Crecimiento, modernización y sostenibilidad en Andalucía : algunos apuntes para el análisis
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Crecimiento, modernización y sostenibilidad en Andalucía: algunos apuntes para el análisis 6 Antonio Cano Orellana Departamento economía aplicada de la Universidad de Sevilla
Los análisis territoriales, de naturaleza económica, en general, centran su atención en el estudio de la renta y su distribución. Este sigue siendo, en la actualidad, el elemento central. Las teorías al uso sitúan al crecimiento económico como el medio a través del cual se superarán las desigualdades entre los diferentes territorios. Esto es, los desequilibrios territoriales quedarían superados siempre que las tasas de crecimiento cuantitativo, en términos de Producto Interior Bruto, Valor Añadido Bruto o Renta Nacional, sean porcentualmente mayores en las áreas pobres que en los territorios ricos. Sin embargo, tras más de cincuenta años de crecimiento sostenido, lejos de reducirse la brecha entre la población más rica y la población más pobre del planeta, más allá de superarse las desigualdades entre los diferentes territorios, las distancias que los separan han ido ampliándose. Obsérvese, por ejemplo, que el número de pobres, al contrario de lo previsto por Naciones Unidas, ha aumentado en las dos últimas décadas, creciendo a un promedio de dieciocho millones por año, concentrados en los países más pobres (PNUD, 2001)2. Es más, tanto en porcentaje de población por debajo del nivel de pobreza como en números absolutos las cifras de personas pobres no han dejado de crecer. En este mismo sentido, según el Informe de 1999 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, mientras en 1901 Ghana tenía una renta por habitante 10 veces menor que Reino Unido (entonces la potencia económica más importante del planeta), en la actualidad, Suiza tiene una renta per cápita 214,4 veces mayor que la República Democrática del Congo. De acuerdo con este mismo Informe, si en 1960 la distancia entre el 20% más rico y el 20% más pobre era de 1 a 60, en 1997 esta distancia se amplia a 74. 6 Crecimiento, modernización y sostenibilidad en Andalucía: algunos apuntes para el análisis1 146 Crecimiento, modernización y sostenibilidad en Andalucía: algunos apuntes para el análisis (1) Las reflexiones contenidas en este texto están tratadas con mayor profundidad en Economía y sostenibilidad urbana. El Área Metropolitana de Sevilla, en prensa. (2) PNUD (2001): Informe de Desarrollo Humano. Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Ediciones Mundi Prensa.
(3) Vitousek et al. estimaron, en 1986, que la economía humana estaba utilizando —directa o indirectamente— aproximadamente el 40 por ciento de la producción primaria de fotosíntesis terrestre. La actividad humana, de otro lado, arroja a la atmósfera cada años en torno a 7.000 millones de toneladas de CO2, procedentes de la combustión de combustibles fósiles. Y, por último, a pesar de que la fertilidad del suelo es básica en el mantenimiento de la vida humana en la Tierra, ya que el 97 por ciento de los alimentos proceden de él, más del 35 por ciento del suelo terrestre está ya degradado. En relación con la preservación de la biodiversidad hay que señalar que los seres humanos se han cobrado ya el 55 por ciento del bosque tropical, el hábitat más rico en especies. La destrucción anual excede a los 168.000 kilómetros cuadrados. Así mismo, la pérdida de especies al año se estima, en cálculo muy conservador, en unas 5.000 al año lo supone una tasa 10.000 veces superior a la existente antes de la aparición de la especie humana Tomado de Goodland, R. : (1997): “La tesis de que el mundo está en sus límites” en Medio ambiente y desarrollo sostenible. Más allá del Informe Brundtland. Robert Goodland, Herman Daly, Salah El Serafy, Bernd von Droste (Editores). Editorial Trotta. Serie Medio Ambiente. Madrid. Esta pauperización progresiva de una parte importante de la población mundial, expresión del fracaso de este modelo de crecimiento, ha ido acompañada de un deterioro ambiental sin precedentes. Los últimos cincuenta años han sido los más devastadores de toda la historia de la humanidad3. Deterioro que no se ha frenado, sino más bien al contrario, en las últimas décadas. La soIntroducción a la Sostenibilidad en Andalucía 147 gráfico 1 PIB real per cápita en los países desarrollados y en desarrollo, 1965-95 Fuente: Banco Mundial (2002)
ciedad de la información “desmaterializada” no ha podido frenar y en algunos aspectos ha alimentado el creciente deterioro planetario. Así, lejos de avanzar hacia una sociedad crecientemente desmaterializada, los requerimientos de recursos han aumentado. Los tiempos y el metabolismo de la sociedad industrial chocan abiertamente con los tiempos y el metabolismo de la biosfera4. La pérdida del sentido del límite característico de la sociedad actual, y distante de las sociedades premodernas, ha desembocado en un sobredesarrollo, en una extralimitación (overshoot) ya denunciada en el segundo informe al Club de Roma La humanidad en la encrucijada, en 19745. Esto último ha tenido lugar de la mano de importantes cambios en las pautas de localización. A diferencia de otros seres vivos, en los seres humanos las localizaciones geográficas no coinciden con las localizaciones ecológicas (el lugar donde habitamos no coincide generalmente con los lugares desde los cuales nos abastecemos o donde vertemos nuestros desechos o residuos; por ejemplo, parte de la alimentación que consumimos procede de lugares muy alejados de nosotros y la contaminación que provocamos o los residuos que generamos tampoco, en muchos casos, permanecen próximos al lugar donde se han producido). Ello ha provocado, además, una ruptura con el entorno físico; dando lugar a un territorio fragmentado, estableciéndose una dicotomía entre aquellas áreas destinadas a la apropiación y consumo y aquellas otras destinadas a la extracción y vertido6. Al mismo tiempo, el tránsito de un metabolismo material circular —que cierra los ciclos— a un metabolismo lineal —que deja los ciclos abiertos— ha dado origen al problema de la escasez de los recursos y el fenómeno de los desechos. En las sociedades premodernas las necesidades humanas eran satisfechas sin hacer referencia a los recursos o a los residuos. En otras palabras, carecía de sentido expresarse en términos de recursos y de desechos. Estos últimos, mayoritariamente orgánicos, eran reconocidos y asimilados inmediatamente por el medio y, generalmente, servían de nutrientes para la generación de nuevos recursos. Los ciclos, por tanto, se cerraban. Hoy esto no ocurre. Extraemos combustibles fósiles o uranio para satisfacer nuestros requerimientos energéticos, pero descuidamos el hecho de su naturaleza y nos encontramos con recursos limitados y altamente contaminantes, con período de reposición y de asimilación por el medio muy elevado (años o, incluso, miles de años). 148 Crecimiento, modernización y sostenibilidad en Andalucía: algunos apuntes para el análisis (4) Riechmann, J. (2003): Tiempo para la vida. La crisis ecológica en su dimensión temporal. Ediciones del Genal. Colección Traslibros. Málaga. (5) Esto ya se había puesto de manifiesto en el Primer Informe al Club de Roma Los límites del crecimiento, publicado en 1972. (6) Naredo, J.M. (2002): “Instrumentos para paliar la insostenibilidad de los sistemas urbanos” en Ciudades para un futuro más sostenible. Boletín CF+S. Septiembre 2003.
El crecimiento cuantitativo, característico de nuestra sociedad, basado en el extender, acrecentar, crecer está dilapidando de forma acelerada el patrimonio físico que se ha ido gestando a lo largo de millones de años, con consecuencias, además, indeseables desde el punto de vista de la salud del planeta. Así, grosso modo se necesitaron 300.000 millones de años para capturar carbono atmosférico que quedó depositado en forma de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural); la sociedad industrial apenas emplea unos 300 años para devolverlo, de nuevo, a la atmósfera, en forma de emisiones de CO2, a través de su quema para la obtención de energía, es decir, un millón de veces más rápido con la consiguiente presión sobre el medio. A ello van unidas unas necesidades crecientes de recursos, que se ven reflejada en los Requerimientos Totales y Directos de Materiales de los países más industrializados y el volumen creciente, en tonelaje, del comercio internacional7. Introducción a la Sostenibilidad en Andalucía 149 (7) Naredo, J.M.; Valero, A. (1999): Desarrollo económico y deterioro ecológico. Fundación Argentaria. Colección Economía y Naturaleza. Madrid. gráfico 2 Exportaciones mundiales 1981-1995 (Tm) 4.000.000 3.000.000 2.000.000 1.000.000 0 Productos agrarios 5.000.000 6.000.000 Combustibles Industrias extractivas Manufacturas Total 7.000.000 1985 1990 1995 2000 Mundo USA Japón Alemania Holanda RDM 7 20 17 22 38 RTM 18 84 46 86 84 RTM importados 0 5 25 31 62 RTM propios 0 79 21 55 22 cuadro 1 Requerimientos directos y totales de materiales (Tm/hab) Fuente: Naredo, J.M.; Valero, A. (1999)
En el gráfico 2 puede apreciarse la importancia relativa de la actividad extractiva frente a la manufacturera en el tonelaje movilizado a nivel mundial, así como su tendencia creciente. En el cuadro 1, de otra parte, los requerimientos directos de materiales son sustancialmente inferiores a los totales, expresión de la discutible eficiencia en el tratamiento de los recursos por los países más industrializados. Estas son algunas de las razones que justifican el cuestionamiento del actual modelo de acumulación , y de sus indicadores de referencia y grandes agregados (PIB, VAB, RN), como vía para la superación de los desequilibrios territoriales y, en consecuencia, de los desarreglos planetarios. Y por ende, la necesidad de incorporar herramientas complementarias para el análisis. En esta línea, desde distintas instancias internacionales, se han promovido el desarrollo de diferentes indicadores que persiguen paliar las limitaciones existentes. El análisis de flujos físicos adquiere, en este contexto, una gran importancia. Constituyen el complemento necesario para adquirir una aprehensión de la realidad más acorde con las necesidades actuales. Así pues, a los problemas de generación de renta y su distribución, que han caracterizado los análisis territoriales, habría que añadir los producidos por el deterioro de la salud del planeta derivados de las actuaciones humanas. En otras palabras, a las desigualdades sociales como expresión de la asimetría existente entre las distintas realidades territoriales habría que añadir el desequilibrio existente entre los requerimientos de recursos y los desechos generados y las capacidades bioproductivas para satisfacerlos y absorberlos. Aspectos ambos estrechamente vinculados y expresión de una realidad con importantes dosis de injusticias. En las líneas que siguen a continuación, pretendemos analizar algunos aspectos de la realidad económica de Andalucía bajo esta doble perspectiva. Esto es, considerando las cuestiones distributivas y ambientales asociadas a la manera en la que el modelo de crecimiento se ha materializado en este territorio. El punto de partida es que la integración de Andalucía en el sistema capitalista ha derivado en una especialización productiva muy orientada a los mercados exteriores y extraordinariamente exigente en recursos. Así, a la dependencia secular del territorio andaluz hay que añadir, a este respecto, el importante deterioro que está padeciendo al patrimonio o “capital” natural existente para cubrir las demandas provenientes de dicha especialización productiva. De otra parte, el modelo de urbanización seguido, que no es ajeno a dicha especialización productiva, se ha traducido en una presión creciente de las áreas más frágiles del territorio andaluz. Modelo de crecimiento: especialización productiva. La economía andaluza muestra una alta especialización en un reducido número de actividades y una fuerte vocación hacia el exterior. En el seno de la realidad económica andaluza coexisten unas pocas actividades sometidas a un proceso de capitalización muy importante junto a otras, la mayor parte, en las 150 Crecimiento, modernización y sostenibilidad en Andalucía: algunos apuntes para el análisis
que predominan las prácticas tradicionales. Al mismo tiempo, basa su especialización productiva en la explotación de los recursos naturales. En los albores del siglo XXI —el siglo de la sociedad de la información, reticular (Castells, M., 1995; 1997)9, de la biotecnología (Rifkin, J., 1999)10—, Introducción a la Sostenibilidad en Andalucía 151 1955 % 1975 % 1981 % 1995 % Alimentarias 25,6 Pesca 37,6 Pesca 24,9 Agricultura 28,5 Pesca 24,7 Agricultura 22,4 Agricultura 24,4 Pesca 15,6 Admón.Pub. y Def. 22,5 Alimentarias 19,8 Alimentarias 17,1 Alimentarias 15,4 Agricultura 21,3 Minería 16,4 Serv. Públicos 14,9 Serv. Públicos 14,9 Minería 16,9 Admón. Púb. y Def. 15,5 Construcción 14,8 Construcción 14,0 Hostelería 15,6 Const. y Obr. Púb. 13,7 Recup. y Repar. 13,3 Serv. Domésticos 13,9 Const. y Obr. Púb. 15,3 Cer., Vidrio y Cem. 13,6 Hostelería 13,3 Hostelería 13,9 Ganad. y Forestal 14,8 Químicas 13,5 Serv. Domésticos 13,3 Recup. y Repar. 13,5 Madera y Corcho 14,7 Enseñ. y Sanidad 13,2 Serv. Comerciales 12,7 Alquiler Inmuebles 13,1 Enseñ. y Sanidad 13,5 Hostelería 13,0 Alquiler Inmuebles 12,5 Ttes. y Comunicac. 12,3 Agua, Gas y Elect. 12,3 Comercio 12,5 Otros Serv. Venta 12,2 Serv. Comerciales 12,2 Otros servicios 12,2 Ttes. y Comunic. 12,1 Ttes. y Comunicac. 11,9 Ens. y San. Privad. 12,0 Ttes. y Comunic. 12,0 Agua, Gas y Elect. 11,3 Ens. y San. Privad. 11,6 Crédito y Seguros 10,4 Cer., Vidrio y Cem. 10,0 Ganad. y Forestal 11,0 Min. No Metálicos 10,8 Min. No Metálicos 9,8 Comercio 10,0 Otros servicios 10,6 Min. y Metales 9,9 Otros Serv. Venta 9,2 Banca y Seguros 9,2 Banca y Seguros 9,4 Crédito y Seguros 9,6 Energía y Agua 9,1 Metálicas Básicas 9,0 Madera y Corcho 8,8 Energía y Agua 9,5 Min. y Metales 8,1 Papel, Pren. y A.G, 6,6 Transf. Metálicos 7,5 Mat. de Transp. 9,5 Madera y Corcho 7,7 Transf. Metálicos 6,3 Papel, Pren. y A.G, 6,7 Ptos. Químicos 8,0 Ptos. Químicos 7,2 Químicas 6,2 Cuero, Calz. y Conf 6,5 Madera y Corcho 7,7 Mat. de Transp. 6,9 Cuero, Calz. y Conf 6,2 Metálicas Básicas 4,8 Papel e Impresión 6,3 Papel e Impresión 5,2 Textil 3,9 Textil 4,6 Textil, Cuero y Calz 6,0 Textil, Cuero y Calz 4,8 Maq. y Prod. Met. 5,0 Maq. y Prod. Met. 4,7 Otras Manufacturas 4,0 Otras Manufacturas 4,6 cuadro 2 Participación de la producción de Andalucía en la producción del Estado español (en porcentaje sobre el total) Fuente: Elaboración propia, a partir de Delgado Cabeza (1981; 2002)8. (8) Delgado Cabeza, M. (1981): Dependencia y marginación de la economía andaluza. Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. Colección Universidad. Córdoba. Delgado Cabeza, M. (2002): Andalucía en la otra cara de la globalización. Una economía extractiva en la división territorial del trabajo. Colección Andalucía XXI. Serie Economía. Mergablum, Edición y Comunicación, S. L. Sevilla. (9) Castells, M. (1995): La ciudad informacional. Tecnologías de la información, reestructuración económica y el proceso urbano-regional. Alianza Editorial. Madrid. Castells, M. (1997): La era de la información. Economía, sociedad y cultura. La Sociedad en Red. Volumen 1. Alianza Editorial. Madrid. (10) Rifkin, J. (1999): El siglo de la biotecnología. El comercio genético y el nacimiento de un mundo feliz. Editorial Crítica. Barcelona.
Andalucía posee un alto índice de especialización agraria. Tras varias décadas de crecimiento sostenido y a tasas superiores a la media estatal, la economía andaluza consolida la situación, a este respecto, que ya tenía a mediados del siglo pasado. En el cuadro 2 pueden observarse, desde el punto de vista de la especialización productiva, los elementos de continuidad en su estructura económica. En los lugares más altos de la jerarquía aparecen siempre las mismas actividades, adquiriendo en el último periodo la agricultura el lugar más destacado. En el cuadro 3, que sirve de referencia en la jerarquización anterior, se muestra la evolución de la población andaluza respecto a la española. De acuerdo con lo anterior, tras cuarenta años, la única actividad que presenta un índice de especialización por encima de la proporción de la población andaluza respecto a la española es la relativa a la agricultura. Esta actividad, además, se encuentra extraordinariamente concentrada territorialmente y muy poco diversificada en cuanto a la tipología de cultivos. Unos pocos cultivos, relacionados principalmente con la extracción hortofrutícola, se localizan en una porción reducida del territorio, básicamente en el poniente almeriense y en el litoral onubense. Esto es, estas categorías representan aproximadamente 152 Crecimiento, modernización y sostenibilidad en Andalucía: algunos apuntes para el análisis % sobre PFA de la región % sobre PFA de la UE Andalucía 39,6 6,5 Murcia 51,8 2,5 Provenza-Alpes-Costa Azul 36,0 2,4 Emilia-Romaña 24,9 3,0 Campania 38,0 2,7 Abulia 35,7 3,3 Sicilia 44,9 4,1 cuadro 4 Participación del cultivo de frutas y hortalizas en la PFA de la región y de la PFA (de este tipo de cultivos) en la UE Fuente: Elaboración propia a partir de Comisión de las Comunidades Europeas (2001) 1955 1975 1981 1995 Andalucía 5.791.795 6.133.456 6.440.985 7.314.644 Estado español 29.608.783 36.012.682 37.682.355 40.460.055 (Andalucía/Estado Español)x100 19,56 17,03 17,09 18,08 cuadro 3 Participación de la población de Andalucía en la población del Estado español Fuente: Elaboración propia, a partir de INE (Censo y padrón de habitantes, varios años)
el 40 por ciento de la producción final agraria andaluza y el 6,5 por ciento de la producción final agraria de la Unión Europea, localizándose en algo más del 6 por ciento de la superficie cultivada de todo el territorio de Andalucía. Esta pérdida de diversidad, forzada por la importante especialización extractiva, ha ocasionado la pérdida de peso relativo de numerosos cultivos básicos en la dieta alimentaria tradicional. Así, por ejemplo, en 1931 los cereales, leguminosas y tubérculos representaban el 54,4 por ciento de la producción final agrícola; en 2000 esta cifra se ha reducido a tan solo el 7,18 por ciento. En cambio, las hortalizas y frutas, que constituían en 1931 el 11,7 por ciento de la producción final agrícola, en 2000 con un 53,8 por ciento superaban la mitad del conjunto de la producción agrícola. Incluso el olivar11, que se mantuvo hasta mediados de los setenta en torno al 20 por ciento, pierde peso relativo y se sitúa al final del periodo analizado en el 17,6 por ciento. Como consecuencia de lo anterior, leguminosas, tubérculos, olivar (y su principal derivado el aceite de oliva) —componentes fundamentales de una dieta equilibrada, de la apreciada “dieta mediterránea” y cultivos asociados a prácIntroducción a la Sostenibilidad en Andalucía 153 (11) Obsérvese que Andalucía constituye una de las áreas más importantes del mundo en la producción de grasa vegetal, especialmente de aceite de oliva. (12) Sánchez Picón, A. (2001): “Trayectoria histórica de los regadíos andaluces durante los siglos XIX y XX. Pluralidad técnica, económica y territorial” en VII Congreso de Asociación de Historia Económica, 19, 20 y 21 de septiembre de 2001. Zaragoza.Madrid. Cultivos Años 1931 1976 1980 1990 2000 Cereales 41,20 15,69 18,81 10,87 4,75 Leguminosas 6,80 1,73 1,71 0,86 0,29 Tubérculos 6,40 5,19 2,78 3,01 2,14 Cultivos industriales 5,10 15,02 14,92 16,58 8,84 Hortalizas 7,30 19,53 21,15 30,70 44,78 Cítricos 1,40 2,46 2,65 2,00 4,25 Frutales no cítricos 3,00 5,44 6,38 4,82 4,74 Vinos y subproductos 5,80 6,99 6,97 3,90 3,38 Aceite y subproductos 20,60 22,37 18,55 18,78 17,61 Flores y ornamentales 0,00 0,51 1,16 3,41 3,46 Otros 2,40 5,06 4,92 5,07 5,76 Total 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 cuadro 5 Participación de la producción final agrícola según cultivo (en porcentaje) Fuente: Elaboración propia, a partir de Sánchez Picón, A. (2001)12; Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía (varios años)
Como puede apreciarse en el cuadro anterior, en el que no se han considerado la influencia de los inputs industriales en la realización del otput final, para mantener los actuales niveles de producción actuales de los cultivos considerados (el 30,52 por ciento de la producción agrícola total), en régimen de secano, se necesitaría el 74,11 por ciento de la superficie agrícola total. Esto pone de manifiesto que un recurso como el agua si no es suficientemente subvencionado o escasea en cantidad o calidad haría inviable el mantenimiento de los actuales estándares de producción. Entre 1980 y 2000 la superficie de regadío en Andalucía aumentó un 50 por ciento, especialmente en el poniente almeriense y el litoral onubense. De este modo, la “modernización” de la agricultura andaluza y, como consecuencia de ello, el tránsito de la «hidráulica tradicional» —característica de la agricultura orgánica precedente, intensiva en trabajo y basada en la energía animal y pequeñas intervenciones hidráulicas— a la «gran hidráulica» —intensiva en capital y basada en grandes obras hidráulicas y en el uso de combustibles fósiles—, se ha traducido, entre otros, en un crecimiento sostenido del consumo de agua. 160 Crecimiento, modernización y sostenibilidad en Andalucía: algunos apuntes para el análisis (15) Desde el punto de vista de la teoría económica convencional un recurso es abundante si es barato. El agua, desde esta perspectiva, empieza a ser considerado abundante desde el momento en el que puede adquirirse a un precio suficientemente bajo. El hecho de que el agua sea un recurso sistemáticamente subsidiado lo eleva a la categoría de bien cuasi-libre. gráfico 4 Evolución de las hectáreas de regadío en Andalucía 400.000 300.000 200.000 100.000 0 Fuente: Elaboración propia, a partir de Sánchez Picón, A. (2001); Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía. 1860 500.000 600.000 700.000 800.000 900.000 1904 1916 1935 1954 1964 1974 1984 1995 1998 Hectáreas de regadío
Junto al elevado consumo de agua, el proceso de “modernización” seguido por la economía andaluza, ha basado su desarrollo en el uso creciente de energía, en su mayor parte procedente de los combustibles fósiles. Lejos de tender a una economía más autosuficiente y menos exigente en recursos y energía, en los quince últimos años los requerimientos de energía primaria aumentaron en un 75 por ciento. La demanda energética se basa, principalmente, en el uso de combustibles fósiles y la capacidad de autoabastecimiento, en consecuencia, es muy reducida. En concreto, en el período comprendido entre los años 1984 y 1994 se redujo desde un 10,1 por ciento a un 6,4 por ciento. Esta reducción se debe tanto a una disminución en la energía auto-consumida que pasa de los 1.033 ktep a 763 ktep —la energía renovable generada descendió, en el mismo periodo, un 36 por ciento—, cuanto a un aumento de la energía importada que pasó de 9.476 ktep a 11.162 ktep (Consejería de Medio Ambiente, 1993; 1996). Es más, según el Documento de Planificación y Desarrollo de las Redes de Transporte Eléctrico y Gasista 2002-2011, aprobado en el Consejo de Ministros en septiembre de 2002, se prevé un crecimiento medio anual del consumo de energía primaria de un 3,1 por ciento para el conjunto del Estado español (2,4 puntos por encima de la media de crecimiento previsto para la UE). Es decir, en poco más de veinte años, el consumo de energía se habrá duplicado. Así pues, la dinámica “modernizadora” se ha sostenido sobre la base de una subsidiación sistemática de recursos claves que garantizan su desarrollo, así como en una presión creciente del entorno físico y del uso progresivo de energía fósil. Ha sustentado, de otro lado, una especialización productiva en actividades orientadas a abastecer, principalmente, mercados externos muy especialmente las áreas centrales de la Unión Europea. El revés de este proceso ha consistido en la creciente fragmentación territorial, desarticulación productiva, presión continuada sobre el entorno físico, y una realidad social anclada en unos estándares de calidad de vida muy distanciado de los países del entorno. Urbanización: el problema de la sustentabilidad La especialización productiva de la economía andaluza, derivada de la singular forma de inserción en el sistema de acumulación capitalista, se ha acentuado tras la modernización de sus estructuras productivas. Andalucía ha consolidado su posición en la división regional del trabajo como un área en la que destaca su papel como suministradora de materia prima. Como hemos comentado anteriormente, el modelo de crecimiento actual ha fraccionado el territorio en dos áreas bien delimitadas. De un lado, aquellas en las que se concentra la apropiación de los recursos naturales existentes y la función de consumo de éstos. De otro, aquellas en las que tiene lugar la Introducción a la Sostenibilidad en Andalucía 161
extracción de los recursos y el depósito de los desechos generados. Pues bien, a riesgo de caer en una excesiva simplificación podríamos afirmar que Andalucía, por su especial inserción en el sistema y su especialización productiva estaría más próxima a las segundas que a las primeras. Formaría parte, por así decirlo, de lo que se consideran las áreas periféricas. Sin embargo, el hecho de estar localizada, al mismo tiempo, en una de las áreas centrales del modelo le otorga unas características propias diferenciadas de los territorios periféricos del mundo empobrecido. En este sentido, la conveniencia del análisis de la realidad concreta y de sus peculiaridades nos conduce a observar cómo dinámicas que tienen lugar prácticamente en todos los territorios, ya pertenezcan éstos a las áreas centrales o periféricas, se materializan de una u otra forma dependiendo de dónde las poblaciones estén ubicadas. El advenimiento de la sociedad industrial ha dado origen a fenómenos nuevos entre los que destaca la creciente concentración de la población en una porción reducida del territorio. En la actualidad, prácticamente el cincuenta por ciento de la población mundial —y algo más del ochenta por ciento de los habitantes de los países más industrializados— se localiza en algo más del 3,6 por ciento de la superficie terrestre. Además, las formas urbanas que surgen de la moderna forma de localización de los seres humanos presentan unos rasgos que los diferencian de los asentamientos tradicionales. Son progresivamente más dependientes (menor capacidad de autosuficiencia para satisfacer las necesidades requeridas para su funcionamiento); las distancias entre las localizaciones ecológicas y las geográficas se hacen paulatinamente mayores; y, por último, provocan la ruptura del metabolismo circular, característico de las sociedades tradicionales, a favor de un metabolismo lineal que consagra su ruptura con el entorno físico que le sirve de soporte. Esta manifestación de las localizaciones humanas se ha materializado de manera diferente en las distintas áreas del planeta. Por razones de espacio y por no constituir el objeto de este capítulo no entraremos en más detalle. Baste constatar que en Andalucía, aún con sus especificaciones, la urbanización sigue unas pautas similares a los territorios de su entorno. Los patrones de los asentamientos humanos en el territorio andaluz se modifican de manera muy importante en el período comprendido entre los años 1950 y 1980. En 1950 la población andaluza que habitaba las zonas rurales, y una parte considerable en las áreas de montaña, era de algo más del 57 por ciento, este porcentaje se reduce en 1981 al 39 por ciento. A principio de los años ochenta, más del 60 por ciento de la población andaluza vive entre el litoral y las aglomeraciones urbanas, ocupando algo más del 20 por ciento del espacio andaluz. Consecuencia de estas nuevas pautas de comportamiento es el importante despoblamiento que sufre una parte importante de Andalucía y el progresivo vaciamiento de vastas zonas rurales que, como consecuencia de ello, tiene lugar (Cano Orellana, A., 2001)16. 162 Crecimiento, modernización y sostenibilidad en Andalucía: algunos apuntes para el análisis
Introducción a la Sostenibilidad en Andalucía 163 mapa 1 Evolución de la población de 1960 a 1981 Fuente: Elaboración propia, a partir de Censo y Padrones (INE), varios años Municipios que mantienen población Municipios que pierden población mapa 2 Evolución de la población de 1981 a 1996 Fuente: Elaboración propia, a partir de Censo y Padrones (INE), varios años Municipios que mantienen población Municipios que pierden población
A pesar de que en el ámbito rural andaluz reside, aún, la tercera parte de su población total se ha producido, en los cuarenta últimos años, una progresiva despoblación de estas áreas17. En concreto, entre los años 1960 y 1981 el ochenta por ciento de los municipios andaluces pierde población (mapa 1). En el periodo comprendido entre 1981 y 1996, el cincuenta por ciento de los municipios andaluces sigue perdiendo población (mapa 2). La creciente urbanización de la población, y la forma de ocupación del territorio y han derivado en una preocupación creciente por un uso más racional y equitativo de los recursos existentes. De hecho, la presencia de lo urbano y su relación con el medio constituyen, en la actualidad, un lugar central en los debates sobre sostenibilidad. Así se hizo explícito en 1992, en Río, por Maurice Strong cuando afirmó que «la batalla por la sostenibilidad se ganaría o perdería en las ciudades». Desde entonces, las distintas agendas desde distintas instancias internacionales han establecido una relación estrecha entre la dinámica urbana y los desarreglos planetarios actuales. Se asume, pues, la necesidad del tratamiento de lo urbano para hacer frente tanto a los problemas de ingobernabilidad social como de sostenibilidad ambiental. Siendo esto cierto, no es menos cierto que tanto la racionalidad aplicada como los instrumentos utilizados no parecen estar en sintonía con las necesidades de análisis actuales. En este sentido, a pesar de constatar las limitaciones de los instrumentos estadísticos al uso, centrados exclusivamente en los grandes agregados monetarios (PIB, VAB, RN…) y concebidos en el marco de los estados decimonónicos, los avances que se han producido en el camino de una mejor aprehensión del fenómeno de la urbanización y sus consecuencias sociales, ambientales y económicas han sido escasos. La carencia de información estadística adecuada, sobre todo para ámbitos espaciales inferiores, hace extraordinariamente difícil poder alcanzar una idea aproximada del impacto de la actividad urbana en el entorno físico, de la insostenibilidad de sus pautas de producción y de los hábitos de consumo actuales, tanto por el lado de los requerimiento de recursos (escasos) como por el lado de los desechos. Si queremos que la sostenibilidad sea algo más que —como expresara el Nóbel 164 Crecimiento, modernización y sostenibilidad en Andalucía: algunos apuntes para el análisis (16) Cano Orellana, A. (2001): “La dinámica rural-urbana en la Andalucía del siglo XX” en Gran Enciclopedia de Andalucía. Tomo IV. Ediciones Tartessos S.L. Sevilla. (17) No entramos aquí en la discusión sobre la extensión del fenómeno urbanización en el sentido de si éste abarca la totalidad del territorio o no. No obstante, hay un acuerdo relativamente amplio en la literatura actual sobre lo discutible de la distinción urbano-rural, para algunos propósitos de análisis, y una cierta aceptación de expresarse en términos de «sociedad urbana», como Henri Lefebvre formulase en 1976 en La revolución urbana. Alianza Editorial, S.A. Madrid, para referirnos a las “pautas urbanizadas de comportamiento” que tienen lugar en el conjunto de la población ya habite ésta en la denominadas áreas rurales o urbanas.
en Economía Robert M. Solow— un mero compromiso sentimental, las prácticas humanas han de ser observadas bajo el prisma no de las rentabilidades monetarias inmediatas sino de los perjuicios que éstas provocan en la salud de los ecosistemas y a las propias sociedades (Cano Orellana, A. 2004)18. A este respecto la incorporación de los flujos físicos, no solo monetarios, al análisis de lo urbano es absolutamente aconsejable. Si aceptamos que, desde el punto de vista territorial, la dinámica urbana actual constituye el referente más importante para el análisis de la sostenibilidad, ésta última podría cuantificarse —como sugiriera Herman Daly (1991)19— a través de la escala física o tamaño de la presencia humana en los ecosistemas, en términos de consumo de recursos. Generalmente, esta medida viene referida al consumo por habitante20. En nuestro caso nos hemos inclinado por medir el tamaño del subsistema económico, que rige en gran medida las prácticas humanas, en relación con la biosfera considerando el consumo por unidad de superficie. De este modo, el Índice de Consumo por Unidad de Superficie (ICUS) entendemos refleja de modo más exacto la relación anterior. Pues bien, a través de este índice podemos medir la tierra bioproductiva necesaria para hacer satisfacer la demanda de recursos y absorber los desechos generados, en su consumo, para el conjunto de los municipios andaluces. Con ello nos aproximaremos a la huella de deterioro ecológico de los 769 municipios andaluces, y, al mismo tiempo, disponer de un mapa que represente el grado de responsabilidad de los diferentes enclaves territoriales en el déficit ecológico global del conjunto de Andalucía. Como puede apreciarse (mapa 3) los mayores impactos tienen lugar en las cuatro aglomeraciones urbanas de la Comunidad: Sevilla, Málaga, Cádiz y Granada, el resto de capitales de provincia y el litoral (zonas de color más intenso en el mapa). De acuerdo con las cifras alcanzadas en el cálculo de la huella ecológica de Andalucía, harían falta del orden de 15,4 millones de hectáreas bioproductivas para satisfacer los requerimientos de recursos de su población, mientras que las disponibilidades realmente existentes ascienden a 8,8 millones de hectáreas. Esto es, las necesidades casi duplican las disponibilidades. En otras Introducción a la Sostenibilidad en Andalucía 165 (18) Cano Orellana, A. (2004): “¿Son los asentamientos humanos actuales sostenibles? La huella ecológica: un indicador sintético de sostenibilidad. Una aproximación al caso del Área Metropolitana de Sevilla” en IX Jornadas de Economía Crítica, marzo de 2004. Madrid. (19) Daly, H. (1991): “Elements of Environmental Macroeconomics” en Constanza, R. (ed.) Ecological Economics: The Science and Management of Sustainability. New York. Columbia University Press. (20) El tratamiento de las poblaciones como entes homogéneos, a nuestro criterio, resta fuerza al argumento del distinto comportamiento de éstas que es la razón principal que justifica el tratamiento de lo urbano en el análisis de la sostenibilidad.
palabras, serían necesarios dos territorios como Andalucía para cubrir los requerimientos de su población. Así pues, el déficit ecológico, en el que incurre el territorio andaluz, es consecuencia, principalmente, de las extraordinarias exigencias de recursos derivadas de las prácticas que tienen lugar por las poblaciones concentradas en torno a las grandes aglomeraciones urbanas del interior y en el litoral. Por ejemplo, en Andalucía, en el año 2000, se consumieron 25 millones de megavatios de energía, más de un 70 por ciento, de esta cifra, obtenida a través de la quema de combustibles fósiles21. Once municipios concentran el 44,1 por ciento del total de la energía consumida. El incremento del consumo 166 Crecimiento, modernización y sostenibilidad en Andalucía: algunos apuntes para el análisis (21) La Comunidad Autónoma de Andalucía se autoabastecía energéticamente, en 2000, en un 13,7 por ciento e importaba el 86,3 por ciento restante (Consejería de Trabajo e Industria. Junta de Andalucía). En 2002, según la Sociedad para el Desarrollo Energético de Andalucía (SODEAN), el 89 por ciento de la energía primaria consumida se importaba, reduciéndose la energía primaria autoconsumida a tan sólo el 11 por ciento. La energía renovable representaba el 5,6 por ciento del total. Municipios cuyas demandas de recursos exceden su superficie total por encima de la media Municipios cuyas demandas de recursos exceden su superficie en cantidades en torno a la media Municipios cuyas demandas de recursos exceden su superficie total por debajo de la media mapa 3 La huella ecológica de los municipios andaluces Fuente: Elaboración propia.
andaluz, en poco más de diez años, desde 1987 a 2000, ha sido de un 80,15 por ciento. El incremento de la población, por su parte, en Andalucía, durante el mismo período, fue del 7,7 por ciento. Del mismo modo, el consumo de agua de algunas localidades supera ampliamente la media andaluza (214,37 litros/habitante/día). Así, las localidades almerienses de El Ejido y Roquetas de Mar consumen por persona y día 350 y 392,8 litros de agua respectivamente; el Campo de Gibraltar 343,3 litros; la cordobesa Palma del Río 332,5 litros; la Costa de Huelva 395,6 litros; la Costa del Sol Occidental 405 litros;... Las prácticas agrarias, basadas en la agricultura intensiva, y la actividad turística justifican estas cantidades. Junto a esto, en Andalucía se invirtieron, por ejemplo, 3.530,7 millones de pesetas entre los años 1994 y 1999 en tratamiento de residuos, y en sellado y regeneración de terrenos correspondientes a 268 vertederos que recibía los residuos de 2.766.582 personas (procedente de núcleos urbanos). Los residuos generados por la población andaluza en el año 2000 fueron del orden 3.147.394 toneladas, el 12,2 por ciento de ellos destinados a vertidos incontrolados. La superficie ocupada por escombreras y vertederos en 1998 superaban los 2.870 km2. Los residuos generados en las grandes ciudades, generalmente, viajan fuera del lugar donde fueron generados, otorgando a las zonas rurales el papel de depositario de los desechos que generan las ciudades, pasando a ocupar directamente zonas ecológicamente productivas (Cano Orellana, A., 2001). En resumen, Andalucía a pesar de su importante especialización productiva agrícola y su extendida población rural, no es ajena al fenómeno urbano, es más, su desarrollo tiene lugar de manera más acelerada e intensa que en otros territorios acentuando los desequilibrios territoriales en el interior de la región. En segundo lugar, los déficits y las debilidades, a los que hemos hecho referencia a lo largo del texto, se intensifican como consecuencia de los procesos referidos. En tercer lugar, cada vez es más urgente la necesidad de diseño, desarrollo y aplicación de nuevos instrumentos de análisis que permitan diagnósticos más exactos y favorezcan la adopción de medidas adecuadas a las necesidades actuales. Por último, la especialización productiva, la modernización de su estructura económica y la urbanización que tiene lugar en Andalucía, aspectos en los que hemos centrado el contenido de este capítulo, no son ajenas a la manera en la que se produce su inserción en el sistema y que, como consecuencia de ello, cualquier transformación pasa por discutir la manera en la que ésta tiene lugar y la forma en la que se perpetúa. Introducción a la Sostenibilidad en Andalucía 167