La ciudad escrita: fragmentos para una arqueología de la lectura urbana
Abstract
La ciudad leída como un texto a través de los signos que en una incesante superposición aniquilan significados del pasado para instaurar los propios de su tiempo, ejerce constantemente una función de adoctrinamiento que forma al ciudano. Las nuevas formas de sociabilidad dan lugar a un nuevo espacio urbano donde se desempeñan las funciones semánticas del plano civil y político a través de arquitecturas parlantes.
Full text
LA CIUDAD ESCRITA
F agmen os pa a una a queología de la lec u a
u bana
Fe nando R. de la Flo
La
ciudad leída
como
un ex o a a és de los signos
que
en una ince-
san e supe posición aniquilan signi icados del
pasado
pa a
ins au a los
p opios de su iempo, eje ce cons an emen e una
unción
de adoc ina-
mien o
que
o ma
al ciudano.
Las
nue as
o mas
de sociabilidad dan
luga
a un nue o espacio u bano donde se desempeñan las unciones
semán icas del
plano
ci il y polí ico a a és de a qui ec u as pa lan es.
«Dondequie a que en amos,¿
no
e
habla
en
iglesias
de
Roma y Nápoles
su
des ino,
anquilo?
O
se
e
g aba, sublime,
una
insc ipción
como hace poco
la
lápida
de
San a Ma ía
Fo mosa.
¿Qué
me
quie en
?»
Raine
Ma ía
Rilke,
«Elegía»
I
de
las
de
Duíno
UNA expe iencia común pa a el habi-
an e de la megápolis mode na impo-
ne a su sis ema
de
pe cepción una
a esía
po
escena ios y agmen os de un
o den que se da sólo bajo
la
o ma de un espe-
jismo, de un mi age, ba oco po excelencia.
Un discu so
-un
ex o agmen a io y o o,
dispe so po la u be-, p ome e la econs uc-
ción inal de un sen ido en a as de un ela o, de
una mi ología (no impo a si pe sonal o colec-
i a), de una leyenda, casi.
La
ciudad es el hipe-
«Insc ibamos, sin deci palab a, la leyenda en g an-
des
ca ac e es monumen ales.»
F ancis Ponge, Signéponge
espacio del ex o, un luga p i ilegiado pa a la
inse ción de la señal lingüís ica.
El ojo egis a en·el espeso ma co de una loca-
ción, el acaece del innúme o deso den con que
las cosas se mani ies an. En su aspec o más
memo able, la isión hace p esa en un mundo
de p esencias poblado de es a uas y monoli os,
donde lo olumé ico ensaya su peculia pe -
suasión; los emplos
-no
impo a
si lo son
aho a del
come cio-
y los luga es públicos
en a izan
las dimensiones,
ompen
con
las
XLIII
43
ASTRAGALO, 02 (1995)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
Re iew, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1995.i02.05
P o eso de Li e a u a Española en la Uni e sidad de
Salamanca y doc o en Ciencias de la In o mación.
44
secuencias es ablecidas po las masas g ises,.
sob e las que esa misma mi ada esbala (hay
a qui ec u as del ol ido, como las hay, en o o
sen ido pa a el ecue do), c eando así el hi o,
el unicum.
La ciudad se a econs uyendo como i ine a-
ios de una memo ia ac i a
-en
~alidad,
se
a a de un « ea o» de esa misma memo ia,
al modo de los cons uidos en el Renacimien-
o-. Memo ia loca i a, que ope a po la selec-
ción y je a quía de cuan o se nomb a; se eco-
noce, se impone o llama inalmen e sob e sí el
luido conexo (la doxa o líquido amnió ico en
que somos bañados); que es el espí i u de los
·habi an es, y de cuan os llegan ambién a aí-
dos po las docenas de e e encias que quedan
insc i as
en
una
his o ia p og esi amen e
acumula i a.
Depósi o, museo, yacimien o, son .algunas de
La esc i u a se hace
así
isible en el o o de
la
u bs:
en
las
plazas
donde se ensaya
la
sociabilidad ago á ica, pe o ambién en los
canales ápidos que encauzan las elocidades
y cie nen las po encias comunica i as de odo
o den. Allí siemp e
es á
p esen e un ag-
men o de g a i o, p oyec ado sin dis inción
con a los mu os a uinados de unas pe i-
e ias que los pode es abandonan, o sob e
la nobleza ma e ial de las cons ucciones
o denadas
que o man la ci y de
la
u be.
La
lengua, en onces, ma ca, y an es o ja y
acompaña el es ablecimien o de un impe-
ium, de una ci ilidad que sin ella no puede
aspi a a la exis encia.
La ciudad esul a esc i a po mano in isible,
en
un p oceso inc emen ado, impa able. Cub i
con el signo que la ep esen a a la cosa; e oca -
la cuando es á ausen e; ma ca el o den con u-
so de lo es ablecido; he ahí las leyes in e nas
las me á o as que han se ido adicionalmen-
que
desen uel en
el
apiz de un
discu so
e pa a si ua al homb e en elación de signi i-descen ado, poli ónico, dispe so.
cación con un en o no que se o ece como
ex o; que es él mismo ex u a, ma co pa a una
legibilidad a la que odo pa ece abocado (y en
la
que ambién odo es e ocado).
El
dominio del ex o
Jun o
al
eco e
inexp eso que el espacio
nomb ado de la u be gene a en los dominios de
la memo ia, la señal lingüís ica eme ge, hace
cen ellea su po en e a o. La esc i u a iene así .
en auxilio de la sel a u bana pa a ca ac e iza -
la, colonizándola: la le a es pen ecos és de la
ma e ia iniendo a he i la de sen ido, en un
súbi o co aci cui o. Ella es la que hace
~el
e i o io
el
as o olium sob e el que su men?a-
je
queda a uado,
G a ías
Las calidades de esa, llamemósle con los an i-
guos, «esc i u a expues a», «de apa a o» o
monumen al, de esa lengua ou cou pública
-cuando
no publici a ia- , son in ini as, sus
posibilidades innúme as, pues en su pa anoia
el discu so iende a deci cuan o puede se
dicho (y en las o mas di e sas en que ese odo
pueda se dicho).
Pin adas, a uadas, a a azeadas, log adas a
sp ay, noblemen e alladas, o pemen e su-
pe pues as, en in ini os sis emas, ijadas, inci-
sas, aé eas, pasaje as de la a qui ec u a de la
luz, del neón. Ellas se ex ienden en e ical y
ho izon al, aspi an a lo al o y ienen ambién
-
XLIV
-
de lo bajo, caen del cielo o ascienden -ae os-
á icas-
hacia
él. Su
p oli e ación
misma
p oduce un e ec o en supe icie pe e so: las
anula pa a el sen ido. Es su exis encia misma,
lo que llama íamos su ida independizada de
la ecepción de un iden e, aquello que cons-
i uye su des ino, cumpliendo en ello la máxi-
ma cen al del sis ema bajo el que ha nacido:
que odo aquello que pueda se dicho, deba
en onces se dicho. Y aún más, la le a ciuda-
dana
-lec u a
de nadie bajo an os pá pados
(R.M. Rilke)-, a a á, en su o zamien o y su
ensión ex ema, más que de exp esa lo inex-
p esable, de inexp esa lo exp esable: la capi-
al legible omana e oluciona en g a i o, en
caco-g a ía, en azo sin código posible. De-
ci , en onces, lo que no a a se leído; log a ,
ambién, la signi icancia pa a lo que es me o
uido isual.
El signo del signo
T azadas sob e la piel de la ciudad, las esc i u-
as no sólo son in ini as, sino que si en a una
in ini a a iedad de mo i aciones, p opiamen-
e polí icas algunas, o as úneb es, ememo a-
i as muchas, publici a ias (en sen ido la o, lo
son odas), en el ámbi o de lo p i ado o mo-
iéndose en
el
de lo público; esc i u as apolo-
gé icas o denig a o ias; ex os que ienen la
ac u a de lo conmina o io o que o ien an los
lujos, encauzándolos en ejes de ansi abili-
dad, po donde lo masi icado y o ali a io se
desplaza.
El ex o je oglí ico y la c ip og a ía desalien-
an, po su pa e, una lec u a u bana indisc i-
minada, po cuan o disuel en la idea de comu-
nidad compac a (que o as esc i u as, en o as
posiciones alien an), y ienden a es ablece
una
nue a
ligadu a
basada
en el
pequeño
g upo,
quizá
en el
indi iduo
sólo, al
que
apelan desde odas las posiciones pensables y
con odo ipo de eclamos. Algunas g a ías se
di igen a bo a y sa u a de uidos el espacio
donde o as en su día se asen a on con olun-
ad inú il de du a y pe manece en la me a-
mó ica epide mis de la ciudad. O as, en
es a egias más su iles, manipulan impe cep-
iblemen e el desa ollo sin ác ico de
una
p opues a, o censu an y sup imen aquí y allá
agmen os lexemá icos con cuya ope ación
el compues o lingüís ico se iñe de alo es
dis in os, en ocasiones con apues os. G a ías
ambién, inalmen e, que ciñen su exis encia
al desen ol imien o iscoso
-Bubell
le e s-
de un azo au o e e encial: aquí lo que signi-
ica es sólo la p esencia, ese deseo exp eso de
supe pone a la na u aleza de las cosas del
mundo la espesa capa de su pues a en ep e- 45
sen ación. El escena io, lo es de un yo quimé-
ico, imp obable; de un an asma -Es ado, In-
di iduo-que en la ciudad (Go han
ci y)
iene
a habla a o os an asmas.
Epig áphico mo e
El c ecimien o expansi o de la le a en la
ciudad mode na, ela la e dad de un
o igen
común compa ido en la ag a ía, de un mundo
-an año-
silen e a los ojos, no en enado o-
da ía en la so is icada maquina ia de la lec-
u a.
La ciudad del medie o no se hace legible a
a és de la esc i u a. Los pa adigmas en que
se mue e su «cul u a» no son oda ía de una
exclusi a base ex ual. Conse a, eso sí, la
ciudad medie al medi e ánea, las huellas
dác ilas de las epig a ías clásicas, de las an i-
-XLV-
ASTRAGALO,02(1995)ISSN 1134-3672
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guas le as monumen ales que signan el p es i-
gio hablando de lo ciudadano en cuan o unda-
do:
son los agmen os del o den a caico, que
son leídos como monumen os de un iempo
a asado pe o oda ía ope an e, pues la o ma
de lo esc i o es la ma ca más explíci a pa a una
supe i encia de lo his ó ico. Es a conse a-
ción es, sin emba go, un me o depósi o:
se
han
pe dido, incluso, las adiciones écnico-p o-
duc i as; han caído en desuso las ó mulas que
hicie on posibles la exis encia de una incisión
iangula .
Fue a de ello, no exis e en el espacio in e no
ni
ex e io del bu go una esonancia pública de la
esc i u a: al a en e amen e la éli e de ·los co-
municado es, y al a, sob e odo, la masa pasi-
a de lec o es. El ho no ipog aphicus no ha
sido, oda ía, abo ado, y hay en onces
una
ciudad locuaz, que aún p egona y can a
-o
eza
y se desga a en onoma opeyas y g i os sal a-
jes, p onunciados en un dominio aé eo, inma-
e ial-. Es
el
iempo de la oz, que se ex iende
in ini amen e, colma ando el silencio con que
se mani ies a una na u aleza echazada a sus
mismas pue as.
En es e ámbi o y dominio de una ciudad an i-
gua
que llega has a las o illas de
la
Edad
Mode na, sólo el espacio sag ado del emplum
se e ela como un po en e oco de exposición
del mensaje ideológico, si iéndose pa a ello,
no sólo, como es no o io, del icono, sino pa en-
emen e de la esc i u a (de las Esc i u as, del
au a que exhalan).
Allí en ese sac a cus odio del e bo; en ese
espacio sob esa u ado, hipe comunica i o,
in e elacionado po cÓdigos di e sos, se ensa-
ya lo que se á el nue o espacio ciudadano,:el
luga alumb ado
po
las nue as o mas
~e
sociabilidad, que
el
nacimien o y expansión de
las imp en as c ean, a modo de nue a g a os-
je a
~
Momen os
Pe o an es de los an es, la ciudad clásica g eco-
omana in is ió a la esc i u a pública de una
complexión a ís ica.
La epig a ía de ipo solemne abajó y desa o-
lló la geome ía de la o ma y es udió minu-
ciosamen e la pe spec i a, en un sis ema de
ubicaciones que ienden sob e el hecho de la
ciudad an igua el eco ido ideal de su memo-
abilidad u u a.
La impaginación
-que
es «pues a en página»-
de la con igu ación u bana, ocu ió en onces
como
hecho y
una
modulación su il supo
combina los elemen os de un paisaje, las
pied as de un monumen o y las insc ipciones
que lo daban a lee .
Legibilidad pu a que se daba en onces en el
seno de un espacio abie o y bajo las condicio-
nes de una p opia luz na u al.
Nunca la le a ha uel o a ene esa au onomía
o mal que condujo
al
p oduc o epig á ico-
monumen al (así apa ecen en onces unidos los
dos concep os)
ala
cima de las je a quías, a una
sue e de exp esión ideal y ep esen ación
modélica, de cómo el Es ado, sus Ins i uciones
y sus cla i uomini se ap es an a oma la pala-
b a en el seno del ágo a.
La epig a ía al o-medie al occiden al es a á
p i ada de esa cohe encia o mal, y de
es?-
au onomía y hegemonía no ma i a que mani-
ies a pa a siemp e el modelo de la ciudad
clásica.
-XLVI
La lengua de pied a
La
insc ipción ya sólo se uel e a da con
iqueza, en esa es au ación que el albo del
XVI
p opone en oda Eu opa. Es hija inme-
dia a de una alo ación audaz de las uncio-
nes semán icas que en el plano ci il y polí i-
co desempeña el espacio u bano. El lenguaje
g á ico-monumen al
iene su
emblema
de
en onces
en
la
es au a
ción de
la
capi al
epig á ica omana, la le a capi al «aWan i-
ca», la capi al de «apa a o
»:
su il ope ación
simbólka
que· anuda al pode con la epe i-
ción, con el su plus .de los módulos o males
clásicos.
Ope ación de p es igio seguida en odas sus
de i as, pues la le a c ece en
la
losa ía de
los sepulc os, pe o su a en u a se p olonga en ·
ese campo de p es igio que es la «pues a
en
ipog a ía mó il»,
la
exis encia del olumen,
la esc i u a lib a ia. El colo ón, pieza o a o-
ia! y ma ca de p opiedad y
de
empo alidad
que
se
desea anexiona , pe enece en igo a
ambos dominios; i iiéndolos a uni sec e a-
men e, pues la página de cie e y
la
lauda
sepulc al se componen bajo una misma geo-
me ía. ·
L1
olun ad
de
los a is oi coaguia exp esa en
la mul iplicidad in ini a de las g a ías mos a-
i as. Lle a la le a a la ciudad es asen a los
nue os asces, los lic o es de una ic o ia al
nue o modo. Los ocabula ios lle ados hacia
la
monumen alidad, son la exp esión o émi-
. ca de
una
eme gen e cons elación de alo es
que asocia a sabiendas humanismo, pode y
milicia.
Los nue os g upos di igen es, ampliamen e
al abe izados y con encidos del alo pleno y
complejo de la esc i u a, la di unden po el
pe íme o del espacio comunal en oda una
eo ía de insc ip iones, que an desde
la
exhi-
bición de sí que hace ·el edi icio pa lan e
-del
hi o pé eo en cuan o que habla en coloquio
con la comunidad-, has a una ijación indele-
ble de la nue a legislación consue udina ia.
Se a a de un sopo e didascálico que o ma
al ciudadano, cons uyendo una gels a del
signo, en la que ha de i i como hipno iza-
do, como un p eso pa a siemp e de la necesi-
dad de sen ido.
Lo inciso en la dúc il ma e ia p imigenia, se
p epa a así pa a se espe ado in ae e nis.
La lec u a ol aica
La ciudad más adelan e es ya sólo
el
juego y
suma de las ensiones que la e eb an; la au o-
conciencia de
una
agmen a iedad in ini a,
p oli e an e. Toda la esc i u a pública del
XIX
es polí ica en ese di ec o sen ido a que nos
in oduce el pasquín. Un g upo humano se alza
y lle a su o em (hecho de la sa ia de la pala-
b a y de las enas de la sin axis)
al
cen o
mismo donde. se consag a, se anuda y a a la
elación ibal.
Se
esc ibe sob e odo
pa a
bo a la memo ia de un pode que
un
día ue
absolu o; se hace uso de un discu so pa a de o-
ca el discu so. La g a ía monumen al del « ín
de siglo» po excelencia, se aplica, así, a una
sue e de damna io memo iae. Liquida las
huellas del pasado, cons uyendo las p opias de
un
iempo que camina hacia la misma sue e de
e apo ación.
La c
iud
ad
palimpses o
de
oces,
apenas
p onunciadas y ya no oídas.
La
ciudad alga-
abía.
-
XLVII
-
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ASTRAGALO,02(1995)ISSN 1134-3672
48
Todo
en
las esc i u as monumen ales de las
ciudades de la posmode nidad es p oduc o de
ese big bang
de
la ieja ma iz discu si a;
implosión, pues, de la azón eológica y abso-
lu is a que ga an izaba un signi icado pa a
odo signi ican e.
La
«galaxia» Gu enbe g,
como
me á o a, es
la
exp esión misma del
p oceso de indi iduación que lle a a la ipo-
g a ía a e igi se en el ámbi o
en
el que ooo
. apa ece bañado. Todos los indi iduos acce-
dén a la esc i u a; odos los indi iduos son
1
1
1
1·
1
1
lec o es insomnes que discu en po paisajes
de signos.
Lec u a ,alucinada, lec u a « ol aica», que de
sopo e en sopo e,
ha
pasado inalmen e al
é e , a los le e os luminosos que agan
po
el
espacio, alumb ando un cielo ya nunca más
acío.
Cielo u bano del que inalmen e has a las es e-
llas han desapa ecido, sus i uidas po las le as
del iejo al abe o enicio. O
11
IJ
J
j
j
1
-
XLVIII
Kons an in Melniko , P opues a pa a el Minis e io
de
Indus ia Pesada. Na kom iazhp om, Móscu, ·1939 .
. . ;
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P opues as de nue os espacios ciudadanos,
lu
ga es iluminados po las
in
explo adas o mas
de
lo social, ensayos
de
códigos comunica i os pa a la cons ucción de
un
a u u a cosmogonía.
-
XLIX
-
ASTRAGALO,02(1995)ISSN 1134-3672
l suko Hasegawa, Cen o
Cu
l u al Shonandai, Fujisawa.
T ans igu ación inal, me ás asis écnica plane a ia i ida
como
es
pec áculo,
jue
gos
de
la imaginación sin lími e son ya
denominados
<<a
e» en gene al. Hoy lo
<<a
ís i
CO
>>
en é m
in
os de especie
-y
no
como
sal ación indi idual-
co
n ola la
p ác ica o alidad de l
as
unciones.
- L -