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El ataque del 7 de octubre de 2023: ¿Hamás como grupo terrorista o como factor de desestabilización regional?

Rivas Nieto, Pedro; Rey García, Pablo

Abstract

El 7 de octubre de 2023 Hamás ejecutó el mayor atentado que Israel sufrió en toda su historia. Hizbolá y el régimen iraní fueron copartícipes y quizá se llevó a cabo porque Hamás se había convertido en un actor con capacidades suficientes para quebrar la estabilidad que los Acuerdos de Abraham habían dado al área. En este artículo se estudia la evolución ideológica de Hamás, la respuesta de Israel al ataque, los fines que este buscaba, y se analizan los efectos que aún siguen en curso. El texto es el resultado de varias estancias de investigación y se han empleado fuentes documentales y entrevistas con miembros de grupos armados y agentes de inteligencia para fortalecer el análisis.

Full text

Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 El ataque del 7 de octubre de 2023: ¿Hamás como grupo terrorista o como factor de desestabilización regional?1 The attack of 7 October 2023: Hamás as a terrorist group or as a factor of regional destabilisation? Pedro Rivas Nieto2 Universidad Loyola Andalucía (España) ORCID: https://orcid.org/0000-0002-2829-7294 Pablo Rey-García3 Universidad Pontificia de Salamanca (España) ORCID: https://orcid.org/0000-0001-9962-7003 Recibido: 20-03-2025 Aceptado: 04-05-2025 Resumen El 7 de octubre de 2023 Hamás ejecutó el mayor atentado que Israel sufrió en toda su historia. Hizbolá y el régimen iraní fueron copartícipes y quizá se llevó a cabo porque Hamás se había convertido en un actor con capacidades suficientes para quebrar la estabilidad que los Acuerdos de Abraham habían dado al área. En 1 Este artículo se vincula con el proyecto de investigación denominado FAKESPOTTING, cuya referencia es KA203-6CDB50C8, y ha sido financiado por la Comisión Europea. 2 ([email protected]) Profesor Titular y Vicedecano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Loyola. Su campo de trabajo es la violencia política. Entre sus principales publicaciones están La guerra desinformativa de Putin (Tirant 2023), Terrorismo y antiterrorismo en el mundo contemporáneo (Random House, 2013), Doctrina de Seguridad y Regímenes Militares de Iberoamérica (Libro Universitario, 2009), Oriente Próximo y Nuevo Terrorismo (Fragua, 2007) u Orden Internacional y Conflictos (Biblioteca Nueva, 2007). 3 ([email protected]) Profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia de Salamanca. Sus líneas de investigación abarcan el conflicto, la fotografía y la propaganda de guerra. Sus últimas publicaciones son La nueva anarquía o el Zeitenwende. El conflicto de Ucrania como marcador de un nuevo periodo histórico (2024), Disuasión y legítima defensa anticipatoria. Dimensiones éticas (Descleé de Brouwer, 2023), El pacifismo errático (Tirant, 2022) o War memorials, between propaganda and history: Mleeta Landmark and Hezbollah (2020, https://doi.org/10.1080/0 9548963.2020.1815175). 62 Pedro Rivas Nieto y Pablo Rey-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 este artículo se estudia la evolución ideológica de Hamás, la respuesta de Israel al ataque, los fines que este buscaba, y se analizan los efectos que aún siguen en curso. El texto es el resultado de varias estancias de investigación y se han empleado fuentes documentales y entrevistas con miembros de grupos armados y agentes de inteligencia para fortalecer el análisis. Palabras-clave: Hamás, terrorismo, guerra, escalada, inestabilidad. Abstract On 7 October 2023 Hamás carried out the biggest attack Israel has ever suffered in its history. Hezbollah and the Iranian regime were co–conspirators, and it may have been carried out because Hamás had become an actor with sufficient capabilities to shatter the stability that the Abraham Accords had brought to the area. This article examines Hamás's ideological evolution, Israel's response to the attack and the ends it sought to achieve, and analyses the effects that are still ongoing. The text is the result of several research sojourns and uses documentary sources and interviews with members of armed groups and intelligence agents to strengthen the analysis. Keywords: Hamás, terrorism, war, escalation, instability. Las armas tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida. Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Capítulo XXXVII 1. Introducción Al enfrentarse a los problemas derivados de las artes de la política y de la guerra, no debe tenerse en cuenta lo imposible, pero sí lo improbable. No era probable que el Sultán del Imperio Turco llegase en el siglo XVII a acuerdos con el cardenal Richelieu, defensor de la católica Francia e inventor de la razón de Estado, pero los alcanzó. Tampoco que el Tercer Reich firmara un pacto con la URSS y, sin embargo, se rubricó el MolotovRibbentrop. Parecía improbable que miembros de Jabhat Al-Nusra recibieran atención médica en hospitales militares israelíes (EAI, 2016) después de que Hizbolá, con la anuencia de algunos países occidentales4 combatiese en 4 Para la Administración estadounidense, tanto el brazo político como el armado de Hizbolá son terroristas. Para los países de la Unión Europea, solo es terrorista el brazo armado. Se ideó así para tratar con Hizbolá sin que se pudiese acusar a los mandatarios europeos de reunirse con terroristas (Mussawi, 2016). 63 El ataque del 7 de octubre de 2023: ¿Hamás como grupo terrorista o como factor de desestabilización regional? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 Siria al Daesh. Y tampoco era probable que Hamás estuviese en condiciones de perpetrar el mayor ataque terrorista jamás cometido contra Israel en sus 75 años de historia el día en que se cumplían los 50 años del inicio de la guerra de Yom Kipur. No obstante, todo ello ocurrió. En este artículo se reflexiona acerca de un asunto reciente e inquietante: cómo Hamás llegó a ser un factor desestabilizador de la región cuando parecía que los Acuerdos de Abraham la estabilizaban. Hay una fecha muy clara que da inicio al trabajo: el 7 de octubre de 2023, acaso continuación difusa del 11 de septiembre de 2001, que brotó a ojos islamistas como “la aurora de un milenio islamista triunfador y salvador sobre los escombros del Occidente impío” (Kepel, 2020: 50), el alba de un nuevo milenio cristiano que pareció sustituir el antagonismo de la Guerra Fría por un conflicto entre el Oriente islamista y el Occidente, que a la larga sería destruido. Recuérdese que, en Washington, por boca de Brzezinski, consejero de Seguridad Nacional del presidente Carter y primer arquitecto del apoyo de Estados Unidos al yihad afgano, se atribuyó a combatientes del yihad el fin de la URSS. Los yihadistas obtuvieron así prestigio ante sus correligionarios para imponerse a escala mundial con fuerza imprevisible. Las dos premisas del estudio son sencillas y no son conjeturas en los estudios especializados: 1) el islamismo –la versión fundamentalista del islam– crece en la región desde hace tiempo de la mano del terrorismo y 2) Hamás, cuyo objetivo es la destrucción del Estado de Israel y la eliminación de los judíos –pese a haber modificado estos postulados en 2017 en una revisión de la carta fundacional que se ha comprobado mendaz– se ha fortalecido durante años y llegó a ser una organización terrorista con estructuras militares formales, no una mera organización clandestina con células descentralizadas en red (Carter, 2023). Partiendo de estos indicios, conectados entre sí (EAI 2018, 2019, 2024; EMGA 2016, 2021; Rivas y Rey, 2021), cabe formular las siguientes preguntas: ¿Qué ha ocurrido con el islamismo que profesan estos combatientes sin límites? ¿Qué evolución ha tenido el terrorismo suní materializado en Hamás? Y, tras ellas, cabe plantearse lo siguiente: tras el ataque y la subsiguiente respuesta israelí, ¿qué pretendía de verdad Hamás?, ¿qué ha logrado y en qué momento del (des)orden posterior se está a escala regional? El objetivo último de este artículo es explicar todo esto. Es cierto que las características de Hamás, y las circunstancias políticas de Oriente Próximo y Medio son muchas, y que lo conveniente sería estudiarlas todas, pero no es posible por falta de espacio en un artículo académico. Por eso, lo que más importa a este trabajo es responder a las preguntas anteriores teniendo en cuenta que los principios citados se encarnan en un grupo tan hábil y controvertido como Hamás –quienes lo llamaban “terrorista” hace año 64 Pedro Rivas Nieto y Pablo Rey-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 y medio acaso no sean tantos como quienes lo consideran ahora “milicia” o “movimiento de resistencia”. En este artículo, la reflexión y el análisis se han hecho de varias formas: con fuentes documentales de disciplinas diversas, trabajo hermenéutico, fuentes orales y trabajo de campo. El trabajo bebe de varias estancias de investigación llevadas a cabo en varias fases, de entrevistas y conversaciones y de la disección metódica de documentos ligados con el terrorismo en centros de investigación de países de Oriente Próximo: la American University en Beirut, la Hebrew University en Jerusalén y el Meir Amit Intelligence and Terrorism Center en Tel Aviv. Se ha servido también de conversaciones con algunos miembros de grupos armados5 en países de dos continentes (Líbano, Israel, Colombia) y en territorios sin estatus estatal (Cisjordania), cuyos contenidos se han utilizado, tras depurarlos, para esta reflexión. Esto se contrastó con otras fuentes: entrevistas con agentes de inteligencia en activo o retirados6. Su misión es combatir al terrorismo, no la investigación académica; trabajan con indicios y tendencias para proveer de información a los decisores políticos, no con pruebas válidas ante un juez. Por esos motivos se les entrevistó purgando cuidadosamente sus comentarios y confidencias. Su aportación fue valiosa para favorecer el análisis y la reflexión que dan forma a este trabajo. Dada la relevancia de las fuentes orales, en este estudio se empleó la técnica de entrevista no estructurada de élites (Manheim y Rich, 2002: 182), basada en la clásica focused interview de Merton y Kendall (1946). Ese método implica la selección por parte de los investigadores de un panel de expertos a quienes se interroga buscando categorías de estudio específicas en cada uno de ellos. El trabajo se organiza de la siguiente manera: la primera parte es esta introducción, en la que se plantea el problema y se explican los motivos por los que estudiar a Hamás y el ataque del 7 de octubre de 2023. En segundo lugar, se examinan, de forma somera, la naturaleza del islamismo internacional y la de sus huestes. En tercer lugar, se investiga la evolución ideológica y doctrinal de Hamás en tres fases diferentes: en su origen y desarrollo posterior (1988– 2017), tras la modificación de su Carta en 2017 y tras los Acuerdos de Abraham firmados en 2020. En cuarto lugar, se reconstruye qué ocurrió el 7 de octubre y qué objetivos tenía Hamás, qué respuesta dio Israel y qué se ha logrado. Por último, están las conclusiones del artículo. 5 Dentro del texto, cuando se haga referencia a una Entrevista con Miembros de un Grupo Armado, se abreviará así: EMGA, seguido del año en que tuvo lugar. No se dirán nombres, nacionalidades o lugares en los que se obtuvo la información por compromisos adquiridos y motivos de seguridad. 6 Dentro del texto, cuando se haga referencia a una Entrevista con Agentes de Inteligencia, se abreviará así: EAI, seguido del año en que tuvo lugar. No se dirán nombres, nacionalidades o lugares en los que se obtuvo la información por compromisos adquiridos y motivos de seguridad. 65 El ataque del 7 de octubre de 2023: ¿Hamás como grupo terrorista o como factor de desestabilización regional? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 2. Islamismo combatiente: los guerreros sin tabúes Escribe Ignatieff (2022) que después de 1989 fuimos presa de la ilusión de que la política mundial era una historia de libertad y que luego aprendimos que la historia es la “del orden conseguido por medio de la violencia que poco a poco, cede, una vez más, al caos”. Esta idea puede aplicarse al islamismo internacional pues, mientras el terrorismo se modificaba en Oriente Próximo y Medio, se fortalecía en la región la vertiente fundamentalista y degradada del islam oficial, que busca retornar a los tiempos de la primera comunidad musulmana de Medina. El islamismo es radical por la interpretación que hace de la palabra de Dios y de toda la historia de Oriente y de Occidente y propone como solución definitiva la vuelta a las raíces del Islam (Etienne, 1996; Rivas, 2017). Es una ideología internacionalista que abomina de Occidente y odia a Israel, ataca de forma indirecta para aumentar el temor, deforma los conceptos de apostasía y de yihad como coartada y quiere unificar las escuelas jurídicas del islam para extenderse por el mundo (De Arístegui, 2004: 73). A ese islamismo también se le ha llamado islamofascismo (Pollitt, 2006) para demonizarlo, y puede ser un peligro parecido al que el fascismo (Bar–On, 2018), con todas las variantes conocidas, supuso para las democracias. La clave es que el islamismo tiene vertiente religiosa y, además, una fuerza expansiva y revolucionaria –el yihad–, que permite combatir a lo que se quiera. Lo hace tras la desaparición de los ideales de liberación del género humano en el viejo proyecto revolucionario, cuando ni la clase trabajadora, ni los pueblos oprimidos, ni las tierras invadidas por imperialistas parecen ser ahora mismo un fin por el que luchar con la hondura de las convicciones revolucionarias de antaño, ni solo con sus métodos. Sin embargo, el yihadismo da un salto cualitativo que combina la dimensión suicida con la glorificación pública de una violencia justa, y adquiere la aureola legendaria de las guerrillas de hace decenios, apagados los rescoldos de las proclamas revolucionarias clásicas –quizá no del todo, visto lo que ocurre en parte del mundo–. Si para algunos revolucionarios musulmanes el islam superaba los modelos soviético y chino y revivía la idea de progreso –aunque la revolución que quería reconstruir se asemejaba a la iraní– se entiende que Nab´a (2006), antiguo maoísta, dijera que en Oriente Próximo el siglo XX solo había tenido cuatro figuras carismáticas: Nasser, Arafat, Jomeini y, uniendo en él a las tres anteriores, el secretario general de Hizbolá, el jeque Hasán Nasralá –muerto en 2024 por las represalias israelíes posteriores al sangriento atentado del 7 de octubre de 2023–. 66 Pedro Rivas Nieto y Pablo Rey-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 No es baladí esto último porque ha sido Hizbolá quien ha adiestrado a los miembros de Hamás durante mucho tiempo7. Kepel (2020: 276) escribió que “existió de entrada una convergencia ideológica entre los Hermanos Musulmanes y la República Islámica: ambos tenían su núcleo en la clase media piadosa y estaban determinados a establecer un régimen político– religioso. Teherán y su extensión, el Hizbulah libanés, habían aportado su apoyo a Hamás, por muy suní que fuera, ya desde su creación, en diciembre de 1987”. Además, en la lógica islamista el terrorismo es un acto de legítima defensa, máxime cuando la moral tradicional de los tiempos de guerra se ha desvanecido (Bárcenas, 2020). A la vista está que Hamás, después del pogromo de 2023, ha obtenido respaldo directo e indirecto incluso en los campus de algunas universidades de la Ivy League (Schamis, 2025: 3) o entre eurodiputados y ministros de gobiernos de países de la UE, como el de España (Bono, 2023). Los nuevos combatientes de los conflictos llamados “de baja intensidad” son desarraigados que no distinguen entre la guerra y la paz, neutrales y combatientes, guerreros e inermes. Para ellos, el enemigo es el resto del mundo, pues aseguran que el conflicto es ubicuo (Rivas, 2017; Rivas, Rey, McGowan, 2020). La promesa de la victoria final es siempre ejemplar para la construcción del discurso militante violento y, en esta lógica, la denominada “lucha armada” se vuelve un acto de fe (Sing, 2011: 7) porque hay sobreabundancia de guerreros sin tabúes, dispuestos a empuñar las armas en primera instancia, cuya renovación se garantiza gracias al levantamiento de las prohibiciones tradicionales, a pesar de que para captarlos se invoquen viejas leyes y tradiciones. Glucksmann dijo de ellos que eran advenedizos del Kalashnikov, beatos del cuchillo (2002: 29). Añádase algo más: el corpus de pensamiento del fundamentalismo islámico invierte el orden mundial de Westfalia pues el Estado no puede ser punto de partida de un sistema internacional donde los Estados son seculares y, por tanto, ilegítimos. “En el mejor de los casos –escribe Kissinger (2017: 130)– pueden alcanzar una suerte de estatus provisional camino a una entidad religiosa en una mayor escala”. Conviene tener muy en cuenta este principio para no interpretar erradamente los objetivos de Hamás que, por si fuera poco, se ha convertido en la versión más radical y violenta posible de sí misma, con comportamientos tácticos más propios del Daesh que los de otras milicias palestinas, como las que operaban en Cisjordania en los dos últimos años (Hatuqa, 2023). 7 Durante el tiempo que miembros de Hamás fueron deportados al Líbano –desde diciembre de 1992 a 9 de septiembre de 1993– Hamás desarrolló sus contactos con Hizbolá y se estableció en los campos de refugiados del Líbano (Mannes, 2004: 15). 67 El ataque del 7 de octubre de 2023: ¿Hamás como grupo terrorista o como factor de desestabilización regional? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 3. Ideología y cosmovisión de Hamás 3.1. Hamás tras su Carta Fundacional (1988–2017) Hamás nació el 15 de diciembre de 1987, pocos días después del surgimiento de la Intifada (Mishal y Sela, 1997: 9), tras años de preparación del jeque Yassin y entró en escena en agosto de 1988, cuando se hizo pública su carta fundacional. Surgió de la antigua sección palestina de los Hermanos Musulmanes, movimiento islamista sunní fundado en 1928 por Hassán Al Banna (Sela, 2005: 14). Ya en septiembre de 1989 Israel ilegalizó a Hamás. Desde los inicios su forma de trabajar en los territorios ocupados se asemejó a lo que en otros lugares hacían los Hermanos Musulmanes: incidir en la caridad para que los factores sociales, médicos y educativos islámicos envolvieran a la comunidad y se lograra amplio apoyo popular y financiación. La estrategia era la “acción desde abajo” que lograse cambio social (Sela, 2005: 14; Mishal y Sela, 2006) mediante la enseñanza y la predicación (da ´wa) del Islam para convertir la sociedad en una verdadera comunidad islámica sometida por completo al gobierno de Dios y a la ley islámica (shari ´a). Hamás y sus adláteres querían transmitir ese fin e insistían en que en ella no había objetivos ni métodos terroristas. Sin embargo, Hamás siempre se ha adherido a los métodos violentos pese a su esfuerzo por separar, con flexibilidad, el frente político, el social, el cultural y el religioso de sus operaciones armadas (Hilal, 2006; Usher, 2006: 34). La decisión de Hamás de combatir en armas a Israel incorporó al grupo la ideología nacionalista, antes rechazada por los Hermanos Musulmanes en Gaza por no religiosa y cercana a la blasfemia (Sela, 2005: 16). La decisión de Yassin y sus lugartenientes de transformar el movimiento en organización política y armada le permitió ser un movimiento autónomo popular para desafiar a Fatah, que ofrecía su versión islámica del nacionalismo palestino (Sela, 2005: 31). Conviene señalar que Hamás adoptó la interpretación defensiva del yihad (Rivas, 2006) como estrategia única para la “liberación de Palestina” y no solo fue el instrumento más poderoso para la movilización y la legitimación, sino que también sirvió para explotar el celo religioso y reclutar voluntarios para misiones terroristas suicidas contra objetivos israelíes (EAI, 2019; Kahati, 2019). La Carta Fundacional de Hamás de agosto de 1988 retrató al movimiento como una alternativa a la OLP. Hamás era un movimiento palestino islámico cuyo objetivo final era que el Islam reinase en Palestina desde el Jordán hasta el Mediterráneo. Su artículo sexto aseveraba que solo bajo la sombra del Islam pueden las demás religiones coexistir, y mantenía que sin el Islam reinarían el conflicto, la opresión, la corrupción y la guerra (en Rubin y Calp, 2002: 54). La 68 Pedro Rivas Nieto y Pablo Rey-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 tierra era una donación islámica eterna (waqf) que no debía verse comprometida y, para liberar a Palestina del sometimiento a Israel –enemigo de Dios y del Islam–, había que hacerle el yihad (Sela, 2005: 19). El despertar islámico se volvía pieza esencial para luchar contra Israel (Mannes, 2004: 113) pues atacaba al sionismo como doctrina y al Estado que lo encarna, así como al judaísmo y a quienes lo profesan (Goldenberg, 2007). La Carta era –y es– categórica –aunque esta afirmación disguste a quienes creen que cabe leerla entre líneas porque su contundencia es solo exageración retórica y fórmula para negociar partiendo de una postura de máximos–: el objetivo es la destrucción del Estado de Israel y la eliminación de los judíos. Ya en el Preámbulo de la Carta se dice: “Israel existirá y continuará existiendo hasta que el Islam lo destruya, tal como ha borrado a otros antes” (Carta de Hamás, 1988). Esto se agravó tras la victoria electoral de Hamás en 2006 porque el rechazo de la solución negociada se fortaleció al aliarse con las organizaciones yihadistas de la región (Gold, 2007). Las razones esgrimidas por Hamás representan “verdades superiores a las reglas y las normas del orden internacional westfaliano o de cualquier otro. Han sido el grito de batalla de radicales y yihadistas en Oriente Próximo y más allá durante décadas” (Kissinger, 2017: 129). Sin embargo, Hamás se abstenía de usar la fuerza sistemática contra cualquier organización palestina –pese a las enormes diferencias que pudiera haber entre ellas, como ocurría con respecto a aceptar o no acuerdos de paz con Israel– en una contención útil para sus intereses. Cuando grupos como Fatah –cuya apariencia de creciente islamización dado el uso de símbolos islámicos y versos coránicos en sus proclamas, que eran solo utilitarias– seguían adheridos al nacionalismo y no a un modelo teocrático de Estado (Frisch, 2005: 403), Hamás evitaba el enfrentamiento directo, a pesar de que sabía que su discurso era secular y que le daba ventaja en foros regionales e internacionales. Cabe recordar que las actividades sociales y políticas de Hamás han tenido lugar en Gaza y en Cisjordania, pero sus acciones terroristas también dentro de Israel porque, al margen del prestigio que les da entre sus correligionarios, muestra con ello –a diferencia de la ANP– que Palestina es una unidad y no hay diferencia entre Israel y los territorios ocupados. Es una consistente aplicación del yihad que facilita la movilización popular y les diferencia de Fatah. Parecía que esto iba a cambiar el 1 de mayo de 2017, con la revisión de la Carta Fundacional. 3.2. Hamás tras la Carta de 2017 Hamás aprobó el 1 de mayo de 2017 su nueva carta doctrinal y relevó su liderazgo. Meshal presentó en Doha los 11 capítulos y 42 artículos del Documento de Principios Generales y Políticos, que adaptaba los de 1988 y 69 El ataque del 7 de octubre de 2023: ¿Hamás como grupo terrorista o como factor de desestabilización regional? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 parecía poner fin a un pleito de cuatro años en el que sus representantes de Gaza, Cisjordania, las cárceles y la “diáspora” se entendían (Núñez, 2017). En esa carta (Hamás, 2017) se aceptaba a la OLP como representante del pueblo palestino, las fronteras posteriores a la Guerra de los Seis Días como las del futuro Estado palestino (aunque eso no implicara necesariamente reconocimiento de Israel), Jerusalén como capital, el retorno de los refugiados y la independencia de Hamás de los Hermanos Musulmanes de Egipto. Si los estatutos de 1988 interpretaban la ocupación de Palestina como una batalla religiosa entre musulmanes y judíos y se declaraba que Hamás era parte del movimiento islamista transnacional (Domínguez de Olazábal, 2017), el nuevo manifiesto de Hamás parecía definir a Hamás como un movimiento de liberación nacional contra el sionismo, no contra el judaísmo (Dadoo, 2017) Un Estado palestino basado en las fronteras de 1967 significaba una solución de dos Estados –es decir, la postura de Al Fatah, la OLP y la mayoría de los partidos políticos que representan a los ciudadanos palestinos de Israel. Por tanto, Hamás era consciente de que debía buscar nuevos apoyos en la comunidad internacional y entenderse con Egipto si Al Sisi quería frenar a Daesh en el Sinaí y Hamás hacerlo en Gaza, y si no quería parecer culpable de las desgracias de la población palestina. Abbas presionaba a Hamás y lanzaba mensajes a Qatar y Turquía para que convencieran a Hamás de la necesidad de negociar con Fatah, e Ismail Haniyah confiaba la jefatura de Hamás en Gaza a Yahya Sinwar, figura destacada de su brazo armado –extremista que siempre ha rechazado la reconciliación con Israel– y se convertía en la cara de su Oficina Política, sustituyendo a Meshal. Aquel discurso de Hamás resultó ser falso y, ya entonces, poco creíble. Si en junio de 2007 se había hecho con “plenos poderes en Gaza” (Kepel, 2020: 395), era ilusorio pensar que se habían moderado tanto. Creer en que una organización así se abstendrá de injerirse en los asuntos de otros países es un error porque los yihadistas tienen la obligación de convertir el mundo de los no creyentes. “La pureza –dice Kissinger (2017: 130)–, no la estabilidad, es el principio guía de esta concepción del orden mundial”. 3.3. Hamás tras los Acuerdos de Abraham y hasta el 7 de octubre (2020-2023) Los Acuerdos de Abraham molestaron a Hamás porque suponían la victoria del realismo geopolítico sobre el simbolismo transnacional de la causa palestina, con escasas reacciones en contra entre los gobiernos del mundo árabe. Además, la población de la región compró con facilidad “el principio de paz árabe–israelí sin paz israelí–palestina” (Marteu, 2021: 18), lo cual empujó a otros países a dar el paso, como Sudán y Marruecos. 76 Pedro Rivas Nieto y Pablo Rey-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 la franja de norte a sur, e inició la ofensiva sobre Jan Yunis, plaza fuerte de Hamás. Poco a poco, con gran eficacia –con información de inteligencia obtenida en el campo de batalla en tiempo real para las fuerzas terrestres, incluidas las unidades blindadas –(Goldman, 2023), se fue haciendo con el control de la Franja. La tercera fase comenzó oficialmente el 29 de septiembre de 2024 (Emergui, 2023) y redujo las operaciones de castigo por otras de mayor precisión ampliando los frentes al Líbano y Yemen, pero de hecho comenzó en julio cuando Israel empezó a ejecutar a los líderes de los grupos que iniciaron el 7 de octubre los ataques a su territorio. El 13 de julio moría el líder de las Brigadas al Qassam, Mohamed Deif. Días después lo hacía en Teherán Ismael Haniyah, cabeza de la oficina política. Al Arouri –segundo de la oficina política y representante de Hamás en el Líbano–, Marwan Issa –subcomandante del ala armada de Hamás– y Salameh – comandante del batallón de Jan Yunis– y Al Qarara –de las Brigadas al Qasam– también morían, con un desmantelamiento casi total del alto mando de Hamás (Priego, 2024: 11). Y en septiembre se recrudecieron los ataques en el Líbano y en Yemen para acabar con los líderes de Hizbolá y con los hutíes. En el caso del Líbano las incursiones israelíes no querían ocupar el territorio sino acabar con los centros de lanzamiento de misiles y con los túneles, al modo de Gaza. La idea de que hubiese sido mejor centrarse en asesinatos selectivos para eliminar a los líderes clave de Hamás –y reducir las bajas civiles– asemejándose a lo que hizo Estados Unidos en Irak y Afganistán, soslaya que esa fórmula no funcionó. No destruyó a las organizaciones y Al Qaeda y Daesh se reorganizaron varias veces en Irak, Siria y Afganistán. Los asesinatos selectivos dañan a un grupo terrorista, pero no lo destruyen, sobre todo si es grande, consolidado territorialmente y bien dirigido (Carter, 2023: 2), como Hamás. Sus brigadas armadas estaban organizadas para sobrevivir a la acción militar israelí, con unidades y jerarquías de mando que facilitan la recuperación de jefes abatidos y la destrucción de elementos de las unidades organizadas desde el escuadrón hasta la brigada como un ejército convencional (EAI, 2025). Si las unidades sufren bajas y los jefes mueren, el diseño de la estructura de mando permite la continuidad. Por tanto, los asesinatos selectivos por sí solos, ni hubieran debilitado, ni destruido, a Hamás. Un amplio número de comandantes bien adiestrados y experimentados podía reconstruir la organización y dar formación táctica a nuevos miembros. Por otro lado, la respuesta israelí necesitaba algo más que ajusticiar a los responsables de la matanza del 7 de octubre. Israel quería el control territorial de Gaza para demostrar a los palestinos –también a los de Cisjordania– que Hamás era incapaz de protegerles, al igual que el asalto de Hamás puso en duda la confianza de los israelíes en sus fuerzas armadas (Arteaga, 2023: 4). 77 El ataque del 7 de octubre de 2023: ¿Hamás como grupo terrorista o como factor de desestabilización regional? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 En esta guerra, Israel se enfrentaba a una amenaza a su propia existencia tras años de miopía estratégica que habían subestimado a Hamás: la mera contención de la violencia no funcionó y cuestionó la capacidad disuasoria israelí. O Israel demostraba que podía imponerse militarmente mediante el uso de la fuerza sin contemplaciones, o quedaba condenado a la debilidad en el área, algo a lo que no estaba acostumbrado (Elran, 2023), con el riesgo de que otros enemigos intentasen lo mismo. La proyección militar de Israel es más limitada de lo que suele pensarse –está en el puesto 34 de 150 países (Índice Elcano de Presencia Global, 2023), el reclutamiento interno era reducido y la población alistada no aportaba suficiente pie de fuerza para desarrollar guerras largas y cruentas. Los 170.000 soldados en activo y los 465.000 en reserva de antes de la guerra (IISS, 2023: 331) no eran suficientes para mantener la seguridad del país. Y si se tiene en cuenta que, de octubre a noviembre de 2023, Israel fue blanco del mismo número de misiles que Ucrania encajó por parte de Rusia durante 30 meses de guerra (El Mundo, 2024), se entienden mejor tanto la respuesta de Israel como sus necesidades defensivas. 4.4. ¿Qué está pasando en la región una vez acabada la guerra? Año y medio después de empezada la guerra –que es cuando se ultima este texto– parece haber fallado el plan de ataque: llevar a Israel a una feroz guerra terrestre en Gaza en la que la resistencia de Hamás y las presiones internacionales contendrían al Tsahal, limitado a su vez por el derecho internacional humanitario y por la obligación de recuperar al mayor número posible de rehenes con vida. Es decir, en donde el atacante lograría el empate táctico y la victoria estratégica (EAI, 2025). No era un plan inconsistente pero las crueldades del pogromo de octubre fortalecieron a la sociedad civil israelí, que legitimó con su respaldo a las Fuerzas Armadas israelíes y achicaron las críticas del extranjero, pese a ser muchas. Biden fue comprensivo con la implacabilidad de Netanhayu en el campo de batalla –en donde el DIH se respetó más de lo que se ha repetido hasta la saciedad (Bermejo, 2024)–, y ese factor permitió aumentar la cantidad de fuerza ejercida en Gaza, pues esta vez había conciencia de que, si no había victoria, habría desaparición. Probablemente Hamás no tuvo en cuenta la mejora del armamento israelí – desde la posibilidad de las fuerzas aéreas de escoltar a las fuerzas terrestres con drones y fundir capacidades, a munición de alta tecnología como los morteros “Iron Sting”, los misiles “Holid” o el sistema de tiro SMASH (AJN, 2024)– que redujo las bajas de los soldados y de los civiles, ni creyó que las matanzas del 7 de octubre fortalecieran tanto la moral de combate. Y soslayó que la guerra de Ucrania dividió a la comunidad internacional: ni Rusia respaldó a Irán ni la 78 Pedro Rivas Nieto y Pablo Rey-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 “causa palestina” con claridad, ni China se involucró, ni hubo frente único del Sur Global ante los avances israelíes en Gaza, ni la UE se manifestó con voz única ante los bombardeos. Así que en la tercera guerra de Gaza hubo derrota militar y debilitamiento político de Hamás hasta dejarlo como en sus orígenes, un grupo terrorista con respaldo social y capacidades reducidas. Pese a haber perdido a más de la mitad de sus miembros (Peregil, 2025) eso no significa victoria de Israel, pues los objetivos militares invocados no se han logrado. Hamás tiene rehenes y no ha desaparecido del mapa y la misión tras año y medio de guerra es eliminar de Gaza –y de Cisjordania– todos los restos posibles de Hamás, ahora irrelevante como organización que pueda invadir Israel. La guerra fue larga pese a lo reducido del terreno y lo claramente delimitado del espacio de combates –unos 400 km2–, porque era urbana, había mucha población civil, rehenes, era imperativo sincronizar la lucha bajo tierra y sobre el terreno y hubo que esperar dos meses fuera de Rafah sin que el ejército israelí pudiera moverse por las presiones estadounidenses (Amidror, en Carrión, 2024). La red de túneles fue descubierta pero no destruida del todo porque ocupaba más de 500 kilómetros. Y aunque aún no se sepa si Israel va a gobernar Gaza, si la controla –que parece lo probable– será como las zonas A de Cisjordania, algo semejante a Yenín, con control militar pleno de accesos y vigilancia de entradas y salidas (EAI, 2025). Año y medio después del inicio el conflicto sigue abierto, con extensiones más allá del territorio original. Israel, con su deriva nacionalista más fortalecida si cabe, debe ser cauto en la guerra en los otros frentes abiertos y quizá ampliarla pues el “Eje de la Resistencia” capitaneado por Irán es aún fuerte, e Israel necesita –para sobrevivir– recuperar la capacidad disuasoria. Y la guerra de Gaza, continuada en el Líbano –también la tercera del Líbano–, se prolonga entre Israel e Irán. La intervención en el Líbano quería asegurar que Hizbolá no pudiera llevar a cabo su versión del 7 de octubre –eso necesitaba eliminar el grupo desde el sur del Litani hasta la frontera, algo que solo se logra mediante acuerdos o con fuerzas terrestres– y reducir las capacidades disuasorias de Hizbolá para con Israel (Carrión, 2024). Se trataba de evitar los errores de la guerra de 2006, que perdió Israel y en la que no se debilitó a Hizbolá. Los bombardeos israelíes destruyeron en las primeras semanas el 40% de los misiles –aunque lo importante es saber si eran misiles de medio y largo alcance– porque Israel no puede combatir en múltiples frentes. Pudo combatir en el norte porque el frente de Gaza estaba cerrado; y se podía luchar en Yemen pues se empleaba la fuerza aérea, elemento flexible que cabía desplegar “por la mañana en Beirut y por la tarde en Hodeida” (Amidror, en Carrión 2024). En el Líbano se aplicó lo 79 El ataque del 7 de octubre de 2023: ¿Hamás como grupo terrorista o como factor de desestabilización regional? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 mismo que en Gaza para hacer lo que no se hizo en 2006: reducir la amenaza a la mínima expresión. La eliminación de Nasralá, junto con su cúpula, destruyó experiencia, contactos y confianza interna, y el debilitamiento de Hizbolá permite afrontar de otro modo el desafío iraní para frenar a los apoderados de Irán en Oriente Próximo y Medio, desde Yemen hasta Siria, y mermar los esfuerzos de Irán por lograr el arma nuclear. Las operaciones de naturaleza escalatoria parecen contraproducentes para ese fin. Atacar las instalaciones petroleras iraníes –sabiendo que la energía es un blanco civil– implicaría una respuesta semejante sobre Israel y podrían atacarse ciudades israelíes. La falta de precisión del material iraní sería relevante si el objetivo fuese una instalación militar, pero dejaría de serlo si los blancos fueran ciudades. Eso podría llevar a la región a un enfrentamiento disimétrico que quizá ninguno de los contendientes pudiera ganar. En caso de que el objetivo fuese el programa nuclear iraní quizá mereciese la pena el riesgo, pero debería ser un ataque exitoso, y es muy difícil que pudiera serlo por dificultades operativas obvias. No habría acuerdo posible con Teherán después de ese ataque y es probable que algunos países del Sur Global se involucrasen en la proliferación nuclear para sentirse seguros. Como las medidas que quiebran de forma clara el statu quo suelen ser peligrosas, quizá lo más prudente sería atacar los misiles balísticos de los ayatolás –pese a que muchos de ellos son móviles y difíciles de alcanzar– porque a su cuidado está la Guardia Revolucionaria Islámica y no el ejército iraní (Rodríguez Garat, 2024). Es un objetivo proporcional, encaja en el DIH y es lo que se hizo en el Líbano: destruir los lanzacohetes de Hizbolá como respuesta a sus ataques antes de abrir allí un segundo frente. Por tanto, puede decirse que en el plano estratégico Israel no ha logrado gran cosa con esta guerra (Castro, 2025: 16), y que aún es pronto para saber con certeza cómo se cerrará la tregua firmada entre Israel y Hamás que pende de un hilo (Ebrahim, Krever, Dahman, Schwartz: 2025). Irán buscará sabotear el intercambio de secuestrados por presos –aceptado por Israel en una proporción desmesurada y entendido como extorsión por muchos ciudadanos (Dershowitz, 2025)– y ninguna de las partes parece tener interés en que funcione. 5. Conclusiones Llegados a este punto, conviene concluir. Creemos que puede afirmarse que el islamismo se ha fortalecido en la región y que Hamás, que adquirió capacidades muy superiores a las de un grupo terrorista –pues se organizaba y operaba como un ejército–, se convirtió en un factor generador de inestabilidad 80 Pedro Rivas Nieto y Pablo Rey-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 en la región que dañó la estabilidad ligada a los Acuerdos de Abraham. Sin embargo, la violencia que Hamás ejerció se volvió en su contra. A nuestro entender, cabe afirmar lo siguiente: 1. Los islamistas –ya sean sunníes, como Hamás, o chíies, como Hizbola, que ha adiestrado durante años al primero– tienen los mismos objetivos en Oriente Próximo y Medio: la eliminación del Estado de Israel y de los judíos. 2. Hamás no ha modificado sus postulados ideológicos ni los estratégicos, si acaso los ha radicalizado. Las modificaciones de su Carta Fundacional tras la revisión de 2017 fueron cosméticas y tras los Acuerdos de Abraham, que implicaron una ruptura geopolítica en el mundo árabe, Hamás ha cambiado su comportamiento y perpetró los ataques del 7 de octubre actuando tácticamente como el Daesh y mostrando públicamente su crueldad –como en los pogromos clásicos–. 3. El asalto fue el mayor ataque terrorista a Israel desde su nacimiento, tuvo una preparación y coordinación sin precedentes, con ataques por tierra, mar y aire junto con el principio de masividad que saturó la Cúpula de Hierro. Los ejecutores fueron los miembros de Hamás; los coordinadores, de Hizbolá; y los planificadores, iraníes. Sus fines eran claros: sabotear las crecientes relaciones de Israel con Arabia Saudí y con el mundo árabe y obligar a Israel a responder con tanta fuerza que le supusiera un coste diplomático inmenso. Eso supondría un reforzamiento de Irán en la región. Por eso el atentado no solo fue un acto terrorista, sino el inicio de un enfrentamiento regional librado entre Israel y el “Eje de la Resistencia”. 4. La respuesta militar israelí aplicó tácticas ofensivas partiendo de una doctrina defensiva. Mediante las tres fases de la guerra –destrucción de infraestructuras de Hamás con ataques aéreos; invasión terrestre de Gaza; búsqueda de nuevo orden de seguridad que también afectaba al sur del Líbano, Yemen e incluso Irán, si fuese menester– se desmanteló a Hamás en Gaza reduciéndolo a simple grupo terrorista, se dañó gravemente a Hizbolá, se mostró que Israel respondía con contundencia ante cualquiera que quisiese destruirlo y se recuperó buena parte de la capacidad disuasoria perdida tras años de miopía estratégica dificultando los objetivos de Irán. 5. Año y medio después de iniciada la tercera guerra de Gaza, Israel no ha conseguido grandes logros en el plano estratégico pese a sus éxitos en el campo de batalla. Tiene que dificultar la reconstrucción de Hamás en Gaza y Cisjordania; debe cuidar la guerra en los otros 81 El ataque del 7 de octubre de 2023: ¿Hamás como grupo terrorista o como factor de desestabilización regional? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 frentes abiertos y quizá ampliarla pues el “Eje de la Resistencia” capitaneado por Irán es aún fuerte –acaso el próximo objetivo esté en sus misiles balísticos. Tampoco se sabe cómo se cerrará la muy endeble tregua abierta entre Israel y Hamás. Todo lo dicho dificulta llegar a acuerdos estables, pues Hamás no razona sobre los principios westfalianos como lo hace Occidente, sino que invoca imperativos inmodificables de carácter religioso, algo parecido a lo que hace el régimen teocrático de Irán. Por tanto, como recordaba Kissinger (2017: 140), dos conceptos de orden mundial están enquistados en la clásica cuestión palestino-israelí. Israel es un Estado westfaliano y Hamás, grupos políticos y facciones diversas del Oriente Próximo que pudieran ser parte de la resolución de este conflicto, lo interpretan según un modo islámico. Esta situación se agrava porque, en el entorno actual, Israel se siente responsable solo de su seguridad como Estado, y no de la regional. 82 Pedro Rivas Nieto y Pablo Rey-García Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 27, nº 59. Segundo cuatrimestre de 2025. Pp. 61-86. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2025.i59.03 6. Bibliografía AJN (2024). Cien días de innovación: Las nuevas armas, tácticas y unidades del IDF en la guerra de Hamás, 15-I-2024. Al Arabiya (2023). 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