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Álvaro Sánchez Bravo Manuel Palma Ramírez (Directores) IV Jornadas sobre Derechos Humanos y Doctrina Social de la Iglesia IUBILAEUM SPEI
IUBILAEUM SPEI VV. AA. Editado por: Editorial Alma Mater Paseo de las Delicias, 30, 2º. Madrid (España) [email protected] www.editorialalmamater.com Impreso en España ISBN: Maquetación, diseño y producción: Editorial Alma Mater © 2025 Editorial Alma Mater Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización por escrito de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de esta edición mediante alquiler o préstamos públicos.
ÍNDICE PRESENTACIÓN DE LA JORNADA .......................................................... 7 Manuel Palma Ramírez LA VIRTUD DE LA ESPERANZA EN LAS BULAS DE CONVOCATORIA DE LOS JUBILEOS DE 1975, 2000 Y 2025 ................................................................................ 9 Manuel Palma Ramírez SPES NON CONFUNDIT: VIVIR EL JUBILEO 2025 COMO UN TIEMPO DE ESPERANZA, RECONCILIACIÓN Y RENOVACIÓN ESPIRITUAL ................... 21 Álvaro Sánchez Bravo LOS AÑOS JUBILARES CONVOCADOS POR EL PAPA FRANCISCO. TRASFONDOS, CONSTANTES Y PARTICULARIDADES EN LA TRADICIÓN JUBILAR ........... 59 Álvaro Román Villalón ORIGEN DE LA INSTITUCIÓN DEL AÑO JUBILAR EN LA IGLESIA CATÓLICA. LOS AÑOS JUBILARES HEBREOS Y SU CONTEXTO SOCIO-RELIGIOSO .................. 89 Carlos López Bravo ÉTICA Y JUBILEO: HACIA UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA Y COMPASIVA ...............................................................103 Augustin Kalamba Mupoyi ÉTICA, JUBILEO Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA ........... 119 Jesús Ignacio Delgado Rojas VALOR COMUNIONAL DEL JUBILEO ............................................... 127 Miguel Ángel Núñez Aguilera
NO SOLO EL JUBILEO, EL SÁBADO Y LA DEUDA SON PARA (Y ESTÁN EN FUNCIÓN) DEL SER HUMANO, TAMBIÉN EL TRABAJO ........................................................................ 145 David Sánchez Rubio EPÍLOGO ........................................................................................................... 167 Iván Parrilla Rojas
IUBILAEUM SPEI.
7 PRESENTACIÓN DE LA JORNADA Estimadas autoridades académicas, colegas, estudiantes y amigos: La apertura de esta IV Jornada conjunta entre la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla y la Facultad de Teología san Isidoro de Sevilla, en torno a “Derechos humanos y Doctrina Social de la Iglesia” es la expresión de un diálogo necesario y enriquecedor entre dos disciplinas que, aunque aparentemente distintas, comparten un profundo compromiso con la búsqueda de la verdad, la justicia y el bien común. Ante el reto de la interdisciplinaridad, del que el mismo papa Francisco se hizo eco en 2017 en la Constitución apostólica Veritatis gaudium (proemio, n. 4), presenta a la teología, reflexión crítica y sistemática sobre la fe, relacionada íntimamente con el derecho, como fundamento del marco normativo que regula la convivencia humana. Teología y derecho tienen mucho que aportarse mutuamente, ya que ambas disciplinas se interrogan en profundidad sobre el sentido de la justicia, la dignidad humana, el bienestar social y el respeto por los derechos fundamentales de las personas. Así, la Doctrina Social de la Iglesia, que surge del encuentro entre la fe y la razón, ofrece una valiosa aportación para la reflexión jurídica, invitándonos a considerar su dimensión ética y su impacto en la vida de las personas, especialmente de los más vulnerables. El reconocimiento de las profundas desigualdades y de los conflictos, que, junto a tantos retos, marcan el devenir del momento actual, del que se hace eco la Doctrina Social de la Iglesia, exige más que nunca el diálogo interdisciplinar entre teología y derecho. Necesitamos, de hecho, trazar puentes entre la fe y la razón, entre la justicia legal y la justicia social, entre el derecho positivo y los principios éticos que sostienen la convivencia humana. Esta jornada es, en su cuarta edición, una nueva oportunidad para avanzar en esa dirección, para escucharnos, aprender mutuamente y encontrar caminos de colaboración que nos permitan contribuir al bienestar de nuestra sociedad. De un modo particular, alcanza relevancia el
8 tema que trataremos esta mañana: el jubileo, como institución bíblica pero también histórica, jurídica y social. Quiero agradecer especialmente al señor decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, al señor coordinador de las Jornadas, a los ponentes, que compartirán sus conocimientos y reflexiones, y a todos los presentes por su interés y compromiso. Que estas jornadas, que ya en su cuarta edición podemos decir “veteranas”, sean nuevamente un espacio de diálogo fecundo, de encuentro y de construcción conjunta de un marco de reflexión para un futuro mejor, como, esperanzado, lo entrevió la institución del jubileo a lo largo de la historia. Que esta jornada sea fructífera para todos. Manuel Palma Ramírez Presidente-decano de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla
15 reconocer la acción de Dios en la historia. A la luz del documento papal, se podrían poner de relieve cuatro características de la esperanza cristiana: por un lado, de un modo determinante, su carácter cristocéntrico: el Señor es el fundamento de la esperanza; en segundo lugar, la esperanza queda vinculada al perdón y a la misericordia divina; en tercer lugar, el papa pone de relieve el carácter social de la esperanza y su matriz transformadora del mundo; y, por último, en cuarto lugar, la esperanza del jubileo se proyecta en el tiempo como un signo de la salvación deseada. De esta manera, el primero de los aspectos acerca de la esperanza que, de un modo más importante, queda resaltado en la bula es su énfasis cristocéntrico, puesto que Jesucristo es presentado como fuente y fundamento de la esperanza cristiana; así se subraya el misterio de la Encarnación como el evento que da sentido a la historia humana, porque, por medio él, Dios ha entrado definitivamente en el tiempo y en la condición humana. El Jubileo, entendido de esta forma, no tiene el sentido únicamente de un aniversario, sino que implica más bien una oportunidad para redescubrir que Cristo es “el mismo ayer, hoy y siempre” (Hb 13,8). La esperanza cristiana se basa en la certeza de que el Señor, ya que ha vencido el pecado y la muerte, ha ofrecido por ello a la humanidad la posibilidad de una vida nueva. En este contexto, el Papa recuerda que la historia humana no está gobernada por el azar ni por el destino, sino por la providencia amorosa de Dios. Un segundo aspecto clave de la esperanza en Incarnationis Mysterium es la relación con el perdón y la misericordia de Dios. El Papa destaca entonces que uno de los elementos centrales del Jubileo es la “indulgencia”, la cual se presenta como la expresión del amor misericordioso de Dios, que abre las puertas a una vida renovada. La indulgencia jubilar, explica Juan Pablo II, es un signo concreto de la esperanza cristiana, porque permite a los fieles experimentar el poder sanador de la gracia divina. El Papa explica de hecho que “la reconciliación con Dios no excluye la permanencia de algunas consecuencias del pecado, de las cuales es necesaria la purificación. Es precisamente en este ámbito donde adquiere relieve la
16 indulgencia, con la que se expresa el «don total de la misericordia de Dios». Con la indulgencia se condona al pecador arrepentido la pena temporal por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa” (IM, 9). A través de la reconciliación con Dios y con la ayuda de los hermanos, los cristianos pueden mirar el futuro con una confianza renovada, sabiendo que la misericordia de Dios es siempre más grande que el pecado humano. En este sentido, el Papa llama a la Iglesia a ser testimonio vivo de la esperanza ofreciendo a todos la posibilidad de experimentar la misericordia divina, de ahí que exhorte a los creyentes a convertirse en “artesanos del perdón y de la reconciliación”, promoviendo una cultura de paz y de encuentro: “que la alegría del perdón sea más grande y profunda que cualquier resentimiento. Obrando así, la Esposa aparecerá ante los ojos del mundo con el esplendor de la belleza y santidad que provienen de la gracia del Señor” (IM, 11). La bula no habla de la esperanza únicamente en términos personales, sino también en términos sociales y eclesiales. Así, Juan Pablo II insiste, en tercer lugar, en que el Jubileo debe ser una ocasión para renovar el compromiso con la justicia, la verdadera caridad y la transformación del mundo según los principios del Evangelio. El Papa menciona la necesidad de aliviar la pobreza, de promover el respeto a la dignidad humana y de trabajar por la unidad de los cristianos y de toda la humanidad. Juan Pablo II destaca que el Jubileo debe ser un tiempo de esperanza para los pobres y los oprimidos, un momento en el que la Iglesia exprese su cercanía a los que sufren y reafirme su compromiso con la justicia social. El Papa pidió la creación de “una nueva cultura de solidaridad y cooperación internacionales, en la que todos ʊespecialmente los Países ricos y el sector privadoʊ asuman su responsabilidad en un modelo de economía al servicio de cada persona” (IM, 12). Finalmente, en cuarto lugar, el Papa no limita la esperanza cristiana al Jubileo del año dos mil, sino que lo presenta como una puerta abierta al futuro. La celebración jubilar es un momento de gracia, pero su significado va más allá de un momento concreto en la línea
17 del tiempo cronológico: es una invitación a vivir siempre en la esperanza, confiando en la fidelidad de Dios. El papa Juan Pablo II exhorta a la Iglesia a entrar en el nuevo milenio con una renovada confianza en la acción del Espíritu Santo: la esperanza cristiana es la fuerza que impulsa a los creyentes a afrontar los desafíos del futuro con valentía y confianza. En este sentido, Incarnationis Mysterium concluye con una exhortación a todos los fieles a ser testigos de la esperanza en el mundo, anunciando con alegría el mensaje de Cristo y viviendo con coherencia el Evangelio. Esto es posible, de un modo paradójico, si la Iglesia se apoya en la memoria de los mártires: “signo perenne de la verdad del amor cristiano” (IM,13). Así, podrá cumplirse el deseo de Juan Pablo II para el nuevo milenio: “con la mirada puesta en el futuro… que se robustezca, pues, la fe, se acreciente la esperanza y se haga cada vez más activa la caridad, para un renovado compromiso de testimonio cristiano en el mundo del próximo milenio” (IM, 11). LA ESPERANZA EN EL JUBILEO DE 2025. SPES NON CONFUNDIT, DE FRANCISCO El presente Jubileo del año 2025 se inscribe en un contexto global marcado por crisis ecológicas, desigualdades y los efectos persistentes aún de la pandemia. Francisco, en la bula Spes non confundit (tomando la expresión de Rom 5,5: “la esperanza no defrauda”), destaca la esperanza como un antídoto contra el miedo y la desesperanza contemporánea: “encontramos con frecuencia personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad. Que el Jubileo sea, para todos, una ocasión de reavivar la esperanza” (SNC, 1). La visión teológica de Francisco del jubileo se enraíza en la tradición de la “teología del pueblo” y en la espiritualidad de la misericordia, para las que la esperanza no es únicamente una expectativa futura, sino una fuerza que anima a la Iglesia al compromiso concreto, con los pobres, con la creación y con la paz de la humanidad. En Spes non confundit, Francisco pone de relieve que la esperanza cristiana no es una ideología ni una promesa vacía, sino la certeza de que Dios actúa en la historia a través de su amor, en la Iglesia, llamada a ser,
18 por ello, un “hospital de campaña” que irradie esperanza a los heridos por la injusticia y la indiferencia. “La esperanza efectivamente nace del amor y se funda en el amor que brota del Corazón de Jesús traspasado en la cruz” (SNC, 3) En la bula, Francisco, en primer lugar, exhorta a los fieles a traducir esta virtud en acciones tangibles, a ser “signos tangibles de esperanza” para aquellos que viven en condiciones de penuria. Esto implica un compromiso activo con los más vulnerables: los niños (SNC, 9), los presos (SNC, 10), los enfermos (SNC, 11), los jóvenes desilusionados (SNC, 12), los migrantes (SCN, 13) y los ancianos que sufren soledad y abandono (SNC, 14). A cada uno de estos ámbitos de pobreza dedica Francisco un apartado de su bula, considerando su mirada y su atención como “signos de esperanza”. El Pontífice pone de relieve que las obras de misericordia son, en esencia, obras de esperanza, y que cada gesto de caridad contribuye a la construcción de un mundo más fraterno, justo y compasivo, que, con frecuencia, ha olvidado y relegado a un apéndice la realidad multiforme de la pobreza: “hoy (los pobres) están presentes en los debates políticos y económicos internacionales, pero habitualmente parece que sus problemas se plantean como un apéndice, como una cuestión que se añade casi por obligación o de manera periférica, si es que no se los considera un mero daño colateral. De hecho, a la hora de la actuación concreta, quedan frecuentemente en el último lugar” (SNC, 15). En este sentido, propone acciones concretas: la justa distribución de los bienes de la tierra (SNC, 16) y la condonación de la deuda (SNC, 17). En segundo lugar, el inicio del Año Jubilar estuvo marcado por la apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro el 24 de diciembre de 2024. Este gesto simbólico representa la apertura de un camino de gracia y reconciliación para todos los fieles. Además, en un acto sin precedentes, el Papa Francisco abrió una Puerta Santa en la prisión de Rebibbia en Roma, llevando un mensaje de esperanza y redención a los reclusos, dejando ver así la universalidad de la misericordia divina y la intención de la Iglesia de estar presente en las periferias existenciales. Durante el Año Jubilar, una vez más, los fieles tienen la oportunidad de obtener la indulgencia
19 plenaria, que implica la remisión completa de la pena temporal por los pecados confesados. Esta práctica, profundamente arraigada en la tradición de la Iglesia, es una invitación a la conversión personal y a experimentar la misericordia de Dios de manera plena. Incluso aquellos que no pueden peregrinar físicamente, como los enfermos y ancianos, pueden obtener la indulgencia participando espiritualmente con verdadero arrepentimiento (cf. SNC, 23). La esperanza, según el Papa Francisco, está intrínsecamente ligada al perdón y la reconciliación. En la bula, anima a los fieles a acudir al Sacramento de la Reconciliación y a experimentar la misericordia de Dios. El Pontífice destaca que el perdón tiene la capacidad para obrar la transformación del futuro, liberando a las personas del rencor y la venganza. Esta perspectiva invita a los creyentes a abrazar la esperanza como una fuerza renovadora que impulsa hacia una vida más plena y reconciliada: “el futuro iluminado por el perdón hace posible que el pasado se lea con otros ojos, más serenos, aunque estén aún surcados por las lágrimas” (SNC, 23). En tercer lugar, El papa Francisco se ha referido al Jubileo como tiempo de gracia para alzar la voz en favor de la paz y la justicia en el mundo. Esta perspectiva resalta la dimensión global de la esperanza cristiana, que no se limita a la esfera individual, sino que se extiende a la construcción de un orden mundial humano y fraterno. Atendiendo a todo lo bueno que hay en el mundo (SNC, 7), pide que un signo determinante de la gracia jubilar sea la paz (SNC, 8). “¿Es demasiado soñar que las armas callen y dejen de causar destrucción y muerte? Dejemos que el Jubileo nos recuerde que los que «trabajan por la paz» podrán ser «llamados hijos de Dios» (Mt 5,9). La exigencia de paz nos interpela a todos y urge que se lleven a cabo proyectos concretos” (SNC, 8). CONCLUSIÓN. LA “ESPERANZA” COMO VIRTUD DETERMINANTE DEL JUBILEO Las bulas de convocatoria de los jubileos de los años 1975, 2000 y 2025 reflejan, en definitiva, cómo la Iglesia ha vivido la esperanza en diferentes momentos de la historia. En el escrito del papa Pablo VI, la esperanza se sitúa en relación con el impulso de la renovación
20 eclesial y el compromiso social, tan presentes en el Concilio Vaticano II; en la bula de Juan Pablo II, la consideración de la esperanza, en el contexto del paso al nuevo milenio, se centraba en la plenitud escatológica en Cristo; y en el reciente texto del papa Francisco, se expresa en la solidaridad y la misericordia, acogiendo cada uno de los medios que la tradición eclesial ha dispuesto para la celebración jubilar. En todas estas bulas de convocatoria jubilar, la esperanza cristiana no aparece como un simple deseo, sino como la virtud teologal que orienta la historia hacia la comunión con Dios. En palabras de Benedicto XVI en Spe Salvi: “quien tiene esperanza vive de otra manera”. Para los cristianos (y para las personas de buena voluntad), este Jubileo de 2025 es una oportunidad importante para redescubrir la esperanza como don y misión, y para alcanzar la renovación de la propia confianza en el amor de Dios, que nunca defrauda. Así, escribe el papa Francisco: “la imagen del ancla es sugestiva para comprender la estabilidad y la seguridad que poseemos si nos encomendamos al Señor Jesús, aun en medio de las aguas agitadas de la vida. Las tempestades nunca podrán prevalecer, porque estamos anclados en la esperanza de la gracia, que nos hace capaces de vivir en Cristo superando el pecado, el miedo y la muerte. Esta esperanza, mucho más grande que las satisfacciones de cada día y que las mejoras de las condiciones de vida, nos transporta más allá de las pruebas y nos exhorta a caminar sin perder de vista la grandeza de la meta a la que hemos sido llamados, el cielo” (SNC, 25).
21 SPES NON CONFUNDIT: VIVIR EL JUBILEO 2025 COMO UN TIEMPO DE ESPERANZA, RECONCILIACIÓN Y RENOVACIÓN ESPIRITUAL Álvaro Sánchez Bravo Universidad de Sevilla INTRODUCCIÓN La Bula Spes Non Confundit, promulgada por el Papa Francisco el 9 de mayo de 2024 con motivo de la preparación del Jubileo Ordinario de 20251, cuyo título resuena con la promesa bíblica "la esperanza no defrauda" (Rm 5,5) 2se presenta como un documento magisterial de significativa actualidad, insertándose en un momento histórico marcado por desafíos globales y la necesidad de revitalizar la virtud teologal de la esperanza en el corazón de la Iglesia y de la humanidad3. La pertinencia de un estudio dedicado a esta Bula radica en su potencial para iluminar el camino hacia el Jubileo 2025, ofreciendo reflexiones teológicas y orientaciones pastorales renovadas en torno a la esperanza cristiana. La Bula emerge directamente en el contexto de la convocatoria del Jubileo Ordinario de 2025. Como el Papa Francisco declara en la introducción de la Bula, "El Jubileo siempre ha sido un evento de 1Francisco, Papa, Spes Non Confundit. Bula de Convocatoria del Jubileo Ordinario del Jubileo 2025, 9 de mayo de 2024. https://www.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/20240509_spes-non-confundit_bolla-giubileo2025.html 2 Brown, R. E., El Evangelio y las Cartas de Juan, Desclée de Brouwer, 2010 3 Cfr. Francisco, Papa. Exhortación apostólica Evangelii Gaudium del Santo Padre Francisco a los obispos a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas y a los fieles laicos sobre el anuncio del evangelio en el mundo actual, 24 de noviembre de 2013. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html
22 gran esperanza para todo el Pueblo de Dios". La Bula se sitúa, por lo tanto, en la tradición bimilenaria de los jubileos 4, buscando actualizar su significado espiritual y pastoral para el siglo XXI. Este contexto jubilar proporciona el marco hermenéutico fundamental para comprender la intención y el mensaje de Spes Non Confundit, entendiéndola como un instrumento de preparación espiritual y pastoral para este "evento de gracia" que es el Jubileo 2025. La Bula invita a los fieles a redescubrir la esperanza cristiana en el contexto de este tiempo jubilar, un tiempo propicio para la conversión, la reconciliación y la renovación de la vida cristiana. El mensaje del Papa Francisco y el tema de la esperanza. Spes Non Confundit se inscribe en la línea del magisterio del Papa Francisco, caracterizado por un énfasis constante en la misericordia5 , la 4 Entre los antiguos judíos, el jubileo (llamado año del yƃbĤl, “de la cabra” porque la fiesta se anunciaba con el sonido de un cuerno de cabra) era un año declarado santo. Durante este período, la ley mosaica prescribía que la tierra, de la que Dios era el único propietario, debía volver a su antiguo dueño y los esclavos debían recuperar su libertad. Solía suceder cada 50 años. En la era cristiana, tras el primer Jubileo en 1300, los plazos para la celebración del Jubileo fueron fijados por Bonifacio VIII cada 100 años. A raíz de una petición de fieles romanos hecha al Papa Clemente VI (1342), el periodo se redujo a 50 años. En 1389, en recuerdo del número de años de la vida de Cristo, fue Urbano VI quien quiso fijar el ciclo jubilar cada 33 años, y convocó un Jubileo en 1390, que, sin embargo, fue celebrado por Bonifacio IX tras su muerte. No obstante, en 1400, al final del período de cincuenta años previamente fijado, Bonifacio IX confirió el perdón a los peregrinos que habían acudido a Roma. Martín V, celebró un nuevo Jubileo en 1425, haciendo que se abriera por primera vez la puerta santa en San Juan de Letrán. El último en celebrar un Jubileo de 50 años fue el Papa Nicolás V en 1450, ya que Pablo II redu el periodo interjubilar a 25 años, y en 1475 se celebró un nuevo Año Santo por Sixto IV. A partir de entonces, los jubileos ordinarios se celebraron a intervalos regulares. Por desgracia, las guerras napoleónicas impidieron la celebración de los jubileos de 1800 y 1850. Se reanudaron en 1875, tras la anexión de Roma al Reino de Italia, que se celebró sin la solemnidad tradicional. Vid. https://www.iubilaeum2025.va/es/giubileo-2025/giubilei-nella-storia.html 5 Francisco, Papa, Misericordiae Vultus, Bula de Convocatoria del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, de 11 de abril de 2015.
23 cercanía, la alegría del Evangelio y la atención a los desafíos del mundo contemporáneo 6, continuando la preocupación de sus antecesores en la Cátedra de San Pedro. El tema de la esperanza, particularmente relevante en el pontificado de Francisco, se entrelaza con estas prioridades. En un mundo marcado por "sombras densas", "dificultades", "dramas" y "un sentido de precariedad" 7 como describe el Papa en la Bula, Spes Non Confundit se alza como un llamado a reavivar la esperanza cristiana, presentándola no como un mero optimismo voluntarista, sino como una virtud teologal arraigada en la fe y la caridad, que brota del encuentro con el amor de Dios. La Bula, por tanto, se presenta como una expresión concreta del mensaje del Papa Francisco, que busca ofrecer aliento y orientación a la Iglesia y al mundo en un tiempo necesitado de esperanza. JUBILEO, EVENTO DE GRAN ESPERANZA. El Jubileo se constituye, no solo como una celebración histórica, sino fundamentalmente como un tiempo privilegiado de gracia y esperanza para la Iglesia y el mundo. El Papa Francisco concibe el Jubileo 2025 como un "evento de gran esperanza", de lo que derivan importantes implicaciones pastorales que no deben obviarse. https://www.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/papa-francesco_bolla_20150411_misericordiae-vultus.html 6 S. Juan Pablo II, Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, 10 de noviembre de 1994; Benedicto XVI, Carta Encíclica Spe Salvi, 30 de noviembre de 2007; 7 Francisco, Papa., Carta Encíclica Fratelli Tutti, sobre la Fraternidad y la Amistad Social, de 3 de octubre de 2020. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papafrancesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html ; Carta Encíclica Dilexit Nos sobre el Amor humano y divino del Corazón de Jesucristo, de 24 de octubre de 2024. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/20241024-enciclica-dilexit-nos.html
24 EL JUBILEO COMO "EVENTO DE GRAN ESPERANZA" EN LA TRADICIÓN BÍBLICA Y CRISTIANA El Papa Francisco inicia el Capítulo I de Spes Non Confundit subrayando la naturaleza intrínsecamente esperanzadora del Jubileo, enraizada profundamente en la tradición bíblica y cristiana. Desde las primeras líneas, como ya indicamos, establece que “El Jubileo siempre ha sido un evento de gran esperanza para todo el Pueblo de Dios”. Esta afirmación no es meramente declarativa, sino que se fundamenta en una larga historia de significado teológico y espiritual asociado a esta celebración. La Bula se remonta a los orígenes bíblicos del Jubileo en el Antiguo Testamento, específicamente al libro del Levítico (Lv 25)8. El Jubileo, en su concepción original, era un tiempo sagrado marcado por la liberación, la restauración y la reconciliación. Implicaba la liberación de los esclavos, la remisión de las deudas, y el retorno de las tierras a sus familias originarias. Estos elementos centrales del Jubileo veterotestamentario apuntaban a una profunda renovación social y religiosa, restableciendo la justicia, la igualdad y la fraternidad dentro del pueblo de Israel. En este sentido, el Jubileo bíblico era ya un signo potente de esperanza, proclamando la posibilidad de un nuevo comienzo, de una sociedad más justa y reconciliada, bajo la bendición de Dios. La tradición cristiana, heredera de esta rica herencia bíblica, ha reinterpretado y profundizado el significado del Jubileo a la luz del misterio pascual de Cristo. El Papa Francisco recuerda cómo “la celebración del Jubileo ha marcado el ritmo secular de la Iglesia” convirtiéndose en un hito fundamental en la vida del Pueblo de Dios. Este ritmo secular subraya la continuidad de la esperanza a lo largo de la historia de la Iglesia, presentando el Jubileo como un 8 De León Azcárate, J.L., Comentarios a la Nueva Biblia de Jerusalén: Levítico, Desclée de Brouwer, 2006.
31 En primer lugar, la Bula subraya que la esperanza cristiana es “ante todo un don gratuito de Dios”21. Esta afirmación fundamental sitúa la esperanza no en el ámbito de las capacidades humanas o del esfuerzo personal, sino en el ámbito de la gracia divina. La esperanza no es algo que nosotros nos damos a nosotros mismos, sino algo que recibimos de Dios como un regalo inmerecido. Es un don del Espíritu Santo, derramado en nuestros corazones, que nos capacita para orientarnos hacia Dios y confiar en sus promesas. Esta gratuidad esencial de la esperanza la distingue radicalmente de cualquier forma de optimismo humano o voluntarismo auto-afirmativo. En segundo lugar, vincula intrínsecamente la esperanza cristiana con el amor. Afirma el Papa: “La esperanza cristiana… está arraigada en el amor”22 Esta conexión con el amor no es accidental, sino esencial. La esperanza cristiana no es una aspiración vaga o un deseo vacío, sino que tiene su raíz en el amor de Dios que se nos ha revelado y se nos ha dado en Cristo Jesús. Es precisamente porque Dios nos ama incondicionalmente que podemos esperar en Él con certeza. El amor de Dios es la garantía y el fundamento de nuestra esperanza. La Bula, al subrayar esta conexión entre esperanza y amor, nos recuerda que la esperanza cristiana no es una virtud fría o abstracta, sino una virtud cálida y concreta, que nace del encuentro personal con el Amor divino. En tercer lugar, la Bula establece una relación esencial entre la esperanza y la fe. El Papa Francisco afirma que la esperanza “se nutre de nuestra fe”23. La fe es la puerta de acceso a la esperanza cristiana. Es a través de la fe que conocemos a Dios, que aceptamos su Revelación, que acogemos su amor misericordioso y que confiamos en sus promesas. La fe nos abre al horizonte de la esperanza, nos permite vislumbrar el futuro prometido por Dios y nos da la certeza de que este futuro es real y alcanzable. La esperanza, por lo tanto, no es una virtud independiente de la fe, sino que se alimenta y se 21 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 18 22 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 2 23 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 3
32 fortalece constantemente en la fe. Una fe viva y profunda genera una esperanza sólida y vibrante. Finalmente, aunque no se explicita un cuarto fundamento de manera tan destacada como los anteriores, se puede inferir del contexto del Capítulo II que la comunidad cristiana también juega un papel importante en la sustentación de la esperanza. La Bula, al dirigirse “a todo el Pueblo de Dios” 24implica que la esperanza cristiana no es solo una virtud individual, sino también una virtud comunitaria. La comunidad eclesial, a través de la oración, la celebración de los sacramentos, el testimonio de fe y la práctica de la caridad fraterna, se convierte en un lugar privilegiado para cultivar, nutrir y compartir la esperanza cristiana. La esperanza, en este sentido, se vive y se transmite en comunión con los hermanos en la fe, pues “La esperanza es también una tarea que los cristianos tienen el deber de cultivar y poner en valor para el bien de todos sus hermanos y hermanas”25 Muy relevante es la proclamación de la íntima relación entre la esperanza, la fe y la caridad, las tres virtudes teologales que configuran el núcleo de la vida cristiana. El Papa Francisco no presenta estas virtudes como realidades aisladas, sino como dimensiones interconectadas y mutuamente dependientes de una misma realidad fundamental: la vida en Cristo por el Espíritu Santo. Así manifiesta que, “la esperanza, junto con la fe y la caridad forman el tríptico de las “virtudes teologales”, que expresan la esencia de la vida cristiana (cf. 1 Co 13, 13; 1 Ts 1,3)”26 La Bula, al afirmar que la esperanza se nutre de la fe y está arraigada en el amor, subraya esta trinidad teologal que caracteriza la existencia cristiana. La fe nos abre al conocimiento de Dios y a la aceptación de su Revelación, presentándonos el horizonte de la esperanza. La caridad, como amor a Dios y al prójimo, nos impulsa a 24 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 6. 25 Francisco, Papa, La speranza è una luce nella notte. Meditazioni sula Virtú Humile, cit. 26 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 18.
33 vivir según el mandamiento del amor, haciendo operante la esperanza en el presente a través del servicio y la solidaridad. Y la esperanza, a su vez, anima la fe y la caridad, orientándolas hacia el futuro prometido por Dios y sosteniéndolas en medio de las pruebas y dificultades. Esta interconexión entre las virtudes teologales es fundamental para comprender la visión integral de la vida cristiana que propone Spes Non Confundit. No se puede vivir la esperanza auténtica sin la fe que la fundamenta y sin la caridad que la hace operante. Igualmente, una fe que no se abre a la esperanza corre el riesgo de convertirse en una mera adhesión intelectual o en un legalismo árido. Y una caridad que carece de esperanza puede degenerar en un activismo vacío o en un mero filantropismo horizontal. La Bula, al recapitular la esperanza cristiana, nos invita a recapitular también la unidad profunda entre las virtudes teologales, redescubriendo su dinamismo conjunto y su fuerza transformadora para la vida personal, eclesial y social. La esperanza cristiana, en este sentido, se presenta como el alma de la vida teologal, animando y vivificando la fe y la caridad, e impulsándolas a su plena realización en el seguimiento de Cristo y en la misión de la Iglesia. Además de los fundamentos teológicos de la esperanza y su relación con las virtudes teologales, Spes Non Confundit aborda una serie de temas clave que profundizan en la comprensión de esta virtud. Entre estos temas, podemos destacar: a) La esperanza como virtud teologal y humana: La Bula, aunque subraya el carácter teologal de la esperanza como don de Dios, no ignora su dimensión humana. La esperanza cristiana, aunque trasciende las capacidades humanas, se enraíza en las aspiraciones y anhelos más profundos del corazón humano por la felicidad, la plenitud y el sentido de la vida. Spes Non Confundit implica que la esperanza cristiana ilumina, purifica y eleva la esperanza humana, dándole su verdadera orientación y plenitud 27 , b) la esperanza en la vida cotidiana nos 27 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 7
34 manifiesta que la esperanza cristiana no es una virtud reservada para momentos extraordinarios o para la vida contemplativa, sino que debe vivirse y manifestarse en la vida cotidiana, en las alegrías y las tristezas, en los éxitos y los fracasos, en las relaciones personales y en el trabajo diario. La esperanza cristiana da sentido a la existencia cotidiana, transformándola desde dentro y orientándola hacia la plenitud del Reino de Dios28, c) la esperanza implica la necesidad de la paciencia. La esperanza cristiana no es una virtud impaciente o ansiosa, sino que sabe esperar con confianza el cumplimiento de las promesas de Dios, incluso en medio de la demora o la prueba. La paciencia, en este sentido, se convierte en una expresión concreta de la esperanza, una forma de vivir el presente con serenidad y confianza en el futuro de Dios29; y d) la esperanza y la alegría: La certeza de la promesa de Dios y la confianza en su amor misericordioso generan en el creyente una alegría profunda y duradera, que no depende de las circunstancias externas, sino que brota del corazón mismo de la fe. La esperanza cristiana, en este sentido, es fuente de alegría y de paz interior. Así, “todos, en realidad, necesitamos recuperar la alegría de vivir, porque el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26), no puede conformarse con sobrevivir o subsistir mediocremente, amoldándose al momento presente y dejándose satisfacer solamente por realidades materiales. Eso nos encierra en el individualismo y corroe la esperanza, generando una tristeza que se anida en el corazón, volviéndonos desagradables e intolerantes”30. 28 En efecto, el Espíritu Santo, con su presencia perenne en el camino de la Iglesia, es quien irradia en los creyentes la luz de la esperanza. Él la mantiene encendida como una llama que nunca se apaga, para dar apoyo y vigor a nuestra vida. Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 3. 29 Los seres humanos pacientes son tejedores de bien. Desean obstinadamente la paz, y aunque algunos tienen prisa y quisieran todo y todo ya, la paciencia tiene capacidad de espera. Incluso cuando muchos a su alrededor han sucumbido a la desilusión, quien está animado por la esperanza y es paciente es capaz de atravesar las noches más oscuras. Francisco, Papa, Catequesis sobre la esperanza. Audiencia general (8-5-2024). 30 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 9
35 PEREGRINOS DE ESPERANZA, EN CAMINO HACIA LA ESPERANZA La esperanza cristiana manifiesta y desarrolla, igualmente, una dimensión existencial y misionera. El Papa Francisco presenta a los creyentes como “peregrinos de esperanza”, enfatizando la naturaleza itinerante de la vida de fe y la esperanza como fuerza impulsora en este camino31. Esta metáfora, rica en resonancias bíblicas y espirituales, configura la comprensión de la vida cristiana y de la esperanza que la anima. El Papa Francisco no presenta a los creyentes como sujetos estáticos o instalados, sino como viajeros en camino, en búsqueda constante de la plenitud y de la meta última de la esperanza. La imagen del peregrino evoca inmediatamente la tradición bíblica del Éxodo32 y la peregrinación del pueblo de Israel por el desierto hacia la Tierra Prometida. Este éxodo no fue un camino fácil, sino un tiempo de prueba, dificultades y tentaciones. Sin embargo, fue también un tiempo de aprendizaje, purificación y encuentro con Dios. El pueblo de Israel caminó por el desierto sostenido por la promesa de Dios y por la esperanza de alcanzar la Tierra Prometida. Esta experiencia fundacional del pueblo bíblico se convierte Pero, ¿qué es la felicidad? ¿Qué felicidad esperamos y deseamos? No se trata de una alegría pasajera, de una satisfacción efímera que, una vez alcanzada, sigue pidiendo siempre más, en una espiral de avidez donde el espíritu humano nunca está satisfecho, sino que más bien siempre está más vacío. Necesitamos una felicidad que se realice definitivamente en aquello que nos plenifica, es decir, en el amor, para poder exclamar, ya desde ahora: Soy amado, luego existo; y existiré por siempre en el Amor que no defrauda y del que nada ni nadie podrá separarme jamás. Recordemos una vez más las palabras del Apóstol: «Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor (Rm 8,38-39) nº 22 31 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 1 32 García López, F., Éxodo, Desclée de Brouwer, 2013.
36 en un paradigma de la vida cristiana como peregrinación de fe y esperanza. En la tradición cristiana, la imagen del peregrino se ha enriquecido con la experiencia de los peregrinajes a lugares santos, especialmente a Roma, que es precisamente el contexto del Jubileo. La peregrinación física a lugares significativos de la fe se convierte en un signo visible del camino espiritual interior. El peregrino se pone en camino, deja atrás la comodidad y la seguridad del hogar, se enfrenta a la fatiga del viaje, comparte el camino con otros peregrinos, y busca un encuentro renovador con Dios y con la comunidad de fe33. Spes Non Confundit retoma esta rica tradición de la imagen del peregrino para describir la condición del creyente en el tiempo del Jubileo y en la vida cristiana en general. El “peregrino de esperanza” es aquel que reconoce su condición de caminante en este mundo, que no se conforma con la realidad presente, que aspira a algo más grande y pleno, y que pone su confianza en las promesas de Dios. La esperanza, en esta perspectiva, no es un estado estático, sino un dinamismo que impulsa a caminar, a buscar, a avanzar hacia la meta. El peregrino de esperanza no se detiene ante las dificultades, sino que las afronta con valentía y perseverancia, sostenido por la certeza de que, como indicamos al principio, “la esperanza no defrauda” (Rm 5,5). Ligada a la imagen del peregrino, el Capítulo III de Spes Non Confundit subraya la dimensión dinámica y procesual de la esperanza cristiana: “en camino hacia la esperanza”34. La esperanza no es presentada como una posesión estática o un estado definitivo, sino 33 Las iglesias jubilares a lo largo de los itinerarios y en la misma Roma serán oasis de espiritualidad donde los peregrinos podrán revitalizar su camino de fe y beber de los manantiales de la esperanza, especialmente acercándose al sacramento de la Reconciliación. Spes Non Confundit, cit. nº 5 34 Ibidem.
37 como un camino a recorrer, un proceso en constante desarrollo, una búsqueda continua. El Papa Francisco enfatiza que la esperanza es un “verbo en movimiento”, una fuerza que nos pone en marcha y nos impulsa a avanzar. No es un sustantivo inerte, sino una energía vital que dinamiza la existencia cristiana. Esta visión dinámica de la esperanza se opone a una concepción estática o pasiva, que la reduciría a una mera espera resignada o a una proyección voluntarista hacia el futuro. La esperanza cristiana, en cambio, es una fuerza activa y transformadora, que se manifiesta en el camino, en la búsqueda, en el compromiso y en la perseverancia. La expresión “en camino hacia la esperanza” implica también la dimensión procesual de la esperanza. La esperanza no se alcanza de una vez por todas, sino que se construye día a día, paso a paso, a través de la experiencia de la vida, las pruebas, los desafíos y los encuentros. Es un camino de aprendizaje, de crecimiento y de purificación. En este camino, el peregrino de esperanza experimenta momentos de luz y oscuridad, de alegría y tristeza, de certeza y duda. favoreciendo el redescubrimiento del valor del silencio, el esfuerzo y lo esencial de la existencia. Pero en todo momento, se mantiene firme en la dirección del camino, orientado hacia la meta última de la esperanza, que es la plena comunión con Dios35. Es por ello que la esperanza se constituye en fuerza para el camino y la misión tanto para la vida personal del creyente como para la misión de la Iglesia en su conjunto. La esperanza no es solo una virtud contemplativa o intimista, sino que tiene una dimensión intrínsecamente operativa y misionera. Para la vida cristiana personal, la esperanza se presenta como una fuerza que sostiene en las pruebas, que da ánimo en el desaliento, 35 No es casual que la peregrinación exprese un elemento fundamental de todo acontecimiento jubilar. Ponerse en camino es un gesto típico de quienes buscan el sentido de la vida. Ibíd.
38 que impulsa a la conversión y al seguimiento de Cristo. El peregrino de esperanza no se deja vencer por las dificultades, sino que las afronta con valentía, confiando en la gracia de Dios. La esperanza le da fuerza para levantarse después de cada caída, para perseverar en el camino del bien36, para buscar la voluntad de Dios en cada momento y para vivir con alegría y sentido incluso en medio de la adversidad. La esperanza cristiana es un motor de transformación personal, que impulsa al creyente a crecer en la fe, la caridad y todas las virtudes. Para la misión de la Iglesia, la esperanza se convierte en un dinamismo evangelizador. La Iglesia, como “comunidad de peregrinos de esperanza”, está llamada a anunciar el Evangelio con valentía y confianza, proclamando la esperanza que reside en el corazón del mensaje cristiano. La esperanza anima a la Iglesia a salir al encuentro de todos, especialmente de los más alejados y necesitados, ofreciendo un mensaje de consuelo, aliento y salvación. La esperanza impulsa a la Iglesia a trabajar por la justicia, la paz, la reconciliación y la fraternidad universal, anticipando en la historia los signos del Reino de Dios que está por venir. La misión de la Iglesia, en esta perspectiva, es esencialmente una misión de esperanza, un servicio a la esperanza del mundo. Spes Non Confundit implica que la esperanza cristiana no es una virtud individualista o intimista, sino que tiene una dimensión 36 Este entretejido de esperanza y paciencia muestra claramente cómo la vida cristiana es un camino, que también necesita momentos fuertes para alimentar y robustecer la esperanza, compañera insustituible que permite vislumbrar la meta: el encuentro con el Señor Jesús. Ibíd. «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» Jn. 14, 6. El camino de Cristo “lleva a la vida”, un camino contrario “lleva a la perdición” (Mt 7,13; cf Dt 30, 15-20). La parábola evangélica de los dos caminos está siempre presente en la catequesis de la Iglesia. Significa la importancia de las decisiones morales para nuestra salvación. “Hay dos caminos, el uno de la vida, el otro de la muerte; pero entre los dos, una gran diferencia” (Didaché, 1, 1) Catecismo dela Iglesia Católica, cit. 1696.
39 inherentemente comunitaria y misionera. El peregrino de esperanza no camina solo, sino en comunión con otros peregrinos, compartiendo el camino, apoyándose mutuamente, y testimoniando juntos la esperanza que los anima. La comunidad cristiana, en su conjunto, está llamada a ser signo e instrumento de esperanza en el mundo, irradiando la luz de la fe y la fuerza del amor, y anunciando con palabras y obras la esperanza que “no defrauda”. SIGNOS DE ESPERANZA El documento destaca la importancia de ofrecer signos tangibles de esperanza a diversos grupos, incluyendo presos, enfermos, jóvenes, migrantes, ancianos y pobres, promoviendo la paz, la justicia y la dignidad humana37. El documento de la Bula de Convocación del Jubileo Ordinario del Año 2025 subraya la importancia de ofrecer signos tangibles de esperanza a diversos grupos de personas que enfrentan situaciones difíciles. En lo tocante e los presos, el Santo Padre, se centra en la relevancia de mantener unas adecuadas condiciones de vida, ya que los presos, privados de su libertad, a menudo experimentan no solo la dureza de la reclusión, sino también el vacío afectivo y la falta de respeto38 . Igualmente, propone que los gobiernos del mundo asuman iniciativas durante el Año del Jubileo que devuelvan la esperanza a los reclusos, como formas de amnistía o condonación de penas, así como que se apueste por una verdadera reinserción social, con la creación de itinerarios de reinserción en la comunidad, acompañados de un compromiso concreto en la observancia de las leyes39 . Especialmente relevante, en la línea de la 37 En el Año jubilar estamos llamados a ser signos tangibles de esperanza para tantos hermanos y hermanas que viven en condiciones de penuria. Spes Non Confundit, cit. nº 10. 38 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 10 39 Ibídem. Propongo a los gobiernos del mundo que en el Año del Jubileo se asuman iniciativas que devuelvan la esperanza; formas de amnistía o de condonación de la pena orientadas a ayudar a las personas para que recuperen la confianza en
40 misericordia y esperanza que caracterizan a este papado, es la llamada a la abolición de la pena de muerte, considerada inadmisible para la fe cristiana, ya que aniquila toda esperanza de perdón y renovación40. El Papa, igualmente, expresa su deseo de abrir una Puerta Santa en una cárcel, como símbolo de esperanza y renovación de vida para los presos41. sí mismas y en la sociedad; itinerarios de reinserción en la comunidad a los que corresponda un compromiso concreto en la observancia de las leyes. 40 Es una exhortación antigua, que surge de la Palabra de Dios y permanece con todo su valor sapiencial cuando se convoca a tener actos de clemencia y de liberación que permitan volver a empezar: «Así santificarán el quincuagésimo año, y proclamarán una liberación para todos los habitantes del país» ( Lv 25,10). El profeta Isaías retoma lo establecido por la Ley mosaica: el Señor «me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor» (Is 61,1-2). Estas son las palabras que Jesús hizo suyas al comienzo de su ministerio, declarando que él mismo era el cumplimiento del “año de gracia del Señor” (cf. Lc 4,18-19). Que, en cada rincón de la tierra, los creyentes, especialmente los pastores, se hagan intérpretes de tales peticiones, formando una sola voz que reclame con valentía condiciones dignas para los reclusos, respeto de los derechos humanos y sobre todo la abolición de la pena de muerte, recurso que para la fe cristiana es inadmisible y aniquila toda esperanza de perdón y de renovación. Ibíd. 41 Ibídem. Para ofrecer a los presos un signo concreto de cercanía, deseo abrir yo mismo una Puerta Santa en una cárcel, a fin de que sea para ellos un símbolo que invita a mirar al futuro con esperanza y con un renovado compromiso de vida. Así se verificó, el 26 de diciembre de 2024, en la apertura de la Segunda Puerta Santa del Jubileo de 2025, en el complejo penitenciario de Rebibbia. “Es un hermoso gesto abrir de par en par: abrir las puertas. Pero más importante es lo que significa: es abrir el corazón. Abrir el corazón. Y eso es lo que hace la fraternidad. Los corazones cerrados, duros, no ayudan a vivir. Por eso la gracia de un Jubileo es abrir y, sobre todo, abrir los corazones a la esperanza. La esperanza no defrauda, ¡nunca!... Me gusta pensar que la esperanza es como el ancla que está en la orilla y nosotros estamos ahí con la cuerda, seguros, porque nuestra esperanza es como el ancla en tierra. No pierdan la esperanza. Este es el mensaje que quiero dar a todos nosotros. A mí primero. A todos nosotros. No pierdan la esperanza”. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2024-12/papa-abre-la-puerta-santade-la-carcel-de-rebibbia-esperanza.html
47 alimentada por el Espíritu, se convierte en una llama que nunca se apaga, proporcionando apoyo y vigor en nuestra vida cotidiana. Incluso en momentos de prueba y dificultad, la presencia del Espíritu nos asegura que no estamos solos y nos fortalece para perseverar con confianza. El Papa Francisco reafirma que la esperanza cristiana no engaña ni defrauda porque se basa en la certeza del amor inquebrantable de Dios manifestado en Cristo Jesús. Siguiendo la Carta a los Romanos, recuerda que nada puede separarnos del amor de Dios (cf. Rm 8, 35.37-39)59. Esta convicción nos da la confianza de que, independientemente de las circunstancias que enfrentemos, el amor de Dios permanece constante y fiel. Es esta certeza la que nos permite enfrentar las dificultades con una perspectiva de esperanza, sabiendo que Dios está con nosotros y que su amor nos sostiene. Por eso los creyentes manifestamos «Creo en la vida eterna»60. Basándose en la última afirmación del Credo ʊ"Creo en la vida eterna"ʊ el Papa destaca que esta esperanza es fundamental para el camino del creyente, ya que orienta la existencia hacia la plenitud prometida por Cristo. Francisco subraya que esta certeza no es un simple deseo humano de trascendencia, sino una convicción basada en la resurrección de Cristo. La fe cristiana no solo proclama que hay vida después de la muerte, sino que afirma que esta vida es una comunión plena con Dios y con todos los santos en el Reino celestial61. 59 35. Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?... 37. Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó. 38.Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades 39.ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro. 60 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 19 61 Romanos 6,23: "Porque el salario del pecado es la muerte, pero el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”
48 El Papa enfatiza que la esperanza en la vida eterna no significa despreciar la realidad presente. Por el contrario, impulsa a los cristianos a vivir de manera auténtica en la tierra, con la mirada puesta en la plenitud que Dios ha prometido. Esta esperanza es una fuente de fortaleza en medio del sufrimiento, las pruebas y las dificultades, ya que recuerda a los fieles que su destino final no es la muerte, sino la vida en Dios62. La vida eterna es la realización definitiva de este amor, donde los creyentes participarán plenamente de la gloria de Dios. La seguridad de nuestra esperanza se ancla en la inquebrantable certeza de que ningún elementoʊya sea la muerte, las fuerzas espirituales o cualquier circunstancia del tiempo presente o futuroʊpodrá separar al creyente del amor manifestado en Cristo Jesús. Como señala el texto, “el testimonio más convincente de esta esperanza nos lo ofrecen los mártires”63. Ellos son uno de los testimonios más convincentes de la esperanza cristiana, reafirmando la llamada a la unidad y a la fidelidad radical en medio de las pruebas. Su ejemplo nos desafía a vivir una fe viva, una fe que se manifiesta en el compromiso, la entrega y la convicción de que, a pesar de las tribulaciones, el amor de Dios permanece inquebrantable. Su testimonio nos ilumina en varios aspectos: a) Los mártires renuncian a la vida terrenal por fidelidad a Cristo, lo que constituye un acto de fe suprema. Su sacrificio evidencia que la muerte no es el final, sino un pasaje hacia la vida eterna. Al dar su vida, confiesan la verdad de la resurrección y la promesa de salvación, recordándonos que la esperanza de la fe no defrauda, incluso ante el mayor de los desafíos (Rm 8,38-39)64; b) son semilla de unidad y de ecumenismo, pues procedentes de diversas tradiciones cristianas, en el sacrificio se convierte en un signo de unidad, ya que su testimonio de fe 62 Juan 17,3: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" 63 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 20 64 38 Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales,39 ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.
49 trasciende las divisiones históricas. Se les denomina “semillas de unidad” porque, a través de su sangre, manifiestan un ecumenismo de la sangre que convoca a todos los cristianos a reconocer en su sacrificio una fuente común de esperanza; c) El ejemplo de los mártires invita a los fieles a vivir con mayor intensidad la esperanza en Cristo. Su entrega total es un llamado a perseverar en la fe, especialmente en momentos de dificultad o persecución, reafirmando que el amor de Dios es tan fuerte que ni siquiera la muerte puede separarnos de él; y d) al ser “confesores de la vida que no tiene fin”, su sacrificio se convierte en una semilla que, al germinar en el corazón de los creyentes, fortalece la esperanza en la eternidad. Conservar su testimonio es fundamental para que la esperanza cristiana siga siendo fecunda y transformadora en la vida de la Iglesia y en el mundo. Este testimonio de fe sobre la vida eterna, y la manifestación material de los santos mártires, lleva al Santo Padre a cuestionarse ¿Qué será de nosotros, entonces, después de la muerte?65. Para los cristianos la respuesta es clara, contundente y esperanzadora: una vida de comunión plena con Dios a través de Jesús, en la cual la esperanza que hoy sentimos se transformará en una realidad eterna. Esto implica entrar en una comunión completa con Dios. No se trata solo de la continuidad de la existencia, sino de una unión profunda en la que experimentamos la presencia y el amor infinito de Dios. San Agustín resume este estado ideal al decir que, una vez unidos a Dios, no habrá dolor ni pena, sino una vida plena y verdadera66. Pero, esa comunión plena desemboca en la consecución de la felicidad, vocación universal del ser humano. Ahora bien, La felicidad no se entiende aquí como un placer pasajero o una satisfacción temporal, sino como la realización última del ser humano. La verdadera felicidad se encuentra en el amor, esa plenitud que nos 65 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 21 66 «Cuando me haya unido a Ti con todo mi ser, nada será para mí dolor ni pena. Será verdadera vida mi vida, llena de Ti» S. Agustin, Confesiones, Libro X, 8, BAC, 2010.
50 dice "soy amado, luego existo", y que se mantiene intacta y eterna, sin desvanecerse ante las vicisitudes de la vida. Otra realidad que nos ancla con la vida eterna es el juicio de Dios67. El Papa Francisco reflexiona sobre el juicio de Dios como una realidad que, lejos de infundir temor, debe ser comprendida a la luz de la esperanza y la misericordia. Subraya que, en la tradición cristiana, el juicio no es una condena arbitraria, sino la manifestación de la justicia y el amor de Dios hacia la humanidad. Francisco enfatiza que el juicio divino se basa en la verdad de nuestras vidas y en la respuesta al amor que Dios nos ha mostrado. Este juicio es, por tanto, una llamada a la responsabilidad personal y comunitaria, invitando a los creyentes a vivir de acuerdo con el Evangelio y a practicar la caridad, la justicia y la solidaridad. Además, el Papa destaca que la esperanza cristiana se fundamenta en la confianza en la misericordia de Dios. Aunque somos conscientes de nuestras limitaciones y pecados, sabemos que Dios es compasivo y siempre dispuesto a perdonar a quienes se arrepienten sinceramente. Esta certeza nos impulsa a no desfallecer ante las dificultades y a mantenernos firmes en el camino de la conversión y la renovación espiritual. En este contexto, Francisco recuerda las palabras de Jesús en el Evangelio de Juan68 , focalizando como dicho juicio no podrá hacerse más que en el amor. Perseveremos en fe en la intención salvadora de Dios y confiemos en su amor redentor69. El Papa también menciona la importancia de la oración y los sacramentos como medios para prepararnos para el encuentro con el Señor en el juicio final. A través de la Eucaristía, la Reconciliación y 67 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 22 68 Juan 4, 8 El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor. 69 Juan 12, 47 Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.
51 las demás prácticas sacramentales, recibimos la gracia necesaria para vivir según la voluntad de Dios y fortalecer nuestra esperanza en la vida eterna. Por tanto, el Juicio, entonces, se refiere a la salvación que esperamos y que Jesús nos ha obtenido con su muerte y resurrección70. Pero eso no significa que el mal hecho con el pecado se oculta, desaparece, necesita ser purificado, para permitirnos el paso definitivo al amor de Dios. Es por ello, que la indulgencia jubilar71, mediante la oración, se consolida en el recuerdo orante por los que nos han precedido en la existencia carnal, para que obtengan plena misericordia. La indulgencia permite descubrir la ilimitada misericordia de Dios. Históricamente, los términos "misericordia" e "indulgencia" eran intercambiables, reflejando la plenitud del perdón divino que no conoce límites. Esta perspectiva resalta que, a través de la indulgencia, los fieles experimentan de manera tangible la gracia y la compasión de Dios. El sacramento de la Penitencia, también conocido como Reconciliación o Confesión72, es el medio por el cual Dios perdona los pecados de quienes se acercan con un corazón contrito. Francisco enfatiza que este sacramento asegura a los creyentes que sus faltas son borradas, permitiéndoles renovar su relación con Dios y con la comunidad eclesial73. Este acto de confesión y absolución es fundamental para la vida espiritual, ya que ofrece una oportunidad constante de conversión y crecimiento en la fe. El perdón divino es magnánimo74. No sólo perdona los pecados, sino que alivia y cura 70 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 22 71 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 23 72 Hechos, 3, 19 Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados 73 Santiago 5, 16 Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder. 74 Salmo 103, 3-4.8.10-12 «Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. […] El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; […] no nos trata
52 las heridas del alma, abriendo la puerta a la vida nueva en la plenitud de su amor. Para ilustrar la magnitud del perdón divino, el Papa cita el Salmo 103:3-4: "Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura". En el contexto del Jubileo 2025, Francisco invita a los fieles a redescubrir el valor de la indulgencia y del sacramento de la Penitencia. El Año Santo es un tiempo propicio para la reconciliación, la renovación espiritual y la profundización en la misericordia de Dios. Participar en estos sacramentos durante el Jubileo permite a los creyentes experimentar de manera especial la gracia divina y fortalecer su camino de fe. Pero, el testimonio más alto de esperanza lo encontramos en la Madre de Dios75. la esperanza de María no es un "fútil optimismo", sino una esperanza fundamentada en la fe y en la aceptación de la voluntad divina, incluso en medio de las dificultades y los misterios que acompañaron su vida. Desde el momento de la Anunciación, cuando aceptó el plan de Dios para ella, hasta la presencia al pie de la cruz, María vivió una esperanza que no se desvanece ante las adversidades, sino que se fortalece y se profundiza. María es un testimonio de cómo la esperanza se vive en el día a día, en la aceptación de la voluntad de Dios y en la confianza en su providencia. Enfrentó momentos de incertidumbre y sufrimiento, pero su esperanza se mantuvo firme, confiando en las promesas de Dios, incluso cuando no los comprendía plenamente. Ya, desde la adoración de los pastores, María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón76.Desde su infancia, al según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas. Cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen; cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados» Vid. Kraus, HJ., Los Salmos 60-150, Sígueme, 2014, pp. 427-435. 75 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 24 76 Lucas, 2, 19.
53 contemplar a su Hijo, ella recibió en su corazón las palabras proféticas de Simeón, quien anunciaba el destino singular de Jesús 77 . Esa mirada maternal, cargada de fe y de un conocimiento intuitivo del plan divino, anticipa el papel crucial que María desempeñará en la salvación de la humanidad. Al pie de la cruz, la Virgen no se retrae ante el dolor, sino que se hace partícipe del sufrimiento de Jesús. Su “sí” constante, a pesar de la agonía y el desconcierto, es un testimonio vivo de la esperanza inquebrantable. En ese acto de entrega, María coopera con el plan redentor, anunciando, a través de su silenciosa perseverancia, que el sufrimiento no es el final, sino el preludio de la resurrección prometida por Cristo78 . Por ello, se le reconoce popularmente como Stella maris, símbolo de una esperanza segura que acude a los fieles en medio de las tempestades de la vida. «María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19). Así el evangelista Lucas retrata a la Madre del Señor en el Evangelio de la infancia. Todo lo que pasa a su alrededor termina teniendo un reflejo en lo más profundo de su corazón: los días llenos de alegría, como los momentos más oscuros, cuando también a ella le cuesta comprender por qué camino debe pasar la Redención. Todo termina en su corazón, para que pase la criba de la oración y sea transfigurado por ella. Ya sean los regalos de los Magos, o la huida en Egipto, hasta ese tremendo viernes de pasión: la Madre guarda todo y lo lleva a su diálogo con Dios. Algunos han comparado el corazón de María con una perla de esplendor incomparable, formada y suavizada por la paciente acogida de la voluntad de Dios a través de los misterios de Jesús meditados en la oración. ¡Qué bonito si nosotros también podemos parecernos un poco a nuestra Madre! Con el corazón abierto a la Palabra de Dios, con el corazón silencioso, con el corazón obediente, con el corazón que sabe recibir la Palabra de Dios y la deja crecer con una semilla del bien de la Iglesia. Vid. Francisco, Papa, Catequesis 15. La Virgen María, mujer de oración, Audiencia General, 18 de noviembre de 2020. 77 Lucas. 2. 34-35 34. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción - 35.¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.» 78 Marcos 8, 31. Jesús comenzó entonces a enseñarles que era necesario que el Hijo del Hombre sufriera mucho y fuera desechado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y que tenía que morir y resucitar después de tres días.
54 Esta visión, tan poderosa y consoladora, no es nueva en la historia de la fe. Sirva, como ejemplo, lo señalado por S. Agustín79 . Para él, la esperanza no es meramente un consuelo momentáneo, sino la base inamovible sobre la cual se edifica la vida del creyente, garantizando que el alma encuentre su reposo definitivo en el amor divino. Así, el ancla del alma se convierte en el símbolo que nos impulsa a vivir con firmeza y a mirar con confianza hacia la eternidad. Por último, como señala el Santo Padre, debemos volver a las Sagradas Escrituras. ¡No debemos perder nunca la esperanza! Partiendo de Hebreos, 6 18-2080, se nos convoca a aferrarnos a esta esperanza, describiéndola como un ancla del alma, sólida y segura, que trasciende el velo del tiempo y nos conduce hacia el encuentro definitivo con Cristo. En esta imagen, el ancla simboliza no sólo estabilidad ante las tormentas de la vida, sino también la promesa de que, al depositar nuestra fe en el amor infinito de Dios, ningún poder ʊni la muerte, ni las adversidadesʊ podrá jamás separarnos de Él. Pero, para ello es necesario el testimonio de la fe en Cristo resucitado. Esa fe es la levadura 81 donde germine la genuina esperanza, la fe, la solidaridad y la justicia. Qué alcancemos aquellos cielos nuevos y tierra nueva 82 . Y que esa fe sea 79 S. Agustín, De la Vida Feliz, Aguilar, 1969. 80 Nosotros, los que acudimos a él, nos sentimos poderosamente estimulados a aferrarnos a la esperanza que se nos ofrece. Esta esperanza que nosotros tenemos es como un ancla del alma, sólida y firme, que penetra más allá del velo, allí mismo donde Jesús entró por nosotros, como precursor. 81 Francisco, Papa, Spes Non Confundit, cit. nº 25 82 Isaias, 65, 17-18 Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. 18 Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo 2 Pedro, 3 Mas nosotros esperamos, según la promesa de Dios, cielos nuevos y una tierra nueva en que reine la justicia. Apocalipsis 21, 1 Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y el mar no existe ya.
55 contagiosa, para que nuestro ejemplo sirva a otros83, y podamos aguardar confiados en la venida de Nuestro Señor Jesucristo. CONCLUSIONES La Bula Spes non confundit adquiere en el contexto actual una relevancia extraordinaria, pues no solo convoca a la comunidad cristiana a renovar su fe y esperanza, sino que también plantea un modelo de compromiso ético y solidario frente a los desafíos contemporáneos. En un mundo marcado por la incertidumbre, la polarización política, la crisis ecológica y las desigualdades económicas, el mensaje de una esperanza inquebrantable ʊfundamentada en el amor de Dios y en la promesa de la vida eternaʊ se erige como un faro de luz que invita a transformar la desesperanza en acción. En primer lugar, la Bula nos recuerda que la esperanza cristiana no es una mera actitud pasiva o un optimismo ingenuo, sino una virtud teológica que nos impulsa a mirar más allá de las apariencias ya confiar en el plan redentor de Dios. Esta esperanza, anclada en la experiencia del amor divino manifestado en Cristo, se convierte en el fundamento desde el cual se pueden replantear nuestras prioridades. Cuando vivimos en sociedades caracterizadas por la inmediatez, el individualismo y la búsqueda constante de gratificaciones efímeras, la invitación del Papa Francisco a abrazar una esperanza que trasciende lo temporal nos desafía a repensar el sentido de la existencia y construir una cultura del encuentro y la solidaridad. Además, Spes non confundit hace un llamado urgente a la caridad y la responsabilidad social. Frente a las crisis humanitarias y ecológicas que aquejan a tantas comunidades en todo el mundo, el mensaje jubilar se convierte en una exhortación a actuar: la fe no puede limitarse a una mera creencia interna, sino que debe 83 Salmo 27,14 Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor
56 manifestarse en la práctica del amor hacia el prójimo, en especial hacia aquellos que sufren y se encuentran marginados. La visión de un mundo en el que la esperanza se traduce en gestos concretos de justicia y reconciliación es, en esencia, una propuesta para transformar la realidad social y política, fomentando una cultura en la que el respeto a la dignidad humana y el cuidado de la creación sean principios fundamentales. Asimismo, la Bula subraya la importancia de la unidad ecuménica y la cooperación entre las diferentes tradiciones cristianas. En tiempos de división y fragmentación, el testimonio de los mártires, la reflexión sobre los concilios históricos y la invitación a la comunión de los creyentes se presentan como elementos esenciales para superar las barreras y construir puentes de diálogo y fraternidad. Este llamado a la unidad resuena con fuerza en un contexto global donde las tensiones interreligiosas y las disputas internas amenazan con debilitar la misión de la Iglesia. Finalmente, el énfasis en la esperanza que se arraiga en la vida eterna y en la plena comunión con Dios nos invita a repensar el futuro no como un destino incierto, sino como la culminación de una existencia viva en el amor. Tal como enseña la Sagrada Escritura y es confirmado por los Padres de la Iglesia, la verdadera felicidad y plenitud se alcanzan al poner nuestra mirada en la eternidad, permitiendo que esta visión transforme cada aspecto de nuestra vida cotidiana. Como manifestó S. Juan Crisóstomo84 “la caridad es la fuente de la esperanza, lo que significa que al amar a nuestro prójimo reflejamos la esperanza que hemos recibido de Dios”. En este sentido, Spes non confundit no es solo un documento jubilar, sino un llamado atemporal a vivir la fe de manera integral, en la que cada acción, cada gesto de solidaridad y cada compromiso con la justicia 84 S. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Juan /1, Ciudad Nueva, 1991.
63 XII), 1875 (Pío IX), 1900 (León XIII), 1925 (Pío XI), 1950 (Pío XII), 1975 (Pablo VI), 2000 (Juan Pablo II), 2025 (Francisco). A los jubileos ordinarios se han de añadir los extraordinarios, es decir, aquellos que no responden a la cadencia cronológica establecida, concedidos a todos los fieles o a una región en particular, con una duración de días, semanas, meses o un año, y por diversos motivos: salvaguardar la fe en momentos de peligro, el bienestar de una nación, por algún hecho concerniente a un soberano, por la paz, por el inicio de un pontificado, por las necesidades de la Iglesia, contra los turcos, contra la peste, etc.14 No obstante, se ha de observar que como año jubilar extraordinario propiamente dicho tan solo se reconocen tres: dos de ellos convocados en el siglo XX, el de 1933 por Pío XI y el de 1983 por Juan Pablo II, y un tercero al comienzo del siglo XXI, el convocado por Francisco para el año 2016. La diferencia entre estos, interesa advertirlo, es el motivo de su celebración: los dos primeros para conmemorar respectivamente los 1900 y 1950 años de la muerte y resurrección de Cristo, mientras que el tercero por el 50 aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, o sea, aquellos en función de efemérides cristológicas y este conciliar, con la impronta eclesial que ello comporta. Antes de valorar esta particularidad del jubileo del año 2016, hemos de advertir que incluso en la bula de convocatoria del jubileo actual, Spes nos confundit, Francisco distingue entre los jubileos ordinarios y extraordinarios. Haciendo mención del último jubileo ordinario que se celebró, el del año 2000, Francisco anota la efeméride que, aun siendo ordinario, lo hizo diferente a los demás: “los dos mil años del nacimiento de Jesucristo” (n. 5). En sentido cronológico se trata de una absoluta novedad, pues, hasta entonces, en referencia siempre al misterio de la Encarnación, los jubileos se habían celebrado conforme a una cadencia temporal basada en años (cada 100, 50, 25 o 33), pero nunca antes a propósito de un milenario, o mejor dicho, como fue el caso, un bimilenario15 , excepcionalidad por la 14 Cf. LORA, Bollario dell’Anno Santo, L. 15 Cf. ORTEGA, Los Jubileos. Su historia y sentido, 118.
64 que se lo llamó “el Gran Jubileo”, apelativo con el que el propio Juan Pablo II se refirió a él en la bula de su convocatoria16 y en la carta de preparación del mismo17. Tras recordar este jubileo de carácter único, Francisco pasa a mencionar el jubileo del año 2016, haciéndolo con el calificativo de “extraordinario” y explicando el motivo de su convocatoria, para lo que cita la bula de su promulgación18: “manifestar y facilitar el encuentro con «el Rostro de la misericordia» de Dios” (n. 6). Seguidamente, Francisco indica el presente jubileo, refiriéndose a él como “un nuevo Jubileo”, en tanto que ordinario, como lo denomina expresamente al final del mismo número de la bula. Este, conforme al tema elegido, interpreta el jubileo como la oportunidad de la “experiencia viva del amor de Dios, que suscita en el corazón la esperanza de la salvación en Cristo” (n. 6). Lo sorprendente es que Francisco no se limita a nombrar los tres últimos jubileos, dado que, además, insinúa la celebración de otro: “al mismo tiempo, este Año Santo orientará el camino hacia otro aniversario fundamental para todos los cristianos: en el 2033 se celebrarán los dos mil años de la Redención realizada por medio de la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús. Nos encontramos así frente a un itinerario marcado por grandes etapas” (n. 6). Resulta interesante que el papa no solo dé a entender la celebración de un jubileo extraordinario para esa fecha, sino que, en comparación con el del año 2000, también lo considere excepcional, teniendo en cuenta que, si aquel conmemoró los dos mil años del nacimiento de Cristo, este otro celebrará los dos mil años de la redención obrada por Él. A tenor de lo arriba expuesto, nos da la impresión de que estos últimos jubileos concernientes a la Redención, siendo extraordinarios, tienden a ser considerados como ordinarios y, por ende, a regularse por una cadencia cronológica. De hecho, así 16 JUAN PABLO II, Bula Incarnationis mysterium, 29-IX-1998, nn. 2, 6. 17 JUAN PABLO II, Carta apostólica Tertio millennio adveniente, 10-IX-1994, nn. 16, 17, 18, 20, 22, 23, 25, 28, 29, 34, 38, 44, 46, 55, 59. Como se puede observar, el uso de la expresión persiste a lo largo de todo el documento. 18 Cf. FRANCISCO, Bula Misericordiae Vultus, 11-IV-2015, nn. 1-3.
65 fueron establecidos los de 1933 y 1983 y así lo será el futuro de 2033, con un margen de cincuenta años entre ellos. Esto explica que el bulario antes citado19 y la propia página web del jubileo actual20 incluyan los jubileos de 1933 y 1983 entre los ordinarios, aun sin dejarlos de llamar extraordinarios. Asimismo, se sobreentiende la fijación de una doble cadencia cronológica: cada veinticinco años para el jubileo relativo al nacimiento de Cristo y cada cincuenta años para el jubileo conmemorativo de la Redención. La tendencia a regular los jubileos extraordinarios de la Redención se debe al mismo que convocó el primero de ellos para 1933, Pío XI, pues en la clausura de este emplazó a la Iglesia a celebrar su bimilenario en 2033, siendo Juan Pablo II quien, finalmente, al celebrarlo también en 1983, lo vino a establecer para cada cincuenta años21. El motivo conmemorativo de estos jubileos extraordinarios, la Redención, llevó a introducir otra novedad por lo que respecta a la fecha de apertura y clausura del año santo, pues, mientras los ordinarios, relativos al nacimiento de Cristo, han solido abrirse y clausurarse durante las fiestas natalicias del Señor, estos otros lo han hecho en torno a la Semana Santa22. No obstante, el convocado por Juan Pablo II para 1983, si bien concluyó el 22 de abril de 1984, domingo de Pascua, tuvo la particularidad de comenzar el 25 de marzo, solemnidad de la anunciación del Señor, con la intención de concatenar ambos misterios, el de la Encarnación y el de la Redención, subrayando del primero, al citar Hebreos 2, 14, el fin soteriológico que lo engarza con el segundo23. El acento de estos dos jubileos extraordinarios en el misterio de la Redención, como se deduce de las bulas de su promulgación, sirvió para ahondar en otros matices que se derivan del sentido más profundo del jubileo: por una parte, el deseo de conversión que despierta la consideración de dicho misterio, y, por otra, las gracias que durante el jubileo pueden 19 Cf. LORA, Bollario dell’Anno Santo, LI. 20 https://www.iubilaeum2025.va/es/giubileo-2025/giubilei-nella-storia.html (consultado: 8-II-2025). 21 Cf. ORTEGA, Los Jubileos. Su historia y sentido, 111-112. 22 El convocado por Pío XI se abrió el 2 de abril de 1933, domingo de Pasión, y se cerró el 2 de abril de 1934, lunes de Pascua. 23 Cf. JUAN PABLO II, Bula Aperite portas Redemptoris, 6-I-1983, n. 2.
66 obtenerse por mediación de la Iglesia y que son fruto de la redención obrada por Cristo24. Una observación más sobre los dos jubileos convocados por el papa Francisco en relación con el Gran Jubileo del año 2000 es el alcance universal de su celebración. Si bien es verdad que muchos de los jubileos romanos, especialmente en época moderna, eran extendidos a toda la Iglesia una vez que se clausuraban25, el del año 2000 fue el primero cuya celebración en Roma coincidió con su expansión a toda la Iglesia. Juan Pablo II señaló expresamente esta innovación en la Tertio millenio adveniente: “un capítulo particular es la celebración misma del gran jubileo, que tendrá lugar contemporáneamente en Tierra Santa, en Roma y en las Iglesias locales del mundo entero” (n. 55). Como advierte Joaquín Ortega, la novedad era doble, no solo por la extensión universal del jubileo desde el primer momento de su apertura, sino también por la introducción de Tierra Santa, esta incluso antes que Roma, “cuyo profundo sentido bíblico y cristológico a nadie se le escapa”26. Con respecto a esto, el mismo autor comenta que la celebración del jubileo romano había reforzado la centralidad de Roma y del pontificado para toda la Iglesia, hecho por el que “algunos historiadores han llegado a preguntarse si la práctica jubilar, al igual que otras instituciones o tradiciones, no han sido una estrategia del 24 Cf. PÍO XI, Bula Quod nuper, 6-I-1933, en LORA, Bollario dell’Anno Santo, 11101119; JUAN PABLO II, Bula Aperite portas Redemptoris, 6-I-1983, nn. 1-5. 25 A partir del jubileo de 1750, convocado por Benedicto XIV, se hizo costumbre que a la clausura de la puerta santa el papa extendiese el jubileo a todo el mundo católico, con la salvedad del convocado por Pablo VI para 1975, pues, como preparación, dispuso que la celebración del jubileo en las iglesias particulares se hiciera el año antes (cf. ORTEGA, Los Jubileos. Su historia y sentido, 86-109; GALUZZI, “Los años santos en la historia de la Iglesia”, 107-108). La primera constancia de la participación de la diócesis hispalense en la extensión de un jubileo se remonta al celebrado en 1775. Desde entonces, para lucrar las indulgencias, los obispos disponían las usuales condiciones de confesar, comulgar y visitar las iglesias por él establecidas, unas para mujeres y otras para hombres, al menos hasta los celebrados en el siglo XIX (cf. MARTÍN RIEGO, “Los años santos en la historia de la Iglesia”, 185-199). 26 ORTEGA, Los Jubileos. Su historia y sentido, 119.
67 pontificado para sujetar la unidad eclesial, para afirmar su centralidad frente a la periferia de la cristiandad, que, en ocasiones, parecía no mirar suficientemente hacia Roma”27. De este modo, la expansión del jubileo a toda la Iglesia disipa la sospecha de “una rentabilidad directa, institucional, de prestigio o de autoridad a favor de Roma”28, al paso que, en sintonía con el Concilio Vaticano II29, revaloriza las iglesias locales como aquellas en las que la Iglesia universal se hace presente30. En esta línea se halla Francisco, más aún a tenor de la sinodalidad de la Iglesia en la que tanto insiste31, objeto del reciente sínodo (2021-2024) y a la que también se refiere en Spes non confundit (n. 17) a propósito de la conmemoración de los 1700 años del Concilio de Nicea (325-2025). Por su parte, la universalidad del jubileo del 2016 quedó manifiesta a modo de metáfora en la idea de hacer de la puerta santa una “Puerta de la Misericordia” que se abriera no solo en las basílicas mayores de Roma, sino también en las catedrales de todas las diócesis, en las iglesias más significativas de estas y en los santuarios. Francisco, además, ofrece el motivo de la extensión universal de este jubileo al decir que “será celebrado en Roma como así en las Iglesias particulares como signo visible de la comunión de toda la Iglesia” (MV 3). Un hecho significativo es que el papa se adelantara a la apertura oficial de este jubileo abriendo la puerta santa de la Catedral de Notre-Dame de Bangui (República Centroafricana) el 29 de noviembre de 2015, durante su viaje apostólico a África. Las palabras que pronunció en el rito de 27 Ibídem, 38. 28 Ibídem, 38. 29 Cf. CONCILIO VATICANO II, Constitución Lumen gentium, 21-XI-1964, nn. 2326. 30 Cf. W. KASPER, “El gran Jubileo del año 2000 en las iglesias locales”, en CONSEJO DE PRESIDENCIA DEL GRAN JUBILEO DEL AÑO 2000, Tertio millennio adveniente. Comentario teológico-pastoral, 233-240. 31 Cf. E. BUENO DE LA FUENTE, Eclesiología del papa Francisco. Una Iglesia bautismal y sinodal, Fonte, Burgos 2018; A. L. CATELAN FERREIRA, “A Sinodalidade Eclesial no Magistério do Papa Francisco”, en Atualidade Teológica 59 (2018) 390404.
68 apertura reflejan claramente la perspectiva universalista que Francisco quiso dar a aquel jubileo extraordinario, además del calado sociológico que lo caracterizó: “Bangui se convierte hoy en la capital espiritual del mundo. El Año Santo de la Misericordia llega anticipadamente a esta tierra. Una tierra que sufre desde hace años la guerra, el odio, la incomprensión, la falta de paz. En esta tierra sufriente también están todos los países del mundo que están pasando por la cruz de la guerra. Bangui se convierte en la capital espiritual de la oración por la misericordia del Padre. Pidamos todos nosotros paz, misericordia, reconciliación, perdón, amor”32. En el caso del jubileo actual, Francisco, en Spes non confundit (n. 6), ha establecido la apertura de la puerta santa en las basílicas mayores de Roma33, comenzando por la de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, el 24 de diciembre de 2024. En esta misma bula el papa anunció una de las innovaciones más llamativas en la tradición jubilar, la apertura por él mismo de una puerta santa en una cárcel, para ofrecer a los presos, dice: “un signo concreto de cercanía”, “a fin de que sea para ellos un símbolo que invita a mirar al futuro con esperanza y con un renovado compromiso de vida” (n. 10). Concretamente, esta ha sido la segunda puerta santa abierta en el jubileo, el 26 de diciembre de 2024, en la cárcel de Rebibbia, en Roma. Con la intención de universalizar el jubileo, Francisco 32 https://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2015/documents/ papafrancesco_20151129_repcentrafricana-omelia-cattedrale-bangui.html (consultado: 09-II-2025). 33 El primer papa en abrir una puerta santa fue Martín V en ocasión del jubileo de 1423, pero no en la Basílica de San Pedro, sino en la de San Juan de Letrán. Se debe a Alejandro VI la innovación de la apertura de la puerta santa en las cuatro basílicas mayores de Roma, comenzando por la de San Pedro, con un ceremonial que, simplificado en el posconcilio, llega hasta nuestros días (cf. GALUZZI, “Los años santos en la historia de la Iglesia”, 84, 90). Huelga decir que la puerta santa adquiere un profundo significado cristológico: “quien pasa por ella entra conscientemente en el dinamismo penitencial del jubileo, confiesa a Cristo -que es la verdadera puertay se encamina hacia la confesión o memoria de los apóstoles, situada en el centro de las respectivas basílicas” (ORTEGA, Los Jubileos. Su historia y sentido, 35).
69 estableció en Spes non confundit que el 29 de diciembre de 2024 había de celebrarse la eucaristía en cada catedral del mundo como apertura del año santo, destacando la peregrinación a esta desde una iglesia, cual “signo del camino de esperanza” (n. 6). El decreto de la Penitenciaría Apostólica sobre la concesión de las indulgencias ofrece un amplio abanico de lugares a donde peregrinar para lucrarlas: las cuatro basílicas mayores de Roma, la basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén, la de la Natividad en Belén y la de la Anunciación en Nazaret; y para todas las diócesis: la catedral e iglesias designadas por el obispo34. En el caso de la archidiócesis hispalense, monseñor José Ángel Saiz Meneses ha designado para la ciudad de Sevilla: la Catedral, las basílicas menores de la Esperanza Macarena, el Gran Poder, María Auxiliadora y el Cristo de la Expiración, así como la Capilla de los Marineros. Para las vicarías ha designado: el Santuario de Ntra. Sra. de Setefilla, en Lora del Río (Vicaría Norte); la Parroquia de Santa Cruz, en Écija (Vicaría Sur), la Parroquia de Santa María Magdalena, en Dos Hermanas, y el Santuario Diocesano de Ntra. Sra. de Consolación, en Utrera (Vicaría Este); y el Santuario de Ntra. Sra. de Loreto, en Espartinas (Vicaría Oeste)35. El decreto de la Penitenciaría Apostólica, correspondiendo al deseo del papa de universalizar todo lo posible el jubileo, a los lugares referidos de peregrinación suma otros más: numerosas iglesias de la ciudad de Roma, otras basílicas importantes del mundo (las dos papales de Asís, la de Loreto en Italia, la de la Virgen de Pompeya, la de San Antonio de Padua), cualquier basílica menor y, de nuevo, las iglesias designadas por el ordinario del lugar. El decreto termina la relación de lugares señalando los santuarios nacionales e internacionales, a la vez que cita la definición que Francisco hace de ellos en Spes non 34 Cf. PENITENCIARÍA APOSTÓLICA, Decreto Sobre la concesión de la indulgencia durante el Jubileo ordinario del año 2025 convocado por su Santidad el papa Francisco, 13-V-2024. 35 Cf. JOSÉ ÁNGEL SAIZ MENESES, Decreto Templos en los que se lucran las indulgencias del Año Jubilar 2025, 23-XI-2024.
70 confundit como “lugares santos de acogida y espacios privilegiados para generar esperanza” (n. 24). Todavía, en Spes nos confundit, Francisco, dando a entender la inmensidad de la misericordia de Dios que significa todo jubileo, observa que “no podemos olvidar las distintas formas por medio de las cuales la gracia del perdón ha sido derramada con abundancia sobre el santo Pueblo de Dios” (n. 5). En este sentido, pasa a mencionar otras formas de jubileos, concretamente varios de los que preceden al primer jubileo romano de la historia, el de 1300: el “gran perdón” que Celestino V concedió en 1294 a quienes visitaran la Basílica de Santa María de Collemaggio, en L’Aquila (Italia), los días 28 y 29 de agosto; la concesión de indulgencia en 1216 por el papa Honorio III, atendiendo la súplica de san Francisco, a quien visitara la Porciúncula, en Asís (Italia), los días 1 y 2 de agosto; y la concesión de un jubileo por parte del papa Calixto II en 1122 al Santuario de Santiago de Compostela siempre que la fiesta del santo se celebre en domingo. De modo que, concluye el papa, “es bueno que esa modalidad «extendida» de celebraciones jubilares continúe, de manera que la fuerza del perdón de Dios sostenga y acompañe el camino de comunidades y de las personas” (n. 5). Dentro de esta “modalidad extendida” de jubileos han que considerarse otros tantos concedidos por los papas a diversos lugares de España, regulados por una cadencia cronológica que, por lo general, se sujeta a la coincidencia de la fiesta con el domingo: Santo Toribio de Liébana, Santísimo Cristo de Urda, Caravaca de la Cruz, el Santo Cáliz de Valencia y los lugares de Santa Teresa de Ávila, estos dos últimos concedidos por el papa Francisco. Asimismo, se ha de recordar que en los últimos años se ha vuelto una constante la concesión de años jubilares a instituciones de nuestra archidiócesis, generalmente hermandades y muy raramente parroquias. Por poner algún ejemplo, recordemos el concedido a la Hermandad de la Divina Pastora de Cantillana (entre 2020 y 2021, con motivo del tercer centenario de su fundación), a la Real Parroquia de Santa Ana de Triana (entre 2016 y 2017, por el 750 aniversario de su fundación) y a la Parroquia de Santa María Magdalena de Arahal (entre 2021 y 2022, con motivo
71 del 225 aniversario de la ratificación canónica del patronazgo de la santa sobre la localidad). Estos jubileos dieron lugar a un revulsivo pastoral, además de numerosas iniciativas evangelizadoras y culturales36. Por influencia de los últimos jubileos romanos, que introdujeron la elección de un lema, los concedidos a las instituciones antes referidas tuvieron el suyo propio, personalizándolo en razón de su titular o devoción: el de la Hermandad de la Divina Pastora: “Somos su pueblo y ovejas de su rebaño” (Salmo 99, 3); el de la Parroquia de Santa Ana: “Anna, radix ubérrima” (Ana, raíz fecunda)37, y el de la Parroquia de la Magdalena de Arahal: “Buscaré al amor de mi alma” (Cant 3, 2)38. Con frecuencia los papas han dejado su propia impronta en los jubileos. Así, por ejemplo, sucedió con Juan Pablo II al convocar el jubileo extraordinario de la Redención de 1983 con una bula que intituló con las mismas palabras de inicio de su pontificado: Aperite portas Redemptori, coincidiendo, además, el tema conmemorativo del jubileo con uno de los más persistentes de su magisterio, trazado ya en su primera encíclica: Redemptor hominis (1979)39. El papa Francisco también ha dejado su huella en los jubileos que ha 36 En el contexto de la celebración del jubileo se editaron sendas publicaciones sobre las respectivas efemérides que los motivaron: A. RODRÍGUEZ BABÍO (coord.), Santa Ana de Triana: aparato histórico-artístico, Real Parroquia de Santa Anta de Triana, Sevilla 2016; J. MOREJÓN PAZOS (coord.), Divina Pastora de Cantillana. Tres siglos de una devoción, Hermandad de la Divina Pastora de Cantillana, Sevilla 2021; A. ROMÁN VILLALÓN (coord.), Arahal y su Patrona. Santa María Magdalena. Arte, historia y tradición, Parroquia de Santa María Magdalena de Arahal, Morón de la Frontera 2023. 37 La cita pertenece a un himno para la festividad de santa Ana que dio igualmente título a una exposición que se celebró durante aquel año jubilar en la parroquia. Cf. J. M. RUBIO RUBIO, Anna radix ubérrima. Catálogo de la Exposición, Ayuntamiento de Sevilla, Sevilla 2016. 38 La cita bíblica está relacionada con santa María Magdalena por pertenecer a la primera lectura de su fiesta litúrgica, proponiéndose como un reclamo a la conversión a la que invita la celebración del año jubilar. Cf. A. ROMÁN VILLALÓN, Santa María Magdalena, Patrona de Arahal. Ejercicio del Triduo, subsidio litúrgico, devocionario, reseña histórica y cancionero, Parroquia de Santa María Magdalena de Arahal, Arahal 2022, 110-115. 39 Cf. ORTEGA, Los Jubileos. Su historia y sentido, 111-112.
72 convocado. Para empezar, se ha de advertir que el tema del jubileo extraordinario del año 2016, la misericordia, coincide con su lema: “misereando atque eligendo” (“lo miró con misericordia y lo eligió”), lema que, escogido desde su ordenación episcopal, es clave para entender su vocación, espiritualidad y pontificado40. En la bula Misericordiae Vultus lo cita, sincerándose sobre este: “siempre me ha cautivado esta expresión, tanto que quise hacerla mi propio lema” (n. 8). En la misma bula explica que el lema proviene de una homilía de san Beda el Venerable sobre la misericordia de Dios a colación de la vocación de Mateo, el publicano. Asimismo, el hecho de que Francisco convocara este jubileo extraordinario para conmemorar la clausura del Concilio Vaticano II41 descubre la vigencia que este sigue atribuyéndole para la vida y misión de la Iglesia en el siglo XXI42. Como alguien ha sugerido, esto hace que la convocatoria de este jubileo “no busca tanto la celebración de un aniversario, sino que se inserta, más bien, en la dinámica de la evangelización y acción pastoral del papa, como acción de la Iglesia”43. La intención de revalorizar la doctrina conciliar en pos de la reforma eclesial, programa esencial de su magisterio44, se desprende de la bula de la promulgación del jubileo, como 40 Cf. F. CHICA ARELLANO, “Dios otorga a los pobres su «primera misericordia». El Año Jubilar de la misericordia ilumina las claves pastorales del Papa Francisco”, en Corintios XIII 157 (2016) 85-113; W. KASPER, El papa Francisco. Revolución de la ternura y el amor. Raíces teológicas y perspectivas pastorales, Sal Terrae, Maliaño 2015, 53-60. 41 Cf. O. RUIZ ARENAS, “El Jubileo de la Misericordia reaviva el espíritu del Concilio Vaticano II”, en Teología y Catequesis 135 (2016) 61-81. 42 Cf. J. R. CASTILLO VILLANUEVA, “«Conversión eclesial» en el magisterio del Papa Francisco: algunas notas características, continuidad con el Concilio Vaticano II y consecuencias prácticas”, en Yachay: Revista de Cultura, Filosofía y Teología 76 (2022) 33-71; P. TRIGO, “El Papa Francisco, expresión actualizada del Concilio Vaticano II”, en Iter (2016) 17-130. 43 Cf. J. VIDAL TALÉNS, “¿Por qué un Jubileo de la Misericordia? Signos de los tiempos que apelan a la misericordia”, en Anales Valentinos 5 (2016) 3. 44 Aparece ampliamente desarrollado en su primera Exhortación apostólica, Evangelii Gaudium, 24-XI-2013, especialmente el capítulo primero (“La transformación misionera de la Iglesia”), nn. 20-49. A este respecto vid. C. M. GALLI, “La teología
79 sabiduría de la experiencia, que invita a no repetir tontamente los mismos errores del pasado. Los jóvenes nos llaman a despertar y acrecentar la esperanza, por 86 que llevan en sí las nuevas tendencias de la humanidad y nos abren al futuro, de manera que no nos quedemos anclados en la nostalgia de estructuras y costumbres que ya no son cauces de vida en el mundo actual” (n. 108)60. Por lo respecta a los migrantes, de honda preocupación para el papa61, este nombra a los “exiliados, desplazados y refugiados” (n. 13), apelando a la conciencia con las palabras de Jesús en la parábola del juicio final: “estaba preso, y me alojaron”, porque “cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt 25, 35.40). En este contexto, resulta del todo significativo el hecho de que Francisco introdujera tres nuevos títulos marianos en las letanías lauretanas: “Mater misericordiae”, “Mater spei” y “Solacium migrantium”62 (“Madre de la misericordia”, Madre de la esperanza”, “Consuelo de los migrantes”), curiosamente relacionados los dos primeros con los temas de los jubileos por él convocados. Acerca de los ancianos, presentes de modo especial en su magisterio63, Francisco se hace eco en Spes non confundit de la soledad o el abandono en los que a menudo se encuentran, 60 Recuérdese que Francisco ha dirigido a los jóvenes uno de los documentos más originales de su pontificado, la Exhortación apostólica Christus vivit, 25-III-2019. En esta también refiere la situación de los jóvenes y de la Iglesia desde la perspectiva de los signos de los tiempos (nn. 39-42). 61 Cf. A. ARES MATEO, “El Papa Francisco, una mirada a las migraciones”, en Corintios XIII 151-152 (2014) 184-201. 62 Cf. ROBERT SARAH, Carta del Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a los presidentes de las Conferencias Episcopales sobre las invocaciones “Mater misericordiae”, “Mater spei” y “Solacium migrantium” que se incluirán en las letanías lauretanas, 20-VI-2020. 63 Cf. J. M. BAJO LLAURADÓ, “El pensamiento del papa Francisco en torno a la vejez”, en Corintios XIII, 187 (2023) 56-72.
80 subrayando el importante papel de los abuelos en “la transmisión de la fe y la sabiduría de la vida” (n. 14). Finalmente, en relación con los pobres, predilectos absolutamente en su pensamiento, piénsese que por eso eligió el nombre de Francisco64, el papa llama a no resignarse ante la falta de vivienda, la falta de comida, la exclusión y la indiferencia (n. 15). Citando una de sus encíclicas de mayor calado social, Laudato sí (n. 49)65 , el papa considera que es “escandaloso que, en un mundo dotado de enormes recursos, destinados en gran parte a los armamentos, los pobres sean la mayor parte” (n. 15). Francisco extiende su reflexión sobre esto último ante la grave situación del hambre en el mundo: “un flagelo escandaloso en el cuerpo de nuestra humanidad” que “nos invita a todos a sentir remordimiento de conciencia” (n 16). Ante esto, hace un llamamiento a la esperanza para decir que “los bienes de la tierra no están destinados a unos pocos privilegiados, sino a todos” (n. 16), volviendo a proponer lo que sugirió en otra de sus encíclicas de índole social, Fratelli tutti (n. 262)66, que “con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares, constituyamos un Fondo mundial, para acabar de una vez para siempre con el hambre y para el desarrollo de los países más pobres” (n. 16). Del mismo modo, Francisco retoma la idea que lanzó en Laudato sí (n. 51) de condonar la deuda de los países más pobres67, no solo en sentido económico, sino también ecológico, asunto de máximo interés en su magisterio68. Todo ello expresa su propuesta tenaz de 64 Cf. L. SÁEZ ALARCÓN, “Los pobres y la pobreza en el pensamiento social del papa Francisco, en Anales de Teología 26 (2014) 63-96. 65 Cf. FRANCISCO, Carta encíclica Laudato si’, 24-V-2015. Referente a la doctrina social de la Iglesia, la citada encíclica y el Jubileo de la Misericordia vid. M. CARBAJO NÚÑEZ, “Desafíos éticos globales a la luz de la encíclica Laudato Si’ y del Jubileo de la Misericordia”, en Didaskalia 46 (2016) 73-100. 66 Cf. FRANCISCO, Carta encíclica Fratelli tutti, 3-X-2020. Sobre esta vid. M. GARCÍA GRIMALDOS, “La encíclica social del Papa Francisco, Fratelli tutti”, en La Ciudad de Dios. Revista Agustiniana 234-2 (2021) 681-694. 67 Cf. F. GARCÍA CADIÑANOS, “La visión humanista de la economía en el papa Francisco”, en Burgense 59 (2018) 387-413. 68 Cf. M. UREÑA PASTOR, “Ecología física y ecología humana a la luz de la carta encíclica del papa Francisco, Laudato Si’”, en Anales Valentinos 6 (2016) 419-434.
81 romper desde la categoría teológica de la “caridad política” con el individualismo que arrastra a la pobreza de tantas personas y pueblos69. Todavía, entre los “signos de esperanza”, el papa Francisco apunta en Spes non confundit (n. 17) otros dos, uno de índole eclesial y otro ecuménico70. Por una parte, como ya se ha dicho, en ocasión de los 1700 años del Concilio de Nicea, vuelve a exponer una de sus ideas más persistentes: la sinodalidad de la Iglesia. Por otra, acerca del ecumenismo71, como signo del progreso de este, sugiere reconsiderar la fecha de la Pascua, teniendo por “circunstancia providencial” el hecho de que esta sea la misma en 2025 para los cristianos de Oriente y de Occidente72. En este sentido, Francisco valora la oportunidad ecuménica que ofrece la celebración del jubileo, siguiendo la senda trazada por Juan Pablo II en el Gran Jubileo del año 2000 (cf. TMA 16, 33, 34, 41, 55)73 y Pablo VI en el jubileo de 1975, considerado “el año santo más ecuménico de la historia de la Iglesia”74 por las celebraciones interconfesionales que se produjeron, el levantamiento de la excomunión con la Iglesia de Bizancio y el encuentro con Melitón de Calcedonia. Todos estos “signos de esperanza”, desde la perspectiva de los “signos de los tiempos”, desprenden a su vez una nota común a todos los jubileos: hacerse eco de las circunstancias socioculturales y eclesiales del momento, si bien, la preocupación por la coyuntura 69 Cf. J. R. PELÁEZ SANZ, “La caridad política según el papa Francisco: la amistad social construye un pueblo”, en Corintios XIII 179 (2021) 25-43. 70 No obstante, estos se encuentran en el apartado intitulado “Llamamientos a la esperanza”. 71 Cf. R. POLANCO, “El Papa Francisco y el ecumenismo del camino”, en Medellín. Biblia, Teología y Pastoral para América Latina y El Caribe 169 (2017) 631-674. 72 Sobre el diálogo en concreto con la Iglesia Ortodoxa vid. A. ANDREU ANDREU, “El Ecumenismo de la fraternidad: la solicitud del papa Francisco por la Comunión con la Iglesia Ortodoxa”, en Scripta Fulgentina 63-64 (2022) 185-212. 73 Cf. E. IRDIS CASSIDY, “El Jubileo: compromiso en la búsqueda de la unidad”, en CONSEJO DE PRESIDENCIA DEL GRAN JUBILEO DEL AÑO 2000, Tertio millennio adveniente. Comentario teológico-pastoral, 241-247. 74 M. MARTÍN RIEGO, “Los años santos en la historia de la Iglesia”, 175.
82 social se ha evidenciado aún más en las bulas de promulgación de los jubileos posconciliares, especialmente las dos ya citadas del papa Francisco. La categoría teológica de los “signos de los signos”, claramente manifiesta en Spes non confundit, también se descubre en Misericordiae Vultus, por ejemplo, al hablar de las “periferias existenciales” y de “la indiferencia de los pueblos ricos” (n. 15), o al llamar “con mayor insistencia” a la conversión a quienes pertenecen a grupos criminales o son cómplices de la corrupción (n. 19). En todo caso, Francisco no esconde la interpelación social que pretende suscitar con la celebración del jubileo, como cuando al término del Año de la Misericordia, afirma: “El carácter social de la misericordia obliga a no quedarse inmóviles y a desterrar la indiferencia y la hipocresía, de modo que los planes y proyectos no queden sólo en letra muerta. Que el Espíritu Santo nos ayude a estar siempre dispuestos a contribuir de manera concreta y desinteresada, para que la justicia y una vida digna no sean sólo palabras bonitas, sino que constituyan el compromiso concreto de todo el que quiere testimoniar la presencia del reino de Dios”75. La orientación decididamente eclesial y social de los dos últimos jubileos que hasta ahora hemos observado, sin embargo, no puede hacernos olvidar el epicentro de todo jubileo: Jesucristo. Esta apreciación es prácticamente compartida por todas las bulas de convocatoria de los jubileos, lo que revela la cristificación del sentido más profundo de su celebración, a tenor de un texto evangélico base para todos ellos ya referido, el de la sinagoga de Nazaret en el que Jesús, en alusión al año de gracia profetizado por Isaías (61, 1-2), acaba diciendo: “hoy se ha cumplido esta escritura que acabáis de oír” (Lc 4, 21). Teniendo en cuenta estas mismas palabras, Francisco sugiere en Spes non confundit la personificación del jubileo en Cristo, al decir que “estas son las palabras”, las del profeta Isaías, “que Jesús hizo suyas al comienzo de su ministerio, declarando que él mismo era el cumplimiento del «año de gracia del Señor»” (n. 10). En relación con este episodio y la cita de Gálatas 4, 4 sobre la “plenitud de los tiempos” por la Encarnación, Juan Pablo II, en la Tertio millenio adveniente, apunta 75 FRANCISCO, Carta apostólica Misericordia et misera, 20-XI-2016, n. 19
83 al sentido cristocéntrico del jubileo, cuando dice, subrayándolo, que “todos los jubileos se refieren a este «tiempo» y aluden a la misión mesiánica de Cristo” (n. 11)76. No cabe duda del cristocentrismo de esta carta preparatoria del Gran Jubileo del año 2000 ni de la orientación igualmente cristocéntrica que para su celebración implicó. De hecho, hay una cita bíblica fundamental para el documento que repite varias veces (nn. 40, 56, 58, 59), con la que encabeza su primer y último capítulo y que constituyó el lema del jubileo, la de Hebreos 13, 8: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre”77. De igual modo, la preparación inmediata de este jubileo tuvo una fuerte impronta cristológica, establecida ya por Juan Pablo II en la citada carta. Para la primera fase (de 1994 a 1996), llamando a una concienciación de la importancia del jubileo, decía: “este, llevando consigo la memoria del nacimiento de Cristo, está intrínsecamente marcado por una connotación cristológica” (TMA 31). Y para la segunda fase (de 1997 a 1999) proponía: “la estructura ideal para este trienio, centrado en Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, debe ser teológica, es decir «trinitaria»” (TMA 39)78. Conforme al notorio carácter cristocéntrico que Juan Pablo II quiso dar al Gran Jubileo del año 2000, Joaquín Ortega, en la obra que editó sobre la historia de los jubileos, dice: “por más que en la historia del cristianismo se hayan celebrado muchos jubileos, el verdadero jubileo es Jesucristo, en cuanto que él es el perdón de Dios Padre otorgado a la humanidad”79. Y tras comentar el citado episodio de la sinagoga de Nazaret, concluye: “Jesús asume la historia pasada, la de Israel, y la incorpora a la suya propia. Él es ya, y para siempre, el jubileo del Padre, su misericordia y su perdón”80, idea esta que bien 76 A propósito de esta cita y del sentido cristocéntrico del jubileo vid. S. GAMARRA, Cristo, Jubileo del Padre, BAC, Madrid 1997. 77 Cf. A. VANHOYE, “«Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre». El año santo como celebración del misterio de la salvación”, en CONSEJO DE PRESIDENCIA DEL GRAN JUBILEO DEL AÑO 2000, Tertio millennio adveniente. Comentario teológico-pastoral, 61-72. 78 Entre los subsidios editados para profundizar en cada una de las tres Personas divinas cabría destacar el dedicado al Hijo, en cuyo contenido cobró especial protagonismo la Tertio millennio adveniente y la cita bíblica que sirvió de lema al jubileo. Cf. COMITÉ PARA EL JUBILEO DEL AÑO 2000, Jesucristo, Salvador del mundo, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1996. 79 ORTEGA, Los Jubileos. Su historia y sentido, 15-16. 80 Ibídem, 16.
84 refleja la bula de convocatoria del jubileo del año 2016 y por la que Francisco lo llamó “Año de la Misericordia”. Abundando todavía en el sentido cristológico del jubileo, se ha de observar que Francisco lo da a entender en las dos bulas de los jubileos por él convocados, justo en el primero de sus párrafos. En la del jubileo del año 2016 comienza remitiéndose expresamente a Cristo, cuando dice, con relación al tema del jubileo: “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre” (MV 1). Una vez más, apelando a la doctrina conciliar (DV 4), continúa afirmando que “Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios” (MV 1). Más adelante, Francisco invita a tener “la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso” (MV 8), recorriendo los episodios en los que se muestra misericordioso (cf. MV 8) y las parábolas con las que reveló “la naturaleza de Dios como la de una Padre” caracterizado por “la compasión y la misericordia” (MV 9). Repara, además, en la fuerza pedagógica de estas parábolas para todos, en tanto que Jesús afirma con ellas “que la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos” (MV 9). En consecuencia, concluye Francisco, Jesús revela con su palabra “la misericordia como ideal de vida y como criterio de credibilidad de nuestra fe” (MV 9), por lo que la Iglesia ha de dar testimonio de ello (cf. MV 10). En Spes non confundit, desde la interpretación cristológica del jubileo, Francisco exhorta a que este “pueda ser para todos un momento de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús, «puerta de salvación» (cf. Jn 10, 7.9); con Él, a quien la Iglesia tiene la misión de anunciar siempre, en todas partes y a todos como «nuestra esperanza» (1 Tm 1, 1)” (n. 1). Entendiendo la vida cristiana como “un camino” que “necesita momentos fuertes”, es decir, los jubileos, “para alimentar y robustecer la esperanza”, Francisco define dicha virtud como “compañera insustituible que permite vislumbrar la meta: el encuentro con el Señor Jesús” (n. 5), consideración que confiere al jubileo un sentido cristológico y escatológico a la vez. En este sentido, se comprende el apartado de la bula “Anclados en la esperanza”, en el que explica “el fundamento de nuestra espera”
85 (n. 18): la vida eterna (n. 19), que es don del Resucitado (n. 20) y don de la vida nueva que comienza en el Bautismo (n. 20). En analogía con la personificación del jubileo en Cristo, Francisco también sugiere la personificación de la indulgencia en Él cuando cita la bula con la que Pablo VI convocó el jubileo del año 1975, Apostolorum limina, para decir que Cristo “es nuestra indulgencia” (n. 23). Volviendo a la afirmación de Ortega: “el verdadero jubileo es Jesucristo”, ofrecemos ahora la explicación que él mismo da de esta: “quiere ello decir que la experiencia histórica de los jubileos trasluce siempre -hoy tambiénla vivencia de la redención. El jubileo es un camino. Pero solo Cristo es el Camino. El jubileo evoca y celebra la salvación. Pero solo Cristo es el Salvador. El jubileo es memoria y reflejo. Solo Cristo es el Jubileo en toda la extensión de la palabra. Y lo es definitivamente, ya que como se lee en la carta a los Hebreos, «Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos» (Heb 13, 8)”81. De estas palabras se deduce otros de los aspectos que comparten los jubileos: la consideración de la redención subjetiva, o sea, los beneficios en el presente que se derivan de los frutos de la redención obrada por Cristo y que la Iglesia, sacramento suyo en la tierra, administra, lo que lleva al tema de las indulgencias. Estas son inherentes a todo jubileo y su mención se halla presente no solo en las bulas convocatorias, sino también en los decretos sobre la concesión de las mismas proferidos por la Penitenciaría Apostólica. Francisco ofrece en la bula Misericordiae Vultus una definición de indulgencia con la que se ajusta la relación que hacíamos entre Iglesia y redención subjetiva: “indulgencia es experimentar la santidad de la Iglesia que participa a todos de los beneficios de la redención de Cristo, para que el perdón sea extendido hasta las extremas consecuencias a la cual llega el amor de Dios” (n. 23). Con respecto a esto, resulta significativa la definición que la Penitenciaría Apostólica hace de sí misma en el decreto sobre la concesión de indulgencias durante el presente jubileo: “Tribunal de Misericordia”. Dicho decreto dispone las condiciones para lucrar las indulgencias, comunes a la de otros jubileos: estar verdaderamente arrepentido, desapego 81 Ibídem, 16.
86 total del pecado, confesarse, comulgar y orar por las intenciones del papa. Además de estas, el decreto expone las obras que pueden realizarse para lucrar las indulgencias. Primeramente, las peregrinaciones y visitas piadosas a lugares sagrados, con la particularidad compartida con los jubileos del 2000 y del 2016 de su universalidad, pues no solo se indica las visitas a las basílicas mayores de Roma, sino también a los templos designados por los obispos de las iglesias locales. Seguidamente, propone la práctica de obras de misericordia y de penitencia, más abundantes en este jubileo en comparación con los anteriores y con un profundo cariz social, catequético y pastoral. En este sentido, el decreto recomienda sobre todo la práctica de las obras de misericordia corporales y espirituales, visitar a quien se encuentre en necesidad, advirtiendo sobre esto que se haga como “una peregrinación hacia Cristo presente en ellos (cf. Mt 25, 34-36)”, redescubrir el valor penitencial del viernes: abstenerse de “distracciones banales” y de “consumos superfluos”, dar “una proporcionada suma de dinero a los pobres”, colaborando en obras “de carácter religioso o social”, especialmente en defensa de la vida en todos sus estados y dedicando parte del propio tiempo a voluntariados o a cualquier forma de compromiso personal. Como novedad, incluye la participación en misiones populares, ejercicios espirituales y encuentros de formación a partir de los textos del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia Católica. Otra innovación es la concesión de poder lucrar indulgencia para un difunto si se comulga por segunda vez en un mismo día. En conclusión, más allá de las particularidades de los jubileos convocados por el papa Francisco en función de su impronta personal y de las circunstancias históricas, eclesiales y sociales del momento, estos comparten la constante de todos los demás jubileos, la cual, en palabras del citado Joaquín Ortega, consiste en “la conversión, el perdón de los pecados, la confesión del dominio de Dios, la indulgencia otorgada. La gratitud por la salvación, la
87 misericordia suplicada y practicada, el amor al prójimo como expresión del amor a Dios”82. 82 Ibídem, 30.
95 EL PERDÓN O CONDONACIÓN DE LAS DEUDAS El jubileo bíblico descrito en el libro del Levítico (capitulo 25) recalca y expresa de modo más completa la función del año sabático, en que no se debe cultivar la tierra. También se caracteriza por la renuncia a cultivar la tierra (cf. Lv 25, 8-12), pero implica dos normas que benefician a los israelitas. La primera atañe a la recuperación de las propiedades de tierras y casas (cf. Lv 25, 13-17. 23-24); la segunda, a la liberación del esclavo israelita que se vendió por deudas a otro (cf. Lv 25, 39-55). Por lo que concierne a la posesión de los bienes inmuebles, las normas del jubileo bíblico se fundaban en el principio según el cual la «tierra es de Dios» y, por tanto, fue dada para beneficio de la comunidad entera. Por eso, si un israelita había enajenado su terreno, el año jubilar le permitía recobrarlo. «La tierra no puede venderse para siempre, porque la tierra es mía, ya que vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes. En todo terreno de vuestra propiedad concederéis derecho a rescatar la tierra» (Lv 25, 23-24). Se ha especulado con que esta ley del jubileo apareciera en respuesta a una crisis de la deuda y puso en mano de los gobernantes la cancelación de las deudas, haciéndola periódica y automática. Pero no sobrevive ningún contrato que acredite el cumplimiento o la falta de cumplimiento de la ley del jubileo. (cita de Michael Hudson). Desde al Primer Exilio, las leyes de condonación de deudas ya no eran aplicables, debido al hecho de que la mayoría de los judíos no vivían en la tierra de Israel, y el hecho de que la condonación estaba ligada a la restitución de la tierra ancestral. Los rabinos posteriores declararían que las deudas deberían continuar siendo remitidas.
96 LA LIBERACIÓN DE ESCLAVOS Es la cuarta exigencia jurídica-moral de la celebración del año jubilar. El jubileo era el año en que se debía restituir la igualdad entre todos los hijos de Israel, abriendo nuevas posibilidades a las familias que habían perdido sus propiedades o incluso la libertad personal. Con respecto a los esclavos del propio pueblo el Levítico dispone: “Si un hermano tuyo se arruina y se te vende, no lo tratarás como esclavo, sino como jornalero o criado. Trabajará a tu servicio hasta el año del jubileo, cuando él y sus hijos quedarán libres para retornar a su familia y recobrar su propiedad paterna. Porque ellos son mis servidores a quienes saqué de Egipto, y no pueden ser vendidos como esclavos. No tratarás con dureza a tu hermano. Respeta a tu Dios. (Lv, 25 39-43) Con respecto a los extranjeros sí está permitida la esclavitud. Y para el caso del israelita esclavo de un extranjero (porque se haya vendido al emigrante o criado extranjero enriquecido), se establece un derecho al rescate: “Uno de sus hermanos lo rescatará, o un tío suyo o su primo o alguien de su parentela, o él mismo si ahorra lo necesario. Calculará con el comprador los años desde la venta hasta el jubileo, y el precio corresponderá al número de años, según la paga que se da a los trabajadores. Si quedan muchos años, se devolverá del precio de compra, como rescate, lo que corresponda a dichos años. Si quedan pocos años para el jubileo, pagará el rescate calculando los años que faltan. Cada año que pase con él, será como un jornalero. Y no permitirás que lo traten con dureza. Pero si no es rescatado de ninguna de estas maneras, él y sus hijos quedarán libres el año jubilar. Porque los israelitas me pertenecen como servidores: son servidores míos, a quienes saqué de Egipto. Yo soy el Señor, su Dios. (Lv 25, 48-55)
97 Como síntesis, la institución del Año Sabático cada siete años y del Año Jubilar cada 50 era para el pueblo hebreo un remedio al desequilibrio social provocado tanto por el reparto de la tierra, como por la diferencia entre clases sociales. La ley de Moisés prescribía un ideal altísimo de Justicia y de Igualdad social: “Pongan en práctica mis leyes y guarden mis mandatos poniéndolos por obra y habitarán tranquilos en la tierra.” (Lv 25, 1819). Se constata en ambas instituciones estudiadas el carácter moral y jurídico al servicio de lo religioso. Como ha sintetizaso claramente el profesor Vega Montaner “La característica general de los códigos bíblicos es su sentido religioso. Es evidente que en la redacción entraron diversos factores naturales: condiciones geográficas, económicas, sociales, culturales y psicológicas. Pero el factor principal es el religioso. La religión interviene como freno y como orientación positiva. Israel es una teocracia, cuya autoridad suprema reside en Dios. El jefe visible y temporal es un mandatario de la divinidad. Por eso se concibe el que Dios mismo dicte las leyes a Moisés. Los códigos hebreos, no tan elaborados en el aspecto técnico-jurídico como los orientales, desarrollan en mucha mayor medida que ellos el aspecto religioso. Las prescripciones religiosas sirvieron para preservar al pueblo del politeísmo, las morales para conservar una moralidad sana y elevada, las cultuales para tributar a Dios un culto digno y las penales para excitar en el pueblo la conciencia del pecado, ofreciéndole la posibilidad del arrepentimiento.”4 EL JUBILEO EN EL NUEVO TESTAMENTO En el Nuevo Testamento no hay referencia expresa directa al Jubileo hebreo. Sin embargo no puede pasarse por alto un importante episodio que narra el Evangelista Lucas en la pequeña 4 L.VEGA MONTANER, “La Ley en el Antiguo Israel”,Revista de Ciencias de las Religiones, Anejos, 2004, XI, pp-119-141, Universidad Complutense de Madrid.
98 sinagoga de la localidad galilea donde Jesús vivió :“ Fue a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró un sábado en la sinagoga y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías. Lo abrió y encontró el texto que dice: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor. Lo cerró, se lo entregó al ayudante y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Él empezó diciéndoles: Hoy, en presencia de ustedes, se ha cumplido este pasaje de la Escritura. Todos lo aprobaban, y estaban admirados por aquellas palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: ʊPero, ¿no es éste el hijo de José? (Lucas 4, 16-19 (Mt 13,53-58; Mc 6,1-6) Esta lectura y el comentario que hace Jesús en la sinagoga sobre el texto de Is 61,1-12, representa una auténtica proclamación del Año Jubilar. Como señala el doctor Trías Calderón5 es interesante que algunos autores sostienen la historicidad del texto, es decir que se trataba de un evento auténtico de la vida de Jesús. Dichos exégetas, toman en cuenta el argumento de que los años jubilares fueron observados a nivel litúrgico y cronológico, pero no a nivel socioeconómico. Por ejemplo, August Strobel propone la coincidencia histórica de un Año Jubilar en el 26/27 d.C., motivo que impulsó a Jesús a regresar a Nazaret y predicar en la sinagoga de su ciudad de origen. Con todo ello, Georg Scheuermann, sostiene que la perícopa de Lucas, induce a afirmar que nos encontramos delante de una composición del evangelista, que interpreta con la ayuda de Isaías 61, la persona y la misión de Jesús.6 5 D. FRÍAS CALDERÓN, «Haec porta Domini; iusti intrabunt in eam» (Sal 117,19) El Jubileo litúrgico de la Iglesia y su relación con el Oriente cristiano. En Revista Lumen Cordibus, Escuela de Teología Papa Francisco, 2025, nº7, Arquidiócesis de Monterrey (México) pp.23-42. 6 D.TRIAS CALDERÓN, op.cit.
99 Otra influencia importante del contexto hebraico en el ministerio de Jesús, se encuentra en la metáfora de la condonación de las deudas. En los evangelios, tres pasajes recuerdan la experiencia de las deudas financieras: la primera referencia se encuentra en la quinta pregunta del Padre Nuestro según la versión de Mateo (perdona nuestras deudas: 6,12); otras dos recurrencias se encuentran en la parábola de los dos deudores (Lc 7,41-42) y en la parábola del siervo despiadado (Mt 18,23-34). El análisis de la composición de estos textos ha demostrado que Mateo y Lucas interpretan el perdón de las deudas como una figura metafórica del perdón de los pecados7. Se puede concluir, por lo tanto, que una dimensión metafórica está ya presente en los dichos de Jesús sobre el perdón de las deudas. Al recordar una experiencia vinculada a las relaciones económicas, Jesús anuncia una realidad teológico-espiritual: la infinita misericordia de Dios para con los hombres. A la inversa, hay que constatar que haber utilizado ese tipo preciso de referencia no puede sino repercutir en una interpretación diferente de las relaciones sociales. Estas consecuencias ya son formuladas por Jesús en la quinta petición del Padre Nuestro: el perdón pedido a Dios debe inducir al interlocutor a adoptar la misma actitud hacia sus deudores. Por otra parte, los evangelistas ilustran a través de diversos episodios (Mc 2,15-17; Lc 7,36-50; Lc 19,1-10) cómo el perdón de los pecados, comunicado por Jesús, cambia la vida de las personas: primero excluidas o estigmatizadas por sus conocidos, recuperan después su dignidad de hijos e hijas de Dios gracias al encuentro con Jesús8. Podemos concluir diciendo que el Año Jubilar como figura jurídicoreligiosa regulada por la Torá no se encuentra en el Nuevo Testamento. Su intención principal, sin embargo, no se olvida, sino 7 Cf. G. SEGALLA, «Perdono “cristiano” e correzione fraterna nella comunità di “Matteo” (Mt 18,15-17. 21-35)» Studia Patavina 38 (1991) 499-518; S. GRASSO, «La parabola del re buono e del servo spietato (Mt 18,21-35). Analisi narratologica», Rivista biblica italiana 46 (1998) 19-41; B. WEBER, «Vergeltung oder Vergebung!? Matthäus 18,21-35 auf dem Hintergrund des “Erlassjahrs”», Theologische Zeitschrift 50 (1994) 124-151. 8 Cf. SCHEUERMANN, «Il giubileo negli autori del Nuovo Testamento», 177-179.
100 que se integra en el anuncio central de Jesús: El reino de Dios está cerca. No hay duda de que este es el mensaje principal de Jesús: Dios está realizando la salvación escatológica para su pueblo. Con su predicación del Reino de Dios, Jesús se inserta en la tradición profética de Israel (cf. Is 52, 7). Su anuncio del Reino, presente en todos los evangelios, encuentra su expresión más fuerte en las bienaventuranzas. La posición al comienzo del primer gran discurso, tanto en Mateo (5,3-12) como en Lucas (6,20-23), les da una huella programática: son una proclamación solemne de la era de salvación que Dios está a punto de realizar. El Concilio Vaticano II indujo a reflexionar en profundidad sobre la relación entre Israel y la Iglesia (cf. Nostra aetate 4). Para expresar esta relación, ha retomado la imagen del olivo Israel que Pablo desarrolla en la carta a los romanos (11,16-24). Los cristianos, como injertados en el olivo Israel, pueden celebrar con él la acción salvadora de Dios en la historia humana que Jesús proclamó definitivamente con las palabras: Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios9. NACIMIENTO DEL JUBILEO CRISTIANO La historia de un acontecimiento actualmente tan importante para la Iglesia Católica como es el Jubileo, tiene sus orígenes en el Jubileo hebreo que venía a proclamar, en última instancia, la santidad de Dios. La práctica de los años jubilares por parte de los hebreos, había caído en desuso, tal como hemos visto. El Cristianismo, desde el siglo I en que nace, no conoció la institución, inesixtente en los primeros siglos de la cristiandad. Pero esa antiquísima tradición, fue retomada y corregida en el 1300. Sucedió que un grupo de personas, la tarde del 25 de diciembre de 1299, llegó a la Basílica de San Pedro con gran fervor, porque una voz se había difundido acerca de la posibilidad de 9 Cf. SCHEUERMANN, «Il giubileo negli autori del Nuovo Testamento», 180.
101 lucrar una indulgencia que habría perdonado, en aquel día, las penas de los pecados y reconciliado a los hombres con la justicia de Dios. El Papa Bonifacio VIII, con gran fe, acogió este movimiento espontáneo y convocó el primer Jubileo con la bula Antiquorum habet fida relatio (22 de febrero de1300). A partir de ese momento, el Jubileo cristiano, celebrado como reminiscencia del Jubileo hebreo, fue entendido como una gran indulgencia plenaria solemne, otorgada por el Sumo Pontífice; igualmente concedió especiales facultades a los confesores para absolver de censuras y de graves culpas, se convirtió en una de las manifestaciones más populares de devoción, de espiritualidad y de prácticas sacramentales. Pero la gran indulgencia no absorbió en modo absoluto la idea del Jubileo. Esto se une también a otros efectos positivos que se pueden encontrar en la vida de cada fiel, como el renacer de la fe, de la justicia, del vivir según y en respeto de la ley divina. Y así, formalmente institucionalizado, transformado en un acontecimiento periódico, para beneficio de los peregrinos penitentes, el Año Santo mantiene hasta hoy su valor como “tiempo de gracia” en el cual, el Espíritu Santo obra en el proceso redentor del Salvador del mundo. El Papa Bonifacio VIII en el 1300, estableció que el Jubileo fuera celebrado cada 100 años. En 1342 una delegación de romanos, visitó Aviñón, donde residía el papa, y obtuvo de Clemente VI, el sucesivo Jubileo para el año de 1350, y a partir de aquí, cada 50 años. En 1390, Gregorio XI decidió que el intervalo entre un Jubileo y otro debía ser de 30 años, en recuerdo de los años de la vida terrena de Jesucristo, único mediador entre Dios y los hombres, quien es también Redentor de la humanidad. Pablo II, en 1470 y Sixto IV, después en 1475 lo fijaron cada 25 años. A partir de esta fecha, siempre ha sido respetada la última consecución de años, eliminando para siempre todo cálculo incierto. Con todo ello, en la historia de la Iglesia han existido momentos “extraordinarios”; por ejemplo, en 1933, el Papa Pío XI quiso conmemorar el aniversario
102 de la Redención. Ulteriormente en al año 2015, el Papa Francisco convocó el Año de la Misericordia10. Esta secuencia histórica nos muestra el camino jubilar que siguieron los papas desde el siglo XIV hasta nuestros días. Una celebración en la que los Sumos Pontífices han tenido una notoria participación, dándole un carácter especial entre los años que van del 1300 hasta el 202411. Podemos notar una tendencia a respetar la práctica común, sin embargo, existieron algunas iniciativas que fueron reforzando el sentido penitencial y litúrgico del Jubileo, como lo veremos a continuación. Concluimos esta síntesis con las palabras del Papa San Juan Pablo II que recordó, en la Audiencia General del 11 de noviembre de 1999, los valores de las celebraciones jubilares en conexión con su origen biblíco: “El jubileo cristiano se remonta cada vez más conscientemente a los valores sociales del jubileo bíblico, que quiere interpretar y volver a proponer en el marco contemporáneo, reflexionando sobre las exigencias del bien común y sobre el destino universal de los bienes de la tierra. Precisamente en esta perspectiva, en la carta apostólica Tertio millennio adveniente propuse que el jubileo se viva como «un tiempo oportuno para pensar, entre otras cosas, en una notable reducción, si no en una total condonación, de la deuda externa, que grava sobre el destino de muchas naciones» (n. 51). 10 Cf. L. MEZZADRI, Giubilei e Anni santi. Storia, significato e devozioni, San Paolo, Cinisello Balsamo 2015; A. MELLONI, Il giubileo. Una storia, Laterza, Roma 2016; F. GLIGORA-B. CATANZARO, Il Giubileo. Segni. Simboli. Riti, Armando, Roma 2024, 1314; A.M. FOLI, Grande storia dei giubilei. Dalle antiche origini ebraiche a oggi, Terra Santa, Milano 2024. 11 Cf. F. GLIGORA-B. CATANZARO, I papi dei Giubilei, Armando, Roma 1999.
103 ÉTICA Y JUBILEO: HACIA UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA Y COMPASIVA Augustin Kalamba Mupoyi Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla INTRODUCCIÓN Es un honor estar aquí hoy para reflexionar con ustedes sobre un tema que, aunque tiene raíces profundas en la historia, sigue siendo de una relevancia extraordinaria en la actualidad: “Ética y jubileo”. La ética, cuyo origen etimológico se remonta al griego 'ethos' (carácter o morada), se centra en el estudio del carácter moral y las costumbres. Desde la perspectiva de Aristóteles, la ética busca la mejor forma de vivir y alcanzar la felicidad, mientras que para Kant se enfoca en la buena voluntad y el deber, priorizando la intención sobre las consecuencias. En el contexto del jubileo, la ética adquiere una relevancia especial al guiar la reflexión sobre los valores morales, el arrepentimiento, la reparación, el perdón y la reconciliación. Este año 2025 marca un momento especial para la Iglesia Católica, ya que se celebra el Jubileo de la Esperanza. Este evento, que ocurre cada 25 años, ofrece a los fieles una oportunidad única para renovar su fe, buscar el perdón y experimentar la misericordia de Dios. El lema del Jubileo 2025 es "Peregrinos de la Esperanza"1, destacando la importancia de la esperanza en la vida cristiana y la misión de llevar esa esperanza a todos los rincones del mundo. Este jubileo es más que nunca importante en un mundo, el nuestro, que ha perdido la esperanza y anhela la justicia y la compasión. Eso 1 Cf. FRANCISCO, Bula de convocación del jubileo ordinario del año 2025, Spes non confundit, del 09 de mayo de 2024.
104 justifica el título de nuestra conferencia: Ética y jubileo. Hacia una sociedad más justa y compasiva. Tradicionalmente, el Jubileo representa un tiempo de liberación y renovación, donde se perdonan deudas, se liberan a los cautivos y se devuelve la tierra a sus dueños originales2. Pero más allá de estas prácticas, el jubileo encierra un poderoso mensaje ético que puede guiarnos hacia una sociedad más justa y compasiva. Por eso, el jubileo no es solo un evento religioso o histórico, sino, sobre todo, una invitación a repensar cómo vivimos, cómo nos relacionamos y cómo gestionamos los recursos que compartimos en este mundo. En esencia, el jubileo plantea una visión audaz y profundamente ética: un modelo de justicia restaurativa, de reconciliación, de redistribución y de descanso, que busca devolver el equilibrio donde la desigualdad, la explotación y el egoísmo han creado divisiones3. En nuestro mundo marcado por las injusticias sociales y una creciente urgencia medioambiental, los principios éticos del jubileo parecen hablar con más fuerza que nunca. Nos invitan a cuestionar sistemas que perpetúan las injusticias y a imaginar nuevas formas de convivencia basadas en la compasión y la solidaridad. En esta reflexión, la pregunta principal es: ¿Cómo los principios éticos del Jubileo pueden influir en la construcción de una sociedad más justa y compasiva el siglo XXI?. Eso nos obliga a explorar cómo los valores del jubileo, desde la justicia social hasta el cuidado del medioambiente, pueden ofrecernos herramientas éticas para transformar nuestras sociedades. Por eso, después de indagar el concepto histórico del Jubileo desde una perspectiva ética, analizaremos la relación entre la celebración del jubileo y la lucha por la justicia social (caso de la inmigración) y la justicia 2 Cf. Gianfranco RAVASI, “Los raises del jubileo”, en Osservatore Romano del 10 de enero de 2025. 3 Cf. Michael ORELLANA, Principios éticos que derivan del jubileo según Levítico 25: Una interpretación acerca de restauración social, Amazon.es, 2024.
111 En Laudato si’ el papa Francisco introdujo el concepto de “deuda ecológica”13. Se trata de esta deuda que tienen las naciones desarrolladas con las naciones subdesarrolladas, consecuencia de su sobreexplotación de los recursos naturales y su uso indiscriminado del medioambiente como vertedero de desechos que han causado una crisis climática que afecta de manera desproporcionada a los países más vulnerables. Esta deuda, sostiene Francisco, debe saldarse sin demora para evitar que el futuro del medioambiente se vea irrevocablemente comprometido. Su llamado se intensificó en la exhortación apostólica Laudate Deum, donde presiona a los países más ricos y les advierte sobre el riesgo inminente de alcanzar un “punto de no retorno”.14 En este contexto, la idea de hacer del jubileo de 2025 un "jubileo ecológico" adquiere una relevancia trascendental como una propuesta innovadora para restablecer el equilibrio esencial entre la humanidad y la Tierra. El "jubileo ecológico" nos invita a reflexionar profundamente sobre nuestra relación con la naturaleza y a tomar medidas urgentes para restaurar el equilibrio ecológico y promover una justicia ambiental equitativa para todos. EL JUBILEO Y EL DESCANSO DE LA TIERRA Una de las enseñanzas clave del jubileo es el descanso de la tierra. En la tradición bíblica, este concepto resulta innovador y está vinculado al esquema sabático, que marcaba el ritmo del tiempo en la sociedad hebrea. En nuestra propuesta del jubileo ecológico, tenemos que cambiar de paradigma: en lugar de seguir una lógica de explotación ilimitada, proponemos dar respiro a los ecosistemas, restaurar los equilibrios naturales y garantizar que los religion écologiste. Climat, CO2 et hydrogène : La réalité et la fiction, Paris, L’Artilleur, 2021. 13 FRANCISCO, Carta Encíclica Laudato si’, del 24 de mayo de 2015, nº 51. 14 FRANCISCO, Exhortación apostólica Laudato Deum, del 04 de octubre de 2023, nº 56.
112 bienes comunes sean accesibles para todos, especialmente para quienes han sido históricamente marginados. Aunque pueda parecer una medida difícil de aplicar, especialmente en nuestra sociedad moderna con altas demandas de producción, permitir el descanso de la tierra no se limita solo en no sembrarla ni cosechar sus frutos. Más bien, esta práctica revela para nosotros un significado profundo: la tierra es un don, ya que, incluso sin intervención humana, seguía ofreciendo algunos frutos, aunque en menor cantidad. De este modo, se recuerda que los ciclos naturales no dependen solo del trabajo humano, sino también de una dimensión trascendente. “El mundo de la naturaleza es eminentemente un don de Dios”15. Esto equivale a decir que este mundo tiene una consistencia propia (su «quant-àsoi»), que el mundo “es” y que la creación misma es un lugar de libertad, una palabra y un acto de amor y de presencia16. A partir de ahí, la creación deja de ser un proceso anónimo e impersonal para convertirse en la expresión de un designio realizado por un sujeto, Dios. El "jubileo ecológico" nos invita entonces a reflexionar profundamente sobre nuestra relación con la naturaleza y a tomar medidas urgentes para restaurar el equilibrio ecológico y promover una justicia ambiental equitativa para todos. Además, el jubileo no solo nos recuerda que la creación es un don, si no que busca superar las restricciones de la propiedad privada y tribal, permitiendo que todos accedamos libremente a lo que la tierra produce, sin cercos ni límites impuestos por el catastro. Esta visión nos permite reafirmar el principio del destino universal de los bienes, es decir, la idea de que los recursos de la Tierra están destinados al beneficio de toda la humanidad. El Concilio Vaticano II afirma que «Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene al uso de todos los hombres y de todos los pueblos, para que los 15 Adolphe GESCHE, Dieu pour penser. IV. Le cosmos, Paris, Cerf, 1994, 30. 16 Cf. Augustin KALAMBA MUPOYI, La sauve-garde de la création selon Adolphe Gesché et Laudato si’ du pape François. Jalons pour une écologie théo-logique, Berlin, Peter Lang, 2022, 83-93.
113 bienes de la creación fluyan equitativamente a las manos de todos, según la regla de la justicia, inseparable de la caridad»17. Todo ser humano debe tener la oportunidad de disfrutar de los bienes necesarios para su desarrollo. Para Juan Pablo II, este principio del uso común de los bienes es «el primer principio de todo el orden social y ético»».18 Reconociendo la función social de toda forma de posesión privada19, la Iglesia invita al ser humano a no considerarse propietario exclusivo de las cosas que posee legítimamente y a disfrutarlas egoístamente, sino a considerarlas comunes y beneficiosas también para los demás20. Así se entiende la lucha de la Iglesia en favor de los pobres, resumida en la expresión «opción preferencial por los más pobres»21. De hecho, para el papa Francisco, nuestra hermana la Tierra es ese nuevo pobre que clama por el daño que le estamos causando22. Siguiendo los pasos de San Francisco de Asís, defiende la «justicia para los pobres»23. Son ellos los que sufren los peores efectos de todas las agresiones medioambientales, como la falta de agua potable o de una vivienda digna. Por eso, en la oración cristiana por la tierra que Francisco propone al final de su encíclica, se dirige a Dios en estos términos: «Ilumina a quienes detentan el poder y el dinero para que se guarden del pecado de la indiferencia, amen el bien común, promuevan a los débiles y cuiden de este mundo que 17 Gaudium et Spes., n° 69. 18 JUAN PABLO II, Carta encíclica Laborem Exercens, del 14 de septiembre de 1981, n° 19. Leer también JUAN PABLO II, Carta encíclica Sollicitudo rei socialis, del 30 de diciembre de 1987, n° 42. 19 Cf. JUAN PABLO II, Discurso a la Tercera Conferencia del Episcopado Latinoamérica (Puebla, el 28 de enero de 1979). 20 Cf. Gaudium et Spes, n° 69. 21 JUAN PABLO II, Carta encíclica Sollicitudo rei socialis, del 30 de diciembre de 1987, n° 42 ; Catequismo de la Iglesia Católica, n° 2443-2449 ; FRANCISCO, Laudato si’, n° 48-52. 22 Cf. FRANCISCO, Laudato si’, n° 2. 23 Ibid., n° 10.
114 habitamos»24. Entonces, en la lógica del jubileo ecológico, no se puede consentir vivir en un mundo donde unos pocos disfrutan de una acumulación excesiva de bienes, mientras que la mayoría permanece al margen, accediendo solo a las sobras. Nuestra acción en este contexto tiene que ser una acción coordinada que sigue algunos principios de la justicia medioambiental. PRINCIPIOS CLAVES DE LA JUSTICIA AMBIENTAL Se trata de estos diecisiete principios que encontramos en el documento redactado y adoptado a la Primera Cumbre Nacional de Liderazgo Ambiental de negros americanos, celebrada del 24 al 27 de octubre de 1991 a Washington25. Resumiéndolos, proponemos en la lógica de nuestro jubileo ecológico cuatro principios importantes. •La equidad: Todas las personas deben tener el mismo derecho a un medio ambiente sano y seguro. •La participación: Las comunidades afectadas deben tener la oportunidad de participar en la toma de decisiones que inciden en su entorno. •El acceso a la información: Las personas deben tener acceso a información clara y comprensible sobre los riesgos ambientales y las alternativas disponibles. •La reparación: Las comunidades que han sufrido daños ambientales deben recibir una compensación justa y una restauración adecuada de su entorno. A pesar de los avances en la conciencia ambiental, la justicia ambiental sigue siendo un desafío urgente. Las comunidades marginadas y de bajos ingresos a menudo soportan una carga desproporcionada de contaminación y otros riesgos ambientales. 24 Cf. Ibid., n° 246. 25 Cf. principles-es.pdf (Consuldado el 13/02/2025).
115 La crisis climática exacerba estas desigualdades, ya que los impactos del cambio climático afectan de manera desproporcionada a las poblaciones vulnerables. Por eso, para avanzar hacia un Jubileo Ecológico y una sociedad más justa y sostenible, es necesario un enfoque integral que aborde las causas profundas de la injusticia ambiental. El Jubileo Ecológico es aquí un llamado a la acción para construir un mundo donde todas las personas puedan vivir con dignidad y en armonía con la naturaleza. Esta acción tiene en sus principios la virtud de la compasión. LA COMPASIÓN: VALOR ÉTICO DEL JUBILEO La construcción de una sociedad más justa y compasiva es el objetivo de nuestra reflexión. En un artículo publicado en Cuaderno Isidorianum, desde un análisis de la parábola del Buen Samaritano, presentábamos, la compasión como esta virtud ecoteo-lógica para la salva-guardia de la creación26. La compasión es para nosotros, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de sentir su sufrimiento y de actuar para aliviarlo. Implica un reconocimiento de la vulnerabilidad27 y la interdependencia de todos los seres vivos. Eso contradice el uso coloquial de la palabra compasión que suena a sentimentalismo alejado de la praxis, ajeno a la vida política; a comportamiento moralista que viene a encubrir las causas de la injusticia; a una vaga simpatía que se siente desde fuera o desde arriba con cierto complejo de superioridad. La compasión es ponerse en el lugar de los sufrientes en una relación de igualdad y empatía, asumir el dolor de las otras 26 Augustin Kalamba Mupoyi, « Prendre soin de la création dans la logique chrétienne. Une lecture eco-théo-logique de Luc 10, 25-37 », en Cuaderno Isidorianum 14 (2023) 102-107. 27 Reconocer nuestra vulnerabilidad y nuestras limitaciones nos guarda de una compasión que se convertiría en el ejercicio del poder sobre… La vulnerabilidad no es aquí un fracaso del sujeto, sino una capacidad paradójica: la capacidad de encontrarse con los demás sin situarse en posición de superioridad; de establecer una cierta igualdad en la asimetría de la relación.
116 personas como propio, interiorizar a la otra persona dentro de nosotros, sufrir no solo con los otros, sino en los otros, hasta identificarse con quien sufre y con sus sufrimientos, cuestión que no resulta fácil pero que es necesaria. La compasión requiere participar activamente en el sufrimiento ajeno, pensar, conocer y mirar la realidad con los ojos de las víctimas, de las personas empobrecidas, luchar contra las causas que lo provocan y curar las heridas que genera la injusticia. Con razón, escribe Juan José Tamayo: “La compasión es una pasión que se dirige espontáneamente al sufrimiento de los otros y de la naturaleza oprimida, y nos hace seres más humanos y personas más conectadas con la naturaleza de la que formamos parte”28. Para ser una persona compasiva no es necesario que exista un afecto previo, es suficiente con que consideremos a quienes sufren como iguales. Al proseguir la tarea de una «fenomenología del yo afectado por el otro que el yo»29, descubrimos con Ricoeur que la actitud ética que la compasión saca a la luz es la relación. La compasión no solo es un sentimiento, sino un compromiso activo hacia el bienestar de los demás30. “Este afecto que nos lleva a compartir el dolor y el sufrimiento de los demás no puede entenderse como una lágrima en el ojo; es responsabilidad”31. Una responsabilidad que no está guiada por la emoción, sino por los demás. Así, como deseo de compartir el dolor ajeno, la compasión se opone a la «simple lástima, en la que el yo disfruta secretamente sabiéndose salvado»32. Ese es el verdadero significado de la compasión como principio y virtud, porque “el único fundamento de la ética tiene que encontrarse en la experiencia de acciones no basadas en el egoísmo, sino en el altruismo. Solo serán buenas, en 28 Juan José TAMAYO ACOSTA, La compasión en un mundo injusto, Barcelona, Fragmenta Editorial, 2021, 277. 29 Paul RICOEUR, Soi-même comme un autre, Paris, Seuil, 1990, 382. 30 Cf. Matthieu RICHARD, La ciencia de la compasión La Ciencia de La Compasión | PDF | Sufrimiento | Compasión (consultado el 08/02/2025). 31 Myriam REVAULT D’ALLONES, L’Homme compassionnel, Paris, Seuil, 2008, 7. 32 Paul RICOEUR, Soi-même comme un autre, 223-224.
117 sentido estricto, las obras que provengan de la compasión, de una participación inmediata en el dolor ajeno”33. En el contexto de la celebración del jubileo, la compasión se extiende más allá de los seres humanos para abarcar a toda la creación. Nos invita a reconocer el sufrimiento de la Tierra, de los animales, de las plantas y de los ecosistemas que están siendo afectados por la crisis ambiental. Nos impulsa a actuar para proteger y restaurar la naturaleza, no solo por un sentido de obligación o responsabilidad, sino también por un profundo sentido de empatía y conexión con todo lo que nos rodea. Es entonces un imperativo, para hacer del jubileo un verdadero momento de renovación y conversión. No sólo invitamos a reducir nuestro consumo, adoptar prácticas sostenibles, apoyar iniciativas de conservación, sino también participar en movimientos sociales, exigir justicia social y ambiental, promover políticas públicas que protejan la naturaleza y respetan la vida humana desde su concepción hasta su extensión natural. La compasión es así, un valor fundamental para construir un futuro más justo y sostenible. Nos motiva a superar la indiferencia y la apatía, a tomar conciencia de nuestra responsabilidad hacia el prójimo y el planeta y a trabajar por un mundo donde todos los seres vivos puedan prosperar en armonía. CONCLUSIÓN La ética y el concepto de jubileo presentan una poderosa oportunidad para avanzar hacia una sociedad más justa y compasiva. La implementación de principios éticos en nuestras vidas cotidianas y la adopción de la práctica del jubileo, que enfatiza la renovación y el perdón, pueden contribuir significativamente a la reducción de la desigualdad y a la promoción del bienestar colectivo. Una sociedad que valora la 33 Begoña PESSIS, “Sobre el valor ético de la compasión: Kant y Schopenhauer en diálogo”, en Pensamiento 80/310 (2024) 842.
118 justicia y la compasión es una en la que todos sus miembros tienen la oportunidad de prosperar y alcanzar su máximo potencial. El camino hacia una comunidad global más equitativa y solidaria requiere un compromiso constante y consciente con estos valores, reconociendo que el bienestar de uno está inextricablemente ligado al bienestar de todos. Al abrazar la ética y el jubileo, podemos construir un futuro donde la empatía y la equidad sean la norma y no la excepción. El Jubileo, como concepto arraigado en la tradición bíblica y retomado en nuestro contexto, nos invita a reflexionar profundamente sobre la ética que debe regir nuestras sociedades. No se trata simplemente de un evento religioso o de una celebración pasajera, sino de una llamada a la acción, a la transformación de estructuras y mentalidades que perpetúan la injusticia y la desigualdad. La ética del Jubileo nos interpela a trabajar por la justicia económica, social y ambiental. Al asumir la ética del Jubileo como guía, podemos avanzar hacia una sociedad más justa y compasiva, donde la dignidad humana sea el centro de todas las decisiones y acciones. Una sociedad donde la solidaridad, la equidad y el respeto sean los valores que inspiren nuestras relaciones y nuestras instituciones. Haremos entonces del Jubileo no una utopía, sino un horizonte que nos invita a caminar juntos, construyendo puentes de diálogo y colaboración entre diferentes sectores de la sociedad.
119 ÉTICA, JUBILEO Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Jesús Ignacio Delgado Rojas Dpto. Filosofía del Derecho Universidad de Sevilla Aunque son diversas las temáticas sobre las que versa la Doctrina Social de la Iglesia, en esta ocasión me centraré en algunas consideraciones que tienen que ver con la Ética y el Jubileo y, sobre todo, quisiera acercar estas cuestiones a la plasmación que reciben hoy en un Estado de Derecho contemporáneo y a su modelo político por excelencia como es la democracia. Comenzaré presentando algunas reflexiones sobre Ética y Doctrina Social de la Iglesia en el Estado de Derecho para luego pasar a relacionar estos comentarios con la democracia. LA ÉTICA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Una nota definitoria de la Doctrina Social de la Iglesia, relevante para el asunto que nos concierne, con la que quisiera comenzar es que su misión no es la de ofrecer directrices políticas ni programas de gobierno. Su función es, más bien, enjuiciar las prácticas de los dirigentes políticos a la luz de los principios fundamentales que en ella se consagran. De la misma manera, no hallaremos en la Doctrina Social pautas precisas para un problema humano concreto, sino más bien enseñanzas inspiradoras que ayudarán y guiarán la tarea de cada individuo en el ejercicio de su conciencia y discernimiento. La Doctrina Social de la Iglesia participa de una visión de la sociedad en la que ésta se origina por la propia naturaleza social del ser humano. La sociedad no se engendra por un hipotético contrato, sino por la capacidad innatamente humana de cooperación y asociación entre semejantes. Se produce así un
120 distanciamiento de aquellas filosofías contractualistas por las que Hobbes, Locke, Rousseau supusieron un imaginario contrato social que presumiría el origen, en un momento ficticio, de la sociedad. La Doctrina Social de la Iglesia participa más bien de un enfoque aristotélico, que concibe la comunidad como el resultado de las relaciones de justicia y también de amistad social. Más que la lógica del interés liberal individualista de la modernidad, la enseñanza eclesiástica busca las raíces de la sociedad en la fraternidad humana, en los lazos de la solidaridad, la caridad y las redes de apoyo mutuo. De esta Filosofía Política que abraza la Doctrina Social de la Iglesia se deduce una idea de sociedad civil como aquel espacio de la vida social organizada que es voluntariamente autogenerada, independiente, autónoma del Estado y limitada por un orden o juego de reglas compartidas. La sociedad civil no es una asociación en términos jurídicos, sino un conjunto de relaciones que los ciudadanos establecen al actuar colectivamente en la esfera pública, expresando sus intereses, intercambiando información y cooperando para alcanzar objetivos comunes. Ya sabemos que la idea de sociedad civil es distinta y precede a la de comunidad política (o Estado de Derecho, que diríamos hoy). Y ello es importante para la Doctrina Social de la Iglesia. La comunidad política se refiere al conjunto de individuos y grupos dotados de cierta cohesión cultural bajo un poder soberano, lo que no se precisa en el ámbito de la sociedad civil, cuyo fin no es la organización del poder político sino la consecución de objetivos comunes de sus miembros. Cuando sociedad civil y sociedad política se (con)funden estamos ante visiones totalitarias que tienden a subordinar cualquier actuación humana colectiva bajo la esfera y dominio del Estado. Aunque son nociones relacionadas, es la sociedad civil la que sirve de soporte a la comunidad política. Dicho con otras palabras, la comunidad política –el Estado– se constituye y orienta para estar al servicio de los legítimos intereses y necesidades de la sociedad civil, esto es, su justificación deriva de su contribución al bien común. Tal y como apunta la Gaudium et spes, la única constitución pastoral del Concilio Vaticano II, “la
127 VALOR COMUNIONAL DEL JUBILEO Miguel Ángel Núñez Aguilera Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla Amén de la reflexión bíblico-teológica-canónica que podamos hacer, la institución jubilar –en la práctica secular de la Iglesia– llega a nosotros marcada por el bien de las indulgencias. Así, el decreto de la Penitenciaria Apostólica para el Jubileo 2025 recoge: “Todos los fieles verdaderamente arrepentidos, excluyendo todo afecto al pecado y movidos por espíritu de caridad y que, en el curso del Año Santo, purificados a través del sacramento de la penitencia y alimentados por la santa comunión, oren por las intenciones del Sumo Pontífice, podrán conseguir del tesoro de la Iglesia, plenísima Indulgencia, remisión y perdón de sus pecados, pudiéndose aplicar a las almas del purgatorio en forma de sufragio”1. La remisión de la pena de los pecados ya confesados y perdonados sacramentalmente emerge como el objeto del Año Jubilar presente. Visto así, el Jubileo se presenta como un bien puramente individual. A lo sumo, podríamos entender una cierta comunicación entre los fieles en la aplicación de la gracia ganada por una persona a las almas del purgatorio. Es lo que el decreto de indulgencias del Jubileo 2025 llama “laudable ejercicio de caridad sobrenatural”, en virtud del “vínculo mediante el cual están unidos en el Cuerpo místico de Cristo los fieles que aun peregrinan en la tierra, junto con aquellos que ya han terminado su camino”2. Sin embargo, esta visión absolutamente individualista del bien de gracia jubilar choca 1 Penitenciaria Apostólica, Decreto de concesión de indulgencia plenaria durante el Jubileo 2025 (13.05.2024). 2 Penitenciaria Apostólica, Decreto de conceción de indulgencia plenaria durante el Jubileo 2025 (13.05.2024).
128 de frente con los propios medios necesarios para alcanzarla. A saber: •Las peregrinaciones a los lugares sagrados, participando en la santa misa, donde se precisa, además, que a ser posible, se celebre misa votiva para la reconciliación, para pedir la caridad y para fomentar la concordia, o se participe en misa ritual para conferir los sacramentos de iniciación cristiana o la unción de los enfermos; o en una celebración penitencial, que concluya con las confesión individual de los penitentes; también participando en una celebración de la palabra de Dios, en la Liturgia de las Horas (oficio de lecturas, laudes, vísperas), la adoración eucarística o los actos piadosos del Via crucis, del Rosario o el himno Akathistos, concluyendo con la profesión de fe en cualquier forma legítima. •Los fieles que no puedan participar en estas peregrinaciones y sus celebraciones (monjas y monjes de clausura, ancianos, enfermos, reclusos, como también aquellos que prestan servicio continuo a estos), conseguirán la indulgencia jubilar mediante la unión espiritual, recitando el Padrenuestro, el Símbolo de la fe en cualquier forma legítima y otras oraciones conforme a las finalidades del Año Santo, ofreciendo sus sufrimientos o dificultades de la vida. •Además, los fieles podrán conseguir la indulgencia jubilar si participan en misiones populares, en ejercicios espirituales u otros encuentros de formación, dedican tiempo a los hermanos que se encuentran en necesidad o en dificultad: enfermos, encarcelados, ancianos en soledad, personas con capacidades diferentes…, a modo de una peregrinación existencial hacia Cristo presente en ellos (cf. Mt 25,34-36). Se trata del ejercicio de las obras de caridad o misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos; y espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las
129 ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos3. •Finalmente, la indulgencia jubilar también puede obtenerse mediante cualquier ejercicio de penitencia que es el alma del Jubileo, absteniéndose de distracciones banales (reales o virtuales) y de consumos superfluos, dedicando ese tiempo y recursos a obras de carácter religioso o social, especialmente en favor de la defensa y protección de la vida en cada etapa, de la infancia abandonada, de la juventud en dificultad, de los ancianos necesitados o solos, de los migrantes4. Todos estos medios descritos por el Decreto de Indulgencia de la Penitenciaria Apostólica para el Jubileo 2025, si bien comportan el ejercicio individual del fiel, presentan un carácter indiscutiblemente comunional: desde el peregrinar que dispone a todos los fieles en un movimiento común hasta la participación eucarística, las obras de misericordia, corporales y espirituales, o la austeridad de vida cuyo fin es el prójimo. Luego, cuando visualizamos la gracia jubilar a modo de ganancia individual de una indulgencia, estamos ante una deformación de percepción de la realidad jubilar misma. Es más, si miramos el propio fin de los años jubilares, encontramos que todos ellos se disponen en orden a la renovación de la vida cristiana en los fieles, avivar su fe, fortalecer su esperanza y potenciar su amor a Dios y al prójimo. En definitiva, alimentar la comunión con Dios en Cristo y con los hermanos en la Iglesia, que es su cuerpo, porque la fe, la esperanza y la caridad no son bienes patrimoniales del fiel individual, sino bienes comunionales por definición. El propio Martín Lutero (1483-1546) refutó la práctica de las indulgencias de su época a partir, precisamente, del sentido comunional originario del jubileo: la 3 Cf. Francisco, Bula Misericordiae vultus, 15. 4 Cf. Penitenciaria Apostólica, Decreto de conceción de indulgencia plenaria durante el Jubileo 2025 (13.05.2024).
130 restauración de la comunión con Dios a través del arrepentimiento de los fieles y no un bien de consumo particular5. La pregunta entonces es doble: Por una parte, ¿el sentido comunional del jubileo forma parte de la institución jubilar desde su misma raíz bíblica?; y, por otra, ¿cómo se refleja este sentido comunional en la práctica jubilar actual de la Iglesia? DIMENSIÓN COMUNIONAL DEL AÑO JUBILAR DESDE SU ORIGEN La figura del año jubilar hunde sus raices en Levítico 25,8-55, cuando cada 50 años se otorgaba la cancelación de todas las deudas y la restitución de los bienes dentro del pueblo de Dios, así como el desanso de la tierra. Esta pieza, amén de su datación redaccional probable postexílica y sus paralelos babilónicos, se presenta dentro del ordenamiento constitutivo del pueblo de Dios que nace de la Alianza con Dios en el Sinaí6. Esto es, sus disposiciones forman parte de la ley mosaica originaria. Según este texto, el año jubilar viene definido básicamente por tres acciones: •Cancelación de las deudas, cuyo bien personal-social directo era la recuperación de la libertad para todos aquellos que había entrado en esclavitud a causa de impagos, restaurando la dignidad personal de estos y permitiendo su reincorporación a la comunidad. Con esta medida se lograba, en cierto modo, restaurar la común dignidad de hombres y mujeres libres en el pueblo de Dios. 5 Cf. Martín Lutero, Disputatio pro declaratione virtutis indulgentiarum (Wittenberg, 31.10.1517). 6 Cf. Eddy M. Palacios Vásquez, El año jubilar en la tradición bíblica, Universidad de Navarra, Pamplona, 1999, 7-40.
131 •Restitución de las tierras enajenadas a sus propietarios originarios, cuyo bien personal-social era la equidad dentro del pueblo de Dios, ya que evitaba la acumulación de bienes en unas pocas manos. Con esta medida se procuraba la restauración de la igualdad entre los miembros del pueblo de Dios porque son familia de hermanos constituida por Dios. •Descanso de la tierra, tanto de siembra como de cosecha durante el año jubilar, porque la tierra es un bien donado por Dios –en un doble sentido: por su origen creado (cf. Gén 1,18) y por su entrega tras la salida de Egipto (cf. Deut 1,8.21)– para el sustento del hombre, que debe custodiar. Se garantizaba de este modo la relación armónica con la creación inmediata y la confianza personal-social en Dios. Esta media, en última instancia, afirmaba la soberanía divina sobre todo lo creado y sus criaturas. Con estas tres disposiciones básicas (la cancelación de las deudas que libera a la persona-familia, la restituación de los bienes materiales que restablece la equidad, dentro de la sociedad, y el descanso de la tierra, que afirma la comunión con lo creado), la ley mosaica busca la recomposición del tejido social pueblo de Dios a su forma primera: unidad humana libre, de iguales, según nace en el Sinaí, en armonía con la creación y ligados a su Creador. La propia ley que regulaba las cargas-deudas de forma minuciosa, también contemplaba una cancelación total de todas ellas y la recomposición del orden social con base en la posesión de la tierra y el respeto a la misma. La propia palabra de Dios se aseguraba, con estas medidas, que el pueblo de Dios rescatado de la esclavitud en Egipto no volviera a verse inmerso en nuevas esclavitudes, ni olvidara que la tierra les había sido dada por Dios, así como el fruto de esa tierra que gozaban. Por tanto, el jubileo veterotestamentario, en las medidas socio-económicas que presenta, tenía una profunda dimensión teológica: Se comprendía como una manifestación de la alianza de Dios con su pueblo, a cuyo punto originario se quería volver mediante la provisión de esta justicia divina de perdón de las deudas.
132 Como puede advertirse, las disposiciones del año jubilar –ya en su raíz veterotestamentaria– parten de la extinción total de las obligaciones de pago de un deudor que le permite recuperar todos sus derechos personales dentro de la sociedad pueblo de Dios, le sigue una reversión de los bienes raices que reequilibra el tejido social en el pueblo de Dios, y culmina con el descanso de la tierra que ubica al pueblo de Dios en un horizonte de comunión cósmico. Liberación personal por cancelación de la deuda, equidad social y armonía con la creación se implican en el ordenamiento del año jubilar en una especie de búsqueda de la comunión primera del pueblo de Dios y la restauración de una justicia originaria. Observese aquí, la fuerte conexión que el año jubilar veterotestamentario presenta entre reconciliación, justicia social y armonía con lo creado. Si se quiere, podríamos ver una especie de protoley de segunda oportunidad integral ya que implica a toda la sociedad y alcanza todos los órdenes. No obstante, desde el punto de vista histórico, este año de gracia dispuesto en el Levítico 25 nunca llegó a darse en todo su alcance. Hubo condonacionales parciales o mitigación de las cargas, lo cual ya es mucho. Sin embargo, pese a este devenir muy venido a menos del año de gracia dispuesto por la Ley en el orden temporal, la figura del año de gracia no desaparece de la Escritura, ni se contenta con esos años de gracia parciales. Al contrario, a través de los profetas, el año de gracia es reclamado y, aún, redimensionado (cf. Jr 25,11; 29,10; Ez 40,1; Is 58,5-6; 61,2; Dn 9,24-27). Sin olvidar su base socio-económica de la candelación de las deudas y la restitución de la equidad social, los profetas van más allá: anuncian una redención del corazón por parte de Dios que permita al pueblo de Dios su renovación total. Aquí, ya no solo se contempla la cancelación de las deudas materiales que pueden afectar a las condiciones de vida, sino también la remisión de las penas vinculadas al pecado, mediante una nueva alianza que Dios establecerá con su pueblo a fin de constituirlo en faro-luz entre las naciones que conduzca a todos los pueblos a la comunión entre sí con Dios (cf. Is 49,6). Emerge con fuerza así, en los profetas, el elemento fundante del año de gracia o jubilar: el perdón de los
133 pecado entendido como gran perdonanza por parte de Dios, cuyo fruto es la reconciliación de los hombres entre sí con Dios, del cual la justicia social es manifestación tangible. Ahora, el año jubilar, no solo será un acto jurídico de efecto económico-social, sino una experiencia de misericordia reconstituyente y compasión divina absoluta, que restaura interiormente al pueblo de Dios en comunión. Como puede intuirse, este año de gracia redimensionado en misericordia divina, que los profetas presentan, y la promesa de una nueva alianza, anunciada también por ellos, van de la mano. El punto de término de la inmensa obra coral que presentan los profetas no es otro que Jesucristo, quien proclama el año de gracia del Señor y lo realiza en su persona, por medio de la nueva y eterna alianza que él mismo establece entre los hombres y Dios a través de su carne en el binomio Cenáculo-Calvario. De aquella ejecución, vista como evento de redención-gracia universal, san Pablo dirá: “Él es nuestra paz (…) que ha derribado el muro de la enemistad (…) y nos ha reconciliado con Dios” Ef 2,14-16. En efecto, la comunión de los hombres entre sí y de estos con Dios, a través del cuerpo de Cristo, es la realización cumplida del año de gracia anunciado por los profetas. En efecto, si leemos Lc 4,14-19, cuando Jesús comparece en la sinagoga de Nazartet, presenta su persona y su ministerio en términos jubilares. En él se decreta el año de gracia definitivo porque trae la liberación completa del hombre, la reconciliación de los hombres entre sí y con lo creado, la comunión plena de la humanidad con Dios7. Sin embargo Jesús no invoca Lv 25,8-13, sino al profeta Isaias 61,1-2: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a envangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor”. De hecho, la evangelización de los pobres, la libertad de los 7 Cf. Eddy M. Palacios Vásquez, El año jubilar en la tradición bíblica, Universidad de Navarra, Pamplona, 1999, 258-274.
134 cautivos, la vista de los ciegos, la libertad de los oprimidos forman parte de los argumentos testificales que Jesús da a los discípulos de Juan el Bautista cuando le preguntan: “¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?” (Lc 7,20). Jesús se remite a esos hechos ciertos –verificables en su proceder biográfico– para responder sobre sí: “Id a anunciar a Juan lo que estais viendo y oyendo” (Lc 7,22). La evangelización de los pobres, la libertad de los oprimidos, la vista de los ciegos ya no son un anuncio, sino un hecho cierto acontecido. Sin embargo, lo sorprendente es que ya en Nazaret, Jesús termina la lectura del libro del profeta Isaías afirmando: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabais de oir” (Lc 4,21). Esto es, Jesús da por cumplido el Año de Gracia del Señor antes de ninguna acción. ¿Cómo es esto posible? La respuesta es porque el gran jubileo escatológico prometido por los profetas es Jesucristo mismo, su persona. Todo el ministerio de Jesús, palabras y obras, hasta llegar al acontecimiento redentor de su entrega en la cruz y resurección es desarrollo y cumplimiento de Lc 4,14-19. Jesucristo es el Año de Gracia, Jesucristo es el Jubileo. Desde aquí debemos entender esa figura tan simbolica de la puerta santa, con la cual se inaguran los años jubilares y, a través de la cual, se tiene acceso a la gracia jubilar del perdón. Jesucristo es la puerta que da acceso a la gracia; él es la gracia misma del perdón universal. En efecto, porque Jesucristo es la puerta de acceso a la gracia que es él mismo, aquel «hoy» formulado en la sinagoga de Nazaret se convierte en un presente eterno al cual tiene acceso todo hombre a través del cuerpo de Cristo que es la Iglesia, porque Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre que se hace presente en el hoy, aquí y ahora de la Iglesia.. Los años jubilares en todo su simbolismo recrean figurativamente esta verdad teológica. El año jubilar –que es Jesucristo-redentor dandose en la Iglesia– se presenta así como una ocasión donde la cancelación de la pena temporal por los pecados (que otorga la indulgencia plenaria), estimula la vida cristiana conforme a su ser comunión. Este doble contenido, como en el año jubilar veterotestamentario, no son dos realidades separadas o desconexas, sino que una es la base de la otra. Como la cancelación de las deudas materiales pretendía
135 ofrecer una oportunidad nueva a la persona, así el perdón de los pecados y la remisión total de la pena temporal por los pecado trata de impulsar en los fieles una renovación de la vida cristiana en todos los órdenas. De hecho, la renovación de la vida forma parte intrínseca del propio sacramento de la confesión. ¿Qué es, si no, el propósito de enmienda más que el compromiso de un vivir nuevo por parte del penitente? SENTIDO COMUNIONAL DEL AÑO JUBILAR EN LA PRAXIS CONTEMPORANEA ECLESIAL Desde sus orígenes en 1216 con el “gran perdón” concedido por Celestino V a cuantos peregrinasen a la Basílica de Santa María en L’Aquila8, los papas sucesivos han comprendido el año jubilar como un tiempo especial de gracia, perdón y renovación espiritual para los fieles. Inspirado en la tradición bíblica (lectura conjunta del AT a la luz de Jesucristo en el NT), el jubileo en la Iglesia busca restaurar la comunión de los hombres entre sí con Dios a través del perdón, la conversión personal y la reparación social. San Agustín (354-430), por ejemplo, reconsiderando el año de gracia del Señor Jesús en san Lucas que realiza el año jubilar veterotestamentario, contempla el jubileo como restauración del orden divino a través del perdón de las deudas materiales, la conversión de vida, el perdón de los pecados personales y la reconciliación social, pues tal como desarrolla largamente en la Ciudad de Dios, la comunión es el orden natural querido por Dios, que el pecado rompió y que 8 Antecedentes de los años de gracia pueden reconocerse en el “gran perdón” que Celestino V concedió a la Basílica Santa María, en L’Aquila, en 1216, o la indulgencia dada por Honorio III a san Francisco para cuantos visitasen la Porciúncula durante los primeros días de agosto. Lo mismo se puede afirmar de la peregrinación a Santiago de Compostela, cuando Calixto II concedió año jubilar a aquel santuario, en 1122, cuando la fiesta del apóstol Santiago coincidiese con domingo. Finalmente Bonifacio VIII en 1300 fijó la institución jubilar en la Iglesia cada cien años, Clemente VI la cifró en cincuenta en 1343 y Pablo II estipuló la cadencia de los jubileos cada veinticinco años. También existen otro jubileos como los del aniversario de la Redención desde 1933, con Pío XI, o aquel de la misericordia que el Papa Francisco concocó en 2015.
136 la gracia del perdón restaura9. Solo la misericordia divina es, para el obispo de Hipona, la que trae la justicia y permite superar toda deuda. De hecho, históricamente, los jubileos eclesiales han sido momentos clave para la renovación espiritual de la comunidad cristiana y para promover acciones concretas de justicia y caridad. Esa misericordia divina que está a la base de la reconciliación social es precisamente la clave del año jubilar para Santo Tomás de Aquino (1225-1274), que se manifiesta a través de la potestad confiada a la Iglesia de perdonar los pecados y otorgar indulgencia sobre la pena pareja a ellos. Santo Tomás de Aquino precisamente asienta ya en su pensamiento estas tres bases de la experiencia jubilar: •El fin último del jubileo es la comunión que acontece a través del perdón de los pecados personales de los fieles. •La indulgencia jubilar es signo del triunfo de la gracia sobre el pecado. •El perdón obtenido y la gracia concedida sanan la sociedad porque reconstruye las relaciones humanas10. A esta visión y práctica secular de la Iglesia, el magisterio de los tres últimos pontífices no ha dejado de subrayar la dimensión comunional del Jubileo. De hecho, Juan Pablo II, Benedicto XVI y el propio Papa Francisco han ofrecido profundos desarrollos teológicos y pastorales sobre el sentido de comunión que encierra la experiencia jubilar. JUAN PABLO II: EL JUBILEO COMO RECONCILIACIÓN CON EL PASADO, OCASIÓN PARA LA UNIDAD Y LA SOLIDARIDAD UNIVERSAL 9 Cf. Agustín de Hipona, La ciudad de Dios, Libro XVIII, 35 10 Cf. Tomás de Aquino, Suma Teológica I-II, q. 109-114.
143 El perdón que los años jubilares portan no excluye, sin embargo, la justicia. Tal como afirma Paul Ricoeur, el perdón no es un simple olvido del daño recibido, sino una disposición a la reconciliación que no niega la justicia16. Hay exactamente perdón porque hay el reconocimiento de una deuda acreditada. Así, en ellos, el perdón viene a complementar la justicia, pues rehabilita a la persona en sociedad para su reintegración, permitiendo la restauración de las relaciones humanas; pues la justicia sin perdón puede volverse venganza, y el perdón sin justicia puede desembocar en impunidad. Aún más, con Hannah Arendt, podríamos considerar el perdón acto político necesario para la regeneración de la sociedad y prevenir nuevos conflictos17. En un mundo marcado por la polarización y la desigualdad, la praxis de los años jubilares de la Iglesia, con la carga filosófico-teológico comunional integradora de los hombres entre sí que porta, se ofrece como signo visible al mundo para construir sociedades más justas e inclusivas, donde la comunión no sea solo un ideal, sino una práctica efectiva en la vida política y jurídica. 16 Paul Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido, Trotta, Madrid, 2013. 17 Hannah Arendt, La condición humana, Paidos, Barcelona, 2016. Al respecto: Marcela Madrid Gómez, “Sobre el concepto de perdón en el pensamiento de Hannah Arendt”, en Praxis filosófica 26 (2008) 131-149.
145 NO SOLO EL JUBILEO, EL SÁBADO Y LA DEUDA SON PARA (Y ESTÁN EN FUNCIÓN) DEL SER HUMANO, TAMBIÉN EL TRABAJO David Sánchez Rubio Profesor Titular de Filosofía del Derecho Facultad de Derecho Universidad de Sevilla INTRODUCCIÓN Estas reflexiones están hechas en el marco de las IV Jornadas de Derechos Humanos y Doctrina Social de la Iglesia, celebradas el 21 de febrero de 2025 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla y que tenían como tema central el Jubileo de la Esperanza, con motivo del Año Jubilar Ordinario proclamado por el Papa Francisco el día 9 de mayo de 2024 en su bula Spes Non Confundit. En ella se nos pide tener amplitud de miras y una mente abierta con el objetivo de comprometernos por un mundo en el que la Humanidad y la Naturaleza sean reconocidas y respetadas, en un marco intercultural en el que se busquen alianzas con ese propósito. La urgencia está ahí, ya que, hoy en día, lo necesario para que todos podamos vivir y dignamente, se está convirtiendo en algo no prioritario e inútil. También, la irracionalidad por acción y/o inacción, que siempre ha aparecido a lo largo de la historia del ser humano en forma de guerras, pogromos, genocidios, asesinatos, torturas y otras muchas expresiones de violencia y de violaciones de derechos humanos, ahora se extiende y se hace hegemónica hasta normalizarse y naturalizarse, convirtiendo la mentira y la barbarie en oficiales criterios de verdad. Los seguidores de Caín, frente a Abel, como buenos cainitas, van arrinconando, poco a poco, el espíritu ecuménico de amar al prójimo y de nunca dar buenas razones para matar, vulnerando así el mandato bíblico del no matar. Si no cambiamos de dirección, el suicidio colectivo de
146 toda la especie humana, se anticipará por esa motosierra neoliberal y mercantilista-financiera que corta las ramas del árbol sobre las que estamos sentados. El planeta Tierra podrá acompañarnos en ese fatídico destino, pero la Naturaleza cósmica seguirá su curso. El camino que voy a seguir con mis reflexiones, será retomando la tradición cristiana profético-apocalíptica y mesiánico que enraíza en el primer cristianismo, preocupado por los de abajo y los sufrientes, que Franz Hinkelammert contrapone frente a la otra tradición imperial y colonial de los de arriba y los poderosos, que, reflejada inicialmente en el legalismo de los fariseos y los escribas, terminó imponiéndose hacia nuestros días1. La circunscribiré refiriéndome al tema del perdón de la deuda, conectándolo con el espíritu del jubileo. También me detendré en la metáfora del concebir los sábados (y cualquier producción o creación humana) como día de descanso, en función de los seres humanos y no, al revés, haciendo a los seres humanos subordinados a la ley y a su legalismo, que obliga a descansar los sábados. Finalmente, termino un ejemplo concreto, centrándome en el concepto del trabajo como medio con el que conseguir condiciones dignas de vida y como satisfactor y generador de goce, disfrute y riqueza existencial en nuestras sociedades. HUMANISMOS DE CREYENTES RELIGIOSOS Y DE ATEOS: LA LUCHA CONTRA LOS MALES QUE OPRIMEN Y CONTRA LAS INJUSTICIAS Tomo el testigo de la búsqueda de alianzas propuesta por el Papa Francisco, a través del concepto de “fe antropológica” del teólogo uruguayo Juan Luis Segundo. En su libro La historia perdida y recuperada de Jesús de Nazaret nos habla del significado de “fe antropológica”, para referirse a aquella parte de la estructura 1 F. HINKELAMMERT, Cuando Dios se hace hombre, el ser humano hace la Modernidad. Crítica a la razón mítica en la historia occidental, 2ª edición, Escuela de Economía, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional, Costa Rica, 2022.
147 valorativa de la existencia humana que tiene como referente al ser humano, y desde él articula una especial significación a nuestras decisiones, independientemente de que las creencias sean trascendentes o inmanentes, basadas en la fe religiosa o en la razón atea o sin dioses. Franz Hinkelammert lo expresa muy bien, unificando las propuestas de Pablo de Tarso junto con las del joven Marx, con la expresión de que el ser humano debe ser siempre el ser supremo para el ser humano. Cualquier producción humana debe tener como referente las necesidades y las condiciones de existencias dignas de los sujetos protagonistas de esas creaciones y mediaciones: los seres humanos con nombres y apellidos, sin excepciones.2 Para Juan Luis Segundo, lo que de común hay en todo ser humano, ya sea un creyente religioso o ya sea un ateo o un no creyente religioso, es una fe antropológica concreta por la libertad y/o por valores que hagan mejor su realidad junto con sus semejantes, apostando por el testimonio de quienes le inspiran en esa fe y estructurando su existencia en torno a una significación específica con la que los valores se concretizan a través de los medios que los hacen posible.3 El saber, la política, la cultura y el Derecho se articulan siempre con este propósito. A partir de esta fe antropológica común en creyentes y en no creyentes religiosos, considero que los orígenes de esa fe nacen de la confluencia de dos tradiciones y proyectos civilizatorios, que son la base de la cultura occidental, siendo uno de ellos más sensible con el sufrimiento y la injusticia. En este sentido, pero precisando más, el sociólogo mexicano Pablo González Casanova considera que, junto con los saberes y la cultura griega, el pensamiento judeo-cristiano es precursor de las creencias y ciencias en 2 J. L. SEGUNDO, La historia perdida y recuperada de Jesús de Nazaret, Editorial Docencia, Buenos Aires, 2010. Especialmente, pp. 20 y ss. 3 Ídem, p. 24.
148 Occidente.4 La religión siempre estuvo presente, incluso en los científicos que fueron declarados herejes. No obstante, lo que quiero subrayar con esto es que la religión judeocristiana, en sus versiones rebeldes que, considero, están vinculadas con el cristianismo originario, contribuyó con una serie de creencias profundas muy relacionadas con la salvación de todos los pueblos y la búsqueda de un mundo mejor. Tal como subraya González Casanova, colaboró en la culminación de un paradigma científico alternativo que viene del pensamiento crítico y el marxismo, muy distinto al paradigma que domina en la ciencia hegemónica relativa a los grupos y las clases dominantes. Resulta crucial el legado de los profetas de Judea que anunciaban el Reino de Dios en la Tierra, adquiriendo dimensiones ecuménicas “cuando los pescadores y carpinteros encabezados por Jesús hicieron de Jehová no solo el Dios de los hebreos sino el de todos los pueblos del mundo”. La idea de construir el mundo de Dios en la Tierra cuestionando a los comerciantes y a los romanos, prefiguró e influyo sobre los procesos revolucionarios burgueses, colonialistas y también populares.5 Vista desde esta perspectiva, Pablo González Casanova coincide con la hipótesis de trabajo de Franz Hinkelammert sobre la primera declaración de derechos humanos hecha por Pablo de Tarso, como fuente de revueltas y revoluciones posteriores en el seno de la cultura occidental, desde el reclamo de la igualdad de todos los seres humanos. este tema de la igualdad frente a las desigualdades que discriminan es uno de los referentes éticos y axiológicos de creyentes y no creyentes religiosos comprometidos en su lucha contra las injusticias y las fuentes de inhumanidad. En concreto, Hinkelammert, en su último libro antes de su fallecimientos, hace una defensa de los procesos revolucionarios y la lucha por los derechos en la historia de Occidente que posee una raíz 4 P. GONZÁLEZ CASANOVA, Las nuevas ciencias y las humanidades. De la academia a la política, Anthropos, Barcelona-Madrid-México D.F., 2004, p. 360. 5 Ídem, pp. 262-264.
149 judeocristiana.6 Su hipótesis de trabajo es que la rebelión en nombre de la igualdad, que es uno de los grandes emblemas de los procesos revolucionarios, viene de la tradición judía y cristiana, en concreto de la tradición profético-mesiánica y apocalíptica que entra en conflicto con la tradición imperial colonizadora, que es la que se hace hegemónica. Centrándose en Pablo de Tarso, el Reino de Dios y la fe de Jesús (no la fe en Jesús), en concreto en Gálatas, 3, 26-29 cuando dice que “ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer”, en el que los elegidos son los pobres, los plebeyos y los despreciados, nos encontramos con la raíz de los derechos humanos, siendo la primera declaración de los mismos en la historia. Se trata de un proyecto de un humanismo de la praxis, un proyecto universal de justicia para toda la Humanidad que denuncia cualquier discriminación individual y cultural en base a las diversidades y las diferencias humanas. La igualdad que significa que no se acepta usar las diferencias, ni de las mujeres, como pretexto de discriminaciones.7 El Mesías para Pablo de Tarso, contiene un mundo de la igualdad entendido como una gran fiesta, sin ningún tipo de discriminaciones en tanto proyecto de transformación de la propia sociedad, en este mundo primero y, después de la muerte, en su total plenitud.8 Posteriormente, a lo largo de la historia se hace constantemente presente y, especialmente, en la Modernidad con la Revolución Francesa y los valores de libertad, igualdad y fraternidad. Con San Pablo no existía un sujeto, no había humanidad capaz de emprender un camino de realización, que hiciera posible este humanismo de la praxis como parte de la acción. Es un mito que, como concepto trascendental, se puede hacer real posteriormente, con sus muchas variaciones, debilidades, regresiones y conflictos. cuando pasa de lo ontológico, 6 F. HINKELAMMERT, Cuando Dios se hace hombre, el ser humano hace la Modernidad, cit. 7 Sobre el profetismo bíblico, ver J.J. TAMAYO, Cristianismo radical, Trotta, Madrid, 2025, pp. 128 y 129. 8 F. HINKELAMMERT, Op. cit., pp. 13-19 y 40 y ss.
150 como una ausencia presente, a ser antropológico. En concreto, cuando Dios se hace humano y el ser humano pasa a ser el ser supremo para el ser humano.9 Profundizando un poco más en esta misma línea, Reyes Mate afirma que la cultura hebrea, frente a la tradición griega, posee un patrón de justicia y de injusticia de carácter experiencial. Se basa en la compasión, la interdependencia, la corresponsabilidad y posee una sensibilidad por el sufrimiento humano y los procesos de injusticia. Además, es un patrón que no tiende hacia lo abstracto, todo lo contrario, es sensible a lo concreto, a lo particular, a la alteridad y a la llamada del otro.10 JUBILEO, PERDÓN DE LAS DEUDAS Y LEYES HUMANITARIAS A partir de estas reflexiones introductorias, quiero recuperar el espíritu ecuménico mesiánico, apocalíptico y profético, poniendo la atención en las leyes sociales y humanitarias en favor de los esclavos y las personas en situación de necesidad reflejadas en el Pentateuco. Y dentro de los cinco libros principales del Antiguo Testamento, en Deuteronomios y en el Levítico, en donde quedan recogidas las instituciones sabáticas, que reflejan el descanso en las jornadas de trabajo en el campo y que también tiene su manifestación en el Jubileo. Junto a ellas, también quiero referirme brevemente en la disidencia de los profetas Amós, Oseas, Isaías, Samuel, Elías y Miqueas con sus denuncias contra el mal que oprime y contra la inhumanidad de los poderosos, y en sus defensas en favor de los pobres y los débiles, bajo el espíritu de la Alianza del pueblo judío con su liberación subversiva de la esclavitud establecida por Egipto. Añado a ello algunas referencias 9 Ídem, p. 42. 10 R. MATE, Tratado de la injusticia, Anthropos, Madrid, 2011, pp. 33 y ss.
151 que se hacen en esta misma dirección de los libros históricos y los libros sapienciales.11 El jubileo, aunque oficialmente el Papa Bonifacio VIII convocó el primer Jubileo en el 1300 como periodo de perdón y renovación espiritual, tiene raíces profundas que se remontan al Antiguo Testamento. Según la tradición bíblica, cada cincuenta años se proclamaba un tiempo especial de libertad y reconciliación, durante el cual se perdonaban las deudas, se liberaban los esclavos y se devolvían las tierras a sus propietarios originales, restituyendo los terrenos enajenados.12 También se refiere al descanso de la tierra. Cada siete años se debían perdonar las deudas y cada 50 años, se tenían que perdonar las deudas impagables, es decir, aquellas que ahogaban y no permitían sobrevivir a quienes les era imposible devolver lo endeudado (Lv 25, 8-13). Transmitía una fe basada en la vida y no en el sacrificio y el ahogo existencial. Según Franz Hinkelammert, para Jesús, el perdón de las deudas es uno de los ejes de su mensaje. Su objetivo es cambiar el sentido tradicional que se le daba. Veamos de qué forma: los problemas del endeudamiento y el pago de la deuda mezclan dimensiones económicas, éticas y teológicas, incluso jurídicas. El Antiguo Testamento las refleja abundantemente, y lo hace en términos de desconfianza. Condena las relaciones crediticias, porque la deuda corroe, quiebra la sociedad. Por eso se declaran los años de gracia y de jubileo, como un modo de contrarrestar los efectos negativos y nefastos que conllevan sobre todas las relaciones sociales.13 No obstante, en la tradición cristiana hay una fuerte tendencia a situarla en términos de deudor y acreedor en dos sentidos. Aunque se complementen, se puede diferenciar, por un lado, a) el vínculo 11 A. ROSILLO, Liberación y justicia social. Derechos humanos desde la teología de la liberación, Centro de Estudios Jurídicos y Sociales Mispat, Universidad Autónoma e San Luis Potosí, 2012, pp. 194 y ss. 12 Ver “¿Qué es el jubileo?”, en https://www.iubilaeum2025.va/es/giubileo2025/segni-del-giubileo.html. Consulta hecha el 21 de marzo de 2025. 13 F. HINKELAMMERT, Sacrificios humanos y sociedad occidental: Lucifer y la bestia, DEI, San José, pp. 57-58.
152 que tiene con la culpa y el pecado, dentro de la relación que existe entre Dios y el hombre: y, por otro, b) alude a la relación acreedor/deudor que se establece entre los mismos seres humanos y es en esta dirección, sin prescindir del primer sentido, hacia donde se dirige el mensaje de Jesús.14 a)En el primer caso, en la tradición pre-cristiana se paga la deuda con Dios, en tanto expresión de una deficiencia, una desobediencia y un incumplimiento muy relacionado con el pecado, por medio de sacrificios. En la tradición judía, se relaciona con la ley y se manifiesta como el cumplimiento que hay que hacer a la ley de Dios. Los sacrificios permiten atenuar y hasta absolver la culpabilidad, para que el ser humano recupere, en parte, la buena conciencia bajo la obligación del cumplimiento de la ley. b)En el segundo caso, la tradición cristiana continúa esa tradición, mantiene esa analogía, pero cambia e invierte profundamente su significado. Ya no es Dios el que cobra la deuda, ni tampoco exige sacrificios para saldarla. Ahora se refiere a las deudas que, entre los hombres, se convierten en impagables, no a aquellas que sí se pueden pagar. Alude a las deudas que ahogan, que provocan catástrofes sociales, que imposibilitan condiciones dignas de existencia a quienes las detentan, llevándoles a la miseria. En la interpretación que hace Franz Hinkelammert, Jesús invierte el significado que tiene la deuda con el pecado. La deuda y el pecado que el hombre tiene con Dios es que cobre la deuda impagable que, como acreedor, tiene con otros seres humanos. Si quiere dejar de tener deudas con Dios, debe perdonarlas. “Dios perdona las deudas que el hombre tiene con él, si el hombre perdona las deudas que otros hombres tienen con él”. Dios no cobra las deudas porque no amarra al ser humano. Lo deja libre. Tampoco el ser humano debe amarrar a otros seres humanos y también debe dejar libre a sus semejantes.15 14 Ídem, pp. 58-59. 15 Ídem.