Álvarez Velázquez, Ramón R.: Antonio Reverte, el último torero de leyenda, Sevilla, Ediciones Giralda, 1995, 205 págs. [Reseña]
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Revista de Estudios Taurinos Nº 5, Sevilla, 1997, págs. 195-206. Álvarez Velázquez, Ramón R.: Antonio Reverte, el último torero de leyenda, Sevilla, Ediciones Giralda, 1995, 205 págs. con ils., en folio menor, pasta dura, tela, sobrecubierta. Fig. nº 38.- Portada del libro Antonio Reverte, el último torero de leyenda (Apud.: Álvarez Velázquez, 1995).
196 Pedro Romero de Salís La conmovedora biografía del matador Reverte ( 18691903 ), recientemente editada por Ediciones Giralda de Sevilla con el patrocinio del Ayuntamiento de Álcalá del Río, es una publicación póstuma a su autor, Ramón R. Álvarez Velázquez, médico de profesión, fundador de la Acción Cultural Marcos García Merchante, entidad dedicada a la investigación y difusión de los valores artísticos e históricos de Alcalá del Río, ciudad de donde, nuestro malogrado autor, era natural. Desde esa tan loable institución, Ramón R. Álvarez Velázquez, como responsable de la Sección de Tradiciones y Costumbres populare s, ejerció una tan inolvidable . actividad Fi g. n.º 39.-Fotografía de Antonio Revúte en el estudio de Valentín Gómez, Madrid. (Apud .: Álvarez Velázquez, 1995: 11 7): que la villa, en testi- . monio de agradecimiento y para honrar su memoria, ha rotulado una plaza con su nombre.
Recensiones de libros 197 Pronto hará un siglo que Antonio Reverte, el torero de las coplas, de los cantares y de los amores, descansa en la cripta de la capilla de la Vera-Cruz de Álcalá del Río. Reverte fue una estrella fulgurante que cruzó, vertiginosa, la gloria taurina pero ¡ay! lució apenas dos lustros. Una gran figura del Fig. n.º 40.-Retrato de Reverte. La coleta vista desde varios ángulos (Apud.: Álvarez Velázquez, 1995: 117). toreo que sobresalió por su arrojo, por su capacidad imaginativa para inventar nuevas suertes y por su_ personalidad arrolladora que fascinaba a los públicos y que desbordando los propios límites de las plazas de toros de España y América y comunicaba con públicos que trascendían al círculo de la mera «afición» taurina. ¡El valor! Una de las características esenciales del toreo de Reverte fue el valor doblado por el pundonor. De todo el rico anecdotario que recoge de distintos y variados tes-
198 Pedro Romero de Salís timonios el bien documentado libro de Ramón R. Alvarez Velázquez traigo hasta aquí una hazaña que lo define con una precisión abrumadora: «A Reverte le vi otra vez dar la vuelta al ruedo en un toro que le echaron al corral. Era un marrajo de esos que vienen por el dinero de la temporada. Por más que hizo Reverte no pudo con él. Le tocaron un aviso tras otro y salieron los mansos. Reverte se colgó al cuello del toro, intentando apuntillarlo y así, rodeado de los mansos, pero sin cejar en la lucha desesperada, entró con su enemigo a los corrales. La emoción que se produjo fue indescriptible, y la ovación con que le premiaron, ensordecedora ... » (pág. 106). ¡La imaginación! Reverte siempre fue un maestro de amplio y variado repertorio. La suerte que más lo distinguió fue la de los «cambios con el capote al brazo». Así lo reconocieron los más exigentes críticos de la época. Borrell alude a su «destreza verdaderamente excepcional de su mano izquierda». Sánchez de Neira, a su «frescura y atrevimiento en los trances más difíciles». Ambos, a sus famosos recortes capote al brazo, «aguantando empuje y vaciando con vista de lince». Los recortes de Antonio Reverte capote al brazo constituían un espectáculo que producía una impresión perdurable. Era una suerte extraña, hija quizá de los duelos a navaja entre majos y chisperos, que sólo Reverte practicaba y que, si hemos de creer a los revisteros de la época, era rarísimo contemplar. Según el crítico Félix Borrell el torero esperaba al toro, no con el capote desplegado, apercibido a la defensa, sino recogido y doblado sobre el brazo, recogido. El efecto era tal si esperar al ~oro a cuerpo limpio. El toro se arranca. El matador, impávido, aguanta la embestida, juega ligeramente su brazo, carga la suerte con la pierna contraria, quiebra débil-
Recensiones de libros 199 mente su cintura al tiempo que da salida con el recogido capo - te. El toro pasa burlado y vuelve, con redoblado ímpetu mien - tras el torero repite el lance dos, tres, hasta cuatro veces. Fig. n. 0 41 .- Reverte vistiéndose para torear, ayudado por sus hermanos Diego y Manuel (Apud.: Álvarez Velázquez, 1995: 130). Los «cambios» con el capote al brazo no sólo fue la suerte que, frente a otros toreros, distinguió a Reverte sino que fue, prácticamente, él único en practicarla. Esta destreza apa - rece en Reverte, misteriosamente, en el momento mismo en que se enfrenta, por primera vez en su vida, a un toro de carne
200 Pedro Romero de Salís y hueso. Y es a través de ella que circula nuestro torero hasta la cima de la torería. Con las siguientes palabras lo describe Antonio Díaz-Cañavate: «Fue primero una hazaña del chaval aspirante a torero. Lugar de la escena: la corraleta de una dehesa. En ella hay encerrado un toro bravo. Un tropel de maletillas trepa por las tapias de su encierro "¡Vaya pájaro!", exclama uno. "Yo no me tiro", dice otro. "Ni yo", "ni yo", "ni yo" ... "Pues yo sí -dijo Reverte-; dadme el capote que ahora veréis como desplumo al pájaro este». Ya está en el suelo el mozo. Ya está el toro sobre él. No le ha dado tiempo de desplegar el capote que lleva arrollado en el brazo derecho. Para librarse de su embestida, adelanta el paso con el capote plegado, aguanta el empuje, le da salida recortándolo. El toro rebota, pero se revuelve rápido. Una y otra vez se repite el lance. El toro no cede. El torero tampoco. Los maletillas están angustiados. "¡Lo coge!" "¡Lo esbarata!". No lo coge. No lo "esbarata". El toro, destroncado por la mano ágil, el cuerpo flexible y el corazón animoso, renuncia a la porfía y jadeante se para. Antonio Reverte, despectivo, le vuelve la espalda y dirigiéndose a sus compañeros, les pregunta: "¿Se me ha mudao la color?"» (pág. 20). ¡Un generoso benefactor de su pueblo! Reverte, simultáneamente, y a lo largo de su carrera de matador, ejerció un destacado papel de héroe benefactor de su villa natal lo que la ciudad recuerda y conmemora erigiéndole un monµmento en la plaza donde él y su familia vivían. Valor, imaginación y generosidad elevaron a Reverte hasta el olimpo de los héroes. Sánchez de Neira, el principal aristarco de la crítica de la época, a pesar de sus resistencias, también cayó fascinado por el sortilegio de un torero que parecía inventar ante las solicitaciones de la muerte: «Reverte
Recensiones de libros PaANOISCO SERRANO ANGUJTA Y MANUEL DE GONGORA LA NOVIA DE REVERTE · ROM ANCE ANDAJ . UZ. EN T .. ns ACTOS ORIGINAL S• "'""6 ,., •I úatro f'cmlal " · tú ft.fadrld, la "°"M dtl IÓ d1 '"ar.ro d• I9 J J. OlllOJv~ 08 GUTIERREZ NAVAS \d , ..... :11 rt Dlt HAYO DB 1933 ¡p N01f. agS llADalD Fig. n.º 42 .- La novia de Reverte. Portada del libro que recoge la obra que se presentó en Madrid en marzo de 1933 (Apud.: Álvarez Velázquez, 1995: 54). 201
202 Pedro Romero de Salís consigue tan brevemente predisponer al público en su favor, que es cuestión de que el toro y él se encuentren en un punto dado. Su exagerado valor, del cual se complace en hacer alar- 'de, derrochándolo verdaderamente, le conquista desde luego, las simpatías del espectador; sus cambios capote al brazo, su frescura y atrevimiento en los trances difíciles, sus pares de banderillas, quebrando tan en corto que parece que no tiene - salida sin enganche .ll.liil• '" ,..... o revolcón y hasta el modo de entrar a , herir son causa de que arrebate hasta el frenesí a los concurrentes, que en aquel momento no pueden pararse a discernir, por la sugestión que en ellos ejerce el Fig. n.º 43.- Estado actual de la ca pilla donde se aprec ia, en el suelo, la lápida (Apud .: Álvarez Velázquez, 1995: 195). poder de la valentía, si el Arte o la Providencia han ayudado a salvar el peligro» (pág. 60).
Recensiones de libros 203 Como nos ilustra el autor, Reverte tomó la alternativa de manos de Guerrita, el torero más importante de finales del siglo XIX lidiando un toro del Marqués del Saltillo de Carmona y, pronto fue, por la crítica taurina, clasificado entre las primeras figuras de la constelación de la época. Sú carre:- ra fue tan vertiginosa que sólo un año después de recibir el doctorado ya había ascendido a la cumbre y estaba toreando con Guerrita. Comparte cartel, en la última década, con las grandes figuras que constituían el olimpo de matadores: Mazzantini, Antonio Fuentes, Bombita, Lagartijo, Algabeño, El Espartero, etc. En su carrera, corta sólo de doce años, compartió cartel, en repetidas ocasiones, con Guerrita y Mazzantini, es decir, era esencial para componer el cartel más brillante que, en aquella época, podía imaginarse. Después de haber seguido año tras año a través de una documentación exhaustiva la vertiginosa gesta de Reverte, el autor, nos propone el siguiente y bien fundado juicio: «Con la finura de un Fuentes, el valor temerario del Espartero, la espada certera - de extraordinaria importancia en la época-de Mazzantini y el magisterio y poderío de quien ha sido -con toda seguridadun auténtico monstruo de todos los tiempos, se encuadra Antonio Reverte, quien no se podrá comparar con ninguno de ellos, de la misma forma que cada uno tiene una personalidad y una concepción del toreo absolutamente genuina. No son ni más ni menos, que el repoquer de ases de una baraja en la que participa el toro cinqueño, poderoso y sin la pérdida de un ápice de su fiereza, la crítica severa y un público apasionado, que aún no conoce otras formas masivas de distracción que no sean las que le proporciona la Fiesta española por excelencia» (pág. 35). Desapareció jpven, demasiado joven. Primero murió el torero y, pocos años después, dejó de existir el hombre. Un