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Discurso de contestación

García Díaz, Sebastián

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DISCURSO DE CONTESTACION po el Exmo . S . D . D. Sebas ián Ga cía Diaz Es e iden e pa a odos los que nos eunimos en es a a de solemne que, al se de signado po la Academia pa a con es a el discu so de ing eso de Flo en ino Pé ez-Embid, no se ha buscado en mí ni au o idad his ó ica que no poseo en abso- lu o , ni mé i o s de an igüedad, ni pa alelismo p o esional con el ecipiendia io. La nominación, po odos aquellos concep- os inme ecida, sólo se jus i ica en azón a la amis ad. La ga, p o unda, in a iable amis ad, qu e cie amen e ha decidido pa a in es i me de la al a esponsabilid ad que signi ica se po a oz de la Academia en ocasión an seña lada y di ícil. A lo la go de la ida, somos amigos de muchas gen es: amis ades de in ancia y adolescencia, amis ades de es udio, de p o esión, de paisanaje, de ecindad, de ocios y depo es, de ideas polí icas; en de ini i a, de las ci cuns ancias del homb e. Amis ades que sólo exigen una supe icial a inidad, buena edu- cación y modos sociales, pe o que a a ez esis en la p ueba de la dis ancia , el dolo o el en en amien o. De a de en a de, a lo la go de la ida, algunos de aquellos amigos de coyun- u a se nos me en en el hondón del alma, y en ella a incan de mane a de ini i a, c eciendo a la in empe ie de los años. Hace ya muchos (julio 1946), y en un a ículo que se in- cluye en uno de los lib os del nue o Académico, «Paisajes de la ie a y del alma», és e se e e ía en el ex o a «Un iejo amigo, iejo a ue za de amigo, y amigo ... ¿a ue za de qué?». Han pasado ya ein a y es años desde el comienzo de aquella amis ad, y hoy puedo deci que ha cuajado a ue za de a ini- dad, de pasión, de desacue dos llenos de espe o y ca iño, a 34 SEBASTIÁN GARC1A D1AZ ue za de golpes compa idos, a ue za de p o undas in e o- gan es ascenden ales que ue on con es adas a la ida en dos oces dis in as con una misma idea, a ue za de una ósmo- sis no sólo de lo que el co azón calien a, sino de aquello que la men e c ea o cla i ica, a ue za de leal ad. Una amis ad de es a je a quía si e pa a imp egna de sen ido una elación de o ma de ini i a, y esponde a aquel ideal de pe manencia que dejó esc i o Que edo a p opósi o de un sen imien o pa- alelo: Se án cenizas, mas end án sen ido. Pol o se é, mas pol o enamo ado. Desde es a pla a o ma, ins alado en la amis ad, no oy a expone los mé i os de Flo en ino Pé ez-Embid, de odos co- nocidos, ni a con a con le e comen a io sus ob as esc i as y publicadas, que se incluyen al inal en elación apa e. Voy, con b e edad y po de echo, a hace un eco ido po los hi os p incipales de su biog a ía que jus i ican muy holgada- men e su ing eso en es a Academia. Vamos a con empla una ayec o ia cíclica en su ma cha, pues el acon ece cíclico es un hecho biológico y mís ico. Que la ida no p og esa con una ascenden e o descenden e línea ec a, sino po mese as y alles. * * * Acabamos de oi el o igen se ano del nue o académico, y su muy emp ana inculación a Se ill a. Es es e un enó- menos qu e se epi e casi con cons ancia de ley en la his o ia de nues a ie a: o as e os insignes, pe sonas que ie on la luz ce ca o lejo s de nues a ciudad, u ie on a lo la go de su ob a una dedicación e icaz y lúcida en el cuidado y p omo - ción de Se illa, en épocas en que los p opios se illanos de nacimien o hacían poco po su ciudad. Y a ho a mismo , en es e úl imo decenio, un gadi ano ecino de Mu amid y del Rey D. Ped o cuida, igila, su e, p opone y ade eza la ca a de es a ciudad, de an queb ado u banismo; un se illano de Las Palmas de G an Cana ia nos en ega la isión ín ima, sen- DISCURSO DE CONTESTACIÓN 35 imen al, e udi a y es emecida de una Se illa insóli a; y o o se illano de la Sie a de A acena ha p omo ido - con pasión in eligen e-, en poco más de cinco años, la es au ación de lo que en Se illa es aba abandonado po un la go con o mis- mo, más ácil al lamen o que a la acción. Aquella Se illa que había de se de ini i amen e su ie a, le acogió con el encan o de me ópolis campe a que oda ía conse ab a po los años 40. Una ciudad que en su quehace uni e si a io es aba cen ada en nobl e casa, bellamen e e o- cada po un poe a se illano: «Había en el iejo edi icio de la Uni e sidad, pasado el pa io g ande, o o más pequeño, as de cuyos a cos, en e las adel as y limone os, susu aba una uen e. El loco bullicio del pa io p incip al, sólo con subi unos escalones y a a esa una gale ía, se ocaba allá en silencio y quie ud. No había o o umo sino el del agua en la uen e, le e y sos enido, al que se sob eponía a eces el ino ugi i o de un bando de golond inas, c uzando el cielo que encuad aban los ale os.» Años de descub imien os y de o mación , de ec o e len a y amo osamen e una ciudad que enía en el alabeo de sus calles, en la paz de sus esquinas y en la calma de sus pla- zuelas, el ma co jus o pa a la cha la, el silencio, o la pu a con emplación. En de ini i a pa a el conocimien o del cue po de la ciudad y del alma de los amigos, elemen os que habían de c is ali za en un amo b o ado de aquello que se conoce y que es bello, a mónico, e dade o, y llega a se paisaje del alma; no ol idemos que «el paisaje es esa no ma es é ica de equilib io pe ec o que en uel e al homb e como un opón de paz y lejanía». Sin hace lamen aciones es é iles, o nos algias acusado as, es e iden e que ol emos a esa Se illa cuando a amos de asi nos a una es é ica cla a, po den o y po encima de una magni icencia ac ual en anca desp opo ción . En aquellos años Flo en ino Pé ez-Embid con igu a una de sus p incipales dedicaciones: la de his o iado , y conc e amen e his o iado de Amé ica, al mismo iempo que a dando salida a o a ac- i idad a la que ha de pe manece iel en adelan e, como es 36 SEBASIIÁN GARCÍA DÍAZ la del pe iodismo de ensayo e in e p e ación. Se illa, A acena, La Rábida, ie as y ciudades desde las que pensa , o ma se y esc ibi . Me i o ia a ea es pe manece iel a es a condición de es- igo y esc i o . Aquella o ma de esc ibi que signi ica el deja cons ancia pa a uno mismo, o pa a un dilec o y mínimo audi- o io, iene su compensación en el p opio gozo que p oduce mi a quie a y de ini i amen e plasmadas unas ideas o emo- ciones ugaces. Pe o el o icio de esc i o docen e pa a un pú- blico g ande, pa a una masa de lec o es de muy dis in o ni el de asimilación, exige una cla idad de pensamien o y un igo en la exp esión esc i a, que hace abajo du o y gene oso lo que comienza siendo espon áneo desahogo; hace me i o io y social lo que pod ía se sólo es é ico. Si además omamos en cuen a que las ideas de un homb e no ienen po qué se mono í micamen e idén icas a lo la go de odas las ci cuns- ancias biológicas y nacionales, podemos es ima con más jus- icia lo que iene de alioso el es imonio de un pensamien o iel a unos p incipios que pe manecen, pe o con capacidad de adap ación a unas ci cuns ancias que cambian. Lo cual ale an o como segui siendo e az a huidas de anac onismo. * * * El ene o sólido y ec undo de su o mación uni e si- a ia, muy p on o c is aliza en una ambici osa inqui e ud que le a as a a la áspe a lucha en el Mad id de los años 50. Son los iempos de su dobl e oposición a cá e d as, de la p o- moció n y pues a a pun o de la e is a y g upo «A bo », de las p ime as andadu as en un quehace uni e s i a io y polí- ico que había de ma ca le de modo pe manen e, ya que am- bas ac i idad es son de las que dejan pa a sie mp e en olado a un homb e. El o icio uni e si a io exige -si es bien eje cido- un cons- an e juego de in e o gación y espu e s a; muchas eces es- pues a llena de pe plejidad an e ho izon es o abismos que p omue en las men es ju eniles que nos odean y nos inquie - an. El o icio uni e si a io, ama ado a la se idumb e in e- DISCURSO DE CON:..:TES=T::.AC==I=ÓN:..:.._ ________ 3::.:7 lec ual, obliga a no da ningún concep o po concluso, nin- guna écnica po pe ec a; sólo la é ica o unda, y la es é ica como lujo, cuando se ha conseguido sus ancia. Ninguna ac i- idad humana hay que en añe al exigencia de con inua ela- bo ación. Muchos homb es y muchas ins i uciones ienen <lis- . pues os, incluso lle an en su p og ama, cambios pe iódicos de es uc u a que mode nizan y hac en igen e una con inua ca- pacidad de con oca o ia . Pe o el <(es a al día» del in elec ual uni e si a io iene que hace se sob e unos esquemas men ales que han sido elabo ados muy pe sonalmen e, a a és de mu- chas ho as de soledad y c í ica; y deben se cambiados, com- ple ados o sus i uidos ambién en la soledad del p opio pen- samien o, sin con oca o ias ex e nas, en un es ue zo del que an as eces es es igo único la p opia pe sona. No es de ex- aña que a lo la go de cualquie o a ac i idad polí ica, em- p esa ial, social, que el uni e si a io en eje cicio emp enda, enga siemp e lis os ecambios de ideas, ese as de ene gías, capacidad dialéc ica; ca a ex e na y a eces b illan e , de lo que ha sido y es ín ima y du a labo de asimilación y c í ica. La llamada a la polí ica ac i a supuso pa a Flo en ino Pé ez-Embid la posibilidad de eje ce el u o de aquella e apa de labo eo. Polí ica que engancha al homb e po su pu o ins- in o de mando y c eación, y que iene que se mode ada po una conscien e olun ad de se icio. Que la polí ica no co- ompe ni des ía cuando se encauza, como el lecho de un ío, pa a lle a las aguas que uno anspo a pe o no posee, que uno con o ma pe o no in en a. De aquellos años de su ac i- idad polí ica queda o n unas no mas desde la Di ección Ge- ne al de In o mación, plasmadas en el eju enecimien o de los A eneos, los Fes i ales de Música y Danza, las publicacio- nes cul u ales , la p omoción del lib o y las ideas, ha s a donde daban de sí unas ci cuns ancias ad e sas en lo ex e io y de queb adi zo pulso en lo in e no. * * * T as un decenio de nue o abajo uni e si a io, el e ce ciclo en la biog a ía sinóp ica de Flo en ino Pé ez-Embid se 38 SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ inicia con un g an dolo en es a su ie a se illana, y con la llamada inmedia a al eje cicio de una polí ica ac i a, de nue - o, en el campo de las Bellas A es y la Uni e sidad. La Uni e sidad que en es a ocasión abso be su es ue zo es la «Menéndez Pela yo» da los e anos de San ande , desde la que ha podido i i la ecundidad de p omo e cul u a en la pe i- e ia de las egiones, y la e icacia que iene una labo de pen- sami e n o libe ada de cánones ígidos y p og amas inmu ables. Pe o es sin duda su ingen e labo en las Bell as A es la que ha sub ayado en el ámbi o nacional la ejecu o ia de unos log os e inqu ie udes absolu amen e inéd i os has a su llegada . Quizás po no se un p o esional de las B ellas A es, sino sólo buen a icionado, ha podido ene la g acia y el empuje p e- ci so s pa a c ea desde Decenas musical es ya en aizadas en los ciclos anuales , ha s a Museos, Exposiciones, Exca aciones A q ueológicas, es a u ación de Ci u dade s monumen ales , ense- ñanzas a ís icas, de ensa d el P a i monio hi s ó ico-cul u al de España, publicacion es nu e a s, des inadas a un público que no acude a los semina ios de lo s especialis a s, pe o que es ap o pa a la o m ación y goce de la s a es bellas. Y es e abajo, con el al a n e inqui e o, con p isa ejecu i a y con inicia i as en cadena, al ai e de lo que dejó esc i o León Felipe con ma - gis al pe il: Que no se acos umb e el pie a pisa el mismo suelo, ni el ablado de la a sa, ni la losa de los emplos, pa a que nunca ecemos como el sac is án los ezos, ni como el cómico iejo digamos los e sos. Tiempos es os en el que los ecue dos empi ezan a pesa , en los que el p oye c o ya no ie ne aquella gozosa impaciencia