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La punibilidad de las ideas : ¿puede haber delito en la emisión de ciertas ideas?

Minteguiaga, Venancio María de

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LA ^ NIBILIDAD D^ LAS ID ¿PUEDE EIABER DEGITO EN LA EMISIÓN DE CIERTAS IDEAS? POR EL P. VENANCIO MARÍA DE MINTEGUTAGA _, DE LA COMPAÑÍA DE JES i S Abogado. MADRID IMP. DE SAN FRANCISCO DE SALES Pasaje de la Alhamb a, 1. 1899 NOS EL DOCTOR DON ITOSÉ MARÎA DE .COS, POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA ARZOBISPO-OBISPO DE MADRID—ALCALÁ, CABALLERO GRAN CRUZ DE LA REAL ORDEN DE ISABEL LA CATÓLICA Y DEL MÉRITO MILITAR, SENADOR DEL REINO, CONSEJERO DE INS - TRUCCIÓN PÚBLICA, ETC., ETC. HACEMOS SABER: Que enimos en conce- de y concedemos nues a licencia pa a que pueda imp imi se y publica se el lib o i u- lado LA PUNIBILIDAD DE LAS IDEAS, po el P. Venancio Ma ía Min eguiaga, de la Com- pañía de Jesús, que desea publica la Casa Edi o ial de San F ancisco de Sales, de es a co e, median e que de nues a o den ha sida leido y examinado y según la censu a nada con iene con a io al dogma ca ólico y sana mo al. En es imonio de lo cual, expedimos el p esen e, ub icado de nues a mano, sella- do con el mayo de nues as a mas y e en- dado po nues o Sec e a io de Cáma a y Gobie no en Mad id d 22 de Ab il de 1899. c%xí e7llazía, di zabxsp-Qisp® cie Nackic -AIcald. l'o mandado de S. F. I. el A zobispo—Obispo ml Seño , D . Jculián de Diego y s4 lcolea. A cediano Sec e a io. PRÓLOGO Todos con ienen, de acue do con las es adís icas, en que las olas de la c iminalidad an c eciendo al paso que se di unden po el mundo los esplendo es de la ci- ilización mode na. Digno co onamien o de esos a an- ces de la delincuencia es el c imen ana quis a, que abu- sa pa a su ealización, de los adelan os de las ciencias expe imen ales. Pe o no odos ijan de la misma mane- a su a ención en la ana quía que eina en las in e- ligencias, de la cual son eme oso indicio la pasmosa anquilidad é inal e able se enidad, con que se eci- ben y se da ca a de na u aleza á oda clase de e o- es, que co en á a o de la mode na ole ancia. No es ex año, po que ho pasa pa a muchos como un axioma indiscu ible que en la emisión de las ideas no puede habe deli o, y que, po consiguien e, no pueden se , en caso alguno, obje o de la ep esión pe- nal. Solamen e cuando, a en ados an bá ba os y a o- ces, como los del ana quismo, siemb an la mue e y la des ucción, in undiendo en odos los ánimos la cons- e nación y el pa o , es cuando se acue dan los ales de la necesidad de pone co o á la p opaganda de las unes as ideas que ales hechos p oducen. Pe o ¡quién lo dije a! aun esa misma ala ma gene al ha dado oca- sión pa a pode conoce se has a qué pun o es á a ai- gado en la men e de muchos el p incipio de que en la mani es ación de la idea no cabe ma e ia de deli o. Po que cuando los Gobie nos, so p endidos y a e- o izados, han que ido oma medidas de ep esión, al llega á la p opaganda de las ideas ana quis as, se han is o a ajados, ó po sus p opias con icciones, ó po la más ö menos uni o me de las Cáma as legisla i- as, ep esen an es de la llamada opinión pública. Así ha sucedido que, ó no se ha omado ninguna medida con a las ideas, ó las que se han omado no han sido odo lo adicales y e icaces, que con enía que uesen. Es que la libe ad del pensamien o po medio de la palab a y de la p ensa, y, en consecuencia, la publici- dad y la discusión se epu an hoy como un elemen o y base indispensable del de echo nue o y de la ida social mode na; y esa discusión iene al ampli ud y uni e salidad, que no se excluye de ella ni lo más al o y augus o en lo di ino, ni lo más indispensable y un- damen al en la ida humana, indi idual ó colec i a. Con ales p incipios, ¿cómo es posible que haya deli o en ninguna idea? El o igen di ino de la Iglesia y sus p e oga i as, la di inidad de Jesuc is o y la necesidad de some e se á su doc ina, la na u aleza de Dios y aun su misma exis encia, la ealidad de los p emios y penas de la ida u u a; odo se puede pone en ela de juicio, y aun nega lo abie amen e. La na u aleza y las cualida- des del ma imonio, el di o cio y aun el amo lib e, el o igen di ino de la au o idad, ¿que más? aun la necesi- dad de odo pode , las leyes di inas y humanas, las bases inmu ables del de echo y de la mo al, y, po con- siguien e, los más sag ados undamen os del o den social, odo puede discu i se, odo puede pone se en duda y de ende se ó eba i se con a gumen os. A es o se llama libe ad, independencia, de echo indi idual, medio de ilus ación y de p og eso; mas siendo así, ¿en dónde pod á encon a se la esponsabilidaj c imi- nal del deli o? No se hacen ca go, los muchos que así discu en, que, lo mismo en el o den mo al y social que en el o den especula i o, hay p incipios indiscu ibles que deben mi a se co no sag ados é in iolables, á la ma- ne a del A ca de la Alianza colocada en el Sanc a Sanc o um, po que no se pueden oca ni deja de aca a los, sin que se conmue a odo el edi icio de la ida indi idual y social. Ciego se á el que hoy no lo ea, y muy obs inado quien, iéndolo, no e oceda en el camino, econociendo el e o , y p ocu ando, además, cega las uen es de donde el mal se de i a. El no e lo ha nacido en muchos de aquella obscu- idad que espa ce en las in eligencias la apos asía de Dios, y la ebeldía con a las enseñanzas de la e ela- ción. Po que es cosa mani ies a en la his o ia: la dis- minución de la e ae consigo la disminución de la e dad y el ex a ío de las in eligencias aun en los conocimien os na u ales, ilosó icos y mo ales. ¡ Jus o cas igo de la sobe bia humana! Po eso, habiéndose las sociedades apa ado de Dios, ebelándose con a Jesuc is o y su Iglesia, andan hoy los homb es en uel os en inieblas, caminando po de o e os desconocidos, pe dida la luz, aun de las e dades más indispensables, que son como el a o luminoso que guía la ac i idad de la ida social. w Pues una de las más impo an es enda des, cuyo obscu ecimien o ha enido á p oduci esa espan osa con usión, es la que en es e esc i o me p opongo de- mos a . Sí, puede habe e o es culpables; puede habe ideas c iminales; ideas, cuya publicidad no puede ole a se y cuya p opaganda debe en ega se á la acción de los T ibunales de Jus icia. És e a á se el obje o de es e opúsculo, que di i- di é en dos pa es, p ecedidas de una sección p eli- mina . En la p ime a pa e, a a é el asun o de una mane a gene al; en la segunda, de e mina é, como po ía de ejemplo, algunas de esas ideas, , cuya p o- paganda debe ene se po c iminal y punible. Colegio de Es udios Supe io es de Bilbao. Día 1.° del año 1899. Fies a de la Ci cuncisión del Seño . • SECC16N PRELIMINAR CAPÍTULO PRIMERO Noción del deli o. Es necesa io, an es de pasa adelan e, deshace un so isma.1Al a i ma que en la idea puede habe deli o, no me e ie o á la idea ence ada ocul a en lo in e io del espí i u, sino á la idea ex e io izada po la lengua ó po la -pluma, y, sob e odo, cuando la mani es ación oma el ca- ác e de p opaganda. Po que el deli o no puede menos de se un hecho ex e io , así como lo es el o den social, en cuya iolación consis e: Po eso cuando dicen algunos: "Las ideas no pueden se obje o de ep esión y cas igo. Po que ¿quién es capaz de suje a la in eligencia? ¿Quién puede echa g illos y cade- nas á las ideas? ¿Quién puede o za y ahe oja las con- icciones?„ Fácil se ía eca ga de colo es el cuad o; mas cuando así se declama, el so isma es mani ies o. Po que eso se puede deci sólo de la idea mien as es á la en e en el espí i u, mas yo hablo de la idea enca nada en el lenguaje; los que así se exp esan quie en aplica aquello que es p opio de la idea in isible é incoe cible á la idea isible ó pe cep ible po la palab a ó el esc i o. Ahí es á el so isma, la lógica le llama igno an ia elenclai; so- isma bu do y g ose o, y, sin emba go, ¡cuán as cabezas as o na con ese y o os semejan es embus es la mala e 3,1;;;::;,,K1 ?+i . , ^: •x.,.^, — 10 -- de cha la anes polí icos! Po eso mismo, ambién la libe - ad del pensamien o, debe ía llama se mejo libe ad de la palab a y de la p ensa. ARTÍCULO PRIMERO Elemen o obje i o del deli o. El deli o es un hecho an iju ídico y un deso den social.—El o den social se de i a del De echo na u al y del posi i o.—Hay deli os na u ales.—La noción del deli o según los Códigos mode nos. O os concep os del deli o. An es de en a en la demos ación de que puede habe deli o en la idea, se hace indispensable, pa a no expone - me á golpea en ago, da alguna noción de lo que se en- iende po deli o. No es, sin emba go, mi in en o, dada la índole de es e abajo, dila a me en in es igaciones didác- icas pa a es ablece los undamen os de una noción com- ple a y ilosó ica del deli o; puede se que es o lo haga en o a ocasión; b(s ame aho a da una noción sucin a de lo que en iendo po ese nomb e. Empecemos po el elemen o obje i o. En es e concep o el deli o es, en sen i de odos, un he- cho dañoso á la sociedad, po se la iolación de alguno de sus de echos, ya sea que lesione di ec amen e al cue po social, ya sea que lo haga indi ec amen e dañando . á algu- no de sus miemb os; es, po consiguien e, el deli o un he- cho que causa de imen o á la ida social en alguno de sus de echos. Es o es lo que se quie e exp esa ,' cuando se dice que el deli o es un hecho an iju ídico, ó ambién, un hecho an isocial. Lo p ime o signi ica que es un hecho iolado de un de echo es ic o y pe ec o, y lo segundo, que es un hecho po lo cual se queb an a el o den social, y que a a- ca, po consiguien e, de una ú o a mane a, á la misma sociedad. ¿Qué o den social queb an a el deli o? Cuando digo que el deli o es un hecho iolado del o den social, no me limi- -._- 11 — o al o den exis en e en al ó cual de e minada sociedad, española ó ex anje a; sino que me e ie o al o den que debe exis i , dada la na u aleza y los ines de la sociedad ci il. Veámoslo. No puede pone se en duda que Dios, que es el Au o p incipal de la sociedad, es ambién su Legislado sup e- mo, y que, en los al ísimos consejos de su Sabidu ía, le p e- p e ijó un o den ec o y a monioso, al cual debe ajus a se la ida y la ac i idad social. Cons i uyen ese o den ma a- illoso los dic ámenes del De echo na u al, ico pa imo- nio de e dades del géne o humano, que no son sino des e- llos de la Ley e e na y de la Sabidu ía inc eada. En las sociedades c is ianas en an ambién á o ma pa e de ese o den las enseñanzas di inas de Jesuc is o y de su Iglesia, que esmal an y dan p ecioso ealce al o den na u al, y de las cuales no pueden p escindi po lo mismo que son na- ciones c is ianas. ¿Qué más? El o den social no debe cons a únicamen e de esas leyes, y de los debe es y de echos de ellas emana- dos, sino que se debe comple a con los debe es y de echos de i ados de las leyes que dic e la p udencia polí ica del legislado ci il, en con o midad con las leyes di inas y eclesiás icas, y según las necesidades y ci cuns ancias de los pueblos. Con es o ya se deja e que hay en el o den social algo de esencial é inmu able, como lo es el De echo na u al, y ese elemen o inconmo ible, cual oca de g ani o, es la base indispensable de odo e dade o p og eso; y hay o o elemen o que a ía, según las icisi udes de los iempos y de los pueblos, y o ma la isonomía pa icula de cada na- ción. De donde se sigue ambién que hay unos deli os na- u ales, llamados así, po unda se en la na ù aleza, que es inmu able; y, po consiguien e, son an inmu ables como ella; ales son, po ejemplo, la ebelión con a la au o i- dad legí ima y el homicidio. Y hay o os deli os a iables, po consis i en hechos que pueden se ó deja de se c i- minales; al es, po ejemplo, el con abando, cuya c imi- nalidad depende de las icisi udes del lib e cambio. Los Al deci de sus pa ida ios, en el de echo an iguo se hallaba el pensamien o escla izado y ahe ojado; mas si alguna ez in en aba ompe las cadenas de su se idum- b e, se le cas igaba como eo y c iminal, emachándose así más y más los hie os de su escla i ud. ¡A cuán as ca- bezas ha enloquecido y á cuán os co azones, po o a pa - e, gene osos, ha elec izado y seducido ese g i o, siemp e halagüeño, de: "¡Vi a la libe ad del pensamien o!„ Po eso se dice hoy: "Deben cas iga se los hechos, no las ideas.,, Es á bien: mas en endidas esas palab as de un modo absolu o, son demasiado absu das, pa a que puedan esis- i aun al más lige o examen. Po que eso nos lle a ía á ene que admi i la impunidad de oda clase de suges io- nes y solici aciones pa a el mal, aun las más a dien es y seduc o as, aun las más di ec as é inmedia as, á lo menos, cuando no hubiesen p oducido esul ado; y eso es, en e ec- o, lo que algunos piensan, y c eo no son pocos. Y ¿po qué? Po que esas ins igaciones no son hechos en el sen ido que suele da se aquí á es a palab a, que es el de acción c iminal; y, no obs an e, las cas iga el a . 182 de nues o Código penal. Si así ue a, no debe ía ene se po deli o ninguna cla- se de p oposición, ni de conspi ación en sí misma; po que ampoco son hechos c iminales, no son más que mani es- aciones de pensamien os y de p opósi os; lo cual es am- bién con a el Código penal. Y po cie o que la ase así en endida abona ía la con- duc a de aquellos gobe nan es imp uden es y eme a ios que, no iciosos de que se conspi a en el eino, ienen, sin emba go, po sis ema el es a con los b azos c uzados, es- pe ando á que los e ol osos alcen bande a pa a ame a- lla los en las calles. Si p e aleciese esa eo ía de cas iga sólo los hechos y las palab as que en ellos hubiesen in luido, p oduciendo in- media as consecuencias, ampoco se ian deli o las amena- zas, no ealizadas, de causa un daño a las pe sonas ó en l as cosas, aunque uese la amenaza de qui a la ida al mismo -- 19 -- sobe ano. La azón es cla a: después de odo, aún no se hab ía pasado á los hechos, no hab ía habido más que e- elación de ideas y de planes. Es es a una eo ía demasiado ma e ial y desp o is a de ca ác e acional pa a que, bien mi ada, pueda ene mu- chos pa ida ios, pues o que, ijándose únicamen e en la ob a ex e io , no encuen a deli o en oda la llama de pen- samien os y a ec os ex e io izados, que pueden da , aunque no hayan dado en ealidad, incen i o y ida al hecho c imi- nal. Eso es es ablece una sepa ación comple a en e el homb e ex e io y el in e io ; en e la olun ad in eligen e, mani es ada po la palab a, y la acción , la mano, que eje- cu a ó puede ejecu a el hecho c iminal. Y, no obs an e su absu do, es á muy con o me con esa eo ía la absolu a impunidad, que con ecuencia se conce- de á oda clase de ideas y de p o ocaciones en la p ensa y en los discu sos. Sea como ue e , la mayo pa e , á lo que juzgo, de los ilóso os y polí icos, aun en e los pa ida ios del de echo nue o, admi en una mani es ación c iminal in e media é in- dependien e en e la idea y la acción, que es la inducción ó p o ocación. ¿Qué es lo que se en iende po inducción y p o ocación? Inducción es odo impulso mo al que se da a o o pa a la ejecución de un deli o; así inducción es el p ecep o, la p omesa, la dádi a, el consejo, la exho ación. La p o o- cación es ambién un impulso mo al, una exci ación de la olun ad ajena; pe o pa ece que lle a en sí, además, un como llamamien o, una di ección de la palab a encaminada á exci a el mo imien o de las pasiones. Sin emba go de es o, lo que nues o Código penal (a . 13) llama inducción, el Código ancés llama p o ocación, y aun nues o mismo Código oma a eces la p o ocación po la inducción (a - ículos 182, 582, 584, 4.°), y lo mismo se e en las leyes dadas po causa del ana quismo.` = • Po eso, me se i é am- bién indis in amen e de esas palab as. Digo, pues, que no puede habe ningún géne o de duda sob e la c iminalidad de la p o ocación, aunque no haya ^ .Jo' * a.+u{. . - ..-.._  _. ..  3Y: -- 20 — p oducido un e ec o palpable é inmedia o en una acción c iminal. Po que es innegable la in luencia que eje cen ö pueden eje ce , sob e odo, en olun ades mal p edispues as ó débi- les é imp esionables y en en endimien os poco ilus ados con las nociones del bien, las ins igaciones y solici aciones pa a el mal, especialmen e cuando se las e is e con apa- iencias de jus icia y ec i ud, ó se las p esen a con los hala- gos y a ac i os del bien sensible y ma e ial; pues ¿cómo es posible que haya de queda impune una causa an in luyen e en el hecho c iminal? Más : esa in luencia es á eces an e icaz , que á ella se debe p incipalmen e la de e minación de la olun ad y del b azo ajeno á la comisión del deli o; de sue e que co es- ponde en onces al p o ocado la esponsabilidad sup ema de au o . Y sin p i a al ejecu o de aquélla de que, como agen e lib e, es me ecedo po de echo, la esponsabilidad del p o ocado esul a en algunos casos aún mayo po la in luencia decisi a que eje ció en la olun ad del ejecu o . Y ¿hab emos de eximi le de oda esponsabilidad, sólo po que con a oda la olun ad del p o ocado no p odujo esul ado? Eso se ía i acional y absu do, po que se ía lo mismo que hace depende únicamen e la azón de lo an i- ju ídico y c iminal, en un ac o de an a ascendencia, del éxi o inal, del esul ado ma e ial. Mas an cie o como es o es, no lo es menos que es e e eno de la inducción es un e eno queb adizo y pelig o- so pa a los secuaces del de echo nue o, eme osos de que, ex endiéndose demasiado la es e a de la inducción punible, su a menoscabo la libe ad del pensamien o. Po eso hay en e ellos mucha a iedad de pa ece es. Po que mien as unos exigen pa a la delincuencia que la p o ocación se haga pa a un deli o de e minado, pa a o os bas a que las exci aciones al deli o sean gene ales, ÿ aunque ayan di i- gidas á una muchedumb e , y és a sea an incie a é inde- e minada, como es, po ejemplo , aquella a qué se di ige en pe iódico. ¿De pa e de quiénes es á la e dad? No emo asegu- -- 21 — a lo: de pa e de los segundos, y me undo en dos azones p incipalmen e. La p ime a es que, aun esas exci aciones gene ales, á la co a ó á la la ga, pueden eje ce su in luencia , y no emo a sino p óxima , en los hechos c iminales, mo iendo ya á unos, ya á o os de los que componen la muchedum- b e, y es o po la condición misma de la na u aleza huma- na, que sabe saca las consecuencias y hace las aplicacio- nes. ¿Qué impo a que no se pueda a ibui al deli o con- c e o á al discu so, ó á al exci ación de la p ensa, o A al consejo ó exho ación p i ada? Lo único que eso p oba á es que no se pod á cas iga en onces la p o ocación en elación con un deli o de e minado, sino que se la debe á cas iga en sí misma po la esponsabilidad que en sí en aña. Es indudable, po ejemplo, que á aquellos hechos de sal- ajismo que los ana quis as o los de la Mano Neg a, ó llá- meseles como se quie a, hace unos años come ie on en las calles de Je ez, debie on p ecede ac os de p o ocación á los hechos y de p opaganda de ideas, ¿debe án ene se, po en u a, es os ac os po menos c iminales po que no se pue- da deci conc e amen e á cuál ó á cuáles de ellos se debiese a ibui la de e minación de aquellos o agidos? Aun esas p o ocaciones gene ales son como una mecha encendida aplicada al combus ible, ,:qué impo a que no se la aplique á un mon ón de e minado, sino que se la a oje al aza adonde se sabe que ácilmen e puede cae en ma e ia com- bus ible? La segunda azón, que siemp e exis e, es que esa clase de exci aciones, aunque no sean pa icula es, causan, con azón, la ala ma de los buenos, y son ya en sí mismas un deso den social de g a edad, sin que sea necesa io encon- a su conexión con algún hecho c iminal ; son, po consi- guien e, en sí c iminales, y hay alguna sen encia de nues- o T ibunal Sup emo que a o ece es e modo de pensa . 2 — ARTÍCULO SEGUNDO La p o ocación indi ec a. La p opaganda: de ínese el es ado de la cues ión. P o ocación di ec a é indi ec a: ¡ambas son c iminales,—El Código penal: la Ley ancesa de 1893.—Di e encia en e la publicación de las ideas y la p o ocación.—No se a á a a aquí de la p o oca- ción, sino de la p opaganda de las ideas.—Los pa ida ios del de e- cho nue o y la p opaganda de las ideas. Las mismas di e gencias que en cuan o á la p o oca- ción, según que sea de e minada ó gene al, indicadas en el a ículo an e io , se no an en e los pa ida ios del lib e pensamien o cuando se a a de la p o ocación di ec a ó indi ec a, eniendo unos po punible así la una como la o a, mien as que o os sólo ienen po c iminal la p ime a. De- inamos los é minos. En iendo po p o ocación di ec a aquella en que se inci- a de un modo exp eso é inmedia o al deli o, al incendio, al pillaje, al asesina o, y po indi ec a, aquella en que se encienden los a ec os de la olun ad, ya con azones más ó menos apa en es, ya exal ando la imaginación y exci ando la sensibilidad sob e obje os , que ácilmen e pueden lle a í la comisión del deli o. Tal se ía, po ejemplo, si hablando á los p ole a ios se exci ase en ellos el odio y la a e sión á la clase llamada bu guesa. ¿Qué es lo que debe deci se de es a segunda especie de exci ación? Yo c eo que, no sólo no pueden ole a se, sino que son c iminales es a clase de p o- ocaciones indi ec as á la acción c iminal po la p óxima conexión que con ella ienen, aun cuando no se pueda hace e esa conexión con un hecho de e minado. Po que pa a no sali del ejemplo indicado, del odio y la hos ilidad, á los hechos de daño y de enganza no es la ga la dis ancia, sob e odo, cuando se habla a las mul i udes, en las cuales, como po una especie de con agio, se in laman con acili- dad las pasiones, con pelig o de que se le an e un g an in- cendio, especialmen e cuando los odios se concen an y -- 23 — a aigan con la epe ición de las exci aciones. Po eso, la conexión y el pelig o no emo o es na u al, y eso bas a pa a la c iminalidad. La di e sidad que hay en las opiniones de los ju is as se e leja en la Legislación penal ; así , en nues a misma Le- gislación, mien as el Código (a . 13) sólo habla, 16 me- nos exp esamen e, de la inducción di ec a, las leyes dadas con a los ana quis as penan aun la indi ec a; he dicho exp esamen e, po que c eo que en el a . 15, que es de la complicidad, debe comp ende se aun la p o ocación indi- ec a. En cambio, la Ley ancesa dada en 1893 pa a ep i- mi la p ensa ana quis a, sólo cas iga la p o ocación di ec- a. Mas dejemos po un momen o las e lexiones y enga- mos al es imonio de los hechos. Pues el hecho , que habla más al o y con mayo elocuencia que las leyes, es que se ole an con ecuencia impunemen e y bajo di e sas o - mas, así en la p ensa como en los discu sos, las p o oca- ciones indi ec as al deli o; y no es ambién menos cie o que es a clase de suges iones, conci ando los odios popula- es, aca eando el desp es igio y el menosp ecio sob e Lis clases in luyen es, y despe ando las codicias de las mas necesi adas, han lle ado, mis de una ez, las manos de las muchedumb es d la apacidad y al saqueo, y aplicado las eas encendidas pa a el incendio y la des ucción. lo que es aún más epugnan e y ho ible, es cie o ambién que han p epa ado no pocas los puñales, las bombas y los ene- nos con a el Cle o y las Ó denes eligiosas, con a los ep esen an es del Pode y con a la a is oc acia de la san- g e y del dine o. Y después de eso, ;no hab emos de lla- ma las c iminales? ;Qué azón ó apa iencia de al puede habe pa a lo con a io? Hela aquí. Los que se oponen á que la p o ocación indi ec a se enga en cuen a de deli o, se mue en po el emo de que pelig e su ídolo de la libe - ad del pensamien o, y su emo se ía, sin duda, undado si, como algunos in e p e an, esa clase de p o ocación com- p endiese la p opalación de las ideas; pe o, en mi concep o, no es así, y debe hace se cons a aquí la di e encia pa a e i a la con usión. — 24 --- Es e dad que la p edicaciön de las ideas puede llama - se, en cie o sen ido, p o ocación, po la in luencia que eje - ce la in eligencia, poseída de una idea, en la olun ad y la acción; sin emba go, mien as la mani es ación se man en- ga den o de los lími es de la exposición, no es p opiamen- e una p o ocación. La di e encia consis e en que la mani- es ación de la idea se di ige al en endimien o pa a con en- ce le, y la p o ocación á la olun ad pa a mo e la; la idea es ó debe se un ayo de luz que ilus e la in eligencia, la p o ocación es un impulso, una cen ella de uego que se encamina á in lama y de e mina la olun ad y la acción ajena. Yo no pienso a a ya en adelan e de p opósi o de la p o ocación ó inducción; sino que, dando po supues o que la p o ocación, aun des i uida de e ec o, es un deli o, y no sólo la p o ocación á un deli o de e minado, sino la p o o- cación gene al, ya en cuan o al deli o, ya en cuan o á las pe sonas; no sólo la p o ocación di ec a, sino ambién la indi ec a, dando, digo, es o po supues o, me p opongo de- mos a que puede habe deli o en la mani es ación ex e- io de cie os pensamien os, aunque no aya acompañada de una e dade a p o ocación. Mas, po o a pa e, no engo necesidad de hace ningu- na suposiciön. Po que si llego a demos a que en la simple exposición de las ideas puede habe ma e ia de delincuen- cia, hab é demos ado jun amen e que puede habe la am- bién en la p o ocación; y es o no como quie a, sino con un a gumen o que a de lo meno a lo mayo , po que la p o- ocación al deli o se a ecina más á su ejecución que no la ex e io ización del pensamien o, y po lo mismo, apa ece con más cla idad la malicia de aquélla, aunque esa en aja iene ambién, co no luego di é, su compensación en la p o- paganda. Pe o como oda ía puede ene dos sen idos la exposi- ción de una idea, el p ime o, de una sencilla mani es ación de lo que uno juzga sob e un obje o, y el o o de la mani- es ación po ía de p opaganda, me limi a é po aho a á es o segundo, y con es o c eo habe de inido ya bien mi — 25 – obje o. Así me asis a el Seño con sus luces pa a discu i con ino sob e una delicada ma e ia, que no he is o a a- da, á lo menos, en es a o ma. Pocos son los pa ida ios del de echo nue o que llegan has a aquí. Lo o dina io es que juzguen debe pe mi i se la exposición de oda clase de ideas, ya de palab a, ya po es- c i o, con al que se emplee una o ma se ia, cien í ica y deco osa, e i ando el insul o y el esca nio, y con al que en los medios que se p opongan pa a su ealización, no se salga de la es ic a legalidad, lo cual equi ale á deci que no se p opongan medios de ue za. Sin emba go, no deja de habe algunos que de iendan mi esis en las ilas de las escuelas libe ales mode adas, según e emos en la exposición de las p uebas. • SECC16NPRIMERA PARTE GENERAL CAPITULO PRIMERO En la p opaganda de algunas ideas puede habe deli o. ARTÍCULO PRIMERO La p opaga n da conside ada e n si misma. Hay ideas an isociales.--C iminalidad de su p opaganda: p ime o, es un hecho an iju ído; segundo, es un deso den social.—Compa- ación con la moneda alsa; Tapa elli, Canalejas.—No hay o den social sin unidad de in eligencias.—Ala ma y escándalo p oduci- dos po una sen encia del T ibunal Sup emo.—Desen eno en el ó gano de la comunicación social. No se puede nega la exis encia de ideas an isociales; pues si aho a hago e que la p opaganda de esa clase de ideas es c iminal, queda á con eso demos ada la p oposi- ción ¡en que a i mo que en la p opaganda de y algunas ideas puede habe deli o. La exis encia de ideas an isociales es an cla a y mani- ies a, que apenas necesi a decla ación, y bien pod ía habe es ablecido ese ase o como un p esupues o de la p ueba que debe se po odos necesa iamen e admi ido. Ideas an isociales son odos los e o es que niegan los -- 34 -- p oduci ese e ec o en unos y no en o os, según la mayo . ó meno ue za con que se hayan g abado las ideas en la in eligencia, según el mayo ó meno a dimien o de los ca ac e es, y ambién según que se encuen en más ó menos obs áculos pa a la ejecución; pe o las ideas, y, sob e odo, si son ideas p ác icas, ienen que p oduci su esul ado na u al de la acción en algunos indi iduos, á lo menos, de en e la mul i ud á que se ex endió la p opaganda. Pa a que así no uese, se ía menes e ompe la elación ín ima que hay en e la in eligencia y la olun ad, que son po encias del mismo espí i u, y en e la olun ad y la ac i- idad ex e io , que pe enecen á un mismo se , á una mis- ma na u aleza. Po eso se dice, y se dice con azón, que, a - de 6 emp ano, el dominio del mundo pe enece á las ideas. Dese oda la pa e que se debe á las inconsecuencias y con adicciones de la eo ía con la p ác ica, y de las con- icciones con la conduc a y di ección de la ida; siemp e esul a á e dade o que el homb e, como se acional que es, se mue e po la azón; en di ección del bien, si su azón es á ilus ada po la e dad, ó po el camino del mal, si su azón es á en uel a en las nieblas del e o , y, sob e odo, cuando el e o es p ác ico. Lo con a io se ía di idi la na u aleza humana y di o cia al homb e de sí mismo. Si se quie e, pues, llega has a la uen e del deli o, y a aja el mal en su aíz, que es lo que se p e ende al cas i- ga las leyes como deli o la p o ocación, la conspi ación y aun la p oposición, es menes e no pa a ahí, sino pasa adelan e. ¿Has a dónde? Has a llega á la ex e io ización del pensamien o pa a so p ende al deli o en su o igen y p ime a incubación. Con an a mayo azón, cuan o que el e ec o de la p opaganda azonada de las ideas alsas es causa en los en endimien os una con icción engañosa y a aigada del e o ; y luego, el mo imien o que esa con- icción imp ime á la olun ad y á la acción, po se un mo imien o psicológico, y, po consiguien e, acomodado á la na u aleza acional, es ín imo, p o undo, cons an e y enaz, y po eso es an emible y pelig oso el e ec o de la p opaganda. — 35 -- Mas ¿qué al a hace el azonamien o donde nos sob a la elocuen e oz de la expe iencia? Po que de esas alucina- ciones de la in eligencia, p oducidas po las p edicaciones de u opias sociales ó an isociales, han solido nace y nacen oda ía esos ana ismos, que cub en de sang e y uinas á la sociedad, ho o izada a la is a de homb es que, desp e- ciando has a la p opia ida, llegan á con e i se, á los ojos de sus secuaces, en o os an os hé oes odeados de la glo ia y au eola del ma i io. Esos son los u os de las ideas, y ¿hab á quien diga que la causa que los p oduce no es c i- minal? Pues eso me bas a. Bás ame que haya algunas ideas; en igo no necesi o más que una, pa a que sea e dade a la p oposición, en la que a i mo que puede habe deli o en la p opaganda de cie as ideas. No oca á es a pa e gene al el de e mina las en pa icula . § II A gumen o deducido de la obse ación y de la his o ia. Compa ación omada de la amilia y del Colegio,—Las épocas de abe ación in elec ual han sido épocas de as o nos sociales. — La Re o ma y sus consecuencias.—Los p incipios de 1789 y la e o- lución de 1793.—Los a en ados comunis as en España: las gue as .de Cuba y Filipinas.—El ana quismo. —Palab as de Cáno as.— Cali icación c iminal del p opagandis a.--La ep esión de la p o- paganda y la p e ención. Es a in luencia de las ideas an isociales en el o den ex e no de la sociedad se con i ma po lo que sucede en la amilia. Vese en ella con ecuencia i c eciendo los hijos en la docilidad y sumisión á sus pad es; pe o se les jun a luego un mal amigo, que les habla al oído de ideas de libe ad é independencia, po que ya la edad y los iempos lo eclaman, y luego se obse a un cambio en su conduc a, y los que an es e an sumisos y obedien es, se hacen díscolos y ebeldes y e ac a ios pa a segui la di ección pa e na. O o an o emos que sucede en los Colegios de educa- ción, donde se obse an ex añas mudanzas en los jó enes, — 36 — después que en an en sus cabezas cie as ideas e óneas en cuan o á sus debe es de sujeción y disciplina. Pues asládense luego es os jó enes al campo de la sociedad pública, y las mismas causas p oduci án los mismos e ec- os; po que la na u aleza humana no po eso se cambia, únicamen e se muda la es e a de su ac i idad, que, po se más amplia y dila ada, ienen que se ambién, po nece- sidad, de mayo impo ancia los e ec os de las ideas en la sociedad. Es o que la azón dic a, lo emos con i mado po el es imonio i ecusable de la his o ia. Las épocas de las g aneles abe aciones in elec uales han sido ambién siem p e las épocas de los mayo es desó denes de la ida y de los g andes as o nos sociales. Así, de las doc inas de la R 0 '01'UM del siglo XVI u ie on o igen en el siglo pasado la alsa iloso ía el llamado de echo nue o; la sobe anía popula y aquella licencia desen enada dis azada con el nomb e de libe ad. Y de aquí se ino, po in, á. los ho en- dos males del comunismo, socialismo, nihilismo y ana quis- mo, que pa ece ya lo úl imo á que se puede llega en el camino ciel deso den. Si el sido p esen e ha sido el siglo de las e oluciones en las calles y plazas, es po que an es ué el siglo de la e olución p opagandis a de las ideas. A los excesos de la e olución ancesa de 1793 p ecedió la p opaganda del iloso ismo y la decla ación de los p incipios de 1789; al lado de los ho o es de la Coi;zmiinne, de Pa ís, se agi aba la p ensa demagógica, y ya se sabe que no puede habe un pa ido cualquie a de acción sin uno (5 más pe iódicos .de p opaganda. Lo mismo sucedió en nues a España. La p opaganda del e o p ecedió á las al e aciones sociales y a en ados comunis as de Loja, Alcoy , Valencia y o as poblaciones, cuyos au o es no inie on á la ealización de sus mal ados in en os sino después que se hubie on as o nado sus cabezas con discu sos y lec u as sub e si as. Y á nues as úl imas in aus as gue as de Cuba y Filipinas, ¿no p ecedió: ambién una ac i a p opaganda sepa a is a? —37 — Y ¿qué di emos de los excesos b u ales del ana quismo? Los c ímenes ana quis as son ambién u o de la p opa- ganda, y no sólo de la p opaganda, con la cual se amaes a, po medio de la p ensa, á los adep os en la ab icación y em- pleo de los medios de des ucción con que ealizan su lla- mada p opaganda de hecho, sino ambién de la p opaganda de las ideas , ya en la p ensa misma , ó bien en sus clubs, mee ings y Cong esos. Po que los ana quis as ienen am- bien sus o ado es y doc o es , que á su mane a exponen y azonan sus absu das y e ibles eo ías. Es deci , que aun aquí, la p opaganda de hecho es consecuencia de la p opa- ganda de la idea. Así hemos is o á eces á los mismos mise ables, que han expiado su c imen en el pa íbulo, p e- ende de ende le con a gumen os. Dice el S . Cadalso, Di ec o de la Cá cel celula de Mad id: "Acaso no hubie a omado en España an o uelo el ana quismo , si las ob as de Ca los Ma x, Bakounine 3- K opo kine, sob e odo, La conquis a del pan, de es e úl i- mo, no hubie an sal ado las on e as nues as„ (1). "Jamás, jamás—decía el S . Cáno as del Cas illo en un discu so sob e es e asun o, del cual habla é adelan e,— debe supone se o a la elación ín ima, que sin cesa exis e en e la olun ad in eligen e de una pa e y de o a la acción lib e.,, Ó hay que deci que la palab a jamas hace daño, en cuyo caso esul a ía jus i icada la libe ad de deci lo odo, ó hay que con esa que hay c ímenes come idos con la pa- lab a, y en onces es cie o el de echo de la sociedad á cas- iga los. La complicidad de la idea con la acción, hablando en ésis gene al, es, po consiguien e, innegable; pe o he aña- ñadido que, a eces, es más que una complicidad cualquie- a. Y es que , si bien el p opagandis a de una eo ía, no po se lo , induce di ec amen e exho ando, po ejemplo, ó p o ocando a una acción c i minal, me ece, no obs an e, (1) El ana quismoylos medios de ep esión, cap, I.— Mad id, 1896. -- 38. — en ocasiones el nomb e de coau o del que la edujo á la p ác ica. Po que ¿es ó no cie o que las eo ías u opis as de los que en e los e oluciona ios descuellan po su ingenio, ó po su habilidad y as ucia, suelen se con ecuencia, y aun de o dina io, lo que seduce la in eligencia del igno an e del pueblo, ena dece sus pasiones y le a oja á la ejecución de mal adas emp esas? Pues siendo así, ¿qué es lo que al a á sus p opalado es pa a la cali icación de au o es de la acción c iminal? Y aun sucede que, á eces, apa ecen más culpables los p opagandis as que los me os ejecu o es, siendo és os como una especie de causas in umen ales en compa ación de aquéllos, que son las p incipales. Queda, pues, demos ado que, ambién po es e segun- do aspec o de la elación de la p opaganda con la acción c iminal, exis e ma e ia de deli o cuando se di unden ideas an isociales. La di icul ad es á, no pocas eces, en p ecisa qué p edicaciones, á qué discu sos, po ejemplo, ó á qué esc i- os se deba a ibui la in luencia y conexión con la acción c iminal; pe o esa di icul ad no siemp e exis e, y cuando ella desapa ece y la conexión se p esen a con cla idad su- icien e, en onces es el caso de hace ale es a esponsa- bilidad c iminal. De odos modos bueno es habe hecho cons a que puede exis i , y aun cuando no pudie a p o- ba se debidamen e, siemp e queda ía la esponsabilidad c iminal de i ada del p ime í ulo, ó sea de la pe e si- dad social de la p opaganda conside ada en sí misma. Mas no quie o e mina es e a ículo sin hace no a una impo an e consecuencia. Es que , la ep esión penal del deli o de p opaganda es un medio p e en i o muy e icaz pa a e i a la delincuencia en los hechos. Sea, pues, como p e ención, sea como ep esión de un deli o, ese la necesidad de a aja la di usión de cie as ideas; más yo a i mo, además, y c eo habe lo su icien emen e demos a- do, que hay en ella mé i os aun pa a lo segundo. Mas no son las ya aducidas las únicas p uebas que puedan alega se. 7 — 39 — ARTÍCULO TERCERO O os a gumen os. § 1 Compa ación de la p opaganda con la calumnia y la inju ia. La apologia del deli o. Los deli os de calumnia é inju ia y los deli os de idea.—Sos iénese la pa idad: ambién en la p opaganda se ulne a un de echo social. —La apología del deli o es un deli o de idea.—Ci cula de la Fis- calía del T ibunal Sup emo. Con i mase lo dicho has a aquí compa ando la p opa- ganda del e o con la calumnia y la inju ia. Las ideas, se dice, no pueden cas iga se, y yo con es o: si eso ue a e - dad, hab ía de bo a se de los Códigos el deli o de calum- nia y de inju ia. Po que ¿qué o a cosa son esos deli os, sino la mani es ación ex e io de un mal concep o ó de una idea que se iene de una pe sona, impu ándola un hecho also en el p ime caso, y aun sin es o en el segundo? Y en e ec o; así como el hono consis e en la signi icación ex- e na del buen concep o, el deshono , que en aña la ca- lumnia y la inju ia, consis e p ecisamen e en lo opues o. Si se me opone que, eso no obs an e, no hay pa idad con la p opaganda del e o , po que en la calumnia é inju ia se a aca el de echo que la pe sona o endida iene á la hon a. Á eso eplica é que , en la p opaganda que nos ocupa, se ulne a ambién o o de echo , y es el que la so- ciedad iene a la posesión anquila de e dades , que o - man la base de su bienes a , y aun de su misma exis encia. Y aun se debe añadi que, como ese de echo de la socie dad, así po su ampli ud como po su alo in ínseco , es, de o dina io, de mayo impo ancia que el de echo ulne- ado po los deli os con a el hono , po eso mismo es más espe able y sag ado. O o a gumen o: semejanza de la p opaganda con la apología. -40-- La apología, así del delincuen e como del deli o, se iene en la legislación como punible. Es e dad que, demasiado indulgen e con ella nues o Código penal, no la conside a en gene al más que como una simple al a (a . 554,.4.°), y eso únicamen e cuando se hace la apología po medio de la p ensa; mas en cuan o á los deli os come idos po medio de explosi os, la ha ele ado la ley á la ca ego ía de deli o. po cualquie medio que se haga la apología. Y ¿qué es la apología, sino la mani es ación de un pen- samien o: La apología no es más que una alabanza, y ya se sabe que, la alabanza, es la decla ación ex e io del con- cep o a o able, que me ece al panegi is a un hecho ó una pe sona. Pod án jun a se ó no á eso los es ímulos, las exci aciones á la imi ación; pe o es o no es necesa io, y es independien e de la apología. Lo esencial en és a es la ex- p esión de concep os, que e elen la excelencia y es ima del obje o de la alabanza, sin que haya necesidad de decla- maciones, de exal ación de pasiones, ni de exci a a ec os de p opósi o. Si a la mue e del c iminal en un pa íbulo, se dice : "Ha mue o un jus o , un he oe „ , ya hay una apología. Luego si es punible la apología, puede se am- bién punible la ex e io ización de una idea. Lo que acabo de deci adquie e no able ue za con la in e p e ación del concep o de la apología punible , que hace , y no sin azón , á mi juicio , una ci cula de 13 de Agos o de 1397 del S . Fiscal de nues o T ibunal Sup e- mo, dada con ocasión del ho ible asesina o del S . Cáno- as del Cas illo. "Apología es—dice--no sólo p esen a el hecho c iminal como laudable y como me i o ia la conduc a del que lo ejecu a, sino disminui la eno midad de los deli os, p esen- ando á sus au o es con ca ac e es que iendan á hace los simpá icos y á disminui el ho o que sus eno mes a en a- dos deben inspi a . Todo, pues, lo que di ec a ó indi ec a- men e pueda ene es e obje o, es punible, según la ley, y no cabe ole a lo sin que seamos in ieles á nues a misión y á la con ianza, e c.,, — 41 -- § II El Código penal.—Compa ación de la p opaganda con la p o ocación al deli o.—El espí i u de las leyes con a el ana quismo. Pe o ¿á qué anda buscando analogías y compa acio- nes? Nues a legislación penal me o ece o a p ueba cla a y exp esa. El Código lib ecul is a igen e, po más que ^í algunos causa á ex añeza, cas iga co no deli o la p opa- ganda de algunas ideas, á lo menos cuando se hace po medio de la imp en a, po que, dice el a . 457: "Incu i án en la pena de mul a de 125 á 1.250 pese as, los que expusie en Op oclama en, po medio de la imp en a, y con escándalo, doc inas con a ias á la mo al pública.,, El escándalo le hab á siemp e, á lo menos cuando se haga p opaganda pública. Echa án muchos de menos que no se ex ienda la san- ción penal á o a clase de doc inas ; hab á acaso quienes la encon a án lige a ó al con a io; pe o de odas mane- as, ahí es á el Código penal, cas igando como deli o la exp esión del pensamien o. Voy aho a á. indica dos undamen os más de mi p opo- sición, en cuya ue za con ieso no ene yo mismo en e a con ianza; mas no po eso quie o deja de p opone los, pa a que juzgue de ellos el lec o impa cial, en la segu i- dad de que, cualquie a que sea su alo , no po eso han de pe de su ue za las demás azones. Son, lo mismo que el an e io de la apología, de la clase de a gumen os que llama la lógica ad hoininein , po que , pa iendo de p in- cipios admi idos po el ad e sa io , se sacan consecuencias que él echaza. La p ime a de dichas p uebas se oma de una compa- ación de la idea pe niciosa, exp esada ex e io men e con la inducción ó p o ocación al mal. Dije a iba, que no es lo mismo la p o ocación que la simple mani es ación del pensamien o, po di igi se la p ime a inmedia amen e á la olun ad, y la segunda a la in eligencia; y no he de con a- deci me ahq a aquí de lo que en o a pa e dejo dicho. Pe o -- 42 — aun siendo eso así, no se puede nega que, en e la p o o- cación y la exp esion de la idea , exis e una a inidad su i- cien e pa a que se deba deci que, quien admi e la punibi- lidad de la p o ocación, deba admi i , en consecuencia, que ambién puede habe la en la di ulgación de cie as ideas, sob e odo, si se coloca en el e eno de los ad e - sa ios. Es que, aun la p o ocación iene mucho de in elec ual, y esa pa e que de in elec ual iene, es la que con ecuen- cia mue e 'í la olun ad á que e induci o o al deli o. Y si no, amos á e lo: la exho ación, el consejo, es una manen de inducción; pues así como el consejo p ocede en el que le da, de la delibe ación del en endimien o, lo o di- na io es que aya acompañado de azones que mue an al aconsejado í secunda le; an o que, á eces, no es ácil ma ca los lími es en que e mina la labo de la in eligen- cia y comienza el o icio de la olun ad. Po eso puede de- ci se que la idea a embebida en el consejo , luego en el cas igo de la inducción se cas iga ambién, en pa e, la idea; no debe habe , po consiguien e, an a epugnancia en admi i que la idea pueda se punible. Po esa semejanza que hay en cuan o al ca ác e é índole del deli o, es, sin duda , po lo que a los deli os de inducción llaman algunos deli os in elec uales. No es que sean o malmen e in elec uales; pe o lo son i ualmen e, Y de ahí iene ambién el emo de algunos de nues os ad e sa ios de que la ep esión penal de la p o ocación, y sob e odo, de la indi ec a, sea un a aque á la libe ad del pensamien o. La o a p ueba se unda en nues a legislación penal con a el ana quismo. Es a legislación cas iga los deli os come idos po medio de explosi os de una mane a ex a- o dina ia y excepcional. Po que no solamen e ag a a no a- blemen e las penas de los deli os con a las pe sonas y de daño en las cosas, sino que cas iga con penas muy se e as la p oducción de la simple ala ma, la en a de explosi os en sus casos, la conspi ación, la amenaza, la apología y la p o ocación, y no sólo la di ec a, sino ambién la indi ec a. — 43 -- En es as y en o as cosas se e que salen las leyes de 1894 y 1896 de las eglas o dina ias. Pues p egun o yo aho a: ¿qué es lo que cas igan esas leyes con ese igo ex ao dina io en unos casos, y con esa ex ensión de la penalidad á o os no comp endidos en la legislación común? ¿Acaso únicamen e el medio ó ins u- men o del deli o, ó sea, los deli os come idos po medio de explosi os? Eso es lo que se dijo al discu i se en el Cong eso la ley de 1894, según lo hemos is o ya po las palab as del S . Canalejas. pe o se hace di ícil c ee lo. Muy eme oso y dañosísimo es, sin duda, el medio de los explosi os; pe o ambién es aban p e is os po el Código penal (a ículos 10, 4.°, y 572) o os medios an dañosos como la inundación, el incendio, el eneno, a amien o de na e, explosión de una mina, y, en gene al, cualquie a o o agen e ó medio de des ucción. No pa ece, pues, que el obje o de ese igo sea única- men e cas iga el medio empleado. Es e dad que se dijo po los de enso es del p oyec o, cuando se les opuso que a acaba la libe ad del pensamien o, que la ley no iba con a las ideas ana quis as; mas á pesa de eso, c eo debe a i ma se que la 'ley mi a, con su jus a se e idad, á ep i- mi esa exal ación aná ica, ese idealismo sis emá ico y an emible que lle a á esos c iminales ilusos á la des ucción de los demás, sin epa a aun en su p opia des ucción. En una palab a, esa ag a ación ex ao dina ia de la ep esión penal cas iga, á lo menos en pa e, una idea. § III Una sen encia del T ibunal Sup emo. También el T ibunal Sup emo a o ece la esis que de iendo, en una sen encia de 28 de Ene o de 1884, publi- cada en la Gace a de 15 de Mayo del mismo año. En ella esuel e se ilíci a una Asociación, po el siguien e, en e o os conside andos: "Conside ando que son p incipios undamen ales de la •  .. :.w.. — 50 -- dadanos han enido en es os úl imos iempos á con as a y hace nulo ese de echo de la au o idad? Ninguno: ya lo amos iendo. Y después de odo, la eclamación de ese nue o de echo, si es que alguno hubiese de pa e de los ciudadanos, en oposición al an iguo de echo de la au o i- dad, edunda ía en daño g a ísimo de la sociedad, y, po consiguien e, de los mismos ciudadanos. Aho a, pa a pone un acabado ema e a mi demos a- ción, oy á ansc ibi unas palab as del Sumo Poñ í ice León XIII, en las que mani ies a, con su. au o idad sup e- ma de Maes o uni e sal de los ieles, la in luencia de las ideas, y no sólo de las ideas p ác icas y mani ies amen e an isociales, sino en gene al de las que ienen abie a ca e- d a en las escuelas ilosó icas del e o ace ca de Dios y del homb e: "Fijando—dice—la is a en la is e condición del siglo, y aba cando con el pensamien o la índole de los sucesos públicos y p i ados, échase cla amen e de e que oda la causa de los males que ac ualmen e nos a ligen y de los que nos amenazan, es el habe se di undido po odas las es e as de la ida social, siendo ecibidas de muchos con aplauso las e óneas doc inas que hace ya iempo se ense- ñan en las escuelas ilosó icas ace ca de Dios y del hom- b e. Po que co no sea na u al en el homb e segui en sus acciones el juicio de la azón, en pe i iéndose es a po en- cia, luego se ex a ía ambién la olun ad, y así acaece que la malicia de las opiniones, cuyo asien o p opio es el en endimien o, in luye en las acciones humanas y las pe - ie e. Y, po el con a io, ci ando el en endimien o es a sano y i memen e adhe ido á p incipios sólidos y e dade- os, se a uen e de muchos bene icios pa a el bienes a pú- blico y p i ado.,, Es o dice el Papa en la Encíclica que co- mienza: Æ e ni Pa i'is. `::; CAPÍTULO II Con és ase á las objeciones. ARTÍCULO PRIMERO La libe ad del pensamien o, La p ime a di icul ad, y la más ecuen e, que los pa i- da ios del de echo nue o p esen an con a la ésis que sos- engo, es la libe ad del pensamien o. "El pensamien o, se dice, debe se lib e, y es a libe ad es una de las p incipales, ó la p incipal conquis a del de e- cho mode no: ¿cómo es, pues, posible que llegue á se obje o de la ep esión penal? Eso equi ald ía á una abdi- cación de odos nues os p incipios.,, An es de en a en la con es ación, es menes e ad e - i , pa a e i a la con usión, que no se a a aquí de la libe ad ísica ó psicológica del pensamien o , sino de la libe ad mo al. Po que , en cuan o á la libe ad ísica, ¿quién duda que la impe ección y de iciencia del en endi- mien o y del lib e albed ío humano, puede, así como ab a- za la e dad, adhe i se ambién al e o ? Y nó ese aquí, .de paso, una ex aña con adicción: en e los más a dien- es pa ida ios de la libe ad del pensamien o se encuen- an, jus amen e, los que niegan la exis encia del lib e albed ío. Mas ¿cómo pueden habla de libe ad ísica ni mo al ni de libe ad de ningún géne o del pensamien o los que niegan su base, que es la libe ad de albed ío? La libe ad mo al consis e en que no haya leyes jus as -- 52 — que pongan lími es al pensamien o con el ínculo del debe , y es a es la libe ad de que se a a aquí. § I P ime a con es ación: debe sup imi se la alsa libe ad del pensa- mien o. — Segunda con es ación: la libe ad absolu a del pensa- mien o es p opia de sólo Dios.—Ejemplos de Balmes. Vengamos aho a á la con es ación de la di icul ad. No se puede nega que son lógicos los ad e sa ios en su modo de azona ; pe o ambién es e dad que , la p ime a con- es ación que se les debe de da , es la siguien e: Si la libe ad del pensamien o es de al na u aleza que sea menes e deja co e po las es e as sociales, sin eno de cas igo, oda clase de ideas , más alie a a la sociedad que se sup imiese una libe ad que la aca ea an g a í- simos daños como hemos is o. Pe o muchos, po el con- a io, es iman en an o y pa ecen es a an enloquecidos con esa libe ad, que, á ueque de que no pe ezca ó se me- noscabe en lo más mínimo, p e ie en que desapa ezca el bienes a social, y aun que pelig e la exis encia misma de la sociedad. ¿Cómo es posible deci o a cosa al e que, no sólo se oponen con oda la ue za de su ingenio y con odo el a do de su elocuencia á que se cas igue como deli o la p opaganda de cie as ideas, sino que aun echazan oda medida de en enamien o y p e ención? Que así se hubiese pensado cuando oda ía no se había p obado lo que e a esa libe ad con el con as e de la ex- pe iencia, cuando ilusionados muchos con el nomb e, siem- p e mágico, de libe ad, alimen aban halagüeñas espe an- zas sob e la bené ica in luencia de es e nue o as o que apa ecía en el ho izon e, se podía en alguna mane a excu- sa ; pe o que eso suceda después que, po una an la ga y cons an e expe iencia se han is o los daños que ha aca- eado y sigue oda ía aca eando, es mues a de una g an ceguedad y obs inación, ó de un encap ichamien o, ayano á la más unes a demencia. Mas an unes os e ec os suminis an p eciosos da os — 53 — pa a unda el p oceso. Po que es os mismos daños, y, sob e odo, ese as o no in elec ual , aun en cuan o á las ideas más p ác icas y más elacionadas con el o den social, que odos deplo amos, son ya de po sí sólo un indicio su i- cien e de que esa libe ad, an p egonada, del pensamien o no es la e dade a, la nobleylegí ima libe ad que odos de- bemos de ende y aca a , que no es un de echo que se deba p e ende y ampa a , sino que es una libe ina indigna de los mi amien os y espe os de que se la odea. Y, en e ec o, ninguna libe ad del homb e puede se absolu a é independien e, sino que debe es a suje a á la hon osa se idumb e de la ley, po que la libe ad exen a de esa se idumb e es p opia de sólo Dios, que es ley pa a sí mismo. Ley iene la libe ad de la mano, pa a que no se ex ien- da á apode a se de lo ajeno , ó á cla a un puñal en una pe sona; ley iene la libe ad de la olun ad y de las pasio- nes, pa a que no se desen enen en las i as, en enganzas y adul e ios; ley iene la libe ad de la lengua y de la plu- ma, pa a que no p o ie an amenazas ni se ceben en la ma- ledicencia y la calumnia, y siemp e a acompañando á la ley la sanción de la pena; pues ¿po qué no han de ene la ambién esos mismos ó ganos de las ideas, pa a que no si - an de ehículo é ins umen o á la p opaganda de pensa- mien os pe niciosos y sub e si os? ¿Po qué la libe ad del pensamien o ha de cons i ui una excepción de la egla ge- ne al? ¿Po qué sus abusos no han de me ece la sanción del cas igo, así como cualquie o o abuso de la libe ad de la palab a? Eso que la azón dice, lo ilus an los ejemplos. Pa a demos a cómo la libe ad de pensa no puede se abso- lu a y sin lími es, p esen a Balmes en su céleb e ob a El p o es an ismo compa ado con el ca olicismo, los siguien- es ejemplos: "Si iene—dice—á es ablece se en ues o país una eligión, cuyo cul o demande sac i icios humanos, ¿la ole- a éis?—No.—Y ¿po qué?—Po que no podemos ole a un c imen semejan e.—Pe o en onces se éis in ole an es, io- len a éis las conciencias ajenas , p ohibiendo como un c i- men lo que á los ojos de esos homb es es un obsequio ä la Di inidad. Así lo pensa on muchos pueblos an iguos, así lo piensan oda ía algunos en nues os iempos; ¿con qué de- echo, pues , que éis que ues a conciencia p e alezca sob e la suya?—No impo a, se emos in ole an es; pe o nues a in ole ancia se á en p o de la humanidad.—Aplau- do ues a conduc a; pe o no pod éis nega me que se ha o ecido un caso, en que la in ole ancia de una eligión os ha pa ecido un de echo y un debe .,, Y luego añade lo siguien e, que hace más á mi p o- pósi o: "Pe o si p osc ibís el eje cicio de ese cul o a oz, al me- nos, ¿pe mi i éis enseña la doc ina, donde se enca ezca como san a y saludable la p ác ica de los sac i icios huma- nos?—No, po que es o equi ald ía á pe mi i la enseñanza del asesina o.—Enho abuena; pe o econoced al mismo _ iempo que se os ha p esen ado una doc ina, con la cual. os habéis c eído con de echo y obligación de se in ole- an es. „P osigamos la a ea comenzada. Voso os no igno áis, po cie o, los sac i icios o ecidos en la an igüedad á la diosa del amo y el ne ando cul o que se le ibu aba en los emplos de Babilonia y de Co in o; si un cul o semejan e enaciese en e oso os, ¿lo ole a íais?—No, po con a- io á las sag adas leyes del pudo .—¿Tole a íais que se en- seña a , al menos, la doc ina que lo apoyase?—No, po la misma azón.— En onces , encon amos o o caso, en que os c eéis con de echo y obligación de se in ole an es, de iolen a la conciencia ajena, y no podéis alega o a azón, sino que á es o os obliga ues a conciencia p opia (1).,, Se me eplica á: "No es e dad, como se supone, que la libe ad del pensamien o, que p oclama el de echo mode - no, sea una libe ad absolu a y sin eno, pues o que cas i- ga los abusos de la libe ad de la p ensa y ambién los de la palab a, come idos en el eje cicio de la libe ad de eunión., (1) Tomo II, cap. XXXV. -- 55 — A eso con es o diciendo que, cuando se cas igan esos abusos , suele hace se dejando siemp e á sal o la libe ad de las ideas y p o es ando que, al ep imi los, no se quie e p i a á nadie de la acul ad de mani es a sus pensamien- os y de ende sus eo ías ó sus ideales, como hoy se dice, con al que lo haga den o de la es ic a legalidad, es de- ci , sin exci a umul os, sin p o ocaciones pelig osas y limi ándose á los é minos de una p opaganda pací ica. Con ieso, sin emba go, que hay alguna excepción, como la ya mencionada del Código y la de nues a Ley de im- p en a de 1879, según la cual "cons i uye deli o de imp en- a el a aca di ec amen e ó idiculiza los dogmas de la Religión del Es ado, el cul o ó los minis os de la misma ó la mo al c is iana,,. Pe o esas excepciones son a as y de- icien es, ó suelen se de co a du ación, como sucedió con la de la Ley de imp en a, y la egla gene al es que las leyes, sob e odo segíin se en ienden en su aplicación, no cas iguen la p opaganda de las ideas, § II Te ce a con es ación: el pensamien o es á suje o á leyes mo ales. Las leyes mo ales, á que es á suje a la idea, acaba án de pa en iza el e o en añado en la mode na libe ad del pensamien o y jun amen e mi con es ación á la di icul- ad p opues a. He aquí esas leyes. Son las leyes di inas, así na u al como e elada, las leyes eclesiás icas y ambién las leyes ci iles, si es que las hubie e pa a el caso y no es u ie en en oposición con las eclesiás icas y di inas. ¿Quién se á an a e ido y ebelde que ose pone en duda la necesidad de suje a se á esas leyes? Po que es cosa e iden e como la luz me idiana, que el homb e no debe pensa con a las e dades que Dios se ha dignado mani es a nos po medio de la azón y de la e e- l ā ción, y menos puede aún ex e io iza y p opala esos i — 56 —  ^ . . pensamien os con a ios, que no pueden, po lo mismo, Me- nos de se e óneos. Y, sob e odo, después que la Ve dad inc eada se dignó habla nos en Jesuc is o é hizo á la Igle- sia deposi a ia de sus enseñanzas di inas, no hay ebeldía compa able á la del pensamien o humano cuando quie e opone se á la doc ina po Él e elada. He ahí, po consiguien e, o as an as abas de la libe - ad del pensamien o, las cuales, después de odo, no cons- i uyen más que o as an as ga an ías de su e dade a libe ad. Y si no, ¿en qué consis e es a libe ad? No consis- e, cie amen e, en pensa como quie a, sino en pensa con- o me á la e dad, que es el único bien de la in eligencia; así como la e dade a libe ad del jine e no consis e en con- duci el caballo po p ecipicios que le despeñen, sino po los caminos que le lle en al é mino de su ca e a. Yo no digo aho a que el legislado ci il deba cas iga odos los ex a íos del pensamien d con a ios á la Ley de Dios, po que sé muy bien que las leyes humanas no pueden llega has a donde llegan las di inas, que pene an has a lo in e io del pensamien o, y sé ambién que, aun en cuan o á la mani es ación ex e io , no pueden p e ende , de la ge- ne alidad de los súbdi os po causa de su impe ección y aun a endido el in mismo de la sociedad ci il, aquella i - ud y obse ancia que Dios pide de ellos; pe o a i mo, no obs an e, que á eso debe aspi a , y que la Ley di ina debe se la no ma de las humanas, y que, en odo caso, debe pe - segui y cas iga aquellas asg esiones de las leyes di i- nas, que edunden en daño de la sociedad. Qué es lo que pueda y deba hace en es a pa e la au o idad, se acla a á aún más con lo que después di é. Con es o se o ece ya la con es ación que se debe da cuando se dice * que el único lími e que las leyes penales deben opone a la libe ad de la palab a y de la p ensa , es lo que pe judica á la libe ad ö ambién al de echo de los demás, y po eso se cas iga la inju ia y la calumnia. Digo que no es ese el único lími e, sino que lo son, ade- más, odas las leyes di inas y eclesiás icas, siemp e que su iolación, aunque sólo a ec e á las leyes del pensamien o, — 57 -- ascienda de alguna mane a al o den social bien en endido. Si oda ía eso de opone se á la libe ad y al de echo de los demás se en endiese con la ampli ud debida, aún pod ía de algún modo ole a se; pe o, o dina iamen e, no se suele en ende así, po que se c ee que la mani es ación y aun la p opaganda del e o , cualquie a que sea, es un eje cicio de la p opia libe ad, que no con a ía la libe ad de los demás. Y con es o pongo aquí in á mi espues a á la obje- ción, ese ándome el comple a la con lo que haya de deci con es ando á la objeción cua a, que es de la libe ad de discusión, la cual iene mucha conexión con la libe ad del pensamien o. ARTÍCULO SEGUNDO Segunda di icul ad: no hay e o es culpables: en las ideas no puede habe malicia ni libe ad. La libe ad del pensamien o es la di icul ad más gene al y más o dina ia que suele opone se con a la punibilidad de las ideas; pe o hay o a que, si no es an conocida y ulga , es más delicada y su il, y se elaciona con el elemen o sub- je i o del deli o, que hemos is o se el conocimien o de la malicia de la acción c iminal y la libe ad del ac o, y de es a libe ad y conocimien o nace la impu abilidad y la culpabilidad necesa ia pa a la exis encia del deli o. La di icul ad se exp esa suma iamen e diciendo: no hay e o es culpables; po consiguien e, en la mani es ación y di ulgación del pensamien o no puede cabe ma e ia de deli o. • La ue za de la objeción se puede desa olla de es a mane a. En las ideas no puede habe malicia ni libe ad. Lo que puede habe es e dad ó e o , pe o no malicia ni bondad; las ideas son de suyo inocen es é ino ensi as, la malicia es á únicamen e en el que abusa de ellas. Así ampoco puede habe libe ad: Po que és a sola- men e eside en la olun ad y ca ece de ella el en endi- mien o, á quien las con icciones, aunque á eces sean e ó- neas, se imponen, sin que le quede mayo a bi ió pa a despoja se de ellas que á la in eligencia poseída de la e - dad. ¿No hay malicia, no hay libe ad? Luego no puede habe deli o en el pensamien o, y si, á pesa de odo, se le ep ime y cas iga, no se hace en onces o a cosa más que iolen a la conciencia y cas iga al inocen e. La ep esión del pensamien o es, po consiguien e, un ac o de injus icia y i anía. C eo que és e es uno de los epa os más ue es que pueden opone los pa ida ios de la lib e ci culación y dis- cusión de las ideas. Su ue za, sin emba go, no es al que no pueda ene una buena con es ación. Vamos á e lo. § I P ime a con es ación: aun dado que no hubiese en las ideas malicia ni libe ad, bas a pa a el deli o que las haya en el p op ;gandis a del e o . —El homb e puede se esponsable de los ex a íos de su in eligencia. "Las ideas, se dice, no pueden se buenas ni malas, sino e dade as o alsas.,, Dejemos a un lado la bondad, que no hace aho a di ec amen e á mi in en o, y ijémonos en la _ malicia. Digo en p ime luga que, aun dado que en la idea no haya p opiamen e malicia, sino e o , bas a que pueda habe la en el que o ma y posee el pensamien o, pa a que la idea e ónea sea culpable y su p opagandis a c iminal; po que el eo de deli o siemp e es la pe sona, como es- ponsable del ac o ó eje cicio de sus acul ades. Pues es o es lo que aquí sucede: el homb e puede se esponsable de los ex a íos de su in eligencia. Y, en e ec o; ¿no es e dad que odos debemos se i nos pa a el conocimien o de la e dad de los medios que Dios nos ha dado pa a alcanza la? Esos medios son la azón y los o os medios na u ales, y en muchas cosas ambién las enseñanzas de la Iglesia. Los que ca ecen de ins ucción deben ene , además, la humildad su icien e pa a consul a á quien con iene, an es de pone se á juzga eme a ia= — 59 -- men e de lo que no en ienden, con pelig o de opeza y cae en el e o . El empleo de es os medios no es lib e, sino que, en p incipio gene al, es un debe de conciencia, po que son los que el C iado ha pues o en nues a mano pa a llega á la uen e del conocimien o, aun de las e da- des más necesa ias pa a la elicidad empo al y e e na. Y ¿dónde es á pa a noso os la uen e de la e dad? Es á en la ealidad y disposición na u al de las cosas que enemos delan e y den o de noso os mismos; y á la luz que la azón, lib e de p e enciones, e leja, y no á los im- pulsos de las pasiones, ni á los es ímulos de los in e eses y a iciones pa icula es, es como debemos con empla la é indaga sus elaciones y deduci consecuencias. Pongamos algún ejemplo. La expe iencia p opia nos hace palpa y sen i que hay en noso os un p incipio que piensa y ama como el ángel, y o o p incipio que sien e impulsos á la mane a del b u o. Pues siendo esa la eali- dad, la azón debe echaza , como no menos absu das que deg adan es, las eo ías de ehabili ación de la ca ne, que en an as o mas de li e a u a, y aun de alsa ciencia, escla- izan las pu as y sublimes aspi aciones del espí i u á los ape i os de la pa e animal. Cada uno de noso os e en los demás un se semejan e á si en na u aleza y como o o yo. Esa es la ealidad, la e dad obje i a. Pues siendo así, la azón dice que odos los homb es deben es a do ados de los mismos de echos esenciales, y que, po consiguien e, no debo cons i ui me yo en cen o al ededo de quien gi en los demás homb es, como plane as al ededo del sol, sino que, po el con a ío, debo gua da pa a con los demás, aun á cos a de sac i i- cios, los debe es de jus icia y de ca idad, cuyo cumplimien- o pa a mí eclamo. ¿Qué más necesi a la azón pa a e- chaza como absu dísimo, po ejemplo, aquel p incipio de un pseudo ilóso o: Áma e sob e odas las cosas, y á odos los demás po i? ¡Excelen e p incipio social! O a e lexión: Pues o que las c ia u as me p egonan á oces la exis encia de un C iado , la azón dic a que debo e e encia le y no blas ema su San o nomb e, que debo — 66 _ -íninos de la ealidad y de lo que exige la p e isión de la p udencia humana y polí ica. Séame, pues, pe mi ido saca en conclusión, que en las ideas puede habe malicia y libe ad, que hay e o es cul- - pables, que po es e lado no hay obs áculo pa a que su mani es ación ex e io pueda en a den o de la es e a de la au o idad ci il y que, cuando se ex iende . la p opagan- da de doc inas an isociales, es e dade amen e c iminal y - me ecedo a de cas igo como cualquie o o deli o. ARTÍCULO TERCERO Te ce a di icul ad: el Es ado no es juez de doc inas. "La au o idad ci il, se añade, no puede impedi y mucho menos cas iga como deli o la p opaganda del e o , po - que no la iene pa a juzga de las doc inas.,, Es e a gumen o, que es o o de los p incipales en que se apoya la conduc a del Es ado mode no en o den á la ole ancia de las ideas, hace g an ue za, y aun la iene incon as able pa a no pocos en endimien os po lo mucho que en sí iene de e dad, y si e, además, pa a p e eni los ánimos en su a o po el ai e de p udencia y ci cuns- - pección con que p esen a al Es ado. Mas p on o sucede el desencan o cuando se e lexiona habe se is o con ecuen- cia al mismo Es ado monopoliza la enseñanza, mi ándola como unción suya p opia y como un de echo que debe conse a oda cos a pa a da di ección á las in eligen- cias de la ju en ud é i o mando las u u as gene aciones de ciudadanos. § I P ime a con es ación: el Es ado no necesi a, en el caso p esen e, se juez de doc inas.—Segunda con es ación: puede acudi al magis- e io de la Iglesia. Pe o engamos á la con es ación di ec a. Digo, pues, que el p incipio es e dade o, pe o que no luye legí ima- — 67 — men e la consecuencia, po que, aun siendo, como es, una e dad, que el Es ado no es juez de doc inas, no se sigue de ahí po deducción lógica que no pueda cas iga la p o- paganda de doc inas an isociales. Es o es lo único que yo he asen ado has a aho a, y lo único ambién que deben e u a los impugnado es de mi esis. Cie o es_ que el Es ado no se halla in es ido de magis- e io doc inal, y mucho menos de magis e io in alible; pe o ¿hab á de , deja po eso libe ad absolu a pa a di undi se po odas las es e as sociales á odos los e o es y á odas las doc inas, aun las más pe judiciales al bien público, con pelig o inminen e á eces aun de la misma exis encia de la sociedad? Eso es un absu do; po que eso se ía lo mismo que a i ma que la na u aleza, es deci , su Au o Sup emo había dejado desp o is a á la sociedad de los medios nece- sa ios pa a su p opia conse ación. Mas la e dad es que, pa a ep imi los e o es, de que aho a a amos, no necesi a el Es ado halla se do ado de ninguna au o idad doc inal. Po que son e o es cuya al- sedad pueden conoce , po azón de su e idencia, los go- be nan es lo mismo que los súbdi os, po es a en oposición con e dades que desde luego ó con muy lige o discu so, se p esen an con cla idad á oda in eligencia no mal p e e- nida. La necesidad de un pode social y de la consiguien e obediencia de los súbdi os, la necesidad de un o den mo al, la obligación de espe a los de echos de los demás, y, po consiguien e, el de la p opiedad ajena. Es os y o os pa e- cidos p incipios no necesi an, pa a se conocidos, de o o magis e io, que el de la azón na u al al enuncia las e - dades p ime as ó sus inmedia as consecuencias. El ep i- mi , po consiguien e, con mano ue e los con a ios e o- es , no puede deci se, con e dad , que sea a oga se el Es ado magis e io alguno. Ú si no, si pa a ob a de es a mane a u ie a necesidad el Es ado de eje ce una unción doc inal que no iene, ampoco pod ía cas iga los cohechos y las p e a icaciones de los unciona ios públicos, los audes y odo géne o de alsi icaciones y o os deli os, po que ambién se pod ía -- 68 -- deci que, á su sanción penal, p ecede el juicio doc inal de que esos hechos son con a ios á la jus icia. Pe o ambién puede da se o a con es ación. No es ' ne- cesa io que la au o idad emi a su juicio sob e la e dad ó la alsedad de las doc inas, bas a que .juzgue del daño que pueden causa ó no á la sociedad. Dice Tapa elli, e i iéndose á la misma clase de e o es de que a amos : "La sociedad , que se de iende con a las inno aciones del dogma izado , no la echa de maes a, sino limi ase á p o ege al pueblo; no decide si la nue a enseñanza es e - dade a ó alsa, sino si es ú il ó noci a, en lo cual pod ía, á la e dad, impugna le el súbdi o, si és e poseyese con ce - eza la e dad; pe o al ándole es a ce idumb e, e i e el de echo social con una ue za, an o mayo , cuan o la ex- pe iencia habla o dina iamen e en a o de la sociedad y con a el indi iduo„ (1). Demos, no obs an e, que sea necesa ia pa a el caso una au o idad doc inal. ¿Lo c ee así, con since idad, el Es a- do, y con la misma since idad alega ambién su incompe- encia? Pues en ese caso sea consecuen e: exis e en el mun- do esa au o idad es ablecida po el mismo Dios; ahí es á la Iglesia de Jesuc is o, que ecibió de su di ino Fundado la misión de enseña la e dad y de p osc ibi el e o , y pa a pode hace lo con e icacia, ué do ada de la p e oga i a de la in abilidad. La Iglesia es juez in alible en ma e ias de e y de mo al; es juez, po consiguien e, en de echo polí ico, en de echo social, en odas las amas del de echo y en economía poli- lica, en odo aquello en que los p incipios de es as ciencias se ozan con las doc inas eligiosas y mo ales. En es o es la Iglesia supe io al Es ado; acuda, pues, en sus dudas y consul e á la Iglesia, como es debe del in e- io ace ca se; al supe io , y del que puede eme la caída en el e o allega se á la uen e de la luz. (1) Examen.c í ico del Gobie no ep esen a i o, pa e I, capí- ulo VI, § lo. — 69 -- ¿Qué más? La Iglesia ha hablado ya sin espe a la con- sul a del Es ado, ÿ po boca de los Sumos Pon í ices, y, úl imamen e, de León XIII, el Pon í ice einan e, ha p os- c i o, y no de una , sino de muchas mane as, los e ó es con a ios al o den social. Ha desapa ecido, po consi- guien e, oda somb a de duda, si es que oda ía podía ha- be alguna, y así la au o idad ci il , al en ena la p opa- ganda an isocial , no puede ya eme , con azón , que se le eche en ca a la usu pación de un magis e io, de que ca ece, ó de eje ce el o icio de inquisido a. ¿No es es o lo que pide la consecuencia y la since idad? Mas po o a pa e, hócese sospecha su al a, cuando e- mos, á eces, a la Iglesia eje ce su di ino magis e io con- denando al cual doc ina e ida, po ejemplo, en el lib o ó en la cá ed a, y pidiendo al mismo iempo que se ponga co o á su di usión; y emos, po o a pa e, al Es ado, e- se a se su juicio y some e se ó no al de la Iglesia, según lo iene po con enien e. § II Temo de abuso de pa e del Es ado. Pe o yo no debo ocul a aquí un pelig o y un emo . Al concede al Gobie no el pode de ep imi cie as doc i- nas, se pone en su mano una espada de dos ilos, con la cual pueda he i dies a y a sinies a, es deci , lo mismo á los de enso es de la e dad que a los semb ado es del e o . Hay más: de pa e de cie os Gobie nos puede habe aún el emo undado, de que la manejen con p e e encia con- a los p ime os, ó po se siemp e más dóciles que los e- ol osos sec a ios, ó ambién po cie a a e sión y enemiga sec e a que ab igan, a eces, con a la e dad, aun cuando no sean de los que le decla an anca y abie a gue a. Y ¡ojalá que es e emo uese emo o y lejano ó poco menos que quimé ico! Pe o, ue za es con esa lo , se ha is o más de una ez a la au o idad ene en cau i e io las lenguas y las plumas de los de enso es de la e dad y de — 70 -- la jus icia, bajo la amenaza del cas igo, y aun ha osado pene a en el emplo pa a hace enmudece y lle a a las cá celes á los que la p edicaban desde lo al o de la cá ed a sag ada. No hace muchos años que se ió en el Pa lamen o an- cés un espec áculo singula . Discu íase en 1893 el p oyec o de Ley sob e la ep esión de la p ensa ana quis a. Nada podía en a mejo en las mi as y en los deseos de la ac- ción más sana y ca ólica del Pa lamen o , y, sin emba go, cuando se ino á la adopción de las disposiciones, los ca ó- licos emie on; emie on pone en manos de un Gobie no hos il á los ca ólicos un a ma, que ácilmen e pudie a blan- di se con a ellos. ¡Tan necesa ia es la con ianza en la p o- bidad de los gobe nan es pa a el buen éxi o en la aplica- ción, aun de las mejo es leyes! Pe o ¿qué? Po ese emo del abuso, ¿hab á de p i a se acaso á la au o idad de un de echo que le co esponde, y an impo an e y necesa io como el de que a amos? En ese caso hab íamos ambién de aboli el de echo de p opiedad, po que ambién se abusa de él , y aun hab íamos de aboli la misma au o idad, po que ambién se ha abusado de ella. Au o idad, p opiedad , come cio , indus ia, pa e nidad, amilia, enseñanza, educación, eligión; odo, en una pala- b a , se p es a al abuso ; odo puede se i de ins umen o á las pasiones; odo, po consiguien e, debe ía se abolido. Y si po el emo del abuso hubie a de ole a se que con la pluma y con la lengua se in en ase de oca los unda- men os del o den social, se ían lógicos los ana quis as al p e ende ealiza lo po medio de la dinami a y de odo géne o de explosi os, po que si és os son demoledo es de la sociedad, lo son ambién aquellos p opagandis as de e o- es an isociales. .De odos modos, el incon enien e con cie os Gobie nos es se io, y emible el pelig o, especialmen e después que hemos is o llega al pun o en algunos Pa lamen os la ana quía de cie as in eligencias, y jus amen e cuando se a aba de ep imi los a en ados ana quis as, que se ha acusado á la eligión de eje ce in luencia en el ana quismo, -- 71 — y se ha p esen ado á los ca ólicos como a o ecedo es de los ana quis as, y se ha dicho que la ley na u al es la que in o ma el ana quismo. Nada de eso bas a, sin emba go, pa a demos a la ilegi imidad del a ma que ponemos en manos de la sociedad. Concluyamos pues; la au o idad ci il, á pesa de no se juez de doc inas, iene el de echo, y jun amen e el impe- ioso debe , de sos ene aquellas e dades p imi i as y na- u ales que o man como la base de su exis encia, y de mi a como á enemigos suyos y como e dade os malhe- cho es á los inno ado es y sec a ios, que in en an des ui - las ó des igu a las. ARTÍCULO CUARTO Cua a y úl ima objeción: la ep esión de las ideas se opone á la libe ad de discusión y al p og eso de la ciencia. Al de echo de ep esión de cie as ideas oponen mu- chos la libe ad de discusión, y deducen la necesidad de au o iza la de la incompe encia del pode ci il pa a juz- ga de las doc inas de que he hablado en el a ículo an- e io . "El Es ado, se dice, no es juez in alible de doc inas; debe, po consiguien e, en ega las ideas á la lib e dis- cusión.,, Mas si el Es ado , es o es , los gobe nan es no son in a- libles ¿lo se án acaso los súbdi os? No es aho a mi ánimo en a de lleno en el examen c í ico del p incipio de la libe ad de discusión, que es una de las bases undamen a- les del de echo nue o, así como ampoco lo hago con o as libe ades mode nas, po que eso me lle a ía ue a de mi plan y, además, es asun o que es á ya bien a ado po mu- chos esc i o es; debo, pues, limi a mi con es ación á aque- llo que se elaciona con mi esis, lo cual no qui a, sin em- ba go, que po la conexión de las ma e ias deba ambién emi i algunas ideas más gene ales. I P ime a con es ación: hay e dades índi8cú ibles, Palab as de Donoso Co és.—Compa aciones.--De la discusión sale la luz: con es ación.—La libe ad de discusión y el pecado o iginal. Cuándo es necesa ia la discusión.—La ep esión que de iendo no es an icien í ica. Hay p incipios y máximas que no pueden pe mi i se á la pública discusión, sin que po el me o hecho se pe u be y conmue a la sociedad, y sea es a mi p ime a espues a. Tales son las e dades en que me ocupo; sea cualquie a el u o que pudie a espe a se de su discusión, es imposible que supe e al pe juicio que expe imen a la sociedad po el hecho de en ega las á la dispu a en los discu sos y eunio- nes y, sob e odo, en la p ensa pública. Dice nues o insigne Donoso Co és en el cap. VIII de su Ensayo sob e el ca olicismo, el libe alismo y el socia- lismo: "La an igüedad oda hubie a condenado unánime- men e al insensa o que hubie a pues o en pública discusión, á un iempo mismo, las cosas di inas y las humanas, las ins i uciones eligiosas y las sociales, los magis ados y los dioses.,, ¡Con qué celo mi an oda ía los Es ados aquello que se elaciona con las o mas de Gobie no, con la legi imidad y conse ación de las dinas ías, en una palab a, odo aquello que cons i uye lo que po an onomasia se llaman hoy las ins i uciones! ¡Cómo lo ampa an y de ienden, cómo no o- le an que se pongan en discusión, usando pa a ello, si es menes e , la iolencia y el cas igo! No lo censu o: así lo pide la impo ancia que ienen en o den al in e és público y al bien de la sociedad; pe o lo que no en iendo es po qué no se ha de desplega , cuando menos, igual celo en sus- ae de la pública discusión o as ins i uciones más as- cenden ales y, po lo mismo, de mayo impo ancia públi- ca, cuales son las con enidas en las e dades sociales. Así ambién, con se an a iables las Cons i uciones mode nas, como lo es amos iendo en es e siglo, . oda ía -- 73 -- se mi a como un asun o g a e, y de al impo ancia, la e- isión de la Cons i ución de un Es ado, que bas a á eces pa a p oduci hondas di isiones en los pa idos; y ¿nos pa- ece á la cosa más na u al y . el de echo más legí imo el some e , po medio de la discusión, á una especie de e i- sión con inua los p incipios inmu ables de la Cons i ución di ina, que o man el De echo na u al? Y eso ¿no sólo an e las Cáma as, sino ambién an e el público indoc o, y no sólo po los legislado es, que ampoco pueden pe mi i - se al libe ad, sino po cualquie esc i o zuelo y po cual- quie o ado de blusa, desp o is os de oda sólida ins- ucción? Pasando á o o e eno, ninguno que se enga po hijo de buenos pad es, ole a con paciencia que se le an en somb as de dudas discu iendo su legi imidad, y ¿han de me ece menos conside ación los í ulos y de echos de e - dades pe enecien es á pueblos en e os, y, po deci lo de una ez, á oda la humanidad? "Es que, lejos de habe de eme se mal alguno de la dis- cusión, dicen sus pa ida ios, no se debe espe a sino bien, es, á sabe : auxilio pa a disce ni el e o de la e dad, y pa a que esplandeciendo és a con mayo b illo, se e i e el e o , a e gonzado, iendo deshechos sus so ismas.,, De la discusión, se dice, sale la luz. Es menes e es a ciego pa a a i ma eso hoy, después que la libe ad de discu i lo odo ha en uel o an os en en- dimien os en obscu idad y en somb as de duda sob e las e dades más cla as, y ha aca eado, como consecuencia, las más a e idas y e ibles negaciones de los p incipios más ascenden ales pa a la di ección de la ida. No es e dad que de las discusiones habidas en la p en- sa y en las euniones públicas nazca siemp e la luz y salga iun an e la e dad. Lo que, po el con a io, sucede o di- na iamen e es que los a gumen os con que se escuda el e o pa ezcan de mayo ue za que los de la e dad, y eje zan una in luencia y a ac i o más pode oso, no sólo sob e las in eligencias, sino ambién sob e los co azones. Es o depende de la escasez de alcances y al a de p epa a- — 74 — ción in elec ual del ulgo, á quien se p esen an (y aquí e l . ulgo se ex iende mucho) y an o ó más que de eso, depen- de ambién de que la luz de nues a in eligencia, bien que sea una cen ella di ina, do ada de ap i ud y de endencia pa a la e dad, se encuen a debili ada y muy expues a al e o . El co azón, po o a pa e, eje ce una g an in luencia sob e la o mación de nues os juicios; pues sin iéndose nues o co azón no menos laco pa a el bien que la in eli- gencia expues a al e o , ¿qué ex año es que empuje an es al en endimien o hacia el e o , más condescendien e siem- p e con nues as deso denadas inclinaciones, que no hacia la e dad se e a, que las ep ime y en ena? Es e es el hecho, es o es lo que enseña una is e expe- iencia; indicio p obable po sí solo, aun apa e de la de i- nición de la Iglesia, de la caída de nues a na u aleza de su p imi i o es ado. Lo que yo c eo es que muchos, á lo me- nos, de los pa ida ios de la lib e discusión, no admi en el dogma del pecado o iginal, sino que pa en del supues o de la in eg idad de nues a na u aleza y de sus acul ades; sólo así se concibe que no eman p esen a , indis in amen- e, á los ojos de odos, al lado de las e dades mo ales y sociales, con su in lexible aus e idad, los so ismas del e o mudable y e sá il con odo el a ac i o alaz de sus p o- mesas. Lo mismo sucede en cuan o á la aplicación de los p in- cipios mo ales. Esos mismos pa ida ios de la libe ad del pensamien o y de la discusión, son con ecuencia los que no ienen epa o en da libe ad al deso den mo al, más ó menos descubie o, pa a que se pueda exihibi impune- men e, á la is a del público, en las lec u as, en las ep e- sen aciones y en mani es aciones de o o géne o, como si el homb e se7conse ase en la inocencia é in eg idad del Pa aíso, sin que ampoco alga en eso pa a nada la expe- iencia p opia y ajena. Yo no niego en absolu o la u ilidad de la discusión. ¿Cómo oy á nega la, si juzgo que es á eces has a necesa- ia, aun en ma e ias mo ales y sociales, y lo que es oda ía — 75 — más, en las eligiosas? Eso sucede cuando se o ece alguna duda y obscu idad sob e upa doc ina, que con iene, sin emba go, acla a y de e mina . Pe o aun en onces, pa a que sea uc uosa, y aun pa a e i a g a es incon enien- es, es menes e odea la de abas y condiciones, y en e ellas la de que la p esida una au o idad que di ija la con ienda, y que en esa clase de doc inas no puede se o a que la eclesiás ica. Así es como u ie on luga Las discusiones y delibe aciones en los Concilios de la Iglesia, y así es como de ellas ha b o ado an g ande luz pa a el bien, no sólo de la Iglesia, sino de la misma sociedad ci il. Mas pe mi i la discusión de e dades cie as, enca na- das, además, en las sociedades po las adiciones de muchos siglos, y, sob e odo, de los siglos que han co ido desde el es ablecimien o del c is ianismo, y a aigadas en ellas, no como quie a, sino en sus mismas en añas, y o mando la cons i ución, y el o ganismo y el p incipio de ida del cue - po social; eso es un absu do, es una eme idad, una locu a. Pues ales son las e dades á que me e ie o. No, no hay libe ad de pensamien o, ni libe ad alguna legí ima que pueda au o iza su discusión. Con es o ya se deja en e e la espues a que se debe da , cuando se dice que la in ole ancia de la discusión de las doc inas se opone á los p og esos de la ciencia. La espues a debe se que, sea lo que ue e de o os obje os cien í icos, de lo cual no hablo aho a, la discusión pública de e o es cie amen e an isociales, no con ibuye más que á obscu ece y con undi los p incipios de las cien- cias mo ales, polí icas y sociales, y, po ende, pe judica aun á las mismas ciencias especula i as elacionadas con aquéllas; pe o es o se acla a á más con lo que diga en e l . pá a o siguien e. ...  ^4... -82-- con hechos mul iplicados y a oces de la mayo esonan- cia. Su o igen, su his o ia, sus ideas, se han mani es ado, más aún que po las palab as, po la ex ao dina ia signi- icación de sus c ímenes y de los p ocesos consiguien es. Sus p oyec os se aguan con la más es ic a ese a, pocos son los ju amen ados pa a la ejecución; pe o esos, decididos pa a lle a la á cabo, á iesgo inminen e de pe - de la ida, y aun como desp eciándola, con al de conse- gui el mal ado in en o. Es o es lo que hace an emibles los planes ana quis as. Po que, ¿quién, po bien p e enido- que es é, se lib a de un homb e esuel o, que ha endido su ida pa a acaba con la ajena? ARTÍCULO PRIMERO La p opaganda de las ideas ana quis as, es un deli o. T a an algunos de es udia el ca ác e de los c ímenes ana quis as, y hay quienes los cali ican de c ímenes comu- nes; o os en en ellos algo de polí ico; o os los ca ac e- izan como an isociales, y es a me pa ece la cali icación más ace ada. Po que en los c ímenes ana quis as des- cuella, sob e odo, su endencia an isocial, y aunque los hechos sean en el ondo, deli os comunes, no pueden des- poja se de esa endencia y obje o; sin que es o sea nega , sin emba go, que en la uni e salidad del o den social exis- en e, ba ido en b echa po el ana quismo, en e ambién el o den polí ico. Pe o esos c ímenes son el esul ado de las ideas, sin que ampoco po eso niegue que haya en las ilas ana quis as c iminales comunes, que pasan á eng o- sa las pa a encon a mayo acilidad de sa is ace sus mal adas inclinaciones. El ca ác e esencialmen e an isocial de las ideas ana - quis as, se e, p incipalmen e, en dos cosas: en el in que el ana quismo se p opone, y en los medios de que se ale; pe o, sob e odo, en lo p ime o. El in es la des ucción comple a del o den social exis en e; los medios son el ase- sina o, el incendio y la des ucción de odas aquellas pe - — 83 — sonas, obje os é ins i uciones, que de algún modo sob esa- len en la sociedad, y eje cen algún dominio ú supe io idad en el p ole a iado. §I Fin y medios del ana quismo. El in: palab as de Bakounine: decla aciones de los Cong esos ana - quis as.—Los medios: Cong esos ana quis as: la p opaganda po el hecho: los c ímenes ana quis as. Bakounine, quien, con el p íncipe K opo kine, ambos usos, es el p incipal undado del ana quismo, dice en su Ca ecismo e oluciona io: "Nues o in es la des ucción e ible, comple a, impla- cable y uni e sal.,, En esa des ucción uni e sal pudié a- se, á p ime a is a, c ee comp endido al pueblo; pe o cl mismo Bakounine le excluye en su lib o al deci que el in de la e olución y de la des ucción uni e sal, es "la eman- cipación y la elicidad del pueblo—la emancipación de las muchedumb es„. Más cla amen e de e mino ese in el p ime Cong eso ana quis a eunido en Lond es, el año 1881, al deci que, el que p e ende el ana quismo, es "el aniquilamien o de los Sobe anos, de los Minis os, de la nobleza, del Cle o, de los g andes capi alis as y de o os explo ado es,,; y, añadió o a idea, á sabe , que pa a consegui ese in, odos los medios son legí imos. Pe o, sob e odo, se e cuáles son las ideas ana quis as, po el Mani ies o publicado en el Cong eso celeb ado en Gineb a, el año 1882. Dice así, en e o as cosas, es e Mani ies o: "Los ana quis as eunidos en Gineb a, es án de acue - do en los pun os siguien es, que c een de su debe expone á sus compañe os: "Nues o enemigo es nues o amo. Ana quis as, es „deci , homb es sin je e, comba imos odo lo que es é am- 84 _ „pa ado de un pode cualquie a , ó a e en él de ampa- „ a se. „Nues o enemigo es el p opie a io, que de en a la „ ie a y hace abaja al campesino en su p o echo. Nues- „ o enemigo es el pa ono, que posee una áb ica y la llena „de escla os del sala io. Nues o enemigo es el Es ado „moná quico , democ á ico , oligá quico , ob e o ; con sus „ unciona ios, su Es ado Mayo de o iciales, de magis a- „dos y de policías. Nues o enemigo es oda abs acción de „la au o idad, llámese demonio ó Dios, en nomb e de lo „cual, los sace do es han gobe nado á las buenas almas „du an e an o iempo. Nues o enemigo es la ley, hecha „siemp e pa a la op esión del débil po el ue e y pa a la ,.jus i icación y consag ación del c imen.,, Es o dice el p og ama; de donde se deduce que las ideas ana quis as, po lo que mi a á los ines que se p oponen, se ci an en la negación, no sólo de la au o idad, sino de odo o den social. En ese Mani ies o no hay exci aciones, no hay p o ocaciones a la ejecución de hechos c iminales, no hay más que una exposición de doc inas e óneas, de pensamien os. Pe o, si hay en el mundo ideas an isociales, son, sin duda, las con enidas en él; luego si en la mani es- ación de algunas ideas puede habe deli o, es, segu a- men e, en la p opaganda ana quis a. ¿Qué o den, qué jus icia, qué e dad puede concebi se en una sociedad en que se pe mi a publica y en que no se en ene se e amen e la di ulgación po las capas sociales de ideas an sub e si as, an ala man es y escandalosas? Pasemos a los medios: Los medios, según el Cong eso ana quis a de 1881, ya lo he dicho, odos son legí imos, con al que si an pa a la consecución de esos ines. En el Cong eso de 1882, añadie on los ana quis as, al in de su Mani ies o: "Desca amos odos los medios legales, po que son la negación misma de nues o de echo; ehusamos el su agio, llamado uni e sal, po no pode nos despoja de nues a sobe anía uni e sal. „ Y , decla ando más lo que signi ica eso de desca a odos los medios legales, en o a eunión que u ie on en 1883, ap oba on los ana quis as lo — 85 — que , no sin sa casmo , llaman la p opaganda po el hecho (1). Y á la is a es â. cómo ealizan los ana quis as esas eo ías: asesinando á los Sobe anos y á los Minis os, a- liéndose pa a ello del e ól e 6 del puñal, ó del medio que mejo les enga; lanzando sus bombas explosi as, sea en medio de los Pa lamen os, sea en medio de los ea os, sin dis ingui sexos ni edades, con al que sea en euniones de bu gueses; sea en las p ocesiones, pa a qui a la ida á las au o idades asis en es, como sucedió en Ba celona, en el c imen de la calle de Cambios Nue os. En es e úl imo a en ado, no les salió, sin emba go, bien la cuen a, po que, en ez de las au o idades, pe die on la ida no pocos p o- le a ios, de lo cual mos a on luego sen imien o los ana - quis as. Con esos c ímenes, ealizados de esa mane a, se p oponen és os causa una mayo so p esa y e o , exci- a una ala ma gene al é in oduci el desconcie o y la insegu idad social, sob e odo, en las clases que llaman ex- plo ado as. ¿Puede habe nada más b u almen e an isocial que eI empleo de medios semejan es? El in que p e ende el ana quismo, y los medios de que se ale pa a consegui le, son, po consiguien e, cla a y a ozmen e an isociales; luego lo es ambién la p opaganda de las ideas en que se exponen, se inculcan y se p egonan, ya sea de palab a ó po la p ensa, ya en euniones, Con- g esos y Asociaciones, an o la p opaganda po el hecho, como los ines á que se encamina; luego esa p opaganda es al amen e c iminal y punible, sin que haya necesidad pa a ello de p o ocaciones di ec as ni indi ec as pa a la ejecu- ción de los hechos; bas a la p edicación de las ideas. Más punibles aún que los hechos son esas ideas, y más c iminales los p opagandis as p incipales de an descabe- llados pensamien os, que no los me os ejecu o es de. los (1) Pa ece que no odos los ana quis as admi en la p opaganda , po el hecho, á c ee lo que algunos dicen; siendo así, no a con a ellos lo que aho a oy a deci . — 86 -- ho endos hechos, po que los hechos no son o a cosa más que la enca nación de las ideas, y los sos enedo es, po medio del pensamien o de los planes ana quis as, son como el espí i u mo o , en cuya compa ación los ejecu o es no son más que el b azo del deli o. Y, sin emba go, aquéllos se man ienen de o dina io segu os y escondidos en las som- b as, mien as que és os suelen se únicamen e las mise a- bles íc imas de la expiación de la jus icia. § II Obcecación de los delincuen es ana quis as.—No son homb es di e en es de los demás Es cosa que da espan o el e la obs inación con que pe se e an gene almen e los ana quis as en sus ideas, sin e ac a se de ellas, ni aun delan e del espec áculo de una mue e cie a en el pa íbulo; an es bien los hemos is o hace ala de de ellas y mo i con un ho ible ¡ i a! al ana - quismo en los.labios. Mas no se c ea po eso que esa obcecación é insensibili- dad sea indicio de que los ana quis as son homb es di e en- es de los demás o que cons i uyan como una a iedad de la especie humana, y en ano se a anan Lomb oso y los suyos po descub i en ellos los asgos de su soñado ipo c iminal, po que la al a ó embo amien o del sen ido mo al en los ana quis as es olun a ia y culpable , po se e ec o de causas olun a ias. Lomb oso encuen a en ellos algo de bueno y jus o, aunque mezclado con no poco de absu do, malo y pelig oso. Excesi amen e bené olo, e sen imien- os al uis as en quienes manejan, como lo emos, la bom- ba, el e ól e y el puñal. ¿Vaya po o o, que ha descu- bie o en los ana quis as no sé qué cando in an il! Mas siendo ales como son sus pensamien os y sus hechos, ¿hab á oda ía quien juzgue, á nomb e de soñados de echos y libe ades, no se posible p ohibi y cas iga la p opaganda ana quis a? Si has a ahí llegan esas libe ades, nunca pudie on llama se, cie amen e con mayo p opie- — 87 _. dad, libe ades de pe dición. Y, sin emba go, has a ahi deben llega juicio de no pocos. ARTÍCULO SEGUNDO La p opaganda ana quis a en España y la Legislación penal. Cuando no ha muchos años una sen encia de nues o T ibunal Sup emo, ya mencionada, eniendo á la is a el Código penal, absol ió á un pe iódico de la Habana que p edicaba ideas sepa a is as, se p odujo una penosísima imp esión, ayana al escándalo, aun en e los pa ida ios del de echo nue o. Esa imp esión ué el g i o espon áneo de la azón na u al; pe o pa a eso ué menes e que se iese encendido en Cuba el uego de la ebeliön, que luego nos ajo una gue a ex anje a, la más desas osa. Así ambién cuando iene luga uno de esos a en ados ho ibles, á que nos an ya acos umb ando los ana quis as, se le an a un clamo eo gene al pidiendo que se adop en oda clase de medidas y odas las o mas de ep esión, no sólo con a los hechos, sino con a las ideas, poniendo co o con mano ue e á la p opaganda ana quis a. En onces se habla de e o es culpables y de p opagandas c iminales, y odo pa ece poco á in de ex i pa una clase de delincuen- cia que amenaza acaba con la sociedad, y de a aca en su aíz un deli io y un ana ismo del e o an an isocial y an emible. Esa es la oz del sen ido común. Pues yo no digo o a cosa; pe o sucede que pasa ese p ime he o , e ec o de la eme osa imp esión, y luego odo cesa, y se uel e el ecue do a lo que habi ualmen e aca icia en muchos la in eligencia y sien e el co azón, es o es, á la necesidad de conse a incólumes la libe ad del pensamien o y las demás libe ades mode nas. § I Bases de la o ganización ana quis a en España. —La ley de 1894 con a los ana quis as. No hay pa a qué habla aquí de los a en ados de los ana quis as en nues a pa ia: los hechos son demasiado ecien es y espan osos, pa a que no se conse en i os en la memo ia de odos. Y eso que he is o ci ada una decla- ación de los ana quis as españoles, en la que dicen que no se p oponían adop a , pa a consegui sus in en os, esa clase de p oc cdimien os c iminales; pe o que, inie on á Ba celona los ana quis as ex anje os, y se p odujo la ex- cisión. De odos modos, ahí es án los hechos. Mas hace á mi p opósi o, el ansc ibi sin comen a ios, que no necesi an, las bases de la o ganización ana quis a en nues a nación. La o ganización social del pa ido ana - quis a español, quedó de ini i amen e adop ada en el Con, ;ceso de Valencia de 1853. Las bases son las siguien es: "L a Se en iende po ana quía, el no Gobie no, es o es, un Es ado social en el que no sea. necesa io Gobie no ni di ección alguna, po que en endemos que, mien as subsis- a el p incipio de au o idad, no es a á ga an ida la libe - ad de odos los miemb os de la sociedad, ya que el p inci- pio de au o idad ó di ec i o de la sociedad, supone incapa- cidad de los asociados pa a egi se po sí mismos, degene- ando siemp e en i anía, y la sociología ha llegado á al pe eccionamien o, que demues a la ce i ud de que el homb e ha alcanzado ya la mayo edad, y, po an o, es digno de goza de oda la libe ad que las leyes de la na u- aleza, únicas que acep amos, le pe mi en, impidiendo es e goce de la posi i a libe ad humana, la cues ión de in e e- ses, el monopolio y el p i ilegio, sos enidos, no po la a- zón y la jus icia, sino po la a sa y la ue za. „2. a Aunque econociendo que no se á una sociedad comple amen e ana quis a, en an o subsis a el más peque- ño á omo de au o i a ismo ni sujeción alguna, débese con- signa , como ga an ía de libe ad, la abolición del p inci- ; y — 89 -- pio de la p opiedad indi idual y oda explo ación del hom- b e po el homb e. „3. a En consecuencia, o man la o ganización ana quis- a e oluciona ia odos los indi iduos , Sociedades, g u- pos, Cí culos, pe iódicos, e c., que acep en la ana quía, sin dis inción de p ocedimien os e oluciona ios ni de escuelas económicas. „4. R Siendo el homb e lib e en sus mani es aciones, como lib e en la p ác ica del de echo de asociación (ilegislable como la misma libe ad), como lib es las ag upaciones é indi iduos de in eligencia se con quienes y como mejo les pa ezca á los in e esados en un obje i o dado, sin más al- cance ni abas que sus mismos p opósi os, no se señala modo es a u o io ninguno, ni conduc a alguna de p ocedi- mien o, con iando á cada indi iduo, á cada ag upación y á la o ganización oda, el es udio y los medios más á p opó- si o pa a consegui el iun o de la ana quía. „5. a Se c ea, pa a la con eniencia de odas las en ida- des de la o ganización, un Cen o de Relaciones y Es a- dís ica, con obje o de acili a da os y di ecciones, y as- pasa comunicaciones y acue dos en e las mismas, espe- cie de o icina de la o ganización, sin más acul ades ni inicia i as, y que las en idades de e mina án el modo y o ma de lle a lo á cabo, como indi iduos que lo cons i- ui án, localidad y du ación.,, Pasemos aho a á nues a legislación. Los sucesos ana - quis as obliga on, el año 1894, á nues o Gobie no, que po en onces es aba en manos del pa ido usionis a, â. o na medidas pa a ep imi los, y se p esen ó en las Cáma as un p oyec o de ley penal, que se sancionó y p omulgó el 10 de Julio del mismo año; sólo ha é mención de aquella pa e de la ley que hace á mi p opósi o. El p oyec o, al como le puso el Minis o en manos de la Comisión que había de in o ma 'sob e él, con enía un a ículo, que e a el 7.° en el o den de los a ículos, el cual decía así: "Al que p edica e la ejecución de los hechos desc ip os y cas igados en la p esen e ley, aunque no con ibuya a -90-- su comisiön, como au o , cómplice ó encub ido , se le im- pond á la pena de p esidio co eccional.,, Pe o la Comisión sup imió ese a ículo y solamen e conse ó el e e en e á la p o ocación , que en la ley ap obada es el 6.°, y dice así: "El que, aun sin induci di ec amen e á o os á ejecu a cualesquie a de los deli os enume ados en los a iculos an- io es, p o ocase de palab a, po esc i o, po la imp en a, po el g abado ú o o medio de publicación, á la pe pe a- ción de dichos deli os, incu i á en la pena señalada J. los au o es espec i os, si á la p o ocación hubie a seguido la pe pe ación, y en la in e io en un g ado, cuando no se ealizase el deli o.,, No puede menos de no a se alguna di e encia de c i e- io en e el p oyec o, al co no le en egó el Minis o, y la ley de ini i amen e ap obada. Po que no es lo mismo la p edicación del p ime o, que la inducción ó p o ocación de la segunda; és a iene po obje o inmedia o impulsa á la olun ad ajena, y pa e ambién de la olun ad del p o- ocado ; la p edicación aba ca más, po que bas a pa a ella la exposición de pensamien os, de máximas, de doc i- nas, lo cual es ob a del en endimien o, po medio de la palab a. Además, si lo uno y lo o o signi icaban lo mismo, como después se dijo, ¿po qué al a ículo sob e la p o o- cación, se añadía en el p oyec o el e e en e á la p edica- ción?Po eso c eo yo que, dicho a . 7.° del p oyec o,mi a- ba como deli o la p opaganda de cie as ideas, aunque eso lo hiciese de una mane a abajosa y elada, y en é mi- nos an es ingidos, que solamen e cas igaba como delin- cuen e, al que p edicase la ejecución del deli o. De odos modos, quedó el a ículo excluido de la ley. ¡Se oponía, sin duda, á su inclusión, la libe ad del pensa- mien o, con el co ejo de las o as libe ades á la mode na! Es a es, en e ec o, la no a que dominó en la discusión de la ley en el Cong eso, no obs an e que hubo alguna que o a oz, que se le an ó en o o sen ido. En con i ma- ción de ello, oy á da aho a alguna mues a de lo que en él se dijo, — 91 — En el a ículo y capí ulo p ime os de la pa e gene al, he dejado ya ansc i as algunas palab as que dijo el p e- siden e de la Comisión, S . Canalejas; he aquí aho a las de o o miemb o de la misma Comisión: "Yo c eo que, po llama se ana quis a, no se puede conside a c iminal á nadie, ni se le puede aplica ninguna pena. Tend íamos que en a á a e igua en qué consis ía el ana quismo, al como lo en endie a el indi iduo que se llama a ana quis a, y si esul a a que sólo signi icaba la negación de odo Pode público (¡ahí es nada! Eso es lo que p edican los ana quis as), no hab ía mo i o pa a p öcede con a él (lo mismo dije on o os dos dipu ados). Pe o en el momen o en que un indi iduo, llámese ó no ana quis a, en e en el e eno de la p oposición ó de la conspi ación, pa a come e un deli o, pa a ese p oponemos la pena co- espondien e .,, Y luego añadió un dipu ado epublicano: "C eo que los ana quis as ienen pe ec ísimo de echo de mani es a cuáles son aquellas ideas que, espec o o ganización social , es imen como mejo es ; y, en es a c eencia, en iendo, y en es o elici o á los indi iduos de esa Comisión, especialmen e al S . Suá ez Inclán, que se ía, ¡has a inú il y idículo! que a á amos de a en a con a aquéllos.,, O o dipu ado de la mayo ía usionis a: "La inducción, que an a p edilección me ecía al seño ma qués de Lema, me la me ece á mí igual, en sen ido con a io; la inducción, y oy buscando el c i e io del se- ño p esiden e de la Comisión, an o ale en cuan o aya di ec amen e al deli o. Seño es dipu ados, con ese p ece- den e (el del a ículo de la ley, que dejo ya ansc i o, so- b e la inducción) c eo que amos dando un golpe a al á la ley de la libe ad del pensamien o , que la Cons i ución sanciona.„. Con ales doc inas, ?cómo se a á pensa en cas iga la p opaganda de las ideas? Habló ambién el Minis o i man e del p oyec o de ley y, en e o as cosas, dijo: -- 98 — bién, po lo mismo, hacia donde di igi é p incipalmen e mi a ención. El socialismo con empo áneo p e ende hace pasa a manos de la colec i idad, sea el Es ado ó el Municipio, odos los bienes comp endidos bajo el nomb e de medios de p oducción , ie as , áb icas , máquinas , auxilia es del come cio, en una palab a, odos los medios de p oducción de la ag icul u a, de la indus ia y del come cio. Una ez pues os esos medios en manos de la colec i idad, és a los dis ibuye pa a el abajo en e los ciudadanos, según la ap i ud de cada uno; los p oduc os se hacen ambién colec- i os, y luego, sea el Es ado di ec amen e po sí mismo, ó po medio de los Municipios, los di ide en e los ciudadanos según eglas equi a i as, que oda í a no es án bien de e - minadas y po odos acep adas. A es o que eciben los ciudadanos es á lo que los socialis as llaman p opiedad p i ada; pe o a la is a es á que lo p incipal y aquello que o ma el ondo de la p opiedad indi idual, al y como odos los demás la en ienden, desapa ece en el sis ema socialis a. Po eso dice el Sumo Pon í ice León XIII en la Encíclica Re u n No a un2: "Los socialis as, después de exci a en los pob es el odio a los icos, p e enden que es p eciso acaba con la p opie- dad p i ada y sus i ui la con la colec i a, en la que los bienes de cada uno sean comunes a odos, a endiendo á su conse ación y dis ibución los que igen el Municipio ó ienen el gobie no gené al del Es ado. Con es e pasa los bienes de las manos de los pa icula es á las de la Comu- nidad y epa i luego esos mismos bienes y sus u ilidades, con igualdad pe ec a, en e los ciudadanos, c een que pod án emedia los males p esen es.,, El p og ama del Cong eso socialis a de Halle, enido del 12 al 18 de Oc ub e de 1890, del cual ué edac o Liebknech , uno de los p incipales co i eos del socialismo, dice en e o as cosas: "La emancipación del abajo exige que los ins umen- os del abajo engan á hace se la p opiedad colec i a de la sociedad, y que se p oceda á la dis ibución del a- -- 99 -- bajo o al, de sue e que se llegue á un empleo ú il pa a odos de los p oduc os del abajo y á su equi a i a dis- ibución.,, Eso es oda una e olución en el o den económico. Mas es a e olución económica ae consigo una e olución domés ica. La azón es cla a: po que esa dependencia, que los pad es end ían del Es ado con espec o á los bienes y al abajo de los hijos, implica la abso ción de la au o idad pa e na hecha po el Es ado. Y, en e ec o, en el p og ama de Go ha y de E u pide el socialismo "educación popu- la común é igual, en es ablecimien os del Es ado.,, Además, el p og ama gene almen e adop ado po el socialismo p o- clama la igualdad pe ec a de los dos sexos en cuan o á los de echos, y la mayo pa e de sus adep os mi a al di o cio y aun á la unión lib e, como uno de los a ículos del p o- g ama. Después de eso, ¿qué es lo que de la amilia pe ma- nece ía. en pie en el égimen socialis a? ¿Qué más?' Ese conjun o de p incipios iene á se , po la ue za de las cosas, una e olución social y eligiosa. Así es que, dejando á un lado las excepciones indi iduales que pueda habe , y á pesa del disimulo de los más hábiles del pa ido, el socialismo es a eo-ma e ialis a. He aquí un es imonio muy signi ica i o. Bebel, el je e más ac i o y esuel o del socialismo ale- mán, se a e ió á p oclama al amen e en el Reichs ag, ya desde el año 1878, el a eísmo p o esado po el socia- - "Haeckel— dijo—el p incipal ep esen an e del da i- nismo, no comp ende que el da winismo pueda a o ece al socialismo, ni que el socialismo se halle en ín imas ela- ciones con el da winismo. Haeckel no en iende nada de la ciencia social... Voso os a acáis nues a mane a de e en ma e ia de eligión. Decís que enemos opiniones a eas y ma e ialis as. Tenéis azón... Hemos adop ado las doc i- nas del a eísmo que nos han enido de o a pa e; nos c eemos obligados á p opaga las y di undi las en las masas... La ciencia mode na nos da la mano. Reconoce- mos sus doc inas con sus consecuencias; a amos de popula iza las y de hace las en a en la ida de la nación y en el o ganismo del Es ado.,, Véase al P. Cas elein en su ob a Le socialisme e le d oi de p op ié é, y ambién al P. Vicen en la ob a ya ci ada. Dice Donoso Co és en el lib o II, capí ulo IX de su Ensayo: "Todas las escuelas socialis as son, desde el pun o de is a ilosó ico, acionalis as; desde el pun o de is a polí- ico, epublicanas; desde el pun o de is a eligioso, a eas.,, ARTÍCULO SEGUNDO La p opaganda socialis a es un deli o. El socialismo enseña la abolición de la p opiedad p i ada.—Eno mi- dad de la injus icia del socialismo. He dicho que no iba á ija me más que en el aspec o económico del socialismo y en sus inmedia as consecuen- cias; pe o e a p eciso ene una idea de lo que es esa ag u- pación, aun en o os ó denes más subidos. El socialismo, en cualquie a de sus o mas, p e ende la abolición de la p opiedad p i ada, al y como has a aho a se ha en endido. El enemigo del socialismo es el capi al, Con a él ases a, di ec amen e, sus i os, y con a él le- an a sus p incipales ba e ías. La lucha se aba en e el capi al y el sala io, y el in del socialismo es emancipa al p ole a io de lo que él llama escla i ud del sala io, y, Lassalle, "ley de b once del sala io„. Pa a eso esc ibe el socialismo en su bande a: "P ole a ios de odo el mundo, uníos.,, Pues siendo esa, en el o den económico, la doc ina so- cialis a, a i mo que la p opaganda de esas ideas es c imi- nal, y, como al, me ecedo a de cas igo. Es a es mi p opo- sición. Y a la e dad: c iminales son — como ya dejo demos- adb,—las doc inas an isociales; pues, ¿qué mas an isocial — 201 — que p opala y di undi , de palab a ó po esc i o, en las masas popula es, la injus icia y la i anía del capi al, y, po el con a io, la jus icia y la necesidad del despojo de los p opie a ios capi alis as? Las leyes ienen po deli o el obo, aun en pequeña can idad; ¿con cuán a mayo azón debe ían ene po al la p opaganda de esas doc inas? Más an isocial que el he- cho del que despoja á o o de lo suyo, es esa p opaganda, po que la anscendencia social es de más mon a, po su mayo ex ensión y po el g an pelig o de la di usión del mal. Ni se me diga que en lo uno se a a de hechos y en lo o o de ideas, y que an c iminales como son los hechos, son ino ensi as las ideas. Po que esa di e encia queda ya e u ada, y aun debe añadi se que, las ideas pe e sas, son más emibles que los simples hechos , po lo di íciles que son de desa aiga se, sob e odo, cuando son an halagüe- ñas pa a el p ole a iado, como las socialis as. A pesa de odo, ¿se buscan hechos? Pues el sal o de las ideas á los he- chos no es aquí di ícil. Po que, nada más ácil que el pe - wadi se muchos con esas p edicaciones de que en cada bu gués no en más que un lad ón; y de ahí al obo, si se p esen a una buena ocasión, no hay mucha dis ancia, an- o menos di ícil de sal a se que en los lad ones comunes, cuan o que el sec a io end á á su a o la con icción de no come e en ello una injus icia. Pe o dila emos un poco más el campo del azonamien o. ¿Qué es hoy el pa ido socialis a? Es una ag upación nume osísima, que cuen a en el mundo con muchos milla- es, y aun con millones de adep os, los cuales, po medio de lib os, Re is as, pé iódicos, discu sos, Cong esos, eleccio- nes, concejales, dipu ados, y con un Es ado Mayo nume- oso, abajan cons an emen e po consegui un in, que no es o o que la abolición de la p opiedad p i ada, pa a con e i la en colec i a. Aho a bien; la p opiedad p i ada es de de echo na u- al; es, además, una de las bases undamen ales del o den social exis en e, y del o den social que ha exis ido y se ha -- 102 — c eído necesa io po odos, ue a de unos pocos, ela i a- men e á los demás, du an e odos los siglos que cuen a de ida el géne o humano. Y, nó ese bien; pa a es ablece la p opiedad exclusi a- men e colec i a, aboliendo el de echo á la p opiedad p i- ada, el socialismo se p opone aboli el de echo de p opie- dad, ya exis en e y conc e o, en las manos de innume ables poseedo es, los cuales, hablando en gene al, y sin limi a - nos á al cual dueño en pa icula , la adqui ie on legí- imamen e. Es deci , que la p opaganda socialis a es una as ísima y ac i ísima conspi ación in e nacional, amada con un plan e iden emen e an iju ídico, pa a as o na adical- men e el o den social, des uyendo una ins i ución que siemp e se ha epu ado esencial á la sociedad. Y ' no sólo des uyendo la ins i ución en sí misma, ó sea el de echo inna o á la p opiedad p i ada, sino ambién la ac uación de ese de echo , ex endida uni e salmen e po odo el o be. Hace ein a años c ispaba los ne ios el sólo oi que uno e a socialis a, hoy ya no llama la a ención: he ahí el e ec o de la p opaganda. Y una amaña conspi ación de ideas an isociales, ¿no ha de epu a se c iminal? Si esa conspi ación no me ece ep esión y cas igo, ¿qué conspi- ación, aunque sea con a la ida del Sobe ano ó de ebe- lión con a el Pode , pod á, con azón, me ece lo? § II E asi as del socialism. Los medios de que se ale el socialismo, no jus i ican su in.—Aun- que el socialismo ob u iese, legalmen e, el pode , no desapa ece- ía la injus icia.— Opinión de Cáno as del Cas illo. Se me opond á que el socialismo no p e ende se i se, pa a su in, sino de medios legales de acción; lo ha dicho y epe ido en sus Cong esos, y lo ha inculcado é inculca cons an emen e á sus pa ida ios. --- 103 — He aquí los medios y los p ocedimien os del pa ido so- cialis a. Los medios de que quie e ale se, son el su agio uni e sal y las elecciones. T abaja pa a que se es ablezca, donde no exis e, el su agio uni e sal, y luego desciende, pací icamen e, á la a ena de las elecciones, y se es ue za, po en ia los Ayun amien os, á las Dipu aciones y á las Cáma as popula es, el mayo núme o de concejales y de dipu ados que le sea posible. Después de eso, espe a con paciencia el día en que sus a iliados puedan cons i ui mayo ía en las Cáma as y o ma Gobie no, y en onces, y sólo en onces, aboli á el capi al, y así con e i á legal- men e, en colec i a, la p opiedad. Es á bien; demos po el momen o que los socialis as, es deci , las g andes masas de p ole a ios que o man el cue po del ejé ci o socialis a, engan oda esa paciencia y amo á. la legalidad, que quie e inspi a les su Es ado Ma- yo (cosa di ícil de espe a que sea cons an e y du ade a); aun en onces no se lib a el socialismo de la mancha in a- man e de una eno me injus icia é iniquidad. Po que los me- dios no jus i ican el in, así como ampoco puede el in jus- i ica los medios. Po el con a io, el in malo y pe e so in iciona, con su malicia, los medios que á consegui le se encaminan. Pues siendo eso así, he aquí la consecuencia: los pe iódicos y demás esc i os socialis as, sus enseñanzas y discu sos, los su agios elec o ales y odos los o os me- dios de p opaganda de que se ale el socialismo, po más que sean legales, en el sen ido ulga de es a palab a, po au o iza los las leyes igen es, ienen á se unos medios injus os, inicuos y c iminales, como lo es el in á que se di igen. Se eplica á: "Aun el in mismo se jus i ica en el sis ema socialis a, po que no es su in en o implan a el colec i is- mo de la p opiedad, sino po medio del pode , y, po con- siguien e, legalmen e, sin iolencias, ni audes de ningún géne o. „ Es es a una éplica que puede deslumb a con cie as apa iencias de e dad; pe o no más que con apa iencias. Respondo, pues, esuel amen e que aun en onces se ía -- 104 — el colec i ismo injus o é ilegí imo, po que no puede la au o idad, aun sup ema de la sociedad, aboli el de echo de p opiedad p i ada. No pa ecía, sin emba go, sen i así el S . C_íno as del Cas illo al p onuncia en la Academia de Legislación de Mad id el discu so, ya más de una ez ci ado: "Ningún ju is a—dijo en aquella ocasión—osa á nega que, si el p ole a iado se alie a exclusi amen e del o o pa a ealiza , po medio de dec e os legisla i os, un com- ple o as o no social, se ía és e unes ísimo, no hay que deci lo; pe o an legí imo como aho a lo son los Códigos ci iles, que ga an izan los de echos de las clases oda ía supe io es, á las cuales ni siquie a les queda ía de echo á queja se, pues o que sin ellas no se hab ía llegado á unda el nue o de echo polí ico. „ Paso po al o la dolo osa con esión que en uel en las úl imas palab as; pe o ¿cómo puede llama se jamás legí- imo "un comple o as o no social unes ísimo,,, po más que se ealice con las o malidades legales desde las al u as del pode ? A no se que el S . Cáno as en endiese po legí- imo aquello que es me amen e legal; pe o en ese caso, e a menes e explica la palab a, que se p es a á una o cida in e p e ación, sob e odo, cuando se dice que el as o no social se ía an legí imo como "los Códigos ci iles , que ga an izan los de echos de las clases oda ía supe io es,,. En e es os de echos descuella, á no duda lo, en el asun o de que se a a, el de la p opiedad p i ada de las clases supe io es; pues ¿cómo puede deci se, sin incu i en un absu do, que el as o no social que causa ían los socialis- as iun an es en el pode , se ía an legí imo como los Códigos ci iles, que ga an izan el de echo de p opiedad indi idual? Po que es o segundo es legí imo en oda la ex ensión de la palab a, como legalidad y como ley; mas lo p ime o solamen e lo se ía en el sen ido de legalidad. Yo uel o á deci que aun en onces la p opiedad colec- i a del socialismo se ía injus a é inícua. Po que es menes- e no con undi la legalidad con la e dade a ley. La posibilidad y aun el hecho, ha o ecuen e, po desg acia, — 105 -- de las leyes injus as y o os mo i os á que han dado luga los a ios secuaces del de echo nue o, nos han obligado á es ablece esa dis inción. La ley p opiamen e al es una disposición jus a de la au o idad, y po eso con o me á la azón y á la ley e e na; la legalidad consis e en cualquie a disposición jus a 6 injus a, que haya emanado de la au o idad legisla i a, y se haya dado según los ámi es legales. La ley mi a á la o ma in e na, que es la jus icia; la legalidad á la o ma ex e na de la ley. "Pa a los de enso es del mode no legalismo — dice el au o de las Reclamaciones legales,— oda legalidad igen e es ley e dade a; pa a los aman es de la iloso ía c is iana, oda ley es ambién legalidad igen e; pe o no oda legalidad, sino la jus a únicamen e es ley e dade a. ,, Aho a bien; no puede con jus icia, ni aun la au o idad sup ema, aboli la p opiedad p i ada, po se és a, como he dicho, de de echo na u al; po consiguien e, la disposi- ción con que el Gobie no socialis a en la hipó esis dec e- ase el colec i ismo de la p opiedad, se ía la legalidad, pe o no una ley e dade a, po que se ía una iolencia, una injus icia. No; no ha sido cons i uida po Dios la au o idad pa a conculca los de echos na u ales, sino pa a de ende - los y p o ege los; y el hace lo p ime o, no es o a cosa más que con e i se en lobo el pas o y sanciona con el man o del pode una op esión an o más odiosa y emible, cuan o más i emediable. Que sea un de echo na u al en los indi iduos y en las amilias el de echo de p opiedad p i ada, y no sólo de las cosas muebles, sino ambién de las inmuebles, no se ía di ícil demos a lo; pe o no pe enece á mi in en o el hace - lo aquí. Pueden e se las ob as ya ci adas sob e el socia- lismo ó ambién á Tapa elli, Cepeda, Mendi e ó á cual- quie o o au o azonable de De echo na u al; y, sob e odo, debe consul a se la Encíclica de León XIII sob e el es ado ac ual de los ob e os, que empieza: Re umNo a um. — 106 — § III Daños del socialismo.—Tes imonio del Papa. Con lo dicho queda demos ada la c iminalidad de las ideas socialis as, y jun amen e de las comunis as, y, en gene al, de odas las escuelas ó sec as que, bajo una ú o a o ma, p o esan la abolición de la p opiedad pa icula (1). De sue é que, aun dado caso que el einado del socia- l ismo inaugu ase una e a de p ospe idad ma e ial, siemp e se ía c iminal la p opaganda socialis a, po se el colmo de la injus icia el aspi a á una p ospe idad cimen ada en la abolición de odos los capi ales. Pe o lejos de se el socia- lismo el einado de la abundancia, no se hace di ícil á sus impugnado es el pa en iza que se ía el einado de la mise- ia, po que al a ía pa a el abajo el es ímulo que se encuen a en el de echo de p opiedad p i ada. Es e y o os males sociales, que se segui ían de la p o- piedad colec i a, los enume a ené gicamen e el Papa en la Encíclica ya ci ada. Esos males se an "la pe u bación de odos los angos y clases sociales, una odiosa é insopo able se idumb e pa a odos los ciudadanos, la pue a abie a a odas las en idias, á odos los descon en os, á odas las disco dias; el alen o y la habilidad p i ados de sus es ímulos y, como consecuencia necesa ia, las iquezas desecadas en su uen- e; así, la igualdad que en su pensamien o se o jan los socialis as, no end ía a se más que la igualdad en la abyección, en la indigencia y la mise ia.,, Po un lado la injus icia, po o o los pe juicios g a í- simos pa a el bienes a social; pe o, sob e odo, lo p ime o; ¿qué es lo que al a al socialismo y á su p opaganda pa a que de odas mane as se los mi e como á enemigos de la (1) Véase El comunismo: sus causas, e ec os y emedios.—Ob a aducida del i aliano po el P. Min eguiaga.—Mad id, lib e ía de D. G ego io del Amo, calle de la Paz, núm. 6. — 107 — sociedad, cuyos in en os y mani es aciones se deban ep i- mi con ene gía y en e eza? An es de e mina es e a ículo, no quie o deja de menciona en mi apoyo una sen encia del T ibunal Sup e- mo de 28 de Ene o de 1884, que he aducido en el a ículo segundo, capí ulo p ime o de la pa e gene al. Véase lo dicho allí. ARTÍCULO TERCERO A inidades en e el socialismo y el ana quismo. Hay cie as a inidades en e el socialismo y el ana quis- mo, de las cuales pudie a o igina se un nue o a gumen o pa a con i ma la c iminalidad de la p opaganda socialis a. Po que no pa ece que ellas sean an emo as que deba juz- ga se al socialismo exen o de oda esponsabilidad c iminal po su in luencia en los planes de la p opaganda ana quis- a. Cuando menos, odo el mundo debe e aquí, si no un mo i o su icien e po sí sólo pa a la ep esión penal, la necesidad de con ene y en ena la p opaganda socialis a, como una medida p e en i a con a el ana quismo y, ade- más, una co obo ación de lo es ablecido en el a ículo an e io . § I A inidad en las doc inas. Los socialis as echazan la solida idad con los ana quis as. Socia- lis as y ana quis as se llaman e oluciona ios.—Semejanza en las doc inas.—Hay ana quis as y ana quis as. —Simpa ías de los socialis as en a o de los ana quis as. Es menes e deci , an e odo, en hono de la e dad, que los socialis as echazan oda solida idad con los ana quis- as; los expulsa on de ini i amen e del Cong eso socialis a de La Haye en 1872, y desde en onces se han man enido en su esolución. Hay que añadi , sin emba go, que, á pesa de los medios de que se han alido, no han log ado oda ía — 114 -- hecho, que ha ían necesa ia la ep esión, aun den o del sis ema de condescendencias y libe ades del de echo mo- de no. Ag á anse los pelig os de la p opaganda socialis a con el siguien e hecho. Uno de los medios que emplea el socialismo pa a obus- ece se y p opaga se, es el de las huelgas. En ellas hace un como ala de de sus ue zas, po medio del cual los socia- lis as se econocen, se suman, se o ganizan, en lo que pudie an hace el día del g an comba e, y jun amen e ins- pi an espe o y emo d la inmensa muchedumb e de los pa ida ios y poseedo es del capi al, no menos que á los ep esen an es de la au o idad. No bas a. En esas huelgas, y, sob e odo, en las del 1.° de Mayo, que en algunas egiones han llegado á con a con cen ena es de miles de ob e os, los socialis as han as- pasado, d eces, los lími es de la legalidad, según lo hemos is o en Ingla e a, en Bélgica, F ancia, España y en o as pa es, y ha habido colisiones sang ien as con la ue za pú- blica, como e a de eme , a endidas las ci cuns ancias. Es e es el es ado ac ual de la sociedad, sob e odo, en Alemania, F ancia y o os Es ados, y ambién en pa e en España, donde el socialismo a siemp e ganando e eno, especialmen e en las p o incias más indus iales. Y, en e- an o, ¡la au o idad c ee no pode hace nada con a la p opaganda de las ideas socialis as, po que los p incipios mode nos de gobie no se lo es o ban! CAPITULO III La p opaganda masónica. .-aRTÍCU LO P RI MERO •Ca ác e de Sociedad sec e a en la Masone ía. Sus ju a- men os. Condenaciones de los Papas y de los Sobe- anos. Siemp e ha enido la Masone ía el ca ác e de Sociedad sec e a; siemp e ha buscado las somb as y el mis e io, se ha alido de ingimien os y disimulos, y p ocu ado ocul a - se á las mi adas de la au o idad. Y aunque iene sus Bole- ines y pe iódicos, que se leen y di unden, gua da, sin em- ba go, a canos, que no descub e sino á algunos de sus mis- mos adep os, como son los ines úl imos que se p opone consegui , los je es p incipales y o as cosas semejan es. Ese ca ác e de sec e o sospechoso se ad ie e ambién en los signos, palab as y símbolos mis e iosos, de que se si e la Masone ía en sus Jun as é iniciaciones, los cuales se ían sobe anamen e idículos si no u iesen ocul as sig- ni icaciones, como nos lo asegu ó que las ienen, en e ec o, el G an O ien e español S . Mo ay a, en la de ensa que hizo de la Masone ía con a el pe iódico La Ve dad, de Cas ellón. Y cie amen e que si la Masone ía no ue a más que una Sociedad bené ica, cien í ica ó de ec eo, bajo cuyos í ulos se ocul a muchas eces, no end ía azón algu- na de se odo ese apa a o de símbolos y de signos con en- cionales. — 116 — Pues ¿qué di emos de la obediencia masónica? La Maso- ne ía exige a sus a iliados una obediencia absolu a e incon- dicional pa a cualquie cosa que se les mande; ademas, el ju amen o de gua da sec e o sob e las cosas de la sec a, bajo la amenaza de e ibles penas, sin exclui la capi al, con a los queb an ado es de la palab a dada. Ni queda la cosa en solas palab as, po que se han is o, más de una ez, los e ec os de esa obediencia y mal ados ju amen os po indicios innegables y segu os ó muy di íciles de pode nega se. Po eso, ya desde un p incipio, los Sumos Pon í ices, empezando po Clemen e XII en 1738 has a León XIII, conociendo la pe e sidad de esa Asociación, la hicie on blanco de sus excomuniones; mas no sólo los Papas, sino que ambién la p osc ibie on los P íncipes y Je es de Gobie - no en Holanda, Aus ia, Suiza, Ba ie a, en a ias pa es de I alia y ambién en España, y así como ué p osc ip a, nunca debie a habe sido ole ada después. Y ¿no es odo eso mas que su icien e pa a que la Maso- ne ía deba conside a se como una Asociación c iminal? Pe o yo debo ija , sob e odo, mi a ención en el conjun o de los p incipios masónicos pa a encon a en su p opagan- da indicios y p uebas mani ies as de su c iminalidad. No ha é, sin emba go, más que no a las en un asun o, que se p es a a mucha ex ensión, sin deja po eso de deci lo su i- cien e pa a mi in en o. ARTÍCULO SEGUNDO P incipios masónicos. Es menes e obse a an e odo que, como dice la Encí- clica Humanum genus de León XIII, "hay a ias sec as que, si bien di e en es en nomb e, i os, o ma y o igen, unidas en e sí po cie a con o midad de p opósi os y a i- nidad en e sus opiniones capi ales, concue dan de hecho con la sec a masónica, especie de cen o, de donde odas salen y adonde odas uel en„. -- 117 — Al habla de los p incipios masónicos, no quie o po eso deci que los p o esen odos y cada uno de los a iliados, po que, según ya lo he indicado, no odos es án en el sec e- o de los planes de la sec a. Pod ía empeza mi azonamien o diciendo que los ma- sones impugnan mi esis gene al, po que p oclaman la libe - ad comple a de mani es ación de las ideas; mas como ese p incipio sea sub e si o en al o g ado del o den social, la • consecuencia lógica se ía deduci de ahí la c iminalidad de las ideas masónicas. Mas con se ese a gumen o decisi o y aplicable aun á o os que se apellidan con o os nomb es di e en es del de masones, me con en o con indica lo sin insis i más en él. §I En el o den eligioso. Odio de la Masone ía al c is ianismo.—JAdmi e la Masone ía la exis- encia de Dios?—Indi e en ismo eligioso.—Un hecho ecien e. La Masone ía acos umb a e es i se de di e sas o - mas, según lo pide la con eniencia pa a ob ene sus ines. Así es que, dejando á un lado el man o de Sociedad bené i- ca, se llama o as eces sec a eligiosa cuando le con iene p esen a ese ca ác e pa a consegui su econocimien o legal en los países en que hay libe ad ó, cuando menos, ole ancia de cul os. Lo que yo digo, es que es una sec a an i eligiosa, po - que lo que sob e odo ca ac e iza á la Masone ía es su odio á la Religión ca ólica y á odo lo que lle a su sello, y ese odio es á sob e odos sus odios y enemis ades. La Masone ía niega la e elación c is iana, y no sólo la niega, sino que la de es a y abomina. El odio de los masones á Jesuc is o y á su Iglesia, á las Ó denes eligiosas, al Cle o en gene al, al cual que ía e desapa ece de la ie a, en una palab a, á odo aquello que lle a el sello de la C uz, iene algo ó mu- cho de sa ánico, y po ese odio me ece jus amen e la Maso- ne ía que se la coloque al en e de los secuaces del einado --- 118 — de Sa anás en la ie a con a el einado de Dios y de su. C is o. Aho a bien; ese odio al c is ianismo y los es ue zos de la Masone ía pa a p opaga le en el mundo, ienen que se necesa iamen e unes ísimos á la sociedad, sob e odo, en las naciones que u ie on la dicha de se educadas en la Religión e dade a. Dícese que la Masone ía admi e la exis encia de Dios, bajo el nomb e del G an A qui ec o; pe o la e dad es que no iene po bien cie a y asen ada esa c eencia, y p ueba de ello es que ha habido úl imamen e en e los masones g an con ienda sob e la necesidad de p o esa ó no la c een- cia en Dios. Lo cie o es que, en la p ác ica, no es un obs- áculo pa a se masón el nega abie amen e la exis encia de Dios, y que, hablando del cul o de la di inidad, se oye, á eces, deci á los masones que el cul o masónico no es o o que el cul o á la humanidad. O a cosa hay ambién cie a, y es que la Masone ía p o esa el indi e en ismo eligioso, que no es más que una especie de a eísmo, y jus amen e al esc ibi es o, leo en los pe iódicos que el Consejo Sup emo del G an O ien e de F ancia, eunido en Asamblea gene al en Oc ub e de 1897, p oclamó una eligión nue a, que ha de se , en adelan e, la de odos los masones, undada en los p incipios de la ole- ancia uni e sal; pe o p osc ibiendo, al mismo iempo, odo dogma y odo cul o y, muy especialmen e, como se podía supone , los dogmas y el cul o de la Religión ca ólica. ¡Vaya con la ole ancia! Pe o sea lo que ue e de la c eencia eó ica, la sec a. masónica p escinde de Dios en el eje cicio de su ac i idad; más oda ía: sus doc inas ienden á sepa a la in luencia de Jesuc is o y de Dios de odas las no mas de la ida, y aquí es donde apa ece la acción disol en e de sus ideas en la sociedad, mil eces más dañosa y más c iminal que si l a . p i ase de los bienes ma e iales. Véase el capí ulo siguien e. — 119 — § IT La Masone ía en el o den amilia , en el poli ico y en el mo al. En el o den amilia : el ma imonio ci il, el di o cio, la enseñanza laica.—En el o den polí ico: la sepa ación de la Iglesia y del Es a- do, la polí ica a ea, doc inas sub e si as de la au o idad.—En el o den mo al, enseña la mo al independien e: sus consecuencias.— Los p incipios masónicos es án imbuidos en el na u alismo. En el o den amilia , en luga del ma imonio c is iano, in oduce la Masone ía el ma imonio ci il y el di o cio; á la enseñanza y educación c is iana, sus i uye la enseñanza laica, y con ella a oja al san o C uci ijo y á Dios, de las escuelas. En el o den polí ico, p oclama la sepa ación de la Igle- sia y del Es ado, y la polí ica a ea, que á es o equi ale el deci que no hay azón pa a que el Es ado an eponga una eligión á o a, sino que odas deben se enidas en igual conside ación. P o esa, además, la Masone ía, o a doc i- na sub e si a de oda au o idad. "Todos los homb es, según ella, ienen iguales de e- chos, y son de igual condición en odo; odos son lib es po na u aleza; ninguno iene de echo pa a manda á o o, y el p e ende que los homb es obedezcan á cual- quie a au o idad, que no enga de ellos mismos, es, p o- piamen e, hace les iolencia. „Todo es á, po consiguien e, en manos del pueblo li- b e: la au o idad exis e po manda o ó concesión del pue- blo; de sue e que, una ez mudada la olun ad popula , es líci o des ona los P íncipes, aun po la ue za.,, Es o—dice la ci ada Encíclica de León XIII—es lo que p o esan los na u alis as, y és os los p incipios acep ados po los masones. Po eso, po más que se digan ieles y sumisos á la au o idad cons i uida, cuando és a no gobie na á su gus- o, abajan los masones po de iba la y hace la desapa- ece de cualquie a mane a. Tes igo, el il asesina o del inmo al Ga cía Mo eno, p esiden e del Ecuado , que ué — 120 — ob a de las logias masónicas. En muchas ocasiones se la ha acusado, con mo i o, de habe p omo ido 6 omen ado e oluciones unes as, y, úl imamen e, se le han a ibuido, no sin undamen o, en e noso os, complicidades en la desas osa gue a de Cuba, y, sob e odo, en la de Filipi- nas, cuyo lamen able é mino mejo es no eco da lo. La Masone ía es una sec a e oluciona ia. "De esa mane a—dice el Papa, — oceando libe ad y p ospe idad pública, haciendo c ee que, po culpa de la Iglesia y de los Mona cas, no había salido aún la mul i ud de su inicua se idumb e y mise ia, engaña on (los maso- nes) al pueblo, y despe ada la sed de no edades, le inci- a on á comba i ambas po es ades.,, ¿Puede da se nada más sub e si o y más dañoso á la Sociedad, que ese conjun o de pensamien os, doc inas é in en os? Añade además el Papa: "Esas mudanzas y as o nos maquinan muy de p o- pósi o, abajando de consuno muchas Sociedades de co- munis as y socialis as, á cuyos designios no pod á deci - se ajena la sec a de los masones, como que a o ece, en g an mane a sus in en os, y con iene con ellas en los p in- cipales dogmas.,, Son muy de no a es as palab as de León XIII, po que de esa con eniencia de los masones, con los comunis as y socialis as, en los p incipales dogmas ó doc inas, é in en- os, se pod ía deduci un nue o a gumen o con a la p o- paganda de las doc inas masónicas. También la Masone ía se iene, como el socialismo, po una asociación democ á ica, y dice se de enso a, espe- cialmen e, del pueblo ob e o; como que sus miemb os se llaman ancmasones, es deci , albañiles lib es, y en sus jun as is en mandiles , y sus símbolos son escuad as, iángulos y o os ins umen os de los ob e os, y sus lo- gias se llaman alle es, y de es os y o os modos a ec an los masones ene un ca ác e popu l a , que luego desmien- en las ob as. ¡Desg aciada la gen e del pueblo que se deja coge en las edes de la Masone ía! — 121 — Se di á; si la Masone ía no iene cuen a con la Religión, si, an es bien, la abo ece en la ida social y pública, se cuida, en cambio, mucho de la mo al. Si le in e esa poco la Religión que engan á dejen de ene los que quie an ini- cia se en sus sec e os, dicen los masones que es menes e in o ma se con cuidado de su mo alidad. Pe o ¿de qué mo alidad? ¿Cuál es la mo al de la Maso- ne ía? La mo al masónica es, como odo lo demás que p o- esa la sec a. Una mo al sin Dios, sin p ecep os ni sanción di ina; es la mo al, que po eso mismo se llama laica, cí- ica, lib e, uni e sal, independien e. Mo al, no eligiosa, sino ci il, como el ma imonio masónico; laica, co no su enseñanza; a ea, como su polí ica. Mo al que, co no odas las doc inas masónicas, es iba y depende del homb e, y nada más que del homb e; expues a , po consiguien e, á la a iedad de los pa ece es humanos, y á la ins abilidad y an ojos de las pasiones, y p i ada, po lo mismo, de aque- lla ijeza é inmu abilidad en sus p ecep os, y de aquella e icacia y segu idad en los mo i os, que necesi a la doc- ina mo al, pa a di igi la conduc a humana (1). Po eso la mo al masónica es una mo al laxa y condes- cendien e con las pasiones. Po o a pa e, como, jun a- men e con la e elación, niega esa sec a el dogma del pe- cado o iginal, supone que el homb e, inclinado al bien po su na u aleza, y con un co azón ec o y sano, no necesi a de hace se iolencia y de en ena cons an emen e las pa- siones, pa a apa a se del icio y p ac ica la i ud. Con ales p incipios, ¿qué es lo que sucede? Lo que, po necesidad, enía que sucede ; d. sabe : que donde la Maso- ne ía domina, se ab e la pue a á la licencia de cos um- b es en la li e a u a ealis a ö na u alis a, en las ep esen- aciones ea ales y demás di e siones públicas, y, en ge- ne al, en la ida social, que no pa ece sino que esa sec a, en su a án de desc is ianiza al pueblo, comienza po co- (1) La mo al independien e y los p incipios del de echo nue o. P. Min eguiaga.—Mad id, Sociedad Edi o ial de San F ancisco de Sales, Paz, 6, p incipal. — 122 — ompe lo y deg ada lo. No es una suposición g a ui a, po que ha llegado á p opone se en e los masones el plan de es aga de p opósi o las cos umb es, con odo géne o de goces y di e siones, á in de dispone así los co azones pa a secunda sus inicuos planes y amolda se á sus ense- ñanzas, lo cual es un nue o indicio de la maldad de las doc inas é in en os del masonismo. Po lo dicho, se e que odos los p incipios masónicos es án imbuidos en el na u alismo, y que los masones, con sus es ue zos p opagandis as, se p oponen hace ol e á los pueblos á las inieblas y co upción de la gen ilidad. He aquí un nue o capí ulo de acusación. Po que am- bién, según es e aspec o, es la Masone ía una Asociación c iminal, me ecedo a de cas igo, y que no puede ole a se en modo alguno, sob e odo, en las naciones c is ianas, y es c iminal la p opaganda de sus ideas, sea hablada á esc i- a, ó hecha po medio de sus logias y euniones ó de o a mane a. Más c iminal y más punible que la aición de aquél que en ega su país al enemigo ó lo ende á un Rey ex- anje o, po que peo es hace aición á Dios que no á los Reyes de la ie a, y en ega á los homb es y á los pue- blos á la dominación de Sa anás, que no á la de un Rey ex anje o. La Masone ía es un deli o de lesa sociedad, en sus de echos más sag ados. Ni la pé dida de la Hacienda pública, ni la desmemb ación del e i o io, ni la pé dida del hono nacional, ni la misma pé dida de la independen- cia, son compa ables á la pé dida de las almas y á la apos- asía de los pueblos, que p e ende lle a á cabo la Maso- ne ía, apa ándolos, en su ida pública, de Jesuc is o y de su Dios. Y, sin emba go, hoy domina esa sec a en odas pa es, á ciencia y paciencia de las au o idades, y emos que cuen a en su seno á muchos senado es, dipu ados, minis- os y, según pa ece, has a Sobe anos, y di íase habe se hecho ya casi dueña de los Es ados. Aunque se diga que esos Sobe anos en an en la Masone ía pa a mejo cono- ce sus planes y gobe na la de modo que no pe judique al — 123 — Es ado, no se puede nega que su nomb e y su au o idad da ue za y p es igio á la pe niciosa sec a, ni ampoco los lib a ese in, dado que uese el e dade o, de las condena- ciones de la Iglesia. Y ¿nos ex aña emos luego de e cas igados á los pueblos con g andes calamidades públicas po ese des- ag adecimien o y ebeldía con a su Au o Sup emo y su di ino Reden o y Res au ado ? Pa a conocimien o de lo que es la Masone ía, debe lee se la Encíclica, ya mas de una ez mencionada, que empieza Humanum genus, y de donde he omado lo que cons i uye el ondo de es e capí ulo. En ella, el Sumo Pon- í ice, León XIII, enseña al pueblo c is iano como Maes- o, y le exho a y ige como Pad e y Pas o , a quien o- dos debemos obedece . (Véase abajo La p opaganda masónica an e la Legis- lación española, cap. VI, a . 3.°, § III.) — 130 — § III El a eísmo en el o den público y p i ado. El a eísmo y la jus icia pública y p i ada. — Tes imonio de Cice ón y de Vol ai e. Jun ando aho a el o den público y p i ado, debe deci se que en una sociedad donde, po ob a de la p opaganda, llegue á di undi se y á p edomina la idea a ea, iene que se po necesidad muy acilan e, y acaba á po desapa e- ce la jus icia pública y p i ada, que es el ínculo indispen- sable que une á los miemb os de la sociedad en e sí y con sus supe io es. Y siendo así, ¿puede da se un enemigo ma- yo de la sociedad que el a eo p opagandis a? Pe o no quie o que se diga que exage o. Demos que el amo na u al de la jus icia en unos, su necesidad pa a la ida social en o os, hagan que no desapa ezca del odo la jus icia en la sociedad a ea; nadie me pod á nega que en odo caso ecibi á un g a ísimo queb an o del a eísmo, y es o bas a pa a mi in en o. No es menes e aquí el c i e io c is iano, bas a el c i e- io de la azón na u al. Con él eía la necesidad que exis e pa a el cumplimien o de la jus icia y el bienes a social de la c eencia en la di inidad y de su cul o, aun en medio de las inieblas del paganismo, el ilóso o y o ado omano, cuando decía que "qui ada la piedad, la san idad y la Re li- gión, se sigue una g an con usión y pe u bación de la ida. Y no sé—añadía-si, qui ada la piedad pa a con los dioses, no desapa ezca ambién la idelidad mu ua, y la sociedad del géne o humano y la excelen ísima i ud de la jus i- cia„ (1). Así es, en e ec o; po que pidiendo muchas eces el es- pe o y la obse ancia de los de echos, ya en e gobe nan- es y gobe nados, ya de és os en e sí, el sac i icio del p o- pio in e és en a as del amo del bien ajeno y del bien co- mún, ¿cómo es posible que en e homb es a eos y sin Reli- (1) De na . deo ., lib. I. -131-- gión, homb es que no emen á Dios, ni en o den á la p e- sen e, ni en o den á la u u a ida, pueda habe comun- men e con ianza de encon a aquel espe o de la jus icia y aquel amo del bien común? Aun el impío Vol ai e hubo de deci : "No quisie a ene po Rey á ningún a eo, po que se ía cie amen e muy capaz de machaca me en un mo e o, é in aliblemen e lo ha ía así si le u iese cuen a; ni ampoco quisie a ene lo de c iado, po que no pod ía i i segu o en mi casa. „ ARTÍCULO SEGUNDO ', C iminalidad de la p opaganda a eís a po su in luencia en el ana quismo, socialismo y masonismo. Ana quis as, socialis as y masones en elación con el a eísmo.—La. esponsabilidad c iminal debe ex ende se A los p opagandis as de la duda sob e la exis encia de Dios.—La p opaganda del a eísmo en los países ca ólicos.—La Cons i ución de 1812: el Código penal del B asil. Más se pudie a deci oda ía en a o de mi ase o, y, sob e odo, de la co upción gene al de cos umb es, e ec o , de la p opaganda a eís a, que la hace po nue o í ulo c i- minal; pe o bas a lo dicho has a aquí. Sob e lo que no quie o deja de llama más de p opósi- o la a ención del lec o , es sob e lo que ya indiqué al p in- cipio de es e capí ulo, es á sabe : sob e la in luencia de la p opaganda, de que aho a hablo, en el ana quismo y el so- cialismo, y ambién en el masonismo. Y ¿cómo había de. deja de hace lo, si jus amen e una de las azones de habe yo emp endido es e abajo ué el a aca á las causas gene- ado as de esos desó denes sociales, pa a a aja el mal en su aíz y en las uen es de donde dimana? No quie o con es o deci que el a eísmo sea la única causa de aquellos an g andes males; exis en, sin duda, o as concausas; pe o no es menos cie o, sin emba go, que és as no hubie an sido an e icaces, sob e odo, en los ob e- -- 132 — os c is ianos, si no hubiesen con ado con la ex inción de su e, especialmen e en la g an e dad de la exis encia de un. Dios jus icie o. Es a pé dida de la e se ha hecho mani ies a en los ana - quis as, los cuales, cuando se les hacen e lexiones pa a que en en den o de sí y sondeen sus ánimos, con el obje a de educi los del ex a ío de sus ideas, oponen con e- cuencia á las azones el es imonio de su inc edulidad, y ellos son los p ime os en a i ma que sus ideas son incom- pa ibles con la c eencia en Dios y en su jus icia (1). Has a ha habido quien ha decla ado delan e del T ibu- nal sen enciado el o igen y p oceso ilosó ico de sus ideas ana quis as. Así lo hizo Emilio Hen y, el que a ojó la bomba del Hô el Te minus en Pa ís. Dijo habe ap endido en las cá ed as y en los lib os, que Dios no es más que una hipó esis; en onces, abandonando la mo al eligiosa, se diú â busca una mo al independien e; de aquí pasó á las lec- u as ana quis as, y luego á ecuen a los clubs y eunio- nes y alis a se en las ilas del ana quismo. También hemos is o lo que dice Bebel sob e el socia- lismo (2), y es a llama de i eligión é impiedad p ocu an man ene la i a en e los suyos los p omo o es de las doc- inas ana quis as y socialis as, en donde haya p endido una ez, y donde no, p ocu an encende la en las masas de ob e os, que son el p incipal campo de su p opaganda. Es e dad que suelen hace lo con cau ela, haciéndose ca go' del e eno que pisan, pa a no escandaliza los y e ae los, si es que aún no es u iese p epa ado. Dice el P. Vicen , hablando de los socialis as: "En eligión son a eos, p o esan el más c udo ma e ia- lismo; así lo p oclaman las ob as de los je es ac uales del socialismo en odas las naciones. Es o es e iden e; pe o cuando ienen in e és de ocul a la e dad, en onces ci an (1) El ana quis a Ra achol, poco an es de deja la cabeza en e - pa íbulo, decía al aba e Cla e : "No c eo en Dios, si c eyes3 en Él no hubie a hecho lo que hice.., (2) Pa e especial, cap. I, a . 1.° -133-- el p og ama de Go ha, y ac ualmen e el de E u , en donde se es ablece: Que la Religión se a asun o pa icula de cada uno„ (1). En cuan o a los masones, ya lo he dicho. En lo ocan e .a la Religión ca ólica, su odio y sus es ue zos pa a comba- i la son bien conocidos, así como ambién el indi e en ismo eligioso que p o esa la Masone ía. Con espec o á la exis- encia de un Dios, jus o Juez de las acciones de los hom- b es, si no hay de pa e de odos los masones negaciones abie as, ampoco hay en odos a i maciones ca egó icas, y así queda en uel a esa e dad capi al en nieblas y obs- cu idades que bas an pa a p i a la de su e icacia pode osa en o den á la conduc a pública y p i ada. Y es bien segu o que, sin esas negaciones ó pe plejidades, no pod ía la ma- sone ía man ene cogidos en sus edes á sus adep os y lle a adelan e su ob a impía y an isocial. He aquí, po consiguien e, o a azón pode osísima de la punibilidad que hay en la p opaganda del a eísmo; la es echa conexión que iene y la e icaz in luencia que eje - ce en aquellas o as p opagandas y Asociaciones e iden e- men e an isociales. Una obse ación: es a in luencia y conexión son una g an enseñanza que da la P o idencia di ina en nues os iempos pa a odos aquellos que quie an ab i los ojos de su en endimien o pa a ap ende la, y mos a dócil su co a- zón pa a ecibi la. Po que eso signi ica que aquella in luen- ..cia gene al, an e icaz como pe niciosa, que del a eísmo se di unde en odo géne o de c iminalidad y de co upción mo al, mani ies a hoy su ho ible g andiosidad en los es mons uos sociales del masonismo y del socialismo, y en el o o, más anco y b u al; pe o acaso no más pe e so, impío y an isocial del ana quismo. C eo, además, que la esponsabilidad c iminal no debe comp ende únicamen e al p o eso , o ado ó esc i o , ó á quienquie a que p oclame abie amen e el a eísmo; debe bas a la p opaganda de la duda, bas a que se ponga á (1) Socialismo y ana quismo, pa e I, cap. VI, a . 2.° -- 134 -- discusión la exis encia de Dios, que es lo único en que con- sis e con ecuencia la p opaganda de que hablo. En a es o en su ác ica: es esa e dad de al ascen- dencia, se mues a, po o a pa e, apoyada en ales es i- monios, así de la e como de la azón y de la adición de odos los siglos, que es osado y eme a io el a aca la de en e, y po eso p e ie e muchas eces la p opaganda del e o el susci a dudas, expone ímidas conje u as, á in de en ol e en alguna nube de acilación el b illo con que se p esen a la e dad. Mas eso bas a pa a los enemigos de la Religión y de l a. sociedad, po que sólo esa duda é ince idumb e co a ya las alas y apaga los b íos necesa ios pa a esis i á sus maquinaciones y á los halagos con que la inc edulidad aca- icia las pasiones; y pa a man ene se cons an e el homb e, sob e odo el igno an e y des alido, den o de los aus e os. lími es del o den y del debe . Y si en ninguna sociedad puede ole a se la p opaganda de ales negaciones ó dudas, que acaban con oda e y Reli- gión, ¿con cuán a mayo azón debe á pe segui se, en pai- ses ca ólicos, donde el o den social es á ligado con la in e- g idad de la e e dade a? La conexión de la e en la exis- encia de Dios con el o den social es an g ande, que no sé si, con mayo azón, deba llama se esa e dad eligiosa que social; pues ¿qué se á cuando una nación es ca ólica y su Gobie no se llama ambién ca ólico? En cuan o a noso os, aun sin subi á los iempos del an iguo égimen, he aquí el encabezamien o de la Cons i- ución libe al de 1812: "En el nomb e de Dios, Todopode oso, Pad e, Hijo y Espí i u San o, Au o y Sup emo Legislado de la Sociedad.,, Es de no a ambién la siguien e disposición del Código- penal del B asil: "A . 278. P opala po medio- de papeles imp esos, li og a iados ó g abados, que se dis ibuyan á más de quince pe sonas, á po discu sos p o e idos en euniones públicas, doc inas que des uyan di ec amen e las e dades unda- — 135 — men ales de la exis encia de Dios y de la inmo alidad del alma.—Pena. P isión de cua o meses á un año, y una mul a igual á la mi ad de la du ación de la pena.,, En conclusión; la sociedad debe mi a como in iolable la e dad de la exis encia de Dios, así co no mi a la exis- encia y la pe sona de su Sobe ano, y es poco deci ; po eso no puede pe mi i que se a en e con a esa e dad, ni aun que se la ponga en ela de juicio; po que quien oca á Dios, oca á la sociedad en la niña de sus ojos. Más aún; l a oca en lo más ín imo de su se y de su ida, po que Dios es el p incipio, el camino y el in úl imo de la sociedad. CAPÍTULO V E o con a la au o idad del Es ado. Si en los es udios sociales hay alguna e dad, que b i- lle con cla os des ellos, es la de que, odo aquello que se elaciona con la au o idad polí ica, e is e una impo an- cia suma pa a el buen es ado y o den de la sociedad ci il. Es po se la au o idad, no un elemen o cualquie a indis- pensable de la sociedad, sino el elemen o que, después de aquella aspi ación d un in comín, que une d las amilias en sociedad ci il, conse a y man iene d los ciudadanos en esa unión, di ige su ac i idad pública, auna sus es ue zos y los ende eza d la consecución del in social. Sin ella, de- jando de exis i la conspi ación de los es ue zos de los aso- ciados hacia un in común, muy p on o se disg ega ían las amilias y end ía la disolución del cue po social. Po eso, si odo aquello que cons i uye un a aque con a los de e- chos de los ciudadanos, es un enemigo que la sociedad no puede menos de ep imi , lo es, sob e odo, cuando cl a a- que se di ige d la au o idad. ¿Po qué azón? La azón sal a ya a. la is a; po que en onces el i o a con a la cabeza, y no sólo cuando la ag esión iene po blanco la pe sona 6 pe sonas que la ep esen an, 6 sea el suje o de la au o i- dad, sino ambién, y oda ía más, cuando se encamina con- a la ins i ución, es deci , con a la au o idad mi ada en sí misma. Mas si es o es, po su e idencia, innegable, no lo es me- nos que en los iempos mode nos, quie o deci , desde que en o den d la au o idad han p e alecido las ideas del de e- cho llamado nue o, ha pe dido mucho la au o idad del — 138 -- p es igio que necesi a y del espe o que se le debe pa a el bien mismo de la sociedad. Eso se e, no sólo en la al a del hono ex e io debido de pa e del pueblo, no sólo en la mane a poco espe uosa con que de ella se habla con ecuencia, sino ambién po o os sín omas que e elan que hie e en el seno de la so- ciedad una conspi ación pe manen e con a la au o idad. De esa conspi ación son indicios e ibles, no sólo los des- onamien os de muchos Sobe anos, sino los ecuen es a en ados con a sus pe sonas, de las cuales hemos is o pe ece íc imas, en é mino de pocos años, á más de un P esiden e de República, á un pode osísimo Empe ado y a una Empe a iz. Mas esos hechos c iminales, en es o como en lo demás, son e elado es de las ideas, y, siendo así, á las ideas que en esos hechos in luyen, y más oda ía á aquellas o as que son gene ado as de un es ado pe manen e de desp es- igio en la au o idad, ¿cómo es posible deja de conside a - las co no unas ideas an isociales, que la au o idad misma, en nomb é p opio y en el de la sociedad a quien ep esen a, deba comba i como enemigas y c iminales? Desde luego se agolpan aho a á la men e las ideas ana - quis as; pe o de és as he hablado ya lo bas an e, y no pienso deci aquí más pa a ija me en o as, á las cuales no mi an muchos con an o ho o , po no p esen a se á p ime a is a con un ca ác e an an isocial. Esas ideas se aca ician po lo mismo has a po muchos, que son enidos po aman es del o den, y es lo que las hace más emibles; pe o no po eso dejan de se an isociales en al o g ado, po que conducen al desp es igio de la au o idad y aun á su comple a des ucción. — 139 -- ARTÍCULO PRIMERO Doc ina e dade a sob e la au o idad del Es ado. Deuda del Es ado pa a con la Iglesia. — O igen di ino de la au o i- dad: no es sob ena u al.—La na u aleza de la au o idad lle a nn sello di ino.—El de echo de ida y mue e.—La au o idad llama- da de de echo di ino: doble sen ido.—Los Reyes po la g acia de Dios.—Doc ina del Após ol,—Las Pa idas: la unción de los Sobe- anos. En lo ocan e á la au o idad, como en o as muchas cosas, es muy deudo a la sociedad A la doc ina polí ica in o mada del espí i u c is iano. La azón, ayudada de la e, mos ó á la an igüedad el concep o que la e dade a iloso ía iene sob e la au o idad, y esa idea, enca nada en las sociedades c is ianas, ha hecho la ca e a de los siglos, has a que ino la ans o mación, in oducida po cl espí i u nue o. No quie o con es o nega , sin emba go, que, en su aplicación á la p ác ica, no hubiese expe imen ado aun an es, po e ec o de la laqueza humana, algunos eclipses é in e upciones. He aquí cuál es ese concep o de la au o idad. La doc- ina an igua enseña que la au o idad, conside ada en sí misma, ó sea en su na u aleza é ins i ución, no es ob a humana y dependien e de la humana libe ad, sino que es ob a de Dios, y que de Dios iene, po consiguien e, en su o igen á cualquie a pe sona ísica ó mo al que la posea, si bien la designación del suje o no se hace, según el cu so o dina io, po elección di ina. Ese o igen di ino de la au o idad no iene, según la Filoso ía ca ólica, nada de sob ena u al, sino que p ocede de Dios, como de Au o de la na u aleza. Po que habien- do Dios c iado al homb e na u almen e social, y siendo, po o a pa e, la au o idad, un elemen o necesa io pa a la conse ación de la Sociedad, el Sup emo Au o de és a, que no al a a la na u aleza en lo necesa io, ué ambién el que ins i uyó y dió el se á la au o idad, como á un ele- — 146 — Pues siendo así, ¿no es e dad que el gobe nan e, que se econoce como minis o de Dios y que legisla en nomb e de Dios, es á en mejo disposición y iene mayo acilidad pa a no apa a se de la Ley di ina, que la au o idad que se econoce c eada y con iada po la olun ad y manda o e ocable del pueblo sobe ano? Añádase que es a au o i- dad debe p ocu a se el eco de la opinión pública, la cual se o ma y se mani ies a como odos sabemos, y debe ajus- a se á los cambios y ai enes, á eces cap ichosos y debi- dos á imp esiones pasaje as, á eces con a ios á la azón, de la olun ad nacional ó de lo que lle a ese nomb e; y .quién no e en eso un g an pelig o de que el legislado siga á eces esa olun ad del pueblo sobe ano, aún con a la Ley de Dios y con a lo que le dic a su conciencia? Pe o no hacen al a las conje u as donde mues a la expe iencia cuán as iniquidades se han lle ado ä cabo desde las al u as del pode legisla i o, ampa adas con el nomb e del pueblo sobe ano ó de la olun ad nacional. Si se me opone que ese pelig o de injus icia en las leyes exis e ambién en el concep o de la au o idad, según el de- echo adicional, como lo enseña la his o ia, esponde é que hay, sin emba go, la di e encia de que, en la au o idad del an iguo égimen, el pelig o nace de la laqueza humana, á pesa de la na u aleza de la au o idad; mas en el de echo nue o nace, no sólo de esa aíz, que nunca puede del odo desapa ece , sino, además, de la misma ins i ución y con- cep o del pode , ó sea, de los e o es ilosó icos, que lo in o man; po que yo no hablo aquí de la di e sidad de las o mas me amen e polí icas de gobie no en Ios an iguos y mode nos iempos. Po in; eso de es ablece que la sobe anía eside esen- cialmen e en el pueblo que la c eó, y que los ep esen an- es del pode no son más que unos manda a ios suyos amo- ibles á su olun ad, ¿qué o a cosa es sino a oja en el seno de la sociedad un ge men de e oluciones y au o iza , en cie a mane a, el de echo á la ebelión? 1-17 — CONCLUSIÓN Idea sub e si a de la au o idad, y, po consiguien e, del o den so- cial; idea causado a de g a es daños sociales; ¿qué más necesi a el concep o mode no de la au o idad pa a que sea una idea an i- social, y aun de suyo c iminal? Se di á que no puede se c iminal esa idea, allí donde p e aleciese en el cue po de la nación y aun en los enca - gados de su gobie no, como acon ece hoy en muchos Es a- dos, po que en ese caso no pe u ba á el o den social. Mas lo único que en onces sucede á es que no pe u ba á el o - d en en el e eno de las ideas po al a de lucha, aunque es di ícil que deje de habe alguna, po que siemp e hab á quienes sos engan el concep o e dade o de la au o idad. Pe o eso no e i a á la pe u bación social en el o den de los hechos, po se una idea ins igado a de la ebelión, y de odos modos, siemp e se á e dad que esa idea mode na de la au o idad es en sí misma, ó sea, en la es e a ilosó ica, un e o sub e si o del o den social, y po eso he dicho .que es idea de suyo c iminal. Y si, po en u a, acon ece que, es ando sano el cue po social en la mayo pa e de sus miemb os, la idea p e a- lezca en los gobe nan es; en onces hab á que deci que el deso den social se encon a á p incipalmen e en la cabeza desa en ada y ol idada del p es igio de su p opia au o i- dad, en dañó de los mismos gobe nan es y de oda la so- ziedad. i ' 1 .^ CAPITULO VI La p opaganda an ica ólica. No al a á quien al lee el epíg a e de es e capí ulo piense que oy á pedi y aboga po el es ablecimien o del T ibunal de la Inquisición. Nada de eso; po amigo que yo uese de aquel T ibunal, sé muy bien que su es ableci- mien o, así como el juicio au o izado sob e su con enien- cia ac ual, no pe enece á los pa icula es, sino á la Iglesia. Voy á habla de la he ejía, así como he hablado de o os e o es, en o den á su punibilidad po la au o idad del Es- ado, y al llega aquí c eo habe llegado al pun o más c í- ico de la cues ión que ha pues o la pluma en mi mano; po que el deli o de idea, llamado así po excelencia, eco- nocido po unos con el ca ác e de deli o, negado po o os, es el deli o de he ejía. Y á la e dad, si es hoy pa a muchos, co no decía al p incipio, un axioma indiscu ible que en la mani es ación de las ideas no cabe deli o, lo es, sob e odo, con espec o á la he ejía. Y en a o de su impunidad es donde se ale- gan, p incipalmen e, la libe ad de conciencia, la libe ad del pensamien o y de la discusión y de la p ensa, y o as libe ades, que se conside an como adquisiciones de ini i as é i e ocables del de echo mode no. Así es que, si pa a odas las ideas ilosó icas ó polí icas, ó de o o géne o se eclaman esas libe ades, se c ee que asis e aún mejo de- echo pa a las ideas eligiosas. Po eso, si log o aho a de- mos a que la p opaganda de la he ejía puede se c imi- nal, con mayo azón queda á demos ado lo mismo de las o as ideas, de que he hablado en los capí ulos an e io es. — 150 — Es e asun o de las ideas eligiosas se mi a hoy po mu- chos como un asun o pu amen e subje i o é indi idual, que no debe p e ende eje ce in luencia alguna, ni ascende - pa a nada al o den público y social. Debe se , po consi- guien e, según ellos, un asun o independien e y ajeno de la ju isdicción del Es ado, al cual oca únicamen e da com- ple a libe ad eligiosa, y sólo debe in e eni , cuando la mani es ación de alguna c eencia al e a el o den ex e io ,, ya sea esca neciendo á las o as, ó impidiendo su p o esión, ó eje ciendo alguna coacción pa a impone la p opia c een- cia, ó de o a mane a. Pues con a esos p incipios polí icos asien o yo el p in- cipio de que hay casos en que la p opaganda he é ica po sí misma, y aunque no concu a ninguna de esas ci cuns - ancias, es un deli o en la sociedad ci il, y, po consiguien- e, me ecedo a de cas igo de pa e del Es ado. Pe o an es de en a en la a gumen ación, es necesa io es ablece al- gunas ideas p elimina es de impo ancia y de e mina más - el es ado de la cues ión. ARTÍCULO PRIMERO La p opaganda an ica ólica , en gene al. § 1 La esis y la hipó esis en ma e ia eligiosa. La esis. La e eligiosa no es subje i a é indi idual. — La unidad: ca ólica.— S -u uni e salidad de de echo. — De qué Es ado se habla aquí. La esis social, en ma e ia de Religión, es la unidad ca ólica en odos los Es ados del mundo. Po que Jesuc is o en ióá sus Após oles pa a que p edicasen la doc ina del, E angelio á odas las naciones: "Id y enseñad—les dijo—á odas las naciones... P edicad el E angelio á oda c ia u- a„ (1). Y cla o es á que a la misión de enseña la doc ina (1) Ma h , XXVIII, 19; Ma c., XVI, 15. -- 151 — de Jesuc is o es co ela i a, en las almas y en los pueblos, la obligación de ap ende la y de c ee en ella. ¿Qué cosa, en e ec o, más o ensi a pa a la Majes ad y la Au o idad di ina, y has a más necia y idícula que el pensa que el Hijo de Dios hubiese descendido del cielo á la ie a pa a pasa su ida en abajos, y cons i uídose en Maes o y guía de los homb es, a i mando que Él e a la Ve dad y comp o- bándolo con el es imonio de los milag os, pa a luego deja á la disc eción y olun ad de los homb es el acep a ó no su doc ina? Pe o, además, lo dijo exp esamen e el mismo Jesuc is o. Quien después de habe dicho á los Após oles: "P edicad el E angelio á oda c ia u a,,, añadió: "El que c eye e y se bau iza e , se sal a á ; mas el que no c eye e , se condena- á.,, He ahí á lo que se educe el ca ác e subje i o é indi- idual de la Religión po muchos hoy an decan ado. ¿Puede habe nada más obje i o que una Religión que nos iene de ue a, es deci , enseñada po jesuc is o, Ve dad inc eada, ë impues a á odos, aunque sin o za su libe - ad, bajo pena de condenación? ¿Puede habe nada más social que una Religión que se p egona é in ima á la c een- ia de odos los pueblos y de oda c ia u a? Todos los homb es y odos los pueblos, po consiguien- e, deben p o esa la misma doc ina .1 :?. Jesuc is o, ó lo que es lo mismo, la unidad eligiosa debe exis i de de e- cho en odos los Es ados; es la esis uni e sal. Pe o yo he a i mado, además, que la esis es la unidad ca ólica. Es po que la e dade a doc ina de Jesuc is o no se p o esa sino en la Iglesia ca ólica, y así lo debe c ee odo ca ólico so pena de deja de se lo. No pe enece á mi in en o el decla a esa e dad undamen al, cuyas sólidas p uebas pueden e se desa olladas en los apologis as ca ó- licos: únicamen e indica é que sólo en la Iglesia omana esplandecen las no as de unidad, san idad, ca olicidad y apos olicidad que dis inguen á la Iglesia e dade a de las alsas sec as: la ca olicidad la lle a has a en el nomb e. La unidad ca ólica en odos los Es ados es, po lo an o, de de echo. Pe o desg aciadamen e sucede que no lo es de -- 152 -- hecho; pues emos que, ademas de los Es ados, que oda ía es án sumidos en las inieblas del paganismo, hay o os muchos cuya eligión es la he ejía o el cisma. Yo no hablo de esos Es ados; en ellos no puede se deli- o la he ejía; po que, dada la hipó esis del e o , la he ejía no es un a en ado con a su es ado ju ídico y social; á no se que digamos se delincuen e odo el cue po de la nación, suponiendo que es é de mala e en el e o . Pe o apa e de eso, el e o p e alece en esos Es ados de un modo gene- al y pe manen e, que c ea en ellos una mane a de se deso denada y ano mal; pe o habi ual; y no puede, po lo an o, causa aquella pe u bación social pasaje a, que es e ec o del deli o. P ecisando más la idea, añado que en esos países la he ejía social es un deli o ambién social con a la esis de que he hablado, ó sea, un deli o en absolu o; no es un deli- o con a la hipó esis del e o nacional. Aun en esos Es ados no ca ólicos pudie a habe , sin emba go, una pe u bación social de hecho, cuando el e o que se p opagase uese di e so del que p o esase la nación; pe o aun en onces no se ía p opiamen e un deli o. Y po qué? Po que el deli o es la lesión de un e dade o de echo y de un o den social ambién e dade o; mas el e o no puede ene p opiamen e de echos, y ¿cómo puede se , po o a pa e, e dade o el o den social, que se le an- a sob e la base de la alsedad? No me e ie o, pues, á esa clase de Es ados, hablo de los Es ados ca ólicos. § II La p opaganda h é ica en un Es ado ca ólico es un deli o. En un Es ado ca ólico la Religión in o ma el o den social.—Desunión pública y p i ada, e ec o de la p opaganda an ica ólica. Las gue- as de Religión. Deslindado ya el campo y conc e adas las ideas, he aquí, aho a, á lo que se educe mi a i mación. En un Es a- do que p o esa socialmen e la Religión ca ólica, la p opa- -- 153 — ganda he e ical es un deli o, y no como quie a, sino un deli- o g a ísimo. Vengamos a las p uebas. En p ime luga , en ese Es ado dichoso la p o esión de la Religión e dade a o ma una pa e del o den social, y no cualquie a, sino la pa e p incipal. Más cla o: en una sociedad ca ólica, la Religión iene que se po necesidad un elemen o de su cons i ución, es é ó no consignado así en la ley esc i a, po que lo lle a consigo la na u aleza p opia del sen imien o eligioso, sob e odo, cuando a animado de la e dad. Es es e sen imien o el más a aigado, no sólo en el co azón, sino ambién en la in eligencia poseída de la e dade a e, an o po la i meza que és a da al asen i- mien o, como po se un sen imien o es echamen e ela- cionado con el e e no des ino del homb e y con lo que hay pa a él de más sag ado en el cielo y en la ie a. Po eso debe, po su p opia na u aleza, enseño ea se de odas las demás ideas y a ec os, y eje ce su in luencia en odos los ines secunda ios y ma ca la di ección de oda la ida hu- mana, así pública como p i ada. De donde se sigue que una ez que la Religión ca ólica ha en ado de hecho en un Es ado pa a se , como le co es- ponde de de echo, un elemen o de la ida social y pública, la ele ación de su p opia dignidad y la e icacia de su in lu- jo, ienen que da le, po necesidad, el pues o más eminen e y la mayo conside ación é impo ancia en la cons i ución del o den social y en el de echo público. Pues siendo así que la p opaganda he e odoxa iene á pe u ba ese o den y á he i á la sociedad en sus ib as más delicadas y i ales, ¿cómo es posible que no sea un deli o, y g a ísimo deli o? Es o mismo se deduce de la conside ación de o o aspec- o social, de que hablé en la pa e gene al. El o den de una sociedad no se cons i uye solamen e con la unidad y a mo- nía de sus miemb os en cuan o a la acción. Eso que bas a pa a el o den, que es posible en los se es i acionales, en el homb e, en quien p edominan la in eligencia y el co azón, como que o man su ca ác e especí ico, es muy poca cosa y no puede sa is ace su aspi ación social. Y más bien me- -- 1M --- ece ía el nomb e de una sociedad, po deci lo así, mecá- nica, que no in eligen e y acional; una sociedad, en que hi = biese unidad de ob as al mismo iempo que lucha y des- acue do en los pensamien os y a ec os; cosa, po o a pa - e, di ícil de que suceda. Pues siendo la unidad de pensamien os y de a ec os, que causa la Religión, la más ín ima y es echa, y la que mis con ibuye á la conco dia y a monía de las in eligencias y de las olun ades, ¿qué daño an g ande no aca ea á a. la sociedad el p opagandis a de la he ejía, que ases a sus gol- pes pa a ompe esa unidad social? Eso es in oduci en ella la causa de la disco dia y de la desunión en e los ciudada- nos; es encende la lucha, y no aquella lucha saludable y necesa ia que emp ende la e dad con a el e o pa a des- aloja le del pues o que usu pó en las in eligencias, sino, al con a io, del e o con a la e dad; es semb a la semi- lla de las dispu as, de los encuen os en e las amilias y aun en e los indi iduos de una misma amilia, y encuen- os de los más enaces y enconados po lo mismo que e - san sob e los in e eses más ca os y ascenden ales. Y con es o llegamos á o o a gumen o, ó más bien des- a ollo del a gumen o an e io . Po que no pocas eces se ha is o que la di isión social causada po la he ejía ha lle- gado a p oduci , no sólo encuen os p i ados, sino ambién gue as en e los Es ados, ó luchas a icidas den o del mismo Es ado, las más enca nizadas y sang ien as. Pues ¿cómo no ha de ene se po c iminal la p opaganda cau- san e de esos daños sociales? Se di á que ya hoy no es la he ejía causa de gue as po el espí i u de ole ancia que se ha in oducido en las cos- umb es. Es e dad; pe o lo es á cos a de o o mal g a í- simo que esa ole ancia ha p oducido: el indi e en ismo e- ligioso. Añádese que no son de eme en es os iempos an- os daños de la p opaganda he é ica como en iempos an e- io es, po que hoy la he ejía hace pocos p oséli os. La con- es ación debe se siemp e la misma; si no hace muchos p oséli os, hace o a cosa peo , que es p oduci la indi e- encia eligiosa y la impiedad, y con ella unes ísimas con- — 155 -- secuencias mo ales y sociales, semejan es á las que he enume ado a ando del a eísmo. En compa ación de esos males, ¿qué iene que e el bien que pudie a ae la p ospe idad ma e ial del Es ado la libe ad ó la ole ancia de cul os, aun dado caso que esa p ospe idad uese eal y no imagina ia? No hay bien com- pa able con la unión y paz que p oduce en e los ciudada- nos la unidad ca ólica, que es, además, uen e ecunda de o os muchos bienes y, sob e odo, del bien, que consis e en halla se la sociedad o denada, po deci lo así, en oda egla, po que la unidad ca ólica la some e á Dios, según la disposición de la di ina olun ad, y esa dependencia y su- misión es el p incipio de odo e dade o o den social. Po el con a io, la di isión de los ánimos p oducida po la p opaganda del e o ha de se ambién po necesidad causa de la al a de conspi ación de los es ue zos comunes de los ciudadanos pa a oda clase de ob as de in e és pú- blico. Si á alguno aho a, en is a de esos a gumen os, le ocu- iese que, no sólo apa ece po ellos punible la p opaganda an ica ólica, sino aun la p o esión misma de la he ejía, no se ía yo, cie amen e, quien lo negase, sob e odo, eniendo en cuen a que el e o he e ical iende po su na u aleza, como la pes e, á di undi se y p opaga se. Es la he ejía como una cen ella, que p on o le an a un o az incendio, como sucedió con A io, Lu e o y o os he ejes. Y cuando no log a su mani es ación consegui de los o os la c een- cia en el also dogma, el a o con los he ejes ácilmen e puede p oduci en los ca ólicos, á lo menos, la des ucción de la e e dade a ó las acilaciones y la duda, ó ambién, como dejo dicho, la impiedad y la indi e encia, si no es que lle e abie amen e al a eísmo. En a, po consiguien e, en el in e és público de odo Es ado que posee el bien ines imable de la unidad ca ólica, el cas iga oda p o esión, oda mani es ación ex e io de la he ejía. Y eso es lo que demues an los a gumen os ale- gados si se pene a bien su ue za, y eso es ambién lo que ha solido hace se en o os iempos ; pe o yo no me he p o-