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Epicuro y su escuela

Rodríguez Donís, Marcelino

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EPICURO Y SU ESCUELA MARCELINO RODRÍGUEZ DüNÍS I. SITUACIÓN HISTÓRICA En el pe íodo helenís ico su gen con g an ue za es escuelas de iloso ía: la epicú ea, la es oica y la escép ica. En e ellas hay más coincidencias de lo que en gene al se c ee, aunque, cie amen e, el hilo conduc o que las une adica en el a án po asegu a al homb e la se enidad y anquilidad de ánimo, di íciles de consegui en un mundo an sumamen e complejo y u bulen o como el que sigue a la conquis a del O ien e po pa e de Alejand o. Se ía un e o sos ene que la iloso ía helenís ica en conjun o ocupa una si- uación secunda ia espec o de los g andes sis emas de Pla ón y A is ó eles, aun- que es cie o que el pensamien o espi i ualis a su e un du o golpe con los epicú eos y los escép icos. En el es oicismo, po el con a io, hay, a pesa de su ma e ialis- mo co po ealis a, mayo a inidad con el pla onismo. Los ac o es que explican la escasa a ención que Epicu o p es a a las esis undamen ales de Pla ón y A is ó eles son de muy di e sa índole. Las ci cuns ancias his ó icas han cambiado. Alejand o, el discípulo de A is ó eles y el conquis ado del mundo conocido, había demos a- do que el o gullo y la au ocomplacencia de los g iegos se basaban al in y al cabo en un e gonzan e p o incianismo. O os mundos más exube an es se habían abie o an e las men es a óni as e inc édulas de los nue os conquis ado es, o os dioses, o as cos umb es, o os homb es. Ya nada podía se como an es. Los moldes den- o de los que se había desa ollado la ida de los g iegos has a en onces ya no se ían; has a los mismos dioses de la ciudad habían dejado de exis i o es aban alejados de los in e eses pa ios, so dos a las súplicas de los homb es que, a pesa de endi les el cul o debido, no encon aban en ellos las ue zas necesa ias pa a segui os en ando la me ecida sup emacía pe sonal y colec i a sob e los o os pue- blos. Alejand o y, más a de, Deme io Polio ce es, se hicie on ado a como dioses po sus seguido es, sin que casi nadie, sal o los epicú eos, se a e iese a echaza las nue as di inidades isibles y eales, no de pied a o made a. 92 Ma celino Rod íguez Donís En medio de un clima de ince idumb e e insegu idad polí icas se desa olla la expe iencia pe sonal de Epicu o de Samos (341-270), que llega a A enas, pa a hace su se icio mili a , el mismo año (322) en que mue e Alejand o y sus gene- ales se dispu an el epa o del Impe io. La iloso ía se es ue za po da una espues a a la nue a si uación sociopolí ica que se i e después de la mue e del Macedonio. El hamb e, la insegu idad, el miedo hacen que los g iegos se sien an e dade amen e dejados de la mano de los dioses en medio de las expe iencias más di íciles de sopo a . Muchos de ellos son expulsados de sus ciudades o pie den la ciudadanía, iéndose obligados a emig a , dejando a ás sus ie as, sus casas, sus emplos, sus plazas. Al comienzo de la conquis a del O ien e se conoció un ue e desa ollo económico, ya que el ejé ci- o de Alejand o, que en algunos momen os es aba in eg ado po medio millón de soldados, necesi aba ingen es can idades de comida, opa, calzado, a mas, e c. Pa a muchos e a el único modo de ida que les quedaba: en ola se en el ejé ci o como me cena ios, lle ando consigo sus amilias. En el ejé ci o de Alejand o ocupa on un luga impo an e algunos ilóso os como Pi ón de Elis, Anaxa co, Calís enes y o os. Los nue os modos de ida que iban descub iendo, sob e odo el con ac o con los gimnoso is as, les ab ie on nue- os ho izon es que hab ían de in lui en la elabo ación de sus sis emas ilosó icos, como se puede cons a a en el escep icismo pi oniano, que aunque hundía sus aíces en ideas g iegas, segu amen e se io e o zado po el encuen o con o as cul u as an impo an es como la pa ia pe o al mismo iempo an di e en es. También la in ancia de Epicu o se io a ec ada po los a a a es de la conquis a de Alejand o. Su es ancia en Samos, donde nació en el 341, se io in e umpida po que en el 324 el Macedonio dio la o den de pe dona los deli os polí icos a los sammios. Pé dicas obligó en el 322 a emig a a Colo ón a los colonos a enienses que se habían es ablecido en Samos, después de de ol e las ie as a sus an iguos p opie a ios. Los enemigos de Epicu o le ep ochan su o igen humilde e incluso su pob e- za, llamándole, a modo de insul o, «hijo de maes o». Realmen e pa ece que él mismo ayudaba a su pad e, colono emig ado desde A enas a Samos, en la a ea de enseña a los niños las p ime as le as. Según el mismo D.L. (X, 4), u o que acom- paña a su mad e a las casuchas más humildes de la aldea eci ando ensalmos y ó mulas pu i ica o ias. Es cu ioso cons a a la impo ancia que en su sis ema ie- nen las le as del al abe o y el echazo de la supe s ición. Epicu o, según Diógenes Lae cio, empezó a inicia se en la iloso ía a la edad de doce años. Su p ime con ac o ue a a és del a is o élico P axí anes. Una ez es ablecido en Teos, se amilia izó con la iloso ía de Demóc i o y p obalemen e con el escep icismo po medio de Nausí anes de Teos. Pán ilo le enseñó la iloso ía de Pla ón en Samos. Epicu o y su escuela 93 Quizás en su expe iencia in an il no se con en ó con ap ende lo que odos los niños: los ela os de los poe as. Según Sex o Empí ico (Ad . Ma h. X, 18), no se con o maba con oí habla del caos, necesi aba sabe de dónde p ocedía. Lo que ealmen e le a aía en el pe íodo de su o mación e an las enseñanzas de Demóc i o, cuya ob a conoció. Debió ambién lee a Pla ón y a A is ó eles, aunque no sabemos qué lib os exac amen e. Hoy la opinión más di undida es que leyó oda la ob a de A is ó eles, no sólo los esc i os de ju en ud, como había sos- enido Bignone en su amoso lib o El A is ó eles pe dido y la o mación ilosó ica de Epicu o. Es indudable ambién que es u o amilia izado y, has a cie o g ado, simpa izó con los seguido es de Sóc a es, sob e odo con los cínicos y ci enaicos. De Sóc a es pudo habe ap endido la lección de la no in e ención en polí ica. De los ci enaicos, sob e odo de A is ipo el Jo en, lo e e en e al place como cen o de la ida. De los cínicos, el con o ma se con poco, si es p eciso, y a oma a la na u aleza como e dade a no ma pa a egula nues as pasiones. Pe o no sólo abó elación con la iloso ía de su época. Du an e su es ancia en A enas, pa a ealiza la e ebía, debió es ablece con ac o con au o es como Menand o, de su misma quin a, y cuyas chispen es comedias, como dice G. Gual1, son un elemen o indispensable pa a conoce el ambien e sociológico de la época: impo ancia de lo p i ado e indi idual en e a lo o icial y público, desin e és po la polí ica, alo ación de lo co idiano, amo íos, e c. Epicu o, a los ein a y dos años, jun o con sus he manos, ab e una escuela en Mi ilene en o no al 31 O. Allí se había es ablecido con an e io idad A is ó eles, as abandona la Academia pla ónica. Las cosas no le debie on i muy bien, qui- zás po el in lujo eje cido po el pla onismo, al que Epicu o echaza más que a niguna o a escuela ilosó ica. Al año siguien e se ins ala en Lámpsaco, donde es ableció excelen es elacio- nes con pe sonajes in luyen es como ldomeneo, y con o os discípulos que le acom- paña án a A enas en el 306. En e ellos cabe des aca a Leon eo, Temis ia, Me odo o, He ma co, Timóc a es (el disiden e), Colo es, e c. Lámpsaco e a un impo an e cen o de es udios de iloso ía y ma emá icas: Eudoxo, He áclides Pón ico, Calipo, Polieno. Es e se pasó al bando epicú eo decla ando que la geome- ía e a alsa, según Cice ón (Us.229): Epicu o adsen iens o am geome iam esse alsam. Después de cinco años de pe manencia en Lámpsaco, en el 106, se ins ala en A enas, jus o en el momen o en que Deme io Fale o, has a en onces gobe nado de A enas y inculado a la escuela pe ipa é ica, se e obligado a exilia se a Alejand ía; con lo que el Liceo u o que ce a su pue as du an e algún iempo. l. Ga cía Gua! (C.), Epicu o, Mad id, ed. Alianza, 1981, p. 21 94 Ma celino Rod íguez Donís Po exigencias del nue o gobe nado , Deme io Polio ce es, una ez llegado a A enas, Epicu o comp ó una pequeña casa con una hue a o ja dín (kepos) en donde con i ía con sus discípulos al ab igo del mundo ex e io y de un modo muy modes o. En iempos de hamb una se dice que se alimen aban con las habas del hue o. Po lo demás, Epicu o, po ene un cue po en e mizo y a pesa de las ha- bladu ías del maledicen e Timóc a es, he mano de Me odo o y dese o del Ja dín, i ía de modo ugal. Se con en aba con no su i , y cualquie alimen o le se ía. ¡Así i ía el ilóso o del place ! Una de las singula idades del Ja dín de Epicu o e a que ambién las muje es es udiaban iloso ía, en igualdad con los homb es. En e ellas Leon eo, a quien Cice ón cali ica de me e iz (me e icula), se hizo céleb e, po que has a se a e ió a polemiza con Teo as o, aunque, eso sí, en un es ilo excelen e (sci o quidem illa se mone) Según D.L. (X, 7), Epicu o u o amo íos con ella y con Temis ia, espo- sa de Leon eo, sin que se desca e su pasión po Pi ocles, del que llega a deci : «es- oy espe ándo e has a que en es, amo mío, simila a un dios». Conocemos el nomb e de o as he e as que con i ían en el Ja dín: Mamma io, Hedea, E o io, Nicidia (D.L. X,7). Incluso los escla os encon a on su e ugio en el Ja dín. Allí, según D.L., « iloso aban con él, des acando Mys». F en e a las acusaciones de Timóc a es (Epicu o, según él, e a un igno an e en cues iones ilosó icas, un glo ón que omi aba dos eces al día y gas aba una mina dia ia en come , has a el pun o de en e ma y ene que desplaza se en un ca o po sus excesos), Polieno (D.L. X, 7) des aca sus sen imien os piadosos espec o de los dioses, su amo a la pa ia, su exceso de modes ia: «has a el pun o de apa a le de la ida polí ica», su mode ación: «le bas aba un cua illo de ino, pe o lo más amenudo bebía agua». Es a mode ación se comp ueba en la ca a a un amigo al que dice: «mándame un a i o de queso pa a, si engo ganas, da me un banque e». El es oico Dió imo (D.L. X, 3) le calumniaba ambién e hizo ci cula bajo su nomb e cincuen a ca as obscenas. Pe o lo que undamen almen e le ep ochaban e a que se ap opiaba de las doc inas de los demás ilóso os, insul ándoles además, así como de se un adulado de los pode osos, en conc e o de My es, el luga enien e de Lisímaco, al que había conocido en su es ancia en Lámpsaco. Cie amen e, dando un ejemplo de amis ad, Me odo o se ocupa de él, cuando, mue o el ey, es enca - celado. D.L. (X, 9) a i ma ajan emen e que odas es as acusaciones ca ecen de undamen o y que Epicu o dio ejemplo de nobleza y gene osidad hacia la pa ia. Tu o an os amigos y seguido es, que, según D.L., se «con aban po ciudades en e as». Su escuela en iempos de D.L. aún enía muchos discípulos, mien as que «las demás ya se han ex inguido». Según el Léxico de Suda ca o ce escola cas epicú eos se sucedie on du an e doscien os ein isie e años. Epicu o y su escuela 95 F en e a los es imonios que hablan de la ing a i ud espec o de sus maes os (sob e odo en el caso de Nausí anes), D.L. des aca la g a i ud que mos ó hacia sus pad es, sus he manos, su pa ia. En el es amen o de Epicu o (D.L. X, 16-22), se mues a la p eocupación que sien e po los hijos hué anos de sus amigos, po la conmmemo ación, en de e minadas echas, de los ya ausen es; odo ello, pa adóji- camen e, de acue do con las c eencias que más a de pond á en en edicho. Sus bienes, según las dos ansmisiones egis adas en el Me oon, pasan a Aminómaco, hijo de Filóc a es, del demo de Ba es, y a Timóc a es, hijo de Deme io del demo de Po amo, con la condición de que des inen el Ja dín y sus dependen- cias a He ma co, que queda al en e de la escuela, y a los que con él se dediquen a la iloso ía. He ma co queda enca gado de p o ee lo necesa io pa a la celeb a- ción de los sac i icios úneb es en hono de sus pad es y he manos, pa a su na a- licio (el diez del mes de gamelión), y pa a la celeb ación de las euniones ilosó- icas que han de o ganiza se los días ein e de cada mes, así como pa a celeb a la memo ia de sus he manos, de Polieno y de Me odo o. Encomienda, así mismo, que se ocupen de la educación de los hijos de Me odo o y de Polieno y que cui- den de Nicano y de odos aquellos «que en ejecie on conmigo en el es udio de la iloso ía». Ruega, inalmen e, a He ma co que p ocu e que se cumpla en odo y den o de lo posible su olun ad, a la pa que le hace donación de sus lib os. Uno de los seguido es de Epicu o más impo an es ue Me odo o, al que Epicu o había dedicado un lib o, y que conocía desde Lámpsaco, mu iendo jo en, a los cincuen a y es años. Es au o , según la enume ación de D.L. (X, 24), de ece ob as. Una de ellas es aba di igida con a Timóc a es, su he mano. He ma co, suceso de Epicu o en la di ección de la escuela, esc ibió cua o lib os en los que a eme e con a los ilóso os del Liceo y de la Academia. Le si- guie on los escola cas Polís a o, Dionisio y Basílides, Apolodo o, au o de más de cua ocien os í ulos, Zenón de Sidón, Deme io Lacón, Diógenes de Ta so, e c. Epicu o, según D.L. (X, 27-8), esc ibió más de cua en a ob as, en e las que cabe des aca los í ulos siguien es: «sob e la na u aleza» (en ein a y sie e lib os), «Sob e los á omos», «Sob e el acío», «Epí ome sob e ísica», «Con a los megá icos», «Sob e el in», «Sob e el c i e io», «Sob e los dioses», «Sob e la con- duc a de la ida>>, «Sob e el amo », «Sen encias Capi ales», además de las es ca as que D.L. nos ha ansmi ido ín eg amen e bajo el nomb e de Epicu o y que, jun amen e con el descub imien o de la «Sen encias Va icanas», cons i uyen el ma e ial del que disponemos pa a conoce la iloso ía epicú ea. Es imposible sabe qué debe a o os ilóso os, ya que, según D.L. (X, 13), decla aba «no habe escuchado lecciones de ningún maes o, sino que odo lo ha- bía ap endido solo». Es p obable que es e p e endido au odidac ismo uese mone- da co ien e en e los ilóso os g iegos. Pla ón (Tee . 180b) dice lo mismo de He ácli o. Cice ón (DND, 1, 26) señala, con oda la mo dacidad de que es capaz, 96 Ma celino Rod íguez Donís que «Epicu o se anaglo iaba de no habe enido ningún maes o, lo que e a muy ácil de c ee ... ya que no había en él ni el más lige o as o de la Academia o del Liceo, ni siquie a de los es udios in an iles. Según el A pina e, al único a quien si- guió ue a Demóc i o (quem ille unum secu us es ), aunque odo lo que le co ige lo co ompe: quae mu a ea co umpi (De Fin. 1, 6, 17). Pe o Eusebio (Us.26) señala que Epicu o había leído las ob as de los an iguos ilóso os. Bignone2, más ecien emen e, sos iene que abó conocimien o con la i- loso ía a is o élica a aíz de su es ancia en Mi ilene, p incipalmen e con los a- ados mo ales. Ya desde la llamada «escuela epicú ea de Mi ilene», cuya exis en- cia niega De Wi 3, Epicu o se sin ió a aído po los p oblemas é icos. Según Plu a co (Non posse ... 1098 cd), las acusaciones de a eísmo y hedonismo que pe- saban sob e Epicu o habían sido di undidas po Timóc a es. Ello le hab ía supues- o, según De Wi , un p oceso de asebeia, lo que explica ía que su nue a singla- du a en Lámpsaco uese o almen e di e en e: «aho a e a is o como un de enso de la eligión g iega, a ayendo a la ju en ud hacia la o odoxia. Su eligiosidad no e a en absolu o ingida ... no sólo c ee en la exis encia de los dioses, sino que pide que se les e e encie». D. Sedley4, po el con a io, insis e en que Epicu o señala- ba la limi ación de los place es y la mode ación: «Timóc a es debió añadi que el camino pa a alcanza el place e a la limi ación del dolo ». En su es ancia en Lámpsaco pudo comp ende la inu ilidad de la as ología ma emá ica de Eudoxo y Calipo de Gnido, que si ió de undamen o al Epinomis y a las Leyes (X) de Pla ón. Epicu o se p opone, según Sedley, nega la di inidad de las es ellas que con an o en usiasmo y hue o azonamien o, a su juicio, habían de endido Pla ón y A is ó eles. En el lib o XI del Pe i physeos hace e e encia a las écnicas de los as ólo- gos pa a explica los mo imien os egula es de los cue pos celes es. En la Ca a a Pi ocles (93) decla a esas écnicas «a ilugios dignos de escla os», anas p e ensio- nes (p ospoíema) y iolencia a los hechos (pa abiasis). Como di á en la Sen encia Va icana 45: «el es udio de la na u aleza no o ma jac anciosos a í ices de la cha - la ane ía ni os en ado es de la cul u a po la que pugna la mayo ía, sino espí i us independen es, capaces, o gullosos de sus p opios bienes y no de los que su gen de las ci cuns ancias». Epicu o, como Pi ón, no es pa ida io del modelo de educación adicional. No e a necesa io el conocimien o de las ma héma a ( e ó ica, música, e c.) pa a ace ca se, como dice Sedley, a la e dade a ida ilosó ica. Tan o pa a Pi ón como pa a el ilóso o de Samos lo que impo a es alcanza la a a axía, la impe u babi- 2. L' A is o e ele pe du o e la o mazione iloso ica di Epicu o, Fi enza, 1976, p. 420ss. 3. Epicu us and his Philosophy, U. o Min. P., 1964, (2.ed.) 4. «Epicu us an his p o essional i als» in E udes su l' épicu isme an ique, p. 132 Epicu o y su escuela 97 lidad y lo que la eología as al pla ónico-a is o élica había conseguido e a sus i ui los dioses popula es po o os aun más in lexibles y emibles. En Pla ón y en el p ime A is ó eles la eo ía iene un alo en sí misma y se ealiza undamen almen e en los es udios de as onomía y ma emá icas. En el P o ép ico, a semejanza del Fedón, sos enía A is ó eles que el conocimien o y la elicidad no se pueden alcanza aquí, mien as que en la E ica a Nicómaco (1110- 14) decla a la mo alidad del alma. Siguiendo, posiblemen e, las huellas del P o ép ico, hace Epicu o una in i ación a la iloso ía de nue o cuño, que nada se pa ece a lo sos enido po Pla ón. Jó enes y iejos deben iloso a . Lo más impo - an e es que odo el géne o humano alcance la impe u babilidad, pe o pa a ello es necesa io expulsa de nues as men es los emo es que se siguen de las e óneas concepciones de los dioses, del alma y de la mue e. Pla ón (Apología de Sóc a es, 29) aconsejaba cul i a la iloso ía has a una cie a edad: «Si se iloso a has a una edad a anzada, necesa iamen e se ca ece á de la expe iencia de lo que es necesa io conoce ... Cuando es a un homb e de edad a anzada que aún iloso a y no enuncia a ello, pienso, Sóc a es, que es e homb e debie a se azo ado». Cice ón decla a a los epicú eos gen es incul as, aunque se e obligado a e- conoce , en Con a Pisonem, que Filodemo e a muy e udi o (pe poli us) no sólo en iloso ía, sino en las es an es disciplinas que los epicú eos desp ecian». En De inibus (1,8,26) el mismo Cice ón ecoge el siguien e es imonio de T ia io: «En e dad que has a ancado casi po comple o a Epicu o del cí culo de los ilóso os. ¿Qué le has dejado, excep o que, sea cual ue e su modo de exp esa se, en iendes lo que dice? En ísica ep odujo opiniones ajenas, pe o ni siquie a esas me ecen u ap obación. Si quiso co egi las en algo, las empeo ó. Desconoció po comple o la dialéc ica, al a i ma que el sup emo bien consis e en el place , en p ime luga se equi ocó y, además, ampoco en es o ue o iginal, pues an es y mejo que él lo había dicho A is ó eles». Epicu o se io obligado a es udia la Física con la inalidad de hace posible la paz del alma. La Ca a a He ódo o y la Ca a a Pi ocles son dos in ensos y ap e ados esúmenes de las eo ías ísicas expues as más po ex enso en el Pe i physeos. Es cie o que adop a los p incipios del a omismo de Demóc i o, aunque, según Diógenes de Oenoanda ( . 6 Chil on), Epicu o hizo co ecciones p ecisas a su eo ía (gnoseológica en es e caso, pe o ambién, pa a sal a la libe ad, in odu- jo el clinamen). Pe o la mayo ía de los homb es no ienen iempo pa a p o undiza en es as cues iones, de ahí que Epicu o compusiese esos esúmenes o epí omes de su doc- ina que los adep os debían conoce de memo ia (He . 83, 35; Pi . 116, Men.135), po que en ellos se encon aban las espues as p ecisas pa a aleja de noso os o- das las c eencias e óneas. La doc ina epicú ea es, como dice Luc ecio (1, 51, 333, 98 Ma celino Rod íguez Donís 401; III, 581, 603), la e a a io. No es posible alcanza el place sin la isiología (MC. 12). Del es udio de la ísica, dice Cice ón (De in. 1, 64) «se ob iene el alo con a el miedo a la mue e, la i meza con a el emo supe s icioso». No cabe mayo oposición a Pla ón que el modo de educación que p opone Epicu o, a quien nada le in e esa o ma a líde es y que ni siquie a es a ía dispues o a iaja pa a impone su c edo polí ico. Al con a io, es imaba que se debía hui de la polí ica «a elas desplegadas» y c eía necesa io pa a la sabidu ía « i i ocul o». Los cambios polí icos que media on en e Pla ón y él hacían imposible espe a nada de la polis. Epicu o p e ie e es ingi sus elaciones con el mundo de su época al e i o cenobí ico en compañía de un pequeño g upo de amigos den o de los mu- os del Ja dín. Como dice Conche5: ~<la amis ad es la ley de elación social epicú ea». Pa a él cuen a, al con a io que pa a Pla ón, más el indi iduo que el Es ado. En la an igüedad Epicu o u o una eno me impo ancia, aunque la pé dida de sus ex os, nos ha imposibili ado conoce más a ondo su pensamien o. G acias a Luc ecio, poe a la ino del siglo 1 a.c., de quien no poseemos ningún da o biog á- ico, pe o que compuso un poema de más de sie e mil e sos: De e um na u a, podemos econs ui algunas de las pa es más impo an es del sis ema epicú eo, que ya se había di undido en Roma desde inales del siglo 11, en la época de Zenón de Sidón, discípulo del escola ca Apolodo o, y que con ó la cabeza isible de Ama inio. Cice ón (Tusc. IV.3.7) señala que los epicú eos habían in adido oda I alia: I aliam o am occupa e un , aunque su es ilo no e a bueno ni elegan e. También hace mención de o os nomb es como Ca io, Rabi io, A ico (su amigo), Fed o, To cua o, exposi o de la doc ina epicú ea en el De Finibus, Zenón de Sidón, escola ca en el 89 a.c., su alumno Filodemo de Gada a, Pa ón, e c. Resul a cu ioso que Cice ón no haga e e encia alguna a la iloso ía de Luc ecio, aunque pa ece que in e ino en la edición de su ob a en omo al año 54, once an es de su mue e, en el 43. En iempos de Sila la escuela epicú ea se io condenada al exilio. San Je ónimo (331-420), en los añadidos que in oduce en su aducción de las C ónicas de Eusebio, se in en a la his o ia del suicidio de Luc ecio a la edad de 44 años, enloquecido a causa de un il o amo oso. «Es comp ensible -dice Emou en la in oducción a su edición c í ica del De e um na u a- que la locu a y el suicidio ue an los cas igos in en ados po la imaginación popula pa a cas i- ga al impío que ehusaba c ee en la inmo alidad del alma y en la in luencia de los dioses, así como en el pode de los sace do es». A lo la go de los seis lib os de su poema Luc ecio se p opone expone en la ín las enseñanzas de Epicu o, a quien conside a, no sólo hipe bólicamen e, un dios que 5. Conche (M), Luc ece ou l'expe ience, Pa is, 1977, p. 9. Epicu o y su escuela 99 nos ha indicado el camino de la elicidad: deus ... ille ui , deus ... Idén icos elogios se epi en al comienzo de los lib os I, III, VI. El mismo Cice ón a es igua (Tusc. I, 21.48) que los seguido es de Epicu o le conside aban como un dios (agun eumque ene an u u deum) que les lib a de i anos insopo ables ( e o , me us). El epicu eísmo es una especie de so e iología médica, una medicina del alma (animi medica ionem, dolo is medicamen a (De Fin. II, 7, 21; seda ionem aninmi (Tusc. IV, 19, 62). Epicu o, como los dioses, es el modelo é ico a segui . Séneca lo esume muy bien (Ep. 25, 5): «ob a como si Epicu o e es u iese mi ando» ( anquam Epicu us spec e ). Epicu o es, según Bailey6, una especie de p edicado (p eache ) que expone su p opio e angelio (gospel). Sus seguido es eían en él el undado de una nue a eligión, has a el pun o de que lle aban colgado su e a o, lucían anillos con su e igie, ado naban sus copas con su imagen, e c. Salem7 encuen- a cie as simili udes en e los seguido es de Epicu o y la sec a K ishna. B unschwig8 compa a la elación de Luc ecio con Epicu o a la de un en e mo con su médico. La a macopea epicú ea iene como inalidad, según Po i io (Us. 221), expulsa el dolo del alma, del mismo modo que la medicina la de cu a los males del cue po. Semejan e a ea e a asignada a la iloso ía ambién po Demóc i o y hay muchos pasajes de Pla ón y A is ó eles que hacen uso de la compa ación en e la medicina y la iloso ía. Salem e en los e sos 1183-96 del lib o VI un cuad o clínico de la agonía, que ence aba ano aciones sacadas de los a ados hipoc á icos: « odo el p oyec o luc eciano y la E ica de Epicu o mismo pa ece es a inspi ada en el discu so de los médicos; la insa is acción y y el emo de la mue e son, según el poe a la ino, un mal al que sólo el ilóso o puede pone emedio». Pa a Boyancé9, Epicu o es el e dade o pu i icado . Luc ecio nos aconseja que nos es o cemos en echaza lo que puede daña nues o amo y di ige nues o espí i u hacia o os obje os (IV, 1063-4 ). Es necesa io que, como las abejas, ayamos de lo en lo , libando los au ea dic a de Epicu o. Es a pu ga men al, log ada a pa i de la po- ción a macéu ica, equi ale al e a a macon del epicú eo Diógenes de Oenoanda y al cuád uple emedio de la Ca a a Meneceo: no eme a los dioses (123-4), no eme a la mue e (124-7), sopo abilidad del dolo (127-30), log o de la elicidad (130-2). Luc ecio (VI, 680) pide a Memmio que omi e ue a de su espí i u los p e- juicios impíos que a ibuyen a los dioses algún in e és po las cosas humanas. La misma idea apa ece en Filodemo (pe i pa esias, . 18): «escupe de u boca como un alimen o ex año al mé odo de Epicu o al que no admi e la libe ad de palab a como écnica pa a la adquisición de la sabidu ía y de la elicidad». 6. Bailey (C), The G eek A omis s and Epicu us, Ox o d, 1926, p. 526. 7. Sale o (J), Te/ un dieu pa mi les hommes. L' E ique d' Epicu e, Pa is, V in, 1981. p. 10. p. 232. 8. B unschwig (J), «Luc ece» in Dic ionai e des philosophes, Pa is, PUF. 1984. 9. Boyancé (P), Luc ece, Pa is, PUF,1964, p. 14. 106 Ma celino Rod íguez Donís 66, 17 y 67). El seguido de Epicu o domina el place y no se deja ence po él. Es capaz de su i , bien pa a ob ene más place , bien po que el dolo sea ine i a- ble. Si no lo podemos sopo a siemp e es á en nues as manos sali -como dice Cice ón- del ea o de la ida. Pe o no pa ece que Epicu o de endiese ealmen e el suicidio, como se desp ende de la Ca a a ldomeneo. Pa a los epicú eos siemp e hab á en la ida del sabio más place que dolo : neque enim empus es ullum, quo non plus olup a um habea quam dolo um (De in. 1, 62). De odos modos, las mise ias y su imien os no nos pueden a ec a cuan- do ya no exis imos. No es la mue e la que nos a o men a sino el dolo que suele asocia se a ella, así como la idea de que deja emos, una ez que nos sob e enga, de goza de los place es de la ida. Es el amo a la ida de que habla Luc ecio (III, 1076-7) el que hace odiosa la mue e. Pa a Luc ecio el gozo sólo es posible aho- a, mien as i imos, impo ando muy poco la du ación del place . La iloso ía epicú ea no es como la pla ónica una mele e ou hana ou, una medi a io mo is, sino una in i ación a i i con pleni ud, siendo pa a ello necesa io libe a se del emo a la mue e. No emamos a la mue e po que la asociemos con el dolo , ya que si és e es in enso (syn onon) es b e e (syn omon), y el que hos iga la gamen e la ca - ne necesa iamen e es le e. Séneca (Ep. 24, 14) ecoge la misma idea que en el mundo la ino había desa ollado Cice ón (Tusc. V, 31, 38): leuis es si e e possum, b e is si e e non possum. No se ha de c ee que el hedonismo epicú eo ha su gido sin habe enido p eceden es en la iloso ía an e io . Po el con a io, en Demóc i o, en los ci enaicos, en Pla ón y sus seguido es y, sob e odo en A is ó eles, encon amos muchos ele- men os de la doc ina epicú ea, aunque, a deci e dad, eso no es a a la é ica de Epicu o o iginalidad. E ec i amen e, en Pla ón encon amos una p o unda e lexión sob e la necesidad de limi a nues os deseos y selecciona nues os place es. Así, en el Go gias (493c), conside a que sólo pueden se sa is echos los place es limi- ados. En la República (439d), ep ueba la alabanza que hace Calicles de los pla- ce es de los disolu os y , en coincidencia con Epicu o, sos iene (IX, 548b) que po na u aleza el place es cesación del dolo y el dolo cesación del place . En el P o ágo as (355c, 357b), p o esa una me iopa ía, según la cual, no odo place ha de se elegido ni odo mal e i ado. El dolo , dice Sóc a es, es un bien que nos li- b a de males peo es que los que causa el su imien o. El place es un mal cuando nos p o oca dolo es supe io es a los goces que de él se de i an. Pa a Pla ón lo que no pe mi e sos ene que el place sea el sumo bien es la ca encia de lími es, de jus o medio. Lo que ca ece de de e minación es lo máximamen e i eal. En el Filebo (149) dis ingue los place es que consis en en es au a un desequilib io dolo oso (comida y bebida) y los place es posi i os, añadiendo que casi siemp e an mez- clados place y dolo , si se excep úan los de la is a, el oído, el ol a o, la con em- plación de las o mas bellas, e c. Es p eciso busca un equilib io en e place y Epicu o y su escuela 107 i ud (ib. 63d). En el Timeo (86d) conside a que an e los place es ené eos el alma queda o almen e some ida al cue po. La Sen encia Va icana· 59 incide, como Pla ón, en la necesidad de limi a los deseos: «no es el ien e el que es insaciable (aples on), como dice la mul i ud, sino la opinión alsa sob e la epleción ilimi ada (ao is ou ple oma os) del ien e». No es el cue po el causan e de nues a mise ia sino el also azonamien o que exige sob epasa lo que la na u aleza eclama. Los bienes de la na u aleza -señala DL (X,12)- «es án con enidos en es echos lími es, mien as que las opiniones anas (kenai k iseis) siguen una ía sin in». En la Ca a a Meneceo (131) a ima Epicu o que «acos umb a se a comidas sencillas y sob ias p opo ciona salud y hace al hom- b e solíci o en las ocupaciones necesa ias de la ida, disponiéndonos mejo cuan- do alguna que o a ez accedemos a alimen os exquisi os, dejándonos impá idos an e el aza ». Ninguna azón ienen los ad e sa ios del epicu eísmo cuando sos ie- nen que es a iloso ía ecomienda los excesos de comida o los place es de los di- solu os. Sin emba go, sí que es la epicú ea una iloso ía del place , a eso no enuncia Epicu o jamás. De ahí que se haya podido deci que sus enseñanzas son pu as y mo ales, pe o nunca aus e as: «no es que noso os nos si amos siemp e de poco, sino que si no enemos abundancia, nos con en amos con poco» (Meneceo, 130). Es p eciso econoce , sin emba go, que hay una cie a coincidencia con la p édica cínica de la uel a a la na u aleza y al abandono de los a i icios de la ci- ilización. No pa ece, sin emba go, que se pueda habla de asce ismo, po que, de acue do con la Máxima Capi al 10, «si las cosas que p oducen place a los pe e - sos les libe a an de los e o es de la men e espec o de los enómenos celes es, la mue e y los su imien os, y además les enseña an el lími e de los deseos, no en- d íamos nada que ep ocha a és os, saciados po odas pa es de place es y ca en es siemp e del dolo y del pesa , de lo que es, en de ini i a, el mal». Sin emba go, el mismo Cice ón compa a a los epicú eos con los cínicos e insis e en lo poco con que se con en aba Epicu o: quam pa o es con en us (Tusc. V, 32, 89). Séneca (Ep. 16, 9) coincide plenamen e con la Máxima Capi al 5: «si i es de acue do con la na- u aleza, jamás se ás pob e; si según la opinión, jamás se ás ico». En la Epis ola. 17, 11, el maes o de Ne ón insis e en la misma idea: «pa a muchos adqui i ique- zas no pone é mino a su mise ia: es un cambio de mise ia». Y, inalmen e: «los deseos se ex ienden sin medida cuando se anquean los lími es de la na u aleza. Po que aquélla iene su lími e, los a ios impulsos de la concupiscencia son ilimi- ados». Nos cuen a Es obeo (Flo ilegio, XVII, 37) que «a uno que le p egun ó a Epicu o qué enía que hace pa a se ico, le espondió 'no aumen a los bienes, sino disminui las necesidades'». En la Ca a a Meneceo, 130: « odo lo na u al es ácil de consegui (eupo is on), lo ano di ícil». La clasi icación de los deseos en na u ales y necesa ios, na u ales pe o no necesa ios y ni na u ales ni necesa ios, apa ece, con pequeñas di e encias de ma- 108 Ma celino Rod íguez Donís iz, en la Ca a a Meneceo, 127 y en la Máxima 29. En la p ime a clasi icación los place es necesa ios no na u ales son is os de un modo más posi i o. Pe o la mis- ma clasi icación la encon amos en Pla ón (Rep. VII, 558d-559c; y en en II, 369cd). En el úl imo pasaje pla ónico ci ado se e ie e a la comida como a la p ime a y más g ande de las necesidades, y hace e e encia al cocinado de los alimen os, insis ien- do en la no necesidad de que sean e inados; pe o no es posible la uel a al sal a- jismo que, según se dice, in en ó Diógenes el Can al inge i ca ne c uda, aunque sin pode sopo a lo su es ómago. Hay una di e encia undamen al, según R. Lewis17 , en e Pla ón y Epicu o. El sabio debe conse a po impe a i o di ino (F edón, 62b) la ida en es a p isión en que se halla, cuidando su cue po con co- mida y bebida, pe o al mínimo (64d), po que lo e dade amen e necesa io es el conocimien o del Bien, in espi i ual del alma y uen e única de la elicidad. La iloso ía es una medi ación de la mue e y el cue po algo desp eciable. Pa a Epicu o, en cambio, lo más impo an e es no sen i u bación en el alma ni dolo en el cue - po. No puede habe elicidad sin place , ni place sin cue po. Los mayo es place- es son los del alma (D.L. X, 138); aunque, po o a pa e, a i ma que «p incipio y aíz de odo bien es el place del ien e. Incluso los ac os más sabios e impo - an es se e ie en a él» (Us. 509). Es e ipo de a i maciones i i an a Cice ón (De in. II. 27, 28) sob e mane a, pues o que, en su opinión, si Epicu o sos iene que «los place es y dolo es del alma nacen de los place es y dolo es del cue po», no pue- de, a la ez, a i ma que en la ejez y en la en e medad se puede se eliz con el ecue do del pasado y la espe anza del u u o. El ilóso o de Samos pod ía esponde que la paz del alma se consigue cuando sa is acemos nues os deseos den o de los lími es na u ales y no sen imos ninguna al a ni necesi amos nada pa a comple a su bienes a (Men. 128). Polís a o, suceso de He ma co en la di ección del Ja dín, a i ma que «los que conocen ec amen e la ciencia de la na u aleza (physiologésan as o hos) saben lo que es posible e imposible, y la alsedad de lo que se ansmi e con o me a los mi os (ka a ous my ous) o las opiniones anas del ulgo, des e ando odo emo o oda conje u a impía y odas odas las o as a ecciones del alma que nacen de las opi- niones acías y alsas, p epa ando una ida lib e de odas las cosas que apo an u bación, así como de oda igno ancia, engaño u opinión alsa» (col. 5b 9-7a 8). Dado que sólo la iloso ía pe mi e pone lími es a nues os deseos y a la a i- dez de nue os a i icios some iéndolos a la na u aleza, algunos es udiosos es iman que la clasi icación epicú ea (de los deseos) no es á su icien emen e acabada, pues o que la iloso ía, la amis ad y la pasión es é ica, .g., debe ían es a incluidas den- o de los deseos na u ales. Así lo c ee, po ejemplo, Conche 18 , basándose en que 17. o.e., p. 176. 18. Conche (M.) Epicu e. Le es e Maximes, Ville s -su -Me , Ed. de Méga e, 1977, p. 65. Epicu o y su escuela 109 Epicu o conside a, e. g., la amis ad como el mayo bien, has a el pun o de que es más necesa io el amigo con quien compa i que lo que se haya de compa i . Res- pec o del amo , dice, po una pa e (DL X,6), que el gozo sexual es un bien, pe o, po o a (D.L. X,118), sos iene que no es p o echoso y que hemos de cuida de que no nos pe judique. También Pla ón (Fed. 64d-e) condena los place es sexuales, mien as que A is ó eles (E . Nic. III, 13, 1118b) los conside a na u ales. Lo que Epicu o ealmen e condena son los excesos, no los place es sexuales, a pesa del ono de ensi o de la C. a Men. 131. En la Máxima 30, como hemos señalado, a i - ma que nada hab ía que obje a a los disolu os si se a u ie an a la limi ación de los deseos; lo que i i aba una ez más a Cice ón po que eso equi ale, según él, a deci que ap ueba la ida de los disolu os si no son disolu os. El deseo de con empla la belleza es á den o de las mo phai de que habla D.L. (X, 118), aunque Epicu o, al mismo iempo, echaza la poesía homé ica y condena a los poe as, siguiendo la cos umb e g iega desde Jenó anes a Pla ón (Rep. X, 598b- c ). Luc ecio, que desoye a Epicu o en lo de la poesía, a i ma (V. 1174) que lama- yo elicidad se o igina a pa i de la con emplación de las imágenes de los dioses, de g an belleza (jacie p aecla a). Po el sumo bien epicú eo ha de en ende se, siguiendo a Cice ón (Tusc. 111, 18, 41), los place es del gus o, los del amo ( ebus ene eis), la música (audi u e can ibus) y las sensaciones ag adables que las mani es aciones de la belleza p o- cu an a nues os ojos (quae ex o mis pe cipiun u oculis, sua es mo iones) y, en gene al, los es an es place es que en odo homb e se gene an po cualquie sen i- do (quolibe sensu). Pe o la iloso ía no sólo nos enseña a dis u a mode adamen e de los place- es. Es muy impo an e que conozcamos qué cosas no debemos eme : los dioses y la mue e. «Todos los males, asegu a Luc ecio (lll, 59ss), los engend a el emo a la mue e: la a a icia, la ciega ambición de los hono es, que obliga a los hom- b es a iola las on e as del de echo ( ines iu is), haciéndoles cómplices y se i- do es del c imen (socios scele um a que minis os), empeñándose día y noche con cons an e abajo po escala el pode (ad summas eme ge e opes), ales llagas de la ida son alimen adas po el emo de la mue e». El in de la ida es á en e dad ijado a los mo ales, sin que nadie se escape de compa ece an e la mue e (Luc .III, 1078). F en e a ella odos los homb es habi an ciudades sin mu allas (M. C. 21). Los homb es po emo a la mue e se en obligados a ella: imo e mo is cogun u ad mo em (Us. 497), no sopo an el desp ecio in aman e ni la ama ga pob eza; po eso, obligados po un ano e o ( also e o e coac i), amasan iquezas con sang e ciudadana (sanguine ci ili), mul iplican con a idez su caudal, acumulando c imen sob e c imen; gozan, c ue- les, con el is e une al del he mano, odian y emen la hospi alidad de los pa ien- es (Luc . 111, 65-73). El emo a la mue e inspi a en los humanos odio a la ida 110 Ma celino Rod íguez Donís y a la luz, de modo que no es posible, mien as es á p esen e, ningún place (Luc . III, 40). Unicamen e la con emplación de la na u aleza y la ciencia (na u ae species a ioque) pueden disipa es as inieblas y el e o del espí i u. Cuando, a a és de la iloso ía, hemos ap endido a libe a nos del emo , somos capaces de ob ene place es pu os y el deseo de i i , que es el más an iguo de los deseos, según Plu a co ( aduc. Amyo . 1, p. 743). Luc ecio, sin emba go, no es ima jus i icada nues a desazón po odas las cosas que abandonamos; es una ilusión que su ge del hecho de que nos imagina- mos que ellas han desapa ecido y noso os aún es amos. Noso os desapa ecemos jun o con los goces; po an o, nunca sucede á que es emos sin ellos si hemos dis- u ado o es amos dis u ando. Pe o no sólo la mue e p o oca en el homb e un cúmulo de sac i icios, am- bién la eligión que hace in e eni alsamen e a los dioses en el mundo y exige que haya unos homb es enca gados de in e p e a su olun ad pa a comunicá sela a los demás; apa ecen así los sace do es, los p o e as y los adi inos. Su gen el in ie no y el cas igo di ino. Los sace do es dicen a un pad e que debe sac i ica a su hija pa a que soplen los ien os. Cada una de las pasiones humanas iene su mi o in e nal en es a ida. Tán olo ep esen a el emo an e los dioses, Ti io la angus ia y la ansiedad del aman e, Sísi o la ambición. Cada uno es el au o de su p opio in ie no. El insensa o e incon inen- e, incapaz de limi a sus deseos y pasiones, se sien e insa is echo. No se inc emen a el place de la ca ne, una ez que ha cesado el dolo , sino que sólo se colo ea -poikile ai- (Máxima Capi al 18). El amaño y el lími e de los place es es la eliminación del dolo (Máxima Capi al 3). En el a omismo epicú eo hay unos p incipios y lími es on ológicos: no puede habe in ini ud de o mas (con- a Demóc i o), ni in ini as a iaciones de los indi iduos den o de la especie, sino que «cada cosa p ocede a su mane a y odos conse an sus ca ac e es dis in os según una ley inmu able»: Omnes oede e ce o disc imina se an (Luc . V, 923- 4). No es posible que un homb e hinque sus pies en el ondo del ma o que haga gi a con sus manos el cielo, o que el á bol lo ezca diaman es o que «los cen au- os puedan nace o exis i en el semen de los caballos» (V, 890-915). Has a el mismo clinamen iene una de e minación: «es p eciso que los á omos declinen un poco; sólo el mínimo posible (nec plus quam minimum). El homb e a medida que a descub iendo nue os a i icios placen e os, con- sume su ida en acíos cuidados y es sin duda po que no conoce el lími e de la posesión ni sabe has a dónde puede c ece el e dade o delei e quae si habendi inis e omnino quoad c esca e a olup as (V, 143-5). La música, el can o, la danza, e c., delei an el espí i u, una ez saciada el hamb e, pues en onces cualquie cosa es gozosa (V, 1390-1). Sa is ace la necesidades exige poco, pe o hay un minimum y un maximum, po debajo o po encima de los cuales se su e. Saciada el hamb e Epicu o y su escuela 111 -dice Luc ecio (1394-405)-, « endidos en g upo po el césped sua e, cabe un a oyuelo, a la somb a de un á bol copudo, con poco dispendio (non magnis opibus) egalan sus cue pos, sob e odo cuando el cielo son eía y la es ación del año pin- aba con lo es el e do de la hie ba. E a el momen o de los donai es, la cha la, la dulce isa ... ». El place es el p incipio y el in de la ida eliz: a khen kai elos (Men. 129). Si no enemos dolo en el cue po (co po e seiunc us dolo ) ni inquie ud o emo en nues o espí i u (men e ua u iucundo sensu cu a semo a me uque), nada más eclama la na u aleza (11, 16-9). Ca ece de dolo es el máximo place (summam olup a em), no hay es adio in e medio (De in. 1, 2, 38). Place equi ale a eposo (nisi quie um nihil au em bea um es ) (DND 1, 20, 52). Ni siquie a la di inidad puede se eliz ac uando: agens aliquid ne deus quidem esse bea us po es (ib. 16, 102) Si no su imos no necesi amos place (Men. 128) El place sup emo consis e, pues, en no necesi a el place . 111. NATURALEZA DEL PLACER O place o i ud. Con esa disyun i a se plan eaban los espec i os si emas mo ales helenís icos sus disc epancias sob e el sumo bien. Tan o los epicú eos como los es oicos es aban con encidos de la posibilidad de una ciencia sob e la conduc- a en la que se de iniesen ní idamen e los concep os de bondad mo al, de place y i ud. Los escép icos, po el con a io, no c eían que uese posible una ciencia de la mo al, ni que se pudiese de ini la esencia del bien, de la i ud o del place . Sex o Empí ico, en Con a mo alis as y en el lib o 111 de las Hypo iposis pi ónicas, discu e la gamen e ambas eo ías, y demues a la alacia en que incu- en los que sos ienen la esis de la supe io idad de la conduc a (animal o huma- na) que es capaz de sac i ica se po la amilia, los amigos, la pa ia, enunciando, lógicamen e, al place . Así p e endían los es oicos demos a la alsedad de la esis epicú ea que asen aba sob e el place odo el edi icio de la mo al. Pa a los es oi- cos el place no es lo que buscan los se es i os al nace , como dice Epicu o, sino la conse ación. Luego el place no es el bien de la na u aleza. Pa a Sex o, los animales u homb es que luchan has a mo i lo hacen po el place de la ic o ia y, en de ini i a, en el caso de los homb es, a causa de sus opiniones. Los o os, los gallos o los leones, e g., pueden lucha has a la mue e, pe o lo hacen, según Sex o, po a án de lide azgo (nikan kai hegheis hai), es o es, po el place que expe imen an. Pe o ningún animal, según los es oicos, pa icipa de la sabidu ía, luego no pueden ene en conside ación el bien o el mal, decla ados in- di e en es po los es oicos: «los que apa en an ene una conduc a pa ió ica pue- den hace lo po place , aunque ello suponga a iesga la ida. Se a a de pe sonas 112 Ma celino Rod íguez Donís que se dejan lle a po sus c eencias ( eligiosas, polí icas, e c.), echazables en cualquie caso po el sabio es oico, que jamás acep a á que su conduc a se egule po la opinión» 19 • En el Con a Mo alis as (96) dice Sex o que, según los epicú eos, los animales buscan el place na u almen e, sin ap endizaje (adidak os), ya que.el ecién nacido aún no es escla o de las opiniones (doxon douleuon), llo a y g i a an p on o como se en ía; pe o el dolo no debe se e i ado comple amen e, ya que sin él no se adquie en ni las ciencias ni las a es (ib. 97). La causa de los bienes no puede se un mal, pues o que sabe , iqueza y muje amada se adquie en con el es ue zo. El su imien o ambién puede, en de e minados casos, p oduci salud, luego no es líci o a i ma que el dolo sea malo po na u aleza (Hip. Pi . III, 98). Po o a pa e, el place , y el consiguien e conocimien o ace ca de él, es á some i- do a modi icaciones: lo que en una ocasión nos esul a ag adable, en o o momen- o nos pa ece lo con a io. Pe o, sob e odo, si pa a Epicu o el place es el bien del alma, «¿cómo de un mon ón de á omos (a omon so oi) pueden nace el place , el asen imien o y el juicio de lo que es p e e ible y bueno y de aquello que es malo y e i able?». No hay posibilidad de esponde a quien p egun e po qué sen imos place . Lo cie o es que los sen idos y las emociones o a ecciones consguien es de place y dolo son c i e ios i e u ables den o de la gnoselogía epicú ea, que es ima, como el escep icismo sex iano, e iden e y sin necesidad de demos ación que sen imos dolo o place ; o a cosa es que los escép icos no acep en de modo dogmá ico, como los epicú eos, que lo que los sen idos pe ciben sea al como lo pe ciben. La pugna epicú eos-es oicos no implica que aquéllos no p ac iquen las i u- des o no las c ean dignas de se enidas en cuen a en nues a conduc a. Al con a- io, Epicu o decla a que las i udes son necesa ias pa a se eliz, y que los icios son echazables; sólo que el c i e io pa a de ende unas y o os se asien a en el place o dolo que, espec i amen e, conlle an. El hedonismo epicú eo a anca, según Cice ón (Tusc. V, 33, 95), de la conside ación de que el place es deseable po sí mismo (uolup a em pe se ipsam) y, po la misma azón, el dolo ambién es echazable po sí mismo ( ugiendum). «Ni el desempeño de los abajos ni la ole ancia de los dolo es ienen a ac- i o po sí mismos, como ampoco lo ienen la paciencia, la pe se e ancia, los des elos, la labo iosidad an alabada, ni siquie a la o aleza, pues cul i amos esas i udes pa a i i sin p eocupación y sin miedo y pa a lib a , en lo posible, de incomodidades al cue po y al alma». Esa es la unción de las i udes en el sis e- ma epicú eo, al como la pone Cice ón en boca de To cua o (De Fin., 1, 15, 49). La jus icia no es deseable po sí, sino po el mucho goce que p oduce :sed quia 19. Rod íguez Donís (M). «Fundamen ación gnoseológica de la é ica escép ica», F agmen os, 3 (1994), 168-199. Epicu o y su escuela 113 iucundi a is e/ plu imum ad e a (ib. 1, 16, 53). El u o de la jus icia es la a a- axia (Us. 519). «La glo ia de la jus icia es la con ianza del juicio y la in epidez (a hambie), pe o su in es el miedo a la desg acia» (Demóc i o, 68B 286). No se- íamos i uosos si no ob u iésemos place (M.C. X). No odo dolo ha de se e- chazado ni hemos de segui cualquie place (Men., 130). Hay que e i a el place si de él se sigue un dolo mayo ; hay que acep a el dolo si p oduce mayo place (Cic. Tusc. 33, 95). El hedonismo epicú eo ha sido conside ado como un u ili a is- mo e inado: «con iene juzga odas las cosas con el cálculo (symme esei) y la con- side ación de lo ú il y de lo con enien e, po que en algunas ci cuns ancias nos se imos del bien como de un mal y, ice e sa, del mal como de un bien» (Men., 130). Epicu o ponde a, siguiendo a Demóc i o y a A is ó eles, la i ud de la p u- dencia: «Todas las i udes nacen de la ph onesis (p udencia), que es más impo - an e que la iloso ía po que enseña que no es posible i i eliz sin i i sensa a, hones a y jus amen e, ni sensa a, hones a y jus amen e sin i i eliz» (ib. 132). En Demóc i o (DK 68B 294) se a i ma: «la emplanza aumen a las sa is acciones ( e pna) y hace hace oda ía más g ande el place ». «Escupo sob e lo bello mo al y los que anamen e lo admi an cuando no p oduce ningún place » (U s. 512). Cice ón (De in. 11, 4, 45) ep ocha a Epicu o el incumplimien o, a causa de su igno ancia de la dialéc ica, de los p ecep os lógicos de una buena de inición: «a la ho a de conc e a la na u aleza del bien, del lími e y, sob e odo, del place , sob e el que e sa oda es a discusión ... O bien Epicu o igno a lo que es el place o lo igno- an odos los mo ales que exis en en el mundo ... Unas eces dice que no se puede comp ende dónde se puede encon a o en qué consis e o o bien que no sea el que se ecibe de la comida (cibo), de la bebida (po ione) o del delei e del oído (au ium delec a ione) y el place camal. ¿No son és as sus palab as? Pe o en o as ocasiones de ine el place como ausencia de dolo (nihil do/e e) y a i ma que el place no puede se buscado po sí mismo. Pe o una cosa es expe imen a aleg ía y o a ca ece de dolo (aliam e o im olup a is esse aliam nihil dolendi). Es ima Cice ón (ib. 11, 9) que deben di e encia se el place y la ausencia de dolo , a pesa de que el epicú- eo To cua o se esis a y es ablezca dos ipos de place : el es á ico, una ez calma- da la sed, y el ciné ico, mien as se bebe. ¿Po qué da el mismo nomb e a cosas di e en es? To cua o esponde a Cice ón que, eliminando odo el dolo , el place cambia pe o no aumen a ( a ia i, non auge i). Cice ón no es á de acue do con que se llame place a la ausencia de dolo y, os en ando sus conocimien os lingüís icos, dice abie amen e: «noso os no comp endemos de qué place habla Epicu o (quam dici Epicu us olup a em). ¿Po qué, si es á de acue do con Je ónimo en que el sumo bien es i i sin dolo , p e ie e llama lo place , an es que ausencia de dolo ( acui a em dolo is)?». To cua o (De in. 1, 37) había sos enido que «el place sup e- mo se expe imen a cuando se ha sup imido odo el dolo . En e ec o, cuando queda- mos lib es de dolo , la misma libe ación y ca encia de oda moles ia nos causa gozo. 114 Ma celino Rod íguez Donís Si, pues, odo lo que nos hace goza es place , del mismo modo que es dolo odo lo que nos las ima, con azón se llama place a la ausencia de dolo ». En consecuen- cia, Epicu o no quiso admi i un es adio in e medio en e el place y el dolo , a di- e encia de los ci enaicos, que ubican en esa anja in e media la aponia. Cice ón no se deja pe suadi po las éplicas de To cua o y es ablece que nadie puede admi i que la ausencia de dolo y place sean la misma cosa (idem esse ideau u ). Hay es es adios: place , dolo , y ni lo uno ni lo o o (nec in do/o e nec in olup a e). Si se unen la ca encia de dolo con el place se ienen dos sup emos bienes (ib. 2,19). Eso no se ía así si Epicu o acep ase la de inición de la uolup as de A is ipo: lo que mue e dulce y sua emen e los sen idos (dulci e ac iucunde). Epicu o in en a sin e iza la pos u a de A ís ipo y de Je ónimo, pe o el p ime o jamás elacionó place con ausencia de dolo , y el segundo ni siquie a menciona el place en e las cosas deseables (expe endis). Se a a de dos cosas dis in as eal- men e (unum es sine do/o e esse al e um cum uolup a e). Si Epicu o iden i icase la ausencia de dolo con el place debe ía se c í ico con los que buscan á idamen e oda clase de place es, pe o da la imp esión de que si no le «de u ie a el espe o humano, no hab ía acción an e gonzosa que no come ie a po el place que de ella pudie a de i a se» (ib. 11, 28). El place , según Cice ón, no puede se el sumo bien. Rechaza además la cla- si icación epicú ea de las pasiones po es a mal hecha, pues debe ía dis ingui en e lo na u al y lo no na u al, no en e lo na u al y lo necesa io. Pe o lo que es más impo an e, ¿cómo se pueden pone lími es a las pasiones? ¿Se puede se adúl e o con mode ación, a a o, pe o limi adamen e, e c.? ¿Es lo mismo habla de deseos o inclinaciones na u ales que de pasiones? Sabemos po D. L. (IX, 45) que Demóc i o «si uaba el e/os en la se enidad del alma (eu hymia), que no es idén ica al place , sino aquel es ado en que el alma se man iene en calma (galenos) y en equilib io (eus a hos), no u bada po emo alguno o po miedo a los dioses (deisidaimonia) o po o a pasión cualquie a. Tam- bién la llama Demóc i o bienes a (eues o) y con o os muchos nomb es». Epicu o (X, 36, 7; p. 161 A ighe i) sos iene que la al a de u bación en el alma (a a axia) y de dolo en el cue po (aponia) son place es es ables (ka as ema ikai hedonai), mien as que la aleg ía (kha a) y el gozo (euph osyne) son po su ac i idad (ene geiai) place es en mo imien o (ka a kinesin). Los es imonios de Epicu o so- b e cuáles son los e dade os place es pa ecen con adeci se. Si compa amos el . 67, ya ci ado, en el que iden i ica el place con las sensaciones (gus o, amo , oído, e c.) con lo que dice en la Ca a a Meneceo 131, donde pa ece sólo admi i place- es ca as emá icos, se c ee ía que es amos an e dos concepciones di e en es. En e ec o: «cuando decimos que el place es el in no nos e e imos a los place es de los disolu os o a los que se dan en el goce, como c een algunos que no nos cono- cen o nos malin e p e an, sino a no su i dolo en el cue po y u bación en el alma». Epicu o y su escuela 115 En D.L. (11, 89): «la sup esión del dolo , que pa a los epicú eos es el place , no se se lo pa ece así a ellos (los ci enaicos). Ni la ausencia de place , dolo , po - que ambos, place y dolo , es án en mo imien o, y ni la ca encia de dolo o de place es un no mo imien o. El no ene dolo es el es ado en que se due me». También es á en esa línea Clemen e (Us. 451): «Los ci enaicos echazan la de ini- ción epicú ea de place , i.e., la sup esión del dolo , siendo es e es ado p opio de un cadá e , po que dicen que noso os no gozamos sólo con el place , sino ambién con los hono es, las elaciones sociales, e c.» Recien emen e Je ey S. Pu in on20 ha sos enido que, aunque acep ásemos la p emisa de que gozamos con la ausencia de dolo , no se sigue de ahí que la ausencia de dolo sea place , pues o que gozamos con o as cosas; luego la p emisa de To cua o « odo con lo que gozamos es place » (omne id quo gaudemus uolup as es ) debe se examinada de modo c í ico. Po su pa e, And é Lacks 21 es ima que en es a polémica an igua media on además de los dos A is ipos, Anníce is y Hegesias (ne- gado de la exis encia de la amis ad, la g a i ud, los bene icios; pa a él el elos e a i i sin dolo ni a licción). Pa a Anníce is no había ningún in de la ida consi- de ada como un odo, sino que el elos de cada acción es el place que a anca de ella. Según Plu a co (Us. 68), «el equilib ado es ado del cue po (eus a hes ka as ema) y la expec ación con iada espec o de él son, según Epicu o, la más g ande y segu a aleg ía pa a los que son capaces de pensa (ak o a en kha an kai bebaio a en). Epicu o ealmen e supone que la aponia es un place po que nos aleg amos de no su i , y odo lo que nos aleg a es place . Escapa al mal es, pa a los epicú eos, obje o de place (kha on), según Plu a co (Non posse, 109la-b). De ahí que Pu in on sos enga que no sólo el e dade o obje o de aleg ía es el place , sino que el e dade o place es obje o de aleg ía. Luego Epicu o debió dis ingui en e la aleg ía (kha a) y el obje o de la aleg ía (kha on). Mien as que los ci enaicos de inen el place como un mo imien o sua e de los sen idos, Epicu o lo de ine como el obje o de la aleg ía: id quo gaudemus. Po an o, la aleg ía no es un ipo de place , po que, de se lo, end ía que habe a i mado que és e es algo con lo que gozamos o nos aleg amos, y es o supone un p oceso al in ini o. Epicu o, en con- clusión, según Pu in on, no c eyó que la kha a uese hedone, sino un es ado in en- cional que iene el place como obje o. Sedley y Long22 c een que kha a y euphosyne son dos é minos pa a designa el place ciné ico, en con a de lo que sos iene Pu in on. 20. Pu in on (J.), «Epicu us on e/os». Ph onesis, ol. 38/3. 1993 21. Lacks (A.),«Annice is e les plaisu es psyquiques. Quelques p é a ables doxog a iques», S udies in Hellenis ic phi/osophy, Camb idge, 1993, pp. 18-94. 22. Sedley (D.) y Long (A.), Hellenis ic Philosophe s ol.11. Camb idge, 1987, p. 125. 122 Ma celino Rod íguez Donís El ínculo en e odos los seguido es e a la amis ad, i ud celeb ada po Demóc i o, Pla ón, A ~s ó eles, epicú eos y es oicos. El Es agi i a (E.N. 8. l. 1155, 12-3) a i ma que en la pob eza y en el in o unio los amigos son el único e ugio. Pa a Epicu o (S.V. 34) los amigos son con enien es no po que los necesi emos eal- men e sino po la anquilidad que nos p oduce pensa que, si la ocasión se p esen a, podemos con a con ellos. Es a con ianza (pis is) en la ayuda es esencial pa a la amis ad. Los epicú eos, según D.L. (X, 10), siemp e han dado p uebas de soco e se unos a o os en las desg acias. Pe o es p eciso señala que la amis ad a anca de la u ilidad ( o symphe on); lo que no signi ica que los amigos, en el Ja dín, sean necesa ios pa a ines polí icos, ya que Epicu o aconsejaba el «misopoli ismo». Tampoco la amis ad se busca en unción del dine o, pues o que el epicú eo se con- en a con poco, y la na u aleza p o ee lo necesa io. La amis ad se busca, sob e odo, po el place que p oduce y po que sin ella no se puede i i segu o y sin miedo (sine ea u o e sine me u i i non po es ) (Cic. 1, 68). Pa iendo de que la amis ad se cimen a sob e la u ilidad (S.V. 39) hay que log a una mezcla equilib ada en e egoísmo y al uismo. Al p incipio se busca al amigo po la u ilidad (Cic. De. Fin. 1, 68), luego se le ama po sí mismo (ipsum ama i pe se), ¡aun sin la espe anza de place ! Los epicú eos a díos hab ían mo- di icado, según Cice ón, la doc ina o igina ia, al a i ma que «aunque no se siguiese u ilidad alguna de la amis ad, los amigos debe ían ama se po sí mismos ( ipsi amici p op e se ipsos ama en u ). La amis ad es á po encima de las leyes y hay un pac o en e los sabios, que aman a sus amigos como a sí mismos (De Fin. 1, 20, 70). La mayo ía de los homb es, al no alcanza la sabidu ía, necesi a las leyes: «si odo el mundo uese capaz de e y eco da lo que es con o me al in e és, no se necesi- a ían leyes, sino que cada uno e i a ía hace lo p ohibido y ha ía espon áneamen- e lo p esc i o», al como decía He ma co (en Po i io. De abs in. 1 8.4). En el es ado de na u aleza, según Me odo o, sin con a os y sin leyes, los homb es se come ían unos a o os, pues o que se compo an de acue do con el lema de Plau o (Asina ia. . 477): lupus es ho no homini. A ighe i34, en su análisis de la M.C. 28, en la que se a i ma que la amis ad es la ga an ía con a la insegu idad, sos iene que si la amis ad con ibuyese como la Física a disipa los emo es, es a ía asen ada en la na u aleza misma, con lo que el al uismo se ía una uel a al es ado de na u aleza. Pe o, como señala Salem35, lo que es a in e p e ación iene a sos ene es que hay una especie de sociabilidad na u al en el o igen, lo que con as a con la esis epicú ea del su gimien o de la amis ad a pa i de la u ilidad. Además, ¿cómo puede se conside ada como un deseo 34. A ighe i (G.), «Philia e Physiologia: ondamen i della amizizia epicu ea». in Ma e iali e discusioni pe l' analisi dei es i classici, l. (1978), 49-63. 35. Tel un dieu pa mi les hommes, o.e., p. 165 Epicu o y su escuela 123 na u al desde el momen o en que es una elación con o o se lib e y au ónomo? ¿No es el sabio au á quico? Epicu o lo a i ma cla amen e (Séneca. Ep. 9, 1). Algunos in en an da una explicación de la amis ad a i mando que los á omos de los amigos, si son simila es, se in e cambian en e sí. Pe o odo es o esul a muy ex año, como dice Plu a co (Ad . Colo .), pues o que seguimos siendo amigos a pesa de la dis ancia y sin pode explica la posibilidad de los in e cambios. El amigo llega a se una especie de al e ego: «el amigo llega a se lo mejo de mí mismo. Su mi ada sal agua da la impa cialidad cuando la pasión iende a cega me ... es un bien inmo al» (S.V. 78). Cice ón (De Fin. 1, 20, 69) es ablece que la amis ad, como o ma de comu- nicación a a és del lenguaje, se desa olla en es e apas: l) po in e és (ma e ial y/ o espi i ual) y po place , 2) incluso sin la u ilidad, 3) si alcanzamos la sabidu- ía, ama emos a nues os amigos como a noso os mismos (ib. 20, 70), has a co- e cualquie iesgo (incluida la mue e) po ellos. Con iene di e encia , no obs an e, en e el plano es ic amen e ju ídico-social, que debe se su icien e pa a la sal agua da en e a los o os homb es, y el plano de la amilia o el en o no más p óximo de la comunidad, que no se basa en el pac o. Ahí es donde se ins ala con alo de no ma la amis ad. Según Luc ecio, en el su- pues o o igen y e olución de la humanidad, la amis ad ocupó el p ime plano, ya que « ecinos unos de o os, empeza on a uni se en amis ad ( une e amici iem coepe un iunge e), deseosos de no su i ni hace se mu uamen e iolencias (auen es ini imi in e se nec laede e nec iola i); y en e sí se encomenda on a sus niños y muje es, indicando o pemen e con sus oces y ges os se de jus icia que odos se apiada an de los débiles. Así y odo no podía se gene al la conco dia; pe o una buena pa e de ellos obse aban los pac os con esc úpulo; si no, ya en onces el géne o humano hubie a pe ecido ... ». La amis ad es el ínculo que une a odos los homb es, aunque sólo un g ie- go, Epicu o, según F eduille36, « ansciende , en un sen ido, la ci ilización en la que nació». Una nación bá ba a, según Luc ecio, no hubie a podido engend a al c ea- do de una nue a écnica que pe mi e a los homb e alcanza , median e el place , la elicidad, una ez alejado el emo a la mue e y a los dioses, que no in e ienen pa a nada en la his o ia social y ecnológica de los homb es. V. LA NOCIÓN DE PROGRESO EN EL EPICUREÍSMO El homb e ha su gido de la combinación aza osa de los á omos, sin que nin- guna p o idencia haya in luido en su apa ición o en la del mundo. En la ísica 36. F eduille (J.C.) «Luc ece e le 'double p og es con as an '», Pallas, (1972), 11-27. 124 Ma celino Rod íguez Donís a omis a sólo el choque de los á omos puede da azón de odos los enómenos, sin dis inción on ológico-je á quica de escalas. En el e eno de los en es a i iciales, la azón úl ima de odo se encuen a en la p oyección de la in eligencia humana a pa i de la expe iencia. La con aposición na u aleza-a i icio juega un papel p imo dial en la iloso- ía de Epicu o. De modo que, po una pa e, se dice que «son an os sus de ec os - an a s a p aedi a culpa-, que no puede se ob a de un dios» (Luc . 11, 181-2); V. (199); pe o, po o a, se admi e que la mo al y el conocimien o se adquie en e- niendo a la na u aleza como no ma. ¿Cómo concilia lo no ma i o con el deso den? Si la na u aleza es a ekhnos, ¿cómo puede se modelo? En es o -señala lsna di Pa en e-37 Epicu o no siguió a Demóc i o, pa a quien la na u aleza eje ce una ac- i idad demiú gica y a esanal, que si e de modelo a los homb es an o en la es- e a de lo ino gánico como en la de los i ien es. El a e es una imi ación del com- po amien o na u al, no ap endido. Luc ecio, a di e encia de Epicu o, pa ece segui muy de ce ca las in e encias analógicas en el conocimien o écnico. El homb e obse a la na u aleza y la some e a expe imen ación, haciendo lo que p e iamen e ha is o. De es e modo unde, a i ialmen e, los me ales y ab ica he amien as. Pe o ambién en el o den mo al, según él, la na u aleza es no ma. Y cuan o más nos ale- jamos, po medio de los a i icios de la ci ilización, de ella, más necesidades nos c eamos y más in elices somos, al no pode sa is ace las. En el es oicismo, po el con a io, la di inidad se iden i ica con la na u ale- za, eco iéndola «Como la miel po los panales» (sicu mel pe Ja os). La di ini- dad es py aeidsoon, uego a í ice ( ekhnikon), gene ado y po ado de odas las semillas seminales (logous spe ma ikous), po cuya acción odo se p oduce nece- sa iamen e (SVF. 1, 153). Epicu o, po el con a io, explica el mundo a i icial, según Lewis38, «sin hace e e encia a una no ma inmanen e que o ien e su pensa- mien o, su palab a y su ac i idad». La sociedad polí ica no es na u al. El pac o de iene un medio lib emen e acep ado po un acue do acional. A la ho a de desa olla la concepción epicú ea sob e el o igen de la sociedad y las consecuencias de los p ocesos ecnológicos, hemos de e e i nos, a al a de ex os o iginales de Epicu o, a Luc ecio, a Diógenes de Oenoanda y a Diodo o Sículo, sob e el que no se sabe exac amen e en qué uen es bebió: si en Epicu o, en Reca eo de Abde a, en Demóc i o, P o ágo as o, simplemen e, en la li e a u a helenís ica. Cole39 es ablece un pa alelismo en e Diodo o y Luc ecio. La e dad es que las huellas de es a p oblemá ica se emon an a los poe as á- gicos y a Pla ón, quien ein oduce el mi o de P ome eo pa a explica el o igen de 37. Techne. Momen i del pensie o g eco da Pla one a Epicu o, Fi enze, Nuo a I alia, 1966, p. 392. 38. o.e., pp. 306 y 321. 39. Democ i us and he sou ces o g eek An opology, The Ame , Philol, As., 1967. Epicu o y su escuela 125 las a es po medio del uego sag ado que oba a los dioses (P o . 321). Los hom- b es, en el o igen, i ían sepa ados (spo aden), an es de uni se pa a de ende se de las bes ias y c ea el a e polí ico (322b). En la desc ipción del modo de ida p imi- i o le siguen Diodo o y Luc ecio, que u iliza pa a e e i se a es e es ado el é mi- no olgi agus. Igual que los ágicos y Pla ón se ec ea en el mi o de la edad de o o, aunque desechando las e siones que no le pa ecen compa ibles con Epicu o. Así, e- chaza la amis ad idílica en e las especies que había in oducido Empédocles ( . 130). En V, 1379 sigue a Demóc i o: «el homb e imi ó con su oz el ino de las a es ... ». En V. 1108 se opone cla amen e al P o ágo as: «cualquie a de es as dos causas puede habe dado el uego a los homb es ... ». Pa a él cualquie explicación es álida con al de que no se base en la supe s ición. Al desc ibi la apa ición de la me alu gia (V. 1273), se complace en señala «cómo con el oda del iempo cam- bia la sue e delas cosas». En e las muchas inno aciones des acan la undación de las ciudades y la ealeza: «los eyes empeza on a unda ciudades que les se ían de descanso y e ugio» (V. 1108). Pe o los homb es aún no conocían la e dade a sa- bidu ía, la iloso ía de Epicu o: «no sabían que la mayo iqueza del homb e es á en i i pa camen e y con ánimo se eno (pa ce aequo animo)». La ambición ue la causa e dade a de que la ciudad y los pode osos, los icos y bellos, ue an codiciada p esa de gen e á ida de piso ea «lo que una ez emió demasiado». Asesinados los eyes a mano del pueblo u bulen o, hubo quienes enseña on a elegi magis ados y a unda los p incipios del de echo. Los homb es se some ie on de buen g ado a las leyes y al de echo es ic o (spon e sua cecidi sub leges a aque iu a). Temían io- la el pac o social l oede a) y el cas igo po iola lo, si e an descubie os o dela a- dos. En ese momen o se quie e da azón de las imágenes y igu as eg egias de los dioses, do ados, sob e odo en sueños, de cue pos gigan escos. Las alsas supe s i- ciones, p incipalmen e las e e iadas a la As ología, se deben a la incapacidad pa a juzga po qué se p oducen es as cosas (quibus id ie e cognosce e causas). Pe o nada se debe a los dioses ni de nada si e pedi su ayuda (V, 1230). La u ilización de los me ales hace más ácil la ida, pe o aumen a los peli- g os de la gue a, que, a pa i de aho a, se decide po el ma e ial con que es én hechas las espadas. Los nue os conocimien os ambién se aplica on al ocio. La música, imi ación del ino de las a es o del silbido del cé i o, hizo que los hom- b es, una ez saciada el hamb e, se deja an seduci po la lau a y el ca amillo. Con los a i icios la condición humana, aho a y siemp e, iende a busca cada ez ma- yo es y más a iados place es. No bas an las humildes únicas de seda, es necesa- io que « ayan ecamadas de o o y con g andes bo dados». En e la ac i ud cínica, que p edica una uel a al es ado p esocial y animal y el p og eso ilimi ado, Epicu o, como señala ace adamen e Rodis Lewis40, echaza el also dilema. Las écnicas, 40. o.e., p. 255. 126 Ma celino Rod íguez Donís como las i udes, no son un in en sí mismas, pe o, bien u ilizadas, con ibuyen al bienes a . En los e sos 1448-57 del lib o V, se des aca el alo an opológico del p o- g eso. El iempo pasado apenas si podemos econs ui lo (V, 1147): «nues a so- ciedad apenas puede sabe nada de lo que sucedió an e io men e, sal o po los es igios que descub e la azón (nisi quae a io es igia mons a )». Los cen ine- las del mundo (el sol y la luna) enseña on a los homb es el o den de odo cuan- o se hace (ce a a ione ge i em a que o dine ce o ). Con la in ención de la es- c i u a, poco después de que la sociedad se desa ollase median e los nue os des- cub imien os y los pac os polí icos, los poe as comenza on a commemo a las hazañas cumplidas (V, 1444). Todas las in enciones écnicas las «ap endió el homb e, paso a paso y con a ances paula inos, a pa i del uso y de la expe ien- cia del espí i u siemp e ac i o». Los ac o es de oda in ención son, según Luc ecio, el iempo y la azón que los hace en a en el ecin o de la luz: in luminis e igi o as. Los homb es llega on con su a e has a la úl ima cima: ad summum cacumen (1457), pe o odo nue o a ance iene un aspec o nega i o de igual alo , lo que, según Log e 41 , se explica en unción de la ley de compensa- ción o isonomia. ¿Es pa ida io del p og eso Luc ecio? Las opiniones, como he expues o mi- nuciosamen e en o o luga 4 2, son muy di e sas. Mien as que Guyau 43 lo conside- a e ien e pa ida io del p og eso y un cla o an eceden e del siglo de las luces, Robin44 sos iene que la concepción luc eciana del p og eso es «un medio, un ins- umen o subo dinado a de e minada concepción mo al, bas an e alejada, po cie - o, del hedonismo ulga . En de ini i a, lo que anhela Luc ecio es un paso hacia a ás has a el momen o en que se inició nues a caída». El an deba ido ema del op imismo o pesimismo luc eciano ha le an ado g an pol a eda desde Ma ha45, pa a quien la « is eza es á en el co azón de Epicu o», has a aquellos que, como Gianco i 46 , no c een que haya una «an inomia en e el c edo epicú eo y el pesimismo luc eciano». Pa ín, Bo a y o os han sos enido que Luc ecio es un pesimis a. Giussani, en cambio, aun econociendo que Luc ecio iene una isión ágica de la ida, a di e encia de Epicu o, e en su sis ema «el menos pesimis a de la an igüedad». 41. L'anxie é de Luc ece, Pa is, 1946. 42. Rod íguez Donís (M.) El ma e ialismo de Epicu o y Luc ecio, Publicaciones de Ja Uni e sidad de Se illa, 1989. 43. La mo a/e d' Epicu e e ses appo s a ec les doc ines con empo aines, Pa is, 1878. 44. «Su la concep ion epicu ienne du p og es», in La pensée hellénique des o igines a Epicu e, Pa is, PUF, 1967, p. 525-52. 45. Le Poeme de Luc e, Pa is, Hache e, 1905, p. 316. 46. O imismo ela i o ne/ «De Re um Na u a» di Luc ezio, Loesche , To ino, 1975. Epicu o y su escuela 127 O os es udiosos señalan una an í esis en e el Luc ecio cien í ico y el Luc ecio ilóso o (Kelle y Bode). Edels ein47 sos iene que los seguido es de Epicu o son más pa ida ios del p og eso que él mismo. Pa a F eduille el in e és de Luc ecio e a demos a que ni los dioses, ni los semidioses, ni los hé oes ienen papel alguno en el nacimien o del mundo. Luc ecio es más un mo alis a que un ilóso o de la His- o ia. Po eso, a ibui la idea de p og eso que noso os nos o mamos, a pa i de la e a a ómica, a Luc ecio es, según F eduille, un anac onismo. Cie amen e, bajo la noción de p og eso no se ocul a, gene almen e, más que un echazo de la supe s- ición, no de la eligión, como decía Guyau: «no admi i a la ho a de explica el o igen del mundo y el homb e ningún milag o, es su icien e pa a unda la idea de p og eso». La ambi alencia de la idea de p og eso se halla en las uen es g iegas desde Só ocles (An ígona 332-3 364-6) a Tucídides, que econoce el pelig o que aquél puede supone pa a el homb e. Según J. Romilly48, «la misma necesidad de p og eso se con ie e en la causa de la desmo alización humana». Desde Esquilo has a los so is as se coloca bajo la u ela de alguna di inidad cada uno de los des- cub imien os. Así, .g., Palamedes es conside ado como in en o de las le as, de los núme os, del a e mili a , e c. C i ias habla de un iempo donde la ida e a bes ial, sin o den, some ida a la ue za. Pla ón (P o .32lc), nos ela a el mi o de P ome eo y su he mano Epime eo, que dejó a los homb es inde ensos, desnudos, e c. No obs an e, la uen e p incipal pa a los epicú eos es Demóc i o, a quien Filodemo (De mus. B 244) conside a el p ime eó ico de la na u aleza en e los an iguos. Diodo o Sículo ins au a la necesidad como el o igen y el e dade o maes o de odo. Lo que, según él, unió a los homb es ue el in e és y el miedo. A di e en- cia de Luc ecio, Diodo o admi e el euheme ismo, la di inización de los homb es supe io es po la calidad de sus descub imien os. He es o ue un ey an es de se di inizado. Había descubie o el uego y e a admi ado po ello. He mes e a el in- en o de la ag icul u a, del g ano y de la me alu gia. En conclusión, pa a Epicu o y Luc ecio el e dade o p og eso no sólo es éc- nico, sino que debe ex ende se a la es e a de la mo alidad. Se ía, sin emba go, un e o c ee que odos los males apa ecen con él. Las pasiones, los c ímenes, la en idia es aban p esen es en los o ígenes de la humanidad, an es del pac o, donde los homb es se ma aban ya po la piel de un animal. De ahí el echazo, po pa e de Epicu o, de la sociabilidad na u al de que habla A is ó eles (Poi. 1, 2, 1253a). Se ía pelig oso pa a nues a segu idad c ee en la bondad del géne o humano, como dice Temis io (Dis. 26): «Epicu o aconsejaba i i ocul o y exp esaba su posición de que el homb e no es un se social po na u aleza ni de cos umb es dulces». 47. The idea o P og ess in Classical An iqui y, Bal imo e, 1977, pp. 165ss. 48. «Tucydide e l'idée de p og es», Annali della Se. No m. Sup. di Pisa, 35 (1966), pp. 143-91 128 Ma celino Rod íguez Donís VI. EL LENGVAJE Respec o del lenguaje, «la na u aleza impulsó al homb e a emi i los a ios sonidos de la lengua y la necesidad o mó los nomb es de las cosas» (1029-30). Hay en cada se un sen imien o del uso que puede hace de su ue za (se/l//i' é'/l/m Pim quisque suam quod posse abu i). Luc ecio, al nega que exis a un in en o del len- gu ij"e, coÍncide p/enamen e con /o que sos iene Epicu o en Ja Ca la a He ódo o (75): los nomb es no han su gido po ins i ución ( hese J, sino que la na u aleza hu- mana, en cada pueblo, es la que expe imen ando a ecciones pa icula es (idia pa he) y ecibiendo imágenes p opias expulsa eJ ai e con i iéndole una de e minación 'Cú"#,,i:;- d Yc éY' é2?c& ú? cJd? ú J ~ A e' ~a á?'d ' é" ¿ ~ ~,@- ,,d Á i encias en e los pueblos y los luga es». EI modelo a imi a pudo se Pla ón, quien, en el C a ilo, expone Ja esis con enciona ü a del lenguaje, bajo el nomb e de He mógenes. A is ó eles, po o a pa e, en De in e p. 1, sos iene que las cosas (p agma a) pe manecen las mismas aunque las llamemos con dis in os nomb es. Pa a Epicu o, según Salem49, la di e sidad de nomb es su ge a consecuencia de las mu aciones de las cosas; de modo que cada pueblo, en común (koinos), ins i uyó ( e henai) los nomb es p opios, a in de que las designaciones (deloseis) uesen menos ambiguas unas espec o de o as y más concisas ... ». El lenguaje se inicia, pues, de acue do con la na u aleza (physei) y se desa- olla median e la con ención ( hesei)y el discu so (logismoi). Pe o, quizás, la uen e en que bebió Epicu o uese, como c ee D. Sedley50, la escuela megá ica, en la que Es ilpón e a pa ida io de la eo ía na u alis a y ::moma opéyica: los nomb es ienen una elación na u al con los obje os que desig- ian. Po o a pa e, Diodo o C onos e a pa ida io de la eo ía con encionalis a: el signi icado de cada ocablo depende exclusi amen e de la signi icación que el ilablan e le da en el momen o en que habla. Luc ecio asocia la enseñanza de los nomb es de las cosas que no se eían con la c eación de magis ados y la ins i ución del de echo. El lenguaje cons i uyó un ins umen o indispensable pa a el p og eso social y ju ídico que sólo en él se pue- ie exp esa co ec amen e a a és de la esc i u a. VII. EPICURO Y SUS DIOSES Filodemo (Us. 12) insis e en que el sabio da á señales de su de oción a los iioses y pa icipa á en los sac i icios en los días señalados, cumpliendo con los 49. La ma e nés ien pou nous. Luc ece e /' E hique, Pa is, V in, 1990. 50. «Epicu us, On Na u e», C onache E colanesi, 33, (1973) 5-83. Epicu o y su escuela 129 demás ac os del cul o y no se deja á u ba po las opiniones de la mul i ud sob e ellos. La pa icipación en las ce emonias eligiosas de ca ác e público no se ha á po emo a las leyes, sino po que con emplando la na u aleza excelen e de los dioses, sin exigi de ellos un a o ecíp oco, el homb e ol ida su condición mo - al y alcanza una glo ia igual a la de los dioses (Chil on, 52). Fes ugie e, a pa i del análisis del papi o de Oxy hinco, concluye que el e dade o sen ido de la piedad epicú ea no consis e en pedi nada a los dioses o en a a de apacigua los, sino en uni se con ellos en la con emplación y goza de su aleg ía y elicidad. La plega ia a los dioses es aco de con la sabidu ía, no po que si no lo hacemos se i i en con noso os o necesi en de nues os sac i icios, sino po que e lexionando sob e la supe io idad de su na u aleza en pode y excelencia, expe imen amos place . Filodemo (US. 386) dice que los sabios son amigos de los dioses y és os amigos de los sabios, pe o él mismo se e obligado a p ecisa que, en sen ido es- ic o, no se puede habla de amis ad poque no se es ablece una elación de igual- dad y ecip ocidad. Epicu o (Men. 123) concibe a la di inidad como un se i o, inco up ible y eliz, de acue do con lo que sugie e la noción común de lo di ino (koine ou heou nóesis). No se le puede a ibui nada con a io a su inmo alidad y elicidad. Los dioses exis en, enemos de ellos un conocimien o e iden e, y no son como la ma- yo ía los conside a, po que no los concibe de acue do con su e dade a esencia. No es impío el que niega los dioses del ulgo, sino el que les a ibuye las opiniones de és e, que no son p enociones (p olepseis), sino alsas suposiciones (pesudeis hypolepseis). Quien siga los consejos de Epicu o i i á en e los homb es como un dios (hos heos en an h opois). La elación con los dioses, po an o, se basa en la u ilidad y en el place que nos p oduce ecibi los más pu os e lu ios emanados de ellos: «el place nace en el co azón del homb e po ob a de los dioses» (Filodemo. Us. 385). El papi o de Oxy hinco, sea de Epicu o, de Zenón de Sidón o de o o epicú- eo, mani ies a una ac i ud eligiosa muy depu ada, que no se basa en el emo ni en los sac i icios. Aunque les o ecieses oda u o una, «no pienses gana e a los dioses po ese medio». O ece les sac i icios a los dioses da con ianza y place , pe o no supongas que ob ando así e a aes su a o . La di inidad no puede causa nin- gún mal y ni con el sac i icio de mil bueyes, si has come ido una mala acción, pod ás apacigua al dios. No hay o a ida, ni cas igos: «no es posible que ecomiencen a i i los mue os, p odigio no menos in e osímil que los que Pla ón ha imaginado». Los dioses ni se encole izan con los i os ni se engan con los mue os (M.C. 1). No in e ienen en los asun os humanos ni se moles an en gobe - na el mundo (C. He .76-7). 130 Ma celino Rod íguez Donís A pesa de odo, Epicu o e a conside ado a eo ya en la an igüedad. Así, Plu a co lo acusa de habla de los dioses sólo de boca pa a a ue a ( ema i kai logoi) y Cice ón le ep ocha habe ex i pado del alma humana «has a la aíz del sen imien- o eligioso». Epicu o, en ealidad, habla de los dioses, aunque «los conse ó de palab a a in de no o ende al pueblo de A enas» (DND, l., 30.85). Las acusacio- nes de Plu a co y Cice ón se deben, según Fa ing on, a que los dioses de Epicu o «no pueden se policías del Es ado». Epicu o se e obligado a a a el ema de los dioses po azones de ca ác e gnoseológico. Hay que da azón de la exis encia obje i a de las imágenes men a- les. Sin emba go, pa a P. Nizán es a concepción equi ale p ác icamen e al a eísmo, ya que «sup ime la o ación y el cul o». No pa ece que se pueda habla de hipoc e- sía po pa e de Epicu o, según Fes ugie e. Las acusaciones de a eísmo e an ecuen- e en e las escuelas i ales. Has a los c is ianos ue on acusados de a eísmo. Ma x 51 sos iene que los dioses «no son una in ención de Epicu o. Han exis- ido. Son los dioses plás icos del a e g iego». La nue a concepción eligiosa de los epicú eos supuso un echazo de la eli- gión adicional y de las doc inas de los as ólogos y la di inización de los as os lle ada a cabo po Pla ón y A is ó eles a pa i de la combina o ia ma emá ica de las es e as celes es de Calipo y Eudoxo. Es a nue a ciencia a ibuía a los as os un alma, un mo o espi i ual pa a asegu a la pe ec a egula idad de sus mo imien- os. Es p eciso des e a es as doc inas pa a goza de place es e dade amen e pu os (M.C. 12). El mal y el deso den no pueden se causados po los dioses. De la As- ología pla ónica se de i a un de e minismo absolu o basado en la doc ina de que odos los sucesos de es e mundo es án egidos po los dioses. Epicu o echaza el de e minismo democ í eo y pla ónico. Del mismo modo que los espi i ualis as ad- mi en la in e ención de ue zas inma e iales pa a explica el pensamien o y la li- be ad, los epicú eos sos ienen que los á omos mismos ienen un p incipio de au- onomía median e el que se des ían y pueden, al choca , o ma los ag egados. Hay, según la C. a Men. 133, algo que es á en nues o pode ( o de pa ' hemas adespo on) a causa de lo cual somos alabados o lo con a io. La necesidad es i esponsable y el aza ines able. Pe o ¿en qué se undamen a nues a libe ad? Debe habe , como pa a odo cuan o sucede en la na u aleza, una causa. Pa a Luc ecio dicha causa es la declinación mínima del á omo, que algunos c een que es un in ención suya. De hecho no apa ece en lo que conse amos de Epicu o, ni siquie a en la Ca a a He ódo o o en los agmen os del Pe i Pyseos. Sin emba go Cice ón lo pone en boca de Epicu o mismo y Diógenes de Oenoanda ( . 32) conside a que Epicu o supe ó el de e minismo de Demóc i o al señala el clinamen: ¿«No sabes, ú, 51. Di é ence de la Philosophie de la Na u e chez Démoc i e e Epicu e, T ad., In od. y no as po Jacques Ponnie , Duc os, 1970, p. 246. Epicu o y su escuela 131 quienqie a que seas, que en los á omos hay ambién un mo imien o lib e, que Demóc i o no descub ió, pe o que Epicu o sacó a la luz? Es la exis encia de una declinación, como mues a a pa i de los enómenos». Epicu o modi icó en a ios pun os la ísica democ í ea. No admi e la in ini ud de o mas de los á omos, po que sob epasa ían el mínimo pe mi ido y los á omos no pueden ene cualquie amaño. Desca a la posibilidad de di ecciones di e en es, po que no pod íamos da azón de ellas. Es necesa io que haya un única di ección en el mo ien o de lo á omos, do ados de peso, en analogía con lo obse ado en los cue pos, desde la e e nidad. El mundo que noso os emos es ini o, aunque hay un espacio ma emá ico in ini o. El choque de los á omos exige un p incipio de espon- aneidad, una e ce a causa mo iz (Luc . 11, 285-6). En los se es i os hay mo i- mien os que no se deben al choque ni al peso. Es a libe ad de cambia de di ección que ienen el homb e o el caballo se debe a su a/un as y a su mens. Pe o el alma y el animus son ambos co pó eos po lo que es p eciso que los á omos que los in- eg an engan la capacidad de esis i al peso y al choque, a cualquie ue za ex e - na o in e na. Po eso hay que admi i una des iación mínima, impe cep ible de la e ical (11, 246-50), po que si los á omos cayesen como go as de llu ia, jamás se encon a ían, con lo que no se pod ían p oduci los choques ni los cue pos, ni los homb es. Se ía la mue e del uni e so some ido a la necesidad. La des iación es e e na, luego los que acusan a Epicu o de admi i un e ec o sin causa, a ancan de una concepcón muy es ingida de la causalidad: la de e minación espacio- empo al, que jus amen e la noción de clinamen echaza, pues o que sucede empo e ince o, loco ince o. La des iación es una causalidad sin ley, que no se p oduce de mane- a pe manen e. Es el aza el que p oduce el o den en la na u aleza. Pe o el aza epicú eo no es el de Demóc i o, que no admi e la con ingencia. Pa a Demóc i o el aza in lui ía sólo an es de la o mación de los di e sos mundos; a pa i de ese momen o odo su ge de modo necesa io. Sin emba go el clinamen implica an i inalismo y an ip o idencialismo, así como la pu a acciden alidad de cuan o se p oduce po medio del choque, y la con ingencia espacio empo al. No hay inde e minismo, pues o que hay una causa, pe o sí hay up u a de los nexos causales de la espacio- empo alidad, una up u a pe manen e con el pasado que imposibili a la p esciencia humana y di ina, así como la adi inación y el a alismo. La na u a- leza es á lib e de los nexos del pasado, es c ea ix. De hecho odo cuan o exis e desapa ece á y su gi án nue os mundos, pe o no podemos sabe cuándo ni cómo. La o una gube nans (V, 107) hace imposible un dios que egule los p ocesos na u a- les, en sí mismos i egulables. Además, ¿qué pod ía inci a a los dioses, elices en su eposo desde la e e nidad, a cambia en un momen o del iempo? (V, 168-9). ¿En qué modelo se iban a inspi a an es de exis i el mundo? ¿ de dónde les iba a eni ? (V, 181-2). La na u aleza no ha podido se p epa ada pensando en noso os po al- guna di inidad, ya que iene an os de ec os (V, 198-9; 11, 174-81).