Fascinados por la contradicción
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FASCINADOS POR LA CONTRADICCIÓN José Laborda Yneva Desde sus inicios, la colección «Akal arquitectura» parece querer destinarse a profundizar en cuestiones que atañen a la teoría y la crítica de la arquitectura desde un enfoque indirecto que le permite, a través de las traducciones de textos extranjeros, difundir aquí una doctrina que de otra forma tal vez pasase inadvertida para muchos. Son ensayos singulares -como lo es éste de Vidlerque nos ofrecen la posibilidad de avanzar en esos aspectos del conocimiento, pero que a la vez sirven de denuncia tácita de la precaria producción crítica de nuestro país. Cabe, sin embargo, aprovechar es ta oportunidad y conocer nuevas reflexiones sobre la trayectoria de alguien tan inquietante y tan esencial para comprender nuestra actual concepción de la arquitectura como Claude-Nicolás Ledoux. Sobre todo ahora, cuando esta misma editorial acaba de publicar una primera traducción española en gran formato de su tratado L 'Archi tectur e considerée sous le raport de l'a rt, des moeurs et de la législation, de 1804. La arquitectura de Ledoux se ha visto siempre sumida en la co ntroversia. Su concepto de la forma y de la composición de elementos ha sido con frecuencia contemplado como una distorsión visionaria del clasicismo que, pese a la utilización de cánones, introduce en sus propuestas una expresión singular, que muchas veces puede interpretarse co mo una concesión geométrica, lejos de la sutil proporción de la arquitectura clásica. Sin embargo, ese carácter anómalo que separa a su arquitectura de los cauces canónicos fue precisamente la razón de que en las primeras décadas de nuestro siglo fuera rescatado su mensaje como el de un iluminado precursor de lo abstracto. Fue Kauffman quien primero se atrevió a relacionar su sentido de la composición con la arquitectura de Le Corbusier y, desde entonces, cuantos intentos se han dado de encontrar las raíces históricas del movimiento moderno, insisten en considerar a Ledoux como uno de los orígenes de la arquitectura contemporánea. Pero esa controversia presenta todavía nuevas facetas si se co nsidera que su arquitectura, rescatada con entusiasmo por las vanguardias sumergidas en la abstracción, fue a la vez objeto de la atención fascinada de la arquitectura nacionalsocialista, cuyo régimen combatió con dureza cuanto significó modernidad. Y es que Ledoux fue ante todo un arquitecto cuyas obras des ea ban ser la ima ge n representativa del poder del Estado; y su arquitectura, inmersa en el último absolutismo del setecientos francés, poseyó la fuerza monumental que convenía a Luis XVI, la capacidad de abstracción formal -LXIX - 6S ASTRAGALO, 02 (1995) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Review, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1995.i02.09 Arquitecto, crítico de arquitectura y editor, encargado de la Sección Cultural del Cole gio de Arquitectos de Aragón.
70 que fascinó a los modernos y, tal vez, el sentido de exaltación racial que deseaba el Tercer Reich. Un programa evidentemente satisfactorio para cualquier arquitecto que, en un contexto anómalo y distinto, cabría incrementar con el insensato culto que el postmodernismo ha otorgado a su arquitectura en los últimos tiempos. Pero, al margen de las tendencias que hayan pretendido adueñarse de la creatividad de Ledoux, tal vez sea el momento de reintegrar su obra a su auténtico contexto, lejos de interpretaciones interesadas. Es preciso devolver al arquitecto a su época final del siglo XVIII, con sus intenciones de entonces, y reconocer en él un paradigma del iluminismo, que consiguió alcanzar una posición ideológica tal que pudo situarse en un plano de igualdad con quie9es dominaban otros aspectos del pensamiento de su tiempo. En ese sentido, el texto de Vlider nos conduce a través de la obra de Ledoux y paso a paso nos aclara las intenciones del arquitecto a través del estudio de las extraordinario componente utópico de sus propuestas, fiel en todo caso a una arquitectura deliberadamente teatral, fascinante conjunción entre lo abstracto y lo geométrico, que hunde sus raíces en el más genuino espíritu de la Ilustración. Se trata sobre todo de la búsqueda de lo sublime como razón principal del criterio estético, relegando muchas veces la belleza a un ámbito conceptual clásico y estático, sobreentendido, fácilmente alcanzable mediante la simetría, el equilibrio y la proporción. Un deseo de lograr el cénit de la gloria a través de una arquitectura de violentos contrastes de luz y sombra, escenográficos, grandiosos en escala, primarios, desnudos, con la voluntad de pertenecer a su tiempo, pero a la vez con la sospecha de trascendencia -de la que Ledoux nunca dudóque el paso del tiempo se encargaría de confirmar después, como una muestra casi irreal del genio a través de la arquitectura. circunstancias de sus edificios. Un inteligen- • ANTHONY VIDLER: Ledou x. Akal Arquitectura, te recorrido que nos permite comprobar el Madrid, 1994. • -LXX -