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Fernando Claramunt López: Tauromaquias vividas (Memorias autobiográficas), Madrid, Ediciones Tutor, 1999, 313 págs. [Reseña]

Reyes Cano, Rogelio

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Revista de Estudios Taurinos N.º 12, Sevilla, 2000, págs. 293-296 Fernando Claramunt López: Tauromaquias vividas (Memorias autobiográficas), Madrid, Ediciones Tutor, 1999, 313 págs. Fig. n.º 44.– Cubierta del libro de F. Claramunt López Tauromaquias vividas (Memorias autobiográficas), editado en 1999 por Eds. Tutor. el principal defecto del libro, el de navegar sin un rumbo preestablecido, efecto quizá de la insularidad y, sin embargo, es lo que lo convierte paradójicamente en un libro virtuoso al integrar el fenómeno taurino dentro de un concepto mayor, el de la cultura popular y su intento de control por parte del poder establecido con un fin determinado. La Mallorca del clavel es un libro de edición impecable y preciosista, abundantísimo en fotografías y que se completa con un breve apéndice o álbum de carteles taurinos de Mallorca en sus páginas finales. Para el escéptico y reticente de la lengua catalana (o mallorquina) debo decir que un breve diccionario de catalán permite el disfrute de su lectura sin serias dificultades. Fernando González Viñas Fernando González Viñas 292 ese imperativo pasional en el que él mismo se autorreconoce con auténtico gozo: su radical identificación con el fenómeno de los toros, que en él –por raro que a muchos le pueda parecer– desborda y sobrepasa los límites de la simple “afición” para convertirse en toda una visión del mundo, en un verdadero criterio de la existencia. Eso es al menos lo que el propio autor declara sin la menor reserva y lo que parece sugerir en la aparente contradicción del subtítulo de esta nueva obra suya: Memorias autobiográficas. El memorialismo es una modalidad literaria que apunta al testimonio de época, al reflejo del contexto en que transcurre una vida. El término “autobiografía” sugiere, por el contrario, una nota de intimidad personal y de autoanálisis de signo psicologista. Pero en este libro se mezclan los dos recursos. La vida del autor se inserta e incardina estrechamente en el discurrir de la España de los últimos setenta años, con su rica multiplicidad de perfiles políticos, culturales y sociales, y una atención sostenida al mundo de los toros que sirve de hilo narrativo y de soporte emocional a todo un riquísimo, jugoso y atractivo recorrido autobiográfico literariamente expresado en un fervoroso tono confesional. Más que de unas “memorias”, se trata en verdad de unas auténticas “confesiones” (según los patrones de San Agustín y de Rousseau) catalizadas por la pasión taurina y dirigidas no sólo a sus amigos, como él declara expresamente, sino a todos aquellos –“aficionados” o no– capaces de identificarse, o por lo menos de intuir, esa experiencia “total” de la fiesta de toros como verdadera parábola de la vida. El autor quiere decir su verdad con voluntad testamentaria, como una declaración de principios en la que esa verdad aparece envuelta en un halo de iluminaRecensiones de Libros 295 En las páginas introductorias del libro (“Prólogo y confesión a porta gayola”) el autor señala que «un crítico literario ha censurado en mis libros la excesiva taurofilia». Ese “crítico” no es otro que quien esto escribe, y fue en la reseña de su obra sobre la Generación del 98 y los toros que publiqué en el número 8 de esta misma Revista de Estudios Taurinos. Sigo suscribiendo, desde luego, ese mismo juicio que entonces manifesté, pero he de añadir también, en honor a la verdad, que nada hubo en él de censorio en el sentido que parece darle el autor. No quise hacer un reproche sino dar una explicación, ofrecer a los lectores de la reseña una clave de lectura para entender el punto de vista –o más bien el talante personal– desde el que Claramunt encaraba el complejo entramado entre mundo social y mundo taurino en la España del “fin de siglo”. Un punto de vista que no podía –ni quería– ser el de un profesional de la investigación histórica o de la crítica literaria, sino el de un hombre culto con una experiencia pasional del mundo de los toros. Pasión desplegada por los cauces de un sugerente tono ensayístico libre y levemente desenfadado, con una facilidad de estilo y una soltura expresiva que no abundan en la literatura taurina de hoy. Claramunt pertenece a la rara estirpe de los intelectuales que no se avergüenzan de sus sentimientos y que, gozosamente identificado con su pasión, la proclama con generosidad y buen estilo, sin concesiones a lo “políticamente correcto”. He aquí sus reglas de juego y la “aguja” adecuada para poder “navegar” certeramente por entre sus ya numerosos libros de tema taurino, que tienen todos, cualquiera que sea el motivo tratado, un aire testimonial, un punto de insoslayable autobiografismo y de implicación personal dictados precisamente por Rogelio Reyes Cano 294 ese imperativo pasional en el que él mismo se autorreconoce con auténtico gozo: su radical identificación con el fenómeno de los toros, que en él –por raro que a muchos le pueda parecer– desborda y sobrepasa los límites de la simple “afición” para convertirse en toda una visión del mundo, en un verdadero criterio de la existencia. Eso es al menos lo que el propio autor declara sin la menor reserva y lo que parece sugerir en la aparente contradicción del subtítulo de esta nueva obra suya: Memorias autobiográficas. El memorialismo es una modalidad literaria que apunta al testimonio de época, al reflejo del contexto en que transcurre una vida. El término “autobiografía” sugiere, por el contrario, una nota de intimidad personal y de autoanálisis de signo psicologista. Pero en este libro se mezclan los dos recursos. La vida del autor se inserta e incardina estrechamente en el discurrir de la España de los últimos setenta años, con su rica multiplicidad de perfiles políticos, culturales y sociales, y una atención sostenida al mundo de los toros que sirve de hilo narrativo y de soporte emocional a todo un riquísimo, jugoso y atractivo recorrido autobiográfico literariamente expresado en un fervoroso tono confesional. Más que de unas “memorias”, se trata en verdad de unas auténticas “confesiones” (según los patrones de San Agustín y de Rousseau) catalizadas por la pasión taurina y dirigidas no sólo a sus amigos, como él declara expresamente, sino a todos aquellos –“aficionados” o no– capaces de identificarse, o por lo menos de intuir, esa experiencia “total” de la fiesta de toros como verdadera parábola de la vida. El autor quiere decir su verdad con voluntad testamentaria, como una declaración de principios en la que esa verdad aparece envuelta en un halo de iluminaRecensiones de Libros 295 En las páginas introductorias del libro (“Prólogo y confesión a porta gayola”) el autor señala que «un crítico literario ha censurado en mis libros la excesiva taurofilia». Ese “crítico” no es otro que quien esto escribe, y fue en la reseña de su obra sobre la Generación del 98 y los toros que publiqué en el número 8 de esta misma Revista de Estudios Taurinos. Sigo suscribiendo, desde luego, ese mismo juicio que entonces manifesté, pero he de añadir también, en honor a la verdad, que nada hubo en él de censorio en el sentido que parece darle el autor. No quise hacer un reproche sino dar una explicación, ofrecer a los lectores de la reseña una clave de lectura para entender el punto de vista –o más bien el talante personal– desde el que Claramunt encaraba el complejo entramado entre mundo social y mundo taurino en la España del “fin de siglo”. Un punto de vista que no podía –ni quería– ser el de un profesional de la investigación histórica o de la crítica literaria, sino el de un hombre culto con una experiencia pasional del mundo de los toros. Pasión desplegada por los cauces de un sugerente tono ensayístico libre y levemente desenfadado, con una facilidad de estilo y una soltura expresiva que no abundan en la literatura taurina de hoy. Claramunt pertenece a la rara estirpe de los intelectuales que no se avergüenzan de sus sentimientos y que, gozosamente identificado con su pasión, la proclama con generosidad y buen estilo, sin concesiones a lo “políticamente correcto”. He aquí sus reglas de juego y la “aguja” adecuada para poder “navegar” certeramente por entre sus ya numerosos libros de tema taurino, que tienen todos, cualquiera que sea el motivo tratado, un aire testimonial, un punto de insoslayable autobiografismo y de implicación personal dictados precisamente por Rogelio Reyes Cano 294 Revista de Estudios Taurinos N.º 12, Sevilla, 2000, págs. 297-300 Carmen de Reparaz: Tauromaquia romántica. Viajeros por España: Mérimée, Ford, Gautier, Dumas (1830-1864). El Serbal, Comunidad de Madrid, Barcelona, 2000. Fig. n.º 45.– Cubierta del libro de C. Reparaz: Tauromaquia romántica. Viajeros por España: Mérimée, Ford, Gautier, Dumas (1830-1864), editado en 2000 por El Serbal. da ensoñación, cuando no de autorreconocido delirio, pero con un aire de complaciente sinceridad que engrandece su mensaje, cualquiera que pueda ser la actitud del lector ante la fiesta. Una taurofilia que en Claramunt va unida –no vamos a descubrirlo ahora– a una asombrosa sabiduría y a unas vivencias taurinas dificílmente igualables en la España de hoy, desde su propia habilidad técnica para ejercer el toreo en el campo a su riquísimo conocimiento de la “intrahistoria” taurina o al discurrir de las sucesivas generaciones de toreros que él ha visto y vivido con inusitado entusiasmo y penetrante discernimiento crítico. De ahí el extraordinario valor documental e informativo que el libro posee también como referencia de primer orden para conocer la evolución del mundo de los toros en los últimos setenta años. Valor que se acrecienta por la amenidad, el garbo y la agilidad con que está escrito, salpicado, además, de confidencias y anécdotas que sólo quien ha vivido la fiesta por dentro puede darnos. Bien está, en mi opinión, que Claramunt haya querido serenar su espíritu con este libro-testamento que formula y resume magistralmente el sentido de toda una vida. Pero quienes nos interesamos por la fiesta perderíamos mucho si tal obra fuese en verdad la última. Redactado el testamento, la vida sigue. Y escribir es una forma de seguir viviendo. Rogelio Reyes Cano Fundación de Estudios Taurinos Rogelio Reyes Cano 296