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Luis Cernuda

García Fernández, Carlos

Full text

LUIS CERNUDA Po CARLOS GARCÍA FERNÁNDEZ Se llama del Ai e es a calle es echa, oda somb a, donde el elemen o que le da nomb e es una pe ilada línea de es- cu a en los meses de e ano y en los de in ie no, un cuchillo húmedo que se nos cla a en el cos ado, dando su úl imo e- lejo an es de en aina se en nues a ca ne. Al en a en la calle del Ai e, pa sa mos po la de Má moles, donde se en so e ados unos es os , unas columnas « que dan idea de las p opo ciones gigan escas del edi icio a que e s u - ie on des inadas» según nos dice Ges oso, compañe as de las de la Alameda, igno ando si el emplo e a en hono de Baco, Venus, Diana u o a di inidad gen ilicia. Ya en nues a calle es á la casa en que i ió el poe a, des- pués de en la calle Ace es y en los P abellones del Regimien o de Zapado es, cuando la co onelía de su pad e. La casa es á p imo osamen e dibujada po G ega io P ie o y es po ello conocida de odos los amigos de las le as . La ecuen ábamos al anochece . Según se en aba, el pa- inillo, a la de echa la escale a y despu és una sali a senc illa, po cuya en ana en los allos de la con e sación oíamos la in e ogan e del pe enne sonido de un ino su ido . Fuimos muchas eces, algunas con An onio Callan es, Ma- nuel Go dillo y An onio Meneses. En cie a ocasión, nos es- pe aba allí Fe nando Villalón pa a una conspi ación poé ica con a «Mediodía », qu e no secundamos. Luis e a se io, pulc o, ese ado. Su hosqu edad, an in o- 60 CARLOS GARC1A FERNÁNDEZ cada, e a más bien imidez y añadía a ella un p ema u o has- ío, es ilo de Beaudelai e que e a uno de sus poe as p edilec os El egazo del has ío de que nos habla en sus e sos. Allí casi siemp e solo, unas eces despie o y o as do mido, pa- seando en con aluces, es aba el poe a, el g an poe a, uno de los mejo es que ha dado Se illa. T abajaba despacio, ehuyendo la p isa y el des a ío que alejan a la belleza. Esc ibía y ompía has a log a que su inspi ación hubiese omado o ma ma e ial de ini i a. Po aquellos años o o poe a se illano ll enaba de bo ado es o os la papele a en una casa de huéspedes de Sego ia . El blanco papel acío es muy di ícil de llena . Esc ibiendo, leyendo en es pañol y en ancés, siemp e alejado del mundo. Solo acudía a la ll ama da del cine y los concie os, ue a de ellos pe manecía año ando «la ie na imagen ajena». En el e ano del ein iocho, mu ió su mad e. Unos cuan- os amigos y amilia es, le acompañamos en el en ie o. Ya nada le e enía en Se illa y a eglados unos asun os amilia- es y económic os, en alguno de ellos le p es ó ayuda nues o pad e , se ma chó a in de e ano. De sde Málaga, desde Mad id , desde Ba celona y desde Tou- louse nos mandaba po s a les y alguna ca a: «Unas pos al es son poco pa a el in e és y a ec o que sien o po i». No icias del ausen e y en una de las ca as, que gua da- mos como un eso o, elogiaba unos e sos que le habíamos mandado. Vol imos a e le en diciemb e del ein inue e en ocasión que con amos en o o luga . También en el mes de junio del año ein a y uno es u imos con él en a ias ocasiones en Mad id. En el año mil no ecien os ein a y cua o e aneábamos en A acena y llega on las «M i siones Pedagógicas» en su a ea que se ena men e hay que alo a como buena. Le acompaña- ban, él e a je e de la expedición, o o inspi ado poe a, A u o Se ano Plaja, y un pin o llam ado P i e o. Oímos sus con e encias, que insis o es aban llenas de amo al a e y la his o ia de España. Fue on cua o días en que no nos sepa amos y no amos en él una no edad: pasión polí ica, LUIS CERNUDA 61 que sin so p ende nos nos pa eció una p eocupació n que an- es no había enido. Supimos de su es ancia en Lond es y en Amé ica. Leímos Ocnos, uno de los más gene osos ibu o s que se han endido a Se illa. Supimos ambién de o os lib os y de su mue e. D es de Ingla e a, como un siglo an es el Duque de Ri as des de Mal a, año aba a su ciudad na al. El poe a omán ico eco daba la o e de Có doba, y el se illano echa ba de me- nos las campanas de la Gi alda, que nun ca pensó que a dis- ancia pudie an ene an a signi icancia pa a él. O as eces nos habla del ío y ecue da a José Ma ía Iz- quie do, con sus pa illas de chispe o, paseando po su o illa y le en idia al e le a incado en su ciud a d, enunciando eli- ces opo unidades. Los ja dine s del Alcáza , las iendas de la Plaza d el P an a la espalda del Sal ado y un hu e o donde iba con su mad e a co mp a lo es, de lo que hemos hablad o en o a ocasión . Se illa embellecida po la dis ancia, en que el « esco e- ano ll ena a nd aluzas soledades», como nos dice pa adógica- men e en una décima ma a illosa. Poe a y pe eg ino, como pued e se ll ama do con más azón qu e B e ce o, lejos, año an e. Es una de la s oces más au én- icas de la escuela anda luza « ina y ía ». Con ialdad de agua de pozo, agua más honda que las úl imas aíces. La Se illa de Fe nando de H e e a, de Mu illo, de Bécqu e , de la niñez de los Machado, de los Quin e o. Se illa a seca sin nada que la des igu e o aba a e. Sus g an des amigos, compañe os de c u so , Higinio Capo e y José de Mon es han mue o ya . Yo, ami go m eno , ecue do a es e poe a sob e el que se ha esc i o mucho y se esc ibi á más y al qu e se lee á s iemp e. Los e udi os c umplen su mi sión al es ud i a su ob a y acu- mula da os, algunos lo han hecho con mu c ho acie o. Los ami gos en emos o o menes e : eco da le.