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¿Tanit en España?

Marín Ceballos, María Cruz

Abstract

Este artículo trata de ser una revisión y puesta al día de los estudios sobre la diosa cartaginesa Tanit en la Península Ibérica, a partir de testimonios arqueológicos, conocidos de antiguo unos y resultado de recientes excavaciones otros. Se realizan asimismo algunas consideraciones en torno al culto de esta diosa y a sus adoradores, en relación con la presencia cartaginesa en el sur de la Península Ibérica.

Full text

¿TANIT * EN ESPAÑA? MARÍA CRUZ MARÍN CEBALLOS Uni e sidad de Cádiz Es e a ículo a a de se una e isión y pues a al día de los es udios sob e la diosa ca agi- nesa Tani en la Península Ibé ica, a pa i de es imonios a queológicos, conocidos de an i- guo unos y esul ado de ecien es exca aciones o os. Se ealizan asimismo algunas conside a- ciones en o no al cul o de es a diosa y a sus ado ado es, en elación con la p esencia ca agi- nesa en el su de la Península Ibé ica. This pape aims o e iew and b ing o da e he s udies abou he Ca haginian goddess Tani in he Ibe ian Península, handling he oíd known a chaeological documen s, and he esul s o new exca a ions. We also make some e lexions abou he cul o Tani and he wo s- hippe s, ela ed o he p esence o Ca haginian people in he sou h o he Ibe ian Península. Hace algunos años nos mos ábamos anca- men e escép icos sob e la posible exis encia del cul o a la púnica Tani en España (MARÍN CEBALLOS, 1977) (1). Sin emba go, ecien es descub imien os, an o en España como en el ámbi o medi e áneo, nos han hecho ecapaci a , y sob e odo ol e a alo a iejos es imonios un an o ol idados y manidos, pe o nunca, quizá, bien es udiados. Cie - amen e hoy sabemos algo más de Tani , aunque no demasiado, ya que su cul o opieza con el mismo p oblema que el de los demás dioses del ámbi o enicio-púnico: la ausencia de ex os. Sólo con amos Que emos exp esa nues o ag adecimien o a cuan as pe so- nas han colabo ado gene osamen e a la ealización de es e a- bajo: R. Co zo, M. J. Pena, M. Belén, R. Ramos, L. Abad, H. Bone , E. Llob ega , M. Rabanal, D. Vaque izo, e c. (*) Pese a habe quedado de ini i amen e demos ada la p o- nunciación Tinni pa a el nomb e de la diosa de Cá ago TNT, p e e imos segui u ilizando es e nomb e, de ya la ga adición en la his o iog a ía enicio-púnica. (1) Se han ocupado de es e ema A. GARCÍA Y BELLIDO (1954, 1957, 1967), y más ecien emen e M. BENDALA (1986, 357-361). Sin emba go, la mayo ía de los es imonios ca aloga- dos en es os abajos p oceden de Ibiza, que en nues a opinión cons i uye un mundo apa e en el momen o his ó ico es udiado, no siendo líci o mezcla al documen ación con la de la Península. con b e es y lacónicas dedicaciones. No obs an e y pese a es e sin duda g a ísimo obs áculo, la p esen- cia de la diosa es pa en e en el ámbi o es udiado, y pese a las dudas que na u almen e una e idencia de al na u aleza plan ea, es un de echo y una obli- gación de los es udiosos de es os emas a a de i a anzando paso a paso en una a ea di ícil, oscu a, y muchas eces ing a a, de la in es igación icono- g á ica. No p e endemos un es udio exhaus i o del cul o a la púnica Tani en la Península Ibé ica. Esa es labo que hab á de i ealizándose poco a poco. Nues a in ención es mos a de qué modo una se ie de documen os a queológicos, algunos hallados hace años, o os nue os, pueden elaciona se con el cul o a la diosa, e incluso e en qué medida, de acep a se al a ibución, es os es imonios peninsula es pod ían ayuda a de ini la pe sonalidad y ca ac e- es de la aún enigmá ica di inidad de Ca ago. Lamen ablemen e ca ecemos de la p ueba de ini i a que con i me nues as hipó esis: la insc ipción dedi- ca o ia sob e cualquie a de las piezas es udiadas, pe o es ob io que con amos con o o ipo de e i- dencias que nos pe mi en a anza las. Pa a el lec o hipe posi i is a, ad e imos que el ca ác e luido 43 X Lám. 1.—Pebe e o de la nec ópolis de la Albu e e a (Alican e). Lám. 2.—Pebe e o p oceden e de Cádiz, en el Museo A queo- lógico de Có doba. y huidizo de la ma e ia a ada ha de asumi se p e- iamen e. PEBETEROS EN FORMA DE CABEZA FEMENINA Fue on es udiados hace años po Ana M.a Muñoz quien, na u almen e limi ada po las ci cuns- ancias de la in es igación a queológica en ese momen o, llegó a la conclusión de que de i aban de modelos de la Magna G ecia, donde es a ían conec ados con el cul o a Deme e y Ko e. Ese mismo signi icado end ían en la Península, dis in- guiéndose es ipos: g equizan e, de imi ación y de in luencia púnica. En cuan o a su echa, i ían desde ines del siglo IV a mediados del II an es de C, con una mayo abundancia en la segunda mi ad del S. III y comienzos del II (MUÑOZ, 1963, 40-44). Se a a de unos quemape umes o «pebe e os» de e aco a en o ma de cabeza emenina de as- gos cla amen e helénicos, con peinado en aya cen- al y amplicas guedejas enma cando el os o, que en el ipo más ecuen e se ado na con hojas y aci- mos sob e el cabello y en la en e, a mane a de dia- dema, con un mo i o o mado po es glóbulos o u os, lanqueado po dos palomas. Sob e el mismo lle an un kala hos de mediana al u a en cuyo in e- io se obse a una apa ho ada po a ios o i icios, gene almen e cinco. Las o ejas suelen ado na se con acimos, a mane a de a acadas, y enma can el cue- llo una especie de cin as o i abuzones, lisos y pla- nos. En su bo de in e io se ema a con unos plie- gues, que simulan el ebo de del es ido y un g an b oche cen al de o ma ci cula . No obs an e, hay muchas a ian es, desde las cabezas desp o is as o almen e de ado nos, es deci , an sólo el peinado en c enchas hacia a iba y el kala hos, has a aque- llas en las que los ado nos se complican mucho más. se dan además muchos ipos que son cla amen e malas imi aciones locales, en que los mo i os o igi- nales no pueden ya econoce se. (Lám. 3) Años más a de de aquel abajo, la p opia Ana M.a Muñoz ec i icó sus conclusiones de mane a no o ia, a i mando que la di usión de dichos pebe- e os coincide con los con ac os come ciales y la p e- sencia de los Ba ca en España a pa i del 238 a. de C. (MUÑOZ, 1968). 44 Es os abajos p ecisan ya hoy se e isados, incluyendo las nue as piezas apa ecidas den o y ue a de la Península, lo que pe mi i á es ablece una ipología, así como las elaciones con el es o de los ejempla es del Medi e áneo Occiden al, pa a de e mina con p ecisión el o igen y ías de di u- sión de los mismos. Se a a de una labo de ca alo- gación y es udio es ic amen e ipológico, que ene- mos emp endida y nos lle a á algún iempo. Nos in e esa, no obs an e, en el p esen e abajo, llama la a ención sob e algunos pun os que conside amos de impo ancia i al pa a nues o obje i o. En p ime luga , hoy pa ece que es á bas an e cla o que el p o o ipo de es os pebe e os hay que busca lo en Sicilia, habiéndose documen ado has a el momen o en la Ac ópolis de Selinun e, da ables en los siglos IV-III (BISI, 1966, 44 ss. no a 20) (2), así como en la nec ópolis púnica del Lilibeo e incluso en Solun o (BISI, 1986, 292). En de ini i a, en el á ea púnica de Sicilia. (Láms. 4-8) Son muy abundan es en Ca ago, sob e odo en la amosa auissa exca ada po el pad e Dela e en Sidi-ben-Said (DELATTRE, 1924). En ella apa e- cie on más de 500 ejempla es, jun o a agmen os de es a uillas, asas de «b ase os», ungüen a los, monedas, e c.. Es impo an e ano a que se encon- aba jun o a la g an nec ópolis de San a Mónica (3). Ce ca de la es ación de Salammbó, ambién en Ca ago, exca ó el D . Ca ón un san ua io o capi- lla de g an in e és pa a noso os. Nos ocupa emos de él más adelan e, pe o es impo an e po aho a ano a que sob e una especie de consolas, había muchos quemape umes del ipo es udiado y jun o a ellos se halla on o os muchos es os de igu as (2) La ciudad de Selinun e su ió la dominación púnica a pa i del 409, has a mediados del siglo III. Sob e el ema éase DI VITA (1953, 39 ss.) y TUSA, V. (1971, 47-68). (3) El P. Dela e concedía especial impo ancia al hecho de que en es a colina de S a. Mónica se hubiese encon ado años an es una insc ipción púnica mencionando la dedicación de dos san ua ios a As a é y Tani del Líbano y, ce ca del luga de hallazgo de la misma, los es os del emplo omano de Ce es. E a idea de Ph. Be ge y el p opio Dela e, que dicho emplo de Ce es se hubie a cons uido en las dependencias del iejo san- ua io de As a é y Tani , que luego ue a de Deme e y Ko e, y más a de Ce es, deduciendo de ahí un posible sinc e ismo en e Ko e-P ose pina y Tani (DELATTRE, 1898, 5 ss.). GSELL (1924 IV, 267, 347), se mues a cau o a es e espec o, opinando que la p esencia de la insc ipción no demues a la exis encia allí de un san ua io y, po o a pa e, dado que és a es del siglo III a. de C. no se ía lógico espe a la exis encia del mismo en el luga de la nec ópolis, echada en e los siglos V-II a. de C. Lám. 3.—Pebe e o del san ua io del Cas illo de Gua dama del Segu a, Alican e. o i as de e aco a, una de las cuales es una cabeza a onil con ba ba y ia a de plumas, segu amen e ep esen ación de Ba 'al Hammon, así como una conocida igu i a de ma il con alda de alas que M.a Eugenia Aube ha demos ado ep esen a a Tani (AUBET, 1976, 76). La echa se ija en e el siglo IV y el asedio del 146 a. de C. (CARTÓN, 1929, n. 12, 15 y 17, p. 10-12, lám. V). Pe o ambién encon amos nues os hymia e- ia en umbas: así en la misma nec ópolis de San a Mónica (DELATTRE, 1906, 9), donde además apa- eció o o pebe e o con cabeza de He acles, seme- jan e a uno de Tha os (ACQUARO, 1978, 81, ig. 6 a). De la del Odeón (siglos III-II a. de C.) p o- 45 Lám. 5.—Pebe e o sicilio a. Pale mo Museo Nazionale. ! Lám. 4.—Pebe e o sicilio a. Pale mo Museo Nazionale. cede o o en o ma de cabeza emenina (GAUCK- LER ET ALII, 1910, 149, lám. 75, 2; GAUCKLER, 1915, lám. CXCIII). También en la nec ópolis de By sa (FERRÓN Y PINARD, 1955, láms. LIX y LXXXI, n. 97 y 154, p. 60 y 76, 1960-61, lám. LXXXI, n. 457-8, p. 153). (Láms. 9-10) Los hay igualmen e en o os luga es del No e de Á ica: así en Tamuda (TARRADELL, 1949, 86- 100; 1956, 71-85), que Cin as c ee de ines del siglo II (CINTAS, 1954, 135, ig. 84, p. 73). El p opio Cin as menciona o o en Ko ba, en un San ua io, jun o con o as es a uas de e aco a que a i ma co esponden a Deme e , Pe se one y Hades, ac ual- men e en el Museo del Ba do (CINTAS, 1950, 553). Sin duda que un es udio minucioso de exca acio- nes y hallazgos ecien es nos epo a ía un núme o mucho más ele ado de hallazgos. Lám. 6.—Pebe e o sicilio a. Pale mo Museo Nazionale. 46 Lám. 7.—Pebe e o sicilio a. Pale mo Museo Nazionale. En Ce deña los encon amos en a ios luga es. Así, en el san ua io púnico supe pues o a la nu aga Lughe as, en Paulila ino, apa ecen en g an can i- dad, desde el siglo V has a época omana, jun o con es os de huesos, monedas, ca bones y cenizas (CECCHINI, 1969, 75-76). También en Mon e Si ai, en el llamado «sacello», jun o al ophe , donde se mues an o os elemen os que nos hablan del cul o semí ico. Los hay en el es a o A y en el B, po lo que pa ece que exis e una pe manencia en el i o. Ba eca los echa en los siglos III-II a. de C. y piensa que, aunque los modelos sean g eco-sicilio as, debe habe se dado un in e media io púnico, segu amen e la p opia Ca ago (BARRECA, 1965, 59 y 74, lám. XIX). Los hay igualmen e en Tha os, en g an abun- dancia, y de un ipo muy ca ac e ís ico llamado «de al a », ya que el kala hos adop a una o ma cua- Lám. 8.—Pebe e o sicilio a. Pale mo Museo Nazionale. d ada que ecue da la de los al a es de pe umes en pied a que son ecuen es en el p opio Tha os (MOSCATI, 1975, 31-33; 1980, 181-2). En algunos ejempla es se han sus i uidos los símbolos usuales de la pa e an e io del kala hos, palomas y u os, po disco y c ecien e (ACQUARO, 1978, 81, igs. 5 b y c). O os llegan a un al o g ado de esquema i- zación (UBERTI, 1975, 22-23, igs. A 58-134, láms. VII-XVII). Igualmen e los encon amos en Sulcis (UBERTI, 1977, 30-31, lám. XV, igs. 13-16). Según no icias ecien es los hay ambién en Olbia (4). En Ibiza hay a ios en la Cue a de Es Cuie am (AUBET, 1982, 30-32, lám. XXV, 1-4; ALMA- GRO, M. J., 1980, 252, lám. CLXXIX, CLXXXI, CLXXXII, CLXXXIII), así como en Can Yai (Pa oquia de San Lo enzo), luga conside ado igualmen e un san ua io (Ibidem. TARRADELL Y FONT, 1975, 128-9). También en Can Pis (San Ra ael) y o os luga es (ALMAGRO, M.J., 1980 b, lám. LXIX, n.° 121, 102-104: 1980 lám. CLXXIXX y CLXXX). En Mallo ca, uno en el (4) Debemos la no icia a M. J. PENA (1986). Al pa ece se a a de un ejempla agmen a io que ue hallado en el in e- io de un edi icio que se c ee san ua io dedicado a A odi a. 47 Lám. 9-10.—Pebe e os de la Museo de La Alcudia que menciona A. M.a Muñoz como p oceden e de las exca aciones de Pollen ia (MUÑOZ, 1963, 29, 14). Pasando ya a la cos a ibé ica, ci a emos en p i- me luga los de Ensé une (MOURET, 1929, 9, lám. 37, n. 34 y 35; UGOLINI, 1983, 101-108) y Rosas (MARTIN Y LLAVANERAS, 1980, 161). Un impo an e conjun o es el de Mas Cas ellá, de Pon- os, a 12 Kms. de Figue as (Ge ona). En el in e io de un silo, apa ecie on seis pebe e os, jun o con ungüen a ios usi o mes, ce ámica á ica, campa- niense A, e c.. En el luga , has a aho a, no se ha de ec ado poblado alguno, sólo un campo de silos y un hoga i ual da able en la p ime a mi ad del siglo IV (MARTIN Y LLAVANERAS, 1980; MAR- TÍN, 1979). Los hymia e ia pa ecen odos salidos de un mismo alle y molde, y se ca ac e izan po lle a ale as la e ales po debajo del kala hos y en la base del cuello (MARTÍN Y LLAVANERAS, 1980, 153-161; PENA, 1986). La echa más an igua de los ma e iales del silo es de comienzos del siglo Colina de By sa, en Cá ago. IV, y el es o, de la segunda mi ad del siglo III. En o o p óximo, el n.° 17, apa eció un pebe e o del mismo es ilo. En opinión de A. Ma ín y N. Lla a- ne as hymia e ia y ungüen a ios p ocede ían odos de algún ac o i ual y ue on deposi ados en el mismo momen o (p. 158-159). También en Ampu ias hay un impo an e g upo de pebe e os. Dos ue on publicados po p ime a ez, sin conoce se su con ex o, po Puig i Cada alch (PUIG I CADAFALCH, 1915, 705-6, ig. 544). O o po Bosch (BOSCH, 1937, 11, ig. XXVI), y es po M. Almag o Basch, p oceden es és os de la nec ópolis de Las Co s, y echables en e ines del siglo III y mediados del II a. de C. (ALMAGRO BASCH, 1953, 345, ig. 327, 348, ig. 330, 379, ig. 348; MUÑOZ, 1963, 12-14). O os cinco ejempla es p oceden de Ullas e , los es p ime os publicados po Oli a (OLIVA, 1955, 380-381; 1956-7, 50, 60-61; 1959, 28, ig. 32) y A. M.a Muñoz, con una da ación en e los siglos IV- III a. de C. (MUÑOZ, 1963, 14-16) Del es o sólo 48 se ha dado a conoce un dibujo (OLIVA, 1967, ig. 70; MARTÍN Y LLAVAÑERAS, 1980, 160-61, igs. 7 y 8). Debemos a M.a J. Pena la no icia de la apa i- ción ecien e de un pebe e o en la nec ópolis ibé ica de Bu iac, Ma a ó (PENA, 1986). En las p oximi- dades de Ba celona enemos igualmen e el hallazgo de dos piezas en el poblado de Puig Cas ella (San a Coloma de G amane ) (BOSCH, 1920, 593-596; MUÑOZ, 1963, 16-17; DE LA PINTA Y MIRANDA, 1981, igs. 1 y 3). O o p oceden e del poblado del Tu ó de Can Oli e , Sa dañola, Ba - celona (BALIL, 1952; MUÑOZ, 1963, 17). Uno más del campo de silos de Can Fa jó de Rubí, en el Museo A queológico de Ba celona (COLOMINAS, 1915-20, 590-601; MUÑOZ, 1963, 18). En el poblado de Cas elle de Banyoles, en Ti isa (Ta agona), Se a Ra ols encon ó uno, ac ual- men e en el Museo de Ba celona (SERRA, 1941, 15). De g an impo ancia es el hallazgo casual en 1953, en el Bo disal de Cama les (To osa), de un depósi o con «más de cincuen a es a uillas emeni- nas, la mayo ía de ellas comple as» (PALLARES, GRACIA Y MUNILLA, 1986, 123-149), jun o con ce ámica de ba niz neg o, lo que nos ap oxima a una c onología en e comienzos y mediados del siglo IV a. de C. El conjun o ue dado a conoce po S. Vila- seca (VILASECA, S. 1956) y su hija L. Vilaseca, quien habla de más de 30 pebe e os y «algunas ana- g as» (VILASECA, L. 1953-4, 355), lo mismo que A. M.a Muñoz (MUÑOZ, 1963, 19). El núme o exac o es di ícil de conoce ya que las piezas es án dispe sas en e los museos dle Ba celona, Ta agona y el municipal de «Sal ado de Vilaseca» de Reus. R. Palla es, F. G acia y G. Munilla han publicado ecien emen e las ocho piezas conse adas en es e úl imo museo, y al pa ece p epa an un abajo sob e las ce ámicas á icas halladas en el depósi o (PALLARES, GRACIA Y MUNILLA, 1986). Según no icia de L. Vilaseca, en el luga del hallazgo, en la ma gen de echa del ba anco de Cama les, las igu as es aban amon onadas, sin o den alguno, en un espacio de plan a más o menos cuad angula de unos 2,30 po 1,20 ms. Con ellas salie on algunos ies os y es os de adobes, odo en una ie a neg uzca y suel a (VILASECA, L., 1953- 4, 357). Pa ece que se a a de un depósi o o i o, una de esas auissae en que con an a ecuencia se encuen an los pebe e os. Po el con a io, R. Palla- es e alii piensan en un depósi o come cial en ela- ción con un posible cul o a la Deme e g ecosicilio a, que se hab ía ex endido po las cos as ca alanas y a agonesas pa alelamen e al desa ollo de la ag i- cul u a, como consecuencia a su ez de la di usión de cie as écnicas y o mas de cul i o po pa e de una posible colonia g iega de ca ác e ag ícola, es a- blecida en las bocas del Eb o. Todo es o en unas echas de ines del siglo V, comienzos del IV (PALLARES, GRACIA Y MUNILLA 1986, pas- sim, 142 s^.). Más al Su , en las p o incias de Cas ellón y Valencia, son menos abundan es los hallazgos, aun- que ello no c eemos enga ninguna signi icación especial. Se ha a güido que ello puede debe se al hecho de que sean an escasas las nec ópolis de ec- adas en la p o incia de Valencia, quizá po que el i ual u ilizado no deja huella. Sin emba go pensa- mos que es e a gumen o no es de e minan e, ya que hemos is o que en las p o incias ca alanas son mucho más abundan es los hallazgos y poblados y auissae. Puede muy bien debe se al aza de los des- cub imien os a queológicos. No obs an e, con amos con indicios segu os de su p esencia: así, se halla- on dos agmen os en La Mon a ana, al N. de Valencia, en exca ación de D. Fle che (inédi o, no icia que debemos a Helena Bone ). O o ag- men o en el poblado del Cas ell (Almena a, Cas e- llón) (SANMARTÍ Y GUSI, 1975, 167-70). Dos pie- zas casi comple as en el poblado del Pun al deis Llops, en Olocau (Valencia) (BONET y MATA, 1981, ig. 48, láms. XVIII y XIX, 99 y 140-41). O os agmen os en el Cas elle de Be nabé (Lli- ia) (BONET, 1978, 147-162, láms. I y II), en el Tos- sal de San Miguel (Lli ia) y quizá en el Co al de Saus (Mogen e) (5). Ya en la p o incia de Alican e empiezan a p o- li e a de nue o los hallazgos. En p ime luga el conjun o que el pad e Belda encon ó en el Tossal de Polop o de la Cala (Benido m), un pequeño mon- ículo al que él llama «san ua io» al ai e lib e, sin edi icios, que es a ía p óximo al poblado, odo cubie o de es os de pebe e os del ipo es udiado (BELDA, 1946, 328 ss.) (6); (1950-51, 79 ss.; LLO- BREGAT, 1972, 60-61). Recien emen e el P o . Ta adell, ha mani es ado su opinión de que pueda (5) No icia que debemos a la amabilidad de H. Bone . (6) A pesa de que se ha dudado de la in e p e ación de Belda, ecien es descub imien os de pebe e os en pequeños mon- ículos, han enido en cie o modo a da le la azón ( éase más adelan e, yacimien os de Coimb a del Ba anco Ancho y Gua - dama del Segu a). 49 a a se de una nec ópolis (TARRADELL, 1981, 117). E. Llob ega menciona ambién una pieza apa- ecida en la nec ópolis omana a día de El Cam- pe , en e Mogen e y Aspe (LLOBREGAT, 1974, 303-304). Igualmen e conside a de época baja el apa- ecido en las exca aciones de la Fon Calen , en la g a e a de una ins alación omana a día (LLO- BREGAT, 1974, 304). De g an in e és pa a nues o obje i o son las exca aciones que ealiza E. Llob ega en el poblado de la «Ille a deis Banye s», é mino de Campello, en la cos a alican ina. Allí se han hallado dos em- plos, el A, de plan a ec angula , de ipo g iego, y el B, de plan a cuad ada, que quizá ue más bien un pa io abie o. En elación con es e segundo em- plo o ecin o sac o, un hymia e ion de los aquí es u- diados (LLOBREGAT, 1981, 103 ss., igs. 1 y 2). Un poco más al su es á la impo an e nec ópo- lis de la Albu e e a, donde apa ecie on g an can i- dad de pebe e os (Lám. 1). A o unadamen e, con- amos hoy con la ecien e esis doc o al de F. Rubio Gomis (RUBIO, 1986), que pe mi e acla a en pa e las dudas que plan eaban las iejas exca aciones de Figue as y La uen e (FIGUERAS, 1952, 179-194; 1956; LAFUENTE, 1934). Según Rubio Gomis, « odos los echados se dan den o del siglo IV, y son menos abundan es a ines de dicho siglo que a comienzos» (RUBIO, 1986, 360). Es a nec ópolis e is e pa a noso os un g an in e és, ya que los pebe e os se acompañan a eces de o os elemen os de cla o o igen púnico que con i man nues as in e - p e aciones: así la g an umba L-127-A, en que, ade- más de es pebe e os, apa ece el bus o emenino de e aco a que es udiamos más adelan e, de un ipo bien conocido en Ibiza y que en nues a opinión ep esen a con oda p obabilidad a la diosa Tani . Pe o hay ambién o as e aco as de igu as eme- ninas en elación con niños y palomas que con igu- an el mismo ambien e ( éase más adelan e). Se e- cha es a umba en la p ime a mi ad del siglo IV (RU- BIO, 1986, ig. 97, 214-226). De Elche, y conc e amen e de la colección Iba- a, p ocede un ejempla que se conse a en el MAN (n.° 17.652) (LAUMONIER, 1921 lám. CXX, 2, 203-4), hallado, según no icia de Iba a y Manzoni (IBARRA Y MANZONI, 1879, 307), en una u na cine a ia, jun o con a mas, en el llamado Cemen- e io Viejo, al pa ece de c onología an igua (MUÑOZ, 1963, 23; LLOBREGAT, 1974, 303). Además, Ramos Folqués encon ó nume osos ag- men os en La Alcudia, echables en e los siglos III- II a. de C. (MUÑOZ, 1963, 23; RAMOS FOL- QUÉS, 1970, 35-36, n.° 23, lám. XIV a). En las lade as del cas illo de Gua dama (Ali- can e), se ha exca ado ecien emen e un conjun o de pebe e os (Fig. 3). Como en el caso del Tossal del Polop, ampoco aquí hay es os de edi icacio- nes (ABAD, 1985; 1986, 17-18). Del mismo ipo es el yacimien o de ec ado en Coimb a del Ba anco Ancho (Jumilla, Mu cia): en las lade as de un ce o, apa ecen nume osos ag- men os de hymia e ia en o ma de cabeza emenina, sin que has a aho a se haya exca ado en el luga . Los agmen os mues an que se a a de un ipo muy osco, anca imi ación local de ma ices o i- ginales (MUÑOZ, 1985). Siguiendo es a misma u a de pene ación in e- io y ya en la p o incia de Albace e, se ha encon- ado ecien emen e un ejempla en el poblado de El Ama ejo, Bone e, jun o con un aso en o ma de paloma, en un depa amen o que sus exca ado- es conside an p obablemen e un almacén de ce á- mica, echándolo a ines del siglo III (BRONCANO Y BLÁNQUEZ, 1985, lám. XXVII, ig. 284,251- 254, 291-292). Según el ecien e es udio de J. A. San os Velasco, el ma e ial deposi ado en el MAN, como p oceden e de la supues a «nec ópolis ibé ica» de O an, pod ía habe pe enecido a una nec ópolis del á ea con es ana. En es e conjun o hay algunos pebe- e os, al pa ece co espondien es a los ipos A y B de A. M.a Muñoz, echables en e ines del siglo IV y mediados del II (SANTOS, 1983, 338). Es in e e- san e ano a ambién el hallazgo de una e aco a que ep esen a una muje de pie con un niño en los b azos, y o a seden e, que es udiamos más abajo. Reco demos que igu as de es e ipo apa ecen am- bién en las nec ópolis de La Albu e e a y Cabecico del Teso o. Coincidimos po an o con San os Velasco en la lógica de su posible a ibución al á ea con es ana. Jun o a Mu cia, en «El Ve dolay» (La Albe ca), se exca ó hace años la nec ópolis del Cabecico del Teso o. Allí se halla on 11 pebe e os que, según A. M.a Muñoz, co esponden al ipo A, aunque de muy di e sas calidades y amaños. Muy in e esan e es el de la sepul u a 86, en pied a a enisca y de osca ea- lización, sin duda imi ación de los an e io es (NIETO, 1939-40, 144, 148; 1943-44, lám. XI; 1944- 45, 168, lám. XI; MUÑOZ, 1963, 25-26, láms. IV- VIII). 50 Siguiendo la línea cos e a hacia el Su , es pa ada o zosa Villa icos, en Alme ía. Recien emen e, M.a José Almag o ha dado a conoce un conjun o o i o p oceden e de dicho yacimien o, al pa ece de un luga si uado ue a de la nec ópolis (ALMAGRO, M. J., 1983, 291 ss.). Fue hallado po D. Luis Si e , sin que deja a cons ancia esc i a del descub imien o, siendo M. As uc quien llamó la a ención sob e el mismo (ASTRUC, 1962, 71-72). Pa ece que se a a de un simple aguje o exca ado en el e eno na u- al, segu amen e una auissa, lo que pa a M.a J. Almag o indica ía la exis encia en las p o- ximidades de un emplo o san ua io dedicado al cul o de Tani . En el conjun o des acan los pebe e- os de cabeza emenina, un cen ena ap oximada- men e. La au o a dis ingue has a cua o g upos o ipos, dos de ellos coinciden es con los A y B de A. M.a Muñoz, y o os dos que cons i ui ían a ian- es nue as. De alle impo an e es que algunos de ellos es án abie os po a iba y abajo, con lo que su ca ác e exclusi amen e o i o es segu o. Jun o a los pebe e os había ambién o as e aco as: dos que ep esen an a Bes, una cabeci a de o o y o as igu as masculinas y emeninas. M.a J. Almag o echa el conjun o en e los siglos III y II a. de C, pudiendo se algo más iejas algunas piezas (ALMAGRO, M. J., 1983, 302). Ana M.a Muñoz menciona o os dos pebe e os que c ee p oceden es de la misma nec ópolis de Villa icos (MUÑOZ, 1963, 302). De los al ededo es de Málaga se conocen am- bién a ios ejempla es que, en ealidad, y po lo que enimos iendo, deben se indicios de la p esencia de muchos más. Han sido ecogidos po L. Baena de Alcáza ; uno de ellos p ocede del Ce o de la To - uga, a unos dos Kms. del casco u bano de Málaga, y es á abie o en la base (BAENA, 1977, 741 ss.; 1977 b, 8-10, igs. IV-VII). El o o apa eció en unos de ibos en la p opia ciudad de Málaga, a comien- zos de siglo. P esen a los ípicos aside os la e ales (BAENA, 1977 b, 7-8, igs. 1-3). Tenemos no icia de la exis encia de o o pebe- e o p oceden e de Chu iana, Málaga, aunque igno- amos los de alles de su hallazgo (SANTERO, 14) (7). (7) A. M. MUÑOZ (1963, 28) menciona o o pebe e o p o- ceden e de Fuen e Toja, Có doba, en el Ayun amien o de P iego. Nues as pesquisas en su búsqueda han esul ado in uc uosas. Ag adecemos a D. Vaque izo la ayuda p es ada. Po el momen o, las piezas apa ecidas más a Occiden e son las del san ua io de La Algaida, en Sanlúca de Ba ameda. Se a a de un conjun o de unos diez y seis agmen os, dispe sos po el á ea sag ada, algunos de ellos en uno de los pequeños « emple es» o « eso os». Se ha ecompues o un ejempla a base de a ios agmen os, esul ando una pieza de buen a e, muy semejan e a algunos ejempla es alican inos. Su echa pod ía es a en e los siglos VI y II, como el es o de los ma e iales del san ua io. No obs an e, algunas de las piezas pod ían se a días (BLANCO Y CORZO, 1983, 125-126). También de p ocedencia gadi ana, aunque sin especi ica se el luga , es el ejempla que se conse a en el Museo A queológico de Có doba, de una colección pa icula (DE LOS SANTOS, 1950, lám. VII, n.° 10.819). (Lám. 2) Es ob ia pues la eno me di usión que ales pebe- e os alcanza on en la Península, y és e es un hecho al que es imamos no se ha p es ado la a ención que me ece, hab ía que conside a dos aspec os, muy in e conec ados en e sí: —De un lado es necesa io de e mina las ías po las que han pene ado y se han di undido es os obje- os, así como e cuáles han sido sus modelos. Ello exige una labo iosa a ea de ca alogación de odas las piezas con que con amos ac ualmen e, no sólo en la Península, sino en el es o del Medi e áneo Occien al. Es un abajo que enemos emp endido y que e á la luz en un u u o p óximo. —Po o a pa e, es p eciso a a de acla a el signi icado cúl ico de ales obje os, den o del ma co de las c eencias de los íbe os. El p ime pun o es na u almen e i al, y nada puede esol e se de ini i amen e mien as no se ea- lice ese abajo p e io. No obs an e, con los da os ac uales, podemos a i ma que ales pebe e os se a es iguan en la cos a ibé ica al menos desde comien- zos del siglo IV, pe maneciendo has a época omana. No podemos p ecisa aún las ías que han seguido. E. Llob ega apun aba hace unos años una p ocedencia ibicenca pa a los ejempla es le an inos (LLOBREGAT, 1974, 303-4, 319), lo que hoy día no pa ece p obable dada la di e sidad de ipos que apa ecen en odo el ámbi o ibé ico, y su abundan- cia con espec o a Ibiza. Más ecien emen e, A. M.a Bisi suge ía un o igen di ec amen e sicilio a pa a los ejempla es de Ensé une, Ampu ias, Ve dolay y Cama les, mien as que o os se ían el esul ado del e oque de ma ices impo adas po los co oplas as 51 ucción que, en el momen o de des ui se, consis ía en una sala ec angula p ecedida po una pa e más es echa, y bo deada en odos sus lados po una ban- que a. En el ondo, una muy ica deco ación en yeso es ucado, o maba una columna a dó ica en cuyo in e io se ele aba un zócalo o pedes al. A cada lado, consolas sob e las que había pebe e os en o ma de cabeza emenina. Toda la deco ación es ucada se colo eaba de ojo, en paneles encuad ados po una línea neg a. En su in e io apa ecie on muchos obje- os de e aco a: g andes bus os emeninos modia- do3, pebe e os del ipo es udiado, silenos, igu as de gue e os, luce nas, agmen os de igu as mas- culinas y emeninas di e sas, algunas de ellas en o- nizadas, e c. (CARTÓN, 1929). En e odo es e ma e ial, un pequeño al a de pe umes semejan es al de la Die a deis Banye s (ibidem, pl. V, 9, p. 12, N.° 18). La echa asignada po Ca ón al emplo es de los siglos IV-III a. de C. C ee que ue des uido iolen amen e a mediados del siglo I de la E a, en el asedio de Ca ago. También en la da ación coin- cide con el emplo alican ino. De odo ello deduci- mos una elación e iden e en e ambos, que iene a co obo a nues as ideas sob e el pa icula . En odo caso, espe amos la publicación de ini i a del conjun o de la Me a po pa e de Llob ega . En cuan o al «san ua io» de La Algaida (San- lúca de Ba ameda, Cádiz), enemos el incon e- nien e de que aun no se ha publicado, sal o una b e e no icia di ulga i a (BLANCO Y CORZO, 1983, 123-128). En ella, R. Co zo y A. Blanco ponen el yacimien o en elación con los opónimos que hacen e e encia a Venus, en la desembocadu a del Guadalqui i , así como el san ua io de Phospho os o LuxDubia de Es abón (III, 1,9). De se és e eal- men e el luga , hab ía que pensa más en As a é que en Tani , ya que aquélla es la diosa del plane a Venus y po an o Phospho os, es deci , la es ella de la mañana (13). El yacimien o pa ece o igina se en el siglo VII, llegando ap oximadamen e has a el 212 a. de C. No obs an e, el momen o más in e e- san e pa ece se da en el ni el IV, que empieza a o - ma se hacia el 500. No hay un edi icio impo an e, sólo pequeñas case as o « eso os», abundando las (13) Recien emen e J. M. LUZÓN y L. M. COÍN han lla- mado la a ención sob e la impo ancia de la na egación po los as os y su u ilización po los enicios en sus iajes al ex emo Occiden e (1986, en p ensa). Ello explica ía la se ie de opóni- mos con ad ocaciones as ales de nues a cos a Su . Sob e el ema éase CHAVES Y MARÍN CEBALLOS (1987, en p ensa). o endas de odo ipo. No obs an e, como ano an Co zo y Blanco, los pebe e os en o ma de cabeza emenina se dan en ele ada p opo ción con espec o a los demás ex o os, lo cual, en su opinión, no es indicio de que el obje o de cul o ue a es a diosa. Abundan igualmen e los anillos, que pod ían con- side a se o enda ípica de muje es, lo mismo que los obje os de ocado y maquillaje, y del mismo modo las e aco as que ep esen an a una muje de pie con su hijo en b azos. Na u almen e hay que espe a a la publicación de ini i a de las exca aciones pa a pode opina sob e él, pa a noso os, in e esan ísimo yacimien o de La Algaida. No obs an e, que emos deja cla a una cues ión. Es muy posible que el san ua io es u- ie a dedicado o igina iamen e a As a é en su ad o- cación ma ina, lo cual no impide que, bajo in luen- cia ca aginesa, se hubie a dado allí ambién cul o a Tani , al como pa ecen indica los pebe e os, y quizá las igu as cu ó o as. Las exca aciones del emplo de Sa ep a po P i cha d, así como o os es- imonios del á ea púnica ( éase más abajo...), nos demues a que ambas diosas pueden habe ecibido cul o conjun amen e. En es e mismo sen ido, cabe aquí eco da el amoso ex o de Plinio (IV, 120), en que hace e e encia a los di e sos nomb es eci- bidos po la isla E i ía, donde es u o el más an i- guo asien o de la ciudad de Cádiz. Dice Plinio que Timeo y Sileno la llamaban Aph odisias, y los indí- genas ínsula Iunonis, lo que pa ece aludi a una co espondencia As a é-Tani (MARÍN CEBA- LLOS, 1983, 16). FIGURAS FEMENINAS CURÓTROFAS Se a a de a ios ejempla es de igu illas eme- ninas de e aco a, en onizadas y amaman ando a un niño, apa ecidas en el ámbi o ibé ico. Dos de ellas, idén icas, p oceden de la nec ópolis de Cabe- cico del Teso o (Ve dolay, Mu cia). La e ce a, de La Albu e e a (Alican e). La cua a, más cues io- nable, p ocede de la llamada nec ópolis ibé ica de O an, cuyos ma e iales se conse an en el MAN. Las igu as de Ve dolay (láms. 11 y 12), ac ual- men e en el Museo de Mu cia, ep esen an a una muje sen ada en ono de amplio espaldo, edon- deado en su pa e supe io y lige amen e uel o sob e su cabeza a mane a de dosel. Se peina con cabello ceñido en o no a la en e, cayéndole a ambos lados del os o dos enzas o i abuzones que 58 Lám. 11-12.—Figu a de la nec ópolis de Cabecico del llegan has a los homb os, y sob e el mismo un elo que se deja e po de ás. El os o p esen a as- gos exó icos, esal ados po los ojos y las p ominen- es o ejas que quedan po ue a del cabello, de un modo bien conocido en la adición igu a i a púnica (MOSCATI, 1975 b, igs. 163, 164, 184). Se is e con única ala , y mangas has a el codo. En sus b a- zos, sos iene un niño que se sien a sob e su alda, gi ando el o so hacia el pecho de la mad e, que le suje a la cabeza con su mano izquie da y las pie - nas con la de echa. El niño le an a ambos b azos sob e el bus o ma e no. Todo el conjun o se asien a sob e una le e peana (NIETO, 1943-44, 156, lám. 4; FERNÁNDEZ FUSTER, 1947, 59-60; ASTRUC, 1962, 73). Los dos ejempla es de es e mismo molde apa e- cie on, como se ha indicado, en sendas umbas de la nec ópolis de Cabecico del Teso o, jun o a la u na. En opinión de G. Nie o, pod ían echa se en i, Ve dolay, Mu cia ( o o Museo P o incial de Mu cia). la segunda e apa de la misma, a pa i de ines del siglo III, has a la p esencia omana (NIETO, 1943- 4, 173). No obs an e, ha de ad e i se de cie a imp ecisión en las da aciones de Nie o, a causa de no habe se concluido nunca el es udio de la nec ó- polis. La pieza de La Albu e e a p esen a en cambio asgos mucho más helenizan es (lám. 13). Mide 21 cms. de al u a. La igu a emenina se sien a en un ono de g an espaldo que, ambién en es e caso, se uel e lige amen e hacia la cabeza de la diosa (14). El peinado, apenas ap eciable po lo gas- ado del molde, ecue da al de la Hygeia de Tegea, de mediados del siglo IV. El os o p esen a los as- (14) No encon amos pa alelos exac os pa a el ono, que pa ece segui modelos helenís icos, pe o en una in e p e ación local. Gua da cie a semejanza con el ep esen ado en una e a- co a de Mi ina, en el Lou e (RICHTER, 1966, Lám. 143). 59 Lám. 13.—Figu a de la nec ópolis de La Albu e e a gos idealizados p opios del siglo IV g iego. De o ma especial se ía empa en able con la cabeza de Ampu- ias en el Museo A queológico de Ba celona (RIPOLL, 1969, lám. IX). P esen a la mi ada baja, di igiéndola sin duda hacia el niño que iene en los b azos. És e, sob e la alda, eclina la cebeci a en su b azo de echo y le an a el izquie do hacia el pecho de la mad e (LAFUENTE, 1934, lám. X; TARRADELL, 1968, ig. 123; LLOBREGAT, 1972, ig. 16, 1974, p. 302, lám. V. ASTRUC, 1962, 73. BLÁZQUEZ, 1975, 79). El ipo es bien cono- cido en el a e g iego, especialmen e en el A emi- sion de É eso, aunque con no ables di e encias de es ilo. Aquéllas p esen an al niño en la misma posi- ción, pe o és e le an a hacia el pecho de la mad e la mano de echa (HIGGINS, 1954, 551 ss.). Tan impo an e o más que la igu a en sí, es su con ex o. Apa eció en la que La uen e llama a «g an sepul u a i ual» de la nec ópolis de La Albu e e a, ecien emen e e isada po F. Rubio Gomís (RUBIO, 1986, 214-226). Se a a de un g an úmulo que con enía a ios en e amien os, el más impo - an e de los cuales es el L-127-A. A un lado había una especie de «ho nillo», hecho con adobes, o - Lám. 14.—Bus o de e aco a de la nec ópolis de La Albu e e- a, Alican e. mando dos ilas sepa adas unos 20 cms. En la pa e opues a, una g an pied a de o ma cónica de unos 120 cms. de al u a. El ajua e a copiosísimo, p e- dominando las piezas de e aco a de cla o ma iz púnico: es pebe e os en o ma de cabeza emenina, un g an bus o emenino de ipo ibicenco, del que nos ocupa emos más adelan e, la pieza aquí es u- diada y o as cua o igu as emeninas ep esen- ando a muje es, en posición es an e, con amplios es idos. Una de és as, con el núme o de egis o NA-6004, L., «pa ece es a en es ado de emba azo», según es imación de F. Rubio, y sos iene una paloma en su mano de echa (íbidem, 215, ig. 97). En la misma umba y ambién en e aco a, una pequeña cue a con o i icios que quizá si ie an pa a colo- ca eli as o an o chas (RUBIO, 1986, 216; TARRADELL, 1973, 35-37), amén de o os ag- men os de igu as y nume osas piezas de me al y ce ámica. El g an bus o ci ado (lám. 1) ep esen a a una diosa ocada con al o kala hos del que sólo se con- se a la cabeza y pa e del pecho y lado izquie dos, encon ándose es au ado y cons uido en el Museo de la Dipu ación de Alican e. Mide 47 cms. de al u a. De o ma un an o acampanada, la espalda es lisa, mien as el pecho emenino es á lige amen e indicado. Dos g andes o i icios a ambos lados se - i ían pa a asoma los b azos mó iles. El os o es de asgos pe ec os, muy helénicos. Se peina con aya en medio y el cabello enma cándole el os o, 50 Lám. 15.—Figu a en onizada de la supues a «nec ópolis ibé i- ca de O an», ( o o MAN). con las pun as uel as hacia a iba, en ollándose en una diadema lisa que asoma en su pa e supe io . Es o almen e hueca, y sin apa en la zona del kala- hos. P esen a es os de polic omía (RUBIO, 1986, 218, n.° R. NA 5995, Re . L, ig. 97; ASTRUC, 1962, 74; LLOBREGAT, 1974, 303, lám. VI). Se a a e iden emen e de un bus o, cuyo p o- o ipo hay que busca en los u ilizados como ex o o en los hesmopho ia sicilianos, que luego pasan a Ibiza y Ca aga (ALMAGRO, M. J., 1980 b, láms. LI-LXIII), donde son muy ecuen es, sob e odo en las umbas. Muy p obablemen e és e p ocede de Ibiza (ASTRUC, 1962, 74), y no nos cabe duda de su signi icación en el con ex o de la umba; como los pebe e os, la igu a en onizada y quizá alguna de las e aco as emeninas, ep esen a a la diosa Tani , y odo es e conjun o cons i uye una p ueba de la de oción a la diosa po pa e de la pe sona allí en e ada. Una cua a ep esen ación de diosa en onizada nu icia se ía la p oceden e de la nec ópolis ibé ica de O an, que se conse a en el MAN (SANTOS, 1983, ig. 144). (Lám. 15). En su es ado ac ual la al a de cabeza y la base. Mide de al u a máxima 12,50 cms., 9,70 de anchu a y 8 de p o undidad. Rep esen a a una g uesa muje que se sien a sob e un sillón sin b azos, cuyo espaldo pa ece edon- deado en su pa e supe io . Las pie nas se ala gan bas an e has a la al u a de las odillas, de las que la izquie da queda algo más adelan ada. No pue- den ap ecia se de alles del es ido po a a se de un molde muy gas ado. El niño es bas an e g ande, y se halla endido sob e la alda de la mad e, lle- ando su mano al pecho izquie do de és a. Fal a ambién el b azo de echo de la misma, cuya mano pa ece suje a los pies del niño. La igu a es á o al- men e hueca, y iene un g an o i icio en la pa e pos- e io . Además de los pebe e os ya mencionados ( éase sup a), en es a misma nec ópolis apa eció o a igu- i a es an e que pa ece lle a algo, posiblemen e un niño, en los b azos, semejan e a algunas de la nec ó- polis de La Albu e e a (SANTOS, 1983, lám. II, 6). Todo pa ece indica pues que hay que in e p e- a es as igu as como di inidades nu icias. Anó- ese que odas ellas p oceden de nec ópolis en que apa ecen o os elemen os de in luencia púnica, en especial los pebe e os. Hace años que M. As uc apun aba que es os ma e iales e an p oduc o de un mismo cul o, p obablemen e muy sinc é ico, y que se debían a la p esencia ca aginesa en Le an e (ASTRUC, 1962, 72-76). El ipo de igu a emenina en onizada amaman ando a un niño, es muy iejo en el Medi e áneo, pe o la iconog a ía aquí es u- diada la encon amos en el mundo g iego: así en Beocia ( ines del siglo VI y du an e el V) (HIGGINS, 1954, 793-820), y especialmen e en Rodas (desde comienzos del s. V) (HIGGINS, 1954, 133: ZUNTZ, 1971, 111) y la cos a Jonia (A emision de É eso, HIGGINS, 1954, 551 ss.), desde donde se di unde po la Magna G ecia y Sicilia: en los san ua ios de He a en Poseidonia (LÉVÉQUE, 1973, 50; 1961, 216), y Fundo Pa u elli, en Capua (LÉVÉQUE, 1973, 52); nec ópolis de Selinun e, jun o al san ua- io de la Malopho os (LÉVÉQUE, 1973, 51), en Bi alemi y Mon e Bubbonia, al N. de Gela (ZUNTZ, 1971, 112, 93; ORLANDINI, 1966, láms. IX, XI y XIX). C. Ku z y J. Boa dman han hecho no a que es as e aco as son compa a i amen e a as como o endas une a ias. Ad ie en, además, que los ipos son iguales, an o si se les encuen a en san- ua ios como en umbas (KURTZ Y BOARDMAN, 1971, 209). Es sin duda a a és de Sicilia como pasan al mundo púnico. Las e aco as ep esen ando a una diosa en o- nizada son muy ecuen es en Ibiza, an o en nec ó- polis, donde M. J. Almag o las in e p e a como igu aciones de Tani (ALMAGRO, M. J., 1967, 28 ss., 1980 (2), láms. XLII-XLIV, ns. 64-68, 76-79), 61 como en san ua ios (AUBET, 1982, lám. XX, ns. 1-3, 27), sin emba go, es digno de no a que no conocemos ningún ejempla en que ales igu as amaman en a un niño. Ello nos obliga a pensa , po un lado, que nues as e aco as no p oceden de allí, y po o o, que exis e una p e e encia peninsula po es as diosas nu icias. Hace años comen ábamos la p esencia en una umba ibé ica del siglo V de la amosa As a é de Gale a, en la que se esal a de una mane a muy singula su capacidad nu icia, así como el ca ác e sag ado y sob ena u al de al ali- men o, siguiendo la pau a ma cada po iejas di i- nidades o ien ales como Isis en Egip o o Ana en Uga i (MARÍN CEBALLOS, 1978, 28-30). Un abajo de C. Pica d (PICARD, 1969, 474- 484, láms. CLXX-CLXXIV), esul a de un eno me in e és pa a ambien a es as e aco as. A p opósi o del a ículo de M. Rena d sob e el cul o a la Nu ix Sa u ni en el Á ica omana, en que ema ca que Nu ix es una de las o mas omanas he ede as de la púnica Tani (RENARD, 1959, 27 ss.), ecoge dicha au o a los es imonios de es a Tani mad e, Tani cu ó o a y nu icia. En su opinión, dicho con- cep o, es ic amen e púnico, se e is e de o mas omadas del mundo egipcio (Isis) y del g iego (Deme e -Ko e). Así, encon amos di e sas ep e- sen aciones, sob e odo en na ajas de a ei a i ua- les, y en gemas, de una Isis amaman ando a Ho us niño, que p esen a a eces asgos no egipcios, más p óximos a Tani (PICARD, 1969, igs. 1 y 3, lám. CLXX; PICARD, 1965-6, n.° 25, ig. 58, lám. XXIII, n.° 34, ig. 63, lám. 28). Igualmen e, hay o as en que la emos como diosa en onizada a la g iega, amaman ando a eces a un niño (15), aun- que imágenes de es e ipo son más ecuen es ya en la Ca ago omana, ep esen ándose en es e caso más bien a Nu ix (16). (15) Así la «es a ua Cin as», ecompues a po él, que se echa ap oximadamen e en el 200 a. de C, mues a a la diosa elada, como una dama g iega, y en su espalda se ha allado una especie de nicho en que igu a una diosa con un niño, alusión al aspec o ma e nal de la «G an Dama» de Cá ago (CINTAS, 1952, 17 ss.; RENARD, 1959, 39, pl. III, 7). También, la ima- gen g abada sob e un pendien e de la nec ópolis de S a. Mónica, que ep esen a a una dama en onizada y elada con un hiño sob e la alda y en la pa e supe io , como símbolos de di inidad, la es ella y el c ecien e (PICARD, 1969, 477, lám. CLXXIII, ig. 7, s. III). (16) Así, po ejemplo, la igu a de e aco a de amaño p ó- ximo al na u al, apa ecida en el llamado san ua io de Baaly Tani de Bi Bou Rekba, ceca de Siagu, que publica a Me lín. Se a a Es e ca ác e ma e nal de Tani , se a es igua am- bién en la epig a ía, siendo cali icada de mad e en dos insc ipciones (RENARD, 1959, 37; PICARD, 1954, 65; GSELL, 1924, 247 y 260; HVIDBERG- HANSEN, 1979, I, 20-21 y no as). Respec o a la elación de Tani con Isis, son a ios los au o es que se han ocupado de la misma. Culican, en especial (CULICAN, 1968, 69 ss.), obse a cómo ya en Fenicia exis e una es echa iden- idad en e Isis y As a é, que se pa en iza en una ado ación po el icono de Isis amaman ando a Ho us, an o en es a uillas como esca abeos, abun- dando especialmen e es os úl imos en el Medi e á- neo Occiden al. En un caso (LIDZBARSKI, 169), encon amos una insc ipción dedica o ia a As a é al pie de una de es as es a uillas. En o o (CLERMONT-GANNEAU), una dedicación con- jun a a Isis y Ash a . En cuan o a los esca abeos, lo que ma ca su ca ác e enicio es la p esencia del hymia e ion an e la imagen di ina. En la p opia Península enemos un esca abeo en pied a neg a, apa ecido ecien emen e en las exca aciones del «san ua io» de Zalamea de la Se ena, Badajoz (MALUQUER, 1981, 126, ig. 54). En él emos a la diosa Isis sen ada y amaman ando a Ho us niño. Delan e, el ca ac e ís ico hymia e ion, y sob e la cabeza de la diosa, un disco. También son ecuen- es esca abeos de es e ipo en Ibiza (HERNÁNDEZ Y PADRÓ, 1982, 28-46, 233). Como se ha is o, al elación e iden idad con i- núa luego, en Ca ago, en e Isis y Tani (CULI- CAN, 1968, 72 ss.). El ema ha sido es udiado ecien emen e po M.a E. Aube (AUBET, 1976, 61- 82), quien documen a la amplia adopción de la alda o man o «de alas» isíaco pa a ep esen a a Tani . Asegu a és a que el ipo alado de Tani pa ece gene- aliza se en Ca ago a pa i del siglo IV, inicián- dose en onces a ias ases de esquema ización que aboca án en la o mación de las igu as acampana- das de Es Cuie am, en Ibiza, apun ando incluso la posibilidad de que el ipo se hubiese iniciado ya en época an e io , po lo menos el siglo V. Un ejem- plo excepcional es el amoso sa có ago mal llamado de «la sace do isa», en la nec ópolis des Rabs o de up, san ua io de época omana que se conside a p ueba de la ue e pe sis encia de la eligión púnica en es a época (MERLIN, 1910,48-9, lám. IV). Todos es os es imonios, jun o con las ins- c ipciones que hacen e e encia a Nu ix, son ca alogados po RENARD (1959, 27-52). 62 Sain e Monique, en el que se mezclan in luencias g iegas y egipcias. En su opinión, es as g andes alas pueden ep esen a se de es modos dis in os 1) como man o, cuando la igu a es un bus o, 2) como alas que pa en de la cin u a y se c uzan sob e el cue po, 3) supe poniéndose en a ias capas sucesi- as has a alcanza los pies. Sin emba go, pa a M.a E. Aube , es a in luen- cia isíaca sob e Tani es pu amen e o mal, ex e na, sin que se pueda habla de un «sinc e ismo», como ampoco puede deci se que és e se dé con Deme e o Ko e, pese a adop a se ambién su iconog a ía (íbi- dem, 79). Es és e un ema en el que es imposible a i - ma nada de modo o undo, an e la ausencia de es- imonios epig á icos y li e a ios, pe o sob e el que hab ía que in es iga a ondo. Dadas las es echas elaciones que hemos enido siguiendo desde Feni- cia en e ambas diosas, esul a di ícil c ee que no exis e más que una me a in luencia o mal, máxime cuando és as coinciden en su aspec o nu icio y de p o ección de ul a umba. Además de las igu as en onizadas, exis en en el mundo ibé ico o as ep esen aciones de mad e con niño, en ambien es eligiosos o une a ios, que c eemos elacionadas, concep ualmen e hablando, con és as. En p ime luga , una se ie de e aco as que igu an a una muje de pie, con la go es ido y gene almen e eladas, y un niño sob e su b azo izquie do. Una de ellas p ocede de una umba del Valle de Abdalaxis, Málaga, ac ualmen e en el Museo A queológico de Se illa. Mide 18 cms. de al u a. La muje , en posición es an e, se en uel e en un man o que le cub e la cabeza y la espalda, ecogiéndose luego a su lado izquie do. Sob e su b azo izquie do sos iene un niño, que apa ece e guido y en posición on al. És e pa ece lle a algo en su mano de echa, que no puede ap ecia se. La supe icie pos e io es lisa (GARCÍA Y BELLIDO, 1958, 194-5, ig. 6. BLÁZQUEZ, 1975, 79 y 91). O a pieza, muy semejan e, p ocede del san ua io de Cas ella de San is eban, ac ualmen e en el Museo de Jaén. En ac i ud simila a la an e io , deja aso- ma po debajo del man o un peinado de izos que le enma ca el os o, con dos mechones, a mane a de i abuzones, cayéndole a ambos lados. El man o le cae po la espalda, sin cub i le los homb os, lle- gándole has a los pies y ecogiéndose delan e, bajo la cin u a. El niño se ye gue en pos u a muy simi- la al an e io , y pa ece igualmen e suje a algo con su b azo de echo. Recien emen e han apa ecido a ias e aco as de es e ipo, al pa ece del mismo Lám. 16.—Pinax del poblado de La Se e a (Alcoy, Alican e). (Fo o Museo de Alcoy). molde que la de Cas ella , en el san ua io de La Algaida, no icia que debemos a la amabilidad de R. Co zo. Ve sión mucho más o pe y «local» de es os ipos de mad e con niño se ía la p oceden e de la nec ó- polis de La Albu e e a, conc e amen e de la umba n.° 100, en el Museo de la Dipu ación de Alican e (FIGUERAS, 1946, 315-16, ig. 1 d; NICOLINI, 1973, 46, ig. 21. BLÁZQUEZ, 1975, 79 y 91, RUBIO, 1986, 99, n.° R. NA-6008, e . F-271, ig. 39). Mide 28 cms. de al u a. La igu a se p esen a igualmen e de pie, es ida con la ga y amplia única de pliegues sob e la que se supe pone un man o que pa e de la al a ia a cónica. En su mano de echa sos iene una paloma, y en el b azo izquie do un niño pequeño inclinado sob e el pecho de la mad e. El modelado es muy suma io, y pa ece habe es ado polic omada (17). De o a umba de la misma ne- c ópolis (la llamada «g an sepul u a i ual»), p o- cede o a igu a, igualmen e es an e, a la que le al- a la cabeza y pa e de la alda. Ala ga sus b azos al en e, o eciendo en la mano de echa una paloma. De ella dice Rubio Gomís que pa ece es a emba a- (17) La umba n.° 100 se echa en el siglo IV (RUBIO, 1986, 116). En la misma apa eció un pebe e o y el amoso g upo eli- a io de la Albu e e a, hoy pe dido. 63 Lám. 17.—Es inge del Pa que In an il de T á ico de Elche ( o o Museo Municipal de Elche). zada (RUBIO, 1986, 199, NA-6004, LAFUENTE, 1934, 28-29, lám. X) (18). No nos cabe la meno duda de que odas es as igu as ienen que e con la escena ep esen ada en el pinax de e aco a hallado en el poblado de La Se e a, ac ualmen e en el Museo de Alcoy (lám. 16). De muy osca ejecución, en el cen o y sob esaliendo de la o ma casi cuad ada de la placa del ondo, se ad ie e un g ueso cuello co espondien e a la igu a acé ala que domina la escena. Se a a a odas luces de una muje , es ida al pa ece con la ga única y p obablemen e sen ada, cuyos b azos sos ienen a dos niños de pecho que ap oximan sus bocas a los de la mad e, los cuales, po cie o, dan la sensación de se múl iples, aunque ello puede debe se a la os- quedad de la ejecución. Al lado de echo del pinax, un g upo cons i uido po o a igu a emenina, de pie y en ac i ud on al, y an e ella un niño que le llega a la al u a del pecho y sob e el que se posa su b azo de echo. La mano izquie da pa ece di igi se hacia la imagen cen al, y p obablemen e sos end ía una paloma como la que apa ece al o o lado de la misma. El o o g upo es simila , con la di e encia de que mad e e hijo se p esen an en ac i ud de es a (18) Resul a de in e és elaciona es as igu as es an es cu ó- o as con la apa ecida en una umba de la nec ópolis omana de Almuñéca , jun o con o as e aco as, echable en el p i- me cua o del sigo II d. C. (RUIZ Y MOLINA, 1982, 328,-9, 344, ig. 11 y lám. 52 a), que pod ía in e p e a se como pe i- encia de es os cul os. 64 Lám. 18.—Es inge del Pa que In an il de T á ico de Elche ( o o Museo Municipal de Elche). ocando una doble lau a, y en e ellas y el pe so- naje cen al apa ece una paloma. La ejecución gene- al es muy osca, los os os se ep esen an simple- men e a base de pellizcos que dan o ma a la na iz, con un lige o ehundimien o pa a los ojos (TARRA- DELL, 1968, ig. 64; LLOBREGAT, 1972, 57, lám. XV; BLÁZQUEZ, 1975, 79). Es e iden e que enemos aquí, oscamen e ep e- sen ada, una diosa mad e de ipo medi e áneo, cuyo asgo más ca ac e ís ico es su aspec o nu i- cio, y a la que acuden las mad es con sus hijos en demanda de p o ección, con un i ual de música y o endas como la paloma. Es a diosa debe se la misma a la que se o ecen esas igu as de las um- bas con palomas y niños, ya que la di inidad nu i- cia de la ecundidad es ambién la que p o ege en el ance de la mue e, según un concep o p ima io de la enomenología eligiosa. Nos ienen a la men e los iejos san ua ios de la cos a Su y Occiden al de I alia, especialmen e el de Fundo Pa u elli, en Capua, con milla es de ex o os de e aco a ep e- sen ando a mad es con uno o muchos hijos, y 150 es a uas que ep esen an a la di inidad dando el pecho a a ios niños. Es a diosa se á iden i icada Fig. 4.—Es inge del Pa que In an il de T á ico de Elche, según Te esa Chapa. a la He a de Poseidonia, pe o sin duda se a a de una deidad indígena (LÉVÉQUE, 1973, 52; SES- TIERI, 1955, n.° 3, 149 ss.). Todo es e i ual iene un in enso a oma medi e- áneo que nos lle a has a Se ep a, en la cos a enicia. LA ESFINGE Y OTROS TESTIMONIOS ILICITANOS Se a a de una escul u a en o ma de es inge (láms. 17 y 18; ig. 4) apa ecida en el año 1972 en el á ea del Pa que In an il de T á ico de Elche, en exca aciones ealizadas po A. Ramos Folqués y su hijo R. Ramos Fe nández, jun o con o os es os escul ó icos ibé icos, en medio de un con ex o al pa ece co espondien e a un ho no omano que se con uyó sob e una pla a o ma hecha de de i us de una nec ópolis ibé ica. El único ma e ial echable pa ece se una c á e a de columnas del siglo IV (RAMOS Y RAMOS, 1976, 671-700). T abajada sob e un bloque ec angula de pie- d a caliza que mide 69,5 cms. de la go po 65 de al o y 28 de g ueso, es á allada sólo po su lado izquie do y pa e del en e. El e ec o gene al que causa es de un cue po excesi amen e la go, desp o- po cionado. El elie e es bas an e plano. Es á echada sob e sus pa as que e minan en g andes ga as, como ex añas manos con cinco dedos y dos acanaladu as a mane a de pulse as. Bajo el a co o - mado po la pa e pos e io del cue po se ha ahue- cado la pied a oscamen e, y po ese hueco asoma el abo, in oducido po de ás, en e las pie nas. De la es inge se ap ecia el a anque del ala, di i- dida en dos cue pos supe pues os de los que el segundo mues a una esquemá ica ep esen ación de plumas pa alelas. Mon ada sob e la misma, se e una igu a delgada y pequeña de la que sólo queda una mano, en lige o elie e sob e el cuello del ani- mal, y una pie na y pie, al pa ece descalzo, que aso- man po debajo del ala. El cue po de la misma queda en su mayo pa e bajo és a, y su cabeza y pa e supe io han desapa ecido. Pa ece lle a la mano a dos acanaladu as en elie e que pod ían se una especia de enzas. En la pa e an e io de la es inge se mues a una igu a emenina. No ocupa posición o almen e on al, sino un poco esquinada hacia su lado de e- cho, el único abajado del bloque. Pa ece es a de pie sob e la ga a in e io de la es inge, no ap ecián- dose los pies. La cabeza es á muy de e io ada. El es ido es un an o ex año. Lle a una especie de man o de alas cuyos pliegues le salen de la pa e baja de la espalda, llegando has a el suelo. A una p i- me a ila de plumones se supe pone o a en la que és os son más co os y ap e ados. El c uce de las alas queda un poco ladeado a la de echa, al pa ece po la posición esquinada de la igu a. En la pa e supe io del pecho, en e los b azos, el es ido lle a un de alle muy signi ica i o: una especie de lo ilobulada. Los b azos se c uzan a la al u a de las muñecas, muy o pemen e azados, en especial el de echo. La mano izquie da no se ha conse ado. La de echa esul a eno memen e des- p opo cionada. En la cabeza se ad ie e un o i icio i egula , segu amen e po la acción del pico. El os- o, lige amen e le an ado hacia a iba. El cue po de la es inge es á pa ido en su pa e cen al, al- ando oda la pa e supe io del jine e. Se conse a mejo la pa e pos e io de la misma (CHAPA, 1980, 315-17). Pa a Te esa Chapa, la es inge sigue modelos g iegos, no sólo en su o ma ex e io , sino ambién en el concep o de animal de aspec o anquilo, en odo caso neu al, que se mues a en las ep esen- aciones ce ámicas y escul ó icas ya desde los siglos VI y V, pues o que en la época an e io lo hacía como un se e o í ico y amenazado pa a el hom- b e, sob e el que se abalanzaba pa a a eba a le a la o a ida. En e ec o, según H. Wal e , a quien sigue Chapa (WALTER, 1960, 67-68), es e ca ác- e hos il pa a el homb e lo a pe diendo la es inge con el iempo, y aunque man iene su elación con la mue e, pa ece que ealiza es a unción demoníaca de un modo más «sua e», lo que pe mi e su ep e- sen ación como gua dián de umbas, se bené ico po an o, en las es elas, unción en la que la encon- amos ambién en el ámbi o ibé ico (CHAPA, 1980, 331-2; ALMAGRO GORBEA, M., 1983, 7 65 ss.)- Hay alguna ep esen ación, como son los ag- men os de A enas y Si acusa ( igs. 27 y 30 de Wal- e ), y especialmen e es e úl imo, en que da la imp e- sión de que ealmen e la es inge anspo a al mo ibundo, pe o incluso en es os casos no se puede nega el ca ác e hos il del animal; así en el ag- men o de Si acusa huyen de él los compañe os del mue o. Po o o lado, la igu a humana apa ece debajo de la es inge, aunque aga ada al cue po de és a en el agmen o de Si acusa, y en o os casos en el suelo, lo que ema ca ese ca ác e de animal ic o ioso sob e el mo ibundo pa en e en o as imá- genes ( igs. 19, 27, 28 y 29 de Wal e ). En cambio, en la es inge de Elche es e ca ác e hos il no exis e, y el animal anspo a al mue o sob e su lomo, de o ma simila al g upo escul ó ico p oceden e de Es epa, en el Museo A queológico de Se illa, en que un león lle a una igu a masculina, al pa ece un gue e o, sob e su g upa (CHAPA, 1980 b, 609-612, lám. CXXI A 2, ig. 4.126, ca . SE 8). Pe o lo más in e esan e pa a nues o obje i o del bloque escul ó ico es udiado es la igu a emenina ep esen ada en la pa e delan e a de la es inge. Como hemos is o, se cub e con el man o de alas que en es e caso se pliegan y c uzan sob e la alda. No cabe duda de la p ocedencia ca aginesa de es e a a ío, que encon amos en la amosa «sace do isa» de Ca ago, del Museo La ige ie, excelen e alla sob e la cubie a de un sa có ago, que ya hace años ue in e p e ada como Tani po G. Cha les Pica d (PICARD, 1954, 66 ss.). Pe o g acias al excelen e abajo de M. A. Aube (AUBET, 1976, 61 ss.), podemos es a segu os de que al iconog a ía co es- ponde a es a diosa, lo mismo que en el caso de las igu as acampanadas de la cue a de Es Cuie am, en Ibiza (AUBET, 1976, 64 ss.; 1982, 60 ss.). O o de a- lle que nos hace e oca ales igu as es la lo ilo- bulada sob e el pecho, idén ica a la que obse amos en es as igu as ibicencas (AUBET, 1982, lám. XII, ipo 12, lám. XIII, ipo 15, ipo 16, lám. XIV, ipo 17, ipo 18, ipo 19). Po odo lo an edicho, c eemos que ambién aquí se ha ep esen ado a Tani , y de es a o ma se cons a a ía su cul o en Elche, así como su ca ác e une a io. Es e iden e que en es e caso ac úa como guía y conduc o a en el camino de la es inge y su mon u a hacia el más allá, po an o como di ini- dad sicopompa. Es a in e p e ación obliga ía a eba- ja la echa asignada a la escul u a po T. Chapa: ines del siglo VI o comienzos del V (CHAPA, 1980), pues Tani iene su esplendo a pa i de ines Fig. 5.—«Másca a» sob e un aso ibé ico de Elche. Según A. Ga cía y Bellido. del V, y sob e odo du an e el siglo IV, en especial con es e man o de alas que en úl imo é mino p o- iene de Isis, diosa que con sus alas p o ege al niño Ho us, así como a los mue os en gene al, de ahí la ecuencia de su apa ición en las umbas egipcias. C eemos, pues, que di ícilmen e la es inge puede se echada an es del siglo IV. * * # Es in e esan e obse a cómo es e hallazgo ha enido a e alo iza una se ie de es imonios sob e el cul o a Tani en la p opia ciudad de Ilici. Uno de ellos, aunque a dío, es ese emplo e ás ilo con la insc ipción IUNONI que apa ece en los sémises de ILICI de los años 13-12 a. de C. (VIVES, 1926, lám. CXXXIII, 4-5), cuya exis encia eal se co o- bo a po la insc ipción de La Albu e e a (CIL II, 3557) que menciona su es au ación (BELTRÁN, 1953, 60). Es bien conocida la iden i icación en e Fig. 6.—«Másca a sob e ke nos ibé ico de Elche, según A. Ramos. 66 ssuusíssím i humuimiuiuma 'iJ'iáilliJlU' Fig. 7.—Deco ación igu ada sob e un aso ilici ano, según S. No ds om. la diosa púnica y la Iuno omana que p obablemen e ue he ede a suya en Ilici (PICARD, 1954, 101 ss., 108). Pe o además, con amos con la ica ce ámica ili- ci ana de época ibé ica. T adicionalmen e se ha enido econociendo en las igu as emeninas allí ep esen adas una imp on a semi a; hoy c eemos pode a i ma lo. En e es as imágenes emeninas pueden hace se dos g upos: 1) las másca as, 2) las igu as aladas. El p ime g upo ha sido obje o de es udio po A. Fe nández de A iles (FERNÁNDEZ AVILES, 1944, 161 ss.) y E. Kukahn (KUKAHN, 1962, 79 ss.; 1974, 113 ss.) ( ig. 5), quien obse ó sus simili udes con los os os o «másca as» que apa ecen en la ce ámica pin ada chip io a, y que se elacionan habi- ualmen e con As a é-Ha ho . Dis in i o de las mis- mas con los cí culos ellenos en las mejillas, y a eces en la ba billa. Según Kukahn, ales másca as se ex ienden al occiden e púnico, donde las encon a- mos desde el siglo VI sob e hue os de a es uz, es u- diadas po M. As uc (ASTRUC, 1956, 29 ss.). Las es echas simili udes con la ce ámica chip io a lle- a on a Kukahn a an icipa las echas de la ilici ana, lo cual le ha sido e u ado po S. No ds om, quien opina que ales con ac os con Chip e debie on ea- liza se eniendo como in e media ios a Ca ago o el Su de la Península y que la ce ámica ilici ana no puede echa se con an e io idad al siglo II a. de C. (NORDSTROM, 1969, 210-211) (19). Es as másca- (19) A. RAMOS FOLQUÉS si úa es a ce ámica en lo que denomina es a o b o Ibé ico II, desde ines del siglo III has a mediados el I a. de C. (1976, 17 ss.) coincidiendo con él A. BLANCO (1960, 113). Recien emen e R. RAMOS (1982, 121 ss.) se ea i ma en es a misma idea de su pad e. as suelen si ua se en luga es ele an es del aso, así debajo de las asas, en el ondo del aso, e c.. A eces lle an alas. De especial in e és nos pa ece la que se mues a en el ondo de un ke nos, obje o de indudable uso eligioso, odeada de peces, lieb es, a es y plan as (RAMOS Y RAMOS, 1976, lám. V, ig. 3) ( ig. 6). La másca a de ca ác e sag ado iene un o igen indudablemen e o ien al, mesopo ámico, de donde pasa á al mundo enicio-púnico y g iego (BARNETT, 1960, 147 ss.; PICARD, 1965-6, 40- 55 y passim; CULICAN, 1975-6, 87 ss.) (20). En cuan o al segundo g upo, se p esen a muy elacionado con el de las másca as. Las igu as p e- sen an o ma acampanada y alas. Los os os e o- can las másca as po las ípicas manchas en las meji- llas. Una de ellas lle a amas en ambas manos, o a ( ig. 7) p esen a unos signos lo ales en el pecho, de cla a elación con las igu as acampanadas de la Cue a de Es Cuie am de Ibiza, así como con la igu a de la es inge más a iba ci ada. Una más, suje a con sus manos las iendas de dos caballos ala- dos de los que se ep esen an sólo los p ó omos ( ig. 8). En o o caso, apa ecen dos de es as damas sos- eniendo en sus manos unas a es, y en elación con ellas, un animal inde e minado y una se pien e. Es e iden e el ca ác e sag ado y medi e áneo de odas es as igu aciones: la p esencia de las alas, las másca as, la po nia hippon, la misma dend ó- (20) En la Península enemos a ios ejemplos de másca as ha hó icas en el ámbi o a ésico, así la que apa ece sob e un «b a- se illo» de la nec ópolis de la Joya, en Huel a (MARÍN CEBA- LLOS, 1978, 26-27, pl. VII) o en algunas piezas del eso o de la Aliseda (CARRIAZO, 1973, láms. 248, 256, 257; BLÁZQUEZ, 1975, lám. 49 a). 67 bus o, nos e oca a la que se mues a sob e una es ela de Ca ago, en que el cuenco se sus i uye po un g an c ecien e lleno de u os ( ig. 11), y o a de Bulla Regia, con g andes pechos desnudos que se si úan igualmen e sob e un c ecien e (BISI, 1967, ig. 44; PICARD, c. 1957, lám. C, CB-950) ( ig. 12). Pe o además Tani es en Elche, a nues o en en- de de o ma e iden e, una diosa psicopompa, que conduce y guía al mue o, como c ia u a des alida, en su camino hacia el Más Allá. Y, una ez más, se nos mues a elacionada con la es inge, con e - ida aquí en su auxilia y acóli o. Quizá nunca la diosa se había mos ado de o ma an cla a con es e ca ác e , que aho a nos ayuda a en ende su ela- ción con He mes y con el caduceo, del que A. M. Bisi ha demos ado el o igen g iego (BISI, 1965 b, 1-6). La es a ua de Elche posiblemen e deco a a la umba de un ibe o que, habiendo asimilado la ideo- logía une a ia implíci a en su cul o, ha que ido exp esa la con su lenguaje p opio: la escul u a de es inge, an usual en el Le an e ibé ico a mane a de es ela o o mando pa e de la deco ación escul ó- ica de la umba (CHAPA, 1980 b; ALMAGRO GORBEA, 1983). Es a Tani psicopompa es p oba- blemen e la misma que se e oca en el anillo p oce- den e de Mon emolín (Ma chena, Se illa), que hemos es udiado ecien emen e (BANDERA y MARÍN CEBALLOS, 1985, 227-231). Fechado en el siglo III a. de C, en su cha ón se ha g abado una igu a emenina ocada con una degene ación de la doble co ona egipcia opschen , que lle a en su mano de echa un caduceo. Como apun ábamos más a iba, Elche apa ece como uno de los encla es ibé icos más cla amen e in luidos po Ca ago, y de o ma especial se nos mues a es o en la ce ámica pin ada. Nues a idea es que ealmen e esa igu a de o ma acampanada con alas ecue da ep esen aciones de Tani , pe o una Tani que, ya en esa época, se halla plenamen e sinc e izada en Le an e con una deidad indígena elacionada con los caballos, y quizá con esa A e- mis E esia di undida po los ocenses en las ciuda- des po ua ias de nues a cos a o ien al (PENA, 1973, 121 ss. y no as). Elche se mues a, pues, como un nudo c ucial de in luencias g eco-púnicas. Es impo an e menciona aquí igualmen e la exis encia del impo an e cipo-es ela del Museo gadi- ano, esca ado ecien emen e de en e los mu os de la casa de Pelayo Quin e o, y que ya había sido dado a conoce po el mismo (PELAYO, 1931, 7-8). P o- ceden e del á ea de la nec ópolis de Cádiz, lo que más esal a en él es la igu ación que apa ece en elie e en su ca a an e io , y que muy p obablemen e ep esen a un signo de Tani , un an o degene ado, con un mayo desa ollo del que co esponde a la cabeza, que gene almen e es un cí culo pe ec o y aquí se ha ala gado, uniéndose al iángulo in e io con un muy enue azo ho izon al. Sin p e ende en a aquí en la impo an e p oblemá ica que plan- ea (32), nos in e esa esal a la p esencia de ese sím- bolo (33), y su posible elación con un ophe , lo que end ía a con i ma la ue e in luencia ca a- ginesa sob e Cádiz a pa i del siglo V (AUBET, 1986, 615-16), y po supues o, el cul o que la ciu- dad debió da a la diosa Tani . P ecisamen e, el p i- mi i o encla e de la ciudad gadi ana: la E y heia de las uen es, se conocía po los au o es la inos como isla de Iuno, nomb e que p obablemen e ansc ibe el de la diosa púnica (PLINIO, N.H IV, 120). Hay o os encla es des acados de la cos a Su de la Penín- sula que ecibían apela i os igualmen e elaciona- dos con He a o Iuno, segu amen e po pa e de na- egan e púnicos (34). Abundando en ello, esul a de in e és la suge encia ecien e de Ma ía E. Aube , de que la llamada Cue a de Go ham, en Gib al a , le hubie a es ado igualmen e consag ada (AUBET, 1986, 616 y 622-23). Es mani ies o que nues a in ención en es e a- bajo ha sido alo a , desde el pun o de is a del conocimien o ac ual del cul o a Tani , una documen- ación en g an pa e ya conocida. Tales es imonios, lógicamen e, han de inse a se en el ace bo docu- (32) Es á po un lado el p oblema de su da ación, pe o sob e odo el de la posible exis encia de un ophe en el á ea de la nec ó- polis gadi ana. Es in e esan e a es e p opósi o eco da el ecien e hallazgo de un conjun o de en e amien os de niños de edades comp endidas en e seis meses y diez años, cuyos c áneos apa e- cen ac u ados a p opio in en o, echable en el siglo I a. de C, que muy p obablemen e signi ique la pe i encia del i o del sac i- icio in an il en época omana (CORZO, 1983, 20-22; CORZO Y FERREIRO, 1983; MARÍN CEBALLOS, 1983, 35-37). (33) Sob e el signo de Tani y su signi icado éase p. . Recien emen e M. J. FUENTES (1983, 282) ha dado a conoce una nue a ep esen ación del mismo, es ampillada sob e un asa de án o a y acompañada de un caduceo. Es in e esan e mencio- na aquí el mo i o igu a i o epe ido en o no a un aso del san- ua io ibé ico de La Se e a, que pod ía e oca , de un modo lejano, el ci ado símbolo (V1SEDO, 1923, n.° 56, 5, lám. II A). (34) Una isla de He a, de la que se dice que con enía un san- ua io de la diosa, es ci ada po Es abón III, 5, 3-5, quien ci a como uen e a A emido o (s. IV a. de C.) Un cabo de Iuno (¡uno- nis P omun u ium) es mencionado po Mela (II, 96) y Plinio (III, 7) en e Gades y Baesippo. Mela (III, 4) menciona ambién el al a y emplo de Iuno (Iunonis a a emplumque) en e el Cas e- llum Ebo a y el Monumen um Caepionis. 74 <J <¿3> ¿? o MONTEMOLIN ELCHEo, VERDOLAY o VTLLETA DE BANYETS ?ALBUFERETA CÁDIZ Mapa n.° 3: O os es imonios es udiados. men al de ca ác e his ó ico-a queológico sob e la p esencia de Ca ago en la Península. Dis amos mucho, aún hoy, de e es a p esen- cia con cla idad. No obs an e, y aunque muy len a- men e, se a desb ozando el camino pa a en ende esas agas pe o e iden es alusiones de las uen es clásicas (35). Hoy es pa en e la acción de Ca ago en las iejas —y en algunos casos nue as— colonias del Su y Sudes e (36), desde donde con inúa, y p o- (35) Así, el segundo a ado del 348 en e Roma y Ca ago; las abundan es no icias sob e la u ilización de me cena ios ibé- icos, en las gue as emp endidas po Ca ago en el Medi e á- neo desde ines del siglo VI; las ecuen es alusiones a gen e de aza púnica o mezclada con población indígena, en el Su penin- sula ; las que hacen e e encia al cie e del Es echo po pa e de los ca agineses ( ecogidas po BLÁZQUEZ, 1983, 178, s.) (36) Fundamen almen e en Gadi , Guadalho ce, Ja dín, Malaka, Almuñéca y Villa icos (AUBET, 1986, 612-623). bablemen e po encia, la ac i idad come cial con el es o de la Península (37). Pa a en end es e enó- meno han sido de g an u ilidad las ideas de la escuela de Polanyi ace ca de lo que ellos llaman «come cio adminis a i o», basado en las elaciones es ableci- (37) Con espec o a Le an e, es ob io que una co ien e come cial que pudié amos denomina «ca aginesa» sucede, as un b e e eclipse hacia mediados del siglo VI, a los iejos con ac- os es ablecidos desde las colonias del Su , ya desde el siglo VIII (ARTEAGA, PADRÓ Y SANMARTÍ, 1986, 303 ss.; GONZÁ- LEZ PRATS, 1986, 279 ss.). En lo que se e ie e a Ampu ias, ecien emen e A. PUJOL (1984-5, 27-28), opina que quizá la ciu- dad pudo ac ua como cen o dis ibuido de p oduc os ca agi- neses, lo que explica ía el auge empo i ano du an e el siglo V. Peo conocida, aunque indudablemen e exis e, es la pene ación come cial ca aginesa a lo la go del Valle del Guadalqui i . En odo caso, pa ece que los con ac os es ablecidos con el á ea Su peninsula son de ca ác e di e en e, y po an o dejan huellas ambién muy dis in as. 75 Fig. 12.—Es elas del ophe de Cá ago, apud A. M. Bisi. das en los «pue os de come cio», en e in e eses económicos a ios, en azón a un equilib io que ase- gu e y ga an ice el lib e come cio en los mismos (REVERÉ, 1976, 87-108). Pensamos, no obs an e, que es a ac i idad come cial, con se muy impo an e, no es su icien e pa a en ende la ac uación ca aginesa en la Penín- sula (38). Es mucho lo que desconocemos sob e el ema, pe o odo pa ece indica que exis en peque- ñas «colonias» o g upos más o menos nume osos de gen es de p ocedencia ca aginesa es ablecidos no sólo en las iejas undaciones enicias, sino en ciu- dades ibé icas de especial signi icación, económica, ya pue os come ciales como Elche, encla es ag í- culas como Ca mona y o os pun os del alle del Guadalqui i (GONZÁLEZ, 1973, 457-8; BEN- DALA, 1986; JIMÉNEZ, 1977, 233 ss.; BELÉN e alii, 1986, 59-60) (39), o luga es cla e pa a la ob en- ción y el anspo e del me al (40). Sob e es a in aes uc u a, pensamos, ac uó la dominación (38) Po el con a io, GONZÁLEZ WAGNER (1983, pas- sim) c ee que la ac uación ca aginesa an e io a los Ba ca en la Península se limi ó a un «impe ialismo indi ec o», de ipo come - cial, basado en el con ol de los «pue os de come cio». Según es o, la no a dis in i a de la dominación Bá cida consis i ía p e- cisamen e en sus i ui ese impe ialismo indi ec o po un con ol e i o ial di ec o. (39) En el as eo de las huellas dejadas po Ca ago, nos pa ecen de g an u ilidad las uen es numismá icas (CHAVES Y MARÍN CEBALLOS, 1987) (40) Hay ciudades como Olon o I uci (Tejada la Vieja, Esca- cena, Huel a) que en los inicios de la dominación omana acu- ñan moneda con le e os en al abe o púnico. En elación con el con ol de las u as del me al, es á aún po de ini en sus jus os é minos cuál haya sido el papel de Cá ago en la cons ucción de los ecin os o i icados y a alayas que es udia an FORTEA Y BERNIER (1970), echables desde el siglo V en adelan e, cuya écnica cons uc i a p esen a es echos pa alelos con es uc u as semejan es u ilizadas po los ca agineses en Ce deña y N. de Á ica (BARTOLINI, 1973, 109; GONZÁLEZ WAGNER, 1983, 245-6 y no as). Bá cida, po enciando, du an e un b e ísimo espa- cio de iempo, ac i idades que sin duda enían ea- lizándose desde mucho an es po gen es de su aza, en muchos casos ya mezclada con población his- pana, lo que explica ía é minos como bas ulo eni- ces o blas o enices (APIANO, Ibe ., 56), que apa- ecen en las uen es clásicas. BIBLIOGRAFÍA ABAD CASAL, L. 1985: «El yacimien o ibé ico del Cas illo de Gua dama ». Fes es de Gua dama — 1986: «Cas illo de Gua dama », A queología en Alican e 1976-86. Alican e ACQUARO, E. 1978: «Tha os á la lumié e des nou elles eche - ches», // Cong és In e na ional d'É ude des Cul u es de la Médi é anée Occiden ale. Alge ALMAGRO BASCH, M. 1953: La nec ópolis de Ampu ias ol. I, Ba celona ALMAGRO GORBEA, M. J. 1967: Exca aciones a queológi- cas en Ibiza. Mad id — 1980: Co pus de las e aco as de Ibiza. 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