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Escritores militares

Vega Viguera, Enrique de la

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ESCRITORES MILITARES por ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA «No hay otra cosa en la tierra más honrada ni de más provecho que servir a Dios primeramente y luego a su rey señor natural, especialmente en el ejercicio de las armas, por las cuales se alcanzan, si no más riquezas, a lo menos más honra que por las letras, como ya tengo dicho muchas veces; que puesto que han fundado más mayorazgos las letras que las armas, todavía llevan un no se qué los de las armas a los de las letras, con un si se ve esplendor que se halla en ellos que les aventaja a todos». MIG UEL DE CERVANTES SAAVEDRA Ha dado en llamarse literatura profesional al conjunto de obras que constituyen el caudal literario de una profesión, y en este concepto la profesión militar tiene de hecho un puesto señalado. Sin olvidar los preceptos por los que la literatura general se rige, la militar está subordinada a ciertas reglas, que mas especialmente la caracterizan. En cuan to al lenguaje ha de ser sobrio y claro; y por lo que respecta al estilo, debe unir a la facilidad, la robustez. Gracias a la literatura, las ideas pueden manifestarse en una de sus dos principales vertientes, las que llamaríamos género poético y género didáctico. Dentro del género didáctico, cuyo objeto es instruir, destacamos la literatura militar que a su vez abarca especialidades tan caracterizadas como los géneros, expositivo, narrativo y descriptivo. 8 E NR IQUE DE LA VEGA VIGUERA En el primero se incluyen las ciencias y técnicas relacionadas con el Arte militar; en el segundo las de carácter históri co y en el tercero las de índole geográfica. También deben incluirse en la literatura militar, las areng as y escritos oficiales, que se caracterizan por un p ec uliar estilo llama do castrense. Con el título de «Literatura Militar» deben designarse aquéll as obras, en qu e se exponen doctrinas o reg la s para preparar o hacer la guerra con éxito. El estilo de estas obras debe ser sobrio, y s ubo rdinado siemp re a la clara expresión de la s ideas. Este requisito se hace especialmente indispensable, cuando se trate de obras de divulgación, en el cual conviene evitar en lo posible el uso de tecnicismos, cu yo sentido no haya sido definido previamente. En un sentido ampli o, pueden incluirse en el género de literatu ra castrense, todas la s obras en que se relaten acontecimientos bélicos, o se estudien las instituciones, usos y costumbres militares. Entre los requisitos esenciales, que W1 escritor de temas militares deberá poseer, señalaremos los dos principales a nuestro juicio: veracidad de los acontecimientos que relata, y que de tales acontecimientos, se desprendan enseñanzas interesantes para su profesión. Para llevar a bu en fin esta tarea, el escritor militar, deberá tener: objetividad, es decir, relatar la verdad de los hechos una vez descubiertos, aceptándolos aunque no le resulten agradables; penetración, para discernir entre los datos recogidos, cuales son verdaderamente importantes; imaginación para revivir los acontecimientos que esté estudiando, e incluso complementar la insuficiencia de dato s, supliéndolos con un a narración verosímil, y por último, la facultad de expresarse con claridad y concisión. Si una obra, reúne tod as las condiciones expuestas, pero su estudio no resulta de interés para el ejercicio de la carrera de las armas, podrá la obra denominarse de literatura histórica, pero no de literatura militar. El motivo del trabajo que hemos realizado, es el de recordar a algunos de los escritores militares que consideramos más representativos, dando el título de algunas de sus obras má s importantes, y señalando según nuestro parecer el estilo o género que habían desarrollado. Comenzare mos por los historiadores de Ja antigüedad, cuyos géneros, eran generalmente narrativos, empleando co mo argumentos principales, la exaltación y el sentimiento heroico: Tucídides, que estu vo en la guerra del Peloponeso, muestra en sus obras un estilo sobrio de ESCRITORES MILITARES 9 buen narrador militar; Herodoto, llamado el padre de la historia, que relata los acontecimientos habidos desde los tiempos más lejanos hasta el año cuatrocientos antes de Jesucristo, y Tito Livio, que escribió 142 libros sobre la Historia de Roma. Pero ninguno de los tres, puede señalarse como modelos de lo que debemos entender como literatura militar. Más bien destacaríamos como narradores del género militar, a Jenofontes, Polibio, César y Salustio. Jenofontes, refleja en sus obras, una buena inteligencia y cualidades narrativas, para contar lo que ve con filosofía patriótica como por ejemplo, en su libro la «Retirada de los diez mil y del Anabasis». Polibio, en cambio es un escritor de temas de guerra, que relata los hechos con perfecta imparcialidad y crítica sensata, como pone de manifiesto en, su «Historia General y Milicia Romana». Narrador de bello lenguaje y elegante exposición, es el historiador romano Salustio, que en sus obras, « Guerra yugurtina» y la «Conspiración de Catilina» proporcionan un lujoso estilo. Pero sin duda de los cuatro historiadores nombrados, nos atrevamos a señalar como el de más experiencia y valor literario militar, a Julio César, en sus «Comentarios de la Guerra de las Galias» y los «Comentarios de la Guerra Civil», que son sin duda, las mejores narraciones que nos ha transmitido la antigüedad. César, que no es solamente un buen guerrero sino uno de los aristócratas más cultos de Roma, demuestra sus grandes conocimientos literarios, en su obra sobre la guerra de las Galias, que realiza con un estilo sobrio y vigoroso, con descripciones exactas de lo ocurrido y sin demostrar interés personal. No hemos olvidado al griego Eneas, apellidado el Táctico, ni a Onosander, que, han servido de modelo a escritores griegos y latinos. El primero escribió, «Poliorcetica», donde cita las máquinas de guerra usadas en tiempo de Aristóteles, como la catapulta, el ariete, la tortuga y otras. Onosander, escribió «Stratigicos Logos». También son dignas de recordar las obras de Polieno, llamado el macedonio, destacando «Las Estratagemas» en la que relata los ardides guerreros empleados por los más famosos capitanes de la antigüedad, junto a curiosas anécdotas. En el siglo III, el escritor Modesto, escribió un libro titulado, Vocablos de la cosa militar, que como su nombre indica, era un vocabulario para dar idea de la organización militar romana de la época. Los escritores militares romanos pertenecientes a la mitad del siglo IV, 10 ENRIQUE DE LA VEGA VlGUERA acab an con Vegecio que consiguió la celebridad, gracias a su obra, las Instituciones Militares, que puede considerarse como un curso de arte militar, en donde desarrolla las máximas generales, sobre la recluta de soldados, organización de las Legiones, maniobras sobre el campo de batalla y ataque y defensa de las plazas fuertes, recordando, como los romanos habían abierto la senda de su poderío. Esta idea la completa el historiador Flavio Josefo, cuando dice: Para los romanos, la guerra era una meditación; la paz, un ejercicio. Cuando las razas bárbaras, invadieron el imperio romano, dejaron patente, que un pueblo que pierde sus virtudes y le falta el valor a sus soldados, está llamado a desaparecer, como ocurrió con los Césares. En cambio, admirando la cultura y cualidades de los españoles, los Godos aceptaron nuestra religión y dotados de generoso y noble carácter, les permitió crear durante su estancia en la Península Ibérica, una nueva cultura, que fue producto de dos razas diferentes, pero repletas de espíritu. Contribuyó principalmente a ello, la compenetración que desde el comienzo se estableció entre la iglesia española y la monarquía visigoda, y en especial, gracias a los obispos Fulgencio, Braulio y los dos hermanos Leandro e Isidoro, que brillaron con luz propia y de manera singular, Isidoro de Sevilla, al que apellidaron doctor de las Españas, que logró interesar a sus coetáneos en los conocimientos filosóficos y de arte militar, como dejó reflejados en su famosa obra Etimologías. Nuevos conquistadores entran en la Península Ibérica. Lo hacen por el mediodía y llegan de Africa. Mientras los españoles se someten a los vencedores y van asimilando su cultura, Don Pelayo, en la cueva de Auseba, prepara la Reconquista, cuyas heroicas hazañas quedan reflejadas en «El Cronicón», la «Leyenda» y el «Romance». Pero las primeras producciones que se conocen de la musa popular, son las que se refieren a Rodrigo Díaz de Vivar, el héroe por antonomasia del siglo XI, popularizado con el sobrenombre de Cid Campeador. Lo s escritores donde se recogen sus hechos son, la Leyenda de las Mocedades de Rodrigo y el Poema de Cid, fiel retrato de las costumbres de la época y de los sentimientos independientes de nuestro pueblo. A esta poesía, siguió la de F ernán González, donde se relatan las aventuras de un caudillo castellano contra el enemigo común. Su construcción es muy parecida al Poema del Cid, en cuanto a personalidad, aunque el Poema, ofrezca mayores detalles militares. La circunstancia de que la prosa castellana comience a brillar a partir del siglo XIII, nos permite recordar las primeras manifestacio- ESCRITORES MILITARES 1 1 nes de la forma narrativa, en los Anale s Toledanos, que describe la batalla de la s Navas de Tolo sa y en lo s Anales de los Reyes de Austria s. Sería el arzobispo don Rodrigo Ximenez de Rada, compañero de Alfon so VIll en la batalla de las Navas de Tolo sa, quien al esc ribir en los de sc ansos que le permitían la guerra , la s pá gi nas de su Hist or ia Gótica, abrió la senda para la gran empresa literaria, que logró desarrollar Alfonso X el Sabio, en el Fuero Ju zgo y Las Siete Partidas, que son sin duda las obras más importantes del siglo XIII. Siglo, del que es difícil alejarse sin recordar, las Crónicas, del rey Jaime 1, y de Pe dro IV . El Rey conquistador, refiere detalles de su agitada mocedad, su lucha con la nobleza, sus triunfos so bre la morisma, la expedición a Mallorca y la toma de Valencia. De spués de leer esta crónica, es preciso acudir a la de Ramón de Muntaner, para acabar de conocer el curso de los acontecimientos históricos de esta época, puesto que fue testigo y actor de la famosa expedición de catalanes y aragoneses a Oriente. Muntaner, además de intrépido guerrero, se muestra corno un ame no narrador, espontáneo y sencillo. Castelar dijo de él: «Ninguna de las lenguas modernas que yo sepa, puede ufanarse con hi storiador tal, como Ramón Muntaner, a principios del siglo décimo cuarto». En su «Crónica », Muntaner aporta numero sos datos para formar un importante inventario de armas, trajes y pertrechos, de los utili za dos a finales del siglo XIII y principios del siguiente. Coetáneo suyo fué Fray Pedro Marsillo, qu e escribió en latín una Crónica sobre el reinado de Jaime 1, que sería más tarde traducida al catalán y castellano. Las semillas de cultura que dejó sembrada la labor de Alfonso X, dieron sus frutos, entre otros, en la figura de don Juan Manue l, que supieron recoger la herencia del Rey Sabio. Pertenece a esta época, la obra «G ran Conquista de Ultramar» atribuida a Alfonso X, y a su hijo Sancho. En d ic ha producción, se entremezclan las tradiciones romancescas e históricas, con las descripciones militares, permitiendo a través de ella, conocer la or ga ni zación de aquéllos ejérci to s y la manera de hacer la guerra. Pero detengámonos brevemente en el hijo del Infante don Manuel, el excelente escritor y hábil guerrero, don Juan Manuel, que escribió numerosas obras, que tituló Libros, como por ejemplo, el «Libro de los sabios»; «Libro del Infante»; «Libro del Caballero» y «Libro de los Ingenios», dedicado al estudio de la artillería durante el siglo XIV. Don Juan Manuel desarro- 12 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA Jló el relato de sus Libros, a base de preguntas y respuestas, que abarcaban los diferentes estados de la vida humana. En efecto, al escribir en el «Libro de los Sabios», los males que lleva consigo la guerra, comenta: «Cuando por ningún medio pueda evitarse la guerra, los Príncipes deben apercibirse para hacerla en las mejores condiciones, para obtener la victoria, o bien, rehuir el combate, manteniendo al enemigo en jaque y obligándole a levantar los sitios y diseminar sus tropas». Otros autores, siguiendo esta modalidad, escribieron también Libros, que fueron llamados de Caballería, que contribuyeron a mantener los conocimientos sobre temas históricos y el espíritu guerrero, como sucedió con el «Poema en coplas redondillas dt: Alfonso XI», escrito por Ruy Yáñez en 1345. * * * La influencia de la poesía y las relaciones culturales con Italia, favorecieron la difusión de la len gua castellana, permitien do perfeccionarse y adquirir mayor elegancia. Fiel reflejo de este perfeccionamien- to fueron, los reinados de Juan II de Castilla, Alfonso V de Aragón y Juan 11 de Navarra, que generali zó el movimiento literario y permitió que, la llegada del siglo XVI, resultara brillante para la cultura española. Por lo sucinto de estos recuerdos literarios, limitados a los escritores militares más sobresalientes, no incluiremos a los escritores árabes, de los que ya se ocupa con especial lucimiento, Estébanez Calderó n, en su obra « Hi storia de la Infantería ». Dada la influencia que el Renacimiento dejó sentir en toda Europa, los reyes Juan 11 de Castilla y Alfonso V de Aragón, estimularon las letras con su mecenazgo, e incluso con la propia colaboraci ón del rey de Aragón. Pero cuando estas adquieren mayor variedad y relie- ve es, al unirse las coronas de Castilla y Aragón, inicio floreciente de la prosperidad de las letras hispana s. Los hombres de talento que rodeaban el trono de Isabel y Femando, y las estrechas relaciones con Italia, contribuyen eficazmente al movimiento literario nacional. Entre los escritores que florecen en este reinado, figura el cronista cordobés Gonzalo de Ayora, que auna la doble circunstancia de militar y literato. Sus Cartas constituyen una muestra elocuente de los progresos que había hecho la lengua castellana. ESCRITORES MILITARES 13 Otro escritor militar, soldado en Italia con el Gran Capitán, que supo estudiar de cerca los más famosos acontecimientos de su época, fue Gon za lo Fernández de O vied o. Su obra la s Batalla s y Quinquagenas, contienen una relación puntual de Ja vida y costumbre de los caballeros del siglo XV, en estilo de diálogo. Fue una época en la que España, producía además de excelentes capitanes y soldados, escritores militares de sobresalientes pluma s; por este concepto, si Ayora y Fernández de Oviedo, merecen destacado lugar, no es posible olvidar a Don Alonso de Quintanilla, Contador Mayor de los Reyes Católicos, autor de «Las Ordenanzas de la Hermandad», así como al capitán, Hemández Pérez, que en amplio memorial dirigido al Cardenal Cisneros, le expone todo un programa de instrucción militar y la táctica a emplear en diferentes situaciones guerreras. Coetáneo de los anteriores es, Diego de Salazar, autor del Tratado de Re MUitari, que es casi una traducción de Ja obra del célebre Nicolás Maquiavelo. Está escrita en forma dialogada, figurando entre los personajes que conversan, el Gran Capitán y el Duque de Nájera. El duque, pregunta sobre Jos distintos ramos que la profesión militar abarca, respondiéndole el Gran Capitán en un estilo sencillo y divertido, mo strándole ejemplos acaecidos en las guerras. Si bien el reinado de Carlos I, está marcado por su preponderancia político-militar, en cuanto al lenguaje es cada día más rico, más depurado y con mayor variedad en el estilo. Se valora la prosa de Guevara. Florián y Zurita, y Sandoval y Mariana, enriquecen el género. Luis Avila Zúñiga, que fue embajador en Roma, muy estimado por el Emperador Carlos al que acompañó en dos campañas contra los protestantes, fue quien realizó el primer modelo de lo que puede entenderse como historia militar. La tituló «Comentarios de la Guerra de Alemania, hecha por Carlos V », que mereció ser traducida al latín, flamenco y francés. Otra obra muy interesante entre las que se conservan en la Biblioteca Nacional y Archivo Histórico Militar, es la realizada por Fray Prudencio Sandoval, titulada «Historia de la vida y hechos del Emperador Carlos V», que recoge los más importantes sucesos políticos y militares de la época. * * * 14 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA Cuando una nación alcanza alto poderío en política y milicia, es generalmente acompañado por un engrandecimiento de su cultura. Esto ocurrió a España en el siglo XVI, durante los reinados de Carlos 1 y Felipe II, que ha sido llamado con razón el siglo de Oro de nuestra literatura. Al tiempo que la preponderancia militar y política alcanzaba altas metas, el idioma castellano aparecía con toda su riqueza en las obras de nuestros escritores, en su mayoría militares o religiosos: Garcilaso, Ercilla, Cervantes, Lope de Vega, fray Luis de León, fray Luis de Granada y el jesuita Padre Mariana, entre otros. De este concierto entre armas y letras, resultó favorecida la milicia, ya que, aquéllos capitanes, supieron suavizar la aspereza de la guerra con el deleite de las letras. Estas circunstancias resultaron fecundas para esa rama de la literatura tan poco considerada hasta entonces. Cuando nuestros ejércitos alcanzaban triunfos señalados, no era fácil que la pluma permaneciera inactiva y dejara de relatar los portentosos hechos que realizaban las armas. Ejército y Plumas. Armas y Letras. Y como dijo Capmany: «Los señalados capitanes y célebres guerreros que supieron suavizar las asperezas de la milicia con el deleite de las Letras, casi todos han merecido un distinguido lugar entre los escritores de la nación ». Podríamos decir, que el espectáculo de la guerra y la familiaridad con los peligros, da valentía y solidez a los pensamientos y hacen brillar en general a los escritores militares. Pero hemos de ten er en cuenta, que no todos al tratar temas de la milicia lo hicieron pensando en que, un día sus trabajos serían observados con la lupa de la crítica literaria. Ellos escribían, considerando que serían leidos exclusivamente por sus compañeros de armas, y lo hacían para aportar sus ideas y observaciones en lo profesional, sin detenerse en redactar con un estilo retórico. Por eso hoy, los libros de historia militar, suelen resultar algo monótonos, pero llenos de un caudal de noticias y pensamientos. Cuando la Milicia modifica su organización y modo de hacer la guerra, tuvo que crear reglamentos, que regularizara la complicada máquina del ejército. Ello permitió la publicación de trabajos consagrados a la disciplina, la moral, las fortificaciones y la artillería, en los que se compendiaban las obligaciones de los distintos empleos y la especial organización del ejército y su forma de actuar. Generalmente estos trabajos, tenían un estilo familiar, redactados en forma dialogada, dirigido al compañero que vive las mismas dificultades. Es, el caso de Luis Collado, considerado el primer escritor de la artillería, que en su «Plática Manual de la Artillería», aporta sus famosos diá- ESCRITORES MILITARES 15 logos llenos de originalidad y sencill ez. De mo s como ejemplo el comienzo del examen, que se realizaba en la é po ca, a aquellos que aspiraban a ser artilleros. Comienza, preguntando el general al tenie nt e encargado de instruir a los artilleros: -General: Fue el razonamiento de ayer tan largo, que nos impidió Sr. teniente, dar principio al examen de aquel artillero que con tanta insistencia pide plaza. -Teniente: Antes, señor, por lo que oír d eci r a vuestra señoría, lo he hecho venir, aquí agora para que se co mience a examinar. -General: ¿Ha mandado vuesa merced venir los artilleros viejos que al examinar están diputados? -T eniente: Sí señor, son venidos. -General: Pues mandelos vuesa merced entrar acá dentro y eximirnos hemos de ese cuidado y de la importunidad de ese pobrecillo. -Teniente: Aquí, señor, están todos. -Artilleros: Be samos la mano de vu est ra se ñoría. -Page: ¡Señor! -General: Dales asientos. ¿Y pu es sois vos, hennano, aquel que pide plaza de artillero? -A rtiller o: Yo soy, para servir a Su Majestad y a vuestra se ñoría. -General: ¿Sois español? -Artillero: Sí , señor. -General: ¿De qué parte? -Artillero: De Trujillo. -General: ¿De dónde venís, agora, así maltratado? -Artillero: Señor, vengo de E sc ocia. -General: Largo camino ¿sois de los qu e se perdieron en la armada? ¿se refiere a la In vencibl e? -Artillero: Sí señor, por mi desventur a. -General: ¿Teníais plaza en la artillería? -Artillero: Sí, señor. -General: ¿Sois práctico en este ejercicio? -Artillero: Muchos años ha que tiro plaza, y en diversas ocasiones me he hallado a servirla. -General: Mirad bien lo que decís, hermano, porque yo os prome- to que habéis llegado a parte a pedirla donde os har án bien sudar el capote. 22 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA Trataremos sólo de algunos de estos autores, comenzando por Julio César Firrufino, que nació en Madrid a finales del siglo XVI. Entre sus obras figuran, Fragmentos de Matemáticas, Geometría de Euclídes, Epítome de fundición y el Perfecto artillero. Fue tal el impacto que produjo esta última obra, que no se autorizó su venta hasta pasados diez años, al objeto de mantener en secreto las enseñanzas que contenía. Sin embargo, para no perjudicar al autor, el Consejo de Castilla abordó costear a su cargo los gastos de impresión. Firrufino deseoso de hacer llegar sus teorías a los artilleros, publicó de su peculio, aquel mismo año, la Plática manual y breve compendio de artillería, eludiendo difundir los secretos relativos a las enseñanzas artilleras. A este respecto, comentaría el ilustre artillero y académico de Buenas Letras de Sevilla, don Vicente Gutiérrez de los Ríos, que: «De la obra de Firrufino han disfrutado todos nuestros profesores y singularmente el Padre Tosca, y el primer profesor de matemáticas del Real Seminario de San Telmo de Sevilla, Sánchez Reciente, el cual comentaba, que todas sus enseñanzas las había sacado del Perfecto Artillero». En la «Plática Manual», Firrufino, no sólo aporta importantes conocimientos matemáticos indispensables para el artillero, si no que de una forma amena y detallada, describe instrumentos de aplicación a la artillería y estudia los calibres y alcance de los cañones, como así mismo, la composición y empleo de la pólvora. Otro escritor didáctico, es Diego Ufano y Velasco, nacido en Yepes (Toledo), que hizo la guerra en Flandes, y escribió un Tratado de artillería militar y un manuscrito titulado Descripción de la Artillería de Carlos V. Su primera obra, esta consagrada a la pólvora y contiene un diálogo, entre un inexperto general de artillería y un veterano capitán. Aunque estas obras tienen escaso valor literario, son de enorme importancia didáctica, y contienen numerosos detalles técnicos. En el último tercio del siglo XVII, alcanzó merecida fama el militar español, Sebastián Femández de Medrano, nacido en Mora (Toledo). Se especializó en el estudio de las matemáticas, llegando a ser señalado por loco entre sus compañeros, por sus numerosos conocimientos de las matemáticas, aplicadas a la fortificación y al uso de la artillería. Fue nombrado director de la Academia Militar de Bruselas, dada sus aptitudes para la enseñanza. ESCRITORES MILITARES 23 Entre sus obras se distinguen, El práctico artillero; El perfecto bombardero; El ingenioso práctico y El arquitecto peifecto en el arte militar. Medrano, que perdió la vista, a causa del mucho estudio, sin duda sufri óa cataratas, continuó desempeñando su cometido en Ja academia de Bruselas, con igual perseverancia y ce lo que cuando era vidente. Cerraremos la serie de escritores didácticos, con tres afamados militares: el capitán, Antonio Gallo, que por espacio de treinta años manejó gloriosamente la espada y consagró su pluma al aprovechamiento de su profesión, escribiendo la obra titulada, Destierro de ignorancias de todo género de soldados de infantería, en la que daba a conocer las ob li gaciones de todos los empleos y la manera de realizar, el arte de escuadronar, que es como en el sig lo XVII, se titulaban los ejercicios tácticos o escuelas prácticas. Poco div ul gada a pesar de su interés, es la obra, Política y mecánica militar para el Sargento Mayor, debida a Ja pluma del maestre de Campo, Francisco Dá vila Orejón, que relata la batalla de Rocroy, en Ja que intervino. Durante su mando de Capitán General en Cuba, donde estuvo siete años, escribió « Ex ce len cia del arte militar y varones ilustres». De su misma época, es el Capitán de Corazas, Diego Enriquez de Villegas, autor de unos Elementos Militares, en cuyo prólogo decía: «Como es mayor el número de los que ignoran, que el de los que saben, a los má s menesterosos bu sc o, ofreciendo en estos Elementos militares reglas deducidas de la experiencia, comprobadas con razones naturales, para que por sí solo, sin necesitar de maestro pueda mi soldado ser perfecto aritmético y geómetra; di sponer que un ejército pueda pelear con otro igual; marchar, alojar, sitiar y conocer la artilleóa, los artificios y los instrumentos de navegación». De los 14 tomos que tenía Villegas proyectado publicar, sólo pudo hacerlo con tres. De haberlo conseguido, hu bi eran constituido un trabajo casi único en su género, a nivel de la s famosas Re flexiones, del Marqués de Santa Cruz de Marcenado. Las alteraciones de la guerra de Sucesión provocó una decadencia de escritores. La triste situación de España a la muerte de Carlos 11 transformó nuestra nación. Durante el re in ado de Felipe V, no abundan las obr as de mérito, aunque una de ellas lle nó todo el siglo, nos referimos a las Reflexiones Militares del Marqués de Sta. Cruz de Marcenado. 24 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA Otros escritores que destacaron, fueron el Benedictino Padr e Feijoó, con su Teatro Crítico; Perreras, que publicó su Sinopsis histórica; Belando, su Crónica; el Marqués de San Felipe, s us Comentarios de la guerra civil; Melchor de Macanás, sus Memorias ; Mayans, sus Cartas morales, militares, civiles y literarias, y por último Alvaro de Navía Osorio con sus famosas «Reflexiones militares», que encierran la suma de conocimientos en los ramos más di ve rsos de la milicia. Las Reflexiones Militares, constan de once tomos, divididos en veinte libros que abarcan todos los saberes necesarios del arte de la guerra. Aunque la obra incurre en galicismos, debido a la larga permanencia de su autor en el extranjero, las sa bias máximas que narra, contribuyen a que sea una de esas obras, que con más provecho puede todavía consultar el militar. Después de la obra de Santa Cruz de Marcenado, no se regi stra producción didáctica merecedora de co locarse a su nivel, aunque sea justo mencionar los nombres de algunos escritores, que redactaron ensayos, dedicados a la artillería, la marina y la fortificación, entre los que citaremos a Labairu, lbáñez, Pintado, Infante, Cerdá, Jorge Juan, Tomás de Morla y Gutiérrez de los Ríos. Fue Gutiérrez de los Ríos, un oficial de artillería, educado en las aulas universitarias sevillanas y en la escuela de artillería de Cádiz. Profesor en el Colegio de Segovia, donde alcanzó gran renombre con sus lecciones sobre táctica, demostró su formación literaria, haciéndola compatible con la práctica de las armas, escribiendo trabajos de tan- to mérito, como la «Vida de Miguel de Cervantes Saavedra» y «Memorias de la vida y escritos de don Esteban Manuel Vi/legas». Su otra obra sobre, Autores e inventores de la artillería, es un trabajo en que, hace resplandecer los ya olvidados merecimientos de inventores de la artillería, desde los Reyes Católicos hasta finales del siglo XVIII. En cuanto al Curso de táctica de Artillería, que fue ampliado p or Tomás de Morla, que la tituló Tratado de Artillería, fue una obra, que alcanzó celebridad europea, conocida por todo oficial de artillería español e incluso extranjero. Cuando la invasión francesa, Napoleón ordenó requisar todos los ejemplares de la indicada obra, para llevarlos a Francia. Morla escribió también el «Arte de fabricar pólvora ». Sobre la ciencia marítima, táctica y disciplina de la navegación, escribieron durante el siglo XVIII, numerosos autores, que acreditaron sus conocimientos. Como por ejemplo, Juan José Navarro, que escri- ESCRITORES MILITARES 25 bió «El capitán de Navío instruido»; y «Método para levantar el plano general de España, con observaciones del paso de Venus, por el disco solar». Sobre temas relacionados con la Astronomía y la Geografía, publicaron trabajos: Antonio de Ulloa; Jo sé de Vargas Ponce, José de Mazarredo; Dionisio Alca lá Galiano y Cosme Damián Churruca. Los oficiales de la Secretaría del Estado, Vicente García de la Huerta y Joaquín Marín, escribieron, respectivamente en 1760 y 1776, el primero, «Biblioteca militar española», criticando a aquéllos, que sólo buscan escritores extranjeros, olvidando a los españoles. Y el segundo, escribió el «Ensayo de una historia de la milicia española». * * * Llegamos al siglo XIX. A comienzos del mismo, la literatura militar casi no existía en España, motivado sin duda, a consecuencia de las agitaciones políticas que se iniciaron con la nueva centuria. Es de suponer, que los ánimos no estuvieran muy dispuestos al estudio y la reflexión. Sólo dos libro s merecen nuestro interés, aunque sean específicamente técnicos; nos referimo s, al publicado por el brigadier, Juan Sánchez Cisneros, titulado, «Principios filosóficos sobre el ejército, sus leyes y preeminencias», y el del oficial, Antonio Capmany, «Cuestiones críticas sobre algunos puntos de la historia». Habrían de transcurrir tres década s, para que se publicaran algunos trabajos de interés; ellos son, «Elementos de Arte de la Guerra», cuyo autor es, Evaristo San Miguel y el «Memorial de la Artillería española», de Ramón de Salas; libros de gran aceptación en la época, cuya fama, traspasaron fronteras, y en la actualidad aún merecen ser consultados. La guerra civil, que estalló en 1833, dificultó aún má s la escasa labor literaria de esta época. A pesar de ello, algunas obras son dignas de nuestro interés, como por ejemplo, el «Bosquejo de un viaje histórico e instructivo de un español en Flandes», escrita por Martín de los Heros, que aparte de las curiosas noticias que narra, lo hace con un estilo muy ameno. Los trabajos realizados durante esta época por militares, se vieron favorecidos por la protección del general, don Antonio Ramón Zarco del Valle, quien desde el Ministerio de la Guerra y Jefatura del Cuerpo de Ingenieros, consagró sus alientos a la instrucción militar, consi- 26 ENRIQUE DE LA VEGA VlGUERA guiendo a partir de 1838, llevar a cabo la publicación de una Revista, que vino a ser, como el reducto, donde se concentraron todos los escritores, que surgieron en el ejército, y que gracias a ella, pudieron darse a conocer, y algunos, alcanzar la fama. Entre otros, podemos recordar, a Serafín Estébanez Calderón, que llegó a ser auditor general del Ejército durante las guerras carlistas, y posteriormente representante del gobierno en Italia. Desarrolló sus actitudes literarias, distinguiéndose como escritor costumbrista, aunque sus obras principales sean, «Manual del oficial en Marruecos», é «Historia de la Infantería Española». Otro escritor recordado, fue Serafín María de Soto, que popularizó la firma literaria, con el título de nobleza que ostentaba, Conde de Clonard. Su obra má s importante, «Historia orgánica de la Infantería y la Caballería », publicada en 1850, retrata la fisonomía moral del ejército español en Jo s distintos períodos de su historia. Un crítico de la época, dijo del Conde de Clonard, que era, «no sólo un historiador digno de alta estima, sino una de las figuras literarias más simpática de los tiempos modernos». Otro escritor ilustre, colaborador de la Re vista Militar, fue, Cri spin Jiménez de Sandoval , que con su monografía « La Batalla de Aljuharrota» y «Guerras de Africa en la antigüedad», dio testimonio de buen gusto literario y profundos conocimientos de la historia militar. Las publicaciones realizadas por es te escritor, han sido recogidas en la Bibliografía de Almirante, que lo coloca entre los más prolíficos historiador militares. Un oficial administrativo del Ministerio de la Guerra, llamado, Manuel Juan Diana, se distinguió en la década de los años cuarenta del pasado siglo, por su gran capacidad de investigación, que le ll evó a formalizar el trabajo titulado Capitanes ilustres y Revista de libros militares, en donde señala, a aquellos militares que más habían descollado en los siglos XVI y XVII. Su de stino en el Archivo de Simancas, le proporcionó la oportunidad de recopilar datos sobre temas militares y libros. Cuando la Revista Militar, alcanzó mayor fama, fue en el decenio de 1837 al 47, cooperando al desarrollo cultural del Ejército, difundiendo las obras más notables, que se publicaban en España, y en el extranjero. A los buenos oficios del General Zarco del Valle, en favor de la historia militar, se debe, la creación de una Comisión de Historia, a la que se le encomendó investigar en los archivos de Simancas, Corona ESCRITORES MILITARES 27 de Aragón y Archivo de Indias. Desgraciadamente, los muchos trabajos de investigación realizados, no fueron divulgados suficientemente, y las envidias y egoísmos, dieron al traste con la continuidad de dicha Comisión. Al buen hacer de otros militares, se deben, importantes trabajos como los realizados por los coroneles, Aparici, Camino, León Canales, y la perseverancia de Antonio Vallecillo, autor de los Comentario históricos a las Ordenanzas Militares. Pero no siempre el éxito acompañó a estos escritores. El capitán, Francisco Barado, afamado historiador y crítico de la época, refiriéndose a Vellecillo decía: «Pero en este país donde, la indiferencia pública distrae al talento de su natural derrotero; en este país, donde el mercantilismo disfruta sus víctimas a la superficialidad o a las ambiciones rastreras, no siempre el escritor puede rendir fervoroso culto a su vocación. Por esto vemos, a don Antonio Vallecillo, consagrado a la ingrata tarea de compilar las Ordenanzas Militares, que se vendían co n rapidez, y dando de mano a los Comentarios a la s Ordenanzas Militares, que, por no contar con el apoyo del público y oficial, dejaron de ver la luz, publicado que fue el segundo tomo». Para contribuir a dar realce a los trabajos profesionales, lo más importante es, que fuesen publicados. En este aspecto, fue e nor - memente beneficiosa la Revista Militar, como hemos indicado, y en 1845, el «Memorial de Artillería»; el de Ingenieros, y la Asamblea del Ejército, que años después sería editada también por la Armada. Durante el período en que se publicó la Asamblea del Ejército, se editaron otras revistas militares, como fueron el Album del Ejército, dirigido por Ferrer de Couto; El Estado Mayor General del ejército español, por Chamorro, el Diccionario de las Batallas, por Calonge; la Guardia Civil, por Quevedo y Sidro y los Diccionarios Militares de Hevia y Wartelet. Además, la literatura militar, se había enriquecido con obras tan dignas como, el Proyecto de Táctica de las tres armas, que en 1852, publicó el general, Manuel Gutiérrez de la Concha, Marqués del Duero, y las Nociones del Arte militar, publicadas por el comandante de infantería, Francisco Villamartín, en 1862. Del general Gutiérrez de la Concha, se podría decir, que realizó trabajos sobre Táctica, que se adelantaron a los tiempos en que fueron escritos, dado el espíritu práctico que pregonaban sus ideas. Otro escritor que profundizó en el estudio del arte militar, fue Villamartín. No sólo en el ideario de su doctrina, sino también en la 28 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA belleza de su forma. Tuvo poco fortuna al escribir en una época, en que los problemas militares int eresaban poco. En otra época, su fama hubiera traspasado fronteras. Tras Francisco Villamartín , que fue ayudante del general Novaliches, interesa destacar, al mariscal de campo, Antonio Sánchez Osorio, que con su obra La profesión Militar, dio lugar a numero sas polémicas, debido a los problemas político-sociales, que en la mi s ma se desarrollaban. Dos escritores más, llenaron los vacios ocasionados en tan difícil época, nos referimos, al coronel José Almirante y al general Arroquía, que fueron tratadistas profundos y observadores. En la larga lista de estudiosos, e investigadores de la milicia, sobresale por su laboriosidad y bien hacer, el capitán de artillería, Luis Vidart. El ejército y la s instituciones militares tuvieron siempre en él, un defensor en tu siasta. Diputado por Sevilla y académico de la Real y Sevillana de Buenas Letras, testimonió con sus libros, el conocimiento de la organización militar, enalteciendo con sus biografías, a Villamartín, Vallecillo, Aparici, Sta. Cruz de Marcenado, Vicente Gutiérrez de los Ríos, Alava y otros escritores de la milicia. No podemos dejar de destacar dos publicaciones, que reflejaron el movimiento intelectual del Ejército a finales de siglo. Fueron la «Revista de Ateneo Militar», desde 1872 y la «Ilustración Militar », a partir de 1880. Sus vidas fueron breves, no más de tres años, a pesar de tan corta existencia, tu vieron tanta brillantez y tan excelentes colaboradores, que aún se siguen consultando por los estudiosos de los temas militares. Terminaremos recordando, a los que no menos famosos escritores, los generales, José Gómez de Arteche y Fernando Fernández de Córdova, que escribieron obras importantes. Entre las del primero, «Guerra de la Independencia»; «Nieblas en la Historia patria», y «Un soldado español de XX siglos»; Córdova, su interesante trabajo, «Mis memorias íntimas », libro lleno de datos del período de 1820 a 1868, tan curioso y ameno, que nos obliga a lamentar existan tan pocos de esta índole. Hemos dejado en último lugar al capitán Francisco Barado que tanto no s ha ayud'<ido en nuestro modesto trabajo a través de la lectura de sus dos monumentales obras de trascendental importancia como «Literatura militar española», e «Historia del Ejército español». Una vez reseñados algunos de los escritores militares, que durante el siglo XIX dejaron huellas, justo es citar a los que sin ser militares dedicaron su pluma a tratar temas de la milicia. Ocuparon lugar preferente, José María Queipo de Llano, conde de Toreno, en su «Historia del levantamiento, guerra y revolución de ESCRITORES MILITARES 29 España '" una obra de línea clásica, que entremezcla Ja parte militar con la histórica-literaria; Cánovas del Castillo el gran político y excelente historiador, con su Historia de la decadencia de España; Principio y fin de la supremacía de los españoles en Europa, é, Historia del reinado de Felipe IV, entre otras. Antonio Rodríguez Villa que engrosó nuestra historia militares, tales como, «Comentarios de Villalobos y Benavides », y la «Biografía de don Carlos Coloma». Pero no sólo fueron cuatros escritores lo s únicos civiles, que han tratado temas de la milicia, también lo hicieron y con notable éxito, los señores, Marliani con su monografía, Trafalgar; Alarcón, con el Diario de un testigo de la guerra de A/rica; Pirala, con su Historia de la guerra civil; Borrego, con sus Estudios de la Guerra Franco-Ale- mana; Macanaz, Bofarull y José Canalejas. En todos los tipos de literatura se nota en el siglo XX un resurgimiento extraordinario. La facilidad de comunicaciones, prensa, radio, televisión, revistas, etc., ha hecho que los autores sean cada vez más conocidos y se influyan recíprocamente. No vamos a tratar de resaltar la importancia de la prensa «que todo lo ve y lo refiere», formando la opinión pública. Militarmente y dada su trascendental misión ha sido considerada como «Arma de guerra». Los estudios e investigaciones han llevado a los más minuciosos trabajos. Los organismos oficiales colaboran con lo s estudiosos e investigadores facilitándoles medios a su labor. Entre éstos figuran con un papel muy destacado las revistas especializadas. La literatura durante la guerra española de 1936, fue recogida en numerosísimas publicaciones detallando lo s sucesos en ambos bandos. Indicaremos un par de autores por bando ya que la relación es demasiado ampli a. Ediciones España, publicó en 38 cuadernillos la obra titulada «La Historia General de la Cruzada» y el Servicio Hi stóri co Militar, «Monografías de la Guerra de España», por el Coronel Martínez Bande que abarcaba todas las batallas y campañas importan te s en diferentes libros. La versión de los rojos la recogen muy bien los libr os de Vicente Rojo y Enrique Cambiu. Durante las guerras suele ocurrir que Jo s cronistas e historiadores desvirtúen su personalidad al estar encuadrados en las grand es agencias de información, perdiéndose sus hombr es en los de Efe, Reuter, Logos, Cifra, United Press, etc. 30 ENRIQUE DE LA VEGA VIGUERA Al terminar las guerras, los servicios históricos militares de lo s países vencedores redactan la historia oficial de la contienda desde sus respectivos puntos de vista. Refiriéndonos a la 2ª Guerra Mundial han sido muy interesantes las Memorias de Churchill, Patton, Rommel, Kesserling, etc. Y sobre este mismo tema escribió Manuel Aznar 12 tomos glosando los más importantes episodios y deduciendo interesantes enseñanzas. Debo terminar, pero no sin antes, dedicar un re cuerdo al Santa Santorum de nuestra historia castrense como es el Servicio Histórico Militar. Por el sentido tradicional de las Instituciones armadas, es lógico que se dedique dentro de ellas una especial atención a la Historia, perenne fuente de enseñanzas militares. Es muy difícil delimitar donde termina la investigación histórica y comienza la experimentación. Un ejército que no toma parte en una guerra, no tiene otro medio de sacar experiencia, que por las informaciones recibidas de sus agregados militares o comisiones enviadas. Las cuales podrán orientarnos de la doctrina, procedimientos tácticos, etc., seguidos por los beligerantes. El método adoptado no es otro que el histórico, y gracias a él, se podrán sacar conclusiones ciertas que servirán de base para la modificación de la doctrina si así se estimara conveniente. Las actividades literarias-histórico-militares, no son nuevas en España. Ya en 1847 existía una sección de historia y estadística militar que dependía del Ministerio de la Guerra. Posteriormente la guerra de Marruecos hizo crear, en 1927, una Comisión histórica de aquéllas campañas africanas que estuvo integrada por jefes y oficiales de E.M. Después de nuestra guerra civil nació con análoga misión el Servicio Histórico Militar, dependiente del Estado Mayor Central. Su misión primordial consiste en contribuir a la difusión de la cultura militar histórica dentro del Ejército. Se encuentra organizado en dos secciones: la de estudios históricos y la de Servicios Bibliográficos. En el negociado de nuestra guerra se encuentran casi todos los documentos oficiales del Cuartel General del Generalísimo y de las grandes Unidades, así como amplia documentación del Ejército rojo. En el llamado Museo de Literatura, se conserva todo lo manuscrito o impreso, que ponga de manifiesto la actividad intelectual de los componentes del ejército y los hechos de armas. Por lo tanto, tiene cabida en él, los libros de autores militares sea cual fuere el tema tra- ESCRITORF.S MI LIT ARES 31 tado; los de no militares relacionados c on la milicia, y también los de escritores extranjeros que traten de nu estra orga ni zación castre nse. Ha quedado demostrado, aunque muy a la li gera, que existe en nuestra Patria una literatura militar que merece ser estudiada por lo s críticos, no por mera curiosidad y bu sc ando sólo defectos, si no para realizar fines de gran importancia y estimular a esos escritores militares que, no sólo ven difícil publicar, cosa bastante generalizada entre todo tipo de autores, sino que sus libro s so n casi siempre des echados por falta de interés. Creo, y así lo he pregonado siempre, que los militares co mo autores dramáticos y novelistas que se han ocupado en sus obras de los lances de la guerra, también deben ocupar un pues- to en Ja historia de la literatura militar. Do s ejemplos: «Los Episodios militares» del General Ros de Olano, o las novelas «Cuando el río suena» y el «Canto del Cisne» de Patricio de la Escosura. Es de esperar que una vez finalizada la ac tual centuria, sean publicados los nombres de los numerosos a utor es militares que la han ocupado, así co mo sus principales obras. Solo me resta supli car al lector, di sc ulpe si he omitido el n om bre de algún autor de su preferencia; el no incluirlo habrá sido por no hacer excesivamente largo este trabajo. BIBLIOGRAFIA - Hi s toria de España: Menéndez Pidal. -Historia de España: Modesto Lafu e nt e. -Historia General de España: Mi guel Mor ayta . -Historia General de España: Cano v as d el Cas till o. - El Año militar: Gui y M artí. -Guerra de la Independencia: Gómez Arteche. -Historia Contemporánea: Antonio Pirala. - Hi s toria militar hasta fi n siglo XVIII: José Almirante. -Literatura militar española: Francisco Barado. -Otros títulos, se incluyen en el texto.