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Estética, antropología y epistemología de la metáfora

Gutiérrez Pozo, Antonio

Abstract

En este trabajo nos proponemos aclarar el sentido que tiene el arte para la filosofía de Ortega, lo que nos llevara inexorablemente al estudio de la metáfora, verdadera piedra angular de la estética raciovital. Iniciamos el camino con un problema al que Ortega dedico mucha atención: la relación entre el arte y la estética. Y es que esta relación depende precisamente de la auténtica naturaleza del objeto artístico. Ortega comprende que al aficionado al arte no suela satisfacerle la estética debido a que esta pone todo su empeño en conceptualizar la inagotable materia artística. A causa del prejuicio decimonónico que, primero, ha hecho del arte el “reino del sentimiento”, y luego le ha negado toda posibilidad de organización racional, se ha vuelto una actitud espontanea apartar el arte de la razón y considerar vulgar toda intromisión del pensamiento en el ámbito estético. No obstante, la comprensión que practica Ortega de la relación arte/estética desde el modelo de la dialéctica vida/reflexión, le permite afirmar que “la estética vale tanto como la obra de arte” . Veamos. La tesis principal que rige este último binomio reza así: la claridad proporcionada por la reflexión no es la vida, pero si la plenitud de la vida. La vida no es pensamiento; la realidad vital rebosa el concepto, pero sin el no poseemos nada en plenitud, porque delimita, define lo que es la cosa, y la lleva del caos y vacilación primaria, a su estado de fijeza y orden.

Full text

1 Es é ica, an opología y epis emología de la me á o a An onio Gu ié ez Pozo 1. In oducción En es e abajo nos p oponemos acla a el sen ido que iene el a e pa a la iloso ía de O ega, lo que nos lle a a inexo ablemen e al es udio de la me á o a, e dade a pied a angula de la es é ica acio i al. Iniciamos el camino con un p oblema al que O ega dedico mucha a ención: la elación en e el a e y la es é ica. Y es que es a elación depende p ecisamen e de la au én ica na u aleza del obje o a ís ico. O ega comp ende que al a icionado al a e no suela sa is ace le la es é ica debido a que es a pone odo su empeño en concep ualiza la inago able ma e ia a ís ica. A causa del p ejuicio decimonónico que, p ime o, ha hecho del a e el “ eino del sen imien o” (Adán en el pa aíso,1,477 s), y luego le ha negado oda posibilidad de o ganización acional, se ha uel o una ac i ud espon anea apa a el a e de la azón y conside a ulga oda in omisión del pensamien o en el ámbi o es é ico. No obs an e, la comp ensión que p ac ica O ega de la elación a e/es é ica desde el modelo de la dialéc ica ida/ e lexión, le pe mi e a i ma que “la es é ica ale an o como la ob a de a e” (Id., 478). Veamos. La esis p incipal que ige es e úl imo binomio eza así: la cla idad p opo cionada po la e lexión no es la ida, pe o si la pleni ud de la ida (MQ,I,358)3. La ida no es pensamien o; la ealidad i al ebosa el concep o, pe o sin el no poseemos nada en pleni ud (Id.), po que delimi a, de ine lo que es la cosa, y la lle a del caos y acilación p ima ia, a su es ado de ijeza y o den. 2. Es é ica de la me á o a La ob a de a e no es imagen ni signo de o a cosa. La apa ición de la nue a sensibilidad es é ica del a e de angua dia pe mi e a O ega descub i la esencia de lo a ís ico y ompe con el concep o adicional de la ob a de a e como en ana abie a al mundo. También el concibe el obje o es é ico como un c is al anspa en e, pe o “lo que en el anspa ece no es o a cosa dis in a sino el mismo” (EEP, 257). Aho a bien, en an o obje o que se anspa en a a sí mismo, “encuen a su o ma elemen al en la me á o a” (Id.). La comp ensión de la me á o a como esencia del a e es nues o pun o de pa ida pa a log a el despliegue de odo su signi icado acio i al. “Obje o es é ico y obje o me a ó ico son una misma cosa”, esc ibe O ega, “la me á o a es el obje o es é ico elemen al” (Id.). Pa a 2 en ende la na u aleza me a ó ica de la ob a de a e y conec a la con su ca ác e de absolu a p esencia nos emos obligados a epa a de nue o en el ‘sí mismo’ que se anspa en a en la ob a. Hemos en endido la esencia de la ob a de a e como me á o a, pe o el obje o es é ico es me á o a en los dos sen idos que O ega concede a es e úl imo é mino: como mé odo o p ocedimien o men al, y como esul ado, el obje o log ado median e aquel (EEP, 257). Ace quémonos en p ime luga al p oceso me a ó ico. La me á o a consis e en onces en la ope ación casi mágica po la que unas cosas se uel en o as (TEA,VII,458 ss; VE, 587). Es o mismo es el a e: “ ans o mismo, p es idigi ación”, un “ámbi o de ans igu aciones”, esc ibe O ega (VE, 476; TEA, 458). En la ob a de a e, las ealidades es án pa a ans igu a se en o os obje os. Así, según ejemplos de O ega, los ac o es Tal y Cual se ans o man en Hamle y O elia, y en los e sos el cip és e com l 'espec o d 'una lama mo a y “la mejilla de una jo en es como una osa”, el cip és pa ece ol e se llama y la mejilla osa. No hay expe iencia es é ica sin que las cosas eales dejen de se la ealidad que son y sean o a cosa (VE, 587). En es a me amo osis me a ó ica eside no solo el núcleo del a e sino la esencia de la c ea i idad humana, pues la me á o a es “la po encia más é il que el homb e posee” (DA,III,372). A di e encia de la c ea i idad di ina, la c eación me a ó ica ni c ea ex nihilo ni c ea una ealidad; en igo , no c ea. O ega asegu a que “la ma e ia no aumen a” (EEP, 247), o sea, que lo eal es lo que es y no puede habe c eación de ealidades; las cosas son siemp e las mismas. El a e no c ea ma e ia, ealidades, p i ilegio ese ado a la di inidad. No obs an e, algo del pode c ea i o de Dios queda en la me á o a. Po eso, me a ó icamen e, O ega señala que la me á o a “pa ece un abajo de c eación que Dios se dejo ol idado den o de una de una de sus c ia u as” (DA, 372). El en iquecimien o del se no puede eni de su ma e ial. Queda po descub i en qué sen ido c ea la me á o a. La acla ación de es o úl imo, es deci , la p o undización en la na u aleza de la ope ación me a ó ica, equi ale a des ela la esencia acio i al de la ob a de a e, a desplega el exac o sen ido del esul ado de la me á o a en endida como mé odo. Vol amos a los ejemplos an e io es. O ega p ecisa que cuando decimos que la nie e es blanca, que emos deci que es blanca ealmen e, di ec amen e (TEA, 460). Usamos el e bo se en sen ido di ec o. Pe o el ac o no es ealmen e Hamle , ni el cip és es llama, ni la mejilla osa. En las me á o as usamos el e bo se en sen ido i eal o indi ec o. La mejilla es osa indi ec a o i ealmen e, me a ó icamen e. En la me á o a las cosas son o as i ualmen e. Se me a ó icamen e 3 algo no es se lo ealmen e sino ‘se como eso’, o sea, se lo i eal o indi ec amen e. Esa ac iz llamada ealmen e Fulana de Tal es po unos momen os O elia, pe o no la O elia eal sino el obje o es é ico p esen e y o iginal ‘O elia’; del mismo modo, esas líneas, colo es y o mas en un cuad o que no pasa de ein a cen íme os son ( ep esen an) un paisaje inmenso, pe o no eal sino es é ico, y ese bloque de má mol blanco ep esen a idealmen e el ac o de pensa . La ac iz en el escena io se ans o ma me a ó icamen e en O elia. No es ealmen e O elia; su se -O elia es me a ó ico, i eal. Cuando una ealidad se me amo osea me a ó icamen e en o a no puede deci se que la sea ealmen e, ni que sea una alsedad, sino que la es i ealmen e, que casi es. O ega esc ibe que el se me a ó ico “no es el se eal, sino un como-se , un cuasi-se ; es la i ealidad como al” (TEA, 460). También el obje o es é ico, en an o me á o a que es, consis e en i ealidad; no es —lógicamen e— ninguna de las ealidades que en el in e ienen como ma e ia de la ob a, sino un obje o nue o elabo ado a pa i de ellas. Po an o, la me á o a, en endida como p oceso de ans o mación, c ea i ualmen e, y en endida como esul ado de ese p oceso, es i ealidad: c ea i ualidades, no ealidades. La me á o a pa e de ealidades, y es as, al o za la iden i icación en e ellas, chocan y se anulan, se desma e ializan, pie den ealidad. De ahí que O ega la cali ique de “bomba a ómica men al” (TEA, 460). El esul ado de la aniquilación de esas ealidades es la p oducción de nue os obje os i eales, me á o as, obje os es é icos: la mejilla- osa y el cip és espec o de una llama. El p oceso c ea i o de la me á o a, esencia de la c eación a ís ica, es la des ealización. La des ealización es consus ancial al a e, aunque cada a is a des ealiza a su mane a, y es o es el es ilo, la écnica de des ealización (EEP, 263; VE, 476, 586). La esencia del a e es deshumaniza , des ealiza o i ealiza : “El a e es esencialmen e i ealización” (O ega, MQ, p. 678). Es p eciso acla a que el concep o ‘a e’ con iene un doble sen ido: supone an o la poiesis (ποíησιζ), la c eación o ac o p oduc i o, que consis e en la “ope ación de deshumaniza ” (O ega, DA, p. 859), como el esul ado de la misma, el obje o p oducido, la ob a de a e, que es en onces un obje o deshumanizado o des ealizado, o sea, una i ealidad o idealidad. El a e i ealiza, consis e en des ealización, y u o de esa ac i idad esul a un obje o i eal, la ob a a ís ica. Ya comp obamos más a iba que es a p ác ica des ealizado a en que consis e el a e equi ale, según O ega, a es iliza o a iza . No podía se de o a o ma: si el se del a e es la i ealidad, en onces a iza no puede consis i sino en des ealiza o i ealiza . Aho a podemos añadi que O ega conside a además que des ealiza o idealiza –o sea, deshumaniza , i ealiza o es iliza /a iza - es lo mismo que me a o iza . Po eso “obje o 4 es é ico y obje o me a ó ico son una misma cosa, a i ma O ega, o bien, que la me á o a es el obje o es é ico elemen al, la célula bella” (O ega,MQ, p. 673). A i ma como hace O ega que la na u aleza on ológica del a e es la i ealidad es lo mismo que sos ene que es me á o a. Po es a azón, igual que el é mino ‘a e’ incluía aquellos dos aspec os, O ega ad ie e que ambién “el é mino ‘me á o a’ signi ica a la pa un p ocedimien o y un esul ado, una o ma de ac i idad men al y el obje o median e ella log ado” (O ega, MQ, p. 673). Po an o, O ega es ablece una íada en e lo es é ico/a ís ico, lo i eal y lo me a ó ico. Vi ual y me a ó ico son sinónimos, y cons i uyen la sus ancia a ís ica esencial. El se de lo me a ó ico como al –el se de la ob a de a e po an o- no es se algo ealmen e sino se lo i ealmen e, se como. Según el ejemplo de O ega, en la me á o a ‘la mejilla de la amada es una osa’, la mejilla no es ealmen e una osa, sino que lo es i ual, i eal o idealmen e, o sea, me a ó icamen e: “El se osa la mejilla e a sólo me a ó ico; no e a un se en el sen ido de eal, sino un se en el sen ido de i eal” (O ega, TEA, p. 839). En la me á o a ‘la mejilla es como una osa’, lo me a ó ico, “el se como no es el se eal, sino un como-se , un cuasi-se ; es la i ealidad como al” (Id. p. 839). Lo me a ó ico es el ‘se como’ y “el se como es la exp esión de la i ealidad” (Id, p. 839). Se me a ó icamen e algo -que es como únicamen e una mejilla puede se una osa o unos cen íme os pin ados en un cuad o pueden se un paisaje de kilóme os- es en e ec o se ese algo; pe o se lo i eal o i ualmen e. Es a es la na u aleza de lo a ís ico según O ega. La me á o a –sus ancia de lo es é ico- es i ualidad, idealidad o i ealidad. 3. An opología de la me á o a Analicemos las dimensiones an opológica y epis emológica de la me á o a y del a e. O ega sos iene que la me á o a como po encia que supe a lo eal y c ea obje os imagina ios, y, po an o, el a e, como cons i ución de un mundo i eal, esponden al modo de se del homb e. En p ime luga , la c ea i idad me a ó ica, la p oducción de no edades que ascienden lo que es, se debe a la insaciable insa is acción humana, al “di ino descon en o” que de ine esencialmen e al homb e (IV, 521). El o igen del homb e es u o en una hipe unción ce eb al, un desa ollo de la an asía que le lle o a c ea un mundo in e io imagina io, ideal, en en ado al mundo ex e io de la ealidad, lo que lo ha condenado a es a pe manen emen e insa is echo con lo eal. El homb e, a juicio de O ega, es hijo de la an asía, es el “animal an ás ico” (IX, 190 s, 621 ss). En segundo - y decisi o- luga , y dado que las no edades que p oduce la me á o a son i ealidades, 5 O ega a i ma que as la c eación de i ualidades hay “un ins in o que induce al homb e a e i a las ealidades” (DA, 373). Si el homb e median e la me á o a libe a a las cosas de su condición eal y les da descanso de su ealidad, si c ea “a eci es imagina ios”, es po que necesi a descansa del mundo eal, del peso de ene que hace y elegi su ida. De cuando en cuando, el homb e necesi a, abandona el o be de la ealidad, suspende su i i en se io y i i en b oma, juga , di e i se; es á cons i uido po una olun ad de a sa; la a sa es pa a O ega “un lado imp escindible de nues a exis encia” (TEA, 466). Nada mejo pa a sa is ace la que c ea mundos i eales, an ás icos, y emig a a ellos. Pe o es a es la unción p incipal de la me á o a. La olun ad de a sa es lo que subyace a la ope ación des ealizado a del a e y la me á o a. El uni e so me a ó ico del a e es o o que el mundo eal y po ello mismo el luga ideal pa a unas acaciones de ealidad: al con empla lo, el homb e se sien e ue a de es e mundo, anspo ado al o o, al único mundo acio i almen e ascenden e, el mundo de la i ualidad. Po es o, concluye O ega, “el place de lo bello es un sen imien o mís ico” (VE,VIII,622). Po an o, la me á o a y el a e son consecuencias de la p opensión ins in i a del homb e a oma se acaciones de ealidad. Es a es la undamen ación an opológica del a e que o ece O ega y que insis e en su endencia humanis a. Po o o lado, el a e, según O ega, al se animado po la me á o a, única po encia que log a ascende la ma e ia ya dada, es la o ma más pe ec a de sa is ace la necesidad humana de e asión del mundo eal, el mé odo ideal de di e sión (TEA, 470). El he me ismo de la ob a de a e, el mundo i eal que ep esen a, desconec ado del o be eal, es lo que explica su pode abso ben e y lo que nos pe mi e descansa en ella de la ealidad. Mien as con emplamos una ob a de a e, mien as leemos una no ela, e i amos la ealidad y nos abso be un uni e so imagina io; en onces, no i imos en se io, no hacemos nada en se io. Aho a bien, libe a se de odo lo que hacemos se iamen e es juga . El juego apa ece en O ega como una ca ego ía básica pa a la comp ensión del a e. La expe iencia a ís ica es una expe iencia lúdica. Sin duda, el ca ác e i eal del obje o es é ico, y su capacidad de abso be nos y suspende nues a ida eal y se ia, pe mi en a O ega aplica la ca ego ía de juego al a e. También la oma de conciencia de la na u aleza i ual del a e y su capacidad libe ado a de lo eal, ha pe mi ido a las angua dias es é icas, a juicio de O ega, modi ica la ac i ud subje i a an e el a e. Du an e los siglos XVIII y XIX el a e e a i ido como algo muy se io, con un ono casi pa é ico; e a in e p e ado como cen o de la ida, sus i u o de la me a ísica y de la eligión, y algunos —Schopenhaue y Wagne — espe aban de el la sal ación de la humanidad. O ega descub e que en su 6 iempo, con la supe ación del homo oeconomicus bu gués y la apa ición del homb e depo i o y es i al, el a e, como i ealidad que es, es i ido como cosa poco se ia, e in ascenden e. El a e de angua dia, conscien e de su na u aleza i ual y libe ado a de la ealidad, se sabe juego y di e sión (III, 194 s; DA, 381 ss). 4. Epis emología de la me á o a La me á o a y el a e, además de se mé odos de e asión al mundo i ual, poseen una dimensión cognosci i a que O ega ha expues o en el Ensayo de es é ica. Ahí sos iene que “el e dade o se de cada cosa”, su in imidad, “que es algo en cuan o ejecu ándose”, no es au o e lexi a y que al conoce la, al e lexiona sob e ella, deja de ejecu a se y de se in imidad, de modo que lo que conocemos de ella es una somb a, una imagen (EEP, 254). Pe o no enemos —en p incipio— o a o ma de conocimien o: las cosas solo son pa a noso os a cambio de deja de se lo que son y de eni imágenes, concep os, de si mismas, o sea, somb as, esquemas, de su e dade o se (Id.). Pa ece que no podemos conoce la ealidad ín ima y ejecu i a de las cosas, pues o que pa ece que no puede con e i se en obje o, en obje o de nues a con emplación: en cuan o es obje i ada deja de se la in imidad ejecu i a que es. La con emplación anula la in imidad, la ejecu i idad. Es amos si uados jus o en uno de los p oblemas cen ales —si no en el p incipal— de la iloso ía acio i al de O ega: la dialéc ica acción/con emplación, ejecu i idad/ e lexión, ida/ azón. El papel decisi o que iene el a e en la medi ación acio i al se pone aquí de mani ies o, ya que, llegados a es e impasse, O ega acude al a e pa a esponde a las insu iciencias que ha encon ado en la azón e lexi a. Si en e el concep o y la ealidad in ima a que se e ie e hay siemp e una dis ancia esencial, en la ob a de a e —como p esencia absolu a que es— enemos aquella in imidad ejecu ándose, es deci , “p esenciamos lo que de o o modo no puede se nos nunca p esen e” (EEP, 255). De hecho, añade O ega en cla e ilus ada, “la ob a de a e nos ag ada con ese peculia goce que llamamos es é ico po pa ecemos que nos hace pa en e la in imidad de las cosas, su ealidad ejecu i a — en e a quien las o as no icias de la ciencia pa ecen me os esquemas, emo as alusiones, somb as y símbolos” (EEP, 256). Pe o el a e es una “peculia ísima mane a de conocimien o” (EEP, 255), pues solo pa ece hace nos pa en e la esencia i al o in imidad de las cosas, su ejecu a se, y es que el a e es conocimien o me a ó ico. Acla a el alo cognosci i o de la me á o a equi ale en onces a acla a el que iene el a e. Aunque la me á o a es i ealidad, la ans o mación me a ó ica de una 7 cosa en o a se basa en el descub imien o de una semejanza eal en e las dos: el cip és y la llama, p. e., ienen el mismo esquema lineal. Po an o, con i ma O ega, “no hay me á o a poé ica sin un descub imien o de iden idades e ec i as” (DGM,II,393). La me á o a es pa a O ega “conocimien o de ealidades”, más aun, un “medio esencial de in elección” (DGM, 390 s). Pe o la semejanza que exis e en e aquellos dos obje os es solo pa cial: los cip eses no son como llamas, aunque exis e en e ellos cie a analogía. Aho a bien, “la exage ación de la iden idad más allá de su lími e e ídico, es lo que le da alo poé ico. La me á o a empieza a i adia belleza donde su po ción e dade a concluye” (DGM, 393). Po an o, el a e consis e en la ealización de la me á o a, es me á o a. La ciencia, en cambio, solo se in e esa po el momen o de conocimien o de la me á o a, po el descub imien o de semejanzas en e cosas dis in as: solo usa la me á o a (DGM, 387). La me á o a, además del uso exp esi o, iene o o in elec i o (DGM, 390). Más aun, pa a la ciencia, cuando iene que pensa obje os que no pueden se de inidos di ec amen e po que se escapan a los concep os, “la me á o a es un ins umen o men al imp escindible” (DGM, 387). En ese caso, usa me a ó ica o indi ec amen e los concep os que ienen cie a analogía con el obje o que p e ende de ini , sin deja de ene conciencia de que no son idén icos en e sí sino solo semejan es, de que emplea los concep os en sen ido indi ec o. Es a conciencia impide que la ciencia a i me la me á o a como algo eal, y se con ie a en poesía. Pe o la olun ad de iden i ica cosas solo análogas, o igen del a e, nos obliga a supe a su ealidad, a des ealiza las, pa a aden a nos en un mundo i eal donde si es posible la ans igu ación e iden i icación, donde los cip eses son como llamas: el mundo de la conciencia. En es a egión de ealidad débil se es ablece el a e, lo que implica que la ob a de a e es a ís ica en la medida en que no es eal. La me á o a abandona la ealidad de las cosas y se queda con la huella que p oducen en la conciencia, es deci , con la alusión, mención o in ención men al de las cosas -lo que O ega llama o ma-yo o luga sen imen al de las cosas (EEP, 260 s). En cla e husse liana di emos que la me á o a se ealiza abandonando la ealidad de las cosas y limi ándose a nues a conciencia de ellas, a su concep o. O ega, que de ine la me á o a como “ ansposición de una cosa desde su luga eal a su luga sen imen al” (EEP, 261 n), econoce que, al des ealiza y limi a se a la conciencia de las cosas, la me á o a es una ope ación equi alen e a una educción enomenológica no eó ica, una epokhé i e lexi a. En la me á o a nos educimos a la cosa en an o que in encionada, como pu a p esencia inmedia a an e la conciencia. Ins alada ya en ese ámbi o in asubje i o, cada me á o a consis e en el descub imien o de una iden idad en e 8 dis in as ‘conciencia de’—en e la del cip és y la llama. Tal hallazgo es pa a O ega “el hecho siemp e p e i acional del a e” (EEP, 261). A e y iloso ía se localizan en la egión in asubje i a de la ‘conciencia de’. Aho a bien, el a e juega con esas ‘conciencias de’ buscando semejanzas, y pone, p esen a, lo que descub e como esul ado de ese juego, haciendo de aquellos ‘luga es sen imen ales’ un in en sí; la iloso ía, en cambio, solo usa esas ‘conciencias de’ pa a ol e sob e el ex o i al y comp ende lo aliéndose de esos concep os. Es o explica la di e encia me ódica en e el a e y la iloso ía, el dis in o modo que ienen de e i ica su misión luci e ina de comen a io de la ida, siemp e sob e la base común de la des ealización de la ealidad na u al. Aun más decisi o es el papel de la me á o a en la iloso ía acio i al. Aquí no es un me o ins umen o auxilia sino -jun o a la i onía- el mé odo de la azón i al, su o ma ilosó ica de exis i . La azón i al o es me a ó ica o no es. La causa de es a solida idad es cla a: la ida, obje o cuyo logos p e ende des ela , es, según O ega, “un luido indócil que no se deja e ene , ap esa , sal a ” (II, 519). Es o se debe a que la ida, o sea, la expe iencia inmedia a y an ep edica i a de la conciencia na u al, el cogi o lebendig husse liano, consis en e en in imidad o ejecu i idad, en la ac ualización de la conciencia, la ida, decíamos, es el “ ex o e e no” (MQ, 385), la uen e o igina ia y pe manen e del logos. Po se o igen de los signi icados, ex o sob e el que debe olca se la e lexión pa a ex ae el logos que en el solo es a apun ado, ebasa odo concep o, supe a la po encia acional. Con es a esis O ega no a i ma la impo encia del concep o ni niega la azón pa a pos ula —con Be gson— una especie de in uición ans acional como única posibilidad de pene a en la ealidad i al (III, 272). En absolu o. O ega en iende el concep o como ins umen o pa a ap esa el logos p ima io (MQ, 352 ss). Lo que p e ende es hace lo po oso a la ida. Al a i ma la ida como ex o que asciende oda obje i ación acional, lo que niega es la posibilidad de que la azón la conozca di ec amen e: “Es imposible, esc ibe O ega, conoce di ec amen e la pleni ud de lo eal” (IV, 235). La ida “no puede se di ec amen e obje o pa a noso os” (EEP, 260); pe o si indi ec a o me a ó icamen e. Así el a e. Al echaza el conocimien o di ec o de la ida, O ega niega el dogma acionalis a, esencia de la mode nidad: la e en que la azón es un pode mágico que odo lo acla a, po que se supone que azón y ida son idén icos (VI, 15). “Mi ideología, sos iene, no a con a la azón, pues o que no admi e o o modo de conocimien o eo é ico que ella: a solo con a el acionalismo” (III, 273). Solo la suposición de esa iden idad hace posible que la azón conozca di ec amen e la ida, sin más que segui sus concep os. 9 Pe o O ega conside a que “lo que pensamos no es nunca la ealidad; po que lo que pensamos es lógico y la ealidad es ilógica” (RH,XII,233). En su opinión, “ odo concep o es po su na u aleza una exage ación y en es e sen ido una alsi icación. Al pensa dislocamos lo eal, lo ex emamos y exo bi amos” (II, 649). Los concep os no son di ec amen e la ealidad. Hay, pues, una inadecuación en e la expe iencia o igina ia de la ida y su ca ego ización acional. Ajuicio de O ega, “en e la idea y la cosa hay siemp e una absolu a dis ancia”, de modo que “lo eal ebosa siemp e del concep o que in en a con ene lo” (DA, 375). La ida a i ma su di e encia en e a la azón, su equi ocidad y la imposibilidad de la iden idad. Si pa a Desca es, en cla e idealis a, solo es e dade o, eal, aquello que se p esen a cla a y dis in amen e —inequí ocamen e— an e la conciencia, O ega man iene que “la ealidad es ella misma equi oca” (RH, 276), con adic o ia, es es o y lo o o, iene muchas ca as (V, 191); demasiado ica y compleja pa a que puedan ap esa la di ec amen e, escapa de los concep os. Po es o, añade, “ odo lo que p e ende se inequí oco”, el acionalismo p. e., es “adul e ación o alsi icación de la ealidad, es luga común, aspa ien o, pos u a y ase” (RH, 276). Pe o además de la di ec a, hay “una o ma indi ec a o me a ó ica” de pensa (DGM, 387), consis en e en la posibilidad de conoce algo con un concep o siendo conscien es de que no son idén icos sino solo análogos. La me á o a, lejos de se una po encia i acional de conocimien o, ep esen a pa a O ega “un suplemen o a nues o b azo in elec i o”, un “p ocedimien o in elec ual po cuyo medio conseguimos ap ehende lo que se halla más lejos de nues a po encia concep ual”, (DGM, 391). En suma, el mé odo de la azón i al, lo que le pe mi e lee el logos silencioso alojado en el ex o del mundo i al. La localización del logos o igina io en la ida, lo que no es sino una impugnación de la iden idad acionalis a, hace imp escindible el uso de la me á o a. Solo median e ella puede pensa la azón —en sen ido indi ec o— lo que en p incipio no puede. La me á o a es el ins umen o que log a po encia el concep o pa a que diga más de lo que puede en sen ido di ec o; en onces, más que deci , sugie e. P ecisamen e, “ese deci [o pensa ] que es suge i es la me á o a” (RH, 168). Median e la me á o a se ob iene un concep o suge en e, un concep o que dice más, que log a que nue as ealidades -las que ebosan los limi es del concep o, las expe iencias o igina ias de la ida- se hagan p esen es, aunque sea en o ma indi ec a, solo suge idas. Po es o O ega decla a que la me á o a es el “nomb e au én ico de las cosas” (VIII, 292). Si emplea di ec amen e los concep os signi ica supone que lo eal es idén ico a ellos, usa los indi ec a o me a ó icamen e quie e deci oma conciencia de que los concep os son análogos a la ealidad; en palab as