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Reseña al libro de María Concepción Gavira Márquez, "Minería y población en Michoacán durante el siglo XVIII"

Paredes Diez de Sollano, Ángeles

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102 María Concepción Gavira Márquez, Minería y población en Michoacán durante el siglo XVIII, Morelia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2009, 195 pp. (ISBN 978-607-00-0882-5) Ángeles Paredes Diez de Sollano 1 La historiadora María Concepción Gavira Márquez ha dedicado los últimos años de su vida a estudiar la minería colonial americana. Desde que publicara su tesis doctoral en 2005, 2 la autora ha dado a conocer los resultados de sus investigaciones en una serie de artículos – publicados en España, Colombia, Bolivia y México – que abordan temas que van desde la política borbónica de producción de cobre y estaño en América hasta el desarrollo histórico de la legislación que regulaba el universo laboral minero. En esta ocasión, Gavira Márquez nos entrega un libro donde se propone comparar dos regiones que son de su amplio conocimiento. El libro Minería y población en Michoacán durante el siglo XVIII de Concepción Gavira Márquez reúne tres ensayos históricos centrados en el vínculo que la población indígena de Michoacán, en la segunda mitad del siglo XVIII, mantuvo con tres importantes centros mineros de la región: Guanajuato, Tlalpujahua e Inguarán. La autora analiza los sistemas de reclutamiento de trabajadores para las minas, los movimientos poblacionales que la minería ocasionó y las crecientes protestas de los pueblos michoacanos contra el aumento de las exigencias laborales. Todo ello formó parte de la dinámica económica y social que caracterizó al siglo XVIII. Concepción Gavira relaciona los procesos de la minería novohispana con los andinos para no perder de vista el contexto imperial del que formaban parte ambos territorios. En el primer ensayo “Reclutamiento forzoso de la población indígena michoacana para el trabajo en las minas de Guanajuato a fines del siglo XVIII”, se 1 Licenciada en Etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y maestrante en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México. 2 María Concepción Gavira Márquez, Historia de una crisis: La minería en Oruro a fines del periodo colonial, Instituto de Estudios Bolivianos – Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, La Paz, Bolivia, 2005. 103 presenta un estudio comparativo entre los métodos de coacción empleados para el reclutamiento en los dos principales centros productores de plata, a finales del siglo XVIII. Guanajuato (en el virreinato de la Nueva España) y Charcas (en la intendencia de Río de la Plata). La población indígena - a través del repartimiento o de la mita - fue obligada a enviar una cuota de trabajadores para las labores de las minas. La autora muestra la manera en que en ambos espacios hubo un aumento en la presión ejercida sobre las comunidades por parte de las autoridades locales, aunque por dos causas distintas. En Charcas, la autora relaciona el incremento de la coacción con la crisis minera y con la supresión del sistema de reparto de mercancías. Para el caso guanajuatense sucedió exactamente lo contrario, el auge minero de este centro productor de plata provocó un constante aumento sobre las exigencias de los tarascos de la sierra de Michoacán y una explotación más intensiva de éstos. Gavira Márquez enfatiza que el trabajo compulsivo no fue exclusivo de las minas de Potosí y que en realidad las condiciones laborales en ambos virreinatos fueron bastante similares. El segundo ensayo, titulado “Población y producción de plata en el real de minas de Tlalpujahua a mediados del siglo XVIII”, analiza, utilizando el método de la demografía histórica, la relación entre los ciclos de producción de plata y la evolución de la población. La investigación demuestra que los periodos de auge de la minería coincidieron con los de mayor aumento de la población, lo cual sucedía por la migración tanto de trabajadores para las minas como de otros que satisfacían las demandas de subsistencia, todos ellos atraídos por la bonanza minera, lo cual reactivaba los circuitos mercantiles. Para elaborar las gráficas que le permitieran hacer el análisis, Gavira Márquez utilizó fuentes cuantitativas de gran valor histórico. Por ejemplo, para mostrar la curva de la tendencia demográfica utilizó los padrones de comulgantes y los informes eclesiásticos realizados por párrocos, lo que complementó con crónicas de la época; para mostrar los ciclos de producción de la plata se valió de fuentes fiscales. A esas dos variables, añadió investigaciones sobre efectos de las epidemias del periodo. El trabajo resulta sugerente pues muestra los movimientos de las poblaciones indígenas en relación con las fluctuaciones de la producción argentífera en un real de minas del centro del virreinato. Lo que resulta innovador pues el tema había sido tratado casi exclusivamente para los casos de los centros mineros del norte. 104 En el tercer ensayo “El cobre en Michoacán: las minas de Inguarán durante el siglo XVIII” se examina la producción de cobre en las minas de Inguarán y Zitácuaro a finales del siglo XVIII. En las últimas décadas de ese siglo se hizo más rígida la política del monopolio del cobre, lo que provocó: por un lado, una intensificación del comercio ilegal del mineral y, por otro, un renovado interés institucional por aumentar la producción y calidad del metal. La autora estudia las condiciones del estanco analizando los contratos de los asentistas de la segunda mitad del siglo XVIII, quienes en su mayoría eran vascos vinculados por lazos de paisanaje. Estos asentistas ocuparon cargos en el cabildo de Pátzcuaro y estaban íntimamente ligados a la elite de la región y a los almaceneros de la ciudad de México. A partir de ese vínculo comercial, Concepción Gavira lanza la hipótesis de la existencia de una red comercial que facilitó el contrabando del cobre. Otra hipótesis interesante que propone, es que los mineros en realidad se vieron beneficiados por la estrecha vigilancia que las autoridades ejercieron sobre la comercialización del metal, pues ante la demanda insatisfecha y la necesidad de abastecer a los novohispanos por la vía ilegal, los precios tuvieron necesariamente que elevarse. Es también de su interés evaluar la eficacia de la administración colonial, por lo que extiende su investigación a los productores particulares, tanto de Inguarán como de Zitácuaro. La autora muestra el proyecto de construcción de una fábrica que debía solucionar los problemas de calidad al introducir tecnología europea. Sin embargo, el proyecto terminó en ruinas por la incapacidad de las autoridades virreinales para tomar decisiones rápidas, aunque la autora sostiene que el proyecto tuvo impacto en la medida que Franz Fischer, el mineralogista alemán que lideró la construcción de la fábrica, instruyó a operarios que adquirieron el conocimiento a su lado y, una vez cerrada la fábrica trabajaron con mineros particulares, los cuales en general mostraron interés por mejorar técnicas de refino y fundición del cobre. En suma, el libro representa un aporte al mostrar pesquisas que se suman a una larga tradición historiográfica que permiten elaborar nuevas interpretaciones sobre los grandes temas de la minería colonial. Entre estos, destacan las consecuencias que para los pueblos indígenas tuvo el auge minero del siglo XVIII, los movimientos migratorios ocasionados por el “motor de arrastre” que representó la minería de plata y las innovaciones tecnológicas que se introdujeron a finales de la centuria. 105 Además, las líneas de investigación resultan sugerentes e invitan a reflexionar sobre las posibilidades de contrastar las hipótesis aquí plasmadas en otras regiones. Es importante resaltar el ejercicio de comparación de la realidad andina con la michoacana que expone un nivel de análisis que los historiadores colonialistas debemos recordar no dejar al margen.