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El carácter femenino de la arquitectura: poesía y seducción

Trachana, Angelique

Abstract

El carácter femenino y el masculino como categorías ideales-platónicas se identifican con la imaginación creativa y la razón ordenadora, componentes ambos necesarios del proyecto arquitectónico. Al hablar de un posible carácter femenino o feminización de la arquitectura podemos referirnos a dos aspectos femeninos: la imaginación poética y reveladora que lleva al habitar poético y la fantasía de la seducción, ocultadora de la verdad y estrategia de las apariencias que adopta la producción arquitectónica y espacial, en general, hoy.

Full text

EL CARACTER FEMENINO DE LA ARQUITECTURA Poesía y seducción Fan asía y azón Angelique T achana El ca ác e emenino y el masculino como ca ego ías ideales-pla óni- cas se iden i ican con la imaginación c ea i a y la azón o denado a, componen es ambos necesa ios del p oyec o a qui ec ónico. Al habla de un posible ca ác e emenino o eminización de la a qui ec u a podemos e e i nos a dos aspec os em en inos: la imaginación poé ica y e elado a que lle a al habi a poé ico y la an asía de la seducción, ocul ado a de la e dad y es a egia de las apa iencias que adop a la p oducción a qui ec ónica y espacial, en gene al, ho y. Con F eud y el psicoanálisis la concepción de la condición emenina en ó en los deba es in e- lec uales y a ís icos en e sus con empo áneos ieneses. Fin de siglo en Viena. En su a mós e- a la ía un deseo de cambio; de despego de las an iguas es uc u as. A es e cambio social se an i- cipa ía y lo p epa a ía un g an deba e en el campo in elec ual y a ís ico. Un g upo de jó enes a is as denominándose secesionis as se sepa a ían de la Academia pa a impone una inno ación es é ica adical. Su mo imien o se ía con es ado como pu amen e es e icis a po una oposición de in elec uales y a is as que si uaban las cues iones undamen ales en la au en icidad é ica de la ob a de a e, la elación de la ob a de a e con la ida, la capacidad del lenguaje pa a exp e- sa lo que iene alo en la ida. Se p esen aba con u gencia la necesidad de esol e en e cues- iones como obje i idad y subje i idad, acionalismo y es é ica, posi i ismo lógico y é ica, los caminos de la conduc a c ea i a y los lími es del lenguaje de oda exp esión. Los caminos que había abie o el psicoanálisis acen ua ían la in es igación, que p e iamen e había ocupado la iloso ía en la es uc u a p o unda del se , en sus esencias co n s i u i as, donde lo emenino y lo masculino como concep os ope an en oda in e p e ación. En una dise ación sob e la conduc a humana, el enigmá ico y ambién judío O o Weininge en su ob a Sexo y ca ác e , que escandalizó a la Viena de 1903, emi ía los o ígenes in elec uales de su ca ac e iología a Pla ón; en el discu so de A is ó anes en El Banque e: los concep os, mascu- -XCI- 91 ASTRAGALO, 05 (1996) A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA A icle, ISSN 1134-3672 h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1996.i05.08 A qui ec a y c í ico de a qui ec u a 92 lino y emenino ep esen an, p imo dialmen e, ipos ideales psicológicos o a ian es de ideas pla- ónicas que no exis en ni pueden exis i en una o ma pu a; encama se es humanos eales. Pe o depa an una base pa a explica el compo amien o humano, aun cuando se a e de una base p e- ca ia po cuan o sólo se p esen an como explicación después del e en o. La «idea masculina» es la de una acionalidad y c ea i idad pe ec as. La «idea emenina» es la an í esis de la masculi- na, es deci , un ap emio simplemen e desen enado con is as a la g a i icación sexual, un ap e- mio que es en p incipio insa is ac ible. La esencia de la condición emenina es á exp esada en los an iguos mi os de la magna ma e - ecundidad uni e sal incoada, la uen e de oda la i acionali- dad y caos del mundo. Así la idea sexual es el pensamien o au o e lexi o que cons i uye su psi- que. Todos Jos homb es y las muje es que ealmen e exis en son and óginos, como A is ó anes había a gumen ado en El Banque e de Pla ón. En ellos Jos dos ipos ideales se encuen an mez- clados y conjugados en a ias p opo ciones, de modo que cada indi iduo posee co elaciones psi- cológicas con Jos es igios ana ómicos del sexo opues o. La elación humana ideal ocu e, pues, cuando omados conjun amen e los cons i uyen es suman los dos ipos ideales. Todos los log os posi i os de la his o ia humana, a guye Weininge , son debidos al p incipio masculino. El «e e no emenino», lejos de lle amos hacia adelan e o hacia a iba, es esponsa- ble de odos los sucesos y endencias des uc i os y nihilis as acaecidos en la his o ia. La aza a ia es la encamación del p incipio del se masculino-c ea i o, en an o que el emenino-caó i- co, p incipio de no se , es á encamado en la aza judía y, sob e odo, en la cul u a judía. Teniendo en cuen a los p opios p incipios de Weininge , su suicidio, ac o inal de su desespe- anza, ue la e i icación ine i able de su p opia eo ía. Segun su bióg a o Ca l Dallago, Weininge ue demasiado in elec ual, demasiado acionalis a, disponía de muchas ca ego ías co ec as, pe o no a inó a en ende que la «nada» esencial a las muje es es un solo aspec o del abismo kie kegaa diano al que se ha de sal a a in de halla la e dad; es deci , «la nada» que es la muje , es p ecisamen e el «o igen» donde Ca l K aus si uó la uen e de odos lo s alo es. K aus acep aba ambién la p emisa de que «masculino» y « emenino» son ca ego ías ca ac e io- lógicas dis in as. Sos enía además, con Weininge , que la acionalidad es la p opiedad dis in i a ca ac e ís ica y exclusi a de Jo masculino, y la «emoción» de lo emenino. Pe o ahí e mina la compa ación. K aus e a de la misma especie acionalis a que Weininge pe o no exal ó el elemen o acional, sino más bién conside ó que enía una unción ins umen al con la que se ponía o den en nues as ac i idades. La posible amilia ización de K aus con las eo ías biológico-ins umen alis- as del conocimien o que se hicie on luga común con la popula ización de Jos descub imien os de Da win o con la simul ánea de o mación que su ie on a manos de pe sonas como Ems Haeckel o quizá su a iliación a la iloso ía de Schopenhaue le hacían concebi de o a o ma la na u aleza esencial de la masculinidad y de la eminidad: la esencia emocional emenina no es desen enada - XCII - o nihilis a, sino más bien ie na an asía, que iene a se el o igen inconscien e de odo lo que iene algún alo en la expe iencia humana. En ella descansa la uen e de oda inspi ación y c ea i idad. La azón en cuan o al es me amen e una écnica, un medio po el que los homb es ob ienen lo que desean. En cuan o al no es buena ni mala, sino e ec i a o ine ec i a. A la azón se le iene que suminis a los obje i os ap opiados desde ue a de ella; se le debe da una di ección de ipo es é- ico o mo al. La an asía emenina ecunda a la azón masculina y le señala la di ección. La uen- e de la e dad mo al o es é ica es, pues, la unidad en e sen imien o y azón; es os dos son las dos ca as de la misma moneda. Con odo, la an asía sigue siendo el elemen o guía, ya que sin sen i- mien os ap opiados, sin un sen ido del alo de las cosas, la azón se con ie e en un ins umen o que hace al malo solamen e más e icaz en sus malas acciones. El pun o de is a de K aus es, pues, que lo emenino es la uen e de odo lo que es ci ilizado en la sociedad. Así el mo imien o eminis a se había con e ido en amenaza p o inien e de la o a ca a. La imagen de la muje que p esen aba el emenino como igual al homb e e a, a su mane a, an de o man e como la imagen de Weininge ; con ella se in en aba e adica los p o- pios manan iales de la ci ilización. Es o es lo que hizo de K aus un enemigo implacable de los de echos de las muje es. El obje i o de la ida humana e a que cada cual hallase su camino hacia es e o igen: Dos co edo es eco en los es igios del iempo indi e en e el uno, el o o a g andes ancos con e o . El que iene de sin donde log a su é mino; el o o -el o igen, su comienzo- mue e en el camino. Y el que iene de sin donde, el que enció, cede el luga al que siemp e anda a g andes ancos con e o y pe pe uamen e. Ha alcanzado su é mino: el o igen. La an asía, el «e e no emenino» que, como Goe he Jo exp esa a en Faus o, «nos i a hacia ade- lan e», su e a aques po odos los lados en el mundo mode no, la amenazan ue zas an di e - sas. Pa a K aus, el encuen o del homb e con la muje ue el «o igen» en el que la azón quedó ecundada po los manan iales de la an asía. El p oduc o de es e encuen o ue c ea i idad a ís ica e in eg idad mo al, que se exp esan en odas las acciones de la pe sona. C isis del lenguaje En la unión en e lo emenino y lo masculino se consuma la unión de lo pe sonal con lo colec- i o. Es a in e acción ha p es ado al mundo un modelo ans o mado : el impulso idealis a que p oyec a una isión subje i a sob e el mundo en ando en ensión con un p og ama mecanicis- a que incide con una o ien ación cosmológica. El subje i ismo imp imi á la olun ad indi i- dual; olun ad como cons elación de e e encias e imágenes que e lejan las p o undas enden- -XCIII- 93 ASTRAGALO,05(1996)ISSN 1134-3672 94 cías que a a és de la sociedad y el lenguaje se han es a i icado en la in imidad como in e io- ización de un nue o o den. El mundo in e io encama la ebeldía; sumido en el cen o mismo de la indi idualidad po na u aleza egocén ica, no sólo es suje o de al e aciones e ines abilida- des in e io es sino puede p o oca de umbamien os his ó icos y al e aciones sociales des igu- ando imágenes mí icas que el pode y las p esiones es ablecen como eo ías dominan es. La unión del yo con el mundo se e i ica como c eación de lenguaje. El lenguaje que hace de los edi icios lib os de pied a, de las ciudades cen os dellógos, se con ie e en el comp omiso ác ico que cambia el mundo. El mundo se ans o ma po la olun ad indi idual que comba e la ine cia de lo es ablecido. Lo es ablecido que se co po iza en ama acionalizada de los sabe- es es á con inuamen e a acado y ans o mado po las incu siones de lo nue o. ¿Pe o qué es en la ealidad lo que hace asimilable lo subje i o po lo obje i o?, o lo que o mu- laba en su p egun a Ho manns hal: ¿qué hay en la ealidad que haga posible que obje i idad y subje i idad coincidan en la imagen senso ial? Y con es a p egun a se emp endía el camino de econside a si el lenguaje es capaz de exp esa algo de la esencia y los signi icados de la ida. Ho manns hal ecu ía al an iguo mi o de la p eexis encia: cuando odas las almas, odas las men- es e an uno y uno con la ma e ia del uni e so, po lo que conoce iene a se idén ico a eco - da . Nada en onces es nue o y como es ma e ia del uni e so pe enece a odos. La e dade a unción de la lí ica es « oca cue das y a anca a monías que han es ado en noso os do midas sin que las conociésemos, de modo que escud iñemos las p o undidades de los mis e ios p odi- giosos como si nos anquea a una nue a signi icación de la ida ». Pa a Ho manns halla poesía e a la c eación de unidad en e el yo y el mundo. El pun o en que se in e accionaban es aba en sus imp esiones. La poesía exp esaba di ec amen e las sensaciones de la mane a más comple a y p ecisa. Po que es a a és de las sensaciones como ob enemos conocimien os, ase e aba el ilóso o Ems Mach. Exp esaba, po an o, la poesía más de la « ealidad» que la ciencia que con- sis ía en un mé odo aquig á ico de pone elaciones y co elaciones en los da os de los sen i- dos. La exp esión poé ica descub e aquello en lo que es á o jado el se como hecho his ó ico poniendo en e idencia la « e dad de la exis encia» como una «p oyección poé ica». Sin emba go el es e icismo que dominaba en la Viena de 1900 sob e odos los lenguajes de la exp esión -empezando po la p ensa sensacionalis a, la pin u a o namen al, la música del oman icismo, la a qui ec u a de la Secesión-, el pe eccionismo o mal y sus jus i icaciones mo ales ex e nas no e an su icien es pa a exp esa lo que e dade amen e iene alo en la ida. En aba en cues ión la capacidad y la au en icidad del lenguaje en la exp esión de los signi ica- dos. El es e icismo cons i uía el p oblema au én ico de la comunicación y p o ocaba una dis- o sión del mundo; un mundo que ca ecía de dimensión mo al. Según el a o ismo de Adol Loos, la e olución cul u al del mundo equi ald ía a la eliminación del o namen o. Loos se e e- ía al es e icismo de su época como epidemia o namen al que a ibuía a un es ado de co upción -XCIV- mo al y de op esión ideológica del sis ema polí ico. Exho a ía a sus coe áneos a a és de sus edi icios y a a és de sus mani ies os a ol e a la sencillez que es la e dad, que es mo al, y es la que conoce el a esano. La imposición de la a is icidad en oda c eación humana no hacía más que unca la e dade a c ea i idad en las p oducciones ú iles y despo encia a la ida. La elabo ación de o namen os suponía un eno me desp e dicio de ue za de abajo, de salud huma- na, de iempo y dine o; un a en ado hacia el se humano y su libe ad y po an o un deli o. Con la sencillez se ecupe a ía la e dad que es e oluciona ia y se elimina ía la hipoc esía que es e ógada. El homb e mode no enía, según Loos, una indi idualidad an igo osa que necesi a- ba de una es idu a impe sonal como másca a. La másca a e a pa a Loos un ecu so ambién en la a qui ec u a cuando el espacio p i ado indi idualizado asumía la dimensión social-colec i a; en onces admi ía la másca a y el e es imien o. Loos a aba de dis ingui has a dónde había de llega la exp esión de la indi idualidad, sob epasada po el ego ismo es e a en la p esen ación de un mundo hipe es é ico, y dónde empezaba el mundo obje i o de los alo es. Asociaba la obje i idad a la sociabilidad que enía que e e encia se a un sis ema de signos con encionales y po an o a una abs acción. En oposición la subje i idad co espondía al g ado de in e io iza- ción y de p i acidad de la a qui ec u a. Lo p i ado como sín esis de signi icados y usos cul u- ales esis e al cambio. De inía así la di e encia en la exp esión de lo p i ado y lo social, ca ac- e izada po la empo alidad, índice de la mayo o meno elocidad de su modi icación cul u al, en el paula ino cambio de los modelos o igen e incluso en la enuncia a oda posibilidad indi i- dual de in e ención. La casa es conse ado a. El a e es e oluciona io; edi ica la men e y lle a 95 de lo co idiano a la es e a de los alo es. La casa ha de se i a la comodidad. La ob a de a e quie e a anca a los homb es de la comodidad. Po an o la casa no i ene nada que e con el a e y la a qui ec u a no debe ía con a se en e las a es excep uando los monumen os une a ios y los conmemo a i os. Así Loos a aba de ma ca los con ines de los alo es obje i os y los alo es subje i os, di e- encia el a e de la i da y cons a a los in e conec ados p oblemas de la comunicación y la au en icidad del lenguaje en la búsqueda de la signi icación en a qui ec u a. Pa alelamen e en la música, Schonbe g susci aba si al lenguaje le e a esencial exp esa ideas y sen imien os, es deci , simboliza algo di e en e a lo musi ca l como enía haciendo a lo la go de la his o ia; su música se p oclamaba au osu icien e, un me o ayun amien o de sonidos y un lenguaje en sí mismo. Jun o con Loos y Schonbe g compa ían la c í ica del lenguaje, como una c í ica cul- u al, Kokoschka, Al enbe g, Wi gens ein y K aus. La pin u a de Kokoschka eje cía una c í i- ca social a a és de s us igu as ex aídas de una esencialidad en e a la a i icialidad y es e i- cismo de Klim en la misma línea que Loos denunciaba el «o namen o» como «deli o» con incu siones explíci as a los a qui ec os de la Secesión. Una nue a lógica y una nue a é ica p o- pugnaba la au en icidad de la idea y la in eg idad del au o en exp esa los e dade os alo es; una sensibilidad que ascendía a los p oblemas cen ales de la comunicación y la au en icidad - XCV - ASTRAGALO,05(1996)ISSN 1134-3672 96 mo al de oda c eación. El c eado no ha de busca la belleza sino la e dad donde la belleza es a á implíci a. El p oblema de de ini la inalidad esencial y los lími es de la ep esen ación e a el mismo, el del lenguaje, y e a en la ealidad el p oblema de de ini la inalidad y los lími es de la azón. Wi gens ein esol e ía ilosó icamen e dicho p oblema. Con el T ac a us es ablece ía una eo- ía del lenguaje o mal que mos aba cómo la lógica y la ciencia desempeñan un papel den o del lenguaje desc ip i o o dina io, median e el cual p oducimos una ep esen ación del mundo análoga a los modelos ma emá icos de los enómenos ísicos. Pe o las cues iones ela i as a la «é ica, los alo es y la signi icación de la ida» po halla se ue a de los lími es del lenguaje desc ip i o aludido son obje os de una sue e de isión mís ica, que sólo puede se ansmi ida a a és de una comunicación «indi ec a y poé ica ». De inía así la na u aleza y los lími es del lenguaje y al mismo iempo azaba una sepa ación en e los hechos y los alo es, la es e a de la ciencia y la mo alidad. De ese modo a aba de p o ege la es e a de la conduc a en la ida de la es e a de la especulación, la es e a de la an asía de las incu siones de la azón e impedi que los sen imien os espon áneos uesen soca ados po la acionalización. Lo é ico se si úa ue a del discu so acional; se ubica en la es e a de lo poé ico. La signi icación del mundo se encuen a ue a de lo ac ual. Lo que el mundo iene en común con su ep esen a- ción es el pode poé ico que iene el lenguaje de ansmi i la signi icación de la ida. El T ac a us es ablecía la subje i idad de la é ica y es i uía la obje i idad de la ciencia. Compa ía así la ue - za del acionalismo que mu ila y encadena el espí i u humano. El acaso del acionalismo adi- caba en un equí oco en dis ingui la es e a de la an asía de la es e a de la espec ul ación. La es e a de la poesía T asladado el mismo p oblema del lenguaje a la a qui ec u a de hoy nos en en amos po un lado con el uncionalismo u ili a is a que p ocede con un educcionismo de la exp esión supedi ada a ep oduci el discu so explíci o del pode económico y polí ico y po o o con el o malismo es é ico- ecnológico en sus di e sas acepciones que seduce el pode . Conside amos hoy el len- guaje indis in amen e como un código basado en con enciones es ablecidas o un sis ema de sig- nos a bi a ios al que p e endemos da una base obje i a o in elec ual, eclipsándose comple a- men e es e ca ác e o igina io y e elado del lenguaje que Louis Kahn, po ejemplo, susci aba medio siglo después de Loos. Cuando Luis Kahn se p egun aba «¿qué quie e se un ed i ic io ?», en e a los plan eamien os uncionalis as suge ía que los edi icios ienen una «esencia» que de e mina el hecho cons uido. Exis e un o den que p ecede el diseño al c ual hacía alusión co mo «deseo de exis encia». El diseño de la o ma es la ansc ipción al se del «o den in e no». Kahn p e endía exp esa que la a qui ec u a es la enca nación de lo incumensu able; de las ins i ucio- nes que pe enecen a lo común: los deseos y las aspi aciones de los homb es. La ida no es a bi- - XCVI- a ia sino que iene unas es uc u as, lo que Heidegge llamaba « o mas básicas» de «se -en-el mundo». La exp esión que descub e la es uc u a del mundo co esponde según Heidegge al deseo de se como un deseo de exp esa . Lo que el a qui ec o hace esponde a una ins i ución an es de con e i se en edi icio. El edi iccio «lo que quie e se lo ha sido siemp e». Coincidía así con Loos y Ho manns hal en la p eexis encia de los alo es que o man el mundo obje i o. Kahn se inculaba al pensamien o de Heidegge con espec o a la a iculación an opológica y on ológica de la exp esión que hallaba su esencialidad en el habi a . El lenguaje en cuan o «casa del se » posee la capacidad de aduci ealidades i idas en o mas cons uidas. Es a aduc- ción ocu e como un p oceso de eunión. Todo aquello que pe enece a la esencia coligan e cons i uye un luga . La cons ucción de un puen e, po ejemplo, cons i uye un luga po que ela- ciona la ie a, la ie a y el homb e. El cons ui pensado desde la esencia de habi a habla de un modo o igina io. Cons ui signi icaba o igina iamen e, en el an iguo alemán, habi a . La an igua palab a bauen signi ica que el homb e es a la medida que habi a. Cuando el lenguaje e i a el signi icado p opio de la palab a cons ui , el de habi a , pa ece que no es injus i icado. No se a a de un simple p oceso que iene luga den o del cambio semán ico de las palab as. Cuando el habi a se e i e de ás de las múl iples mane as en que no se piensa nunca como asgo undamen al del se , cuando el habi a no es expe iencia como el se del homb e, el cons ui se ei indica po una se ie de ac i idades y su sen ido p opio, el de habi a , cae en el ol ido. Los mé i os de ese múl iple cons ui no llenan nunca la esencia de habi a sino po lo con a io es- 97 ingen el habi a en el cons ui . Y así nues o en endimiendo del mundo se educe. Reducimos la ealidad y en endemos el homb e en é minos de sus necesidades cuan i icables y ecu sos calculables. Nues a comp ensión se educe a acionalización y nues o es ado anímico en sen- imen alismo. Una up u a en e pensamien o y sen imien o nos bloquea el acceso al mundo. El lenguaje enmudece y el con ac o con el mundo se con ie e en soledad. De ese modo el hom- b e se aliena con su p opia na u aleza y se ans o ma en me o ma e ial humano. Recupe a el habi a es ecupe a la capacidad de poíesis que es si ua el homb e en la ie a, lle a lo a ella, lle a lo al habi a , lo que exp esa ía An onio Femández-Aiba como esencia de la a qui ec u a. «P oyec a la a qui ec u a lle a implíci a la capacidad de imagina , imagina o mas en el espa- cio que sob epasan la ealidad pa a después cons ui las sob e la p opia ealidad. Es a acul ad imagina i a pe mi e p e- igu a nue as o mas de ida, an icipa episodios pa a la biog a ía del homb e o ecu i a a és del espacio a con igu a el cúmulo de ensoñaciones donde se puede e i ica la acción de la que es solida ia la exis encia, pa a encon a al inal la ma e ia siemp e a a eada en supe a los lími es de la geome ía. P oyec a es media en e las amas exis en es y los nue os deseos humanos. Ideaciones g á icas que se con ie en en cons ucciones que eco- en los di e en es episodios del espacio en el iempo, in en ando asumi la his o ia. Siemp e ue he moso pa a el abajo del homb e mos a cómo es posible hace su gi las cosas de la imagi- nación y a ibui le el inaudi o pode de la ans o mación. La cons ucción del espacio no se -XCVII- ASTRAGALO,05(1996)ISSN 1134-3672 98 educe exclusi amen e a desci a la o ma sino a ascende y supe a la ma e ia de su ab ica- ción. La a qui ec u a se p oyec a, así, a p opo ciona luga es pa a la exis encia de los homb es». Poe iza -pensa , anscu i po lo pensado de un modo dis in o consis e en un e ela una ima- gen, en un deja isualiza la esencia de lo in isible. Las imágenes poé icas son imaginaciones en un sen ido especial: no me as an asías e ilusiones sino imaginaciones, inc us aciones en las que se puede a is a lo ex año en el aspec o amilia . Po es o poe iza no es ningún cons ui en el sen ido de le an a edi icios, deco ados y equipados; es un cons ui inaugu al. En la he - mosa de inición de Femández-Aiba emos cómo se hace asequible el «cons ui , habi a , pen- sa » del me a ísico Heidegge desplegando y ce ando el cí culo comple o de odos los elemen- os: imagina , pensa , p oyec a , ie a, ma e ia, écnica, ci ilización, his o ia, cul u a, espacio, luga , lo ascenden al y mí ico, la exis encia. La esencia del habi a es poé ica. «Poé icamen e habi a el homb e», nos dice Heidegge a a és del e so de Hi:ildedin. La esencia de la poesía que es la imaginación como e elación de algo in e pela a la medida del co azón, del sen i o p esen i . Poe iza iene a se medi -pensa no con la geome ía; es halla el me o, su p opio me o; es medi se con el más allá donde eside lo des- conocido y lo mis e ios o. Reis au a de es e modo la a qui ec u a signi ica ía ascende de las cuan i icaciones supe iciales y de la a bi a ia codi icación de la semiología y hace que los luga es cob en ida. La esencialidad del habi a en e la subje i idad del se y la obji i idad de es a en el mundo es el habi a o igina io. La es e a de la especulación La dis o sión p oducida po el desplazamien o del pun o de is a c ea i o en la elación suje o- obje o hacia la compleja na u aleza o mal de obje os jus i ica la mul iplicidad de endencias a qui ec ónicas hoy, incluso en su i educible oposición. La libe ación del lenguaje a qui ec óni- co, la pé dida o al de cualquie p incipio e e encial ha lle ado a la inde e minación de sus obje- i os de igual modo, se puede deci , que la libe ación del sexo ha lle ado a su inde e minación. Pa ece que el deseo cuan o ope a sin es icción queda sin ealidad; al queda se sin imagina io es á en odos los lados pe o en una simulación gene alizada. Cuando lo emenino se unde en lo masculino enemos g ado ce o de es uc u a, neu alización po encial, nos dice Baud illa d coin- cidiendo con K aus en cuan o p e eía la amenaza del eminismo, que p esen aba la imagen de la muje igual a la del homb e. Eso de ine una si uación de simulación que con ie e a lo emeni- no ambigüedad. Un paso más allá de la simulación es á la seducción. Es a ue za de lo emenino sob e lo masculino que hace escapa odos los pode es de su dominio. Lo emenino aho a como apa iencia, como supe icie, se opone a lo masculino como ealidad y como p o undidad y lo hace acasa : con a el pode del se y la ealidad el dominio y la es a egia de las apa iencias. La seducción es la al e na i a a la ep esión emenina con enida en el ela o de la mise ia sexual -XCVIII- y polí ica de las muje es con exclusión de cualquie o o modo de pode y sobe anía. La me á- o a de la seducción de la a qui ec u a p esen ada como imagen se lle a a cabo hoy como libe- ación de odos sus ínculos: ideológico, sociológico y an opológico. Po la misma con ención que p e ende que la sexualidad y el pode sean undamen almen e del ca ác e masculino, la seducción pe enece a lo emenino. Como e e so mismo del sexo, del sen ido y del pode , la seducción ep esen a el uni e so de lo ambiguo, la simulación y las apa iencias; una exal a- ción de los signos en su uso malé ico. F en e a las i udes co pó eas: salud, o aleza, belleza, e dad, a ibuidas a lo masculino, la seducción es una ca ego ía que no necesi a undamen ación; es á inmedia amen e ahí sin que nada le pe enezca excep o las apa iencias. Hace gi a las apa iencias sob e ellas mismas y al cue po ac ua como au o ep esen ación. Su pod e es á en el juego; su sec e o en la in e sión de oda p e endida p o undidad de la ealidad, de oda psicología, de oda ana omía, de oda e - dad, de odo pode . Todos los signos son e e sibles. La seducción ep esen a el dominio del uni e so simbólico, mien as que el pod e ep esen a el dominio del uni e so eal. El acaso de lo eal, el acaso de la ma e ia, el iun o de lo iluso io y los inma e iales ep esen an Jo s ca ac- e es undamen ales de nues a cul u a con empo ánea mediá ica. La a qui ec u a no escapa de la in luencia mediá ica. Siendo el componen e p incipal de la cul u a ma e ial es á some ida en el máximo g ado de media ización. La ob ención y pe cepción de la imagen a qui ec ónica ex aí- da comple amen e de los p ocesos globales de comunicación y comunicabilidad se desplaza en un nue o p oceso an opológico. De nue o apa ece como una p oblemá ica del lenguaje, una p o.blemá ica elación en e eo ía, p axis y ealidad del p opio habi a . La condición a qui ec- ónica, pa e in eg an e de la condición u bana y medioambien al global, anscu e po un p o- ceso dominan e de es e ización. Es amos an e un enómeno de es e ización global y di usa que se ex iende como maquillaje de la az de la ie a. Los con enidos, las cualidades, los luga es, se suplan an po la supe icialidad, la a ac i idad y los a e ac os; la expe iencia de lo eal po la manipulación pe cep i a. La ins i ución de espacios se con unde con la ins alación de ambien es que p opo cionan expe iencias pe cep i as. Po lo gene al, expe iencias que no son di ec as sino un adi amen o in oducido pos e io men e po la in e p e ación. El concep o de ambien e que asciende del espacio lúdico se con igu a como medio isual que a ec a con dis in a in ensidad a la ac i idad senso ial. Los ins alado es ambien ales p e enden la es imulación pe cep i a a a és de las di e sas écnicas que ienen a se apoyadas en la idea de lo a ís ico como «e ec o o namen al ». Si la concepción o iginal de los ambien es lúdicos p e- endía una ape u a en la pa icipación in e ac i a del espec ado , en ealidad la elación se con- i ió en un condicionamien o que el ambien e eje ce sob e el público con un mecanismo de ap endizaje de cie os códigos u ilizados pa a su manipulación económica. Esos p incipios alcanzan hoy el econocimien o o icial y ienen a o ma pa e de los in e eses de Jos sis emas polí ico y económico; se en asumidos sob e odo po el espacio público iden i icado hoy con - XCIX - 99 ASTRAGALO,05(1996)ISSN 1134-3672