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Los Sentidos y El "Saber Hacer" de los Pescadores Andaluces

Florido del Corral, David

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Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 Los sentidos y el ‘saber hacer’ de los pescadores andaluces1 David Florido del Corral. Grupo de Investigación GEISA, Universidad de Sevilla. Conocimiento sensitivo y el uso del cuerpo en el trabajo de los pescadores andaluces. En una queja elevada por la Diputación Provincial de Huelva a las Cortes, en 1837, se define la marinería como un oficio, “pero un oficio a cuyo desempeño no bastan las más altas facultades intelectuales ni el más perfecto conocimiento de su teoría, sino que sólo se aprende bien por un hábito continuo y variado de los ejercicios de la mar en los diferentes sentidos” (CÁCERES FERIA, R. 1999: 276)2 Este pequeño fragmento nos parece especialmente interesante porque hace hincapié en dos aspectos, uno implícito y otro explícito, que siguen estando presentes en las formas de trabajo de los pescadores y marineros – “la gente de la mar”- andaluces. El aspecto explícito es el carácter pragmático del conocimiento sobre el propio trabajo y en el trabajo. El otro de los elementos, si bien implícito y por contraposición, no es de menor importancia: se trata de un práctica cognoscitiva en la que las facultades exclusivamente teóricas3 no son suficientes. El texto no nos dice explícitamente qué tipo de talento debe ser desarrollado por los pescadores para que su conocimiento les ofrezca soluciones prácticas a su quehacer cotidiano y sobre este vacío es precisamente sobre el que nosotros queremos llamar la atención, convencidos de que ahí se encierra una de las claves para la concepción de la pesca artesanal en su origen y desenvolvimiento histórico. En otro trabajo4, nos hemos referido a la tecnología fisiológica, conjunto de capacidades y habilidades desarrolladas tradicionalmente por los pescadores a partir de su propio cuerpo y de las cualidades perceptivas para el ejercicio de esta actividad: nos referimos a habilidades sensitivas, como el uso de percepciones visuales, olfativas y auditivas, u otras intelectuales como la memoria, para fines productivos. En el mismo sentido, podemos 1 El presente artículo se realiza a partir del trabajo de campo realizado en las localidades de Barbate y Conil de la Frontera, en la costa meridional de Cádiz, para la realización de nuestra Tesis Doctoral. 2 CÁCERES FERIA, R. 1999: 276. En la queja se pedía la prohibición de los artes de pareja de bou, modalidad de pesca de arrastre, cuya implantación en los litorales gaditano y onubense afectaba a las relaciones sociales y ecológicas de otros artes tradicionales. 3 El texto habla de facultades intelectuales y conocimiento teórico como formas más desarrolladas de conocimiento, lo que implica que otras formas, como las sensoriales, a las que se enfrentarían aquéllas son más imperfectas. Una moderna teoría del conocimiento no puede mantener una visión dicotómica entre conocimiento intelectual y conocimiento sensitivo, entre facultades intelectivas y facultades sensoriales como si estuviesen separadas en el proceso de conocimiento. Una valoración positiva de las formas de conocimiento vernáculas y una llamada de atención para que sean tenidas en cuenta la realiza LEVI-STRAUSS, 1995, en sus primeras páginas. 1 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 destacar el uso de los apéndices y partes del propio cuerpo aplicados como sistema de medida (pulgadas, brazas, pies, codal, palmo...), algunos de los cuales todavía siguen usándose por los pescadores andaluces, sistema antropométrico sobre el que ya reflexionara SÁÑEZ REGUART, destacando el carácter “natural” del sistema –sin hacer explícito su carácter de constructo culturaly su potencial funcionalidad para la apropiación del espacio marítimo: “Los pescadores tienen en sí mismos quantas medidas necesitan para verificar los cálculos relativos á su extenso exercicio. Con ellas reconocen exâctamente toda la variedad y continua desigualdad de los fondos del mar (...) Ellos son por otra parte unos excelentes Naturalistas casi por naturaleza, y sin nociones algunas de otra escuela y estudio que de su mismo exercicio (...) La experiencia nunca desdice de aquella ciencia verdadera y sólida, que adquirieron natural y prácticamente, para aprovechas las utilidades correspondientes á su profesión y su trabajo” (SÁÑEZ REGUART, a. 1791, Vol. II, p. 294) Dicho sea de paso, el texto supone un excelente botón de muestra de la permanencia histórica de categorías y representaciones acerca de los pescadores en las que se les define en función de habilidades y marcas corporales y en relación a la naturaleza, casi en los márgenes de la “civilización”. Por otro lado, los antropólogos que han tratado la cuestión del conocimiento de los pescadores han insistido sobre todo en las estrategias productivas racionales que éstos han desarrollado, concibiendo de forma implícita una forma de conocimiento científico, intelectivo, racional, y haciendo menos hincapié en el conocimiento sensitivo –si es que se admite que éste sea verdadero conocimiento-, intuitivo, subjetivo, no sometido a los patrones de la más estricta racionalidad que relaciona fines y medios para conseguirlos. Según las aproximaciones predominantes en la Antropología de la Pesca en España, la actividad pesquera de entenderse como respuesta adaptativa a las constricciones e incertidumbres de un medio, el marítimo, peligroso e impredecible5. Subsidiariamente, este tratamiento reduccionista se centraba en una sola de las dimensiones, la de la eficiencia económica y territorial de ese conocimiento, dejando in albis otras dimensiones sobre las que se pueden extraer una valiosa información sociocultural. Parece claro que el aspecto directamente productivo –localización de pesqueros, factores ambientales y conocimiento del comportamiento de los recursos, que son los que de una forma más directa se utilizan para 4 FLORIDO del CORRAL, D. 2002: “Marineros y pescadores andaluces”. En RODRÍGUEZ BECERRA, S. (Dir.) Proyecto Andalucía. Antropología de Andalucía. Publicaciones Comunitarias. En prensa. 5 En la producción dentro de estado español, el laboratorio de Antropología de la Universidad de la Laguna ha sido pionero en esta fecunda línea de estudios, aplicados a casos canarios y gallegos (GALVÁN TUDELA, 1984 y 1989 y PASCUAL FERNÁNDEZ, J. 1991). Quizá el estudio específico que ha llevado este análisis hasta sus últimas consecuencias ha sido el del SÁNCHEZ FERNÁNDEZ, J.O. 1992 en su análisis de los pescadores pixuetos de puerto asturiano de Cudillero. Sin embargo, en un clásico ya se entendía el conocimiento específico como elemento capaz de reducir incertidumbres al pescador malayos: “Malay fishery is a traditional occupation, and faced wih the risks of nature´s variability or man’s fallibility, the industry has developed respect for certain specialist accomplishment and rules of behaviour in the work, which arte believed to minimize the dangers” (FIRTH, R. 1966: 15-16, énfasis nuestro). 2 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 pescares básico, pues el mayor o menor grado de control cognoscitivo del medio y de los recursos se puede relacionar directamente con el éxito de los pescadores en sus capturas6. Paradójicamente, una mayoría de autores no se acaba de convencer de que el pescador es capaz de un prolijo y cualitativo control del medio marítimo y sus recursos, y en consecuencia productivo, del mismo, por medio precisamente de su ‘saber hacer’. Esto es, que las culturas del trabajo7 de los pescadores artesanales, arraigadas en el tiempo y puestas en práctica en las jornadas diarias de pesca, patrimonio cultural vivo y reactualizado generación tras generación, permitía relativizar el arraigado axioma de que la actividad del pescador es siempre azarosa porque no controla su medio y objeto de trabajo8. En este trabajo vamos a ilustrar el uso de las facultades perceptivas visuales, pero también de las olfativas, auditivas y de un sinfín de pequeñas prácticas en las que es el cuerpo de los pescadores y sus habilidades perceptivas se convierten en instrumento de trabajo. Quizás, el mejor ejemplo del uso de habilidades perceptivas en la pesca sea el sistema de marcas de tierra9, en las que la única tecnología precisa reside en cómo saber utilizar la vista desde la embarcación, para coger rumbos y localizar caladeros costeros. Ahora bien, el uso de estas facultades no tiene solamente una dimensión productiva. Históricamente, han sido las capacidades físicas, perceptivas e intelectuales de los pescadores las que han permitido el combate con el medio marítimo, para obtener de él experiencia vital, identidad grupal, sentido cultural y provecho económico. En las conversaciones diarias acerca de las faenas de pesca se expresa este tipo de conocimiento. Para participar del mismo, de esa 6 Solamente un autor se ha expresado críticamente frente a esta idea: KOTTAK, C.Ph. 1966, 216-217: para este autor, por encima de la función económica de la adecuada localización de los pesqueros, está la función de prestigio y distinción social para aquellos patrones que poseen este conocimiento. Se trata de un mecanismo de los capitanes de pesca de comunidades de pesadores brasileños para diferenciarse de los pescadores ordinarios y justificar su acceso diferencial a una mayor cuota de capturas. 7 Siguiendo a PALENZUELA, P. 1995, p.13: “Conjunto de conocimientos teórico-prácticos, comportamientos, percepciones actitudes y valores que los individuos adquieren y construyen a partir de su inserción en procesos de trabajo y/o de la interiorización de la ideología sobre el trabajo, todo lo cual modela su interacción social más allá de su práctica laboral concreta y orienta su específica cosmovisión como miembros de un colectivo determinado”. Cfr. También MORENO NAVARRO, I. 1999. 8 Uno de los artículos que más ha influido en la teoría antropológica en España fue el de ACHESON, 1980, en el que se define un axioma de partida - la incertidumbre – a partir del cual se podía explicar el conjunto de instituciones, valores y comportamientos de los pescadores. La incertidumbre tenía una doble genealogía en el planteamiento de ACHESON, medioambiental (riesgo, falta de control y sobreexplotación) y social (competitividad entre los productores y dependencia del sistema político y económico). El predominio de los enfoques medioambientalistas en la Antropología Marítima a partir de los ochenta provocó que los autores se centraran en la incertidumbre ambiental y relegaran la social, política y económica casi hasta su desconsideración en el análisis. 9 Se trata de una práctica tópica entre los pescadores artesanales; a saber, el guiarse por referencias visuales de la costa para fijar posiciones. Se toman dos referencias visuales que han de coincidir desde la posición de visión del barco –“poner el uno con el otro”, en una relación fija, aunque pueden tomarse otras referencias alternativas. No podemos olvidar que los pescadores generan una percepción muy fluida del espacio, sobre todo porque su 3 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 particular forma de hacer propio el objeto de trabajo, es preciso una larga de tarea de enculturación, de dominio de un lenguaje específico, que no es sólo verbal sino también gestual10. Cómo la actividad pesquera -por la reiteración y continuidad de faenas, por el recurrente comportamientos del recurso, por las formas de movimiento del propio barco etc-... prefigura ya algunas de sus pautas gestuales es una forma concreta y aprensible de esa otra interacción más profunda entre el medio marítimo y los cuerpos de los propios pescadores. Los surcos en la cara del viejo marinero, mucho más que una imagen literaria, expresan un aspecto fundamental de las relaciones que los pescadores tienen con su entorno y del tipo de conocimiento que obtienen de él. Y los propios pescadores verbalizan esta interacción: “Porque esto como quien dice ha sio una escuela pa mi, no es que yo sea un científico ni na, pero es que de tantos palos que me llevao en la cabeza, pues eso, que a mí me duele esto, de tantos palos. .A mí me han dao muchisimo palos y yo he estado pendiente de estas cosas” Estas palabras corresponden a un marinero que pertenece a una familia que se ha dedicado durante tres generaciones a trabajar en la bahía de Barbate. De forma rutinaria, casi inconsciente, este marinero expresa el proceso de somatización11 resultado de más de veinte años trabajando en los barcos. Dos aspectos del sistema de conocimiento de los pescadores entendemos que se relacionan con este proceso: el primero, la importancia del esfuerzo y la resistencia física y psicológica para poder llevar a cabo el trabajo en la mar. Ser marinero duele, y todavía podemos apreciar aspectos de ese dolor que van más allá de lo meramente somático, como el desarraigo social o la dependencia económica. Pero es que también hemos de tener en cuenta que gran parte de la interacción cognoscitiva entre los marineros y su entorno se hace a través de los sentidos. Se trata plenamente de un proceso sensitivo, sentido, interiorizado desde el nacimiento porque ha sido transmitido a través de los flujos corporales –de ahí expresiones como “esto lo llevo mamao”, o en la sangre: percepción del mismo se realiza siempre en movimiento. La primera descripción exhaustiva del sistema de marcas la ofreció FORMAN (1967). 10 Una de las pautas más recurrentes de comunicación de los pescadores es el uso tópico de expresiones gestuales para referirse al tamaño de los pescaos, a la forma de los barcos, al movimiento de los peces, o a otros muchos aspectos de la actividad pesquera. Para la identificación objetiva del pescador éste es un criterio infalible: sólo con apreciar cómo un marinero explica con sus manos cuál es el comportamiento de los peces encima del agua, al atardecer, verbigracia, lo podemos identificar en el colectivo de pescadores. Por su parte, ellos, en su quehacer cotidiano, de forma implícita y ordinaria definen su propio mundo, expresan tácitamente su identidad, al utilizar ese lenguaje verbal y gestual característico. 11 Una bella referencia a este proceso de apego del marinero a su entorno fruto del trabajo la podemos encontrar en el mejor clásico de etnografía pesquera: SÁÑEZ REGUART, 1791. Introducción, pp. xvi y xvii: “la Pesca es regularmente el aprendizage del marinero en su niñez: es su efugio quando cansado de las repetidas navegaciones y viages, ú obligado de la edad, se retira á su pais, volviendo a exercerla si este amor es un impulso natural que lo liga al suelo en que nascimos: un instinto que por la habitualidad nos constituyo propio el ayre que respiramos, los alimentos de que nos nutrimos, y finalmente todos los objetos que desde la infancia alhagan nuestros sentidos”. 4 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 “Eso lo tengo metío en el corazón, Eso es una cosa que a mí me ha enseñado mi pare y eso está grabado aquí. Y como me porfíe alguno en eso...” Tampoco hace falta obligar a los marineros a que expresen en voz alta los que sienten y lo que se sienten. Hablando sin la tensión de una entrevista sobre prácticas de pesca y cualidades de los marineros, hemos recogido expresiones que reflejan a la perfección el modo en que se utilizan los sentidos en la construcción material y simbólica del entorno, en su apropiación económica y cognitiva: “Eso es la vista. Eso es suficiente con la condición de ser marinero y tener buena vista. Yo he sido una persona, que siempre he estado en la prova12, y yo siempre he visto. Yo me la he notado, que yo con la vista alcanzo más que esta gente, porque esta gente, las criaturas no lo ven y yo lo veo” (A. Patrón jubilado. Traíña. 76 años Barbate). Apreciemos que tener vista en la mar no se trata de desarrollar una capacidad fisiológica cualquiera, sino saber aplicarla en el trabajo, como resultado de un proceso de aprendizaje y un ejercicio continuado. Todavía nos podemos encontrar con otras expresiones que reflejan esta forma específica de apropiarse del entorno y trabajar en él, en la que tanta importancia tiene la percepción sensitiva. Los sentidos puedes ser utilizados para interpretar datos ambientales y generar una información específica: “Para saber el viento que hace, cuando hay calma y hay poca marea, te sirven las orejas. Tú notas un vientecito por aquí por las orejas; un suponer, un sureste, que esté calmita, pero con un poquito de vientecito, y por las orejas ya sabes tú a donde sopla el viento. Y ya te puedes quedar tranquilo que te guía el bote desagerao. Y ya puedes catar la marea con seguridad. Pero esto se lo digo yo a uno de éstos que llevan cuatro días en la mar y me dicen ´¡Éste está loco!’ . ‘Pero, ¡qué sabrás tú, muchacho!’. Los que llevamos cincuenta años en la mar somos quienes sabemos estas cosas” (C. Marinero jubilado, embarcado en una pequeña traíña en la actualidad. Barbate, 65 años) Aquí nos encontramos con un campo de estudio específico para los antropólogos dedicados a los pescadores, el de la importancia del uso del propio cuerpo13 -y habilidades que, in extenso, podíamos denominar corporalesa la hora de representarse el espacio marítimo, de localizar las capturas, de aplicar sistemas de medida que faciliten la actividad productiva, etc. La actividad pesquera artesanal no es una mera práctica de apropiación material de un medio –el marítimoy de un recurso. Es también –y esto es lo que lo diferencia de otras prácticas económicas, pesqueras o nouna forma, históricamente y 12 Éste es el término con el que los marineros de Barbate y Conil se refieren a la proa. El patrón iba tradicionalmente en la prova de barco para ver dónde estaban las balsas de pescao. 13 El cuerpo como objeto de estudio para la Antropología es señalado entre los autores clásicos por M.MAUSS. Afirma este autor precisamente que “el cuerpo es el primer y más natural objeto técnico, y el mismo medio técnico, del hombre” (MAUSS, M. (1950) 1983:372). Un trabajo específico sobre el interés de MAUSS por el cuerpo como objeto de estudio sociológico es el de Cl. HAROCHE, 1998. Posteriormente, otros autores se han interesado por él como objeto de estudio pero desde otros enfoques y con otros objetivos teóricos: Cfr. MÉNDEZ, L, 1995. Un estudio de caso de interpretaciones sociales sobre partes del cuerpo y su uso en el trabajo es el de SABUCO i CANTÓ, A. 1999. 5 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 socialmente dada, de apropiación intelectual/sensitiva de ese mismo medio. Ahí radica su interés como actividad cultural, en el sentido amplio del término. Aún más, sin la preexistencia de esa apropiación cognoscitiva sería difícilmente pensable cualquier actividad halieútica con las condiciones técnicas en las que se ha venido desarrollando esta actividad económica en la historia y hasta nuestros días. Las percepciones sensitivas en los sistemas tradicionales de los pescadores gaditanos. “Ese linaje de conocimiento instintivo y casi adivinatorio que tiene del mar el marinero, de la caza el cazador...” M. PROUST (En busca del tiempo perdido: El mundo de Guermantes. Vol. 3) Uno de los primeros artículos elaborados por un antropólogo acerca de los usos funcionales del conocimiento experto, ya en 196714, nos habla la importancia de las habilidades y percepciones sensitivas de los pescadores. Puesto que en la historia de la producción pesquera andaluza de los últimos siglos –las primeras referencias bibliográficas las tenemos del s. XVI-, las percepciones sensoriales han jugado un papel capital para el desenvolvimiento de pesquerías hoy muy arraigadas entre nuestros pescadores, describiremos brevemente algunas de ellas15. Nos referimos en concreto a las pesquerías pelágicas : algunas especies pelágicas (como las sardinas, los boquerones, los jureles, las melvas,...) migran constantemente, en aguas medidas y superficiales, en función de sus hábitos alimenticios y reproductivos, mientras que otras lo hacen estacionalmente, en función de sus pautas exclusivamente reproductivas, como es el caso de los túnidos (tanto el atún, como el denominado en estos puertos pescao chico -melvas y canuteros, sardas, albacoras....). El movimiento y el carácter gregario de estas especies hace que se perciban a distancia grandes manchas de pescao, tanto de día, por su color oscuro o rojizo –es el caso éste de los boquerones o de los atunescomo de noche, por la fosforescencia luminosa –“una ardentía, como un fuego que tienen el agua”- que producen los peces en su desplazamiento. De modo que cualquier sistema de pesca que persiga estas especies ha utilizado la percepción visual como técnica de captura. Así lo hacían los atalayeros de las antiguas almadrabas de vista o 14 Nos referimos al muy instructivo artículo de FORMAN, 1967. También en GARCÍA ALLUT,1998:177, donde destaca las habilidades sensoriales de los pescadores gallegos. 15 Como afirma en un texto reciente PÁLSSON (1999: 24 y 25) cualquier intento de conservar y almacenar este conocimiento descontextualizado de sus ámbitos de producción, en archivos y bases de datos, es enormemente limitado. La clave de esta dificultad se encuentra en su continua transformación y en su carácter muchas veces fugaz en algunos de sus contenidos. Se trata de un conocimiento eminentemente práctico, ligado a actividades productivas cambiantes, a empresas concretas perecederas y en constante renovación, muchas de carácter intituitivo, por lo que su codificación es realmente difícil. 6 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 tiro, que se calaron en toda la costa sudatlántica hasta el XVIII16. Y así lo seguían haciendo las almadrabas en el presente siglo, cuando los vigilantes, en función del espumerío de las aguas y de la oscuridad de la mancha que veía acercarse, diagnosticaban el número de atunes que podían entrar en la trampa. Así lo hacían los barcos de Ceuta y de El Monte (Gibraltar) para la pesca de melvas17; así los artes de jábega, que dominaron el sector pesquero de Conil durante los años veinte y treinta de este siglo18, hasta que las traíñas de Barbate impusieron su mayor eficiencia productiva; y así lo han hecho los barcos de cerco de Barbate dedicado a la sardina y al boquerón fundamentalmente. Todavía hoy, los grandes cerqueros congeladores para la pesca del atún en alta mar, disponen de unas cofas situadas en los alto de los palos para que marineros con prismáticos intenten el avistamiento de cardúmenes de atún a lo lejos. A pesar de que cuentan con sistemas de detección por satélite, hay regalías para los marineros que divisen el discurrir de los cardúmenes de atunes. Pescas a la vista de especies pelágicas. Lances de vista con la jábega “Sí, mi abuelo tenía una jábega y pescaba muchas veces a la vista, se subía a las canteras ésas que están en la Fontanilla, en el alto ése se ponía cuando quería pescar las sardinas que arribaran a la costa. Y desde arriba se veían las sardinas, las colores de sardinas. Yo me acuerdo de una habilidad de mi abuelo que yo no me la podía creer. Y le decía: ‘abuelo, eso es imposible’. ‘Niño, no hay nada imposible’, y se enfadaba conmigo por eso que yo le decía. Bueno, lo que mi abuelo decía era decirte las cajas de sardinas que venían en la color. Te decía: ‘ahí vienen de cuarenta a cuarenta y cinco’. Y después de calar se cogían 39 cajas de sardinas a lo mejor. Escucha, y a lo mejor yo había dicho veinticinco cajas, porque yo me iba con él y me fijaba...pa’ aprender. Y él me decía: tú fíjate en la intensidad del color, que te dice lo apretá que viene la balsa de sardinas. Y lo grande que sea” (E. Patrón de un bote en Conil. 36 años) La pesca con jábega en Conil se regulaba expresamente desde 1920 con un reglamento específico para esta pesquería que fue elaborado por la Sociedad de Obreros Pescadores de 16 Como nos narra SAÑEZ REGUART describiendo la almadraba de Conil y los diferentes puestos en la misma: “Cinco torreros y su aprendiz, con conocimiento, vigilancia y prontitud en hacer las señales de pesca. Están atalayando (..) y son tan prácticos que aciertan con cortísima diferencia el número de atunes que viene en la tropa y poco mas o menos el peso en general segun su tamaño” (SAÑEZ REGUART, 1792, Vol I: 57. A juzgar por la soldada recibida, el puesto de torrero era de los más considerados. En realidad, esta capacidad de los atalayeros ha asombrado desde siempre a los autores que han descrito esta pesquería. Otra referencia similar la encontramos en PÉREZ DE MESSA, 1595, Lib. II. Cap. II, fol. 102: “Y el conocimiento deste hombre es tal que a una legua y mas de distancia que los atunes vengan los siente y vee debaxo de agua, por el aguage y pretor que traen, y aun casi dize el numero, que son...”. Todavía hoy hay patrones de traíñas que intentan calibrar el número de cajas de pescado que han podido caer en un lance, interpretando la pantalla de la sonda, y durante los años en que ésta no existía se calculaban el número de cajas de los cardúmenes avistados. Esta cuestión es importante por cuanto se convierte en el criterio decisivo para calar o no. 17 Empleaban una cofa, a la cual se subía un marinero encargado de divisar las pelotas de pescao. 18 Así, en el Reglamento para la Pesca de la Jábega en Conil, de 1920, que organiza los diferentes puestos de pesca a repartir entre las diferentes unidades productivas, también hay varios artículos dedicados a la pesca a la vista, que alteraba el normal orden de calar los artes según las mareas y el sorteo de puestos. La aparición de cardúmenes visibles desde la orilla creaba derechos y competencias entre los pescadores que había que regular. 7 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 Conil y aprobada por la autoridad competente. Aunque el sistema fundamentalmente regulado de pesca era el de los puestos de pesca, que se sorteaban entre los dueños de barcos y artes, la posibilidad de avistar una color de sardinas no podía desaprovecharse, y también entró en la regulación. En estos casos, los dueños movilizaban rápidamente al grupo de hombres que trabajarían en el lance, para evitar que el pescado pasara de largo. Era muy importante que el patrón dueño que se apostara en las zonas altas de la costa para avistar las sardinas pudiese calcular la densidad del cardumen y lo tradujese en número de cajas o espuertas, puesto que ello determinaba qué decisión tomar: si calar la jábega o no. No merecía la pena calar para pocas cajas porque el producto no alcanzaba para su distribución entre la gente que participaba en las tareas de echar el lance y recoger la red. Pescar de noche y de día con la vista: Arda, Pájaros, a la color. La pesca al arda ha sido de las más características formas de captura para especies pelágicas, fundamentalmente la sardina, pesquería histórica, sobre todo en la costa Noroeste de España. Las sardinas se empezaron a pescar con traíñas en Barbate a principios de siglo, a partir de la introducción de este tipo de embarcaciones y de artes por parte de pescadores gallegos, aunque de la mano de éstos se introdujo una sistema de pesca19 que no se utilizó en los caladeros norteafricanos. Tanto aquí, como en las aguas mediterráneas que faenaron los barcos de Barbate durante casi la totalidad del siglo a partir de los años treinta, el sistema más utilizado fue al arda, con el patrón a la prova del barco, atento para vislumbrar las balsas de sardinas cuando en sus desplazamientos generan una efecto de fosforescencia en el agua del mar: “A la vista, de noche. Tú vas buscando, y tienen que ser noche que no se vean las estrellas. Porque hay noches que tú vas buscando y se ven las estrellas y se ve la luna en el agua, esas noches no son de arda. Esas noches te puedes quedar en tierra tranquilamente. Como tú veas las estrellas y la luna en el agua, te puedes venir pa’ tierra buscando el arda. Ahora, en las noches oscuras, que tú ves un arderío, el arderío es un fuego en el agua, y eso es pescao. Hay hombres que, a lo lejos, a una distancia de pescao:’ ¡Eh, que balsa pescao! ¿No ve el arderío que lleva?’. Se busca la dirección que lleva, si pa’ Poniente, Levante, pa’ fuera o pa’ tierra. (J. lucero en traíña. 52 años) “...Antiguamente, se ponía el sol y te ponías tú la pelliza y la ropa agua, ponerse en la prova del barco y llevarse uno to la santa noche, unas veces en pie y otras veces sentado, porque te cansaba de estar en pie, y te tenías que sentar en la prova del barco; algunos compañeros que te acompañaban, excelentes, que estaban toda la noche allí contigo. El patrón en la prova, con la ropa agua, y a buscar el arda. De noche se ve el pescao, con el agua hace un arda, como si fuera fosforescente: eso hace el pescao de noche cuando hay arda, cuando el agua tiene fuego, tiene ardentía, que llamamos nosotros. La mar tiene fuego, está fuerte, porque las aguas no están finas, por h o por b, entonces tira la mar más fuego y el pescao se ve mejor. ‘Ahí viene una 19 A la raba, enguando (atrayendo en torno al barco) los bancos de sardinas con hueva salada que se importaba de los países bálticos. 8 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 blanca’. El pescao se ve porque el agua tiene esa…y ya tú ves el pescao en el arte, como si fuera… lo ves recorriendo el arte. (A. Patrón jubilado de traíña. 76 años, Barbate) Este sistema se utilizó en todos los caladeros de las traíñas de Barbate, tanto los atlánticos y norteafricanos, como los mediterráneos, con la diferencia de que en Larache (Marruecos) el patrón se ayudaba con un pandullo, pequeña pieza acampanada de plomo macizo que se arrojaba desde la proa del barco para provocar una estampida del pescado, “que el pescao abriese”, y en ese agitado movimiento se produjese el arda, esa luminiscencia en el agua. En el Mediterráneo, atrás el Monte (el Peñón de Gibraltar), en lugar del pandullo se utilizaba la mazota, con la que se golpeaba en la regala de la embarcación, preparada y reforzada para ello. Puesto que no era posible ver las blancas de pescaos en aguas medias y profundas, el uso de este tipo de artefactos podía conseguir el movimiento de los peces para provocar el arda. Como vemos, en este sistema había que dominar el ciclo lunar en su distribución mensual, de manera que los días de luna llena terminaba el obscuro y los barcos paraban cuatro o cinco días en la pesca, dedicándose a diferentes faenas de tierra. Cuando la pesca de noche no se daba bien, entonces era preciso aprovechar algunos lances de día. Para ello, la vista seguía siendo el instrumento privilegiado por los patrones, que debían interpretar el movimiento de pájaros como las pardelas, los alcatraces u otras aves: “Está la pardela, el alcatraz, la polluela, la gaviota. Son guías para la pesca. Tú ves un alcatraz tirándose , es que hay pescao, no falla. Cuando no había radales, que nosotros hemos pescao muchísimos años sin aparatos, íbamos buscando los pájaros. Donde se tiraba el alcatraz, calabas. Ése es el que te enseñaba a ti la pesca, antes. Ahora el que te enseña la pesca es el aparato. El alcatraz era de los más seguros. Y el charrín, y la pardela. ‘No ves, están apardelás’. Y hemos pasado y no han podido levantar el vuelo y han vomitado allí y se ven los boquerones vivos vomitados por los pájaros, para levantar el vuelo. Tú no ves a los pescaos, porque están hondos, y ellos los ven, con la vista esa que tienen. Van a sesenta metros e altura y se tiran, y con el agua turbia. Los averíos de alistaos20. ‘Allí hay un averío, vamos a llegarnos’. Y estar los alistaos con las pelotas de boquerones encima del agua”(T. Patrón de traíña jubilado. 62 años. Hoy trabaja con un bote de trasmallo) Pescar a la color es otro de los sistemas empleados, basado en una aguda percepción visual, también característico de pesquerías pelágicas al cerco de día: boquerones sobre todo, pero también para la pesca de listados. “A la color es una clase de pesca que se estiló mucho antiguamente, ahora no. Va el pescao junto, no arriba el agua, sino a dos o tres o cuatro brazas debajo de agua. Yo tenía una vista pa’ eso horrorosa, pa pescar a la color. Yo he calao pescao a la color, y la gente del barco no ver el pescao y yo decía: ‘ahí están’, y ‘ahí están’ y ‘ahí están’ y la gente: ‘¿adónde están?’ Y yo: ‘chiquillo, ¡Ahí, no lo ves, la color!’. Y ninguno veían la color. Y yo, por lo menos 150 cajas trae. Ahora copejea, 160 o 170 cajas de pescao. Se cogían sardinas , pero más que ná 20 ‘Listado’: Túnido con un importante mercado en las fábricas conservas. Es muy veloz, y en su migrar sólo se detiene ante bancos de boquerones, de los que se alimentan. Los averíos de alistaos te indicaban indirectamente dónde había boquerones. 9 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 mía eran los pájaros de la mar, y la prova del barco y las mareas,, por eso yo sé cómo se mueven las mareas y lo sé por eso, porque yo tenía que valerme de las mareas para poder pescar. Antes se pescaba con la inteligencia, hoy se pesca con los aparatos. Yo he llevado la gente siempre amontoná por eso.” (A. patrón jubilado de traíña. 76 años. Barbate.) La posición del patrón era privilegiada en la distribución de beneficios. Sin una formación reglada y oficialmente reconocida –que en un universo social de cultura casi exclusivamente oral y de altísimas tasas de analfabetismo para la escritura no estaba al alcance de la mayoría-, un marinero aventajado, trabando relaciones de confianza con el dueño y mostrando sus capacidades de mando y su habilidad para las capturas, podía verdaderamente acumular rentas y salir de la economía de subsistencia, sobreexplotación y proletarización de las familias de marineros. Por ello, tener una aguda vista en la mar es una cualidad socialmente valorada y disputada, que confiere prestigio, y que debe más a factores sociolaborales que a factores meramente fisiológicos. Igualmente, cuando se quiere cuestionar la posición actual de los patrones-hijos en la actualidad, y que no han demostrado ninguna habilidad especial que pueda justificar su posición preeminente en la unidad productiva, se hace referencia, diríamos que inconsciente, a los ojos: “Los patrones de ahora no saben ni dónde tienen los ojos. Fíjate bien lo que te digo [repite].No saben porque no llevan los años que llevamos otros en la mar. Ellos son los patrones, sí, pero por ser el hijo de. O el sobrino de. Pero los que hacemos las faenas o sacamos al barco de problemas somos los de siempre. No saben ni hacer un nudo, pero van de patrones, y de dueños, porque ahora es diferente: ahora nada más que siguen la guía de aparato, pero es que algunos ¡no saben ni cuántos metros tiene un milla” (J. marinero de traíña. Hoy trabaja con un bote en la bahía. Barbate, 52 años). Pero la distribución jerárquica de los saberes, la apropiación estratificada de los mismos, la transmisión restringida de los conocimientos no se puede circunscribir a las cualidades sensitivas. Puesto que las condiciones tecnológicas varían con el tiempo, los discursos de legitimación de la estratificación social y las jerarquías en las relaciones de producción también se transforman. El conocimiento experto, ya los sabemos, supone el control de una ingente cantidad de información que permite la generación de una apropiación, material y simbólica a un tiempo, del entorno marítimo. Del mismo modo que los patrones de antaño podían legitimar su posición a partir de varias facultades sensitivas y de atesoramiento de un saber específico sobre cómo trabajar con lunas, mareas y vientos, en la actualidad, muchos de estos aspectos siguen siendo del control exclusivo de los patrones de pesca, que en una gran mayoría pertenecen al propio núcleo familiar del que es propietario el barco. O bien, se puede justificar y legitimar porque los hijos de los dueños se han formando en Cádiz, en la 16 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 Escuela Náutica, donde reciben la formación técnica que le permite el manejo de los nuevos instrumentos tecnológicos aplicados a las modalidades pesqueras. Esta estratificación social del saber es cuestionada por parte de algunos marineros. Como afirma uno de Barbate, para quien existe una clara diferencia entre saber de la mar realmente y la jerarquización social consecuente de la reproducción de medios materiales e intelectuales: “Hoy por hoy en Barbate los patrones nuevos no saben nada, de la mar… son analfabetos todos. Están ahí y se supone, se supone, ¿eh? Que saben lo que llevan entre manos. Son el tope máximo de saber en un barco. Pero están ahí por herencia, y no saben ná, y siendo analfabetos son patrones. Lo que hay es aparatos que han inventao, que tú eres analfabeto y eres un técnico. Le da al botón y te lleva al sitio, y antes tenías que ir a una piedra de noche guiándote por las luces y por las marcas. Ya no hay los patrones que había antes. Antes los patrones eran los luceros, que estaban toda la noche despiertos y sabían de las mareas , de las marcas, de navegar con el norte y con las estrellas” (J. marinero de traíña y barquillero en la bahía. 52 años, Barbate) “No todo el que va a la mar sabe lo mismo. Ni los patrones saben más que los marineros. Hay marineros que saben más que el patrón durmiendo. Vamos, el marinero durmiendo y el patrón despierto, sabe más el marinero que el patrón. Y hay otros patrones que saben mucho. Pero, siempre, como dice el refrán: ‘donde manda patrón no manda marinero’. Que como los que mandan son ellos, ellos son los que saben. Tú puedes saber lo que tú hayas aprendío y no haberlo demostrado, que tú sabes lo que has aprendío, pero te hace falta demostrarlo, porque tú sabes lo mismo que sabe ése o más, pero a ti no te dan para demostrarlo” (J. marinero de traíña jubilado. 64 años, Barbate) La segmentación en torno al conocimiento y a la posesión de las habilidades y capacidades necesarias para la pesca puede llegar a un punto, que incluso se les niega a los marineros, completamente excluidos del proceso de transmisión de medios de producción, el dominio de un oficio. Y los marineros asumen esta exclusión negando el carácter de oficio al trabajo en la mar. Suelen ser marineros que se han proletarizado desde muy pequeños en flotas de capacidad industrial (traíñas o barcos de arrastre de Cádiz –los trolis), y expresan diferentes exclusiones superpuestas y relaciones de subordinación: la de patrones sobre los marineros en la sociedad pesquera, y la del ámbito socio-económico y político en el que se inserta la sociedad de pescadores hacia los propios pescadores: “Pero yo no lo veo como un oficio, puesto que esto es una rutina y una monotonía que una vez sales del barco ya no eres nadie, ni lo puedes realizar en ningún otro sitio. Aquí lo que se hace es un trabajo que en ninguna medida es elaborado, sino que esto es del todo mecánico. El marinero hace lo mismo aquí, que en aquel barco, que en el otro, que en el otro. Lo que se hace aquí se aprende en un día. Aparte está la consideración mala que tienen la gente de la mar. Eso es otra cosa, que no la va arreglar nadie, porque entre otras cosas la mar no la quiere ya nadie. La mar antes era una salida por la falta de cultura que había, y entonces como no se requería nada para ir a la mar, pues la mar era lo más fácil.(A. marinero de traíña, y de arrastre en la actualidad. Conil, 56 años) Ello no quiere decir que la totalidad de pescadores que han sido excluidos de los medios materiales e intelectuales asuman esta percepción del propio trabajo. Sobre todo 17 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 algunos marineros, que en su trayectoria laboral, por diferentes circunstancias, han ido acumulando conocimientos sobre el entorno, sobre las técnicas de pesca, sobre la organización de trabajo a bordo, etc. pero a pesar de ello no han conseguido la promoción socio-laboral necesaria se defienden. Normalmente se trata de marineros de la bahía, que han pasado por diferentes modalidades de pesca, y las traíñas no han sido más que una etapa en su vida, tendiendo a volver de nuevo a las pequeñas embarcaciones: “Ésa [señalando la costa] ha sido mi escuela, que soy analfabeto de leer y escribir a lo mejor, pero de la mar que no me hablen. Yo de escritura no sé, pero de la mar soy un experto, porque yo eso es que lo he mamado. Porque yo estaba siempre preguntando a los hombres que sabían, yo no paraba de preguntar por una cosa y por otra, mientras que los demás estaban durmiendo” (N. Marinero en un bote. 43 años, Conil) En conclusión, existe un modelo de acceso y circulación restringidos de la formación, habilidades e información competente para la actividad pesquera, entendida ésta como técnica específica animada por un saber hacer exclusivo. El vínculo familiar es el soporte relacional más común en la flota andaluza artesanal: las díadas padre-hijo y hermano-hermano son las más recurrentes, hasta el punto que cuando excepcionalmente alguien ajeno al grupo familiar accede a la información y al conocimiento estratégicos, alude al modelo de transmisión familiar36. Resulta paradójico que se utilice la metáfora de mamar el oficio para justificar el buen hacer de un pescador y, sin embargo, la transmisión por herencia de los barcos de mayor capacidad (las traíñas) no implica la recepción de ningún tipo de conocimiento ni de unas capacidades específicas. Es más, como hemos visto, se critica. Por el contrario, en la flota más pequeña la transmisión del barco de padres a hijos implica la transmisión de conocimiento y del saber experto en el discurso social, y la posición privilegiada del patrón-armador, no se cuestiona. La diferencia entre ambos discursos debe estar, pensamos, en las mayores diferencias sociales, de condiciones de trabajo y de vida que se dan en las traíñas respecto a las que se dan en la flota artesanal que trabaja en los caladeros costeros propios. En este modelo la movilidad social ascendente a partir de capacidades específicas, la de marineros de cubierta está prácticamente cerrada. Sólo con titulaciones técnicas, como las de mecánico o de patrón (de papeles) se puede mejorar las perspectivas laborales y sociales de los pescadores. El patrón titulado puede tener posibilidades de adquirir información acerca de las técnicas de pesca y sobre la localización de los pesqueros, pero, como regla ordinaria, el 36 “Él me ha transmitido sus conocimientos como si hubiera sido su hijo, por lo cual le estoy doblemente agradecido, porque sin yo tener a nadie que me pudiera enseñar porque en mi familia no hay marineros ,- que era mi padre, pero mi padre era cocineroy yo que éramos los únicos que estábamos en la mar, el resto de familia es de tierra.. el que yo viniera al barco como patrón, pues yo tenía los conocimientos de náutica que había estudiado, conocimientos muy precisos y que eran los que me gustaban. Este hombre vio la labor que yo hacía y puso su confianza en mí.” (A. patrón de papeles. Barbate, 33 años). 18 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 conocimiento que refiere a la pesca está también vetado a ellos en la mayoría de las ocasiones, puesto que queda en cerrado en el círculo cerrado de los dueñostécnicos de pesca. Como un armador de una traíña de Barbate nos reconocía recientemente: “quien duerme en el puente es el técnico de pesca. Él de papeles está allí en las guardias, pero después se dedica a decir el rumbo al timonel y a enrolar y a desenrolar a la gente”. La dimensión política y la aplicabilidad del conocimiento vernáculo a formas de gestión. Si se parte de una visión política del conocimiento, según la cual existen dos tipos de saberes, uno científico especializado y otro lego o vulgar37 se suele concluir que la gestión de los recursos es competencia exclusiva de técnicos, insertos en el contexto institucional legitimado para la acción política, y ajenos a las propias sociedades de pescadores, los verdaderos protagonistas de la actividad pesquera38. En realidad, se puede hablar, entendiendo el conjunto de sistemas de conocimiento, de una estratificación social del conocimiento que ha aupado a un tipo –el científico-técnicoa la legitimación y que ha marginado a otro tipo –el vulgar-. Es más, en aras del primero se desarrollan complejos programas de gestión y explotación económicas que se caracterizan por su ineficiencia39. Precisamente, lo que reclaman algunos antropólogos es que esta falta de resultados parte de la incomunicabilidad de ambos paradigmas, el lego y el científico, porque la puesta en práctica de estos saberes permite sistemas de explotación de mayor o menor sostenibilidad, fórmulas, casi siempre no escritas, de ordenamiento de la actividad pesquera. Sobre ellas es, además, sobre las que los gestores y políticos, lo quieran o no, han de aplicar su política pesquera. Es más, el grado de adecuación de estas planificaciones al conocimiento de los pescadores, esto es, a la praxis cotidiana en su actividad económica, implicará el éxito o el fracaso de estas políticas40. La cuestión que se plantea entonces es cómo incorporar este acervo de conocimiento, de forma más o menos sistemática y formal, a modelos científicos y a procesos de toma de decisión sobre recursos pesqueros. Especialmente difícil es la traslación de conocimiento local, específico, contextual, complejo, fluido, proteico... a modelos explicativos que pretendan ser más o menos rígidos, abstractos, elaborados sobre formulaciones matemáticas y 37 “A such Cartesian scheme is the tendency to reduce local environmental Knowledge to mere trivia and to assume that what people have to say about ecological matters and humanenvironmental interactions is pure ideology, of relevance only as cultural data” (PÁLSSON, 1999:23). 38 A pesar de que, como hemos visto, en su comportamiento productivo, los pescadores desarrollan pautas de territorialidad que llevan implícitas formas de gestión (explotación/conservación) de los recursos. 39 Según PÁLSSON (1999) otra derivación de esta tendencia es la falta la de conexión entre las habilidades y conocimientos que se enseñan en las escuelas de náutica y navegación y las destrezas óptimas de los patrones de pesca para conseguir sus capturas. 40 Ciertamente, en estos últimos años esta dimensión está cobrando una relevante importancia en el análisis de los antropólogos. Cfr. PÁLSSON, G. 1998 y GARCÍA ALLUT, A. 1999. 19 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 simulaciones estadísticas, .... inmóviles en definitiva. Los técnicos se arrogan la efectividad de la observación exterior y desinteresada y tachan el punto de vista de los pescadores de parcial, trivial y excesivamente pragmático41 para erigirse como actores políticos en exclusividad . Así, en su modvs operandi, se establece una rígida separación entre expertos y profesionales. Es decir, que el mayor error de esta concepción y praxis políticas es la descontextualización social y cultural –que incluye la medioambientalde la teoría que se pretende aplicar42. También por parte de los pescadores existe un importante recelo y desconocimiento del corpvs científico. Como nos comentaba un patrón de pesca ya jubilado: “El ministerio de la pesca lo tienen que tener gente que lo lleven dentro lo de la pesca. La mar, el que la vive43, el que ha estado sometido siempre en el mar, se sale del mar sin enterarse de la historia bien. ¡Que se sale de ahí sin enterarse de la historia bien, por muy estudioso que haya sido, que se sale y no se ha enterado bien del tema!. Porque la mar no habla; la mar es una proporción que está ahí y eso tiene, y eso tiene mucho que aprender y mucho que decir y los que dicen los estudiosos, la biología son suposiciones, que se supone. Pero ésos señores a mí nunca me van a acreditar que esto es así, de adónde, dónde tienen esa gente ese crédito”. La dimensión identitaria A partir de este texto, podemos reflexionar sobre otra de las dimensiones cruciales del conocimiento experto: la identitaria, por cuanto ese conjunto de percepciones, saberes y conocimientos es un elemento de diferenciación del colectivo de pescadores, que activa la conciencia de pertenencia al grupo social44, y aún más, como se expresa en el texto, permite la reivindicación de la gestión económica, política y territorial de la actividad. Esta identidad social -generada a partir del mundo social del trabajo, de la variable de género (en este caso el masculino) y de la variable étnicase refuerza por el lenguaje específico compartido en la experiencia laboral diaria, como uno de los canales por los cuales el pescador se apropia de su 41 GARCÍA ALLUT, por el contrario, reivindica la capacidad de este conocimiento práctico por parte de colectivos profesionales para ordenar su mundo y ofrecer respuestas a las circunstancias cambiantes a un medio natural que tienen que explotar. (GARCÍA ALLUT. 1999: 175). 42 Una posible solución a esta dinámica sería la democratización y descentralización del proceso de toma de decisiones sobre técnicas y recursos (PÁLSSON. 1999:28). 43 Otra vez vemos aquí el recurso argumental de la somatización de la actividad pesquera en un nuevo contexto: para sostener la legitimidad del conocimiento, y en consecuencia, de la gestión de los recursos y las técnicas. 44 Esta identidad no se circunscribe simplemente a lo estrictamente laboral. Antes bien, se vertebra en torno a otras dos variables estructurales de la identidad sociocultural: el genero –por cuanto el control del saber hacer en la mar es patrimonio exclusivo masculino y discrimina en el caso andaluz tajantemente a los hombres de las mujeres en cada sociedad local o grupo de familias de pescadoresy el grupo étnico - por cuanto estamos hablando de generaciones de pescadores andaluces que han producido este saber y lo han aplicado cotidianamente en sus faenas a lo largo de la historia, tanto en nuestros propios caladeros como en los norteafricanos, desarrollando modalidades de pesca específicas –aunque éstas, originariamente, tengan una procedencia exterior 20 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 entorno ambiental, construyéndolo45, y dialoga con otros colectivos en el conjunto de interacciones sociales –sobre todo económicas y políticascon recursos culturales propios. Esto es, como cualquier otro proceso identitario, al tiempo que define un nosotros colectivo se delimita frente a otros grupos. Con todo, las identidades que se generan al interior de los colectivos de pescadores a partir de sus sistemas cognitivos son homogéneas. Las aproximaciones más convencionales a los medios intelectuales de producción olvidaban también la coexistencia de diferentes modos de apropiación de un mismo espacio, en función de factores diversos, pero que siempre estarán relacionados con elementos políticos, tecnológicos, económicos, sociales... muy diversos. Ni siquiera el conocimiento sobre los recursos y sobre los factores ecológicos y ambientales es uniforme, porque éste se ha de articular con las exigencias técnicas de cada pesquería y con otros factores de índole económica, social y política muy diversos46. Solamente refiriéndonos a la incidencia de los factores ambientales, hemos de señalar que para cada modalidad de pesca hay aspectos que se resaltan y que se omiten en cuanto a los medios intelectuales de producción, puesto que los mismos factores ambientales no pueden nunca afectar y condicionar de forma homogénea a todas las embarcaciones, independientemente de las modalidades de pesca de éstas. El conocimiento específico de los comportamientos de cada especie objeto de pesca por parte de cada una de las pesquerías es uno de los mejores ejemplo de los que decimos47. Acudiendo a las percepciones de los propios pescadores, hemos de destacar que cada modalidad de pesca mantiene relaciones cualitativamente diferentes con los factores ambientales, en función de factores muy diversos: estrategias productivas de cada modalidad, tipo de embarcación, condiciones de navegabilidad de las masas oceánicas, factores ambientales que repercuten en unos y otros territorios de pesca , etc. 45 Como reconoce SANMARTÍN en su excelente análisis de los pescadores valencianos de la Albufera: “Los pescadores usan un vocabulario específico, bautizando técnicas, épocas y lugares que el profano o forastero es incapaz de comprender. Así, al nombrarlos distinguen, identifican, se comunican, hacen suyo el objeto designado, lo vuelven cotidiano, lo introducen en su mundo, y en última instancia, al enculturizarlo, dan un paso más en su control” [énfasis nuestro] (CÁTEDRA, M y R. SANMARTÍN. 1979: 128-129). 46 Como las relaciones sociales de producción, la transmisión de medios materiales e intelectuales, las presiones económicas del mercado o de las industrias que incorporan tecnología, el marco político en el que se desarrolla la actividad, etc. 47 Un ejemplo de la etnografía clásica es el que ofrece MORRILL, 1967, sobre el conocimiento “etnoictiológico” específico de los Cha Cha, de las Islas Virginia, acerca de los recursos de su ámbito ecológico y productivo dominado por el arrecife de coral. En nuestro ámbito de estudio podemos diferenciar los pescadores de una u otras artes, tanto en Barbate como en Conil: en Barbate, por su vinculación histórica a la pesquería al cerco, hay un acervo de conocimiento sobresaliente acerca de los comportamientos de especies pelágicas, especialmente de aquéllas que más se capturan: sardinas y boquerones. Otras modalidades de pesca costera y con otros artes, tanto en Barbate como en Conil, producen un conocimiento ictiológico mucho más preciso sobre 21 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 “Aquí en tierra parece que no da el viento, pero en la mar si da, por lo menos a los de los botes, porque a las barquillas ya es otra cosa, y no digamos a los barcos grandes. Las barquillas se defienden mejor, pero a nosotros con un poquito de movimiento nos da bien, bien. Lo que para un barco es una miajita de viento para nosotros es un vendaval” (J. pescador de pulpos, chocos y calamares en un bote. Barbate, 44 años) Es decir, que los denominados azares ambientales no se pueden entender como datos a priori que condicionan de forma decisiva la economía y los comportamientos y valores de los pescadores. Otras veces son factores subjetivos, como las necesidades o los cálculos económicos de cada embarcación, el arrojo de cada patrón, la diferente valoración de las condiciones ambientales, ...los que inciden en las diferentes respuestas de los pescadores a los condicionamientos ambientales: “Yo con levante salgo, pa’ los demás es un temporal y para nosotros no es ná. Hombre, tú sales al mar y la paliza te la pega, pero sabes que si tú vendes las cajas que te den esos artes esos días de mar mala y de tiempo, has hecho la semana. Por eso yo calo veinte días el mes y ellos calan nueve o diez, no más, porque no calan más, que si por levante, que si por otro cosa. En la bahía, el viento depende del barco y del patrón. ‘¿Esto es levante?. Esto no es ná, y sales, y a lo mejor para otro eso es un vendaval, que sales ahí afuera y no cabe el barco en la mar” (J. Patrón de una bote con artes de enmalle48. 34 años. Conil). Es decir, más que atender a las condiciones ambientales en sí mismas, hay que acudir a cómo son percibidas e interpretadas para generar prácticas económicas diferentes y, por tanto, específicas construcciones simbólicas del espacio marítimo49. Esto es, el entorno ecológico no es un elemento causal que explica los comportamientos económicos y el conocimiento. Es el ser humano en sus actividades de apropiación material e ideática del entorno, quien genera un territorio específico, en el cual se articulan algunas variables ambientales, otras son ignoradas, unas se controlan, otras no son conscientemente asumidas. Una cultura del trabajo, en su desarrollo histórico va procurando perfeccionamientos en el conocimiento, introduciendo nuevos elementos y olvidando otros. Basta con reflexionar cómo se genera el conocimiento sobre el medio y el entorno. El pescador recibe información, la procesa y genera un dato, que no le viene dado de antemano. Él, en función de las circunstancias del momento, de las necesidades de pesca, del bagaje de conocimiento, de la propia modalidad de pesca, etc. es quien crea el dato del entorno. Más que algo dado, éste se construye a partir de un saber especies demersales (los pescaos de piera y de corría: salmonetes, sargos, pargos, besugos, brecas, pageses [pagel], bailas, brecas...), bentónicas (como el lenguao) o sobre moluscos como el choco, el calamar o el pulpo. 48 La flota de Conil es mucho más homogénea que la de Barbate en cuanto a tamaño de los barcos, tonelajes, modalidades de pesca, etc. En la actualidad hay unas ochenta embarcaciones con artes de enmalle, palangres, nasas y aparejos para trabajar los caladeros litorales. 49 Este enfoque es el que defiende SABUCO i CANTÓ, 1996: 80: “Sobre un mismo espacio, construido socialmente a través de prácticas económicas y simbólicas diversas, pueden proyectarse y coexistir distintas formas de apropiación territorial.... diferentes maneras de territorializar el espacio a partir de los usos y las 22 Demofilo. Revista de Cultura Tradicional de Andalucia. Núm. 1. 2002. Pag. 139-156 específico –en realidad es un conjunto de saberes-, inserto y conformador de una cultura del trabajo determinada. Ésta sí es anterior al sujeto, el cual ha de partir de esta herencia cultural labrada desde los procesos de trabajo pesqueros para reproducirla y generar un nuevo conocimiento, una nueva imagen del entorno, una nuevo sistema de interacción con los recursos después de la aplicación de las técnicas de pesca; en definitiva, un nuevo entorno que legar a sus descendientes. Por tanto, los medios intelectuales de producción no son un mero instrumento para el pescador. Son una vertiente clave de la construcción social y simbólica que los pescadores hacen de su entorno, que está sociohistóricamente determinada y articulada en los procesos de trabajo concretos. Estas construcciones cognoscitivas, conjunto de saberes específicos, expresan una peculiar forma de interacción con el medio conocido, pero al que hay que seducir con el trabajo y el conocimiento - utilizando el propio cuerpo, los sentidos y las facultades intelectuales socialmente generadas: “Los vientos a mí me hablan, no es que me hablen, pero yo conozco. Cuando yo estoy en la mar, yo conozco los tiempos, no los que hay, sino los que vienen. Los huelo... A lo mejor está calmita y veo un extraño, una cosa que a mí no me gusta, y me voy pa’tierra. Los otros se quedan y a lo mejor les coge un tiempo y pierden los aparejos y se vienen con una paliza. O al revés, que también me ha pasao. Porque sí, porque ya lo tiene uno acordao, ya lo tiene uno, hablando malamente, mamao. Mamao quiere decir que ya lo trae uno adentro”” (G. pescador de botes en la bahía y lucero en traíñas. 47 años. Barbate). Este mismo pescador nos decía acerca de cómo percibía él que entraba la temporada de pesca de los caramales: “Los caramales vienen ahora para el mes de Septiembre. Cuando se pasa la calor, te entra un frío en la mar, que te tienes que poner de abrigo, si no, no hay quien lo aguante. Ese frío,... ese frío me dice a mí que ya es el tiempo de los caramales,. De aquí a nada, estoy sintiendo yo ese frío que me dice que ya es el tiempo de los caramales”. BIBLIOGRAFÍA: - ALEGRET, J.L. 1989: Els armadallers de Palamós. Una aproximació a la flota artesanal desde l’Antropologia maritima. Girona. Diputación de Girona. -1987: “La Antropología Marítima como campo de investigación de la Antropología Social”. Agricultura y Sociedad, nº 52: 121-142 - BRETON, F.1990: “El aprendizaje del oficio de pescador: saber y transmisión entre los pescadores de arrastre” Eres ( Serie Antropología), 2: 143-159. - CÁCERES FERIA, R. 1999: Mujeres, fábricas y charangas. Trabajo para la suficiencia investigadora. 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