Fiesta ordenada, fiesta controlada : las tauromaquias como intento de conciliación entre razón ilustrada y razón taurina
Full text
Re is a de Es udios Tau inos
Nº
5, Se illa, 1997, págs. 13-52.
FIESTA ORDENADA, FIESTA CONTROLADA: LAS
TAU-
ROMAQUIAS COMO INTENTO
DE
CONCILIACIÓN
ENTRE
RAZÓN
/LUSTRADA Y
RAZÓN
TAURINA
An onio Ga cía-Baque o González
Fundación de Es udios Tau inos
ons i uye p ác icamen e un luga común que las
ies as de o os p o oquen una in e esan e espues-
a apasionada, que puede c is aliza se an o hacia la
' adhesión como hacia el echazo y que, en
cada
pe iodo his ó ico, como e a de espe a , ales opciones se
hayan en uel o en los opajes a gumen ales que
en
esa
época
disponían del p es igio social necesa io pa a explica . las
con-
duc as y los alo es. Ello, po cie o y al paso, nos debe lle a
a la conclusión de que ales ies as se inca dinan en las p o-
undidades de la in e p e ación social del mundo y que es p e-
cisamen e po eso po lo que eje cen semejan e capacidad
de
en en amien o de la opinión y
de
dispu a sob e los cimien os
y las a qui ec u as que son, p obablemen e, muy semejan es a
las
de
la ida co idiana. Y es que, e ec i amen e, como
ya
señala a E. Tie no Gal án, las ies as de o os son «apa ición
o es imonio de una concepción
del
mundo que, po se lo,
excluye o p e ende exclui la igencia de cualquie o a,
de
modo que an e ellas, la única ac i ud plena de sen ido se in-
14 An onio Ga cía-Baque o
Gonzá
lez
cula al sí o al no, a la o al acep ación o al comple o epudio»
(Tie no Gal án, 1988:20). Es más, de
no
se así
no
se
com
-
p ende la adicalidad de unos juicios espec o a
su
exis encia
que no se ían compa ibles con i olidades es ilís icas o
modas coyun u ales. Pe o el e na de
mi
exposición no
es
en
gené ico el echazo, la c í ica o la negación de
las
ies as de
o os sino muy p ecisamen e el echazo, la c í ica o la nega-
ción en una época conc e a y peculia
de
nues a his o ia o de
la his o ia de la cul u a eu opea que conocemos como el Siglo
de las Luces, el Siglo de la Razón o la Ilus ación.
En es a di ección, al ez con end ía comenza ese-
ñando que, en nues o país y con ela i a ecuencia, la mino-
ía ilus ada a ó
de
ija sus posiciones ideológicas a a és
de amplios deba es que e sa on sob e las más di e sas
cues
-
iones de su ac ualidad: económicas, polí icas, sociales o cul-
u ales. En e es os deba es hubo dos, sin emba go, que,
como ace adamen e ha señalado
C.
Ma ínez Shaw, pusie on
a la p ác ica o alidad de nues os ilus ados en uno solo
de
los bandos, a sabe : los susci ados en o no a las ep esen a-
ciones ea ales y a las co idas de o os. En el p ime o
de
ellos, la in elec ualidad p og esis a lib ó ( omando p es ado
el é mino al maes o Domínguez O iz) una au én ica «ba a-
lla» a
su
a o y en con a de
la
campaña o ques ada po los
g upos más conse ado es que a aban de p osc ibi el ea o
po conside a lo
un
espec áculo licencioso y una escuela
de
malas cos umb es. El segundo,
es
deci , el susci ado
po
la
ies a de o os, ue de muy dis in o signo, ya que, en
es
e
caso, ag upó a la inmensa mayo ía de nues os ilus ados en
el sec o de sus de ac o es i econciliables (Ma ínez Shaw,
1991,
5:
34-40).
Al
espec o y pa a pone nos en si uación,
con end ía cuando menos eco da que en el anscu so del
Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o...
..
15
siglo XVIII no solo u o luga
la
«in ención»
de
la
co ida
mode na sino, sob e odo,
un
cambio es uc u al cuali a i o
espec o al «éxi o social» de la co ida como
un
enómeno
mul i udina io
y,
en cie o sen ido, de p o agonismo popula .
En e ec o, es la época del ánsi o desde el a is oc á ico
o eo
a caballo a o o de co e popula , en el que el p o agonismo
de ini i o lo adquie en los o e os de a pie; de la p og esi a
e i e enable p o esionalización de es os nue os agen es
de
la co ida; de la popula ización
de
la ies a en sec o es socia-
les y ámbi os geog á icos cada ez más ex ensos;
de
la
cons ucción de las p ime as plazas de pied a con
su
simbo
-
lismo ne o
de
espacio peculia pa a la con oca o ia masi a,
e c.
Un
enómeno de al di usión social no podía, pues,
deja
de llama
la
a ención de
la
in elec ualidad y de las éli es
polí
-
icas que, como ya adelan amos, se p onuncia on, en su
p ác
-
ica o alidad, en con a de una ies a que, como e emos
de
inmedia o, apa ecía a sus ojos como la i a enca nación
de
los más lamen ables icios a desa aiga en e las
capas
popula es. Tan o es así que, como apun a el p opio Ma ínez
Shaw, la Ilus ación española se nos p esen a como «un
blo-
que an i au ino», con las únicas isu as de algunas excepcio-
nes no ables: Nicolás Fe nández Mo a ín, Juan Pablo Fo ne
o An onio Capmany. Es más y en opinión de J. Va gas Ponce,
el
au o de
la
más impo an e impugnación de la ies a
de
o os que p odujo la época ilus ada,
«Si
la nación se hubie a
podido o ma en dos hile as, no
hay
géne o
de
duda que
la
ep obado a de los o os alcanza a a dobla
la
de sus apasio-
nados» (Va gas Ponce, 1961: 140)1 (Fig. n.º 1). Y cons e
que
l Va gas Ponce ue di ec o de la Real Academia
de
la His o ia.
16
An onio
Ga cía-Baque o
González
pa a es e implacable de ac o de la ies a de o os no
se
a- ·
aba solo de una cues ión de núme o sino, ambién y
lo
qúe
e a aún más impo an e, de calidad,
es
deci , del «c édi o y
sabe , g a edad y i ud» que ado naban a unos y o os; y así,
mien as que en
la
hile a de los censo es de la
i.es a
se aline-
aban «cuan os co azones hospedaban
la
humanidad, odos los
sabios del siglo p esen ando en sus manos las inmo ales
igilias de sus an eceso es, los p uden es de odas las clases
del es ado, los ilóso os odos», en la
de
sus de enso es solo
se incluían «una ju en ud a olond ada, al a de educación
como de luces y expe iencias,
los
p eocupados
que
encanecie on sin hace uso de
la
acul ad de pensa , los icio-
sos po hábi o, hamb ien os siemp e
de
deso denes
y,
en
una
palab a, la hez de odas las je a quías» (Va gas Ponce, 1961).
Con independencia del ono deliciosamen e axonó-
mico que asluce es a enume ación,
de
lo que no cabe
duda
es de que To os e Ilus ación cons i uye on una especie
de
colle a imposible y lo que me p opongo dilucida , con algu-
na e lexión his o icis a, es el po
qué
de esa imposibilidad
y la desembocadu a a que dio luga .
Es e
empeño no
es a á
exen o de algunas con adicciones cu iosas y ambién
suge-
·
en es sob e la complejidad del espec áculo en las socieda-
des mode nas y sob e la manipulación de sus amas
po
las
éli es que supues amen e enseñan a
la
sociedad los modelos
de conduc a y
la
u ilidad, con eniencia u obligación de
asu
.:.
mi los y eje ce los. Na u almen e
ello
equie e un
pequeño
es ue zo, an e odo, pa a si ua la co ida en es a segunda
mi ad del siglo XVIII, con
una
es ilís ica y
una
adición
de
público
muy
dis in as de aquellas
con
las que
~s amos
amilia izados
en
la época ac ual. Al espec o y sin
en a
en una desc ipción po meno izada de las ca ac e ís icas
que
Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 17
Fig. n.º
1.-
Goya, F ancisco de:
D.
Jose
de Va gas y Ponce, enien e
de
na io de
la
Real A mada, di ec o de la Real Academia de la His o ia, 1805,
Mad id, R.A.H., óleo sob e lienzo, 104 x 82 cms. (Apud.: Luna, 1996: 218).
18
An onio Ga cía-Baque o González
e es ía en aquellos años el espec áculo au ino,
lo
que
a o simplemen e de apun a es que, du an e buena
pa e
de
ese pe iodo, en el que el o eo a
pie
a i adqui iendo
pe sonalidad e impo ancia has a consegui impone se de i-
ni i amen e, la lidia se desa ollaba oda ía en medio
de
un
g an deso den y con usión, con
la
p esencia incluso de
pa e del público en el uedo, has a el pun o que,
como
denunciaba el a ila gue o J. Daza
en
1778, mien as se
jugaban los o os, campaban lib emen e po el uedo «casi
o as an as gen es que las que ocupan los andamios,
que
ni
picado es, o e os ni o os pueden
luci
ni e i a se muchos
iesgos que les ocasionan aquellos asque osos es o bos»
(Daza, 1959). A mayo abundamien o, esa p esencia del
público en el uedo es la que hacía imp escindible
la
hoy
simplemen e p o ocola ia ce emonia del despejo y
que
en
aquel en onces, según nos es imonia el p opio Daza,
eque ía la p esencia de «un os en oso apa a o de nume o-
sa opa» (compues a de más de un cen ena de homb es),
dada la esis encia que oponía el público a abandona la
a ena y subi a los andamios y g ade íos. Con iene asimis-
mo eco da que ya en la mad ugada p e ia a cada es ejo y
una ez concluido el encie o
de
las eses que se hab ían de
lidia , el público que había asis ido al mismo o eaba y
ma aba el denominado o o de p ueba (llamado así po que
con él se in en aba ac edi a la b a u a del ganado
que
iba
a lidia se); y o o an o sucedía una ez inalizado el es e-
jo,
cuando de nue o se sol aba o o o o pa a solaz y di e -
sión del público asis en e. Había, pues, una p oximidad
muy es echa en e el público y la ies a, que no de i aba
sólo de ese con ac o an di ec o, ísico y eal que man enía
con los o os sino que enía ambién mo i ada po azones
Fies a o denada, ies a con olada: l
as
Tau omaquias como in en o..... 19
llamémosle
de
índole social: sin
i
más lejos po el
hecho
de que los nue os p o agonis as
del
es ejo no p ocedían
ya
de
las ilas
de
la
nobleza sino
que
e an gen es del
pueblo
y
como ales conocidos y econocidos po su público;
es
deci , había desapa ecido aquel dis anciamien o social
que
du an e odo el iempo en que p e aleció la co ida
como
me a ce emonia de exhibición
del
pode de la nobleza
man-
u o
al
público inmó il en el g ade ío sin posibilidad
de
in e e i en el uedo con
el
caballe o. En de ini i a,
lo
que
a o de pone de elie e es
que
la segunda mi ad
del
S.
XVIII es oda ía pa a
la
au omaquia un pe iodo de
ansi-
ción y como al lleno de imp o isación, de o cejeos y
en-
siones, an o en el uedo como
en
el g ade ío, cuya de ini'-
ción más suges i a al ez
pod ía
educi se a la o mula
de
que es aba agonizando
una ies a
y alumb ando
un
espec á-
culo; y que ello se p oducía, además, con el en en amien o
con uso y cuasi me a ó ico en e los que se p e enden
ac o-
es-di ec o es y los que se p oponen como simple público y
que
se
esis en a asumi ese
papel
pasi o, de me o espec a-
do , que le asigna án las p ecep i as elabo adas po
los
nue os ac o es-di ec o es (Ga cía-Baque o; Rome o
de
Solís y Vázquez Pa ladé, 1994). En esos años, po an o,
la
con inuidad exis encial en e
el
público y los o os y
la
social en e a icionados y o e os apa ecía aún muy
i me
p o ocando así esa sensación
de
deso den, caos y ana quía
sin la que al ez no se ían explicables algunas de las
c í i
-
cas ilus adas al espec áculo au ino. Y hecha es a ad e -
encia, amos a comenza
po
es ablece los pun ales
cla i icado es y undamen ales del modelo ilus ado
pa a
pone los
en
elación, inmedia amen e, con sus idén icos
de
la ies a de o os.
20
An oni
o Ga cía-Baque o
Gonz
ál
ez
·Simpli icando has a donde esul a azonable
pa a
pode ob ene las líneas ma ices del mo imien o, el
plan e
-
amien o ilus ado
se
sus en ó, como
es
bien sabido,
en
unas
pocas p opues as-mo o as g acias a las cuales p e endía
ma ca la di e encia con la cul u a ba oca que conside aba
un p eceden e a elimina o al menos a ans o ma
p o un-
damen e, casi con la misma in ensidad con que el humanis-
mo enacen is a lo había in en ado
con
la Edad
Media.
Desde es a pe spec i a, pues, lo que llamamos ulga men e
la Ilus ación y cuya ma iz empo al suele si ua se
en
el
ul imo e cio del siglo XVII (pe o
cuya
e apa pa adigmá ica
c is alizó en la segunda mi ad del XVIII), decidió
p omo-
ciona y concede p o agonismo absolu o a la línea de in e -
p e ación del mundo que se había p opues o en los
años
ochen a del siglo XVII en las ob as modélicas de
New on
y
Locke; ambas enían en común
la
en ega absolu a
de
las
espe anzas de la condición humana al cumplimien o del
modelo de la na u aleza, el
uso
de
la
azón como
écnica
imp escindible pa a alcanza lo y la elicidad social
como
ho izon e i enunciable.
De
es e modo, na u aleza, azón,
elicidad, en cualquie
esquema
in e p e a i o
de
la
Ilus ación, se econocen (con odas las debilidades, con u-.
siones y ambigüedades no males en los p ocesos de ci ili-
zación) como el ípode de alo es más ep esen a i os y
ambién más explíci o de lo que los ilus ados c eye on
pode implan a o que la sociedad podía implan a bajo su
di ección (Haza d, 1988; Haza d, 1991). Desde luego los
es concep os, adobados y pensados desde un peculia
op i
-
mismo egene ado , pudie on se en endidos po los dis in-
os sec o es de la sociedad
de
o mas di e sas; y pa ece
e i-
Fies d o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o.....
21
den e que el signi icado que
pa a
un cien í ico de la
época
podían ene es as palab as no enían necesa iamen e
que
coincidi con el que u ie an
pa a
un gobe nan e o un
miem-
b o de las éli es sociales (de la eclesiás ica o de la
nobilia-
ia). La na u aleza se p esen ó jus amen e como un
modelo
de azonabilidad en su o ganización, sus mecanismos y
en
su écnica
de
esol e p oblemas; desde la ni idez new onia-
na, se concebía como una no ma segu a pa a di igi
la
con-
duc a humana en odos los e enos: desde la o ganización
de la economía a
la
o denación
de
la ida social y la
egula-
ción de las elaciones humanas que, jus amen e, en unción
de
al
modelo, debían es a p esididas po la lib e e usión
de
los sen imien os espon áneos.
Al
mismo iempo, la azón se
p esen aba como una especie
de
na u aleza espi i ual
cuya
necesidad de undi se con la eal pa ecía no solo
e iden e
sino imp escindible;
la
azón cons i uía la acul ad esencial
del homb e pa a alcanza la e dad (es deci , la
co ec a
in e p e ación de la na u aleza), po encima de los «p ejui-
cios», de la opinión de las au o idades y has a de los
dogmas
de la e elación. Po cie o y dado el us e de
e~ a
au o idad
sob ena u al, en es e úl imo caso, y como apun a Ma ínez
Shaw, ue necesa io es ablece con los doc o es de la Iglesia
un comp omiso que admi ía di e sas modalidades que
iban
desde
la
ma ginación p o isional y me odológica de los
c e-
dos eligiosos a los in en os conciliado es de una ilus ación
c is iana, pasando 'po la «in ención» de una sob e-na u a-
leza edulco ada y de bajo ni el p o iden e- ep eso como
la
que p opuso el «deísmo» (Ma ínez Shaw, 1996:
8).
Po úl i-
mo, se suge ía y p edicaba que
la
azón y la guía sabia de
la
na u aleza e mina ían po p oduci , de o ma au omá ica e
28
An onio
Ga cía-Baque o
González
de es os es ejos en días labo ables y
cuyo
cos o
se
ci aba
en
150 millones de eales anuales;
o,
inalmen e, en
el
queb an
-
o que es o suponía, a su ez, pa a las economías amilia es,
«llegando el deso den en la plebe como señala exp esamen e
el ci ado in o me a mal ende las p endas más necesa ias en
sus casas pa a di e i se esos días» (Ga cía-Baque o, 1991:
V,
84-94). Den o de es e mismo apa ado,
el
a gumen o
de
la
pé dida de jo nadas de abajo es, sin duda, el más u ilizado
has a el pun o que no hay un solo censo de la ies a
que
no
aluda al mismo. Así, el pad e Sa mien o, po ejemplo, esc i-
be que «no hay co ida de o os que
no
enga sus íspe as y
o nabodas. Quie o deci que cada
una
ale po es días de
ociosidad es i a. La íspe a, po que
se
espe a; el día
po que
se ocupa y el día de inmedia o po que
se
descansa de
la
a i-
ga de habe oceado y g i ado
...
Esos días, en los cuales ni se
abaja ni se gana jo nal, ni se come
más
de lo jus o y se
bebe
ul a condignum, y an lejos de gana
un
ma a edi, es p eci-
so da muchos eales encima, po que
lo
admi an a se ocio-
so»2.
En é minos muy simila es se exp esa
ambién
Jo ellanos cuando señala que «los pueblos que en o os
no
son cie amen e los más labo iosos.
Un
día de o os en
una
capi al despe dicia odos los jo nales
de
su
pueblo y
de
su
coma ca. Aún en és a, despe dicia los de ida y uel a, y lo
mismo puede deci se de los capi al, pues o que las isi as al
campo, las eladas y encie os apa a a los jó enes del alle
desde la íspe a y no los uel e a él an p on amen e. Y si
además se cuen a lo disipado en ajes, bebidas y ancache-
2 Sa mien o,
P.:
To os en Galicia, His o ia Na u al, Ag icul u a,
Población, Come cio, Policía, Leyes, Medicina, Milicia, Educación
de
la
Ju en ud, &.
C.
de
España, ol. 6885 (C do. Va gas Ponce, 1961: 260).
Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 29
Fig. n.º
2.
-Don Ped o Pablo Aba ca de Bolea, conde de A anda, g abado
de
época (Apud.: Iglesia, 1988: I, 208).
30
An oni
o Ga cía-Baque
o
Gonz
ál
ez
las a que es más expues a es a di e sión que o a alguna,
¿cuán o no subi á el cálculo?» (Jo ellanos, 1956: 265).
En cua o luga , las co idas
no
sólo son acional-
men e incomp ensibles sino que exal an lo ins in i o,
lo
senso ial, casi la animalidad y inculan la elicidad al iesgo,
la mue e y
la
alga abía; como esc ibe al espec o Va gas
Ponce, «Es o es
en
el ondo el obje o
de
cada co ida;
es o
es
lo que ep esen a y lo que mul iplica las escenas: ie eza p o-
cu ada po el homb e, daños y ca nice ías olun a ias,
dechados pe ennes de c ueldad y de ing a i ud, y sang e e -
ida y mezclas de sang e, y siemp e sang e y más sang e.
Pues si és os son los ejemplos de los o os, ¿qué pueden p o-
duci los o os?. Du eza de co azón, des ie o de la dulce sen-
sibilidad y o ma an es despiadadas y c ueles como el espec-
áculo que mi an» (Va gas Ponce, 1961: 185). Y
si
odo és o
no bas ase, las co idas se e igen, además, como símbolo de
lo incon olado, es deci , lo que
no
ha
su ido
el
p oceso de
o denamien o cul u al, de modo que niegan explíci amen e
el
ca ác e de sis ema docen e, e icaz y mo al que debe
ía
ene
cualquie di e sión o espec áculo. De hecho cons i uyen más
bien un an iespec áculo
y,
si no, eamos lo que esc ibe sob e
el pa icula Jo ellanos: «las di e siones popula es deben se
áciles, p on as, g a ui as, sencillas, inocen es, sin más apa a-
o que el de la na u aleza en que deben ene su o igen y del
que no deben apa a se. ¿Halla Vm. es os ca ác e es
en
el
espec áculo de que a amos? ¿Halla Vm. uno solo de ellos?»
(Jo ellanos, 1956:
265)3.
3 A p opósi o de los concep os de di e sión y espec áculo en Jo ellanos
(Ál a ez San aló, 1994:
I,
93-114).
Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o...
..
31
Po odas es as azones, pa a los ilus ados, la
pe i-
encia de las co idas suponen
una
imagen, en e a la
Eu opa
de las Luces, de p i ni i is no iolen o que ni siquie a
podía
encaja en su admi ación po la na u aleza (po la na u aleza,
cla o es á, o denada y au o egulada),
en
la medida que,
en
la
ies a de o os, és a apa ece
como
pe e ida y exaspe ada
po la ac i idad humana. Como esc iben los minis os
del
Consejo, D. Manuel Ven u a
de
Figue oa y el Ma qués
de
Mon enue o, en el dic amen que elabo a on a ins ancias
de
la
Co ona y as consul a el in o me incoado po el Conde
de
A anda, «no puede nega se que
el
obje o de es as ies as se
educe a que se di ie an los concu en es o bien con la
mue -
e iolen a de los o e os y caballos o con la mue e
de
los
o os y que sólo la inhumanidad pudo discu i es a
di e -
sión
...
Lo cie o es que en ninguna nación cul a se pe mi e
es e espec áculo bá ba o y no
hay
no icia de que se
pe mi a
en e las naciones bá ba as; sólo en España
...
se pe mi e
una
di e sión que sólo
es
buena cuando hay mue es, daños y
des ozos». Y como a un espec áculo que acumula an as
ca ac e ís icas nega i as no debe concedé sele an siquie a
el
bene icio de la posibilidad .de
su
e o ma, la única medida
que p opond án en e a él se á
la
de la pe secución gube na-
men al y sup esión o al, como e ec i amen e
se
hizo
en
a ias ocasiones en es a segunda mi ad del siglo XVIII.
Con-
c e amen e en 1754, 1778, 1785, 1787 y 1805, aunque
la
p o-
pia ei e ación de las p ohibiciones pa ece cons i ui el
mejo
ejemplo de
la
escasa e icacia
que
u ie on cuando
no
de
su
casi absolu a inobse ancia (Figs. n.º 3 y n.º 4).
Re isada, pues, la que cab ía conside a como la
p o-
pues a ilus ada o icial (o icial en cuan o que quienes
la
32
An onio
Ga cía-Baque o
Gonzá
lez
PRA<;MA lCA-SANCION
l!:N
FOER'Z.
..
DE
LEY,
l'OR
LA
QUAL
SE
PROHIBE
QUI::
P~RSON"
dlguna, de 4ualquic: clase y nndicion que » 'a,
pueda
usa
111
ahe
e11
los
coche~,
be lina)
ydema~c:.i uag s
de
Nll,
.nJs de
do,
Mula. ú Caballos; y ambicn las
~H
de
·i
~·10.
de
mue ce
en
los
Pueblos
del
Reino,
odu
en
l.i
con o midad
que
se
exp esa.
AÑO
EN
MADRID
-
~~~~
Ew
LA
IMPalNT.a
J>&
P&DllO
M••••·
F. 0 3 _ P agmá ica-Sanción
que
p ohíbe las ies as de o os de mue e,
ig
. n. · 237)
Mad id, Imp en a de Ped o Ma ín, 1785
(A
pud.:
Día
z A que
,
1931: .
Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 33
~
PRAGl 1ATICA-SANCION
EN
FUERZ.A. DE LEY,
POR
LA
QUAL
SE PROHIBE.,
que
pe i;ona
alguna
,
de
qualquie
clase
y
condi-
cion
que
sea
, pueda
usa
ni
ahc
en
los
coches,
be linas, y
dcmas
ca uagcs
de
ua,
mu
de
dos
Mulas ó Caballos; y
ambi n
las
ies as
de
To os de
mue e
en
los
Pueblos
del
Reyno, odo
en
la
con o midad
que
se
exp esa.
AÑO
EN
Fig. n.º 4.- P agmá ica-Sanción que p ohíbe las ies as de o os de mue e,
Se illa, Imp en a Mayo de la ciudad, 1785 (Apud.: Díaz A que ,
1931
: 239).
34
An onio
Ga cía-Baque o González
hacen se conside an o p oclaman
los
ep esen an es e icaces
de la nue a iloso ía egene acionis a y o icial, igualmen e,
en la medida que exis e una coincidencia en esa di ección
con
el pode polí ico), pa ece pe inen e
que
p ocedamos,
segui-
damen e, a examina si hubo una llamémosle espues a social
a es a c uzada, quien
la
p o agonizó y
en
qué é minos
se
in en ó esol e la con adicción,
sin
elimina los ac o es
undamen ales que la componían
sino
p ocu ando encon a
una ó mula que no esul ase espec acula men e incompa i-
ble con lo que pod íamos
denomina
el clima social
de
la
época. Pues bien y como e emos
de
inmedia o, al espues-
a se p odujo, es u o lide ada po los p opios p o agonis as-
ac o es de la ies a y se canalizó po
dos
caminos o p ocedi-
mien os pa alelos, cuya e icacia es amos oda ía cons a an-
do, a sabe : de una pa e, median e
la
econducción del
o eo
en una p o esión; de o a, median e
la
es ic a codi icación
de
la ies a, cuyo esul ado inal se á hace la desemboca
en
un
i ual au o izado-con olado y un eje cicio je á quico.
Sob e el p ime o de los p ocedimien os se é
muy
b e e. Tal y como yo lo eo,
al
menos, el p oceso que condu-
jo
a la p og esi a consag ación del o e o como p o esional,
con independencia de cuando u iese ealmen e su a anque,
sólo podemos echa lo, documen almen e, a pa i
del
momen o en que és e comienza a pe cibi una emune ación
po su ac i idad en
la
plaza y además
es
ci ado po su nomb e
en la con abilidad de los o ganizado es de las co idas.
Pues
bien, a es e espec o las p ime as no icias que poseemos
p o-
ceden de Se illa y más conc e amen e de las cuen as de los
es ejos o ganizados po su Real Maes anza de Caballe ía.
En
e ec o, el Ma qués de Tablan es en sus Anales de
la
Real
Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 35
Plaza de To os de Se illa (Se illa, 1917), al e e i se a
las
cuen as del año 1733, comen a·
que
la pa icula idad que
o e
-
cen espec o a las de años an e io es es que en ellas se ci a
po
ez p ime a el nomb e de un o e o llamado Miguel Canelo,
quien ajus ó su abajo en 2.100 eales; es años más a de,
el
mismo o e o apa ece ci ado con
el
sueldo de 2.
108
eales y
cua o o os que le egaló el Tenien e de la Maes anza.
Pa a
comp ende la e dade a signi icación de es os emolumen os
bas e con señala que los mencionados 2.100 eales equi alen
casi
al
doble de lo que ganaba al año un maes o de cualquie-
a de los o icios mecánicos que
se
p ac icaban en la ciudad. A
la is a de es os da os pa ece cla o que nos hallamos ya
an e
un au én ico p o esional de la ies a, po más que, en opinión
de L.To o Buiza (Se illa en la his o ia del o eo, Se illa,
194 7), haya que an epone a
su
nomb e los de Ignacio
Díaz
y
Juan Miguel Rod íguez (el iniciado de la dinas ía de
los
Cos illa es), ·que ac ua on en
la
Maes anza se illana
desde
1730. T as la mue e de Miguel Canelo, acaecida
en
1737,
apa ecen mencionados en las cuen as de años sucesi os
o a
se ie de o e os (F ancisco Vene e, José Saa ed a,
Cosme
Rod íguez, José Hue o, Ped o Chamo o, Melcho y
Pablo
Conde, Juan de los San os, José Na aez, e c.), a los que desde
1743 se les denomina con
el
incon undible nomb e
de
«es oqueado es», dis inguiéndolos, además, desde 1750,
con
las ca ego ías de «p ime o, segundo, e ce y media espada».
Po o a pa e, el hecho de que en las mencionadas cuen as
apa ezcan ambién consignados los pagos hechos a o os o e-
os que no se ci an po sus nomb es sino bajo la denominación
gené ica de «compañe os» p ime o
y,
más a de, de «bande i-
lle os», iene, además, a p oba que la unción del ma ado y
36
An onio
Ga cía-Baque o González
la de los peones es aba ya cla amen e di e enciada.
T as
es a
b echa abie a po esa p ime a ho nada
de
ma ado es
de
o icio
(en la que deben, po supues o inclui se los nomb es de
los
más
ilus es ep esen an es
del o eo asco-na a-
o, con el Licenciado
de Falces y Ma incho
a la cabeza), un i e-
enable mo imien o
de p o esionalización
in ade ya los cosos
au inos, asegu ando
la indiscu ible hege-
monía sob e la ies a
de los nue os p o ago-
nis as y p eludiando
la
llegada de las p ime as
g andes igu as de la
au omaquia: José
Candido, Ped o
Ro
-
me o, José Rod íguez
Cos illa es
y José
Delgado
Illo
·
(Fig.
n.º
5)
.
Aho a
bien,
pa alelo a
es e
am-
plio mo imien o
de
p o esionalización se
Fig. n.º 5-
Goya,
F ancisco:
Joaquín
Rod íguez "Cos illa e
s",
Mad id,
Museo
Láza o Galdiano.
a
a p oduci ambién un in en o log ado de codi icación
que se i á
pa a
si ua a los nue os p o agonis as del
es e
-
jo
en una
escala
social supe io al
iempo
que
les
pe mi i á
Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o.
..
.. 37
adueña se de ini i amen e
de
la
ies a. En ealidad se
a a-
ba
de un co ola io lógico en
la
medida que a oda
p ác ica
di e enciada sigue una codi icación, una eo ización
que
la
con ie e en un sabe especí ico. Bien en endido que
no
se
a a an o
de
que sin es a úl ima no exis iese ese
sabe
cuan o de que los eo izan es lo sien an así. Conc e amen e
Pepe Illo no puede se más explíci o al espec o
cuando
en
la in oducción a
su
Tau omaquia o a e de o ea
(Cádiz,
1796), jus i ica su ealización
en
los siguien es é minos:
«No hay duda que
en
un iempo en que es á en
su
pun o
la
a ición de los To os, y an adelan ado el a e de o ea
hacia
al a una ob illa que demos a a sus eglas, ealiza a
sus
sue es y pa en iza a el débil y ue e de un a e an
b illan
-
e». Y más adelan e ol e á a insis i en el mecanismo
p ác-
ica- eo ía al que an es apun amos al señala que odas
las
ideas y pensamien os e idos
en
su lib o es án. « undadas
en la sabia expe iencia, que
es
la mad e legí ima de
sus
conocimien os ... que sin es a expe iencia, adqui ida
po
la
p ác ica y no la especula i a,
no
es posible ace a », y
de
ahí
que «aunque alguno haya enido sus pujos de esc ibi
del
To eo, no se a e ie a a a anza es a emp esa, como
insu-
pe able po al a de los conocimien os p ác icos».
Pe o es más, dada la época en que nos mo emos, a
es a necesidad de eo iza sob e un conjun o de p ác icas
madu as, podemos añadi la expe iencia de las en ajas (al
menos eó icas) de monopolio y de con ol, ca ac e ís icas
del sis ema labo al a la sazón oda ía impe an e, a sabe :
el
g emio. Ello end á como esul an e la p oyección, conscien-
e o inconscien e, de es e sis ema sob e la codi icación,
ya
que las au omaquias se i án an o pa a sis ema iza
las
44
An onio
Ga cía-Baque o
Gonzá
lez
a en
el o eo de capa de «la sue e de en e o a la e ónica»,
nos di á que «és a es la sue e que
se
hace de ca a al o o,
si uándose el dies o en la ec i ud de
su
e eno
...
y sus eglas
son a p opo ción
de
los o os», es ableciendo oda una
casuís
-
ica en su ejecución, según se a e
de
un o o «boyan e y
cla o», de uno que se «ciñe» o bien
de
o o que «gana e eno
y ema a en
el
bul o». E idén icas obse aciones in oduce al
desc ibi las es an es sue es de bande illas o de mule a. El
o eo deja, po an o, de se un conjun o de lances y sue es
he e ogéneas y dispe sas, que emanaban de ap i udes espon á-
neas, pa a con e i se en una nue a p o esión, cuyo eje cicio
conlle aba el pe ec o conocimien o
de
sus eglas, ya que,
como señala á, a
su
ez, Paqui o, a ando de jus i ica la
necesidad de ese conocimien o, «los o os no dan iempo
pa a
consul a lib os ni pa ece es, y menos pa a medi a , po an o
es p eciso i
~ien
ins uido en odo pa a p esen a se delan, e de
la es» (Figs. n.º 8 y 9).
En segundo luga , iene ambién un cla o o igen g e-
mial la exigencia
de
un conocimien o exac o y p eciso
de
la
ma e ia p ima con la que se a a abaja , en es e caso el o o.
Es e es un pun o en el que ponen un acen o especial ambos
codi icado es, conside ándolo como una de las cualidades
indispensable que debe ene el o e o. De ahí, pues, que se
a anen no sólo en desc ibi las dis in as clases de o os
(boyan es, que se ciñen, que ganan e eno, de sen ido, e ol-
osos, aban os o eme osos y b a ucones), sino además en
p ecisa los di e en es es ados po los que pasa en el ans-
cu so de la lidia (le an ado, pa ado, aplomado, e c.), sus que-
encias, an o las na u ales (las pue as del o il) como las
acciden ales (las que se mani ies an a lo la go de la lidia
po
Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 45
algún pun o de la plaza), e c. Paqui o a aún más lejos
que
Pepe Illo en
su
a án po conoce al o o, llegando
incluso
a
de ini los equisi os y condiciones que debe ían euni
pa a
la lidia; en es a di ección p oclama po ez p ime a
la
edad
que debe ían ene , ijándola en e los cinco y los sie e
años,
que es, a i ma, cuando se encuen an «en
su
mayo
ue za
y
i eza, co aje y al mismo iempo sencillez»; abo da el
p o-
blema del peso, desechando an o al o o laco, po al a
de
ue za y agilidad, como al excesi amen e go do, po que
se
cansa muy p on o,
se
aploma e inu iliza pa a la lidia; po Ól i-
mo, ecomienda que sea un o o que goce de comple a
salud
y que no es é placeado.
Un e ce pun o en el que es ambién ácil descub i
ascendencias g emiales es la concepción je a quizada que
ie
-
nen del o icio, anspa en ada, en e o os de alles, po el
man-
enimien o de una nomencla u a peculia en la que se ese a
la denominación de «dies o» o· de «maes o» pa a
el
escalón
más al o y de «peones» pa a el es o de los in eg an es
de
la
«Cuad illa». Es a je a quización del o icio puede pe cibi se
ambién en la necesidad de un «ap endizaje» p o esional
que
exigía el paso po una cuad illa que ga an izase la enseñanza y
que, en un momen o dado, se p e endió sus i ui po
un
ap en~
dizaje cu sado incluso en una Escuela de Tau omaquia,
como
la que uncionó en Se illa en e 1830 y 1834; en úl imo é mi-
no, ambién se pe cibe es e sen ido de la je a quización po
la
impo ancia concedida a la an igüedad en el o icio que egula,
con igidez, el o den de ac uación de los dies os.
Un cua o elemen o de e iden e eminiscencias g e-
miales es la cla a' endencia al exclusi ismo p o esional, bien
que e iden emen e muy ma izada. Desde luego,'
es
innegable
46
An onio Ga cía-Baque o
González
que, a a és de las au omaquias,
los
p o esionales de
la
lidia
p e endie on ampa a se del in usismo del público en el uedo
y educi el espacio de la ies a a la exposición pública
de
sus
habilidades. Sin emba go, es e in en o p ocu ó dis aza se de
modo . que no apa eciese como una au én ica imposición ni
ampoco como un econocimien o de que lo que se p e endía
al
impedi la bajada
al
uedo de los espec ado es e a e i a que
un
homb e sin p epa ación ealizase el abajo que ellos
se
p e-
ciaban de conoce y de ibase así la noción de exclusi ismo y
su imagen de expe os. El ecu so empleado pa a ello ue p e-
eni el pelig o que semejan e acción en añaba, an o pa a
quien la in en ase como pa a ellos mismos, ya que el esul ado
ine i able se ía la cogida. Así lo señala Pepe Illo cuando a i -
ma que «las cogidas consis en en al a a las eglas del o eo»,
pa a añadi que «¿Qué cosa más cla a que
el
que sea cogido
quien con igno ancia de las eglas del o eo
se
pone a llama ?».
Paqui o, po
su
pa e, no es menos expedi i o al señala que
«suje o a eglas el a e de o ea ,
no
pueden po menos que se
las cogidas el e ec o inmedia o de al a a aquellas».
Un quin o elemen o se ía la llamada de los codi ica-
do es a la au o idad pa a que a ale, ga an ice y de ienda la
no ma i a, el exclusi ismo
y,
en suma, el nue o p o agonis-
mo p o esional que ei indican. Y si, no eamos, la ehe-
men e exigencia de Paqui o en es e sen ido; dice ex ual-
men e: «la clase baja c ee ene en los o os una sobe anía
indispu able, y debemos con esa que has a el día lo
que
quie e la mul i ud se hace en es as unciones. Pe o, ¿es és o
jus o? Segu amen e que no ... si po los medios que pa ezcan
más conducen es a las espec i as au o idades .
..
se hiciesen
algunos ejempla es cas igando a los que se a e en a come e
Fie
s
a o denada,
i
es a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 4 7
algunos de los excesos p ohibidos y se p esen ase la
su i
-
cien e ue za a mada pa a impone a los insolen es,
se
puede
asegu a que bien p on o cesa ía el deso den y pillaje
que
hacen indeco osa es a di e sión». La ci a no deja
luga
a
dudas sob e el papel imp escindible que las Tau omaquias
conceden a
la
au o idad en
el
p oceso de a a
de
ija al ·
público en su nue a unción de me os espec ado es.
Finalmen e y jun o a es os cinco pun os ienen a su
ez ambién un e iden e o igen g emial algunos
o os
aspec os, ales como el deseo
de
mejo a la calidad del
a e
au ino, la gene alización de las no mas po encima
de
ámbi os locales, e c.
Aho a bien,
de
alguna mane a las Tau omaquias
son
conscien es de que educen la pa icipación del público
en
la ies a y
po
ello
se
es ue zan en supli la con iándole
un
nue o papel ac i o eno memen e g a i ican e y que consis-
e en hace de
juez
y c í ico de cuan o se ealiza
en
el
uedo.
Como a i ma á exp esamen e Pepe lllo, la inalidad
que
le
guía
al
ealiza su ob a no es sólo da eglas pa a los
p o e
-
sionales de
la
ies a, sino ambién pa a el público, de
modo
que de es a o ma «los espec ado es, ins uidos a ondo
en
los undamen os elemen ales de la Tau omaquia,
sepan
decidi sob e el e dade o mé i o de los lidiado es,
adqui
-
iendo po ella un conocimien o que la ha de hace mucho
más g a a
la
di e sión».
De es a o ma se consigue, pues, an o el e ec o
un
-
damen al p e endido, es deci , aleja al público del uedo,
como el complemen a io de ele a la ca ego ía del p o esio-
nal cuyo conocimien o p ác ico del o icio, compa ido eó i-
camen e po el público, se á adecuadamen e alo ado.
En
48
An onio
Ga cía-Baque o
Gonzá
lez
odo caso,
ya
señala á Paqui o, con
oda
c udeza y cla idad,
que la nue a misión del público consis e en « educi se a ic-
o ea y a aplaudi a los lidiado es, animándolos y en usias-
mándolos más y más». Po consiguien e, las au omaquias no
sólo sen a on al público de ini i amen e en las g adas y lo
eduje on a espec ado es (y a se posible espec ado es bené-
olos) sino que p esiona on; ambién, desca adamen e, a la
au o idad pa a que con i mase y uese cómplice del nue o
o den de la ies a, nue o o den que pod ía esumi se
en
es
concep os básicos: los p o esionales
en
el uedo, el público
en la g ada y el o den y el concie o
po
encima de odo.
En de ini i a, a a és de la doble ía de la p o esio-
nalización y de la codi icación ue
cómo
los nue os p o ago-
nis as del es ejo consiguie on conju a las amenazas
que
se
ce nían sob e el espec áculo au ino, supe ando, me a e e ía
a deci que casi hegelianamen e, las indudables con adic-
ciones que és e ence aba con espec o al denominado
mode-
lo ilus ado. En e ec o, subsumida en el «nue o o den»
de
la
ies a aquella inci ación
al
deso den, al caos y la ana quía
que
pa ecían ehicula las «co idas sin leyes», no sólo se consi-
guió adecua el espec áculo a las exigencias del o den social
del momen o sino, ambién y sob e odo, ga an iza le su
pe misi idad y pe du abilidad, ya que no en ano y g acias a
las Tau omaquias, la co ida pasó a con e i se en algo «lógi-
co». Pe o bien en endido que supe a unas con adicciones no
equi ale a hace las desapa ece y
de
ahí que los pode es
cons i uidos no hayan dejado jamás de ecela de una ies a a
la que siemp e han conside ado cuando menos po encial-
men e pelig osa. Y es que, po más que algunos se empeñen,
como ha señalado exp esamen e E. Gil Cal o en su lib o
Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o.....
49
Función de o os (Mad id, 1989), las co idas no pueden se
eduC ibles al me o panen e ci censes, pues si bien hacen
del
espec ado un obje o pasi o del espec áculo que
se
ep esen-
a, ambién pueden hace de él odo un suje o ac i o (es
deci
lib e, au ónomo, sobe ano e independien e), capaz de
emi i
juicios c ea i os y o iginales.
50
An onio
Ga cía-Baque o González
BIBLIOGRAFÍA
Ál a ez San aló, L.
C.
(1994): "Di e sión, espec ácu-
lo y co idas de o os en el siglo XVIII.
Una
esquina mo al
de la ilus ación española" en Re is a
de
Es udios Tau inos,
n.º
1,
pág. 93-114.
Cossío, José M.ª (1985): Los To os. T a ado écnico e
his ó ico, Mad id, (9ª ed.),
.
II, págs. 124-156.
Daza,
J.
(1959): P ecisos manejos y p og esos condo-
nados en dos omos del más o zaso peculia del a e de la ag i-
cul u a que lo es del o eo p i a i o de los españoles, Mad id,
Unión de Biblió ilos Tau inos, . I (único publicado).
Ga cía-Baque o González, A. (1991):
"La
polémica
an i au ina
en
la Ilus ación: miedos y ecelos del
Pode "
en
Tau ología, n.º 5, págs. 84-94.
__
; Rome o de Solís,
P.
y Vázquez Pa ladé,
I.
(1994): Se illa y la. ies a de o os, Se illa, (2ª ed.
).
Haza d,
P.
(1988):
La
c isis
de
la conciencia eu opea
( 1680-1715
),
Mad id.
__
(1991): El pensamien o eu opeo en el siglo
XVIII, Mad id, ( eimp ).
Jo ellanos, G. M. de (1956): "Ca a al enien e de
na ío Don José Va gas Ponce"
en
Ob as de
__
,
.
III,
Mad id, pág. 263.
Ma ínez Shaw,
C.
(1991): "Va gas Ponce y el an i au-
inismo de la Ilus ación" en Tau ología, n.º 5, págs. 34-40.
__
(1996): El siglo
de
las Luces. Las bases in e-
lec uales del e o mismo, Mad id, pág. 8.
Rome o
de Solís,
P.
(1994): Ve Ga cía-Baque o, A.
Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 51
Va gas Ponce,
J.
(1961): Dise ación sob e las
co i
-
das
de
o os, compues a en
1807
po el capi án
de
aga a
D.
__
, edición o denada y e isada po
J.
F.
Guillén
y
Ta o, Mad id, Real Academia
de
la His o ia, pág. 140.
Vázquez Pa dadé, l.: (1994): Ve Ga cía-Baque o, A.
Sa mien o,
P.:
To os
en
Galicia, His o ia Na u al,
Ag icul u a, Población, Come cio, Policía, Leyes, Medicina,
Milicia, Educación de la Ju en ud, &.
C.
de España,
ol.
6885. C do. Va gas Ponce, J.:. op.ci ., pág; 260.
Tie no Gal án,
E.
(1988): Los
o os,
acon ecimien o
nacional, Mad id, Tu ne , pág. 20.