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De Civitate Hominis

Duque Gimeno, Aquilino

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DE CIVITATE HOMINIS* POR AQUIL INO DUQUE GIMENO Decía P im y epe ía Azaña que el p oblema ca alán se esuel e bomba deando Ba celona cada cua en a años. Ninguno de los dos la bom- ba deó cie amen e, pe o ambos ue on es igos de sendos bomba deos que con algo más de cua en a años de in e alo hubo de su i la ciudad. Azaña, como e a cos umb e en él, no hizo más que epe i la obse a- ción de P im, y P im, que e a ca alán y conocía el paño, sus azones de- bió de ene pa a hace la. P im ue es igo del bomba deo de Ba celona po Espa e o y Azaña del bomba deo po Musso li ni, aunque p e ie o hace le el a o de supone que más que en las bombas que caye on del cielo, él pensaba, pa a a egla el p oblema ca alán, en o as bombas que en sus días caye on de la al u a, más modes a, del pa aíso de un ea o. El que sea o no aconsejable ese a amien o de la cues ión a base de bombas es cosa que p e ie o deja a los expe os; yo lo que saco en cla o de la explosión e bal de P im y de Azaña es que, con muy buen c i e io, educían la cues ión ca alana a la cues ión de Ba celona o, po deci lo en e náculo, el e ca alá al e ba c eloní. El e ba c eloní, p esen ado como e ca al á, siemp e susci ó in e és, po lo que pudie e ene de ejempla , allende -o aquende- el Eb o, máxime en aquellas ciudades que aspi aban a segui los pasos de g an ciudad que a comienzos de siglo empezaba a da Ba celona. Una de esas ciudades ue Se illa. La cues ión de las nacionalidades, que ue uno de los g andes p e- ex os de la Gue a Eu opea, no se mani es ó en España a a és de agi- aciones u ales de ca ác e é nico, eligioso o lingüís ico, sino que con- sis ió en el p u i o de gobe na se a sí mismas de las dos ciudades es- * Palab as p onunciadas en la Sesión celeb ada como home naj e a J. M. Izquie do el día 10/X/86 38 AQUILINO DUQUE GIMENO pañolas que habían conocido la e olución indus ial. Esas dos ciudades ue on Ba celona y Bilbao, pe o ue sob e odo Ba celona la que más dio en e lexiona sob e sí misma , con encida como es aba de se la más eu opea -o la única eu opea- de odas las ciudades españolas. Esa con ic ción de que Ba celona e a di e en e no la sus e aban únicamen e sus come cian es y sus indus iales, sino su poe as y sus pensado e s, y en e odos soña on una ciudad pe ec a que me ecía se capi al de una na- ción ideal. «Hagamos a Ba celona y Ca aluña es a á hecha», pudo muy bien habe sido el lema de los ba celoneses de en onces, y po eso la ciu- dad ue pa a ellos una ealidad polí ica, un hecho polí ico en el sen ido a is o élico de la exp esión. La ciudad es el espacio polí ico po excelencia y es en la ciudad donde el homb e se sien e ci ilizado. Polí ica iene de polis y ci i- lización iene de ci i as y, según A is ó eles, pad e del concep o, no e an ciudadanos odos los habi an es de la ciudad, sino sólo aquellos habi- an es que e an i ula es de de echos polí icos. Po algo es en las ciuda- des g iegas donde nace Ja democ acia como gobie no del pueblo, pe o un pueblo es ingido que in eg an exclusi amen e aquellos habi an es de la ciudad que son i ula es de de echos polí icos, que son ciudadanos. Sin duda alguna es Eugenio d'O s el ba celonés que con más igo ada p a a Ba celona el pensamien o de A is ó eles. D'O s sueña una espe- cie de ciudad pla ónica egene ada a a és de sus p opias ins i uciones adminis a i as y cul u ales, seg egada de la « u ba» y la «gen e» y sigue al A is ó eles que niega al ob e o el de echo de ciudadanía en la ciudad pe ec a, p oponiendo en cambio el p o eccionismo de la pobla- ción y el lib ecambismo de las ideas. El hecho his ó ico que ca aliza es a eacción d'o siana es la Semana T ágica, i upción iolen a de la ciudad eal de los subu bios en la ciudad ideal del Ensanche. Ese mismo hecho susci a una eacción di e sa en Juan Ma agall, a quien po algo d'O s, que se eía a sí mismo como ideólogo y como clásico, conside a como sen imen al y como omán ico. Ma agall esc ibe en esa sazón a ículos como La igles ia quem a da en el que iene a deci que los incendia ios le de uel en al c eyen e el c is ianismo p imi i o, de los humildes, al des ui la paz y el o den de la ciudad que los enía excluídos y ma ginados, y La ciudad del pe dón, en el que pide clemencia pa a Jo s condenados de Mon juich, con Fe e Gua dia a Ja cabeza, pa a que Ba celona deje de se la ciudad de las bombas y que u o que publica en cas ellano po que P a de la Riba, iden i icado con Mau a, e ó su publicación en La Veu de Ca alunya. Es a eacción de Ma agall es cons ec uencia de un concep o de la ciudad dis in o d el de DE CNIT A TE HOMINIS 39 d'O s, y que exp esa como sigue: Aho a que la ciudad nues a quie e gobe na se a sí misma, se á bueno de ene se a con empla la. La ciudad es la sín esis de la pa ia. Es la casa pay al a donde acuden las más lejanas coma cas que sien en que su alma es á en ella ... La ciudad es un mundo, el compendio de un m11ndo, una sín esis i ien e. No es una cosa dis in a de la mon aña, soli a ia, ni del ye mo mise able; sino que ecibe la i da de odo ello y le da alma y sen ido. Todos lo que de ce ca o de lejos la amen, son sus ciudadanos, po que le dan su espí i u. Es as palab as las pone José Ma ía Izquie do al en e de su lib o La ciudad de la g acia, jun o con o as palab as, algu na s ambién de Ma agall, que con ibuyen a da le í ulo al lib o: ¿ Qué impo a la ci udad ni la ci ilización, ... al lado de la g acia de Di os, que mo ió mi co a- zón? ... ¿Son las ciudades las que lan de egi la g acia de Di os , o es la g acia de Dios la que hace y deshace las ciudade s? A o os dos au o es ag adece Izquie do el í ulo de su lib o, al P. Cas illo, au o de un lib o de cuen os i ulado El país de la g acia, y a Angel Ga ni e , que, en G anada Ja bella, esc ibe que G anada es la ciudad que encan a po el colo , y Se illa la que seduce po la g acia. No se despide ahí Izquie do de Gani e ; líneas abajo uel e a él pa a que hable de un a e que se p o- pone el embellecimien o de las ciudades po medio de la ida bella, cul a y noble de los se es que las habi an. Ese a e consis i ía pa a Izquie do en la g acia, que es lo mismo, como dice Rome o Mu ube, que lo que el pueblo llama ángel, y ese ángel, esa g acia, no es más a su ez que la om n que en Se illa e is e lo que Spengle llama el alma de la ciudad. En el capí ulo de ci as del li b o de Izquie do hay una omisión co ns- picua, la de Eugenio d'O s, el que di ía que Izquie do egía la ciudad co n un s11s11 o, y sin emba go, es con una sín esis de las eo ías de d'O s y de Ma gall sob e Ba celona con lo que Izquie do e'abo a su eo ía sob e Se ill a. La ciudad no e en el campo -esc ibe- ... la ie a que ha de se cul i ada, si no mayo espacio donde endi cul o a la ciudadanía ... La ciudad uel e a l q_ na u ale za pa a coloniza la; y en cie os momen os his ó icos, pa a pu i ica se, pa a o ea se y embellece se. Izquie do em- pieza, como se io , e ocando o in ocando el amo cí ico de Ma agall en su ad ocación de la g acia e insensiblemen e se deja a as a po el espí i u cí ico de d'O s, espí i u que, como dice Eugenio T ías, se alza, o gulloso e imponen e, en e a la na u aleza , no con a án de des ui la, sino de coloniza l a, no co n a á n de i u a la, sino de ma ca sob e e lla la hegenon ía dominado a de la Ciudad y de su Ra zó n en e a la sin azón de un supues o "es ado de na u aleza". La az ón cí ica que Xenius opone 40 AQUILINO DUQUE GIMENO al amo cí ico de Ma agall, po el que la ciudad es hija de la na u aleza y del alma del mundo, cob a o ma pa a Izquie do en la idea de la ciudad- ja dín. Esa idea de la ciudad-ja dín es u o además de la ósmosis en e la ciudad y el campo, explicación que da Izquie do de un enómeno sociológ ico que en aquellos días esboza an dos cul os no o ios -los seño es Gas al e e In an e- ... Izquie do opone la ciudad-ja dín a la ciudad en acula que i u a la na u aleza, cosa que ya había ocu ido en Ba celona y que, muchos años después, ocu i ía en Se illa. En La ci é an ique, de Fus e! de Coulanges, la u be es un o ganismo que c ece espon áneamen e, pe o Izquie - do nos señala que en La ci é mode ne de Izoule se a a de da una in e p e ación a qui ec ónica del hecho social. La a qui ec u a de un pueblo -esc ibe Izquie do- puede explicamos su his o ia y su geog a ía, en cuan o ha sido modelada po una y o a; y a su ez moldea el alma de una aza y aza el luga de la escena donde ha de cumpli se su des ino. Y es que la a qui ec u a al lado de su aspec o es é ico y écnico iene un alo é ico y polí ico: además de cons ui , edi ica. Más adelan e se p egun a: Y esa a qui ec u a ciudadana ¿ en qué consis e? Y esponde con es e sin agma elescópico, de concep os que an saliendo uno de o o: Ciudadanía, ci ilidad, ci ilización. El concep o que Izquie do, siguiendo a Izoule , iene de la a qui ec u a es ele una cla idad me idiana, medi e ánea, d'o siana: La a qui ec u a es un a e eminen emen e social... E imológicamen e supone una je a quía de conocimien os, de es ue zos, de abajado es: je a quía en la ob a misma. Y así es: éc- nicamen e, un a e que se mue e desde ese mundo en que el abajo es necesidad some ida a las leyes y a los impe a i os de la na u aleza, has a esa egión en donde se enseño ea el lib e juego de la belleza; ... la a - qui ec u a, es cons ucción de la ida y pa a la ida ... La g an e dad que alumb a Izquie do es que no hay ci ilización donde no hay je a quía, que ho hay ciudad donde no hay a qui ec u a, y que la a qui ec u a de una ciudad es su os o, es deci , el espejo de su alma. En una e ocación de la só dida y ag ia Lisboa de la e olución de Jos cla eles, nues o Femando Chueca ci aba a Spengle pa a habla de las a ugas que, como consecuencia de ese acon ecimien o polí ico, ha - bía obse a do en el os o de la bella ciudad del Tajo. Chueca desc ibe la Lisboa de 1974 y pa ece es a desc ibiendo el Mad id o la Se illa de diez años después, es deci , el espec áculo de unas ciudades in adidas y deg adadas po sus p opios subu bios como Ja Ba celona de la Semana DE CIVITATE HOMINIS 41 T ágica. He is o la ciudad-esc ibe-pin a ajeada como una pob e des- ozona, ajados sus palacios, en o os iempos de seño ial p es ancia; las calles sucias como si al a a el ánimo de lucha con a la ad e sidad y la p opia suciedad ue a un e o imposible que aumen aba la a iga. He is o una Lisboa con una poblacción en su mayo ía de o ada, como si las clases dis inguidas hubie an desapa ecido, se hubie an escondido agazapadas en la in imidad de sus casas o en luga es poco ecuen ados. Dos días después de pasa po Lisboa, Chueca enía ocasión de de ec a esas mismas lac as en el os o de Bilbao, los mismos signos de deg a- dación a ibuíbles a un p oceso e oluciona io, po que una e olución lo mismo puede consis i en un es allido como el de Lisboa que en una len- a en e medad que mina poco a poco el o ganismo. Digo y epi o que en es os diez años úl imos, en es e decenio sinies o, hemos uel o en Es- paña al siglo XI X, y así se exp lica que las e lexiones de Chueca pa ezcan con empo áneas de las que, en ese siglo an ac ual hoy en e noso os, hizo Juan Eugenio Ha zenbusch y ecogió José Ma ía Izquie do: T es cosas pueden conoce se a p ime a is a de una ciudad: en qué es ado se halla la educación, cuál es el gus o a ís ico de sus habi- an es, cuál el concep o que me ece su policía. ¿Véis pa edes iznadas, ayadas y descasca adas, e igies sin na ices ni dedos,álamos y acacias he- idos y con i as de co eza colgando? Allí es de ec uosa la educación, no hay amo , ni a es, no hay policía diligen e. Izquie do hace la sín esis de la g acia de Ma agall con la ci iliza- ción de Xenius y el nexo de que se ale es la a qui ec u a, es deci , la je a quía. G acia, je a quía, ci ilización, pod ía se o a consigna de Iz- quie do, y si la ci ilización indus ial es una ci ilización desalmada, una ci ilización sin alma, es po habe se ol idado del signi icado je á quico, es deci , a qui ec ónico, de la sociedad. Una ciudad que ha pe dido la g a- cia y el sen ido de la je a quía no coloniza su en o no con la ciudad- ja dín, sino que la de as a con el subu bio, y el subu bio, que ca ece de je a quía y de g acia, ca ece además de aíces, es una exc ecencia pa asi- a ia y ad en icia, un ho ible moho, como decía Ruskin, un pano ama his ológico de células cance ígenas, como dice Lo enz. La abolición de la s je a quías en es a ci ilización iguali a ia ha hecho que el subu bio imponga a la u be su es ilo, su mal es ilo; no sólo se ha de enido la acción colonizado a de la u be, sino que su acción de as ado a se ha uel o con a ella, y es el subu bio iguali a io, amo o y aná quico el que impone a la megalópolis su sinies a isonomía. Ya no exis e solución de con inuidad en e los ba ios elegan es y los ba- ios bajos, igualados, ni elados como es án po un máximo común 42 AQUILINO DUQUE GIMENO denominado de o dina iez y ulga idad. Los medios de di usión de masas no han dejado de con ibui al consiguien e desa aigo del espí i u cí ico y la ma aña de an enas de ele isión en los ejados y azo eas de los subu bios y de la ciudad subu banizada es jus amen e la me á o a de esa ma aña de aíces aé eas y ad en icias con que el subu bio pa asi iza y ampi iza a la ciudad. A esa de as ación no escapa la ciudad-ja dín ni la conu bación que a agoci ando núcleos u banos que aún son domicilio, como en la Ci é an ique de Fus e! de Coulanges, de los dioses y de los homb es. José Ma ía Izquie do e a Se illa como Rubén Da ío se eía a sí mismo, muy siglo dieciocho y muy an igua y muy mode na... Ciudad de la g acia cuya sín es is es la plaza del T iun o, en la que se combinan lo mudéja (el Alcáza ), lo oji al (la Ca ed al), lo enacien e (la Lonja), emblemas a qui ec ónicos del sen ido se illano de la polí ica, de la eligión y de la economía. Muy ce ca, añade, ... y como adi inándose, la Gi alda. Lo mudéja , lo oji al, lo enacien e ... y lo e é eo. Las es G acias ... y la G acia. Esa g acia en o ma de o e o ma con el ío además el pe il de la ciudad, pe o es que además en esa o e es án las campanas, y no ol idemos que ue el añido de la campana el que ma - caba con su alcance el pe íme o de la ciudad. Esa campana dio un sen- ido c is iano a aquella a i mación de Fus e! de Coulanges, de que oda ciudad e a san ua io; oda ciudad podía llama se san a. En la pla za del T iun o enemos la unidad de a qui ec u a ci il y eligiosa donde Spengle eía la ciudad del Geis , la ciudad del Es- pí i u, la ciudad de la G acia de Izquie do, dis in a aunque no opues a a la simé ica ciudad del Logos de Plo ino, a la ciudad de la In eligencia de Xenius. Ni g acia ni in eligencia ni añido de campanas ni a oma de ja di- nes ni sen ido de lo sac o hallamos en lo que Mum o d llama la insen- sa a ciudad indus ial, mezcla de áb ica y de subu bio deg adado, donde la ho izon alidad del espacio se impone a la e icalidad del iempo. A es a ciudad desac alizada y po consiguien e deshumanizada, en la que el espí i u cí ico ha sido sus i uído po la insegu idad ciudadana, la llama Rosa io Assun o espacio de la P axis y ciudad de P ome eo, y es p eci- samen e Mum o d el que, pa a me e la en cin u a, sugie e pone a P ome eo bajo la di ección de O eo. Y es cu ioso que muchos años an- es Izquie do e oque conjun amen e los mi os de P ome eo y de O eo y, después de eco da que Oi eo señala el iun o del ideal apolíneo sob e la ue za dionisíaca; la exal ación del a e san o y san i ican e po cima de los ins in os ciegos y los impulsos a ales de la na u aleza; la ic o iosa DE CIVITATE HOMINIS 43 glo i icación de La belleza, de la a monía, de la g acia», con iesa que su más e ien e anhelo «es hace de Se illa una ciudad ó ica, apolínea ... » Con mi as a la conmemo ación del V cen ena io del Descub i- mien o de Amé ica se han lanzado dos inicia i as dis in as e igualmen e loables, en las que áci amen e se inde ibu o a la cla i idencia de Izquie do en su amo po la ciudad: el esca e del cen o his ó ico y la am- pliación de la ciudad, en el sen ido noble del é mino, en omo a la Ca uja de San a Ma ía de las Cue as. Izquie do pensó sob e es as cues- iones po que ya en onces se p oyec aba la eno ación de la ciudad a a és de la Exposición Hispano-Ame icana que luego se llama ía Ibe oa- me icana. Aho a bien, el esca e del cen o his ó ico pasa ineludible- men e po la ep is inación del concep o de je a quía y de o den, de o den público, que es un o den más de la a qui ec u a, y la ex ensión de la ciudad hacia el Oes e no es simplemen e la ocupación de una supe icie de especulación, sino el encuen o de la ciudad con su his o ia, con los sac os luga es de su his o ia, enume ados po Izquie do en su día: I álica, ciudad del Logos, Pompeya Bé ica; el Ve gen um de los omanos, Alja a e de los á abes; Sanca Ma ía de las Cue as y San Isido o del Cam- po; la Se illa ieja de Rod igo Ca o; la I álica-Isabelina que soña on los se illanos del XIX, delimi ada po el Guadalqui i y po la Mad e Vieja del Alja a e. Una Se illa de hé oes como Guzmán el Bueno y H emán Co és, de san os y sabios como San Isido o y San Lead o, de a is as como Ma ínez Mon añés y los ce amis as popula es de la Ca uja. Una Se illa en la que Hé cules -digámoslo con palab as del maes o Rubén- uel a a se como O eo. A lo mejo pa a en onces la Exposición Ibe oame icana uel e a llama se Hispanoame icana y a la ez que el V Cen ena io del Descub i- mien o de Amé ica se celeb a un V Cen ena io que es condición p e ia de ése y del que hoy nadie habla en es e Es ado de nues as au onomías: el V Cen ena io de la unidad de España.