctima de la guerra. Nací en París en 1932, de padre italiano, refugiado y comunista, y de madre bretona. En el momento que estalla la guerra, nos refugiamos con la familia de mi madre, en Nantes. Allí fue donde tuve la experiencia decisiva de la guerra: en dos grandes ocasiones. Un día, en 1940, estábamos comiendo. La radio anuncia que los alemanes han entrado en Orléans. Poco tiempo después, se oye un ruido raro en la calle. Como lo suelen hacer todos los niños, me precipito para mirar: los alemanes estaban cruzando el puente hacia la costa. Era más -LXIII- 63 ASTRAGALO, 04 (1996) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1996.i04.10 Poeta y periodista o menos como durante la guerra del Golfo, pero era un directo motorizado. Para mí fue la experiencia fundamental de la velocidad. La velocidad es eso primero: la sorpresa absoluta, una información que no coincide con la realidad, porque la realidad va más rápido que la información. La otra experiencia fue aterradora: la de los bombardeos destructores de Nantes en 1942 y 43. Había ido con mi madre a buscar galletas para los prisioneros en la fábrica Lu. Mi madre me dijo: «Me pongo a la cola, ve a dar una vuelta por la calle del Calvaire y vuelve luego». En esa calle había grandes almacenes con juguetes. Regreso, me pongo en la cola con mi madre. Volvemos a casa con las galletas. Por la tarde, bombardeos. Al día siguiente, en la calle del Calvaire, ya no había nada, lo habían arrasado todo, se veía el horizonte. Fue para mí un sentimiento extroardinario: para un niño, una ciudad es algo eterno. De repente, se cae como un decorado. Era menos sensible a la muerte, al drama, aunque hubiera tenido miedo, que al desvanecimiento, lo que luego llamaría «estética de la desaparición», es decir, el truco de magia, ahora ya no hay nada. Eso era la guerra, la guerra relámpago, la dominación, la heroicidad de la técnica: hacer desaparecer la realidad, la realidad de la vida, la realidad de un barrio. Es te espectáculo de la guerra, de una tecnología omnipotente, omnipresente, acabó de formarme totalmente. Mi interés por la ciudad, la guerra y la técnica, mis tres elementos, viene de esa ciudad arruinada en unos momentos. Mi experiencia de niño ha sido la del carácter totalitario de la guerra, de una guerra que no era una guerra como las demás guerras: era la Blitz Krieg, la 64 guerra relámpago, la guerra de la sorpresa, la guerra de los medios de comunicación con la radio ya, el cine, la conquista del aire y también la guerra de la destrucción masiva. Mi origen es la guerra. La guerra era mi padre y mi madre a la vez. Lo propio de la guerra es pillar al personaje en su drama. De alguna forma, a partir de 1947-50, dejé de vivir. Todo lo que soy, pasó antes de esta fecha. La guerra fue un fenómeno tan extraordinario, en todos los sentidos de la palabra, que el período después de la guerra me parece más bien aburrido. Eso es, a los diez años, me convertí una persona vieja, un war baby, como Peret y otros. Técnica y territorio P. ¿Qué hace después de la guerra? R. Al llegar la liberación, me fui corriendo a Saint-Nazaire para ver el mar, bañarme, cosa que estaba prohibida durante la ocupación. Descubro al mismo tiempo en el horizonte sin fin, sin fallos y absolutamente puro del mar, del Océano Atlántic o, objetos raros, comparables a las estatuas de la Isla de Pascua, en espera ante el infinito marino, abandonados, en perfecto estado, sin haber sido utilizados, con periscopios, morteros, cascos vacíos y a disposición de cualquiera. No hubiera podido hacer arquitectura sin ellos. Pasé unos diez años de investigaciones fotográficas navegando por las costas de Europa, haciendo el inventario de todos estos objetos. Estudié el espacio de la Segunda Guerra Mundial inten- -LXIV - tando entender lo que Hegel llama la Schone Totalitiit, y que los nazis habían puesto en marcha con su conquista de la «fortaleza Europa». Poco a poco se convirtieron en mis profesores de escuela de guerra; me enseñaron la guerra total que había vivido sin analizar. Me interesé por el territorio de la guerra, por el paisaje de guerra, por su lógica funcionalista, por su balística, a través de los problemas de percepción, de ocultación del campo de tiro, del ángulo muerto que manda en la arquitectura de los bunkers. Toda una construcción territorial salía a la luz. Pinté. Tuve muchos oficios. Pinté carteles para los cines. Fui maestro vitralista: hice vitrales de Braques en Varengeville; trabajé en los vitrales de Matisse en Saint-Paul de Venc. Después, poco a poco, me dirigí hacia la arquitectura y el urbanismo. Trabajé con un amigo: Claude Parent. Juntos fundamos Architecture Príncipe, una revista teórica sobre el espacio, la ciudad, la megápolis que ya empezaba a surgir. P. Empieza a escribir relativamente tarde, ya que su primer libro data de 1975. R. He escrito mucho antes, pero artículos sobre arquitectura y urbanismo, sobre la reconstrucción, sobre las teorías urbanas. Trabajé con grandes arquitectos como Tange, Isozaki, el grupo Archigram, Paolo Soléri, todos los arquitectos de la utopía arquitectónica, los que, de alguna manera, dieron forma al Centro Pompidou. Me interesaba por el futuro de la ciudad en relación con la técnica: la ruptura, la crisis de la ciudad, el hecho de ir hacia unos barrios de las afueras infinitos e hipercentros que serían como puestos de mando. Escribí sobre los disturbios de Detroit o los de Los Angeles, los primeros, los de los años 60. Tenía la impresión de que algo salía a la luz en la ciudad, 65 algo que anunciaba la revuelta del 68. Estaba ya bajo el impacto de las teletecnologías, de las tecnologías de la velocidad, de la velocidad absoluta o de la velocidad relativa de lo supersónico. En el 68 me metí a fondo. Soy uno de los que, cansados de una Sorbona demasiado marxista, cogen el Odéon para hacer un lugar de debate público, un «desinhibizador» de la palabra. Llego con ideas urbanas, con la idea de que es la ciudad la que estalla. Después de 1968, llamado por los estudiantes, empiezo como profesor en la Escuela Especial de Arquitectura de la cual fui director durante tres años, entre 1972 y 1975. Luego fui administrador, vicepresidente y finalmente presidente, cargo que acabo de dejar. Es durante este corto cuarto de siglo, en la Escuela, cuando redacto mis libros: el libro sobre los bunkers, que es una especie de testimonio de lo que para mí era el espacio militar, como espacio de marca de la técnica en su estado más puro, a través de.Ja guerra total, y luego La inseguridad del territorio, que mostraba que no sólo estaba la guerra sino que la técnica definía territorios y una geopolítica que no era sólo la de los hombres sino la de los medios técnicos que configuran el territorio. El territorio está construido por las técnicas de transportes, de comunicación, de intercambio; y no tiene existencia más que por estas tecnologías. El territorio no es la tierra. Bunker arqueología y La inseguridad del territorio son mi origen. La inseguridad del territorio muestra el carácter incierto del territorio. La técnica convierte el territorio en algo incierto; le -LXV- ASTRAGALO,04(1996)ISSN 1134-3672 amenaza como extensión y duración. La técnica reduce el territorio, bien sea la técnica de los carros que vienen a invadir Nantes en unos minutos o bien la Blitz Krieg de los aviones que vienen a bombardearte en el momento en el que menos te lo esperas; el territorio está entonces reducido a su expresión más somera; se convierte en algo incierto. La técnica moderna, la técnica hiperrápida, la guerra relámpago, la guerra futurista, no sólo hace perder la tierra, el arraigo, sino que también lo convierte en algo incierto. Cuanto más se desarrolla la técnica, más se modifica y se retracta el territorio. La cuestión de la velocidad es central porque, en la guerra, hay dos elementos esenciales, la sorpresa y la rapidez. La guerra no es sólo un enfrentamiento de poblaciones o de hombres, es un asalto de tecnologías. Y es, al mismo tiempo, el fracaso de una forma de territorio constituido por ciertas técnicas y destruido por otras. La técnica deshace un territorio para hacer otro. Los territorios siempre son inciertos. P. Para usted, ¿existe una necesidad de la guerra? R. Heráclito lo dijo: "La guerra es la madre de todas las cosas". Eso, yo lo viví, es un trauma que no quiero imponer a nadie, pero, y es una lástima, el siglo XX es un siglo sin piedad, es el siglo de la guerra total. La guerra es permanente. No es comadrona de la historia como se dijo, sino que es permanente. No es permanente por las batallas, sino por su preparación. Ha estado siempre a pie de obra desde la invención de las primeras naves, las trirremes o las galeras, que no eran naves para el comercio sino que eran naves de guerra pero que, como lo mostró Braudel, 66 servían para transportar mercancías. No se puede hablar de ciencia, de artesanía, de descubrimiento industrial, de modo de producción sin mencionar los modos de destruccióñ y de preparación de la próxima guerra. La guerra que me interesa, lo que llamo la guerra pura, es su desarrollo más que su declaración. Lo que me interesa es la propensión de la guerra a desarrollarse a través del conocimiento y, por supuesto, a través de la estructuración del territorio. Es ahí donde estoy de acuerdo con Foucault, con respecto al problema del encierro, de la fortaleza, de la ciudad Estado, ciudad que es un Estado fortaleza que hace una ciudad. No hay ciudad sin fortaleza en el origen, porque las armas de obstrucción, es decir, las murallas, los escudos, los cascos son más fuertes que las lanzas, los cuchillos. Luego esta fortaleza estallará con el Estado nación, porque las armas de destrucción, los cañones, la artillería derribarán las murallas de los castillos y vencerán a las armas de obstrucción. Existen dos categorías de urbanistas. Por un lado están los urbanistas que piensan que el inicio de la concentración urbana, está en el comercio y por otro los que piensan que es la guerra, la necesidad de reunir fuerzas. La ciudad se constituiría como un campo de maniobras. Antes de ser el lugar de lo político, el lugar del teatro, el lugar del comercio y de las ideas, es primero un campo de batalla con la organización del perímetro, con la plaza de armas que luego se llamará ágora o forum, donde se reúnen todos los ciudadanos antes de repartirse para defender las murallas o las puertas de la ciudad. - LXVI- Técnica y comunicación P. Le dirán que, desde hace 50 años, el fenómeno de la guerra más bien ha disminuido. R. Es cierto que no hemos visto una guerra mundial desde hace 50 años. Pero es que hemos inventado el arma absoluta, el arma nuclear, y con ella la disuasión. Europa, América y Rusia se han paralizado mutuamente. De ahora en adelante, la situación ha cambiado. Y es una de las grandes preguntas hecha a la historia futura: ¿vamos a reinventar la disuasión a escala mundial después de la política de bloques? ¿Podemos imaginar una disuasión por todas partes con un número infinito de actores? La caída del muro de Berlín es el final de la disuasión nuclear. Entramos en el tercer sistema de armas: ya no son las armas de obstrucción que se derrumbaron con las murallas de la ciudad; ya no son las armas de destrucción que se acabaron con el arma de destrucción masiva que es la bomba atómica, sino las armas de comunicación, es decir, las armas de percepción. Los satélites, los medios de escucha, los sistemas de alerta se han convertido en algo tan potente, tan omnipresente en su giro alrededor del mundo que la disuasión proviene ya de la visión. Hay que apuntar para matar. Lo que mata es la mirada, la designación. Señalar a alguien con el dedo es ya amenazarle, es matarle simbólicamente. La disuasión nuclear era la no guerra, o más bien la guerra en su estado puro, es decir, la que no hace más que producir los medios que no utilizará. La guerra pura se reveló en lo que hemos llamado el complejo militar-industrial. La disuasión no era el invento de la bomba aterradora e inutilizable, sino la mejora incesante de los vectores, de los medios de detección, de los sistemas de armas, de bases, de los medios de alerta. Con la disuasión, la guerra se desplazó en su preparación científica. Pero la proliferación hace desaparecer la disuasión. La disuasión es un mercado para dos. A partir del momento en el que tienes que disuadir a todos tus enemigos potenciales, ya no hay disuasión. Ya no se sabe quiénes son los enemigos: ¿quizás mañana sea Kazakhstán o cualquier otro país quien decida bombardeamos? O bien un terrorista que venga a colocar una bomba nuclear o una bomba de radiación (la que no estalla sino que se pudre) en el metro. Es uno de los grandes problemas políticos del futuro: ¿algo como la disuasión es todavía posible? P. Algunos han dicho, de manera más o menos metafórica, que la guerra del Golfo no tuvo lugar. R. No puedo compartir esta tesis sostenida por nuestro amigo Jean Baudrillard. Procede del mismo gesto que el de Faurisson, que asegura que los campos no han existido; como si no hubiera habido varios centenares de miles de víctimas. La guerra del Golfo fue la primera guerra después de la disuasión. Vuelve a abrir la historia de los combates tradicionales. Saddam Hussein ha sido el primero en intentarlo. Habrá otros. A partir del momento en el que el paraguas de la disuasión desaparece, la guerra, internacional o civil, vuelve a ser posible. La historia vuelve a abrirse. -LXVII - 67 ASTRAGALO,04(1996)ISSN 1134-3672 Lo que hace que exista la guerra es primero la escala de la potencia puesta a su servicio. La concentración técnica de las armas, armas de destrucción o de percepción, en la guerra del Golfo, era a escala de una guerra mundial. La guerra del Golfo fue una guerra local gestionada mundialmente. Los que dicen que la guerra no tuvo lugar llevan una guerra de retraso. Hoy la densidad, la intensidad de la potencia ya no tienen nada que ver con la extensión del campo de batalla. ¿Esperaban una guerra mundial que se extendería al mundo entero y que duraría cuatro años? Es una visión de los años cuarenta. La guerra del Golfo ha sido una guerra mundial en miniatura. Ha sido gestionada mundialmente y realizada localmente. Ha sido una guerra teledirigida, una gran guerra reducida, una guerra que ha utilizado todos los medios de la guerra nuclear. Es una guerra mundial reducida, y en efecto la guerra del Golfo ha sido una guerra mundial, en miniatura. Ha sido mundial en el tiempo mundial de la instantaneidad de la información, pero también de los misiles, de los satélites; pero ha sido extraordinariamente estrecha en el plano local, luego es la primera guerra mundial en tiempo real, no es la primera guerra mundial en el espacio real como la Segunda Guerra Mundial que afectó al globo terráqueo: ella afectó a nivel de esta compresión temporal que es la nueva mundialización. No sólo la guerra del Golfo tuvo lugar, sino que marca una ruptura histórica. Se abre una nueva disuasión: la de las armas de control. Marca el ascenso de un sistema de recogida instántanea de todo lo que se mueve, de todo lo que existe. Es la guerra de las galaxias. La guerra de las gala- 68 xias no son lásers que destruyen los cohetes, sino que es primero un control perceptivo de todo tipo de acción; la guerra de las galaxias está en la logística de la percepción. La guerra, en efec- to, pasa por la vista: localizar un objetivo, apuntar, designar, localizar. ¿Qué es lo que es definitivo en el duelo? No es tener espadas o pistolas, sino tener la rapidez de localización de las intenciones del otro para poder bloquearle. En El hombre de las pistolas de oro no son las pistolas las que dan la supremacía de Henry Fonda: es que dispara más rápido que los demás; más rápido que su sombra. Nadie le ataca aun disponiendo de las mismas armas que él, porque apunta mejor que los demás. Las armas de comunicación son la puesta en órbita de sistemas de adquisición que paralizan la acción como ha sido paralizado Saddam Hussein: paralizado por el hecho de que ha sido descubierto, que todas sus acciones estaban localizadas, hasta sus aviones, sólo podía huir; no podía intervenir. Eso es la nueva disuasión: la paralización por supervisión. Descomposición de la forma política P. ¿Cómo interpreta los atentados? No hablo sólo de los atentados franceses, sino de esta amenaza, bastante nueva, que hemos visto en Tokio o en Oklahoma City. R. La disuasión ha destruido la forma política de la guerra, su forma organizada, su forma clausewitziana. La forma política clausewitziana de la guerra se ha descompuesto en el terrorismo, las guerras de liberación, la guerrilla, en beneficio de una violencia caótica, terrorista, que puede ser asumida por individuos o por grupos restringidos sin referencias a ningún Estado. Es el caso - LXVIII - de la bomba del World Trade Center. El atentado contra el World Trade Center era equivalente, para el terrorismo, a la bomba de Hiroshima: se atrevieron a lo máximo; porque quisieron derrumbar el World Trade Center. El atentado contra el World Trade Center es todavía un terrorismo convencional, indica lo que podría ser mañana el terrorismo nuclear: nos atrevemos más allá del límite. El terrorismo de los palestinos, que mata en autobuses, no es del mismo orden que las masacres horribles de la secta Aoum, del World Trade Center o de Oklahoma City. Estamos frente a una radicalización, ya no de la guerra política, sino de la guerra transpolítica. Radicalización es decir que, igual que la guerra se había desarrollado desde la guerra local a la guerra internacional, a la guerra mundial y a la guerra total con la bomba nuclear, de la misma forma el terrorismo parte del pequeño atentado para avisar, dar miedo, crear un clima, una psicosis, para llegar a actos de guerra total como el World Trade Center o el edificio de Oklahoma City. La descomposición de la forma política de la guerra lleva a un terrorismo total. ¿Después de la guerra total, el terrorismo total? P. Por qué este tipo de terrorismo hoy? R. Porque la guerra no se apaga, porque la guerra es parte integrante de la historia. El origen de la historia es el relato de las batallas. La guerra forma parte de la historia y vuelve a surgir. Cuando la comprimes en alguna parte, aparece por otra; huye. Comprimimos con la disuasión la guerra internacional, la guerra mundial, la «Gran guerra», como decían en 1914. Brota por otra parte. Las nuevas armas son armas minitaurizadas; las investigaciones, durante la disuasión, han permitido el transporte de las armas nucleare s; las armas de destrucción masiva han sido miniaturizadas, y son por consiguiente transportables. Y cuando lo son, cualquiera las puede utilizar. Técnica y accidente P. El pronóstico es particularmente siniestro. ¿Veremos algún día un atentado nuclear? R. Es practicamente inevitable. Tendremos una Hiroshima-atentado. P. Se nota en sus trabajos cierta fascinación por el accidente. R. El accidente es revelador y profético. Es con lo que hay que enfrentarse para desarrollar la técnica. Dime cuál es el accidente y te diré cuál es la técnica. Inventar un objeto técnico es inaugurar un accidente específico: inventar el barco es inventar el naufragio; inventar el tren es inventar el descarrilamiento; inventar el avión, el crash aéreo, y con la electricidad, la electrocución. Como crítico de la técnica, lo que me interesa es localizar la especificidad del accidente. Es analizando la negatividad del accidente de un objeto cuando se puede desarrollar este obje- to para mejorarlo, para humanizarlo, para civilizarlo. Por ejemplo, cuando se inventa el ferrocarril existen dos tipos de ingenieros: los ingenieros de caminos, de los túneles y de los puentes (puentes muy especiales para resistir las vibraciones), a cargo de la empresa ferroviaria y los -LXIX - 69 ASTRAGALO,04(1996)ISSN 1134-3672 ingenieros industriales encargados de la máquina de vapor, los que inventaron las locomotoras y los vagones. Funciona, pero los trenes descarrilan. Hacia 1880 se sabe cómo desarrollar definitivamente la máquina de vapor y los raíles. Lo que obstaculiza el desarrollo del ferrocarril son los descarrilamientos. Entonces se inventó una nueva ingeniería, la ingeniería de tráfico, el Bloc System, lo que se puede llamar lo inmaterial... Hay raíles, hay trenes, hay estaciones, pero también existe el trayecto, el tráfico, y se inventará el ingeniero de tráfico. Es lo que permitirá el tren de alta velocidad. Las nuevas tecnologías de redes, Internet y otras, son de la misma naturaleza. Conllevan un tipo de accidente específico. No se localiza porque no genera muerte, porque no se ven montones de chatarras, cuerpos hechos pedazos; pero existe el paro, el espionaje. Localizar el accidente en cualquier tecnología equivale a permitir su desarrollo, es civilizar la técnica. La técnica es primero el accidente. P. ¿Porqué utiliza el término de accidente para designar este evento y no el de catástrofe? R. La palabra accidente tiene la ventaja de estar bien definida, filosóficamente hablando, oponiéndose a la sustancia; la palabra catástrofe me parece exagerada. Ni el jefe de obra del ferrocarril, ni menos todavía el conductor de la locomotora, quieren el descarrilamiento. El accidente surge fortuitamente. La sustancia es necesaria cuando el accidente es relativo y contingente. 70 P. ¿Qué análisis hace del accidente de tráfico? Si nuestra sociedad está obsesionada por algún tipo de accidente, es por él de tráfico. R. El accidente de tráfico es como una especie de guerra civil del movimiento. Nuestra sociedad es una sociedad de la movilización general. El coche ha sido el medio de la movilización social a través del trabajo y del ocio. La historia es una aceleración: aceleración del desplazamiento físico, del transporte de las personas, aceleración de la información con la revolución de las transmisiones, y por consiguiente aceleración y multiplicación del accidente. Accidente « de tráfico»: el barco, el tren, el coche, el avión son todos «de tráfico». Accidente audiovisual con las telecomunicaciones, con el teletrabajo, la deslocalización, que permite hacer trabajar a los chinos por 75 pesetas la hora cuando hay gente que muere de hambre en Europa. Con la aceleración de la historia existe una multiplicación de los accidentes, una especie de guerra civil. Es el progreso del movimiento, imposible de separar del progreso del accidente, de un tipo de accidente que evoluciona: primero las personas mueren hechas pedazos en un accidente de tren, de coche o de avión. Hoy no hay muertos aparentes sino zombies, marginados, porque podemos en un instante encargar trabajos en cualquier parte del mundo. El paro masivo es, de alguna manera, una forma de accidente de las telecomunicaciones. P. Un marxista le diría que es posible calificar este tipo de efectos o de contra efectos de accidentes, pero que también se puede decir que estos accidentes son casi voluntarios. -LXX- R. El accidente forma probablemente parte de la voluntad de potencia -voluntad de potencia de los que manejan la potencia, el capitalismo, el poder-, pero también potencia de la técnica. No sólo existe la potencia de los que utilizan la técnica, está también la propia potencia de la técnica. Es esta potencia propia la que viví durante la guerra, en una contradicción extraordinaria: por una parte la Blitz Krieg, la invasión, el horror, los fusilados de Chil.- teaubriant, y la misma potencia de los bombardeos aliados que destruyeron Nantes. Por un lado están los Aliados, mis amigos, y por otro, los enemigos; la potencia de la técnica está en medio. P. Para combatir el accidente, desarrollamos un pensamiento y programas de seguridad. ¿Podemos tener el sueño, el proyecto o la utopía de una desaparición del accidente? R. El accidente es la cara oculta del progreso. No hay progreso total; el progreso no es más que relativo, bien sea en el ámbito económico, o en el científico, o en el técnico. No existe progreso sin su sombra: el accidente es su sombra. P. Vale. ¿Pero existe algún progreso que merezca un accidente? R. Con el desarrollo de la velocidad, que es la base de la potencia de la técnica, hemos pasado de un accidente específico, particular, de un accidente localizado, a la posibilidad de un accidente general, es decir, un accidente que concierne a la totalidad del espacio y del tiempo, un accidente sin precedente, un accidente inaudito. Contra el accidente local nos podíamos prevenir con pólizas de seguros o dispositivos técnicos (control del tráfico y regulación policiaca de las autovías). Podíamos pagar para prevenirnos contra un accidente local, específicamente situado aquí y ahora, pero no podemos prevenirnos contra un accidente general, integral. Los plazos tecnológicos de las velocidades absolutas de las ondas electromagnéticas, y ya no de las velocidades relativas del tren o del coche, son los que abren la posibilidad inevitable de un accidente general cuya imagen (¿pero cómo decirlo si es inaudito?) podría ser el crash de la Bolsa, o la radioactividad de una contaminación casi instantánea de la totalidad de la población. Es difícil hablar de algo que todavía no ha pasado y sigue siendo un accidente en potencia ... El accidente general está latente en el paro masivo, en el hecho de que el paro ya no es un problema sino una solución, que la instantaneidad de la acción y de la reacción provocan un verdadero desorden político. Es más que una crisis; es la emergencia de un accidente general, de un accidente de la misma naturaleza que el accidente de la primera nave especial Challenger, es decir, algo que se sabe que va a pasar pero contra lo cual no podemos pr evenirno s. Además, no podemos pr evenirnos de ello filosófica o moralmente, porque es simplemente imposible de asumir este accidente ... Existe entonces un crecimiento del accidente junto con un crecimiento de la potencia, del dinero, de la técnica y del monopolio del mercado. - LXXI - 71 ASTRAGALO,04(1996)ISSN 1134-3672