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El símbolo de la mano en el arte paleolítico

Lacalle Rodríguez, Raquel

Abstract

En este artículo hemos realizado un análisis del símbolo de la mano en el arte paleolítico. Hemos tratado de adentrarnos en su iconología estudiando este signo en otras culturas. La reiterada aparición de su función astral en diversas sociedades ha abierto la posibilidad de considerarlo su significado original.

Full text

ISSN: 0514-7336 EL SÍMBOLO DE LA MANO EN EL ARTE PALEOLÍTICO Hand symbol in Palaeoli hic A Raquel LACALLE RODRIGUEZ Uni e sidad de Se illa Fecha de acep ación de la e sión de ini i a: 1-10-96 BIBLID [0514-7336 (1996) 49; 271-277] RESUMEN: En es e a ículo hemos ealizado un análisis del símbolo de la mano en el a e paleolí ico. Hemos a ado de aden a nos en su iconología es udiando es e signo en o as cul u as. La ei e ada apa ición de su unción as al en di e sas sociedades ha abie o la posibilidad de conside a - lo su signi icado o iginal. Palab as cla e: Manos. Símbolo as al. ABSTRACT: This pape ies o make an analysis o hand symbol in Palaeoli hic a . Ou aim has been o ge close o i s iconology s udying his sign in o he cul u es. The ei e a i e appa i ion o an as al unc ion in di e en socie ies has made possible o conside i as i s a chaic meaning. Keywo ds: Hands. As al symbol. Den o del epe o io a ís ico paleolí ico es de des aca la ep esen ación de di e en es pa es del cue po humano, en e ellas: manos, pies, ul- as, e c. Aun siendo pa es in eg an es del cue - po humano pa ecen es a asociadas a o as ideas o signi icados, asumidos an e algún ipo de co- elación en la men e del indi iduo. Es, po an- o, p io i a io indaga qué ipo de ac o es o enómenos a ec a on e in luye on p incipalmen- e en la ida del homb e paleolí ico y qué ipo de p ocesos o conexiones se han podido es ablece has a que las ideas p ima ias llegan a queda ocul as an e complejas ans igu aciones. El ema al que en conc e o p e endemos ap oxima nos p esen a un especial a ac i o que eside en la amplia ex ensión adqui ida a lo la go del espacio y del iempo, ya sea, bien en endido como esul ado de un p oceso de di usión o co- mo espues a a unos mismos es ímulos su gidos en dis in os pun os. No se a a de un elemen o igu a i o exclusi o del Paleolí ico, ha sido adop- ado con ecuencia po dis in os pueblos a lo la go de la His o ia con un ca ác e simbólico, cuyo signi icado pe manece aún oscu o. La mano, como cualquie o o símbolo, es una idea que se asocia con una de e minada ima- gen a aíz de una elación exis en e en e ambos. Cuando es as asociaciones de ideas apa ecen en sociedades di e en es, es di ícil de e mina has a qué pun o puede acep a se como un p oduc o men al indi idual o como p incipalmen e depen- dien e de su he encia social. En p incipio, ambas explicaciones pueden esul a igualmen e áli- das, enómenos simila es su gidos en di e en es cul u as pueden llega a explica se, bien po su elación his ó ica o a causa de la iden idad de la es uc u a men al del homb e. Sin emba go, de- bemos ene p esen e la e dade a na u aleza de los símbolos, es deci , su ca ác e a bi a io. Su signi icado obedece, en g an pa e a la imposi- ción lib e y cap ichosa de los homb es, lo cual nos conduce casi de o ma obligada a pensa que la localización de asociaciones idén icas en cul u as di e sas no pueden se comp endidas como sucesi as espues as espon áneas, sino que más bien debe íamos acudi a un sus a o común o igina io pa a pode undamen a ales analo- © Uni e sidad de Salamanca Zephy us, 49, 1996. 273-279 274 Raquel Lacalle Rod íguez / El símbolo de la mano en el a e paleolí ico gías. De al mane a, lo que llama íamos asocia- ciones se ían ealmen e la supe i encia de uni- dades más an iguas que debe íamos ubica en algún momen o del pasado humano (Jung, 1974; Boas, 1964; Malinowski, 1982). Sob e la aludida complejidad de los p oce- sos cul u ales y la impo ancia que juegan las a- diciones en el desa ollo de la cul u a esul an muy ilus a i as las palab as del psicólogo danés Ho ding: Las asociaciones de ideas pueden se an i mes y cons an es que se ol ida de qué elemen- os han su gido. Algunos de los mayo es mis e- ios en el campo de la psicología deben su o igen a asociaciones de ideas an p o undamen- e en aizadas que su p incipio e his o ia ya han sido ol idados, de modo, que lo que an e noso- os se p esen a como una unidad y como nece- sa iamen e cohe en e, puede habe su gido de la usión de dis in os elemen os. Exige, pues un análisis psicológico más p o undo y ex enso que el que puede hace la psicología dogma izan e. Tal análisis encuen a una especial aplicación en las asociaciones que no se han o mado en la conciencia p esen e del indi iduo, sino que son legado de an e io es gene aciones (Ou lines o psychology, 1893). Es no o ia la pe du ación de los símbolos a lo la go del iempo, aspec o undamen al que c eemos hemos de alo a a la ho a de aden a - nos en el con enido ideológico de las mani es a- ciones p ehis ó icas. Aunque és os se ean some idos a la na u al e olución que el anscu - so del iempo les imp ime, sin emba go, po lo gene al, log an man ene los ni eles de signi ica- do básicos, conse ando, al menos, en pa e, su idea esencial o igina ia, po lo que su es udio compa a i o pod ía se muy ú il a la ho a de in- en a descub i cie os p incipios elemen ales. Po ello, en es e abajo p e endemos ecu- pe a algunos ejemplos que ilus en la unción que es e símbolo ha desempeñado en di e sas sociedades pa a sub aya aquellos ni eles de sig- ni icado que se ei e an a lo la go de su de eni his ó ico, conside ándolo un sus a o común, pe i encia p obable de su signi icado o iginal. La dis ibución uni e sal de cie os asgos, su p esencia inal e ada a a és de amplios pe íodos de iempo sólo puede explica se po su an igüe- dad y lo esencial de dichos con enidos. Han sido muchas las colec i idades que han incluido el ema en e sus mani es aciones a ís i- cas e ideológicas. En Finlandia apa ecen en ep esen aciones upes es de o igen p ehis ó ico, con ecuencia asociadas a alces o cé idos (Núñez, 1981), as- pec o a ene en cuen a, ya que sabemos que el cie o en la eligión cel a e a el animal sag ado del dios sol (Ma inge , 1972:225). En los monumen os megalí icos del no e de Eu opa las hallamos jun o a signos de pies, siendo in e p e adas como ep esen aciones so- la es, en elación con un cul o al cielo y al sol (Ma inge : 236-237). De época p ehis ó ica son ambién las loca- lizadas en los pe ogli os de Venezuela. Algunos in es igado es sos ienen la esis de que es os pe- ogli os son calenda ios inculados con cul os sola es (No oa, 1989). En Aus alia es ecuen e su p esencia en el a e upes e, en ocasiones apa ecen den o de cí culos o posibles ayos sola es. El ema e a conocido ambién en Egip o, en elie es del Impe io Nue o, donde se asocia al disco sola , cuyos ayos e minan en o ma de manos (Cid, 1993: 128-130). En la mi ología g iega los dác ilos e an cua- o di inidades que lle aban el nomb e de de- dos, los de la diosa Ops (Balles e , 1970). Es a elación exis en e en e la mano y la di inidad se de ec a en o as ocasiones en el mundo g iego. Así enemos el caso de «Eos», di inidad g iega de- nominada «la au o a de los dedos de osa», en alusión a su ca ác e sola , ep esen ando la ma- no abie a los ayos sola es (Ma inge : 236-237). En o no a es a iden i icación esc ibe Max Mülle , en base a sus es udios de ilología y mi ología compa adas (Mülle : 68): «.... el sol con sus ayos do ados podía lla- ma se «de mano do ada» po que «mano» se exp e- saba con la misma palab a que « ayo».... En la mi ología sánsc i a leemos, po ejemplo que In- d a pe dió la mano, y que esa mano ue eempla- zada po o a de o o». Idén ica asociación con la di inidad y con el sol pod ía obse a se en la iconog a ía c is ia- na, en la que dios es ep esen ado po una ma- no, a menudo, su giendo de una nube (Baldock, 1992: 131; Hi sch, 1989: 85). Igualmen e, en la Cabala se conocen g abados en los que ambas manos ep esen an p incipios opues os, asimila- dos al sol y a la luna (Ben Shimon, 1989). © Uni e sidad de Salamanca Zephy us, 49, 1996. 273-279 Raquel Lacalle Rod íguez / El símbolo de la mano en el a e paleolí ico 215 Los heb eos elacionan el zodíaco luna con la manos de Adam Kadmón, el homb e uni e sal; 28 es el núme o de la palab a «cHaLaL»= ida, y de las alanges de ambas manos. La dies a, la que bendice es á en elación con la luna c ecien- e y la sinies a la que lanza los male icios con los 14 días de la luna menguan e (Che alie , 1986: 661). O as poblaciones conciben idén ica duali- dad en o no a es os miemb os. Pa a los nue el Oes e es la lado de la mue e equi alen e a la iz- quie da y el Es e y la de echa se co esponden con el lado de la ida. Po ello asocian la mano de echa con la ue za y la izquie da con el mal (E ans-P i cha d, 1982: 175, 275-180). En la India, con ocasión de ies as especia- les se ejecu an dibujos en la palma de la mano de las muje es sol e as o casadas. Se les denomina «mandanas mehadi» y suelen consis i en mo i os econocibles como as ales: ueda de los cua o a- dios, es ellas, cí culos o iángulos (Sama , 1980). No debemos ol ida los lazos que gua dan con lo as al en la p ác ica de la «qui omancia», consis en e és a en el es udio de las líneas y elie- e de la palma de la mano que equi ale el es u- dio de las líneas y elie e de la supe icie luna o la dis ibución de los as os en el i mamen o. Los ejemplos ci ados nos han pe mi ido ob- se a el sen ido mágico o sag ado que habi ual- men e posee es e signo. Pe o en especial, c eemos que debemos p es a a ención al signi icado as al (sola o luna ), que pa ece habe poseído y que hallamos de modo ei e ado en di e sas cul u as. De en e los casos mencionados, quizás los ejem- plos ex aídos del mundo megalí ico pudie an mos a un mayo en onque con el sus a o pa- leolí ico, dada su mayo p oximidad en el espa- cio y iempo al a e ancocan áb ico y eniendo en cuen a el ca ác e a caico que poseen en ese con ex o, ya que po sinc e ismo ende án a se sus i uidos po una nue a ep esen ación sola , la ueda de los cua o adios. Ma inge las in e - p e a como símbolos sola es po apa ece en los sepulc os jun o a la ueda de cua o adios, lo cual se ía indica i o de su a inidad (Ma inge , 1972: 236-237). Comen a al espec o que las igu- aciones de pies y manos ue on símbolos de dios sola , ac uando como ep esen ación de los ayos sola es. Es llama i o obse a cómo du an e o os pe íodos ha poseído signi icados análogos, sien- do indica i o de que es e alo pudo se su signi- icado o igina io, el que adqui i ía en el con ex o del a e paleolí ico. Po o o lado, hemos de e- ne en cuen a que es e ipo de ep esen ación si- gue los cánones p opios de la iconog a ía sola . Al sol se le ha ep esen ado median e el disco, los ayos, la au eola de luz, e c. Sin duda, la ma- no pudo asimila se a los ayos del sol. Más cu io- so esul a ija nos que el ipo no malmen e u ilizado en el a e paleolí ico es el de la mano nega i a. Las posi i as son mucho menos cuan- iosas y nunca se encuen an en los g andes san- ua ios del ema. El hecho de que e deja su imp on a de una o ma an especí ica debió es- ponde a un deseo p emedi ado. Se ha hablado mucho sob e el p ocedimien o u ilizado pa a ob- ene el aspec o au eolado que posee la mancha de colo . Necesi a de una écnica p ecisa pa a su ob ención, no u ilizada pa a el es o de las pin u- as. Su uso debía esponde a que e plasma la imagen eal del obje o ep esen ado, si és e es el sol, o bien la luna, concebida en muchos pue- blos p imi i os como el sol de la noche, se expli- ca ía muy bien: lo que que ían plasma e a la au eola de luz desp endida po el as o, au eola que con inua á siendo en iempos pos e io es un elemen o p opio de la iconog a ía sola . Las im- p on as posi i as se pod ían explica como una degene ación o descuido de su iconog a ía, así como el mani o me que segui ía un p oceso de abs acción. Igualmen e los colo es habi ualmen- e empleados pa a su igu ación: ojo y neg o, pod ían adqui i sen ido, poseyendo un alo so- la y luna espec i amen e. Pa a in en a con as a es a supues a cone- xión, podemos acudi al a e esquemá ico penin- sula . En él, el ema, aunque escasamen e ep esen ado, se localiza en algunos san ua ios, pudiendo se i de e e en e pa a conc e a cues- iones sob e su signi icación. La casi o al desapa- ición del ema en la nue a mani es ación a ís ica esquemá ica sólo puede explica se bajo dos pun os de is a: — Desapa ece po que la idea que ep esen a pie de su azón de se y su unción. — No desapa ece, sino que ansmu a en o o signo. El in en a io de las pocas manos esquemá- icas localizadas es muy educido. Se limi an a las halladas en el ab igo de P e ina (Cádiz) (Fo ea, 1978: 145) y a o as es dudosas pe enecien es a los ab igos de Las Viñas y La Silla (Badajoz) © Uni e sidad de Salamanca Zephy us, 49, 1996. 273-279 276 Raquel Lacalle Rod íguez / El símbolo de la mano en el a e paleolí ico (Acos a, 1968: 137-138). Apa e de los casos ci a- dos exis en cie os elemen os den o del a e esque- má ico que p esen an cie a iliación mo ológica y a los que debe p es a se a ención. Es eli o mes. Han sido conside ados ep esen aciones so- la es. En e las múl iples a ian es que adquie e el mo i o se hallan algunos es eli o mes que han p esen ado p oblemas en su de inición po po- see un aspec o que se asemeja en cie o modo al de las manos. Es eli o me-mano B euil ue quien en la desc ipción del Ab i- go In e io de San onge (Vélez Blanco, Alme ía), in e p e ó dos es eli o mes si uados en los ex e- mos de los miemb os supe io es de una igu a humana como manos (Acos a, 1968: 133-134). Asimismo plan ea la misma posibilidad in e p e- a i a pa a los es eli o mes que lanquean una i- gu a bi iangula del ab igo de Gabal, ecino de és e de San onge (aunque ambién admi e la po- sibilidad de que sean ojos). A pa i de es os hechos emos que B euil cap ó una cie a elación en e manos, ojos y es- eli o mes, lo cual apoya ía una elación de es as o mas en e sí, al ez po se di e en es esque- ma izaciones o abs acciones de i adas de un símbolo común. Es con enien e ecalca que los es eli o mes del Gabal se encuen an asociados a una de las asiduas ep esen aciones de la Diosa Mad e. Pila Acos a c ee que las azones que lle- a on a B euil a iden i ica es os es eli o mes co- mo es eli o mes-manos p esen a odo ipo de lógica (Acos a, 1968: 134) y añade que no hay di- icul ad en admi i que en un núme o educido de igu as humanas se ep esen an las manos po un es eli o me. Es eli o me-mapa Apa ece en una zona de ocas que bo dean a un ci co del que su gen a ios a oyos, en el ab igo de Callejones de Po encio (Cuenca) (Acos a, 1968: 134-135). En azón a la geog a ía se ha in e p e ado como una ep esen ación o- pog á ica. Es e es eli o me p esen a la pa icula i- dad de posee la o ma de un cí culo del que pa en unos mani o mes. Las causas que lle a on a c ea es e mo i o an peculia del que no se co- noce ningún pa alelo den o del a e esquemá i- co peninsula pudie on eni mo i adas po que quizás las o mas opog á icas del e eno les e oca a alguna idea en especial. Según c eencias mesopo ámicas el Tig is iene su modelo en la es ella Anuni (Eliade, 1952: 19)· Los nomb es de los luga es y de los nomos egipcios se daban según los «campos celes es» y luego los iden i ica- ban con la geog a ía e es e. De es os hechos podemos deduci que ela- cionasen las o mas del e eno, el ci co del que pa en los íos con la o ma del sol, el disco del que pa en los ayos y acudie an a plasma lo se- gún la iconog a ía más habi ual, con el es eli o - me y los mani o mes. No debemos igno a que el disco sola adop a una o ma simila en elie es egipcios del Impe io Nue o (Cid, 1993: 128-130) y que muy bien pudie an esponde a un con- cep o simila . Según lo expues o, hemos p e endido mani- es a que no esul a an lejana la iden i icación de la mano con el ojo y con el sol. Los es po- seen en sí concomi ancias en sus asgos como pa a que se es ablezca una conexión de ideas: las manos son dos como los ojos y de ambos su - gen los supues os ayos, ya sean dedos o pes a- ñas. Los ojos, igu ados a modo de soles son a ibu os de la Diosa Mad e, y sabemos que en Egip o el ojo izquie do y el de echo equi alían espec i amen e a la luna y al sol. Es muy p obable que nos hallemos an e dis- in as o mas de plasma una misma idea. Las manos, desde es e pun o de is a, pudie on ha- be cons i uido el o igen de la iconog a ía sola - luna y explica ía el en onque con o os elemen os iden i icado es, ales como los ojos, mani es ación de los dos p incipios opues os y a la ez complemen a ios que con luyen en la Dio- sa Mad e. Su ausencia den o del ma co del a e es- quemá ico queda ía así explicada, ya que su limi- ada p esencia end ía un sen ido a caizan e. Su uso ue sus i uido po o os signos que igualmen- e aludían a una misma di inidad: ojos y es eli- o mes. Lo que acon ece en el con ex o de las pin u- as esquemá icas no se ía más que un enómeno de sinc e ismo análogo al ya ci ado en el megali- ismo eu opeo, en el que se p oduce su sus i u- ción po una nue a ep esen ación sola : la ueda de los cua o adios. Fenómenos simila es © Uni e sidad de Salamanca Zephy us, 49, 1996. 273-279 Raquel Lacalle Rod íguez / El símbolo de la mano en el a e paleolí ico 277 en ámbi os dis in os sólo pueden ene una expli- cación: acep a que su signi icado o igina io ue el ya aludido ca ác e as al. Si admi imos es os hechos debe íamos plan- ea nos la posibilidad de la exis encia de un cul o as al desde iempos del Paleolí ico, hecho igno- ado po el desconocimien o que poseemos so- b e el e dade o sen ido de la simbología paleolí ica. En elación con es as cues iones se ha p onunciado A. Ma shack, conside ando el a - e paleolí ico una mani es ación en imágenes de un zodíaco luna (Ma shack, 1972). El sol y la luna han sido conside ados uno de los cen os de unidad p incipales de odos los mi os conocidos, es deci , aquellos p incipios co- munes de impo ancia uni e sal que son uen e de oda mi ología (Be na d, 1974: 62-70). La amplia dis ibución que o ece es e cul o aba ca incluso a g upos con economía de cazado es- ecolec o es, lo que hace pensa que es e ipo de c eencias pe enecen a un sus a o básico de c eencias muy a caico. Podemos ci a , en e o os, a los indios cue - o, los cuales inden cul o al sol (Lowie, 1983: 37-40), los pigmeos p ac ican i uales de caza en los que el as o diu no juega un papel c ucial (Campbell, 1991: 339-340), los bosquimanos de- dican ezos a la luna y a las es ellas (Lowie: 132), los esquimales poseen igualmen e mi os sob e el o igen de es os dos cue pos celes es (Lé- i-S auss, 1968: 292). En Aus alia, enómenos de g an impo ancia como las es ellas en muy pocas ocasiones cumplen el papel de ó ems, acudiendo en su luga (Lowie: 150-151) a igu a- ciones animales. Pe o no es que a los animales en sí mismos se les a ibuya la máxima sac ali- dad, sino que es e ca ác e sag ado se o o ga a los símbolos o émicos. Según Du kheim, los símbolos son ep esen aciones del p incipio o é- mico o «Dios» y del clan. El dios del clan es el p incipio o émico dis azado bajo las especies sensibles del animal o ege al que si e de ó- em, y señala como causa de es e mecanismo el hecho de que el p imi i o aus aliano es an es que nada cazado y que los animales exci an su imaginación, mien as que enómenos como las dis in as es ellas no siemp e se dis inguen lo su- icien e como pa a se i de di isas pa a un nú- me o conside able de di e sos clanes. Campbell señala ambién al espec o que el sol es siemp e un g an cazado en odas las mi o- logías cazado as (Campbell, 1991: 339-340). El mundo de me á o as p eside la ideología de es- os g upos, po lo cual es necesa io acudi a su in e p e ación pa a accede a los p incipios que subyacen en la iconog a ía paleolí ica. Al pa ece , se poseen e idencias de cómpu- os calendá icos en momen os del Paleolí ico. Hay au o es que de ienden que los signos g á i- cos mus e ienses e lejan la sucesión empo al de una simbología cuan i a i a o denada que se li- ga ía al ul e io desa ollo de un simbolismo ca- lendá ico as onómico en el Paleolí ico Supe io (F olo , 1981 y 1986). A. Ma shack llegó a la conclusión, as eali- za el es udio de obje os de a e mobilia paleolí- icos median e el examen al mic oscopio, de que una se ie de hoyi os g abados en un u ensilio óseo de 30.000 años de an igüedad indicaba que el a esano se había pe ca ado de los cambios en el ciclo luna . De ec ó que pa a ma ca los sesen- a y nue e hoyos se había empleado ein icua o u ensilios di e en es. Resul ó e iden e que la se - pien e de hoyos e a el esul ado de una se ie de ac os dis ibuidos en un pe íodo de iempo. El au o ambién desen añó que la disposición de las cu as en la se pien e g abada coincidía con las ases cambian es de la luna (Ma shack, 1972; Ren ew, 1993: 362-363). Según F olo , as habe es udiado una pla- ca de ma il del Paleolí ico Supe io de Mal a, Si- be ia, con cien os de o i icios g abados, o mando espi ales, llegó a la conclusión de que se a aba de un o namen o calendá ico (F olo , 1981, Ren ew: 362-363). La placa poseía una es- pi al cen al con 243 o i icios en 7 espi as, mien- as que los demás o man dos g upos con 122 cada uno de ellos (122+243=365). In e p e ó los 243 días como p opios del pe íodo de ges ación del eno, el alimen o básico de Mal a, así como la du ación del in ie no, mien as que 122 días se- ía la du ación del e ano. En el asien o paleolí ico de Mezin, en el ío Desná, se halla on pulse as de colmillos de ma- mu con dibujos allados a modo de she on y meand os. Una de las pulse as cons aba de cinco placas, en cada una de las cuales, según F olo , se hallaban insc i os dos meses luna es. El a e g á ico del Paleolí ico disponía ya de odas las o mas pa a egis a los núme os po sus unidades ( aya, pun o, hoyuelo), en las cua- les se basa la ma emá ica del mundo an iguo. © Uni e sidad de Salamanca Zephy us, 49, 1996. 273-279 278 Raquel Lacalle Rod íguez / El símbolo de la mano en el a e paleolí ico Las e idencias señaladas apun an hacia la exis encia de unos cul os que han de localiza se e iden i ica se como p incipios sus en ado es del mundo de imágenes ansmi ido po el a e. Uno de los aspec os más ele an es del a e paleolí ico iene dado po la ep esen ación y ene ación de la Diosa Mad e. Las di e sas mi o- logías nos pueden ayuda a aden a nos en el co- nocimien o de la iconología de es as igu aciones emeninas. Pa a ello esul a undamen al la mi o- logía asca, deudo a en g an pa e del mundo pa- leolí ico. En ella, la Diosa Ma i apa ece empa en ada con la G an Mad e del Paleolí ico y su me amo - osis en múl iples igu as (Genga, 1988: 17). El a que ipo asco de la di inidad ma ia cal- emenina, pe soni icación de Ama Lu (Mad e Tie- a, mad e del sol y la luna) es nuclea , in eg a luna y sol, su na u aleza es dual (Genga 1988: 8-14). Diosas Mad es simila es a la di inidad asca las ha- llamos en e o as muchas poblaciones. En China la G an P imigenia «T'ai Yuan», combinaba en su pe - sona los pode es de la na u aleza, del ac i o mas- culino y el pasi o emenino, del yang y yin. Es a imagen a que ípica del and ógino p i- migenio, au o ecundan e se localiza en di e sas adiciones del mundo. La di inidad Ome ecu li y Omecihua l, Seño y Seño a de la dualidad, es el se sup emo de la mi ología náhua l, el p incipio que se a icula en una pa e masculina y una eme- nina (Mo ales, 1984: 245). Los b ahmanes de la In- dia exp esaban la misma idea cosmogónica po una es a ua imi a i a del Mundo que eunía los dos sexos. El sexo masculino lle aba la imagen del sol, cen o del p incipio ac i o, el sexo emenino la de la luna, p incipio pasi o (Dupuis, 1870: 87). P incipios idén icos a los ya comen ados podemos iden i ica los en las «Venus» paleolí i- cas. De en e odas ellas la «Venus de Laussel», e- sul a la más explíci a. Sólo debemos lee lo que cla amen e mani ies a. Es a diosa le an a su ma- no de echa, po ando un cue no, mien as que man iene su mano izquie da apoyada sob e el ien e, sos eniendo un disco. La lec u a se ía análoga a la que posee es a Diosa Mad e en la mi ología asca y en o as muchas cul u as. Se ía la diosa and ógina p imigenia, po ado a de los dos p incipios: el luna = de echo = masculino = mue e = cue no y el p incipio sola = izquie do = emenino = ida = disco. La asociación de lo sola con la ecundidad queda ía e lejada po la si uación de la mano izquie da sob e el ien e, alusión di ec a a su sen ido ecundan e. El papel desempañado po los animales en la eligión paleolí ica pod ía así en ende se como mani es ación de los dos p incipios básicos que igen el sis ema ideológico. Es conocido en di e sas cul u as el alo sola que han poseído el caballo (Che alie , 1986: 215; Mülle ) y el cie o, és e úl imo asociado es echa- men e a es e as o po el hecho de la eno ación anual de su co namen a que lo empa en a con el cu so anual sola y que le ha do ado de es a a ibu- ción sac a (Che alie : 287-290; Ma inge , 1972:225). Igualmen e el cue no ha sido conside ado iden i i- cado del as o luna , de ahí la asociación de es e cul o a animales como el o o y el cáp ido (Genga, 1988: 8-14), como mani es aciones de la deidad noc u na. Muchas le as, hie oglí icos y signos gua dan elación simul ánea con las ases de la lu- na y con los cue nos de o o, compa ados a menu- do al c ecien e (Che alie , 1986: 1001-1005). La pa eja caballo- o o en las eligiones ha o mado una pa eja an i é ica, mani es ación de la dualidad sol-luna (Che alie , 1986: 215, 1001-1005). Hemos que ido mani es a con es os ejemplos aídos a colación que la p esencia de los zoomo - os en el a e paleolí ico pod ía adqui i un sen ido si alo á amos su posible signi icación sola o lu- na . La di isión de los zoomo os en dos g upos po Le oi-Gou han pod ía de es e modo en ende - se como una ag upación de animales sola es y, po o o lado, luna es (Le oi-Gou han, 1984): - Animales que poseen ca ac e ís icas sola es: cé ido (po eno a anualmen e su co na- men a), eno (asimilado al an e io ) y caba- llo (iden i icado con es e as o en muchas cul u as). Se ía el g upo conside ado eme- nino, asociado al p incipio de ida. - Animales con conno aciones luna es: bó i- dos, mamu s, cáp idos (po posee el ele- men o más alusi o e iden i icado : el cue no en o ma de media luna). Se ía el g upo conside ado masculino po la alusión del cue no al sexo masculino, inculado con la mue e. A es e g upo se pod ían aña- di o as animales elacionados con la oscu- idad como el pez. La lis a de animales que p esen a Le oi- Gou han queda ía educida si se con ex ualiza a. Po ejemplo, en el Solu ense de Andalucía ene- mos a es iguadas cua o especies zoomo as: o- o-caballo, cie o-cáp ido (Espejo, 1988), las cua o especies más ep esen adas en el conjun o © Uni e sidad de Salamanca Zephy us, 49, 1996. 273-279 Raquel Lacalle Rod íguez / El símbolo de la mano en el a e paleolí ico 279 del a e paleolí ico y que pueden o ganiza se del siguien e modo: Animales sola es Animales luna es G andes he bí o os: caballo o o Pequeños he bí o os: cie o cab a Es os animales pod ían con igu a una es- uc u a básica que coincidie a con una di isión social. El es o de animales han podido ac ua como sus i u os en el ma co de es a es uc u a según los di e en es con ex os c onológicos y es- paciales. Los colo es se ían o os elemen os que e leja ían es e sis ema dual: ojo y neg o, alusi- os a los dos cue pos celes es. Los es udios de Le oi-Gou han pusie on de mani ies o la exis encia de un sis ema dual en el a e paleolí ico. No en endemos, sin emba go, es a dualidad en un sen ido abs ac o, c eemos que han de localiza se los e e en es conc e os que con igu an y iñen oda la supe es uc u a ideológica y pensamos que és a adquie e sen ido y puede comenza a en ende se si admi imos que es os e e en es son los dos as os p incipales. Po an o, en el con ex o de las mani es a- ciones a ís icas paleolí icas c eemos que las ma- nos adquie en un sen ido, en endiéndolas como símbolos as ales. Los indicios apun an a una con inuidad y e olución en la ideología en mo- men os pos e io es y pod ía pos ula se es a e o- lución en base a la sus i ución de unas o mas simbólicas po o as que aluden a una misma en- idad, es deci , un abandono del signo más a cai- co, la mano, sus i uyéndolo po o os, ales como los ojos, o los es eli o mes. La he encia y deuda del a e y la ideología esquemá ica queda ía igualmen e mani ies a en la pa eja cé ido-cáp i- do, los zoomo os más habi uales en los san ua- ios esquemá icos, que no se ían sino el asun o de sus an epasados paleolí icos y de un idén ico sis ema dual. Bibliog a ía ACOSTA, P. (1968): »Lapin u a upes e esquemá ica en España». Salamanca. BALDOCK, J. (I992): ΈΙ simbolismo c is iano». EDAF, Mad id. BALLESTER, R. (I97O): «Los dioses me alú gicos». Py e- nae, 6, Ba celona, pp.: 197-204. BEN SHIMON, Ζ. (1989): «La cabala-, la adición de los conocimien os ocul os». Deba e, Mad id. BERNARD, R.G. (1974): "Las eligiones». B ugue a, Ba - celona. BOAS, F. (1964): «Cues iones undamen ales de An o- pología cul u al·. Sola /Hache e, Buenos Ai es. CAMPBELL, J. (1991): «Las másca as de dios». Mi ología p imi i a. Alianza, Mad id. CID, C. (1993): 'Mi ología o ien al ilus ada». T.I, A gos Ve ga a, Ba celona. CHEVALIER, J; GHEERBRANT, A. (1986): «Dicciona io de los símbolos». 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