La muchedumbre delincuente : ensayo de psicología colectiva
Full text
MADRID
LA ESPAÑA MODERNA
Cues a S o. Domingo , 16.
4 .,
.W. Aaan::
i
Ry
BIBLIOTECA DE JURISPRUDENCIA, FILOSOFÍ:3 É
HISTORIA
LA
UCHEDUWBRE DELIÍ C
EUE
ENSAYO DE PSICOLOGÍA COLECTIVA
POR
ESCIPIÖN SIGHELE
TRADUCCIÓN DE
P_
DOR ADO
PROFESOR EN LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
ILA
ES
I'ROI'IED AL
1.109.—
IMPRENTA
Y ENC1.'ADERNACION DE AGUSTIN AVRIAL.
San Be na do,
!)2.—Te1 4ouo 3,07 4.
PREFACIO
C
uando, hace poco iempo, ué publicada la edi-
ción i aliana de es e lib o, no espe aba yo que
hubie a de se acogido po la c í ica con an a
bene olencia co no lo ha sido.
El mé i o, ó mis bien la o una, de es a acep ación
se debe en e amen e al asun o,
an elizmen e elegido,
como me esc ibía Ta de.
El es udio de los deli os de la muchedumb e es, en
e ec o, muy in e esan e , sob e odo en es as pos ime-
ias del siglo, du an e las cuales las iolencias colec-
i as de la plebe—desde la huelga de los ob e os has a
las suble aciones públicas—no escasean. Pa ece como
que de cuando en cuando quie e aquélla sa is ace , po
medio de un deli o, odos los esen imien os que han.
acumulado sob e ella los dolo es y las injus icias que
su e.
A lo cual debe a ladi se que el asun o , no obs an e
su g ande impo ancia social y ju ídica, e a nue o.
Ni
la ciencia ni los ibunales habían pensado en que,
á eces, en luga de un so'.o indi iduo, el culpable pue-
de ie una muchedumb e. Cuando se eía compa ece
5
LA
MUCHEDUMBRE DELINCUE iTE
an e la jus icia á algunos indi iduos que habían po-
dido se a es ados en medio de un umul o, los jueces
c eían ene delan e de sí A homb es que habían e-
nido A sen a se en el banquillo po su p opia olun ad;
siendo así que no e an o a cosa que los pob es náu-
agos a ojados allí po la empes ad psicológica que,
á su pesa , les había a as ado.
E a, pues,
oda ía más
necesa io que in e esan e
es udia el p oblema de la muchedumb e delincuen e.
Po mi pa e, he in en ado hace lo, aunque muy im-
pe ec amen e, como yo mismo econozco. La psicología
colec i a es una ciencia que se halla aún en la in ancia;
la psicología
de la muchedumb e, que o ma pa e de
ella y que ep esen a su g ado más agudo, apenas ha
nacido.
En es a edición he colmado muchas lagunas y co-
egido bas an es e o es de la p ime a edición i a-
liana. Bien se, sin emba go, que no he hecho o a
cosa más que echa los undamen os de un es udio
la go y di icil. Pe o queda é sa is echo de mi ob a si
p o oca en o os el deseo de hace algo más y mejo
que lo que yo he hecho; y sob e odo, queda é muy
complacido si las conclusiones ju ídicas á las cuales
llego son acogidas po los ibunales penales.
ESCIPIÚN SICHELE.
Roma,
1892.
INTRODUCCIÓN
LA SOCIOLDGÍA
Y LA
PSDOLOGIA
COLECTIVA
«En los hechos psicológicos,
la eunión de losindi iduos no
da jamás un esul ado igual á la
suma de cada uno de ellos.
»
(E.
F
E
R I.)
I
adle á un albañil— esc ibe Spence —lad i-
llos du os, bien cocidos , ec angula es , y
pod á cons ui sin cal un mu o muy sólido y
de bas an e al u a. Pe o si, po el con a io, los la-
d illos es án ab icados con mala a cilla, si no los han
cocido bien, si muchos es án incomple os, o os, hen-
didos, se á imposible cons ui sin cal un mu o igual
al p ime o en ele ación y en es abilidad.
»Si un ope a io en un a senal se ocupa en hace
pilas de balas de cañón, es as masas es é icas no po-
d án se colocadas unas sob e o as sino empleando
alguna igu a geomé ica de e minada: el e aed o,
la pi ámide á base cuad ada y el sólido á base ec an-
gula y e minado en pun a. Cada una de es as o mas
8
LA bíUCIIEDUMßRE DELINCUENTF.
pe mi e ob ene la es abilidad y la sime ía., que son
incompa ibles con odas las demás igu as de lados
e icales y muy inclinados.
» Po in, si en luga de masas es é icas y de igual
olumen, se a a de euni pied as i egula es, unas
edondeadas, angulosas o as, odas ellas de di e en e
amaño, o zosamen e hab á que enuncia á las o -
mas geomé icas de inidas. El ope a io no pod á lo-
g a más que hace lm mon ón ins able, desp o is o
de ángulos y ca as egula es.
» Reuniendo es os hechos y a ando de deduci de
los mismos una e dad gene al, emos que los ca ac-
e es del ag egado ienen de e minados po los ca ac-
e es de las unidades que lo componen.
» Si de es as unidades isibles y angibles pasa nos
á aquellas que conside an los ísicos y los químicos y
c
l
ue o man las masas ma e iales, obse a emos el
mismo p incipio. Pa a cada uno de los llamados ele-
men os, pa a cada uno de los compues os químicos,
pe a cada nue a combinación de es os compues os,
exis e una o ma pa icula de c is alización. Aun
cuando es os c is ales sean di e en es en amaño, aun-
que se les pueda modi ica ompiendo sus ángulos y
sus a is as, su ipo de es uc u a queda siendo cons-
an e, como lo demues a la alla. Todas las especies
de moléculas ienen o mas c is alinas pa icula es con
a eglo á las cuales se ag egan. La elación en e la.
na u aleza de las moléculas y sus modos de c is aliza
es an cons an e, que dadas dos clases de moléculas
p óximas las lu
y
as á las o as po sus eacciones gui-
micas , se puede p e e eon ce eza que sus sis emas
de c is alización se án muy ce canos. En suma, se
pod á a i ma sin géne o alguno de duda, como un
esul ado demos ado po 1;1 ísica
y
la química, que
POR ESCIPIÓN SIGHELE
9
en odos los enómenos que p esen a la ma e ia ino -
g^inica, la na u aleza de los elemen os de e mina cie -
os ca ac e es en los ag egados.
nEs e p incipio iene igualmen e luga en los ag e-
gados que se encuen an en la ma e ia i ien e.
»En la sus ancia de cada especie de plan a ó de ani-
mal, se obse a una endencia hacia la es uc u a de
es a plan a ó de es e animal, endencia que se de-
mues a has a la e idencia en odos los casos en que
las condiciones de la pe sis encia de la ida son su-
icien emen e simples y en que los ejidos no han ad-
qui ido una es uc u a bas an e delicada pa a p es-
a se á una disposición nue a. En e los animales, el
ejemplo, an ecuen emen e ci ado, del pólipo ense ia
cla amen e es a e dad. Cuando se le co a en peda-
zos, cada agmen o se con ie e en un pólipo do ado
de la misma o ganización y de las mismas acul ades
que el animal en e o. En e las plan as, el ejemplo de
la
begonia
es ambién no able. In oducid en la ie a
un agmen o de hoja, y e éis cómo se desa olla una
plan a comple a.
»La misma e dad se mani ies a en las sociedades,
más ó menos de inidas, que o man en e sí los se es
in e io es. Sea que es as sociedades no se compongan
sino de un ag egado con uso, sea que o men una es-
pecie de o ganización, con di isión del abajo en e
sus miemb os—caso que se p esen a con ecuencia—
siemp e esul a que las p opiedades de los elemen os
son las de e minan es de las p opiedades del ag ega-
do. Dada la es uc u a de los indi iduos con los ins-
in os que de la misma esul an, la comunidad que
o men es os indi iduos p esen a á o zosamen e cie -
os asgos ca ac e ís icos, y ninguna comunidad que
p esen e los mismos asgos pod á se cons i uida po
10
LA
:
n
Ili CIIEDL^"
ī
IBRF. DELINCUENTE
indi iduos do ados de o a es uc u a y de ins in os
di e en es (1).»
Aho a, el que ha sabido sacudi el
,
yugo de los p e-
juicios eológicos y me a ísicos y sabe que no exis e
una ley pa a el uni e so y o a pa a la humanidad,
el que conoce, aun cuando sólo sea supe icialmen e,
la eo ía de la e olución, no end á di icul ad alguna en
hace en a los ag egados de homb es en la ó mula
spence iana.
En e ec o, deci que las p opiedades de las pa es
de e minad las p opiedades
del
odo , es enuncia una
e dad que lo mismo puede aplica se á la sociedad hu-
mana que la odo lo demás; y p ecisamen e sob e es a
e dad ha apoyado Spence su concepción de la socio-
logía, sen ando como axioma cien í ico: que los ca ac-
e es p incipales de la sociedad humana co esponden
los ca ac e es p incipales del homb e (2).
De es a mane a con i maba la idea de Augus o
Com e, el cual, en o ma di e en e, pe o esumiendo
el mismo pensamien o, había dicho que « la sociedad
humana debe se conside ada como
un
solo homb e
que
ha exis ido siemp e
A
a és de los siglos (3).»
También Schopenhaue había llegado ü la misma
conclusión, esc ihieddo: «Desde los iempos i as emo-
os se ha enido siemp e conside ando al homb e como
un
mic ocosmos;
yo lie iii e ido la p oposición y he
p obado que el mundo es
un
en el sen ido
de que olun ad y ep esen ación dan la de inición de
(1) 11. Spence :
I/l o luc ion
'
i la
Science
Sociale.
Pa is, F.
A1can, 7.
a.
ed., 1.55, cap. i i I .
(3)
Ob a ci ada,
pag. 55.
(3) A. Com e:
S'y.s bne ele poli ique posi i e.
Pa ís,
1551, psi
gi as
329
y
siguien es.
POR ESCII'IÓN SIGIIELh:
I1_
la sus ancia del inundo an comple amen e como la
del
homb e (1).»
La concepción de Schopenhaue pa e de
un
p inci-
pio dis in o de aquel sob e el cual se unda la concep-
ción de Com e y la de Spence . En e ec o, la iloso ía
de Schopenhaue , no obs an e ence a páginas b i-
llan es dic adas po un mé odo posi i o, es eó ica
y ap io is a; mien as c
l
ue las de Com e y Spence
es-
basadas sob e la obse ación y la expe iencia. El
pun o de pa ida es, pues, di e en e, pe o el in conse-
guido es el mismo. Schopenhaue a i ma que el mundo
es un
maccin opo,
y con sólo es a palab a, de i ada
del g iego, exp esa el mismo pensamien o que Com e
y Spence .
Y aun dejando á
un
lado po el momen o la cues-
ión de si la analogía en e el homb e y la sociedad
humana es al que pueda conside a se és a como un
e dade o y p opio o ganismo (2), ¿es posible nega
(1)
Schopenhaue : El
mundo como olun ad
y
como ep e-
sen ación,
lib o
i .
(2)
Gabba
(In o no ad alcuni più gene ali p oblem i della
scienza sociale,
Flo encia/
1881);
881); Gumplowicz
(G und
•
iss de
Sociologie,
Viena,
1885); De G ee
(In oduc ion()
la
Sociologie,
Pa is, 1886), y Le ou neau
(L'é olu ion du ma iage e de la a-
ni¿Ile,
Pa is, 1888), pa a no
ci a sino
los p incipales, han cali-
icado
de
pu a me á o a
la
semejanza
del
o ganismo
social y el
o ganismo indi idual.
Fe i (en los
Nuo i O izzon i,
2.
a
edi-
ción, pág.
115, no a) y Se gi (en el
a iculo
La sociologiae l'o -
ganismo delle socie e umane,
inse o
en el
lib o
An opologia e
scienze an opologiche,
Mesina,1889), les han con es ado pe ec-
amen e. Po lo demás,
que la
sociedad sea
un
e dade o
y
p opio o ganismo lo
han
demos ado espléndidamen e,
no
sólo
Com e y Spence ,
sino ambién
Schii ie, en su magis al
ob a
Bau und Le en des socialen Kö pe s
(Tubiuga, 1875);
Espinas,
en la
in oducción his ó ica
al
olumen
sob e las
Socié és ani-
males,
y Cazelles en la
In oducci on á
los
P ime os p incipios.
Spence , en
odas
sus
ob as,
insis e en la
a i mación
de
que la
18
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
men e que sus decisiones so p enden y p oducen es u-
pe acción en el público, po su a eza. ¿Cómo es posi-
ble—se dice—que los homb es que o maban pa e de
la comisión hayan podido llega ú es a conclusión?
_Cómo es posible que diez ó ein e a is as, diez O
ein e homb es de ciencia eunidos den un e edic o
que no se acomodaba ni Aí los p incipios ciel a e ni
A
l.os de la ciencia?
A is ides Gabelli, el esc i o ilus e y malog ado
que I alia ha pe dido poco iempo hace, ha a ado de
analiza las causas de es e enómeno :
«Se dice--esc ibe Gabclli—que las comisiones, las
jun as, en ola palab a, odos los que eje cen jun os
un pode , son. una ga an ía con a los abusos.
Pe o
hay que e an e odo si son una ayuda y acili an el
eje cicio. En e ec o, el pode se da pa a se i se de él.
Cuando las ga an ías son ales que impiden el uso de
dicho pode , es inú il da las. Aho a, el núme o es jus-
amen e una ga an ía de es e géne o, po el espí i u
de pa ido, po las disco dias que o igina el in e és,
las opiniones y los humo es di e en es,
y
po que si
uno acude el o o no, aquél es e en e mo y és e de
iaje, y ecuen emen e iene que aplaza se odo con
pé dida ines imable de iempo, y ú menudo de opo u-
nidad. y de e icacia; po que si es di ícil dalla alen o
en odos, mucho
IT1:15
di ícil es encon a en odos eso-
lución y i meza; po que no eniendo esponsabilidad
pe sonal ,
odos a an de ehui la ca ga: po que el
que iene cl pode y no lo eje ce es un obs úculo :il que
debie a eje ce lo; po úl imo, po que
la.' /ue zas de
los homb es eunidos se eliden
y
g o se suman.
Tan
cie -
o es es o, que con ecuencia sale una cosa muy me-
dioc e de una asamblea compues a de pe sonas cada
una de las cuales la hab ía sabido hace mejo po si
PON F,SCIPIÓN SIGT[EL
19
sola. «Los homb es, decía Galileo, no son como caba-
llos a ados a un ca o que i an odos jun os, sino
como caballos lib es que co en y uno de les cuales
ob iene el p emio» (1).
Es e úl imo pensamien o, es deci , que las ue zas
de los homb es unidos se eliden y no se suman, pen-
samien o que Gabelli enuncia en pocas palab as y que
es pa a mí el más p o undo y el unas impo an e, ha
sido desa ollado ampliamen e, y con una p ecisión y
una e idencia ma emá icas, po Max No dau, un hom-
b e de ciencia que, A mi juicio, me ece más enomb e
del que ha enido. «Reunid, dice, ein e ó ein a
Goe he, Kan , Helmhol z, Shakespea e, New on, e c.,
y some ed á su juicio y su agio las cues iones p ác i-
cas del momen o. Sus discu sos se án quizá muy o os
que los que pudie a p onuncia una asamblea cual-
(1) A. Gabelli:
La LS azione in I alia.
Bolonia, Zanichelli,
1891, p ime a pa e, pág. 257-258.
En o a página del mismo lib o aplica GabelIi á un caso espe-
cial las ideas gene ales que yo he expues o an es.
Vale,
la pena
de ep oduci sus palab as : «En la elección de ec o —esc ibe,
^i p opósi o de las Uni e sidades--ocu e algunas eces, como
en o as elecciones, una cosa ex aña á p ime a is a, pe o que
no es an di icil de explica como pa ece. En o as elecciones,
no es a o que los o os se acumulen sob e la pe sona que, en
el momen o de hace la supe io á si mismo dándola el o o,
enga el o an e la in ima con icción de ale miss que ella. Lo
mismo ocu e â eces con la elección del ec o . Se elige á aquel
que mo i ica menos el amo p opio, al que hace menos somb a.,
al más mezquino. A menudo se busca ambién al más ole an e,
al más indulgen e, al que
ale
menos, al más manejable, en in,
al homb e que iene menos ene gía
y
menos olun ad y ha de
sabe in one se menos. De aqui esul a que el elegido no iene
la con ianza de los que le ue on con a ios, pe o ampoco iene
la de los que le ue on a o ables, cada uno de los cuales sabe
mu
y
bien po qué le di
e)
su o o. Has a ha ocu ido en ocasiones
que, después d1: la elección, los que ue on a o ables al elegi-
do se inclinan menos en su a o que sus ad e sa ios.
»
2()
LA
MUCHEDUMBRE DEL[NCUENTE
quie a (aun cuando yo no espondo siquie a de es o);
pe o en cuan o á sus decisiones, engo la segu idad de
que no de e i án nada de las de una asamblea cual-
quie a. ¿Po qué es o? Po que cada uno de los ein e
ó ein a elegidos, además de su p opia o iginalidad,
que lo con ie e en un indi iduo excelen e, posee el
pa imonio de cualidades he edadas de la especie, que
le hacen semejan e, no solamen e á su ecino en la
asamblea, sino ambién á odc;Js los indi iduos desco-
nocidos que pasan po la calle. Se puede deci que
odos los homb es en el es ado no mal ienen cie as
cualidades que cons i uyen un alo común, idén ico,
igual á
x,
supongamos; alo que se aumen a en los in-
di iduos supe io es con o o alo dis in o pa a cada
indi iduo, y que po eso debe á se llamado de di e en-
es mane a pa a cada uno de ellos : po ejemplo, igual
á
a, b, c, d,
e c. Admi ido es o, esul a que en una
asamblea de ein e homb es, odos ellos genios de p i-
me o den., end emos 20
x
y solamen e 1
a,
1
b,
1
c,
1
d,
e c., y necesa iamen e las 20
x
ence án á las
a,
b, e,
cl,
aisladas ; es deci , que la esencia humana en-
ce á á la pe sonalidad indi idual, y la go a del ob e-
o cub i á comple amen e el somb e o del médico y
del ilóso o» (1).
Después de es as palab as, que cons i uyen,
i
mi
en ende , un axioma in ui i o más bien que una demos-
ación, ácil es comp ende po qué, no solamen e el
Ju ado y las comisiones, sino ambién las asambleas
polí icas, ealizan á eces ac os que con as an de una
mane a absolu a con las opiniones y las endencias
(1) Max No dau:
Pa adojas,
cap. ii . Me s adelan e ol e e-
mos .i ocupa nos de es a su il explicaci6n de No dau, la cual,
como se e, iene un
su,bs a um,
biolôgico de g an impo -
ancia.
PON ESCIPIÓN sIGHELE
21
indi iduales de la mayo pa e de los miemb os que
las componen. Pa a con ence se de ello, bas a con
pone en el ejemplo de No dan el dame o cien o ó dos-
cien os del núme o ein e. Po lo demás,
el buen sen ido pública había ya enido la in uición
de la obse ación pues a ele cla o po
el
ilóso o
ale-
mán. Lina an igua sen encia dice: &7 a o' e.5
l)oni i a,
sena z s au e n mala
bes ia.
Y el pueblo
epi e hoy es a
obse ación y la con i ma cuando dice, á p opósi o de
cie os g upos sociales, que conside ados aisladamen-
e, los indi iduos que los componen son pe sonas hon-
adas, pe o encon ándose jun as son unos in ames (1).
Si dejando es as euniones, pa a la elección de cu-
yos miemb os hay al menos un cie o c i e io, descen-
de los á o as euniones o madas al aza , como, po
ejemplo, el audi o io de una asamblea, los espec ado-
es en un ea o, el pueblo en las euniones inopina-
das que se o man en las plazas y calles públicas, e e-
mos que el enómeno que nos ocupa se mani ies a de
nue o y con más e idencia. Es as euniones de hom-
b es no ep oducen cie amen e ( odo el mundo lo sabe
y no hay necesidad de demos a lo) la psicología de
los indi iduos que las componen.
No hay, po an o, duda de que, con muchísima e-
cuencia, el esul ado o al que da una eunión de hom-
b es es muy di e en e del que, en igo de lógica abs-
ac a , debe ía esul a de la simple suma de cada
uno de ellos; es deci , no hay duda de que muchas
eces esul a desmen ido en g an pa e el p incipio
spence iano, según el cual «los ca ac e es del ag e-
gado son de e minados po los ca ac e es de las uni-
dades que lo componen. »
(1) E. Fe i: iV o z i o izz on i, segunda edición, pig. 484.
22
liA MUCIIEDUMBIiE DELINCUENTE
En ique Fe i había p esen ido es a e dad cuando
esc ibía: «La eunión de pe sonas gené icamen e capa-
ces no es siemp e una ga an ía segu a de la capacidad
o al y de ini i a; de la cong egación de indi iduos de
buen sen ido puede esul a una asamblea que no lo
enga, como en la química, de la eunión de dos gases
puede esul a un cue po líquido » (1).
P„p es o es po lo que había no ado que en e la psi-
cología que es udia al indi iduo y la sociología que
es udia una sociedad en e a hay pues o pa a o a
ama cien í ica que pod ía llama se
psicología colec-
i a,
la cual debe ía ocupa se p ecisamen e de aque-
llas ag upaciones de indi iduos, como los ju ados, las
asambleas, los comicios, los ea os, e c., que en sus
mani es aciones se apa an de las leyes de la psicolo-
gía indi idual, igualmen e que de las de la sociolo-
gía (2).
Pe o ¿cuál es la azón, independien emen e del mo-
i o ya no ado po Max No dau, po la que es as ag u-
paciones de homb es dan esul ados que desmien en el
axioma sen ado po Spence ?
Las azones son muchas, po que las causas de odo
enómeno son siemp e nume osas: sin emba go, en
nues o caso pueden educi se á dos p incipales, sa-
be : que ales ag upaciones
no son. hmnog(neas
y
son
ino ganicas.
Es e iden e,
y
ni siquie a hab ía necesidad de ad-
e i lo, que la analogía en e los ca ac e es del ag e-
gadoy
p
os de las unidades que lo componen no es po-
sible sino cuando es as unidades son iguales, ó, pa a
habla con más exac i ud , son muy semejan es en e
(1.) Ob a ci ada, >>,'i
g.
483.
(2) Fe i, ob. ci . , pag. 351, no a 1.4
POIL F.SCIPIÓN SÏGIIELE
23
sí. La eunión de unidades di e en es en e sí, no so-
lamen e no pod ía p oduci un ag egado que ep odu-
jese los a ios ca ac e es de es as unidades, sino que
ni siquie a pod ía p oduci ag egado ninguno. Un
homb e, un caballo, mi pez y un insec o no pueden
o ma en e sí ag egado alguno. Aquí ocu e lo mis-
hío que iene luga en a i mé ica, donde, pa a pode
hace una suma, es p eciso que las can idades que se
sumen sean odas ellas de la misma especie. No es po-
sible adiciona lib os con sillas ó monedas con anima-
les ;
y
si se quisie a hace ma e ialmen e la suma, el
esul ado se ía un núme o desp o is o de oda
signi-
icación.
Aho a, si la analogía en e los ca ac e es de las
unidades y los del ag egado solamen e es posible cuan-
do es as unidades engan al menos un cie o g ado de
semejanza en e sí (po ejemplo, que sean odos hom-
b es), es muy ácil deduci como consecuencia lógica
que al analogía aumen a á ó disminui á según au-
men e ó disminuya la semejanza, la
homogeneidad,
en e las unidades que componen el ag egado.
Una emlión cosmopoli a no puede e iden emen e
e leja en su conjun o los ca ac e es di e sos de los
indi iduos que la componen con la misma exac i ud
ela i a que una eunión de indi iduos odos ellos i a-
lianos ó odos alemanes e leja ía en su conjun o los
ca ac e es pa icula es de es os i alianos ó de es os
alemanes. Dígase lo mismo de un Ju ado, en el cual la
ciega sue e ha colocado á un d ogue o jun o á un
homb e de ciencia, en compa ación con una asamblea
de pe i os. Dígase ambién lo mismo de un ea o en
el cual hay indi iduos de oda condición y cul u a. Y
dígase así bien lo mismo de odas las nume osas y a-
iadas euniones de homb es, en compa ación con las
9
4
LA. MUCHEDU1iBRE DELINCUENTE
que se componen de una sola clase, de un solo ango
de pe sonas. La he e ogeneidad de los elemen os psi-
cológicos (ideas, in e eses, gus os, hábi os) hace im
p
o-
sible en un caso aquella cc espondencia en e los ca-
ac e es del ag egado y los ca ac e es de las unidades
que en el o o caso hace posible la homogeneidad de
los elemen os psicológicos.
Ni pa a es ablece una analogía en e los ca ac e-
es del ag egado y los de las unidades que lo compo-
nen bas a que és as sean muy semejan es en e sí,
sino que es además p eciso que es én ligadas en e sí
po un ínculo pe manen e y o gánico.
En el ejemplo ci ado al p incipio de es e lib o no-
aba Spence , como p ueba de que las cualidades de
un odo son de e minadas po las cualidades de las
pa es que lo componen, que con lad illos du os , bien
cocidos y ec angula es, se puede cons ui , aunque
sea sin cal, un mu o de bas an e al u a; cosa que
no
puede hace se con pied as i egula es.
Pe o ácilmen e se comp ende que la posibilidad de
cons ui el mu o en el p ime caso no depende an
sólo de que se empleen lad illos en luga de pied as
in o mes, sino que depende ambién, y sob e odo, del
hecho de que los lad illos se colocan unos al lado de
o os y unos sob e o os con cie o o den, es o es, que
es én
sólidamen e unidos
en e sí. Pues , en e ec o, es
cla o que si se jun asen es os mismos lad illos sin o -
den, de cualquie mane a, el ag egado que esul ase
se di e encia ía bien poco ó casi nada del que pod ía
ob ene se amon onando pied as de di e en es o mas y
de a ios a na ios.
T aslademos es a obse ación al campo sociológico,
y saca emos la conclusión de que las euniones ad en-
icias é ino gánicas de indi iduos—como las que se
POR ESCIPION SIGIIELE
25
dan en un Ju ado, en un ea o, en una muchedum-
b e—no pueden ep oduci en sus mani es aciones los
ca ac e es de las unidades que los componen, lo mis-
mo que la aglome ación con usa y deso denada de una
cie a can idad de lad illos no puede ep oduci la o -
ma ec angula de cada uno de és os. De la p opia ma-
ne a que, en es e úl imo caso, pa a cons ui un mu o,
es p ecisa la
unión es able
y la
disposición egula
de
odos los lad illos, así ambién en el p ime caso, pa a
que un ag egado enga las cualidades de los -indi i-
duos que lo componen, es p eciso que es os indi iduos
es én unidos en e sí po ínculos
pe manen es y o gú-
nicos,
como sucede, po ejemplo, con los miemb os de
una misma amilia ó con los indi iduos que pe ene-
cen i la misma clase social (1).
No es, po an o, sólo la
homogeneidad,
sino am-
bién la
unión o gánica
en e las unidades, lo que es
necesa io pa a que el ag egado que o man ep o-
duza sus ca ac e es.
(1) Al habla Ben ham de las asambleas poli icas y del Ju-
ado inglé- , hacia no a la g an di e encia que hay en e las
mani es aciones de los cue pos poli icos que ienen una exis-
encia
pe manen e y
las mani es aciones de los cue pos poli i-
cos que ienen una exis encia de ocasión y e íme a,
y decia que
los p ime os dan más ácilmen e que los segundos esul ados
que esponden â los e dade os in e eses y á las e dade as
endencias de sus miemb os. Véase
Tac ique des Aszemblées
poli iques délibé an es,
ex ai s des manusc i s
de
J. Ben ham
po E . Dumon , B uselas, 1840, cap. 1I.
26
LA
IiUCHEDUI!IPRE DELINCUENTE
La conclusión simple y lógica que esul a de las ob-
se aciones an es hechas puede esumi se b e emen e
de la siguien e mane a: El p incipio de Spence , según
el cual los ca ac e es del ag egado son de e minados
po los ca ac e es de las unidades que lo componen,
es pe ec amen e exac o y puede aplica se en oda
su ex ensión cuando se a e de ag egados compues-
os de unidades
homogéneas
y ligadas en e sí
o g ini-
camen e;
pie de pa e de su exac i ud y sólo puede
aplica se de una mane a bas an e más limi ada cuan-
do se a a de unidades
poco homogéneas
y
poco o gá-
nicas; po in, es absolu amen e also é inaplicable
cuando los ag egados es án compues os de unidades
del odo
he e ogéneas é
ino gc?nicas.
Es a e olución en hi aplicabilidad del p incipio de
Spence los ag egados de homb es (1), nos indica
cla amen e que á es os ag egados homogéneos y o gá-
nicos se les aplica las leyes de la sociología, las cuales
(1) El
mismo Spence
lo
halda econocido: «Reco da emos
aqui—esc ibia en el capi ulo
iii
de la
In oducción
d
la ciencia
social—que
los ag egados sociales p esen a an e idex emen e
an as mils p opiedades comunes cuan o mies p opiedades comu-
nes engan odos los se es humanos conside ados como unida-
des sociales.
POR ESCIPIÓN SIG IIELF:
27
hemos dicho son más complejas que las de la psicología
indi idual, pe o pa alelas á ellas; mien as que á, me-
dida que los ag egados an siendo menos homogéneos
y menos o gánicos, a disminuyendo la posibilidad de
aplica les las leyes de la sociología, y an siendo
eemplazadas po las leyes de la
psicología colec i a,
leyes que hemos dicho son comple amen e dis in as
que las de la psicología indi idual.
La psicología colec i a iene, pues, una es e a dis-
in a
y sigue en su desa ollo una ayec o ia diame-
almen e opues a â la de la sociología; se ex iende
cuando és a se e i a, y sus leyes dominan allí donde
!as de la sociología pie den su impe io.
Cuan o más ad en icia, acciden al é ino gánica es
una eunión de indi iduos, an o menos aplicable le
es el axioma de Spence , y an o más en a en la es-
e a de obse ación de la psicología colec i a.
Aho a, si no nos engallamos, en e los ag egados de
homb es más ó menos he e ogéneos é ino gánicos que
hemos mencionado, ales como el Ju ado, 3os comi-
cios, los ea os, las ag upaciones pasaje as y ocasio-
nales de oda clase, el que más que ningún o o debe
sus ae se â las leyes de la sociología
y
halla se so-
me ido á las de la psicología colec i a es, sin duda al-
guna, la muchedumb e.
La muchedumb e es, en e ec o, un ag egado dehom-
b es
he e ogéneo po excelencia,
pues o que se com-
pone de indi iduos de odas las edades, de ambos
sexos, de odas las clases y condiciones sociales, de
odos los g ados de mo alidad y de cul u a; é
ino gá-
nico po excelencia,
po que se o ma sin acue do an-
e io , de imp o iso, ins an áneamen e.
El
es udio de la psicología de la muchedumb e se á,
pues, el es udio de la
psicología colec i a
en el enó-
34
LA
MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
II
An es de de ini una en e medad y de p opone los
emedios pa a la misma, es p eciso hace el diagnós-
ico. An es de discu i qué cosa sea el deli o de una
muchedumb e, y de indica los medios de ep imi lo,
debemos es udia lo en sus mani es aciones.
Examina emos, pues, an e odo, cuáles son los sen i-
mien os que impulsan á ob a á una muchedumb e, y
da emos, si es posible, una explicación de su ex aila
psicología.
«Una muchedumb e—esc ibe M. Ta de—es
un
ag e-
gado de elemen os he e ogéneos, desconocidos los unos
á los o os, y, sin emba go, no bien una chispa de
pasión, que b o e de cualquie a de ellos, elec iza
á
es e mon ón de indi iduos, se p oduce súbi amen e
una especie de o ganización, algo así como una gene-
ación espon ánea.
»La incohe encia se cambia en cohesión; el con uso
umo se con ie e en oz cla a y dis in a, y de
p on o aquel milla de homb es que an es enían dis-
in os sen imien os y dis in as ideas , no o man más
que una sola bes ia, una ie a innominada y mons-
uosa que ma cha hacia su in con una inalidad i e-
sis ible.
»La mayo ía había enido po pu a cu iosidad, pe o
la ieb e
de
'algunos pocos se ha apode ado ápida-
men e del co azón de odos, y en odos se ele a igual-
POR ESCIPIÓN SIGHELE
35
men e has a el deli io. Aquel que había p ecisamen e
enido con el in de opone se al asesina o de un ino-
cen e es uno de los p ime os so p endidos po el con-
agio homicida, y, lo que es más ex año, ni siquie a
le ocu e la idea de ma a illa se de ello (1)».
Lo incomp ensible de la muchedumb e es á p eci-
samen e en es a su o ganización subi ánea. No exis e
en la muchedumb e la p eexis encia calculada de un
in común; po consiguien e, no es posible—como lo
obse a un anónimo, en el pe iódico
The Lance —que
ema e dade amen e una olun ad colec i a, de e -
minada po las acul ades elemen ales más ele adas
de odos los ce eb os que o men pa e de ella. Y sin
emba go, emos una unidad de acción y de p opósi o
en medio de la a iedad in ini a de sus mo imien os, y
sólo oíamos una sola no a, si asi puede deci se, en me-
dio de la disco dancia de sus mil oces (2). El mismo
nomb e colec i o de
muchedumb e
indica que las pa -
icula es pe sonalidades de los indi iduos que o man
pa e de ella se concen an y se iden i ican en una
sola pe sonalidad; hay, pues, que econoce o zosa-
men e en la muchedumb e, aun cuando no se pueda
explica , la acción de
algo
que si e p o iso iamen e
de pensamien o común. «Es e
algo
no es el en a en
escena las más bajas ene gías men ales y no puede
aspi a al ango de e dade a acul ad in elec ual; no
puede, p
:
ies, encon a se pa a de ini lo o o nomb e
sino el de
alma de la muchedumb e (3)».
(1)
G. Ta de:
La Philosophie pénale,
pág. 320, Pa is-Lyon,
1890. Flaube , el p o undo psicólogo, iene ambién páginas
admi ables sob e la mul i ud.
(2)
«Une oule a la puissance simple e p o onde d'un la ge
unisson. G. Ta de, ob. ci ., pág. 321.
(3)
De un es udio publicado po el pe iódico de medicina
The
36
LA
MUCHEDUMBRE DELINCUF.
T
E
Pe o ¿qué es lo que p oduce es e alma de la muche-
dumb e? ¿Su ge po milag o? ¿Es un enómeno cu as
causas se debe enuncia á descub i , ó iene su base
en alguna acul ad p imo dial del homb e? ¿Cómo se
explica que una sedal, una oz, un g i o lanzados po
uno solo, a as en inconscien emen e á odo un pue-
blo y lo conduzcan no pocas eces aun has a los ex-
cesos más ho ibles?
«Es la acul ad de la imi ación—con es a Bo die ,--
la cual, como la di usión en un medio gaseoso iende
á
equilib a la ensión de los gases, iende á equili-
b a el ambien e social en odas sus pa es, á des-
ui la o iginalidad, á uni o ma los ca ac e es
de
una época, de una nación, de una ciudad, de un pe-
que ao ci culo de amigos. Todo homb e se halla
indi-
idualmen e dispues o á la imi ación, pe o es a acul-
ad lle
g
a A su
maximum
en los homb es eunidos:
p ueba de ello son los salones de espec áculos y
.
las
euniones públicas, donde un solo aplauso ó un solo
silbido bas an pa a ena dece á los p esen es en un
sen ido ó en o o (1)..
Y es una e dad incon es able é incon es ada que
la endencia del homb e á imi a es una de las en-
dencias más ue es de su na u aleza (2). Bas a obse -
a á nues o al ededo pa a ad e i que el mundo
social no es más que un ejido de
simili udes:
simili u-
des que son p oducidas po la imi ación bajo odas sus
o mas, imi ación-moda ó imi ación-cos umb e,
inzi a-
Lance .
Véase:
Con ibwio ie alla do ina dalla esponsabili d
penale ne deli o cole i •o,
po Pugliese, en
la
Ri is a di Giu-
isp ude ,za,
de T ani, a eo 1889.
(1)
L. Bo die :
La Vie des Socié és.
Pa is, 1888, p<3g.
76.
(2)
Véase es e p opósi o G. T a de:
Les Lois de l'imi a ion,
Pa is, Alean,
1890.
POR ESCIPIÚN SIGIIELE
37
cióu-simpa ía ó imi ación-obediencia, imi ación-ins-
ucción ó imi ación-educación, ii.ni ación-espon ánea
ó imi ación- e leja (1).
Ba o cie o espec o, pod ía compa a se á la socie-
dad con un. g an lago anquilo en el cual se a oje
de iempo en iempo una pied a: las ondas se dila an
y se p opagan cada ez nAs desde el pun o en que la
pied a cayó has a la o illa. Lo mismo sucede con el.
genio en el mundo: lanza una idea en medio de la cal-
ma malsana de las in eligencias medioc es, y es a
idea, poco ap eciada desde luego y poco seguida, se
a después ex endiendo co no la onda del lago.
Los homb es, ha dicho Ta de, son una manada de
o ejas en e las cuales se e nace alguna ez una
o eja loca—el genio—la cual, po la sola ue za del
ejemplo, obliga las o as á segui la (2).
En e ec o, odo cuan o exis e
y
es ob a del homb e,
desde los obje os ma e iales has a las ideas, no es o a
cosa sino la imi ación ó la epe ición modi icada de
una idea in en ada en o o iempo po una indi idua-
lidad supe io . Así como odas las palab as de nues-
o dicciona io, que son ac ualmen e comunes, e an
en o o iempo neologismos, así ambién odo lo que
hoy es o dina io e a en o o iempo único y o iginal.
Y la o iginalidad—ha dicho muy ingeniosamen e
Max No dau—no es o a cosa sino la
p ime a
ulga-
idad. Si es a o iginalidad no iene en sí misma con-
diciones de ida, los imi ado es no exis en y la o igi-
nalidad mue e en el ol ido, lo mismo que cae en el
acío una comedia que haya sido silbada en la noche
del es eno; si, po el con a io, iene un g an ge -
(1)
G. Ta de, ob. ci ., cap. I.
(2)
G. Ta de, ob., ci .
38
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
men bueno y u il, los imi ado es aumen an has a el
in ini o, como las ep esen aciones de un d ama i al.
El ondo de las ideas que hoy desp eciamos po de-
masiado ulga es y comunes y po que co ed en boca
de odo el mundo, se halla o mado po las in uicio-
nes—en o o iempo admi ables y ya hoy iejas—de
los ilóso os de la an igüedad; y los luga es comunes
de los discu sos más o dina ios han comenzado su
ca e a como á agas b illan es de o iginalidad (1).
Así sucede en la his o ia con las cosas g andes y
du ables; así sucede ambién en la c ónica con las
pequeñas cosas de la ida dia ia y modes a. 'Podo el
mundo, las pe sonas se ias como las í olas, los ie-
jos lo mismo que los jó enes, los ins uidos igual que
los igno an es, odos ellos obedecen, aunque en g ado
dis in o, al ins in o de imi a cuan o
en,
cuan o oyen,
cuan o saben. Las llamadas
co ien es cle la opinión
pública,
lo mismo en la polí ica que enlos negocios, son
siemp e de e minadas po es e ins in o. Hoy eis á los
polí icos y á los homb es de bolsa odos ellos en usias-
as, emp endedo es, llenos de igo , p on os á com-
p a , p on os á da ó denes; una semana más a de,
los éis aba idos, desilusionados, cansados, impacien es
po ende . Si buscáis las azones de es e a do y de
es e aba imien o, di ícilmen e llega éis á encon a las,
y si conseguís descub i las, e éis que ienen e ec i a-
men e poco alo . Realmen e, quien ha p oducido es-
as co ien es de opinión no ha sido el aciocinio ni la
lógica, si io el ins in o de imi ación. IIa ocu ido p i-
me amen e algo que se ha enido po cosa de buen
augu io; en onces, los op imis as, los espí i us a dien-
(1)
M
a
x
No dau:
Pa adoxes,
ed.
i al.,
N
b. 75.
Véase
am-
bien
J. S ua , Mill:
La LiUe O,
ed.
i al.,
Tu in,
1865,
pAö.
:^7
i
si ; uieu es.
POR ESCIPIÓN SIGHELE
39
,
)
1
es, aquellos que siemp e son audaces y con iados, se
han pues o A g i a al o, y el público ha omado
des-
pués de ellos el mismo ino. Algunos días después,
cuando comenzaban á cansa se de e lo odo de colo
de osa, ha ocu ido a':go que se ha enido po cosa de
mal augu io, y en onces los pesimis as, aquellos
clue
siemp e emen y que son siemp e p uden es, han co-
menzado á discu i , y lo que ellos decían lo han e-
pe ido odos los demás (1).
^
lo que ocu e en la polí ica y en los negocios,
ocu e en odas las o mas de la ac i idad humana.
Desde la o ma del es ido has a la o ma de gobie -
no, de* le as acciona, hn;
l
; ,j, las 1 < s io; deli os,
des-
de
el suicidio has a la locu a, odas las mani es acio-
nes de la ida--las de impo ancia mínima como las
más g andes, las más dolo osas como las más ale-
g es—son un p oduc o de la imi ación (2).
(1)
Véase Bageho , ob. ci ., pág. 101 sig.
(2)
Al a i ma la uni e salidad del ins in o do imi ación, me
pa ece á mi que se sos iene implici amen e la exis encia dei mi-
soneísino
en la na u aleza humana. M. Ta de, que an bien ha
explicado las le es de la imi ación, c ee, po el con a io, que
és as con adicen el misoneismo, po que, dice él, si se imi a
odo y siemp e, se debe imi a , no solamen e lo iejo, sino am-
bién lo nue o. Aho a, yo
110
niego que una pa e de nues as
imi aciones sea de e minada po el
amo
•
de
lo
nauuello;
pe o nie-
go que la exis encia de es e
iloneísino
excluya la
del misoneis-
mo.
La mayo ia es
misoneís a
con espec o á una inno ación
impo an e y es
iloneis a
con espec o á una inno ación do
poquisima é de ninguna impo ancia. Los dos enómenos p o-
ceden sepa ada y pa alelamen e; no es, po an o, posible con-
undi los. Y no hab ia necesidad de ailadi nada más, si no me
u gie a eba i una obse ación, en apa iencia muy su il, que
Ta de ha hecho á Lumb oso
(Le Déli poli ique,
en la
Re ue
scien i ique,
de Oc ub e, 1890.)
«Como ejemplo de misoneismo nacional—esc ibe Ta de—ci a
Lomb oso al pueblo ancés, el cual, desde los iempos de S a-
bón, ha con inuado siendo el mismo, ano, belicoso,
aman e de
40
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
Es, po an o, na u al que es a acul ad, que es in-
na a en el homb e (1), no solamen e despliegue su e i-
cacia, sino que la edoble y la cen uplique en medio
de una muchedumb e, alli donde odas la imaginacio-
nes es án exci adas y donde la unidad de iempo y de
luga ap esu a de un modo ex ao dina io y hace casi
ulminan e el cambio de imp esiones y de sen imien os.
Pe o deci que el homb e
imi a
es en nues o caso
una explicación insu icien e. Lo que impo a sabe es
po qué
el homb e imi a ; es deci , que necesi amos
una explicación que no se de enga an e la causa su-
pe icial, sino que descub a causa p ime a ciel e-
nómeno.
las no edades.
La con adicción es aquí an palma ia, que hay
que a ibui la un
lapsus calami.»
Mas la con adicción no exis e, si se e lexiona en la dis inción
an es hecha. Una nación puede se al mismo iempo
misone s a
aman e de las no edades,
como puede se lo una seño a que
gus a de cambia su ocado según la moda y pe manece inc é-
dula eu e á los descub imien os de la ciencia , mos ándose
o endida cuando se le dice que la eligión no es más que un con-
jun o de p ejuicios.
(1) Y en los animales, hay que añadi .
«En la
E olución men al de los animales,
po Romanes , hay
un capi ulo muy in e esan e consag ado al in lujo de la imi a-
ción sob e la o mación y el desa ollo de los ins in os. Es e in-
lujo es bas an e más g ande y más ex enso de lo que se c ee.
No
solamen e se imi an los indi iduos de la misma especie, pa-
ien es G no pa ien es (muchos pája os can o es necesi an que
sus mad es 6 sus compañe os les enseñen á can a ), sino que am-
bién los indi iduos de especies di e en es se oban pa icula i-
dades ú iles o insigni ican es. Aqui se mani ies a la necesidad
p o unda de imi a po imi a , uen e p ime a de mues as a es.
Da win ha obse ado que algunas abejas oma on do un abejo-
o la ingeniosa idea de chupa cie as lo es pe o ándolas po
los lados. Hay pája os, insec os y algunas bes ias de genio; y el
genio, aun en el mundo animal , puedo con a con cie o éxi o.
Solamen e que es os diseños sociales abo an po al a de len-
guaje., (Véase Ta de, ob.
ci .)
4
•
POR ESCIPIÓN SIGIIELE
41
Muchos esc i o es, al obse a que la imi ación e-
is e á eces o mas agudas, an o po la in ensidad
como po la ex ensión con que se di unde, y al e ,
además, cómo en cie os casos es inconscien e, más
bien que olun a ia, han in en ado explica la ecu-
iendo á la hipo esis del con agio mo al.
«Ila
y
en los enómenos de la imi ación--decia
el
doc o Eb a d—algo de mis e ioso, una especie de
a acción que no pod ía compa a se sino al ins in o
ciego y pode oso que nos cons i ie, casi sin sabe lo
noso os, á epe i los ac os de (
1
,
10 liemos s i o es igos
y que han imp esionado i amen e nues os sen idos
y nues a imaginación. Es a acción es an gene al
y
an e dade a, que odos, más ó menos, su imos su
in lujo. I-Iay una especie de ascinación con a la cual
no pueden de ende se cie os espí i us débiles (1).»
Joly esc ibía, de un modo aún más explici o : «La
imi ación es un e dade o con agio, que iene su p in-
cipio en el ejemplo , como la i uela iene su con agio
en el i us que la ansmi e ; y así como hay en nues-
o o ganismo en e medades que no espe an pa a des-
a olla se más que una pequeña causa, asi ambién
hay en noso os pasiones que pe manecen mudas mien-
as la azón las domina, y que pueden despe a se y
es alla po el solo hecho de la imi ación (2).»
Despine, Mo eau de Tou s , y luego muchísimos
o os, se unie on á Eb a d y á Joly (3), a i mando o-
dos ellos conco demen e que el con agio mo al es an
segu o como el de cie as en e medades ísicas.
(1)
Eb a d:
Le Suicide conside é au poin de ue médical,
philosophique,
e c., cap. ii.
(2)
Joli-:
De l' imi a ion,
en la
Union médicale,
omo in,
pig . 369, año 1869.
(3)
El doc o P óspe o Despine, en sus dos abajos
De la con -
42
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
«Lo mismo—decía Despine—que la esonancia de
una no a musical hace ib a la misma no a en odas
las cue das de a monía que, siendo suscep ibles de da
es a no a, se encuen an some idas â la in luencia del
sonido emi ido, de la p opia mane a la mani es ación
de un sen imien o, de una pasión, exci a el mismo sen-
imien o ins in i o, lo pone en ac i idad, lo hace i-
b a , po deci lo así, en odo indi iduo suscep ible po
su cons i ución mo al de expe imen a con más ó me-
nos i eza es e mismo elemen o ins in i o (1).»
Y con es a me á o a , eliz si no p o unda , y que
ilus aba la hipó esis del con agio mo al, muchos c e-
ye on pode explica , no solamen e los casos comunes,
na u ales y cons an es de
la
imi ación , sino ambién,
agion mo ale,
1870, y
De ' imi a ion conside ée au poin (le
ue
eles di é en s p incipes qui la dé e minen ,
1871; Mo eau
de Tou s, en el olumen De
la con agion du suicide ci p opos
de
l'épidémie ac uelle—Thèse
de Pa is, 1875, y en la b e e co-
municación:
Un mo su la con agion (lu c ime e sa p ophy-
laxie,
en la
Union médicale,
omo XXII, núm. 88.— i es que
ellos, hablan aludido, al enómeno del con agio mo al, La Roche-
oucauld
(Maximes);
al enómeno del con agio mo al en el sui-
cidio, B ie e de Boismon en su lib o
Du suicide e de la olie
suicide,
Pa is. 1865, segunda edición, pág. 258 y siguien es,
y
habían hablado del con agio de la locu a Calmeil y P <<spe o Lai-
cas, el p ime o en su ob a, aun hoy nue a,
De la olie conside-
ée
sous
le poin de ue pa hologique, philosophique,
e c. Pa is,
1843, y el segando en el opúsculo
De l'imi a ion con agieuse
ou de la p opaga ion sympa hique des ne oses e des monoma-
nies,
Pa is
;
1863.
Reco da a, , i ulo de cu iosidad, que en 1866) Emilio Augie
hizo ep esen a una comedia in i ulada
La
Con agion.
En nues-
os dias, la idea del con agio mo al ha llegado á se una idea
común, y has a
ac ,so
sc'
haya abusado c
íe ella. Bas a á cou ci-
a
aqui
A.
Ca o ea:
s:
_
., ',Y'an
u
jes
e po ai s,
,
pág. 247, y más
oda ía â Aub y en su he moso lib o
La Con agion du meu e,
Pa is, Alcan,
1888.
(1)
Despine:
De la con agion mo ale,
pág. 13.
POR ESCIPIÓN SIGH ELE
43
y sob e odo, los casos im s a os y mAs ex aiios, las
e dade as
epidemias
que se desa ollan de cuando en
cuando espec o de uno ó de o o enómeno.
Así, se a ibuían al con agio mo al las epidemias de
suicidios que seguían A un suicidio céleb e que había
in e esado i amen e y conmo ido la opinión pú-
blica (1); así se decía que e an debidos al con agio
mo al odos los cieli os que se come ían después de un.
c imen a oz de que odos los pe iódicos habían ha-
blado (2) ; así se c eía que e an debidas al con agio mo-
al las epidemias polí icas y eligiosas que le an aban
de p on o los pueblos, po i ud de la palab a a -
(1) La e icacia del con agio en el suicidio es más e iden e
quizá que en ningún o o enómeno. Conocido es el caso de
aquellos quince in álidos que en 1773 se aho ca on sucesi a-
men e
y
en un b e e espacio de iempo, colgándose de una iga
que se encon aba en un callejón muy oscu o de la casa donde
i ian. Sabido es ambién cómo, después que un
lo d ,
causado
de la ida, se a ojó al c a e del Vesubio, muchos o os ingle-
ses siguie on su ejemplo. Pod íamos ci a muchos o os hechos
semejan es. Véanse en las ob as ya ci adas de Eb a d y de
B ie e de Boismon , y en la de Mo selli: Il
Suicidio, Milán,
Da-
mola d, 1879.
(3) Cuan o á la epidemia de los deli os, no c eo que haya ne-
cesidad de p oba la con ejemplos. Todo el mundo debe ha-
be la expe imen ado po si mismo en no pocos casos.—Ve so-
b e es o, además de los au o es mode nos conocidos, Despine:
Psicholoyiena u elle,
ol. , páginas M8
y
siguien es.— Bas-
a á cqn eco da aqui las dos epidemias de homicidios
y
de le
siones, e i icados con el e ól e ú con el i iolo, po las mu-
je es con a sus aman es; epidemias que u ie on luga en
F ancia, especialmen e después que Ma ia Biè e, en 1880, ma ó
de es i os de e ól e á su seduc o , que la 'labia abando-
nado, y después que Clo ilde And al, ambién en 1880, des igu ó
á su aman e con el i iolo. Ve la colección de
Causes c imi-
nelles e mondaines,
de A. Ba aille.—Recue do á es e p opósi o
que, según el p o eso B oua del, el pun o de pa ida
de la
se ie de deli os
al i iolo
se ia una no ela de A, Ka , en la
cual se lee la his o ia de un ma ido aicionado que se enga,
des i
g
u ando á su muje con el i iolo.
50
LA
IiUCIIEEUbiP>RE DELINCUEITE
un g an núme o, de un genio del pensamien o ó del
sen imien o sob e odos sus con empo áneos, de un
je e de sec a sob e sus a iliados, así ambién en el
campo de la pa ología puede uno emon a se desde la
suges ión de un solo loco sob e o o loco á la suges ión
de un loco sob e odos cuan os le odean.
Lo cual es una p ueba, no sólo de que la pa ología
sigue las mismas leyes de la isiología, sino ambién
de que el enómeno de la suges ión es uni e sal.
Leg and du Saulle ha desc i o ma a illosamen e
el
deli io de dos (1),
esa o ma ex a ia de locu a, p o-
ducida po el ascendien e que un loco eje ce sob e un
indi iduo, ya p edispues o na u almen e al con a;io,
el cual pie de poco á poco la azón y adquie e idén-
ica o ma de locu a que su suges ionado . En e es os
dos se es se es ablece en onces un ínculo de depen-
dencia; el uno domina al o o, es e úl imo no es más
que un eco del p ime o; hace lo que hace el o o, y la
ue za imi a i a es al, que á eces llega á hace pa -
icipa al uno de las mismas alucinaciones que el
o o (2).
(1)
Leg and du Saulle:
Le Déli e des pe sécu ions,
Pa is,
Délahaye , 1873, cap.
I1.
(2)
Eu asia Me cie , una loca asesina, enia es e pode
so-
b e Elodie Méne e , que mas a de ile su íc ima. Véase el
p oceso in en ado con a ella en las
Causes
c imineiles, de
Ba-
aille, año 1886, p
i
g. 54.
Tebaldi da un ejemplo ípico de
deli io de dos.
«He aquí una
o ma de
dos,
esc ibe, cu
y
a causa insidiosa ué la imi aciún
(noso os ci iamos la suge
s
ión). Eni una aldea del Vene o había
una pa eja de dos se es, nacidos bajo la misma mala es ella,
que compa ían la misma mise ia
y
luchaban con a las mismas
es echeces. Ma ido y muje ue on acome idos de la misma en-
e medad, la pelag a, y la p eocupación de sus des en u as les
lle ó a ibui la causa de las mismas las injus icias del mu-
nicipio, que, según ellos, había dis ibuido mal los soco os de-
bidos í, los pob es. Se exal a on el uno al o o
y se decidie on
i
POR F. iCIPIÓN SIGHELF
51
Pa iendo de es a
locu a
(le dos
(que ep esen a, en
el e eno pa ológico, la suges ión de un indi iduo sob e
o o, del maes o sob e el discípulo, del culan e sob e
el aman e, que iene luga en el e eno no mal), se e-
mon a uno á la locu a de es, de cua o, de_cinco (I),
que iene luga con el mismo p oceso que la locu a de
dos: se a a siemp e de un loco que in luye sob e sus
pa ien es, sob e los que habi ualmen e con i en con él.,
y que, median e el ejemplo, comunica á es os indi i-
duos sus ideas mo bosas jun amen e con la pe u ba-
ción de los sen idos, y hace que la conciencia se oscu-
ezca poco á poco y deje el campo lib e A la locu a, la
cual se ep oduce exac amen e bajo la misma o ma que
la suya, ó bajo una o ma más le e, más palida (2).
i A la plaza y a ma en ella u a esc;indalo, lanzando imp eca-
ciones, mani es ando p opósi os de ealiza ion bu do
p
e o exal-
ado comunismo, y amenazando i las au o idades. El mismo
ehiculo les condujo al hospi al, se saluda on con el en usiasmo
de quien ol e , á e se en un edén, y con la misma o ma de-
li an e en a on en sus salas espec i as». Véase
J ayione e
ollia,
Mil
A
n, 1884, pdg. 143.
(1)
Roscioli e ie e un caso de locu a de cua o (en el
Mani-
comio,
1888, núm. 1.°): Los cónyuges N..., hon ados
y
labo io-
sos campesinos, ienen es hijas. La segundogéni a, jo en de
diez
y
ocho años, es ando un dia en la iglesia, se ió acome ida
de imp o iso de una g an exal ación maniaca, po lo que la
lle a on s su casa. Eu p esencia de an is e espec .ículo, el
pad e se emocionó de al mane a, que ocho dias después cayó
en un es ado angus ioso de pano obia. Poco mies a de, la mad e
su ió la misma sue e; y po in, quince dias después ambién
la p imogéni a ue acome ida de una exal ación maniaca.
Muchisimos o os casos semejan es pueden e se en los a-
bajos de Jü ge , Tuque, Ma inenq y Ve ne , ci ados po Sep-
pilli
(La Pa zia indo a,
en la
Rizis a spe i?n.en a e di enia-
ia,
1890, ase. 1,2), y que yo no he podido consul a .
(2)
Sob e es as o mas de locu a, especialmen e sob e la lo-
cu a de dos, los lib os y los abajos no han al ado, como am-
poco las discusiones sob e el nomb e clinico que debia dá sele,
después de la comunicación p esen ada A es e p opósi o po
52
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
Y además de es os e dade os casos de locu a múl-
iple y simul ánea p oducidos po la suges ión, odos
los alienis as se hallan de acue do en a ibui al loco
una ue za de suges ión, menos in ensa, pe o más ge-
ne al, sob e odos cuan os lo ci cundan. «Vi iendo
habi ualmen e
dice Rambosson—con pe sonas que
piensan con poco juicio, que azonan mal, que ob an
lo mismo, nues o ce eb o, que ecbe sin cesa el
in lujo desa eglado del suyo, iende á deja se lle a
po la misma co ien e que a as a el suyo, y po su
acción sob e nues as acul ades in elec uales nos im-
pulsa á ob a como aquéllas (1)».
«La is a misma del en e mo —esc ibe Seppilli,—las
ideas que mani ies a, p o ocan en el ce eb o de los que
le odean las mismas imágenes psíquicas, senso iales,
mo ices, que pueden ans o ma más ó menos á los
indi iduos según su in ensidad y du ación (2)».
Y an es que ellos, Maudsley había esc i o, á p opó-
si o de la con i encia con los locos: «Nadie puede
con ae el hábi o de se inconsecuen e en sus pensa-
mien os, en el sen imien o, en la acción, sin que la sin-
ce idad é in eg idad de su na u aleza dejen de ecibi
Lasègue y False i la Academia de Medicina.
(De la olie
ca
deux,
en los
Ann.
mnéd.
psych.,
1877). Tinos que ian llama la
locu a comunicada,
o os
locu a impues a,
o os
locu a
si-
mul dnea.
(V. Régis:
La Polie à deux ou olie simul anée,
Pa-
is,L'aillie e, 1880),y-laa ibuian ambién causas y azones di e-
en es. Ven u i ue el p ime o que echó i ola la hipó esis de
la suges ión (adop ada después po Se gi) en su abajo
1,'allu-
cinazione a due e lapazzia a due,
en el
Manicomio,
188G, núme-
o
1.
0
Véase a es e p opósi o el ya ci ado esc i o de Seppilli.
(1)
J. Rambosson:
Phénomènes ne eux , in ellec uels e
mo aux, leu ansmission pa con agion,
Pa is, Fi min Dido ,
1883, pag. 230.
(2)
Ob a ci ada.
POP. ESCIPIC)N SImIIELE
53
una sacudida, y sin que la ue za y la lucidez de su
in eligencia no engan á amengua se (1).»
Po in, además del con agio gene al, pe o len o,
inad e ido y poco in enso, enemos el con agio inme-
dia o, ulminan e, en e los locos, y más pa icula -
men e en e los epilép icos. Es un enómeno dis in o
de los que has a aho a quedan desc i os, pe o cl o i-
gen y la causa de unos y o os es siemp e la misma:
la suges ión.
Van Swie en obse a que los mo imien os con ul-
si os que mani ies an cie os Huíos son ep oducidos
po odos los que ienen la desg acia de se es igos
de los mismos (-21; y no hay nadie que igno e
po
habe se epe ido muchas eces—el hecho del hospi al
de Ha lem, donde una jo en que ué acome ida de u
n
.
a aque epilép ico
suges ionó
ins an áneamen e el mis-
mo mal á odas las o as en e mas.
Es e desa ollo pa alelo del enómeno de la suges-
ión—de un indi iduo á o o, de uno á muchos, de
uno á muchísimos—que hemos is o e i ica se en la
locu a,
se e i ica ambién en el
suicidio y
en el
deli o.
Cuan o al suicidio, hay lapa eja
suicida
(dos aman-
es, uno de los cuales pe suade, suges iona al o o que
mue a con él), o ma que se ha hecho muy ecuen e
en nues os días (3); hay el
suicidio de es, de cua o,
(1; Le C ime e la olie,
pág. 214. Idén ica obse ación
habían hecho po espec o A la locu a Leu e :
Du ai emen de
la olie;
Flou ens:
Philologie compa ée, y
Vigna: Il•
Con agio
della pazzia,
Venecia, 1881.
(2)
V.
Dic ionnai e des sciences médicales,
ci ado po Pam-
bosson, ob. ci .
(3)
Véase Chpoliansky:
Des analogies en e la olie ' , deux
e le suicide d deux?,
Pa is, 1885; Ca nie :
Le Suicide
ù
deux,
en los
Annales
d'hyg. publ.,
Ma zo, 1891, y mi esc i o
L'e olu-
zione dal
suicidio
all'omicidio nei d ammi d'au o e,
en el
A -
ehi io
di
psichia ia,
e c., ol. XII, asc.
y
^.
54
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
de cinco,
de amilias en e as que, de o dina io, se esuel-
en á mo i á causa de la mise ia á que se en edu-
cidas: o dina iamen e es el pad e el p ime o que con-
cibe la idea del suicidio y la comunica y obliga á que
la acep en á su muje y á sus hijos. Puedo ci a dos
ejemplos ípicos de es a suges ión de suicidio múl iple:
uno, el de la amilia de Hayem (pad e, mad e y cua-
o hijos), la cual se suicidó con el ca bón en Pa is el
in ie no de 1890; o o, el de la amilia Paul (pad e,
mad e y es hijos), la cual se suicidó en 1885 en B e-
ana, a ojándose al ma (1). Hay, po in, el
suicidio
epidémico,
del cual pod ían ci a se muchos casos: se-
gún Eb a d, en Lyon, las muje es disgus adas de la
ida se a ojaban al Ródano, dos á lis, ez, y en ocasio-
nes, es. En Ma sella, las jó enes se suicidaban jun as
po mo i os de amo (2).
Cuan o al deli o, se puede pe ec amen e epe i lo
que queda dicho ace ca del suicidio. Hay la pa eja
c i-
minal
(el delincuen e na o que suges iona y co ompe
al delincuen e de ocasión haciéndole escla o suyo,
incu-
bo
y
súcubo) (3);
hay la
asociación c iminal,
cuyo je e
a as a al deli o á los jo enes delincuen es de ocasión
po sólo la ue za de su olun ad y po el impe io
mo al que eje ce sob e ellos (es el caso de Lacenai e
con A il y odos los demás de su banda) (4); hay, po
in, la
epidemia c iminal,
que se desa olla sob e odo
en las cuad illas nume osas de delincuen es y en los
(1)
Pa a es e Ul imo hecho éase Ba aille:
Causes c iminelles
e mondaines
do
188; , i);:
g.
:72, y
Amos,~ :
Di alcuni al o i del
suicidio,
donde habla del suicidio de es de las he manas Ro-
maco.
(A chi io di psichia ia,
ol. x, p i . 17G.)
(2)
Eb a d, ob. ci .
(3)
Véase mi lib o
El
Deli o
de dos,
ad. esp.
(4)
Véase Joly:
Le C ime,
capi ulo i ulado
L'associa ion
c iminell
e.
POR ESCIPIÓN SIGIIELE
55
4
[1
deli os con a el pudo (1). Cuando una pob e jo en cae
en manos de algunos malhecho es, és os no se con en-
an con iola la: bas a con que cualquie a de ellos
103 enga la idea de algún ho ible ul aje, pa a que odos
sus compaiie os le imi en en seguida, p esa, pod ía de-
ci se, de un e dade o deli io. Es o es lo que sucedió á
una pob e muje que, secues ada y iolada po una
cuad illa de quince c iminales, u o que su i des-
pués las más obscenas bu las. Le in oduje on en las
pa es geni ales ce illas encendidas y la cla a on al i-
le es po odo el cue po. Uno solo de los bandidos dió
el ejemplo, pe o los o os le siguie on á po ía, can-
ando y bailando en o no del cue po de la in eliz mu-
chacha (2).
Y sin ci a o os ejemplos, me pa ece que se puede
conclui que el cuad o que hemos azado de las o -
mas suges i as de la locu a, del suicidio y del deli o
co esponde exac amen e al cuad o de las o mas de
suges ión en el es ado no mal. En odos es os es ados
de degene ación, como en el es ado no mal, la suges-
ión comienza po un simple caso que se pod ía llama
de imi ación, y poco á poco se desa olla y se ex iende,
llegando has a las o mas colec i as y epidémicas, á
las o mas del e dade o deli io, en las cuales los ac os
son in olun a ios, y se ealizan, pod ía deci se, po
impulso i esis ible.
Aho a bien; ¿no es e iden e que es a suges ión, que
noso os hemos a ado de desc ibi , quizá demasiado
ex ensamen e, á in de mos a su uni e salidad, debe
(1)
V. Aub , ob. ci ., e ce a pa e, cap. i .
(2)
En ique Fouquie :
Les 1iM
œ
ui's b u ales,
en el
Fíga o
de
-4 Julio de 1886.
En o a pa e nos ocupa emos con más ex ensión de las di e-
en es o mas de asociación c iminal debidas á la suges ión.
56
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
se ambién la causa de las mani es aciones de la mu-
chedumb e? ¿No es e iden e que, aun en medio de
una.
muchedumb e, el g i o de un solo indi iduo , la pala-
b a de un o ado , el ac o de cualquie a e ido, pue-
den
suges iona
á odos aquellos que oyen el g i o ó
la
palab a ó que en el ac o, y conduci los (como un
e-
balo dócil) á la comisión de acciones malas? ¿No es
e iden e que en la mul i ud es cabalmen e donde la
suges ión p oduci á un e ec o máximo y pasa á
ins-
an áneamen e desde la
o ma de clos
á la o ma
epi-
démica,
pues o que en la muchedumb e la unidad de
iempo y de luga y la elación inmedia a en e los
indi iduos lle an has a el úl imo lími e posible la
elocidad del con agio de las emociones?
Espe o que no hab á nadie que con es e de un modo
nega i o A es as p egun as ; sin emba go , pa a hace
comp ende mejo cómo la suges ión ob a en la mu-
chedumb e, es deci , de qué mane a se p opaga en
una mul i ud una emoción cualquie a de miedo ó de
cóle a, oy A ep oduci aquí algunas páginas esplén-
didas de Al edo Espinas.
En ellas encon a emos, de una mane a cla a y p e-
cisa, la explicación isiológica de la psicología de la
muchedumb e.
Al desc ibi el ilus e na u alis a ancés, en e
aquellas que él llama sociedades domés icas ma e nas,
la sociedad de las a ispas , cuen a cómo en e es os
animales la di isión ciel abajo se ealiza de una ma-
ne a pe ec a, habiendo indi iduos enca gados exclu-
si amen e de la segu idad común. El nido es, en e ec-
o, cus odiado po cen inelas, que pene an en el
mismo cuando hay pelig o y ad ie en de él A las
o as a ispas, las cuales salen encole izadas y pican á
los ag eso es.
POR ESCIPIÓN SIGIIELE
)(
«Aho a bien—p egun a Espinas,—
,
cómo pueden
las cen inelas ad e i á sus compa ie as la p esencia
de un enemigo? ¿Tienen acaso un lenguaje an p eciso
que pueden con 6l comunica a isos? Las a ispas no
saben se i se de sus an enas pa a comunica se sus
imp esiones de una mane a an delicada como las
ho migas; pe o en nues o caso, odo lenguaje p eciso
les es, como amos á e , inú il. Pa a la explicación
del enómeno , bas a que concibamos cómo una emo-
ción de ala ma ó de cóle a se comunica de
un
indi i-
duo A o o. Cada indi iduo, emocionado súbi amen e
po es a imp esión ápida, se p ecipi a á al ex e io y
segui á el impulso gene al, se a oja á sob e la p i-
me a pe sona que encuen e, con p e e encia sob e la
que huye. Todos los animales son a as ados po la
is a del mo imien o. No es a, pues, más que deci
cómo las imp esiones se comunican á oda la masa. Y
con es amos:
Po sólo el espec áculo de un indi iduo
i i ado. Es una ley uni e sal en odo el dominio
de
la
ida in eligen e el que la ep esen ación de un es ado
emocional p o oque el nacimien o de es e mismo es ado
en
aquel que es es igo del mismo (1).
En las egiones
(1) Es a ley , que Espinas, igualmen e que los más ilus es
psicólogos mole nos, lia con ibuido á pone en cla o, había
sido
y
a o mulada po Cabanis desde los comienzos de es e si-
glo:
'
Po la sola po encia de sus signos—esc ibia Cabanis—pue-
den comunica se las imp esiones de un se sensible á o os
se es, que, pa a pa icipa de ellas, pa ece que se iden i ican con
aquél. , Véase Cabanis:
(Ha e. comple es,
Pa is , 1824 , Fe min
Dido , o no i, P e acio, pág. 14. Po lo demás, la in uición de
es a le
y
iene ya una la ga echa. Ho acio dice, en el
A e poé-
i'a:
'
Lo mismo que la isa p o oca la isa, las lág imas hacen
llo a ; es que nues os os os se comp enden: si quie es que
yo llo e, llo a ambién ú.
58
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
in e io es á aquéllas en que comienza la in eligencia,
es p eciso que las ci cuns ancias ex e io es ob en ais-
ladamen e sob e cada indi iduo de una mane a simul-
ánea pa a que haya acue do en las imp esiones sen i-
das; pe o an p on o co no la ep esen ación es posible,
bas a con que uno sólo sea imp esionado po las ci -
cus ancias ex e io es pa a que odos lo sean igual-
men e casi de un modo epen ino. En e ec o,
el indi i-
duo ala mado mani ies a ex e io men e su es ado de
conciencia de una mane a ené gica; la a ispa, po
ejemplo, zumba de un modo signi ica i o, que co es-
ponde en ella
á
un es ado de cóle a y de inquie ud; las
o as a ispas la oyen y se ep esen an es e uido, pe o
no pueden ep esen á selo sin que las ib as ne iosas
que en ellas lo p oducen o dina iamen e dejen de se
más ó menos exci adas.
Es un hecho psicoló
g
ico ácil
de obse a en los animales supe io es el de que oda
ep esen ación de un ac o cualquie a implica
,
un co-
mienzo de ejecución de es e ac o : la cab a á la que se
le o ece un e ón de azúca , el pe o al que se le
p esen a un pedazo de ca ne, se chupan los labios
y
sali an con la misma abundancia como si en ealidad
los u ie an en la boca. El ni o y el sal aje acompa-
ian con la mímica la escena que cuen an. Y M. Che-
eul ha mos ado que, en el es ado de pe ec o eposo,
bas a que un homb e adul o, un sabio, engan la idea
de un mo imien o posible de su b azo, pa a que es e
mo imien o comience e ec ua se, aun á pesa suyo.
Noso os no pensamos an sólo con nues o ce eb o, sino
con odo nues o sis emane ioso , é in adiendo de
p on o la imagen, po medio del sen ido que pe cibe,
los ó ganos que co esponden de o dina io á la pe cep-
ción, p o oca ine i ablemen e en ellos mo imien os ap o-
piados que sólo una ené gica con ao den puede llega á
POP ESCIPIÓN SIGHELE
59
suspende (1).
Cuan o más débil es la concen ación
del pensamien o, más impe uosamen e siguen su cu so
los mo imien os nacidos de es a mane a. Al e
nues as a ispas que una de ellas en a en el nido y
uel e á sali ápidamen e del mismo, se án ambién
ellas a as adas hacia a ue a, y sus zumbidos es-
ponde án y se pond án al unísono con el zumbido
p oducido po aquélla. De lo que esul a una e e es-
cencia gene al de odos los miemb os de la socie-
dad (2)..
Es a magis al desc ipción de .11 edo Espinas nos
explica su icien emen e, c eo yo, la psicología de la
muchedumb e.
Lo mismo que sucede en e las a ispas y en e los
pája os, cuyas bandadas, al meno mo imien o de un
ala, se sien en poseídas de un pánico in encible, su-
cede ambién en e los homb es ag upados, en los cua-
les una emoción se di unde
suges i amen e
po medio
de la is a y del oído, aun an es de que los mo i os sean
conocidos; y la impulsión iene de la ep esen ación
misma del hecho imi ado, de la p opia mane a que no
podemos mi a al ondo de un p ecipicio, sin sen i el
é igo que nos a as a hacia él (3).
(1)
Spence esc ibe ambién
(P ime os p incipios,
cap. iii):
dllay una co elación y una equi alencia en e las sensaciones
y las ue zas isicas que, bajo la o ma de acciones del cue po,
son los esul ados de aquélla.»
(2)
A. Espinas:
Des socié és animales,
segunda edición, Pa-
is, Ga nie -ßailliè e, 1878, página 358 y siguien es.
(3)
Rambosson, en su ob a
Phenoménes ne eux in ellec uels
e mo aux; leu ansmission pa con agion,
ha aplicado i
los
enómenos ne iosos é in elec uales, que se ansmi en po con-
agio, la ley de la ansmisión y de la ans o mación del mo i-
mien o exp esi o. Admi e el au o ( esumo aquí su eo ía)
que
á cada es ado psicológico co esponde un mo imien o ce eb al
que se mani ies a ex e io men e po modi icaciones de la iso-
66
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
Ahí es án muchos hechos que nos desmen i ían, p in-
cipalmen e odos aquellos que se o iginan en el amo
de la pa ia y que, desde los 300 de las Te mópilas
has a los úl imos má i es de la independencia i a-
liana, o man, po deci lo así, en la his o ia una u a
sag ada, que demues a po sí misma su icien emen e
que una mul i ud puede, lo mismo que un solo indi i-
duo, ele a se has a las sublimes al u as de la abnega-
ción y del he oísmo.
Yo me he p opues o an sólo mos a que la muche-
dumb e se halla
p edispues a,
po una ley a al de
a i mé ica psicológica, más al mal que al bien; del
p opio modo que oda o a eunión de homb es, cual-
quie a que ella sea, se halla
p edispues a
á da un e-
sul ado in elec ual in e io al que debe ía da la suma
de sus componen es. Hay en la muchedumb e una
endencia ocul a á la e ocidad, endencia que cons i-
uye, si así podemos deci lo, el ac o o gánico com-
plejo de sus u u as mani es aciones; y es e ac o
(co no el ac o an opológico en el indi iduo) puede
segui una di ección buena ó mala, según la ocasión y
según la suges ión que p oducen sob e él las condicio-
nes ex e io es.
Así como una asamblea que ep esen e un medioc e
conjun o in elec ual puede llega en cie os casos
á
comp ende una idea de genio ó un sen imien o noble
si alguno sabe expone lo (1), así ambién una muche-
dumb e, que ep esen a un conj un o mo almen e me-
(1) QEn un he moso a anque de en usiasmo—po ejemplo,
du an e la noche del 4 de Agos o —las asambleas pueden des-
plega una gene osidad colec i a de que casi odos sus miem-
b os, si no odos, son indi idualmen e incapaces., V. Ta de,
en la c i ica de la p ime a edición de es a ob a
(RO ue philo-
op hique
de No iemb e, 1891).
POR ESCIPIÓN
SIGHELE
67
dioc e y aun bajo, puede llega en cie os casos á ea_
liza ac os he oicos, si encuen a el após ol ó el capi-
án que sepa guia la. La ulga idad en el. p ime caso
y la c ueldad
en
el segundo pueden, pues, ans o -
ma se en pensamien os y en sen imien os mejo es, y
has a excelen es, po ob a del o ado ó del je e, es o
es, de aquel que sea el á bi o de lo que ha de hace
la muchedumb e.
Es a condición de la muchedumb e la ha expues o
Pugliese po medio de una compa ación magní ica:
a ina muchedumb e es exci ada, pe o la ue za que la
agi a
iolen amen e, como el ma e uel o, no lia e-
cibido oda ía la impulsión del mo imien o; una cal-
de a es á some ida á p esión, pe o no se ha abie o
oda ía la ál ula que debe deja sali el apo ; un
mon ón de pól o a es á pues o al sol, pe o nadie ha
encendido el uego pa a hace lo es alla . Su ge un
homb e, se mani ies a una idea, se lanza un g i o:— a-
mos á ma a Fulano, enemigo del pueblo;— amos á
libe a á al o o, amigo de los pob es...—el mo i-
mien o se ha p oducido, la ál ula es á abie a, la
pól o a ha es allado.—He aquí la muchedumb e (1).
También Spence iene una ase que, aplicada á la
muchedumb e, puede conside a se como la misma idea
que encie a la compa ación de Pugliese: «Las pala-
b as
dice el ilóso o inglés— ienen con la sacudida
mo al que p o ocan una elación que se pa ece mu-
cho á la que la p esión del pe illo de un a ma de
uego iene con la explosión que la sigue: no p oducen
la ue za, no hacen más que pone la en libe ad (2).»
(1)
A. Pugliese, en la bibliog a ía de la p ime a edición de
es e lib o
(Ri is a de giu isp udenza, a io
x i, 1891, pag. 194).
(2)
Spence :
Los P ime os p incipios, pág.
194.
68
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
Po consiguien e, en la muchedumb e, como en ele
indi iduo, oda mani es ación es debida á las dos cla-
ses de ac o es, an opológico y social (1): la muche-
dumb e puede se
en po encia
odo lo que se quie a,
pe o la
ocasión
se á lo que da á o igen á al ó al o o
acon ecimien o. Hay, sin emba go, es o de pa icula :
que la
ocasión.,
es deci , la palab a ó el g i o de un
homb e ienen, an e la mul i ud, una impo ancia in i-
ni amen e supe io á la que ienen an e un solo hom-
b e. El indi iduo aislado en la sociedad, en el es ado
no mal, es siemp e, más ó menos, una ma e ia poco in-
lamable: ap oximadle una mecha encendida y és a se
quema á más ó menos len amen e, y aun acaso llega-
á á ex ingui se (2). La muchedumb e, po el con a-
(1)
Apenas ha
y
necesidad de ad e i que, aunque hablamos
de sólo dos ac o es, el an opológico y el social, no po es o que-
emos exclui el ac o ísico. Hemos hablado de los dos p ime-
os y no del e ce o, po que sólo aquellos in e esaban pa a
nues o a gumen o.
Lomb oso y Laschi se ocupan (en eI Deli o polí ico)
de la in-
luencia del clima en las e oluciones
y
e
n
las e uel as. Hacien-
do la es adis ica de las ebeliones po mesesy es aciones en la
an igüedad, en la Edad Media y en el siglo pasado, llegan a los
siguien es esul ados: que en e ano es cuando mas ele ada es
la ci a de las e oluciones, y en in ie no cuando mas baja; que
es a ci a llega a su
m ximum
en el mes siguien e a aquel en
que han comenzado los g andes calo es, ó sea
Julo, y
que,
po el con a io, llega a su
mínimum
en el mes que sigue al co-
mienzo del io, ó sea
No iemb e.
M. Fou niai, en una ob a, a deci e dad poco o iginal, se
ocupa ambiè n del ac o ísico en los deli os colec i os.
No habiendo yo enido iempo de ecoge nue os da os a es e
p opósi o, he p escindido comple amen e del es udio de los ac-
o es ísicos.
(2)
Es o debe en ende se en gene al, pues bien sabemos que
la
ocasión
p oduce á eces el mismo e ec o ulminan e sob e el
indi iduo aislado que sob e la muchedumb e: po ejemplo,
una p o ocación muy g a e hecha a un delincuen e po
pasión.
POR ESCIPIÓN SIGHF,LE
69
io, es siemp e co no un mon ón de pól o a seca: si
ap oximáis á ella la mecha, la explosión no puede po
menos de p oduci se. La ocasión iene, pues, en la
mul i ud
el e ible de lo i epa able (1).
Después de odas es as conside aciones, se pod ía
c ee amino ada la ue za del p incipio expues o más
a iba, según el cual la muchedumb e es un e eno
en donde el mic obio del bien mue e mu
y
á menudo, y
en el que, po el con a io, el mic obio del mal ácil-
men e se desa olla; pues se di á que como odo depen-
de de la ocasión y és a puede se buena ó mala, las
p obabilidades pa a esul ados opues os son iguales.
Mas no es así.
Si es e dad que odo depende de la ocasión, no lo
es
menos que la ocasión es con más ecuencia mala
que buena. Y es o, po la siguien e pode osa azón:
que, aun dando po supues o que en la muchedumb e
el núme o de las pe sonas que quie en conduci al bien
sea igual al de las pe sonas que quie en a as a ha-
cia el mal, es as úl imas ence án en la mayo ía de
los casos: la pe e sidad es una cualidad más
ac i a
(1) Es a e dad puede ambién demos a se en o os casos
di e en es de los que se e ie en á los deli os de la mul i ud: po
ejemplo, en las elecciones poli icas popula es. Un nomb e que
se ha
y
a sabido echa ola iempo en medio de una muche-
dumb e se conquis a la adhesión de odos, in olun a iamen e,
po el solo hecho de habe sido p onunciado. Si se hubie a p o-
nunciado o o, el e ec o hubie a sido el mismo. Pod íamos po-
ne mil ejemplos, pe o bas a á con sólo uno. Cuando Osmán,
empe ado de los u cos, ué depues o, ninguno de los que co-
me ie on es e a en ado pensaba en come e lo: solamen e pedían
en ono de súplica que se les hicie a jus icia de algunos ag a.
ios. Una oz que no se supo de quien e a salió de la mul i ud
po casualidad; se p onunció el nomb e de Mus a á, é inmedia-
amen e Mus a á ié empe ado » (Mon esquieu:
Ge es pe si a-
nes,
le e 81. [ sbeck á Rhedi).
70
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
que la bondad, po que la clase de los mal ados es á
compues a de los que quie en hace mal á los demás,
mien as que la clase de los buenos es á compues a de
los que no
ha ía4 mal nunca á nadie
(los pasi os), y
además, de los que no solamen e no ha ían mal, sino
que quie en hace el bien, y lo hacen. Aho a, ácil es
comp ende que los buenos
pasi os
no pueden eje ce
in lujo sob e una muchedumb e y di igi la, po que sus
cualidades nega i as les con ie en en ins umen os
ciegos del que sepa sob epone se.
Cuan o á los buenos
ac i os
(pe mí aseme el uso de
es os ocablos, que exp esan exac amen e mi pensa-
mien o), su pode opieza con muchas di icul ades,
pues o que si a an de impone se, de eacciona con-
a los consejos de los mal ados, si p ocu an calma
los ánimos, e án muy p on o que sus palab as son
mal in e p e adas, y se les acusa á de pol one ía ó de
algo peo . Po es a azón, si a an de eacciona una
ez, no in en a án hace lo una segunda, y la suges ión
de los que quie an p oduci algo se io, algo g a e, na
encon a á ya ningún obs áculo. ¡Cuán os hay que en
una agi ación popula g i an
i a
ó
mue a
po emo
de que si callan les achen sus ecinos de coba des ó
de espías! ¡Y cuán os, po la misma azón, pasan
de
los g i os á los ac os! Se necesi a una no común ue -
za de ca ác e pa a eacciona con a los excesos que
come e la u ba de que uno o ma pa e; y los que po-
seen es a ue za son muy pocos. La mayo pa e
cona-
p enden
que ob an mal, pe o lo hacen, po que la mu-
chedumb e los empuja y los a as a. Saben que si no
siguen la co ien e, se les llama á iles y se án ic i-
mes de la cóle a ajena. El miedo ma e ial de se mal-
a ados ó he idos se une al miedo mo al de se acha-
dos
de coba des.
POR ESCIPIÓN SIGHELE
71
AIejand o Manzoni, en
Los
No io.,
iene una página
espléndida, donde desc ibe es a imposibilidad mo al y
ísica á que se en educidos los buenos en una mu-
chedumb e pa a eacciona con a la mayo ía que
co e locamen e á come e acciones c iminales.
«...E a un mo imien o con inuo, un i y eni , un
a anza y e ocede , como si exis ie a un es anca-
mien o , una ince idumb e, una i esolución , un u-
mo con inuado de consejos y de consul as. De p on-
o, salió de en e la mul i ud una maldi a oz que dijo:
.Aquí p óxima es á la casa del ica io de p o isiones;
amos á hace jus icia y á saquea .» Pa ecía que aque-
llo había sido el e i i de un acue do an e io men e
omado , más bien que la acep ación de una p oposi-
ción imp o isada. « ¡ A casa del ica io ! ¡ á casa del
ica io ! » , es e e a el único g i o que se oía. La u ba
se puso en ma cha como un solo homb e, en di ección
á la casa nomb ada en an mala ho a. «El ica io, el
i ano, el que es causa del hamb e; lo que emos i o
ó mue o.» Renzo se encon aba en el co azón del u-
mul o. Apenas oyó es a p oposición sanguina ia, se
sin ió odo sob ecogido; cuan o al saqueo, no hab ía
podido deci si e a un bien ó un mal en aquel caso,
pe o la idea del homicidio le causó un ho o pu o
é
inmedia o. Y aun cuando, po i ud de aquella unes-
a docilidad de los ánimos apasionados an e la apa-
sionada a i mación de un g an núme o, es u ie a pe -
ec amen e pe suadido de que el ica io e a la p in-
cipal causa del hamb e, el enemigo de los pob es, sin
emba go, habiendo oído po casualidad, al p ime mo-
imien o de la u ba, algunas palab as que indicaban
el deseo de hace odo lo posible po sal a lo, se ha-
bía p opues o desde luego ayuda pa a es a ob a...
Un iejo, ab iendo desmesu adamen e dos ojos hundi-
72
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
dos y cen ellan es , agi aba en el ai e un ma illo,
una cue da y cua o g andes cla os, con los cuales ad-
minículos decía que que ía colga al ica io á su pue -
a, luego que se le hubiese dado mue e.
«¡Oh, qué
e güenza!
»
, exclamó Renzo ho o izado po aquellas
palab as y â la is a de cie o núme o de os os que
pa ecían ap oba las, pe o alen ado po habe is o o os
que, aunque mudos, dejaban asluci el mismo ho o
de que él se hallaba poseído. «¡Qué e güenza! ¡Vamos
á oba su o icio al e dugo? ¿Asesina á
un
c is iano?
¿Cómo que éis que Dios nos dé pan si come emos ales
a ocidades? Nos manda á ayos, no pan. »— ¡Ah, pe-
o ! ¡ ah, aido de la pa ia! , g i ó enca ándose con.
Renzo, como un poseído, uno de aquellos que, en me-
dio del uido, había podido oi aquellas san as pala-
b as.—¡Espe a, espe a! es un se ido del ica io
dis azado de lab iego; es un espía; dadle, dadle.--
Cien oces con es an en de edo : ¿Qué es? ¿Dónde
es á? ¿Quién es?
Un se ido del ica io. Un espía.
El ica io dis azado de lab iego, que se pone en sal-
o.—¿Dónde es á? ¡Dadle, dadle!»—Renzo enmudeció,
se aniquiló , que ía desapa ece : algunos de los que
lo odeaban lo ocul a on en medio del g upo que o -
ma on, y con g andes y di e en es g i os a a on de
con undi aquellas oces enemigas
y
homicidas. Pe o
lo que le sal ó ue un «dejad si io, dejad si io,» que se
oyó g i a allí ce ca...»
Hay una in inidad de pe sonas que. se encuen an
en el caso de e izo. Y si la compa ación no pa eciese
un an o a e ida, yo di ía que la mayo pa e de las
pe sonas hon adas que se encuen an en medio de una
u ba u iosa, casi a almen e, po una ley de
mime-
ismo psiquico,
ienen que conduci se como los que les
odean.
POR ESCIPIÓN
SIGHELI
73
Lo mismo que hay animales que, pa a ocul a se de
sus enemigos y de ende se mejo con a ellos, oman
el colo del medio en que i en (1), así ambién los
homb es que se encuen an den o de una muchedum-
b e, pa a e i a que se les insul e y que se les golpee,
o nan el
in e mo al
de los que les odean ; es deci ,
que g i an odo cuan o los o os quie en y apa en an.
segui la co ien e.
Si es o es así, no hay di icul ades pa a comp ende
po qué las malas pasiones adquie en el p edominio
en la muchedumb e y ahogan l
a
s buenas in enciones
del meno núme o.
Pe o además de las conside aciones ya expues as,
hay o a que explica mejo aún la ic o ia de los ins-
in os b u ales.
Hemos demos ado (al menos yo lo espe o) de qué
mane a una emoción cualquie a expe imen ada y ma-
ni es ada po un indi iduo se p opaga inmedia amen e
á oda la masa. Si es a emoción es de u o ó de cóle a,
en un ins an e el os o
y
la ac i ud de cada uno de los
indi iduos adqui i án una exp esión de i a, en la cual
hab á algo de i an e y de ágico.
Aho a bien: no hay necesidad de c ee que es a ex-
p esión sea sólo apa en e; el es ado eal de emoción
sigue siemp e á los ac os que lo exp esan, aun en el
caso en que es os ac os sean en su o igen demos a-
ciones ic icias. Po un es ue zo de olun ad pode nos
ingi una emoción que no expe imen amos, pe o no
(1) Ace ca de es e enómeno, que de i a del ins in o de con-
se aci:in, éase Weissmann:
S udien
za
Deseendenz-Theo ie.
Leipzig, 1876, pág. 10 y siguien es; Gi a d:
La Na u e,
1878,
pág. 109; Da win :
O igen
de las
especie,
ad. i al., Tu in,
1875, pág. 467; Canes ini :
La Teo ia
di
Da win,
Milán, Du-
mola d, 1887, segunda edición, pág. 2(33.
74
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
podemos pe manece indi e en es an e una emoción
que ex e io men e ingi nos.
Como odo es ado in elec ual a acompa lado de de-
e minadas mani es aciones ísicas, que no son solamen-
e e ec os y signos del mismo, sino—como diceRibo (1)
—condiciones necesa ias y elemen os cons i u i os,
esul a como consecuencia que en e un es ado in e-
lec ual y sus mani es aciones ex e io es exis e siemp e
una elación de ecip ocidad, en el sen ido de que el
uno no puede nace sin da inmedia amen e o igen á
las o as, y ice e sa.
Cuando con los ojos ce ados
dice Lange-- pen-
samos en un lápiz, hacemos inmedia amen e un mo i-
mien o lige o de ojos que co esponde á la línea ec a,
y á menudo nos ape cibimos de un lige o cambio en
los mo imien os de la mano, como si ocá amos un
lápiz (2).»
«Cuan o á las ep esen aciones abs ac as, S icke
demues a de un modo segu o la exis encia de la
pa-
lab a in e io ;
y cada uno puede ape cibi se, exami-
nándose con a ención, de que cuando piensa en algo
abs ac o, p onuncia silenciosamen e en sus aden os
la palab a que lo ep esen a, ó al menos se sien e im-
pulsado á p onuncia las (3).» Bain decía, en e ec o,
esumiendo en una sola ase l
a
idea expues a po
Lange y po S icke , que pensa quie e deci con e-
ne se de habla y de ob a (4) .
(1)
T. Ribo
:.Psyeholoyie. de l'a en ion,
Pa is, Alcan, 1889.
(2)
Lange :
Bei üge zu Theo ie de sinnlichen Au -
me lcsa-mkei und de ac i en Appe cep ion.—PThilosophische
,S' udien,
i ,
415.
(3)
A. 1losso :
La Fa ica,
T e es , 1891, cap. iii , pea. 235.
(4)
Se scheuo ' decía ambién : a El pensamien o es uu e lejo
educido
i
sus dos p ime os e cios.» (Ci ado po Ribo , ob a
ci ada, púg. 89.)
POR ESCIPIÓN SIGHELF.
75
Po lo demás, hay miles de expe iencias que p ue-
ban que el mo imien o es inhe en e
A
la imagen. «Las
pe sonas que se a ojan á un abismo pol
»
iniedo de
cae se á ; las que se co an con una na aja de
a ei a po medio de co a se, y la céleb e lec u a del
pensamien o, que no es o a cosa que la lec u a de
es ados muscula es , le pa ecen cosas ex a as al pú-
blico, po que igno a el enómeno psíquico elemen al
según el cual oda imagen encie a una endencia al.
mo imien o (1).»
Po el con a io, odo mo imien o encie a una en-
dencia á una imagen cualquie a. Se ha dicho que el
pensamien o no es más que una acción abo ada. Yo
c eo pode deci , de una mane a análoga, que el ac o
ex e io es un pensamien o que nace.
«La pa icula acción muscula , dice magní icamen-
e Maudsley, no es an sólo el exponen e de la pasión,
sino ambién una pa e esencial de la misma. Exp e-
sad po medio de la isonomía una pa icula emoción,
la de la cóle a, la del asomb o, la de la malignidad,
y la emoción así imi ada no deja á de despe a se en
oso os; y mien as que los asgos del os o es án
exp esando una pasión, es ano é inú il que se in en e
expe imen a o a» (1).
Espinas esc ibe de un modo análogo: «De la misma
mane a que el homb e que iene un lo e e en un asal-
(1) Ribo , ob. ci ., pág. 79.—Ve 11, es e p opósi o : Da win:
Exp ession des émo ions,
cap. x; P oye :
L'ame de l'en an ,
aducción ancesa, pág. 250
y siguien es; Fé é:
Sensa ion e
mou ;emen ;
Man ega.zza:
La Fisonomia,
cap. x i; Ricca di:
Saggio di s udi e di osse oazioni in o no all'a enzione nell'uoma
e
neçli animali,
Módena, 1887, y Tissie:
Les ê es,
Mean,
1890, pág. 12.
<<^ Maudsley:
Co po e men e,
lecciones aducidas po el doc-
o Co
p
ina, O ie o, 1872: V. lec. . pág..
82
LA
MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
La sanción más cla a de la ley po i ud de la cual
el alo de los comba ien es es p opo cionado á su nú-
me o, nos la ha dado Fo el median e un expe imen o
que él ha hecho y que e ie e en su magní ica ob a
ace ca de las ho migas. De dos ejé ci os de
o mica
p a ensis
empellados en una ba alla, omó sie e indi-
iduos, cua o de un campo y es de o o y los me ió
jun os en un mismo aso. En onces aquellas sie e ho -
migas an es i i adas y que se ba ían unas con a
o as, se a a on amigablemen e.
¿
,
Qué mejo p ueba de que el núme o es lo que hace
explo a en la muchedumb e los ins in os de c ueldad
y
de comba i idad?
cuando se e odeada de sus compaiie as, se mos a á ex e-
madamen e imida
y
e i a á el meno pelig o cuando se ea
aislada á ein e me os de su nido., V. Fo el:
Les ou mis,
pa-
gina 249. Po lo demás, es un hecho bien conocido el de que la
sola p esencia de uno de nues os semejan es bas a pa a aumen-
a lige amen e en noso os la ue za de las emociones. Es e e-
nómeno puede obse a se ácilmen e en cie os casos de locu a.
El D . Regis, en su ob a
Les neu as hénies psychiques,
ci an
el hecho de un en e mo a ec o de la locu a de la duda ó de la
indecisión, el cual es ando solo no podia ab i una pue a ni
abo ona se el es ido; pe o an p on o como eía en su p esen-
cia á alguien, e minaba el acceso.
CAPÍTULO I1.
L
as muc`ledumb ss delincu
e
n es.
I
Las obse aciones gene ales que has a aho a hemos
hecho e an necesa ias pa a bien comp ende aquella
ex a ia y e ible ue za ín ima que posee en sí una.
muchedu mb e.
Aho a es p eciso que examinemos, apoyándonos
sob e los hechos, no solamen e cómo se mani ies a es a
ue za in ima, sino ambién si en an o os ac o es en la
p oducción de los deli os de la muchedumb e, y cuáles
sean es os ac o es. Solamen e en is a de es a in es i-
gación es co no pod emos con es a la p egun a que
nos hemos hecho al p incipio de es e es udio, es deci ,
cuál sea la o ma de eacción social más con enien e
con a ales deli os. An e odo, p eciso es que abando-
nemos po un ins an e el es udio psicológico de la mu-
chedumb e que, ag upada y agi ada, no espe a más
que la chispa que ha de hace es alla odas las ene -
gías que encie a en es ado po encial, y que nos e-
mon emos á conside aciones de o o o den, que pe e-
necen más bien á la sociología que á la ciencia más
limi ada de la psicología colec i a. Hay que examina
84
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
cuál es, en nues os días, la condición no mal del pue-
blo, cuáles son sus sen imien os, sus ideas, sus necesi-
dades. Así como no puede o ma se juicio sob e un de-
lincuen e examinando an sólo su conduc a po es-
pec o al deli o come ido, sino que hay que a e igua
cuáles e an sus disposiciones de espí i u, su ca ác e
y
sus condiciones económicas, así ambién no es posi-
ble juzga del deli o de una muchedumb e, si no se
conocen las aspi aciones y las endencias, en una pala-
b a, el es ado ma e ial y mo al del pueblo de que es a
muchedumb e no es más que una pa e (1).
Pe o es e análisis, que es ela i amen e ácil hace lo
cuando se a a de un indi iduo, p esen a g andes di-
icul ades cuando se e ie e á oda una sociedad. En e
los dos casos hay la misma di e encia que en e esc i-
bi una biog a ia ó una his o ia. Ya se comp ende que
aquí no a amos de hace un es udio minucioso y con-
cluido (po lo demás, noso os no end íamos ni los co-
nocimien os ni el alen o necesa io pa a hace lo con
buen éxi o), sino de echa una ojeada sob e los ca ac-
e es p incipales de la época, á in de o ma una idea
an exac a como sea posible de la condición psicológica
pe manen e del pueblo que acaso mailana , po una
ocasión cualquie a, se euni á en muchedumb e pa a
come e deli os.
El obse ado menos pe spicaz no puede nega que
exis e en nues os días en el pueblo algo así como una
le adu a de ebeldia. La conciencia con empo ánea en
(1) En la p ime a edición de es e lib o descuidé o, y has a
me ol idé comple amen e, de a a mi ema desde es e impo -
an e pun o de is a. El p o eso Le.ssona es quien, en un a -
iculo sob e mi lib o
(La Gius izia, año
II, núm. 35), me indicó
es a laguna,
y
aho a me complazco en demos a le cou es as
páginas cuán e dade a y jus a me ha pa ecido su c i ica.
POR ESCIFIÓN S GHELE
85
los ob e os, y aquí y alla, en los lab iegos y p ole a-
ios,
sien e
que
ha su gido una nue a clase; y pues o
que las libe ades polí icas del día han dado el pode
absolu o al núme o, sus i uyendo el de echo di ino de
las mayo ías al de los eyes (1), es a clase, que e se
la más nume osa, con una lógica que las o as clases
le hall ense iado, pide muchos más de echos y`p i i-
legios de los que ha enido has a eI p esen e (2).
En es a pe ición, simple y humana, que ha sido en
la his o ia el o igen de odos los p og esos y que co-
esponde socialmen e al ins in o de conse ación de
odo o ganismo indi idual, es donde se encuen a la
uen e p ime a, y has a la única, de odas las ideas po-
lí icas más ó menos exage adas que se p opagan cada
ez más y se insinúan en la conciencia y en el ce eb o
de los campesinos y de los ob e os, los cuales igno a-
ban has a aho a sus de echos, g acias á los despo is-
mos, igualmen e e ibles, de la eligión y de los go-
bie nos absolu os.
Muchos a ibuyen el descon en o y la agi ación del
pueblo á es as ideas, que an, po g ados insensibles,
desde el adicalismo has a la ana quía, y c een que si
no hubie a indi iduos que se han hecho y que se hacen
los após oles y los p egone os de es as ideas, el pueblo
de los campos y las clases ob e as de las ciudades i-
i ían oda ía anquilos y con en os con su condi-
ción, sin sona en una mejo .
Yo no niego que es as ideas hayan hecho aumen a
(1)
II. Spence :
El indi iduo con a el Es ado.
(2)
Es supe ino eco da aquí, en apoyo de nues a ase ción,
las mani es aciones de los ob e os el 1.° de Ma
y
o. Véase A
es e
p opósi o F. S. Ni i: I1
p imomadgio,
es udio de sociología (en
la Re is a
La Scuola posi i a,
. I, núm. 2) y los au o es allí ci-
ados.
86
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
Ios deseos: no hay nada más pelig oso, ha dicho Taine,
que un g an pensamien o en un ce eb o peque io, y es
segu o que la g andeza de las aspi aciones socialis as
puede habe con ibuido á hace pe de el equilib ia
in elec ual y mo al á muchos de aquellos que, e-
niendo pocos conocimien os ó ninguno, y mucha mi-
se ia, 'acep an po necesidad con en usiasmo una eo-
ía cualquie a que les p ome e más bienes a ma e-
ial que o as (1). Admi o ambién, aunque muy ela-
i amen e, que es as ideas hayan hecho adqui i á
algunos—como decía un conse ado i aliano—más
p esunción que juicio, más en aciones que calma,
más a a icia que e (2).
Pe o une pa ece que es un e o , y de los más a a-
les, el de c ee que es as ideas son la única causa de
la e men ación que iene en mo imien o á las clases
ob e as. Es a e men ación depende de causas bas-
an e más lejanas y p o undas, y desg aciadamen e
más di íciles de des ui que las eo ías de uno ú o o
pa ido polí ico; depende de la c isis social que nos
op ime, y que es an o más dolo osa cuan o mayo es
nues a sensibilidad y cuan as más necesidades nos h
a
c eado el p og eso.
Habla con a el pelig o de cie as doc inas polí-
icas, achacándoles el que p o ocan en el pueblo los
lamen os que él no hubie a lanzado po sí solo, es
lo
mismo que habla con a la inmo alidad de cie as
doc inas cien í icas, acusándolas de pe e i al pú-
blico, ó con a la inmo alidad del a e na u alis a,
(1.)
E. Fe i:
Socialismo
e c iminali d.
Tu in, Bocca, 1883,
página 10.
(2) P. Tu iello:
Go e n() e go e na i in I alia,
Bolonia, za-
i^iclielli, segunda edición, 1889, ol. 1, pág. 22.
P(lR. .ESCIP I}N SIGI-IELE
87
acusándolo de empeo a las cos umb es (1). Es as es
o mas de ac i idad in elec ual no ienen o
o in que
ep esen a la e dad; pe o como cie as clases ego s-
as é hipóc i as de la sociedad no quie en econoce
la e dad, acusan á los que la e elan de pin a la ho-
ible, an es que admi i que es a su ealidad.
«Ah,
seiio ,---decía
en
1850 Beyle, que se ocupaba de es e
mismo p oblema desde el pun o de is a li e a io—un
lib o es un espejo que se pasea po un camino eal.
O a e leja an e nues os ojos el azul de los cielos, o a
el ano de los cenagales del camino. ¿Acusa éis de
inmo al al homb e que lle a á cues as el espejo? Su
espejo mues a el ango; ¿acusa éis al espejo? Acusad
más bien al camino eal donde es án los cenagales, y
más oda ía al inspec o de caminos que deja que el
agua se encha que y se o me el pan ano
(2)
.»
No epi amos, pues, la es úpida acusación que se
di ige á los que le an an el elo de las nume osas in-
jus icias sociales; ellos no hacen o a cosa que mos a
la e dad: si és a es dolo osa, ¿de quién es la culpa?
S hendal lo dice cla amen e:
«acusad al camino eal,
y mds oda ía al inspec o de caminos.»
Hay que con eni , no obs an e, en que no siemp e
(1)
Julio Vallés, en su olumen.
Les e ac ai es,
iene un
capi ulo in i ulado
Les ic imes da li e,
en eI cual mues a
e
g ande in lujo que puede eje ce la li e a u a sob e el des-
a ollo de los sen imien os y sob e las acciones de los indi i-
duos. Noso os no p e endemos, segu amen e, nega es e in-
lujo, pe o c eemos que es bas an e mis limi ado de lo que se
supone. «Cuando un diabé ico se p oduce una lige a he ida—
esc ibe Bou ge —mue e. Pe o no es es a he ida lo que le
ma a.
No ha hecho má,s que mani es a un es ado gene al que o o
acciden e cualquie a hubiese hecho unes o. Lo mismo ob an
los lib os mds pelig osos.»
(2)
Le Rouge e le Noi ,
cap. 49.
88
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
ni odos se limi an á demos a el mal que exis e y á
p opone su emedio de una mane a jus a y g adual.
Algunos aconsejan los emedios iolen os y c iminales,
y es os son, se dice, los que exci an á los p ole a ios
con a los icos.
E olucionis a po con icción, yo no puedo ap oba
A
aquellos que quie en hace iun a una idea po
medio de la iolencia: «la iolencia y la e dad, ha
dicho Pascal, son dos po encias que no ienen ningún
pode la una sob e la o a: la e dad no puede di igi
á la iolencia, y és a no ha se ido jamás de un modo
ú il á la e dad» (1); yo c eo, no obs an e, que se exa-
ge a la in luencia de cie as eo ías pelig osas cuando
sólo se las expone en eo ía (2). Ya podéis esc ibi en
odos los pe iódicos del mundo que hay que qui a le
(1)
Yo a i mo odo es o en eo ía, como ideal á, que iende y
que consegui á sin duda la humanidad. En la p ác ica, y en
nues os dias, la iolencia poli ica, es o es, las e oluciones y
los mo ines (que no ep esen an sino un mo imien o acele ado
de la e olución) son oda ía necesa ias, desg aciadamen e, y
pueden se ú iles. Pa a p oba lo, bas a echa una ojeada sob e
la his o ia de I alia de la segunda mi ad de nues o siglo: sin
e oluciones, oda ía uo cons i ui íamos una nación lib e. His-
ó icamen e, las palab as de Pascal: ¢
la iolencia no ha se -
ido jamás d
e,
un modo ú il á la e dad»
son, pues, alsas; pe o
se ia luí c imen el sos ene lo con a io en eo ía, pues o que
debemos hace odo lo posible pa a ayuda en odo al p og eso
sin hace ic imas humanas,
(2)
He dicho
cuando sólo se las expone en eo ía,
po un mo-
i o bien ácil de comp ende y que S ua Mill nos explica con
es as palab as: «La idea de que el come cian e en ha inas hace
mo i á los po;i es de i1uu.nb e, (ó quo la p opiedad pa icula es
uu obo, no debe cansa moles ia alguna mien as se la esc ibe
y se la publica en los pe iódicos, pe o puede se legí imamen e
cas igada cuando se la mani ies a e balmen e en p esencia de
una muchedumb e agi ada y an e un come cian e en ha inas,,
o cuando se la p opaga exp esamen e an e una eunión popu-
la , en o ma de pasquines». Yease
La Libe ad.
POR ESCIPIóN SIGIIELE
89
lo supe luo á aquel que lo posee, po que es as pala-
b as no con ence án más que al ob e o que es á ya
a.n opológicamen e p edispues o al obo: no eje ce án
in lujo alguno sob e el homb e hon ado, po que «el
homb e ob a con o me sien e, no con a eglo á lo que
piensa (1).
Po consiguien e, odas las eo ías, aun las más e-
oces, ienen bien poco alo en nues a dinámica mo-
al (2); lo que algo signi ica es nues o sen imien o.
El sen imien o es el que dice, no solamen e á los p o-
le a ios, sino ambién á odos los : e:nAs homb es,
quo
su imos odos á causa de és e ó de aquél, ó á causa
de la a alidad, de las injus icias mo ales y ma e ia-
les. Es as injus icias, cla o es á, son más ó menos
g andes, según las di e en es clases de indi iduos; pe o
si son obje i amen e dis in as, no siemp e lo son sub-
je i amen e. La delicadeza del sen imien o a ía se-
gún los indi iduos y según las clases de és os : en ge-
ne al, los indi iduos y las clases que ienen que sopo -
a males ealmen e lige os, ienen una sensibilidad
mucho más exquisi a.
Las di icul ades y apu os económicos odean lo
mismo á los icos que á los p ole a ios; y con el mal-
es a económico apa ecen muchos su imien os, mu-
chos males, que no espe an á nadie y que dan á o-
dos de echo pa a queja se.
Aho a, si odo es o es cie o (y yo c eo que no es
posible nega lo); si son los su imien os y las injus i-
(1)
Véase Fe i: ,S
1
ocialismo
e c iminali à,
11.
(2)
No p e endo p esen a aqui las p uebas de es a a i ma-
ción: E. Fe i las ha expues o. y bien con incen es, en el lib o
an es ci ado. Véase ambién Colajanni en su
Sociología
c imi-
nale
' .
II,
cap. x, § 127), con a la opinión de Zijno, de Johan-
ais
y
o os.
90
LA MUCIIEDUMPIIE DELINCUENTE
n
•••
n
••••
nn
••
nn
•_..
cias lo que e dade amen e p oduce descon en o en
el pueblo—y no ya las eo ías de és e ó de aquél, las
cuales, lo más que pueden hace es ag ia lo,—,no de-
be íamos ene algo de indulgencia con las explosio-
nes súbi as del pueblo?
Las
plebes eclaman es,
como las ha llamado Elle o
en pleno Senado, o man una g an pa e de la mu-
chedumb e delincuen e; y sus su imien os son una
causa emo a, pe o que no debe echa se en ol ido, de
los excesos A que és a suele llega .
Ocu e con las asonadas y con los umul os lo que
ocu e en e amigos, cuando uno de ellos, habi ual-
men e anquilo y silencioso, se en acla po una on-
e ía.—Pe o, ,po qué se ba en adado?, exclaman al-
gunos, no había mo i o ninguno pa a ello. — ¡Bah!,
con es an los más ín imos, oso os no sabéis lo que le
pasa. ¡Tiene an as penas encima de sí!
También el pueblo iene mucho su imien o sob e
si, y cuando se p esen a la ocasión, su descon en o
es alla (1).
En e las causas que de e minan los deli os de una
muchedumb e, no debe echa se en ol ido es a
p e-
disposición pe manen e del pueblo,
la cual excusa, po
lo menos, la in ención de sus desahogos imp e is os.
(1)
He o nado
es a compa aci:'1n do un a iculo anónimo
pu-
blicado en la
C i ica Sociale, :Lño i,
niim. 15.
POR ESCIPIÓN SIGIIELE
91
I
1
Hecha es a dig esión, que e a, no obs an e, necesa-
ia, o nemos al análisis psicológico de la muche-
dumb e.
Decíamos, al inal del capi ulo an e io , que el nó-
me o aumen a la in ensidad de una emoción , y si-
guiendo á Espinas, dimos la p ueba ma emá ica de
es e enómeno, que po lo demás es in ui i o (1).
Aho a debemos aiiadi que el núme o no p oduce an
sólo es e e ec o
a i mé ico,
sino que, además, es po sí
mismo uen e y o igen de nue as emociones. En e ec o,
el núme o da
A
odos los indi iduos de una muche-
dumb e el sen imien o
y
la conciencia de su subi ánea
y ex ao dina ia omnipo encia. Saben que pueden ha-
ce ale es a omnipo encia sin iscalización alguna,
que nadie les pedi á cuen a de ella, y que po lo mismo
queda á impune: es a segu idad les conduce á come e
aquellas mismas acciones que en el ondo de su alma
conside an injus as.
Toda dic adu a iene po necesidad que llega á la
a bi a iedad y á la injus icia, po que es una ley psi-
cológica que el que odo lo puede á odo se a e e (2).
Po e mal a , g ande è al mal a in i o
(el que
(1)
El ca denal De Re z decía: 4E1
que eune
ci
los homb es
los agi a.,
Véase P oal:
Le c ime e la peine,
Pa is, Alcan, 1892,
pág. 209.
(2)
.Jacoby ha desc i o el g ado de emb iaguez men al, de
alcoholismo in elec ual que p oduce la omnipo encia en loa que
han conseguido el sup emo pode .
98
L
A
MUCHEDUMBRE DELIATlJUEIV'TE
los p ime os signos de la Re olución, eco ían los di-
e en es ba ios, uniéndose á los ob e os que salían de
los alle es. Se habían apode ado aquí y allá de oda
clase de a mas, y lanzaban g i os e oluciona ios.
Los habi an es huían al ap oxima se es os g upos;
odas las casas se ce aban, y donde no se encon a-
ban es as bo das ené icas, las calles pa ecían de-
sie as é inhabi adas. Cuando yo llegué á mi casa, en
el ba io de Sain -Denis, uno de los más populosos de
Pa ís, muchos de aquellos bandidos i aban i os al
ai e pa a semb a el espan o en la población (1)».
Es os abominables se es no se limi aban á un pe-
queño núme o, pues D oz (2) hacía subi la ci a de
los mismos á 40.000 indi iduos, los cuales, c eye on
Bailly (3) y muchos o os que es aban pagados, pe o
sin sabe deci po quién. En aban en las casas pa -
icula es y en las o icinas públicas y obaban cuan o
podían coge ; lo demás lo de as aban, muchas eces
quemándolo. La au o idad in en ó da abajo en las
al u as de Mon ma e á 20.000 de es os indi iduos,
pe o un g an núme o de ellos se habían unido á los
con abandis as , y andaban eco iendo la ciudad.
«En an en el con en o de Sain -Laza e
na a Tai-
ne,—y lo saquean.. Pene an en la as e a, y la de-
as an. Se en su gi gen es ha apien as , algunas de
ellas cubie as con a madu as an iguas ; o as lle a-
ban a mas p eciosas po su iqueza ó po su ecue do
(1)
Ma hieu-Dumas:
Sou eni s,
. ,
pig.
431.
Meissne , al habla de los agabundos de la Re olución
ancesa, decia que cons i uían e dade as asociaciones o ga-
nizadas pa a come e impunemen e oda clase de asesina os,
de obos
y
de ac as de bandidaje.
(2)
D oz:
His oi e du egne de Louis
XVI,
ol. , pág. 230.
(3)
3'aill
y
:
Mémmoi es,
. ,
passim.
POR I?SCIPI6N SIGi1
E1,E
99
his ó ico; lino de aquellos indi iduos enía en las ma-
nos la espada de En ique
IV (1).»
«Y es os delincuen es habi uales—dice con azón
,ioiy—son los auIo es de las ma anzas; ellos son los
que hacen co ejo .'L la guillo ina y se dispu an el ho-
no de los usilamien os (2). Y sus muje es no a dan
'n in e eni ; pues a(lue los que, bajo uno n o o
nomb e, i en de la p os i ución disponen de un g an
núme o de indi iduos, sienip e dispues os á uni á
la
débaaehe
el obo
y
el asesina o.
En es os casos, las muje es, no sólo acompaiian
los
homb es,
sino que les empujan al mal y los alien-
an,
y
á menudo les a en ajan en audacia y en c uel-
dad. «En más de ina ocasión
esc ibe Máximo Du.
Camp—la
íc ima hubie a podido se sal ada si
la
nn ie no hubie a in e enido, si no hubie a dicho á
los homb es que acilaban:
coba des sois!,
y mu-
chas eces si ella misma no hubie a da
lo el p ime
golpe (3).»
(1)
'Faille:
La Ré olu ion, ],
pág. 18.
(2)
Joly:
La F ance c iminelle,
Pa is, 1889, pág. 408.
M. Du Camp, exage ando es a idea e dade a de Joly, es-
c ibía á p opósi o de las a ocidades come idas po los de la
Commune,
en 1870: «No e an n s que malhecho es que alega-
ban p e ex os, po que no podian da buenas azones: los asesi-
nos dije on gi e ma aban á los enemigos del pueblo, y ma a on
las pe sonas más hon adas del pais; los lad ones dije on que
eadqui ian los bienes de la nación,
y
se apode a on de las ca-
jas públicas, desamuebiand
.
, los ho eles pa icula es, desbalijan-
do las a cas municipales; los incendia los dije on que qui aban
obs áculos con a el ejé ci o moná quico,
y
lle a on el uego
po odas pa es; los bo achos ue on los únicos que ob a on
de buena e: dije on que enian sed, y desen unda on las cu-
bas. Unos y o os obedecie on á los impulsos de su pe e sidad,
pe o la cues ión poli ica e a el ul imo de sus cuidados.» Ve
Les con ulsions
de
Pa is,
ol. I,
pág.
12.
(3)
Les con ulsions
de
Pa is,
om. i , pág. 152.—El mismo
100
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
En e los degene ados, no ue on los delincuen es
los únicos que oma on pa e en la e olución, sino
ambién los locos. Salidos de los manicomios, po que
la u ba e oluciona ia les había abie o las pue as,
encon a on modo
y
ocasión de desahoga lib emen e
su deli io en las plazas y en las calles mucho mejo
que en la soledad de una celda. Un g an núme o de
au o cuen a es e episodio de la
Coinumne:
«,..los cen inelas
ie on á un homb e que ma chaba à buen paso: ¡Al o ahi! Se le
in e ogó, se ?e examinó. Tensa mos achos, luego e a un gen-
da me. La muchedumb e g i aba: ¡Fusila lo, es un genda me.
hay que comé selo! —En es a banda se dis inguía una muje
po lo que o:i e aba: enia un usil en la mano y una ca u-
che a en la cin u a; se llamaba Ma celina Epilly. Pa ece. supe -
luo deci que el homb e ué condenado
A
mue e po unanimi-
dad. Se le condujo á la calle de la Vacque ie y se le a imó
á
un mu o. E a ené gico; se a ojó sob e sus ma ado es y i ó á
ie a á a ios, á golpes. I)e una zancadilla le i a on ie a y
se echa on sob e el. Lleno de sang e y con el b azo izquie do
o o, pudo oda ía le an a se. Ma celina g i ó: Dejadme hace
A
mí, dejadme hace <i, mí. Aplicó el usil al pecho del pob e
homb e é hizo uego. El homb e cayó, pe o co no oda ía se
mo iese, aquélla le dió el golpe de g acia.
Véase ambién Michele :
Les emmes dan la Re olu ion
ançaise.
La obse ación de que la muje , cuando es pe e sa, es más
pe e sa que el homb e había sido ya hecha (en e o os, po
Lomb oso) á p opósi o del deli o indi idual. O o an o puede
deci se
á
p opósi o del deli o colec i o. Si la muje se e aco-
me ida po el é igo de la sang e, se con ie e en una hiena,
y
ya io conoce limi es ni enos. Véase G. Fe e o:
La e udel-
à e la pie à
neila
emmina.
Es jus o añadi que, si la muje es c uel, ambién es animo-
sa, lo cual es muy na u al, po que la c ueldad y el alo ienen
muchos pun os de con ac o y un mismo o igen. En la Re olu-
ción ancesa no hay más que un sólo ejemplo de coba día e-
menina: la Duba y. En la
Com7nune,
un his o iado esc ibia
que en los úl imos días las muje es se sos u ie on de ás de las
ba icadas más iempo que los homb es.
POI;
EsCII'T6N SIGTTELE
101.
es os desg aciados eco ió Pa ís, lle ando po do-
quie a el deso den y
el
e o .
«El hijo de una loca—cuen a Tebaldi (1)—que solía
al e na en e el domicilio del manicomio y cl de la
p isión, uó uno de los au o es im s despiadados en las
pe quisieiones, en las ma anzas y en los incendios.»
Y la mas celeb e en e odos ué Lambe ina Thé oi-
gne, es a he oína de la sang .:-, que guió
A
la muche-
dumb e al asal o del cua el de los
In
Alidos y
A
la
oma de la Bas illa, y que mu ió en la Salpê iè e,
a as ándose desnuda sob e las odillas y sob e las
manos y e ol iendo las inmundicias del en a ima-
do (•?).
Delincuen es, locos, hijos de locos, íc imas del
alcohol (3), el las e social, p i ado de odo sen ido
(1) Tebaldi:
Ragione e
pazzia, i 2il^í,u, Hoepli, 1887, p.-
gi a. 87.
'3) Véase Esqui ol:
Des maladies men ales,
Pa is, 1838. En
la cua a abla del
album
es e. el e a o de la Thé oigne. Pa a
mais de alles ace ca del in lujo de los locos en las e oluciones
y ace ca de la pa e que en ellas oman, éanse las ob as de
Julio Cle c:
Les hommes de la
Commune, biog a ía comple a
de odos sus miemb os, Pa is, 1871; J. V. Labo de:
Les hommes
de la Commune, ou l'insu ec ion de Pa is de an la psycholo-
gie mo bide,
Pa is. 1873; y M. Du Camp: La
Commune % l'Hô-
el de. Ville (Re ue des deux mo i les,
1879).
(3) Debe no a se quo el nume o de locos y de
ma oides
es
siemp e g ande en las e oluciones y en los mo ines, no sólo
po que en ellos oman pa e, cuando
p
ueden, los que ya son lo-
cos ó
na oides,
sino ambién po que las g andes conmociones
públicas, polí icas ó eligiosas hacen enloquece a muchos de
los que solamen e es aban
p edispues os
A la locu a, aún emo-
amen e. Es o ha sido demos ado con la es adis ica, po ez
p ime a, c eo, i ines del siglo pasado, po Pinel, el undado
de la psiquia ia mode na. Después de él, Belhomme, en su
ob a
In luences des commo ions poli iques
(Pa is, 1872), hizo no
102
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
mo al, cu ido en el deli o, cons i uía, po an o, una.
g an pa e dejos ebeldes y de los e oluciona ios.
Aho a bien; mezclad en e la muchedumb e i e le-
si a y po sup opia na u aleza ácil á oda impulsión
A
es os indi iduos, y ellos le comunica án su c ueldad
y su locu a. ¿Cómo ma a illa se, pues, de que los ac-
os de es a:ju ba sean e oces?
Allí donde, á causa de la con usión de las pe sonas
y de las oces, nadie manda y nadie obedece, las pa-
siones sal ajes son lib es, lo mismo que las pasiones.
gene osas; y desg aciadamen e, los hé oes, que no
al an, son impo en es pa a con ene á los asesinos.
Es os ob an; Ja mayo ía, compues a de au óma as qu
se dejan a as a , asis e sin sabe y sin pode eac-
ciona .
Pa a aumen a Ja e ocidad de los e dade os de-
lincuen es y la i i ación de odos, ha de aiiadi se, A-
la emb iaguez mo al que p oduce po sí el núme o,
la emb iaguez ísica, el ino bebido con p o usión, la
o gia sob e los cadá e es; y, de epen e, «de la c ia-
u a desna u alizada se e á su gi el demonio de
Dan e, á la ez bes ial y e inado, no sólo des uc o ,
a la g an ec udescencia de locos que p o oca on las e olu-
ciones de 1831, 1832 y 1848. Be ge e ad i ió el mismo enó-
meno
(La poli ique e la olie,
en la
Gaze e des hôpi aux,
Ab il
y Ma zo 1886) po espec o á la misma e olución de 1848. Lu-
nie , en el olumen
In luences des é énemen s e des commo-
ions poli iques su le de eloppemen de la olie
(Pa is, 1879),
decía que los is es acon ecimien os de 1870-71 habian sido la.
causa de 1700 á 1800 casos de locu a, desde 1.° de Julio de 1870
al 31 de Diciemb e de 1871. Ramos Mejía
(Las neu osis de los
homb es céleb es
en
la his o ia a gen ina,
Buenos Ai es, 1878)
exponía una opinión análoga cuan o á los e ec os de las e o-
luciones ocu idas en Buenos Ai es después de 1816.—Véase
ambién Leg and Du. Saulle: Le
déli e des pe sécu ions ,
Pa is,
Delahaye, 1873, capi ulo úl imo.
POR EsCIPI(>N
SIGHEI,E
103
sí110 ambién e dugo in en o y calculado , glo ioso
y gozoso p> los (dolo es que hace su i (1)».
«I)n ;1n e las la gas ho as del usilamien o—esc ibe
Taine—el ins in o homicida se ha despe ado, y la o-
lun ad íe ma a , con e ida en idea ija, se ha ex en-
dido
A
lo !ojos en la muchedumb e que no ha ob ado.
Sic ílnico clamo bas a pa a pe suadi la; al. p esen e
se con en a con ;n1 g i o de ¡jus icia!; cuando uno hie e,
odos quie en he i . Los que no enían a mas
dice
un o icial-- lanzaban pied as con a mí: las muje es
echinaban los dien es y me amenazaban con los pu-
ms. Ya habían sido asesinados de ás de mi dos
de
mis soldados... Po
i
n, en e un g i o gene al. de se
aho cado, llegué á algunos cien os de pasos del h ô el
de Ville, cuando se o eció an e mi is a una cabeza
cla ada en !Ana pica, la cual se me p esen aba pa a
que la iese, diciéndome que e a la de M. Launay, el
gobe nado .
Es e,
al sali , había ecibido un golpe de
espada en el homb o de echo; llegado á la calle Sain -
An oine, odos le a ancaban los cabellos y le golpea-
ban. Bajo la a dida de Sain -Jean ya es aba muy las-
imado. A su al ededo , unos decían: hay que co -
a le el cuello; o os : hay
que
colga lo ; o os : hay
que a a lo á la cola de un caballo. En onces, desespe-
ado, y que iendo ab e ia su suplicio, g i ó: ¡Que
me den la mae e!,
y
o cejeando, le dió á uno de los
homb es que le suje aban
un
pun apié en el. bajo ien-
e. En el momen o ué a a esado po las bayone as,
le a as a on al a oyo, y golpeando su cada e ,
g i aban:—Es un sa noso y un mons uo que nos ha
hecho aición.--La naciùn demanda su cabeza pa a
(1
)
H.
Taine:
Les
o igines
de la F ance
con empo aine,
ol. 1
.
páß 302.
104
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
mos a la al público , y se in i a al homb e que ha
ecibido el pun apié pa a que se la co e él mismo.
Es e, en onces, un cocine o desacomodado, medio paz-
gua o, que había ido á la Bas illa á e lo que pasaba,
pensó que, pues o que al e a la opinión gene al, la
acción se ía pa ió ica, y has a c eyó que me ecía
una medalla des uyendo á un mons uo. Con un sable
que le p es a on, pegó sob e el cuello desnudo, pe o
como el sable es aba mal a ilado, no co aba; en onces,
sacó de su bolsillo un cuchillo de mango neg o, y—
como en su calidad de cocine o sabía p epa a las
ca nes — acabó elizmen e la ope ación. Luego, colo-
cando la cabeza al ex emo de una ho ca de es Ba-
jas, y acompa lado po más de doscien as pe sonas
a madas, sin con a el populacho, se puso en ma cha,
y en la calle Sain -I-Iono é a ó á la cabeza dos ins-
c ipciones pa a indica bien á quién pe enecía. La
aleg ía se p odujo: después de habe des ilado po el
Palais-Royal, el co ejo llegó al Pon -Neu ; delan e de
la es a ua de En ique IV, inclina on es eces la ca-
beza, diciéndola: «¡Saluda á u maes o!» Es a es la
chanza inal: la hay en odo iun o, y bajo el ca ni-
ce o se e apa ece al pillas e (1).»
Cuando la muchedumb e ha llegado á es e es ado,
y ya no se con en a con ma a , sino que desea que la
mue e aya acompañada de los más a oces supli-
cios y de los ul ajes más a en osos; cuando el ins-
in o sanguina io ha llegado á al pun o de enesí, no
a dan en desa olla se ambién, jun amen e con el
mismo, los ins in os libidinosos. La c ueldad y la lu-
ju ia ma chan en onces unidas, y la una aumen a el
igo de la o a. Como el indi iduo degene ado, que
(1) Ií. Taine, ob a ci ada, ol. i, paginas 58-GO.
POR ESCI
PION sIC
II
ELE
105
oscu ece
la
poesía
de la conjunción amo osa con o -
men os y con
sang e (`?), así
la muchedumb e
aumen a
la
b u alidad
del
asesina o
con las
o ensas
al
pudo ,
y es a
locu a
obscena de
lasci ia
y de
sang e
encuen-
a eces
en el
canibalismo
su
úl imo g ado
de ab-
yección.
«Todos
los
mons uos
que se a as aban encade-
nados en las
p o undidades
del
co azón salen en onces
1
una ez
de la
ca e na
hilInana, no
solamen e
los
ins in os
del
odio
con sus
ga as, sino
alnbióil los
ins-
in os inmundos
con su baba, y las dos
jau ías unidas
(1) Lomb oso
(Deli i di libídine e di amo e,
en el
A chi io
di psicl .,
ol. i , y luego, mis ampliamen e, en cl
Uomo
delin-
ques e,
ol. I) ha es udiado la unión de la luju ia con el ins in o
homicida, mos ando cómo
A
eces el homicidio acompaña al
es up o y o as lo sus i uye, p o ocando en su au o los mismos
goces. «Un al, quien las p os i u as llamaban e dugo, hacia
p ecede oda unión el ma i io ó la mue e de gallinas, pi-
chones y pa os; o o hi ió g a emen e en pocos meses á quince
muchachas con un cuchillo en la ul a, po que así sa is acía,
segl'in con esó él mismo, sus ape i os se iales.» Es e place
sensual de hace co e la sang e, de he i , de pica an es de la
cúpula es, según Lomb oso, en e amen e a a is ico, de los iem
pos en que el amo se conseguía con las luchas y con la sang e.
Aho a bien; lo mismo que es e ins in o enace en a ganos c i-
minales na os, enace ambién en la muchedumb e, mos ando
así o a analogia en e la psicologi.a c iminal indi idual y l
a
psicología c iminal colec i a.
Pa ini can ó de las ma onas omanas, eb ias de sang e en.
el ci co:
.Cosí, poi che dagli animi
Ogni puio discielse,
Vigo della libídine
La c i delld cccolse.•
Véase Tebaldi, ob a ci ada, pág. 71.
Pa ini desc ibía, con la in uición de un poe a, es a unión de
la e ocidad y de la luju ia, que los homb es de ciencia expli-
can ho
y
como una de o mación mo bosa del sen imien o. Véase
K a -Ebing:
Las Psicopa ías sexuales.
106
LA. MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
se ceban en las muje es á quienes ha pues o en e i-
dencia su celeb idad in ame ó glo iosa: en Mad. de.
Lamballe, amiga de la eina, en la Des ues, iuda del
amoso en enenado ; en una lo is a del Palais-Royal,
que dos años an es, en un acceso de celos, había mu-
ilado obscenamen e á su aman e, gua dia ancés.
Aquí, á la e ocidad se une la lub icidad pa a añadi
la p o anación á la o u a y pa a a en a con a la
ida po medio de los a en ados con a el pudo . En
Mad. de Lamballe, ma ada bien p on o, los ca nice os
libidinosos no pudie on ul aja m ' is que á un cadá e ;
pe o en la Des ues (1), y, sob e odo, en la lo is a
encuen an, con las imaginaciones de Ne ón, el cuad o
de uego de los i oqueses. Del i oqués al caníbal hay
muy poca dis ancia, y algunos la sal an. En la Aba-
día, un an iguo soldado llamado Damiens, me e su sa-
ble en el cos ado del ayudan e gene al Laleu, in o-
duce su mano en la he ida, a anca el co azón y se
lo lle a á la boca, como pa a de o a lo. La sang e
dice un es igo ocula
caía go eando de su boca, o -
mándole una especie de bigo e. En la Fo ce hicie on
pedazos el cadá e de Mad. Lamballe; lo que hizo el
peluque o Cha co , el cual lle aba su cabeza, no puede
esc ibi se: sólo di é que o o lle aba el co azón de la
p incesa y lo mo día (2).»
(1)' Lanzaba g i os ho ibles, mien as que los bandidos se
di e ían en come e con ella Indignidades. Su cue po no se
ió lib e de ollas después de la mue e.
»
Véase Ré i de la B e
onne:
Les nui s de Pa is,
pág. 388.
Añadi é que, según lo quo dice Goncou
(His oi e de la so-
cié é ançaise,
pág. 230), las muje es condenadas en 1791 se
mas u baban mien as es aban en p isión.
El enómeno, aun cuando no es en e amen e el mismo, en sus
causas, que el del ex o, es, sin emba go, análogo.
(2)
II.
Taine:
Les o igines de la F ance con empo aine,
páginas 303-304.
ESCIPIÓN SIGF{I:LE
107
De es os ales pod ía epe i se lo que decía Máximo
Du Ca/Tip, á p opósi o de un hecho análogo: «que e an
locos, y que su pues o es aba en Clia en on, en el de-
pa ameii o de les agi ados (1)».
En e ec o, aquí no se a a ai sólo de la locu a
mo al del delincuen e na o, locu a que deja in ac as
sus acul ades in elec uales; se a a de un e dade o
deli io, que sepa a de odos sus semejan es á agi i que
come e ales acciones in ames. Y que la muchedum-
b e se halla en un es ado de e dade a locu a, lo de-
mues a, no solamen e la eno midad de los deli os que
come e, sino ambién la inconsciencia y la i e lexión
con que los pone en ejecución. La muchedumb e p e-
ie e ma a sus amigos (al menos los que iene po
ales) jun amen e con sus enemigos, an es que espe a
A que se sepa en unos de o os. «Du an e el usila-
mien o de los ehenes, un comune o i ó su usil á
ie a, aga ó á, cada uno de los cu as po el cue po,
y,
en medio de los aplausos de la muchedumb e, los
le an ó
y
los echó al. o o lado del mu o. El úl imo
cu a opuso alguna esis encia y cayó a as ando con-
sigo al ede ado. Los asesinos, que se habían impa-
cien ado, no quisie on espe a más: hicie on uego, y...
ma a on á su compa le o jun amen e con el cu a
(2).»
Se a a p opiamen e del deli o del loco, sin causa y
(1)
M. Du Camp:
Les con ulsions de Pa is,
i , p ig. 151.
(2)
Max. Du amp, ob. ci .—M. Desja dins, en su esc i o
Le
D oi des yens e la loi
de
Lynch aux É a s- Unis ,
na a un
hecho análogo: «En la aldea de Salina, en el Colo ado, se habla
de enido á, un lad ón, el cual habla dado mue e á quien le
habla cogido con las manos en la masa. La u ba lo a ancó de
su p isión, lo lle ó á
la
ia é ea y lo colgó de un pos e. En
aquel momen o pasaba el en que enia de Ma shall; la muche-
dumb e, i i ada, i ó muchos i os de
usil,
que hi ie on á a ios
iaje os que mi aban po
la
en ana.
114
LA
b7UCI-IEDUMBPF. DELINCUENTE
c ee que puede doma se con la calma y con la ene -
gía al asesino que os a aca de noche en medio de la
calle, ó al loco u ioso que os amenaza. Los degolla-
do es de Sep iemb e de 1/93
93 en Pa ís, «no podían ya
con ene se
»
dice un his o iado , y la conduc a he oi-
camen e se ena de sus íc imas no imponía silencio
su sed de sang e. E a, sin duda, l
a
emb iaguez de es os
ho ibles momen os lo que les había educido A al es-
ado; pe o e a ambién su o ganización isiológica
y
psicológica lo que les pe mi ía hace , ó, mejo , lo que
es impulsaba, A hace de e dugos.
Yo ecue do dos p ocesos ecien es, que pueden se -
i nos como p ueba indiscu ible de lo que queda di-
cho: dos p ocesos semejan es en las causas, pe o di e-
en es en los esul ados: el que ha enido luga po
l
a
huelga de Décaze ille, y el de los
hechos del 8 de
Feb e o,
en Roma, en 1889.
El 2G de Ene o de 188G, los ope a ios de las minas
de Décaze ille se deciden abandona el abajo.
Guiados po cie o Bedel, an iguo mine o despedido,
se p esen an. al ingenie o Wa in, di ec o je e de las
minas, le obligan á abandona su despacho, y en me-
dio de los g i os que daban, le lle an A la alcaldía.
Allí, los ob e os o mula on el p og ama de sus ecla-
maciones.
La p ime a condición e a la dimisión inmedia a de
Wa in. Es e se negó, po que su debe e a pe mane-
ce en su pues o. Cuando salió de la alcaldia, 1800
ob e os en huelga lo eciben A g i os de mue e.
Wa-
in se puso en sal o e ugiAndose en una casa p óxi-
ma y subiendo al piso p ime o. La muchedumb e, u-
iosa, empezó A i a pied as con a la casa; los c is-
ales ue on hechos pedazos; se aplicó una escale a â
la pa ed, y algunos huelguis as subie on po ella. Los
Pn1;
sT(;1TET.F
11
i
o os_ ,lespu s de habe echado abajo la pue a, en a-
.,ll en la casa, como uli o en e impe uoso que ha
o o sus cliques. Le
e
s guiaba ilii mine o a eado de un
ga o e. Wa in oyó que la u ba subía, y en onces,
alien emen e, con aquella sang e ia que no le aban-
donó
,
janl<''ls ell aquella sup ema jo nada, ab e la pue -
l d'a' o y se p e 'l;
solo
A los asal an es.
. l dei ^ .^ ^
^. sE,.
i
U `^
Ia e ac o de calima y de enci gia hab ía debido ha-
ce e ocede á la muchedumb e, segím Lac e elle;
pe o. po desg acia, la muchedumb e no e a en. es e
caso de esas que se a epien en y se
dispe san.
Bedel hi ió :í
•
Va in, dándole
un
ga o azo
y
ponién-
dole al descubie o el hueso on al; el ingenie o Cha-
hand a ó de soco e á Wa in, pe o en ano; o o
ob e o, Bassine , 1c echó encima la pue a del cua o.
El alcalde de Décaze ille suplicó á Wa in que cedie-
se y que p esen a a 'a dimisión. Wa in, casi desma-
yado y cegado po la sang e, se dejó conduci á una
mesa donde se p epa aba á esc ibi .
ī
1 alcalde co ió
en onces á la en ana, y espe ando calma á la u ba,
la anuncia que AVa in dimi e.
Un clamo u ioso con es ó:
«Lo que necesi amos no es sa dimisión, sino su piel.»
Wa in ué cogido po es mise ables, que la lle a-
on á la en ana y lo a oja on á la calle, cabeza
abajo. Wa in se ompió el c áneo con a el pa imen-
o, se quedó inmó il y exhalando suspi os oncos. La
in ame muchedumb e lo odea inmedia amen e, lo pi-
so ea, ompe sus es idos, le a anca los cabellos...
po in se consiguió a anca al mo ibundo de manos
de aquellas bes ias e oces, anspo ándolo al hos-
pi al (L.
(1 E ino o'a, en
Ge minal,
pin a en
un cuad o
ina a i-
LA
MUCHEDUMBRE DELD,-CUEN7`E
A la media noche había mue o.
Y bien; ¿quiénes e an los asesinos? ¿E an acaso ob e-
os hon ados, que has a en onces habían enido una
ida ejempla y que habían sido ans o mados de im-
p o iso en e oces malhecho es po la desconocida y
pode osa in luencia de la muchedumb e?
He aquí quienes e an los asesinos:
G an.ie°,
ob e o
de pésima epu ación: «une ê e de choue e, un mau-
ais ga s qui ouai sa emme de coups»; Ch:apsal, que
ya había sido condenado es eces po lesiones, y una,
po obo;
Blanc,
llamado Bassine ,
ambién condenado
an es po lesiones; « ê e apla ie, machoi e de bê e
au e, y
Luis Bedel,
que había sido ya condenado po
lioso es a pe e sión de la muchedumb e que, no con en a con
habe dado mue e a aquel a. quien odiaba, co ne e las más
in..
ames c ueldades con a el cada e : «...la sese a había sal ado.
Había mue o. Al p incipio se p odujo es upo . Los g i os ce-
sa on, y un silencio p o undo se ex endió en la somb a, que iba
en aumen o. Bien p on o ol ie on los g i os. E a que las mu-
je es se p ecipi aban, eb ias do sang e. Rodea on el cadá e
aún calien e. Lo insul a on con iso adas, llena on de soeces
p ocacidades la cabeza machacada, oceando a la az de la
mue e el p olongado enco de su ida sin pan.— u;Yo e debía
sesen a ancos: ya e los pagué, lad ón!, dijo la Malieude; ¡es-
pe a, espe a, que oda ía e oy eng asa !»—Con los diez
dedos a ailá la. ie a, cogió dos pu lados de la misma, y llenán-
dole con ella iolen amen e
la
boca, dijo: a ;Toma, oma, come
Las inju ias aumen a on. Pe o las muje es enian aún que en-
ga se mis de él. Le ol a eaban, como lobas. Todas ellas in en-
aban algün ul aje, alguna ;a ocidad que las si iese de con-
en o. Se oyó la
oz
chillona de la B ulé, que decía: ;Hay que
mu ila le
como a au
ga. o!» u;Si, si, al ga o, al ga o
!
!» Ya la
Mouque e le desnudaba, le qui aba el pan alón, mien as que
la Le aque le alzaba las pie nas. Y la B ulé, con sus manos
desca nadas
de ieja, sepa é
los muslos desnudos y empuñó
aquella
i ilidad
mue a. Lo enia aga ado odo, pa a a an-
ca lo, con un es ue zo que p oducía la ensión de su es
p
alda y
hacia c uji sus la gos b azos. Las pa es blandas se esis ian;
11G
POR ESC11'16N
I17
obo y clon eces po lesiones: o ecía « de ];lll' n'i n-
po e 1
n
i, pola 7O l':111cs», que li o Il1a Biza ba ida
poll oe (l s l,l (' pague», y apenas come ido el
deli '), se ina c O ;' Fui ca é :í juga á las ca as (I.).
India iduos odos ellos que edian en sí mismos la
causa de los excesos cuino idos, y los cuales la exci-
ación de la muchedumb e no si ió pa a o a
cosa
que pa a o ece les la ocasión de e ela su na u a-
li
'za
La conduc a de los ob e os desocupados en boina, en
Hj9, ué
bien dis in a de la de los huelguis as de Dé-
e ze ille.
Exaspe ados po una c isis económica, que enía du-
u o que ol e >' aga a , y po in concluyó po saca un gi-
ón, un pedazo de ca ne elluda y sanguinolen a, que agi ó con
ai e de i un o: «Ya lo engo,
ya
lo engo!» Va ias oces agu-
das saluda on con imp ecaciones el abominable o eo. Las
muje es se mos aban unas si o as el gi ón sanguinolen o,
como si ue a un animal daiiino do que odas hubie an enido
que su i algo, y que inalmen e habían conseguido aplas a ,
iéndole ine e, en pode suyo. Lo escupían, a anzaban las
mandíbulas, epi iendo en una u iosa ca cajada de desp ecio:
=;Ya no puede nada! ¡No es
ya
un homb e lo que se a aga
la ie a!» La B ulé plan ó en onces el pedazo de ca ne ea su
ga o e,
y
poui6ndolo en al o, pase.indolo lo mismo que una
bande a, se lanzó po la calle, seguida de la u ba abiosa de
las muje es. Llo ían go as de sang e; es a ca ne desg aciada
pendía, como un despe dicio de e ne a en la abla de un ca -
nice o...»
1) Pa a los de alles de es e p oceso, éase A. Ba aille:
Cau-
ses c iminelles
e
mondaines de 1886.—La !i é':c
de
Décaze il-
1 e,
p ig. 136.
Episodios muy semejan es al desc i o pueden halla se en los
acon ecimien os de los ana quis as en Lyon, en 1853. ( Véase
anille.
Caus. c in. e mond., 1883.—Les p océs ana chis es)
y
en las huelgas de Mon ceau-les-Mines (Ba aille, 1853.) De es os
úl imos es, segu amen e, de donde Zola ha o nado, no solamen-
e la idea de su
Ge minal,
sino ambién muchas escenas de las
que nos ep esen a en a ios capi ulos.
118
LA
MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
anda ya hacía mucho iempo, y no lle aba azas de
e mina ; exal ados y suges ionados po algunos dis-
cu sos
c
l
ue
sus je es hablan p onunciado en los P a i
di Cas ello, exci ándoles á oma po la ue za lo que
no hablan log ado ob ene mani es ando pací icamen e
sus deseos y sus necesidades..., en la a de del 8 de
Feb e o de 1889, a mados de palos , de he amien as
del abajo y de pied as, a a esa on á Roma desde el
puen e de Ripe a has a la plaza de Espana, enciendo
ácilmen e la débil esis encia que les opusie on alga-
nos agen es de segu idad pública, los cuales habían in-
en ado en ano co a les el paso del puen e. No e an
en g an núme o, pe o como p ocedían sin encon a
obs áculos, in undían se ios emo es.
A su paso, se ce aban odas las pue as y odas las
en anas; el que se encon aba en la calle se ma chaba
á e ugia se en casa, dejando á los ob e os lib es pa a
come e cualquie exceso. El pánico de los ciudadanos
aumen aba, na u almen e, la audacia de los huelguis-
as, los cuales lanzaban pied as con a los a oles
y
ompían las i inas de los come cios.
Desde la plaza de Espana subie on po la calle de
las Qua o Fon ane hacia la plaza Víc o Manuel, coi
el so do umo de una u ba que no espe a más que la
ocasión p opicia pa a desahoga odo el cúmulo de
e-
sen imien os que de iempo a ás se ence aba en su
pecho. Llegados ú la gale ía Regina Ma ghe i a, se
ol ie on amenazado es, con la idea de pene a en el
ca é ciel G ande O eo, y saquea lo. Un soldado, que
po casualidad es aba á la pue a, desen ainó su sable
é in imó ú la muchedumb e pa a que se e i ase. Los
ob e os e an en núme o de mil y enían a mas en la
mano; sin emba go, no se i ó ni una sola pied a ni
hubo en a i a alguna de ebelión : odos se aleja on,
l'OP FSCI
ī
'l
►
SIGIIELE
119
siguiendo
su
camino, y POCO después se dispe sa on.
En
es e Caso, como en el que na a Lac e elle,
bas ó el alo anquilo de uno solo pa a que aquella
a alancha de gen e sin iese la eno midad de lo
quo
iba
A
hace ; y como un bo acha) 2L quien se echa agua en
la ca a, o nó
A
sus sen imien os
no males,
y
po así
deci lo, indi iduales.
Aho a biela: con a ein a y dos de es os ob e os se
siguió
im
p oceso po de as ación y saqueo, deli os de
1
odie se habían Lecho e dade amen e culpables;
pe o los an eceden es de los ein a y (.los p ocesados
esul a on inmejo ables. Es a es,
A
mi juicio, la azón
po la que pudie on, si, en el ímpe u de la muchedum-
b e, ompe algunos a oles y algunas i inas, pe o
no se a as ados al asesina o, como los ob e os de
Décaze ille (1).
(1) Si hubié amos de e e i aquí odas las huelgas en las
e ales los ob e os, después de habe comenzado po la iolen-
ca, no come ie on o os deli os con a las pe sonas ni con a la
p opiedad (jus amen e po que e an hon ados, y aunque come-
ie an al as lige as, no come e ian nunca deli os g a es), en-
d iamos que llena muchas paginas. Re e i é un solo hecho, que.
cuen a Gisque (ob. ci .,
11,
p1 . 22).--En N
T
o iemb e de 1831.
los ob e os que abajaban en Lyon, en las g andes ab icas de
seda, pidie on no aumen o do sala io, que no les ué concedido.
Se decla a on en huelga y se suble a on con a la policia, la
cual come ió la o peza de me e se con ellos. Po un enómeno
ex año, queda on dueños de la ciudad y obliga on ; las opas
e i a se a Maçon. Habían le an ado ba icadas y se habían
ba ido con a los soldados: la ciudad es aba a e ada. Apenas
se hizie on dueños de ella, se calma on como po encan o: nin
gún almacén ni ienda ué de as ado, no se ocó
A
nada de nin-
guna casa: y cuando algunos días mas a de_ las opas ol ie-
on ii en a en la cuidad, con el duque de O leans
y
el ma iscal
Soul a la cabeza, encon a on la ciudad muy anquila,
y
los
mismos ob e os, a epen idos, po deci lo asa, de lo que hablan
hecho, no opusie on esis encia alguna y deja on que la au o i-
dad se es ableciese allí de donde
-
L
abia sido a ojada.
120
LA MUCHEDUMBRE DT',LINCUF.' TF
Pa éceme, pues, e iden e que la composición
an o-
pológica
de la muchedumb e in luye sob elas acciones
que l.a misma come e: una mul i ud de buenas pe so-
nas pod á pe e i se, pe o
no
llega á jamás al g ado
de pe e sidad á que llega una mul i ud cuya mayo ía
se compone de mal ados.
Y en lo que espec a á la composición
an opológica
de la muchedumb e, (lobe no a se que, no sólo puede
se unes a la p esencia
de
e dade os delincuen es en
una mul i ud, sino ambién la p esencia de aquellos
que, aun siendo hon ados, no ienen, po su cons i u-
ción o gánica, más que una débil epugnancia á, la
sang e y no se imp esionan al e la co e . Muchos de
és os, en un ambien e hon ado y paci ico, dan una sa-
is acción legí ima á su endencia, dedicándose á aque-
llos o icios ó á aquellas p o esiones que á un indi iduo
muy sensible y excesi amen e compasi o le pa ece-
ían. c ueles: po ejemplo, las de ca nice o, soldado,
ci ujano. Si po casualidad se encuen an en
p
ina mu-
chedumb e, es e iden e que pa a ellos se á menos
di-
icil que pa a o os come e deli os (1).
«Sabido es, esc ibe P oal, que du an e las di e -
sas e oluciones que han ensang en ado la F ancia,
los ca nice os son los que p incipalmen e han mos a-
do una c ueldad excepcional: po ejemplo, en iempo
de Ca los VI, llamándose
Cabochiens,
hicie on co e
la sang e á o en es.»
«lJno de los más ogosos e oluciona ios de 1793
ué el ca nice o Legend e, al chic Lanjuinais con es-
ó»: «An es de sac i ica me, haz quo dec e en mi con-
e sión en buey (2).»
(i) Ve , si es e p opósi o, And al,
Pa hologie
in e ne,
ol.
iil,
pág. 59.
(2)
P oal:
Le c ime e
la peine,
pág. 225.
l'() ; FS `iP11>N
121
Y
aun en e. los c ímenes a oces i +11Viduales, una
}mena can idad de ellos la dan aquellos indi iduos que
eje cen p o esiones
í
o icios c ueles. «En e los más
ecien es despedazado es de muje es, esc ibe Co e,
hay que ci a á ,a^ iiu in, i i ca nice o, á L'illoic, an-
iguo soldado, y Lebiez, ex es udian e de medicina.
Guy Pa in.
en
una de sus ca as A
Spoil,
cuen a un
obo audaz, come ido en casa de h duquesa de O -
leans y seguido de la desapa ición de un ayuda de cá-
ma a de la casa: se encon ó el cue po del c iado en
un e e e, pe o co ado en pedazos: Ios asesinos lad o-
nes e an dos lacayos que habían comenzado á se ci-
ujanos (1).»
Eugenio Sue ha desc i o admi ablemen e, en el ipo
del
Chou ineu (2),
la e ible in luencia del c uel o i-
cio de ca nice o sob e los sen imien os del homb e.
Po lo demás, es una obse ación ya hecha muchas
eces la de que, en gene al, odas las p o esiones que
implican el desp ecio de la ida (p opia ó ajena, de
l
.
homb e ó de los animales), o iginan, ó po mejo de-
ci , desa ollan los in iu os sanguina ios. La p ueba
de ello la enemos en la p o esión de soldado. ¡ Cuán-
os b a os y cuán os hé oes no ienen
un
empe a-
men o c iminal! ¿No comía Rica do Co azón de León
la ca ne de los sa acenos, encon ándola
ie na y
dulce?
Mas, aun calculando el
alo de odas es as dispo-
siciones
y
endencias más ó menos ue es al deli o,
no
(1)
Co e:
Les c imilmis, pli .
179. A es e p opósi o, ecue do
el ecien e (Jimio de 1891), p oceso de que ha conocido el T i-
bunal de Asises de Roma, con a Aquiles y Sal ado O aci, dos
he manos
ca nice os,
que ma a on á uno de sus amigos con los
cuchillos del o icio.
(2)
Ve
Les Mys ^: es de Pa is.
122
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
es menos cie o que el alma misma de la muchedum-
b e es lo que hace que los buenos empeo en y que los
mal ados en po encia se con ie an en mal ados de
Hecho.
Queda, po an o, sin. esol e el p oblema ju ídi-
co: ¿Cuál es la esponsabilidad po los deli os come i-
dos en el u o de una u ba?
Vamos . á a a cíe esol e lo en el siguien e ca-
pí ulo.
C
A
PI
T
U LCi _III
Conclusiones ju ídicas
I.
Napoleón, en -una ase céleb e que le dic a on sus
es udios sob e la Con ención, dijo: «Los deli os colec-
i os no comp ome en á nadie.»
Es o e a la a i mación de un hecho; no e a, ni po-
dia se , una doc ina cien í ica.
La ciencia p esien e que no puede p oclama se la
i esponsabilidad po los deli os come idos po una mu-
chedumb e, po que la ciencia sabe que el o ganismo
social, lo mismo que cualquie a o o o ganismo, eac-
ciona siemp °e, en es e caso, co no en odos los demás,
con a quien a en a á sus condiciones de ida.
Su i es a eacción signi ica se esponsable: si,
pues, la eacción es a al y necesa ia, la esponsabi-
lidad ambién lo se á.
Pe o ¿quién se á esponsable?
Ei buen sen ido con es a--con uno de aquellos jui-
130
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
y más e iden e que los o os la eo ía mode na de la
esponsabilidad colec i a, la cual e y econoce las
causas del deli o, además de en el indi iduo, en el am-
bien e que lo ci cunda. Sólo que así como el ambien e
no puede, po egla gene al, expe imen a ninguna
eacción, po e ec o de la ac ual indi idualización de
la esponsabilidad, ampoco pod á su i la, en es e
caso pa icula , la muchedumb e. El indi iduo se á,
pues, el único
e ec i amen e
esponsable; pe o pues o
que su esponsabilidad es á en azón in e sa de la de
la muchedumb e (del ambien e), se a p eciso exami-
na si la esponsabilidad del deli o eside
2 oda
ella en
la muchedumb e, pues en al caso, el indi iduo se á
i esponsable, ó
qué pa e
de esponsabilidad le co es-
ponde á dicha muchedumb e, ä in de que la eacción
social con a el indi iduo se g adúe con a eglo á es a
esponsabilidad.
En una palab a, en es e caso, como en odos los
demás, debemos indaga cuál es la
emil.iiidad
del
eo; emibilidad que, según la escuela posi i a (1),
(1)
No es inú il ad e i que si ha sido la escuela posi i a la
que ha in oducido abie amen e co no base de la ep esión ju-
idica el c i e io de la
eni ilidad
del eo, es e c i e io exis ía
ya, aunque elado po ó mulas mas
o
menos abs usas , en la
doc ina de los c iminalis as cl.isicos. (V. Ca a a:
P og amma,
pa e espec., §§ 2OS5, 2111, 2115; Pessina:
E1--maen i di di i o
penale,
lib o u; Rossi:
Taade de d oi penal,
omo IT,
cap.
i .)
y
,
si no me equi oco, es e c i e io de la, e ibilidad se ocul a
ambién bajo las eo ias de aquellos posi i is as (pie pod ia-
mos llama
disiden es,
los cuales hall que ido unda la espon-
sabilidad sob e p incipios dis in os de aquellos sob e que la
había undado la escuela posi i a i aliana. Aludo al c i e io de
la
iden idad ,
p opues o po Ta de. En e ec o, la
iden idad pe -
sonal,
que Ta de exige pa a quo ini indi iduo sea esponsable,
es una condición que sólo puede se
,
jus a cuando signi ica que
si un indi iduo ha llegado a se comple amen e dis in o de lo
que e a. cuando come ió el deli o, es deci , cuando, de
emible
PO
R
ESCIPII)N il(xI-IELE
131
aumen a U dlsliliiiiil'e p ecisamen e
en
a7ón
in e sa
del a
i ii
e
n o O diminución del i í ue o
y
de la in ensi-
dad
de las ci cuns ancias
ex e io es
en
la
e iología del
deli o.
que e a, ha llegado <í se
no emible,
en eli e"caso debo se de-
cl:a ado i esponsable. Ta de sos iene, Po ejemplo, que debe-
ían exis i p ese ii)cioues co as espec o
A
los deli os come-
idos po los impñbe os, y inada su opinión diciendo que
cuando un indi iduo se ha hecho adul o, no
:'s
ya el mismo in-
di iduo que ci ando e a niño. Si cas igiiis—dice—A nu homb o
de ein e amos po un deli o come ido cuando enia diez, cas i-
gs is a una pe sona que no es el au o del deli o, pues en el
homb e de ein e años no queda liada, ó casi nada, ni mo al
ni isicau en e, del niño de diez al os. En es e caso no_hay
iden-
idad pe sonal.
Aho a bien : Aí mi me pa ece que es a p esc ipción, en luga
de legi ima la con el p incipio de la
no iden idad pe sonal,
debe se legi imada con la
no emibilidad
que o ece un adul o
que ha c ecido no mal
y
hon adamen e, y que cuando e a niño
(ó sea, ci ando odos somos algo delincuen es) come ió un de-
li o. Lo mismo debe deci se de la hipó esis ( bien a a, po des-
g acia) de
un
loco que cu ase después de habe come ido un
deli o en el es ado deli an e. Una ez cu ado, es deci , una ez
que
ya
no es emible, la sociedad no iene de echo a cas iga lo.
Como se e, en endida de es a mane a, la
iden idad pe sonal,
de Ta de, no es o a cosa mas que un nomb e dis in o que se
da í la eo ia de la
e ni.bilidad.
Po el con a io, en endida en
el in% s amplio sen ido que le
,
da Ta de, es deci , en el sen ido
de que el loco debe se conside ado
siemp e
i esponsable, aun
en el caso en que haya con inuado loco después del deli o, sólo
po que la locu a c ea en él un
yo ano mal
dis in o del
yo no -
mal
que exis ía p ime amen e , la eo ía de la
iden idad pe -
sonal
me pa ece un e o y un absu do en sus consecuencias:
un abs
u do, desde el pun o de is a del de e minismo, po que
és e no admi e, po ninguna azón, que haya indi iduos i es-
ponsables; un e o , desde el pun o de is a social, po que la
sociedad eacciona siemp e con a cualquie o ensa que se
haga a su exis encia, p o enga de un delincuen e ó de un
loco. (Véase ambién la c i ica que de es a eo ía de Ta de hace
Fe i en la
Socioloyia c i ninale,
Tu in, 1892, pág. 530
y
si-
guien es.)
132
LA
MUCHEDUMBRE DELI.NC
-
iTF?' TE
II
El p oblema debe, pues, pone se de es a mane a:
¿es emible el indi iduo que ha come ido un deli o en
el ímpe u de una muchedumb e? Si lo es, ¿ en qué
g ado lo es? O, lo que es igual : colocado es e
indi i-
duo ue a del ambien e exal ado é i i ado en que se
encon aba, libe ado de las mil suges iones que lo
impulsaban al deli o, y uel o á su es ado no mal
¿ ep esen a á oda ía ul pelig o pa a la sociedad?
¿Es posible que un indi iduo hon ado se deje a as a
po la muchedumb e á come e el mal, como en un
acceso de locu a momen ánea, el cual, una ez que
haya cesado, no deja es igio alguno, y po conse-
cuencia, no puede da de echo alguno á una eacción
penal (1)?
Pa a pode da con es ación adecuada , end íamos
que sabe , y no sólo en eo ía, sino en cada caso pa -
icula , cuál sea la ue za suges i a de la muchedum-
b e, cuál sea su pode de co upción sob e el indi i-
(1) Digo an sólo
eacción penal,
po que la pena no iene ya
azón de se cuando ha desapa ecido el pelig o que el deli o ha
e elado; mas la
imle1nnización ci il,
de daúos y pe juicios ie-
ne siemp e su azón de se , aun en el caso de que no sea ya
emible el au o del deli o. La pena se impone únicamen e
ne
pecce u ; la
indemnización se impone
ne pecce u , y
sob e odo
quia pecca uni.
PoR EsCIPIóN SIGITELE
133
duo ; end íamos que sabe si ealmen e posee la mis-
ma es a ascinación emible y ex aña capaz de con-
e i un homb e p o undamen e hon adoen asesino.
¿Puede la muchedumb e hace es e milag o?
En el p ime capí ulo I emos is o que la in luencia
que la muchedumb e eje ce sob e los indi iduos que
la componen se educe á un enómeno de suges ión.
Podemos, po consiguien e, con es a á la p egun a
que nos hemos hecho examinando cuál sea y has a
dónde llega el e ec o de la suges ión sob e un indi i-
duo. Desg aciadamen e, es a indagación no podemos
hace la po lo que oca á la suges ión en es ado de i-
gilia, po que has a aho a ha sido poco es udiada (1);
pe o lo ha emos con espec o á la suges ión hipnó ica,
la cual nos o ece un campo as ísimo de obse acio-
nes y expe imen os.
Es o no al e a á en nada la e icacia de nues o exa-
men, pues, aunque la suges ión que iene luga en la
muchedumb e es una suges ión en es ado de igilia,
nadie igno a, y noso os lo hemos eco dado, que es a
suges ión es de la misma na u aleza que la suges ión
hipnó ica, mejo dicho, que es el p ime g ado de és a.
El azonamien o que se haga pa a una ale, po an-
o, ambién pa a la o a. La única di e encia es á en
que la suges ión en el sueño magné ico iene mayo
po encia que en el es ado no mal.
La suges ión hipnó ica—decía Ladame—no ob a
sob e los ce eb os en e mos y do midos de o o modo
que la suges ión o dina ia, aquella que odo el mundo
conoce y p ac ica al a i ma á los demás las cosas de
(1) Ven a ha publicado hace poco un es udio sob e es e in-
e esan isimo a gumen o:
La sugges ione non ipno ica nel l
pe sone sane
e
nella psico e apia,
en el
Manicomio,
1891, nú-
me os 1, 2, 3.
134
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
que se espe a con ence les. La suges ión hipnó ica es
de la misma na u aleza que la pe suasión en el es ado
de igilia. Unicamen e e ue za de un modo conside-
able el pode de pe suasión que noso os poseemos
sob e los demás, sup imiendo las esis encias que exis-
en en es ado de igilia (1).»
Aho a bien: en la suges ión hipnó ica, ¿se puede ha-
ce come e á, un indi iduo el deli o que se quie a?
¿Puede aboli se comple amen e su pe sonalidad
y
a as a lo á la ejecución de ac os que, es ando des-
pie o y siendo duelo de si mismo, no hab ía ealiza-
do jamás?
Si acep ásemos la opinión de la escuela de Nancy,
end íamos que con es a a i ma i amen e,
Liebaul esc ibe: «El que p o oca el suelo
(endo -
neu )
puede desa olla odo lo que quie a en el espí-
i u de los somnámbulos y hace que lo lle en á ejecu-
ción, no solamen e en su es ado de suelo, sino ambién
después que han salido del mismo (2).» Según él, el
suges ionado obedece ciegamen e á la suges ión: «ma -
cha hacia su in con la a alidad de una pied a que
cae» (3). Y algunos hechos pod ían p oba apa en e-
men e la absolu a e dad de es a esis.
Riche (4) y Liegeois (5) han e e ido algunos ejem-
plos que demues an cómo median e la suges ión se
llega á o za los p incipios ac i os del indi iduo, á
induci lo á ol ida los más sag ados sen imien os y á
(1)
Ci ado po Lau en :
Les sugges ions c iminelles,
en los
A chi es de l'an h opologie c im. e des sciences pen. ,
15 No-
iemb e de 1890.
(2)
Liebaul :
Du sommeil e des é a s analogues,
pag. 519.
(:-i)
Ibidem.
(4)
Riche :
L'homme e l'in eligence,
Pa is, 1884.
(5)
Liegeois :
De la sugges ion hypno ique dans ses appo s
a ec le d oi ci il e le d oi c iminel.,
Pa is, 1884.
POT?
FSCIPION sIGHELh:
135
abdica de los m:is elemen ales p ecep os de la mo al.
ITna hija dócil y i uosa, po o den del hipno izado
dispa ó una pis ola con a su p opia mad e; uii jo en
hon ado a ó de en enena á una ia hacia la cual
sen ía p o undo a ec o; una
,
jo en ma ó á
un
médico
po que la cu aba mal ; o a en enenó á un indi iduo
desconocido pa a ella (1).
Pe o
,
es os esul ados ue on ob enidos ácilmen e,
sin abajo alguno, an p on o como el suges ionado
impuso la o den?No, segu amen e. Fue p eciso lucha ,
y mucho, con a la olun ad del hipno izado, el cual
aún se esis ía. «Solamen e—dice Campili—po un
p oceso suges i o p olongado y g adual, es como el su-
je o es impulsado po la senda de es as suges iones
pelig osas y a iesgadas. Cuan as eces p esen a al-
guna objeción ó se niega á acep a una o den sin e-
se as, se epi e la suges ión con de alles de hechos
que la hagan más cuali icada y acep able; es deci , se
comple a el con enido de la suges ión del ac o eon una
se ie acional de suges iones e oac i as, posi i as ó
nega i as. A las p ime as palab as opone â eces el
somnámbulo una nega i a; pe o, epi iendo la a i ma-
ción, con se e a insis encia, su espí i u, lo mismo que su
aspec o, se u ba, se pone pensa i o y pa ece e oca
un ecue do que se le escapa; has a que, po in, en-
cido po las incesan es y moles as suges iones del ope-
ado , cede au omá icamen e (2). »
Cede au omá icamen e, pe o no sin epugnancia y
(1)
Es os dos úl imos casos los e ie e Gilles de la Tou e e
en su ob a
L'hypno isme e les é a s analogues,
Pa is, 1887,
páginas 130 y 133.
(2)
J. Campili: Il
g ande ipno ismo e la sugges ione ipno ica
nei appo i col di i o penale e ci ile,
Tu in, Bocea, 1886, pá-
ginas 18-19.
136
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
no sin cae más a de en un a aque de his e ismo, el
cual a aque demues a cuán o es ue zo le ha cos ado
obedece la o den ecibida; y es la
epulsa pós uma,
si así puede llama se, de un o ganismo que ha ejecu-
ado in olun a iamen e un ac o con a el cual se e-
bela y que le causa ho o (1).
Si, pues, es cie o á eces que, has a cuando el su-
je o se esis e, se puede hace ejecu a la o den que el
ges ionado quie e, con sólo insis i en la suges ión y
acen ua la, es also que gel au oma ismo sea absolu o,
como dice Beaunis, que el suje o no conse e de es-
pon aneidad y de olun ad sino la pa e que le quie a
deja el hipno izado , y que ealice, en el es ic o sen-
ido de la palab a, el céleb e ideal de se como el
bas ón en las manos del iaje o» (2).
El hipno izado
sigue siemp e siendo alguien (3),
pues-
o que mani ies a su olun ad con el es ue zo que em-
plea pa a esis i á las suges iones; y si á eces cede,
es o no p ueba más que su debilidad indi idual, pe o
no indica la omnipo encia de la suges ión, siendo así
que ejecu a ac os imagina ios con epugnancia y en
lo sucesi o no uel e á ecae en ellos (4).
Po lo demás, los casos en que el suje o cede á una
suges ión que o ende su sen ido mo al son muy a os,
en compa ación con aquellos o os en que iene ue za
bas an e pa a esis i se. Es os casos, obse ados espe-
(1)
V. los casos de es os a aques de his e ismo, que siguen
á
la ejecución de una suges ión que epugna, eu la ob a, ya, ci-
da,
de Gilles de la Tou e c..
(2)
Beaunis:
Du somnambulisme p o oqué;
Es udios isioló-
gicos y psieológicos, pág. 181.
(3)
Gilles de la Tou e e, ob. ci ., pág. 137.
(4)
V. a es e p opósi o Lomb oso
:S u
di
so
ll' i
pno ismo,
e -
ce a edición , 1887, y Lomb oso y O olenghi:
Nuo i s udi sull'
ipno ismo
e la
c eduli d,.
Tu in, 1889.
Poli,
ESCII'I:)N 4IGIIELIG
137
cialmen e po los secuaces de la escuela de la Salpê-
ie e, son los que demues an se e ónea la opinión
de la escuela de
Nancy.
Con a las a i maciones de
Liébaul , de Liegeois y de Beaunis, enemos las de
Cha co , de Gilles de la Tou e e, de B oua del, de
Fé é, de Pi es, de Lau en , de Delboeu . «El somnám-
bulo—dice Gilles de la Tou e e
no es una máquina
que pueda hace se gi a á me ced de odos los ien-
os : el somnámbulo posee una pe sonalidad, edu-
cida, es e dad, en sus é minos gene ales, pe o que,
sin emba go, se conse a en e a en cie os casos (l).
«El somnámbulo, esc ibe Fé é, puede esis i á una su-
ges ión de e minada que se encuen e en oposición
con un sen imien o p o undo» (2), y, ailade B oua del,
«no ealiza más que las suges iones ag adables ó in-
di e en es» (3). Po in, Pi es a i ma que «la i es-
ponsabilidad de los suje os hipno izados no es jamás
absolu a» (4).
En suma, el
yo no mal
sob e i e siemp e al
yo
ano mal,
c eado po el suges ionado . Si a áis de
hace come e á es e
yo ano mal
una acción que epug-
na p o undamen e, o gánicamen e, al
yo no mal,
no lo
(1)
Ob a ci ada, pag. 136,
(2)
C. Fé é:
Les Hypno iques hys é iques considé és comme
suje s d'expé iences en medécine men ale.
No a comunicada a
la Sociedad médico-psicológica de Pa is en 28 de Mayo de 1883.
(3)
B oua del:
Gaze e des hôpi aux,
núm. de 8 No iemb e
de 1887, pag. 1125.
(4)
Pi es:
Les Sugges ions hypno iques.
Bu deos, 1884, pá-
ginas 61. Idén icas conclusiones que los au o es ci ados sos ie-
nen ambién
Bianchi:
La Responsabil i d nell' is e ismo (Ri .
spe . di en. e di med. leg.,
ol.
XVI,
ase. i ); Lau en :
Les
Sugges ions c iminelles (A ch. de l' an h op. c im. e des scien-
ces pén.,
15 No . 1890); Delbcœu :
L' Hypno isme e la libe é
des ep ésen a ions publiques,
y Riche :
E udes cliniques su
la g ande hys e o-épilepsie,
Pa is, 1885.
138
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
consegui éis. Una g an can idad de ejemplos exis en
pa a demos á noslo.
Elijamos algunos.
«Noso os—esc ibe Pi es
eníamos encomendada
á nues o cuidado una muje jo en sumamen e hipno-
izable, y en la cual podían p oduci se, si a di icul ad
alguna, los mo imien os de imi ación, las ilusiones y
as alucinaciones. Pe o e a imposible consegui de ella
que golpease á alguien. Si se le o denaba ené gica-
men e hace lo, le an aba los b azos y caía inmedia-
amen e en es ado le á gico (1).
Análogo es el caso que e ie e Fé é: «Una de nues-
as en e mas, dice, se había apasionado ue emen e
de un jo en; la en e ma había su ido mucho po ello,
pe o seguía amándole. Si se e ocaba la p esencia de
es e homb e, ella mos aba g ande a licción; que ía
hui . Pe o e a imposible hace que ealizase un ac o
cualquie a que pudie a causa pe juicio á aquel de
quien había sido íc ima. Po lo demás, obedecía o-
das las o as ó denes au omá icamen e (2).»
En es os dos casos, lo que impide que se ealice la
suges ión es el sen imien o de la piedad.
Idén ico enómeno se e i ica cuando la idea suge-
ida choca con a o o cualquie a sen imien o, con al
que es é i a y p o undamen e a aigado en el in-
di iduo hipno izado.
Pi es e ie e el expe imen o que oy á ep oduci ,
como p ueba de la esis encia que pueden hace los
suje os á los ac os suge idos: «Yo due mo á mi suje o
(una jo en), y después de habe colocado sob e la mesa
(1)
Pi es, ob. ci ., pág. 55.
(2)
Fé é:
Les
Hypno iques hys é iques considé ées comme
suje s
d' expe ience en
médecine men ale,
ya ci ado.
Pon
s ,T IóN c (:IIELF.
139
una moneda de pla a, le digo: después que e despie e,
coge ás de encima de la mesa es a moneda que alguno
ha dejado ol idada, nadie e e á, y e la me e ás en
el bolsillo: es un Mi o insigni ican e que no e p odu-
ci a ninguna consecuencia desag adable.
DDicho es o, despie o al suje o.
4La
,
jo en se di ige hacia la mesa, busca la moneda
y se la me e en el bolsillo, acilan e. Pe o inmedia a-
men e uel e á saca la y me la en ega, diciendo que
aquel dine o no le pe enece á ella, y que hay que a e-
igua la pe sona que lo ha dejado ol idado sob e la
mesa.—Yo no quie o gua da me es a moneda, dice,
es o se ía
un
hu o, y yo no soy una lad ona (1).»
Gilles de la Tou e e e ie e un hecho en e amen e
semejan e al an e io .
«Un día, esc ibe, suge imos á W. que hace mucho
calo . Inmedia amen e se limpia la en e, como si su-
dase, y dice que el calo es insopo able.
—.Vamos á oma un bailo.
—»¿Cómo, jun amen e con V.?
—».Po
qué
no?
Bien sabéis que en el ma , homb es
y muje es oman el bailo en común, sin esc úpulos.
'
Pe o
ella no pa eció queda con encida.
—.;Ea! ¡ánimo! desnúda e.
'
Ella acila; po in se despeina y se descalza, pe o
luego se pa a.
-
Vamos, e mando que e desnudes en e amen e.
'
En onces se puso enca nada y pa ecía e lexiona
con g an pena; po in, con usa, se qui a el es ido.
—
'¡11Iás,
más!
»An e es a o den b u al, la W. se u bó y pa ecía
su i c uelmen e: se dispone á obedece , pe o su o-
(1)
Pi es,
ob. ci .. p . 54.
146
LA. MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
Cada cual ecibe de la na u aleza un ca ác e de e -
minado que da la en onación, la isonomía, á su con-
duc a, y que es la impulsión ín ima, si así puede deci-
di se, con o me á la cual ob a el homb e en la ida.
Cuan o más ue e es es a impulsión ín ima, más sólido
y en e o es el ca ác e y más se amolda á el indi-
iduo á ella en su ob a , sin su i el in lujo de condi-
ciones ex e io es; lo mismo que un p oyec il es an o
menos des iado po los obs áculos que encuen a en
su camino cuan o mayo haya sido la elocidad ini-
cial con que se le ha lanzado (1).
Po desg acia, los ca ac e es de ace o que esis en
ic o iosamen e odas las en aciones que se les o e-
cen, y que saben e i a odos los desca ilamien os,
son muy a os. Si hay, como dice Balzac,
homb es o-
bles y homb es a bus os,
la e dad es que los segundos
sen ido de que en odo deli o in e iene siemp e (como am-
bién noso os sos enemos), el ac o an opológico. Pe o hoy se
ha gene alizado la cos umb e de llama
delincuen es na os
sólo
á aquellos delincuen es en cuyo deli o el ac o an opológico
ep esen a la
pa e mayo y
más
impo an e
de las causas. Los
demás delincuen es se designan con los nomb es de habi uales,
de ocasión y po pasión; con lo que no se quie e exclui de
ellos el ac o an opológico, indi idual, sino sólo indica que
es secunda io en la e iología del deli o. Tal es el sen ido que
da En ique Fe i á su clasi icación de los delincuen es; y, pe -
mi aseme que lo diga, odos aquellos que la han c i icado, Bene-
dik el p ime o en e ellos, han dado p uebas de no comp en-
de ni su signi icación ni su in.
(1) Y es o es cie o, no sólo po lo que oca al homb e hon-
ado, en cl más absolu o sen ido de la palab a , sino ambién
con elación al delincuen e po endencia congéni a. An es bien,
bajo es e espec o, puede es ablece se una iden idad en e el
e dade o homb e hon ado y el delincuen e na o, po cuan o
ambos se encuen an igualmen e an e las in luencias modi ica-
do as del ambien e social, siendo asi que no hay sino muy a as
ci cuns ancias, po no deci ninguna, que puedan obliga al
uno ó al o o á des ia se de su camino.
POF ESCIPIÓN SIGIIELE
147
es án en mayo ía. La ida, en su mayo pa e, no es
más que un ejido de ansacciones, po que, como no
ienen pode pa a cons eñi al ambien e á que se
adap e â ellos, ienen po necesidad que adap a se
ellos al ambien e.
En es a as ísima clase de pe sonas débiles, desde
aquellos que Benedik llamaba
neu as énicos,
los cua-
les no oponen esis encia alguna á las impulsiones ex-
e io es, has a aquellos que Se gi (1) ma caba con la
denominación de
se iles,
los cuales, po bajeza, se so-
me en â la olun ad ajena, y po in e és se a iman
al sol que más calien a; desde los en es buenos, pe o
ímidos y c édulos, que acep an oda idea que se les
impone, has a los indi iduos que cambian po la in-
cons ancia y la i i abilidad de su empe amen
in ini as g adaciones.
La olun ad, esc ibe Ribo , iene, co no la in eligen-
cia, sus idio as y sus genios, con odos los ma ices po-
sibles desde un ex emo al o o (2).
Pe o, sea más ó menos desp eciable, más ó menos
p o unda, la debilidad del ca ác e iene como esul-
ado in alible el siguien e: hace que el indi iduo sea
dócil ó muy dócil, según los casos y los g ados, á las
suges iones del ambien e.
Lo mismo que Ribo no aba (3), á p opósi o de las
debili aciones de la olun ad, que en odo ac o eali-
zado po quien iene un p incipio de
abulia,
la pa e
del ca ác e indi idual es un minimum,
mien as que
la pa e de las ci cuns ancias ex e io es es un
maxi-
mum;
así ambién pode nos a i ma po analogía que
(1)
Se gi:
Le Degene azioni unnane,
Milan, Dumola d, 1889.
(2)
Les
maladies de la
olon é,
4.° ed., Pa is, 1889, pag. 86.
(3)
Ribo ,
ob. ci ., pág. 36.
148
LA
MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
en las acciones come idas po odos es os indi iduos
débiles á los que les al a una endencia congéni a y
acen uada á Luz géne o de e minado de ida, la pa e
del ca ác e indi idual es un
minimum
y en cambio
es un
maximum
la pa e que co esponde á las ci -
cuns ancias y á las suges iones ex e io es.
Colocad á es os indi iduos en un medio a o able,
bajo el in lujo de buenas suges iones, y e éis que se
conse an hon ados, al menos an e el Código (1); po
el con a io, colocadles en un ambien e des a o able,
en e suges iones, y se con e i án en delincuen es de
ocasión ó po pasión.
La debilidad de su ca ác e les hace abso be con
acilidad odo cuan o les odea, lo mismo lo malo que
io bueno; y es o es causa de que sean las ci cuns an-
cias ex e io es las que les hacen segui uno ú o o gé-
ne o de ida (2).
(1)
«Asi como exis e el c iminal de ocasión, asi ambién hay
el ipo in e so de aquel que, siendo un delincuen e
en po en-
cia,
no se mani ies a al po que le al a la ocasión ó po que la
iqueza le ha o ecido medios pa a sa is ace sus ins in os, sin
in ingi el Código. Yo he conocido á, es á quienes su al a po-
sición social les lib ó de la cá cel. Uno de ellos con esaba: «Si
o no hubie a sido ico, hab ia obado.» Lomb oso:
('o o de-
lincuen e,
edición de 1889, ol. ii, pág. 432.
(2)
Es a acilidad pa a adap a se al ambien e, cualquie a
que él sea, bueno ó malo, se mani ies a en un g ado e dade-
ameu e excepcional en las his é icas. Ya e la pena de ep odu-
ci la siguien e página de Lau en : «Me ed a una his é ica en
un
con en o, y aun cuando se a e de una libe ina , de _ ila
hija del icio, apenas haya espi ado el olo del incienso, e éis
cómo se e i ica en ella nn cambio comple o : en pocos días pe -
de á, con una acilidad so p enden e,
sus
an iguos hábi os ,
y
adqui i á los hábi os y los gus os de la casa; auna á la o ación
lo mismo que amaba el libe inaje; en una palab a, según la
ase de un doc o de la Iglesia, se hab á despojado de la mu-
je ieja. Y no se á una de o a o dina ia; no se á piadosa sin
POP ESCIPIÚN SIGIIELE.
149
Aho a bien: si es o ocu e en la ida anquila,
no mal, egula , ¿qué acon ece á en una muched un-
b e, donde en un momen o se concen a una ue za
al de suges ión como no la hay semejan e en ningún
o o caso? ¿No es e iden e que odos es os indi iduos
cede án, y que come e án un deli o aun aquellos mis-
mos que son hon ados, pe o débiles, aquellos que
ma iana end án acaso u>> magni ico a anque de al-
uismo, po una azón análoga á aquella po la cual
se dejan hoy a as a po una co ien e de odio (1)?
«Yo ecue do habe is o en 1870—na a Joly—á
una u ba pe segui el ca uaje de un gene al á quien
se que ía a anca á oda cos a un g i o poli ico. En
la ba ahola habla un homb e jo en, al cual conocia
yo bien, muchacho en usias a, pe o dócil y o denado,
bueno y labo ioso, pe ec amen e hon ado. De p on o
empezó á pedi un e ól e pa a dispa a con a el
os en ación.; oga á en al a oz y en si io donde la ean, lo
mismo que pecó con escándalo; su eligión se á un mis icismo
lleno de exal ación. Tales ue on Ma ía Magdalena, Ma ia
Egipciaca
y
muchas o as , cu a leyenda no ha llegado has a
noso os. Tomad á la misma muje
y
colocadla en un lupana ,
en medio de insolen es y de p os i u as. Nue a me amo osis.
En menos de una semana, hab á colocado una nue a másca a
en su os o. Se di ía que los mu os del lupana se han des e-
ñido sob e ella: an súbi a
y
comple a ha sido la ans o mación
que ha expe imen ado. En pocos días hab á adqui ido el len-
guaje, los gus os, los hábi os de la casa. Yo he conocido en
T oyes, hace algunos a ios, á una especie de his é ica que cons-
i ula el ejemplo edi ican e de oda una comunidad eligiosa.
Un día, a as ada po su he mana, se escapó del con en o
y
se ué al lupana de la ciudad. Lo mismo que en el con en o
había sido un modelo de piedad y de i ud, lo mismo ué una
pe la en el lupana , la más libe ina,
y,
po consecuencia , la
más buscada y la más mimada.» (V.
Les Sugges(ions c imine--
lles).
(1) Véase el cap. i.
150
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
gene al ecalci an e. Si hubie a enido el a ma en
las manos, no sé bien lo que hubie a acon ecido (1)».
Cuán os hay que se encuen an en la misma si ua-
ción que es e jo en! ¡Y cuán os ¡ay!, eniendo el a ma
en las manos hacen uso de ella! ¿Son po es o mal-
ados?
No, epe imos, son simplemen e ca ac e es débiles.
Exis en en ellos los sen imien os de piedad y de p o-
bidad, pe o sólo supe icialmen e.
Los es a os más ecien es del ca ác e , que cons-
i uyen la base ísica de es os sen imien os, no han
podido oda ía o ganiza se y cub i po comple o á
los es a os an iguos, á aquellos que ep esen an el
de i us
de las gene aciones más lejanas. Un acciden e
cualquie a, una ocasión que pe u be p o undamen e
á es os indi iduos, bas a en onces pa a deso ganiza
su ca ác e y pa a hace que las capas ó es a os de
és e se mezclen deso denamen e, y pa a que los más
p o undos, subiendo de p on o á la supe icie, den lu-
ga á mani es aciones sal ajes y c ueles (2).
En la muchedumb e acon ece
po e olución
lo que
en la ida o dina ia iene luga
po e olución.
La des-
o ganización del ca ác e , que comienza p ime amen e
de un modo len o, po in lujo de los malos ejemplos ó
po las solici aciones de un compaiie o ya pe e ido, y
que, después de habe hecho cae una ez en el mal y
(1)
Joly : La
F ance c iminelle,
Pa is, L. Ce , 1889, página
40G, no a I.
(2)
Vóase á
es e
p opóposi o Se gi:
La .S' a i ccazione del
ca a e e e la clelinquenza,
Milan, 1883. Las capas nue as del
ca ác e se án ácilmen e ahogadas po las an iguas, po que
odo cuan o en el o ganismo exis e de más ecien e o mación
desapa ece y so disuel o an es que lo de o mación más an i-
gua. «Las unciones que iil imamen e han apa ecido — dice Ri-
bo (ob. ci ., pág. 161)—son las que p ime o degene an.
POR ESCIPIÓN SIGHELE
151
de habe abie o un camino en el que ya no puede uno
de ene se, se ex iende más cada ez, has a cambia
o almen e á un indi iduo, has a aboli su ca ác e ...
es a deso ganización se e i ica en la muchedumb e
en muy pocos ins an es.
Más bien que la disolución g adual y len a, que hace
que el homb e oda ía hon ado se con ie a en un de-
lincuen e de ocasión, y és e más a de en un delin-
cuen e habi ual, en la muchedumb e enemos la diso-
lución ins an ánea, que con ie e al homb e oda ía
hon ado en un delincuen e po pasión.
Tal es, á mi juicio, el p oceso po el cual llegan
has a el deli o una g an pa e de los indi iduos que
o man pa e de la muchedumb e.
Si así es, ¿cuál se á la eacción social que con en-
d á emplea con a ellos?
An es de pode da con es ación á es a p egun a,
p ecisamos ocupa nos de o o ac o de los deli os de
la muchedumb e, el más impo an e desde el pun o de
is a psicológico : y es el mo i o po el cual se ha co-
me ido el deli o (1).
Al comienzo del segundo capí ulo hemos ya a ado
b e emen e del es ado pe manen e de espí i u de la
muchedumb e, haciendo obse a que las injus icias
y los dolo es que su e cons i uyen una p edisposición
emo a é inde e minada, que no debe echa se en ol-
ido, ocan e á los deli os come idos po la muchedum-
b e. Aho a debemos es udia más de ce ca las azones
de e minan es de los deli os colec i os.
Una muchedumb e no se o ma sin azón. Los indi-
(1) En la p ime a edición del p esen e lib o habla yo ol idado
es e pun o. Albano (Ve
A chi io giu idico,
ol. xLVII, ase. 4-5
ué quien con azón me hizo no a la necesidad de habla de él.
152
LA
MUCHEDUMBRE DELINCUE TE
iduos no se eunen sin un obje o. Sin emba go, es e
obje o, aunque exis e siemp e, es de pocos indi iduos;
la mayo pa e de és os se pa a en de edo del p i-
me g upo, po la ue za de suges ión.
¿No habéis hecho alguna ez el ensayo de pa a os
en
medio de la calle, mi ando á una en ana,
á un
pun o cualquie a, ó de apoya os en la ba anda de un
puen e pa a mi a el agua que co e? En pocos ins an-
es se o ma en o no ues o un peque io co o, y ois
que los ecién llegados se dicen unos á o os : «alli
es á... ¿dónde?.... allí, en el ondo... desapa ece...»
La suges ión es an ue e, que á eces se c ee e
un obje o que no exis e (1).
Aho a, lo mismo ocu e cuando el obje o de una
ag egación es impo an e y se io.
Las mani es aciones se o ganizan siemp e po un
núme o de indi iduos bas an e meno que el que en
ellas oma pa e. En es e caso, la suges ión imi a i a
eje ce su pode , no sólo
di ec amen e,
en el sen ido de
que al p ime g upo de mani es an es se ienen á uni
po cu iosidad los agos de las calles, sino ambién
media amen e,
en el sen ido de que, habiendo sabido
po los pe iódicos ó po o os medios que una demos a-
ción a á ene luga en al día y á al ho a, un g an
núme o di á: Yo la quie o e —y an e ec i amen e
á e la.
En odas las muchedumb es hay, pues, bien pocos
indi iduos que conocen e dade amen e el obje o ; el
mayo núme o acucie á ellas—con
g
o dicen ellos mis-
mos—po
Ve .
Es a es la condición psicológica de los p ime os ins-
an es, cuando la muchedumb e se o ma; pe o no hay
(1) Vo Aiib y:
La Con agion du meu e,
pAb. 12.
POR ESCIPIÓN
153
que c ee que pe sis a así. Poco á poco, á medida que
la mani es ación c ece y que se a dando algíu g i o,
o, cuando se a a de un
mee ing, á
medida que los
discu sos de los o ado es caldean al audi o io, se ma-
ni ies a un enómeno
ex a-110
en es e ag egado he e-
ogéneo que es la muchedumb e , y consis e en que la
he e ogeneidad se eemplaza po una homogeneidad
casi absolu a. Los más ímidos, al e que la cosa se
pone g a e, se ma cha , si pueden. Los que quedan
se ele an odos, de bueno ó de mal g ado , al mismo
diapasón de conmoción: el mo i o que ha eunido á los
p ime os indi iduos es ya conocido po odos, pene a
en el espí i u de cada cual, y la muchedumb e no ie-
ne ya en es e caso más que una sola alma.
Aho a, sean cualesquie a los ac os que ealicen en
adelan e los miemb os de es a muchedumb e, an com-
pac a ya en es e momen o, que pod ía deci se aglu i-
nada po una idea única, ácilmen e se comp ende á
que, pa a pode medi la eacción social que hay que
in lui les, se debe an e odo ene en cuen a el mo i o
po el cual han ob ado. Si el pueblo amo inado en
Pa ís, en 1750, delan e del palacio de policía, pa a
p o es a con a la mons uosa c ueldad que se a i-
buía á Luis XV, hubie a ma ado á algún agen e del
gobie no, ¿no hab ía come ido un homicidio bas an e
más disculpable que odos aquellos que una incom-
p ensible sed de sang e hizo que se come ie an du-
an e la Re olución ancesa? Ob a con a una injus-
icia ó con a una in amia y llega aun has a el deli o,
es cosa bien di e en e de oba ó ma a po un mo i o
lige o ó con un in inmo al.
Po consiguien e, en el deli o colec i o, como en el
deli o indi idual, el mo i o po el cual se co ne e es
uno de los pun os más impo an es pa a medi la es-
154
LA MUCHEDUMBRE DELINCUENTE
ponsabilidad. Y es o, an o más, cuan o que el mo i o
—exis en e ya en algunos an es de la exci ación de la
muchedumb e y que se p opaga poco á poco á odos
aun an es de que la suges ión haya llegado á su más
al o g ado—es el sen imien o que con más jus icia
puede impu a se al indi iduo y del cual debe espon-
de casi en e amen e.
Lo que deci nos ocan e á los deli os imp e is os de
la muchedumb e debe aplica se, con mayo azón,
á
los deli os de la misma muchedumb e que pod ían lla-
ma se p emedi ados.
El pueblo no se ag upa siemp e pa a pedi alguna
cosa ó pa a p o es a con a alguien : el deli o no se
de e mina siemp e de una mane a ins an ánea po
una p o ocación, o po e ec o de la e men ación psi-
cológica de que más a iba hemos hablado. A eces,
ocu e que algunos indi iduos se eunen con la idea
madu ada de o igina un umul o en la muchedumb e
y de come e deli os.
La eunión de los ob e os sin abajo en Roma, el 1.°
de Mayo de 1891, nos ha o ecido un ejemplo de es e
géne o. No cabe duda de que algunos ana quis as se
di igie on a mados á la plaza de San a C uz de Je u-
salén y con la in ención de hace uso de sus a mas.
Un agen e de segu idad ué mue o de una pu calada
en los i iones, y muchas pe sonas su ie on lesiones.
Hay que ene en cuen a, cie amen e, que la in luen-
cia del ní
u
me o, los discu sos iolen os que ue on p o-
nunciados y odas las demás ci cuns ancias que au-
men an la in ensidad de las emociones en una muche-
dumb e, pudie on a as a los culpables más allá de
su p opia in ención, é impulsa los á come e excesos
que ellos no hab ían deseado come e ; mas cla o es á
que en semejan es casos la eacción social debe á se
POR ESCIPIÓN SIGIIELE
155
mucho más se e a que en los o os, po que aquí no se
a a de deli os imp e is os: no es la muchedumb e la
que ha
p oducido
el deli o; la muchedumb e no ha he-
cho más que o ece la ocasión de come e lo (1).
El mismo azonamien o pod íamos hace ocan e á
una o ma de deli o colec i o desconocido, po o una,
en Eu opa, pe o muy ecuen e en a ias egiones de
Amé ica: me e ie o á la ley de Lynch (2). Los
lincha-
do es
saben, an es de come e el deli o, que an á co-
me e lo; has a se unen exp esamen e pa a ello. Im-
po a, pues, poco, si después, po el enómeno de
psi-
cología colec i a que hemos hecho no a con an a
ecuencia, aspasan los limi es de su p opia in en-
ción: ellos han que ido, y que ido con calma, la sus-
ancia del deli o que han come ido, si es que no han
que ido los de alles. No pod á, po an o, habe más
que una débil excusa en su a o .
Sin emba go, epi o que, aun en los casos en que el
deli o es p emedi ado, no hay que ol ida el mo i o. La
ley de Lynch (hacia la cual no sien o yo odo el ho o
(1)
Ya se comp ende que es as consecuencias ju ídicas no se
aplica án más que á los que hayan enido la idea del deli o an-
es del umul o; cuan o á los demás que no enían designio
p econcebido, pa a ellos alen las conside aciones que hemos
hecho ela i amen e al deli o colec i o no
p emedi ado.
(2)
Se puede o ma una idea del aumen o de los
lincha-
mien os
en los p ime os años, en Amé ica, po la siguien e a-
bla, que omo del es udio de M. Desja dins, i ulado
Le D oi
des gens e la loi de Lynch aux É a s-Unis
(en la Re ue de Deux
Mondes,
15 Mayo, 1891):
EJECUCIONES
AÑOS REGULARES LYNCH
1884 103
219
1885
108
181
1885
83
133
I887
7
9
123
1888
87
144
1889
98
1
75