La última Sevilla musulmana
Full text
LA
ULTIMA SEVILLA MUSULMANA*
Po
JOSÉ
GUERRERO
LOVILLO
Excmos. e Ilmos. S es.:
Todo
son
ca ilaciones a
la
ho a
de
da
adecuado cauce a
cuan os
sen imien os
suelen
emba ga
a
cualquie a
si uado
en
es e
ance.
Po que
oda
ó mula
de exp esión
ha
sido
ya
ago ada,
odo
se
ha
dicho
en
lo
que
cabe
en
es e exo dio
y,
además,
en
ocasiones,
de
mane a
inmejo able.
¿Qué es
lo
que
ya
queda
po
deci ?
Po
mi
pa e
yo
no
aspi o
más
que a
ei e a
mi
ag adecimien o a esas nobles pe sonalidades
que
me
han
acogido.
A o unadamen e
la
g a i ud
es
un
sen i-
mien o
an
pu o
que
no
necesi a
de
e ó icas. Un signo,
un
ges o,
es
más
que
su icien e. Que
no
se
in e ie an las pala-
b as.
Y
aho a,
en
es e
ins an e, yo
quie o
da
cumplida
e de
ese signo,
de
ese ges o.
* * *
Ha
que ido
el
des ino
que
yo
inie a
a
ocupa
el
sillón que
deja a
acío
una
pe sonalidad
an
comple a
en
el
campo
del
conocimien o de
la
ealidad
his ó ico-a queológica se illana
como lo
ue
el Excmo.
S .
D.
F ancisco Collan es de
Te án
y
Delo me 1• De
en ada
he
de deci
que
ue
mi
p o eso
-como
ambién
lo
ue
de
o os
ilus es académicos
que
hoy
nos
asis-
en-
en
aquellas disciplinas cla es
pa a
la
his o ia
de
nues-
a
ciudad:
bibliog a ía, paleog a ía, diplomá ica
en
el
ma
co
• Di
sc
u so
de
ing eso en
la
Real Academia Se illana
de
Bue
nas
Le as, p onunciado
el
día
30
de
mayo
de
1982.
l.
Sob e la bio-bibliog a ía del P o . Callan es
de
Te án y Delo me, id.
Bo-
le
ín
de
Bellas
A
es de la Real
Ac
ademia de Bellas A es de San a Isabel de Hun-
g ía, 2.• época, núm.
VI.
6
JOSÉ
GUERRERO
LOVILLO
de
nues a
inol idable
Facul ad
de Filoso ía y Le as,
en
el
iejo edi icio
de
la
calle La aña.
Simpl
emen e
a
a és
del
do-
cumen o
di e
c o
y
sob e
odo
en
un
ambien e
i epe ible
allí
quedaba
en
pie
odo
el amplio
complejo
de
una
his o ia
que
ebasaba
el
ma co
local
pa a
mani es a se
en
oda
su
ex en-
sión
sencillamen e ascinan e.
Po que
nues as
clases,
nues-
os
en añables
con ac os
in elec uales se
die on
bajo
las
no-
bles bó edas
de
lo
que
en onces
ya
e a, y
aún
sigue
siendo,
el
ámbi o
imp esionan e
de
nues o
A chi o Municipal
en
las
iejas Casas Consis o iales. Allí
po
donde
campea
ban
oda-
ía
las
somb as
de
Diego Riaño,
Ju
an
Sánchez,
He nán
Ruiz,
Ben enu o To
ello
y
an os
o os
que
con ibuye on
a
o -
ja
nues a
en usia
s
a
isión de
la
Se illa del siglo XVI y
am-
bién
de
la
Se illa pe ilada
en
sus
más
esenciales aíces.
Po -
que
él
mismo
,
nues o
p o eso ,
con ibuía
a
es a
imagen.
Sin
que e
se
nos
pegaba
al
oído los e sos de Gómez
Man ique
en
el
ecin
o
concejil oledano: «Pues os izo Dios
pila es
de
an
iquísimos
echos
,
es ad
i mes e
de echos
».
El
e a,
y
así
lo eo hoy,
como
un
sólido
pila
que,
en
el
menes e
que
Dios le asignó,
siemp e
es u o i me y
de
ec
ho. Y
así
,
i me
y de echo,
se
nos
ue
pa a
compa ece
an e
la
Lu
z. Y allí se-
gui á
an e los
plú eos
celes es,
an e
plan as,
secciones y al-
zados,
con o e idos
ni eles a queológicos, calica as,
co es
es a ig á icos y p ospecciones ilusionadas.
Todo
ello e lejado
en
su
noble
os o
cu ido
ya
bajo
ine ables soles y llu ias.
Quie o
deci
con
es o
que
él ue,
no
ya
un
ejemplo,
sino
odo
un
e icaz y
pe manen e
sen i
c
a a
al
u u o
de
odos
noso os.
* * *
Cumple
aho a
abo da
la
emá ica
, el
con enido
de lo
que
haya
de
se
es a
dise ación. Y
no
quie
o
ni
debo
ocul a
la
suma
de acilaciones
que
en aña
la
elección
de
ema.
Po que
han
sido,
no
uno,
sino
a ios, los
que
a
úl ima
ho a
me
asal-
a on.
De
muy
a iada
índole, en
cuan o
se
e ie e
al
iempo
y
al
espacio, engo a
saca
de
odo
ello expe iencias
muy
po-
si i as
que
en
un
p óx
imo
u u o
pudie a
amplia
pa a
luego
LA
ÚLTIMA
SEVILLA
MUSULMANA
-7
some e las
a
ues a
conside ación
en el
anscu so
de
nues-
as
a eas
académicas.
Po
odo
ello, y
en
lo
que
hoy, y a
es a
coyun u a
se
e-
ie e,
mi
decisión se
o ien a
hacia
un
ema
que
me
ha
p eocu
-
pado
desde
an iguo,
an o
po
la escasez de
in o mación
se ia-
me
n e
u ilizada como asimi
smo
po
la
ascendencia
de
aque
-
lla
ho a
que
bien
pudie a
cali ica se de
áspe a
y decisi a
en
la
g an
agi
co
media
de la
hi
s
o ia.
Me
he
decidido
po
ana-
liza
las
secuencias inales
de
la
úl ima
Se illa
musulmana,
ema
pa a
mí
obsesionan e
desde
que, hace algunos años, lo
abo dé
con
mo i o de
la
edacción
de
una
his o ia
de
la Se-
illa
musulmana
que
lue
go
discu ió
po
cauces
di e en es
a
los p e is
o
s. Bien es
e dad
que
aquel ex
o
enía a decan-
a se
en
ambas
o illas,
musulmana
y
c is iana.
pues o
que
el
ela o
enía
a
inse a se
en
el
cañamazo
in eg al
de
una
His-
o ia
de Se illa. Lo
que
hoy
aigo,
no; es
bien
di e en e.
Po
-
que,
lib e
de
odo
con ex o,
en aña
una
isión exclusi a e
inédi a
desde
la
lade a
musulmana,
de
aquellos
momen os
de
igilia y sac i icio
en
que
la
sue e
del encido,
como
en
an-
os
casos
egis ados
po
la
his o ia,
queda
ma ginada
y casi
desconocida. De la
conquis a
de Se illa
se
aduce
el
cabalga
b ioso
de
San
Fe
nando
,
la
s ges
as
de Boni az,
de
Ga
ci Pé-
ez; de Pelay Co ea, e c.
Pe o
¿y de los
o os?
¿Qué ue de
ello
s?
El
« ae ic is»
segui á
siendo
de
po
siemp e
una
cons-
an e
his ó ica
. Y
ae
odo
ello a
la
luz
po
supues o
en-
aña
se ias
di icul ades a
la
ho a
de
e lexiona
sob e
episo-
dios i os. P
e o
odo
sea
en
hono
de
una
his o ia,
que,
si
de
sde
sus
albo es
e a
ya
apasionan e,
aho a,
y a
a és
de
cuan o
que emo
s
sabe ,
se
nos
an oja
den o
de
los lími es de
lo
al
ucinan
e y de la ascinación.
Po que
una
alucinación
pa ece
el
ánsi o
de
la
ciudad
mu
s
ulmana
a
la
ciudad
c
i
s
iana.
Y
po
supues o
algo eacio
a ·
nues a
se
nsibilidad
ac ual.
Con g
an
es ue zo hemos de
imagina
una
ciudad
d
es
habi ada,
inmó il y
en
silencio.
Sin
más
egis o
de
soni
do
que
el
umo
de los
penachos
de
las
palme as
o del
balanceo
del cip és al
compás
del ien o.
Se
despidie on los a
lmu
é
dano
s
de
los almina es y
quedó
helado
el
clamo
de Jos zocos. E incluso
las
animalías,
desampa adas,
8
JOS~
GUERRERO LOVILLO
han
huido. Y
no
obs an e
es a
Se illa
deshabi ada
po
días
debió
de
ene
su
encan o. Insensiblemen e
se
ienen a la
me-
mo ia
aquellos e sos de
don
An onio Machado:
«¡Oh ma a illa
...
!
Se illa
sin
se illanos.
¡La
g an
Se illa!
* * *
Sabido
es que,
cual
si
se
a a a
de
un
en amado
biológi-
co, odos los
momen os
inales
son
al amen e
d amá icos. Mo-
men os
es ela es
pudié amos
de ini los.
También
lo son
los
momen os
iniciales
de
cualquie
emp esa
humana
.
El
campo
bipola
nacimien o-mue e
iende
al
equilib io. Qué
duda
cabe
de
que
odo
inal
en aña
asimismo
un
comienzo. Y es o
es
lo
que
aquí
que emos
dilucida .
Un
inal
somb ío
sin
más
pos e idad
que
el
p esun o
b o e
de
nue as aíces a
co o
o
la go plazo. Me e ie e
al
enómeno
del
mudeja ismo.
Pu
es
en
la
his o ia
de
nues a
ciudad
se
ab ía
una
nue a
andadu a
de
signo bien dis in o,
ya
que
odo
aquel
sis ema
ino a de-
umba se
apenas
sin
es uendo.
Que
si
lo
hubie a
habido, a
no
duda ,
hab ía
sido ahogado
po
cla ines ic o iosos.
Causa
es upo
el
que
es e
p oceso,
jubiloso
pa a
unos, y
dolo oso,
muy
dolo oso,
pa a
o os,
se
cons
umase
en
an
b e-
e iempo.
Nadi
e
hubi
e a
sospechado
en
aquellos
momen os
exul an es
del
año
1198,
en
que
el
sul án
almohade
Abü Ya'qüb
Yüsu
p ocedía
a
co ona
el
más
bello
almina
del
mundo
is-
lámico con aquellas
cua o
es e as
do adas
y simbólicas,
la
p oximidad
de
la
h
eca om
be
. Pues
ju
s a
men e
só
lo a medio
siglo, en 1248, se
hab ía
de
ope a
la
caída,
la
g an
caída des-
de el ceni
has a
el abismo. Y
sin
emba go
nada
de
es o es
nue o.
Se
había
p oducido
con
las
a ian es
de
igo
ya
an es,
en
el con ex o del Cali a o andaluz:
Madina
al-Zah a',
la
ciu-
dad
lo ,
adian e,
luminosa,
ape
nas
sob e i ió medio siglo.
Luego,
la
más
imp esionan e
uina.
Sólo
quedaba
ya
busca
po
los
a ia es
abandonados,
en e
ompimien os
de
luna,
las
somb as
ugi i as del
poe a
Ibn
Zaydün y
la
p incesa
Wallada,
eco adas
sob e
los
mu os
calcinados.
LA
ÚLTIMA
SEVILLA
MUSULMANA
9
Tal
ez
no
sea de
pu a
o odoxia
el
en a
de
lleno
en
el
en amado
his ó ico
que
p opició
la
emenda
ca ás o e,
la
uina
de
una
ciudad
p óspe a
y
anquila,
espejo
de
aquella
ciudad
ien e
y con iada
que
p on o,
muy
p on o,
iba
a sa-
be
de
neg os
a a a es.
Po que
Se illa
e a
en onces lo
que
hoy
llama íamos
una
ciudad
espec áculo.
En
el
anscu so
de
los
iempos
lo siguió siendo,
aunque
con
a ia
o una.
Tan
a ia
o una
que
ya
hoy
apenas
podemos
a isba
lo
que
ue a
en
aquella
ho a.
Po
ello
quisié amos
in en a
su
e o-
cación
en
la
coyun u a
mejo
que
siemp e
le
hubo
de cua-
d a :
en uel a
en
uno
de
los
más
in ensos
climas
de
seduc-
ción
poé ica
que
jamás
pudo
imagina se. Un poe a,
Ibn
'A o-
ma ,
el
de
los
is es
des inos
en
la
ida
de
Al-Mu' amid, es-
c ibió
un
siglo
an es
desde
la
ama ga
expe iencia
de
un
ci -
cuns ancial
des ie o:
«Se illa es
una
ciudad
que,
cuando
su ge
den o
de
mí, ea i a
la
llama
de
mi
dolo
y
cuando
golpeo
el
pede nal
del
ecue do
eo y sien o
sal a
chispas
de
uego». * * *
Un siglo después
la
isión
de
es a
ciudad
an asmal
hab ía
de
hace se
ambién
a a és de chispas
de
uego.
P
ime o se-
ía,
en
los
días
de
iun o,
un
au én ico
despliegue
de
uegos
in ascenden es
, au én icos uegos
de
a i icio,
lumina ias
go-
zosas. Luego
se ían
chispas
de
uego
de
ex e m
inio,
de
des-
ucción
y
de
mue e
.
En
p incipio,
en
los días
inmedia os
a los inicios de
la
do-
minación
almohade
en
Al
-Andalus y
e minado
ya
en
Se illa
el eclipse
que
de
an
gen il
mane a
habló
don
Emilio
Ga cía
Gómez, la
ciudad
-sublime
espec áculo como
an es
se
ha
di-
cho-
despliega
an e
el
espec ado
un
as uoso escena io,
en
que
una
muchedumb e
u bia,
abiga ada
y
pin o esca,
des-
en uel e
sus
pequeñas
y
g andes
inquie udes.
E a
una
ciudad
cul a,
opulen a,
ina, y,
sob e
odo
con
una
indecible aleg ía
disuel a
en
el
ai e
en
que
se
mezclaba y
se
mezcla la agancia
de las
hue as
y
de
los na anjales. L
os
al ededo es, poblados
10
JOSÉ
GUERRERO LOVILLO
de
alque ías
en e
la
e de a boleda,
la
línea
del
acueduc o
y
la
amosa
puen e
de inían ya
su
pe sonalidad
ascinan e 2•
Den o
de
la
g an
u be
se
eco a
la
silue a
de los alcáza-
es
y las bo edillas blancas de las
mezqui as,
de los
baños
y
de
o as
sun uosas
mansiones.
Rebosan
las
gen es
en
las
al-
hóndigas
,
en
las alcaice ías, en las plazas y en
los
zocos. Y
po
od
as
pa es
el
blanco
u ila
de
la
cal o
los
des ellos de
sol
en los isos de elucien e azuleje ía. Las
ca
lles, incluso
aque-
ll
as
concep uadas
como
de las
má
s
amplias,
p esen aban
an-
gos u as
e i egula idades más isibles a
ún
en
aquellas
o as,
po
secunda ias
,
má
s
oscu as
y
o uosas
. Calles
que
se
no
s
o ecen hoy
con
sing
ula
a ac i o. Calles
en
ex
e
mo
uncio-
nales,
u o
en
buena
p
a
e del uncionalismo de
la
ciudad
is-
l
ámica
.
Es echas,
en
apo eosis de
bl
anco
,
pa imen adas
de
l
ad illo
o de
b e e
s guij
a os
u ilan es
,
ue on
al
g
unas
eces
p o agonis as
del
p odi
gio.
En
una
de ell
as
, y
cie amen e
de
las
más
cén icas
y concu idas, c eció
una
palme a,
an
in
-
clinada
ya
de
pu o
ieja,
que
pensa
on
c
o a la
po que
em-
pezaba
a
ob
s
a
c
uliza
el
ánsi o
.
El
mís ico
Ibn
A abi e
en
sueños cómo el
P o e a
, en
pe sona
,
ba
jó
a
aca icia la
y
la
en-
de ezó con
sus
manos
inas.
Al
día
siguie
n
e,
cuando
ue
a
e
la
palme a
,
la
encon ó
e ical y i me. Re i
ió
sueño
y eali-
dad a
la
mul i ud
asomb ad
a y aquel
si io
ino a
con e i se
en
Ju
ga de
bendición
.
Taum
a
u gi
a. Se illa
hechizada
y
he
-
c
hice a
3•
El hechizo
es
aún
mayo
en
es as
o a
s callejuelas
más
apa adas
y silencio
sas
. Algunas
de
ellas sin s
alida
,
simples
ada es,
que
ga an
izaban
la
p i
a ización del espacio, así
co
mo
la
de ensa
de la pequeña, ecogida
comunidad.
O as
apa
ecen
cu
bi
e as
con
pasadizos,
co
edo
es
abo edados o
un
a
suma
de
a quill
os espaciados.
Es os
a quillos
cumplían
,
2.
E.
GARCÍA
GóMEZ:
Un
edipse de la poesía en Se illa: la época almo á ide,
discu so de ecepción en la Real Academia Española. Mad id, 1945.
J.
G
UE
RRERO
·L
o JL O:
Se i!!a Musulmana, en «His o ia del
U b
ani~mo
Se illano». Real
Aca-
demia de Bellas
A e~.
Se illa, 1972.
3.
Tan
suges i a le enda iene como p o agonis a.
en
e ec o, al mís ico su í
mu ciano
Ibn
A abí y la ecoge D. Miguel
As N
P
ALACIOS
en su
lib o
El
Isl
am
C Ú ia; izado.
Ed.
Plu a co. Mad id,
1931
, pág. 47.
LA
ÚLTIMA SEVILLA Ml'SULMANA
11
más
que
una
inalidad
es é ica
que
hoy
econocemos suma-
men e
g a a,
una
inalidad
u ili a ia,
pues
se ían
pa a
aba ,
a ios a
mu os
siemp e
de
p eca ia
es abilidad
dado
lo ele-
me
n al
de
su
cons ución.
Pe o
además, lo
ap e ado
del case-
ío
u bano,
den o
de
la
ce ca, la
penu ia
de
espacio, de e -
minaban
el
que
las
i iendas ex endiesen
sus
pisos
al os
-so-
b ados
o
algo as-
po
las calles,
me c
ed
a oladizos apeados
en
o napun as
o jabalcones, e incluso
cub iendo
algún a-
mo
de
la
calle.
E a
una
mane a
su il
o in eligen e de aumen-
a
el espacio a
cons ui
sin
in e e i
la
ed
ia ia.
En
es e
labe in o
de
callejas,
cuando
el sol cae a
plomo
y
e e be a
la
luz
sob e
las
pa edes
blan
cas,
es os
pasadizos o ecían
al
an
se
ún e
un
oasis de
esco
y de
bien
es a
,
dejando
a in-
e
alos
pa a
dis u a
mejo
la
umb ía
, el
ue e
ompimien-
o
de
luz
del espacio
abie o.
Y
así
la
calleja
apa ecía
a e-
chos
umb osa,
a
echos
encendida. P ódi
ga
en
e uel as am-
bién,
i a
en ella la
adición
del desi
e o,
al
se
dispues a
pa a
esqui a
el ien o y el pol o.
Al
g
una
ez,
as
unas
a-
nias
desnudas,
unas
amas
de
á boles
al os,
alguna
palme
:>
q
ue
agi aba
sus
emblo osos
penachos o
la
aguja
de
un
ci-
p és,
insinuaban
el sec
e o
de
callados y
mis e iosos
ja dines.
Luego
unas
pu
e eci a
s
pe
q
ueña
s, semiescondidas, lo
mismo
pueden
ab i
a
su
n uosas
man
siones
que
a humildes i iendas.
De
es as
casas. i iendas humildes,
no
se
han
econocido
es os
sensibles
en
la
Se illa
musulmana.
Las
han
ido despla-
zando edi icaciones
más
p e
enci
osas
en sucesi as e
apas
in-
culadas
a
un
p og esi o
biene
s
a .
Pe o
conocemos los e
n e
-
sijos de
su
cons ucción
me ced
al
a ado
de
hisba
de
Ibn
'Abdun:
mu os
de apial, igas
ma
es
as
y a
l a jías
de dimen-
siones ijas,
ejas
y
lad illos
ab icados
segú
n moldes cuyos
ipos
es aban
suspendidos
en
algún lu
ga
de la Me
zq
ui a
ma
-
yo
pa a
su
co ec a
comp obación.
Y luego
oda
la
gama
de
o icios elacionados con el
a e
de
edi ica :
al a e os,
cale os,
id ie os,
he
e os,
ca pi
n e os,
e c.
Al
Saqundí enca ece el es-
me o
, la
limpi
eza, el g acioso
o den
oda ía
conse ado
hoy,
al
cabo de
más
de
sie e siglos,
en
la
disposición del
humilde
ajua
de
las
casas
popula es
se illanas. Allí
no
al aba el
agua
que
luía
de
con
inuo
; ni
ampoco
á boles ondosos,
na an-
12
JOSé
GUERRERO LOVILLO
jos, lime os, limone os, cid os
que
cobijan
alguna
uen e
0
que
si en de
oldo
a los
pa ios.
Es as
casi as
musulmanas
se
conse a on
en
buena
mayo ía
has a
los
albo es
del
si-
glo XVI en
que
comenzó a eno a se,
con
módulos
di e en-
es, el case ío se illano.
El
p og ama
u banís ico
no
podía
se
más
sencillo y humilde. De
cualquie
o ma
de
una
sob ie-
dad
cie amen e
sob ecogedo a y edi ican e.
Y
en
súbi o
con as e
la
sun uosidad
de
alcáza es
de
en-
sueño.
Si
en
las
cons ucciones domés icas
e a
de
des aca
la
pa edad
de
espacios,
odo
ello
es
sob adamen e
compen-
sado
me ced
a
un
espléndido
conjun o
de
alcáza es, de los
que
se
ha
cen eco,
en
un
osa io
de
elogios,
an o
la
p osa
como
la
poesía
a a és
de
siglos. No es cues ión
de
analiza los
aquí
po que
ya
ue
abo dado
el
ema
po
quien
es o
esc ibe
en
1970
con
mo i o
de
su
ecepción
en
la
Real Academia
de
Be-
llas A es
de
San a
Isabel
de
Hung ía
4•
Bueno
se á
eco da
que
dichos alcáza es
ue on
cons uidos
en
la
e apa
abbadí
bajo
la
suges ión
di ec a
de
odo
el peso del p es igio
de
una
Có doba
que
se
alejaba
ya
en
el
ecue do.
Pues
en
e ec o,
dos
de aquellos alcáza es, el
denomin
ado
Qa$ al-Zahi y
sob e
odo
al-Muba ak, el «Alcáza
bendi o»
espondían
en
su
nomencla
-
u a
a dos
salones
de
apa a o
o pabellones localizados
en
el
palacio
de
los Cali as
de
Có doba
.
El
úl imo
, el
más
sun uoso,
cuya
es uc u a
sus
ancial
se
ha
conse ado,
se
e igió
en
la
g an
esidencia
pala ina
de los
mona cas
abbadíes.
El
úl imo
ep esen an e
de
la dinas ía,
el
ey
poe a
al-Mu' amid hizo de
aquel
ecin o el solio
de
la
poesía
en
Es
paña
y
llo ó
su
pé dida
con
lág imas
de
uego
en
la
soledad
de
su
des ie o
de Agma .
Toda ía
el
g an
palacio
abbadí
había
de
se
u ilizado
un
siglo después
po
la
dinas ía
almohade,
signo
segu o
de
su-
pe i encia.
En
e ec o,
en
ocasión
en
que
el
Sul án
almohade
Abü Y
a'
qüb Yüsu I
ecibe
en
Se illa
la
sumisión
del
eino
de
Mu cia en
la
pe sona
de
Hila!,
hijo
del amoso
Ibn
Ma danis,
le hizo
aloja
como
signo de
amis ad,
según e ie e
la
C ónica
4.
J.
GUERRERO
Lo LLO:
Al
-Qa a
l-
Muba ak.
El
Al
cáza
de la bendici6n,
discu so
de
ecepción leído
el
19
de no iemb e
de
1970 en la Real Academia
de
Bellas A es de San a Isabel de Hung ía. Se ílla,
1974
.
LA
ÚLTIMA
SEVILLA
MUSULMANA
13
de
Ibn
Sa}:iib
al-$ala, «en
el
magní ico y amplio palacio
de
Mu}:iammad
ibn
'Abbad (Mu' amid) 5•
Con
an
noble p eceden e i o y ac ualizado como
pa a
pode
se
con e ido
en
esidencia egia
en
odo
iempo, los
almohades
se
die on
a
una
ingen e
a ea
cons uc i a
en
el
o den
ci il.
No
se
a a
ya
de
las modi icaciones
in oducidas
en
el iejo al-Muba ak,
donde
se
in
se
an
las cons ucciones
del hoy
llamado
pa io
del Ye
so
o
de
la
an igua
Casa
de
Con-
a ación
, e incluso del Palacio
de
I:I
~
n
al-Fa ay, sino
que
ade-
más
se
ac ualizó
una
p eciosa inca
campes e
de
los
abba-
díes:
la
llamada
en onces Bul;ay a al-Kub a,
la
laguna
g ande.
Allí, al-Mu' amid
un
siglo
an es
había
mandado
cons ui ,
o-
deado
de
hue os
y
ja dines
ondosos, se idos
de
umo osas
acequias,
un
pabellón
cen al,
desde
el
que
se
dis u aba
una
bella
pano
ámica
de
la
ciudad
.
Todo
ello
se
amplió
en
es a
nue a
coyun u a
que, a
juzga
po
las ecien es exca aciones,
e is ió alcances supe io es:
es
g andiosas
na es con gale-
ía
po icada
an e
una
g an
albe ca
que
iene a jus i ica
su
denominación.
Sus
an eceden es,
sin
pe de
de
is a
las
más
ce canas suge encias occiden ales
como
Madina
al-Zah a ',
Qal'a
de
los
Banü
J:Iaamad y Alja e ía,
hay
que
busca los
en
o ien e.
Ello
se
desp ende
del
mismo
elogio que
hace
el c o-
nis a
de
Beja,
Ibn
~a}:iib
aViala,
en
su
Ta' íj al-Mann bil-Imama,
cuando,
al
ecog
e
la
au o ía
del
p opio
Al:imad
ibn
B u:;o,
el
mismo
a qui ec o
que
p oyec ó
la
g an
Mezqui a
almohade
de
Se illa,
ace ca
de
aquellos palacios de
la
al-Bu}:iay a, decla a
que
e an
«mejo es
que
los
de
al-Taw naq y al-Sadi
-dos
jo-
yas
de
la
a qui ec u a
pala ina
de
odos
los iempos, ozando
el
mi o-
y
que
se alzaban
más
allá
de
la
pue a
de
Yahwa
como
una
luna
luminosa» 6•
En
el obligado
deambula
po
la
u be,
as
los alcáza es,
las mezqui as. Mezqui as sencillas
de
los
ba ios,
apenas
hu
-
mildes
o a o ios,
y
ambién
las dos
g andes
aljamas
o mez-
qui as
p incipales. La
p ime a,
la
más
an igua,
e igida
en
ie n-
os
del
omeya
'Ah al-Ral:iman
II,
nació
bajo
is es
p esagios
5.
Ib
n
$áJ:iib
al-$alá: Al-Mann bil-lmiima, ad. de A. Huici. Valencia, 1969,
pág.
194
.
6.
ldem, pág. 189.
20
JOSÉ
GUERRERO LOVILLO
la
cons ucción
de
la
mencionada
To e,
en
igo ,
una
o e
alba ana
con
el
doble designio
de
ce a
el
pue o
come cial
y
e o
za
la
de ensa de
la
plaza,
sus i uyendo
a
uno
de
los
cas illos abbadíes, Qa
s
al-Zahi,
en
aquel
mismo
emplazamien-
o
.
Todo
ello pone
de
elie e
el
g an
in e
és que
sen ía
po
odo
cuan o
a Se illa a ec aba.
Y,
sin
emba go,
no
e a
se i-
llano,
aunque
bien
pudo
se lo
de
adopción.
Cu iosa, ascinan e igu a
la
del
p íncipe
Abü-1-'Ula
Id is,
casi
desconocida
has a
hoy,
sa
l
ando
su inculación con
nues-
a
To e
del
O o.
E a,
no
mag ibí, sino
español,
de
Al-Anda-
lus
, nacido
en
Málaga, e
hijo
de
mad e
española,
la
p incesa
Sa i
ya,
hija
del céleb e caudillo
mu ciano
Abü 'Abd Allah
Ibn
Ma dan
is.
E a
su
pad e
el cali a
almohade
Ya'qüb
al-Man~ü
y
su
bisabuelo
el
g an
conquis ado
'A
bd
al-Mu'min, que
inau-
gu ó
la
dinas ía
almohade.
Homb e
muy
dado
a lo exquisi o,
al
lujo, a
la
os en ación,
aunque
odo
ello
sin
oza
lo ad e-
nedizo
po que
e a
p íncipe
de
sang e
eal.
Tan o
que,
como
en
los
mejo es
días
de
al-Mu' amid,
odeado
de
in elec uales,
sabios y
poe as
esuci ó
en
Se illa aquellos ai es
co esanos
que
nunca
debió
pe de .
Tal ez
po
esa au osu iciencia,
se -
ida
además
po
el
umo
de
que
el
Cali a,
su
he mano
al-'Adil,
e a
jugue e
de
las ambiciones
de
los g a
ndes
je a cas
almoha-
des,
se
p oclamó
a
sí
mismo
Cali a,
an es
incluso
de
que
des-
i uye an
en
Ma akus
,
la
ac ual
Ma akech,
a
su
he mano,
quien
a los pocos días de
su
des i ución
apa ecía
ahogado
en
una
albe ca de
su
palacio.
En
igo ,
habida
cuen a
de
que
su
he mano
se
desp eocupaba
del
u u o
de
la
dinas ía
, él
ue
quien
eló
po
el
p es igio
amilia
y dinás ico. Se illa ol ía
a
albe ga
den o
de
sus
mu os,
como después Ma akech, a
odo
un
Cali a. Desg aciadamen e
pa a
el
Islam
el úl imo
ca
.
li a
qu
e
iba
a
eina
en
Al-Andalus,
ca
da
ez
más
ce cano
el
desas o
so inal.
Abü-1-'Ula,
que
ya
con aba
con el
econocimien o
de los al-
os
je es
almoha
des
de
la
Península,
no
enía
po
menos
que
hac
e
e ec i a esa sumisión
en
el Mag ib. Y
pa a
asegu á sela
inició
p olijas
negociaciones
ce ca
de
Fe nando
III
de Cas-
illa
en
demanda
de
ayuda. Que
le
ue
o o gada;
un
cue po
de
12.000
jine es
que
le
acompañó
en
la
emp esa
cons i uyen-
LA
ÚLTIMA SEVILLA M
USU
LMANA
21
do
su
p incipal
angua dia
y sal agua dia.
Lo
demás del p o-
ocolo
ajus ado
en e
el c is iano y
el
musulmán
no
es su i-
cien emen e
conocido.
Pe o
allí
se
empieza
a e idencia el
agudo
sen ido
polí ico
que
ca a
c e izó a
San
Fe nando.
Tengo
el
con encimien o
que
an e
un
público
no
especia-
lizado
en
his o ia
hispano-musulmana
pudie an
esul a
muy
ex añas
es as
alianzas
an
dis
pa es
de
ca a
a
una
común
con eniencia.
Sin
emba go,
la
p esencia
de
opas
c is ianas
jun o
a
musulmanas
y a la in e sa es
enóm
e
no
ecuen e a
lo
la go
de
la
baja
Edad
Media. ¿Qué
o a
cosa
no
ue,
en
la
misma
época
e nandina,
el clima
que
p opició
el nacimien o
del eino
na
z
a í?
Las milicias
c is ianas
de
Fe nando
III
lle-
ga on
a Se illa
en
el
e ano del
año
626 (1229) y a comienzos
de
oc ub e
de
aquel
mismo
año Abü-1-'Ula
anqueaba
el Es-
echo
con
sus
con ingen
es
mili a es
y
ma chaba
sob e
Ma-
akech,
de
la
que
se
apode ó
seguidamen e.
El
his o iado
Ibn
Abi
Za
nos
da
cumplida
no icia del
pac o
en e
el
ey
de
Cas illa y Abü-1-'Ula. Además de
la
en ega
de
diez plazas
ue es on e izas
se
comp ome ían
a edi ica
en
Ma akech
una
iglesia
c is iana,
incluso
con
el
de echo
a
usa
las cam-
panas
pa a
la
llamada
a los o icios li ú gicos,
además
de
o as
concesiones
bas an e
one osas
pa a
el c eyen e
musulmán
.
Que el
pac o
, pe
se
al e
sc
ep i
cismo
de
al
g
unos
au o es, exis ió,
lo
demues an
no
sólo
las
ac uaciones de las milicias c is ia-
nas
e nandinas,
sino
ambién
el
hecho
de
que
la
iglesia cons-
uida
pa a
los
c is ianos
ue luego
asal ada,
saqueada
y des-
uida
en
1232
po
g upos
de
exal ados
musulmanes.
La
e apa
que
a
desde
el
aslado
de
Abü-1-'Ula a
ie as
a icanas
has a
la
caída
de
Se illa
en
pode
de los c is ianos,
signi ica ein e
años
de
his o ia
sumamen e
agi ada,
en
la
que
se
deba e
una
suma
de aspec os
que
necesa iamen e
hab ía
de
in lui
en
el
umbo
de los acon ecimien os, o nándolos
p opicio a
la
polí ica
e nandina
7•
7. Pa a el conocimien o de es a agi ada e apa es imp escindible la consul a
de
Ibn
'Iga
I al-Ma
ii
k
us
i, al Bayiin al-Mug ib, ad. de A. Hu
ici
. 2 al
s.
Te uán,
1953-54
. También
In
c ónica A
l-
lj
ulal al-MawJiyya, aduc
ció
n de A. Huíci.
Te-
uán,
1952
.
22
JO
SÉ
GUERRERO LOVILLO
El
p incipal
de
ellos ue el
que
Se illa alzó
audazmen e
la
band
e a
independen is a
con a
los
almohades,
aunque
su
p omo o
no
ue a
p eci
sa
men e
un
se illano,
sino
un
descen-
dien
e de los
an iguos
eyes
de
ai as
de
Za agoza. Se
llamaba
Yüsu
ben
Hüd
al
Yazaml. Odiaba con
oda
su
alma
a
Abü-1
-
'Ula
po que
lo
c eía
comp ome ido
en
el
des onamien o
y
mue
e del
an e io
cali a,
su
amigo
pe
s
onal.
T as
o gani-
za s
e
en
Mu cia o eció
su
asallaje eligioso
nada
menos
que
al
cali a
abbasí
Abü
Ya' a
al-Mus an~i
bi-llah,
quien
desde
la
lejana
Bagdad
le
o o gó
el
p
ecia
do
í ulo
de
Muyahid ad-Din,
«comba ien e
po
la
e».
Sin
emba go
él
p e e ía
u iliza ,
an-
o
en
lo
s documen os de su cancille ía como
en
la
moneda,
el
laqab ( í ulo)
de
Mu awakkil
'a
la
Allah, «el
que
con ía
en
Dios».
En
sus
bande as
usó
en
adelan e
su
p opia
di isa
pe -
sonal
que
epe ía
: «He con iado en el Dios único».
Pe son
aje
pin o
esco y
con
o e
ido
es e
p íncipe
ebeld
e
Ibn
Hüd. La
hi
s
o io
g a
ía
del i
em
po
se
inclina
a
p esen a -
lo
como
homb e
igno an e
qu
e
só
lo
se
p
eoc
upaba
de
busc
a
el a
pl
auso de la plebe.
El
g an hi
s o
iado
al-Maqqa i,
en
su
conocida
ob
a
Ki ab
Na ~
al (i
b,
esc ibió
de
él: «P es
en
á-
b
ase
como el
sal imbanqui
qu
e
o
a
po
calles y zocos, po-
niendo
bu
ena
ca
a
a la ge
n e
pa a
s
e
sie
mp e
bienquis o
y
le eco
mpen
sa
an
con
mayo
l
a g
ueza».
Es
deci ,
la
es ampa
de
un
au én
ico
dema
gogo. Sin e
mba
go, a a és de es as
dia
-
ibas
es n
o o io
qu
e su
i
gu
a
y
comp
o
am
ien o e
a
en
ex-
emo
p eocupan e
po
su
ace camien o al
pueblo
,
sus
p oc
e-
dimi
en
os que
hoy
llama íamo
s d
emoc á ic
os
y
po
la
i i
a-
ción que
p o ocaba
en e
aquellos
que
p odiga on
siemp e
desmedidos halagos a
lo
s au óc a '.ls
ca
li as
mumínidas
. Aun-
que
ue a
mo ejado
de
o pe
gob
e na
n
e, indigno polí ico opo -
uni
s a y
o os
denu
es os,
la
eali
dad
e
a
mu
y di e en e. Po -
qu
e
en
poco
iempo
se
alza on a
su
a o , econociendo
su
au o idad,
Alci a, De
ni
a, Já i a, Alme ía, Jaén, Có doba, Má-
la
ga
y
G
anada. F
ue
así cómo los a
ndalu
ces
op imidos
po
la
in
o
le
a
nci
a
a icana
enco
n
a o
n
al
in al de
enso
de
su
cau-
sa
. Y Se illa,
la
p im
e a
ciudad
de
Al
-Andalus
que
acogió de
buen
g a
do a los almohades, ue
ambién
la
úl ima
que
los
expulsó.
LA
ÚLTIMA SEVILLA MUSULMANA
23
P
e o
lo
que
en
p incipio
pa ecía
discu i
po
cauces diá-
anos,
lue
go
se
ino a
ensomb ece .
Los
libe ados
inie on a
en en a se
con a
sus
libe ado es.
De
al
mane a
que
en e
a
la
democ acia
de aíz
popula
ins au ada
po
Al-Mu awakkil
Ibn
Hüd,
llegó a alza se
la
igu a
no
menos
in e esan e
de
Ibn
al
A}:lma ,
seño
de A jona,
ep esen an e
de
la
a is oc acia
á abe
, el
mismo
que
un
día
hab ía
de
echa
los
cimien os
de
una
glo iosa
dinas
ía
, los
banü
Na~ ,
los Naza íes,
que
p o-
longa ían
en
G anada
el
dominio
musulmán
más
allá de lo
p e is o.
Al
-Al;ma
e a
el
aglu inan e
de
la
nobleza hispano-
á abe
,
de
la milicia y del
es amen o
eligioso. El
choque
e-
sul aba
ya
inaplazable,
dado
que
el
p opio
cadí
de
la
ciudad,
Abü
Ma wan
al- üí}
•1,
que
egía
los
des inos
de
una
ciudad
de
an a
sole a
a is oc á ica
como
Se illa,
había
es ablecido con-
ac os
con
Ibn
al-Al;ma . Pe
o
bien
p on o
esos con ac os, e-
sul a on
con ap oducen es.
po que
el
seño
de
A jona
ali-
men ó
el
ocul o
deseo
de
anu
la a
su
aliado y alza se
con
el
eino se illano. Y
así
,
iun o
a ingidas negociaciones, en ió a
su
ye no
'Ali ben ASqilüla con
un
escogido
ejé ci o
compues-
o
po
gen
e de A .
iona
y
un
ague i
do
cue po
de
milicias c is-
ianas,
pa a
apode a se
median e
engaño
de
la
ciudad. Así lo
ealizó
aqué
l,
ocupando
el
ecin o
y
la
alcazaba
po
súbi o
asal o.
Cuando
a
l-B
ayl:
in en ó
eacciona
ya
no
p ocedía, en-
con ando
la
mue e
a
manos
de los
asal an es.
Ello
ocu ía,
según
Ibn
Ida i'.
en
el
año
633 (1235-36),
poco
an es
de
la
ex-
pugnación
de Có doba
po
Ja
hues e
c is iana.
Y
en
Se illa,
lo
inespe ado.
R
esul a
que
ece
años
an es
de
la
conquis a
po
San
F
e nando,
la
ciudad
había
sido
gana
da
po
una
hues-
e
c is iana.
P
e o
(.de
dónde
p ocedía
y quién
la
mandaba?
Es
cosa
has a
aho a
igno ada.
El
ye no
de
Ibn
al-Ahama ,
'A
li
ben
Asqilüla,
quedó
como
go
be nado
de
la
plaza. P
e o
po
mu
y poco iempo. Apenas
un
mes
luna .
El
pu
eblo, a
mo inado,
lo echazó, de ol iendo
la
sobe anía
al
cau
dillo
popul
a
al-Mu awakil
ibn
Hüd.
Ello
ue
pa
a
Ibn
al-Ahma
una
emenda
o ensa de
la
que
no
se
e
puso, y ello explica la
p es eza
con
que
acudió
con
los suyos a
e o za
el ce co
que
Fe nando
III
imponía a
la
ciudad.
Al
AJ:¡ma
llegaba
an e
sus
mu os
en
plan
de
desqui e.
Homb e
24
JOSÉ
GUERRERO LOVILLO
calculado , ío,
opo unis a,
se
compo ó
con
lo
que
hoy
lla-
ma íamos
au én ico
maquia elismo,
engañando
a unos y a
o os.
Sólo
así
pudo
llega a
unda
un
eino
y consolida
una
dinas ía.
Po que
lo
que
Se illa le
negó
pudo
consegui lo,
no
a la go plazo, y
quizá
con
c eces,
en
G anada,
a o nillándolo
con
el
pac o
de
Jaén,
el
p o ocolo
,
que
le
o ecía
o o
más
polí ico
que
él: el
p opio
San
Fe nando.
El
e o no
de
la
causa
y los
pa ida ios
de
Ibn
Hüd
ae
a
un
p ime
plano
de
la
u dimb e
his ó ica
del
momen o
a
Abü
'Am
Ibn
al-Yadd,
homb e
de
g an
au o idad
y p es igio,
muy
in luyen e,
miemb o
de
una
de
las
g andes
amilias se illa-
nas,
o iúnda
de
Niebla,
hijo
de
un
ilus e
adicionis a
y
po
an os
mo i os
pe sona
cuyo
consejo
en
más
de
una
ocasión
con ibuyó
a
despeja
la
cada
ez
más
c í ica
si uación
en
que
se
deba ía
Se illa
en
es a
ho a.
Aho a comienza
la
ges a del
a aque
a
Có doba,
en
p inci-
pio
inicia i a
de
unos
almogá a es
cas ellanos
que
se
apode-
an
po
so p esa
de
una
de
las
o es
de
la
ce ca
de
la
ciudad
de los Cali as. Luego comienzan a
llega
po
cuen a
p opia
al-
gunos
con ingen es
de
caballe os,
has a
que
el ey de Cas illa
hace
ac o
de
p esencia
en el
ea o
de
la
con ienda
con
ánimo
de
es imula
a los impacien es
si iado es.
Ibn
Hüd,
acampado
en
los
al ededo es
de Ecija,
no
se
esu
el e a
a aca
en
la
p i-
me a
ho a,
en
momen os
en
que
los
expugnado es
de
Có doba
e an
pocos.
T a
s de
la
duda,
op a
po
aleja se
de
la
cuenca
del Guadalqui i
pa a
di i
gi se
hacia
Le a
n e.
Acaso
había
in-
uido
que
su
buena
es
el1a
has a
en onces,
le
abandonaba,
y
siquie a
po
momen os
espe ó
mejo
o una.
En
Alme ía le
agua daba
la
mue e.
Su
omán ico
sueño
de
econs ui
la
u opía
de
un
pod
e monolí ico
en
Andalus,
al
co no los Ome-
yas lo
habían
aguado
en
Có doba,
aunque
aho a
bajo
el
signo
abbasí,
e a
an lejano e i
ea
l
que
no
e a
más
que
eso:
un
sueño
que
ino
a
con undi se
con
la
mue e
.
La
caída
de
Có doba
el
día
23
de
sawwal
del
año
633
(30
de
.
iunio
de
1236)
causó
e dade a
cons e nación
en
la
sociedad
islámica española.
En
Se illa
la
onda
ca as o is a
causó
un
ue e
impac o
.
Se
exace ba on
las
pasiones
en
odo
sen ido
con
p eponde ancia
del
miedo
y los se illanos llega on a e-
LA
ÚLTIMA SEVILLA MUSULMANA
25
conside a
que
una
uel a
a
la
obediencia
almohade
al
ez
ue a
saludable
. La
idea
ue
de
Ibn
al-Yadd, el bueno, el pa-
cí ico,
pensando
que
el
allada
almohade
pod ía
p o ege les
de
la
codicia cas ellana.
Pe o
no
habían
con ado
con que am-
bién
en
el
Mag ib
la
ónica
gene a
l
no
discu ía
po
mejo es
cauces.
En
pocas
palab as,
el
Islam
andaluz
quedaba
abando-
nado
a
sus
p opios
des inos,
is es
,
ágicos
des inos.
Ibn
al-Yadd, conscien e del
acaso
de
sus
inicia i as,
adop ó
inal-
men e
lo
más
he oico
pa a
él:
i ma
una
alianza
con
el ey
de
Cas illa. Como emos, Se illa lo
había
in en ado
odo, se
lo
había
jugado
odo:
en
dos
ocasiones
había
alzado a
Ibn
Hüd;
po
b e e
iempo
había
sopo ado
el
dominio
Ibn
al-
A .ima ;
había
echazado y econocido
po
dos
eces
la
sobe a-
nía
almohade,
en
al e nancia
culminan e
y decaden e. Ya
no
le
quedaba
más
que
pac a
con
un
espejo
de
caballe os.
Se
llamaba
Femando,
el
III
de
la
nómina
de
los
eyes
de
Cas illa
y el
llamado
a
se
insc i o
en
los egis os
de
la
San idad.
Ha
sido
mi
p opósi o
el ceñi me,
en
es e
nada
cómodo e-
la o
de
las uen es del encido,
u iliza
sola
y exclusi amen e
las uen es de
al
p ocedencia. Además,
al
llega a las con-
secuencias inales, a las capi ulaciones,
esul a
más
e icaz acu-
di
a
la
his o iog a ía
á abe,
más
explíci a
que
la
c is iana.
A
la
is a
de odo ello,
esul a
que
en
el
pac o
i mado
po
Ibn
al-Yadd,
!?Ei]:iib
de
Se illa, y
Fe nando
III
de Cas illa, el
documen o
ue
muy
se
mejan e
al
que
poco después
ul imó
el
cas ellano
con
Ibn
al-A .ima
du an e
el
implacable si io
de
Jaén:
econocimien o del
ey
de
Cas illa,
pago
de
unas
pa ias,
cuya
cuan ía
se
desconoce,
más
la
obligación
de
concu i
a
su
co e
y
p es a le
ayuda
cuando
las ci cuns ancias
lo
e-
quisiesen,
en
igo
como al
súbdi o
mudéja .
También el p ín-
cipe
he ede o
Don Al onso
había
conce ado
pa ecidas es ipu-
laciones el
año
1243
cuando
ecibió
la
sumisión del
eino
de
Mu cia.
Un hecho
que
des acan
con
mucho
los
au o es
á abes
es
el
que
las
es ipulaciones
pa a
la
e
n ega
de
Se illa
causa on
hondo
disgus o
en
el
es amen o
mili a ,
al
menos
en e
los
más
ep esen a i os,
que
e an
los
más
exal ados.
En
la
ciu-
dad
se
egis a on
mo ines
y g a es
dis u bios
que
el
qa'id
26
Jos
GUERRERO LOVILLO
Ibn
al-Yadd
hubo
de
a on a
y
ep imi
con
mano
du a
.
De
las
medidas
más
ené gicas
que
hubo
de
adop a ,
la
menos
po-
lí ica
po
sus
ex emas
consecuencias,
ue
la
de
bo a
del
diwan
del ejé ci o, es
deci
del escala ón
mili a ,
los
nomb es
de
odos
los
que
no
aca aban
sus
ó denes, licenciando
am-
bién
a los
que
hos igaban
a
la
hues e
c is iana
ya
demasiado
ce ca
po
la
pa e
de Ecija.
Los hechos
se
p ecipi aban
pelig osamen e.
Los je es ex-
pulsados
y los elemen os
incon o mis as
hicie on
causa
co-
mún
y
capi aneados
po
el
qa'id
Yaqqa
asesina on
a
Ibn
al-
Yadd
y
ompie on
el
acue do
con
el
ey
de Cas illa.
T an
g a-
ísima
sedición
mili a
y el
asesina o
del
ilus e
se illano
que
con
su
p
es
igio,
su
bondad
y
diplomacia
man enía
la
p eca-
ia
independencia
de
la
ciudad
,
aunque
sin
c ono
logía
en
las
uen es
musulmanas
,
es
de
supone
que
se
diesen
poco
an es
de
que
Fe
nando
III
emp endiese
las
ope aciones
inales con-
a
la
plaza
y
su
e i o io.
Queda
cons ancia, según e e en-
cia de
Ibn
Jaldun,
que
el ey
c is iano,
al
sabe
que
habían
asesinado
a
su
aliado y amigo,
ue
p esa
de
i o
pesa
y en-
onces
ompió
la
egua
conce ada
con
un
Ibn
al-Yadd,
ya
di-
un o,
y lanzó
con
oda
decisión
sus
opas
con a
el
p eciado
y a
la
ez di ícil obje i o.
Los se illanos se
die on
cuen a,
a díamen e,
del g a e
e o
come ido
y
a a on
de
da
sa is acciones
al
Rey
San o
,
mos ándose
dispues os a
conce a
nue as es ipulaciones.
El
cas ellano
io
cla amen e
que
aquel
e a
el
momen o
p opicio
pa a
o za
la
end
ición.
Sabía
de
las
bande ías
y pasiones
que
co oían
el
campo
se illano.
Cuando
se
su
po
del a ance
de
las
hues es
e nandinas,
se
cons i uyó
a
oda
p isa
una
jun a
de
de ensa
p esidida
po
el
qa'id
Yaqqa
y
asis ida
po
Ya9ya
Ibn
J
al
d
ün,
Ibn
Suwaib, Masüd
Ibn
J1ya y Abü
Bak
Su ai~.
Pu
é el
úl imo
ac o
polí ico cel
eb ado
en
la
ciudad,
el
úl imo
consenso,
cuando
ya
las
opas
econquis ado as
com-
ple aban
el ce co. De los
pe
sonajes
que
in eg aban
la
jun a
de
de ensa
, y
que
aquí
quedan
egis ados,
solamen e
uno,
su
p esiden e
,
ha
pasado
a
la
his o iog a ía
c is iana
y a
la
pos-
e idad
, el
qa
'id
Yaqqá
,
que
la
C ónica
del
San o Rey, y de allí
odas
la
s
demás
uen es
c is ianas
,
ha
ans o mado
en
Aya a
LA
ÚLTIMA
SEVIu.A
MUSULMANA
27
o Axa a ,
el
mismo
que
en egó
las
lla es
de
la
ciudad
al
San-
o
Rey.
E a
un
asesino y
un
coba de
8•
Lo
demás
ae
consigo el laconismo
de
un
pa e
o icial de
gue a
con
e siones
dis in as
aunque
coinciden es.
Ibn
'Ic;la i,
el
au o
del
Bayan
al
Mug ib e ie e:
«El
año
645 (1247-48)
ce ca on
los
c is ianos
po
ie a
y
po
ma
a
la
ciudad
de
Se illa y les
hicie on
gus a
males a
sus
habi an es.
Acampa on
an e
ella y
llega on
sus
con ingen-
es en el
mes
de
Yu nada
p ime o
del
ci ado
año. A eció
es e
año
su
asedio
y
se
llenó
de
ellos
su
egión; cogie on a muchos
de sus
habi an es
,
a eba a on
en
sus
na es
a los niños y la
pusi
e on
en
el
ma
y
o
ap ie o.
Dispa a on
pied as
con
los al-
majaneques
y
al a on
las
p o isiones
odas
excep o lo
que
había
en
algunas
casas
de icos,
que
se
p eocupaban
de
es as
cosas
como
el
al aquí
y
cadí
Ibn
Mansu
,
que
deseaba
que
los
c
is
ianos
le
an asen
el ce co de
la
ciudad
y
mandaba
a la
gen e
comba i
y
dispa a
lechas.
Pe o
la
gen e
con
odo
es o
es
aba
es upe ac a;
andaban
como
eb ios
sin
es a
eb ios
y
mu ie on
muchos
de
hamb e
.
Fal a on
los
alimen os
y la gen-
e
comió pieles» 9•
E a
en
ealidad, decimos
noso os,
un
pue-
blo
de ágicos des inos,
aho a
ya
simples
au óma as
.
Y
o o
c onis a,
al-Himya i, el
au o
del Ki ab al
Rawd
al
Mi a , consigna:
<<
El
Rey
c is iano
concedió a
la
población
una
egua
pa a
pe mi i l
es
o ganiza
el
anspo e
de
odos
sus
bagajes
que
pudie an
lle a .
Al
e mina
la
egua
la
población
abandonó
la
ciudad
que
pe maneció
desie a
du an e
es
días.
El
mo-
na ca
c is iano
mandó
escol a
a los
emig an es
po
un
des-
acamen o
a mado
has a
la
zona
musulmana
de
segu idad».
Y concluye
con
es e
elogio digno de igu a , de
habe se
co-
nocido en onces,
en
el
p oceso
de bea i icación del Rey
Fe
-
nando:
8. Los ein e úl imos años que
p
eceden a la endición de la ciudad se
ex
po-
nen, en esumen, po
D.
Is
id o DE L
AS
CAJIGAS. Vid. Los Mu
dé
j(l
es
, omo II.
cap. V.
In
s i u o de Es udios A icanos. Mad id,
1949.
9.
Ibn
'l
ga i:
Al
B
ayii
n
al-Mug ib,
ci . Tomo
11
, pág. 187.
28
JOSÉ
GUERRERO LOVI
LLO
«
E a
un
homb e
dulce
qu
e
enía
un
g an
sen ido
polí ico» 1
º.
Y
e a
ambién, y
es o
es lo ma a illoso,
que
el
c onis a
mu-
sulmán
había
empezado a
en e e
la
au eola
de
san idad
de
quien
luego, y
ya
pa a
siemp e,
hab ía
de
se
llamado el
San-
o
Rey.
10
. Al I;limya I: Ki ab a
l-Raw<!
al
-Mi' a , edic.
Lé y.J? o en~al.
La
Pénin
sule
Ibé ique. Leiden,
19
38,
e
x o, pág.
22
; ad., pág. 28.