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Un libro y una personalidad

Morales Padrón, Francisco

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UN LIBRO Y UNA PERSONALIDAD* POR FRANCISCO MORALES PADRÓN Fue la de nues o amigo y compañe o una pe sonalidad ica, que exige más de un a oz y más de un sen imien o pa a se deli- neada. Al asoma nos a esa pe sonalidad nos encon amos con el amigo y con el médico; con el académico y con el ca ed á ico; con el enamo ado de la música clásica y el sabedo de los sec e os del can e jondo; con el P egone o de la Semana San a y con el He - mano Mayo ; con el ensayis a y esc i o de p eciosa p osa y el ino o ado ; con el uni e si a io de los años abideños plenos de ilusio- nes y el uni e si a io madu o con sabo ama go de boca po los a a a es del Alma Ma e . Cien í ico, lí ico, g an degus ado de la poesía, humanis a, cul o, ado nado de in e na y ex e na elegancia. E a un en e o uni e si a io, muy a en o al p esen e. Po el en o no amilia y po el en o no p o esional, le e a ácil conec a con la oz de los jó enes. Reco damos, como ejemplo de ello, sus ac uaciones en el Colegio Mayo He nando Colón, cuyo cu so de 1964-65 ab ió con la con e encia de ape u a, y cuyo cu so de 1977-78 ce ó con la con e encia de clausu a. En e ambos años, echas de nues a p esencia en al cen o como Di ec o , dise ó una media docena de eces con lenguaje y ma e ias de palpi an e ac ualidad an e un público jo en que gozaba escuchándole. Lo enemos an ce ca, que habla de él ecu iendo al ecue do de i encias comunes ha sido inú il. Po eso decidimos pene a en su pe sonalidad, e oca la, no a a és de expe iencias conjun as, sino a a és de sus esc i os. Y al que e lo so p ende en su clau- su a median e la lec u a de páginas que nos legó, nos hemos encon ado con que había e lexionado sob e el úl imo ance p e igu ando su p opia ausencia. • Di se ación leída en la Sesión nec ológica celeb ada el 4-XII-1987 en ecue do del Excmo. S . Don Sebas ián Ga cía Díaz. 22 FRANCISCO MORALES PADRON Po qu e es e dad, y él lo dijo de o o inol idable amigo, Flo- en ino Pé ez-Embid, que « De a de en a de , a lo la go de la ida, alguno de aquellos amigos de coyun u a se nos me e en el hondón del alma, y en ella a incan de mane a de ini i a, c eciendo a la in empe ie de los años». El ue, en nues o caso, uno de esos ami- gos, sin que a inemos a enuncia una echa exac a de cuándo comenzamos a compa i nues as idas. Po que es e dad, y él lo consignó, que siemp e la mue e es is e al como « ecue da el P e acio de Di un os , y la mue e de un amigo hizo llo a a Jesús; como dejación, como abandono, como b usco a anque de odo lo que ido». Y eso ha sido su mue e, po la que ambién hemos llo ado . Po que es e dad, y él lo expe imen ó, que an e la mue e de un amigo insus i uible, «De esos pocos amigos que la ida nos egala y la ida se lle a», nos es emecemos al pensa en el nunca más. Nunca más que se dice a sí mismo quien a a desapa ece , y nunca más que dicen los que pe manecen su iendo su desapa- ición. Al e lexiona sob e es o, esboza un e a o de su p opia idio- sinc asia cuando pone los ejemplos de nunca más la melodía a o- i a, nunca más el ac o de la muje amada, nunca más el olo de los na dos, nunca más la is eza del ino, nunca más las palab as de amo , nunca más el goce de la amis ad. Un in en a io b e e y exp esi o de lo que le e a más que ido, y que complemen a con el nunca más del que se queda, y es ese nue s o caso. Po que somos noso os, dolo idos y a ec ados, quienes nos susu amos: nunca más su oz, sus pasos, sus comen a ios, los p oyec os en colabo a- ción, sus silencios, su p esencia. Nunca más an a y an as cosas y, sin emba go, y a pe sa de ese no se , segui án dándose indi e en es las mañanas luminosas, la p ima e a, las osas, la ida, los a a de- ce es, las noches ... al como can ó Foxá en e sos que él eco d ó: «Y pensa que después qu e yo mue a aún su gi án mañanas luminosas». Duele admi i que odo segui á igual y que nada del conjun o de cosas que nos p oducen place nos se á dado podé noslas lle- a , sin a ende a nues a Religión que nos p ome e i adonde las mañanas son oda ía más luminosa s y donde la p ima e a enca - na á de mane a más ex ao dina ia en la seda de las osas. Nos UN LIBRO Y UNA. PERSONALIDAD 23 duele egoís amen e pensa eso, sin cae en la cuen a como indi- caba Que edo que eso exis e po que noso os exis imos. Y cuando dejemos de se no hab á cielos, ni soles, ni lunas. Conside- 1 ación és a que puede cons i ui un palia i o pa a el nunca más del · que a a desapa ece , pe o no pa a el nunca más del que pe ma- nece. Jamás sus amigos se emos como habíamos sido an es. Segui e- mos siendo, pe o mu ilados al p i á senos de su ayuda y «aquella pa e de nues a p opia ida que nos e a común, compa ida e indisociable» O.M. Cabode illa). Somos ya menos que an es, po - que en noso os se ha des anecido algo que él se ha lle ado. Somos lo que somos más lo que los demás nos p es an o dan, y menos lo que se lle an cuando se an. Tal comp obación angus iosa, in ensi ica el dolo ; un dolo que c ece al ad e i que no con amos con el compañe o pa a habla de muchas cosas que , po una u o a azón, íbamos dejando pa a más adelan e en la absu da c eencia de que el iempo se ía un siemp e. Y aho a, oda ía aho a que no nos hemos epues o, que «sien o más su mue e que mi ida», según el e so de Miguel He - nández (y paso a un Y o pe sonal pa a hace más mío el sen i- mien o), aho a en que « oy de mi co azón a mis asun os», me cues a abajo asumi su alejamien o po que oda ía mi co azón se impone a mis p eocupaciones. Necesi a íamos más pe spec i a, más cica izaciones, incluso más he idas, pa a habla desapasionadamen e de quien en nues a ida sob epasó las exigencias de la amis ad. El iempo, se dice, lo cu a odo; pe o no es e dad. Log a, eso sí, que el albo o o aní- mico p oducido po la a licción se emanse g acias a las i encias que se suceden y que log an que el su imien o no siga a lo de piel, sino que se eca e en la clausu a de nues a in imidad. El as- o no deja de se pe manen e y ex e no pa a con e i se en un dulce escozo in e no que cualquie ci cuns ancia-olo , isión, sonido- hace a lo a de cuando en cuando. Fue más que un amigo; e a más que un he mano. Sen i que odo eso que e a de más jamás lo pod emos ol e a dis u a , nos alico a y nos empob ece. Es ábamos segu os de que a él siemp e lo encon a íamos allí, p ódigo , a cualquie ho a pa a ap on a la solución a nues os males ísicos o egala nos el consejo y la suge- encia ú il a nues os dilemas. C eíamos i memen e que él con i- nua ía después que noso o s. Comp oba lo con a io ha enido 24 FRANCISCO MORALES PADRON ca ego ía de de umbe, de pe plejidad. Nunca más nos se á dado eco e al a a dece las calles amo osas del ba io pa a sume gi - nos en la penumb a de su despacho a con e sa , eniendo de ondo una música clásica y la igilia de unas osas. De osas, de las osa de su ja dín y de las osas de su lo e o, hablamos en laque ue nues a úl ima en e is a. La p esencia le e del o oño e a ya e i- den e, y él ep esen aba su ance de acue do con lo que había eo izado. - Nos uimos lejos; cuando eg esamos ya no es aba. Nos ol i- mos a i a unas ie as donde el o oño es más o oño que en nues a ciudad. Y ue en aquel ambien e ado nado de íos, lejanías, nie es ce canas e in ini os do ados y e des de unas hojas caducas, cuando eleímos su ensayo en cla e andaluza sob e la mue e pa a el cual edac amos en su día el ex o de la con apo ada. Nos so - p endió comp oba que su inal es u o aco de con lo que allí dejó esc i o. El lib o, en palab as suyas, e a «el desahogo a co azón abie o de un médico sumido en la pe plejidad en ado a del cien- i ismo y del humanismo con oda su ca ga de esponsabilidad y dolo es». Fue, e a, una con esión en o no al cuándo, dónde y cómo mo i . Ciencia y eligión o omas de pos u as in an iles como él señala, se auna on pa a da unas espues as. El médico, el p o e- sional, no p escindió del homb e, del c eyen e. De siemp e le p eocupó el ema de la mue e; e a algo, esc ibe, que le nacía de den o y le lle aba hacia a iba. Conside ó que la mue e e a «la pue a es echa que hay en e la ida y Dios». Mo i , al como lo concibió Miguel Maña a, e a e le la ca a a Dios. El homb e es un se concienciado pa a la mue e, pe o am- bién albe ga un anhelo de inmo alidad, único mo o de la ida y único acica e de la c eación. En odo se humano anida un deseo de sob e i i . Po eso la esu ección es la p incipal de las c een- cias es imulan es, y de modo de ini i o -esc ibe- cuando C is o esuci a cons i uye la almend a de la e ca ólica. Nos encon a- mos, pues, an e un homb e de e, que c ee en el más allá. Al analiza la acep ación conscien e de la mue e e lexiona sob e la ap obación in eligen e de en ejece median e un des- p endimien o de las cosas, an es de que és as se nos caigan o nos sean a ancadas. De paso señala lo posi i o de ealiza es o en pa eja. Dios no quiso que él i iese al momen o, y le puso en el com- p omiso de acep a «la mue e en pleni ud, con odo lo que iene UN LIBRO Y UNA PERSONALIDAD 25 de adicalidad des uc i a». Cuando oda ía no había descubie o -son palab as suyas- que el peso de los ecue dos puede más que las alas de los p oyec os. Tes igos uimos de ac i idades que no debió abo da y de p oyec os que dejó en ma cha pa a nues a Academia, como el ciclo de con e encias sob e los Hospi ales. Mien as que la mue e del homb e anciano, en su ap eciación, es una mue e en pob eza, la suya se ía una mue e en iqueza, po que su ida e a una ida en pleni ud, de manos llenas. Es aba en condiciones de con es a le a Rabind ana h Tago e a sa is acción cuando p egun a «¿Qué o ece ás a la mue e el día que llame a u pue a? Le ende é el cáliz de mi ida, lleno del dulce mos o de mis días de o oño y de mis noches de e ano. iNo se i á con las manos acías! Todas las cosechas y odas las ganancias de mi a án se las da é, el úl imo día, cuando ella llame a mi pue a.» Así ue, en es e o oño de Se illa, en el o oño de su ida, hizo en ega de odas sus cosechas y de odas sus ganancias. Cosechas de siemb as ealizadas en los campos de la amis ad y en la men e de decenas de gene acio- nes uni e si a ias. En en ado a cómo debe ía se el úl imo minu o de la ida de un se humano , hizo cons ancia de su enemiga a los seudomilag os cien í icos ep esen ados po las Unidades de Cuidados In ensi- os y al sob e i i a base de ecnología y su imien os. Rehusó la p olongación de la ida e i ando la mue e plácida. De endió el de echo a nace y mo i en casa; de endió la mue e en paz que pocas eces la Di inidad niega; de endió la buena mue e plas- mada en uno de nues os C is os más ep esen a i os; de endió la p ác ica de una ciencia inculada a la doc ina c is iana. Reconocía que e a lógico y acional expe imen a miedo an e la mue e po lo que ella signi ica de sepa ación de ini i a y po lo que implica de en en amien o a lo desconocido. Ci cuns ancias a las que se une el amo a la ida, el a e amien o obsesi o a odo lo que poseemos. Po eso la mue e puede lle a consigo emo y dolo , aunque po lo gene al es o suele se paliado. Y en esos dis- in os sen idos que se le dan a la mue e : la mue e como cas igo, como holocaus o , como libe ación o como p emio, señaló que el úl imo e a el más deseable, el del «mue o po que no mue o» de los mís icos españoles, llamado aho a ambién «mue e po isi a- ción de Dios». Dios le isi ó, y le concedió ho as y días oa a sume gi se en 26 FRANCISCO MORALES PADRON ascé ica con emplación y conside a el ánsi o como la mono o- nía de un can o g ego iano. Así lo esc ibió é l. Conside ó, epe imos, más humano el nace y mo i en casa, que es el en o no na u al del que desapa ece. Y la Di inidad como si escuchase su p opia olun ad, dispuso que el sup emo ins an e lo i ie a « odeado de aquellas cosas que a uno le han hecho el alma mien as i ía, y odeado de aquellos a ec os que le ay udan e iden emen e a supe a el ance más ama go». «U na pa e de noso os, esc ibió, seguimos en nues as casas al cae en e mos, y pasamos las la gas noches de p esagios que la en e medad aca ea, las moles ias, los dolo es , la impaciencia, en e las pa edes amilia es de nues a alcoba , en e nues os ui- dos y nues as sábanas.» Sus uidos, sus osas, su amilia, sus cosas -esas cosas que adqui imos pa a amuebla nues o hábi a y nues a ida- es a- ban allí, al como él que ía. Pa a deci le adiós, un adiós que sus amigos con e imos en un HASTA SIEMPRE. O oño 1987, 4-XII