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La eximia doctora Teresa de Jesús

Acedo Castilla, José F.

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LA EXIMIA DOCTORA TERESA DE JESUS Po JOSÉ F. ACEDO CASTILLA Hac e cua ocien os años que en Alba de To m es, en la paz del Seño , mu ió una de las muje es más insignes con que se eno g ull ece nu es a Pa ia: Te esa de Cepeda y Ahum ana, co- nocida en od as la s la i ud es po Te esa de Jesús. La San a de la aza - c omo ace adamen e la ll amó doña Blanca de los Ríos- iene de ieja e ilu s e p o sapia. La san - g e de sus an epasa dos se había il ado du an e sig lo s po a mad u a s, ada gas y b oquel es, adqui ie ndo aqu ella pu eza y empe a u a espi i ual que con ie e en una h e encia la o- cación al he oí smo. Su pad e, el noble caballe o oledano Alonso S ánchez de Cepeda, desc iende de aquel Vasco V ázq uez de C epe da que pelea glo io samen e en el ce co de Gib al a al lado de Al on so XI. Su mad e, doña Bea iz D á ila y Ahumada, es de amilia no menos ilu s e 1• Los nume osos he manos de San a Te esa esponden a la oz del linaj e y al ambien e de g lo ia que caldea e n onc es a od a la aza española. Uno de ellos, Juan, cae lu - chand o en l as ca mpañas de I a lia hacia 1528, siendo Capi án de In an e ía . L os o os sie e -He nando, Je ónim o, Lo enzo, Rod igo, An onio, P ed o y Ag us ín- in épidos a en u e os ma chan a Am é ica, coope an b iosam e n e a la conquis a del P e ú , pon en su espada al se icio del i ey Bla sco Núñez Vela con a los ebeldes acaudillados po Gonzalo Pi za a y p o- l. Sob e el linaje de Jos Cepeda y de los Ahumadas, ide F . Gab iel de Jesús, C. D. , La San a de la Raza. Edi o ial Volun ad, S. A., Tomo l. Mad id, 1929 , pág. 196-230. También se ocupa de es e ema el P. F . Manuel T agg ia , La Muje G ande. Tipog a ía Ca ólica Casals, Tomo l. Ba celona, 1 882 , plig. XXII a XLII. 66 JOSÉ F. ACEBEDO CASTILLA digan las hazañas y la sang e, en la campal ba alla de Iña- qui o 2• El emple de San a Te esa no desme ecía de su es i pe. Con uno de sus he manos llamado Rod igo, que le lle aba cua o años, se jun aban -según el P. Risco- 3 en un incón del hue o pa a lee lib os de o os que hablaban de los ma - i ios que los san os anciscanos habían padecido en Be be ia y encendido su co azón, a los sie e años sien e la ocación del ma i io. «Conce amos i nos a ie a de mo os -esc ibe la San a- 4 pidiendo po amo a Dios, pa a que allá nos desca- bezasen.» Y saliendo po la pue a del Adaja se ue on camino de Salamanca, has a que un ío suyo, F ancisco Al a ez de Cepeda, en un pun o donde se le an a hoy un humillade o llamado de las «Cua o Pos as», los e ncon ó y los ol ió a su casa. «De que i que e a imposible -dice la au obiog a ía- que me ma asen po Dios, o denamos se e mi años, y en el hue o que había en la casa p ocu ábamos como podíamos hace e mi as, poniendo unas pied ecillas que luego se nos caían». Pemán 5 ha ecogido es e hecho en un p imo oso poe- ma del que son los siguien es agmen os: En las acequias del hue o dos niños es án jugando. La niña es de gen il alle; ojos g andes y a obados; la colo del os o, blanco. Juegan a unda con en os, como que son e mi años. En los ojos de ambos b illa 2. La ida y hechos de a mas de los he mano s de San a Te esa en Amé ica l os ecoge el D . Manuel Ma ía Poli . A zobispo de Qui o (Ecu ado ) . La amilia de San a Te esa en Amé ica y la p ime a Ca meli a ame icana. F ibu go de B isgo ia (Alemania ). B. He de , lib e o edi o pon i ici o, 1 905. 3. Albe o Ri sco, S. J. San a Te esa de Jes ís, 3.• edición, •E l Men saje o del Co azón de Jesús .. Bilbao, 1934, pág . 19. 4. Vida de San a Te esa de Jesiis, esc i a po ella misma, ob as comple as. Edición y no as del P. Sil e io de San a T e es a, C. D. Cua a edición. Edi o ial de •El Mon e Ca melo». Bu gos, 1949 , pá g. 3. 5. José Ma ia Pemán. El Hue o de los Cepeda, homenaje a San a Te esa de Jesús, Biblio eca Lux, Tomo XlV. Toledo, 1925 , pág . 79-83. 1.A EXIMIA DOCTORA TERESA DE JESÚS un di ino uego ex año, como una lumb e celes e, como un esplando de encan o, como un uego que po den o los es u iese ab azando . De p on o dice la niña, en su habla a opellado: -¿Qué decís de i nos al mo o a mo i po C is o he mano? Oyéndola habla el niño pensa i o se ha quedado. Alza los ojos la niña; mi ándola es á su he mano. Un elámpago del cielo po sus ojos ha pasado ... Y palidece la a de, cuando dice el niño -¡Vamos! No han dicho más palab as. T as de ellos han gi ado los goznes de la pue a que es á escondida en un incón del hue o. El hue o se ha quedado silencioso, silenciosa la o e del con en o, y en los do midos soli a ios campos y en el e us o y mu allado pueblo, eina un ago mis e io eligioso ... El bando de zo zales se ha do mido sob e las amas del apial del hue o. 67 El ambien e de i ud que se espi aba en su casa, pene a- 68 JOSJ:1 F. ACEBEDO CASTILLA ba en su alma. «E a mi pad e -dice- homb e de mucha ca- idad con los pob es y piedad con los en e mos. E a de g an e dad. Jamás nadie le io ju a ni mu mu a . Hones o en g an mane a.» Mi mad e enía muchas i udes. E a de g an- dísima hones idad. Con se de ha a he mosu a, jamás se en- endió que diese ocasión a que ella hacía caso de ella» 6• «E a a icionada a los lib os de caballe ía, y no an mal omaba es e psa iempo como yo omé pa a mí, po que no pe día su labo ; sí no desen ol íamos pa a lee en ellos; y po en u a lo ha- cía pa a no pensa en g andes abajos que enía y ocupa a sus hijos que no andu iesen en o as cosas pe didos. De es o le pesaba an o a mi pad e, que se había de ene a iso a que no lo iese» 7• «Y o comencé a queda me en cos umb e de lee los -añade la San a- 8 ••• E a an en ex emo lo que en es o me embebía, que si no enía lib o nue o, no me pa ecía enía con en o». Y como su an asía e a an ex ao dina ia, que iendo acalla con a en u as soñadas la sed de emp esas más al as, ella y su he - mano Rod igo compusie on un lib o de caballe ía, con sus a en u as y icciones. Es e lib o no se ha conse ado. El Ma qués de San Juan de Pied a Hi a, en discu so que en 15 de oc ub e de 1922 p onunció en A ila an e la Real Acade- mia de la His o ia, dando cuen a del es ado de sus in es iga- ciones sob e dicha no e la , dice que en 1517, el co egido de A ila Be nal de la Ma a, mandó i ma la «Ch ónica de la Po- blación e de los echas que los caballe os della icie on en se - icio de los Reyes de Cas illa», en e los que des acaban los de Muño Gil, el caballe o de A il a. Es os echos de a mas -que alcanza on g an auge du an e la adolescencia de ambos niños- pe mi en pensa que oma on de ellos el asun o de su no ela y que el p o agonis a pudie a se Muño Gil u o o ca- balle o. Según el P. Risco 9, iene a ecae sob e aq uél una pa icula sospecha, con o o da o ecogido po el in a igable Académico Te esiano. Cuando se celeb a on en Za agoza las 6. Vida de San a 1"e esa ob. cil. pág . 2, 3. 7. lbidem . pág. 6. 8. Ibidem , pág. 6. 9. Albe o Risco, S. J. Ob. ci . pág. 23 , 24 . LA EXIMIA DOCTORA TERESA DE JE SÚS 69 ies as de la bea i icación de la San a, p esen ó cie o esc i o , llamado Juan Bau is a Felices, un abajo poé ico que enía es e í ulo: «El Caballe o de A ila, po la San a Mad e Te esa de Jesús, en ies as y o neos de la Impe ial Ciudad de Za a- goza». El Poema se publicó en 1623 y a a de un hecho de a mas de D. Muño. Su mismo í ulo y la ce canía de la echa, cuando es aba ecien e odo lo ela i o a la es á ica Re o mado a, induce a sospecha si Felices leyó u oyó nomb a al amoso lib o de caballe ía esc i o po los dos niños. Es lo que has a aho a se ha podido in es iga . No obs an e, el P. Gab iel de Jesús 10 a i ma que cuando el P. Rib e a habla de es e hecho en la ida de la San a, en la mane a de exp esa se da cla o a en- end e que ue el único a o unado bióg a o que u o en sus manos el Mss de «E l Caballe o de A ila» y que lo leyó desde la po ada has a el in, incluso el colo ón, pues dice que lo e m in a on «den o de pocos meses». Mue a su mad e, la cu iosidad emenina, el conocimien o de su belleza, y la in luencia de una p ima suya 11 -algo lige a y poco eca ada- hizo que Te esa se a iciona a a las i olida- des humanas. «Co mencé -con iesa con oda ingenuidad- a ae galas y desea con en o en pa ece bien, con mucho cui- dado de manos y cabellos y olo es, y odas las anidades que en es o podía ene , que e an ha a s, po se muy cu iosa» 12 • Y con inüa la au obiog a ía: «Tenía p imos he manos algunos, qu e e a n los únicos que enían anquicia pa a en a en casa de mi pad e, qu e e a muy eca ado... E an casi de mi edad, poco mayo es que yo. Andábamos siemp e jun os . Teníamos g an amo , y en odas la s cosas que les daba con en o, los sus- en aba plá i ca y oía s ucesos de sus a iciones y niñe ías nona- da s buena s; y lo peo ue mos a se el alma a lo que ue causa de odo su mal» 13 • ¿A qué ll ama la San a «causa de odo su mah>? Según F ay Je ónimo de San José en su His o ia del Ca men Descalzo, 1 0. P. Gab iel de Jesús . La San a de la Raza, ob. ci . T. I. pág. 345. 11. Según el P. Gab iel de Jesús , C. D., en ob . ci . T. l . pág . 386 , aquella su p ima que nin gún bióg a o nomb a, debié se Doña Je ónima o Guioma de Tapia. 12. Vida , ob. c il. pág. 6. 13 . lhid em, ob. ci. pág. 6. 70 JOSÉ F. ACEBEDO CASTILLA « odo su mal no ue más que una demasiada a ición y amo na u al que cob ó a uno de es os p imos he manos suyos 14, que en aba en casa de su pad e. Como le que ía el p imo an- o, i ella de su na u al e a an ag adable y amo osa, ácilmen- e p endió él a ición en su alma; de lo cual, dejándose lle a con sencillez, ino a apode a se de su co azón i a u ba la el sosiego, inclinándola con exceso (bien que den o de hones os lími es) a ama a quien la amaba». El episodio, que no pasó de in an il de aneo, no du ó más de es meses. En e ado D. Alonso de las elaciones de su hija, decidió desde el p incipio co a la s de aíz, pa a lo cual p o- cedió a in e na la en el Con en o de Agu s inas de San a Ma ía de G acia, donde i ían e i adas y se educaban jó enes de la hidalguía abulense. «Los p ime os ocho días -esc ibe la San a- 15 sen í mu- cho ... es aba cansada, desasosegada con ecados que ecibía de ue a. Como no había luga al a o con quien po ía de casamien o, me pa ecía pode acaba en bien, p es o se aca- bó, y comenzó mi alma a o na se, a acos umba se en el bien de mi p ime a edad. Comencé a eza muchas o aciones oca- les y a p ocu a con odas me encomendasen a Dios, que me diese el es ado en que le hab ía de se i ... ». Al año y medio de es a en el Con en o hubo de sali po en e medad a casa de su pad e. No se sabe qué en e medad ue a és a, pe o sí que pa a su con alecencia decidie on lle- a la a Cas ellanos de la Calzada, donde i ía su he mana Ma ía, casada con D. Ma ín Ba ien os Guzmán. Allí pe ma- neció un año ap oximadamen e. Mejo ada en su salud, uel e a A ila, donde luc úa dudosa sob e la elección de es ado. No encon aba gus o cabal, ni en el come cio del mundo, ni en el se icio de Dios. <<En es a ba- alla -dice- 16 es u e es meses, o zándome a mí misma en es a azón: que los abajos y pena de se monja no podían se peo que los del pu ga o io, y que yo había bien me ecido 14. El P. Gab iel de Jesús, en la ob. ci . La San a de la Raza, T. I. pág. 3 98 se ia la, en emba go , a Ped o Al a ez Cimb ón (Pe á! a cz), hijo de D. F ancisco Al a ez Cepeda, como el enamo ado galán de aquella Te esa de Ahumada. 15. Vida, ob. ci . pág. 9, 10. 16. lbid em, pág. 12 . LA EXIMIA DOCTORA TERESA DE JESÚS 71 el in ie no; que no e a mucho es a lo que i iese como en pu ga o io, y que después me i ía de echa al Cielo, que es e e a mi deseo. Y en es e mo imien o de oma es ado, más me pa ece me mo ía un emo se il que amo . Poníame el demo- nio que no pod ía su i los abajos de la eligión, po se an egalada. A es o me de endía con los abajos que pasó C is o; po que no e a mucho que yo pasase algunos po El; que El me ayuda ía a lle a los» ... La lec u a de las Epís olas de San Je ónimo y el du o golpe que su ió con la ma cha a la A gen ina de su he mano p edilec o, Rod i go, que alis ado en la a mada a las ó denes del Adelan ado D. Ped o de Mendoza, sali ó de Se illa el 24 de agos o de 1535 pa a la conquis a del Río de la Pla a, acaba- on de decidi la a ab aza el es ado eligioso, «de sue e que me de e miné -son sus p opias palab as- 17 a deci lo a mi pad e, que casi e a como a oma el hábi o». Y es que Te esa no cedía en lo una ez pensado y esuel o . A sus monjas, dibu- jando sin p e ende lo la i meza de su p opia condición cuan- do hay que ealiza alguna ob a , les dice en el Camino de Pe - ección: «impo a mucho una g ande y de e minada de e mi- nación de no pa a has a consegui la, enga lo que enga, su- ceda lo que sucediese, mu mu e quien mu mu ase, siquie a se mue a en el camino, siquie a se hunda el mundo» 18 • Es a de e minación cos ó le mu chos uegos y muchas lá - g imas, pues D. Alonso, iejo y achacoso, se esis ía a da le el pe miso. Mas ob enido al in el consen imien o pa e no, el 2 de no iemb e de 1536, a los ein iún años de edad, omó el hábüo y comenzó el no iciado en el Con en o de la Enca na - ción de las Ca meli as de A ila «como monja de elo y co o», haciendo la p o esión solemne el día 3 de no iemb e del si- guien e año 1537. 17 . Ibidem, pá g. 13. 18. Te esa de Je s ús. Camino de Pe ección. Ob as, Edic. ci . pág. 366. 72 JOSÉ F. ACEBEDO CASTILLA II Aunque du an e el no iciado no ue mucha su salud, po «la mudanza de ida» 19 y las g a es peni encias a que se dio, lue- go de p o esado -dice- 20 «comenzá onme a c ece los desma- yos, y dióme un mal de co azón an g andísimo, que ponía espan o a quien lo eía, y o os muchos males jun os. Y como e a mal an g a e que casi me p i aba del sen ido siemp e, y algunas eces del odo quedaba sin él, e a g ande la diligen- cia que enía mi pad e pa a busca emedio; y como no lo die on los médicos de aquí, p ocu ó lle a me a un luga 21 adonde había mucha ama de que una cu ande a sanaba allí o as en e medades, y en sí dije on hab ía la mía». T es meses es u o la San a en Becedas some ida a un a- amien o «más ecio que el que podía mi complesión» 22 -una pu ga dia ia - de al sue e que si D. Alonso no oma la eso- lución de lle á sela, da con ella en el sepulc o. · Vuel a a A ila, oma on a e la los médicos. «Todos me desahucia on po que sob e odo es e mal (del co azón) decían que es aba hé ica ( ube culosa) . De es o se me daba a mí poco. Los dolo es e an los que me as idiaban po que e an en un se desde los pies a la cabeza; po qu e los n e ios son in ole a- bles, según decían los médicos, y como odos se encogían ... e a ecio o men o ... » 23 • En la · noche del día de la Asunción de 1536 dióle un pa o- xismo que la u o sin se n ido cua o días. «En es o me die on el S ac amen o de la Unción y cada ho a o momen o pensaban expi aba y no hacían sino d eci me el C edo, como si alguna cosa en endie a. Teníanme a eces an mue a, que has a la ce a me hallé después en los ojos». Y co n inúa: «Quedé en es os cua o día s de pa oxismo de mane a qu e sólo el Seño puede sabe so b e los insopo ables o men os que sen ía en mí. La leng ua hec ha ped azos de mo dida; la ga gan a, de no ha be pasado nada y de la g an laqueza que se ahogaba, que 19. Vida, ob. ci . pág. 16 . 20. Ib idc m, ob. ci . pág . 16. 21. El luga a que se e ie e e a Be ce das a qu in ce leguas de A il a. 22. Vida , ob. ci . pág. 23. 23. lbidem, pág. 24. LA EXIMIA DOCTORA TERESA DE JES ÚS 73 aun el agua no podía pasa . Toda me pa e c ía que es aba des- coyun ada, con g an dísimos de sa inos en la cabeza. Toda en- cogida, h echa un o illo, po qu e es es o pa ó el o men o de aquellos días, sin pode me m enea ni b azo ni pie, ni mano , ni cabeza, más que si es u i e a mue a, si no me meneaban ... » 24• Al inicia se una pequeña mejo ía -p osi g ue la San a- «di lu ego an g an p isa en i me al monas e io que me hi ce lle a así. A la que es aba mue a ecibie on con aleg ía; mas el cue po peo qu e mue o, pa a da pena e le. El ex emo de laqu e za no se puede deci , que sólo los hue sos enía ya. Digo qu e e s o así me du ó más de ocho meses; el es a ullida, aun- qu e iba mejo ando, casi es años (o sea, h as a 1542). Cuando comencé a and a a ga as, alababa a Dios. Es aba muy con o - me con su olun ad, aunque me dejase así sie mp e ... ,. ¿Qué en e meda d es la que ealmen e u o la San a? Se- gún sus bióg a os, es poco menos que imposible e s ponde a es o. F ay Je ón imo · de San Jo sé, que -según el P. Ga b iel de J esús- 25, pa a a a de es e e ma en su lib o, con su l ó a cuan as e min encias médicas había po aquel en on ces en Es- paña, se quedó casi a oscu as. El ex Pad e Mi , en el que esc i- bió 26, le oc u i ó o o an o; y después de l ee cuan o ace ca de la en e m e dad se había esc i o den o y ue a de Españ a, dice: «Qu ien diagnos ican el es a do pa ol ógico de San a Te esa de gas i is aguda 27 que le p odujo pé dida del conocimien o, e an izaci ón mu sc ula , con u lsiones, m o de du as de la le ngua y los demá s enómenos qu e desc ibe en la e lación de su ida. «Quien a una clo osis g a e complicada con in oxicaci on es medicinales, ocasionadas po la c u ación de Bece da s 28• «Quien a un a in ección palúdica 29 , e n e medad ecuen ísima en la p o incia de A ila - en especia1 en los iempos de la Sa i a- y que se mani es aba en o ma de i eb es e ciana s y cua - anas. «Quien en in al his e is mo , p oducido po · su a án de o a- 24 . Ibí dem , pág. 26. 25. Pad e G ab ie l de Jesús , C. D. Ob. ci . T. II , Mad id , 19 30, pág. 25 4. 26. Mi gu el Mi , San a Te esa de les1ls; su ida, su espí i u, sus undaciones. Es a- blecimie n o ipog á ico de Jaime Ra és. Mad id, 1912. 27. P. L. de San. E ud e pa 110/ ogique de P. G. Lou ain, 1 886 . 28. D . lmbe - Gou h ei e , La s igmo. isa io1 1. T. II , pá g. 54 . 29. D . Goix, Annales de Philosopl1ie c lu e ienne, Juio . 1 896 . pág. 278 . 80 JOS~ F. ACEBEDO CASTILLA a asen de e o ma se y gua da la Regla P imi i a, que ella pedi ía a Dios les alumb ase lo que más con enía; y que en- onces dijo -su sob ina- Ma ía Ocampo: «Mad e, haga un monas e io como decimos, que yo ayuda é a V. R. con mi legí ima.» Y es ando en es a con e sación llegó la seño a Doña Guioma de Ulloa, a la cual con ó dicha Mad e Te esa de Jesús, el discu so que había oído ella y aquellas muchachas sus pa- ien as, y la dicha seño a Guioma de Ulloa dijo: «Mad e, yo ambién ayuda é con lo que pudie a a esa ob a an san a» 43 • «Y o, como anda ha en es os deseos -esc ibe la San a- 44 , comencé a a a con aquella seño a mi compañe a iuda ... mas yo, po o a pa e, oda ía me de enía ... po que en pa e se me ep esen a on los g andes desasosiegos y abajos que me había de cos a y como es aba an con en ísima en aquella casa; que aunque an es lo a aba, no e a con an a de e mi- nación ni ce idumb e que se ía». Todo es o lo medi aba en lo más ín imo de su espí i u, cuando he aquí que un día «habiendo comulgado, mandóle Su Majes ad lo p ocu ase con odas sus ue zas, haciéndole g andes p omesas de que no se deja ía de hace el monas e io, y que se se i ía mucho de él, y que se llamase San José es a undación que se ía una es ella que diese de sí un g an es- plando ... y que dijese a mi con eso es o que me mandaba y que le ogaba El que no ue a en e ello, ni me lo es o base» 45 El Pad e Bal asa Al a ez, S. J. -que a la sazón e a su con eso -, «no osó de e minadamen e - añade la au obiog a- ía- deci me que lo deja a, mas eía que no lle aba camino con o me a azón na u al , po habe poquísima o casi ninguna posibilidad en mi compañe a, que e a la que lo había de hace . Díjome que lo a ase con mi P e lado , y lo que él hiciese, eso hiciese yo». Las ges iones con el P o incial -que e a el P. G ega io Fe nández- las ealizó como cosa p opia Doña Guioma de Ulloa, «el cual ino muy bien en ello y dióle odo el a o que ue menes e , y díjole que él admi i ía la casa». P e iamen e 43. P. Sil c io de San a Te esa, C. D. Ob as de San a Te esa de Jes1h, o b. ci . No a pág . 216. 44. Vida, ob. ci . pág. 217. 45. lbidem, ob. ci . pág. 217. LA EXIMIA DOCTORA TERESA DE JESÚS 81 esc ibie on a F . Ped o de Alcán a a odo lo que pasaba, el cual les aconsejó que no lo dejasen de hace , y él mismo ino a A ila pa a indica les los é minos en que había de edac- a s e la pe ición al Gene al de la O den de Ca meli as, P. Ni- colás Aude , a in de ob ene licencia pa a unda el Monas e- io Re o mado . Aún hubo de consul a y pedi pa ece al in- signe dominico alenciano F . Luis Bel án, quien después de bien medi ado el asun o esc ibía a la Mad e Te esa animán- dola pa a an g ande emp esa. Mas p on o su gie on las con a iedades. Cuando ue on conocidos los p oyec os de Re o ma qu e deseaba ealiza , co- menzó a se cens u ada, se e a y despiadadamen e, po sus mismas compañe as de claus o. A las queja s de su con en o se unie on las con adicciones de los Pad es Ca m eli as, la esis encia de la nobleza, la oposición de los Regido es, las mu mu aciones del pueblo, y como si an a s con a dicciones ue an po co, se a ó del asun o en el púlpi o, hablándose desa o adamen e con a la p oy ec ada R e o ma y su au o a. Te es i a de Jesús, sob ina de la San a, cu en a es e hecho de la sig ui en e o ma: «Es ando con su h e mana Doña Juana de Ahumada ue on un día al se món a la Igl es ia de San o Tomé, y un eligioso de cie a O d en que p edicaba allí comenzó a e p e nd e áspe amen e, como de algún g an pecado público, diciendo de las monjas que salían de sus monas e ios a unda nue as O denes, que e a pa a sus libe ad es , y o as palab as an pesadas , qu e Doña Juana es aba a en ada, y haciendo p opósi o de i se a Alba, o a su casa, y hace a nu es a San a M ad e qu e se ol iese al Monas e io y deja se las ob as. Con es e p op ós i o ol ió a mi a la, y io que con g an paz se es aba iendo» 46 • Fue on an os los dicho s y el albo o o, que al P o incial le pa eció ecio pone se con a odos y así se ol ió a ás de lo dicho y concedido y e i ó en ab so lu o la licencia pa a la nu e a undación 47• También su con eso -e l P. Bal asa Al- a ez- «como si yo hubiese he cho cosa con a su olun ad, 46 . Sa n a Te esa de Jesús, Ob as comple as. Aguila , 5.• edición, 1945 . No a p ime a, pág. 180 . 47 . Vida, ob. ci ., pá gina 218. 82 JOSÉ F. ACEBEDO CASTILLA me esc ibió que ya e ía que e a odo sueño en lo que había sucedido, que me enmendase en no que e sali con nada, ni habl a más en ello, pu es eía el escánda lo que había sucedido y o as cosas odas pa a da pena» 48 • San a Te esa, an obe di en e sie mp e a sus con eso es, se apa ó po comple o de los p epa a i os pa a la undación del e o mado con en o, mas no su compañe a Doña Guioma , que -di igida po el P. Ib áñez-esc ibe a Roma, pidiendo en su nomb e y en el de su mad e Doña Aldonza la ob ención del B e e pon i icio pa a la undación, haciendo cons a en dicha pe ición las líneas p incipales en que al undac i ón hab ía de hac e se, o sea, que no ue an las monjas más de ece, que en ella se gua dase la Regla p imi i a sin mi igación y que el nu e o con en o es u ie se bajo la ju isdicción del O dina io, pu es o que el P. P o incial se negaba a ecibi le en la suya. Al cabo de cie o iempo, el con eso o nó a da le licen- cia. «Yo bien eía el abajo que me ponía, po se muy sola y ene poquísima posibilidad. Conce amos -dice- se a- ase con odo sec e o, y así p ocu é que una he mana mía, que i ía ue a de aquí, comp ase la casa y la lab ase como que e a pa a sí, con dine os que el Seño me dio po algunas ías pa a comp a la » 49 • El 7 de eb e o de 1562, Pío IV expidió el B e e po el que «se da licencia pa a la undación y edi icación del Monas e io de monjas - del núme o y con la in ocación que le ue a bien is o- de la Regla y O den de San a Ma ía del Mon e Ca - melo, y bajo la obediencia y co ección del Obispo de A ila, que con el iempo ue e, con iglesia, campana io, campanas, claus o, e ec o io, do mi o ios, hue a y o as o icinas ne- cesa ias». E a a la sazón Obispo de A ila D. Al a o de Mendoza, hijo de D. Juan Hu ado de Mendoza y de Doña Ma ía Sa mien o, Condesa de Ri a ia, quien -pese al B e e- no quiso -en p incipio- admi i la undación, dado la ese a con que se había Ile adq el asun o, y mucho menos po se de absolu a pob eza en el que las eligiosas habían de i i de limosna . 48. Ib ídem , pág. 222. 49. Ibídem, pág . 225 , 228. LA EX IMIA DOCTORA TERE SA DE JESÚS 83 Mas g acia a la in e ención del P ad e Ped o de Alcán a a - que e a mucho de dicho P e lado- , co nsin ió i si a en la En ca nación a la Mad e Te esa, as lo cual cambió po com- ple o y salió dispu es o a a o ece en lo que pudie a al nue o Monas e io, acogiéndolo bajo su ju i sdicció n. De es a sue e, el día 24 de agos o de 1562 - es i idad de San Ba olomé- pudo p ocede se a la inaugu ación del p ime con en o de la R e o ma, expo ni e ndo el San ísimo y diciendo la p ime a misa el P. Gaspa Daza, quien dio el hábi o a l as cua o p ime as no icias que o ecie on g ua da s in mi i gac ión la Reg la p i- mi i a del Ca melo. Como e a lógico, en e los asis en es a la ce emo nia es u o p esen e Doña Te esa de Ahumada. Pe o a es e i un o de la Mad e T e esa sigu ió una nue a y más iole n a empes ad. Acabado odo, la P io a de la En ca - nación le o denó que sin d emo a ol iese a su con en o bajo p ecep o de obediencia, donde se le some ió a una especie de juicio an e el P o incial y las monjas, en el que la San a con su g andísima humildad «dio su descuen o de mane a que no halló el P o incial ni las que allí es aban po qué condena - me» 50 • Mien as an o, el popula c ho eco ía las calles de A ila pidiendo que se sacasen del con en o a l as monjas y cas igo pa a aquella sublime muje qu e enía el alo de condena con su conduc a la disipación de la sociedad en que i ían. El albo o o p odujo su e ec o. Los egi do e s y el Cabildo de A ila - d es pu é ~ de oí el B e e- d ec e a on , p e io in o - me de los Le ados, la des ucci ón del pequeño Monas e io de S an Jos é, pu es no se había g ua d ado su eno , sino que había si do iolado c on lo de que e unda lo en la po b eza, cosa que el B e e no concedió y si no se cump lio aquel acue - do ue p o la in e e nción decidida del Obispo, apoya do po su P o is o , el Licencia do B izu ela. An e ello la ciudad apeló, po ía li igiosa, an e el Conse jo Real, con lo que comenzó un l a go y labo ioso plei o. P o ía de ansacción, los del C onsejo de A ila le p opu- sie on que «Como u iese en a pasa ían po ello y que uese adelan e» 51• Pe o la San a, que enía en su apoyo un B e e de 50 . Ibíd em , pág. 253 . 5 1. lbid e m, p ág. 255 . 84 JOSÉ F. ACEBEDO CASTILLA G ega io IX de 6 de ab il de 1229 -que p ohibía a las Ca me- li as la posesión de casas, ie as, ni en as, como opues o a la ida de con emplación que p o esaban- 52 y alen ada de o a pa e po el P. Ped o de Alcán a a, que en di e sas oca- siones le había aconsejado que «en ninguna mane a iniese a ene en as», se man u o i me en su p opósi o, has a que al ín ob u o un Resc ip o de la Sag ada Peni encia de 5 de di- ciemb e de 1562, en que se acul a al nue o Monas e io pa a i i sin en as, de la ca idad públi ca, el cual ue con i mado po B e e de 17 de julio de 1565 53 • An e es a au o ización calmóse la ciudad, el plei o poco a poco se ue dejando , po lo cual el P o incial, en la Cua esma de 1563, pe mi ió a la San a a que se aslada a a su pob e con en o de San José, con algunas o as monjas. A pa i de es e momen o dejó de se Te esa de Ahumada, y comenzó a se y a llama se Te esa de Jesús. Es os años -según ella misma dice- 54 ue on los más anquilos de su ida. Fo ma a sus monjas en la Regla p imi- i a de Nues a Seño a del Ca men esc i a po San Albe o, hacia 1209 -pa a los mo ado es del Mon e Ca melo-, acla a- da en cie os pun os -algo imp ecisos- po Inocencia IV en 1248. S egú n es as Reg la s, debía ayuna se desde el 14 de sep- iemb e - es i idad de la Exal ación de la San a C uz- has a Pascua de Resu ección. Tampoco se podía c ome ca ne a no se po en e medad o de bilidad . P e o c<como a San a Te esa -dice el P. Je ónimo de San Jo sé- 55 le pa ecía poco odo el igo de la Regla p imi i a, no se con en ó con que en su Re- o ma se gu a da se en e amen e, sino que añadió o as obse - aciones y igo es de muy a en ajada pe ección. Añadió la de sca lce z, la ileza de manja es y g ose ía del hábi o, el igo de la cama, la peni encia de la discip lina y en la obediencia, en la pob eza, en la humildad, en la o ación y eje cicio de las demás i udes, ales y an es echas obse aciones, que jun- 52 . Ob as de San a Te esa. Aguila . ob. ci . No a a la pág . 19j. 53. l bidem , no a 2, a la pág. 186. 54 . Lib o de las Fundaciones de San a Te esa de Jesús. Ob as de San a T e es a. Edic ión y no as del Pad e Sil c io de San a Te esa. Cua a edi ci ón. Edi o ial Mon e Ca melo, Bu gos, 1 94 9, pág. 653. 55. Je ónimo de San Jo sé. His o ia del Ca men Descalzo. Lib o 17 , cap . VII , pág. 636. LA EXIMIA DOCTORA TERESA DE JESÚS 85 as con las de la Regla, ienen a hace un ins i u o y modo de ida de los más ígidos y pe ec os que hay en la Igle sia». El gene al de los Ca meli as, P. Juan Bau is a Rubeo, ap o- bó la R e o ma de la Mad e Te esa. «Dióme muy cumplidas pa en es pa a que se hiciesen más monas e ios, con censu as pa a que ningún P o incial me pudiese i a la mano» 56 • Poco después, el mismo Pad e Gene al -en 14 de agos o de 1567- le en ió desde Ba celona una pa en e , au o izándola pa a un- da dos con en os de ailes e o mados 57 • Comienza en onces un pe íodo de ac i idad y abajo an asiduo e in enso, que causa e dade amen e asomb o el que aquella c ia u a an delicada y cons umida u iese ue zas í sicas pa a ealiza la po en osa ob a que lle ó a cabo, de la que nos da cuen a en los úl imos capí u los de su «Vida» y en «L as Fundaciones». Y en medio de es os abajos ¡qué de peni en cia !, ¡qué de mo - i icación!, ¡qué de con a iempos y di icul ades! Sob e odo du an e su es ancia en Se illa. Los comienzos de la undación de Se illa u o las mismas di icul ades que las demás: hamb e y p i aciones, abandono y pob eza ma e ial. Mas con ella coincidie on una se ie de p oblemas que es u ie on a pun o de hace nau aga la Re- o ma. El P. G ene a l -Juan Bau is a Rubeo- h abía dado licencia a la Ma d e Te e sa. pa a unda dos con en os de ailes y a. cul ad pa a unda los que se le o ecie an de monjas, en uso de la cua l undó el de ailes de Du uelo en el sesen a y ocho, y en el se en a y nue e el de Pas ana. En es os dos monas e- ios se cons umie on las dos licencias, ya que pa a el Colegio de Alcalá, que ue el e ce o, la ob u o del mismo P ad e Ge- ne al, Ruiz Gómez de Sil a. El P. Maes o F ancisco Va gas, comisa io apos ólico pa a la e o mación de los Ca meli as Calzados en Andalucía, sin con a con el P. G ene al, dio pe miso pa a que en Se illa se unda a monas e io de los Des ca lzos y delegó en el P. Je óni- mo G acián la com isión que enía de la San a Sede. Con es e 56. Lib o de las Fundaciones. ob . ci . pág. 658. 57. lbidem, pág. 659. 86 JOSÉ F. ACEBEDO CASTILLA mo i o, las elaciones en e Descalzos y Calzados se an a de- e io a has a llega al ompimien o. Como consecuencia de ello, el Capí ulo gene al de la O den, eunido en Piacenza (I alia) el 21 de mayo de 1575, adop ó la e solución de sup imi odos los con en os undados sin licen- cia del P. Gene al, aunque los hubie an au o izado los Visi a- do es, pa a lo que se comisionó como Vica io Gene al de la O den del Ca men en España al Pad e po ugués Je ónimo Tos ado -homb e seco, aus e o, iolen o en sus p ocedimien- os y mu y enemigo de la Re o ma-; y se mandó a la San a Re o mado a que deja a del odo sus ob as y se ence ase pa a i i el es o de su ida en el con en o que eligiese de los undados po ella en Cas illa. En cumplimien o a lo mandado, San a Te esa se ecluyó en Toledo p ime o y en A ila después. Mas no po ello amainó el empo al. En 1577 alleció el Nuncio Nicolás O name o, e ien e ami- go de la San a y de su ob a . Vino en su luga Monseño Felipe Se ga, quien mal in o mado de los Descalzos y de San a Te esa -a la que llamó émina inquie a y anda iega-, adop ó una se ie de disposiciones con a la Re o ma , las que culmina on con la p isión del Pad e Ge mán de San Ma ías y San Ju an de la C uz; d ec e ó la excom un ión con a el P ad e G acián , a quien p i ó de su ca go de Visi ado y P o incial de los Des- calzos; o den ó su eclu si ón en Alcalá de H ena es y some ió a los Descalzos en odas la s P o incias a los Calzados. La si uaci ón e a de ses pe ada y oda s las ob as de la un- dación en pelig o de d esapa ece o deshace se. En es e an ce la San a, a i ncon ada, mal echa y sin apoyo de nadie, acude po ca a el Rey Felipe II 58 , pidi én dole su p o ección a a o de los Descalzos con a la s op elías de que e an obje o. Es a ca a p oduj o el es ul ad o ape ecido. Po in lue ncia del R ey - que amaba mu cho a la S an a y a los ail es de la Re o ma- se sosegó la i a del Nuncio y con su a limien o se ob u o de 58 . Higinio Ci ia y N asa e. Sm a Te esa y Felipe JI . Lib e ía Religiosa de En ique He nández. Mad id , 1 900, pág. 109 -115. H ay quien sos iene que la San a se en e is ó pe sonalmen e con Felipe II en es e iempo de pe secución. Ha sido es e e ma m uy deba ido. Lo a i m a Ro onda en su His o ia desc i p i a del Esco ial y el Ma qués de San Juan de Pi ed as Albas en el Bol e ín de la Academia de la His o ia. LA EXU.ITA DOCTORA TERESA DE JES'Cls 87 G ega io XIII el B e e de 22 de junio de 1880, en el que se dec e aba la se pa ación en e Calzados y De sca lzos, que había si do uno de los anhelos de San a Te esa. An e ello, la s undaciones qu e habían es ado suspensas casi cua o años po causas de es as pe secuciones, de nue o se ponen en ma cha . Al eanuda las, la ac i idad sin lími e de la Mad e , su genio ex ao dina io y su e p o unda y a dien e, la saca on ic o iosa en an di ícil emp esa. Toledo la io aca ada en su impe ial ecin o, después de ha be la is o e- cluida en el con en o de su p opia undación. Se illa -donde la habían a ado du amen e, en egándola a la s pesquisas de la Inqui sición- 59 la io al in obsequiada y p o egida po el más pod e oso mona ca que ha enido E spaña. Y Valladolid y Salamanca y Bu gos, Palencia, S o ia , Médina, ie on le an a casi mil ag osamen e l os mon as e ios de su R e o ma , y expa - ci po doquie aque l bálsamo pu ís imo de e nu a y de paz, que, como em anación de pu a y cel es ia l az ucena , pu i icaba con su alien o has a los dele é eos miasmas con que p e en- di e on ma c hi a su he mosu a. IV Sa n a Te esa, sin se le ada, esc i bi ó mucho y bi en. Obli gada po obediencia a esc ibi , adop a como ga an ía de humildad el es ilo descuidado. Y es e o a l enunciamien o a la cu iosidad nos expli ca -segú n Menéndez Pida !- 60 cómo, aunque había sido la San a apasionada lec o a de los lib os de caball e ía, que e an en once s el manual del habla disc e a , no omó de ellos el meno asgo es ilís ico, po má s que al- g una ez ecue de sus cas illos y sus gigan es. De ig ual modo, au nq ue T e esa ue en oda su ida o az lec o a de l os doc os 59. Las columnias de una no icia hi s é ica a quien hubo de ec ha del com · en o con o a ocada de l mi~ m o ma l la de un con eso mínimamen e c éd ulo, hicie on in - e eni al T ibunal de la Inquisición. D edan que las mo njas se con esab an una s con o as; que las a aban de pies Y man es y las azo aban. El clé igo a í ulo de consul a andaba de unos a o os publicando mil simp lezas e in amando a San a Te esa y a s us monjas. El San o O icio ep endi ó al clé igo y se sob eseyó la ca usa. F . M. de I eggia. La Muj e G ande. ob. ci . T. III. Ba celona, 18 82, pág. 257. 60. Ramón Menéndez Pida!. El Leng11aie del siglo XV I. Colee. Aus al, Espasa Ca l· pe, S. A. Mad id , 1942 , pág. 89 -9 1. 88 JOSÉ F. ACEBEDO CASTILLA lib os eligiosos, no sigue el es ilo de ninguno de ellos, no aspi - a a iguala se con los au o es «que ienen le as». Así, en San a Te esa el esc ibi como habla llega a la más comple a eali- zación... Pe o la aus e a espon aneidad de la San a es una espon aneidad hondamen e a ís ica; aunque quie e e i a o - da gala en el esc ibi , es una b illan e esc i o a de imágenes. Las exp esiones igu adas acuden abundan es; algunas e is- en una iqueza de alo es ex ao dina ios. En la al eza de cosas que a a y en la segu idad con que las a a -dice F ay Luis de León- 61 excede a muchos inge- nios. Su es ilo, su lenguaje ... a los ojos desapasionados de la c í ica más ía es -según D. Juan Vale a- 62 milag o pe - pe uo y ascenden e ... Con ine able acie o empleó las palab as de nues o he moso idioma sin ado no, sin a i icio, con o me las había oído en boca del ulgo, en explica lo más delicado y osc u o de la men e, en mos a con pode osa magia el mun - do in e io ... El hechizo de su es ilo es pasmoso y sus ob as mi adas sólo como dechado y modelo de lengua cas ellana, de na u alidad y g acia en el deci , debie an anda en manos de odos. Y es que sus ob as , si no ue on p oduc o del es u dio, sí lo ue on de la g acia. Lope de Vega así lo signi icó en es os e sos que puso en boca de Jesús: Es a es mi hija en que me ag ado an o Oídle lo que esc ibe, yo lo ío Po que sabed que cuan o dice es mío. En es g upos pueden clasi ica se sus esc i os: El Lib o de su ida, au obiog a ía en la que con la más pe eg ina modes- ia na a las di e sas ans o maciones de su alma en lucha con los a ac i os del mundo p ime o y después en el enci- mien o o al de sí misma y comple a en ega a Dios. Con iesa las me cedes que Dios le hizo y habla y discu e las más al as 61. F ay Luis de León. Ca lS a las Mad es Ca meli as Descalzas de . W: ad id , Ap ud. Esc ilos de San a Te esa, añadidos e ilus ados po D. Vicen e de la Fuen e, B. A. E. Ri adcney a. Mad id, 1 877, T. LIII, pág. 19. 62. Juan Va!e a. Elogio de San a Te esa. Discu so de con es ación en la ecepción del Conde de Casa-Valencia en la Real Academia Española. Mad id, 1879. LA EXIMIA DOCTORA TERESA DE JESÚS 89 e elaciones mí s icas, con una sencillez y descuido de ases que delei an y enamo an. A juicio de Azo ín 63 , La Vida de Te esa, esc i a po ella misma , es el lib o más hondo, más denso, más pene an e que exis e en ninguna li e a u a eu opea. A su lado, los más agu- dos analis as del yo, un S endhal, un Benjamín Cons an , son niños inexpe os. Y eso que ella no ha pues o en ese lib o sino un poqui o de su espí i u. Pe o odo en esas páginas sin o ma del mundo ex e io , sin colo , sin ex e io idades, odo pu o, denso, escue o, es de un d ama ismo, de un in e és, de una ansiedad ágicos ... El Lib o de las Fundaciones y sus Ca as son la his o ia o elación de los quince con en os emeninos que «Sin una blanca» -como ella dice- undó con mil obs áculos y con a- dicciones de gen es pode o sas; un p imo oso zu cido de he- chos his ó icos , de ozos biog á icos y desahogo a dien e de ca idad a e na , de sen encias g a es y p o undas y de es i- os donai es que su ingenio des pie a, en emezclados con con- sejos muy p o echosos de gobie no a las p io as de ellos, así como de emedios disc e ísimos y muy p ác icos pa a amo - igua en lo posible los es agos que el humo de melancolía - an pa ecidos a las neu o si s-, que lo mismo en iempos pasados que en los p esen es c ausa es a gos en la obse ancia e g ula de la s comunidades eligiosas, singula men e de mu- je es. Es e lib o , al igual que el Modo de Visi a los Con en- os de Descalzas, es un lib o p ecep i o, hijo de la expe iencia. L0 esc ibió poco an es de mo i po manda o del P. G acián, que acababa de se nomb ado P o incial -en el capí ulo de sepa ación de Alcalá de . Hena es-, y que en i ud de su ca go enía que p ocede a la isi a de los con en os e o - mados de ambos sexos. Conocía muy bien la índole de los con en o s de ailes, mas no an o los de monjas, po lo que le si ió de guía du an e el ie mpo que es u o en el ca go. Lo s lib os Camino de Pe ección, Concep os del Amo de Dios, Las Exclamaciones y las Mo adas son la his o ia de su ida de conciencia. 63 . Azo ín. Los cl l .< i co.< edii ·i o.s, Cole e. Aus al , Espasa Calpe. S. A. Mad id , pág. 40 , 41 . 96 JOSÉ F. ACEBEDO CASTILLA es di ícil disce ni las poesías genuinas de la San a, ecoge ein a y una . Las ein icua o p ime as -dice el P. Angel Cus odio Vega- 80 son cie amen e «au én icas» sin la meno duda ; de la ein icinco a la ein inue e, «menos cie as», y de la ein a a la ein a y una, «dudosas». Quizás haya inexac i ud en algunas de las ap eciaciones de es os cálculos, que sólo pueden conside a se ap oximados, ya que es poco menos que imposible apu a las a ias p obabilidades . De las poesías e esianas, Menéndez Pelayo 81 des aca sob e odas la concep uosa le illa: Vi o sin i i en mí y an al a ida espe o que mue o po que no mue o. Es os e sos «nacidos -como esc ibe el P. Yepes- del uego de amo de Dios que en sí enía la mad e», son el más pe ec o dechado del apacible disc e eo que ap endie on de los o ado es palacianos del siglo XV algunos de o os del siglo XVI. Desdeñándose de mi a a la mue e pa a di igi los ojos al cielo o con empla le con amo anhelan e, añadi á la insi gn e Doc o a: Venga ya la dulce mue e el mo i enga lige o que mue o po que no mue o O a composición de la San a de bell eza ex ao dina ia y hondo sen ido mís ico es la i ulada Mi amado pa a mí, la que -según el P. Cus odio Vega- 82 es á ins pi ada po el enóme- no de su ans e be ación . Comienza ep esen ándonos a Dios, como el Dios del amo , como un cazado a mado de a cos y lechas, que a la p ime a que i a a la San a la cla a en su co azón y le deja endida en b azos del amo . 80. Angel Cus odio Ve ga. O, S. A. La Poesía de San a Te es a, B .A . C. Mad id, 1972, pág . 38. 81. Ma ce lino Menénde: . Pelayo. La poesía ml s ica , ob. ci . p ág. 93. 82. Angel Cus odio Vega. La Poesla de San a Te esa, ob . ci . pág. 75 . LA EXIMIA DOCTORA TERESA DE JESÚS Cuando el dulce cazado me i ó y dejó endida en los b azos del amo mi alma quedó caída, y cob ando nue a ida de al mane a he ocado que es mi amado pa a mí y yo soy pa a mi amado 97 También me ece especial mención la «Loa a la C uz e- den o a» C uz, descanso sab oso de mi ida, Vos seais la bien enida. Y aquella o a: En la c uz es á la ida y el consuelo y ella sola es el camino pa a el cielo. Ambas son mues a de la honda y especial de oción que siemp e u o la San a po la C uz, al pun o de que quiso que en l as celdas de las eligiosas Ca meli as, no hubie a más ado - no que una C uz g ande de made a, casi de amaño na u al , pa a que de día y de noche, al despe a y al do mi uese la c uz la compañe a insepa able de su co azón y la amiga en a- ñable de sus almas . Una de las poesías de San a T e esa más leída y eci ada po sus ailes y monjas ue: Vues a soy, pa a Vos nací, ¿qué mandáis hace de mí? Vues a soy, pues me c ias es; Vues a, pues me edimis es; Vues a, pues que me s u is e~; Vues a, pues que me llamas es; 98 JOS~ F. ACEBEDO CASTILLA Vues a , po que me espe as es; Vues a, pues no me pe dí. ¿Qué mandáis hace de mí? Dadm e mue e, dadme ida, dad salud o en e me dad, hon a o deshon a me dad; dadme gue a o paz c ecida, laqueza o ue za cumplida, que a odo digo que sí, ¿Qué mandáis hace de mí? Dadme iqueza o pob eza, dad consuelo o desconsuelo, dadme aleg ía o is eza, dadme in ie no, o dadme cielo, ida dulce, sol sin elo, pues del odo me endí. ¿Qué mandáis hace de mí? Pe o quizás su le illa más amosa, la que conoce odo el mundo, es el Nada e u be, nada e espan e, odo se pasa, Dios no se muda, con la paciencia odo se alcanza: quien a Dios iene nada le al a: sólo Dios bas a. Aunque es a le illa -como obse a el P. Vega- 33 di ie e en su es uc u a de odas las demás -po no ene ima ni asonan ada siquie a-, el es ilo, e ímpe u es incon undiblemen- e e esiano. No puede du a se lo más mínimo su au en icidad, 83. Ibídem, pág . 104 . LA EXIMIA DOCTORA TERESA DE JES ÚS 99 pues -añade- · sabemos que la San a enía una copia de su mano que lle aba de egis o en el b e ia io de su uso, pa a ci a la con ecuencia, pues en el ondo es una o ación en o - ma de a iso o sen encias pa a pedi a Dios paciencia, esig- nación y con o midad con su olun ad. Además de poesías, San a Te esa compuso pa a sus mon- jas coplillas y illancicos, sin apenas ado nos li e a ios, pe o llenos de cando y aleg ía, ezuman es de amo di ino y hu- mano, como ¡Ah, pas o es que eláis ... !, Es e niño iene llo- ando, Pues que la es ella ... en e o os a ios. Y es que, como dice el P. Ribe a 84 , a la Mad e Te esa «gus- aba de que sus monjas andu iesen aleg es y can asen en las ies as de los San os e hiciesen coplas. Mas como gus aba de da ejemplo en odo, hacíalas ella misma y las can aba en unión de sus monjas, sin ins umen o ninguno de música, sino acompañándose con las manos, dando lige as y sua es palma- das pa a lle a compás y hace cie a a moniosa cadencia». Dada la ingen e igu a de San a Te esa, no es de ex aña que la Iglesia y la Pa ia le hayan ibu ado cumplidas alaban- zas. Lumb e a de desusados ulgo es, le llamó el Papa G e- ga io XII; P odigio de ciencia y san idad, Clemen e XV; Maes- a de sabios, G ega io XV; Vi gen Legislado a, León XIII; G an san a que supo e leja en su ca ác e odas las nobles cualidades del pueblo español del siglo XVI, el Ca denal Al- ma az. En e las poesías en su loo , las hay de C e a n es 85 , de Ba olomé Leona do de A gensola, d es acan do muy especial- men e la s quin illas de C is obalina Fe nández Ala cón «En- gas ada en i zos de o o» 86• T am bién me ece des aca «La Amazona c is iana», de F ay Ba olomé de Segu a, y los poemas de E a is o Solio y Gu ié- ez 87 y el de Fede ico de Mandizábal y Ga cía La in. Vázquez 84 . F ancisco Ribe a, S. J. Vida de la Mad e Te esa de Jesús, undado a de las descalzas y descalzos, lib o IV, c ap . XXIV. Sa lamanca, Ped o Lasso, 1 590. 85. Mi guel de Ce an es. Vi ge 11 ec unda , Mad e e n u o s a. Apud. Relación de las ies as he chas en Mad id y en oda España a la bea i icación de la bea a M ad e T e es a de Jesús, po F ay Diego de San José. Imp en a Vda. Alonso M a lin. Mad id, 1618. 86. C is obalina Fe nández Ala cón. Engas ada e11 izos de o o, Apud. Relación de las ies as de Có doba a l a. bea i icación de San a Te esa. 87. E a is o Si!io y Gu ié ez . Sa11 a Te esa de Jes is. Imp en a de Imp eso es y Lib e o s. Mad id, 1867 . 100 J OS É F. AC EB E DO CA STILLA de Mella,88 la llamó «imagen i a de España» y Menéndez Pe- layo 89 a i ma sin ambages que «po una sola página de San a Te esa, pueden da se in ini os celeb ados lib os de nues a li e a u a y de las ex aña s, y po la glo ia que nues o país iene en habe la p oducido, cambia ía yo de buen g ado, si hubiésemo s de pe de una de amba s cosas, oda la glo ia mi- li a que op ime y a iga nues os anales». Po a e ma a illoso -como dice el P. Sil e io de San a Te esa- 90 a monizó la aus e idad de su ida, con una dulce ole an e cond escendencia que e mina ganándoles a odos po la más san a de las seducciones. Con los g andes ue g ande y solemne; con los pequeños, humilde y sencilla; con los buenos, a able y condescendien e; con los lojos y des uido es de su Re o ma, ené gica y e ible. Aquella incompa able muje , Dios nos la depa ó como blasón de nues a aza ; i a, cuando dijo ¡sólo Dios bas a!; agonizan e cuando ijando sus ojos en el C uci ijo que le o e - cía asilo y ecomp e nsa en los abie o s b azos del Reden o , p o umpió en aquellas sus úl imas palab as: Yo soy hija de la Iglesia. Y as í uis es po g a ci a omni p o en e ; Con s an cia, Fe, Valo , Piedad, Ejemplo; Espe an za de Dios qu e el mundo i isa; en ca da c o a z ón de ja s e un emplo; de ja s e en c ad a e so una son i sa ... Dulzu a, luz de amo , di ino uego und en el nimbo as al de u a u eola, po qu e uis es muj e ... y po qu e lu ego ¡ad emás de muj e uis e esp añola! 91 88. Juan Vázquez de Mella. A u obiog a ía Sob ena c a . San a Te esa y el Lib o de su Vida. O b as comp le as, Volumen I. segu nda edición, Tip. Clásica Española. M ad id, 19 43 . pág. 35 89 . Ma celino Mené nd ez Pelayo. Es udios y Disc u sos de C í ica His ó i ca y Li e a ia, ob. ci . Tomo VI, pág . 259. 90 . P. S il c io de S an a Te es a. In oducción a a s ob as escogidas de Sanca Te es a¡ de Jesús. Tip. de cEl Mo n e Ca mel o•, T. IV . Bu gos, 19 16 . pág. 9 y 10 . 91. F an cisco Me nd1z á ba l y G. • Le in . Te esa de Jesús, Ap ud , Hom en a je a San a T e es 11 , ob . c i . pá g. 45 , 41 .