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HVTORICA XXV.2 (2001): 11-47 Dogma católico para indios: la versión de la Iglesia del Perú en el siglo XVII El autor elige a Fernando de Avendaño -doctrinero, visitador de idolatrías y canónigo de la catedral de Lima en el siglo XVIIcomo un caso a partir del cual mostrar cómo la Iglesia, entre otras instituciones, ejerció la dominación colonial en el Perú. Para ello estudia la ideología de Avendaño en sus Sermones de Nuestra Santa Fe Católica ... (1649) para los indios, no exactamente mediante el contraste de los valores y creencias españolas con las indígenas, sino a través del uso de la retórica en la construcción de los sermones. De esta forma, se detecta un determinado uso de los mecanismos de la retórica que refleja, y es coherente con, la posición de Avendaño en el sistema colonial, concretada en su experiencia vital, y que constituye un aspecto singular de su ideología. Partiendo de la fe, el clérigo elaboró una construcción retórica dedicada a establecer la superioridad de la religión católica sobre la de los indios, en lo que pudiera ser considerado como una "teología de la dominación". Antonio Acosta Rodríguez Universidad de Sevilla The author focuses on Fernando de Avendaño, a parish priest, extirpator of ido la tries and canon of the Lima cathedral in the seventeenth century, who is an example of how the Catholic Church, among other institutions, exerted power in colonial Peru. Through the analysis of his Sermones de Nuestra Santa Fe Católica ... (1649) the ideology of the Avendaño is perceived not just in the stark contrast between Spanish values and beliefs and those of the Indians, but also in the use he made of rhetoric in constructíng his sermons. This reveals a specific use of rhetorical devices that rejlect and are coherent with his position in the colonial system, and thus became a special part of Avendaño's ideology. Starting with faith, Avendaño built a rhetorical construct dedicated to proving the superiority of the Catholic religion over that of the Indians, in what may be regarded as a "domination theology". 11
HVTORICR XXV.2 l. Introducción Estas páginas tratan de la ideología dominante en el Perú colonial del siglo XVII, tomando como caso de estudio una de sus múltiples expresiones, específicamente relacionada con la población indígena. Enfrentar una problemática como esta obliga a realizar ciertas precisiones preliminares: en primer lugar todo lo concerniente a las ideologías, y el propio término, ha sido objeto de debates en el marco de diferentes corrientes teóricas y filosóficas, como el marxismo, el estructuralismo, etc. No entraré en ellas pero, de entre los dos sentidos que básicamente suelen admitirse para dicho concepto, elegiré el que podría definirse como el conjunto de formas mediante las cuales los seres humanos toman conciencia de su realidad o experiencia social. Ellas se concretan en ideas que reflejan, traducen o expresan perspectivas, intereses o percepciones de los grupos sociales a que pertenecen, definidos prioritaria, aunque no exclusivamente, por su función en el proceso económico (Trías 1970: 19; Naess 1964). Soy consciente de que este es tm terreno controvertido, pero en principio me limitaré a esta toma de posición que procuraré ir enriqueciendo con el desarrollo del trabajo. En segundo lugar, desde el inicio de la colonización de América tanto los sectores sociales que dominaron la Monarquía --en tanto que forma de Estado-, como los grupos que encabezaron y dirigieron la ocupación desarrollaron discursos ideológicos para explicar su posición y hasta justificar la Colonia. Dichos discursos se fueron modificando con el tiempo, conforme evolucionaba la colonización y se sucedían los cambios en las relaciones y las contradicciones sociales en Indias. Por otra parte, eran diversos los medios por los que se expresaban y definían aquellos discursos, y por todo ello no fueron siempre coherentes ni cerrados -como ha ocurrido habih1almente en la historia y sigue sucediendo hoy. 12
Acosta • Dogma católico para indios Pese a todo lo cual, es posible rastrear y distinguir algunas de las expresiones de los sucesivos discursos dominantes en distintas fases de la Colonia (por ejemplo, la política de Fernando V frente a la de F. Ximénez de Cisneros; la posición de los encomenderos iniciales frente a la de los lascasistas; el periodo de gobierno del virrey Toledo, etc.). Como se adelantó, en estas páginas tan solo se tratará una perspectiva de una expresión de uno de esos discursos. En tercer lugar, aún otra precisión en tomo al adjetivo "dominante" utilizado en esta presentación. Ciertamente hay que matizar al tratar de la estructura social de la Colonia y recordar algunas evidencias: por ejemplo, que la sociedad colonial era compleja -lo que suele ocurrir con todas-; que no estaba dividida en mitades: dominantes y dominados; que existían distintos niveles de dominación; que el propio mundo indígena -por no hablar del españolera en sí mismo diferenciado y que había grandes desigualdades cambiantes en su interior (lo que surgirá en el propio texto que se va a analizar), con segmentos que mantenían a veces complicidades con el mundo español, etc. Pero aún así no es posible negar que en la Colonia existía una gran masa de personas que, a tiempo parcial o completo, se mantenía en un espacio físico diferenciado, reproduciendo en gran medida su propia cultura -aunque en contacto con la española-, una de cuyas expresiones era la religión y cuyo trabajo, mediante diversos tipos de relaciones económicas, generaba rentas de las que vivían directa o indirectamente otros muchos individuos. A los primeros iba dirigido el texto que se analizará y son denominados en él con la expresión quechua prehispánica de hatun runas; entre los segundos se encontraba el autor del citado texto, el clérigo Fernando de A vendaño. Precisando algo más, la ideología dominante de la que se trata aquí era aquella producida en el seno de ciertos sectores del poder en el espacio social de los españoles, en el ámbito del virreinato peruano en el siglo XVII. De nuevo, confío en que en las páginas que siguen esto quedará más claro. 13
HUTORICR XXV .2 En la generación de cualquier discurso dominante en la Colonia había un espacio social estratégico que era el representado por la institución de la Iglesia, como ya venía sucediendo en Europa. En cada uno de sus niveles internos, en todos los planos de su actividad social o económica, como parte del poder político y por su función de reproducción y transmisión de valores sociales, esta institución, que atravesaba todos los estratos de la sociedad, era estratégicé!- en el asunto que aquí interesa. Por ello en estas páginas se toma la obra de un eclesiástico para analizar lo que se puede considerar como una expresión de la ideología dominante en el Perú del siglo XVII. Se trata de los Sermones de los misterios de nuestra santa fe católica en la lengua castellana y la general del Inca del ya mencionado Fernando de Avendaño, canónigo de la catedral de Lima cuando los publicó, en 1649. Como fuente histórica, la obra de Avendaño y -se podría añadirel personaje mismo son una especie de tesoro cuya importancia ha crecido en estos últimos años debido, primeramente -e invirtiendo los términosa que se han ido conociendo muchos detalles de la vida del autor de los Sermones: desde su origen social, su formación, su carrera académica, sus actividades como doctrinero, como visitador y como uno de los personajes más significativos de las campañas contra la religión indígena, como miembro del cabildo de la catedral de Lima y, finalmente, en su ascenso al obispado de La Imperial (Guibovich 1993; Acosta 1987). Es precisamente desde el conocimiento de las condiciones sociales y materiales de su existencia desde donde se puede analizar y valorar en toda su dimensión los términos y el contenido de lo que es el segundo motivo de la importancia de esta fuente: sus Sermones ... , que marcan su posición y la del grupo social al que pertenecía con respecto a los indios. Es la situación de A ven daño en su sistema social colonial la que explica su ideología, o dicho en otros términos, el conjunto de ideas que reflejan, traducen o expresan perspectivas, intereses o percepciones de clase manifestadas en los Sermones ... En otras palabras, es el conocimiento combinado de datos biográficos relevantes del personaje y de la existencia de una importante obra escrita lo que 14
Acosta • Dogma católico para indios permite considerarlo como un paradigma de cierto tipo de eclesiástico de su época, perteneciente a los sectores que ejercían y sustentaban el poder económico y político de la sociedad colonial, que construían y reproducían a partir del mismo la ideología dominante. 1 2. Un esbozo biográfico Aunque en su mayoría son conocidos, recordemos brevemente algunos datos de su biografía que son pertinentes para el posterior análisis de la obra. Los orígenes familiares de A vendaño no eran muy destacados, pero su familia estaba relacionada con la administración colonial, y esto fue suficiente para que el niño nacido en 1576, en Lima, asistiera al colegio de San Martín, de los jesuitas. Como se ha señalado, en el Colegio estudiaban los hijos de familias del mundo dominante blanco en la Colonia, muchos de los cuales posteriormente ocuparían puestos desde los cuales reproducirían el modelo colonial (Guibovich 1993). Es de resaltar que entre los profesores que el joven Avendaño tuvo en el Colegio se encontró el P. Pablo José de Arriaga, quien le impartió clases de retórica que, como se verá más adelante, le fueron de gran utilidad. El contacto con el jesuita y con otros miembros de la Iglesia limeña le facilitó pronto el ascenso en su carrera académica y le allanó el terreno más tarde en la eclesiástica. Muy pronto, en 1605, Avendaño era catedrático de Artes en San Marcos y comenzaba a tener cierto prestigio en el medio universitario, lo que implicaba una estrecha relación con el cabildo de la catedral limeña. Que Avendaño no era un individuo aislado, sino enmarcado en un determinado entorno social, lo refrenda el hecho de que un hermano suyo también hiciese carrera en el aparato administrativo colonial y fuese procurador de indios. 1 Algo parecido sucede también con Francisco de Á vila, contemporáneo y colega de Avendaño, con el que guarda similitudes, aunque también diferencias (Duviols 1971). 15
HIITORICR XXV.2 Paralelamente a su carrera académica, el sacerdote manifestó desde temprano un abierto interés por el mundo de las doctrinas de indios, institución esencial en la organización religiosa de la Colonia y asimismo de gran importancia económica. Como es conocido, las propias autoridades virreinales tenían conciencia de que "la más ruin de las doctrinas vale hoy más que un buen repartimiento", tal y como lo señalaba hacia 1604 el virrey Marqués de Montesclaros (Acosta 1982). La colonia se encontraba en plena expansión económica a comienzos del siglo XVII, la minería alcanzaba cotas de producción sorprendentes y crecía la cuota de excedente económico extraído a las poblaciones indígenas. En 1604, valiéndose de los favores de su hermano y del provisor del arzobispado de Lima, y en contra de la opinión del capitán Martín de Ampuero, titular del repartimiento de Huarochirí -donde ya existían otras doctrinas-, A vendaño quiso aprovechar uno de los mecanismos de presión sobre los indios que se pusieron en marcha a fines del XVI, cual era el incremento de nuevas doctrinas; fue nombrado doctrinero en una de nueva creación, San Pedro de Casta. Lógicamente, Ampuero intentó resistirse a que la capacidad de sus indios para generar el tributo se viese mermada aún más; y es que los doctrineros se habían convertido, en términos generales, en unos poderosos agentes económicos que obtenían pingües rentas de sus fieles, que absorbían una cuota de la producción indígena en forma de sínodo o salario y que además, eventualmente, se involucraban de forma directa en la producción y en la circulación de mercancías, utilizando con ventaja recursos humanos y materiales de las comunidades de indios. 2 Pero sus protestas no sirvieron de nada. Fernando de Avendaño no solo formaba parte ya del mundo universitario y de la estructura eclesiástica capitalina, uno de los pilares que sostenía el sistema colonial; en otras palabras, no solo formaba parte de los sectores dominantes urbanos sino que, por otra parte, se incorporó al mundo rural, al contacto directo con 2 No es exagerado calcular que una doctrina media podía generar hasta cinco mil pesos o más a sus curas (Acosta 1982). 16
Acosta • Dogma católico para indios los indios, en el ámbito eclesiástico de los doctrineros, lo que le permitía un conocimiento y un acceso económico directo a la población indígena. Esta doble proyección hacía de él un personaje multifacético y singular. Y la doble dimensión de su actividad en el terreno económico será fundamental en el momento en que se llegue a analizar sus sermones, porque es teniendo esto a la vista como se puede captar en su auténtico significado la profundidad y la coherencia de su discurso ideológico. Continuando con su relación con las doctrinas, recordemos brevemente que Avendaño defendió con ahínco, hasta disputando judicialmente, su posición como doctrinero, aunque no pudiera atender directamente a sus fieles por su situación de "pluriempleado", lo cual estaba prohibido legalmente. Así, llegó a pleitear con Rodrigo Hemández Príncipe por el control de la doctrina citada, por su derecho a nombrar cJra sustituto y por su resistencia a pagar más de lo que creía conveniente por la suplencia. El interés crematístico de A vendaño en la doctrina era más que evidente. Además, como sucedió con otros curas de indios, en su esfuerzo por extraer de la comunidad la máxima cantidad posible de excedente, A vendaño también se vio envuelto en conflictos con sus indios, sin que por ninguna de estas cuestiones que estamos relatando se viera sancionado, como era lógico suponer dada la calidad de sus contactos en Lima, que lo protegerían de cualquier riesgo de sanción. Sin pretender ser exhaustivo en este sentido, conviene destacar que, de uno u otro modo, la vinculación de A ven daño con el mundo de las doctrinas fue muy larga; no siempre fue titular de una de ellas, aunque llegó a ser doctrinero de tres diferentes hasta 1619. Desde luego dicha vinculación se intensificó cuando, a partir de 1609, se pusieron en marcha las campañas de extirpación: su relación con los jesuitas, su condición de doctrinero y su formación académica hicieron que el arzobispo Lobo Guerrero lo nombrara pronto juez visitador de idolatrías, alcanzando lo que podríamos calificar de gran éxito en su misión. En la década de 1620, cuando Avendaño ya era un predicador afamado, con ocasión de 17
HUTORICR XXV .2 la segunda campaña de extirpación, el arzobispo Gonzalo del Campo también contó con él como visitador reforzando su carácter de especialista. Aunque el objetivo inmediato de las campañas de extirpación era la supresión de la religión de los indios y su definitiva conversión al cristianismo, estos procesos tenían varias facetas, y una no poco importante era de carácter económico. Avendaño predicaba a los indios en las campañas que los sacerdotes iban"[ ... ] para que conozcan a Iesu Christo nuestro Dios, nuestro criador y nuestro Salvador, a esso nomas venimos a este pueblo; no venimos por vuestras haciendas, sino por vuestras almas [ ... ]" (1.a, I, 1);3 sin embargo, hoy se conocen, entre otras, las circunstancias materiales que motivaron el origen de la primera campaña y, aunque no se ha investigado las de las siguientes, sin tenerlas en cuenta difícilmente se puede comprender su completo significado a cabalidad, a pesar de lo cual algunos autores continúan descuidando la importancia de estos factores (Griffiths 1996 ). En relación con este aspecto hay perspectivas que no han sido consideradas suficientemente, como la que sugiere el comentario que nuestro clérigo hacía en la década de 1630 sobre su actividad:"[ ... ] se ha ocupado ocho años en extirpar[ ... ] de que resultó confiscar cantidad de oro y plata que entregué a los oficiales de esta ciudad [ ... ]" .4 El caso es que para esta época Fernando de A vendaño había forjado un concepto de sí mismo nada desdeñable: [ ... ]y conociendo Gonzalo del Campo la importancia de mi persona para la extirpación de idolatría, me llevó en su compañía a la visita que hizo en la cual, por medio de la predicación descubrí muchos ídolos [ ... ] y llegando a gobernar el Conde de Chinchón, informado de mis partes y suficiencia, me nombró examinador general en sede vacante para los beneficios por lo 3 En adelante, las citas de los sermones se referirán, en este orden, a parte, sermón y folio. Para mayor detalle, en el Apéndice se encuentra el título de cada sermón. 4 Archivo General de Indias (en adelante AGI). Indiferente General, 1258. 18
Acosta • Dogma católico para indios que toca al Real Patronazgo; y me hizo merced de la cátedra de Prima y supernumeraria de Teología [ ... ].5 En Lima su carrera eclesiástica avanzó de manera firme, si bien no exenta a veces de alguna contrariedad. En todo caso, disponía desde sus comienzos de buenos protectores dispuestos a empeñar su palabra por el sacerdote. Llama la atención, por ejemplo, la afirmación del P. Pablo José de Arriaga formulada para defender el derecho de A ven daño en el conflicto por su primera doctrina, en el sentido de que el sacerdote había llegado a aprender quechua en ocho meses, con habilidad suficiente para predicar en dicha lengua. Con todo, en 1612 Avendaño fue suspendido en sus primeras oposiciones a canónigo de la catedral limeña. Pero hacia 1620, después de terminada la primera campaña, tras la crisis abierta en la jerarquía del Arzobispado, Avendaño se trasladó a Lima, donde fue cura de Santa Ana y de la Parroquia del Sagrario. Gozando de cierto prestigio y aspirando a una buena posición en el Arzobispado, rehusó el nombramiento de chantre en el cabildo de Huamanga hasta que, por fin, a comienzos de los años treinta consiguió una canonjía en la capital.6 Avendaño tenía ya más de cincuenta años y su situación económica debía ser sin duda desahogada sobre la base de sus diversas rentas eclesiásticas y, asimismo, por lo que se deduce del tipo de gastos que realizaba a partir de los datos de su testamento (Guibovich 1993); por otra parte, ahora llegaba a ejercer realmente el poder en el Arzobispado, donde cumplió funciones de provisor. En estas condiciones se produjo la llegada a Lima del arzobispo Pedro de Villagómez, y se presentó la ocasión de publicar los sermones (Villagómez 1650). Ya en el ocaso de su vida, en la década de 1650, cuando contaba ya casi setenta años, Fernando de A vendaño fue promovido 5 AGI. Indiferente General, 1258. 6 La decisión de especular con la importancia de las rentas eclesiásticas la tomaron también otros eclesiásticos, como el provisor de Lima, Feliciano de Vega, quien renunció al obispado de Popayán en 1628. 19
HVTORICR XXV .2 de autoridad, que se daba por incuestionable y que impedía un libre intercambio de ideas, así como un auténtico ejercicio de persuasión o convencimiento. Dicho principio era indiscutible, en primer lugar, por pertenecer a la cultural dominante -la del emisory, en segundo término, por estar situado fuera del ámbito de la razón, por ser literalmente incomprensible. Este principio era la fe, que es un don, una virtud que otorga de forma graciosa el Dios verdadero, de nuevo, el del hablante. En este sentido -y solo en élpodría decirse que los sermones constituyen un discurso retórico atípico, dado que no hay posibilidad de no convencer, porque la verdad y la superioridad ya están decididas de antemano. Esta es la primera y más evidente demostración del carácter colonial, impositivo, de la ideología dominante -representada en este caso por el dogma católico-, que le daba cobertura ideológica a toda la Colonia en el ámbito de la construcción argumental. Precisamente a la fe está dedicado el Sermón I de la Parte Primera, como piedra angular de todo el edificio del sermonario, y de él procede el siguiente extracto: [ ... ] dare principio a enseñaros lo que os conviene saber para salvaros, y que el fundamento de todo es la Fe [ ... ] la Fe no es otra cosa, sino un conocimiento sobre natural de Dios, que Dios la infunde, y pone en el entendimiento del hombre para conocer a Dios[ ... ] Dios crío a Adan y a Eva[ ... ] entonces les reuelo Dios esta Fe [pero]los Indios antiguos vuestros abuelos por sus grandes pecados fueron perdiendo la Fe [ ... ] Por todo lo dicho de beis agradezer a Dios porque os a hecho Christiano y dezir: Alumbrad Señor mi entendimiento con el don de la Fe[ ... ] Enseñadme Señor, que soy un pobre Indio ignorante, como os tengo que servir y como os tengo que agradar[ ... ]". (l.a, I, lv., 2, 2v. y llv.) A partir de la fe vienen los misterios, ya mencionados en el título de la obra; los "misterios altos" que los indios no ven ni comprenden, y a los que se alude con frecuencia en el texto (por ejemplo, l.a, I, 5; 2.a, XI, 3v.). En otro sentido, aunque comple26
Acosta • Dogma católico para indios mentario, esta posición de superioridad inicial en relación con la verdad se plasma en el tipo de tratamiento que Avendaño utilizaba para dirigirse a los indios -que podría ser tratado también en la "elocución", o tercera parte de la Retórica-. De un lado, eran habituales las llamadas a "hijos", //hermanos" y hasta "hermanos míos muy amados", que puede considerarse un recurso para despertar los afectos de los indios hacia su padre espiritual o su hermano en la fe (2.a, XIV, 17v.; 2.a, XXVII, 64v. y 65v.). A veces este tono se teñía de un patemalismo ya no religioso, como en: T .. ] otros viracochas que no os hacen mal tratamiento, antes os tratan como a hijos, os defienden de los malos, os socorren en vuestras necesidades[ ... ] estos son buenos cristianos" (2.a, XXVIII, 67v.). Pero lo que sorprende es que no pocas veces este patemalismo llegaba a convertirse en desprecio e insulto; así: 11 [ ••• ] o hombre miserable[ ... ] ciego, sordo y ruyn como vos 1' (2.a, XXV, 26); o "¿[ ... ] como quereis que os den tan alto Sacramento [el sacerdocio]? No veys que sería echar el oro, y piedras preciosas en un muladar?" (2.a, XIII, 13). El resultado de estas alternativas es una especie de uso retórico muy peculiar de la táctica de "palo y zanahoria", que debiera producir en los indios un efecto simultáneo de atracción y humillación. En este plano en que nos movemos, de la relación entre el hablante y el/los oyentes, se hace necesaria una palabra sobre los destinatarios de los sermones, que eran los indios de las comarcas que iban a ser afectadas por la tercera campaña de extirpación y que, en algunos pasajes, son llamados hatun runas (2. a, XXIV, Slv.). Para ser más precisos, Avendaño marca diferencias en más de una ocasión entre los indios a los que se dirige y los "indios ladinos, anaconas [sic] y cofrades" (2.a, XIV, 13v.), grupo impreciso y heterogéneo; los curacas (l.a, I, 6); por otra parte los contrasta con los "indios de Cuzco y Potosi" (1, 1, 2); y, por último, los contrapone con los indios de la costa (2.", XXIV, 51). Todo ello deja, en efecto, como exclusivos destinatarios a los indios delcomún (aun así la complejidad del mundo indígena permitiría importantes matices), de ciertas zonas de la sierra central del arzo27
HVTORICR XXV.2 bispado de Lima. Regresando al problema que tratábamos, ello quiere decir que muy probablemente las distancias entre el emisor del discurso y los destinatarios del mismo eran ciertamente grandes. Uno de los códigos que no compartían plenamente era el de la lengua. Aquí se toman los sermones como una expresión ideológica, no como discursos predicados realmente, dado que no estudiamos el quechua, y dado que no conocemos qué difusión llegó a tener la obra de A vendaño en el curso de la tercera campaña de extirpación, o después, ni si fue utilizada por los curas en los púlpitos (Guibovich 1993, advierte que no hay ningún ejemplar de la obra en la parte de su biblioteca que él mismo publica); sin embargo, nada nos impide observar la traducción en quechua y llamar la atención sobre el uso en la versión quechua de términos fundamentales para la religión católica que se insertan directamente en español, como "fe" (l.a, I, passim), "gracia" (1.a, I, 12) "sacramento" (II, XI y ss.), etc., lo cual mueve a plantearse el grado de comprensión por los indios de estos conceptos, asunto que es crucial para este análisis, como se verá. Ahora bien, aun partiendo de la base de la asimetría cultural entre los dos polos del discurso, interesa avanzar en el análisis de la composición de los sermones y de los recursos que utilizaba A vendaño para intentar convencer a los indios de la validez del dogma. Por comenzar con la primera parte de la retórica clásica, la inventio, los sermones participan, aunque en diferente medida, de los tres géneros en que se dividen los discursos. Así, tienen mucho del"género demostrativo" porque se dedican a ensalzar el dogma católico y a vituperar a la religión indígena en todos sus elementos (huacas, "hechiceros", etc.); participan aun más del "género deliberativo" puesto que tratan de persuadir a los indios para que sean buenos cristianos; y en cierto modo, aunque en menor medida, tienen rasgos del "género judicial" en tanto que en ellos se acusa al mundo indígena de estar en el pecado por sus muchas "ido la trías". 28
Acosta • Dogma católico para indios Como se adelantó, la parte de la Retórica que merece más atención en este breve análisis es la "disposición", donde se estudian la elección y ordenación de las partes del discurso y, dentro de ella, la "argumentación". 9 Antes de pasar a comentar los sermones como piezas o discursos independientes unos de otros, conviene señalar que, en un sentido determinado, el conjunto de los treinta y dos sermones de la obra constituye en sí también un discurso; un discurso que tiene coherencia y que comienza con el fundamento de la Fe y termina en el Juicio Final con castigos y gloria para quien corresponda, de modo que cabría también esta perspectiva desde la que podría realizarse un análisis diferente al que sigue. Pero aquí se opta por tomar cada sermón como un discurso y, comenzando con las partes más breves --el" exordio" y el"epílogo" -,desde la perspectiva de los cánones clásicos de la Retórica cabe afirmar que los sermones son desiguales. Tratándose en general los sermones de piezas cortas, tanto el exordio como el epílogo están prácticamente solo apuntados. Aun así, en los más elaborados, del I al X, el exordio está relativamente bien definido comenzando con una cita de las Sagradas Escrituras, a modo de invocación, y una reflexión general y anuncio del tema de que se trata, o prótasis. El sermón V, por ejemplo, dedicado a "Quién es Dios", comienza con un versículo del salmo 47 seguido de varias preguntas retóricas sobre la grandeza de Dios. Sin embargo, los sermones de la segunda parte, más cortos aun, prácticamente no tienen exordio, sino que en ellos se aborda directamente el asunto correspondiente, como sucede con los sacramentos o los mandamientos de la Ley de Dios. En el caso del epílogo la brevedad es común a los treinta y dos sermones y, en pocas líneas -algunas más en los diez primeros-, al final de cada uno A vendaño hace una recomendación relativa al tema tratado para que los indios puedan alcanzar la 9 Las partes del discurso se analizan aquí incluidas en la dispositio, como lo hacen los tratadistas de la época (Robles 1992 [¿1630?]), aunque algunos especialistas en la actualidad las tratan en la inventio (Mortara Garavelli 1991). 29
HVTORICR XXV .2 gracia, la gloria o la buenaventuranza: "[ ... ]Guardaos, hijos mios, de enojar a Dios. El Matrimonio de los Christianos es cosa santa y assi ha de ser tratado santamente: para que alcan<;es la bienaventuranza del cielo, Amen" (2.a, XVII, 23v.). Después de pedida la atención y propuesta la materia del discurso, en la "narración" se propone el caso sobre el que se ha de discurrir, pero este es otro momento en que se aprecia que los sermones tienen más de "género demostrativo" y" deliberativo", porque el asunto de que se trata se va desarrollando a todo lo largo del cuerpo del discurso y, así, Avendaño marca claramente los pasos que da, la exposición de los hechos que quiere plantear y los esfuerzos por explicar los asuntos. A continuación, la 11 argumentación" es el centro del discurso persuasivo porque es donde se aducen las pruebas, se refutan las tesis del contrario y se amplifican los argumentos propios; es entonces cuando se emplean las cargas de las pruebas y, por ello, es donde interesa centrar la atención de este análisis. Pero, ¿cómo puede disponer A vendaño de las tesis contrarias para poder discutir? Para ello el clérigo recurre a una figura de pensamiento tipificada en la Retórica que es la sermocinatio, por la cual se ponen en boca del adversario determinadas palabras en lugar de referir sus tesis de modo indirecto (Mortara Garavelli 1991: 303). Es un tipo de 11 dialogismo" más desarrollado. Es decir, el clérigo imagina respuestas de los indios para poder continuar con su argumentación. Así:"[ ... ] hijos mios, daos mucho a hablar con Dios, de todo lo que vuestro corazon tiene, que de eso gusta Dios. Dezirme heys: Padre, como hemos de hablar con Dios, que somos unos pobres Indios, y no sabemos hablar, ni aun con los Viracochas?" (2.a, XXIX, 74r.-v.). Este recurso es mucho más frecuente en los diez primeros sermones que en los siguientes, pese a que el caso citado corresponda a uno de estos últimos. Las pruebas utilizadas por A vendaño en los sermones para demostrar los fundamentos del dogma católico son del tipo conocido como "artificiales", es decir, producidas mediante la aplicación del arte retórica, y no "técnicas", lo que significa exterio30
Acosta • Dogma católico para indios res e independientes del arte, .como no podría ser de otra forma dado que se requiere previamente de la Fe. Es ahora donde se pone más en evidencia no solo lo abstruso del tema que se trataba de explicar --el dogma católico-, sino la escasa consideración del clérigo hacia la capacidad intelectual indígena al recurrir a pruebas y argumentos de débil consistencia para la razón, que difícilmente utilizaría en algún debate con colegas del ámbito universitario o eclesiástico. Es este uno de los planos en los que queda más en evidencia el carácter de dominación colonial que ejerce la utilización de la Retórica. En este punto es preciso recordar la autolimitación que se imponía la Iglesia, recomendada por el III Concilio de Lima y reflejada en la obra de Pablo José de Arriaga, como consecuencia de la supuesta corta capacidad intelectual que adjudicaba a los indios: "Los sermones an de ser proporcionados a su capacidad, arguyendoles, y convenciendoles mas con razones naturales, que ellos entienden, que con pasos delicados de la escritura" (Arriaga 1621: 78). La dominación colonial tenía, pues, una de sus traducciones en un complejo de superioridad intelectual. Naturalmente, A vendaño no perdió la ocasión de recordárselo a los indios. Cuando les explicaba el pecado original, por ejemplo, les decía: [ ... ] y en pecando echaron de ver que estauan desnudos, y este pecado que en ellos fue actual, en nosotros sus hijos es original. Y si esto os parece dificultoso de entender, y por vuestra corta capacidad no lo alcan~ais a saber como pecando nuestro padre Adan, nosotros tambien pecamos en el, os lo declararé con un exemplo [ ... ].(e, VIII, 93) [el ejemplo versa sobre un "cauallero conquistador" que recibiera una encomienda del Rey con 10,000 pesos de renta pero que, si fuera traidor, haría perder la renta a sus descendientes] Considerando el terreno específico de los argumentos, al no poderse demostrar los elementos del dogma por las llamadas "pruebas de hecho", ya fueran "necesarias" o "innecesarias", era pertinente recurrir a pruebas por inducción o por deducción. A 31
Hl/TORICR XXV .2 este terreno corresponden los "ejemplos" y, especialmente, el tipo conocido como "argumentación de lo particular a lo particular", procedimiento inductivo de la generalización, de escaso valor demostrativo, cuya validez es solo aplicable a cada uno de los casos que se ponen como ejemplo, pero no al tema que se quiere demostrar. Así: [ ... ] Oydme otra razón (de la existencia de Dios) porque oyendola aveis de dezir que morireis por esta verdad, y que si algun tyrano os dixera: "si no negais que ay Dios os tengo de degollar", respondierades: no lo tengo de negar, antes confessare firmemente que ay Dios aunque me maten. ¿No aveis visto que los que tienen estancia de vacas o de mulas, cada tmo tiene su hierro y señal para conocer su ganado? [ ... ] Pues mira hijo, Dios puso en todas sus criaturas su marca y su señal para que conociessemos que todas las criaturas son obras de Dios. ¿Quereislo ver? ¿Qual es la marca y señal de Dios? La Santa Cruz[ ... ] ¿No aveis visto en el cielo el cruzero, que son tmas estrellas que estan en forma de cruz y los marineros y el piloto que goviema el navío las estan mirando para no perderse en el viaje? Pues saved que Dios puso en el cielo esta cruz [ ... ] Esperad un poco y sabed que el hombre fue criado en forma de cruz, ¿quereislo ver? Pues miradme a mi que extendiendo los brazos parezco la misma cruz [ ... ] Digamos ahora de los paxaros y las comidas, ¿No as visto hijo quando un condor va volando que estiende la cabe~a y los pies y las alas, y parece que vuela en forma de cruz [ ... ] ¿Y no has visto cortando una lucuma por la cabecita que se aparece alli una cruz de color pardo, y en los platanos si los partes por en medio tambien se ve esta misma cruz, y en la flor de la granadilla [ ... ]? Considera tu que ay Dios y con esto dexaras de admirarte, porque este gran Señor, para que los hombres lo conocieramos por Dios, por esso puso su marca y señal en todas sus criaturas [ ... ]". (1.", II, 19v.-21) Otro tipo de argumento, frecuentísimo en los sermones, que se apoya en hechos, circunstancias, afirmaciones, etc., considerados como ejemplares y dignos de respeto, es el argumentum ad verecundimn o "argumento de autoridad", mediante el cual, en 32
Acosta • Dogma católico para indios vez de razones, se confiere valor probatorio a autoridades elegidas a la medida del adversario (Schopenhauer 1997: 73). En este caso la autoridad era la palabra de Dios revelada en las Sagradas Escrituras -previo efecto de la Fe-, o incluso simplemente los cristianos, que la conocen. Evidentemente tal autoridad solo resultaba eficiente en la medida en que era respaldada e impuesta por la posición dominante de la cultura de quien emitía el discurso, por lo que la eficacia racional del argumento era nula. He aquí uno de los abundantes ejemplos de este recurso: Agora os tengo de enseñar que todos los hombres del mundo [ ... ] tuvieron su origen y 'pacarina' de Adan y Eva. Bien se que los Incas no alcanzaron a saber esta verdad, pero los Christianos lo sabemos porque Dios lo rebelo, y la Sagrada Escritura lo dize y la S. Madre Iglesia lo propone para que lo creamos firmemente [ ... ] En muchas cosas erraron los Incas y vuestros Filosofos y Historiadores tambien erraron porque no tuvieron libros para saber las cosas antiguas desde el principio del mundo, y estas cosas las sabemos los Christianos porque tenemos libros; en estos libros por mandado de Dios las escrivieron los Profetas para que los hombres las supiesen. (1.", IX, 99v.) Las Sagradas Escrituras servían a A vendaño para combinar su pretendida autoridad cultural con el recurso a los "ejemplos", que ya han sido mencionados, apelando a pasajes de la Biblia que quedaban lejos de la realidad de los indios. Así el cura cita el Libro de los Reyes para narrarle a los indios la historia de Jezabel y Nabod (2.a, XXVI, 61), o en el mismo sermón, a Habacuc. Un escalón superior al argumento anterior puede considerarse el argumentum ad baculum, en el que cualquier esfuerzo racional es sustituido por una amenaza al auditorio, que se cumplirá si no acepta la propuesta del hablante. De los muchos casos que se pueden entresacar de la obra, este sobre la existencia de Dios es un buen ejemplo: 33
HVTORICR XXV .2 Otro modo ay tambien para probar que ay Dios que nos crio y es considerar los castigos con que castiga a los hombres: porque hemos visto y savemos algunos castigos tan terribles y espantosos que no lo podemos atribuyr a otro que a Dios; y quando vemos o oyrnos estos castigos, estamos temblando de miedo y temor, y este temor no lo tenemos de otros hombres, ni de los Reyes, ni de los animales brauos, sino de Dios, que castiga a los pecadores: Luego no podemos negar que ay Dios. (e, 11, 2lv.) En este terreno de la argumentación las pruebas -que debieran ser racionaleso argumentos probatorios que deben presentarse se articulan en" entimemas", especie de silogismos abreviados cuyas consecuencias son a lo sumo verosímiles, por contraposición a las de los silogismos propiamente dichos, que son verdaderas, siempre que estén correctamente construidos en ambos casos (Mortara Garavelli 1991: 88-89). Las premisas de los entimemas se fundamentan, por así decirlo, en los loci, lugares, que pueden ser de diverso tipo y a los que recurre A vendaño en su variante de "lugares comunes", o puntos de vista de aceptación general, que recogen opiniones extendidas de una validez racional solo relativa y, con frecuencia, simplemente nula según el uso que se haga de ellos. Así, A vendaño recurre al conocido como "lugar de cantidad", para afirmar que algo vale más que lo opuesto por razones cuantitativas, cuando asegura que el Dios cristiano es verdadero porque es uno, mientras que las huacas de los indios son falsas porque son muchas: 34 Pues si no puede auer dos Dioses, como os tengo enseñado, ¿cómo podra auer diez? ¿Cómo podra auer ciento? ¿Cómo podra auer mil? ¿Qué diremos ahora de tantos millares de Huacas que eran adoradas por Dioses en las quatro partes del Imperio de Inca? ¿Quantas Huacas adorauan en Contisuyu? ¿Quantas en Collasuyu? ¿Quantas en Antisuyu? ¿Quantas en Chinchaisuyu, aura algun contador que las pueda contar? No por cierto. ¿No hazes burla de essos Dioses? ¿No echas de ver claramente que esas Huacas no son Dios? Porque ¿cómo podia auer tantos Dioses, tantos Omnipotentes, tantos Criadores del cielo y de la
Acosta • Dogma católico para indios tierra? ¿No echais de ver que el Demonio engañó a vuestros antepasados [ ... ]? (1.•, III, 29) De modo parecido, utiliza en ocasiones el"lugar de cualidad"; así en el sermón III dedicado a "Que no hay más de un solo Dios [ ... ]",cuando asocia alguna característica despectiva con la falsedad de las huacas: [ ... ]como has puesto tu esperan<;:a en una piedra[ ... ] ¿No ves que no tiene[ ... ] ni boca para consolarte, y si supiera hablar, te dixera: Indio, loco estas, ciego estas, pues has puesto tu esperan<;:a en mi, que no tengo poder alguno [ ... ] no ves que soy piedra, que los pajaros, y las zorras se ensucian en mi, si soy piedra, como tu lo ves, como puedo ser Dios? [ ... ] (e, III, 27r.-v.) A falta de argumentos ad rem, se prodigan a todo lo largo de la obra los argumentum ad personam de los que, en sus diversas variantes, se citará un ejemplo de la modalidad natío en la que se descalifican las costumbres o la cultura, en general, de un individuo o una colectividad simplemente por sus rasgos diferenciales (Mortara Garavelli 1991: 94). En el siguiente pasaje, haciendo uso de este argumento, Avendaño pretende deshacerse al mismo tiempo de las huacas y de los "hechiceros" indígenas: Si Dios no fuera Omnipotente, no fuera Dios verdadero porque, si no, no pudiera criar al mundo de la nada; si no pudiera criar un alma de la nada, tuviera poco poder. Y agora conocereis que las Huacas que adoravan los Indios no son Dioses verdaderos, sino invencion del Demonio: porque ninguna Huaca, aunque los hechizeros dizen que son criadores, no pueden criar un mosquito, ni tienen poder para resucitar un muerto, ni para dar vista a un ciego, ni pueden dar salud a un enfermo y, siendo assi, no tienen poder ninguno para hazer bien ni mal a los Indios [ ... ]. (e, VI, 65v.) La variedad de los loci es extensísima, pero la brevedad de este artículo obliga a continuar y concluir con este repaso a la 35
HVTORICR XXV .2 de una mujer. Y contra el abuso de los indios que tienen muchas mujeres (f. 17v.). Sermón XVII. En que se declaran los impedimentos que anulan el Matrimonio (f. 20v.). Sermón XVIII. En que se trata del Sacramento de la Extrema Uncion; y para que se ordeno; y de las rezias tentaciones que el Demonio trae a la hora de la muerte; y como se han de vencer; y contra el abuso de los que en sus enfermedades llaman a los hechizeros y se encomiendan a sus huacas (f. 24). Sermón XIX. En que se trata como toda la Ley de Dios esta en diez palabras, y como dio Dios esta ley por su mano, y todos los hombres la tienen escrita en sus corazones; y como por el primer mandamiento nos manda Dios que a el solo adoremos, y no al Sol, ni a las Estrellas, ni Truenos, ni Montes, ni Huacas (f. 27v.). Sermón XX. En que se reprehenden los hechizeros y sus supersticiones y ritos vanos. Y se trata la diferencia que hay en adorar los Christianos las imágenes de los Santos, y adorar los infieles sus idolos o huacas (f. 32). Sermón XXI. En que se trata de los juramentos, como es licito jurar con verdad y necesidad, como es gran pecado perjurarse, especialmente diziendo su dicho ante el Iuez, y contra los testigos falsos, y que el juramento ha de ser cosa cierta, y como es juramento jurar por cualquier criatura, y que lo que se jura o promete a Dios se ha de cumplir y, si malo, no (f. 37). Sermón XXII. Del III Mandamiento en que se trata que fiestas de guardar obligan a los indios, y como se ha de oyr Missa, y quan gran cosa sea la Missa, y quanto importa el oyr la palabra de Dios, y como los dias de fiestas no se ha de trabajar, sino hazer buenas obras, y que obras es licito hazer, y de los ayunos y abstinencia de carne que la Iglesia manda (f. 38 v. [errata, debería ser f. 40v.]). Sermón XXIII. Del Qvarto y Qvinto Mandamiento en que se trata como hemos de honrar y proueer a nuestros padres carnales y reverenciar y obedecer a los espirituales y honrar a los viejos, y el modo que han de tener entre si los casados, y el cuydado que 42
Acosta • Dogma católico para indios han de tener de sus hijos, y los amos de sus criados, y como nos manda Dios que de obra ni de palabra, ni pensamiento no ofendamos a nuestro proximo (f. 45). Sermón XXIV. Contra las borracheras. En que se enseña como la embriaguez de suyo es pecado mortal y los daños que haze en el cuerpo, causa enfermedades y muertes y entorpece los sentidos y el alma; causando grandes incestos y homicidios y sodomias, y sobre todo que es el principal medio para destruir la Fe y sustentar las supersticiones e idolatrias (f. 49). Sermón XXV. Del Sexto Mandamiento, en que se enseña quanto enoja a Dios el adulterio y como lo castiga, y el fornicar tambien con soltera aunque sea una sola es pecado mortal, y de las otras maneras de luxuria, por las cuales castiga Dios a la nacion de los Indios (f. 54v.). Sermón XXVI. Del Septimo Mandamiento en que se declara como peca el que hurta y el que engaña en compra o venta, y el que presta por ganancia o lleva mas por el fiado, y el que no paga su trabajo al Indio, y el que es causa de su daño en su hazienda, y que no se perdona el pecado de hurto o agravio, sino es restituyendo el que puede, y como ha de restituir (f. 60). Sermón XXVII. Del VIII y IX y X Mandamientos, que no se ha de dezir mal de nadie, sino es a quien lo ha de remediar, que en el pensamiento puede aver pecado mortal, y quando se entendera que lo hay (f. 62v.). Sermón XXVIII. De la Caridad y Limosna. En que se trata como todos los Mandamientos se resuelven en amar a Dios y al proximo, y como el amor consiste en hazer bien al proximo, y de los malos Christianos que tratan mal a los Indios, y exortase a que tengan caridad con los pobres y necessitados, y cumplan las obras de misericordia, reprehendiendo su inhumanidad en esto, y como eso dise del juizio Iesu Christo ha de pedir cuenta de las obras de misericordia (f. 66). Sermón XXIX. De la Oracion. En que se declara qvan necessaria es la oracion al Christiano y quan eficaz es y que cosa es la oracion, y como se ha de hazer con confian~a y con reuerencia exterior e 43
HIITORICR XXV .2 interior, y como en todo lugar se puede hazer. Pero espoecialmente ha de hazerse en la Iglesia y a cosas sagradas y en todas necesidades (f. 72). Sermón XXX. En que declara el Padre Nuestro y el A ve Maria y el Persignar y el Santiguar y otras cosas que usan los Fieles (f. 76v.). Sermón XXXI. De los Novissimos, en que se trata de la Muerte, como desta vida nada se lleva a la otra sino buenas y malas obras, y como allá no ay tiempo de merecer o desmerecer, y que luego el alma salida del cuerpo va a juyzio y recibe sentencia, y como ay Purgatorio para las animas que llevan que pagar desta vida, y de los sufragios que por ellas haze la Iglesia. Del infierno que hay para los malos, de sus terribles tormentos y eternidad. Exortase a hazer penitencia con el exemplo de Lazara y del Rico avariento (f. 8lv.). Sermón XXXII. Del Iuyzio Final. En que se trata como ay dia de Iuyzio Universal, el qual solo Dios sabe quando sera, y las señales que aura en todas las Criaturas y espanto de todos los hombres. De la venida del Ante Christo y de sus engaños, y como al fin todos resucitarán en su propia carne; y de la venida de Iesu Christo a juzgar. De la condenacion de los malos y de la gloria eterna que gozarán los buenos en sus cuerpos y en sus almas (f. 88v.). Fuentes Archivo General de Indias Indiferente General, 1528. Bibliografía ACOST A, Antonio 1982 "Religiosos, doctrinas y excedente económico indígena en el Perú a comienzos del siglo XVII". Histórica 6. 1: 1-34. Lima. 44
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