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La última Sevilla musulmana

Guerrero Lovillo, José

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LA ULTIMA SEVILLA MUSULMANA* Po JOSÉ GUERRERO LOVILLO Excmos. e Ilmos. S es.: Todo son ca ilaciones a la ho a de da adecuado cauce a cuan os sen imien os suelen emba ga a cualquie a si uado en es e ance. Po que oda ó mula de exp esión ha sido ya ago ada, odo se ha dicho en lo que cabe en es e exo dio y, además, en ocasiones, de mane a inmejo able. ¿Qué es lo que ya queda po deci ? Po mi pa e yo no aspi o más que a ei e a mi ag adecimien o a esas nobles pe sonalidades que me han acogido. A o unadamen e la g a i ud es un sen i- mien o an pu o que no necesi a de e ó icas. Un signo, un ges o, es más que su icien e. Que no se in e ie an las pala- b as. Y aho a, en es e ins an e, yo quie o da cumplida e de ese signo, de ese ges o. * * * Ha que ido el des ino que yo inie a a ocupa el sillón que deja a acío una pe sonalidad an comple a en el campo del conocimien o de la ealidad his ó ico-a queológica se illana como lo ue el Excmo. S . D. F ancisco Collan es de Te án y Delo me 1• De en ada he de deci que ue mi p o eso -como ambién lo ue de o os ilus es académicos que hoy nos asis- en- en aquellas disciplinas cla es pa a la his o ia de nues- a ciudad: bibliog a ía, paleog a ía, diplomá ica en el ma co • Di sc u so de ing eso en la Real Academia Se illana de Bue nas Le as, p onunciado el día 30 de mayo de 1982. l. Sob e la bio-bibliog a ía del P o . Callan es de Te án y Delo me, id. Bo- le ín de Bellas A es de la Real Ac ademia de Bellas A es de San a Isabel de Hun- g ía, 2.• época, núm. VI. 6 JOSÉ GUERRERO LOVILLO de nues a inol idable Facul ad de Filoso ía y Le as, en el iejo edi icio de la calle La aña. Simpl emen e a a és del do- cumen o di e c o y sob e odo en un ambien e i epe ible allí quedaba en pie odo el amplio complejo de una his o ia que ebasaba el ma co local pa a mani es a se en oda su ex en- sión sencillamen e ascinan e. Po que nues as clases, nues- os en añables con ac os in elec uales se die on bajo las no- bles bó edas de lo que en onces ya e a, y aún sigue siendo, el ámbi o imp esionan e de nues o A chi o Municipal en las iejas Casas Consis o iales. Allí po donde campea ban oda- ía las somb as de Diego Riaño, Ju an Sánchez, He nán Ruiz, Ben enu o To ello y an os o os que con ibuye on a o - ja nues a en usia s a isión de la Se illa del siglo XVI y am- bién de la Se illa pe ilada en sus más esenciales aíces. Po - que él mismo , nues o p o eso , con ibuía a es a imagen. Sin que e se nos pegaba al oído los e sos de Gómez Man ique en el ecin o concejil oledano: «Pues os izo Dios pila es de an iquísimos echos , es ad i mes e de echos ». El e a, y así lo eo hoy, como un sólido pila que, en el menes e que Dios le asignó, siemp e es u o i me y de ec ho. Y así , i me y de echo, se nos ue pa a compa ece an e la Lu z. Y allí se- gui á an e los plú eos celes es, an e plan as, secciones y al- zados, con o e idos ni eles a queológicos, calica as, co es es a ig á icos y p ospecciones ilusionadas. Todo ello e lejado en su noble os o cu ido ya bajo ine ables soles y llu ias. Quie o deci con es o que él ue, no ya un ejemplo, sino odo un e icaz y pe manen e sen i c a a al u u o de odos noso os. * * * Cumple aho a abo da la emá ica , el con enido de lo que haya de se es a dise ación. Y no quie o ni debo ocul a la suma de acilaciones que en aña la elección de ema. Po que han sido, no uno, sino a ios, los que a úl ima ho a me asal- a on. De muy a iada índole, en cuan o se e ie e al iempo y al espacio, engo a saca de odo ello expe iencias muy po- si i as que en un p óx imo u u o pudie a amplia pa a luego LA ÚLTIMA SEVILLA MUSULMANA -7 some e las a ues a conside ación en el anscu so de nues- as a eas académicas. Po odo ello, y en lo que hoy, y a es a coyun u a se e- ie e, mi decisión se o ien a hacia un ema que me ha p eocu - pado desde an iguo, an o po la escasez de in o mación se ia- me n e u ilizada como asimi smo po la ascendencia de aque - lla ho a que bien pudie a cali ica se de áspe a y decisi a en la g an agi co media de la hi s o ia. Me he decidido po ana- liza las secuencias inales de la úl ima Se illa musulmana, ema pa a mí obsesionan e desde que, hace algunos años, lo abo dé con mo i o de la edacción de una his o ia de la Se- illa musulmana que lue go discu ió po cauces di e en es a los p e is o s. Bien es e dad que aquel ex o enía a decan- a se en ambas o illas, musulmana y c is iana. pues o que el ela o enía a inse a se en el cañamazo in eg al de una His- o ia de Se illa. Lo que hoy aigo, no; es bien di e en e. Po - que, lib e de odo con ex o, en aña una isión exclusi a e inédi a desde la lade a musulmana, de aquellos momen os de igilia y sac i icio en que la sue e del encido, como en an- os casos egis ados po la his o ia, queda ma ginada y casi desconocida. De la conquis a de Se illa se aduce el cabalga b ioso de San Fe nando , la s ges as de Boni az, de Ga ci Pé- ez; de Pelay Co ea, e c. Pe o ¿y de los o os? ¿Qué ue de ello s? El « ae ic is» segui á siendo de po siemp e una cons- an e his ó ica . Y ae odo ello a la luz po supues o en- aña se ias di icul ades a la ho a de e lexiona sob e episo- dios i os. P e o odo sea en hono de una his o ia, que, si de sde sus albo es e a ya apasionan e, aho a, y a a és de cuan o que emo s sabe , se nos an oja den o de los lími es de lo al ucinan e y de la ascinación. Po que una alucinación pa ece el ánsi o de la ciudad mu s ulmana a la ciudad c i s iana. Y po supues o algo eacio a · nues a se nsibilidad ac ual. Con g an es ue zo hemos de imagina una ciudad d es habi ada, inmó il y en silencio. Sin más egis o de soni do que el umo de los penachos de las palme as o del balanceo del cip és al compás del ien o. Se despidie on los a lmu é dano s de los almina es y quedó helado el clamo de Jos zocos. E incluso las animalías, desampa adas, 8 JOS~ GUERRERO LOVILLO han huido. Y no obs an e es a Se illa deshabi ada po días debió de ene su encan o. Insensiblemen e se ienen a la me- mo ia aquellos e sos de don An onio Machado: «¡Oh ma a illa ... ! Se illa sin se illanos. ¡La g an Se illa! * * * Sabido es que, cual si se a a a de un en amado biológi- co, odos los momen os inales son al amen e d amá icos. Mo- men os es ela es pudié amos de ini los. También lo son los momen os iniciales de cualquie emp esa humana . El campo bipola nacimien o-mue e iende al equilib io. Qué duda cabe de que odo inal en aña asimismo un comienzo. Y es o es lo que aquí que emos dilucida . Un inal somb ío sin más pos e idad que el p esun o b o e de nue as aíces a co o o la go plazo. Me e ie e al enómeno del mudeja ismo. Pu es en la his o ia de nues a ciudad se ab ía una nue a andadu a de signo bien dis in o, ya que odo aquel sis ema ino a de- umba se apenas sin es uendo. Que si lo hubie a habido, a no duda , hab ía sido ahogado po cla ines ic o iosos. Causa es upo el que es e p oceso, jubiloso pa a unos, y dolo oso, muy dolo oso, pa a o os, se cons umase en an b e- e iempo. Nadi e hubi e a sospechado en aquellos momen os exul an es del año 1198, en que el sul án almohade Abü Ya'qüb Yüsu p ocedía a co ona el más bello almina del mundo is- lámico con aquellas cua o es e as do adas y simbólicas, la p oximidad de la h eca om be . Pues ju s a men e só lo a medio siglo, en 1248, se hab ía de ope a la caída, la g an caída des- de el ceni has a el abismo. Y sin emba go nada de es o es nue o. Se había p oducido con las a ian es de igo ya an es, en el con ex o del Cali a o andaluz: Madina al-Zah a', la ciu- dad lo , adian e, luminosa, ape nas sob e i ió medio siglo. Luego, la más imp esionan e uina. Sólo quedaba ya busca po los a ia es abandonados, en e ompimien os de luna, las somb as ugi i as del poe a Ibn Zaydün y la p incesa Wallada, eco adas sob e los mu os calcinados. LA ÚLTIMA SEVILLA MUSULMANA 9 Tal ez no sea de pu a o odoxia el en a de lleno en el en amado his ó ico que p opició la emenda ca ás o e, la uina de una ciudad p óspe a y anquila, espejo de aquella ciudad ien e y con iada que p on o, muy p on o, iba a sa- be de neg os a a a es. Po que Se illa e a en onces lo que hoy llama íamos una ciudad espec áculo. En el anscu so de los iempos lo siguió siendo, aunque con a ia o una. Tan a ia o una que ya hoy apenas podemos a isba lo que ue a en aquella ho a. Po ello quisié amos in en a su e o- cación en la coyun u a mejo que siemp e le hubo de cua- d a : en uel a en uno de los más in ensos climas de seduc- ción poé ica que jamás pudo imagina se. Un poe a, Ibn 'A o- ma , el de los is es des inos en la ida de Al-Mu' amid, es- c ibió un siglo an es desde la ama ga expe iencia de un ci - cuns ancial des ie o: «Se illa es una ciudad que, cuando su ge den o de mí, ea i a la llama de mi dolo y cuando golpeo el pede nal del ecue do eo y sien o sal a chispas de uego». * * * Un siglo después la isión de es a ciudad an asmal hab ía de hace se ambién a a és de chispas de uego. P ime o se- ía, en los días de iun o, un au én ico despliegue de uegos in ascenden es , au én icos uegos de a i icio, lumina ias go- zosas. Luego se ían chispas de uego de ex e m inio, de des- ucción y de mue e . En p incipio, en los días inmedia os a los inicios de la do- minación almohade en Al -Andalus y e minado ya en Se illa el eclipse que de an gen il mane a habló don Emilio Ga cía Gómez, la ciudad -sublime espec áculo como an es se ha di- cho- despliega an e el espec ado un as uoso escena io, en que una muchedumb e u bia, abiga ada y pin o esca, des- en uel e sus pequeñas y g andes inquie udes. E a una ciudad cul a, opulen a, ina, y, sob e odo con una indecible aleg ía disuel a en el ai e en que se mezclaba y se mezcla la agancia de las hue as y de los na anjales. L os al ededo es, poblados 10 JOSÉ GUERRERO LOVILLO de alque ías en e la e de a boleda, la línea del acueduc o y la amosa puen e de inían ya su pe sonalidad ascinan e 2• Den o de la g an u be se eco a la silue a de los alcáza- es y las bo edillas blancas de las mezqui as, de los baños y de o as sun uosas mansiones. Rebosan las gen es en las al- hóndigas , en las alcaice ías, en las plazas y en los zocos. Y po od as pa es el blanco u ila de la cal o los des ellos de sol en los isos de elucien e azuleje ía. Las ca lles, incluso aque- ll as concep uadas como de las má s amplias, p esen aban an- gos u as e i egula idades más isibles a ún en aquellas o as, po secunda ias , má s oscu as y o uosas . Calles que se no s o ecen hoy con sing ula a ac i o. Calles en ex e mo uncio- nales, u o en buena p a e del uncionalismo de la ciudad is- l ámica . Es echas, en apo eosis de bl anco , pa imen adas de l ad illo o de b e e s guij a os u ilan es , ue on al g unas eces p o agonis as del p odi gio. En una de ell as , y cie amen e de las más cén icas y concu idas, c eció una palme a, an in - clinada ya de pu o ieja, que pensa on c o a la po que em- pezaba a ob s a c uliza el ánsi o . El mís ico Ibn A abi e en sueños cómo el P o e a , en pe sona , ba jó a aca icia la y la en- de ezó con sus manos inas. Al día siguie n e, cuando ue a e la palme a , la encon ó e ical y i me. Re i ió sueño y eali- dad a la mul i ud asomb ad a y aquel si io ino a con e i se en Ju ga de bendición . Taum a u gi a. Se illa hechizada y he - c hice a 3• El hechizo es aún mayo en es as o a s callejuelas más apa adas y silencio sas . Algunas de ellas sin s alida , simples ada es, que ga an izaban la p i a ización del espacio, así co mo la de ensa de la pequeña, ecogida comunidad. O as apa ecen cu bi e as con pasadizos, co edo es abo edados o un a suma de a quill os espaciados. Es os a quillos cumplían , 2. E. GARCÍA GóMEZ: Un edipse de la poesía en Se illa: la época almo á ide, discu so de ecepción en la Real Academia Española. Mad id, 1945. J. G UE RRERO ·L o JL O: Se i!!a Musulmana, en «His o ia del U b ani~mo Se illano». Real Aca- demia de Bellas A e~. Se illa, 1972. 3. Tan suges i a le enda iene como p o agonis a. en e ec o, al mís ico su í mu ciano Ibn A abí y la ecoge D. Miguel As N P ALACIOS en su lib o El Isl am C Ú ia; izado. Ed. Plu a co. Mad id, 1931 , pág. 47. LA ÚLTIMA SEVILLA Ml'SULMANA 11 más que una inalidad es é ica que hoy econocemos suma- men e g a a, una inalidad u ili a ia, pues se ían pa a aba , a ios a mu os siemp e de p eca ia es abilidad dado lo ele- me n al de su cons ución. Pe o además, lo ap e ado del case- ío u bano, den o de la ce ca, la penu ia de espacio, de e - minaban el que las i iendas ex endiesen sus pisos al os -so- b ados o algo as- po las calles, me c ed a oladizos apeados en o napun as o jabalcones, e incluso cub iendo algún a- mo de la calle. E a una mane a su il o in eligen e de aumen- a el espacio a cons ui sin in e e i la ed ia ia. En es e labe in o de callejas, cuando el sol cae a plomo y e e be a la luz sob e las pa edes blan cas, es os pasadizos o ecían al an se ún e un oasis de esco y de bien es a , dejando a in- e alos pa a dis u a mejo la umb ía , el ue e ompimien- o de luz del espacio abie o. Y así la calleja apa ecía a e- chos umb osa, a echos encendida. P ódi ga en e uel as am- bién, i a en ella la adición del desi e o, al se dispues a pa a esqui a el ien o y el pol o. Al g una ez, as unas a- nias desnudas, unas amas de á boles al os, alguna palme :> q ue agi aba sus emblo osos penachos o la aguja de un ci- p és, insinuaban el sec e o de callados y mis e iosos ja dines. Luego unas pu e eci a s pe q ueña s, semiescondidas, lo mismo pueden ab i a su n uosas man siones que a humildes i iendas. De es as casas. i iendas humildes, no se han econocido es os sensibles en la Se illa musulmana. Las han ido despla- zando edi icaciones más p e enci osas en sucesi as e apas in- culadas a un p og esi o biene s a . Pe o conocemos los e n e - sijos de su cons ucción me ced al a ado de hisba de Ibn 'Abdun: mu os de apial, igas ma es as y a l a jías de dimen- siones ijas, ejas y lad illos ab icados segú n moldes cuyos ipos es aban suspendidos en algún lu ga de la Me zq ui a ma - yo pa a su co ec a comp obación. Y luego oda la gama de o icios elacionados con el a e de edi ica : al a e os, cale os, id ie os, he e os, ca pi n e os, e c. Al Saqundí enca ece el es- me o , la limpi eza, el g acioso o den oda ía conse ado hoy, al cabo de más de sie e siglos, en la disposición del humilde ajua de las casas popula es se illanas. Allí no al aba el agua que luía de con inuo ; ni ampoco á boles ondosos, na an- 12 JOSé GUERRERO LOVILLO jos, lime os, limone os, cid os que cobijan alguna uen e 0 que si en de oldo a los pa ios. Es as casi as musulmanas se conse a on en buena mayo ía has a los albo es del si- glo XVI en que comenzó a eno a se, con módulos di e en- es, el case ío se illano. El p og ama u banís ico no podía se más sencillo y humilde. De cualquie o ma de una sob ie- dad cie amen e sob ecogedo a y edi ican e. Y en súbi o con as e la sun uosidad de alcáza es de en- sueño. Si en las cons ucciones domés icas e a de des aca la pa edad de espacios, odo ello es sob adamen e compen- sado me ced a un espléndido conjun o de alcáza es, de los que se ha cen eco, en un osa io de elogios, an o la p osa como la poesía a a és de siglos. No es cues ión de analiza los aquí po que ya ue abo dado el ema po quien es o esc ibe en 1970 con mo i o de su ecepción en la Real Academia de Be- llas A es de San a Isabel de Hung ía 4• Bueno se á eco da que dichos alcáza es ue on cons uidos en la e apa abbadí bajo la suges ión di ec a de odo el peso del p es igio de una Có doba que se alejaba ya en el ecue do. Pues en e ec o, dos de aquellos alcáza es, el denomin ado Qa$ al-Zahi y sob e odo al-Muba ak, el «Alcáza bendi o» espondían en su nomencla - u a a dos salones de apa a o o pabellones localizados en el palacio de los Cali as de Có doba . El úl imo , el más sun uoso, cuya es uc u a sus ancial se ha conse ado, se e igió en la g an esidencia pala ina de los mona cas abbadíes. El úl imo ep esen an e de la dinas ía, el ey poe a al-Mu' amid hizo de aquel ecin o el solio de la poesía en Es paña y llo ó su pé dida con lág imas de uego en la soledad de su des ie o de Agma . Toda ía el g an palacio abbadí había de se u ilizado un siglo después po la dinas ía almohade, signo segu o de su- pe i encia. En e ec o, en ocasión en que el Sul án almohade Abü Y a' qüb Yüsu I ecibe en Se illa la sumisión del eino de Mu cia en la pe sona de Hila!, hijo del amoso Ibn Ma danis, le hizo aloja como signo de amis ad, según e ie e la C ónica 4. J. GUERRERO Lo LLO: Al -Qa a l- Muba ak. El Al cáza de la bendici6n, discu so de ecepción leído el 19 de no iemb e de 1970 en la Real Academia de Bellas A es de San a Isabel de Hung ía. Se ílla, 1974 . LA ÚLTIMA SEVILLA MUSULMANA 13 de Ibn Sa}:iib al-$ala, «en el magní ico y amplio palacio de Mu}:iammad ibn 'Abbad (Mu' amid) 5• Con an noble p eceden e i o y ac ualizado como pa a pode se con e ido en esidencia egia en odo iempo, los almohades se die on a una ingen e a ea cons uc i a en el o den ci il. No se a a ya de las modi icaciones in oducidas en el iejo al-Muba ak, donde se in se an las cons ucciones del hoy llamado pa io del Ye so o de la an igua Casa de Con- a ación , e incluso del Palacio de I:I ~ n al-Fa ay, sino que ade- más se ac ualizó una p eciosa inca campes e de los abba- díes: la llamada en onces Bul;ay a al-Kub a, la laguna g ande. Allí, al-Mu' amid un siglo an es había mandado cons ui , o- deado de hue os y ja dines ondosos, se idos de umo osas acequias, un pabellón cen al, desde el que se dis u aba una bella pano ámica de la ciudad . Todo ello se amplió en es a nue a coyun u a que, a juzga po las ecien es exca aciones, e is ió alcances supe io es: es g andiosas na es con gale- ía po icada an e una g an albe ca que iene a jus i ica su denominación. Sus an eceden es, sin pe de de is a las más ce canas suge encias occiden ales como Madina al-Zah a ', Qal'a de los Banü J:Iaamad y Alja e ía, hay que busca los en o ien e. Ello se desp ende del mismo elogio que hace el c o- nis a de Beja, Ibn ~a}:iib aViala, en su Ta' íj al-Mann bil-Imama, cuando, al ecog e la au o ía del p opio Al:imad ibn B u:;o, el mismo a qui ec o que p oyec ó la g an Mezqui a almohade de Se illa, ace ca de aquellos palacios de la al-Bu}:iay a, decla a que e an «mejo es que los de al-Taw naq y al-Sadi -dos jo- yas de la a qui ec u a pala ina de odos los iempos, ozando el mi o- y que se alzaban más allá de la pue a de Yahwa como una luna luminosa» 6• En el obligado deambula po la u be, as los alcáza es, las mezqui as. Mezqui as sencillas de los ba ios, apenas hu - mildes o a o ios, y ambién las dos g andes aljamas o mez- qui as p incipales. La p ime a, la más an igua, e igida en ie n- os del omeya 'Ah al-Ral:iman II, nació bajo is es p esagios 5. Ib n $áJ:iib al-$alá: Al-Mann bil-lmiima, ad. de A. Huici. Valencia, 1969, pág. 194 . 6. ldem, pág. 189. 20 JOSÉ GUERRERO LOVILLO la cons ucción de la mencionada To e, en igo , una o e alba ana con el doble designio de ce a el pue o come cial y e o za la de ensa de la plaza, sus i uyendo a uno de los cas illos abbadíes, Qa s al-Zahi, en aquel mismo emplazamien- o . Todo ello pone de elie e el g an in e és que sen ía po odo cuan o a Se illa a ec aba. Y, sin emba go, no e a se i- llano, aunque bien pudo se lo de adopción. Cu iosa, ascinan e igu a la del p íncipe Abü-1-'Ula Id is, casi desconocida has a hoy, sa l ando su inculación con nues- a To e del O o. E a, no mag ibí, sino español, de Al-Anda- lus , nacido en Málaga, e hijo de mad e española, la p incesa Sa i ya, hija del céleb e caudillo mu ciano Abü 'Abd Allah Ibn Ma dan is. E a su pad e el cali a almohade Ya'qüb al-Man~ü y su bisabuelo el g an conquis ado 'A bd al-Mu'min, que inau- gu ó la dinas ía almohade. Homb e muy dado a lo exquisi o, al lujo, a la os en ación, aunque odo ello sin oza lo ad e- nedizo po que e a p íncipe de sang e eal. Tan o que, como en los mejo es días de al-Mu' amid, odeado de in elec uales, sabios y poe as esuci ó en Se illa aquellos ai es co esanos que nunca debió pe de . Tal ez po esa au osu iciencia, se - ida además po el umo de que el Cali a, su he mano al-'Adil, e a jugue e de las ambiciones de los g a ndes je a cas almoha- des, se p oclamó a sí mismo Cali a, an es incluso de que des- i uye an en Ma akus , la ac ual Ma akech, a su he mano, quien a los pocos días de su des i ución apa ecía ahogado en una albe ca de su palacio. En igo , habida cuen a de que su he mano se desp eocupaba del u u o de la dinas ía , él ue quien eló po el p es igio amilia y dinás ico. Se illa ol ía a albe ga den o de sus mu os, como después Ma akech, a odo un Cali a. Desg aciadamen e pa a el Islam el úl imo ca . li a qu e iba a eina en Al-Andalus, ca da ez más ce cano el desas o so inal. Abü-1-'Ula, que ya con aba con el econocimien o de los al- os je es almoha des de la Península, no enía po menos que hac e e ec i a esa sumisión en el Mag ib. Y pa a asegu á sela inició p olijas negociaciones ce ca de Fe nando III de Cas- illa en demanda de ayuda. Que le ue o o gada; un cue po de 12.000 jine es que le acompañó en la emp esa cons i uyen- LA ÚLTIMA SEVILLA M USU LMANA 21 do su p incipal angua dia y sal agua dia. Lo demás del p o- ocolo ajus ado en e el c is iano y el musulmán no es su i- cien emen e conocido. Pe o allí se empieza a e idencia el agudo sen ido polí ico que ca a c e izó a San Fe nando. Tengo el con encimien o que an e un público no especia- lizado en his o ia hispano-musulmana pudie an esul a muy ex añas es as alianzas an dis pa es de ca a a una común con eniencia. Sin emba go, la p esencia de opas c is ianas jun o a musulmanas y a la in e sa es enóm e no ecuen e a lo la go de la baja Edad Media. ¿Qué o a cosa no ue, en la misma época e nandina, el clima que p opició el nacimien o del eino na z a í? Las milicias c is ianas de Fe nando III lle- ga on a Se illa en el e ano del año 626 (1229) y a comienzos de oc ub e de aquel mismo año Abü-1-'Ula anqueaba el Es- echo con sus con ingen es mili a es y ma chaba sob e Ma- akech, de la que se apode ó seguidamen e. El his o iado Ibn Abi Za nos da cumplida no icia del pac o en e el ey de Cas illa y Abü-1-'Ula. Además de la en ega de diez plazas ue es on e izas se comp ome ían a edi ica en Ma akech una iglesia c is iana, incluso con el de echo a usa las cam- panas pa a la llamada a los o icios li ú gicos, además de o as concesiones bas an e one osas pa a el c eyen e musulmán . Que el pac o , pe se al e sc ep i cismo de al g unos au o es, exis ió, lo demues an no sólo las ac uaciones de las milicias c is ia- nas e nandinas, sino ambién el hecho de que la iglesia cons- uida pa a los c is ianos ue luego asal ada, saqueada y des- uida en 1232 po g upos de exal ados musulmanes. La e apa que a desde el aslado de Abü-1-'Ula a ie as a icanas has a la caída de Se illa en pode de los c is ianos, signi ica ein e años de his o ia sumamen e agi ada, en la que se deba e una suma de aspec os que necesa iamen e hab ía de in lui en el umbo de los acon ecimien os, o nándolos p opicio a la polí ica e nandina 7• 7. Pa a el conocimien o de es a agi ada e apa es imp escindible la consul a de Ibn 'Iga I al-Ma ii k us i, al Bayiin al-Mug ib, ad. de A. Hu ici . 2 al s. Te uán, 1953-54 . También In c ónica A l- lj ulal al-MawJiyya, aduc ció n de A. Huíci. Te- uán, 1952 . 22 JO SÉ GUERRERO LOVILLO El p incipal de ellos ue el que Se illa alzó audazmen e la band e a independen is a con a los almohades, aunque su p omo o no ue a p eci sa men e un se illano, sino un descen- dien e de los an iguos eyes de ai as de Za agoza. Se llamaba Yüsu ben Hüd al Yazaml. Odiaba con oda su alma a Abü-1 - 'Ula po que lo c eía comp ome ido en el des onamien o y mue e del an e io cali a, su amigo pe s onal. T as o gani- za s e en Mu cia o eció su asallaje eligioso nada menos que al cali a abbasí Abü Ya' a al-Mus an~i bi-llah, quien desde la lejana Bagdad le o o gó el p ecia do í ulo de Muyahid ad-Din, «comba ien e po la e». Sin emba go él p e e ía u iliza , an- o en lo s documen os de su cancille ía como en la moneda, el laqab ( í ulo) de Mu awakkil 'a la Allah, «el que con ía en Dios». En sus bande as usó en adelan e su p opia di isa pe - sonal que epe ía : «He con iado en el Dios único». Pe son aje pin o esco y con o e ido es e p íncipe ebeld e Ibn Hüd. La hi s o io g a ía del i em po se inclina a p esen a - lo como homb e igno an e qu e só lo se p eoc upaba de busc a el a pl auso de la plebe. El g an hi s o iado al-Maqqa i, en su conocida ob a Ki ab Na ~ al (i b, esc ibió de él: «P es en á- b ase como el sal imbanqui qu e o a po calles y zocos, po- niendo bu ena ca a a la ge n e pa a s e sie mp e bienquis o y le eco mpen sa an con mayo l a g ueza». Es deci , la es ampa de un au én ico dema gogo. Sin e mba go, a a és de es as dia - ibas es n o o io qu e su i gu a y comp o am ien o e a en ex- emo p eocupan e po su ace camien o al pueblo , sus p oc e- dimi en os que hoy llama íamo s d emoc á ic os y po la i i a- ción que p o ocaba en e aquellos que p odiga on siemp e desmedidos halagos a lo s au óc a '.ls ca li as mumínidas . Aun- que ue a mo ejado de o pe gob e na n e, indigno polí ico opo - uni s a y o os denu es os, la eali dad e a mu y di e en e. Po - qu e en poco iempo se alza on a su a o , econociendo su au o idad, Alci a, De ni a, Já i a, Alme ía, Jaén, Có doba, Má- la ga y G anada. F ue así cómo los a ndalu ces op imidos po la in o le a nci a a icana enco n a o n al in al de enso de su cau- sa . Y Se illa, la p im e a ciudad de Al -Andalus que acogió de buen g a do a los almohades, ue ambién la úl ima que los expulsó. LA ÚLTIMA SEVILLA MUSULMANA 23 P e o lo que en p incipio pa ecía discu i po cauces diá- anos, lue go se ino a ensomb ece . Los libe ados inie on a en en a se con a sus libe ado es. De al mane a que en e a la democ acia de aíz popula ins au ada po Al-Mu awakkil Ibn Hüd, llegó a alza se la igu a no menos in e esan e de Ibn al A}:lma , seño de A jona, ep esen an e de la a is oc acia á abe , el mismo que un día hab ía de echa los cimien os de una glo iosa dinas ía , los banü Na~ , los Naza íes, que p o- longa ían en G anada el dominio musulmán más allá de lo p e is o. Al -Al;ma e a el aglu inan e de la nobleza hispano- á abe , de la milicia y del es amen o eligioso. El choque e- sul aba ya inaplazable, dado que el p opio cadí de la ciudad, Abü Ma wan al- üí} •1, que egía los des inos de una ciudad de an a sole a a is oc á ica como Se illa, había es ablecido con- ac os con Ibn al-Al;ma . Pe o bien p on o esos con ac os, e- sul a on con ap oducen es. po que el seño de A jona ali- men ó el ocul o deseo de anu la a su aliado y alza se con el eino se illano. Y así , iun o a ingidas negociaciones, en ió a su ye no 'Ali ben ASqilüla con un escogido ejé ci o compues- o po gen e de A . iona y un ague i do cue po de milicias c is- ianas, pa a apode a se median e engaño de la ciudad. Así lo ealizó aqué l, ocupando el ecin o y la alcazaba po súbi o asal o. Cuando a l-B ayl: in en ó eacciona ya no p ocedía, en- con ando la mue e a manos de los asal an es. Ello ocu ía, según Ibn Ida i'. en el año 633 (1235-36), poco an es de la ex- pugnación de Có doba po Ja hues e c is iana. Y en Se illa, lo inespe ado. R esul a que ece años an es de la conquis a po San F e nando, la ciudad había sido gana da po una hues- e c is iana. P e o (.de dónde p ocedía y quién la mandaba? Es cosa has a aho a igno ada. El ye no de Ibn al-Ahama , 'A li ben Asqilüla, quedó como go be nado de la plaza. P e o po mu y poco iempo. Apenas un mes luna . El pu eblo, a mo inado, lo echazó, de ol iendo la sobe anía al cau dillo popul a al-Mu awakil ibn Hüd. Ello ue pa a Ibn al-Ahma una emenda o ensa de la que no se e puso, y ello explica la p es eza con que acudió con los suyos a e o za el ce co que Fe nando III imponía a la ciudad. Al AJ:¡ma llegaba an e sus mu os en plan de desqui e. Homb e 24 JOSÉ GUERRERO LOVILLO calculado , ío, opo unis a, se compo ó con lo que hoy lla- ma íamos au én ico maquia elismo, engañando a unos y a o os. Sólo así pudo llega a unda un eino y consolida una dinas ía. Po que lo que Se illa le negó pudo consegui lo, no a la go plazo, y quizá con c eces, en G anada, a o nillándolo con el pac o de Jaén, el p o ocolo , que le o ecía o o más polí ico que él: el p opio San Fe nando. El e o no de la causa y los pa ida ios de Ibn Hüd ae a un p ime plano de la u dimb e his ó ica del momen o a Abü 'Am Ibn al-Yadd, homb e de g an au o idad y p es igio, muy in luyen e, miemb o de una de las g andes amilias se illa- nas, o iúnda de Niebla, hijo de un ilus e adicionis a y po an os mo i os pe sona cuyo consejo en más de una ocasión con ibuyó a despeja la cada ez más c í ica si uación en que se deba ía Se illa en es a ho a. Aho a comienza la ges a del a aque a Có doba, en p inci- pio inicia i a de unos almogá a es cas ellanos que se apode- an po so p esa de una de las o es de la ce ca de la ciudad de los Cali as. Luego comienzan a llega po cuen a p opia al- gunos con ingen es de caballe os, has a que el ey de Cas illa hace ac o de p esencia en el ea o de la con ienda con ánimo de es imula a los impacien es si iado es. Ibn Hüd, acampado en los al ededo es de Ecija, no se esu el e a a aca en la p i- me a ho a, en momen os en que los expugnado es de Có doba e an pocos. T a s de la duda, op a po aleja se de la cuenca del Guadalqui i pa a di i gi se hacia Le a n e. Acaso había in- uido que su buena es el1a has a en onces, le abandonaba, y siquie a po momen os espe ó mejo o una. En Alme ía le agua daba la mue e. Su omán ico sueño de econs ui la u opía de un pod e monolí ico en Andalus, al co no los Ome- yas lo habían aguado en Có doba, aunque aho a bajo el signo abbasí, e a an lejano e i ea l que no e a más que eso: un sueño que ino a con undi se con la mue e . La caída de Có doba el día 23 de sawwal del año 633 (30 de . iunio de 1236) causó e dade a cons e nación en la sociedad islámica española. En Se illa la onda ca as o is a causó un ue e impac o . Se exace ba on las pasiones en odo sen ido con p eponde ancia del miedo y los se illanos llega on a e- LA ÚLTIMA SEVILLA MUSULMANA 25 conside a que una uel a a la obediencia almohade al ez ue a saludable . La idea ue de Ibn al-Yadd, el bueno, el pa- cí ico, pensando que el allada almohade pod ía p o ege les de la codicia cas ellana. Pe o no habían con ado con que am- bién en el Mag ib la ónica gene a l no discu ía po mejo es cauces. En pocas palab as, el Islam andaluz quedaba abando- nado a sus p opios des inos, is es , ágicos des inos. Ibn al-Yadd, conscien e del acaso de sus inicia i as, adop ó inal- men e lo más he oico pa a él: i ma una alianza con el ey de Cas illa. Como emos, Se illa lo había in en ado odo, se lo había jugado odo: en dos ocasiones había alzado a Ibn Hüd; po b e e iempo había sopo ado el dominio Ibn al- A .ima ; había echazado y econocido po dos eces la sobe a- nía almohade, en al e nancia culminan e y decaden e. Ya no le quedaba más que pac a con un espejo de caballe os. Se llamaba Femando, el III de la nómina de los eyes de Cas illa y el llamado a se insc i o en los egis os de la San idad. Ha sido mi p opósi o el ceñi me, en es e nada cómodo e- la o de las uen es del encido, u iliza sola y exclusi amen e las uen es de al p ocedencia. Además, al llega a las con- secuencias inales, a las capi ulaciones, esul a más e icaz acu- di a la his o iog a ía á abe, más explíci a que la c is iana. A la is a de odo ello, esul a que en el pac o i mado po Ibn al-Yadd, !?Ei]:iib de Se illa, y Fe nando III de Cas illa, el documen o ue muy se mejan e al que poco después ul imó el cas ellano con Ibn al-A .ima du an e el implacable si io de Jaén: econocimien o del ey de Cas illa, pago de unas pa ias, cuya cuan ía se desconoce, más la obligación de concu i a su co e y p es a le ayuda cuando las ci cuns ancias lo e- quisiesen, en igo como al súbdi o mudéja . También el p ín- cipe he ede o Don Al onso había conce ado pa ecidas es ipu- laciones el año 1243 cuando ecibió la sumisión del eino de Mu cia. Un hecho que des acan con mucho los au o es á abes es el que las es ipulaciones pa a la e n ega de Se illa causa on hondo disgus o en el es amen o mili a , al menos en e los más ep esen a i os, que e an los más exal ados. En la ciu- dad se egis a on mo ines y g a es dis u bios que el qa'id 26 Jos GUERRERO LOVILLO Ibn al-Yadd hubo de a on a y ep imi con mano du a . De las medidas más ené gicas que hubo de adop a , la menos po- lí ica po sus ex emas consecuencias, ue la de bo a del diwan del ejé ci o, es deci del escala ón mili a , los nomb es de odos los que no aca aban sus ó denes, licenciando am- bién a los que hos igaban a la hues e c is iana ya demasiado ce ca po la pa e de Ecija. Los hechos se p ecipi aban pelig osamen e. Los je es ex- pulsados y los elemen os incon o mis as hicie on causa co- mún y capi aneados po el qa'id Yaqqa asesina on a Ibn al- Yadd y ompie on el acue do con el ey de Cas illa. T an g a- ísima sedición mili a y el asesina o del ilus e se illano que con su p es igio, su bondad y diplomacia man enía la p eca- ia independencia de la ciudad , aunque sin c ono logía en las uen es musulmanas , es de supone que se diesen poco an es de que Fe nando III emp endiese las ope aciones inales con- a la plaza y su e i o io. Queda cons ancia, según e e en- cia de Ibn Jaldun, que el ey c is iano, al sabe que habían asesinado a su aliado y amigo, ue p esa de i o pesa y en- onces ompió la egua conce ada con un Ibn al-Yadd, ya di- un o, y lanzó con oda decisión sus opas con a el p eciado y a la ez di ícil obje i o. Los se illanos se die on cuen a, a díamen e, del g a e e o come ido y a a on de da sa is acciones al Rey San o , mos ándose dispues os a conce a nue as es ipulaciones. El cas ellano io cla amen e que aquel e a el momen o p opicio pa a o za la end ición. Sabía de las bande ías y pasiones que co oían el campo se illano. Cuando se su po del a ance de las hues es e nandinas, se cons i uyó a oda p isa una jun a de de ensa p esidida po el qa'id Yaqqa y asis ida po Ya9ya Ibn J al d ün, Ibn Suwaib, Masüd Ibn J1ya y Abü Bak Su ai~. Pu é el úl imo ac o polí ico cel eb ado en la ciudad, el úl imo consenso, cuando ya las opas econquis ado as com- ple aban el ce co. De los pe sonajes que in eg aban la jun a de de ensa , y que aquí quedan egis ados, solamen e uno, su p esiden e , ha pasado a la his o iog a ía c is iana y a la pos- e idad , el qa 'id Yaqqá , que la C ónica del San o Rey, y de allí odas la s demás uen es c is ianas , ha ans o mado en Aya a LA ÚLTIMA SEVIu.A MUSULMANA 27 o Axa a , el mismo que en egó las lla es de la ciudad al San- o Rey. E a un asesino y un coba de 8• Lo demás ae consigo el laconismo de un pa e o icial de gue a con e siones dis in as aunque coinciden es. Ibn 'Ic;la i, el au o del Bayan al Mug ib e ie e: «El año 645 (1247-48) ce ca on los c is ianos po ie a y po ma a la ciudad de Se illa y les hicie on gus a males a sus habi an es. Acampa on an e ella y llega on sus con ingen- es en el mes de Yu nada p ime o del ci ado año. A eció es e año su asedio y se llenó de ellos su egión; cogie on a muchos de sus habi an es , a eba a on en sus na es a los niños y la pusi e on en el ma y o ap ie o. Dispa a on pied as con los al- majaneques y al a on las p o isiones odas excep o lo que había en algunas casas de icos, que se p eocupaban de es as cosas como el al aquí y cadí Ibn Mansu , que deseaba que los c is ianos le an asen el ce co de la ciudad y mandaba a la gen e comba i y dispa a lechas. Pe o la gen e con odo es o es aba es upe ac a; andaban como eb ios sin es a eb ios y mu ie on muchos de hamb e . Fal a on los alimen os y la gen- e comió pieles» 9• E a en ealidad, decimos noso os, un pue- blo de ágicos des inos, aho a ya simples au óma as . Y o o c onis a, al-Himya i, el au o del Ki ab al Rawd al Mi a , consigna: << El Rey c is iano concedió a la población una egua pa a pe mi i l es o ganiza el anspo e de odos sus bagajes que pudie an lle a . Al e mina la egua la población abandonó la ciudad que pe maneció desie a du an e es días. El mo- na ca c is iano mandó escol a a los emig an es po un des- acamen o a mado has a la zona musulmana de segu idad». Y concluye con es e elogio digno de igu a , de habe se co- nocido en onces, en el p oceso de bea i icación del Rey Fe - nando: 8. Los ein e úl imos años que p eceden a la endición de la ciudad se ex po- nen, en esumen, po D. Is id o DE L AS CAJIGAS. Vid. Los Mu dé j(l es , omo II. cap. V. In s i u o de Es udios A icanos. Mad id, 1949. 9. Ibn 'l ga i: Al B ayii n al-Mug ib, ci . Tomo 11 , pág. 187. 28 JOSÉ GUERRERO LOVI LLO « E a un homb e dulce qu e enía un g an sen ido polí ico» 1 º. Y e a ambién, y es o es lo ma a illoso, que el c onis a mu- sulmán había empezado a en e e la au eola de san idad de quien luego, y ya pa a siemp e, hab ía de se llamado el San- o Rey. 10 . Al I;limya I: Ki ab a l-Raw<! al -Mi' a , edic. Lé y.J? o en~al. La Pénin sule Ibé ique. Leiden, 19 38, e x o, pág. 22 ; ad., pág. 28.