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Libro isagógico, o sea, de prolegómenos de la ciencia canónica e historia externa de la misma : para uso de los alumnos a las cátedras de Instituciones de derecho canónico y de Disciplina eclesiástica

Morales y Alonso, Juan Pedro, (1840-1904)

Full text

LIBRO ISAGÚGICO SEA DE PROLEGOENOS DE LA CENIA Can HISTORIA l'XERNA D3 LA PARA. USO DE LOS ALUMNOS Á LAS CÁTEDRAS DE INSTITUCIONES DE DERECHO CANÓNICO Y DE DISCIPLINA ECLESIÁSTICA. ESCRITO POR EL DR. D., JUAN PEDRO MORALES Y ALONSO. Abogado de los Ilus es Colegios de Se illa y G a9uada, y Ca ed a ico nume a io po oposicion, de Disciplina gene al de la Iglesia y pa icula de España, en la Fa:cul ad de De echo de la Uni e sidad G anadina. GRANADA IMP. Y LIB. DE D. JOSÉ LOPEZ GUEVARA calle de Mesones, nibi . 1880 CI  NSU RA Excmo. e' 31 no. S . cI zobispo. Cumpliendo el manda o de V. E. I. he leido con el debido de- enimien o el lib o Isagógico de D. Juan Ped o Mo ales y Alon- so, y nada encuen o en él que no sea con o me á la doc ina de la Fé, y á las buenas cos umb es. Po es o y po lo sano de Zas ideas e idas y sus en adas en el mismo, no solamen e no eo in- con enien e en que V. E. I. se digne pe mi i su publicacion, sino que juzgo se á es a de g an p o echo. Dios gua de á V. E. I. muchos años. G anada y Ene o 14 de 1880. Excmo. é Ilmo. S .: 9 . q ue ni, %bujía * "He e a. DECRETO G anada 15 de Ene o de 1880. Concedemos nues a licencia pa a que pueda imp imi se la ob a de que se hace mé i o en el an e io esc i o. Así lo aco dó y i ma S. E. I. el A zobispo mi seño , de que ce i ico. L XI/014,11,a. 9 . Anknia. Janche/ A a. PROLOGO. Más de una ez asal ó á mi men e la idea de esc ibi es os apun es pa a mis jó enes y que idos alumnos; no me conside aba, sin emba go, compe en e pa a consigna po esc i o mi pob e opi- nion, y educi á pequeño olúmen lo mucho que encie a la cien- cia del De echo Canónico; emia de mis p opias ue zas y dudaba del éxi o de mi abajo; luchaba en in con mi pequeñez y el deseo de se ú il á mis discípulos, pues' muchos me p egun aban po las ob as que debian consul a pa a el es udio de dicha ciencia, y yo en e dad no podia exigi de odos ellos, que adqui iesen cuan as en mi sen i son necesa ias, pa a ob ene un conocimien o exac o de aquella, en las di e sas épocas de su his o ia. Hé aquí el mo i o que me impulsó á edac a es as desaliñadas líneas, mo i o ó azon, que iene an a más ue za, cuan o es ma- yo Cambien el deseo que me anima, del ap o echamien o de la ju en ud es udiosa; así es que i me yá en. es e p opósi o, quie o euni en un solo a ado cuan o de no able encie an las ob as de nues os maes os: no p e endo po an o, los hono es de la in en- i a ni de la o iginalidad, po más que el plan y mé odo empleado pa a su exposicion, sean exclusi amen e mio: mi deseo es más mo- des o, se educe solo á indica en es os apun es odo lo que de bue- VIII no y no able con ienen las dise aciones de Be a di, las ins i ucio- nes de De o i, las de Golmayo y Donoso, el De echo Eclesiás ico de Wual e y o os exposi o es de no meno impo ancia, sin ol i- da me ampoco de algunos espe abilísimos, como Ca ala io y Agui e, po más que disien a de su au o izada opinion. No pasa é de igual modo, en silencio, cuan o de disciplina no ísima se ha consignado en la ob a ecien emen e publicada po los ilus ados P o eso es de la Uni e sidad Cen al, D. F ancisco Gomez Salaza , y D. Vicen e de la Fuen e. Si algo de bueno pues, se lee en es e li- b o, pe enece an solo á los epu ados canonis as, cuyos nom- b es quedan ci ados; pe o no, que ambien he de consigna la doc- ina que ap endí de mi que idísimo maes o, anciano espe able, que ha consag ado su exis encia á la enseñanza de la ciencia ca- nónica; sí, sea pa a él igualmen e la glo ia de mi p ime abajo, si glo ia alguna pudie a alcanza ; sea pa a mi lo que de censu a- ble encie e. Despues de es a con esion anca y leal, c eo que el lec o pe - dona á mi osadía, en obsequio al noble mó il que guía mi pluma. Sin desis i del p opósi o que ab igo, de esc ibi una ob a de De echo eclesiás ico, di idida en cinco lib os, uno de los cuales se ocupe de los p elimina es indispensables pa a el es udio de la cien- cia canónica, y de la disciplina gene al de la Iglesia, con eniendo además las colecciones odas de O ien e y de Occiden e, ó sea, el de echo an iguo, nue o y no ísimo de la Iglesia Uni e sal, y pa - icula de España; o o de la o ganizacion de la Iglesia; el e ce- o, de las cosas eclesiás icas; el cua o, de los juicios; y el úl imo de los deli os y penas; sin desis i , epi o, de es e p opósi o, o ez- co desde luego al público mi p ime lib o, que i úlo, po consi- guien e, Isagógico. Quie a Dios, que me ezca es e ensayo bené ola acogida, po pa e de mis ilus ados y dignos compañe os. AL SEÑOR DOCTOR In on Cé Go pi lu a i ATEDR&TICO NUMERARIO, DE JNSTIT UCIONES DE D ERECHO ÇANÓNICO EN LA FNIVERSIDAD DE ) S EVILLA • ¿A quién mejo que á os, que idísimo maes o, puedo y debo de- dica es e 712i p ime ensayo li e a io? De sus au o izados labios escuché las p ime as lecciones de De echo Canónico, que no he ol- idado aún, lecciones expues as con esa p o undidad de conoci- mien os, con esa e udicion as ísima, na u alidad de es ilo, y co ec o y cas izo lenguaje, de que solo es capaz an dis inguido como ilus ado Ca ed á ico, hon a del magis e io español. Sí, he de deci lo, aunque se o enda su modes ia, ues o nomb e ilus e po más de un concep o, ha llegado á odas las Escuelas, en odas pa es se oye ci a con espe o y conside acion; ¡que mucho pues que el úl imo de ues os discípulos, gua de en su alma g a o e- cue do de aquel á quien debe los conocimien os que posee en la ciencia del De echo eclesiás ico! Solo lín disgus o me a o men a, el de que mi abajo no sea digno de o ece se á an hábil maes- o; pe o os que me habeis siemp e dis inguido con ca iño de pa- d e, bien puede pe dona le sus al as, agenas siemp e de mi o- lun ad, y dispensa con su escla ecido nomb e, odo el a o qué necesi a y eclama de ues a indulgencia. EL AUTOR. — 10 se deshizo, an es bien se ennobleció más, pues cuando C is o se mos ó p esen e, en onces mani es ó con más cla idad los di inos mis e ios y e eló muchísimos a ca- nos celes iales, sus i uyendo á la ez nue os símbolos más ilus es y más pode osos en luga de los an iguos judáicos, cuales son los Sac amen os. Y así, la Iglesia ca ólica, despues de la enida y mani- es acion de Jesuc is o, iene sus ínculos especiales; la doc ina de e y de cos umb es, la olun ad con o me de obedece los di inos mandamien os, la unidad de cabeza en Jesuc is o, la unidad de Sac amen os y la uni o midad del Sace docio; en esúmen, es p ecep os ambien con- iene el Nue o Tes amen o, que son los Dogmá icos, los Sac amen ales, y los Mo ales; y es o nos lle a ya á a a de la Fundacion de la Iglesia; pe o con iene á nues o in en o que examinemos p é iamen e el es ado de co - upcion en que se encon aba el mundo á la enida del Mesías. II. STADO DEL MUNDO di LA APARICION DEL CRISTIANISMO. Roma; esa g an nacion, que conquis ó con sus a mas el mundo en e o, que ex endió sus dominios desde la India á la Ge mania, y desde las columnas llamadas de Hé cu- les has a los climas más o ien ales del Asia; ese pueblo Rey, en in, que se colocó á an g an al u a, me ced 4 sus igo osas leyes, á sus cos umb es aus é as y an iguas i udes, degene ó an luego como se a icionó á la molicie y á las iquezas; la libe ad e a ya solo un nomb e ano en medio de una sociedad co ompida; la mul i ud de dio- ses á los que endian cul o hacia que no exis iese idea 17 — al[mna de la di inidad, con an os dioses como ado aban, puede deci se que no enian ninguno; la amilia po o a pa e es aba en ilecida , el concubina o se habia e igido en ley, la mad e no e a o a cosa que la he mana de sus p opios hijos, el pa e - amilias lo abso ia odo, pe sonas y bienes; los lazos de ca idad e an desconocidos, allí el escla o e a solo una cosa á los ojos de su seño , que ' e- nia sob e él de echo de ida y mue e; el lujo, las ique- zas, la ambicion desmedida, ales e an los polos sob e los que gi aba aquella sociedad, de aquí sus gue as in e io- es, sus enganzas, con iscaciones y des ie os. ¡Oh que cuad o an desconsolado p esen a la Ciudad un iempo seño a de los mundos! y es que cuando los homb es se deg adan , cuando pe manecen so dos á los g i os de su conciencia las pasiones empuñan el pode , se apode an del indi iduo, lo dominan y ¡ ay del pueblo que siga po el camino que aquellas le azen! E a nece- sa io odo un Dios pa a ompe las cadenas que op imían á esa caduca sociedad, y ese Dios ino, en e ec o, pa a e- gene a y edimi al homb e. FUNDACION DE LA GLESIA. Cumplidas las se en a semanas de Daniel, y las demás p o ecías que ijaban el iempo de la enida del Sal ado , sale la Es ella de Jacob y su luz se ex iende de una á o a pa e, llenando hien p es o oda la ie a. El en iado de Dios apa ece, y odas las ci cuns ancias de iempo, de luga , del modo como debla hace su en ada en el m u n- a — 18 — do, se e i ican en él con an a exac i ud, que es menes- e , segun a i ma Duc eux, se an ciegos como los judíos, ó an obs inados como nues ós inc édulos pa a no eco- noce las. Él se mues a e es ido de odos los ca ac e es, que los di inos o áculos a ibuyen al Minis o de la nue a alianza. Él camina con la po es ad de los milag os, los elemen os obedecen á su oz, las leyes de la na u aleza se inden á sus ó denes, y la mue e misma se esis e á. su olun ad. El mismo Dios, pues, omando ca ne huma- na, habi ó en e noso os, y anuncia desde luego una nue a doc ina, doc ina, que como asien a Golmayo, ué desconocida has a de los, más sábios ilóso os de la an igüedad, doc ina no es é il y me a ísica ni llena de e o es, ni ence ada en los es echos lími es del A eneo, del Pó ico ó del Liceo pa a sa is ace únicamen e el o gu- llo de los sábios, sino que había de se i pa a ilus a al homb e en sus elaciones y debe es pa a con Dios, pa a consigo mismo, y pa a con sus semejan es; y no se con- en a con es o, sino que pa a ealiza la edencion del homb e en odas las gene aciones enide as, J. C. unda su Iglesia. Él nomb a y escoge en e 'aquellos que c eian y p ac- icaban su doc ina doce homb es humildes, pob es é igno an es, que ecibie on el nomb e de Após oles ; en- iados, y les concede el mismo pode que habia ecibido de su Di ino Pad e. Él les dijo: «Sicu missi me i ens Pa e , e ego mi o os, accipi e Spi i um Sanc um» y aquellos a ones humildes, coope ado es en la unclacion de la Iglesia, ue on los enca gados de p opaga y conse - a aquellas sublimes e dades que habían ecibido de su di ino Maes o. ¡ Que esplique aho a el acionalis a cómo esos homb es igno an es pudie on p edica y p o- paga una nue a doc ina! , pues J. C. quiso ale se de 'los humildes más que de los pode osos de la ie a, pa a p oba al mundo la di inidad de su enseñanza. El mismo Reden o habia dicho «en an o que es oy — 19 - en el mundo, soy la luz del mundo», po es o San Pablo llama á la Iglesia columna y balua e de la e dad. La Iglesia pues empezó su enseñanza ca ólica, única di i- na, anunciando su doc ina en odas las lenguas, ense- ñándolo odo y á odos, no como los sace do es del pa- ganismo, que segun Cice on, se bu laban en sec e o de cuan o p edicaban en público, sino sellando con su san- g e la e dad y excelencias de sus dogmas. J. C., en. in, ompe las cadenas de hie o que op imian al mundo an iguo, p oclama los e e nos p incipios de libe ad, igual- dad y a e nidad, es deci , la jus icia pa a odos, la hu- manidad, y la ca idad. Él, segun la exp esion del P. Félix, no es solamen e en la amilia un manan ial de i- da que la egene a, es un modelo que ans o ma, mode- lo de pe eccion que la ele a hacia Dios, haciéndola á su semejanza, po que Él es la pe eccion misma, po que es el mismo Dios. El homb e den o yá del hoga c is iano es á unido con ínculos pode osos á la sociedad que le p o e g e: oi- gamos lo que dice á es e p opósi o un céleb e y escla eci- do esc i o ; «es á ligado po sus pad es, po su muje , po sus hijos; es á ligado po su p esen e, po su pasado, po su po eni ; es á ligado po sus sepúlc os, po sus cunas, po sus al a es; y más p incipalmen e lo es á po aquel hoga u ela que ab iga jun o con él á su amilia en e a.» En e ec o; la amilia yá descansa en o os p incipios, no es la ley ci il su undamen o, su esencia misma es un cen o de amo , amo que la P o idencia coloca en el co- azon de los pad es, de las mad es y de los hijos, y que es en la amilia una na u al sal agua dia. Tambien se ompen las cadenas de la escla i ud, pues cuando el homb e llegó á se hijo de Dios, segun la eliz exp esion del Ma qués de Valdegamas, luego al pun o de- jó de se escla o del homb e. Y cómo no habla de se así, si el. ca olicismo es un sis ema de ci ilizacion coinple o, -- 20 -- es una ins i ucion social uni e sal. En una palab a, el mundo mo al, di é con el ci ado Valdegamas, encon ó en el dia de la edencion las leyes que habia pe dido en el dia (le la p e a icacion y del pecado. Hé aquí á g andes asgos la doc ina de J. C.; hé aquí su enseñanza; hé aquí en in su di ina mision. Pa a ex ende e dades an sublimes dijo á sus Após oles. «Id po odo el mundo, p edicad el E angelio á odas las c ia u as.» «El que os oye e me oye, el que os desp e- cie, me desp ecia,» y cumpliendo los Após oles el p ecep- o de su Maes o, o alecidos además con la enida del Espí i u San o, luego que la impía Je usalem come ió el ho ible deicidio, se enca ga on unos de p edica á los ju- díos, o os á los gen iles y Ped o ué el solo, que an p on- o es aba en Je usalem, como en Roma, como en An io- quía; odos, po úl imo, su ie on el ma i io, dando ejem- plo de alo y de o aleza, don especial de la Di ina g a- cia, demos ando es e hecho al mundo, que la undacion de la Iglesia se habla yá ealizado. IV. JGLESJA ES UNA VERDADERA SOCIEDAD, La eunion de los es pode es legisla i o, coe ci i o y judicial o ma la na u aleza y ca ac é es de oda e da- de a sociedad; de modo que, p obando . noso os que la iglesia ha eje cido cons an emen e aquellos pode es, en- d emos demos ado que la misma es en e ec o una e da- de a sociedad. Pues bien, la po es ad que J. C. concedió á sus Após oles, no se limi a á las con enidas en aquellas — 21 — palab as «I e in uni e sum mandan], p eedica e E ange- lium omni c ea une,» sino que a.mbien les dijo «quo um emise i is pecca a emi un u eis, quo um e inue i is e en a sun ». Es más, la pe pe uidad que p ome ió á su Iglesia supone, que las pe sonas cons i uidas en dignidad eclesiás ica, ó sea las que eligió pa a gobe na la y sus le- gí imos suceso es, engan medios su icien es de égimen y ju iscliccion p opia, sin lo que no se concibe la exis en- cia de ningun cue po social. La po es ad legisla i a de la Iglesia no necesi a de- mos a se, po que se encuen a consignada en la his o ia de odos los iempos, en las ac as de sus concilios y en los códigos an iguos y mode nos. La coe ci i a es á esen- cialmen e unida á la po es ad an e io , po que es bien cla o, que al de echo de da le es debe se consiguien e el de hace las ejecu a bajo la sancion de una pena. Ade- más de es o, se encuen a un pasaje en San Ma eo, cuan- do J. C. dijo delan e de sus discípulos: «Si pecca e i in e a e uus, ade, e co ige eum in e e, e ipsum so- lum  ; si au em e non audie i , adhibe ecum anuo unum el duos es es; si non audie i eos, clic Eccleske: si au em Ecclesiam non audie i , si ibi sicu e hnicus e publica las». Vemos pues en p ime é mino la co ec- cion a e na, luego la econ encion an e es igos, sino los oye e, la denuncia á la Iglesia y po úl imo la pena, que consis e, en conside a le como gen il ó publicano, es deci , ue a de la comunion c is iana. Y no solo se p ue- ba con el E angelio dicha po es ad coe ci i a, sino am- bien con las palab as del Após ol San Pablo á los de Te- salónica; «si quin non obedi e bo nos o pe epis olam, hunc no a e, e ne commisceamini cum illo»; y con aque- llas o as que dijo despues á los heb eos «Obecli e p Tpo- si is es is e subjace e eis», siendo de ad e i que la palab a audi e de que habia usado J. C. «qui os audi , lile audi » iene la misma signi icacion en e la inos, g ie- gos y heb eos, que la de obedi e, que usa San Pablo; -- 22 cla o es que si unos ienen la obligacion de obedece es po que hay o os á quienes asis e el de echo de manda . Tambien el mismo Após ol amenaza con cas igos á los de Co in o en aquellas palab as: «,Quid ul is, in i ga eniam ad os, an in cha i a e, e spi i u mansue udi- nis?» «se habe e in p on u, les dice en o o luga , ulcis- ci omnem inobedien iam ex po es a e quam dedi nobis Do- minus» y les ad ie e al p opio iempo, que no c ean a- a solo de a e a los po esc i o, pues es á dispues o á ea- liza de p esen e, lo mismo que exp esa de palab a; «quia quales sumus e bo pe epis olam absen es, ales e p Ee- sen es in ac o». Si p obada enemos yá la po es ad legisla i a y la coe - ci i a de la Iglesia, ácil nos es ambien demos a la ju- dicial; en e ec o, la po es ad judicial es espec o de la coe ci i a lo que la consecuencia espec o del p incipio de donde p ocede, po que si hay de echo á es ablece penas po la in accion de las leyes, hay de echo así mismo pa a hace la aplicacion de ellas en los casos pa icula es que puedan ocu i . J. C. había dicho del pecado inco egi- Me, que uese enido como gen il y publicano, los cuales en e los judíos e an a ojados de la sinagoga, pues bien, S. Pablo hizo la aplicacion de es a sancion penal en Hy- meneo y Alejand o y con el inces uoso de Co in o. La Iglesia pues, di emos con Golmayo, siguiendo el ejemplo de los Após oles y en uso de sus a ibuciones, ha eje cido cons an emen e su po es ad judicia ia haciendo aplicacion de su sis ema penal en la o ma que enia es- ablecida; y aunque se obse en más ó ménos solemnida- des, segun los iempos y ci cuns ancias y con o me á las cualidades de las pe sonas y na u aleza de los negocios, siemp e esul a que nunca se omi ió ninguno de los e- quisi os esenciales á odos los juicios. No al an sin emba go algunos, como Juan Mo ino, que p e enda p oba , que has a el siglo XI ó XII no hubo en la Iglesia más o o que el in e no; pe o noso os hemos — 23 — is o, que desde los iempos .apos ólicos se han eje cido ac os de e dade a po es ad judicial en el ue o ex e no. En el siglo IV ene nos ambien la condenacion de A - io en el Concilio de Nicea; igualmen e el de Gons an ino- pla condenó á Macedonio. En el a io 431. el Concilio de E eso juzgó y condenó á Nes o io, Pa ia ca de Cons an- inopla; y en el de 451. el Concilio Calcedonense condenó <le igual mane a á Diósco o, Pa ia ca de Alejand ía, p os- =c ibiendo -al p opio iempo las doc inas Eu iquianas; si bien ya su au o , Eu iques., habla sido condenado en el Concilio pa icula de Cons an inopla celeb ado en el a ilo de 448, siendo Pa ia ca de aquella Iglesia San Fla iano. Véase como la Iglesia ha enido eje ciendo desde un p incipio su po es ad judicia ia. Demos ado pues que la Iglesia eune los es pode es legisla i o, coe ci i o y judicial, p eciso es ya con esa , 'que es una e dade a sociedad. V. JGLESIÁ. SE DISTINGUE DEL STADO POR SU ORIGEN, POR SUS MEDIOS, POR SU OBJETO Y POR SU FIN. La Iglesia, dice Golmayo, no es una sociedad den o de o a, como han a i mado los p o es an es, no es á ma- ne a de un colegio den o de un Es ado suje a á odas las icisi udes y as o nos que es e pueda su i ; ella iene ida p opia, dis in o in, y dis in os medios, y no necesi a ni pa a nace , ni pa a desa olla se, , ni pa a subsis i el 24 — auxilio de la sociedad ci il. Se equi ocan, añade dicho au o , los que no conside an á la Iglesia con su doc ina y el apa a o de su cul o, sino en cuan o es necesa ia pa a el sos enimien o de la sociedad ci il, como si uese una ins i ucion humana; po que ella subsis e po sí misma, es independien e y iene po obje o un in mucho más al- o. Un colegio es á ence ado den o de los lími es de una ciudad ó p o incia, pa a es ablece se necesi a el consen- imien o del P íncipe, y subsis e mien as du a la causa de su ins i ucion: la Iglesia, po el con a io, iene po lími es las ex emidades de la ie a, «E dominabi u a ma i usque ad ma em e a lumine, usque ad e minos o bis e a um , » se undó y p opagó esis iéndolo los Sumos Impe an es, y du a á has a la consamacion de los siglos. Con o me con la doc ina de an ilus ado cano- nis a, solo añadi emos pa a me odiza , que la Iglesia y el Es ado se dis inguen po su o igen, po sus medios, po su obje o y po su in. Dis íng'uense po su o igen, po que la sociedad c is- iana es de de echo di ino posi i o, y el Es ado solo de- de echo humano; pe o en iéndase que nos e e i nos al Es ado ya cons i uido; pues po lo demás, cla o es, que Dios es ambien au o del impe io ci il, como au o de la na u aleza; y de la Iglesia como dispensado de g acia so- b ena u al. Po sus medios, po que los de la sociedad empo al son odos co po ales, mien as que los de la Iglesia son los más espi i uales, y los que iene co po ales, .su in es siemp e espi i ual. Po su obje o; po que el de la sociedad empo al son las cosas ci iles, ó sean aquellas que edundan en p o e- cho de la ciudad, en an o que, el obje o de la Iglesia lo son las cosas eligiosas, es deci , las que ienden á pu i- ica al homb e. Se dis inguen po su in, po que el del Es ado es el .(- ► ce , el bienes a , el dis u e de los de echos y obligacio- 25 — nes; el de la Iglesia mo aliza al homb e y san i ica le pa a alcanza o o in pos e io , cual es la biena en u- anza. Algunos asien an que es e es el e dade o in del homb e c is iano, y cie amen e que lo es, pe o ul e io , no de es e mundo, y noso os es amos solo indicando en el e eno cien í ico, las di e encias que exis en en e am- bas sociedades. V I. FORMA. DE GOBIERNO DE LA JGLESIA. Los p o es an es seguidos de Feb onio, Riche io, los Jansenis as y el sínodo de Pis oya enseña on que el go- bie no de la Iglesia es democ á ico, pues J. C., añaden, con ió inmedia amen e á los ieles el pode legisla i o, y es os lo asmi ie on á los p ime os pas o es, quiénes lo eje cen en nomb e de odo el cue po. Semejan e eo ía se con es a de una mane a ic o iosa con solo ci a algunos ex os sag ados, que demues an p ecisamen e odo lo con a io. El Maes o di ino dio á los Após oles y no al pueblo la po es ad de p edica y de dic a leyes; Él dijo á Ped o, pasee agnos meos, pasee o y es meas, y en o o luga ma- ni ies a á los pas o es «pasci e qui in obis es g egem Dei. » Toda ia hay o o ex o de los Hechos Apos ólicos que, exp esa, que la au o idad de los Após oles, emana del Espí i u San o: «A endi e obis el uni e so g egi, in quo posui os Spi i us Sanc us ege e Ecclesiam Dei.» — 32 p opio, desigual, isible, no in e mi en e ó pe pé uo, debe habla siemp e la e dad y unciona lib emen e. La unidad consis e en ene una misma é, una misma doc ina, unos mismos sac amen os, un mismo cul o, los mismos p ecep os mo ales, un mismo Episcopado. Ya lo hemos dicho «una ides, unus Dominus, unum bap isma». El mismo J. C. dijo á su Pad e al en ega se á sus enemigos «Ruego po los Após oles pa a que odos sean una misma cosa, y de es e modo c ee á el mundo que Tu me hás en- iado». Es desigual po que el pode que eje cen los que man- dan no p o iene de la mul i ud, es deci , que los Obispos lo eciben de lo al o, de a iba abajo, y no de abajo á a - iba. Los Obispos no pueden cesa po an o en su pode , po que no lo hán ecibido del pueblo, sino , de Jesu-C is o. Es ambien la Iglesia isible, po la p o esion pública de su doc ina, su. cons an e p edicacion, po la adminis- a.cion de sus Sac amen os y po que mien as no ecaiga ana ema pe enecen ambien á ella los pecado es. La. Igle- sia, en in, ealizando ,el obje o de su ins i ucion llama á sí odas las gen es, pues como dicen las Sag adas Esc i- u as, ella es como una ciudad edi icada sob e un mon- e, y como una luz colocada sob e un candelab o pa a que alumb e á odos los que es án en la casa. Los p o- es an es a i man que su Iglesia se compone solo de los jus os; sa casmo idículo y pue il; pe o como á pesa de ello, no pueden de e mina quiénes son los jus os, de aquí que su Iglesia sea in isible. La inde ec ibilidad consis e en que la Iglesia es pe pé- ua, en que jamás puede al a ; y cómo no c ee la ado - nada de es a cualidad, cuando el mismo J. C., que no pue- de engaña se, ni engaña nos, dijo que las pue as del in- ie no no p e alece ian con a la pied a undamen al de la Iglesia, y asegu ó ambien á sus Após oles, que es a ia con ellos has a la consumacion de los siglos. Es in alible po que enseña siemp e la e dad; y la en- c) ) se ía, po que es a no es más que una, y es de é que á la Iglesia le asis e el Espí i u San o. Es po úl imo sup ema, po que ella debe unciona con en e a libe ad é independencia. «Me es dada oda po es- ad, dijó J. C. á sus Após oles, en el cielo y en la ie a, y en i ud de ella id po odo el mundo y p edicad el E an- gelio á odas las c ia u as. yOTAS DE LA JGLESIA. Los he ejes de los p ime os siglos p e endian o ma únicamen e la e dade a Iglesia, po cuya causa el segun- do Concilio gene al, ó sea el 1.° de Cons an inopla, con- i mando la doc ina E angélica y la cons an e adicion ijó las no as ó ca ac é es de la e dade a Iglesia undada po N o. S . J. C.: es as no as son cua o; una, san a, ca ólica y apos ólica. La Iglesia ca ólica apos ólica y Romana es la que eu- ne en e ec o esas cua o no as 'ó ca ac é es, como p opios y exclusi os suyos: Unidad. Ya lo hemos mani es ado al a a de la p ime a de las p opiedades de la. Iglesia, es a es una po azon de su é, pues no p o esa ni enseña si- no la que ecibió de los Após oles po medio de la Esc i u- a y la adicion di ina; es una en sus Sac amen os, pues no admi e más ni ménos de los sie e que ins i uyó J. C.: uno su cul o; uno el in y los medios; una la g acia y ca- idad que i i ica odos sus miemb os; una en in, po sus pas o es, que in es idos po su ins i ucion y consa- g acion de la mision di ina y de la au o idad necesa ia — 34 pa a el gobie no de la g ey, i en en comunion con la Iglesia Romana, de la que jamás ué líci o sepa a se. San- idad. Es san a po su undado ; po azon del Apos ola- do, po los San os pad es que la de endie on con a los he ejes y po los má i es que la sella on con su sang e. Es san a po azon de su doc ina, po la pu eza de su cul o, po sus p ecep os de mo al y disciplina, sus sac a- men os, sus sac i icios y ce emonias, y po los milag os que solo se ob an en su seno. Ca olicidad.—Es ca ólica ó uni e sal no solo po ha- lla se di undida mo almen e en odo el mundo, y po que el E angelio, segun las Sag adas Esc i u as, ha de anun- cia se á odos los pueblos, como se e i ica po medio de los misione os enca gados de lle a la luz de la e dad á las más apa adas egiones, sino que ambien po la in- a iabilidad de su é, y po la pe pé ua du acion que las p omesas di inas le asegu an has a el in de los iempos. Apos olicidad.—La Iglesia una, san a y ca ólica, es ambien Apos ólica; y lo es an o po azon del Pas o ado, que son suceso es de los Após oles, como po su doc ina de i ada de es os; pues se conse a in ac o el sag ado de- pósi o de é y mo al, ci cuns ancia que b illa especialmen- e en su sup emo Pas o , el R. P., legí imo suceso de San Ped o. Tan a ue za hacía á San Agus in es a no in- e umpida sucesion de los pas o es, que aducia es a en- e las p incipales azones que le obligaban á pe mane- ce en la Iglesia «Tene me, decía, ab ipsa sede Pe i Apos oli cui pascendas o y es suas pos esu ec ionem Do- minas commenda i usque ad p wsen em episcopa um successio sace do um». Los P o es an es que a i man habe a iado su doc i- na, son los llamados á p oba , como asien a Golmaya, qué nue o dogma se ha in oducido, quién ué su au o , en qué luga y iempo p incipió y quiénes ue on sus impug- nado es, cosas odas que cuando se a a de una g ande inno acion es necesa io que se engan en cuen a. — 35 IV. " SI LAS NOTAS DE LA VERDADERA JCILESIA SON APLICABLES 413. LAS SECTAS PROTESTANTES. El acionalismo en ma e ia eclesiás ica es el pu o p o- es an ismo; de aquí que ninguna de las sec as p o es an- es e ina las no as ó ca ac é es de que nos hemos ocupa- do. En e ec o; la his o ia de sus a iaciones p ueba que no ienen unidad de c eencias; es án en desacue do ace - ca del núme o de Sac amen os, mien as los lu e anos c een en la Euca is ia, niéganla los cal inis as; o os con- side an el bau ismo como esencial, y no al an quienes digan que no es necesa io pa a en a en el cielo; los cal- inis as niegan la exis encia del Sac amen o de la peni- encia; los p o es an es de Ingla e a dicen que aun cuan- do la con esion. es buena, no es necesa ia: no al an o os que asegu en se su icien e la é pa a sal a se, y algunos que debe e i a se el pecado: econocen odos ellos el espí- i u p i ado co no egla de é, pudiendo, segun él, in e - p e a las Esc i u as; po es o obse amos que an luego como se le an a on Lu e o, Cal ino y Zuinglio, lo hicie- on ambien o os e o mado es mul iplicándose las sec- as, pues en poco iempo subie on al núme o de 150, ca- da una de las cuales se subdi idió despues en o as an- as. En ma e ia de ge a quía son de opinion los Ingleses que debe exis i ; pe o los anceses a i man po el con- a io, que consis e solo en el sala io. Reunidos alguna ez pa a e mina sus disco dias, se sepa aban sin pode .jamás en ende se. 36 -- Tampoco esplandece la san idad ni en sus undado es, ni en su doc ina. Lu e o, monge agus ino, empezó, po esen imien os á. Roma, á es ablece p oposiciones a en u adas sob e las indulgencias, y concluyó po nega lo odo; se ab asaba en mil uegos de su ca ne indómi a, has a el pun o de que no se sa is izo con el doble sac ilegio que come ie a, con- ayendo ma imonio con Ca alina Bo a, eligiosa p o esa, sino que pe i ió ocho eligiosas más. El p o es an e Cal- ino decia de él, «que e dade amen e e a un icioso» y po cie o que no se cuidaba de apa ece co no al á los ojos de p opios y ex años.—El mismo Lu e o esc ibia, «Dios mio p o eednos de es idos, somb e os y ab igos, go das acas y e ne as, muchas muje es y pocos hijos, pues el buen come y bebe es el mejo emedio con a los disgus os y penas.» Si nos conc e amos aho a á Cal ino e emos que es e le imi a y aun sob epuja en la pe e sidad.—Cal ino na- ció en Noyon en 1509, se man u o y educó á espensas de la Iglesia, pues le concedie on capellanias y has a un cu- a o sin habe ascendido aún al sace docio; empezó come- iendo un ho ible c imen con a las cos umb es, po el que se le condenó á se ma cado en la espalda con un hie o canden e, pe diendo ambien sus en as eclesiás i- cas; con al mo i o se uga á Gineb a y exci a allí al pue- blo con a su Obispo; con ae ma imonio con Idele a , y se asocia á Wolma , que había ab azado el lu e anismo. El mismo Wolma decia de Cal ino, «que e a iolen o y pe e so;» el p o es an e Buce o añadia más, pues a i - maba «que e a un pe o abioso, un homb e malo;» Bal- duino, ambien p o es an e, asegu aba que Cal ino enia una sed inex inguible de enganza y de sang e. Bonb ai, minis o p o es an e en Be na, pin a á Cal i- no co no concubina io en T asbou g, con encido de la o- cinio en Me z, sodomi a en Basilea, hipocond iaco en Gineb a. 37 _..., Con ado, o o p o es an e, se exp esa así: «Dios ha mani es ado en es e siglo su jus icia sob e Cal ino, al cual ha isi ado con la a a de su u o , á quien ha cas- igado ho iblemen e an es de la ho a de su desas ada mue e; pues ha he ido con su pode osa mano á es e he- eje de al modo, que ha exhalado su alma maldi a deses- pe ando de su sal acion, in ocando á los demonios, ju an- do y blas emando mise ablemen e. Los gusanos amon o- nados en las pa es e gonzosas de su cue po habian o mado una úlce a an in ec a, que ningun i ien e podia su i su hediondez.» Si examinamos la ida de Zuinglio, na u al de Suiza, e emos, que siendo pá oco ué sepa ado po sus exce- sos; que luego, segun e ie e su discipulo Bullinge , se casó con una iuda ica, y decia públicamen e «que se ab asaba en uego impu o has a el pun o de come e mu- chas deshones idades.» Él mismo con esaba peca po o gullo, po gula y po luju ia.—Es e homb e al in pe eció en el campo de ba alla al en e de ein e mil comba ien es. Si nos ijamos en Ca los ad, Ecolampadio , Capi on, Ochino, y o os muchos , obse a emos idén ica con- duc a. Buce o, monje domínico, colgó ambien los hábi os y buscó muje , habiendo enido es, una de las cuales ué asimismo eligiosa. Teodo o de Beza casó con Claudia, esposa de un sas e de Pa ís, i iendo aun su ma ido. Po es o, decia E asmo, acusado ambien de p o es- an ismo, que nada habia más cómico co no es a nue a eligion, po qué el desenlace e a siemp e un casamien o. Es o en cuan o á los undado es de esas sec as: po lo que hace á su doc ina, cla o es, que habia de se consi- guien e á su desmo alizada conduc a, pues apa e de los muchos e o es que sos ienen condenados odos po la Iglesia, añaden que Dios es au o del pecado y manda — 38 — cosas imposibles; que has a la é pa a la jus i icacion ,, y que no se impu a pecado po g a e que sea, ni pie de ja- más la g acia, el que se c ee escogido ó p edes inado, iniendo así con semejan e doc ina á hace es é iles las buenas ob as y odas las i udes. De igual mane a no con iene la no a de ca olicidad á ninguna de las sec as p o es an es. Nacie on y se desa - olla on á la somb a de las disco dias ci iles del impe io; y no obs an e se su doc ina lisonje a pa a las pasiones y de p es a les odo su apoyo los je es de los Es ados, po que los hacia Pon í ices y dueños de odos los bienes eclesiás icos, el p o es an ismo se p opa g ó poco y á muy en decadencia; no iene ida, y ma cha apegado, como asien a Golmayo, á las ins i uciones empo ales, como plan a de some as aíces que debe su exis encia al o- bus o onco á que se ha unido y que pe ece á con él. No con iene asimismo á la e o ma p o es an e la no a de apos ólica, po que sabido es que su doc ina, lejos de pode se llama al, ae su o igen de e o es ya condena- dos en los an iguos he ejes y cismá icos, y los que ellos o ja on, es án en abie a con adiccion con la Iglesia ca ó- lica desde los iempos apos ólicos. Po o a pa e ya he- mos is o que Lu e o empezó po esen imien os á la Silla Apos ólica, á es ablece p oposiciones a en u adas sob e las indulgencias, que de aquí pasó al esbaladizo e eno de la jus i icacion y la g acia, y ué poco á poco o mando esa la ga cadena. de e o es, que concluyó po nega lo odo. «Se le a güía con la Esc i u a, dice Golmayo, y no pudiendo con es a , decia que es aba adul e ada; se le p esen aban es imonios sacados de las adiciones y e- soluciones de los concilios gene ales, y negaba la e - dad de aquellas y la au o idad de es os; hablaba, po in, el Je e de la Iglesia, y el o gulloso e o mado 110 eco- nocía en él más, que al Obispo de Roma, un móns ue quien e a p eciso ex e mina :» así pues, ampoco con iene la no a de apos ólica po azon de la sucesion en el minis- 39 — e io apos ólico, oda ez que ni Lu e o ni los o os p in- cipales au o es de la e o ma ue on Obispos, ca eciendo po an o de mision o dina ia pa a gobe na la Iglesia; asimismo ca ecian de mision ex ao dina ia, cual es la que se apoya en las p o ecías y milag os, po que, apa e de no habe la p obado po -medios ex ao dina ios, ningun p o e a p econizó la e o ma, ningun milag o ap obó su doc ina, al menos que se quie a hace mé i o del que e- ie e Bela mino con elacion á (al ino, que ué el siguien- e: dicho he eje sedujo á una muje y log ó pe suadi la de que ingiese la mue e de su ma ido pa a acudi á él suplicándole le es i uyese á la ida : así se hizo, pe o la mue e ingida esul ó e dade a y el bueno del após a a quedó bu lado, escapándose p ecipi adamen e de la is a de los espec ado es. FNIDAD DE LAS JGLESIAS PARTICULARES. La Iglesia, es un cue po que cons a de di e en es miem- b os, y puede conside a se en cuan o es á espa cida po oda la ie a, en cuyo caso se llama ,uni e sal, ó ci cuns- c i a den o de un e i o io, que es la pa icula . Sen ado es e p eceden e, ácil es comp ende , que la unidad de la Iglesia uni e sal no puede exis i sin la union de las iglesias pa icula es en e si, como pa es que son do un mismo cue po; y además, po que siendo la unidad una de las cua o no as que dis inguen á la Iglesia ca ólica, cla o es, que odas las Iglesias pa icula- - 40 es han de p o esa una misma é, econoce unos mismos sac amen os, p ac ica un mismo cul o y es a unidos los ieles bajo la au o idad de sus legí imos Pas o es. Es a unidad se ompe po la he ejía ó po el cisma; en el p ime caso concluye la unidad en la é; en el segundo la obediencia á los legí imos P elados. VI. ikRMONIA ENTRE LAS IGLESIAS PARTICULARES: LETRAS FORMADAS. Supues a la unidad de las Iglesias pa icula es, se hace necesa io que es as se p es en mú uo auxilio, y es én en la mayo a monía pa a consegui el in mo al de su ins- i ucion. Como consecuencia de ello, los ac os legales de una Iglesia ienen que se espe ados po las demás; los clé igos adsc i os á una Iglesia ampoco pueden se admi- idos en o a sin licencia de su Obispo; es o mismo enia luga espec o á los c is ianos pe eg inos, pues necesi a- han es imonio de su. P elado, en el que se hicie a cons a que no habian sido sepa ados de la comunion de los ie- les; y po úl imo, si algun Obispo incu ia en he ejía, es ando po consiguien e la é y la eligion en pelig o, es obligacion del Episcopado a ende á la causa comun, sien- do aplicable en' al caso la sen encia de San Cip iano, que dice : «Episcopa us unus es , cujus in solidum singuli pa es enen .» El S . Golmayo mani ies a que iene luga ambien la aplicacion de es a sen encia cuando un e i- o io se encuen a sin pas o es que le gobie nen, co no pod ia sucede en e los pueblos bá ba os, donde las pe - secuciones acaban muchas eces con los je es de las mi- siones, así que cualquie Obispo que pasase po aquel e i o io end ía el debe de con e i ó denes ó de eje ce cualquie a o a de las unciones del ó den episcopal; pe o es lo cie o que semejan e doc ina no puede sos ene se en absolu o, y mucho menos si exis en o os Obispos en aquel e i o io, los cuales si ejecu an algunos ac os p o- pios de su Sag ado minis e io, es solo po ca idad y no po que u ie an ju isdiccion sob e súbdi os ajenos; asi se comp ueba po la misma sen encia de S. Cip iano, segun sen i de S. Epi anio, en ca a á Juan de Je usalen. La unidad y a monía de que lle amos hecho mé i o se conse aba en e las iglesias pa icula es po medio de le as canónicas ó o madas; es as e an de es clases, co- munica o ias, dimiso ias y comenda icias: las, p ime as se daban á los que es ando en la comunion de su Iglesia, enian que ausen a se po cualquie mo i o, á in de que se les admi iese en o as, y pudie an goza de los de e- chos de hospi alidad: es o e a debido á que exis ian en los p ime os siglos muchos cismas y he ejías, y se hacia ne- cesa io un medio pa a en ende se los ieles, poniendo á la ez en cla o los dogmas de la é y los p incipios de la mo- al: las dimiso ias se daban á los clé igos que iban á ija su domicilio en o a diócesis; e a an o como la licencia, di ni eba , que pa a ello le daba su. p opio Obispo: las co- menda icias se expedian, segun el comun sen i de los a adis as, en a o de pe sonas ilus es pa a que se les p es asen los auxilios necesa ios, ecibiéndolos al pa con más conside acion. Los in é p e es g iegos c een que es as úl imas le as se deban á las pe sonas de mala e- pu acion, ó que habian su ido yá alguna pena po la co- mision de cualquie deli o: dió luga á an di e en e in- eligencia el can. 10 del Concilio de Calcedonia, po con- ene algunas palab as ambiguas, que an o signi ican buena, como mala ama. Dionisio el Exiguo hizo la e - o --48--- able de echo de que su cul o sea público, á di e encia del que ienen las alsas sec as, que es pu amen e p i- ado, y de aquí, que no pueda pone se á discusion la doc ina de aquella, y se impe e el auxilio del b azo secula , siemp e que lo necesi e: las elaciones, pues, en- e ambas po es ades son ya más in imas; los minis os del e dade o cul o en sus dis in as je a quías ienen no solo ca ác e público, sino mayo in luencia y conside a- cion, y muchos asun os, como dice Golmayo, pe enecien- es al égimen eclesiás ico pod án ocu i en los cuales no deba nega se al P íncipe algun géne o de in e encion po a a se en ellos de un in e és público. Po lo que hace á España, sus Mona cas ienen a ios de echos que se le econocen en los conco da os, y muy especialmen e los de Pa ono, con cuyo í ulo pueden in- e eni en muchos asun os de disciplina eclesiás ica. VI. STA.00 DE EXCLUSIVISMO. Se dice que la Iglesia ca ólica es exclusi a , cuando solamen e su doc ina se p o esa en un Es ado, sin ole a ningun o o cul o. En al si uacion dis u a la Iglesia, no solo de las en- ajas que acabamos de enume a en el an e io pá a o, sino que ambien de las siguien es: se e igen en deli- os ci iles y se cas igan con penas empo ales los deli os e clesiás icos : 2.' solo los ca ólicos ienen el de echo de ciudadanía: 3.' odos los empleados públicos han de se p ecisamen e ca ólicos, pues la ley ci il inhabili a pa a 49 -7- odo ca go al que no p o ese es a di ina eligion: 4.* de- echo indispu able pa a pedi que en ningun iempo se in oduzca sec a alguna en el país en que solo eina la doc ina ca ólica; y de aquí el nomb e de exclusi a. Debe á su ez la Iglesia p es a se á los jus os deseos y p uden- es eclamaciones del Es ado en ma e ias eclesiás icas, ijando de comun acue do las eglas opo unas. De es e modo, di emos con Wal e , ambos pode es concu i án á un iempo á su obje o, discu i án amis osa- men e los negocios comunes, ansigi án con deco o las dispu as, y ob a án como un solo cue po en cuan o con- enga á la sociedad ci il y eclesiás ica. VII. p EBERES DE LOS RíNCIPES PARA. CON LA. JGLESI1. Nada más ace ado, en nues o juicio, al ocupa nos de los debe es de los P íncipes pa a con la Iglesia, que e- p oduci en es e luga lo que sob e es e ex emo dice el S . Golmayo, con el que es amos de comple o acue do. «Una ez con encido el P íncipe de la e dad de la eli- gion y de que la Iglesia es la deposi a ia é in é p e e de sus doc inas, iene obligacion de p o esa la since amen e como c is iano y de p es a le como Je e del Es ado odo el apoyo que sea necesa io con o me al espí i u del c is ia- nismo. Como la eligion, bajo las o mas ex e io es que le dá la Iglesia, puede conside a se ambien como un medio muy pode oso de gobie no en la sociedad, el P ín- cipe que quisie e p escindi de ella en el concep o de 7 — o — c is iano, no Pod ía hace lo bajo el aspec o de la anqui- lidad pública y del bienes a gene al de sus súbdi os. Po eso, sin ol ida sus p opios in e eses como gobe nan e, no puede menos de p o ege la, p omo iendo la obse an- cia de sus disposiciones, de endiéndola de cualquie a a- que in e io ó ex e io que ienda á des ui su o ganiza- cion , espe a sus de echos libe ad é independencia, conside ando que es una e dade a sociedad que iene que cumpli bajo un doble aspec o en bien del géne o humano la al a mision que le ué con iada po J. C. En una palab a , es debe del P íncipe p es a se á odas las mi as y deseos de la Iglesia, sin menoscabo de las p e- oga i as del Sobe ano, y sin pe juicio ambien de los in- e eses del Es ado.» ¿Qué más pod iamos deci noso os? Ninguna cosa en e dad. El Mona ca, pues, es á in e esado en el ó den pú- blico, en la anquilidad del pueblo que le ha sido con ia- do, en el bienes a gene al del mismo; y cie amen e que la doc ina ca ólica hace del homb e un buen hijo, un ie no esposo, un ca iñoso pad e, y con ales ciudadanos no hay emo de que el ó den público se al e e, de que se conspi- e, de que se acuda, en in, á medios ex emos, en luga de eje ce el de echo de pe icion, con a eglo á los p in- cipios undamen ales de odas las sociedades cul as. VIII. ARMONÍA O J E DEBE EXISTIR ENTRE AMBAS POTESTADES, Es indudable la necesidad de que la Iglesia y el Es ado se man engan á la mane a del alma con el cue po, ín ima- men e unidos y en es echa elacion en e sí: po que no — 51 puede ol ida se, que la gene alidad de los homb es, al pa que ciudadanos, son ambien hijos de la Iglesia. Po o a pa e, el pode espi i ual, como asien a el Ilmo. S . Obispo D. Jus o Donoso, depende indi ec aiñen e del empo al pa a la lib e ejecucion de, sus cánones, pa a mejo p omo e en los pueblos el se icio di ino, pa a dila a , como se exp esa S. G ego io, la senda del pa aí- so, pa a da , como dice Bossue , un gi o más lib e al E angelio, una ue za más pode osa á sus cánones, un apoyo más sensible á su disciplina; y po el con a io, el pode empo al necesi a del espi i ual pa a da á sus le- yes una sancion mucho más pode osa y e icaz.—Po es o es indisc e o el o o de algunos homb es eme a ios que p e enden ompe los ínculos que unen á la Iglesia con el Es ado: ya hemos is o que la Iglesia siemp e ha que- ido la más ín ima elacion, aun con aquellos que la des- poja on de sus bienes , del eso o que in e ia con los pob es y necesi ados: de igual mane a han pensado siem- p e los Sumos Pon í ices y los Concilios gene ales; éase sino la Encíclica de G ego io XVI, de 15 de Agos o de 1832, y la conduc a obse ada po el A zobispo de Tolo- sa, á la que se adhi ie on la mayo pa e de los Obispos anceses, condenando cincuen a y seis p oposiciones, que cie os esc i o es imp uden es p opala on en F ancia en el año de 1830, una de las que se ' e e ia á la o al sepa- acion de la Iglesia y del Es ado. CAPÍTULO IV. 1. In luencia de la Iglesia sob e el de echo de gen es.—II. Sob e el secula público.—HI. Sob e el ci il.--I V. Sob e el penal.— V. Sob e los p ocedimien os judiciales. JNFLIJENCIA DE LA GLESIA SOBRE EL DERECHO DE GENTES. P oclamado po el c is ianismo el p incipio de a e - nidad uni e sal, se des uye on po su base aquellas leyes bá ba as de los pueblos an iguos, segun las cuales, ni en la gue a, ni en la paz, se econocia apenas ninguna clase de de echos; pues sabido es el aislamien o en que i ían las naciones an es del c is ianismo, y la poca conside a- clon con que se mi abá á los ex anje os; así co no el de- echo de ma a ó hace escla os á los p isione os de gue a. Bajo la bené ica in luencia de la Iglesia, las ideas endie on á euni las naciones, aspasando sus lími es na u ales, pa a o ma de odas ellas la g an amilia c is iana. Po o a pa e, el Pon i icado se ele a en los siglos medios á una g an al u a; él ué el solo que man u o pu as las cos umb es en aquellos iempos de co upcion y ba ba ie; así es, que los mismos pueblos le conside aban como cen o de ida y á bi o de los des inos de. la huma- nidad; po es o acudia i á él, ya pa a que los ele ase á la -.) ca ego ía de Reinos, co no sucedió con la Hung ía, con la C oacia, con la Polonia, con Po ugal y con I landa- , ya pa a que p ocu asen la paz en sus con inuas gue as; ya pa a que mediasen en e Reyes y súbdi os, ya, en in, como á bi os de sus luchas y de sus a ias con iendas. Oigamos lo que dice Wal e á es e p opósi o: «Los Embajado es, los Cong esos y las alianzas ocupan hoy el luga que u o la Silla Apos ólica; de mane a que el e- conocimien o de nue os einos y dinas ías es ya ob a de negociaciones diplomá icas. Los Pon í ices, no obs an e- han seguido con i iendo, has a en época ecien e , cie os í ulos de hono , como los de P o ec o de la é, C is ianísi- mo, Ca ólico, Fidelísimo, Apos ólico, en ecompensa de se - icios hechos po los Reyes á la Iglesia; y es os í ulos se conse an y espe an mú uamen e en las elaciones en e las có es espec i as.» La Iglesia ambien in en ó y sos- u o con g an empeño la llamada egua de Dios pa a hace cesa las con inuas gue as en e los Seño es eu- dales; así emos, que en el año 990, segun e ie e el his- o iado William Robe son, se eunie on muchos Obispos en la pa e me idional de F ancia, y publica on a ios e- glanien os con el obje o de pone lími es á la iolencia y ecuencia de las gue as p i adas , mandando que si al- guna pe sona en su diócesis se a e iese á queb an a los uese p i ada de odos los p i ilegios c is ianos du an e su ida, y se le negase la sepul u a eclesiás ica despues de su mue e; medida que cie amen e, añadimos noso os, debió con ibui á que disminuye an an os íos de san- g e, po que aquellos Seño es dis u aban sun uosos pan- eones de amilia, y no que ian e se p i ados de ellos en su ho a pos e a ; sin emba go de es o, es p eciso con e- ni , que semejan es disposiciones no ue on bas an e pa a aboli una cos umb e que lisongeaba el o gullo de los no- bles; po es o se hizo necesa io de emplea pa a des ui la medios sob ena u ales. «Despues, dice el ci ado his o ia- do , que se habia apa ecido un ángel á un Obispo de Aqui- — 54 ania con el obje o de manda á los homb es que pusiesen é mino á sus hos ilidades y se econciliasen en e sí; es a e elacion, con inúa, ué publicada du an e una época de calamidad pública , po lo que se siguió una paz gene al que du ó sie e años, de e minándose que nadie pudie a a aca á su ad e sa io en los iempos des inados á cele- b a las g andes es i idades de la ó sea desde la a de del jue es de cada semana has a la mañana del lu- nes ¿le la siguien e, po se conside ados los días in e - medios como pa icula men e san os, po que la Pasion de N o. S . Jesuc is o u o luga en uno de es os días y la Resu eccion en o o. La dilacion de las hos ilidades, que se siguió despues, ué á lo que se llamó egua de Dios. Es a, que no pasaba de se eglamen o pa icula de un eino, se hizo ley gene al de oda la c is iandad, ué con- i mada po la au o idad de muchos Pon í ices y suje os los asg eso es á la pena de excomunion.» Tambien los Concilios gene ales se ocupa on de es a ma e ia, como lo jus i ica el siguien e cánon del Concilio III de Le an: «T eugas, á qua a e ia pos occasum solis, usque ad secunda a e ian' in o u solis, ab ad en u Domini, usque ad Oc a as Epipliank , e a sep uagesima usque ad Oc a- as Paschm, ab omnibus in iolabili e obse a a p ci- pimus. Si quis au em eugas ange e p aesumpse i , pos e iam admoni ionem, si non sa is ece i , sucas episcopus sen en iam excommunica ionis dic e in eum.» De igual mane a los Pon í ices p ohibian el uso de a mas demasiado mo í e as, como emos po el capí ulo único, (le saggi a iis, de Inocencio III. Po úl imo, la Iglesia jamás econoció el de echo de conquis a en el sen ido que lo en endie on y p ac ica on los pueblos an iguos; solo lo acep a cuando cede en bene- icio de los encidos, lle ándoles la luz del E angelio y con ella la cul u a y ci ilizacion de pueblos más adelan- ados; es e es el espí i u de la Bula de Alejand o VI, con- cediendo á los Reyes Ca ólicos el de echo á la conquis a de las Islas y Tie a Fi me , que ue on descubie as po Colon. II. JNFLUENCAA DE LA. JGLESIA. SOBRE EL DERECHO SECULAR PÚBLICO. La Iglesia que siemp e ha p edicado la e dade a igualdad; que pa a ella lo mismo es el pob e que el ico, el noble que el plebeyo, el g ande como el pequeño; la Iglesia, pues, que admi e á odos sin dis incion á su sa- g ada mesa, p odigándoles oda clase de auxilios, no po- día econoce el pode a bi a io de los gobe nan es; po lo mismo jamás conside ó á los pueblos como pa imonio de los Mona cas, muy al con a io, eco daba á los Reyes y á odos los empleados públicos, que sus espec i os o i- cios les imponian sag adas obligaciones. Dignas son de copia se las siguien es palab as, omadas del Pon i ical Romano, palab as que di ije al Rey ó Empe ado el Obis- po enca gado de su bendicion y co onacion: «Habiendo de ecibi hoy po nues as manos la uncio i sag ada y las insignias eales, es con enien e que e amones emos an- es de ecibi el ca go á que es ás des inado. Hoy ecibes la dignidad eal y el cuidado de gobe na los pueblos ie- les que e es án encomendados. Luga , en. e dad, muy escla ecido en e los mo ales, pe o lleno de di icul ades, de ansiedad y de abajos...  a lbien has de da cuen- -- 7)6 -"- la d Dios del pueblo que es ás enca gado de gobe na . En p ime luga obse a ás la piedad y adminis a ás á odos indis in ame n e la jus icia, sin la cual ninguna sociedad puede exis i la go iempo, concediendo p emios á los buenos y las penas me ecidas á los malos. De ende ás de oda op esion á las iudas y hué anos, pob es y débiles. Co espondiendo á la dignidad eal se ás pa a con odos bené ico, a able y dulce. Y e conduci ás de modo que eines no pa a u u ilidad, sino pa a la u ilidad de u pueblo, e c.» Y no e a es o solo, sino que cuando po desg acia se ponian en desacue do pueblos y Reyes, se eia á los Ro- manos Pon í ices, pone se siemp e de pa e de los op i- midos, e igi se en á bi os de aquellas sang ien as luchas, ija los lími es de las obligaciones ecíp ocas y amena- za con excomunion á los p omo edo es de ales dis u - bios , bien uesen súbdi os, bien Empe ado es, Reyes ó Magna es. «Es e pode , que bien se comp ende no es anejo al Pon i icado, ué debido, segun Golmayo, á las ci cuns- ancias de los iempos, al al o concep o de impa cialidad y ec i ud que se hablan g angeado los Romanos Pon í i- ces, y á la necesidad de un cen o de union, que po en- onces no se encon ó sino en la Silla Apos ólica , pode que eje cie on con glo ia y en bien de la c is iandad, y que solo puede se mal mi ado po espí i us ulga es, incapaces de pene a en los sec e os de la his o ia.» JI n IFLUENCIA DE LA GLESIA SOBRE EL DERECHO CIVIL. An es del siglo XII, es aban unidas la ciencia de los cá- nones, y la ciencia de las cosas di inas, que omó el nomb e :57 de eología, siendo de es a época-los Basilios,C isó:s omos, Je ónimos, Agus inos y o os, que no solo se dedica on á la con emplacion de las sublimes e dades, sino ambien al es udio y exposicion de 1.0s cánones de la Iglesia; ue- on ambien ilóso os, y a aje on á muchos de es os, los más se e os, al seno del ca olicismo: pe o despues de di- cho pe íodo de_ iempo, se sepa a on ya aquellas ciencias, uniéndose la canónica á la del de echo ci il omano. Las Uni e sidades e an el cen o de es a ida in elec- ual, y la de Bolonia llegó á odo su esplendo ; e a an a la concu encia de escola es, que ué p eciso es ablece eglamen os pa a. e i a la con usion y el clesó den; el Empe ado Fede ico I publicó una o denanza en 1158, segun la cual los es udian es ex anje os se clasi ica on po naciones, y es as se eunie on en dos cue pos, de cis- mon anos el uno, y s de ul amon anos el o o, eligiendo cada uno su Rec o . Es e es el o igen de la palab a ul a- mon ano, que han que ido aplica en iempos pos e io es i de e minada escuela, cuando en ealidad no debe con- side a se co no al, la. opinion pa icula de algunos polí- icos. La Uni e sidad de Pa ís ambien se o ganizó po naciones, con ándose cua o en 1206, de anceses, ingle- ses ó alemanes, pica dos y no mandoS: al en e de cada nacion habia su P ocu ado , y los cua o p ocu ado es eunidos elegian al Rec o . De aquí la in luencia pode osa que eje ció la Iglesia po medio de sus cánones, sob e las legislaciones ci iles de los pueblos; el espí i u de esa misma Iglesia, po o a pa e, econoce y sos iene, co no a i ma Wal e , las an- iguas y buenas cos umb es de las naciones, hallándose siemp e dispues a á amolda su p opia legislacion á las ins i uciones ap eciables que. encuen a es ablecidas; po es o, a iadimos noso os, se complemen a on ambos de e- chos, el ci il y el canónico, pues á la. ez que es e e a suple o io de aquel, el p ime o lo e a ambien del segun- do. Con el ascu so (le los iempos, la Iglesia in e ine) 8 "'"""' G4 - ca idad: es deci , que no bas a la c eencia pa a la jus i i- cacion, sino que se necesi an ambien las buenas ob as; po es o dice el Após ol San iago, « ieles sine ope ilms1 l ' indi a es a» pues aunque es cie o que los pecado es ( ozan en la Iglesia de odos los de echos espi i uales, ( ozan - mien as po el ana ema, no son sepa ados de ella, am- bien lo es que son miemb os mue os, no es án animado s po el espí i u de la e dad, son po úl imo, segun el lenguaje de las Esc i u as, como la cizaña. en el igo. Si la mo al consis e en los p incipios de la na u aleza a e- glados á las leyes di inas, si es la p ác ica de las i udes c is ianas, ¿cómo en onces los mode nos ilóso os y publi- cis as se a e en á in oca una mo al uni e sal, dis in a de la E angélica? ¡Pues qué!, ¿hay dos e dades en el mundo? ¿Hay dos modos de ealiza en el iempo las leyes di inas? Hay más de una é? Igno an es, que ijos en una idea, p esen ando ésis y an í esis, pa a busca en la sín- esis la soñada e dad, ocan y no c een en la pod edum- b e que en uel e su absolu o. ¿Concibe la azon del hom- b e que la mo al exis a sin un Dios que la i i ique y la egule? Pues si Dios es uno, una ha de se la mo al pa a los homb es, de lo con a io, habiamos de supone la dua- lidad (5 la mul iplicidad de ese Se in ini o y omnipo en e, ó po lo menos que es e habla enseñado dos eglas de mo al, dos e dades, y sabido es que la e dad es una, po que si exis ie an dos se des ui ían mú uamen e. Pe o con inuemos: sabiendo ya en qué consis e la é y la mo al, eamos que se en iende po disciplina; es a es el mó il.; la ,mane a ma e ial, sensible y co po al con que se p ac- ica la é, y como es a p ác ica iene luga bajo cie as o mas, es as o mas . son las que cons i uyen la adminis- acion. 65 II. DIVERSAS ACEPCIONES DE LA PALABRA JUS / Y DENOMINACIONES VARIAS DEL DERECHO FANÓNICO. La palab a la ina jus, en cuan o á su e imología, la hacen unos de i a de jus i ia, y o os con más unda- men o de jussu el jubendo: espec o á su signi icado, a ias son sus acepciones: unas eces signi ica lo mismo que jus o ó cosa jus a, bien ya po su con o midad á la ley di ina y humana, ó bien po que dá á cada uno lo su- yo: o as eces se oma po la acul ad mo al de hace ó no hace alguna cosa, y o as en in, po la ciencia del de echo, es deci , po la ciencia de las leyes y de los cá- nones. En es e sen ido la llamó Ulpiano «a s wqui e boni,» a - e de lo jus o y de lo bueno. El De echo Canónico se conside a, po an o, como la coleccion de leyes eclesiás icas; ae su o ígen de la pala- b a g iega cánon, que en la in signi ica egula, egla, palab a más modes a y más acomodada al espí i u de la Iglesia, que la de ley: omábase en un p incipio en sen i- do igu ado, po odo lo que podia se i de egla ó no ma en el deci y en el ob a , de aquí que llama a Epicu o cánon á su lib o sob e los c i e ios de la e dad, lib o que elogió Cice on diciendo que e a como una egla ba- jada del cielo. Sin emba go de es o, se a ibuyen al De e- cho Canónico o as a ias denominaciones: llámasele De- echo eclesiás ico, ya en azon de su obje o, po a a de pe sonas y cosas eclesiás icas, ya po su o igen: ambien se le denomina de echo Pon i icio, po cons a en su p in- cipal pa e de dec e os y cons i uciones pon i icias. ó bien 1) — 66 — po que ecibe del R. P. el ca ác e de ley, y su ue za obliga o ia en la Iglesia Uni e sal: de igual modo se le llama de echo sag ado, ya po su ma e ia, que lo son las pe sonas sag adas, ya po azon del in á que se cli ije: po úl imo, se conoce asimismo po De echo di ino, no po que lo sea ealmen e en odas sus pa es , sino en cuan o encie a muchas cosas o nadas de los lib os di- inos, y además, po que sus cánones son conclusiones deducidas de los p incipios de la ley di ina. Noso os sin censu a ninguna de es as denominaciones, p e e imos, sin emba go, la de De echo Canónico y Disciplina gene al de la Iglesia, pa a de es e modo es udia las leyes ecle- siás icas, no solo bajo el pun o de is a eó ico, sino am- bien bajo el p ác ico ó de aplicacion. yE R DADE R O CONCEPTO DEL pERECHO FANÓNICO Y SU DIFERENCIA DEL, CIVIL. Se en iende po De echo Canónico, dice Ca ala io, «la acul ad que dá eglas á las cuales deben acomoda se las cos umb es de los c is ianos, y dispone y a egla la dis- ciplina eclesiás ica» de inicion que, en sen i de Golmayo, no es exac a, po que el De echo Canónico, añade, p es- cinde de la mo al, aunque enga po obje o su obse an- cia; en su i ud él lo de ine diciendo: «que es la coleccion de eglas ó leyes es ablecidas po los Obispos y p incipal- men e po el R. P. pa a el égimen y gobie no de la Igle- sia.» Ni uno, ni o o concep o, di emos noso os, es el e dade o; no lo es el p ime o, no ya po la azon que Golmayo indica, pues el de echo canónico no puede p es- cindi de la mo al, es po el con a io sumamen e mo al, sino po que es con usa, no explica bien el concep o que se p opone, y po que en cie o modo lo mismo puede co - esponde al De echo Canónico, que á la disciplina; es en in, aga y gené ica: no el segundo concep o, po que al a en él las causas o mal y inal, que con la e icien e debe comp ende oda buena de inicion. Mucho más ace ada es la del Ca denal Soglia, que dice: «Complexio cano ium _si e legum idem, mo es, e disciplinam spec an ium, qua ab ecclesiás ica po es a e Ch is ianis el pnesc ip , el p oposi l sun ;» y aun mejo oda ia la de De o i, que de ine el De echo Canó- nico de la siguien e mane a: «quod ab Ecclesia pe Epis- copos, p wse im y e o pe Romanum Pon i icem, explica- um, sanci um el app oba um es ad ec am Ch is iano- um hominum ins i u ionem.» Toda ía, sin emba go, puede comple a se más, no obs an e, que en las palab as explica um, sanci um el app oba um es , se comp enden las ma e ias, obje o de la ciencia canónica. Una ez co a- p endida y explicada la acepcion e dade a de la palab a jus , de echo, noso os de ini íamos el canónico diciendo que es, «el de echo que ha sido explicado, cons i uido y ap obado po la Iglesia, po medio de los Obispos y espe- cialmen e po el Romano Pon í ice, en ma e ias de é, mo al y disciplina, pa a hace á los homb es c is ianos.» En es a de inicion encon a nos, desde luego, esas es causas de que nos hemos ocupado, y además las ma e ias que comp ende su es udio, ó sea la é, la mo al y la dis- ciplina; que como hemos is o an e io men e son asimis- mo las ma e ias á que se ex iende la po es ad de la Igle- sia. Es a es además la causa e icien e; la o mal, explica- um, sanci um el app oba um es , es deci , «el que ha sido explicado, cons i uido y ap obado;» la palab a expli- cado se e ie e á la é y á la mo al, po que ni la una, ni la. o a puede c ea se, supues o que son la e dad misma, F8 — la de cons i uido co esponde á la disciplina, que es el desa ollo de las acciones del homb e en cuan o deben acomoda se á la mo al; hay, po úl imo, p incipios á que la Iglesia ha dado ue za de ley, y á es os se e ie e la palab a ap obado: el app oba um signi ica la mul i ud de leyes locales, que han enido pos e io men e gene alizán- dose po la Iglesia. La causa inal consis e en hace á los homb es c is ianos. Si pues la de inicion que hemos dado ab aza no solo las ma e ias á que se ex iende la po es ad de la Iglesia, sino las causas e icien e, o mal y inal del De echo Canónico, p eciso es con eni que es e y no o o es su e dade o concep o. Conociendo ya cuál sea la e dade a de inicion del De- echo Canónico, pasemos á indica sus di e encias con el ci il; y en es e pun o no ha emos o a cosa, oda ez que ya hemos expues o las dis inciones que exis en en e la Iglesia y el Es ado, que indica sus di e encias más p in- cipales, con o me con la doc ina del Ca denal Soglia y del Obispo Donoso. Tan o uno, co no o o P elado, dicen, que di ie en ambos de echos po su o igen, po su obje o ó ma e ia y po su in. El p ime o asien a, que si bien Dios es la uen e de odo de echo, en el ci il ob a como au o de la na u aleza, en el canónico como dispensado de g a- cia sob ena u al; que el obje o del ci il son las cosas em- po ales, del canónico las espi i uales; y que el in del p i- me o es la elicidad, mien as el segundo iende á di igi al homb e hácia el bien. El S . Obispo de La Se , dice á su ez que se dis ingue el de echo canónico del ci il: 1.° po su o igen, pues aquel emana del pode espi i ual dado po C is o á los pas o es de la Iglesia; y es e del po- de empo al y p o ano, come ido á los p íncipes po el pueblo: 2.° po la ma e ia , pues la del p ime o es espi i- ual ó aneja á lo espi i ual; y la del segundo p o ana, como lo son las pe sonas, cosas y acciones sob e que e sa: 3.° po el in, pues o que el uno iende p incipalmen e á la e e na b iena en u anza y á la salud espi i ual del alma, — 69 mien as el o o se encamina di ec amen e á la anquili- dad pública y al bien empo al de los ciudadanos. Po lo demás, añade, es menes e no ol ida que el de echo ca- nónico con iene en muchas cosas con el ci il. Los Sumos Pon í ices inje ie on en aquel mul i ud de p incipios y axiomas de la ley omana; y ice e sa, el ci il omó del canónico innume ables leyes, especialmen e en lo ela i o al p ocedimien o judicial y a eglo de ibunales. IV. PIGNIFICACION DE LA DISCIPLINA ECLESIÁSTICA: SU ANTIGÜEDAD; Y EN 9UÉ SE DIFERENCIA. DEL DERECHO pA.NóNico. El ilus e Golmayo iene á indica dos de iniciones de la disciplina eclesiás ica, que á p ime a is a pa ecen con- adic o ias; es la una, dice, « odo aquello que sin pe e- nece al dogma ni á la mo al c is iana es obje o de la au o idad eclesiás ica:» consis e la o a en « odas aque- llas leyes que han sido dadas po la Iglesia en i ud de su po es ad legisla i a, con el in de p omo e la c eencia de los dogmas y la obse ancia de la mo al.» Sin emba go de es o, a a dicho canonis a de conci- lia las, diciendo, que sob e el dogma y la mo al e san odas las e dades e eladas po Jesuc is o á los Após o- les, y asmi idas has a noso os po la Esc i u a y la T adicion; deduciendo de aquí, como co ola io, el segun- do concep o de la disciplina, que p e ende a moniza con el p ime o. Con o me á es e p incipio, *aliado, lo mismo pe enece á la disciplina es ablece las ce emonias y i os -- 70 — de la li u gia, la o ma y colo de los o namen os, las ho as y ó mulas de las p eces y la du acion del Sac i i- cio de la Misa, que el hace una nue a di ision e i o ial eclesiás ica , ija el a ancel de de echos po la adminis- acion de Sac amen os y po la adminis acion de jus i- cia, a ia la ami acion en los juicios, aumen a el nú- me o de los minis os del cul o y señala sus cualidades cien í icas y o as disposiciones po es e es ilo. Ni bajo uno, ni o o concep o es amos con o mes con la de inicion del an iguo Ca ed á ico de la Uni e sidad Cen al; no con la p ime a, po que necesi a cuando me- nos de explica se su sen ido; no con la segunda, po se ambien aplicable al concep o del De echo Canónico, y á las leyes de policía de la Iglesia. La disciplina eclesiás i- ca, Cla o es, que no e sa sob e el dogma ni sob e la mo- al; pe o no puede p escindi de la una ni de la o a; si es o es lo que ha que ido signi ica dicho P o eso , es a- mos bajo es e pun o de is a comple amen e de acue do con él; pe o á pesa de ello, no se exp esa la línea di i- so ia en e el de echo canónico y la disciplina , no se consigna su signi icado, se igno a, en in, su e dade o concep o. La palab a disciplina, como a i man los S es. La uen e y Gomez Salaza , p ocede de discendo, así como la de doc- ina de docendo, de aquí que la p ime a enga p incipal- men e un sen ido p ác ico, al paso que la de doc ina lo enga eó ico; pe o luego de hace no a con an o acie o, la di e encia que sepa a á la una de la o a , de inen la disciplina diciendo que es «aquella pa e del De echo Ca- nónico, que iene po p incipal obje o el conocimien o y ejecucion de odo lo conce nien e al égimen y gobie no de la Iglesia ca ólica,» de inicion que no co esponde al concep o de la disciplina, ni al juicio que de ella han o - mado an espe ables maes os. En e ec o; desde el ins an e que se dice, que la disci- plina se ocupa del conocimien o y ejecucion de las leyes 71 — eclesiás icas, se con unde las imosamen e con el De echo Canónico, siendo así que es cla ísima la línea di iso ia que la sepa a del mismo. Po lo demás, es amos con o mes en, que la disciplina se emon a á los p ime os iempos de la Iglesia, pues o que desde un p incipio dic a on los Após oles a ias dis- posiciones encaminadas á su buen égimen y gobie no, y especialmen e las eglas p opues as po San Pablo en su ca a á Timo eo sob e eleccion de Obispos y P esbí e os. Sin emba go de es o, no se empleó la palab a discipli- na, como dichos canonis as econocen, has a el año de 561, en que se celeb ó el Concilio I de B aga, y la usa on los Pad es que asis ie on á es e Concilio en un sen ido e dade amen e p ác ico. Aho a bien; dada la signi ica- cion y an igüedad de la disciplina, hagamos no a , pa a sabe su concep o, en qué se di e encia del De echo Ca- nónico. Es e se ocupa del conocimien o del de echo, la disciplina de su aplicacion, de la mane a de eje ce se y de cumpli se semejan e de echo; hé aquí po qué no nos pa ece exac a la an edicha de inicion, pues comp ende an o el conocimien o como la ejecucion de cuan o con- cie ne al égimen y gobie no de la Iglesia: bien es e dad, que en o a leccion de su a ado de Disciplina , dicen los mencionados S es. La uen e y Gomez Salaza , que así co- mo el De echo Canónico iene po obje o el es udio de las eglas po las cuales se ige la Iglesia, su o igen, su un- damen o, su desen ol imien o his ó ico, y la pa e eó ica de la ciencia con sus de iniciones, di isiones, clasi icacio- nes y eo ías elemen ales, colecciones canónicas, y de e- cho cons i u i o de la sociedad c is iana , la disciplina eclesiás ica, dando po supues os ales p incipios, a a P incipalmen e de la aplicacion y ejecucion de aquellas eglas y eo ías al égimen y gobie no de la Iglesia, siendo en es e concep o una ampliacion del De echo Ca- nónico. En e ec o; así es la e dad, an dis inguidos P o eso- es, no pueden menos de econoce las di e encias que sepa an á la disciplina eclesiás ica de aquel de echo, po es o, es an o más ex aña la de inicion que dán de aque- lla, y es a ex añeza sube de pun o, cuando obse amos que los mismos maes os, con no able acie o, añaden, que la disciplina «desciende al e eno p ác ico y señala mi- nuciosamen e los de echos y a ibuciones que compe en á las dis in as au o idades eclesiás icas, sus acul ades en el ó den adminis a i o y con encioso, lo mismo en la pa - e ci il que en la penal, y las ó mulas p ocesales, sin pe de nunca de is a lo que es de disciplina gene al, con lo que a ec a únicamen e á una nacion, ó bien á un e i- o io más ó ménos ex enso den o de la Iglesia gene al, en i ud de disposiciones pa icula es, que p o ienen. en odo caso de las elaciones más ó ménos ín imas con el pode empo al.» La disciplina, en in, lo mismo desciende á las pe so- nas, que á las cosas, que á los juicios, que al de echo penal eclesiás ico; pe o odo lo es udia bajo el aspec o pu amen e p ác ico y de aplicacion ó ejecucion. y. CLASES DE DISCIPLINA; Y SENTIDO EN 9__UE PUEDE ADMITIRSE LA DIVISION DE INTERNA Y EXTERNA/ NO OBSTANTE HABER SIDO CONDENADA POR ) .s. Fu) yj. La Disciplina eclesiás ica puede se , bien gene al ó pa icula , bien esencial ó acciden al, bien, en in, in e - na ó ex e na. Se en iende po Disciplina gene al la que a a de la aplicacion de las leyes eclesiás icas en la Iglesia uni e - sal; así como la pa icula iene solo po obje o la ejecu- cion de las disposiciones que igen, espec o de la Igle- .73 sia, en un país de e minado, que po lo comun es una nacion. Llámase disciplina esencial la que se e ie e á la apli- cacion de los cánones en ma e ia de Sac amen os, je a - quía eclesiás ica , y o as ma e ias es ablecidas po de e- cho di ino, que son pe manen es ó inmu ables , como la ma e ia y o ma a ándose del bau ismo y de la sag ada Euca is ía. La disciplina acciden al es po el con a io á la esencial, como su nomb e escolás ico indica, la que se e ie e á pun os menos impo an es y no elacionados con el dogma, po cuya azon la Iglesia puede a ia los cuan- do lo enga po con enien e, como po ejemplo, que los Concilios p o inciales se celeb en dos eces al año, ó una sola ez ó cada es años. La úl ima clase ó di ision de la disciplina lo es en in- e na ó ex e na , siendo la p ime a la que e sa sob e el égimen in e io de la Iglesia, ó sea la que iene solo po obje o el espí i u, el alma; la segunda se ocupa solo de su o ganizacion y égimen ex e io . Es a dis incion, pa a la cual c eye on sus au o es en- con a un undamen o in e, ha sido condenada po S. S. Pio VI en su Bula Auc o em idei, y en el B e e que di i- gió al Ca denal Roche Foucaul y á o os Obispos ance- ses, menos, dice Golmayo, po la dis incion en sí, que po la mala aplicacion que de ella se há que ido hace , dando á los P íncipes 'el de echo de legisla en la mayo pa e de los negocios eclesiás icos. En e ec o; los ci ados au o es de es a dis incion con un- die on o pemen e los dos ue os in e no y ex e no, dejan- do educido el p ime o á la p edicacion de la doc ina y adminis acion de los Sac amen os, y ex endiendo el se- gundo á odos los demás obje os de la Iglesia, ales como es ablece leyes, egla el cul o, i os, ce emonias, o icios y bene icios, en una palab a, odo cuan o le compe e, ue a de los co os lími es á que eduje on el in e no, sin ene pa a nada en cuen a que uno y o o ue o son lo — SO Los a adis as no se limi a on á glosa las leyes ecle- siás icas . sino que esc ibie on monog a ías y ex ensas dise aciones sob e los ex os del de echo; en es a o ma han esc i o la mayo pa e de los canonis as más céleb es, y en e ellos, el ilus e y nunca bien conocido maes o de odos, el inmo al Be a di. Hoy se halla abandonado el mé odo p ede e minado , y cada esc i o usa el que le pa ece más ilosó ico ó adecuado á la enseñanza. Sin emba go de lo expues o y pa a me odiza , di emos, que ue on es los mé odos an iguos pa a es udia la ciencia del de echo; el p ác ico, el his ó ico, y el acional; los que en iempo de las dec e ales e an conocidos con los nomb es, de dogmá ico, his ó ico y exegé ico. El p i- me o nos dá á conoce la ley, la ciencia canónica; el se- gundo su o igen, y el desa ollo de cada ins i ucion segun los iempos y las localidades; el e ce o la azon de la ley, su po qué, si es ó no jus a. Como se comp ende á muy ácilmen e ninguno de esos es mé odos me ece po sepa ado nues a p e e en- cia; pues no bas a conoce el ex o de la ley, ni su o igen, se necesi a ambien es udia su azon, pues como dice San Pablo, nues o obsequio á los manda os de la Iglesia debe se acional y azonable. De aquí que adop emos un mé odo que pudié amos lla- ma mix o, ó sea acomodándonos al lenguaje mode no, ilosó ico, his ó ico y p ác ico á la ez; es deci , que es u- diemos al pa que la ley eclesiás ica y su aplicacion , el o igen del de echo, sus icisi udes, el po qué de las dis- posiciones canónicas, sus en ajas y sus incon enien es. De es e modo queda comple o, en nues o sen i , el in- sinuado es udio de la ciencia canónica y de la disciplina eclesiás ica , pues dicho es á que siendo la una con inua- cion de la o a, si bien bajo un aspec o p ác ico ó de apli- cacion , el mismo mé odo debe á segui se pa a que haya uni o midad en la enseñanza. 81' No se me ocul a, que algunos di án, pues po lo mismo que la disciplina eclesiás ica se ocupa solo de la p ác ica y ejecucion de las leyes de la Iglesia, pa ece lógico que se emplease únicamen e el mé odo p ác ico, es deci , aquel que nos p esen a las eglas dadas po la Iglesia pa a su ejecucion , aduciendo además a ios casos p ác icos; de es a mane a se e i a ia , podian añadi , la con usion en la enseñanza, oda ez que se ad ie e, que lo mismo que dicen las ob as de Ins i uciones de de echo canónico, se epi e en las de Disciplina. Cie o, di emos noso os, co no que la po es ad de la Iglesia, ya hemos mani es ado, que se ex iende á la é, á la mo al y á la disciplina, y po an o de las mismas ma e ias ha de ocupa se una que o a asig- na u a; la di e encia consis e solo en que el de echo ca- nónico a a de ellas bajo el concep o eó ico, y la disci- plina bajo el p ác ico; pe o como no hay cues ion de dis- ciplina que no enga su his o ia, ni su azon, de aquí, que deba ambien emplea se en su es udió el mé odo mix o de his ó ico, ilosó ico y p ác ico. V. FLAN PARA EL, ESTUDIO DE LA CIENCIA CANÓNICA; NO ES ACEPTA- BLE EL 99E SIGUE EL ORDEN DE LAS pECRETALES COMO TAMPOCO AQUEL 92E LA. DIVIDE EN TRES PARTES CUALES SON: «FONSTITUCION DE LA JGLESIA I )DMINISTRACION Y j iu- RISDICCION DE LA MISMA:» RAZONES DE UNA Y OTRA NEGATI- VA, FIJANDO Á LA VEZ EL PLAN QUE SEA. MÁS CONVENIENTE Y ÚTIL PARA. LA ENSEÑANZA, El plan ó mane a de expone la ciencia del de echo eclesiás ico, no ha sido igual en odos los exposi o es, quie- nes han seguido el ó den de las dec e ales pa a que el 11 - 82 ju is a ap endiese el mismo ex o de la ley; quienes o os • han enseñad o el de echo eclesiás ico, di idiéndole pa a su. es udio en es pa es; p ime a, Cons i ucion de la Iglesia; segunda, Adminis acion; e ce a, Ju isdiccion: quienes, en in, han ep oducido con más ó nénos exac- i ud el ó den es ablecido en la Ins i u a de Jus iniano. El ilus e Be a di siguió el ó den de las Dec e ales en sus céleb es y b illan es dise aciones, plan que en pa e han adop ado ecien emen e los dignísimos Ca ed á icos de la Uni e sidad Cen al, D. F ancisco Gomez Salaza , y don Vicen e de la Fuen e, en sus lecciones de Disciplina ecle- siás ica; y en e dad, que si en la época que esc ibió el inmo al P o eso de la Uni e sidad de Tu in, u o su azon de se , pa a el p og eso de la ciencia, el plan po él escogido, no co esponde ya es e á los adelan os de aquella, cuando es á de odos abandonado el mé odo p e- de e minado. Es más; los mismos Ca ed á icos de la Cen al, ya ci ados, con ienen «que el ó den seguido en las Dec e a- les no se halla ajus ado á un mé odo es ic amen e ilo só ico y didác ico;» y siendo es o así, ¿cómo puede adop- a se ese plan hoy que la iloso ía quie e in adi lo odo? Con iene, pues, pa a el es udio de la ciencia eclesiás- ica, no p escindi de la sana azon, de la iloso ía que es ablece unos p incipios segu os é inconcusos, de los que se deducen consecuencias legí imas sin calumnia, sin aude y sin pelig o de e o , de la iloso ía, en in, que enseñó el D . Angélico; con iene po an o, epe i- mos, que el mé odo y plan que se adop e pa a la enseñan- za de las leyes de la Iglesia sea e dade amen e ilosó ico y didác ico. Po o a pa e no bas a ia enseña las dec e- ales, si á la ez no se explicaban las disposiciones T iden- inas, Cons i uciones Pon i icias pos e io es al cue po de de echo comun eclesiás ico, esoluciones de las Sag adas Co ng egaciones, Conco da os y leyes ci iles, p o ec o as las unas de las disposiciones de la Iglesia, y con a ias 83 — las o as á los p incipios undamen ales de la ciencia del de echo. ¿Pod emos en onces acep a aquel o o que la di ide en es pa es, cuales son, Cons i ucion de la Iglesia, Ad- minis acion y Ju isdiccion? Es e nue o gi o se dió al es udio de la disciplina ecle- siás ica po el Excmo. S . D. Joaquin Agui e, gi o que han acep ado y seguido despues algunos o os; pe o en nues o sen i no comp ende en ninguna de esas es pa es muchas de las ma e ias p opias del es udio del Ca- nonis a; más cla o aún, exis en a ados de in e és sumo en la legislacion de la Iglesia que no pueden acomoda se con p opiedad á ninguno de los miemb os de esa di ision, así sucede, po ejemplo, con los Sac amen os, la mane a de adqui i y pe de ambas po es ades y o os de no me- no impo ancia. Además de es o, se con unden las imo- samen e pe sonas y cosas eclesiás icas, el juicio con la pena, el deli o con la acul ad de aplica el de echo. Queda, pues, el o o plan iniciado po Lancelo ó Lan- celo o, que esc ibió sus ins i uciones en cua o lib os; en el p ime o se ocupó de las pe sonas, en el segundo de las cosas, en el e ce o de los juicios en gene al y del juicio ci il en pa icula , y po úl imo, en el cua o de los deli- os y juicio penal; ¿se á es e po en u a más con enien- e y ú il que los an e io es? Así lo c eemos; pe o oda ia no co esponde á los adelan os de la ciencia, y no co es- ponde, po que Lancelo siguió las adiciones de G aciano, incu iendo po an o en sus mismos de ec os y e o es, y po que en ese plan se con unden las leyes que pudié a- mos llama sus an i as, con las adje i as de la Iglesia. Sin emba go de es o, dicha di ision es la que han se- guido la mayo pa e de los canonis as, siendo po lo mis- mo la más comun y co ien e. De o i di idió Cambien sus ins i uciones en cua o pa es, pe sonas, cosas, juicios y deli os, y cie amen e que a ó cada una (le esas ma e ias con no able acie o, y del modo más con enien e y ú il 84 — pa a la enseñanza . Hé aquí, pues, el plan que noso os adop amos; pe o como quie a que esc ibimos pa a alumno s de nues as Uni e sidades, donde no solo se explica el de- echo canónico y la disciplina gene al de la Iglesia, sino ambien la pa icula de España, p eciso es in oduci las modi icaciones que el buen sen ido aconseja. Noso os c eemos, po lo mismo, que an es de p ocede al es udio de la ciencia del de echo canónico, se debe p epa a con- enien emen e pa a ello á los alumnos; po es o di idi- iamos la asigna u a ó asigna u as de de echo canónico y disciplina, en cinco pa es; la p ime a la o ma ia un lib o isagógico, es deci , de los p elimina es necesa ios pa a dicho es udio, jun amen e con las colecciones canó- nicas; el segundo las pe sonas, ó sea de la o ganizacion de la Iglesia, que es udia iamos, an o bajo el pun o de is a eó ico, como p ác ico; el e ce o de las cosas ecle- siás icas, haciéndonos ca go en p ime é mino de las espi i uales, luego de las co po ales, y po úl imo, de las empo alidades de la Iglesia; el cua o comp ende ía los juicios en gene al, y los ci iles y c iminales en pa icula , segun el de echo no ísimo; y el quin o los deli os y penas, haciéndonos ca go, p ime o, de los deli os eclesiás icos, despues de los mix os y inalmen e de aquellos o os con- a la mo al, que han sido ambien condenados po la au o idad Pon i icia; y en odos y cada uno de esos a a- dos expond iamos las leyes gene ales eclesiás icas y las pa icula es de España, segun los Conco da os y las leyes del Reino. CAPÍTULO VII, 1. Fuen es de la legislacion canónica; leyes di inas y humanas. II. De echo di ino, na u al y posi i o.—IIL Las e dades e- eladas es án con enidas en el An iguo y Nue o Tes amen o y en las adiciones dc inas.—IV. De echo humano: esc i o y no esc i o: uen es del esc i o.—V. T adiciones di ina y hu- mana: di ision de es a úl ima en Apos ólica y Eclesiás ica. VI. De o os luga es canónicos. FUENTES DE LA LEGISLACION CANÓNICA: LEYES DIVINAS Y HUMANAS, Algunos exposi o es, al a a del concep o del de echo canónico, se ocupan de sus di e en es di isiones; y seña- lan como ales ; 1." la de de echo di ino y humano; el di- ino le subdi iden en na u al y posi i o; y es e en de echo del an iguo y nue o es amen o: el humano lo subdi iden, á su ez, en de echo de gen es, ci il y canónico: como 2.' di ision p esen an la de de echo esc i o y no esc i o; como 3." la de coman y especial ó pa icula ; como 4.' la de pú- blico y p i ado; y como 5." la de de echo an iguo, nue o y no ísimo; pe o no odas es as di isiones son e dade as uen es de la legislacion canónica; pues hay algunas que co esponden á la his o ia do las colecciones: po es o c ee- — 86 — mos más ace ado, ocupa nos solo en es e luga , de las e conside amo s como ales. Las leyes de la Iglesia son ya di inas, ya humanas; las p ime as han sido es ablecidas po Dios; las segundas po los homb es. II. DERECHO DIVINO, NATURAL Y POSITIVO. El de echo dado po Dios á los homb es, se di ide en na u al y posi i o, y an o el uno como el o o, son uen- es de la legislacion de la Iglesia. Dice Golmayo, que de echo na u al es aquel que es conocido del homb e po medio de la azon, así como el posi i o p ocede de la exp esa olun ad de Dios mani es- ada po señales ex e io es; no es exac a po an o, con- inúa, la de inicion que dió Jus iniano del de echo na u- al, diciendo se aquel «que es comun á los homb es con los animales,» po que es os son incapaces de debe es y (le de echos. Tambien se equi ocan, p osigue, los que conside an el de echo na u al como un nume oso cue po de leyes al alcance de odos los homb es en cuan o llegan al uso de la azon. El homb e puede conoce po si solo sin auxilio de ningun géne o cie o núme o de e dades muy escaso, an o en el ó den mo al, como en el de la na u aleza; pe o el exac o conocimien o de odos sus de- be es en las in ini as ci cuns ancias de la ida, no es da- do al homb e el alcanza lo sino po el desa ollo de su in eligencia. — 87 Las leyes di inas, dice De o i, son aquellas que econo- cen po au o al mismo Dios, ya sean na u ales, ya sob e na u ales, ya posi i as. Llamamos, sin emba go, á unas na u ales, de la misma na u aleza, es o es, po que p oce- den de Dios como au o de la na u aleza, son aquellas, en in, que nos enseñan lo que debemos á Dios, á noso os mismos y á nues os semejan es. El mismo Dios la imp i- mió en nues a alma po medio de la ec a azon, que hos p ohibe lo malo, y nos manda ejecu a lo bueno; de echo que no puede muda se, pues iene su undamen o en el amo de Dios, en el de noso os mismos y en el de los demás homb es. Po es o es exac ísima la de inicion que dá el S . Donoso del de echo na u al. Es e no es o a cosa, dice, «que una azon esc i a po Dios en el co azon del homb e, la cual nos mues a el bien que debemos ob a , y el mal que debe nos e i a .» La exis encia pues del de echo na u al, di emos con el exp esado canonis a, es á apoyada en el consen imien- o gene al de odos los pueblos, y solo puede nega se po aquellos que como Hobbes, Espinosa , Hel ecio, Holbach y o os nega on la esencial di e encia en e el bien y el mal mo al. Hé aquí po qué decía Tulio «que á odos con- cedió la na u aleza la azon, á odos la ley, á odos el de- echo. Más es e de echo es jus o, y lo ué siemp e, y en donde quie a: ni es uno aqui, o o en Roma, o o en A e- nas: no es uno aho a, y se á o o despues; po que así como la ec a azon imp esa po la na u aleza y di undida en odos los homb es, es cons an e y e e na; del mismo modo lo que ella p esc ibie e siemp e se á jus o é in- mo al.» Aho a bien; esos p ecep os del de echo na u al, unos son p ima ios, o os secunda ios, y o os, en in, emo os; y si bien los p ime os se pa en izan po sí mismos, y son conocidos de odas las gen es , los úl imos, po más que ambien puedan se lo con solo el auxilio de la luz na u- al, lo son más ó ménos, segun el ingenio, la educacion, - 88 - las cos umb es, los es udios y las pasiones; y éase ya cómo se explica pe ec amen e la doc ina de Golmayo al ocupa se de es a ma e ia. El de echo na u al es pues, una ley absolu amen e co- mun á odos los homb es, ley que imp imió en sus en en- dimien os la jus icia y la hones idad, dando es imonio de él la ec a azon. — Obse emos como explica es e con- cep o el ilus e Be a eli, «cuando se dice ley absolu amen- e coman á odos, es po que el de echo na u al obliga á odos igualmen e, no habiendo sido limi ado ni á iempo, ni á luga , ni á cie o géne o de pe sonas: cuando se aña- de que es á imp eso en los en endimien os es po que no se halla pa en e á los ojos con ca ac é es ex e io es de la Esc i u a: no se há enseñado á los oidos, sino que se con iene den o del mismo en endimien o: cuando se dice que iene pues o el o igen en la jus icia y hones idad, se a i ma que depende como una consecuencia, de los p ime- os p incipios de gua da y p omo e el bien; y cuando, po úl imo, se dice que la azon dá es imonio de su exis- encia, es po que se hace necesa io pa a es o cie o exá- men del en endimien o». La jus icia y la hones idad en que se comp ende odo en de echo na u al no son o a cosa sino el amo o dena- do, es o es, el amo y ó den de ama . En p ime luga á Dios C iado , en segundo á la sociedad gene al de hom- b es, en e ce o á noso os mismos, y en cua o á los de- más homb es en pa icula ; odo es o lo enseña la azon, y lo enseñan ambien las Sag adas Le as co no el p ime p ecep o de la ley na u al. Po es o los San os Pad es de la Iglesia, en e o os San Agus in, llama on al de echo na u al, «ley e e na de Dios». Del De echo na u al se deduce el de gen es, que no es o a cosa, que el mismo de echo na u al po el que se i- gen odos los homb es eunidos en sociedad; pe o ad ié - ese que es e de echo de gen es, puede se p imi i o, con- sue udina io y con encional; y noso os nos e e imos — 89 solo al p ime o, pues sabido es, que bajo el pun o de is- a de de echo humano, del que no nos ocupamos en es e luga , - se en iende po al, el conjun o de leyes que de e - minan las eglas que las naciones ó es ados deben obse - a en e sí pa a su segu idad y bienes a comun, así como, si p ocediendo esas eglas de la au o idad empo- al se con aen á los negocios in e nos de una nacion, den o de la es e a que á ese pode co esponde, se llama en onces ci il. Noso os pues nos conc e amos aho a á ese de echo de gen es p imi i o, que iene su undamen o en el na u al. Be a di lo deduce, sea yá p ima io , ó secunda io, del mul iplicado núme o de homb es po una pa e, y de los icios de ellos po o a; po que una y o a cosa, dice, die- on ocasion «de o dena sepa adamen e y dispone co- mo en ozos, y aun de co egi á eces aquellos amo es que debemos á la sociedad ó á nues o p ógimo». La sociedad gene al, con inúa, debió di idi se en o as muchas sociedades in e io es; la que uese meno y de- pendiese de o a mayo , cede ía el amo á es a misma, que e a más p incipal; y la que uese igual á la o a p e- e i ía el amo p opio al de aquella. Despues se di idie on las ciudades de ciudades, las naciones de naciones, es ablecidas a ias o mas de pú- blico gobie no, poniéndose o a ez en es a sepa acion un nue o modo casi semejan e al p ime o en el ó den de amo . De es a mane a, explica an ilus ado esc i o el de e- cho que llamamos de gen es; a ibuye, en una palab a, el p ima io al mul iplicado núme o de homb es; el secunda- io á los icios de algunos. El p ime o iene su o igen en la misma na u aleza, en cuan o es a p odujo á los homb es; de sue e que no solo se mul iplicasen en amilias, sino ambien en di e sas na- ciones po una dila ada gene acion. Di e énciase, no obs- an e, es e de echo de gen es del de echo na u al, en 12 — 96 — o dena o n y p omulga on con ap obacion ó dic ámen de los Obispos; po es o se epu an como abundan e depósi o (le la ju isp udencia eclesiás ica. Es más; has a las cons i uciones de los P íncipes ó pode es legisla i os del Es ado, en los iempos mode nos, pe enecen de cie a mane a al de echo canónico, siendo uno de los luga es que debe se consul ado po el Cano- nis a, pe o en iéndase, que hablamos de los P íncipes ca- ólicos, y que en concep o de ales sean p o ec o es de la Iglesia; en una palab a, de aquellos de quien dice el Con- cilio de T en o, en su Ses. XXV, cap. XX de e m. «quos Deus sanc w idei, ecclesiaaque p o ec o es esse olui ;» pues es os deben expedi y expiden saludables leyes pa a la ejecucion de los Canónes, los p omulgan y obligan á su cumplimien o con sancion penal. Tambien me ecen especial mencion los Ju isconsul os Romanos, que po su sana iloso ía, su equidad, su p u- dencia y g a edad de sus sen encias, se concedió cie o luga en e los cánones á muchas de sus espues as; así es que G aciano inse ó en su Dec e o di e en es agmen- os de los Ju isconsul os an iguos. Algunos o os canonis as hacen igualmen e mencion de los in é p e es de de echo canónico, añadiendo, que si bien la au o idad de los doc o es de la ciencia eológica y de la canónica, no hace ley, es empe o ha o espe able. Be a di no los comp ende, sin emba go, en e los luga es canónicos, pues dice de nues os in é p e es que sabe has a donde han podido llega á lo más su a e, ci cuns- peccion y sabidu ía; «que á cada paso ecu ie on á cua- lesquie a códigos de cánones, siguiendo odo lo que en ellos encon asen sin disc ecion é indi e en emen e, ha- ciendo el mismo caso de los cánones apóc i os y legí imos, aliéndose igualmen e de los adul e ados y sanos, y lo que apenas es c eíble pa a deci se, p e i iendo á los demás, los que uesen peo es, con al que pa eciesen a en aja- dos.» Excep úa, no obs an e, á cie os homb es maes- 97 os de las cos umb es, que di igiéndoles una iloso ía sana y el conocimien o de ma e ias di inas se apa a on de los demás. De igual modo hace mé i o en es e luga an dis in- guido P o eso , de los usos comunes á donde deben e e- i se, segun él, los lib os Pon i icales, Ce emoniales, Ma- nuales, Fo mula ios y o os semejan es. Po úl imo, y como luga es especiales, po obliga an solo á cie o núme o de pe sonas, ci a los es a u os de co- munidades ó co adías, y ambien las eglas monás icas. 13 CAPÍTULO VIII, I. De echo esc i o.—II. Concilios; su o ígen y especies.—III. De los gene ales ó ecuménicos: De echos de los R. P. en los mis- mos: con i macion de sus ac as.—IV. In e encion de los P íncipes en ellos.—V. De los Concilios Pa ia cales y Na- cionales: quiénes concu ian, y si es aba de e minada la épo- ca en que unos y o os debian celeb a se.—VI. De los P o in- ciales y Diocesanos: iempo de su celeb acion: pe sonas que deben asis i : negocios de que a an.—VII. Cues iones p ác- icas sob e la licencia del P íncipe pa a con oca los p o in- ciales, y asis encia del Comisa io Régio.—VIII. Si u ie on es os concilios pode legisla i o.—IX. Conside aciones sob e odos ellos. )DERECHO ESCRITO, Ya hemos mani es ado al a a de las uen es del de- echo esc i o, que es e p o iene de los cánones de los Concilios, de las Dec e ales Pon i icias, y de las Sen en- cias de los San os Pad es, á cuyas uen es nos pe mi imos añadi las adiciones, po p ocede es as de la olun ad exp esa del legislado ; y como quie a que las di inas y apos ólicas son an e io es en el iempo á las o as uen es que dejamos mencionadas, de aquí que nos hayamos ocu- pado de ellas en el capi ulo p eceden e; po lo que nos conc e a emos aho a á las o as es, econocidas po los exposi o es, como las más p incipales. 99-- CONCILIOS: SU ORIGEN Y ESPECIES. La palab a concilio, ya p o enga de consulendo, ya de considendo, signi ica la eunion de muchas pe sonas pa a a a de algun asun o; po consiguien e, omada en un sen ido la o, pod ia aplica se á las asambleas, pa la- men os, die as, e c.; empe o el uso en e los La inos ha aplicado esa oz sólo y exclusi amen e á las euniones de pe sonas eclesiás icas con algun obje o eligioso: así es, que puede de ini se diciendo: «Jun a ó eunion de pe sonas eclesiás icas, y especialmen e de .Obispos - con- ocados po la legi ima au o idad, pa a a a y esol e asun os eclesiás icos:» de inicion que en nues o concep o es mucho más comple a que la de Golmayo, pues es e se educe á deci , «que es la eunion de los Obispos pa a a a de asun os eclesiás icos ,» y cie amen e que no es aplicable semejan e nomb e á la eunion de aquellos, cuando es a es con ocada po el Je e del Es ado ó cual- quie o o pode empo al; y po que además asis en á los Concilios pe sonas eclesiás icas, que no gozan de la al a dignidad Episcopal. An iquísimo es su o igen, pues se emon a á los iem- pos Apos ólicos; S. Lúcas menciona es de esas eunio- nes habidas en iempo de los Após oles y p esididas po San Ped o en Je usalen: la p ime a pa a comple a el apos olado po la de eccion de Judas, ecayendo la elec- cion en S. Ma ías: la segunda pa a nomb a los Sie e Diá- conos, no solo con obje o de a ende al soco o de las iudas, hué anos, pob es y en e mos, sino ambien pa a eie ce la p edicacion, como se lee de S. Es éban . , y se i . — 100 — en el sag ado minis e io: la e ce a pa a libe a á los ieles de la ci cuncision y demás ce emonias mosáicas, decla ando que no es aban suje os á ellas los gen iles que se con e ian al c is ianismo. Es e úl imo concilio, dice Bela mino, dió la no ma y egla á los que se celeb a on despues en la Iglesia. El o igen, po an o, de los concilios es apos ólico; sin emba go de es o, no duda a ibui , el ci ado Bela mino, á la au o idad di ina el o igen de aquellos, undándose: 1.° en el ex o de S. Ma eo «Ubi sun duo el es cong e- ga i in nomine meo, ibi sum in medio eo um;» y 2.° en que pa ece cie o, que los Após oles celeb asen sus con- cilios, po p ecep o de C is o, ó al menos po inspi acion del Espí i u San o. Los Concilios son, ya gene ales ó ecuménicos, ya pa- ia cales, nacionales, p o inciales, ya, po úl imo, dio- cesanos; ó lo que es igual, a ias especies se conocen de concilios, unos gene ales, y los o os pa icula es: es os úl imos se subdi iden en pa ia cales ó diocesanos in ge- gene e, nacionales, p o inciales y diocesanos in specie. pE LOS CONCILIOS GENERALES Ó ECUIVIENICGS: DERECHOS DE LOS  . EN LOS MISMOS: CONFIRMACION DE SUS ACTAS. Llámase Concilio gene al «la eunion de Obispos y o as dignidades eclesiás icas, con ocada po el R. P. y p esidida po él, ya po si, ya po medio de sus Legados, pa a ija el dogma, y cons i ui la disciplina de la Igle- sia .;> 101 — Pa a que pueda deci se ecuménico, es indispensable que se con oquen á odos los Obispos ca ólicos, po más que no concu an odos ellos á él, sino solo algunos de la mayo pa e de las p o incias c is ianas. T es equisi os, dice Golmayo, se exigen pa a que el Concilio sea gene al: 1.° que sea con ocado po la Silla Apos ólica; 2.° que sea p esidido po S. S. ó po sus Le- gados; 3.° que las ac as sean con i madas ambien po el R. P. Nos ha emos ca go con la debida sepa acion de cuan- o á los gene ales co esponde. En p ime luga es e i- den e, que solo el R. P. puede con oca el Concilio ecu- ménico ó gene al, pues o que llamando á odos los Obispos ca ólicos pa a a a en él de asun os de dogma, cos um- b es y disciplina de la Iglesia uni e sal, no puede co es- ponde esa a ibucion, sino al que po de echo di ino eje ce en oda ella legi ima au o idad. Pa a la con ocacion expide el San o Pad e dos encí- clicas, una di igida á los P íncipes ca ólicos pa a que p o- mue an la asis encia de los Obispos de su nacion y con- cu an ambien ellos en pe sona ó po sus minis os; y la o a á los Me opoli anos, quiénes no i ican la Bula Pon- i icia, po medio de ci cula es, á sus su agáneos y de- más pe sonas que po cos umb e ó p i ilegio deban asis- i al concilio. En dichas encíclicas se comp ende además el iempo y luga de la eunion. Concu en á los concilios gene ales los Obispos de odo el O be ca ólico; los Ca denales aunque no sean Obispos; Gene ales de las Ó denes egula es; Abades bendi os; Ca- nonis as y Teólogos amosos pa a ilus a á los pad es en la discusion y p epa acion de las ma e ias que han de some e se al Concilio; los P íncipes ca ólicos ó sus emba- jado es y minis os, no ya pa a mezcla se en el ondo de las cues iones, sino en calidad de p o ec o es de la Iglesia, y ejecu o es de sus cánones. De aquí que haya cua o clases de o os; el uno de i- — 102 — ni i o, que co esponde solo al R. P. y á los Obispos; el o o decisi o, ó sea pa a aconseja la de inicion, que pe - enece á los Ca denales, que no son Obispos, Gene ales de las Ó denes y Abades bendi os; el e ce o que se llama consul i o, á los Teólogos y Canonis as, que igu an co no ales consul o es; y el úl imo, que es el p o ec i o y co - esponde á los Mono cas ca ólicos ó sus embajado es. El Papa p eside el concilio gene al si asis e pe sonal- men e, y en caso con a io, sus Le g ados; y no podía se de o a mane a , siendo el P imado de la Iglesia Uni e - sal, el g ado Sup emo de la g e a quia y el Vica io de Je- suc is o: po o a pa e esa ha sido la p ác ica cons an e de la Iglesia desde los iempos Apos ólicos, pues las p i- me as euniones las con ocó S. Ped o, y las subsiguien- es, sus legí imos suceso es, á con a desde el p ime Concilio gene al celeb ado en Nicea, qúe lo p esidie on Os'io y los P esbí e os Vi o y Vicen e, como Legados Pon- i icios. Sus decisiones sob e é y cos umb es gene ales son in alibles, y sus dec e os de disciplina obligan á odos los ca ólicos. Cua o son los de echos que co esponden á la Silla Apos ólica en odos los concilios gene ales: 1.° el de ini- cia i a, ó sea el de p opone las cues iones que se han de a a en ellos; 2.° el de di igi la discusion; 3.° el de p o oga las sesiones; 4.° el de ija el ó den de p e e- encia y asien o ,de los concu en es. Es e, po lo gene al, es como sigue: en p ime é mi- no los Legados, luego los Ca denales, Pa ia cas, A zobis- pos, Obispos, Gene ales de las Ó denes Regula es y en úl imo luga los Abades bendi os: en e dos ó más pe - sonas de la misma dignidad se a iende gene almen e á la an igiiedad de la o denacion ó consag acion. Pe o no bas a odo es o, segun Donoso, pa a que pue- da deci se, que el concilio gene al ep esen a e dade a- men e á la Iglesia, p eciso se hace, ambien, que sus acue dos ob engan la con i macion del Papa; al ha sido 103 la p ác ica de odos los iempos y de odos los siglos, p ue- ba incon es able de su necesidad. En e ec o; odos es án con es es en que las ac as de los concilios han sido siem- p e con i madas, pe o di ie en en el alo de dicha con- . i nacion., los unos dicen que sin llena es e equisi o no hay ley; los o os asegu an que la con i macion se educe á una pu a ó mula y que no dá alo á las disposiciones concilia es , po que el concilio gene al , legí imamen e con ocado y p esidido po el R. P., ep esen a la Iglesia uni e sal, y es a es in alible en las decisiones sob e é y cos umb es. El Concilio gene al es cie amen e la Iglesia docen e, es odo el pode que iene la Iglesia; pe o el R. P. es asimismo el sup emo legislado , y no exis e Iglesia allí donde no es á el Vica io de C is o «Ubi Pe us, ibi Ecclesia;» po o a pa e, ¿cómo ha de deci se que los cánones del concilio obliguen á los ieles, hallándose el cue po en desa enencia con la cabeza? Hé aquí po qué el S . Donoso dice que «pa a que el concilio gene al e- p esen e e dade amen e á la Iglesia uni e sal, mani ies- o es que sus acue dos deben ob ene la ap obacion del Romano Pon í ice.» En una palab a , sin la con i macion de la Silla Apos ólica se ian las leyes eclesiás icas, cáno- nes á medias, pues o que así lo exige la o ganizacion de la Iglesia. IV. JNTERVENCION DE LOS FRINCIPES EN LOS CONCILIOS GENERALES. La his o ia eclesiás ica y p o ana es án de acue do en que los ocho p ime os Concilios gene ales de O ien e, que lo son, 2 Nicenos, 4 de Cons an inopla, 1 de E eso y o o de Calcedonia, ue on con ocados po los Empe ado es: pe o no es menos cie o que es o suceda do acue do — 104 — consen imien o del Sumo Pon í ice, á quien co esponde el de echo in e no de con oca los : así es que aquellos p ocedian como ejecu o es de la olun ad de la Silla Apos- ólica, segun lo jus i ica el sex o Concilio gene al con e- e encia al p ime o de Nicea, que siendo es e con ocado po Cons an ino, asegu a aquel que el Empe ado ob ó de acue do con el Pon í ice S. Sil es e. El S . Golmayo es á ambien con o me con semejan e ap eciacion , y la unda: 1.° en que los Empe ado es debian señala el pun- o de una eunion an nume osa; 2.° que debian dispone los medios ma e iales de aslada se los Obispos , a án- dose de dis ancias an conside ables; 3.° pa a gua nece la ciudad y p o ee la de subsis encias; y 4.° po que de es a mane a el Empe ado se decla aba p o ec o de las disposiciones concilia es, es ableciendo penas ci iles con- a los asg eso es. En e ec o; la he egia se iba ex en- diendo po odas pa es, y los Empe ado es c is ianos no podían menos de que e so oca la, oda ez que la mi aban como una amenaza de la paz y anquilidad del impe io, de aquí que se decla a an p o ec o es de las disposiciones de los Concilios; pe o además de es o, y de las o as a- zones que asien a Golmayo, no debe pe de se de is a, que con ocando el Empe ado , enian necesidad los Magis a- dos de p opo ciona á los Obispos cuan o pudie a o ecé - seles en su expedicion. V. pE LOS CONCILIOS ATRIARCALES Y yACIONALES: QUIENES CONCURRIAN: Y SI ESTABA DETERMINADA LA ÉPOCA EN RUE UNOS Y OTROS DEBIAN CELEBRARSE-, Llámanse Concilios Pa ia cales los con ocados y p e- sididos po el Pa ia ca; es os se llama on ambien dioce- sanos, nomb e omado de las diócesis en que di idió Cons- an ino el impe io omano, las cuales comp endian — 105 — as o e i o io compues o de muchas p o incias. Los Concilios Nacionales e an aquellos que con oca- ban y p esidian á su ez los P imados; ambien u ie on el nomb e de plena ios, pa icula men e en Á ica. Céleb es son, en e o os, los Ca agineses, que con- ocaba y p esidia el Obispo de Ca ago, concu iendo más de 200 Obispos a icanos; los I alianos, que ecuen emen- e p esidia el R. P.; los Galicanos, p esididos unas eces po el Obispo de T e e is, y o as po el de A lés ; y po úl imo, los Toledanos en España. Tan o á unos como á o os concilios concu ian los Obispos de las espec i as coma cas, diócesis ó nacion; es deci , á los Pa ia cales asis ian los Obispos, que enias su diócesis encla ada en el e i o io que comp endía el Pa ia cado; así como á los Nacionales los Obispos odos de la nacion; sin emba go, sino podian asis i po alguna jus a causa, se excusaban y mandaban en onces á un. P esbí e o, pa a que los ep esen ase. La eunion de odos es os concilios ha sido poco e- cuen e, pues no es aba de e minada en las disposiciones canónicas; así es que solo u ie on luga en casos ex ao - dina ios, ó cuando lo exigia la necesidad de la Iglesia. El mismo Concilio de T en o , que ijó la celeb acion pe iódica de los p o inciales y diocesanos en especie, na- da dijo de los nacionales, ni pa ia cales, po lo que su - gió la opinion, en e muchos, de que ales concilios es a- ban ya p ohibidos; pe o es lo cie o, que la omision ó si- lencio que gua da on sob e ellos los Pad es de dicho con- cilio, no puede conside a se de modo alguno co no p ohi- bicion de los mismos: si la u ilidad hizo que se celeb a an aquellos cuando con ino á la Iglesia, hoy lo que única- men e puede deci se es que han caido en desuso; pe o es ácil uel an de nue o á celeb a se: an cie o es es o, que no ha mucho, ó sea en 1868, se eunie on en Bal i- mo e los Obispos no e-ame icanos, bajo la p esidencia de su P imado, y po consiguien e en Concilio nacional; 11 — 112 — que se ci an po algunos, de habe se nomb ado po don Felipe II á D. F ancisco de Toledo pa a que asis iese al Toledano del año de 1.565, y al Ma qués de Mon eagudo pa a que concu ie a al Compos elano del mismo año, y po úl imo, el nomb amien o del Ma qués de Velada pa a que asis iese al de Toledo de 1582. Apa e de la mayo ó meno exac i ud en los hechos alegados , y aun dándolos po cie o, esa especie de in e encion que quie e da se á los P íncipes, oda ia no explica que ue a necesa ia su licencia pa a la con ocacion de los Sínodos p o in- ciales. En e ec o; los Reyes empeza on á in e pone su ali- mien o á la des uccion del Impe io Romano, y solo de es e modo se explica , como je es de nue os e i o ios, que concediesen licencia pa a la eunion de odos los Obispos de su espec i a nacion; más cla o, los Concilios nacionales, no los p o inciales, ue on los que necesi a- ban licencia del pode empo al; enemos en demos acion de es o, que po los años de 1850 y 51. se celeb a on en F ancia muchos Concilios P o inciales, y pa a la eunion de ninguno de ellos ni se solici ó licencia del P esiden e de la República, ni aún se ele ó á su conocimien o. Más aún: los hechos ci ados de con a io, lo más que pueden p oba son las p e ensiones de los Mona cas pa a que se le econozca ese de echo; pe o en an o que no es é eco- nocido po la Iglesia, no puede a i ma se que sea necesa- ia la licencia del P íncipe pa a la con ocacion de los Concilios p o inciales. Aho a bien: S. Pio V p ohibió que en ales concilios se admi iese á los ep esen an es de los eyes; y si bien es cie o que con ocado po el Ca denal Qui oga su Concilio p o incial de Toledo el año de 1582, D. Felipe II en ió en su nomb e al Ma qués de Velada, no es ménos e ídico, que an luego como llega on las ac as de ese Concilio á Roma, el Ca denal de S. Six o, á nomb e de la Cong egacion, mandó bo a la i ma del Comisa io. 113 Queda, pues, demos ado que no es necesa ia, ni lo ha sido nunca la licencia del P íncipe pa a que puedan con oca se los Concilios p o inciales. VIII. pi TUVIERON DICHOS CONCILIOS PODER LEGISLATIVO. Al examina , dice Golmayo, las colecciones canónicas po las cuales se gobe na on las Iglesias pa icula es du- an e los doce p ime os siglos, se obse a desde luego que la mayo pa e de sus cánones ue on es ablecidos en los Concilios P o inciales. Es os cánones, añade, no obligan ue a de la p o incia pa a la cual hablan sido dados, y es a especie de con usion que na u almen e de- bia esul a po la a iedad de disciplina p o enien e de la independencia con que se gobe naban las Iglesias pa - icula es, debió cesa y cesó de hecho cuando pasada la la ga noche de la Edad Media se cen alizó el pode y p incipió á uni o ma se la legislacion eclesiás ica. De aquí deduce dicho au o , que los Concilios p o in- ciales ca ecen muchos siglos hace del pode legisla i o, limi ándose en sus decisiones á o ma es a u os ó egla- men os pa a la ejecucion de las leyes gene ales, e o ma de las cos umb es y o os asun os pe enecien es á las Iglesias pa icula es. En una palab a, el epu ado Canonis a á quien ci a- nos, es de opinion que hubo una época , muchos siglos hace, que los Concilios p o inciales u ie on po es ad legisla i a ,y que de la independencia con que se gobe - naban las Iglesias pa icula es, esul ó con usion en la disciplina. Semejan es ap eciaciones no podemos acep a - 15 — 114 — las de modo alguno, po mucho que sea el espe o que nos me ezca an dis inguido esc i o , pues ni los Concilios p o inciales u ie on jamás pode legisla i o, ni en nin- gun iempo es exac o que hubie a con usion en la disci- plina eclesiás ica. En e ec o; los Concilios p o inciales ue- on adqui iendo paula inamen e los de echos que llega on á eje ce en los iempos an iguos, así lo asegu a ambien S. Isido o, de lo que se deduce que no nacie on aquellos de echos en los mismos concilios, y no naciendo en ellos o zosamen e hubie on de adqui i los de la Silla Apos ó- lica. Po o a pa e cons a de da os i ecusables, que se consul aban las decisiones de aquellos concilios con el Romano Pon í ice, quien con es aba po epís olas, mucho más si se p omo ía en ellos alguna cues ion ó duda sob e cualquie pun o de disciplina, pues acudian pa a su eso- lucion al P imado de la Iglesia Uni e sal; he aquí po qué dijo el inmo al Pon í ice Inocencio I, «son an as las co- sas que nos odean, que no enemos iempo pa a nada, po que de odas las p o incias nos ienen consul as y nos mi an como el númen del Episcopado.»- Po es o ambien a i mábamos no se exac o, el que hubie a con usion en la disciplina, pues es a se consul aba con el R. P.: además, la palab a con usion es sinónima de desó den, y como quie a que la disciplina de las Iglesias pa icula es es aba con o me con las cos umb es de es as Iglesias, mal puede deci se que haya desó den allí donde las leyes es án de acue do con las cos umb es. O a cosa se ia el Mani es- a , que andando los iempos, y po con eni así á los in e eses del mundo ca ólico, disminuyó el núme o de negocios de que enian conociendo los Concilios p o in- ciales. — 115 — IX. , FONSIDERACIONES GENERALES SOBRE LOS .FONCILlos. La Iglesia jamás ha que ido usa de su pode , de una mane a a bi a ia; siemp e ha p ocu ado que pa a la e- solucion de sus á duos negocios p eceda un exámen ma- du o y de enido. Cuan as eces le ha sido , posible, o as. an as ha con ocado el episcopado, y á su lado se han is o en odos los iempos, las: pe sonas más ilus es, po sus conocimien os y i udes, del mundo ca ólico. En el Concilio II de L.e an se eunie on ce ca de mil Obispos, y en el II de Lyon el excesi o núme o de mil Doc o es, y es o p ecisamen e en la época que los pueblos de Eu opa es aban escla izados bajo el égimen oscu o y op eso del eudalismo. Los Concilios pues,.con elemen os' an pa- de oSos, han sido siemp e de g ande u ilidad y con e- niencia, po que no solo han.. p ocu ado egula iza la disciplina y de ini el dogma, Sino que han pues o é mi- no á las he ejías y g andes cismas que han a ligido á la Iglesia, juzgando al p opio iempo á sus in ames p opaga- do es. En e ec o; si e lexionamos un poco sob e los Con- cilios gene ales, e emos que en el I de Nicea se condenó á A io, que negaba la di inidad del Ve bo; en el de Cons- an inopla, celeb ado en el año 381, se- juzgó y cas igó á Ma- cedonio, que negaba á su ez la di inidad de Espí i u San- o; en el Concilio de E eso, e ce o gene al, se condenó del p opio modo á Nes o io, quien negaba que la Ví gen Ma ía uese mad e de Dios; en el Calcedonense del .a io 151, se ana ema izó á Diósco o, au o de Eulíques, y se xonde. u - - 116 — on las doc inas Eu iquianas. Si nos ijamos en los siglos medios, obse a emos que el Concilio III de Le an condenó á los Valdenses y Albigenses; que el IV ambien de Le- an juzgó y condenó un lib o que habla esc i o el Abad Joaquin con a Ped o Lomba do; el Concilio I de Lyon igualmen e se ocupó de los excesos come idos po el Em- pe ado Fede ico II; el Concilio de-Viena- examinó la cau- sa de los Templa ios, no ya judicial, pe o sí gube na i a- men e; en el de Gons anza se condena on los e o es de Wicle , Juan Has y Je ónimo de P aga, y se-juzga on á los An ipapas, que dispu aban el Sólio Pon i icio. Si nos conc e amos á iempos más ecien es e nos que en el Concilio V de Le an se hizo la condenacion de los Ca denales cismá icos y del conciliábulo galicano de Pi- sa; el de T en o, aunque no se cons i uyó en ibunal, ab ió á los p o es an es un palenque li e a io, ana ema i- zando á la ez sus e o es; y po úl imo, el del Va icano ha enido á condena el acionalismo mode no. Si que emos ija luego nues o es udio en los conci- lios Nacionales obse a emos del p opio modo, que á sus decisiones pa a que se cumpliesen las leyes gene ales de la Iglesia, se unia su compe encia pa a conoce como ibunal de algunas causas eclesiás icas; buena P ueba de ello nos o ecen las causas de Ma cial y Basilides, Obispos de As o ga y Mé ida; el I de Toledo condenando á los p is- cilianis a.s y após a as; el VI conociendo de la apelacion de Ma ciano, Obispo de Écija; y el X Toledano, de la can- sa de Po amio, Me opoli ano de B aga. Los concilios p o inciales coadyu a on ambien muy mucho á los saludables p opósi os de la Iglesia, pues apa - e de las acul ades que u ie on en lo an iguo, y de las que conse an en la disciplina no ísima, ue on ambien ibunales, unas eces de p ime a, y o as de segunda ins ancia: ejemplo de ello nos p esen a el.Concilio II p o- incial de Se illa, p esidido po San Isido o, que esol ia un plei o en cada -una de sus sesiones, siendo el más no- 117 able y p incipal, el del P esbí e o Co dobés, llamado T a- gi ano, á quien su Obispo habia condenado injus amen e. Y inalmen e si nos ijamos en los diocesanos, e emos que no solo e an ibunales de p ime a ins ancia en las causas g a es de los clé igos, con o me á la doc ina sus- en ada po San Isido o en el II p o incial de Se illa, «de que nadie depusie e á ningun sace do e sin aseso a se de su espec i o sínodo», sino que ambien en ellos podian e mina se amis osamen e y po conco dia muchos li i- gios y eye as, que de o o modo habia necesidad de lle- a á los ibunales, con los gas os, disgus os y enemis- ades que p opo cionan. En is a pues de los hechos que dejamos na ados, ¿quién duda á de la impo ancia y de la u ilidad suma de es as asambleas eclesiás icas? La p o- pagacion de la e dad, la conse acion del dogma y la mo al, la aplicacion de la jus icia y la equidad; la i ud y el sabe ; he ahí lo que esos concilios signi ican; lo que alen, lo que son.—Baje el ca ólico su ce iz an e la san- idad de su doc ina, an e la mo al de su disciplina, y an- e la jus icia de sus decisiones. CAPÍTULO IX. I. De los concilios nacionales celeb ados en España.—II. De los de Toledo: eseiza de los más no ables: si ue on asambleas mix- as ó e dade os concilios. juicio c í ico ace ca de ellos.—III. De los de Leon, Coyanza y Jaca en la época de la disciplina mozá abe. — IV. Mo i os po qué caye on en desuso.— V. De los Concilios p o inciales españoles.—VI. De los Diocesanos celeb ados ambien en nues a Iglesia: azon de no habe se cumplido en España las disposiciones T iden inas sob e es a ma e ia.—VII. De los celeb ados ecien emen e en Ge ona y en ¡cien. 1. pn LOS FONCILIOS NACIONALES CELEBRADOS EN SPAÑA. Va ios ue on los Concilios nacionales que u ie on luga en España. Dícese que u o es e ca ác e el cele- b ado en Leon, hácia el año 250; pe o no nos han queda- do ac as, ni o as no icias, que las con enidas en la ca a de S. Cip iano al cle o y pueblo de Leon, As o ga y Mé- ida: o o concilio se celeb ó en Za agoza el año de 380, que es enido jus amen e po nacional, y en el cual ue on juzgados los Obispos P isciliano, in uso en Á ila, Ins- ancio, Sal iano é Higinio de Có doba; pe o el más céle- b e de odos es os lo ué el de Ilibe is, llamado ambien de El i a, p óximo á G anada, que se u o el año 300, segun la opinion más p obable: asis ie on á dicho Conci- 119 — lío 19 Obispos de las es p o incias en que en onces se di idia España, y 36 P esbí e os, algunos de los cuales se conside a que ue on p ocu ado es de o os Obispos ausen es: pe o los más no ables de odos ellos ue on, sin duda alguna, los Toledanos, de que pasamos á ocu- pa nos. pE LOS DE TOLEDO: RESEÑA DE LOS MÁS NOTABLES: SI FUERON ASAMBLEAS MIXTAS Ó VERDADEROS CONCILIOS: JUICIO CRITICO ACERCA DE ELLOS. En e los g andes é impo an es asun os que me ecen ocupa un luga muy señalado en la his o ia de la Mona - quía goda, dice el S . An eque a, apenas halla emos o o alguno que eclame nues a a encion en an o g ado como los Concilios de Toledo: en e ec o, son an as y an sábias las disposiciones de esos Concilios, que han llegado á o - ma época en nues a his o ia ; y po lo mismo hemos c eído con enien e el da los á conoce , pues o que no solo es udia nos el de echo canónico y la disciplina gene- al de la Iglesia, sino ambien la pa icula de España; y pa ece lógico, que al ocupa nos de los cánones de los con- cilios como uen e de de echo esc i o, al pa que a emos, como lo hemos hecho, de odos ellos, hablemos ambien de los más p incipales que u ie on luga en nues a Iglesia: es o con an o mayo mo i o, cuan o que así po- demos ocupa nos de los Toledanos, que an a impo ancia han enido en odos los siglos en el mundo ca ólico; y an cie o es es o, que ya el R. P. Inocencio I, hizo mencion hono í ica del Concilio 1 (le Toledo; y U bano II decia: — 120 «que el que no igno e los cánones sab á bien las que  u ilida- des po la Iglesia de Toledo esul a on pa a los nego- cios eclesiás icos.» Aún el Obispo de Có doba, D. C is óbal de Rojas, p e- sidiendo el p o incial, que se celeb ó en Toledo el año de 1565, se pe mi ió añadi , con g an e acidad é ilus ado c i e io, «que los Concilios Toledanos an e io es son e- nidos en an a ene acion que los ecibe al modo de sa- g ados o áculos la Iglesia.» No hemos, sin emba go, de ocupa nos de odos ellos; bas a á nues o in en o eseña los más no ables. El Concilio p ime o, celeb ado en el a io de 400, eje - ci ó el pode legisla i o y judicial, dió un símbolo p ecio- so de é, cánones dogmá icos y disciplinales, y po úl imo, p onunció sen encias con a a ios Obispos após a as y he ejes: despues de es e Concilio son dignos de ci a se el e ce o, cua o y sex o. En el e ce o u o luga la con e sion de Reca edo al ca olicismo, y se a a on en él de asun os especialísimos, pe o del ue o compe en e de la Iglesia; ales ue on los cánones p ohibiendo á los judíos ene concubinas c is- ianas; que los pad es no ma asen á sus hijos habidos de ilíci a o nicacion; y o denando que los di un os se lle en á en e a can ando salmos, y no con gemidos y o as demos aciones públicas de dolo ; así como, po úl imo, que los jueces del pa imonio eal asis ie an á los conci- lios pa a ap ehende de los eclesiás icos la adminis acion de jus icia. En el cua o dió S. Isido o un cu so de disciplina ecle- siás ica , con disposiciones que han pasado á la gene al de la Iglesia; se a a del nomb amien o de Obispos , su de echo de inspeccion sob e los clé igos y monjes; de la ida comun; y has a se es ablece que no se haga iolen- cia á los judíos pa a que se con ie an á la é. En el sex o b illó S. B áulio, de quien ya en el quin o se dijo, que habia sob esalido en e los Obispos; en es e N1 Concilio se conoció de la apelación de Ma ciano, Obispo de Écija, depues o injus amen e en un Concilio p o incial de Se illa, y de cuyo hecho, ya nos hemos ocupado; am- bien se a a del espe o que se debe á los eyes.  . De igual modo debe ci a se el Concilio X de Toledo, siquie a sea po que en él, como enemos indicado, se acusó el p opio Po amio, Me opoli ano de B aga, de un deli o de sensualidad; po el que, lo depuso dicho Concilio sin deg ada le, en is a de su a epen imien o.- Es digno igualmen e de exp esa nencion el VIII, que amenaza con deposición á los Obispos, que u iesen ami- lia idad con pe sonas de o o sexo: y inalmen e el XII, po habe se aco dado, sin pe juicio de los de echos do los Obispos, que el Me opoli ano de Toledo, con i mase á los elec os po los Reyes, pa a las Sillas Vacan es, de donde alega su de echo aquella Iglesia pa a ene la dignidad de P im oda. Enlazada es á con es os Concilios la céleb e cues ion, de si ue on asambleas mix as ó e dade os concilios; pa- a esol e la cual, p eciso se hace o ma nues o juicio c í ico ace ca de odos ellos. El S . An eque a al ocupa se de es e asun o en su his o ia de la Legislacion Española, dis ingue cuidadosamen e dos épocas: la una en que dice, que esas euniones eclesiás icas p omo idas po el buen celo de los pas o es de la Iglesia, y encaminadas al cuida- do de la misma y á las a enciones espi i uales de los ie- les, no u ie on nunca o o ca ác e y a ibuciones que las .p opias de su ins i u o; la o a en que omando los concilios eligiosos el ca ác e de asambleas polí icas in- e inie on en odos los asun os ela i os á la cons i u- clon, al gobie no y á la legislacion del Es ado: pa ece, pues, segui dicho esc i o las doc inas del ilus e Pa- checo, cuyas obse aciones asc ibe en su ya ci ada ob a. El S . D. Joaquin F ancisco Pacheco dice: «cuando los Concilios Toledanos , siguiendo la no ma na u al de 1(1 — 128 — Despues de es a época se han celeb ado o os muchos en España que se ia p olijo enume a has a que empeza- on á cae en desuso, debido es o, en sen i de algunos, á las alsas dec e ales; pe o es lo cie o que hacian decaí- do mucho á la apa icion de aquellas. Si á es o se ag ega, que en iempos pos e io es, la ma- y o pa e de las dispu as que- enian luga en dichos Con- cilios se lle aban al Consejo de Cas illa pa a que las e- sol iese, iniendo así á conoce de asun os que no e an de su compe encia , se comp ende á las azones que u- ie on los Me opoli anos pa a deja de con oca los, mucho más, cuando se hacian cie as p e ensiones sob e asis en- cia de los comisa ios égios. El S . Cos a y Bo ás deseoso de eanuda la sé ie de los Concilios Ta aconenses, habia ideado lo que llamaba concilios en dispe sion, que consis ia en comunica cie - os asun os á los Su agáneos pa a que los a asen con sus Cabildos, exho ándoles pa a que le hiciesen sabe el esul ado; y cuando habia unanimidad de acue dos po- dia publica se lo con enido con las i mas de odos los Obispos. Sin emba go de odo ello, y po lo que hace á España, se dijo en el con enio adicional al úl imo conco da o es- ipulado con la San a Sede, lo siguien e: «Asimismo de- cla a que sob e la celeb acion de sínodos p o inciales y sob e o os pun os á duos é impo an es, se p opone po- ne se de acue do con la San a Sede; dOnsul ando el mayo bien y esplendo de la Iglesia.» 129 VI. pE LOS CONCILIOS DIOCESANOS - CELEBRADOS TAMBIEN EN NUESTRA JGLESIA: RAZON DE NO HABERSE CUMPLIDO EN SPAIZ . IA LAS DISPOSICIONES TRIDENTINAS SOBRE ESTA MATERIA, Ya conocemos lo que se en iende po concilios dioce- sanos, y cuales son sus especiales a ibuciones; ampoco hemos de ci a los a ios que se han celeb ado en España, ni po úl imo ep oduci las causas gene ales que mo i- a on la al a de cumplimien o de las disposiciones T i- den inas sob e es a ma e ia. De odo ello nos hemos ocu- pado ya en lecciones p eceden es: aho a nos conc e a e- mos solo á demos a los obs áculos que se opusie on en España á la celeb acion de dichos Concilios Esos obs ácu- los ue on en p ime luga , los gas os que se o iginaban, pues se educían á un ac o de solemnidad y pompa; en segundo é mino la op esion que queda eje ce el pode empo al, pues los Ayun amien os y au o idades ci iles exigian asien o é in e encion di ec a en muchas cues- iones; en e ce luga la pe e sa cos umb e de lle a al Consejo odas las p o es as que se in e ponian; en cua o y úl imo é mino, el abuso de es e mismo Consejo de Cas- illa mandando que no se publica an cons i uciones sino- dales sin su. p é io pe miso y ap obacion. He aquí las a- zones que u ie on los P elados pa a deja de celeb a los, p e i iendo es o, más bien que, e se a asallados y op i- midos en su au o idad. Hoy, sin emba go, han desapa ecido semejan es obs- áculos, pues en el con enio adicional de 4 de Ab il de 1860 se dijo po pa e del Gobie no: «El Gobie no de S. M. 17 — 130 — co espondien do á los deseos de la San a Sede, y que ien- do da un nue o es imonio de su i me disposicion á p o- mo e , no solo los in e eses ma e iales, sino ambien los espi i uales de la Iglesia, decla a que no pond á óbice á la celeb acion de los sínodos diocesanos cuando los es- pec i os p elados es imen con enien e con oca los.» VII. pE LOS CELEBRADOS RECIENTEMENTE EN VERONA Y EN ITAEN, A . consecuencia de lo es ipulado con la San a Sede, se celeb a on dos sínodos, de que engamos conocimien o; el uno u o luga en Ge ona el 17 de Junio de 1863, al que asis ie on ce ca de 306 p esbí e os; y el o o en Ja en, en 15 de Mayo de 1872, al que concu ie on igualmen e 125 indi iduos, casi odos g aduados. CAPÍTULO X, 1. Cons i uciones Pon i icias: de echo del Papa pa a expedi las,. y o mas públicas con que' siemp e lo ha eje cido.—II. Espe- cies de Bulas.—III. Resc ip os: su ue za legal: pa es de que cons an.—IV. Di e encias que exis en en e las Bulas y los B e es, conside ados los asun os sob e que e san, o icina po que se expiden, el sello, ca ác e de le a, clase de papel ()pe gamino y echa de su expedicion:. De echo ac ual. FONSTITUCIONES PONTIFICIAS : DERECHO DEL PAPA PARA. EXPEDIRLAS, Y FORMAS PÚBLICAS' CON QUE SIEMPRE LO HA EJERCIDO. O a de las uen es del de echo canónico esc i o son las cons i uciones Pon i icias. En e ec o, econociendo los ca ólicos, como dogma de é, el p imado de hono y ju is- diccion en el Romano Pon í ice, p eciso es con eni que en su cualidad de al se halla in es ido del` más amplio po- de pa a dic a leyes, que obliguen á la Iglesia Uni e sal: po o a pa e, como quie a que . no . siemp e y en odas ocasiones pueden con oca se concilios gene ales, de aquí, y eniendo en cuen a que odos los Obispos son iguales po de echo di ino, hay necesidad de econoce un supe- io , á quien co esponda, no ya el eje cicio de aquel po- de , como dice la escuela ancesa, sino el pode mismo, po exigi lo así la o ganizacion de la Iglesia. Aho a bien; es e pode de que hablamos lo eje ce la Silla Apos ólica, - 132 ya po cons i uciones, ya po esc ip os; es deci , ya mo- a p opio, ya po espues as á las consul as que se le ha- cen, pa a que se si a esol e los casos dudosos en de- echo: las p ime as llámanse con más p opiedad Bulas, los segundos B e es. Tambien el R. P., en uso de su po es ad legisla i a, siemp e que es ablece un nue o de echo, ó con i ma el an íguo oscu o, lo hace po cons i uciones; así como, cuando únicamen e le in e p e a, ó con i ma el de echo an íguo cla o, usa de los esc ip os. El Papa, no obs an e sus ámplias acul ades, se aseso- a pa a la expedicion de sus cons i uciones con su senado ó consejo, que lo compone hoy el Colegio de Ca denales, dándonos así ejemplo de la co du a que siemp e ha enido la. Iglesia en la o macion de sus leyes. II. SPECIES DE ULAS. Ya hemos dicho que las cons i uciones, po cuyo medio eje ce el R. P. su ju isdiccion en la Iglesia, son ca as ó le as esc i as mo u p opio y di igidas á los ieles en ge- ne al, ó ya á cie as pe sonas en pa icula . Pues bien, es as ca as ecibie on en lo an iguo di e sas denomina- ciones; po azon de los luga es á donde se di igian se lla- maban encíclicas, ó sea ca ólicas, ac o ias ó ac a o ias; las p ime as se en iaban á oda la Iglesia; las segundas que omaban el nomb e á ac u el ci cui o se di igian á d e e minados luga es pa a la celeb acion de concilios. Po azon de la calidad de las pe sonas á quienes se emi- ian d enominábanse cle icales, diaconales y episcopales. — 133 Finalmen e pb azon de la ma e ia ó asun os de que a- aban se decian denuncia i as, decla a i as, indica i as, pascuales, salu a o ias y sinodales: las denuncia i as e an aquellas en que se daban á conoce los he ejes ó in ieles; las decla a i as con enian la pública de es acion de algu- na nue a he egía; las indica i as indicaban la pe sona á quien el R. P. habla c eido jus o bea i ica ó canoniza : en las pascuales p e ijaba el Papa el dia de la celeb a- cion de la Pascua; las salu a o ias e saban sob e mú uos o ecimien os y segu idades de amis ad y adhesion; y con las sinodales se comunicaban á los Obispos la celeb acion del u u o concilio. La mayo pa e de es as epís olas son hoy inusi adas; po lo que conc e ándonos á las Cons i uciones ó Bulas Pon i icias, di emos que es as son de es clases, consis- o iales, no consis o iales é in e medias. Llámanse consis o iales, po que e san sob e asun os que se deciden en el Consis o io, p é io el Consejo de Ca - denales, po quienes án susc i as, lle ando además del sello o dina io, o o en o ma de c uz: las no consis o ia- les son aquellas que se dán ue a del Consis o io, sin con- sejo ni i ma de los Ca denales: y las in e medias las que expiden los Pon í ices an es de se co onados, ó sea p é- iamen e á la oma de posesion, y no an es de se consa- g ados como a i man o os exposi o es, po cuya azon no lle an en el sello el nomb e del Pon í ice, lo cual solo iene luga espec o de las o as. La palab a bula ae su o igen del sello de o o ó de plomo, que le ponen los R. P. al iempo de emi i las á las Iglesias , con el in de e i a su alsi icacion. Es e se- llo lle a po un lado las imágenes de S. Ped o y S. Pablo, y po el o o el nomb e del Pon í ice, y á pendien e de un hilo de seda ó de cáñamo, segun la dignidad de la pe - sona á quien se di ige. En e los la inos bula signi ica la ampolla que se o ma en el agua de una uen e, y que e ien a al momen o; — i 34 --- asimismo se llama on ambien bulas, po su o ma con- exa, las insignias que usaban al cuello los omanos, y las que se o o gaban á aquellos que ob enian el iun o: igualmen e se dió es e nomb e á los sellos de los Empe- ado es, ya po que enian unas imágenes de elie e, ó ya po que se las colgaban al cuello, como an iguamen e las bulas de los omanos: el uso de es as y de los sellos ué ecibido po la Silla Apos ólica, y co no ue an pen- dien es de las Dec e ales Pon i icias, de aquí el nomb e de Bulas. DESCRIPTOS: SU FUERZA. LEGAL: PARTES DE QUE CONSTAN.. Se en iende po esc ip os las le as apos ólicas en las que los R. P. con es an ó esponden á las p egun as, consul as ó súplicas que le di igen sob e cualquie ma- e ia. Aun cuando, po lo is o, no ienen o o obje o que la esolucion de un caso especial, no obs an e, dice Gol- mayo, «son e dade as leyes aplicables á odos los casos idén icos, que puedan ocu i , no solo cuando se han e- copilado en los códigos, como sucede con las Dec e ales de G ego io IX, compues as en su mayo pa e de esc ip- os, sino aunque es én dispe sos ó sin o ma coleccion, po que los R. P. han de e minado que en casos semejan- es es én obligados los demás á juzga de la misma ma- ne a.» No y mil eces nó, di emos noso os; cuando el esc ip- o no se ha incluido en coleccion alguna canónica no pue- de ni debe obliga á odos, sino solo aquel pa a quien se — 135 — dió, y la azon es muy ob ia; la ley no obliga has a que se p omulga, cuyo ac o es la solemne no i icacion al pueblo: se á ley, una ez aco dada y sancionada, pe o á pesa de ello, no obliga á odos, has a el momen o de su p omulga- cion: si los esc ip os pues, no se publican, ni se inse an en las colecciones de de echo canónico, ¿cómo han de po- de obliga á odos los ieles? Aho a, si con u ie an la cláusula de «que obliguen en casos semejan es», cláusula que de suyo no ienen los es- c ip os, en al caso pod ia sos ene se la opinion con a- ia, como una excepcion de los p incipios gene ales de de echo. Pe o es el caso, que Golmayo asien a, con elacion al cap. 19 de Sen . e e judic., que en odos los esc ip os se leen las palab as que él asc ibe, y son las mismas de que an es hemos hecho mé i o, sin e lexiona que esas pa- lab as no se con aen á la pa e disposi i a del esc ip o, es deci , á que se esuel a de idén ica mane a cualquie cues ion análoga, cuya cláusula es la que negamos se con- enga en dichos esc ip os, sino que solo se e ie en al p ocedimien o que deba adop a se en iguales casos. Los exposi o es econocen, po lo gene al, es clases de esc ip os; los p ime os, á los que ambien llama Do- noso, ca as amilia es, son las que el Sumo Pon í ice es- c ibe espondiendo á las p egun as que le di igen cie as pe sonas, ya en azon á una es echa amis ad ó amilia- idad, ya pa a pedi le consejo como a an doc o y piado- so: los segundos comp enden aquellos en los cuales la Silla Apos ólica con i ma el de echo cla o, decla a el dudoso ó lo in e p e a; y los úl imos se e ie en á negocios de pe - sonas pa icula es. Sin e u a en absolu o semejan e di ision , po más que los de la p ime a clase no conside emos que sean p opiamen e ales esc ip os, noso os di emos, que es os -son de hecho y de de echo; subdi idiéndose los p ime os en esc ip os de g acia y esc ip os de jus icia, siendo es- 136 - os úl imos los que e san sob e p ocedimien os; po lo que, an o unos cómo o os de los de hecho, se e ie en 11 asun os de in e és pa icula , sin que puedan en su i ud conside a se como uen es del de echo esc i o, al menos que o men pa e de las colecciones canónicas. Sob e es a especie de esc ip os se dan po los cano- nis as las siguien es eglas: 1." Que son pe pé uos, más cla o, que no espi an po solo el lapso del iempo. 2. a Que los de jus icia concluyen po la mue e del conceden e e'ín eg a manen e, es o es, si no hubiese p ecedido la con es acion ni la ci acion, lo que no sucede con los de g acia. 3.' Que es os úl imos espi an con la mue e del ag a- ciado, no así los de jus icia que pasan á los he ede os. 4.' Que odo esc ip o incluye la condicion áci a, si p eces e i a e ni an u : de lo que se deduce, que siendo alsa la na acion, ó callándose alguna ci cuns ancia que deba exp esa se, el esc ip o se epu a nulo. 5.' Que odo esc ip o, sea de g acia ó de jus icia, se ha de in e p e a es ic amen e, po que es limi a i o de la ju isdiccion o dina ia eclesiás ica, y se compa a, po an o, con el p i ilegio. 6.' Que en oda duda sob e su in eligencia debe ecu - i se al de echo comun. 7.' Que de dos esc ip os con a ios debe es a se al p ime o, si en el segundo no se menciona aquel, po que hay p esu.ncion de alsedad espec o de es e úl imo. S.' Que odo esc ip o pa icula de oga al gene al, pues se conside a como excepcion de la egla. En odos los e dade os esc ip os debemos conside- a las pa es de que cons an, que son es: pa e exposi- i a ó de hechos; pa e undamen al ó de de echo; y pa - e disposi i a ó sen encia. Cla o es, que solo es a úl ima es la que obliga, ya á la pe sona á quien se di ije, ya á odos los ieles si son conocidos y acep ados ó se incluyen en el cue po del de echo eclesiás ico. 137 Y éase en es o, una p ueba más de cómo la Iglesia ha caminado siemp e al en e de las ci ilizaciones de los pueblos más adelan ados: lo que en e noso os no se dis- puso has a la publicacion de la Ley de Enjuiciamien o Ci il, a iculo 333, u o luga ya en la Iglesia muchos siglos an es. IV. DIFERENCIA S OUE EXISTEN ENTRE LAS 3ULA.S Y LOS i3REVES, CONSIDERADOS LOS ASUNTOS SOBRE RUE VERSAN, OFICINA POR OUE SE EXPIDEN, EL SELLO, CARÁCTER DE LETRA, CLASE DE PAPEL O PERGAMINO Y FECHA DE SU EXPEDICION. DERECHO ACTUAL,. Se dis inguen las Bulas de los B e es: 1 . .° en que aque- llas suelen da se pa a negocios g a es; es os pa a los de menos impo ancia: 2.° en que las Bulas se esc iben con ca ac é es longoba dos ó eu ónicos, sin pun os ni dip on- gos; y los B e es con ca ac é es la inos y elegan es: 3.° en que las p ime as se expiden po Cancela la, y los segun- dos po el Ca denal Sec e a io de B e es: 4.° las Bulas lle an pendien e un sello de plomo ó de o o, y los B e es un sello de ce a en - Ca nada en el que á imp esa la imá- gen de S. Ped o en ac i ud- de pesca , po lo que se dice que es os se expiden sub annullei Pisca o is: 5.° pa a las Bulas se usa pe gamino g ueso y oscu o, y pa a los B e- es blanco y delga:-.Io: 6.° y úl imo, la echa de las Bulas lo es desde la Enca nacion de Jesuc is o, y la de los B e- es desde la Na i idad. Además las Bulas empiezan po el nomb e del Pon í- ice, y luego se usan las siguien es palab as: se us se - o um  ad pe pe uam ei memo iam. 18 — 144 — es que es e pe íodo de iempo es bas an e pa a la ab oga- clon de una y o a ley; pe o apa e de es as e lexiones, que son cie amen e de alía, noso os c eemos, sin em- ba go, que la doc ina de la p esc ipcion no puede apli- ca se á la cos umb e, po que son cie amen e dos cosas muy dis in as; po la p esc ipcion odo lo pie de la Iglesia, mien as que po la cos umb e adquie e lo que la misma cos umb e es ablece; así pues, si la ley ci il no es aplica- Me á la cues ion que se deba e, pues ya hemos dicho que aplicándola se ian cien años los que debie an en al caso exigi se pa a la p esc ipcion, no queda o o eclino que admi i los p incipios gene ales de de echo sob e el uso en con a io. IV. pÓMO HA DE PROBARSE LA COSTUMBRE. Cuando la decision de una causa pende de la cos um- b e, dice con azon Donoso, «que el que la-alega debe p o- ba la plenamen e. Y pa a que así se p uebe es menes- e , en sen i de los canonis as, que depongan ace ca de ella po lo ménos dos es igos con ex es a i mando habe is o, á ciencia de muchos, la epe icion de ac os y e- cuen e uso del pueblo, du an e odo el iempo necesa io pa a la p esc ipcion de la cos umb e. Pe o si deponen de iempo inmemo ial bas a á, si es i ican habe siemp e is o y p esenciado el ecuen e uso ó cos umb e de que se a a, y que eso mismo oye on á sus mayo es, sin que jamás hayan is o ni oido que se p ac icase lo con a io.» CAPÍTULO XIII. P omMgacion de los cánones: su necesidad. — Mane a de hace se en- la an igua y nue a disciplina. — III. Si bas a la publicacion hecha en Roma. 1. ROMULGACION DE LOS CÁNONES: SU NECESIDAD, Se o man las leyes pa a manda ó p ohibi alguna co- sa, ó en o os é minos, oda ley es ya pe misi a, ya p e- cep i a, ya p ohibi i a, y de aquí la necesidad de publi- ca la pa a que llegue á conocimien o de los que deben cumpli la: solo la ley na u al puede excep ua se de es a egla, po que los homb es la conocen po la ec a azon; pe o no o a alguna. Po lo mismo, las leyes han sido pu- blicadas en odos los pueblos; los g iegos y omanos so- lían inse a las en ablas ó columnas. La publicacion pues, debe se necesa ia, o icial y solemne. De o o modo no puede a i ma se que sean punibles los ac os que se ejecu en con a aquellas. II. ANERA e HACERSE EN LA ANTIGUA Y NUEVA DISCIPLINA En los p ime os siglos de la Iglesia, cuidaban los H. P. de emi i las p o incias, an o los dec e os de los conci- 111 — 146 líos gene ales, como los que emanaban de la silla Apos ó- lica; más cla o, unas eces di igían á cada Obispo un ejem- pla de dichos dec e os, como sucedió en el Concilio de Nicea, que el Papa emi ió le as enciclícas á los Obispos que no habían asis ido, inse ando en ellas los dec e os concilia es; y es o mismo u o luga , segun el cánon II del Concilio XIV de Toledo, con las ac as del sex o Con- cilio gene al, pues ue on conocidas de los Obispos espa- ñoles po medio de le as que al e ec o les di igió el R. P. Leon II. O as eces se e i icaba la publicacion en el Concilio p o incial, y luego cada Obispo p omulgaba di- chas leyes en su espec i a diócesis. Y po úl imo, am- bien se hacia dicha no i icacion di igiéndose el. Papa á un Obispo del e i o io á quien enca gaba además, ci cula a, ó hicie a sabe dichos dec e os á lis p o incias ecinas ó á odos los pueblos de la nacion: así lo e i ica on el R. P. Si icio, en su epís ola á Hicme io de Ta agona; Ino- cencio con Exupe o, Obispo de Tolosa; Zozimo con el Obis- po de A lés y San Leon el Magno en la suya á To ibio de As o ga. Con o me á la disciplina no ísima, an luego como los Obispos eciben, ó ienen conocimien o, de nue as dispo- siciones Pon i icias, mandan inse a las en los Bole ines eclesids icos, o denando al p opio iempo que se comuni- quen á los Pá ocos, pa a que las hagan conoce de sus elig eses, leyéndolas al o e o io de la misa p o-populo, ó mayo , que iene luga en los dias es i os, cuya lec- u a suele epe i se en es de dichos dias consecu i os; ijándose además una copia de esas disposiciones en las pue as de los emplos. 147 — )SI DAS TA LA .PUBLICACION HECHA EN JOMA, En el siglo XIII se publica on algunos ana emas con- a de e minados p íncipes y pe sonas pode osas, á quie- nes e a po an o di ícil, ó po lo menos pelig oso, no i i- ca esas sen encias; po es o los RR. PP. empeza on en- onces á decla a que e a su icien e publica el dec e o en Roma, ijándole en la Basílica de San Ped o, ó en o os luga es acos umb ados, que lo son, la Basílica de San Pa- blo, Campo de Ma e y Alcan a illa de Roma. In e p e an- do mal esas palab as de la Sede Apos ólica, se susci a on con al mo i o, opiniones ¿pues as en e los eólogos, como en e los canonis as. Unos sos enian que bas aba la publicacion hecha en Roma de odas las cons i uciones Pon i icias, po que aquella e a la pa ia coman de odos los c is ianos, y necesa ia men e hab ia allí gen es de odas las naciones, que pod ian comunica las á los pueblos de donde p ocedían; como p ueba de es o, añadie on, que el modo ó mane a de hace la p omulgacion es á al a bi io del legislado , y es e iene decla ado que po la publica- cion hecha en la ciudad e e na es én obligados odos los ieles á la obse ancia dé los dec e os Pon i icios, «de la misma mane a que si pe sonalmen e se hubie an comuni- cado á cada uno en pa icula .» Los o os opinaban en sen ido con a io, undándose en la necesidad de la publicacion en p o incias pa a que obliguen dichas disposiciones á los ieles esiden es en ellas, pues se ia un e o el c ee , que pa a induci una obligacion cie a, ue a su icien e una no icia p i ada y me amen e conje u al de la ley. — 148 ---- El ilus e Be a di dice á és e p opósi o, que no es cie - o ]yaya siemp e en Roma pe sonas de odas las p o in- cias c is ianas; y aun habiéndolas, ampoco es exac o, que quie an oma se la moles ia de esc ibi pa a solo co- munica las leyes que se publiquen: po o a pa e, aña- de, es o da ia luga á muchos e o es é inexac i udes, y la ley debe se cla a, p ecisa y e minan e. El mode no canonis a Lequeux asegu a en su com- pendio de de echo canónico, que sea cualquie a la opinion que deba p e alece , ello es lo cie o, que en la F ancia no se manda ejecu a ninguna de las cons i uciones Pon i- icias, ad disciplina a spec an es, á menos que hayan si- do p omulgadas en el mismo eino, juzgándose de ningun e ec o la cláusula de que an es nos hemos ocupado; y ambien, añade, que lo mismo asegu an a ios esc i o es con elacion á España, Bélgica y o as naciones ca ólicas, de donde deduce dicho exposi o , no se la olun ad del Pon í ice, que sus leyes obliguen en esas naciones sin di- cha p omulgacion. El D . Golmayo asien a, que la cláusula en que se de- cla a, que las cons i uciones publicadas en Roma obligan á odos los ieles, del p opio modo, que si á cada uno se le hubie e comunicado en pa icula , esa cláusula, dice, es pu amen e de es ilo y no excluye la p omulgacion en las espec i as diócesis, pues al ez u ie a solo po ob- je o exclui las escusas de igno ancia a ec ada y mali- ciosa. Pa ece indudable que es a úl ima opinion es an o más ace ada, cuan o que Benedic o XIV ecomienda á la so- lici ud y igilancia de los Obispos po el bien de su g ey, que si la obse ancia de los dec e os disciplinales en los e i o ios que les es án señalados, en uel e incon enien- es g a es po ci cuns ancias especialísimas que no pudo ene á la is a el legislado , ep esen en esos incon e- nien es, con e e encia y sumision, á la Silla Apos ólica, pa a que es a con conocimien o cié causa acue de en de i- — 149 — ni i a lo más p oceden e. Si pues los Obispos ienen el de echo de ep esen acion, y pueden suspende po algun iempo los dec e os Pon i icios, cla o es, que pa a hace uso de esa p e oga i a se han de conoce aquellos en las p o incias c is ianas. Noso os, pa a conclui , di emos ambien, en is a de an opues os da os, cual sea nues a opinion. La ley es al, una ez p omulgada en Roma, es deci , que publica- da en el luga del legislado : , debe aca a se como disposi- cion gene al de la Iglesia, y que subsis e con ese ca ác- e , ín e in no sea ab ogada po o a disposicion pos e io ; pe o aun así, no obliga en las p o incias, has a que en- ga luga en ellas su p omulgacion, á in de que llegue á no icia de odos los ieles. CAPÍTULO XIV. 1 . De echo Real del pase 6 exequa u : sus undamen os: ac os de la sobe anía que lo cons i uyen.—H. Su o ígen his ó ico en España: Bula de Alejand o VI: P agmá i ,w de D. Ca los 111 publicada en 1768.-111 Disposiciones pos e io es sob e es a ma e ia, muy especialmen e la alocucion de Pio IX cí los Ca - denales en el Va icano el 12 de Ma zo de 1877, y a ículo 144 del igen e Código penal.—IV. Si puede sos ene se como con- secuencia de Zas disposiciones úl imamen e indicadas la no exis encia de semejan e de echo.—V. Recu sos que ienen los Sobe anos pa a deja de publica en e i o io español cual- quie Bula ó B e e de la Silla Apos ólica, y silos Obispos pue- den e ene algun esc ip o Pon i icio. DERECHO PEAL DEL FASE Ó XE,R . UAT UR: SUS FUNDAMENTOS: ACTOS DE LA SOBERANÍA QUE LO CONSTITUYEN. Se en iende po Paseó Regium exequa u , segun Gol- mayo, «el de echo que ienen los Reyes pa a impedi en sus Es ados la ci culacion de las Bulas y Resc ip os Pon- i icios, mien as no sean examinados y ean si con ienen ó nó alguna cosa con a ia á los in e eses empo ales.» Es e de echo, añade, es conside ado po canonis as muy espe ables como anejo á la sobe anía é inalienable, y se undan en que el P íncipe iene obligacion de ela po la anquilidad pública, po los in e eses gene ales y pa - icula es, po la obse ancia de los conco da os, y po la disciplina pa icula de las iglesias de su eino, y que 151 -- puede sucede que alguna ez se a en e po igno ancia cj mala é con a alguna de es as cosas encomendadas á su. cuidado, lo cual se e i a muy sencillamen e usando de es- a p e oga i a ó de echo ino ensi o de inspeccion. Bajo o o aspec o, con inúa, lo mi an muchos cano- nis as an aman es de las egalías como de la libe ad de la Iglesia, los cuales conside an como muy pelig oso el uso de una p e oga i a que indi ec amen e puede mi- na su pode legisla i o; y luego de es o, indica su opinion sob e es a ma e ia de que enimos ocupándonos, dicien- do, «que la cues ion del pase, como cues ion de de echo público eclesiás ico no debe examina se po el canonis a, a endiendo únicamen e á las elaciones en que pueda es- a la iglesia con una nacion de e minada, po que si bien pod ia .se eje cida sin incon enien e alguno es a p e o- ga i a po pa e de un P íncipe ca ólico que espe e la libe ad é independencia de la Iglesia sin pensa en a a- salla la, ni ene la bajo una u ela humillan e á ueque de la p o eccion que la dispensa, pod á sucede ambien que cambien. las ci cuns ancias, y que el mismo P íncipe lle- gue á se un enemigo ocul o que enga planes ó in e e- ses mal en endidos en as o na el ó den y ge a quía eclesiás ica  La sociedad c is iana es pa a odos los si- glos, pa a odos los países y pa a oda clase de Gobie nos, y lo que ole e á unos po g a i ud, po bene olencia, po e i a mayo es males ó po o as causas, no pod á ole- a á o os 6 aún á los mismos cuando a ien las ci cuns- ancias de las pe sonas, de los iempos ó de los luga es, y se bagan indignos de ales conside aciones.» El ilus ado S . Golmayo, op a, como emos, po una opinion in e media, sin a e e se á 'a i ma cuáles sean los undamen os del Régiun exequa u , ni deci qué ac- os de la sobe anía lo cons i uyen. Bouix con undiendo la azon ilosó ica de es e de e- cho, con su o igen é his o ia, dice, que no es u o en uso an es del g an cisma de Occiden e, y despees se puso en — 152 — p ác ica consin iéndolo U bano VI, en i ud de algunas dec e ales alsas a ibuidas á los Sumos Pon í ices, y no po que los P incipes eclama an ó indica an semejan e acul ad de la San a Sede. El S . D. Joaquin Agui e opi- na po el con a io, que da a de los iempos de la Espaila omana, pues lo eje cie on los Empe ado es, publicando los dec e os de los concilios. El Ca denal Soglia conside a que el «pase cohibe la li- be ad del magis e io y el égimen de la Iglesia, di ina- men e es ablecidos; y aunque pa a e i a mayo es males, aquella le sos iene y ole a, ni le ap ueba, ni consien e.» Eybel, más ilosó ico que his ó ico, ecopila en seis p opo- siciones los undamen os en que descansa el exequa u . 1." «Que el p íncipe goza del de echo no solo de epe- le los pe juicios que á la epública se causan, sino aun del de p eca e los que puedan causá sele.» 2.' «Que es o nada iene de injus o, pues que, así como una ley que concie ne á la amilia debe po un ó den na- u al hace se p ime o sabe á su je e, así el sumo impe- an e quie e que á él, como p ime o en la ciudad, se dé cuen a de la ley que á la ciudad concie ne.» 3.' «No puede admi i se como ley eclesiás ica una cons- i ucion noci a al bien público.» 4.' «Mal puede sabe se si es a es ó no noci a, si an es no se examina.» 5.' «Si la cons i ucion que se examina nada con iene pe judicial á la epública, en onces el p íncipe iene más bien una obligacion en hace que se p omulgue, que no un de echo de impedi lo.» 0." «La p omulgacion, que es de esencia de la ley, no pende del a bi io del p íncipe cuando se a a de una ley eclesiás ica e dade amen e al.» El ilus ado Ca ed á ico de De echo canónico en la Es- cuela G anadina, Ilmo. S . D. Nicolás de Paso y Delgado, mi espe able y que ido compañe o, - dice con g an exac- i ud y ec o c i e io, «que la cues ion del pase, como o- — 153 — das las de de echo canónico y disciplina eclesiás ica com- p ende los dos é minos del hecho ó la his o ia, y el de- echo ó la iloso ía.» Pe o si con o mes es amos con an no able maes o en semejan e ap eciacion, no pode nos segui le en la mane a de ap ecia an o el hecho como el de echo del pase, pues conside a que es a p e oga i a iene de los iempos del impe io omano, y que bajo el pun o de is a ilosó ico, los gobie nos empo ales pueden y deben inspecciona las disposiciones eclesiás icas como cues ion más que de ondo, de o ma. Más conc e o al ocupa se de es e pun o, el Ilmo. seño Obispo de la Se , a i ma: «que debe desecha se como alsa y e ónea la opinion de los que enseñan que la necesidad del exequa u se unda en un de echo esencial é inhe en e á la sobe anía empo al. Si una ase cion como es a se acep- a a sin limi acion, añade, se pod ia excusa con jus icia á los p íncipes gen iles ó he ejes, que oponen enaz esis- encia á la p edicacion de la e dade a é. ¿Se necesi ó acaso, p egun a, el pláci o de los Empe ado es pa a que los Após oles p omulgasen la ley e angélica é impusiesen á los ieles saludables p ecep os de disciplina? Subie on al sólio los p íncipes c is ianos, con inúa, y es ácil obse - a en la his o ia que los que p o esa on 'since amen e el ca olicismo se p ecia on siemp e de se obedien es y su- misos hijos de la Iglesia; ni se a ibuye on o as uncio- nes, espec o de las leyes eclesiás icas, que las de obede- ce las y emplea el pode que in es ian en p ocu a sn cumplida ejecucion.» Po o a pa e, añade dicho Do- noso, si el sobe ano de una nacion no puede e e los ac os emanados de las au o idades de o a nacion inde- pendien e, y sí, como es cons an e, la Iglesia es una so- ciedad pe ec a, esencialmen e independien e en su ju is- diecion espi i ual, pa ece no admi i duda lo que G ego io II esc ibía á Leon Isáu ico: «Quemadmodum Pon i ex in ospiciendi in pala ium po es a em non habe ... sic nec Impe a o in ecelesias in ospiciendi.» 20 — 256 — en g an pa e las ideas de la época, au o izjn- consigna Milis bajo el espe able nomb e de los p ime os Pon í i- ces. VI. PAUSAS PORQUE sn RECIBIERON EN TODAS PARTES. La igno ancia del siglo en que salie on á luz las Fal- sas Dec e ales, ué mo i o su icien e pa a que ue an e- cibidas po odas pa es; además de es o, e an muchas las pe sonas á quienes ag adaba su nue a doc ina, pues los clé igos y los Obispos, en gene al, se mos aban p opicios á ella, solo los Me opoli anos a a on de impugna la, pe o con en ábanse con deci que las Dec e ales inse as en dicha coleccion no es aban ecibidas po el uso. De aquí el empeño- de los más, en di ulga las á po ia en nue os códigos, como si ue an eso os sacados de los iempos Apos ólicos. En España, sin emba go, no se conocie on has a que ue on inco po adas en el Dec e o de G aciano. En Roma se conocie on despues que en F ancia y Alema- nia, siendo es as úl imas naciones aquellas donde más se gene alizó su es udio. VII. pESCUBRIMIENTO DE SU FALSEDAD. Desde el siglo XIV p incipió á duda se de la e dad de algunas Dec e ales an e-Si icianas, sospechándose de o as muchas en el XV; pe o á medida que las ciencias adelan aban y con ellas la e dade a c í ica, se descub ia oda la alsedad de los monumen os debidos únicamen e á la in en i a de su au o . Sin emba go, es lo cie o, que cuando quedó demos ada la alsedad de las Dec e ales Isido ianas ué en el siglo XVI, con mo i o de las g an- des con o e sias que se susci a on en e ca ólicos y p o- es an es, ace ca de los de echos del Romano Pon í ice. Desde en onces no hay egla alguna de c í ica, que no ha- ya mani es ado los icios de es a coleccion. «Clamó que e a de ec uosa, dice Be a di, aun el mismo silencio an p o undo de odos los an iguos; clamó y clama el es ilo soez y bá ba o ageno del de los ancianos Pon í ices: cla- ma on y claman la semejanza y uni o midad, ya de la lo- cucion, ya de las ases en odos los monumen os, aun- que a ibuidos á di e en es Pon í ices de a ios siglos, y de di e so ca ác e : los alsos señalamien os de iempos y de no as consula es: los nomb es nada co espondien- es al siglo: los mismos asun os muy agenos de aquellas e as: innume ables sen encias ex ac adas de a ios li- b os de San os Pad es más mode nos, y en in, la au o i- dad de la Sag ada Biblia, omadas y ci adas de la e sion pos e io de San Je ónimo.» Pe o oda ía exis en aún más azones pa a p oba la alsedad de la enunciada coleccion. Golmayo las easume en las siguien es: L a po que no hacen mencion de las dec é- ales ni los concilios gene ales, ni los Romanos Pon í i- ces de los p ime os siglos, ni San Je ónimo, ni Dionisio Exiguo, que con an o cuidado escud iñó los a chi os de Roma pa a o ma su abajo: 2.' que el lenguaje lle a el sello de la época en que ue on esc i as, bien di e en e po su aspe eza y ba ba ie de la elegancia del de los p ime- os iempos: 3. a que el ca ác e y es ilo del lenguaje es uno mismo, á pesa de que las Dec e ales se suponen es- c i as en di e en es épocas y po dis in os Pon í ices: 4. $ y úl ima, que se no an anac onismos muy chocan es, como son pone pasajes omados de la e sion de la Vulga a 33 — 258 que se hizo en el siglo IV en boca de Pon í ices de los si- glos an e io es, como igualmen e leyes de los Códigos de Teodosio y Jus iniano, y cánones de concilios pos e io es. En e ec o; es dec é ales hay del Papa Anacle o, en las que se habla de apoc isa ios, p imados y pa ia cas, sien- do así que es e Pon í ice ocupó la Silla Apos ólica, en los iempos en que u o luga la segunda pe secucion con a los c is ianos. Nada se dice, po o a pa e, en las Dec e ales Isido- ianas, de los má i es, ni de los lapsos, ni de o as mu- chas cosas, que p oduje on g andes con o e sias en los p ime os siglos; y sí á ase de pun os disciplinales, con elacion á es os p ime os iempos, siendo ellos de época mucho más pos e io . Los alsos monumen os que com- p ende la coleccion de Isido o Pecca o ue on conocidos y señalados po D. An onio Conejo, D. An onio Agus in, Bella mino, Ba onio, Ped o de Ma ca, Caye ano Cennio y o os muchos. VIII. ÇA.PiTULOS DEL PAPA ilDRIANO. En el siglo VIII dió á luz Ingil amno, que o os lla- man Agil amuo, Obispo de Me z, un código con el nom- b e de Capí ulos, asladando á es e muchos cánones de los Concilios de la Iglesia G iega y La ina. Dicho código pa ece lo dedicó su au o al Papa Ad ia- no; aunque se duda mucho de que uese bien ecibido po es e Pon í ice; no obs an e, algunos mode nos le han e- nido po el código de Ad iano. Su í ulo ulga es el si- guien e: Capí ulos del Papa Ad iano, que se ecogie on — 2:59 de los cánones g iegos y la inos y de los sínodos omanos, en que andaban espa cidos, como ambien de los Dec e os de los Romanos Pon í ices, y en egó en Roma el Papa Ad iano á Ingil amno, Obispo de Me z, el dia 18 de Se- iemb e en la Indiccion 9, cuando es e se hallaba allí en p osecucion de su li igio. De o o modo se lee en los Códigos manusc i os an iguos, segun asegu an Balado y Na al Alejand o; es á sabe : «Comienzan los Capí ulos ecogi- dos de di e en es Concilios, y Dec e os de los Pon í ices Romanos, po Agil amno, Obispo Medioma icense, y p esen ados al Papa Ad iana» CAPÍTULO XXIV. I. Capi ula es de los Reyes F ancos: sus uen es, y sus colec o es. Coleccion del Abad Reginon.—III. Coleccion de Bu ca - do.—IV. Coleccion de Abbon.—Y. Dec e o de I on de Chd es: su Pano mia.—VI. De o as colecciones de meno impo an- cia. FAPITULARES DE LOS Z.EYES FRANCOS: SUS FUENTES Y COLECTORES. Las Capi ula es de los Reyes F ancos si ie on am- bien en el siglo IX pa a la o macion de nue as coleccio- nes de monumen os eclesiás icos. Mudado el aspec o del impe io Occiden al bajo Ca lo-Magno y sus suceso es, se unie on an es echamen e los Reyes de F ancia con los Obispos de la Iglesia Galicana, que mi aban con o os uni- o mes po la pública u ilidad de la Iglesia y del Impe io. De aquí la con ocacion de los Es ados gene ales, que e an una especie de asambleas mix as, po euni se en ellas los Obispos con los P óce es 6 Magna es del eino, y sus de- cisiones se llamaban Capi ula es, po la o ma de capí u- los en que se solian edac a . Es as jun as ó sínodos se denomina on ambien Pláci a y Colloquia. En una pala- b a, se en ienden po Capi ula es, las leyes ci iles y ecle• siás icas publicadas po los Mona cas F anceses con acue dos de los G andes y de los P elados del Reino, ó n. — 261 sea la publicacion po pa e del Pode Real de as deci- siones de aquellas asambleas. Debe ad e i se,. sin emba - go, que cuando se discu ian asun os eclesiás icos, única- men e los Obispos, o naban pa e en su delibe acion; así como, cuando e an ci iles discu ian jun os Obispos- y Mag- na es. El S . Golmayo, no sin undamen o, dice, que el nomb e de Capi ula es : p o iene de la palab a Capí ulo, con la cual se denominaba á oda ley ó cons i ucion, sen- ido en e dad que no con a ía al que dejamos indicado con an e io idad. La au o idad de las capi ula es iié muy g ande en los ex ensos dominios del impe io, y muchas de ellas se in- cluye on despues en las colecciones de siglos pos e io es. Los mismos Pon í ices con esa on que p ocu aban obse - a las, segun lo demues an las palab as de Leon IV al Empe ado Lo a io. «En ó den, dice es e Pon í ice, á gua da i e agable- men e, y conse a ues as leyes Impe iales, y las de ues os an eceso es, p ome emos obse a las aho a, y siemp e de odos modos, siéndonos C is o p opicio; y si po en u a os dige e alguno, ú os haya dicho lo con a io, e- ned po cie o que no os asegu a la e dad.» Las uen es de donde es án omadas son las Sag adas Esc i u as, los cánones de los concilios, especialmen e los G iegos y F anceses, Dec e ales e dade as y alsas de los Romanos Pon í ices y sen encias de los San os Pad es. Sin emba go de es o, se le han no ado con jus icia algu- nos de ec os; ya D. An onio Agus in no ó, que las capi u- la es con ienen di e sas epe iciones, g an núme o de monumen os amon onados deso denadamen e, y o as mu- chas cosas que se esc ibie on con un mé odo bá ba o, dando á en ende la poca cul u a de aquel siglo. ' Es as capi ula es andaban suel as has a que en el ano de 827 las ecopiló el Abad Ansegiso, di idiéndolas en cua o lib os. El p ime o ab aza las leyes eclesiás icas de Cá lo-Magno, cons ando de 162 capi ula es; el segundo las w Luis el. Piadoso, con 48; el e ce o y cua o comp enden las leyes secula es, eniendo aquel 91, y es e úl imo lib o 77. Pos e io men e esc ibió es apéndices de capi ula es con las que an es labia omi ido: con iene el p ime o 35, el segundo 38, y el e ce o 10. Más adelan e, ó sea hácia el año 845, un Diácono de Maguncia, llamado Beni o, o mó o os es lib os con las capi ula es omi idas po Ansegiso, y las que se publica on despues de él. Aun cuando es os es lib os pasan po se el complemen o de los de Ansegiso, es lo cie o, que cons- i uyen una ob a dis in a, po que además de las uen es gene ales de donde es án omadas-lascapi ula es de aquel, copió Beni o a ias del B e ia io de Aniano, del Código de Teodosio, de las no elas , de Jus iniano y de los códi- gos ge mánicos. El p ime lib o cons a de 405 capi ula- es, el segundo de 436, y el e ce o de 478. De es os dos opúsculos, se o mó uno di idido en sie e lib os: no se gua dó el ó den de los iempos, ni se desc i- bie on en e os los monumen os, sino en agmen os, com- pendiándose además di e en es sen encias. Se ag ega on, po úl imo, á es os lib os cua o adiciones, las cuales a ibuyen Si mond po conge u as á Benedic o Le i a; pe o es lo cie o, que las es p ime as son de au- o es desconocidos, y la cua a de Un al E chembaldo, Cancille de Lo a io I. La p ime a adicion comp ende 80 capí ulos, la segunda 88, la e ce a 124 y la cua a 171. No al a on ampoco Obispos Galicanos que ecogiesen dichas capi ula es ab e iadas las sen encias, á in de p o- mo e más ácilmen e la in eligencia de ellas; se cuen an po p ime os, He a do Thu onense; é Isac de Lang es, quienes llama on á su ob a capí ulos, que es an o como deci , capi ula es con aidas á pocas palab as. Desde el siglo XVI se han imp eso di e en es eces los lib os de las Capi ula es; pe o la edicion más mode na y comple a es la de Es éban Balucio, que se imp imió en Pa ís, di idida en dos olúmenes, el año de 1677. En es a --- 263 — edicion se en los sie e lib os de Ansegiso y Beni o, las adiciones y capí ulos de He a do é Isac, las ac as de don- de se ex ajo cada monumen o, y las leyes dadas po Da- gobe o á los ipua ios, alemanes y bá a os; y odo ello ilus ado con excelen es no as. ÇOLECC1ON DEL }1.BAD Se c ee que hácia el alio de 906, ó poco despues, se:pu- blicó o a coleccion pa a uso de 'las iglesias de Alemania, po Reginon, monje Benedic ino, Abad del Monas e io de P um, en aquel e i o io, jun o al ducado de Luxembu - go, Diócesis de T e e is: i uló su ob a de Disciplina Ecle- siás ica y Religion_ c is iana, di idiéndola en dos lib os: en el p ime o a a de las pe sonas y de las cosas ecle- siás icas, en el segundo de los legos. Pa ece habe imi a- do á Ma in B aca ense, ya po que obse ó más bien el ó den de ma e ias, que el de iempos, ya po que an es desc ibió el espí i u ó la men e de los cánones, que las mismas palab as en e as de es os. Ex ac ó Reginon del Código de Dionisio Exiguo los cá- nones de los concilios an ígnos, amon onó o os de la co- leccion Hispánica y de la de Isido o Pecca o ; desc ibió algunos cánones de los concilios de su iempo, que de o o modo se hubie an pe dido, como son los de T ibu , Nan es, Rems y Roben; a ias Dec e ales Pon i icias, y sen encias de los San os Pad es, especialmen e de San Basilio, San Amb osio, San Je ónimo, San Agus in, Casia- no, Benedic o, F uc uoso, Beda y Rhabáno. Á odas es as uen es, se unie on ambien leyes ci iles omadas' del Có- — 264 — digo de Teodosio, segun la in e p e acion de Aniano; ca- pi ula es de los Reyes F ancos, y leyes de los Bo goñones y Ripua ios. Algunos conside an habe sido o mada dicha colec- cion po ó den de Ba bodo ó Radbodo, A zobispo de T e- e is, oda ez que se leen en la misma cie as pa icula- idades de aquella Iglesia. Salió á luz. es a coleccion p i- me amen e en Pa ís, año de 1671, ilus ándola con no as Es éban Balucio ó Baluzio. FOLECCION DE y3URCARDO. Bu ca do, Obispo de Wo ms , en Alemania, publicó ambien o a coleccion con el nomb e de Dec e o, po los años de 1012 á 1023; en cuya ob a siguió el mé odo doc inal, di idiéndola en ein e lib os. Asegu a su au o en la dedica o ia, que le mo ió á emp ende es e abajo la g an con usion que habia ad e ido en los códigos de cánones; pe o no pa ece que llenó cumplidamen e su ob- je o, pues o que se limi ó solo á compila sin c í ica ni disce nimien o. Tomó muchas cosas Bu ca do de la coleccion de Regi- non, po más que no hace mencion de ella; ambien u o á la is a las Falsas Dec e ales; las capi ula es de F ancia, de donde ex ajo di e sos monumen os, que desc ibe mu- chas eces con o os nomb es dis in os, pa a que no se c eyese p oponia la disciplina de la nacion Galicana, cu- yos enemigos e an en onces los de Wo mes; igualmen e omó alguna ez del a íguo y nue o Tes amen o; y po úl imo de los lib os peni enciales de Teodo o y de Beda. — 265 — IV. FOLECCION DE )BBON. Abbon, Abad de Fleu y, en F ancia, publicó asimismo su coleccion á ines del siglo X. Se compone de 52 capí u- los o mados de cánones de concilios, Dec e ales Pon i i- cias, Capi ula es de los Reyes F ancos, del Diges o, Códi- go y No elas del Empe ado Jus iniano. pECRETO DE JVON DE p-Ii.RTRES: SU FANORMIA. Á ines del siglo XI ó p incipios del XII, I on, Obispo de Chá es, céleb e po su ciencia y po sus i udes, es- c ibió dos ob as canónicas. Es la una su Dec e o; la o a su Pano mia ó Panno mia. El p ime o se publicó con el nomb e de Exce p iones Eclesias ica um egula um, Ila- mádo ulga men e Dec e o, que di idió en diez y sie e lib os, subdi ididos en capí ulos y un p ólogo. La o a coleccion que i uló Pano mia, oz equi alen e á conjun o de odas las eglas, es á di idida en ocho li- b os; y su p ólogo es el mismo del Dec e o, con el que gua da cie a co espondencia. Sin emba go de es o,- la Pano mia es mucho más b e e que aquel, pa ece se su compendio: de aquí, que no sea di ícil el c ee , que es a segunda coleccion se haya o mado an es que la p ime a, siendo como un ensayo del Dec e o. cia; po lo que G aciano, en is a de es a con a.diccion, los concue da del modo siguien e: «Cuando se decla a nu- lo el ma imonio po azon de un o o an e io , se en ien- de del o o solemne; cuando se decla a álido se en iende del o o simple.» La segunda pa e di ídese á su ez en 36 causas, y ca- da una de es as en a ias cues iones has a el núme o de 17 9 , pa a esol e las cuales p esen a di e en es cánones. En es a segunda pa e y en la causa 33 en e la cues ion 3." y 4. a , se in e cala un a adi o i ulado de Peni encia dis ibuido en sie e dis inciones. El nomb e de causa p o iene, en sen i de Donoso, de que en cada.una de las secciones se p opone un hecho e- es ido de cie as ci cuns ancias , á mane a de p oceso, sob e el cual debe ecae la sen encia ; y como cada una de esas ci cuns ancias p es a ma e ia á di e en e cues- ion, de aquí la subdi ision de las causas en cues iones: . g. «Un A zobispo excomulgado' con i ió ó denes á clé- igos suge os á o o A zobispo; el mismo depuso, sin con- sul a á un Obispo su agáneo, á un clé igo de su dióce- sis,» y con es e mo i o p esen a las siguien es cues iones: «L a Si son ó no álidos los ó denes con e idos po los ex- comulgados. 2.' Si puede el Obispo, A zobispo, P imado ó Pa ia ca, con e i ó denes á clé i g os de o a p o incia á- diócesis sin le as dimiso ias de su p opio Obispo. 3.a Si puede el A zobispo condena ó absol e á clé igos su- ge os á un Obispo de sus su agáneos sin consul a á es- e ó sin su consen imien o. La e ce a pa e se i ula de Consec a ione, po que a- a de cosas sag adas, y • se compone de cinco dis inciones. En la • p ime a de esas es pa es se ocupa G aciano de las pe sonas, ó mejo dicho, empieza po consigna los más gene ales p incipios del De echo, despues habla de las Dignidades y pe sonas eclesiás icas, y al p opio iem- po expone las o mas de las o denaciones y ci cuns an- cias de los o denandos. — 273 En la segunda a a de los juicios; y desc ibe al in en- o muchas cosas ace ca de deli os, de p ocesos de Obispos, de la deposicion y aslacion de los mismos, del ue o com- pe en e, de los de echos de Regula es, de p esc ipciones de diezmos, de sac ilegios, del asilo de los emplos, del ju amen o, de la milicia, de los excomulgados, de los he e- jes, de los cismá icos, de los p i ilegios de Iglesias, del ma imonio y de la peni encia. En la e ce a pa e se ocupa de las cosas; y habla de las consag aciones de Iglesias, celeb acion de misas, es- i idades, ayunos, adminis acion de sac amen os, y es- pecialmen e del bau ismo y con i macion. Dice Golmayo á es e p opósi o, que á pesa de seme- jan e di ision no hay que busca en G aciano ó den y con- secuencia, po que en la p ime a pa e a a muchas e- ces de ma e ias que debie an pe enece á la e ce a, y en la segunda de cosas que de ninguna mane a co espon- den á los juicios. Á in de mos a lo, añade po no as, que bas a hojea el Dec e o pa a conoce su al a de unidad, pues en es e a ado ocúpase del ma imonio, de la p o e- sion eligiosa, eleccion de Obispos, colacion de ó denes, diezmos y o os asun os que nada ienen que e con la pa e judicial, y que es a ían colocados con más unda- men o en el a ado co espondien e á las cosas eclesiás- icas. Igualmen e dice, que en la e ce a pa e, más que de asun os canónicos, a a de na é ias pe enecien es á la eología. Sin emba go de an au o izada opinion, y de con eni que en e ec o no exis e el mejo ó den en la dis- ibucion de ma e ias, no debemos ampoco ol ida que los juicios e san gene almen e sob e las cosas co po a- les y empo ales, y po es o se ocupó G aciano de algu- nas de ellas en la segunda pa e de su Dec e o; lo mismo puede deci se con elacion á la úl ima pa e de su ob a des inada á las cosas eclesiás icas, pues an o la Euca is- ía, como el bau ismo y la con i macion, son ealmen e- cosas, si bien espi i uales. Rés anos solo pa a adqui i un 33 — 274 — conocimien o .exac o de dicha coleccion, explica los a- ios modos de ci a sus disposiciones. Si el cánon se en- cuen a en la p ime a pa e se dice, can. 3, dis . 1; si en la segunda, can. 2, aus. 8, qwes . 2.°; si en el a ado de peni encia, que se encuen a in e calado en es e segun- do, can. 3 de Peni , dis . 1; si en la e ce a, can. 1, de consec . dis . La En ina palab a, los cánones, las dis inciones, las cau- sas y las cues iones, odo ello es á en ab e ia u a. Cuan- do se ci a un cánon de cie a causa y cues ion, ya sabe- mos que co esponde á la segunda pa e de la ob a, ó sea al a ado de juicios; pe o co no quie a que la p ime a pa e se di ide en dis inciones, lo mismo que el a ado especial de peni encia de la segunda, y el úl imo de con- sec a ione, pa a dis ingui unos cánones de o os, se an- epone ó pospone al núme o de la dis incion, ya la palab a ab e iada ~i en., ya la de Consec ., segun del que se a e, y si ca ece de una y o a palab a es is o que co - esponde en onces el cánon á la p ime a pa e; ó sea al a ado de las pe sonas. Debe ambién ad e i se, que no siemp e se ci an los cánones de la mane a explicada, pues algunas eces se añaden cie as palab as, que son p ecisamen e el p incipio del cánon, . g. Cán. Obi um 16, dis . 61; la palab a Obi um es, pues, el p incipio del mencionado cánon 16: o as eces se encuen a la ci a, omi iéndose el núme o del cánon, po ejemplo, cán. O nn.es, dis . 1; cán. Quem pa3ni e , dis . L a de pwni en. Igualmen e los an iguos su- p imian en algunos casos las oces causa y cues ion, ag e- gando solo dos núme os al del cánon, ó á las palab as con que empezaba es e, . g. Si quis, 17, 4: si quis son las p ime as palab as del cánon, el núme o 17 se e ie e á la causa, y el 4 á la cues ion; y po úl imo debe . asimismo sabe se, que exis en ambien o as ci as en que exp esán- dose el cánon y la cues ion, se mili e la oz causa, po ejemplo, cán. 1, 3, qua g s 1; en es e caso el núme o es — 275 se e ie e á . la causa, oda ez que el cánon es á nume- ado, lo mismo que la cues ion. IV. MONUMENTOS DE 9 . 11E CONSTA. Los ma e iales de que cons a el Dec e o de G aciano son los siguien es: a ios luga es de la Sag ada Esc i u a, los 50 cánones apos ólicos, los de 105 concilios, á sabe ; 9 gene ales, en cuya clase, se cuen a el T ulano y 96 p o- inciales, dec e os de 78 Pon í ices, dichos de 36 Pad es g iegos y la inos y o os au o es eclesiás icos, de los es Peni enciales de Teodo o, Boda y Romano, leyes de los Códigos de Teodosio y Jus iniano, Sen encias de Paulo y Ulpiano, capi ula es de los Reyes F ancos, esc ip os de algunos Empe ado es de Occiden e, del lib o Diu no y Ó - den Romano, y a ios ozos de his o ia eclesiás ica. RRORES RUE CONTIENE DICHO pECRETO. Muchos son los e o es en que abunda el Dec e o de G aciano, pues con unde los nomb es de las pe sonas, de las ciudades, de las p o incias y de los concilios, inse a insc ipciones alsas, a ibuye á un Pon í ice ó á un San o Pad e cánones que son de un Concilio, p esen a o os de una mane a con usa, y aun con a ios á los e dade os o iginales. Y no podia sucede de o o modo, igno ando como igno aba la lengua g iega, y si iéndose pa a su abajo de las colecciones de Bu ca do é I on; así es que — 276 — a ibuye á San Juan C isós omo sen encias de San Amb o- sio, al Papa Ma ino un cánon de Ma ín B aca ense, á un concilio de Ca ago lo que se decidió en el de Calcedo- nia, con unde cánones del Quini-sex o ó T ulano con o os del sex o sínodo Ecuménico, el conciliábulo de Focio con el concilio de Cons an inopla 2.° gene al, y admi e como genuinas las dec e ales apóc i as, a ibuidas en la colee- cion Isido iana á los Pon í ices an e io es á Si icio. Veamos aho a como se exp esan los canonis as más espe ables. De o i dice á es e p opósi o, que con unde las sen encias de los Pad es con los dec e os de Pon í i- ces Romanos ó con cánones de concilios, un Pad e con o o, un concilio con o o concilio, un Pon í ice con o o Pon í ice, que icia los nomb es de los au o es y de los luga es, y que a ibuye sen encias que jamás concibió el ánimo. Más du o aún es el juicio del inmo al Be a di. «Las mues as, dice, que dió de si mismo p ueban no cono- ció quien hubiese sido en e los an iguos Dionisio Exiguo, ó Ma in B aca ense; quién y cuál en e los mode nos, Isi- do o Me ca o ó Focio. No le asis ía algun auxilio de la c í ica; no la comodidad; no los medios necesa ios pa a sepa a lo e dade o de lo also, disce ni lo pu o de lo co ompido, co eja los agmen os suel os con los códigos en e os y más a en ajados, y da á cada au- o lo que e a suyo. Apenas enia, añade, una mediana in eligencia de las Sag adas Le as y de algunos San os Pad es. Él descansó o almen e sob e la é de Bu ca do é I on y sob e cualquie código que e ol ía en la biblio- eca de su Monas e io. De aquí los e o es de G aciano, aun en las cosas más i iales, como son las no as y ca- ac é es de los nomb es.» El sábio D. An onio Agus in, en su a ado de Emenda- ione G a iani se explica en los siguien es é minos: «No o habe e ado con ecuencia G aciano, en los nomb es de los au o es, ciudades, p o incias, concilios. Son alsas muchas : eces las insc ipciones: lo que pe enece á los 277 concilios se a ibuye á los Romanos Pon í ices, y los es- a u os de un Obispo á un concilio gene al ó p o incial. Se adjudican á San G ego io, San Amb osio, San Agus- ín ó San Je ónimo, palab as y sen encias, que ó jamás ue on p o e idas, ó no exis en en los esc i os de esos san os doc o es. O as eces, si las insc ipciones son e - dade as, no e ie en ielmen e las decisiones: se co om- pen las sen encias, se las hace deci lo con a io, ó se las mu ila.» Noso os, sin con adeci semejan es ap eciaciones, las c eemos no obs an e demasiado se e as, pues al hace se la c i ica li e a ia del mencionado Dec e o, no debe ol i- da se nunca la época en que se esc ibió. Cie os son sus e o es ma e iales y de concep os, cie o ambien, que no siemp e es á bien hecha la dis ibucion de ma e ias; pe o no es ménos e ídico, que siguió el plan iniciado po Jus- iniano, que e a el mejo de los conocidos has a en onces, y que en ma e ias de é solo incu ió en un e o , que e sa sob e la con esion au icula . VI. y e ICEPTACION. CON QUE FUE RECIBIDO. Cuando salió á luz po ez p ime a el Dec e o de G a- ciano, casi es inc eíble el gus o con que ué ecibido. A is a de an os sag ados monumen os, dice Be a di, «al e la ingeniosa decla acion de las di icul ades, el mé odo aco- modado al génio del siglo, la no edad de la doc ina, se asomb a on odos, como si mi asen á Palas bajada del Cielo.» Y no es de es aila que así sucedie a, pues ya hemos is o, que á p incipios del siglo XII empezó á des- 9 78 ---- pe a se en Eu opa g ande a icion al es udio de la an a-- Yi - iedad, a icion que se a i ó más oda ia, cuando po medio de las C uzadas, de ese g ande acon ecimien o so- cial, eligioso, polí ico y económico, se pusie on en comu- nica.cion los Eu opeos con los O ien ales, que conse a- ban aún los p eciosos monumen os de siglos más lo e- cien es. El de echo omano llamó muy pa icula men e la a encion de los sábios y se ab ie on ca éd as pa a su ense- ñanza; de odas pa es acedia nume osa ju en ud ansiosa de ilus a su en endimien o. Las Uni e sidades empe- za on á se el cen o de es a nue a ida in elec ual, y la de Bolonia llegó en es a época á odo su esplendo . Co no una p ueba de semejan e mo imien o, puede ci- a se una Dec e al de Hono io «Ne cle ici el Mona- chi,» po la que se manda obse a o a disposicion de Alejand o III, en la que se impone pena de excomunion á los eligiosos que po es udia las leyes ó la ísica es én ue a de sus cláus os, sino uel en á ellos en el espa- cio de dos meses; haciéndose ex ensi a es a de e mina- cion á los A cedianos, Decanos, Plebanos, P epósi os, Can- o es y o os clé igos que engan pe sonado, como igual- men e á odos los P esbí e os. Es o demues a la concu encia nume osa de escola es á las cá ed as de de echo en la ci ada Uni e sidad; y en e ec o, e a an a, que se hizo necesa io es ablece egla- men os pa a e i a desó den y con usion. Fede ico I pu- blicó una o denanza en 1158, segun la cual los es udian- es ex anje os se clasi ica on po naciones, y es as se eu- nie on en dos cue pos, de cismon anos el uno, y de ul a- mon anos el o o, eligiendo cada uno su Rec o . Pues bien, en es a Escuela se p esen a el Dec e o de G aciano, con su nue o mé odo, con sus ex os omados de los códigos y ju isconsul os omanos y con aquel sabo escolás ico y su il an ag adable á los aman es del sabe en aquellos iempos; ¿,qué ex año es po consiguien e el aplauso ge- ne al con que ué ecibido? No a dó múcho en designa - 279 -- se á G aciano como Je e, Di ec o y Maes o; su código se p opuso en la Uni e sidad de Bolonia pa a que po él ap endiesen los discípulos y enseñasen los maes os; ya cesó oda solici ud de in e p e a é ilus a los cánones, pues se c eia que nadie podia dilucida los mejo que G a- ciano. La conduc a de aquella Escuela si ió de ejemplo á las demás Uni e sidades; odas indis in amen e pusie- on la a encion en el insinuado Dec e o; odas le ap en- die on: odas siguie on á G aciano. Y no ué es o solo; sino que en muy poco iempo se conside a on las doc inas de G aciano como de De echo coman, p onunciándose sen encias en los juicios con a e- glo á ellas, pues esos mismos escola es, una ez ue a de las áulas, la expolian como ju isconsul os y la aplicaban como jueces. VII. FORRECCIONES DEL PROPIO pECRET©. La enseñanza, dice Wal e , no ué bas an e pa a ago- a el a do cien í ico de los sábios y a icionados al es u- dio del Dec e o, y se dedica on muchos á pone glosas y comen a ios, p ime o en e líneas y despues al má gen. Es e exámen po una pa e, y el inc emen o que iba o- mando el es udio de las ciencias y buenas le as po o a, die on luga á sepa a los cánones ci ados po G aciano de las doc inas pa icula es de es e, y á dis ingui los e o es de que an es nos hemos ocupado; sen iase po lo mismo la necesidad ds su co eccon y enmie ia, y es a emp esa la acome ió el p ime o An onio Democha es, Doc- o de la Facul ad de Teología en la Uni e sidad de Pa ís, — 280 — publicando en 1540 una nue a edicion del Dec e o, ilus- ada con excelen es no as co ec o ias: despues de es e, ejecu ó lo p opio An onio Concio, ju isconsul o Pa icien- se, el cual, pa a mayo cla idad, dis inguió con núme os cada uno de los cánones. Mino ada de es a mane a la au o idad de las doc inas de G aciano, y descubie os muchos de sus e o es, sus dec e ales apóc i as, sus cánones adul e ados y o as a- ias cosas a ibuidas á au o es ingidos, ó al menos no á los p opios, los c í icos clamaban po que se pusie a mano en una coleccion, que o maba pa e del cue po del de e- cho, y que habia enido g ande au o idad en las escuelas y en el o o. Pe o ocu ia ambien un g a e obs áculo, po cuan o aquellos cánones alsos ó co ompidos se ha- bian inse ado en e las delibe aciones públicas de la edad siguien e, y s se emía, que co egidos los mismos cánones, se debili ase la ue za de las decisiones que se habian a - eglado á ellos; sin emba go de es o, pa ecia lógico que una ez descubie os los e o es se es au ase po au o- idad pública la disciplina de los an iguos cánones. La causa ué digna de exci a la solici ud de los Sumos Pon- i ices Pio IV y Pio V, quienes de e mina on co egi y enmenda dicho Dec e o, nomb ando pa a ello una comi- sion de sábios, que examinasen an iguos manusc i os y g an núme o de documen os , egis a an a chi os y cuan os o iginales pudiesen encon a , emp esa cie a- men e á dua y que du ó muchos años, pues suponiendo-, co no pa ece lo p obable, de que ue a nomb ada esa co- mision inmedia amen e despues de e minado el Concilio de T en o, que ué, digámoslo así, donde se a ojó la pie- d a, empleá onse pa a la co eccion unos diez y seis años. El Papa Pio IV ué el p ime o que dió es e enca go á cinco Ca denales; luego Pio V aumen ó á es e núme o o os dos indi iduos del Sac o-Colegio y diez y sie e sá- bicos de a ias naciones, en e ellos cinco de España. Es- — 281 os homb es escogidos se llama on Co ec o es Roma- nos, y ue on los siguien es: An onio Colona, omano; Hugo Boncompagno, na u al de Bolonia, y despues Sumo Pon í ice con el nomb e de G ego io XIII; Alejand o Es- o cia, omano; Guille mo Si le , calab és ; F ancisco Alcia o, milanés; Guido Fe e o de Ve celli, An onio Ca- a a, napoli ano; odos sie e, Ca denales de la Iglesia Ro- mana; co no Doc o es se nomb a on á Félix Mon al o del O den de San F ancisco, pos e io men e Papa con el nom- b e de Six o V; C is óbal de Pádua, Gene al de los E mi a- ños de San Agus in; Tomás Man ique, Dominicano, Maes- o del Sac o Palacio; Eus aquio Luca ell de Bolonia, más a de Obispo de Régio; José Pan ili de Ve ona; Agus inia- no, despues Obispo de Segni; F ancisco Tu iano, espa- ñol; Ma iano Vic o io de Rie e, luego Obispo de Amelia; Mi- guel Tomasio, mallo quin, en adelan e Obispo de Lé ida; Je ónimo Ba ise o de Régio, An onio Cuco, milanés; Juan Ma sa, español; F ancisco Leon, español; Melcho Co - nelio, po ugués; La ino La inio de Vi e bo, A naldo Po- niae, ancés; Ped o Chacon y F ancisco Peña, es os dos úl imos ambien españoles. Dichos Co ec o es ab ie on un come cio li e a io, po- niéndose en accion en e los sabios un gi o incesan e de no icias; de una pa e se emi ía un código an iguo, de o a un p ecioso manusc i o, es e en iaba unos agmen- os, aquel emi ía di e sos ejempla es de una colección; con ales auspicios y esme ado abajo dióse po e mina- da la co eccion omana en iempo de G ego io XIII, y se publicó p© B e e de es e Pon í ice,. su echa I.' de Julio de 1580, cuyo B e e ué con i mado po o o de 2 de Ju- nio de 1582. La co eccion omana ué hecha con acie o é in eli- gencia, po más que algunos c í icos con mayo ó meno undamen o la hayan censu ado. Golinayo, e i iéndose á es os, dice, que los co ec o es al e a on las an iguas edi- ciones de G aciano, que cambia on las insc ipciones de 3G X. PLICAOION ACTUAL DEL MISMO. Aunque nacida la coleccion de G aciano sin au o idad legal, dice Golmayo, que u o no obs an e la au o idad y espe o que dá la ciencia y la opinion de los sábios y ju is- consul os: sob e odo, añade, desde su publicacion has a que se comple ó el cue po del de echo comun con la pu- blicacion de las Clemen inas, pues cuando más adelan e se publica on nue as colecciones, y en ellas casi odas las leyes necesa ias pa a la expedicion de los negocios y a - eglos de la nue a disciplina, na u almen e el Dec e o de- bió queda se con poca ó ninguna aplicacion. En is a de es o, con inúa dicho au o , y de las nue as disposiciones del de echo no ísimo, no podemos hoy conside a le sino como un depósi o p ecioso, en el que es án amon onados los ma e iales necesa ios pa a conoce la disciplina ecle- siás ica en sus dis in as épocas. Semejan es ap eciaciones no las conside amos del odo exac as, po que el Dec e o de G aciano siguió admi ién- dose en el siglo XV, con g ande acep acion, á pesa de ha- be se publicado las Clemen inas y las o as colecciones que o man el cue po del de echo comun. En el dia, dice Be a di, en an o se ha á caso de los cánones inse os en el Código de G aciano, en cuan o no disuenen de sus o iginales, ó es én ecibidos po un uso cons an e. Siemp e se án necesa ios, añade, un juicio p on o, más que mediana ci cunspeccion, madu ez y p u- dencia, pa a que se e i en muchísimos e o es, y única- men e se solici e la e dad. 2 8 9 - - Sin emba go de odo ello, es lo cie o, di emos noso os, que aun en la ac ualidad iene dicho Dec e o acep acion, po que no obs an e habe se esc i o como lib o de ense- ianza, el uso lo admi e como código ó coleccion de cáno- nes, es o con an o mayo mo i o, cuan o que cons i uye el o no p ime o de los dos que o man el cue po del de- echo coman eclesiás ico. e 37 CAPÍTULO XXVI, I. De las colecciones de Dec e ales an e io es á la G ego iana.— II. De la llamada p ime a, ó B e ia io de las Ex a ag an- es.—III. De la segunda, ó sea la de Juan Galense.—IV. De la e ce a, debida á Ped o de Bene en o. — V. De la llamada cua a.— VI. De la conocida con el nomb e de quin a, de Ho- no io III. pE LAS COLECCIONES DE pECRETALES ANTERIORES Á LA pREGORIANA. La ama que adqui ió G aciano con la publicacion de su Dec e o es imuló á o os á ocupa se de idén icos aba- jos. Pe o no ué es o solo, sino que inco po adas ambien en dicha época las dos acul ades de De echo eclesiás ico y ci il con un enlace es echísimo, cuida on los que se dedicaban á ellas, se p opusiese la misma o ma y mé odo de enseñanza; y como habian obse ado que el De echo ci il se con enia en dos olúmenes, que e an, el uno las Pandec as, donde se exponian las espues as de los ju is- consul os, y el o o el Código de Jus iniano, en que se mos aban los esc ip os de los P íncipes ú o as cons i- uciones impe iales, de aquí, que c eye on podian compa- a muy bien el Código de G aciano con los lib os de las Pandec as, y que se o mase o o con los dec e os Pon i i- cios, que co espondiese al código de Jus iniano. A las colecciones dispues as de es a mane a le llama on Dec e a- 291 les, no obs an e habe a nbien incluido cánones de algu- nos concilios. Va ias ue on las que se o ma on con cá- nones omi idos po G aciano y dec e ales expedidas nue- amen e po los Romanos Pon í ices. Los exposi o es nos hablan de diez colecciones; pe o de es as, cinco son las más no ables; pues es de las o as han pe manecido inédi as, y las dos es an es ienen poca impo ancia; la una es la que Boheme o a ibuye á Silbe - o, que cons a de 65 í ulos, los doce p ime os de cánones del Concilio La e anense III y los es an es de Dec e ales; y la o a de au o incie o, pues a po Ha douin como apén- dice del ci ado concilio, di idida en cinco pa es, y que comp ende los cánones del mismo y Dec e ales de a ios Pon í ices. Las cinco más p incipales son conocidas con los nom- b es de p ime a, segunda, e ce a, cua a y quin a. Las cua o p ime as con muchas y e udi as no as ie on la luz pública en Lé ida en 1575 po los des elos de D. An onio Agus in, Obispo oda ia de es a ciudad, si bien Be a di a i ma, habe se hecho dicha imp esion hácia el año de 1580: la quin a ué ambien publicada con no as muy e u- di as po Inocencio Ci onio, en Tolosa, año de 1645, ha_ hiendo enido p esen e un manusc i o de la biblio eca de Alby. De es as cinco colecciones solo dos, que lo ue on la e ce a y quin a, ob u ie on la ap obacion Pon i icia. II. pE LA, LLAMADA PR1ME1° A O pREVIARIO DE LAS XTRAVAGANTES. La coleccion llamada p ime a ué o mada Inicia el a io de 1190 poi: Be na do Ci ca, P epósi o de Pa- ía y despues obispo de Faenza. su au o le puso el. í ulo de B e ia- — 292 — iu n Ex a agan i um: B e ia ium, po cuan o e i ió, no los ex os ín eg os, sino agmen os ex ac ados de los o iginales; Ex a agan ium, pa a da á en ende que sus dec e ales ó cons i uciones no es aban comp endidas en el Dec e o de G aciano. Di idió su ob a en cinco lib os, es- os en í ulos, y es os en capí ulos, en luga de cánones. Comp ende dicha coleccion, no solo dec e ales de an i- guos Pon í ices, cánones de concilios y sen encias de los Pad es, que deja on de inclui se en el mencionado Dec e- o, sino ambien cons i uciones Pon i icias publicadas des- pues de G aciano, y especialmen e las de Alejand o III, Lucio III, U bano III y Clemen e III, y además los cáno- nes del Concilio La e anense III. Es a coleccion, p oduc o de es udio p i ado, no ué publicada como cue po legal. pE LA SEGUNDA, Ó SEA LA DE ' JUAN pALENSE, Imi a on poco despues la diligencia de Be na do, Gil- be o Abad, y Alano, Obispo de Auxe e, quienes o ma on o a coleccion, con el p opio mé odo de la de aquel, en la cual aumen a on cons i uciones omi idas po Be na do, y nue os esc ip os Pon i icios; pe o es a coleccion mu ió en seguida, ó dejó de hace se mé i o de ella, po que en 1202, Juan' Galense ó Valense o mó la suya, aliéndose de la de Gilbe o y Alano, que comple ó con dec e ales de los mismos Pon í ices mencionados en el pá a o p ece- den e, aiiacliéndole las cons i uciones de Celes ino III. Es- a coleccion, que es la llamada segunda, ampoco iene po sí misma au o idad pública, y se di ide como la an e- » io en cinco lib os y es os en í ulos. — 293 — IV. pE LA TERCERA, DEBIDA Á PEDRO DE pENEVENTO. Aumen ándose de dia en dia el núme o de los esc ip- os Pon i icios, y muy especialmen e bajo Inocencio III, g an ci ilis a y canonis a, que ocupó la Silla Romana desde el año de 1198 has a el de 1216, y publicó, du an e ese pe íodo de iempo, muchas dec e ales , Be na do Ma- yo , A cediano de San iago de Galicia, abajó, i iendo en Roma, una nue a coleccion, la cual, sin emba go, no ag adó á odos, pues ni ué del gus o de los omanos, ni de o os sábios, po que con enia cosas agenas del modo de pensa del siglo. De aquí que, el mismo Inocencio III, enca gase á Ped o de Bene en o, Subdiácono y No a io suyo; que o ma a una coleccion. Y en e ec o la lle ó á cabo, comp endiendo en ella so- lamen e los esc ip os expedidos po aquel Pon í ice has a. el año de 1210; cuya coleccion ué conocida con el nomb e de e ce a , y publicada po el mismo Inocencio III man- dando además se di igiese á odos los Maes os y escola- es de Bolonia. pE LA LLAMADA CUARTA. Celeb ado en el año de 1215 el Concilio La e anense I V, y publicadas ainhien nue as dec e ales po el men- cionado Pon í ice Inocencio III, se pensó euni unas — 294 — o as disposicione s en una nue a coleccion, jun ándose ealmen e en un solo cue po los Dec e os Pon i icios, que salie on á luz desde 1210 á 1216, y los cánones del an e- dicho Sínodo gene al. Es desconocido el au o de es a coleccion á la que lla- ma on cua a, que no ob u o po cie o au o idad pú- Mica . VI. pE LA CONOCIDA CON EL. NOMBRE DE QUINTA, DE iONORIO Á la mue e de Inocencio III, ocupó el Sólio Pon i icio Hono io III, quien expidió di e en es esc ip os , que se ecogie on en un código, al cual llama on quin a coleccion de Dec e ales. Con enia, po an o, únicamen e los dec e os del mismo Hono io III. Se dice que el au o de es a colec- cion lo ué Tanc edo, A cediano de Bolonia ; así ambien lo pensó D. An onio Agus in; pe o niégalo Ci onio, el cual ad ie e con no able acie o, que ella ué dispues a po ó den de aquel Pon í ice, quien despues de habe se publi- cado con au o idad Apos ólica, la di igió á Tanc edo, P o- eso de De echo en Bolonia, pa a que la di ulgase. CAPITULO XXVII, Dec e ales de G ego io IX.—II. Sex o de las Dec e ales.—IIT. clemen inas.—IV. Ex a agan es de Juan XXII.—V. Ex a- agan es comunes.—VI. Causas que mo i a on la o macion de an as colecciones. 1. pECRETALES DE pREGORIO j)(.. Va ias causas con ibuye on á la o macion de las De- c e ales de G ego io IX, coleccion que se conoce gene al- men e con el nomb e de Dec e ales. Esas causas ue on, las unas, de que las colecciones p eceden es, como de di- e sos au o es, no enían la unidad que debe habe en la legislacion , po cuyo mo i o el de echo es aba con uso y su es udio y aplicacion e an muy di íciles; las o as, los nue os esc ip os publicados po G ego io IX, que se ha- cia indispensable el inse a los en un código público. Po o a pa e los dec e os de an e io es Pon í ices es aban opues os en e sí, algunos con enian decisiones idén icas, o os excesi amen e la gas, y po úl imo, se dudaba am- bien de la au o idad de cie as dec e ales, que no exis ian en las colecciones. Todo ello, en in, mo ió al g an Pon í ice G ego io IX á que se edac ase un nue o código, en el cual se omi ie- sen las cons i uciones inú iles, sin echa nada de menos, e i ando al p opio iempo la edundancia. El mismo dice: 296 — «que las cons i uciones y epís olas dec e ales de sus p e- deceso es, ó no es aban ecopiladas, ó andaban en di e - sos olúmenes y que mo i aban la con usion en los jui- cios y hacían acila á los jueces, po que algunas, aña- de, e an muy semejan es, o as con a ias en e si, y o as demasiado p olijas.» Po es o dió el enca go de o - ma una nue a coleccion, en que se qui asen las cosas siipé luas, á Juan Raimundo de Peña o , na u al de Ba - celona y esiden e en Roma con el ca go de Audi o del Sac o Palacio y Peni encia io del Papa. Es e ecopilado empleó en su abajo cua o años, y pa ece que no andu- o siemp e en él muy ace ado, pues sup imió á eces más de lo que con enia, dejando po lo mismo algo con- uso el sen ido de algunas Dec e ales; po lo demás su ob a es digna de ap ecio si se conside a la época en que ué esc i a. Tal es ambien la pa icula opinion de Cle- men e VIII, po quien ué aquel canonizado, pues en la bula de canonizacion se dice po es e Pon í ice e i iéndo- se á Raimundo y su coleccion, «que su abajo ué ingens e non in eliz, g ande, y no desg aciado.» Te minada po in dicha ob a, se publicó po au o idad Pon i icia en el a io de 1234, eón el i ulo de «Dec e alium G ego ii IX Compila io.» Se di ide en cinco lib os, es os en í ulos, y los í ulos en capí ulos, y cuando es os son la gos, se subdi iden en pá a os. Las ma e ias que comp ende cada lib o se p esen an en el siguien e e sículo. Judex, Judicium, Cle os, Connubia, C imen.—La com- pilacion de G ego io IX empieza: «De summa T ini a e, e ide ca ólica.» El p ime lib o se ocupa de los Jueces; el segundo explica el ó den gene al de los juicios eclesiás- icos; el e ce o el obje o de los juicios, es deci , las obli- gaciones de los clé igos, y o os muchos asun os conce - nien es al cle o; el cua o a a de los ma imonios, y el quin o de la o ma de acusa , de los deli os y de las pe- 297 — nas. El indice de es a coleccion se encuen a al p incipió de cada ólio, pues en él se lee, po ejemplo, «Dec e . G eg. lib. II, í . XXVIII, De apella ionibus.» Las ci as se hacen, ya exp esando la p ime a ó p ime as palab as del capí ulo, ó solamen e el núme o, ó bien ambas cosas, aña- diendo á con inuacion el í ulo: . g. cap. Pe uas li e as, de Apella ionibus, ó bien cap. LVIII, de apella ionibus, ó ya cap. Pe uas li e as, LVIII, De Apella ionibus. La o ma más gene al es la del núme o y nomb e del í ulo. . g. cap. III, De p lbendis e digni a ibus. O as eces, á más del capí ulo, se ci a algun pá a o especial de él, en es a o ma: cap. Ex mul a, IX, de o o e o i edemp ione, § In an a. Los in é p e es que hicie on uso de es e lib o le ci a on ambien bajo el nomb e de Ex a: . g. cap. Fi - mi e I, Ex—ó,—Ex a—, De Summa T ini a e. Es opinion del ilus ado Ca ed á ico de Ins i uciones de De echo canónico de la Uni e sidad de Se illa, el se- ño D . D. Ramon de Beas y Du a i, nues o que ido maes o, que el De echo que se encuen a en la com- pilacion G ego iana es el consue udina io del si g lo XII. Sus uen es, sin emba go, son las siguien es: cánones de concilios desde el de An ioquía has a el IV de Le- an; cons i uciones Pon i icias desde S. G ego io 1 has a G ego io IX; algunos pasages de las Sag adas Esc i u as; cánones apos ólicos; y sen encias de los San os Pad es. Dicha coleccion de Dec e ales ué con i mada, como hemos mani es ado, po au o idad Pon i icia, pe o no en o ma especial, sino gene al, es deci , el dec e o de su con- i macion no es á concebido en é minos especiales, con que se dé á en ende habe sido ap obado cada uno de sus capí ulos. Po o a pa e, el enunciado dec e o, en sen i de Be a di, no ué di igido á la Iglesia Uni e sal, sino solamen e á. los Doc o es y Escola es de Bolonia; pe o ello es lo cie o, que habiendo o denado G ego io IX, que solo se hicie a uso de su coleccion, y no de las an iguas, an o en los juicios, co no en las escuelas, se halla in es ida de 38 — 304 — munibus: . g. Ex a . In delic o um, de Dila ionibus, in- e commun; ó bien, cap. Si eligiosas, II, de Elec ione, in communibus. En cuan o á la au o idad legal de dicha coleccion, solo podemos mani es a , que no iene o a, sino la que le ha dado el uso, pues como ob a p i ada, no ob u o la ap o- bacion Pon i icia. Sin emba go de es o, ambién se imp i- mió con el cue po del de echo comun, en la edicion que se hizo en Roma el año de 1582. VI. FAUSAS RUE MOTIVARON LA FORMACION DE TANTAS COLECCIONES. Pa ece á p ime a is a, dice Golmayo, que el Dec e o de G aciano, an abundan e en cánones de odas las uen- es del de echo, pod ia habe bas ado pa a odos los casos y negocios eclesiás icos, sin necesidad de publica an p on- o las Dec e ales que o man el cue po del de echo; pe o además de que la an igua ju isp udencia no enia cómoda aplicacion en odas sus disposiciones, bas a conside a e . cambio de disciplina en. muchos y muy impo an es a - ículos, pa a comp ende lo indispensable de a ende á su a eglo publicando nue as cons i uciones. En p ime lu- ga , añade, los concilios p o inciales deja on de da le- yes, y es e de echo ué jus amen e ese ado al Romano Pon í ice y los Concilios gene ales: el de echo de apela- cion á Roma, econocido siemp e en p incipio y eje cido al- gunas eces en el anscu so de los siglos, se hizo gene- al en la p ác ica pa a odos los casos y pe sonas: el cono- cimien o de las causas ex aequo e bono, debia e i ica se pa a mayo ga an ía con la solemnidad y apa a o de los 305 — juicios. La colacion de los bene icios, que an es e a un mismo ac o con la o denacion, dió ambien mo i o á mu- chas disposiciones; y po úl imo el desuso de las peni en- cias públicas u o que supli se con censu as y penas ecle- siás icas. Hé aquí en - esúmen las causas, que en sen i del an edicho au o , mo i a on la o macion de an as co- lecciones, pues e a p eciso acomoda las leyes de la Igle- sia al nue o ó den de cosas sob e a ios pun os de dis- ciplina. Pe o esas causas es án expues as sin ó den ni concie o, y en algunas de ellas ambien, se incu e en lamen able e o . Á seis causas conc e amos noso os las que mo i a on aquellas a ias colecciones: a Las ese - as Pon i icias, ó sea la disminucion de asun os en que enian conociendo los concilios p o inciales, pues de con- inua es os en el conocimien o de odos ellos se hubie a en onizado la in iga: al e a po desg acia la si uacion de Eu opa en aquella época. I d os concilios p o inciales ca ecian de la libe ad é independencia necesa ia pa a con- inua in e iniendo en odos los negocios eclesiás icos; po es o, y no ya po que pe die an su po es ad legisla i a, que jamás os en a on, ué po lo que ol ió á su cen o el conocimien o de cie os asun os g a es. La Silla Apos ó- lica, pues, no despojó á dichos concilios, como algunos su- ponen, de sus e dade as acul ades; lo único que ocu ió, segun a i ma Tomasino, ué una especie de sob eseimien- o po pa e de los mismos concilios. 2.' Las al e aciones que aen consigo los iempos; pues en lo an iguo odos los c is ianos se conside aban he manos, odos es aban unidos po los dulces lazos de la ca idad y de la a e ni- dad, odos se ab azaban du an e la celeb acion de la misa, y luego que hacian sus o endas; de donde po cie o ae su o igen el ab azo que emos dá el sace do e ó P esbí e o al diácono, y es e al subdiácono en las misas solemnes; cambian los iempos, y ya en los siglos medios lejos de se los homb es he manos y amigos, ienen solo po plu- i o la enemis ad y la gue a; las luchas sang ien as de — 306 — unos con a o os sucedie on á aquella o a época de paz y de en u a. La Iglesia pues, que mal que pese á los inc édulos y á los acionalis as, jamás ha pe manecido es- aciona ia, cla o es, que dic ó disposiciones pa a co egi ex i pa ese nue o ó den de cosas. 3.' Lo ué la sepa a- c . lion de los ac os o denacion y colacion; pues con o me á la an ígua disciplina, no se p ocedia á la o denacion, mien- as que no exis ía minis e io eclesiás ico que se i ; así pues e an simul áneos los ac os de o dena , asigna y de- signa , es deci , que an p on o como se con e ía el ó den, se asignaba al clé igo á alguna Iglesia, pa a que p es ase en ella sus se icios ó desempeñase las unciones p opias de su minis e io, designándole ó señalándole á la ez me- dios su icien es pa a a ende á su deco osa manu encion: más a de a ió es a disciplina, sepa ándose aquellos ac- os, pues uno e a el de la o denacion, y o o muy di e en- e el de la colacion de bene icios; cambio que ambien se in odujo, po que en las icisi udes a ias que a a esó la Iglesia, al a on ya á los Obispos medios bas an es pa a la designacion ó señalamien o de en as á los o denados. 4.a Igualmen e se sus i uye on las peni encias públicas po las p i adas, pues los c is ianos se negaban á p ac ica aquellas, y e a indispensable no deja impunes sus deli os. Y ya que de es o a amos con iene dis ingui la culpa de la pena; pues la culpa se pe dona á los piés del con eso , mien as que la pena se ex ingue po su cumplimien o: más cla o, po la peni encia se emi e la culpa, con i - iéndose la pena de pe pe ua en empo al; las penas em- po ales deben cumpli se á ménos de se dispensadas po medio de las indulgencias, depósi o p ecioso de g acias, que conse a la Iglesia, como mad e ca iñosa y ie na de odos los c is ianos. Aho a bien; la peni encia e a sac a- men al y ce emonial, la sac amen al consis ía en la e- conciliacion con Dios, la ce emonial en la sa is accion pú- blica que se ciaba á la Iglesia po los g a es pecados co- me idos. — 307 Es a peni encia enia cua o g ados: ien es ó llo osos, audien es 11 oyen es, subs ac i ó pos ados, consis en es asis en es. Los len es pe manecian de pié delan e de las pue - as del emplo, donde con lág imas en los ojos ogaban la i mposicion de peni encias pa a ol e á comunica con los demás c is ianos. Los audien es en aban en cie a pa e e i ada de la Iglesia, oian las Sag adas Esc i u as y la di ina palab a, concluido lo cual se les hacia sali del emplo. Los subs ac i se colocaban en la Iglesia has a la ibu- na, en donde, despues de despedidos los oyen es, ecibian la imposicion de manos del Obispo, inalizado lo que, sa- lían ambien del emplo. Los consis en es pe manecian en la Iglesia y ogaban con los ieles, pe o no pa icipaban del sag ado cue po de Nues o S . Jesuc is o; comunicaban en in, con el pueblo en las p eces, pe o sin o enda. Si pues los c is ianos, andando los iempos, se esis- ían á ejecu a ales ac os, dicho se es á, que semejan es peni encias hubie on de sus i ui se po las p i adas, y po las censu as y penas, segun los casos. 5. El o o ga- mien o de dispensas ma imoniales po azon del pa en- esco. Des uido el impe io de Occiden e po los bá ba os del No e, quienes empeza on á cons ui y edi ica sob e las uinas de aquel, mul i ud de einos y pequeños es a- dos, enemigos siemp e los unos de los o os, y en con í- nua p e encion y gue a, la Iglesia con el in de p ocu a la amis ad y conco dia en e odos ellos, p ohibió los ma- imonios has a el sép imo g ado, pues de es a mane a indi ec a obligaba á los homb es á busca su compañe a, ue a de su pequeño e i o io, y el san o ínculo ma i- monial enia ace cándolos y uniéndolos po medio del amo . Pe o anscu ie on aquellos siglos de ba ba ie, y e minada la en e medad no e a ya necesa io el emedio; (1(- aquí, que la Iglesia, que jamás, ol emos á epe i , ia 308 — pe maneci do es aciona ia, es ingió el impedimen o del pa en esco al cua o g ado; y semejan e e o ma dió lu- ga asimismo á nue as leyes eclesiás icas. 6.' La ins i u- cion de los cabildos egula es. E a an a la igno ancia del cle o en los calami osos iempos que hemos examinado, que e a su icien e el sabe lee la in, aún cuando no se en endiese, pa a aspi a al es ado eclesiás ico: se hacia po an o indispensable la ins uccion de ese cle o; y co- mo quie a que los únicos capaces de ello ue on los mon- jes, quienes sal a on en sus biblio ecas y monas e ios, icos y p eciosos monumen os de la an igüedad, es able- ciendo á la ez, en la época de la es au acion, g andes escuelas de enseñanza, p eciso e a ins i ui esos cabildos de egula es, o dena los, y habili a les pa a la ca éd a y el púlpi o, pa a la enseñanza y la p edicacion; odo lo que ué un nue o mo i o pa a la o macion de las ci adas co- lecciones. CAPÍTULO XXVIII, I. Pe íodo de ansicion en e el de echo nue o y no ísimo.—II. Disco dias en e Boni acio VIII y Felipe el He moso.—III. La Silla Pon i icia en A iñon.—IV, Cisma de Occiden e.—V. P o- g eso de dicho cisma.  VI. Su ex incion en el Concilio de Cons anza. PERIODO DE TRANSICION ENTRE EL DERECHO NUEVO Y NOVÍSIMO. Algunos au o es p incipian el de echo no ísimo po el Cisma de A_ i ion y la celeb acion de los Concilios de Cons anza y Basilea; pe o Golmayo c ee, con no able acie - o, que hay más exac i ud en conside a esos g andes acon ecimien os, no como el p incipio de una nue a épo- ca legisla i a, sino cómo un pe íodo in e medio en e las dos que cons i uyen el de echo nue o y no ísimo: se un- da pa a ello, en que, ni los dec e os disciplinales de di- chos concilios ue on ap obados po los Romanos Pon í i- ces, ni se ecibie on en las naciones ca ólicas, ni se han ecopilado en colecciones pa a la obse ancia gene al. La e dad es que no exis en mo i os su icien es pa a hace les o ma pa e ni de una ni de o a época. Es á po lo mismo, muy en su luga , el ap ecia esos hechos como cons i u i os de un pe íodo in e medio ó de ansicion en- e uno y o o de echo. — :310 — II. pISCORDIAS ENTRE 3ONIFACIO yjjj Y FELIPE EL pERmoso. Felipe el He moso, Rey de F ancia, quiso suge a á los clé igos de su eino á lle a una pa e de las ca gas del Es ado, y al in en o impuso una con ibucion sob e los bienes eclesiás icos. Semejan e a en ado con a las im- munidades eales de la Iglesia mo i ó po pa e de Boni- acio VIII la Bula Cle icis laicos, en la que se impone pe- na de ex-comunion á los que paguen dicho ibu o, con cualquie í ulo ó denominacion que sea, y á los que lo impongan ó exijan, ó pa a ello dén consejo ó ayuda. No quie e deci es o, que la Iglesia se niegue, como jamás se ha negado, á auxilia con sus co os endimien os los in- e eses de la sociedad empo al, no; lo que ha sos enido en odas las épocas, y sos iene aún, es que sus dona i os engan el ca ác e de olun a ios; mas cla o, que se acu- da á ella en demanda de ,auxilios empo ales, que ella, como mad e ca iñosa, sabe ende sus joyas y has a un- di sus cálices en bene icio del Es ado, siemp e que pa a es o concu an legi imas causas; pe o no puede consen i que los P íncipes y Mona cas in e engan di ec amen e en su égimen y gobie no, iolando sus immunidades, a opellando sus de echos y p e oga i as. He aquí lo que la Iglesia de iende; de ningun modo los mezquinos in e e- ses ma e iales: buena p ueba de ello enemos en nues os días, que á la meno indicacion del Gobie no de S. M. don Al onso XII, odo el cle o español ha cedido olun a ia- men e la cua a pa e de sus emolumen os en a o del Es ado, y es o que apenas ienen lo bas an e pa a su más p ecisa subsis encia, p incipalmen e los , pob es pá ocos u ales. 31.1 Es más, el conco da o de 1.851 nos suminis a o a p ueba elocuen e de la e dad de la ésis que enimos sus en ando. Se apode an de los bienes eclesiás icos, des- pojan, pe mí asenos la ase, de sus legí imos bienes ' á la I g lesia, y ¿qué sucede? El inmo al Pon í ice Pio IX no se cuida an o de ellos como de los p incipios de de echo en que descansa la p opiedad de la sociedad c is iana undada po Jesuc is o; así es que, an luego como se con- signa en dicho conco da o «que la Iglesia end á el de e- cho de adqui i po cualquie í ulo legí imo, y su p o- piedad en odo lo que posee aho a ó adqui ie e en ade- lan e, se á solemnemen e espe ada,» el San o Pad e de- c e a y decla a «que los que du an e las pasadas ci cuns- ancias hubiesen comp ado en los dominios de España bienes eclesiás icos, al eno de las disposiciones ci iles á la sazon igen es, y es én en posesion de ellos, y los que hayan sucedido ó sucedan en sus de echos á dichos comp ado es, no se án moles ados en ningun iempo ni mane a po Su San idad, ni po los Sumos Pon í ices sus suceso es.» ¿Se quie e mayo p ueba del desin e és de la Iglesia? Pues obse en los que al cosa deseen, que ese conco da o o o más de una ez po el pode empo al en de e minadas icisi udes polí icas, pudo ompe se á su ez po la Silla Apos ólica, lo que, sin emba go, no ha e- nido luga , ni se conoce hecho alguno en que el Romano Pon í ice haya al ado á lo conco dado. El a en ado, pues, de que ue on obje o po pa e de Felipe el He moso, los bienes y de echos de la Iglesia, eso únicamen e ué cau- sa de la bula, de que an es hemos hecho mé i o. Con el p opósi o de llega á un acue do manda Boni- acio en calidad de legado, ce ca del Rey Felipe, á Be - na do Saisse , Obispo de Pamie s; pe o dicho mona ca se i i a con a el ci ado Obispo, po habe se enca gado de semejan e comision, lo p ende y enca ga se le o me cau- sa como ebelde á su ey. Es o dió luga á la segunda bu- la de Bon i a cio «Auscul a ili» en la cual conside a el hecho — 312 --- como un nue o a en ado, y decla a, no ya lo que asien- an po e o y mala in encion algunos his o iado es y canonis as, de que el ey es á suje o en lo empo al al Pon í ice, sino de que la Iglesia es á sob e el impe io, y po an o ca ecia de po es ad pa a juzga á los Obispos. Vino á epe i , en una palab a, lo que en iempos p ece- den es dijo ya San Amb osio á Valen iniano «de que es- aba den o de la Iglesia como hijo ilus e, pe o no sob e la Iglesia. Concluye Boni acio VIII su bula, mandando á los P e- lados, que pasasen á Roma pa a la celeb acion de una asamblea. Inú il es deci , que Felipe el He moso, no pe - mi ió que asis ie an los Obispos anceses; pe o no sa is- echo con es o, hace quema la bula, como un esc i o inju- ioso á su pe sona y dignidad. Boni acio, sin emba go, celeb a su concilio en Roma, en el que se publicó su e - ce a bula «Unam Sanc a m; en la que se mani ies a la su- pe io idad del pode espi i ual sob e el empo al, y el de- echo de los Romanos Pon í ices pa a juzga á los Reyes. ep ende los y cas iga los, se en iende solo en. lo espi i- ual, po se es a una consecuencia del p edominio de un pode sob e el o o. Felipe excomulgado po Boni acio VIII, apeló al Con- cilio u u o de odos los au os dados con a él; muchos se pusie on de pa e de es e sobe ano, adhi iéndos'e á su ape- lacion. En e an o, Guille mo de Noga e , caballe o Gas- con, lleno de un also celo po la hon a é in e és de su Rey, halló medio de pasa á I alia, acompañado de Scia - a Colonna, y ya en ella, de acue do con los Colonnas de Ro-- ma y o os i alianos, se p esen ó en Anagni, donde acciden- almen e se encon aba el Pon í ice, al en e de 300 caba- llos y gen e de á pié, g i ando mue a el Papa y i a el Rey de F ancia. El esul ado ué, que Boni acio VIII ué he- cho p isione o, saqueado su palacio, y . a ado po sus enemigos, du an e es dias, con exage ado igo : dícese que llegó á ene po cie a su mue e, y que omando sin — 313 -- al e a se las insignias de su al a dignidad, subió á su o- no, diciendo, «mu amos como Pon í ice, ya que somos endidos.» Al cabo de es dias, uel os de su p ime so - p esa los mo ado es de Anagni, y a e gonzados de habe dejado p ende y mal a a al Pon í ice, su paisano, pues e a aquel na u al del mismo pueblo de Anagni, acudie on á las a mas pa a de ende lo; y - en e ec o, á la oz de i a el Papa y mue an los aido es, die on sob e los ance- ses, y los echa on del palacio y la ciudad. Lib e ya Boni acio VIII del iesgo que le había amena- zado, pa e inmedia amen e pa a Roma, donde mue e al mes de es e acon ecimien o, ab umado sin duda po los disgus os, ul ajes y con adicciones que su ió du an e su Pon i icado. plLLA ONTIFICIA EN )PIÑON. Po mue e de Boni acio VIII ue ele ado á la Silla Pon i icia el Ca denal Nicolao Bacosin, que omó el nom- b e de Benedic o XI. E a piadoso, p uden e, y amigo de la paz, y desde luego omó medidas pa a es ablece , con F ancia la conco dia y union; pe o alleció á los ocho meses de ocupa la Cá ed a de San Ped o, sin que po an- o hubie a podido ealiza sus in enciones. Ce ca de un a io du ó la acan e, al cabo de cuyo iempo ecayó la eleccion del colegio de Ca denales en Bel an de Go h, A - zobispo de Bu deos, que omó el nomb e de Clemen e V. Sob e es a eleccion hablan algunos his o iado e s de in- igas po pa e del Rey de F ancia y algunos Ca denales que le e an adic os, o os asegu an habe sido hecha sin 40 — :320 — No iemb e de 1417, el Ca denal O on Colonna, que omó el nomb e de Ma ino V, y ué econocido po la Iglesia Uni e sal. El Papa con i mó po una bula los acue dos de es e Concilio, p esidiendo además casi odas las sesiones que se celeb a on despues de su eleccion. El núme o o- al de aquellas ué el de cua en a y cinco. El dia 22 de Ab il de 1418 despidió Ma ino V el Sínodo, haciendo g an- des elogios de odos aquellos, cuyas luces y p udencia ha- bian concu ido pa a la eliz ex incion del cisma. No puede deci se, sin emba go, que se es ableció pe - ec amen e la paz, en e an o que Benedic o XIII con inuó u bando la Iglesia po sos ene su ebelde obs inacion. La pe inacia de es e anciano, la lle ó aun más allá del sepulc o, pues ap oximándose sus úl imos momen os, exi- gió de los dos únicos Ca denales que le quedaban, que p ocediesen despues de su mue e á la eleccion de suce- so . Ve i icada aquella á la edad de 90 años, en el de 1424, los ci ados Ca denales p ocedie on en e ec o á dicha elec- cion, que ecayó en D. Gil Muñoz, Canónigo de Ba celo- na, que omó el nomb e de Clemen e VIII, a sa que p o- egió D. Alonso ó D. Al onso Rey de A agon, que indis- pues o con el Papa Ma ino V po in e eses empo ales, quiso p esen a un i al al legí imo Pon í ice. Reconcilia- do po úl imo con es e dicho Mona ca, mandó al An i Pa- pa Clemen e VIII que enunciase, como así lo e i icó e ec- i amen e en el año de 1429 con g an solemnidad y apa- a o, pe o o denando á sus es Ca denales, pues acababa de nomb a uno, que p ocediesen eunidos en cóncla e á la eleccion de un buen pas o ; es os así lo hicie on nom- b ando al mismo Pon i ice Ma ino V, que ya enia un Le- gado á es leguas de Peñíscola pa a absol e los de las censu as. En ecompensa del ac o lle ado á cabo po el an edicho D. Gil Muñoz se le concedió po el Papa el Obis- pado de Mallo ca, donde i ió como P elado pací ico y i - uoso. Algun iempo despues del ci ado Concilio Cons an- ciense, Bal asa Cossa, que había sido Papa con el nom- — 321 b e . de Juan XXIII, ué á some e se al Pon í ice legí imo econociéndole como e dade a cabeza de la Iglesia Ca ó: lica. Ma illo V le ecibió con las mayo es demos aciones de a ec o, y pa a ace ca le en lo posible al pues o de que habia sido despojado, quiso que odos los demás Ca dena- les le cediesen la p e e encia, y qué en odas las ce emo- nias públicas u iese alguna dis incion y cie os hono- es anejos pa icula men e á su pe sona, de los cuales gozó has a su mue e, e i icada en el mes de Diciemb e de 1419. De es a mane a e minó el amoso cisma de Occiden e, que habia u bado la paz de la Iglesia y escandalizado al m undo. No conclui emos, sin emba go, sin deci , siquie a sean dos palab as sob e el Concilio de Basilea, po se es e o o, de donde a ancan algunos exposi o es pa a expo- ne el de echo no ísimo. El Concilio de Cons anza aunque es i uyó la paz á la Iglesia, no había. emediado los in i- ni os males causados po el cisma, pues la e o ma de la disciplina pa a aniquila los abusos, no llegó á ene e ec o. Ma ino V, no pe diendo de is a es e g ande obje o, con oca el Concilio de Basilea pa a el año de 1431; pe o cuando llegó es e é mino, ya no i ía dicho Pon í ice, y el Ca denal Gab iel Condolme o, que le sucedió, con el nomb e de Eugenio IV a i icó odas las medidas que se habian omado pa a la celeb acion del enunciado Concilio, mas sabiéndose al ins an e que los g iegos no que ian in- e na se an o en Eu opa, lo _ asladó p ime o á Fe a a y despues á Flo encia, pues la union de los g iegos sepa a- dos las imosamen e de la Iglesia Romana e a el g ande negocio que habia en onces de in e és pa a la c is iandad; algunos Obispos, no obs an e, desoye on la oz del Pon- í ice que los llamaba á Fe a a, y e igidos en asamblea cismá ica, con inua on en Basilea delibe ando sob e g a- 4 1 — :322 — ísimos asun os de disciplina, dando po úl imo el escán- dalo de depone al legí imo Pon í ice y nomb a pa a su- cede le á Amadeo de Saboya, que omó el nomb e de Félix V. El Concilio de Basilea, po an o, no es enido como ecuménico más que has a la sesion 26, de las 45 de que se compone. CAPÍTULO XXIX. 1. De echo canónico no ísimo .—II. Del Sép imo de las Dec e ales. —III. Cons i uciones de los Romanos Pon í ices: Bula ios.— IV . Reglas de Cancela ia.—V. Concilio de T en o.— VI. Decla- aciones de las Cong egaciones de Ca denales.—VII. Conco - da os.—VIII, Leyes ci iles. DERECHO CANÓN/C0 NOVÍSIMO. Cons a el de echo no ísimo de que hemos de ocupa - nos, del Sép imo de las Dec e ales, de las Cons i uciones Pon i icias, que salie on á luz despues del cue po de de e- cho, eglas de Cancela ia, de los cánones y dec e os del Concilio T iden ino, decla aciones de las cong egaciones de Ca denales, Conco da os en e la Silla Romana y las naciones c is ianas, y leyes ci iles dic adas po los pode- es empo ales de acue do con los Nuncios ó Legados del Romano Pon í ice. No comp endemos po an o en el de e- cho canónico no ísimo las disposiciones ci iles e e en es á asun os eclesiás icos, cuando esas disposiciones se han dic ado exclusi amen e po los Gobie nos de cada Nacion, pues ya hemos is o en la pa e p elimina cuáles son los e dade os lími es en e la Iglesia y el Es ado, así como que es e ca ece de odo de echo pa a legisla en ma e ias — 324 -- eclesiás icas; pe o no enemos incon enien e alguno en conside a como disciplina pa icula de cada Nacion, las leyes ci iles de la misma, siemp e que se conc e en á la aplicacion y ejecucion de las disposiciones de la Iglesia. II. pEL 1 SEPT1MO DE LAS pECRETALES. Ya hemos is o, que la úl ima pa e del cue po del de- echo coman, la cons i uye las Ex a agan es comunes, donde se incluye on dec e ales de a ios Pon í ices has a Six o IV. Pues bien; G ego io XIII pensó en o ma o a coleccion con el nomb e de Sép imo de las Dec e ales, en la que que ía se comp endiesen las nue as cons i uciones Pon i icias, y los dec e os que aun no se habian publica- do; y á es e in nomb ó una comision de a ios homb es doc os; pe o ni en su Po i icado, ni en el de su inmedia o suceso Six o V, que mos ó empeño pa a e mina la, pu- do ecibi es e abajo su úl ima mano. Se pe eccionó al in bajo el Pon i icado de Clemen e VIII, con eniendo además los dec e os del Flo en ino y los del Concilio de T en o; pe o an es de dec e a se su pu- blicacion, ad i ió dicho Pon í ice, que semejan e compi- lacion da ia luga á nume osos comen a ios de los glosa- do es, cosa que exp esamen e habia p ohibido Pio IV, es- pec o del T iden ino, y po es o le mandó sup imi , que- dando en su consecuencia sin ningun e ec o. Po es a misma época, ó sea en el año de 1588, Ped o Ma eo, ju isconsul o de Lyon en F ancia c eyó hacia cie - o obsequio á Six o V, si o denaba una suma de cons i u- ciones Pon i icias, empezando desde G ego io IX has a el — 325 mismo Six o V, la cual suma dispues a segun la sé ie de los iempos, la dió en e ec o á luz en Lyon, dedicándola á dicho Pon í ice. Tambien le p ome ió compila ia el Sép i- mo de las Dec e ales, incluyendo en él los dec e os expedi- dos po los Pon í ices desde Six o IV á Six o V: así lo hi- zo en e ec o, y e minado su abajo lo imp imió, dedicán- dolo al Ca denal Caye ano. Es e lib o es el conocido con el ci ado nomb e de Sép imo de las Dec e ales, de au o me amen e p i ado, y que nunca ob u o au o idad legal. Los lib e os de Leon, en F ancia, ue on los p ime os que es ando pa a imp imi el año 1601 el cue po del De echo canónico, pusie on es e lib o Sép imo despues de las Ex- a agan es comunes, pe suadidos que de es e modo i- bu aban cie o hono á su compa io a. Imi a on o os im- p eso es la conduc a de sus compañe os los de Leon, y po es o suele añadi se es e Código al cue po del de echo con la insc ipcion siguien e: «Lib o Sép imo de las Cons- i uciones Dec e ales Apos ólicas, añadido pa a plena y pe ec a in eligencia del De echo Canónico.» Es a coleccion se di ide en cinco lib os, es os en 68 í ulos y 235 capí ulos; p ocu ando su au o segui en ella el mé odo del código G ego iano. Esco g ió ambien algunos í ulos del odo nue os, como son, los que a an de los Ca denales, de las Islas del Nue o Mundo, ese as, de pensiones, anna as, cambios, modos de con ae el censo, sob e los na egan es, expolios de clé igos, Condes, Pala- inos, Médicos, lib os p ohibidos y o os semejan es. En o as cosas conse ó cie os í ulos de los an iguos, pe o no los e i ió en el mismo lib o donde se desc ibian en las colecciones an e io es; es e nue o ó den de í ulos se ad ie e al examina en el p ime lib o muchas ma e- ias pe enecien es á bene icios eclesiás icos; en el segun- do o as sob e anna as, pa ona os, censos, es amen os, censu a del en edicho, e c. ; y-en el e ce o lo pe ene- cien e á los Condes Pala inos, Maes os, Doc o es, Médi- cos, Concilios, ju amen o, indulgencias y Qlles o es. - 326 - En la coleccion de monumen os Pon i icios dió p inci- pio donde habla concluido G ego io IX, como si u iese po demás el Sex o de las Dec e ales de Boni acio VIII, que pa ece no ué ecibido en F ancia á pesa de la opi- ilion en con a io de Juan Douja , de aquí que comp en- diese muchos dec e os de Inocencio IV, Alejand o IV, U - bano IV, Nicolás III, Hono io IV y aun del mismo Boni- acio VIII, añadiendo ambien o os de Clemen e V. Y no pa ó en es o el au o , sino que conociendo despues podian al a muchas Cons i uciones en la coleccion de las Ex a- agan es comunes con inuadas has a Six o IV, jun ó ade- más cuan os dec e os encon ó de Clemen e VI, G ego- io XI, U bano VI, Ma ino V, Eugenio IV, Nicolás Y, Pio II, Paulo II y Six o IV, inse ándolos odos ellos en su Código. Va ios esc i o es censu an des a o ablemen e es- a ob a, pues dicen omi ió lo ú il y coleccionó lo menos necesa io. Sin emba go de es o ha llegado á se es ima- da po la a eza de algunos de sus í ulos, y po con ene cons i uciones pos e io es al ci ado Six o IV, pues Ped o Ma eo e i ió o os muchos dec e os, no coleccionados bas- a en onces, de Inocencio VIII, Alejand o VI, Julio II, Leon X, Ad iano VI, Clemen e VII, Paulo III, Julio III, Paulo IV, Pio IV, Pio V, G ego io XIII y Six o V. En la ac ualidad ca ece de uso es a coleccion, ya po se , como hemos dicho, me amen e p i ada, ya po la abundancia de an os Bula ios publicados con pos e io idad. CONSTITUCIONES DE LOS ZOMANOS FONTÍFICES: ULARIOS. En la p ime a pa e de es a ob a nos hemos ocupado ya de las Cons i uciones Pon i icias, y de los Resc ip os, es deci , de las Bulas y de los B e es, haciendo no a sus 327 di e encias. Aho a solo hemos de conc e a nos á las com- pilaciones de esos dec e as Pon i icios, compilaciones que son conocidas con el nomb e de Bula ios. El p ime o que emp endió es a clase de abajos lo ué Lae cio Che ubi- ni, ju isconsul o omano, quien eunió en un olúmen o- das las dec e ales que pudo halla desde S. Leon el Mag- no has a Six o V, publicándolas bajo los auspicios de es e Pon í ice en el año de 1586. Es cie o que ya desde 1568 ocu ió á muchos en Roma el pensamien o de in es iga las cons i uciones y dec e os Pon i icios pa a ecoge o- dos es os en un Código; pe o ales o denamien os e an muy educidos y de poco uso y u ilidad. Lae cio Che ubini no se con en ó aún con la publicacion de dicho olúmen, sino que adqui ió ul e io es monumen os con los que ac e- cen ó su p ime Bula io, y así aumen ado lo o eció á Pau- lo V en el año de 1610. Toda ia medi aba publica un Bula io más abundan e, cuando le sob e ino la mue e; po lo que su hijo Ángel Ma ía Che ubini, eligioso de Casino, dió in á la ob a, añadiendo o as muchas cons i uciones de Paulo V, G e- go io XV y U bano VIII, publicándola en cua o olúme- nes el año de 1638, bajo el Pon i icado de es e úl imo Pa_ pa. Alganos canonis as c een que ambien se incluye on las Dec e ales de Inocencio X; pe o como quie a que es e Pon í ice subió á la Cá ed a de San Ped o en 1644, y el Bula io de Ángel Ma ía, se publicó en el Pon i icado de U bano VIII, cla o es, que no pudo ecopila las disposi- ciones de aquel Pon í ice. Á es os cua o omos, añadie- on el quin o, Ángel de Lan usca y Juan Pablo de Roma, obse an es de una eligion más es echa, quienes com- p endie on las cons i uciones omi idas en los cua o o- mos de la p ime a edicion y las p omulgadas pos e io - men e, desde U bano VIII, has a Clemen e X, es o es, has- a el año de 1672. Sob epujó, sin emba go, á odos, el Bula io conocido con el nomb e de Magno, imp eso en Roma po Je ónimo -228— -- Maina do, que con iene odas las Bulas publicadas desde San Leon el Magno has a Clemen e XII. Es a ob a se ha.- Ila di idida, en 14 omos, po más que Be a di dice que cons a de 28. Se di e encia es a coleccion, segun Golilla- yo, de las que o man el cue po del de echo: 1.° en que aquella solo comp ende cons i uciones de los Romanos Pon í ices; en es a hay cánones omados de las di e en es uen es del de echo canónico: 2.° que en aquella las cons- i uciones es án ín eg as y en es as ab e iadas: y 3.° que en las p ime as se sigue el ó den de los iempos, y en las segundas el de las ma e ias. Tanibien es muy céleb e el Bula io de Cá los Cocque- lines, dado á luz en 1738, en el cual, segun Donoso, no so- lo compiló su au o odas las cons i uciones y le as Pon- i icias que pudo encon a en los a chi os omanos, y en los de o as muchas iglesias, es ablecimien os y con en- os, sino ambien g an núme o de o as, omadas de las his o ias eclesiás icas de di e en es au o es, de a ios mo- numen os inedi os y de oda clase de lib os. Exis en igualmen e o os bula ios pa icula es; ales como el de Benedic o XIV, que comp ende en cua o o- mos las cons i uciones de dicho Pon í ice; el de Clemen- e XIII, Clemen e XIV y Pio VI. Po úl imo; hace algun iempo que iene abajándose en una comple a coleccion de bulas, que alcanza has a los iempos del inmo al Pio IX. Debemos, en in, ad e i , que el Bula io Romano nun- ca ha sido ap obado po la Silla Apos ólica, como un códi- go legal pa a la Iglesia Uni e sal; así es, que la au o i- dad de sus disposiciones, depende de la ce eza de su pu- blicacion po el Papa, cuyo nomb e lle an, y de que ho hayan sido al e adas con a la men e de su au o . Es más, aun cons ando la p ocedencia de una Bula, la in encion de su au o y que no ha su ido al e acion alguna, oda ía debe á a e igua se an es de ecibi la como ley, si se qui- so comp ende á odos los luga es, á odas las pe sonas y á odos los iempos. En una palab a, aunque no poda- — 329 — mos ene una con iccion p o unda de que son e dade- as odas y cada una de las bulas con enidas en el Bula- io, po no habe se decla ado legalmen e que co espon- dan con sus au óg a os ú o iginales, se ia nó obs an e e- me a io duda de su au en icidad, despues que se imp i- mie on en la Cáma a Apos ólica. IV. i'.EGL.,A.S DE FA.NCELARIA. En e las o icinas y dependencias que exis en en Ro- ma pa a auxilia al Romano Pon í ice, en el despacho de los negocios eclesiás icos, es una de ellas la Cancela ia, que omó su nomb e del Cancille ó gua da-sello. Pues bien, en la Cancela ia Romana e a donde se ex- pedian los dec e os Pon i icios, ya uesen de g acia, ya de jus icia; y con obje o de e i a a bi a iedades y consul- as con ínuas, los Pon í ices die on cie as ins ucciones á los O iciales de dicha dependencia, ins ucciones que o- ma on el nomb e de eglas. Al p incipio ue on es as muy pocas, pe o se iban aumen ando despues y su iendo a- ias al e aciones y modi icaciones. El Papa Juan XXII, ué el p ime o que las puso po esc i o, educiéndolas á cie o ó den, y las ap obó y con i mó con un dec e o es- pecial. Siguie on su ejemplo los Sumos Pon í ices, sus su- ceso es, quienes segun su a bi io y p udencia, ya au- men aban su núme o, ya las co egian, bien a iándolas, bien añadiendo, bien en in, de ogando algunas cosas. Ni- colás V ecogió po los años de 1450 las eglas más ú i- les de la Cancela ia, y añadiendo o as las ijó en núme- o de 72. Ve san p incipalmen e sob e colacion, ese a 42 — 330 — cho año, aco dándose el dec e o sob e la aslacion del Concilio á Bolonia. La no ena ué celeb ada en Bolonia el 21 de Ab il del mismo año, conc e ándose á di e i y p o oga la sesion. La décima, celeb ada igualmen e en Bolonia, el 2 de Junio del p opio año, se limi ó ambien á la p ó oga de la sesion. Pe manecie on las cosas en semejan e es ado has a la mue e de Paulo III, sucediéndole el Ca denal del Mon e, que omó el nomb e de Julio III, quien po su bula de 14 de No iemb e de 1550, es ableció el Concilio en T en o. Nomb ó el nue o Papa pa a p esidi dicho Concilio en su nomb e, al Ca denal Ma celo C escencio, dándole po aso- ciados con la calidad de Nuncios, á Sebas ian Pighini, A - zobispo de Sipon o, y á Luis Lipomano, Obispo de Ve ona. Es os Legados ol ie on á T en o, donde se eanudó el Concilio, celeb ándose las sesiones siguien es: La undécima enida en 1.° de Mayo de 1551, dec e ó easumi el sac o, ecuménico y gene al Concilio de T en- o, segun la o ma y eno de la an edicha Bula Pon i i- cia. La duodécima se celeb ó en 1.° de Se iemb e del p o- pio año, aco dándose el dec e o de p ó oga de la sesion. La décima e ce a u o luga en 11 de Oc ub e del mis- mo año, y en ella se o ma on dos dec e os, el uno con ie- ne 8 capí ulos y 11 cánones, e e en es al San ísimo Sa- c amen o de la Euca is ía; el o o que es de e o ma, com- p ende 8 capí ulos , y a a de la ju isdiccion de los Obis- pos. Tambien se con ino en o o dec e o, p o oga la de- inicion de cua o a ículos, sob e el Sac amen o de la Eu- ca is ia , po desea los p o es an es de Alemania, que se les oye a p é iamen e, acili ándoles al in en o un sal o conduc o pa a que con oda segu idad pudie an concu i al Concilio, y p opone lib emen e an e el mismo los a - ículos que les pa eciese. — 337 -- La décima cua a habida en 25 de No iemb e del an- edicho año, aco dó dos dec e os, el p ime o ela i o á la doc ina de los Sac amen os de la Peni encia y Ex emaun- cion, ocupándose de aquel en nue e capí ulos, y de es e en es. Luego es ablece quince cánones sob e la Peni en- cia y cua o sob e la Ex emauncion: el segundo dec e o es de disciplina, y con iene ece capí ulos, que casi odos se elacionan con la ju isdiccion de los Obispos, y decimos ece, po que el capi ulo XIV se limi a á decla a , que en la p óxima sesion hab á de a a se del Sac amen o del Ó den, jun amen e con el sac i icio de la Misa, p osi- guiéndose ambien las ma e ias de e o ma. La décima quin a se celeb ó el 25 de Ene o de 1552, leyéndose en ella el dec e o de p ó oga de la sesion, y el sal o conduc o concedido á los p o es an es, po habe in- e esado los eólogos de la con esion de Ausbu go, que e oma pa e en las discusiones, que debian ene luga en es a sesion. La décima sex a se u o el 28 de Ab il del an edicho año, dec e ándose la suspension del Concilio po espacio de dos años. Las ci cuns ancias que hicie on in e umpi el Conci- lio no cesa on en algun iempo, y du an e es e pe íodo allece el Pon í ice Julio III. Sus suceso es Ma celo II y Paulo IV, ampoco pudie on con oca le de nue o, pues sus Pon i icados ue on co os, y la si uacion de Eu opa no pe mi ia que se ocupasen de asun o de an a magni ud. Pe o sube á la Silla Apos ólica en 1559, el Ca denal Juan Ángel de Médicis, que omó el nomb e de Pio IV, y desde luego decla a en un Consis o io su p opósi o de con- oca el enunciado Concilio. En e ec o, po Bula de 29 de No iemb e de 1560, es ablece en T en o el Sac o-San o Concilio, y en seguida p ocede al nomb amien o de Lega- dos, que lo ue on; Hé cules Gonzaga, Ca denal de San a Ma ía la No a, Je ónimo Se ipando, Ca denal del í ulo de San a. Susana y Má cos Sí ico de A aemps, Ca denal Diá- 4 3 — 338 cono del í ulo de la Basílica de los doce San os Após o- les. Los Legados y un g ande núme o de Obispos, ol ie- on á T en o du an e el año de 1561, eanudándose el Concilio en el siguien e. La décima sép ima sesion u o pues luga el 18 de Ene- o de 1562, emo iendo la an e io suspension. La décima oc a a se celeb ó el 26 de Feb e o del p o- pio año, aco dándose el dec e o de la eleccion de lib os, y que se in i a a á odos al Concilio po un sal o conduc- o, el cual se hizo ex ensi o á los indi iduos de cualquie . nacion, que no ue an de la comunion ca ólica. La décima no ena enida en 14 de Mayo del mismo año, se limi ó á un dec e o de p ó oga de la sesion. La igésima, que se celeb ó el 4 de Junio del ci ado año, aco dó igualmen e p o oga la sesion. La igésima p ime a, habida en 16 de Julio del mismo año, aco dó dos dec e os de é y de disciplina, que se ha- bian o mado en las cong egaciones. El p ime o es ela- i o á la comunion en ambas especies y la de los pá u- los; comp ende cua o capí ulos y cua o cánones. El se- gundo con iene nue e a ículos de e o ma, que en su mayo pa e son conce nien es á. las obligaciones y au o- idad de los Obispos, en el gobie no de sus diócesis. La igésima segunda u o luga el 17 de Se iemb e del p opio año. En ella se publicó el dec e o de doc ina ela- i o al San o Sac i icio de la Misa, que comp ende nue e capí ulos y nue e cánones. igualmen e se aco dó o o de- c e o sob e lo que se ha de obse a y e i a en la cele- b acion de la Misa. El o o dec e o de e o ma con iene on- ce capí ulos, en los que se a a de la ida y cos umb es que con ienen á los eclesiás icos, de la ciencia que les es necesa ia, de las cualidades que deben ene pa a se ele- ados á los sag ados ó denes y pa a ob ene bene icios; de la conmu acion de las úl imas olun ades, ejecucion de las disposiciones pias y exámen de los no a ios eclesiás icos. Luego dejó el Concilio, po o o dec e o, al juicio del Pa- 339 — pa, la cues ion p opues a en las Cong egaciones, ocan e al uso del cáliz pa a la comun s ion de los legos y de los sa- ce do es, cuando no celeb an. La igésima e ce a enida en 15 de Julio de 1563, comp ende asimismo o os dos dec e os, el uno ela i o á la doc ina del Sac amen o del O den, con cua o capí u- los y ocho cánones; el o o de e o ma con diez y ocho ca- pí ulos, sob e di e en es pun os de disciplina, siendo los más impo an es los que a an de la consag acion de los Obispos, , ci cuns ancias de los o cienandos, su exámen, in e s icios, y e eccion de semina ios concilia es. La igésima cua a habida el 11 de No iemb e del an- edicho año, publicó es dec e os; el p ime o de doc ina, sob e el Sac amen o del ma imonio, que con iene doce cánones; el segundo de e o ma sob e la misma ma e ia, con diez capí ulos; y el e ce o de e o ma en gene al con ein e y uno, en los cuales se a a de la c eacion de Obis- pos y Ca denales, celeb acion de sínodos p o inciales y diocesanos, isi as de los Obispos, p edicacion de la di i- na palab a, conocimien o de las causas c iminales mayo- es y meno es, dispensas sob e i egula idad, ins i ucion del O icio de Peni encia io en las Ca ed ales, mane a de so- co e las Ca ed ales y pa oquias pob es, del gobie no de las Iglesias, cuya Silla es á acan e, sob e el modo de p o ee iglesias pa oquiales, y po úl imo de la ab oga- cion de los manda os de p o idendo, espec a i as y g a- cias men ales. La seSion igésima quin a se celeb ó el 3 de Diciem- b e del epe ido año de 1563: despues de la misa solemne y las ce emonias acos umb adas, publicó el celeb an e dos dec e os de doc ina, que se hablan o mado en las cong e- gaciones p epa a o ias; el p ime o ela i o al pu ga o io; el segundo al cul o de los San os y de las eliquias y á la ene acion de las Sag adas Imágenes. Á con inu,acion le- yó el mismo P elado o os dos dec e os sob e disciplina, el uno, di idido en 22 capí ulos, conce nien e á los eli- — 340 — gíosos y eligiosas; el o o comp ende 21 capí ulos, sob e excomunio n , censu as, ida que deben obse a los Ca - denales y demás P elados, isi a de Cabildos exen os, me- dios de p oba el de echo de Pa ona o, Jueces Sinodales, y o os pun os gene ales. Al siguien e dia 4 de Diciemb e, se dió o o dec e o so- b e las Indulgencias: a ándose ambien de la eleccion de manja es, ayunos y Bias de ies a. Del índice de los lib os del Ca ecismo, B e ia io y Misal; del luga de los Emba- jado es; que se eci en de nue o los dec e os del Concilio hechos en iempo de los Pon í ices Paulo III y Julio III; que odos sin dis incion deben ecibi se y obse a se; y po úl imo, se dió po e minado dicho San o Concilio, aco dando los Pad es, de que se pida al Papa su con i ma- cion, que como ya sabemos se concedió po Pio IV en 26 de Ene o de 1564. He aquí, en esúmen, las disposiciones odas de esa an augus a asamblea. La mayo pa e de los Pad es que asis ie on á ella llo aban de aleg ía po habe llegado e- lizmen e al é mino de sus abajos. El Ca denal de Lo e- na compuso aclamaciones, que p onunció en al a oz, es deci , dió acciones de g acias po el Papa, el Empe ado , los Reyes, los P íncipes, las Repúblicas, los Obispos y los Embajado es, y concluyó con un elogio á los dec e os del Concilio, diciendo; «es a es la é de San Ped o y de los Após oles, es a es la é de los Pad es, y es a es la é de los Ca ólicos. » En onó despues el Ca denal Mo on, que po mue e de Hé cules de Gonzaga, le habia sucedido en la p esidencia, un solemne Te Deum, y luego de can ado, dió su bendicion, diciéndoles, id en paz; y odos espondie on, amen. Rés anos exclusi amen e ocupa nos de la publicacion de dicho Concilio en las naciones c is ianas. Las eglas de é es ablecidas en la ci ada Asamblea, se admi ie on en odas los p o incias ca ólicas; no sucedió lo mismo, espec o de los dec e os disciplinales, pues es os, segun — 341 Ca ala io, no ue on o almen e admi idos, po con ene cosas con a ias á las p e oga i as eales. En F ancia jamás se ap oba on ni publica on po la au o idad eal: en Alemania, si bien se ecibie on po los P elados y P ín- cipes Ca ólicos, ué sin pe juicio de los de echos del impe- io Ge mánico y de los Conco da os. Po lo que hace ela- cion á España , Bélgica , Reino de Apulia y o as p o in- cias , añade Ca ala io , que se p omulga on po ó den de Felipe II, pe o con la limi acion de que no u ie an uso los dec e os que a acasen las p e oga i as eales. Golmayo lo niega, con azon, espec o de España, pues dice que en nues o suelo se ecibió sin limi acion de gé- ne o alguno. Así es la e dad, pues po Real Cédula expedida en 1564, que es la ley 13, i . 1.°, lib. 1.° de la No ísima Re- copilación, dice en e o as cosas, el ci ado Mona ca: «Y aho a habiéndonos Su San idad en iado los Dec e os del dicho San o Concilio, imp esos en o ma au én ica, Nos, como Rey ca ólico y obedien e y e dade o hijo de la Igle- sia  habe nos acep ado y ecibido y acep amos y eci- bimos el dicho Sac o San o Concilio; y que emos que en es os nues os einos sea gua dado, cumplido y ejecu a- do; y da emos y p es a emos pa a la dicha ejecucion y cumplimien o y pa a la conse acion y de ensa de lo en el o denado, nues a ayuda y a o , in e poniendo á ello nues a au o idad y b azo eal, cuan o sea necesa io y con enien e. » Po la p einse a eal cédula se p ueba de una mane- a cumplida, que las disposiciones odas del San o Conci- lio de T en o, bien dogmá icas, bien disciplinales, se ad- mi ie on, sin excepcion, en España; publicándose como le- yes del Reino. Aho a; la p ác ica, de acue do con las opiniones de los ju isconsul os, ino á coa a , andando los iempos, algu- nas acul ades que con o me al Concilio, son conside adas como p opias de la au o idad eclesiás ica; ales son, la — 342 — imposicion de mul as, emba go y ejecucion de bienes, y o as de semejan e na u aleza, en las cuales es á p e eni- do, que el juez eclesiás ico implo e el auxilio del b azo se- cula , cuando no bas en sus p opios medios, pa a la eje- cucion de sus sen encias. VI. pECLARACIONES DE LAS FONGREGACIONES DE FARDENALES. Las decla aciones ó dec e os de las Cong egaciones o- manas cons i uyen, de igual modo, una pa e muy esen- cial del de echo no ísimo. Se llaman Cong egaciones de Ca denales, , unas co po- aciones des inadas á auxilia al Romano Pon í ice en el gobie no de la Iglesia Uni e sal. Sin ocupa nos aho a de las conocidas con el nomb e de ex ao dina ias, que solo se o man pa a a a de algun asun o de e minado, ni de las que únicamen e en ienden en negocios conce nien es la diócesis de Roma, ni ampoco de la o ganizacion y unciones de cada una de ellas; po que odo es o co es- ponde á o os a ados, nos limi a emos á enume a las. o dina ias, explicando á la ez la ue za de sus decla a- ciones. Es una de las p ime as la Cong egacion Consis o ial, en la que se examinan y p epa an los negocios de que ha de ocupa se el Consis o io. Es a Cong egacion ué c eada po Six o V. Es o a la de la Inquisicion, cuyas a ibuciones se e- ie en á la pu eza de la é y al exámen y de e minacion de las doc inas he e odoxas; cong egacion que aun cuan- do enia uncionando desde los iempos de Paulo III, no — 343 — puede deci se que ue a pe manen e, has a la época de Six o V, que le dió la plan a que iene en la ac ualidad. La Cong egacion del índice se ins i uyó po San Pio V' con i mándola más a de Six o V, en concep o de auxilia • de la an e io . Su obje o es el exámen de los lib os de du- dosa doc ina, y la publicacion del indice expu ga o io ge- ne al. Es ambien digna de especial mencion, la cong ega- cion del Concilio de T en o, c eada po Pio IV pa a la eje- cucion y obse ancia de sus dec e os. Pe o como es e Pon- í ice se ese ó su in e p e acion , de aquí, que Six o V, po su Cons i ucion Inmensa, amplia a sus acul ades, dándole de echo pa a in e p e a las disposiciones de di- cho Concilio. En su consecuencia las decla aciones de es- a Cong egacion, o man e dade a ju isp udencia; y se- g un el sen i de canonis as muy espe ables, en e ellos Fagnano, no solo ienen ue za de ley en la esolucion del caso especial pa a que se die on, sino en odos los que ocu an de idén ica na u aleza. Lo cie o es, que dichas decla aciones son siemp e muy ap eciadas; pe o pa a que engan ue za de ley es p eciso que se consul en p e ia- men e con la Silla Apos ólica, y se p esen en en o ma au- én ica con el Sello de la Cong egacion y las i mas del Ca denal P e ec o y Sec e a io; pues o as muchas, que son e dade as esoluciones de casos especiales, como que en pa e se undan en las ci cuns ancias del hecho, no se deben aplica , como ad ie e el Ca denal de Luca, á o os hechos e es idos de ci cuns ancias di e en es. La Cong egación de Obispos y Regula es, undada po Six o V, juzga las causas en e Obispos y Regula es, ó en e egula es de una ó de di e en es ó denes, ó en e es os y los pá ocos ó cabildos. La de Ri os, ins i uida ambien po Six o. V, conoce de odas las cues iones de canonizacion y bea i icacion de los San os, ce emonias, adminis acion de Sac amen os, y asun os li ú gicos. — 344 — La Cong egacion de P opaganda ide, c eada po  G e- o io XV, iene po obje o el p omo e e icazmen e la p e- , dicacion del E angelio, y la p opagacion de la é en odas las pa es del mundo. La de indulgencias ué es ablecida po Clemen e IX, pa a decidi odas las dudas con espec o á indulgencias y eliquias de los san os. La de Inmunidad se undó po U bano VIII, pa a cui- da de la obse ancia y conse acion de la inmunidad eclesiás ica. Exis en además o as cong egaciones de meno impo - ancia, ales como la de Disciplina Regula , de Inocen- cio XII; la de Residencia Episcopal, de U bano VIII; la de Negocios eclesiás icos, de Pio VII; y la de S a u Regula- ium, de Pio IX. Las decisiones de las Cong egaciones, ap obadas po el Romano Pon í ice, se publican, unas eces, o icialmen- e, y o as no. Lo más ecuen e, dice Golmayo, es emi- i las á las pe sonas ó co po aciones que consul a on ; y no se hace su publicacion sino en colecciones despues de un cie o iempo más ó menos la go. Así se e i ica, con- inúa dicho exposi o , con las decisiones de la Cong ega- cion del Concilio y la de Ri os; pues hay o as, como las de Obispos y Regula es que no se publican nunca. Po lo que hace elacion á la au o idad y ue za de los dec e os de las ci adas Cong egaciones, lo mismo que he- mos ya mani es ad-o, espec o de la Cong egacion del Con- cilio, debe iamos ep oduci pa a con odas las o as. Pe- o no que emos e mina es e pá a o, sin hace nos ca - go de lo que sob e el pa icula nos enseña el Ilmo. Se - 'ño Obispo de la Se . Dice an ilus e P elado, como hábil canonis a, «que los dec e os de las Cong egaciones oma- nas, pueden conside a se en cuan o á la doc ina, ó á la disciplina, ó á los juicios en causas pa icula es. » En cuan o á lo p ime o, si esas decisiones son expedi- das sin el pe sonal concu so y p esencia del Sumo Pon í- — 345 iée, ni sé- conside an como dic adas ex-ca hed a, ni de- ben, po an o, juzga se in alibles. Si po el con a io, in- e iniendo la pe sonal p esencia de la Cabeza de la Igle- sia, se expiden po la Cong egacion de la Inquisicion, en ma e ias de é y de cos umb es, con las solemnidades que acompañan á es os dec e os, su au o idad es in alible. En ó den á las cues iones de disciplina, pa a que di- chas decla aciones engan ue za de ley, es menes e que concu an es condiciones : L a que se emi an con- sul o Papa; 2.' que solo sean decla a i as de la ley co- man, ó que si es ingen ó ex ienden dicha ley, in e en- ga especial manda o del Pon í ice; 3. a que se exhiban en o ma au én ica. Finalmen e, con espec o á los juicios en causas pa - icula es, es bien sabido, que las sen encias de las con- g egaciones y ibunales omanos hacen de echo en e las pa es; pe o es a egla gene al iene su excepcion en Amé- ica, pues po b e e de G ego io XIII, que se mandó cum- pli y gua da po la ley 10, i . 9, lib. 1 de Indias, es á mandado que odos los juicios eclesiás icos se sus ancien y e minen en dicho país de ini i amen e po los espec i- os jueces eclesiás icos, sin que se admi an apelaciones á Roma. VII. FoNCORDATOS. Son los Conco da os solemnes a ados en e el Roma- no Pon í ice, como Je e de la Iglesia, y los P íncipes de las naciones c is ianas. Aunque po pun o gene al, dice Golmay o, no sea di í- 44 — 352 p ime o se a a de la Fé Ca ólica; de las Iglesias y Co a- dias; de los cemen e ios, del asilo; de los bienes de la Igle- sia; de los diezmos, no ales y e cios Reales; de los P e- lados eclesiás icos; de los Clé igos, sus p i ilegios, bienes y con ibuciones; de los Semina ios concilia es; de bene- icios eclesiás icos y Capellanías; cualidades de los bene- iciados y de la esidencia; union y sup esion de bene i- cios incong uos; del Pa ona o Real; p o ision de bene- icios; pensiones y anna as; del ondo p opio bene icial y de las Ó denes Regula es. El lib o segundo es á dedicado á la ju isdiccion ecle- siás ica, ocupándose, po an o, del Nuncio Apos ólico, del T ibunal de la Ro a Española; T ibunales eclesiás icos; del Consejo de las Ó denes y de o as ma e ias ela i as al mismo asun o. Finalmen e, en los einados de Fe nando VII é Isabel II, ambien se han publicado muchas disposiciones en el p opio sen ido. Respec o á la e ce a clase de leyes ci iles, que son como hemos dicho, las dic adas po los Je es del Es ado, de acue do con la San a Sede; enemos un ejemplo i o de ello en época no muy lejana, al publica se como al, la ley con enio de Capellanías cola i as y o as undaciones pia- dosas de 24 de Junio de 1867; y asimismo lo es ambien, el Real Dec e o de 27 de Junio de dicho año, sob e p o i- sion de piezas eclesiás icas. Son en in, uen e de de echo canónico, y o man, po an o, pa e del de echo no ísimo, odas las disposiciones ci iles, Dec e os y Reales ó denes, que se p omulgan po los Mona cas Ca ólicos, ya en uso de su pa onazgo, ya en i ud de concesiones Pon i icias, ya de acue do con los Nuncios de la Silla Apos ólica, ya en in pa a p o ege á la Iglesia, ó se ejecu o es de las leyes eclesiás icas. CAPÍTULO XXX, 1. pE LOS FOLECTORES DE CONCILIOS. Desde la época en que se publica on las Dec e ales de G ego io IX, casi odos ponian su único cuidado en que se in es igasen y se ecogiesen en un cue po las Dec e- ales de los Sumos Pon í ices; apenas habia uno que se p o- pusie a jun a en un Código los cánones de los Concilios. Es e descuido p o ino de habe se incluid© los cánones La- e anenses en la Coleccion G ego iana; y en el Sex o de las Dec e ales y Clemen inas, los monumen os que habian po- dido saca se de los Concilios de Lyon y de Viena, hacién- dose muy poco caso de los Concilios pa icula es. Pe o ha- biendo empezado muchos en el siglo XVI á ecoge bulas Pon i icias, es e abajo es imuló á o os á jun a en uno los cánones concilia es. El que p ime o o mó es a clase de colecciones ué Me lin, que publicó en Pa is dos olú- menes, el año de 1530. Aumen ó es e Código has a es omos Ped o G abé de Malinas, quien los imp imió en 1551: Lo enzo Su jo los ex endió has a cua o olúmenes en 1567. Pos e io men e, ó sea en el año de 1585, salió en Venecia una edicion más aumen ada y di idida en cinco omos; la dió á luz el imp eso - de aquella ciudad, Domingo Nicolim, habiimdose alido de la pe icia de di e en es homb es sá- 45 — 354 — bios, en e ellos Domingo Bolano, del Ó den de P edica- do es. Más abundan e aún ué la compilacion de Se e ino Vi- nio, Canónigo de Colonia. Publicó es e dos colecciones, la p ime a más ueducida en el año de 1606, la o a más co- piosa en el de 1618. La úl ima coleccion imp esa en Pa ís, lo ué el año de 1638, comp ensi a de nue e omos. Despues de o os colec o es, Felipe Labé p ime amen e, y luego Gab iel Cosa , die on á luz una nue a coleccion epa ida en 17 omos, que ué imp esa en Pa ís el año de 1672. Es éban Baluzio, añadió un olúmen á es a compila- cion, p ome iendo aumen a o o, pe o no cumplió su pa- lab a. Emp endió despues es a clase de abajos Ha dui- no, quien pensó al p incipio eng andece la coleccion de concilios has a en 40 olúmenes; pe o habiendo examina- do la ma e ia con más cuidado, llegó á conoce que nece- si aba an es espu ga la, pu i icándola de cosas supé luas; así pues qui ó del Código Labeano muchos monumen os, inse ó o os adqui idos po sí mismo, y los jun ó odos en doce omos. Nicolás Cole , eneciano, cuidó de imp imi o a ez el Código del mismo Labé, añadiéndo lo esc i o po Ha - duino, é inse ó ambien en su coleccion o os monumen- os. Publicó es a ob a en Venecia el año de 1732, di idida en 21 olúmenes. Juan Domingo Mansi, A zobispo que ué de Lúca, dió á luz el año de 1748 un nue o suplemen o á es a compilacion, el cual se compone de seis omos, y se lo dedicó á Cá los Manuel, Rey de Ce deña. En el año de 1791, se es aba imp imiendo una nue a edicion á expen- sas del eneciano An onio Za a, mucho más abundan e que odas las demás, en la cual, ue a de los cánones que inse a on Labé, Cosa y Cole , se p oponian ambien los que di ulgó Mansi. - El p ime olúmen se dió á la p ensa en el año de á55 — .1759, saliendo algunos o os en los años sucesi os, y es- pe ándose que el comple o llega ia has a 30 omos. No al a on en e an o quienes ecogie an cánones de los concilios pa icula es de algunas naciones y p o in- cias. En e es os se nomb an al Ca denal de Agui e Spelman, Wilkins, Pe e ei, Mu a o i, los cuales eduge: on á cie os Códigos los monumen os concilia es: el p i- me o de España: el segundo y e ce o de Ingla e a é I - landa, el cua o de Hung ía, y el quin o de I alia. Algunos o os publica on anecdo as, misceláneas y o os lib os semejan es, en e los cuales se cuen an Da- che io, Hols ein, Pecio, Ma ené, Du and, Lanigio, Mabi- llon, Co elie , el Pad e Ga nie , Ga cía Loaisa, Schels a- o, que jun ó los Concilios pa icula es de Á ica, A oldo, quien o mó una coleccion de los Limeños; Lingd ood, Doc- o de Os o d, que ecogió los concilios de la p o incia de Can o be y, M . Laudé, sob ino del Pad e Si mond, y M . Odespun, quien jun ó los sínodos celeb ados en F ancia despues del T iden ino. Finalmen e, son innume ables ambien, las ediciones que se han hecho del Concilio de T en o. La más an igua se publicó en Roma el año de 1564, po Pablo Manulio. Es á muy bien concep uada la edicion que se debe á Joa Gallema , que ué imp esa en Colonia en los años de 1700 y 1722, y po úl imo, en Augsbu go en 1781. En España es pa icula men e ap eciada la aduccion que hizo D. Ignacio Lopez de Ayala. CAPÍTULO XXXI. 1. LÁS JNSTITUClONSS DÉ T ANCSLOT. En el siglo XVI, y po aquel mismo iempo en que se celeb aba el San o Concilio de T en o l habia algunos que pensaban o dena nue as Colecciones de Concilios y Cons- i uciones Pon i icias. Se a ó pues, de enseña los gene- ales eo emas, bajo un b e e mé odo, con el nomb e de Ins i uciones; ayudó á es a de e minacion el habe se ob- se ado que la ju isp udencia ci il enia asimismo su ins i u o. El p ime o que se dedicó á compone es as ins i ucio- nes lo ué An onio Cucco l P o eso de de echo en la Uni- e sidad de Pa ía, quien publicó dos ob as; una de mé- nos olúmen y o a más ex ensa, poniendo á la p ime a el nomb e de Ins i uciones meno es, y á la segunda el de Ins i uciones nayo es. El Romano Pon í ice Paulo IV enca gó ambien á Juan Pablo Lancelo o ó Lancelo , Ju- isconsul o de Pe usa, la o macion de una Ins i u o; e - minada la ob a, ué su lib o examinado, enmendado y co egido; de eniéndose po ello, segun él mismo mani- ies a, mucho iempo en Roma; más cansado de una de- mo a an la ga, pa ece que eg esó á su pa ia. Mue o — 357 — Paulo IV, dedicó . sus abajos á Pio IV; pe o no po es o ob u o su ob a la sancion Pon i icia. En di e en es pá a os de sus Ins i uciones se obse - a una disciplina con a ia á la es ablecida en el Concilio T iden ino; pe o es o es debido á que en el iempo que los esc ibió, no habla aun e minado dicho San o Con- cilio. Lancelo se p opuso segui en su ins i u a el p opio mé odo de Jus iniano. Di idió la ob a en cua o lib os, y es os en í ulos. Empieza po un p oemio; y luego se ocupa en los p i- me os í ulos del p ime lib o del de echo di ino, de las cons i uciones y de la cos umb e. En seguida a a de las pe sonas, y á es e p opósi o habla de la eleccion, con i - macion y consag acion de Obispos; de la aslacion y e- nuncia; de la deposicion y deg adacion; de las p ebendas y bene icios eclesiás icos; de la colacion y de la ins i ucion en a o de los 'p esen ados po los Pa onos; haciéndose ca go, de es a mane a, de asun os que, ealmen e no co - esponden á es e a ado. En el segundo lib o comp ende las cosas eclesiás icas: en p ime luga a a de los Sac a- men os; luego de la cons uccion y consag acion de las iglesias y al a es; su union; de la inmunidad eclesiás i- ca; de los monas e ios; sepul u as; diezmos; enagenacion de bienes de la Iglesia; y po úl imo, del peculio de los clé igos. En el e ce o expuso el ó den de los juicios, y al in en o, se ocupa de los p ocu ado es, ansacciones, á bi os, de los con umaces, de las excepciones, de la li- is con es acion, del ju amen o de calumnia, de las p ue- bas, de la sen encia, de su ejecucion, de las apelaciones, y inalmen e, de la es i u io in in eg um. El cua o lib o lo consag a á las acusaciones, denuncias y a e iguacio- nes; ilus a po an o, en él, la ma e ia c iminal; así es, que nos habla de los deli os y sus penas; y p incipalmen- e de la simonia, he egía, hu o, so ilegio, usu a, adul- e io, homicidio, alsedad, é inju ia, y de las censu as ecle- siás icas. - :358 - Dice Be a di, con mucha azon, «que el Código de G a- ciano, la Coleccion de las Dec e ales de G ego io IX, de Boni ácio VIII, de las Clemen inas, y de las Ex a agan- es, no solo de aquellas que se dicen de Juan XXII ó co- munes sino ambien las que salie on pos e io men e á es as en di e en es iempos, ue on pa a Lancelo o como o os an os o iginales á que a eglase odas sus doc i- nas. Jamás salió de es as colecciones; an es bien se epa- a copió sus sen encias, y aun muchas eces sus p opias palab as. » Las Ins i uciones de Lancelo opieza con los mismos e o es y de ec os que la de G aciano, habiéndolas llena- do de símiles y igu as, más bien que de nociones senci- llas y sólidas de disciplina eclesiás ica. Sin emba go de es o, y á pesa de no habe ob enido sancion pública, ad- qui ió mucho c édi o en e los e udi os, y especialmen e desde que se incluyó en algunas ediciones del Co pus ju- es canonice. Po es a azon nos hemos hecho ca go de . se- mejan e ob a en es e luga , pues en e ec o, se halla in- co po ada al inal del segundo omo del Cue po de de e- cho eclesiás ico. CAPÍTULO XXXII, 1. His o ia de los Conco da os en España.—II. Conco dia Fache- ne i: pun os sob e que e sa.-117. Va ias al e na i as en el eincido de Felipe V.—IV. Conco da o de 1737: sus p incipa- les disposiciones.—V. Conco da o de 1753: sus disposiciones más impo an es.—VI. Conco da o de 1851: sus p incipales a ículos. 1. yISTORIA. DE LOS FONCORDATOS EN SPAÑA. La impo ancia de los Conco da os celeb ados en e la. San a Sede y el Gobie no español, hace que le dediquemos un capí ulo; y cómo no hace lo así, cuando ellos o man la disciplina igen e de nues a Iglesia, y noso os es u- diamos, no solo las ins i uciones de de echo canónico y la disciplina gene al, sino ambien la pa icula de España. Los Conco da os que nos p oponemos es udia , son solo los más p incipales; mejo dicho, los que se conocen en- e noso os con semejan e nomb e; p escindimos, po con- siguien e, de los p ime os con enios, y de las disposicio- nes pos e io es al Conco da o de 1851, que han sido dic- adas po el pode empo al, de acue do con la Silla Apos- ólica, pues ya de los unos nos hemos ocupado al a a en gene al de es a ma e ia, y de las o as hemos hecho ambien mé i o al habla de las leyes ci iles. Así es, que conc e amos aho a nues o es udio á la Conco dia Fache- — 360 — ne i, y á los Conco da os de 1737, 1753 y 1.851, cuyas p in cipales disposiciones pasamos á examina . II. F ONCORDIA FACHENETI: PUNTOS SOBRE 92E VERSA. La España empezó sus ges iones en el año de 1634, ce ca de la Có e Romana, con elacion á las ese as pon- i icias. En dicha época Felipe IV i mó un memo ial, que sus ep esen an es en la Capi al del mundo c is iano, Don Juan Chumace o y Don Domingo Pimen el, pusie on en manos de Su San idad U bano VIII. Es e memo ial con e- nía diez capí ulos sob e los cuales se pedía la e o ma; es- os e an los siguien es: 1.° Imposicion de pensiones sob e los bene icios á a o de ex anje os: 2.° Exceso en la can- idad de ellas: 3. 0 Abuso más no able y digno de e o ma, a ándose de los bene icios pa oquiales: 4.° Nomb amien- o de coadju o es con de echo de u u a sucesion: 5.° Re- signacion de los bene icios pa oquiales, con ese a de pa - e de los u os; 6.° Excesi os de echos po la expedicion de dispensas y o as g acias: 7.° Rese as de los bene icios, sob e odo en a o de los ex anje os: Excesi o igo en los espolios de los Obispos, ese ados á la Silla Apos ó- lica: 9.° La misma ese a espec o á los u os de los Obis- pados acan es, cuya p o ision se dila aba á eces dema- siado: 10.° La mala o ganizacion de la Nuncia u a en cuan- o al pe sonal po se ex anje os los jueces, excesi os los de echos de a ancel y abusos en las dispensas de ley po pa e de los Nuncios, Á dicho memo ial con es ó po pa e de Roma Monseño Esme aldi, eplicando los comisionados del Rey Ca ólico; pe o es lo cie o, que las — 361 cosas queda on en igual es ado, has a que en 1640 se ce- leb ó la Conco dia Fachene i. En ella se e o mó la Nun- cia u a, con o me con los deseos mani es ados en el ci a- do memo ial. Se llama Conco dia Fachene i, po que ué . hecha po D. Césa Fachene i, Nuncio en es os einos. Po au o aco dado del Consejo pleno se publicó dicha Conco - dia con el nomb e de O denanzas de la Nuncia u a. Ve sa sob e es pun os: 1.° A eglo del pe sonal: 9 . ° A ancel de de echos, an o en los negocios judiciales, co- mo en los g aciosos ó adminis a i os: 3.° Limi acion de las acul ades de los Nuncios, con el obje o de p omo e la obse ancia del de echo comun. La ci ada conco dia Fachene i comp ende 35 capí ulos; 22 de ellos, se inse an á' la le a en la ley 2. a , í ulo 4.°, lib o 2.°, de la No ísima Recopilacion; los es an es capí- ulos que deja on de ecopila se, a an únicamen e del a ancel de los de echos que se de engan. En los 21 p ime- os se consigna odo lo co espondien e al a eglo del pe sonal de la Nuncia u a; se habla del Ab e iado del T i- bunal, cuales sean sus obligaciones, ho as de despacho; comisiones ex a-cu iana., inhibiciones sin pe juicio de las p ime as ins ancias, o ma de oi á los eos en causas c iminales; del Sec e a io de Jus icia; del de B e es; del o icial mayo en cada una de es as dependencias; A chi- is a; Jueces de comision; Jueces Apos ólicos; P ocu ado- es; Recep o es; Agen es y solici ado es; y po úl imo de los No a ios. El capí ulo 22 se limi a á los despachos en ma e ia de G acia, imponiéndose el Nuncio cie as es- icciones; pues dice, que aun cuando en a encion á sus ámplias acul ades de Legado á la e e, podía concede o- do géne o de g acias, sin emba go, po la no icia de que muchos de esos despachos concedidos po sus an eceso es han p oducido algunos incon enien es y en o os Su San idad no suele pone la mano ni dispensa con an a acilidad; po an o, añade, «babemos de e minado de de- cla a aqui algunas cosas pa icula es en las cuales no 46 con ecuencia el sac i icio de la Misa. Se de e mina, asi- mismo, que el pa imonio sag ado no exceda de 60 escu- dos de Roma en cada un año. Se p ocede despues á es i- pula , que no se e ijan bene icios ad empus, sino con aquella pe pe uidad que o denan los sag ados cánones. Concédese luego un indul o po solo cinco a ios, en i - ud del cual paguen los eclesiás icos cua o millones y medio po cuen a de nue o impues o y del ibu o de los ocho mil soldados sob e las cua o especies de inag e, ca ne, acei e y ino, en la misma o ma que pagan los diez y nue e millones y medio; pe o con al que los dichos cua- o millones y medio se paguen dis ibuidos en seis años, y que en la pa e en que deban con ibui los eclesiás i- cos no exceda la suma de 150,0b0 ducados ánuos de mo- neda de España. Se concedió ambien po Su San idad, que odos aque- llos bienes que po cualquie í ulo adqui iesen cuales- quie a iglesia, luga pio ó comunidad eclesiás ica, y po es o cayesen en manos mue as, queden pe pé uamen e suje os desde el dia en que se i ma a dicha Conco dia á odos los impues os y ibu os égios que los legos paga- ban, á excepcion de los de la p ime a undacion. Asimismo se p e iene, que los que eciben la p ime- a onsu a, si po su culpa ó negligencia, no uesen p o- mo idos á ó denes sac os, le señalen los Obispos pa a pa- sa á los ó denes mayo es un é mino ijo, que no exceda de un año. Se enca ga ambien á los O dina ios que usen de las censu as eclesiás icas con oda la mode acion debida. Se acue da igualmen e, que el Romano Pon í ice dipu a á á los Me opoli anos con las acul ades necesa ias y con e- nien es pa a isi a los monas e ios y casas egula es. De igual modo se con iene que la disposicion del San o Con- cilio de T en o, espec o á las causas de p ime a ins an- cia, se obse e exac amen e; y en cuan o á aquellas en g ado de apelacion, que sean más ele an es, como las be- 369 — nelicia les que pasan del alo de 24 ducados de o o de Cá- ma a, las ju isdiccionales „ma imoniales, decimales, de pa ona o y o as de es a especie se conozcan de ellas en Roma, come iéndose á jueces in pa ibus las que sean de meno impo ancia. En cuan o á las Iglesias pa oquiales' se con ino su p o ision po concu so en la o ma ya es ablecida, enien- do acul ad los Obispos de nomb a á la pe sona más digna, cuando acase la pa oquia en los meses ese a- dos al Papa; y en las o as acan es emi i ian los nomb es de los que uesen ap obados con dis incion de las ap oba- ciones en p ime o, segundo y e ce g ado; obligándose, po úl imo, el Romano Pon í ice á no impone pensiones sob e dichas pa oquias. Respec o á la ese a de pensiones sob e los demás bene icios se es ipuló obse a la an igua disciplina. Igualmen e se aco dó que an o en las iglesias ca ed a- les como en las colegia as no se concedan coadju o ías sin le as es imoniales de los Obispos que a es en se los coad- ju o es idóneos á consegui en ellas canonica os. De igual mane a se con ino que se o dena a á los Nuncios Apos ólicos que nunca concedan dimiso ias. Tam- bien se dijo que las causas que el Nuncio Apos ólico suele delega á o os que á los jueces de su audiencia, y se lla- man jueces in Cu ia, nunca se deleguen sino es á los jue- ses nomb ados po los sínodos, ó á pe sonas que engan dignidad en las iglesias ca ed ales. Ace ca de los espolios nomb amien os de sus colec o es se con ino obse a la cos umb e; y en cuan o á los u os de las iglesias a- can es se asignó una e ce a pa e pa a se icio de las iglesias y pob es. Finalmen e se acue da, que pa a e - mina amigablemen e la con o e sia de los pa ona os se dis pu en pe sonas po S; S. y S. M., quienes econozcan las azones que asis en á ambas pa es; y en e an o se suspenda pasa adelan e en es e asun o, y los bene icios 47 —.370 que acasen se p o eyesen po S. S., 6 en sus meses po los espec i os O dina ios. He aquí en esúmen las disposiciones más p incipales del conco da o de 1.737. No iene pues azon alguna el S . Golmayo, cuando se pe mi e a i ma , como digimos al p incipio, que deja on sin esol e se los pun os ela i os -á espolios, acan es y pensiones; pues de odo ello se ocupó el ci ado conco da- o, po más que espe ase en gene al la disciplina á la sa- zon igen e, y se conc e a a solo á pequeñas e o mas; po que es lo cie o, que ya desde es a época no pudie on impone se pensiones sob e las iglesias pa oquiales, co- mo ambien que queda on pa e de los u os de las a- can es pa a las iglesias y los pob es. En lo único que es a nos con o mes con dicho exposi- o es en la pequeña acogida que dice u o al p incipio el conco da o; pues se publicó po un simple dec e o, en ez de habe lo sido con la solemnidad de una p agmá ica sancion. Tambien es buena p ueba de es a e dad, y de que la opinion p og esaba en idén ico sen ido, el esc i o i ulado Exámen del conco da o ajus ado, que p esen ó el Fiscal del Consejo D. Luis Jo e , cuando el Nuncio de S. S. pidió á D. Fe nando VI, suceso de Felipe V, la con i - macion del mismo conco da o, pues dicho S . Jo e a ó de demos a los males que podian o igina se de seme- jan e con i macion. pONCORDATO DE 1753: SUS DISPOSICIONES MÁS IMPORTANTES. Po consecuencia de lo con enido en el a ículo 25 del an edicho conco da o de 1.737, espec o al Real Pa ona o, el Papa nomb ó al Ca denal Valen í, Nuncio en es os ei- 371 — nos, pa a que e minase amigablemen e la con o e sia y S. M. el Rey se si ió designa con el mismo obje o, al Ca denal de Molina, Gobe nado del Consejo, y á D. Ped o On al a, Minis o del p opio T ibunal. Dichos comisiona- dos abaja on po espacio de es años sin esul ado al- guno posi i o. Ele ado á la Silla Pon i icia Benedic o XIV, po mue - e de Clemen e XII, esc ibió á Fe nando VI, mani es án- dole que po su pa e es aba dispues o á con inua las ne- gociaciones, si au o izaba po la suya á los Ca denales Aqua i a y Belluga. En onces el Rey manda al Fiscal de la Cáma a D. Ga- b iel de Olmeda, Ma qués de los Llanos, que o mase una ins uccion donde se con u ie a en esúmen odo cuan o se habla esc i o en a o de los de echos de pa ona o, in de que los ci ados Ca denales, esiden es en Roma, u ie an una guía á que a ene se en sus ges iones. Bene- dic o XIV con es ó en un opúsculo á la mencionada ins uc- cion, que le ué en egada po el Ca denal Aqua i a. Ma qués de los Llanos eplicó con o o esc i o que i uló «Sa is accion his ó ico-canónico-legal al mani ies o ó de- mos acion que la San idad del San ísimo Pad e Benedic- o XIV, dió en espues a, e c.» y así anscu ie on mu- chos años, c uzándose no as. y comunicaciones sin adelan- a un solo paso. Ello es lo cie o que solo el Pon í ice es e dade amen e el pa ono de odas las iglesias y bene icios del mundo c is iano; que no hay azon ni undamen o le- gal ni cien í ico pa a que los P íncipes po la sola conside- acion de je es del Es ado quie an os en a semejan es e- galías. Es o no obs a, pa a que sea ambien cie o, que en nues as leyes ci iles se lea que los Reyes son. pa onos de las iglesias, pues dicha conside acion e a solo pa a el obje o, que indica la ley XVIII, í ulo V, Pa ida I, que di- ce así: «An igua cos umb e ué en España, é du ó oda ia, é du a hoy dia, que cuando ina el Obispo de algun luga , que lo acen sabe el Dean é los Canónigos al Rey po sus — 372 — mensage os de la Iglesia con ca a del Dean é del Cabildo, como es inado su P elado, é que le piden po me ced quo le plega que ellos puedan ace su eleccion d esemba gada- men e, é que le encomiendan los , bienes de la Iglesia; é el Rey de- e pelo o o ga , é en ia los ecauda , é después que la eleccion o ie en echo, p esén enle el elegido, é el mándele en ega aquelló que escibio. É es a mayo ía é hon a han los Reyes de España po es azones. La p i- me a po que gana on las ie as de los mo os, é icie on las mezqui as eglesias é echa on de y el nome de Mahoma, é me ie on y el nome de Nues o Seño Jesuc is o. La se- gunda, po que las unda on de nue o en loga es, do nun- ca los o o. La e ce a po que las do a an, é domas le i- cie on mucho bien  » Es is o, po an o, que odos los de echos de nues os Reyes se educian á pe mi i que los Cabildos hicie an su eleccion de Obispo desemba aza- damen e, y en e an o, gua da y ecauda los bienes de la Iglesia acan e. ¿De dónde, pues, se ha que ido deduci el pa ona o uni e sal de odas las iglesias de España? No desconocemos que ya desde los Reyes Ca ólicos se hicie on pesquisas y a e iguaciones ace ca del pa ona o; pe o ué solo con espec o á las undaciones y do aciones Reales. En es e sen ido ambien se die on algunas comisiones en los iempos de Felipe II, Felipe III y Felipe IV; pues el p ime o ocupó en dichos abajos á a Ma in de Có doba, y el úl imo á D. Je ónimo Chi iboga, Dean de Salamanca. Sino exis e, pues, azon ni undamen o legal en a o del Real Pa ona o, ampoco lo hay cien í ico: odo e ec o econoce una causa, y cla o es, que de alega se como le- gí imo un de echo, debe exis i la causa en que se unde. Pues bien; ¿dónde es á esa causa o igina ia del pa o- na o de nues os Reyes? La econquis a no se ha econocido nunca como í ulo legi imo pa a adqui i semejan e de echo; pues solo ha se ido en de e minados casos, y concu iendo especiales 373 ci cuns ancias , pa a o o ga le como g acia ó p i ilegio Pon i icio. ¿Se á en onces la undacion, cons uccion y do- acion de las iglesias po pa e de los Mona cas? Pa a es- ponde á es a p egun a debemos dis ingui con Golmayo, las undaciones y do aciones hechas po los Reyes como Je es del Es ado, y las que hicie on como pa icula es. En es as dicho se es á, que le co esponde aquel de echo de es ic a jus icia, como medio de ecompensa su piedad; no así en las p ime as po que los Mona cas en su cuali- dad de ales, ienen obligacion de a ende á las necesida- des públicas, y Una de ellas, lo e a sin duda, el de e igi iglesias en los países conquis ados á los in ieles. Pe o es el caso, dicen o os, que los Reyes de España os en aban de an iguo ese de echo en i ud de bulas Pon i icias; y es e undamen o, e a p ecisamen e el que. se alegaba po el Ma qués de los Llanos en su amoso es- c i o; mas Benedic o XIV negó la exis encia de los ci a- dos documen os, en a encion á no encon a se el meno es igio de ellos en los egis os del Va icano. Comp endiendo al in es e Pon í ice de que el gi o que se habia dado á la con o e sia no la e mina ia jamás, abandonó el e eno cien í ico pa a da luga á al ísi- mas mi as de p udencia, y deseoso de conse a á oda cos a las buenas elaciones con el Gobie no español, con- cedió á los Reyes de España el í ulo de Pa onos, o o - gándoles muy señaladas p e oga i as. Se con ino, pues, en e ambas po es ades el Conco - da o de 1753, que se i mó en Roma el dia 11 de Ene o, po el Ca denal Valen í, Sec e a io de Es ado de Su San- idad y D. Manuel Ven u a Figue oa, Audi o de la Sac a Ro a, po la Co ona de A agon, en concep o de Plenipo- encia io del Rey Ca ólico. Rés anos examina las disposiciones más impo an es de dicho Conco da o. P ime amen e se sanciona y econoce el de echo que enían eje ciendo los Reyes de España en i ud de con- — 374 — cesiones y p i ilegios Pon i icios de p esen a • pa a odos y A zobispados de es os einos y p o incias; los Obispados como ambien el de que se con ie an á nominacion de los Reyes Ca ólicos, odos los bene icios consis o iales y meno- es de los dominios de G anada ,y de las Indias; pe o con la condicion de que los nomb ados y p esen ados pa a las iglesias acan es, monas e ios y bene icios consis o iales, deban y es én obligados á impe a de la. Silla Apos ólica, las acos umb adas le as de colacion y p o ision. En seguida se con iene que de odas las demás digni- dades en las iglesias Ca ed ales y Colegia as y ambien de los canonica os y p ebendas de las dichas iglesias y be- ne icios eclesiás icos, queden pe pé uamen e ese ados á la lib e colacion del Romano Pon í ice cincuen a y dos de ellos, cualquie a que sea el iempo en que aquen; cuyas dignidades y bene icios se mencionan exp esamen e en dicho Conco da o. Y en cuan o á las o as dignidades, canonica os, p e- bendas y bene icios eclesiás icos, cum cu a e sine cu a, que acasen en adelan e, se es ablece que los A zobispos y Obispos, como igualmen e los In e io es que engan a- cul ad de con e i , puedan p o ee los en pe sonas idóneas y benemé i as, siemp e que acon ecie e la acan e en los meses llamados del O dina io, que lo son, los de Ma zo, Junio, Se iemb e y Diciemb e, quedando excluidas las g a- cias de con e i al e na i amen e en seis peses del año, que se acos umb aban concede á los exp esados A zobis- pos y Obispos. Asimismo se aco dó, que las P ebendas de O icio se den y con ie an, p é io concu so, en la p opia o ma que e- nia p ac icándose. Tambien se dispuso, que á la p o ision de las iglesias pa oquiales, y de o os bene icios eclesiás icos, que ie- nen aneja la cu a de almas, p eceda siemp e el concu so, ya aquen en los e e idos cua o meses, ya en los ocho es an es del año, aunque en onces la p esen acion pe - enece ia á los Reyes Ca ólicos. 375 — De igual mane a el Sumo Pon í ice mo u p opio y con au o idad Apos ólica, concedió á los leyes de España el pa ona o uni e sal, es deci , « el de echo de nomb a y p esen a á odas las demás dignidades, aunque mayo es, despues de la Pon i ical, y á las demás de Me opoli anas y Ca ed ales, y ambien á las dignidades p incipales y á las demás . espec i amen e de iglesias colegia as, y á o- dos los demás canonica os y p ebendas, aciones, aba - días, p io a os, encomiendas , iglesias pa oquiales, pe - sonados, o icios y demás bene icios eclesiás icos, aun pa- imoniales y secula es y egula es de cualquie a Ó den cum cu a, e sine cu a, de cualquie a calidad y domina- cion que sean, exis en es al p esen e y que en adelan e se e igie en é ins i uye en canónicamen e, en caso de que los undado es no se ese en en sí y en sus he ede os y suceso es el de echo de pa ona o, y de p esen a á ellos.... siemp e que las e e idas dignidades, canonica os y p e- bendas y demás bene icios, aca en en los ocho meses ese ados á la Sede Apos ólica; y ambien en los o os cua o meses del año p ese ados á disposicion de los o - dina ios, es ando acan e la Silla A zobispal ó Episco- pal.» Pe o se ad ie e, que odos y cada uno de los clé igos nomb ados y p esen ados pa a los exp esados bene icios po los Mona cas de España, es án obligados á pedi y ob- ene la ins i ucion y canónica colacion de sus O dina ios espec i os; debiendo acudi ambien á la Sede Apos óli- ca, en el único caso, de necesi a dispensacion ó g acia. En indemnizacion de los emolumen os y u ilidades que de- jaba de pe cibi la Da a ia y Cancela la omana po la ex- pedicion de í ulos de colacion, y de pe cepcion de las an- na as, se obligó el Rey á consigna en Roma po una so- la ez, la suma de 300,000 escudos omanos. Quedó asimismo abolido el de echo de los Romanos Pon í ices á impone pensiones, aun sob e los 52 bene i- cios de su colacion, obligándose el Mona ca al p opio ien - — 370 — po, á en ega 000,000 escudos pa a ali io del E a io Pon- i icio. Finalmen e, los espolios de los Obispos y los 'u os de las acan es, se des ina on pa a a ende á las necesida- des de las iglesias de España y usos piadosos que p esc i- ben los Sag ados Cánones, dándose acul ad al Rey pa a nomb a colec o es y exac o es de dichos bienes y p oduc- os. S. M. á í ulo de compensacion en egó o a can idad de 233,333 escudos. V I. FONCORDATO DE 1851: SUS PRINCIPALES ARTÍCULOS. Sabido es de odos, que á la mue e del S . D. Fe nan- do VII, empezó una de esas gue as ci iles, que des o- zan odas las uen es de iqueza y de p ospe idad públi- ca. La España, como la Eu opa en e a, es aba di idida en la cues ion de legi imidad á la sucesion de la Co ona; quie- nes, undándose en las leyes de Pa ida, econocian co no Sobe ana á S. M. D. a Isabel II; quiénes o os, apoyándose en la ley Sálica, p es aban homenaje, en concep o de Mo- na ca, al In an e D. Cá los. Se apeló á las a mas, pa a decidi es a con ienda, y cla o es, que á su sue e se con ió el éxi o de los de echos de uno y o o con endien e. En al si uacion e a imposible el eje cicio del Real Pa ona o; así es, que el Romano Pon- í ice, en. su al a p udencia, y p escindiendo de las simpa- ías que pudie a ene po alguno de ellos, conside ó que debia nega se á expedi las Bulas de con i macion en a- o de los Obispos que cualquie a de los con endien es p esen á a; en su consecuencia se negó á con i ma los 37l_.... p esen ados po la Reina Isabel, y es a nega i a se mi ó muy mal po el Gobie no español. El Pon í ice á su ez se esen ia de la mane a con que po aquí se a aban y esol ian a ios negocios eclesiás- icos; y el esul ado ué que se in e umpie on las elacio- nes con la San a Sede, saliendo el Nuncio del e i o io. No habia, po cie o, mo i os pa a an o; pues es u- diándo las cosas sin pasion, no debió conside a se cap i- chosa la conduc a del Romano Pon í ice; an o más, cuan- o no es aba muy lejano lo ocu ido con Clemen e XI en la gue a de sucesion en e Felipe V y el A chiduque Cá - los de Aus ia. Po o a pa e se igno aba aun el esul a- do de las a mas, y si es as hubie an sido con a ias á la legí ima Reina, cla o es, que D. Cá los no se hubie a con- o mado jamás con los Obispos po ella p esen ados, y e a posible, se hubie an echado los cimien os de un la go cisma. Es más, si el Pon í ice expedia dichas Bulas á los p esen ados po ambas pa es, dando así ejemplo de igu- osa impa cialidad, pudie a habe sucedido, que al e mi- na se la gue a exis ie an dos Obispos en una misma iglesia. El Gobie no de la Reina no ap eció los hechos de es e modo, y lo cie o es, que pe manecie on in e umpidas las elaciones en e ambas po es ades po espacio de doce años. En 30 de Mayo de 1847, llegó á Mad id Monseño B u- nelli, con los pode es necesa ios pa a a a de un a e- glo, que eclamaba ya con u gencia el in e és de la Igle- sia y del Es ado. El Gobie no español p ocu ó ambien po su pa e en- a en negociaciones; y al e ec o, despues de una la ga discusion, dec e a on las Có es y sancionó S. M. la au o iza- cion pa a e i ica , de acue do con la San a Sede, el a e- glo gene al del cle o, y p ocu a la solucion de las cues- iones eclesiás icas pendien es, conciliando las necesida- des de una y o a po es ad. Despues de es o, se aco da on 4s — :384 — as: en e ec o; el a iculo 21 dice: «Además de la Capilla del Real Palacio se conse a á: I.° La . de Reyes y la Mil- 7á abe de Toledo, y las de San Fe nando de Se illa, y de los Reyes Ca ólicos de G anada. 2.° Las Colegia as si as en capi ales de p o incia donde no exis a Silla episcopal. 3. • Las de pa ona o pa icula , cuyos pa onos asegu en el exceso de gas os que ocasiona á la Colegia a sob e el de iglesia pa oquial. 4.° Las Colegia as de Co adonga, Ronces alles, San Isid o de Leon, Sac o-Mon e de G ana- da, San Ilde onso, Alcalá de Hena es y Je éz de la F on- e a. 5.' Las Ca ed ales de las Sillas episcopales que se ag eguen á o as, en i ud de las disposiciones del p e- sen e Conco da o, se conse a án como Colegia as.» Todas las demás queda án educidas á iglesias pa o- quiales; dis inguiéndose con el nomb e de pa oquia ma- yo , si en el pueblo hubiese o a ú o as pa oquias. El a ículo ein e y dos p e iene, que el Cabildo de las Colegia as se componga de un Abad, p esiden e, que en- d á aneja la cu a de almas, sin más au o idad ó ju isdic- cion que la di ec i a y económica de su iglesia y cabildo: de dos Canónigos de o icio cón los í ulos de Magis al y Doc o al y de ocho canónigos de g acia. Además hab á seis bene iciados ó capellanes asis en es. Igualmen e se dispone en o o a ículo, que las eglas es ablecidas pa a la p o ision de p ebendas y bene icios de las iglesias ca ed ales, se obse e pun ualmen e es- pec o de las colegia as. En seguida a a del a eglo pa oquial; y despues de p e eni , que los A zobispos y Obispos p ocedan á o ma una nue a dema cacion pa oquial de sus espec i as dió- cesis, y de que ningun cabildo ni co po acion eclesiás i- ca engan aneja la cu a de almas, o dena en su a ículo 26, que odos los cu a os, sin di e encia de pueblos, de clases, ni del iempo en que aquen, se p o ean en con- cu so abie o con a eglo á lo dispues o po el San o Con- cilio de T en o, o mando los o dina ios e nas de los opo- — 385 — si o es ap obados, y di igiéndolas á S. M. pa a que nom- b e en e los p opues os. Los cu a os de pa ona o ecle- siás ico , se p o ee án nomb ando el pa ono en e los de la e na que del modo ya dicho o men los P elados, y los de pa ona o laical nomb ando el pa ono en e aque- llos que ac edi en habe sido ap obados en concu so abie - o en la diócesis espec i a, señalándose á los que se ha- llen en es e caso el é mino de cua o meses pa a que ha- gan cons a habe sido ap obados sus eje cicios hechos en la o ma indicada, sal o siemp e el de echo del O di- na io de examina al p esen ado po el pa ono si lo es- ima con enien e. Tambien se acue da, que los coadju o es de las pa o- quias sean nomb ados po los O dina ios, ' p é io exámen sinodal. Y po úl imo, que dichos coadju o es y depen- dien es, así como odos los eclesiás icos des inados al se - icio de e mi as, san ua ios, o a o ios, capillas públicas ó iglesias no pa oquiales, dependan del cu a p opio de su espec i o e i o io, es ando subo dinados á él en o- do lo ocan e al cul o y unciones eligiosas. En el a ículo 28 se dice, que el Gobie no de S. M. sin pe juicio de es ablece opo unamen e, p é io acue do con la San a Sede y an p on o como las ci cuns ancias lo pe mi an, semina ios gene ales en que se dé la ex en-: sion con enien e á los es udios eclesiás icos, adop a á po su pa e las disposiciones opo unas pa a que se c een sin demo a semina ios concilia es en las diócesis donde no se hallen es ablecidos. El Gobie no asimismo, dícese en o o a iculo, oma á desde luego las disposiciones con enien es pa a que se es ablezcan. donde sea necesa io, oyendo p é iamen e á los P elados diocesanos, casas y cong egaciones eligio- sas de San Vicen e Paul, San Felipe Ne i y o a Ó den de las ap obadas po la San a Sede, las.cuales se i án no solo pa a colegios de misiones, sino ambien de luga es de e i o pa a los eclesiás icas, pa a hace eje cicios es- 49 386 — pi i uales y pa a o os usos piadosos. Po el a ículo 30, se dispone conse a el Ins i u o de las Hijas de la Ca idad. Igualmen e las casas de eli- giosas que á la ida con empla i a eunan la educacion y enseñanza de niñas ú o as ob as de ca idad. Po el p opio Conco da o se ija la do acion del Pa- ia ca de las Indias, de los A zobispos y Obispos; am- bien la del cle o ca ed al, colegial y pa oquial, ijándose como mínimum pa a los pá ocos u ales la can idad de dos mil doscien os eales. Se de oga la legislacion ela i a á espólios de los A - zobispos y Obispos, pudiendo en su consecuencia dispone lib emen e de ellos, segun les dic e su conciencia, y su- cediéndoles abin es a o sus he ede os legí imos. De igual mane a se ija cie a can idad pa a los gas- os del cul o; siendo dis in a la do acion, segun las igle- sias sean me opoli anas, su agáneas, colegia as ó pa o- quiales. Tambien se consigna la suma de ein e á ein a mil eales en a o de los me opoli anos, pa a los gas os de adminis acion y ex ao dina ios de isi a; así como la de diez y seis mil á ein e mil pa a los su agáneos, con el mismo obje o. Los Semina ios Concilia es dis u a án de una en a de no en a á cien o ein e mil eales anuales, segun sus ci cuns ancias y necesidades. El a ículo 35 o dena, que se de uel an sin demo a á las comunidades eligiosas, y en su ep esen acion á los P elados diocesanos, en cuyo e i o io se hallen los con- en os ó se hallaban an es de las icisi udes que po aquella época u ie on luga , los bienes de su pe enen- cia que se encon a on en pode del Gobie no, y que no hubiesen sido enagenados; disponiéndose á la ez, que los P elados, en nomb e de las comunidades eligiosas p opie a ias, p ocedan inmedia amen e á la en a de los exp esados bienes po medio de subas as públicas, hechas en la o ma canónica y con in e encion de pe sona noni- — 387 — b ada po el Gobie no de S. M. El p oduc o de es as en- as debía con e i se en insc ipciones in ans e ibles de la deuda del Es ado del 3 po 100, cuyo capi al é in e eses se dis ibui ian en e odos los e e idos con en os en p o- po cion de sus necesidades y ci cuns ancias. Po el a ículo 36 del mismo Conco da o, se obliga el Gobie no á p o ee lo necesa io pa a los gas os de las e- pa aciones de los emplos y demás edi icios consag ados al cul o. Tambien se p e iene po el a ículo 37, que el impo - e de la en a que se de engue en la acan e de sillas episcopales, deducidos los emolumen os del ecónomo, y los gas os pa a los epa os p ecisos del palacio episcopal, se aplique po iguales pa es en bene icio del semina io concilia y del nue o P elado. Respec o á los u os de las acan es de dignidades, canongías, pa oquias y demás bene icios de cada dióce- sis, deducidas las espec i as ca gas, se o ma á un on- do de ese a á disposicion del O dina io pa a a ende á los gas os ex ao dina ios é imp e is os de las iglesias y del cle o, como ambien á las necesidades g a es y u - gen es de la diócesis. Asimismo se acue da, que sean de uel os á la Iglesia odos los bienes eclesiás icos no comp endidos en la ley de 1845, y que á la sazon no hubiesen sido enagenados, inclusos los de las comunidades eligiosas de a ones, si bien su capi al habia de in e i se en insc ipciones in- ans e ibles de la deuda del Es ado de 3 po 100. El Gobie no po su pa e, se comp ome e á dic a las disposiciones necesa ias, sal o el de echo de los P ela- dos, pa a que aquellos en e quienes se hubie on dis i- buido los bienes de las capellanías y undaciones piado- sas, asegu en los medios de cumpli las ca gas á que di- chos bienes es u ie en a ec os; como igualmen e las que pesa en sob e los bienes eclesiás icos, que ue on enage- nados con dicho g a ámen; y po úl imo, ambien se obli- 388 — yp ó á esponde de las ca gas impues as sob e aquellos que se hubie en endido po el Es ado lib es de es a obligacion. Se decla a exp esamen e, po el a ículó 40, que odos los ci ados bienes y en as pe enecen en p opiedad á la Iglesia, y que en su nomb e se dis u a án y adminis a- án po el cle o. Igualmen e se p e iene que los ondos de C uzada se adminis en en cada diócesis po los espec i os P e- lados, eje ciéndose po el A zobispo de Toledo las demás acul ades Apos ólicas ela i as á es e amo. Po el a ículo 41 se econoce que la Iglesia iene el de echo de adqui i po cualquie í ulo legí imo; decla- ándose al p opio iempo, que su p opiedad en odo lo que á la sazon poseia ó adqui ie a en adelan e se ia solemne- men é espe ada. Una ez hecha semejan e decla acion, el San o Pad e, á ins ancia de S. M., decla ó á su ez en el a ículo 42, «que los que du an e las pasadas ci cuns ancias hubiesen comp ado en los dominios de España bienes eclesiás icos, al eno de las disposiciones ci iles á la sazon igen es, y es én en posesion de ellos, y los que hayan sucedido ó su- cedan en sus de echos á dichos comp ado es, no se án moles ados en ningun iempo ni mane a po Su San idad, ni po los Sumos Pon í ices sus suceso es; an es bien, dis- u a án segu a y pací icamen e la p opiedad de dichos bienes y sus emolumen os y p oduc os». En el a ículo 44 se decla a queda sal as é ilesas las eales p e oga i as de la Co ona de España, en con o - midad á los con enios an e io men e celeb ados en e am- bas po es ades. Finalmen e, po el a ículo 45 se acue da, que el Con- co da o egi á pa a siemp e en lo sucesi o como ley del Es ado en los dominios de España. Pos e io men e se han dic ado o as a ias disposicio- nes, muchas de las cuales ienen el e dade o ca ác e de — 389 — leyes ci iles; pe o como quie a que algunas de ellas se han publicado de acue do con la San a Sede, y o as ienen asimismo el ca ác e de con enios, de aquí, que nos ha- gamos ca go de las más p incipales. Es la p ime a el con- enio adicional á dicho conco da o, a i icado en Roma el 25 de No iemb e de 1858, y publicado co no ley en Espa- paña el 4 de Ab il de 1860. Es o a la ley con enio, sob e capellanías cola i as y o as undaciones piadosas de 24 de Junio de 1867. Tambien es digno de especial mencion, el Real Dec e- o de 27 de Junio de dicho año de 1.867 dic ado de acue do con el Nuncio Apos ólico, po el que se esuel en algu- nas dudas ocu idas, pa a la aplicacion de a ias dispo- siciones del úl imo conco da o, sob e p o ision de piezas eclesiás icas. FIN. ADVERTENCIA DEL AUTO% En p ensa es e lib o, ocu ió el dia 9 de Feb e o, la i epa able pé dida del ilus e ca ed á ico, del sábio y ca iñoso maes o, á quien ha sido dedicado, D . D. Ramon de Beas y Du a i. La angus ia emba ga mi ánimo po la mue e de an digno sace do e de la ciencia; y cómo no, si e a su discí- pulo p edilec o. Ya no lee ás, ene able anciano, es e ensayo li e a- io de quien ué u auxilia en la enseñanza; ya no espe- imen a ás e dade o gozo al e esc i o u nomb e en la p ime a página de mi humilde abajo; pe o ¡Ah! que di- go, el dolo as o na mi in eligencia: aho a mejo que nunca, u, que dis u a ás de las delicias celes iales pue- des lee en el ondo de mi espí i u, ilus a mi en endi- mien o, a i ma mis con icciones y di igi mi azon pa a que sea digno discípulo de an insigne maes o. Acoge pues con singula amo , desde el ono del E e - no, es e pob e p oduc o de la in eligencia mia, que al o ece lo á u memo ia, no solo hago público los sen i- mien os de mi alma ag adecida, sino que ambien indo el debido ibu o al alen o y á la i ud. eXaw oWcia c../A aía-h APÉNDICE, •-•G'">G545,C,-4••••••.-- - NÚMERO 1.0 Sé ie c onológica de los Romanos Pon í ices segun la Cla- e his o ial del .P. Flo e, (1). S. Pe us ccepi An . 43 S. Fabianus  A n.  236 S. Linus 67 S. Co nelius  251 S. Cle us 78 No a ianus A n ipapa. S. Clemens I 91 S. Lucias 1  253 S. Anacle us 101 S. S ephanus I  253 S. E a is us 110 S. Six us II  257 S. Mexande I 119 S. Dionysius  258 S. Six us I 130 S. Felix I  270 S. Telespho us 140 S. Eu hychianus  275 S. Hyginus 152 S. Cajus  283 S. Pius I 156 S. Ma cellinus  296 S. Anice us 167 S. Ma cellus I  304 S. So e . 173 S, Eusebius  309 S. Eleu he us 177 S. Melchiades  311 S. Víc o I 192 S. Syl es e I  314 S. Zephe inus 201 S. Ma cus  336 S. Calix us I 219 S. Julius I  336 S. U banus 224 S. Libe ius  352 S. Pon ianus 231 S. Félix II  354 S. An e us 235 S. Damasus I  367 (1) Tomada de Sel agio, Ins i uciones Canónicas. — 400 — An. 393 A 92. 357 Hipponense *A.ncy a num 358 I  Cons an inopoli anum 394 *A inline lSO II  359 Ad umen inum  394 *A iminense Seleuciense  359 Bagajense  394 'Cons an inopoli anum 359 Tau inense  397 *An iochenum  360 Qua uo Ca ag. 397 398 Alexa.nd inum IV  362 Alexand inum  398 Pa isiense  363 Cons an inopoli anum 400 Alexand inum V  363 Tole anum I  400 An iochenum II  363 A icanum  401 Lampsacenum  364 A icanum  401 SiciliLe, Illi iae e Tyan-  Mile i anum  402  nense p o Nic na ide 364 Ad Que cu n  403 Tyannense II  365 A icanum I  403 Mediolanense III  365 A icanum II  404 Singedunense  366 A icanum III  405 Conciliabulum  366 A icanum IV  407 Romanum I  368 T ia A icana  408 Romanum II  369 A icanum VIII  410 Lampsacenum II  369 P olemaide  411 Romanum III  373 Colla io Ca haginen- Valen inum  374  sis  411 An iochenum III  378 C ense  412 Cwsa augus anum  380 Ca haginense III  412 Aquilejense  381 A icanum  414 Romanum IV  382 Maeedonicum  414 Cons an inopoli anum 382 Diospoli anum  415 Sido°  383 Ca haginense IV  416 13u digalen se  385 Mile i anum II  416 Romanum  386 A icanum  418 T e i ense  386 Telep ense  418 Capuense  389 Ca haginense V  418 Nemausense  389 Ca haginense VI  419 Ca haginense II  390 Ca hag. si e A ican. 424 Mediolanense IV  390 O ien ale  427 Ancy anum II  391 Romanum  430 Cons an inopoli anum 518 Hie osolymi anum  518 Ty i III  518 Ro nanum  518 B i annicum II  519 Cons an inopoli anum 520 A ela ense IV 524 Tole anum II 527 Ca pen o ac ense 527 A ausicanum II 529 Vasense II e III 529 Romanum I 530 Romanum II 530 Romanum III 532 401. — Alexand inum VI 430 *Ephesinum 431 An iochenu n VI 432 Romanum 433 A meni8e 435 Cons an inopoli anum 439 Reinse, seu Rhegiense 439 A ausicanum 441 Vasense 442 Romanum 1 444 Romanum II 445 Ince i loci in Gallia 446. Hispanicum, si e Tole . 447 Cons an inopoli anum V 448 Ty i e Be y i 448 Cons an inopoli . II 449 *Ephesinum 449 Romanum III 449 Cons an inopoli anum 450 In Hibe nia 450 Mediolanense V 4M In Gallia, o e A ela e 451 Alexand inum VII 452 Andega ense 453 Hie osolymi anum 454 A ela ense II 455 Cons an inopoli anum 459 Tu onicu n 461 Vene icum 465 Camb icu n 465 Viennense 474 A ela ense III , e Lug- dunense  475 Romanum I  483 Cons an inopoli anum 483 Romanum II  484 Romanum III 487 Romanum I 494 Romanum II 49,--) Romanum I 499 Romanum II 500 Romanum III 501_ Romanum IV 502 Romanum V 503 Romanum VI 504 Byzacenum 504 Aga hense 506 .Au elianense 511 *Sidonia Eu ychianó- um , e Acephalo- um 512 B i annicum 512 Remense 514 Epi i 516 Ta aconense 516 Ge undense 517 Epaonense 51.7 Lugdunense II 517 )1 — 402 — A icanum 534 Cons an inopoli anum 589 A e nense 535 Tole anum III 589 Cons an inopoli a num. 536 Na bonense 589 Hie osolymi anum. 536 Hispalense I 589 Au elianense 536 Romanum I 590 Au elianense III 538 Pic a iense 592 Ba cinonense 540 Me ense 592 Byzacenum 541. Nemp odo ense 592 Au elianense IV 545 Cwsa augus anum II 592 Ile dense 546 Romanum II 595 Valen inum Hisp. 546 Tole anum 597 Cons an inopoli anum 547 Oscense 598 Mopsues iae 550 Ba cinonense 599 Au elianense V 552 Romanum III 601 A e nense II 552 Romanum IV 601 Hie osolymi anum 553 Wigo niense 601 *Aquilejense 553 Byzacenum II 602 A ela ense V 554 Cabilonense II 603 Pa isiense II 555 Nu nidiae 604 Pa isiense III 557 Can ua iense 605 Landa ense I, II e III 560 Romanum 606 B aca ense 563 Romanum 610 San onense 566 Tole anum 610 Tu onense II 567 Ega ense II 614 Lucense 569 Pa isiense V 615 Lugdunense III 570 Can ianum 617 B aca ense II 572 Hispalense II 619 Pa isiense III 576 Ma isconense II 624 Pa isiense IV 580 Remense II 630 Ma isconense 581. Alexand inum 633 Cabilonense 582 Tole anum IV 633 San onense II 582 Tole anum V 636 B ennancense 583 Tole anum VI 638 An isiodo ense 586 Cons an inopoli anum 639 Lugdunense IV 587 Romanum 640 Valen inum 589. Au elianense VI 645 — 403 — Numidiz II Byzacenum III Ca haginense VII Tole anu n VII Romanu n Cabilonense III Tole anu n VIII Tole anum IX Tole anum X Nanne ense , Clipiacense Eme i ense Romanum Anglicanum Augus odunenso He d o diense Tole anum XI B aca ense III Anglicanum II Mediolanense Romanum Romano-B i anicum Tole anum XII Ro homagense_ Tole anum XIII Tole anum XIV Gallia um Tole anum XV Cmsa augus anum Cons an inopoli anum Tole anu n XVI Tole anum XVII Becans eldense El ajec ense Be ghans edense Aquilejense II 'Tole anum XVIII 646 646 646 646 648 650 653 655 653 658 659 666 667 672 672 673 675 675 679 679 680 680 681 682 683 684 684 688 691 692 693 694 694 697 697 698 701 Romanum  705 Niddense  705 Alnense  709 Cons an inopoli anum 712 Romanum I  721 Romanum II  724 Romanum III  726 Romanum I  731 Romanum II  732 Clo esbonense  742 Ra isbonense  742 Lip inense el Les i ien se  743 Romanum I  743 Suessionense  744 Ge maniw  745 Romanum II  745 Clo esbonense II  747 Ve me iense  752 Me ense II  753 *Cons an inopoli anum 754 755 Ve nense 757 Compendiense 759 Ge manice II 761 Romanum 763 Gen iliacense 769 Romanum 772 Wo ma iense 772 Dingol ingense 773 Genuense 775 Du iense 776 Wo ma iense II 777 Pade bo nense 780 Lippiense 786 Pade bo nense 787 Calchu ense 788 Ingilenheimense — 404 — Na bonense II 788 Aquisg anense VI 836 Ac lee ase 788 Lugdunense 836 Fo ojuliense 791 Ca alaunense 839 Ba isbonense II 792 Apud Aquas Sex ias 842 F anco o diense 794 Cons an inopoli anum 842 Finchalense 798 Bello acense 845 Bacanceldense 798 Meldense 845 Romanum I 799 Pa isiense VII 846 .Aquisg ancnse 799 Mogun inum II 847 Clo esbonense III 800 Pa isiense VIII 847 Romanum II 800 Mogun inum III 848 Al ianense 802 Tu onense IV 849 Aquisg anense II 802 Ticinense 849 Clo esbonense IV 803 *Co dubense 852 *Cons an inopoli . III 806 Suessionense II 853 Apud Theodonis Villam 806 Romanum 853 Aquísg anense III 809 Cons an inopoli anum 854 A ela ense VI 813 Valen inum 855 Tu onense III 813 Ticinense II 855 Cabilonense IV 813 C essiacum 856 Mogun inum 813 Mogun inum IV 857 Remense III 813 *Cons an inopoli anum 858 *Cons an inopoli anum 814 Tullense II 859 Apud Theodonis Villam 814 Cons an inopoli anum 859 No iomense 814 Ad Con luen em 860 Aquisg anense IV 816 Romanum I 861 Celichy ense 816 *Ad Aquas Sex ias 862 A quisg anense V 817 Sapona ia& 862 Ilgelmense 8.17 Me ense IV 863 A iniacense 821 Romanum II 863 Pa isiense 824 Romanum III 863 Romanum 826 Syl anec ense 863 Pa isiense VI 829 Romanum IV 863 *Compendiense 833 Pis inum 863 Me ense III 835 Romanum V 864 Apud Theodonis Villam 835 Romanum VI 865 — 405 --- Suessionense III 866 Vi odu iense 947 T ecense 867 As o g ae 947 Romanum 868 Helenense 947 Wo ma iense III 868 Musoniense 948 'Me ense 869 Ingelmense 948 *Ve me iag 870 T e i ense 948 *A iniacense 870 Romanum 949 Coloniense 870 .A.usbu gense 952 Duziacense 871 • Meldense II 962 O e ense 873 *Romanum 963 Ticinense III 876 Cons an inopoli anum 963 Pon iconense II 876 Romanum 964 Neus i2e 877 *Romanum 965 T ecense II 878 Ra enna ense II 967 Romanum I 879 Anglicanum III 969 Romanum II 879 Romanum 971 Romanum III 881 Ingeimense II 972 Coloniense II 887 Mu inense 973 Mogun inum, e Me- Cons an inopoli anum 975 ense 888 Winches ense 975 Remense 893 Ri ipullense 977 T ibu iense 895 Romanum 983 *Romanum 897 Lancla iense 988 Compos ellanum 901 Romanum 1 989 Romanum 901 Remense V 989 Ra enna ense 904 S l anec ense II 990 Ba cinonense 906 Remense VI 991 Suessionense IV 909 U gellense 991 Ad Con luen e n 912 Romanum II 993 T oslejanum 924 Musoniense II 995 Duisbe gense 927 Remense VII 995 E o diense 932 Romanum III 996 Remense IV 935 Ra enna ense III 997 Na bonense III 940 Ticinense IV 997 Suessionense V 941 Sandionysiacum 997 Cons an inopoli anum 944 Romunum 998 406 — Do mondi F anco o diense II Ba cinonense Bambe gense Legionense Au elianense VII Selgens adense Ley ense Ro ense Aquisg anense VII Pampilonense Helenense, Ausonense Lemo icense Ri ipullense T ibu iense II Ge undense Flu ianense A ulense Su iense Romanum I Remense VIII Mogun inum VI Romanum II Ve cellense Cojacense Romanum Romanum Flo en inum Lugdunense VI Tu onense V Tolosanum Compos ellanum Ba cinonense Helenense Su inum II 1005 1006 1009 1011 1012 1017 1022 1022 1.022 1022 1023 1027 1027 1.029 1032 1.035 1038 1045 1046 1046 1.049 1049 1049 1050 1050 1050 • 1051 1053 1055 1055 1055 1056 1.056 1058 1058 1059 Romanum  .1.059 Pa isiense VIII  1059 Faccense  1060 Basileense  1060 Osbo i anum  1062 Pinna ense  1062 Romanum I  1063 Jaccense  1063 Man uense  1064 Ba cinonense  1064 Romanum II e III 1065 Ley ense  1.068 Ge undense  1068 Ausonense  1068 Winces iense  1.068 Mogun inum VII  1069 Mogun inum VIII  1.070 Anglicanum IV  1072 E o diense II  1073. Romanum I  1074 Apud S. Genesium p o-. pe Lucam  1074 Anglicanum V  1074 Mogun inum IX  1075 Anglicanum VI  1075 Romanum II  1075 Wo ma iense IV  1076 Romanum III  1076 *Ticinense  1077 Romanum IV  1078 Romanum V  1078 Romanum VI  1079 B i anniEe  1079 Romanum VII  1080 #B essiw  1080 Lugdunense VII  1080 407 — — A enionense 1080 Quin ilembu gense II 1105 *Meldense 1080 Mogun inum X 1105 Bu gense 1080 Guas allinu n 1106 Romanum VIII 1.081 Hie osolymi anum 1107 Romanum IX 1083 T ecense 1107 Romanum X 1083 Londinense III 1107 Quin ilembu gense 1085 Bene en anum II 1108 *Mogun inum 1085 Remense IX 1109 Balneolense 1086 Hie osolymi anum 1111 Capuense II 1087 Ca ionense 1111 Bene en anum I 1087 La e anense II 1112 Romanum 1089 Viennense II 1113 T icasinum 1089 Bene en anum III 111.4 Mei i anum 1089 Legionense 1114 Salman icense 1090 Palen inum 1114 Tolosanum II 1090 O e ense 1115 Legionense 1091 Bello acense II 1115 Placen inum 1095 Sy iae 1116 C1a amon anum 1095 Coloniense III 1116 *Anglicanum 1095 La e anense III 1116 *Tu onense 1096 Romanum 11_1.8 Ba iense 1097 Capuense III 1118 Ge undense 1097 Coloniense IV 1119 Romanum I 1099 F isla iense 1119 Hie osolymi anum 1099 Remense X 1119 Gissonense 1099 Viennense III 1119 Apud Villam Be an- Sama i anum 1120 dum 1100 Romanum I 1122 Pic a iense II 1100 Romanum II 1123 La e anense, au Tolosanum III 1.124 Romanum II 1102 Londinense IV 1.124 Londinense I 1102 T ecense V 1127 Londinense II 1102 Londinense V 1127 T ecense III 1104 Ra enna ense IV 1128 Fusselense 1104 Palen inum 1129 Flo en inum II 1105 Cla amon anu n II 1130 408 — Foa ense Remense XI Leodinense Mogun inum XI Placen inum II Pisan= Legionense Bu gense Vallis-ole anum No hamp oni Londinense VI Winces iense II Senonense Winces iense III An iochenum llie osolymi anum Londinense VII Ge undense Ta aconense Ve zeliaci Pa isiense X Remense XII Palen inum T e e iense II Beaugen iacum Salman icense Vallis-ole anum A ulense 11:30 Ab incenso  1172 1131 Londinense IX  1175 1131 Lambesi anum II  1176 1131 Tene icum II  1177 1132 Ta aconense  1180 1134 Pa isiense XI  1.186 1.135 Anglicanum VII  1188 1.136 Pa isiense XII  1188 1137 Ebo acense  11.95 1138 Dalma iw  1199 1.138 Di ionense  1199 1139 Londinense X  1202 1140 Sco le  1203 11,42 Romanum  1.210 1142 La au ense  1213 1142 Mu e i in Occi ania 1.213 1143 Londinense XI  1214 1143 Mon ispessuloni  1215 1146 Oxoniense  1222 1146 Ge manice, el Alema- 1147  nicum  1225 1148 Wes mins e iense  1226 1.148 Na bonense IV  1227 11.48 Ile dense  1229 1151 Tu iasonense  1229 1154 Ta aconense  1229 1155 S. Quin ini  1230 1157 Laudunense  1231 No iodunense  1231 Cas elli Gon e ii  1231 Romanum  1234 Na bonense V  1235 Londinense XII  1237 Coniacense  1238 Ta aconense  1239 Ta aconense  1240 Ta aconense  1.242 Salman icense ince o anno. * Ticinense  1160 4 Lodianum  1161 Londinense VIII  1.162 Tu onen se VI  1163 * Cla iense  1.164 * No hamp oni  1164 La e anense  , 1168 Casseiiense  1.171 409 Ta aconense 1244 Vallis-ole anum 1322 Ta aconense 1246 Tole anum 1323 Ile dense 1246 Tole anuilí 1324 Ta aconense 1247 Complu ense 1325 Ta aconense 1248 Complu ense 1326 Ta aconense 1253 Tole anum 1326 Ile dense 1257 A enionense III 1326 Ta aconense 1279 A enionense IV 1327 Salisbu iense 1281_ Ta aconense 1.331 Ra enna ense V 1286 Complu ense 1333 Wi zbu gense 1287 Salman icense 1335 Mediolanense VII 1287 Tole anum 1339 Salisbu iense II 1291 Ba cinonense 1339 Londinense XIII 1291 Cons an inopoli anum 1341 Mediolanense VIII 1292 Anglicanum VIII 1341 Aschasembu gense 1292 Londinense XV 1342 Lugdunense VIII 1297 No iodunense II 1344 Londinense XIV 1297 Pa isiense XIII 1.347 Bajocense 1300 Complu ense 1347 Romanu n 1302 Tole anum 1347 Penna- idelense 1302 Bi e ense 1351 Salisbu iense III e IV 1310 Hispalense 1352 Coloniense V 1310 Tole anum 1355 Ra enna ense V 1310 Lambe anum 1362 Mogun inum XII 1310 Andega ense II 1365 Salma icense 1310 La au ense II 1368 Ra enna ense VI 1311 Complu ense 1379 Ta aconense 13,12. Tole anum 1379 Salman icense 1312 Salman icense 1381 Ra enna ense VII 1314 Londinense XVI 1382 Salmu iense 1315 Salisbu iense III 1388 Nogiense 1315 Pal en inu m 1388 Syl anec ense III 1317 Londinense XVII 1398 Ra enna ense VIII 1317 Londinense XVIII 1398 Cagsa augus anum 1318 Can ua iense II 1409 Ta aconense 1318 F iulinum 1409 9 [Document text truncated for crawler view.]