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Bibliotecarias imaginarias: construcción de un modelo subjetivo : aproximación teórica

Rodríguez Toajas, Alba

Abstract

La profesión bibliotecaria es una de esas consideradas de mujeres que junto con otras, han sido asociadas al ámbito del cuidado. Estas profesiones consideradas auxiliares han tenido y tienen todavía hoy un estatus social menor, una remuneración más baja, y suelen estar subordinadas a cargos directivos o superiores que en muchos casos son ocupados por varones. Aunque esto está empezando a cambiar, los mensajes que nos llegan desde la cultura popular cotidiana siguen respaldando los roles y estereotipos de género. Nuestro pensamiento simbólico se configura a través de distintos sistemas de representación que trasladamos a comportamientos aprendidos y heredados que repetimos de manera inconsciente, y que hacen que la estructura del orden patriarcal se mantenga. Las bibliotecarias son un grupo profesional que se define en nuestro imaginario por su sexo y su género. Así pues, este trabajo tratará de explicar por qué y cómo se ha construido el estereotipo de la bibliotecaria y su representación. Para ello nos remontaremos a los orígenes de la profesión bibliotecaria en su sentido moderno y a sus representaciones en el cine en tanto que productor y re-productor de imágenes, significados e ideologías, que han contribuido a la construcción de esas subjetividades asociadas al género, y en concreto, a la representación de la bibliotecaria. Con todo ello, el objetivo último es, pues, despertar la inquietud y la reflexión sobre estos asuntos en los profesionales de la información con la intención de que ejerzan su trabajo con responsabilidad y en favor de la construcción de nuevos modelos sociales que persigan la igualdad en todos los ámbitos.

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  306  BIBLIOTECARIAS IMAGINARIAS: CONSTRUCCIÓN DE UN MODELO SUBJETIVO. APROXIMACIÓN TEÓRICA Rodríguez Toajas, Alba Centro de documentación y Biblioteca FRIDE Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior [email protected] RESUMEN: La profesión bibliotecaria es una de esas consideradas de mujeres que junto con otras, han sido asociadas al ámbito del cuidado. Estas profesiones consideradas auxiliares han tenido y tienen todavía hoy un estatus social menor, una remuneración más baja, y suelen estar subordinadas a cargos directivos o superiores que en muchos casos son ocupados por varones. Aunque esto está empezando a cambiar, los mensajes que nos llegan desde la cultura popular cotidiana siguen respaldando los roles y estereotipos de género. Nuestro pensamiento simbólico se configura a través de distintos sistemas de representación que trasladamos a comportamientos aprendidos y heredados que repetimos de manera inconsciente, y que hacen que la estructura del orden patriarcal se mantenga. Las bibliotecarias son un grupo profesional que se define en nuestro imaginario por su sexo y su género. Así pues, este trabajo tratará de explicar por qué y cómo se ha construido el estereotipo de la bibliotecaria y su representación. Para ello nos remontaremos a los orígenes de la profesión bibliotecaria en su sentido moderno y a sus representaciones en el cine en tanto que productor y re-productor de imágenes, significados e ideologías, que han contribuido a la construcción de esas subjetividades asociadas al género, y en concreto, a la representación de la bibliotecaria. Con todo ello, el objetivo último es, pues, despertar la inquietud y la reflexión sobre estos asuntos en los profesionales de la información con la intención de que ejerzan su trabajo con responsabilidad y en favor de la construcción de nuevos modelos sociales que persigan la igualdad en todos los ámbitos. PALABRAS CLAVE: Historia de la profesión bibliotecaria, ética documental, estereotipos de género, cine y bibliotecas.   307  INTRODUCCIÓN Este trabajo surge de una serie de inquietudes y convicciones acerca de las cuales creo importante reflexionar. La primera se basa en mi absoluto convencimiento de que las bibliotecas deben ser núcleos constructores de valores para la igualdad, la justicia y la libertad, que deben estar al servicio de la educación y la cultura, y de todos los ciudadanos del mundo sin excepción. La segunda, tiene que ver con la inquietud que me genera comprobar que tal pretensión, tan solo es percibida como importante por un sector muy pequeño de los profesionales de la información y de la población. La tercera, mi desasosiego al comprobar el escepticismo generalizado que todavía planea sobre la implementación de los fundamentos teóricos del pensamiento feminista y la perspectiva de género en los todos los ámbitos de conocimiento, y en concreto, en los temas que tienen que ver con la documentación y las bibliotecas. La profesión bibliotecaria es una de esas profesiones consideradas de mujeres que junto con otras como la enfermería, el trabajo social y la enseñanza, han sido consideradas como una de esas tareas asociadas al ámbito del cuidado que las mujeres han venido desarrollando desde que se incorporaron al mundo del trabajo hacia finales del XIX y principios del siglo XX. Estas profesiones consideradas auxiliares han tenido y tienen todavía hoy un estatus social menor, una remuneración más baja, y suelen estar subordinadas a cargos directivos o superiores que, en muchos casos, son ocupados por varones192. Aunque esto está empezando a cambiar poco a poco y la visibilidad de las mujeres es cada vez mayor, los mensajes que nos llegan desde la cultura popular y cotidiana siguen respaldando los roles y estereotipos de género. Nuestro pensamiento simbólico se configura a través de distintos sistemas de representación que trasladamos a comportamientos aprendidos y heredados que repetimos de manera inconsciente, y que hacen que la estructura del orden patriarcal se mantenga. Las bibliotecarias son un grupo profesional que se define en nuestro imaginario por su sexo y su género. Así pues, este trabajo tratará de explicar por qué y cómo se ha construido el estereotipo de la bibliotecaria y su representación. Para ello nos remontaremos a los orígenes de la profesión bibliotecaria en su sentido moderno y a sus representaciones en el cine en tanto que productor y re-productor de imágenes, significados e ideologías, que han contribuido a la construcción de esas subjetividades asociadas al género, y en concreto, a la representación de la bibliotecaria. No hay que olvidar que el cine contribuye a la formación, mantenimiento o eliminación de estereotipos, según apoyen o contravengan las creencias aceptadas socialmente. El análisis delos modelos presentados y representados en los medios de comunicación y, en concreto, de los medios audiovisuales y de las imágenes cinematográficas, demuestra que tienen una indiscutible incidencia sobre la constitución de la identidad social, de los modos de conducta y la consolidación de los estereotipos de género.  192 GANNON-LEARY, P., PARKER, S. (2003): “La situación de las mujeres en las bibliotecas a nivel internacional”, Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, Nº 70, pp. 9-24.   308  Con todo ello, el objetivo último es, pues, despertar la inquietud y la reflexión sobre estos asuntos en los profesionales de la información con la intención de que ejerzan su trabajo con responsabilidad y en favor de la construcción de nuevos modelos sociales que persigan la igualdad en todos los ámbitos. EN BUSCA DE LOS ORÍGENES: DE CÓMO Y POR QUÉ LAS BIBLIOTECAS SE LLENARON DE MUJERES La participación social de las mujeres en la vida pública ha sido prácticamente invisible hasta el siglo XIX, con excepción de las mujeres campesinas que trabajaban la tierra. En general, su presencia se reducía a la vida doméstica y, por tanto, se proyectaba hacia el interior, hacia lo privado y lo íntimo, donde debía cumplir sus funciones de cuidadora del hogar y de la prole. Explica M. Nash que hacia 1790, el debate feminista ilustrado había afirmado la igualdad entre varones y mujeres, había criticado la supremacía masculina, había identificado los mecanismos sociales y culturales que influían en la construcción de la subordinación femenina y había elaborado estrategias para conseguir la emancipación de las mujeres. Los textos fundacionales del feminismo ilustrado avanzaban haciendo énfasis en la idea acerca de la cual las relaciones de poder masculino sobre las mujeres ya no se podían atribuir a un designio divino, ni a la naturaleza, sino que eran el resultado de una construcción social193. Al mismo tiempo que reivindicaban y apelaban al reconocimiento de sus derechos políticos, en 1795 se prohibía a las mujeres en Francia asistir a las asambleas políticas. En 1804 se promulga el Código de Napoleón que, imitado después en toda Europa, convierte, de nuevo, el matrimonio en un contrato desigual, exigiendo en su artículo 321 la obediencia de la mujer al marido. La minoría de edad perpetua de la mujer queda consagrada, explica Amelia Valcárcel: [Las mujeres] “eran consideradas hijas o madres en poder de sus padres, esposos e incluso hijos. No tenían derecho a administrar su propiedad, fijar o abandonar su domicilio, ejercer la patria potestad, mantener una profesión o emplearse sin permiso. La obediencia, el respeto, la abnegación y el sacrificio quedaban fijados como sus virtudes obligatorias. El nuevo derecho penal fijó para ellas delitos específicos que, como el adulterio y el aborto, consagraban que sus cuerpos no les pertenecían. A todo efecto ninguna mujer era dueña de sí misma, todas carecían de lo que la ciudadanía aseguraba, la libertad”194. En 1848 se desarrolla en Francia la revolución que toma su nombre del mismo año, Marx y Engles publican el Manifiesto Comunista y nace la Declaración de Séneca Falls o Declaración de Sentimientos, texto fundacional del sufragismo americano. La Declaración se expresaba de  193 NASH, M. (2004): Mujeres en el mundo. Historia, retos y movimientos, Alianza, Madrid, pp. 70-71. 194 VALCÁRCEL, A. (2001): La memoria colectiva y los retos del feminismo, Naciones Unidas, Santiago de Chile, p. 13.   309  forma rotunda en contra de la negación de derechos civiles y jurídicos para las mujeres195. Mientras tanto, esas mismas mujeres eran educadas desde su niñez en la creencia de que el ideal de su carácter debe ser opuesto al del hombre: se les enseña a no tener iniciativa y a consentir la voluntad de los demás. Todos los principios del buen comportamiento les dicen que el deber de la mujer es vivir para los demás, deben negarse completamente a sí mismas y no vivir más que para sus afectos196. Este era el mensaje que las mujeres debían reconocer y cumplir. En este contexto en el que los principales pensadores del siglo XIX teorizaban sobre cómo y por qué las mujeres debían estar excluidas197, surgió un nuevo colectivo que representaba una anomalía que no se sabía muy bien cómo tratar: las mujeres obreras y trabajadoras. Resultaba un problema compatibilizar la feminidad con el trabajo asalariado, participar en la reproducción y el ámbito privado a la vez que en la producción industrial, es decir, en el ámbito público. La participación de las mujeres en las profesiones que exigen una mayor preparación intelectual comienza más tarde. Hay que tener en cuenta que para acceder a ese tipo de puestos era necesario tener un título universitario. En España, oficialmente, las mujeres no tienen acceso hasta finales de 1910198, y no hay que olvidar que no podían matricularse en aquellos estudios considerados como propios de los varones. Es bien conocida la historia sobre cómo Concepción Arenal entraba en 1841 como alumna oyente en la Facultad de Derecho de la Universidad Central, hoy Complutense, siempre y cuando aceptase ir vestida de hombre. No será hasta 1918 cuando se apruebe el estatuto de funcionarios públicos, que permite el servicio de la mujer al Estado pero sólo en las categorías de auxiliar. Clara Campoamor, en Correos, y María Moliner, en el Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios, fueron de las primeras mujeres en acceder a un empleo público. Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, comienzan los llamados procesos de feminización de ciertas profesiones, todas ellas actividades asociadas al cuidado, a la asistencia social y a la educación. Una de esas profesiones es la profesión bibliotecaria. Se puede afirmar que la casi obligada condición femenina de las tareas bibliotecarias ha sido un hecho que ha marcado la evolución de los estudios de biblioteconomía y también el propio desarrollo de la profesión y de la imagen profesional hacia el exterior.  195 MIYARES, A. (1999): “1848: El manifiesto de Séneca Falls”, Revista Leviatán, Nº 75, Madrid. 196 DE MIGUEL, A., Deconstruyendo la ideología patriarcal, en AMORÓS, C. (1994): Historia de la Teoría Feminista, Instituto de Investigaciones Feministas, Madrid, pp. 55-56. 197 VARELA, N. (2008): Feminismo para principiantes, Ediciones B, Barcelona, p. 67. 198 ARGENTE JIMÉNEZ, M., LORA LILLO, N., PERPIÑÁN ARIAS, M. (2001): “De com i per què biblioteca s’escriu en femení. Primera part”, Revista de Biblioteconomia i Documentació, Nº29, pp. 88-100.   310  La figura del bibliotecario surge en el Renacimiento asociada a la importancia y significado social del saber y al hombre erudito. No es hasta la segunda mitad del siglo XIX en Estados Unidos cuando se sistematizan las bases de la profesión bibliotecaria, entendida en su sentido moderno. En 1867 se crea la Young Men’s Library Association, que culmina con la creación en 1876 de la American Library Association. Tal y como se puede deducir, resultaba impensable que las mujeres pudieran integrarse en un colectivo de este tipo. Así pues, la profesión bibliotecaria tiene unos inicios marcadamente masculinos. ¿Y entonces? Melvil Dewey (1851-1931), prestigioso bibliotecario de New York y creador del Sistema Dewey de clasificación bibliográfica, publica en 1876 en el primer número de la American Library Journal su famoso artículo “The Profession”, considerado hoy un clásico. En este artículo se refiere a los bibliotecarios en masculino y no hace referencia alguna a las mujeres. Sin embargo, el 13 de marzo de 1886 en su discurso Librarianship as a profession for college-bred women, dirigido a la Association of Collegiate Alumnae, Dewey se muestra partidario de que haya mujeres que realicen las tareas propias de una biblioteca siempre y cuando tengan los estudios adecuados: “(…) There is almost nothing in the higher branches which she cannot do quite as well as a man of equal training and experience; and in much of library work women’s quick mind and deft fingers do many things with a neatness and despatch seldom equaled by her brothers. My experience is that an increasing number of libraries are willing to pay for given work more the same price, whether they be done by men or women199.” En este sentido, Dewey favorece la matriculación de mujeres en la School of Library Economy de la Columbia University, a pesar de la prohibición de que fueran admitidas. Sin embargo, a continuación en el mismo texto, se pregunta por qué los salarios de las mujeres son más bajos. Resuelve y justifica la cuestión, aludiendo a su precaria salud, su debilidad física y su incapacidad para el trabajo ejecutivo: “(…) Women have usually poorer health as a result lose more time from illness (…) Usually women lack business and executive training”. A partir de entonces, se inicia la feminización del personal bibliotecario, de manera que en 1920 casi el 90% del colectivo profesional son mujeres. No obstante, hay que plantearse si esta feminización ha sido positiva y cuáles han sido sus implicaciones. Dee Garrison cree que este proceso de feminización en los inicios de la profesión bibliotecaria ha marcado la evolución y el concepto de biblioteca pública como una institución marginal y, además, ha entumecido el proceso de profesionalización de los bibliotecarios y de su  199 D DEWEY, M., “Women in Libraries: how they are handicapped” en WEIBEL, K., HEIM, K.M. (1979): The role of woman in Librarianship, 1876-1976. The entry, advancement, and struggle for equalization in one profession, Orxy Press, Phoenix, pp. 10-12.   311  imagen hacia el exterior200. Mientras las mujeres eran contratadas en las bibliotecas como mano de obra barata, se desarrollaban embaucadoras teorías para explicar cómo la mente y el supuesto carácter femenino eran apropiadamente innatos a sus nuevas ocupaciones. En el mismo sentido que se decidió que la enseñanza debía estar asociada al cuidado de niños, la enfermería y la asistencia social al cuidado de pobres y enfermos, las tareas bibliotecarias fueron asociadas al “cuidado de la cultura”. Una vez más, las mujeres eran consideradas como las mejor capacitadas para “cuidar”, en este caso, de los libros. Sus funciones en la biblioteca eran de carácter pasivo y poco tenían que ver con idear, pensar o proyectar sistemas bibliotecarios. Encontramos alusiones en la literatura bibliotecaria decimonónica al concepto de “biblioteca ideal” como un lugar que debe ofrecer una atmósfera acogedora y hogareña, donde el usuario debe ser bienvenido, atendido de forma personalizada y con trato exquisito y educado. Por otro lado, las mujeres asumen también las tediosas y repetitivas tareas de catalogación, ya que su supuesta naturaleza femenina las convierte en las mejor cualificadas por su paciencia y precisión para los detalles. Dee Garrison recoge los siguientes ejemplos: “In American libraries we set a high value to women’s work. They soften our atmosphere, they lighten our labor201.” “Something may be said of the desirableness of making the library wear a pleasant and inviting look (…); a cheerful, open fire on dull days, attractive pictures on the walls, and one can imagine a lady librarian filling the windows with plants. Such a room is a welcome in itself, and bids one come again202.” En España encontramos ejemplos en este mismo sentido. Montse Argente (et al.) da noticia del testimonio recogido en el Anuari de Biblioteques Populars 1922-1923 de Cataluña, donde se describen las razones que justifican la elección de las mujeres como personal para la biblioteca: “(…)Sobre la natura d’aquest personal havem reflexionat molt. Després d’un detingut estudi de la qüestió. i d’haver sospesat els avantatges i inconvenients de cada una de les solucions possibles, creiem poder presentar les conclusions següents: 1ª El personal tècnic de les Biblioteques Populars de Catalunya ha d’ésser femení.  200 GARRISON, D., “The tender of Technicians: the Feminization of Public Librarianship, 1876-1905” en WEIBEL, K., HEIM, K.M. (1979), op. cit., pp. 201-221. 201 “The English Conference: Official Report of Proceedings” en Library Jornal, nº2, 1878, en WEIBEL, K., HEIM, K.M. (1979), op. cit., p. 202. 202 DENIO, L., “How to make the most of a small library” en Library Notes, nº3, marzo 1989, en WEIBEL, K., HEIM, K.M. (1979), op. cit., p. 205.   312  2ª El personal tècnic de les Biblioteques Populars de Catalunya ha d’ésser especialment preparat. (…) La primera solució, la del caràcter femení del personal, ens és aconsellada encara que no fos per altres per dues raons: la possibilitat d’obtenir així una reducció de despesa i la seguretat que a igualtat d’aquesta, així com sol·licitant personal masculí el que acudiria fóra segurament de segon ordre, sol·licitant-lo femení aquest podria ésser de primer ordre i ben triat. A més, cal no oblidar quan es tracta d’això, del caràcter de missió, d’obra d’educació social que atribuïm a les Biblioteques Populars de Catalunya. En una obra així la dona és, com sabem tots, un instrument excel·lent. I també cal que tinguem en compte el caràcter atractívol, amable, de netedat i coqueteria que volem donar a les nostres instal·lacions I mantenir en elles203.” Como hemos visto, las fuentes documentales nos ayudan a entender cómo y por qué las bibliotecas se llenaron de mujeres: eran baratas, costaban poco y tenían cualidades para el trato amble y cuidadoso . Pero ¿por qué esas mismas mujeres no llegaron a ascender en sus puestos de trabajo? Si dominaban, en cierto sentido, la profesión, ¿por qué no alcanzaron los puestos directivos o de responsabilidad? Dee Garrison explica el proceso de la siguiente manera204. En 1904 la American Library Association hizo una encuesta preguntando a un centenar de bibliotecas sobre esas supuestas limitaciones que tenían las mujeres que trabajaban en ellas. Las razones económicas fueron las más citadas para explicar su baja categoría. La mayoría de ellas no exigía un salario igual al de los varones. Al contrario, eran reconocidas por el obstáculo que representaba su “delicado físico” y su “incapacidad para soportar la tensión mental continuada”. Ellas mismas reconocían que no sabían cómo superar esa limitación física y que no tenían capacidad para el trabajo ejecutivo. Las limitaciones naturalizadas impuestas por razón de sexo junto con el conservadurismo y los prejuicios propios de la época fueron la causa del estancamiento de sus carreras profesionales. La mayoría de las mujeres aceptaron la idea que les había sido impuesta sobre cómo sus vidas serían juzgadas según el éxito de su matrimonio y no por su carrera profesional o por su trabajo. Por otro lado, la profesión bibliotecaria, concebida para ellas como una actividad altruista, ofreció a las mujeres la oportunidad no de cambiar de estatus, sino de afianzar el que ya tenían, no de sentirse satisfechas consigo mismas, sino de consolidar la imagen que debían proyectar hacia el exterior. No todas compartían estas ideas, pero el miedo a ser juzgadas por la moral victoriana y la presión social a la que estaban sometidas, hacía prácticamente imposible transgredir las normas establecidas. Quizá varones y mujeres, trabajadores de las bibliotecas en general,  203 Anuari de les Biblioteques Populars. 1922-1923, Barcelona: Mancomunitat de Catalunya, 1923, en ARGENTE JIMÉNEZ, M., LORA LILLO, N., PERPIÑÁN ARIAS, M. (2001), op. cit., pp. 88-100. 204 GARRISON, D., “The tender of Technicians: the Feminization of Public Librarianship, 1876-1905” en WEIBEL, K., HEIM, K.M. (1979), op. cit., p. 208.   313  quisieron evitar una discusión más profunda sobre el trato injusto que estaban recibiendo las mujeres, a favor del afán por establecer las bases de la profesionalización de los bibliotecarios. Promocionar la preponderancia de las mujeres o aumentar su influencia sólo podía dañar el impulso hacia la profesionalización. Una profesión dominada por mujeres era en sí mismo una contradicción. Así pues, hacia la década de 1920 el debate sobre cómo debían comportarse y qué actividades debían desempeñar las bibliotecarias quedaba zanjado. Su carrera profesional quedaba subordinada a lo que otros habían decidido que debían ser las tareas y actividades propias de las mujeres.  LA CONSTRUCCIÓN DEL ESTEREOTIPO: EL CINE, PERFECTO ALIADO Entendemos como estereotipo aquellas creencias populares sobre los atributos que caracterizan a un grupo social y sobre las que hay un acuerdo básico205. Según explica Blanca González Gabaldón, entre las funciones que desempeñan los estereotipos, la más importante es su valor funcional y adaptativo para comprender el mundo de manera simplificada, ordenada, e incluso facilitarnos datos para la predicción de acontecimientos venideros. Nos supone un ahorro de esfuerzos analíticos y, sobre todo, nos ahorra las preocupaciones que supondría enfrentarnos a un entorno desconocido. Además, los estereotipos cumplen otra función fundamental para la socialización del individuo: facilitan la identidad social, la conciencia de pertenecer a un grupo y la integración en el mismo. La palabra “estereotipo”, que viene del latín estereo y significa molde, fue tomada del vocabulario de la imprenta. El estereotipo es una plancha de acero o plomo que imprime caracteres repetidamente sin ninguna modificación. En el contexto de las ciencias sociales, Luisa Antolín206 los define como imágenes o ideas simplificadas y deformadas de la realidad, aceptadas comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable. El hecho de que los estereotipos tengan un fondo de verdad o solo sean una mera transformación subjetiva de la realidad es un debate abierto actualmente, aunque hay una aceptación y reconocimiento de dos cuestiones: por una parte, que los individuos buscan la evidencia que confirme la exactitud de sus creencias sobre los demás; por otra, que tienden a percibir en las actuaciones de los otros aquello que confirme las expectativas previas207.  205 Según Mackie, 1973, en GONZÁLEZ GABALÓN, B. (1999): “Los estereotipos como factor de socialización en el género”, Comunicar, Nº12, (79-88). 206 ANTOLÍN, L. (2004): “El concepto de género y la teoría feminista” en Agentes de Igualdad de Oportunidades 1, Forem, Madrid, en VARELA, N., Feminismo para principiantes, op. cit., p. 305. 207 GONZÁLEZ GABALÓN, B. (1999): “Los estereotipos como factor de socialización en el género”, op. cit., p. 82.   314  Uno de los estereotipos que se ha mantenido con más fuerza a lo largo de la historia es el del sexo. Las descripciones retratan a las mujeres como sensibles, cálidas, dependientes y orientadas hacia lo interior, mientras que a los varones se les describe como dominantes, independientes y orientados hacia lo público y el trabajo. Las consecuencias psicológicas y sociales de tales estereotipos continúan arrastrándose actualmente y, a pesar de la creciente presión social contra la expresión pública de tales creencias, tales imágenes mentales y subjetivas continúan permaneciendo como si fueran retratos auténticos de las mujeres y los varones para diversos contextos sociales que son, sin embargo, muy reales en nuestra vida cotidiana. Tanto varones como mujeres se comportan de manera apropiada y según sus roles, llegando a la conclusión de que las diferencias visibles de sus comportamientos demuestran que los unos están, por naturaleza, orientados hacia el trabajo y las otras, hacia las relaciones interpersonales, en vez de comprender que se hace por inercia y tradición estereotipada208. Los estereotipos son, en definitiva, fieles reflejos de una construcción social, cultural e histórica. Este conjunto de creencias que atañen a las categorías hombre y mujer se ha denominado como género, y tiene una gran influencia en el individuo, en su percepción del mundo y de sí mismo y en su conducta. En realidad, los roles y los estereotipos nacidos de la construcción de los géneros hacen de varones y mujeres seres atrofiados, puesto que ni unos ni otras pueden desarrollar sus verdaderas capacidades, quedando limitados a lo que se espera de ellos y no a lo que son. El cine, en tanto que productor y re-productor de imágenes, representaciones, ideologías y significados se ha encargado de construir modelos subjetivos que han perdurado durante todo el siglo pasado y que retroalimentan la construcción de identidades asociadas a los estereotipos de género. En concreto, los modelos importados de la industria cinematográfica de Hollywood, han sido universalizados y asumidos como referencia y modelo de nuestros comportamientos. De este modo, se concluye que el cine es uno de los agentes de socialización más importantes hoy en día junto con el resto de los medios de comunicación, cuyo discurso, en la mayoría de los casos, reproduce planteamientos androcéntricos y sexistas. Los avances tecnológicos en la comunicación no han conseguido introducir ninguna variación en la situación de discriminación que sufren las mujeres con respecto a los varones, antes al contrario, las propias características del lenguaje audiovisual hacen que sea especialmente fácil la transmisión y reproducción de los estereotipos asociados al género209. El cine contribuye a la formación, mantenimiento o eliminación de estereotipos, según apoyen o contravengan las creencias aceptadas socialmente. Además, genera modelos que influyen en la creación de la identidad social. El estudio de la transmisión de modelos de conducta a través de  208 Íbidem, p. 83. 209 AGUILAR CARRASCO, P. (2004): ¿Somos las mujeres de cine? Prácticas de análisis fílmico, Materiales didácticos para la coeducación, Instituto Asturiano de la Mujer, Oviedo.   321  BIBLIOGRAFÍA AGUILAR CARRASCO, P. (2004): ¿Somos las mujeres de cine? 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