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Vico y la naturaleza de las religiones de las naciones

Cristofolini, Paolo

Abstract

Se muestran los elementos que pueden llevar a mantener abierta la indagación y el debate sobre la religiosidad de Vico y sus relaciones con las cuatro religiones (gentil-pagana, judaica, cristiana, musulmana).

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47 VICO Y LA NATURALEZA DE LAS RELIGIONES DE LAS NACIONES Paolo Cristofolini Se muestran los elementos que pueden llevar a mantener abierta la indagación y el debate sobre la religiosidad de Vico y sus relaciones con las cuatro religiones (gentil-pagana, judaica, cristiana, musulmana). Palabras clave: Vico, religiones, religiosidad, ateísmo, divinidad, naciones, Cristianismo. Here are offered the elements which might bring to an open investigation and discussion about Vico’s religiosity and his relation with the four religions (Paganism, Judaism, Christianity, and Muslim). Keywords: Vico, religions, atheism, divinity, nations, Christianity. ¿Qué relación existe, en el pensamiento de Vico, entre la verdadera religión y las engañosas? Para interrogarnos sobre esta cuestión examinemos el inicio de la Ciencia nueva de 17251. En el primer párrafo se presenta una significativa sucesión de adjetivos puestos al sustantivo religión/es, que conlleva un verdadero deslizamiento semántico. Después de la “Idea dell’opera”, en la cual el exergo virgiliano “A Iove principium Musae” está explicitado con la declaración de que la humanidad de las naciones “a tutte cominciò con le religioni”, la obra se abre con la enunciación del concepto–clave que acompañará, a partir de ahora, toda elaboración de Vico y que las dos versiones sucesivas, de 1730 y 1744, colocarán en la conclusión con mayor fuerza retórica: “né alcuna giammai al mondo fu nazion d’atei”. Sigue la descripción histórica de la vicisitud humana a partir de la caída de los progenitores del paraíso terrenal. Desde entonces “Iddio fondò la vera religione agli ebrei” (cuyo origen aparece aquí, aunque el texto deje un pequeño margen de incertidumbre, simultáneo a la condena de “tutta la umana generazione a fatiche, dolori e morte”, o bien simultánea a la expulsión); por lo que interesa a los otros, aquéllos se encuentran en primer lugar a la merced de las falsas religiones, apoyadas en la idolatría y en la adivinación: se trata de vana ciencia, y con estos dos adjetivos, falsas y vana, Vico explica todo lo negativo que hay en esta cuestión. ©Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) Sevilla (España). ISSN 1130-7498 © Paolo Cristofolini csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:56 Página 47 Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)48 Pero a partir de este momento empieza una nueva subida, porque la vana ciencia encierra dos grandes principios de verdad, depositados en la fe en la providencia y en el libre albedrío, desde los cuales nace la humanidad, constituida sobre los tres sentidos comunes conocidos; y este evento conlleva, en la escritura de Vico, una serie de tres adjetivos, esta vez todos de signo positivo, para las religiones diferentes de la revelada. Leemos, de hecho, que para la buena educación de los hijos se necesita que los padres y las madres tengan en común los principios de una religión civil, o sea, de una religión que, aunque no revelada por el Dios verdadero, no sea por eso menos artífice y garante que la surgida de la sociedad y de la vida comunitaria. Sigue, pues, esta explicación ulterior: que nunca existió ninguna nación de ateos, como nunca existió alguna en la cual las mujeres no compartan la religión pública de sus maridos (en su visión patriarcal de antiguo romano, Vico parece desconocer o, peor, reprobar los martirologios cristianos de tantas matronas y vírgenes apartadas, con entrega de sí, del paganismo de padres y maridos). Y, por fin, para evitar el espectro de la recaída en el estado nefario, las naciones “custodiscon tutte con inviolate cerimonie le religioni natie”: se completa así casi un climax (civiles – públicas – nativas), dentro del cual las religiones ya engañosas son progresivamente dignificadas. Sería profundamente equivocado poner en duda la buena fe de Vico al hacer profesión de ser cristiano católico, imputar esta postura a oportunismo, o hacer de él un herético nicodemita u otra cosa similar. No sólo Vico está a mil millas de la evolución que el cristianismo tuvo con la Reforma protestante: no pertenecen a su vida espiritual ni la búsqueda de una religiosidad interior, que rechace mediaciones entre el hombre y la divinidad, ni las nórdicas rebeliones del siglo XVI, políticas y sociales, contra la iglesia de Roma. Pensador anescatológico y anapocalíptico de la vicisitud histórica, Vico es el heredero tanto de la crítica filológica de los humanistas, así como de la crítica histórica de final del siglo XVII; pero su filología no se dirige nunca al objetivo, erasmiano, de la recuperación, en el texto traicionado, de la verdadera palabra de Dios. Su nueva arte crítica apunta a la reconstrucción de procesos de largo período descifrables a través de los textos, y no a la extracción de los textos de contenidos-verdades inmediatos y explícitos. Si la fallida adhesión de Vico al espíritu del protestantismo se deduce del carácter de su obra y de su escritura (que, sin embargo, nunca tematiza esta posición suya en términos de opciones teológicas y dogmáticas), la relación con el hebraísmo se presiente aún más iluminante: las dos religiones, la cristiana y la hebrea, están consideradas por Vico diferentes desde el punto de vista histórico, pero tienen la misma caracterización teorética y ambas están consideradas como verdaderas. La declarada verdad de ambas no representa en sí nada de extraño, considerando la continuidad, reconocida en toda tradición cristiana, entre Antiguo y Nuevo Testamento. Sin embargo, merecen atención algunos hechos evidentes: el primero es la plena ausencia de referencias neo-testamentarias, en todas las tres versiones de la Ciencia nueva; el segundo es que en la Ciencia nueva de 1725 cuatro veces se presenta la “demostración de la verdad de la religión cristiana”, y las cuatro veces los argumentos aducidos están sacados del Antiguo Testamento, en apoyo, pues, de la verdad más antigua, que es la de la religión hebrea2 en la versión de 1730, a continuación, como “demostración de la verdad de la religión cristiana” será aportada sólo una, nueva, pero todavía referible al exclusivo contexto del Antiguo Testamento; en la versión de 1744, ese pasaje y su relativo título será eliminado, y no habrá ninguna “demostración” más de tal género3. Por el contrario, el único tema presente en Vico que se pueda entender como propio, en sede teológica, del cristianismo con respecto del Paolo Cristofolini csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:56 Página 48 hebraísmo, y que es el tema de la gracia, se repite lexicalmente seis veces en la versión de 1744, tres en aquélla de 1730, y ninguna en la de 1725. En los pasajes en que se repite no forma sin embargo una estructura teórica maestra, pero sirve, quizás, para subrayar de manera indirecta el origen y la naturaleza pagana de la verdadera idea maestra, que es la de prónoia o providencia, a través de la pareja entre el auxilio que llega a los hombres naturalmente de la providencia y lo que les viene de forma sobrenatural de la gracia4. Todos son elementos que pueden autorizar a mantener abierta la indagación y el debate sobre la religiosidad de Vico: ésta tiene una raíz profunda, que es un todo con el juvenil y nunca rechazado platonismo, como anámnesis de los orígenes remotos; después hay en él la religión civil, del hombre íntimamente ligado a su nación y sus instituciones, de las cuales una precisa religión, la católica, es parte integrante; y hay, en fin, los condicionamientos eclesiásticos, de los cuales tenemos documentación cierta y que, sin evidentemente perturbar la sustancia del mensaje, gravan en desplazamientos, añadidos y supresiones de términos. Para la caracterización teorética la página decisiva está en la sección “De’princìpi” del primer libro de la Ciencia nueva (casi idéntica en las versiones de 1730 y 1744): “tutte le nazioni credono in una divinità provvedente, onde quattro e non più si hanno potuto truovare religioni primarie per tutta la scorsa de’tempi e per tutta l’ampiezza di questo mondo civile; una degli ebrei, e quindi altra de’cristiani, che credono nella divinità d’una mente infinita libera5: la terza de’ gentili, che la credono di più dei, immaginati composti di corpo, e di mente libera; onde quando voglion significare la divinità, che regge, e conserva il mondo, dicono ‘deos immortales’: la quarta, ed ultima de’ maomettani, che la credono d’un dio infinita mente libera in un infinito corpo, perché aspettano piaceri de’sensi per premi nell’altra vita”6. Las cuatro religiones son aquí de hecho tres. Todas tienen en común, más allá del innato sentido común de la providencia, el concepto de la divinidad como mente. Dos de aquéllas, la de los paganos y la de los musulmanes, tienen en común el concepto de divinidad como cuerpo, aparte de como mente, y se distinguen entre sí por el politeísmo de una y el monoteísmo de la otra. Indistintas entre sí, la religión hebrea y la cristiana tienen en común (también con la mahometana) el monoteísmo, y, como rasgo que las aúna diferenciándolas de las otras, la idea de incorporeidad de la mente de Dios. La última diferencia se repite en la última página de la Ciencia nueva, donde la religión cristiana (y con ella, aunque no se diga, la hebrea) está indicada como verdadera, frente a todas las otras falsas, puesto que en ellas “i sensi devono strascinare la mente a far opere di virtù”, ya que la beatitud prometida por los politeístas y los musulmanes es de “placeres corporales”, mientras que en la verdadera religión “la mente muove i sensi alle virtuose azioni”. Sin embargo, a las obras de virtud llegan las naciones, por una u otra vía; y esto es lo que cuenta desde el punto de vista no de la teología revelada de la gracia sobrenatural, sino de aquel de la teología civil lógica de la providencia divina. En esta perspectiva tiene sentido leer el aforismo puesto como epifonema de la Ciencia nueva en las dos versiones de 1730 y de 1744: “se non siesi pio non si può daddovero esser saggio”. El comentario de Battistini se refiere al bíblico “Initium sapientiae est timor Domini”7, y remite a dos imitaciones antecedentes de la misma sentencia, en el De Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 49 Vico y la naturaleza de las religiones de las naciones csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:56 Página 49 mente heroica 8y en el tercer párrafo de los “Corollari d’intorno agli aspetti principali di questa scienza”9. Sin embargo puede ser insuficiente referirse sólo a la Biblia. La frase citada en el De mente heroica (en latín) es, sin duda, la de la Vulgata, y eso debería comportar que las cosas sean así por el pasaje de los “Corollari” también, que de aquello es la traducción literal; pero el pasaje de los “Corollari” está introducido por el virgiliano “A Iove principium Musae” y por una definición luciferina de la sabiduría (“ciencia del bien y del mal”) atribuida a Homero, del cual tendría origen el “dictamen”; y eso, extraño para un versículo bíblico, está atribuido a los “filósofos” (“dove poi venne troppo agiato a’filosofi d’intrudervi quel placito: che ‘l principio della sapienza sia la pietà’”10) . Si ahora volvemos a la conclusión de la obra, el contexto que precede y que justifíca el nexo entre sabiduría-piedad presenta la ineludible declaración de que “perdendosi la religione ne’popoli, nulla resta loro per vivere in società”; y éste es, sin duda, un dictamen de filósofos, sacado no de la Biblia, sino de una deuda retórica con Cicerón: “haut scio an pietate adversus deos sublata fides etiam et societas generis humani et una excellentissuma virtus iustitia tollatur”11. Imposible, es cierto, una sociedad de ateos –entendiéndose con la palabra “ateo”, como Cicerón enseña, a quien no cultiva la piedad hacia los dioses–. Vico, él mismo, sabio porque pío, por cierto no hacia los dioses falsos y mentirosos del Olimpo, ni hacia los dioses, individuales o múltiples, de otras naciones, sino hacia el solo Dios Óptimo Máximo de su religión natal. NOTAS 1. Las diferentes versiones de la Ciencia nueva se citan aquí en nota con las siguientes abreviaturas: SN25, SN30 y SN44, que son las ediciones, respectivamente, de 1725, de 1730 y de 1744; la paginación es la de las editiones principes.Y Batt. = VICO, Opere, bajo la dirección de Andrea Battistini, Mondadori, Milán, 1990. 2. SN25, II, XI, p. 75 (Batt. p. 1036); II, XLVII, p. 124 (Batt. p. 1075); III, XVIII, p. 178 (Batt. p. 1122); III, XXIII, p. 186 (Batt. p. 1127). 3. SN30, p. 226 el título, “Dimostrazione della verità della religion cristiana”, al que sigue un párrafo del cual se deduce la necesidad del monoteísmo a partir de las peculiaridades del idioma hebreo, viene a continuación de los “Corollari d’intorno all’origini delle lingue” etc., del libro II, y en la versión final (SN44, p. 189; Batt., p. 620) hay la supresión, con el título, de aquel párrafo, y el pasaje sucesivo al cual se antepone el nuevo título: “Corollari d’intorno all’origini della locuzion poetica” etc. 4. SN44, dignidad VIII: “che l’uomo abbia libero arbitrio, però debole di fare delle passioni virtù; ma che da Dio è ajutato naturalmente con la Divina Provvedenza, e sopranaturalmente dalla Divina Grazia”. 5. SN30: “d’una pura mente libera infinita”. 6. Batt., p. 543. 7. Salmos CX, 10; Proverbios I, 7 y IX, 10; Job XXVIII, 28; Ecl. I, 17. 8. Batt., p. 374; la indicación a las referencias biblicas de la precedente nota ya aparecía, por este lugar, en el Commento de Nicolini, el cual sin embargo no había advertido, como nota con precisión Battistini, el nexo con la conclusión. 9. Batt., pp. 579-580. 10. Batt., p. 580. Todo el pasaje, presente sólo en la última edición de la Ciencia nueva, es una mezcla de elementos bíblicos y de elementos de la tradición clásica; si esta cita bíblica está insertada en un contexto pagano, al contrario en el lugar evocado de Homero (Odisea, VIII, 63) bien y mal dispensados de la Musa no tienen que ver con la ciencia (sería incluso contradictorio, para Vico, atribuir una lección filosófica a Homero). Hace falta, al contrario, mencionar, como hace Battistini, Gen., II, 9 y 17, y sobre todo, añadimos, el consejo de la serpiente en Gen., III, 5: “eritis sicut dii, scientes bonum et malum”. Pero ¿podía Vico citar de forma explícita como propia autoridad al diablo? 11. CIC., De nat. deor. I, 4. *** Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)50 Paolo Cristofolini csv maqueta 17-18unica OK 16/12/05 09:56 Página 50