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Fiesta ordenada, fiesta controlada : las tauromaquias como intento de conciliación entre razón ilustrada y razón taurina

García-Baquero González, Antonio

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Re is a de Es udios Tau inos Nº 5, Se illa, 1997, págs. 13-52. FIESTA ORDENADA, FIESTA CONTROLADA: LAS TAU- ROMAQUIAS COMO INTENTO DE CONCILIACIÓN ENTRE RAZÓN /LUSTRADA Y RAZÓN TAURINA An onio Ga cía-Baque o González Fundación de Es udios Tau inos ons i uye p ác icamen e un luga común que las ies as de o os p o oquen una in e esan e espues- a apasionada, que puede c is aliza se an o hacia la ' adhesión como hacia el echazo y que, en cada pe iodo his ó ico, como e a de espe a , ales opciones se hayan en uel o en los opajes a gumen ales que en esa época disponían del p es igio social necesa io pa a explica . las con- duc as y los alo es. Ello, po cie o y al paso, nos debe lle a a la conclusión de que ales ies as se inca dinan en las p o- undidades de la in e p e ación social del mundo y que es p e- cisamen e po eso po lo que eje cen semejan e capacidad de en en amien o de la opinión y de dispu a sob e los cimien os y las a qui ec u as que son, p obablemen e, muy semejan es a las de la ida co idiana. Y es que, e ec i amen e, como ya señala a E. Tie no Gal án, las ies as de o os son «apa ición o es imonio de una concepción del mundo que, po se lo, excluye o p e ende exclui la igencia de cualquie o a, de modo que an e ellas, la única ac i ud plena de sen ido se in- 14 An onio Ga cía-Baque o Gonzá lez cula al sí o al no, a la o al acep ación o al comple o epudio» (Tie no Gal án, 1988:20). Es más, de no se así no se com - p ende la adicalidad de unos juicios espec o a su exis encia que no se ían compa ibles con i olidades es ilís icas o modas coyun u ales. Pe o el e na de mi exposición no es en gené ico el echazo, la c í ica o la negación de las ies as de o os sino muy p ecisamen e el echazo, la c í ica o la nega- ción en una época conc e a y peculia de nues a his o ia o de la his o ia de la cul u a eu opea que conocemos como el Siglo de las Luces, el Siglo de la Razón o la Ilus ación. En es a di ección, al ez con end ía comenza ese- ñando que, en nues o país y con ela i a ecuencia, la mino- ía ilus ada a ó de ija sus posiciones ideológicas a a és de amplios deba es que e sa on sob e las más di e sas cues - iones de su ac ualidad: económicas, polí icas, sociales o cul- u ales. En e es os deba es hubo dos, sin emba go, que, como ace adamen e ha señalado C. Ma ínez Shaw, pusie on a la p ác ica o alidad de nues os ilus ados en uno solo de los bandos, a sabe : los susci ados en o no a las ep esen a- ciones ea ales y a las co idas de o os. En el p ime o de ellos, la in elec ualidad p og esis a lib ó ( omando p es ado el é mino al maes o Domínguez O iz) una au én ica «ba a- lla» a su a o y en con a de la campaña o ques ada po los g upos más conse ado es que a aban de p osc ibi el ea o po conside a lo un espec áculo licencioso y una escuela de malas cos umb es. El segundo, es deci , el susci ado po la ies a de o os, ue de muy dis in o signo, ya que, en es e caso, ag upó a la inmensa mayo ía de nues os ilus ados en el sec o de sus de ac o es i econciliables (Ma ínez Shaw, 1991, 5: 34-40). Al espec o y pa a pone nos en si uación, con end ía cuando menos eco da que en el anscu so del Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o... .. 15 siglo XVIII no solo u o luga la «in ención» de la co ida mode na sino, sob e odo, un cambio es uc u al cuali a i o espec o al «éxi o social» de la co ida como un enómeno mul i udina io y, en cie o sen ido, de p o agonismo popula . En e ec o, es la época del ánsi o desde el a is oc á ico o eo a caballo a o o de co e popula , en el que el p o agonismo de ini i o lo adquie en los o e os de a pie; de la p og esi a e i e enable p o esionalización de es os nue os agen es de la co ida; de la popula ización de la ies a en sec o es socia- les y ámbi os geog á icos cada ez más ex ensos; de la cons ucción de las p ime as plazas de pied a con su simbo - lismo ne o de espacio peculia pa a la con oca o ia masi a, e c. Un enómeno de al di usión social no podía, pues, deja de llama la a ención de la in elec ualidad y de las éli es polí - icas que, como ya adelan amos, se p onuncia on, en su p ác - ica o alidad, en con a de una ies a que, como e emos de inmedia o, apa ecía a sus ojos como la i a enca nación de los más lamen ables icios a desa aiga en e las capas popula es. Tan o es así que, como apun a el p opio Ma ínez Shaw, la Ilus ación española se nos p esen a como «un blo- que an i au ino», con las únicas isu as de algunas excepcio- nes no ables: Nicolás Fe nández Mo a ín, Juan Pablo Fo ne o An onio Capmany. Es más y en opinión de J. Va gas Ponce, el au o de la más impo an e impugnación de la ies a de o os que p odujo la época ilus ada, «Si la nación se hubie a podido o ma en dos hile as, no hay géne o de duda que la ep obado a de los o os alcanza a a dobla la de sus apasio- nados» (Va gas Ponce, 1961: 140)1 (Fig. n.º 1). Y cons e que l Va gas Ponce ue di ec o de la Real Academia de la His o ia. 16 An onio Ga cía-Baque o González pa a es e implacable de ac o de la ies a de o os no se a- · aba solo de una cues ión de núme o sino, ambién y lo qúe e a aún más impo an e, de calidad, es deci , del «c édi o y sabe , g a edad y i ud» que ado naban a unos y o os; y así, mien as que en la hile a de los censo es de la i.es a se aline- aban «cuan os co azones hospedaban la humanidad, odos los sabios del siglo p esen ando en sus manos las inmo ales igilias de sus an eceso es, los p uden es de odas las clases del es ado, los ilóso os odos», en la de sus de enso es solo se incluían «una ju en ud a olond ada, al a de educación como de luces y expe iencias, los p eocupados que encanecie on sin hace uso de la acul ad de pensa , los icio- sos po hábi o, hamb ien os siemp e de deso denes y, en una palab a, la hez de odas las je a quías» (Va gas Ponce, 1961). Con independencia del ono deliciosamen e axonó- mico que asluce es a enume ación, de lo que no cabe duda es de que To os e Ilus ación cons i uye on una especie de colle a imposible y lo que me p opongo dilucida , con algu- na e lexión his o icis a, es el po qué de esa imposibilidad y la desembocadu a a que dio luga . Es e empeño no es a á exen o de algunas con adicciones cu iosas y ambién suge- · en es sob e la complejidad del espec áculo en las socieda- des mode nas y sob e la manipulación de sus amas po las éli es que supues amen e enseñan a la sociedad los modelos de conduc a y la u ilidad, con eniencia u obligación de asu .:. mi los y eje ce los. Na u almen e ello equie e un pequeño es ue zo, an e odo, pa a si ua la co ida en es a segunda mi ad del siglo XVIII, con una es ilís ica y una adición de público muy dis in as de aquellas con las que ~s amos amilia izados en la época ac ual. Al espec o y sin en a en una desc ipción po meno izada de las ca ac e ís icas que Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 17 Fig. n.º 1.- Goya, F ancisco de: D. Jose de Va gas y Ponce, enien e de na io de la Real A mada, di ec o de la Real Academia de la His o ia, 1805, Mad id, R.A.H., óleo sob e lienzo, 104 x 82 cms. (Apud.: Luna, 1996: 218). 18 An onio Ga cía-Baque o González e es ía en aquellos años el espec áculo au ino, lo que a o simplemen e de apun a es que, du an e buena pa e de ese pe iodo, en el que el o eo a pie a i adqui iendo pe sonalidad e impo ancia has a consegui impone se de i- ni i amen e, la lidia se desa ollaba oda ía en medio de un g an deso den y con usión, con la p esencia incluso de pa e del público en el uedo, has a el pun o que, como denunciaba el a ila gue o J. Daza en 1778, mien as se jugaban los o os, campaban lib emen e po el uedo «casi o as an as gen es que las que ocupan los andamios, que ni picado es, o e os ni o os pueden luci ni e i a se muchos iesgos que les ocasionan aquellos asque osos es o bos» (Daza, 1959). A mayo abundamien o, esa p esencia del público en el uedo es la que hacía imp escindible la hoy simplemen e p o ocola ia ce emonia del despejo y que en aquel en onces, según nos es imonia el p opio Daza, eque ía la p esencia de «un os en oso apa a o de nume o- sa opa» (compues a de más de un cen ena de homb es), dada la esis encia que oponía el público a abandona la a ena y subi a los andamios y g ade íos. Con iene asimis- mo eco da que ya en la mad ugada p e ia a cada es ejo y una ez concluido el encie o de las eses que se hab ían de lidia , el público que había asis ido al mismo o eaba y ma aba el denominado o o de p ueba (llamado así po que con él se in en aba ac edi a la b a u a del ganado que iba a lidia se); y o o an o sucedía una ez inalizado el es e- jo, cuando de nue o se sol aba o o o o pa a solaz y di e - sión del público asis en e. Había, pues, una p oximidad muy es echa en e el público y la ies a, que no de i aba sólo de ese con ac o an di ec o, ísico y eal que man enía con los o os sino que enía ambién mo i ada po azones Fies a o denada, ies a con olada: l as Tau omaquias como in en o..... 19 llamémosle de índole social: sin i más lejos po el hecho de que los nue os p o agonis as del es ejo no p ocedían ya de las ilas de la nobleza sino que e an gen es del pueblo y como ales conocidos y econocidos po su público; es deci , había desapa ecido aquel dis anciamien o social que du an e odo el iempo en que p e aleció la co ida como me a ce emonia de exhibición del pode de la nobleza man- u o al público inmó il en el g ade ío sin posibilidad de in e e i en el uedo con el caballe o. En de ini i a, lo que a o de pone de elie e es que la segunda mi ad del S. XVIII es oda ía pa a la au omaquia un pe iodo de ansi- ción y como al lleno de imp o isación, de o cejeos y en- siones, an o en el uedo como en el g ade ío, cuya de ini'- ción más suges i a al ez pod ía educi se a la o mula de que es aba agonizando una ies a y alumb ando un espec á- culo; y que ello se p oducía, además, con el en en amien o con uso y cuasi me a ó ico en e los que se p e enden ac o- es-di ec o es y los que se p oponen como simple público y que se esis en a asumi ese papel pasi o, de me o espec a- do , que le asigna án las p ecep i as elabo adas po los nue os ac o es-di ec o es (Ga cía-Baque o; Rome o de Solís y Vázquez Pa ladé, 1994). En esos años, po an o, la con inuidad exis encial en e el público y los o os y la social en e a icionados y o e os apa ecía aún muy i me p o ocando así esa sensación de deso den, caos y ana quía sin la que al ez no se ían explicables algunas de las c í i - cas ilus adas al espec áculo au ino. Y hecha es a ad e - encia, amos a comenza po es ablece los pun ales cla i icado es y undamen ales del modelo ilus ado pa a pone los en elación, inmedia amen e, con sus idén icos de la ies a de o os. 20 An oni o Ga cía-Baque o Gonz ál ez ·Simpli icando has a donde esul a azonable pa a pode ob ene las líneas ma ices del mo imien o, el plan e - amien o ilus ado se sus en ó, como es bien sabido, en unas pocas p opues as-mo o as g acias a las cuales p e endía ma ca la di e encia con la cul u a ba oca que conside aba un p eceden e a elimina o al menos a ans o ma p o un- damen e, casi con la misma in ensidad con que el humanis- mo enacen is a lo había in en ado con la Edad Media. Desde es a pe spec i a, pues, lo que llamamos ulga men e la Ilus ación y cuya ma iz empo al suele si ua se en el ul imo e cio del siglo XVII (pe o cuya e apa pa adigmá ica c is alizó en la segunda mi ad del XVIII), decidió p omo- ciona y concede p o agonismo absolu o a la línea de in e - p e ación del mundo que se había p opues o en los años ochen a del siglo XVII en las ob as modélicas de New on y Locke; ambas enían en común la en ega absolu a de las espe anzas de la condición humana al cumplimien o del modelo de la na u aleza, el uso de la azón como écnica imp escindible pa a alcanza lo y la elicidad social como ho izon e i enunciable. De es e modo, na u aleza, azón, elicidad, en cualquie esquema in e p e a i o de la Ilus ación, se econocen (con odas las debilidades, con u-. siones y ambigüedades no males en los p ocesos de ci ili- zación) como el ípode de alo es más ep esen a i os y ambién más explíci o de lo que los ilus ados c eye on pode implan a o que la sociedad podía implan a bajo su di ección (Haza d, 1988; Haza d, 1991). Desde luego los es concep os, adobados y pensados desde un peculia op i - mismo egene ado , pudie on se en endidos po los dis in- os sec o es de la sociedad de o mas di e sas; y pa ece e i- Fies d o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 21 den e que el signi icado que pa a un cien í ico de la época podían ene es as palab as no enían necesa iamen e que coincidi con el que u ie an pa a un gobe nan e o un miem- b o de las éli es sociales (de la eclesiás ica o de la nobilia- ia). La na u aleza se p esen ó jus amen e como un modelo de azonabilidad en su o ganización, sus mecanismos y en su écnica de esol e p oblemas; desde la ni idez new onia- na, se concebía como una no ma segu a pa a di igi la con- duc a humana en odos los e enos: desde la o ganización de la economía a la o denación de la ida social y la egula- ción de las elaciones humanas que, jus amen e, en unción de al modelo, debían es a p esididas po la lib e e usión de los sen imien os espon áneos. Al mismo iempo, la azón se p esen aba como una especie de na u aleza espi i ual cuya necesidad de undi se con la eal pa ecía no solo e iden e sino imp escindible; la azón cons i uía la acul ad esencial del homb e pa a alcanza la e dad (es deci , la co ec a in e p e ación de la na u aleza), po encima de los «p ejui- cios», de la opinión de las au o idades y has a de los dogmas de la e elación. Po cie o y dado el us e de e~ a au o idad sob ena u al, en es e úl imo caso, y como apun a Ma ínez Shaw, ue necesa io es ablece con los doc o es de la Iglesia un comp omiso que admi ía di e sas modalidades que iban desde la ma ginación p o isional y me odológica de los c e- dos eligiosos a los in en os conciliado es de una ilus ación c is iana, pasando 'po la «in ención» de una sob e-na u a- leza edulco ada y de bajo ni el p o iden e- ep eso como la que p opuso el «deísmo» (Ma ínez Shaw, 1996: 8). Po úl i- mo, se suge ía y p edicaba que la azón y la guía sabia de la na u aleza e mina ían po p oduci , de o ma au omá ica e 28 An onio Ga cía-Baque o González de es os es ejos en días labo ables y cuyo cos o se ci aba en 150 millones de eales anuales; o, inalmen e, en el queb an - o que es o suponía, a su ez, pa a las economías amilia es, «llegando el deso den en la plebe como señala exp esamen e el ci ado in o me a mal ende las p endas más necesa ias en sus casas pa a di e i se esos días» (Ga cía-Baque o, 1991: V, 84-94). Den o de es e mismo apa ado, el a gumen o de la pé dida de jo nadas de abajo es, sin duda, el más u ilizado has a el pun o que no hay un solo censo de la ies a que no aluda al mismo. Así, el pad e Sa mien o, po ejemplo, esc i- be que «no hay co ida de o os que no enga sus íspe as y o nabodas. Quie o deci que cada una ale po es días de ociosidad es i a. La íspe a, po que se espe a; el día po que se ocupa y el día de inmedia o po que se descansa de la a i- ga de habe oceado y g i ado ... Esos días, en los cuales ni se abaja ni se gana jo nal, ni se come más de lo jus o y se bebe ul a condignum, y an lejos de gana un ma a edi, es p eci- so da muchos eales encima, po que lo admi an a se ocio- so»2. En é minos muy simila es se exp esa ambién Jo ellanos cuando señala que «los pueblos que en o os no son cie amen e los más labo iosos. Un día de o os en una capi al despe dicia odos los jo nales de su pueblo y de su coma ca. Aún en és a, despe dicia los de ida y uel a, y lo mismo puede deci se de los capi al, pues o que las isi as al campo, las eladas y encie os apa a a los jó enes del alle desde la íspe a y no los uel e a él an p on amen e. Y si además se cuen a lo disipado en ajes, bebidas y ancache- 2 Sa mien o, P.: To os en Galicia, His o ia Na u al, Ag icul u a, Población, Come cio, Policía, Leyes, Medicina, Milicia, Educación de la Ju en ud, &. C. de España, ol. 6885 (C do. Va gas Ponce, 1961: 260). Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 29 Fig. n.º 2. -Don Ped o Pablo Aba ca de Bolea, conde de A anda, g abado de época (Apud.: Iglesia, 1988: I, 208). 30 An oni o Ga cía-Baque o Gonz ál ez las a que es más expues a es a di e sión que o a alguna, ¿cuán o no subi á el cálculo?» (Jo ellanos, 1956: 265). En cua o luga , las co idas no sólo son acional- men e incomp ensibles sino que exal an lo ins in i o, lo senso ial, casi la animalidad y inculan la elicidad al iesgo, la mue e y la alga abía; como esc ibe al espec o Va gas Ponce, «Es o es en el ondo el obje o de cada co ida; es o es lo que ep esen a y lo que mul iplica las escenas: ie eza p o- cu ada po el homb e, daños y ca nice ías olun a ias, dechados pe ennes de c ueldad y de ing a i ud, y sang e e - ida y mezclas de sang e, y siemp e sang e y más sang e. Pues si és os son los ejemplos de los o os, ¿qué pueden p o- duci los o os?. Du eza de co azón, des ie o de la dulce sen- sibilidad y o ma an es despiadadas y c ueles como el espec- áculo que mi an» (Va gas Ponce, 1961: 185). Y si odo és o no bas ase, las co idas se e igen, además, como símbolo de lo incon olado, es deci , lo que no ha su ido el p oceso de o denamien o cul u al, de modo que niegan explíci amen e el ca ác e de sis ema docen e, e icaz y mo al que debe ía ene cualquie di e sión o espec áculo. De hecho cons i uyen más bien un an iespec áculo y, si no, eamos lo que esc ibe sob e el pa icula Jo ellanos: «las di e siones popula es deben se áciles, p on as, g a ui as, sencillas, inocen es, sin más apa a- o que el de la na u aleza en que deben ene su o igen y del que no deben apa a se. ¿Halla Vm. es os ca ác e es en el espec áculo de que a amos? ¿Halla Vm. uno solo de ellos?» (Jo ellanos, 1956: 265)3. 3 A p opósi o de los concep os de di e sión y espec áculo en Jo ellanos (Ál a ez San aló, 1994: I, 93-114). Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o... .. 31 Po odas es as azones, pa a los ilus ados, la pe i- encia de las co idas suponen una imagen, en e a la Eu opa de las Luces, de p i ni i is no iolen o que ni siquie a podía encaja en su admi ación po la na u aleza (po la na u aleza, cla o es á, o denada y au o egulada), en la medida que, en la ies a de o os, és a apa ece como pe e ida y exaspe ada po la ac i idad humana. Como esc iben los minis os del Consejo, D. Manuel Ven u a de Figue oa y el Ma qués de Mon enue o, en el dic amen que elabo a on a ins ancias de la Co ona y as consul a el in o me incoado po el Conde de A anda, «no puede nega se que el obje o de es as ies as se educe a que se di ie an los concu en es o bien con la mue - e iolen a de los o e os y caballos o con la mue e de los o os y que sólo la inhumanidad pudo discu i es a di e - sión ... Lo cie o es que en ninguna nación cul a se pe mi e es e espec áculo bá ba o y no hay no icia de que se pe mi a en e las naciones bá ba as; sólo en España ... se pe mi e una di e sión que sólo es buena cuando hay mue es, daños y des ozos». Y como a un espec áculo que acumula an as ca ac e ís icas nega i as no debe concedé sele an siquie a el bene icio de la posibilidad .de su e o ma, la única medida que p opond án en e a él se á la de la pe secución gube na- men al y sup esión o al, como e ec i amen e se hizo en a ias ocasiones en es a segunda mi ad del siglo XVIII. Con- c e amen e en 1754, 1778, 1785, 1787 y 1805, aunque la p o- pia ei e ación de las p ohibiciones pa ece cons i ui el mejo ejemplo de la escasa e icacia que u ie on cuando no de su casi absolu a inobse ancia (Figs. n.º 3 y n.º 4). Re isada, pues, la que cab ía conside a como la p o- pues a ilus ada o icial (o icial en cuan o que quienes la 32 An onio Ga cía-Baque o Gonzá lez PRA<;MA lCA-SANCION l!:N FOER'Z. .. DE LEY, l'OR LA QUAL SE PROHIBE QUI:: P~RSON" dlguna, de 4ualquic: clase y nndicion que » 'a, pueda usa 111 ahe e11 los coche~, be lina) ydema~c:.i uag s de Nll, .nJs de do, Mula. ú Caballos; y ambicn las ~H de ·i ~·10. de mue ce en los Pueblos del Reino, odu en l.i con o midad que se exp esa. AÑO EN MADRID - ~~~~ Ew LA IMPalNT.a J>& P&DllO M••••· F. 0 3 _ P agmá ica-Sanción que p ohíbe las ies as de o os de mue e, ig . n. · 237) Mad id, Imp en a de Ped o Ma ín, 1785 (A pud.: Día z A que , 1931: . Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 33 ~ PRAGl 1ATICA-SANCION EN FUERZ.A. DE LEY, POR LA QUAL SE PROHIBE., que pe i;ona alguna , de qualquie clase y condi- cion que sea , pueda usa ni ahc en los coches, be linas, y dcmas ca uagcs de ua, mu de dos Mulas ó Caballos; y ambi n las ies as de To os de mue e en los Pueblos del Reyno, odo en la con o midad que se exp esa. AÑO EN Fig. n.º 4.- P agmá ica-Sanción que p ohíbe las ies as de o os de mue e, Se illa, Imp en a Mayo de la ciudad, 1785 (Apud.: Díaz A que , 1931 : 239). 34 An onio Ga cía-Baque o González hacen se conside an o p oclaman los ep esen an es e icaces de la nue a iloso ía egene acionis a y o icial, igualmen e, en la medida que exis e una coincidencia en esa di ección con el pode polí ico), pa ece pe inen e que p ocedamos, segui- damen e, a examina si hubo una llamémosle espues a social a es a c uzada, quien la p o agonizó y en qué é minos se in en ó esol e la con adicción, sin elimina los ac o es undamen ales que la componían sino p ocu ando encon a una ó mula que no esul ase espec acula men e incompa i- ble con lo que pod íamos denomina el clima social de la época. Pues bien y como e emos de inmedia o, al espues- a se p odujo, es u o lide ada po los p opios p o agonis as- ac o es de la ies a y se canalizó po dos caminos o p ocedi- mien os pa alelos, cuya e icacia es amos oda ía cons a an- do, a sabe : de una pa e, median e la econducción del o eo en una p o esión; de o a, median e la es ic a codi icación de la ies a, cuyo esul ado inal se á hace la desemboca en un i ual au o izado-con olado y un eje cicio je á quico. Sob e el p ime o de los p ocedimien os se é muy b e e. Tal y como yo lo eo, al menos, el p oceso que condu- jo a la p og esi a consag ación del o e o como p o esional, con independencia de cuando u iese ealmen e su a anque, sólo podemos echa lo, documen almen e, a pa i del momen o en que és e comienza a pe cibi una emune ación po su ac i idad en la plaza y además es ci ado po su nomb e en la con abilidad de los o ganizado es de las co idas. Pues bien, a es e espec o las p ime as no icias que poseemos p o- ceden de Se illa y más conc e amen e de las cuen as de los es ejos o ganizados po su Real Maes anza de Caballe ía. En e ec o, el Ma qués de Tablan es en sus Anales de la Real Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 35 Plaza de To os de Se illa (Se illa, 1917), al e e i se a las cuen as del año 1733, comen a· que la pa icula idad que o e - cen espec o a las de años an e io es es que en ellas se ci a po ez p ime a el nomb e de un o e o llamado Miguel Canelo, quien ajus ó su abajo en 2.100 eales; es años más a de, el mismo o e o apa ece ci ado con el sueldo de 2. 108 eales y cua o o os que le egaló el Tenien e de la Maes anza. Pa a comp ende la e dade a signi icación de es os emolumen os bas e con señala que los mencionados 2.100 eales equi alen casi al doble de lo que ganaba al año un maes o de cualquie- a de los o icios mecánicos que se p ac icaban en la ciudad. A la is a de es os da os pa ece cla o que nos hallamos ya an e un au én ico p o esional de la ies a, po más que, en opinión de L.To o Buiza (Se illa en la his o ia del o eo, Se illa, 194 7), haya que an epone a su nomb e los de Ignacio Díaz y Juan Miguel Rod íguez (el iniciado de la dinas ía de los Cos illa es), ·que ac ua on en la Maes anza se illana desde 1730. T as la mue e de Miguel Canelo, acaecida en 1737, apa ecen mencionados en las cuen as de años sucesi os o a se ie de o e os (F ancisco Vene e, José Saa ed a, Cosme Rod íguez, José Hue o, Ped o Chamo o, Melcho y Pablo Conde, Juan de los San os, José Na aez, e c.), a los que desde 1743 se les denomina con el incon undible nomb e de «es oqueado es», dis inguiéndolos, además, desde 1750, con las ca ego ías de «p ime o, segundo, e ce y media espada». Po o a pa e, el hecho de que en las mencionadas cuen as apa ezcan ambién consignados los pagos hechos a o os o e- os que no se ci an po sus nomb es sino bajo la denominación gené ica de «compañe os» p ime o y, más a de, de «bande i- lle os», iene, además, a p oba que la unción del ma ado y 36 An onio Ga cía-Baque o González la de los peones es aba ya cla amen e di e enciada. T as es a b echa abie a po esa p ime a ho nada de ma ado es de o icio (en la que deben, po supues o inclui se los nomb es de los más ilus es ep esen an es del o eo asco-na a- o, con el Licenciado de Falces y Ma incho a la cabeza), un i e- enable mo imien o de p o esionalización in ade ya los cosos au inos, asegu ando la indiscu ible hege- monía sob e la ies a de los nue os p o ago- nis as y p eludiando la llegada de las p ime as g andes igu as de la au omaquia: José Candido, Ped o Ro - me o, José Rod íguez Cos illa es y José Delgado Illo · (Fig. n.º 5) . Aho a bien, pa alelo a es e am- plio mo imien o de p o esionalización se Fig. n.º 5- Goya, F ancisco: Joaquín Rod íguez "Cos illa e s", Mad id, Museo Láza o Galdiano. a a p oduci ambién un in en o log ado de codi icación que se i á pa a si ua a los nue os p o agonis as del es e - jo en una escala social supe io al iempo que les pe mi i á Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o. .. .. 37 adueña se de ini i amen e de la ies a. En ealidad se a a- ba de un co ola io lógico en la medida que a oda p ác ica di e enciada sigue una codi icación, una eo ización que la con ie e en un sabe especí ico. Bien en endido que no se a a an o de que sin es a úl ima no exis iese ese sabe cuan o de que los eo izan es lo sien an así. Conc e amen e Pepe Illo no puede se más explíci o al espec o cuando en la in oducción a su Tau omaquia o a e de o ea (Cádiz, 1796), jus i ica su ealización en los siguien es é minos: «No hay duda que en un iempo en que es á en su pun o la a ición de los To os, y an adelan ado el a e de o ea hacia al a una ob illa que demos a a sus eglas, ealiza a sus sue es y pa en iza a el débil y ue e de un a e an b illan - e». Y más adelan e ol e á a insis i en el mecanismo p ác- ica- eo ía al que an es apun amos al señala que odas las ideas y pensamien os e idos en su lib o es án. « undadas en la sabia expe iencia, que es la mad e legí ima de sus conocimien os ... que sin es a expe iencia, adqui ida po la p ác ica y no la especula i a, no es posible ace a », y de ahí que «aunque alguno haya enido sus pujos de esc ibi del To eo, no se a e ie a a a anza es a emp esa, como insu- pe able po al a de los conocimien os p ác icos». Pe o es más, dada la época en que nos mo emos, a es a necesidad de eo iza sob e un conjun o de p ác icas madu as, podemos añadi la expe iencia de las en ajas (al menos eó icas) de monopolio y de con ol, ca ac e ís icas del sis ema labo al a la sazón oda ía impe an e, a sabe : el g emio. Ello end á como esul an e la p oyección, conscien- e o inconscien e, de es e sis ema sob e la codi icación, ya que las au omaquias se i án an o pa a sis ema iza las 44 An onio Ga cía-Baque o Gonzá lez a en el o eo de capa de «la sue e de en e o a la e ónica», nos di á que «és a es la sue e que se hace de ca a al o o, si uándose el dies o en la ec i ud de su e eno ... y sus eglas son a p opo ción de los o os», es ableciendo oda una casuís - ica en su ejecución, según se a e de un o o «boyan e y cla o», de uno que se «ciñe» o bien de o o que «gana e eno y ema a en el bul o». E idén icas obse aciones in oduce al desc ibi las es an es sue es de bande illas o de mule a. El o eo deja, po an o, de se un conjun o de lances y sue es he e ogéneas y dispe sas, que emanaban de ap i udes espon á- neas, pa a con e i se en una nue a p o esión, cuyo eje cicio conlle aba el pe ec o conocimien o de sus eglas, ya que, como señala á, a su ez, Paqui o, a ando de jus i ica la necesidad de ese conocimien o, «los o os no dan iempo pa a consul a lib os ni pa ece es, y menos pa a medi a , po an o es p eciso i ~ien ins uido en odo pa a p esen a se delan, e de la es» (Figs. n.º 8 y 9). En segundo luga , iene ambién un cla o o igen g e- mial la exigencia de un conocimien o exac o y p eciso de la ma e ia p ima con la que se a a abaja , en es e caso el o o. Es e es un pun o en el que ponen un acen o especial ambos codi icado es, conside ándolo como una de las cualidades indispensable que debe ene el o e o. De ahí, pues, que se a anen no sólo en desc ibi las dis in as clases de o os (boyan es, que se ciñen, que ganan e eno, de sen ido, e ol- osos, aban os o eme osos y b a ucones), sino además en p ecisa los di e en es es ados po los que pasa en el ans- cu so de la lidia (le an ado, pa ado, aplomado, e c.), sus que- encias, an o las na u ales (las pue as del o il) como las acciden ales (las que se mani ies an a lo la go de la lidia po Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 45 algún pun o de la plaza), e c. Paqui o a aún más lejos que Pepe Illo en su a án po conoce al o o, llegando incluso a de ini los equisi os y condiciones que debe ían euni pa a la lidia; en es a di ección p oclama po ez p ime a la edad que debe ían ene , ijándola en e los cinco y los sie e años, que es, a i ma, cuando se encuen an «en su mayo ue za y i eza, co aje y al mismo iempo sencillez»; abo da el p o- blema del peso, desechando an o al o o laco, po al a de ue za y agilidad, como al excesi amen e go do, po que se cansa muy p on o, se aploma e inu iliza pa a la lidia; po Ól i- mo, ecomienda que sea un o o que goce de comple a salud y que no es é placeado. Un e ce pun o en el que es ambién ácil descub i ascendencias g emiales es la concepción je a quizada que ie - nen del o icio, anspa en ada, en e o os de alles, po el man- enimien o de una nomencla u a peculia en la que se ese a la denominación de «dies o» o· de «maes o» pa a el escalón más al o y de «peones» pa a el es o de los in eg an es de la «Cuad illa». Es a je a quización del o icio puede pe cibi se ambién en la necesidad de un «ap endizaje» p o esional que exigía el paso po una cuad illa que ga an izase la enseñanza y que, en un momen o dado, se p e endió sus i ui po un ap en~ dizaje cu sado incluso en una Escuela de Tau omaquia, como la que uncionó en Se illa en e 1830 y 1834; en úl imo é mi- no, ambién se pe cibe es e sen ido de la je a quización po la impo ancia concedida a la an igüedad en el o icio que egula, con igidez, el o den de ac uación de los dies os. Un cua o elemen o de e iden e eminiscencias g e- miales es la cla a' endencia al exclusi ismo p o esional, bien que e iden emen e muy ma izada. Desde luego,' es innegable 46 An onio Ga cía-Baque o González que, a a és de las au omaquias, los p o esionales de la lidia p e endie on ampa a se del in usismo del público en el uedo y educi el espacio de la ies a a la exposición pública de sus habilidades. Sin emba go, es e in en o p ocu ó dis aza se de modo . que no apa eciese como una au én ica imposición ni ampoco como un econocimien o de que lo que se p e endía al impedi la bajada al uedo de los espec ado es e a e i a que un homb e sin p epa ación ealizase el abajo que ellos se p e- ciaban de conoce y de ibase así la noción de exclusi ismo y su imagen de expe os. El ecu so empleado pa a ello ue p e- eni el pelig o que semejan e acción en añaba, an o pa a quien la in en ase como pa a ellos mismos, ya que el esul ado ine i able se ía la cogida. Así lo señala Pepe Illo cuando a i - ma que «las cogidas consis en en al a a las eglas del o eo», pa a añadi que «¿Qué cosa más cla a que el que sea cogido quien con igno ancia de las eglas del o eo se pone a llama ?». Paqui o, po su pa e, no es menos expedi i o al señala que «suje o a eglas el a e de o ea , no pueden po menos que se las cogidas el e ec o inmedia o de al a a aquellas». Un quin o elemen o se ía la llamada de los codi ica- do es a la au o idad pa a que a ale, ga an ice y de ienda la no ma i a, el exclusi ismo y, en suma, el nue o p o agonis- mo p o esional que ei indican. Y si, no eamos, la ehe- men e exigencia de Paqui o en es e sen ido; dice ex ual- men e: «la clase baja c ee ene en los o os una sobe anía indispu able, y debemos con esa que has a el día lo que quie e la mul i ud se hace en es as unciones. Pe o, ¿es és o jus o? Segu amen e que no ... si po los medios que pa ezcan más conducen es a las espec i as au o idades . .. se hiciesen algunos ejempla es cas igando a los que se a e en a come e Fie s a o denada, i es a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 4 7 algunos de los excesos p ohibidos y se p esen ase la su i - cien e ue za a mada pa a impone a los insolen es, se puede asegu a que bien p on o cesa ía el deso den y pillaje que hacen indeco osa es a di e sión». La ci a no deja luga a dudas sob e el papel imp escindible que las Tau omaquias conceden a la au o idad en el p oceso de a a de ija al · público en su nue a unción de me os espec ado es. Finalmen e y jun o a es os cinco pun os ienen a su ez ambién un e iden e o igen g emial algunos o os aspec os, ales como el deseo de mejo a la calidad del a e au ino, la gene alización de las no mas po encima de ámbi os locales, e c. Aho a bien, de alguna mane a las Tau omaquias son conscien es de que educen la pa icipación del público en la ies a y po ello se es ue zan en supli la con iándole un nue o papel ac i o eno memen e g a i ican e y que consis- e en hace de juez y c í ico de cuan o se ealiza en el uedo. Como a i ma á exp esamen e Pepe lllo, la inalidad que le guía al ealiza su ob a no es sólo da eglas pa a los p o e - sionales de la ies a, sino ambién pa a el público, de modo que de es a o ma «los espec ado es, ins uidos a ondo en los undamen os elemen ales de la Tau omaquia, sepan decidi sob e el e dade o mé i o de los lidiado es, adqui - iendo po ella un conocimien o que la ha de hace mucho más g a a la di e sión». De es a o ma se consigue, pues, an o el e ec o un - damen al p e endido, es deci , aleja al público del uedo, como el complemen a io de ele a la ca ego ía del p o esio- nal cuyo conocimien o p ác ico del o icio, compa ido eó i- camen e po el público, se á adecuadamen e alo ado. En 48 An onio Ga cía-Baque o Gonzá lez odo caso, ya señala á Paqui o, con oda c udeza y cla idad, que la nue a misión del público consis e en « educi se a ic- o ea y a aplaudi a los lidiado es, animándolos y en usias- mándolos más y más». Po consiguien e, las au omaquias no sólo sen a on al público de ini i amen e en las g adas y lo eduje on a espec ado es (y a se posible espec ado es bené- olos) sino que p esiona on; ambién, desca adamen e, a la au o idad pa a que con i mase y uese cómplice del nue o o den de la ies a, nue o o den que pod ía esumi se en es concep os básicos: los p o esionales en el uedo, el público en la g ada y el o den y el concie o po encima de odo. En de ini i a, a a és de la doble ía de la p o esio- nalización y de la codi icación ue cómo los nue os p o ago- nis as del es ejo consiguie on conju a las amenazas que se ce nían sob e el espec áculo au ino, supe ando, me a e e ía a deci que casi hegelianamen e, las indudables con adic- ciones que és e ence aba con espec o al denominado mode- lo ilus ado. En e ec o, subsumida en el «nue o o den» de la ies a aquella inci ación al deso den, al caos y la ana quía que pa ecían ehicula las «co idas sin leyes», no sólo se consi- guió adecua el espec áculo a las exigencias del o den social del momen o sino, ambién y sob e odo, ga an iza le su pe misi idad y pe du abilidad, ya que no en ano y g acias a las Tau omaquias, la co ida pasó a con e i se en algo «lógi- co». Pe o bien en endido que supe a unas con adicciones no equi ale a hace las desapa ece y de ahí que los pode es cons i uidos no hayan dejado jamás de ecela de una ies a a la que siemp e han conside ado cuando menos po encial- men e pelig osa. Y es que, po más que algunos se empeñen, como ha señalado exp esamen e E. Gil Cal o en su lib o Fies a o denada, ies a con olada: las Tau omaquias como in en o..... 49 Función de o os (Mad id, 1989), las co idas no pueden se eduC ibles al me o panen e ci censes, pues si bien hacen del espec ado un obje o pasi o del espec áculo que se ep esen- a, ambién pueden hace de él odo un suje o ac i o (es deci lib e, au ónomo, sobe ano e independien e), capaz de emi i juicios c ea i os y o iginales. 50 An onio Ga cía-Baque o González BIBLIOGRAFÍA Ál a ez San aló, L. C. (1994): "Di e sión, espec ácu- lo y co idas de o os en el siglo XVIII. Una esquina mo al de la ilus ación española" en Re is a de Es udios Tau inos, n.º 1, pág. 93-114. Cossío, José M.ª (1985): Los To os. T a ado écnico e his ó ico, Mad id, (9ª ed.), . II, págs. 124-156. Daza, J. (1959): P ecisos manejos y p og esos condo- nados en dos omos del más o zaso peculia del a e de la ag i- cul u a que lo es del o eo p i a i o de los españoles, Mad id, Unión de Biblió ilos Tau inos, . I (único publicado). 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