El manuscrito del Alcázar de Sevilla de Alonso Carrillo de Aguilar: una aportación a la historiografía artística sevillana del siglo xviii
Abstract
Estudio de un manuscrito inédito de la Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla, fechado en 1743, en el que se abordan los orígenes del conjunto palatino de los Reales Alcázares sevillanos y se traza una descripción del circuito defensivo de la ciudad. Aunque el autor se basa en la historiografía de los siglos XVI y XVII, el texto ofrece algunos datos de interés sobre la realidad arqueológica visible en su tiempo, como sucede con la tipología de algunas de las puertas de la muralla.
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EL MANUSCRITO DEL ALCAZAR DE SEVILLA DE ALONSO CARRILLO DE AGUILAR: UNA APORTACION A LA HISTORIOGRAFIA ARTISTICA SEVILLANA DEL SIGLO XVIII* A MANUSCRIPT FROM THE SEVILLIAN ALCAZAR OF ALONSO CARRILLO DE AGUILAR: A CONTRIBUTION TO THE SEVILLIAN ARTISTIC HISTORIOGRAPHY OF 18TH CENTURY POR SALVADOR HERNANDEZ GONZALEZ Grupo de investigación GSRA. Universidad de Sevilla. España Estudio de un manuscrito inédito de la Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla, fechado en 1743, en el que se abordan los orígenes del conjunto palatino de los Reales Alcázares sevillanos y se traza una descripción del circuito defensivo de la ciudad. Aunque el autor se basa en la historiografía de los siglos XVI y XVII, el texto ofrece algunos datos de interés sobre la realidad arqueológica visible en su tiempo, como sucede con la tipología de algunas de las puertas de la muralla. Palabras claves: Manuscrito, Alcázar, Sevilla, siglo XVIII, historiografía. This papers deals about e manuscript from of Alcazar of Seville, dated in 1743. In it, the author describes the palace and defensive wall just that they are in that date. Key words: Manuscript, Palace, Seville, 18th century, historiography. 1. EL AUTOR: SU VIDA Y OBRA La capital hispalense es una de las ciudades españolas más ricas en fuentes historiográfi cas, tanto impresas como manuscritas1. Obviamente más conocidas las del primer grupo que las del segundo, este último reserva muchas veces para el investigador curiosas sorpresas. * Trabajo de investigación generado originariamente en el marco del Curso de Doctorado “Arquitectura y Sociedad en la Baja Edad Media sevillana”, impartido por el Profesor Doctor Don Rafael Cómez Ramos dentro del programa correspondiente al Bienio 1996–1998. 1 Gran parte de este material ha sido analizado por PEREZ DE GUZMAN Y BOZA, J.: Historias e historiadores de Sevilla hasta fines del siglo XVIII. Sevilla, 1892. LABORATORIO DE ARTE 19 (2006) 231-245
Salvador Hernández González 232 Este es el caso del manuscrito titulado Antigüedad, jurisdicción o distrito y excelencia del antiguo y moderno Real Alcázar, fechado en 1743 y obra de Alonso Carrillo de Aguilar y conservado en la Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla2. Antes de pasar al análisis de este testimonio historiográfi co conviene hacer una evocación de la vida y producción de su autor, para situar la obra objeto de estudio en su contexto histórico. Los pocos datos conocidos de este autor nos lo suministran el clásico trabajo de Hijos de Sevilla de Justino Matute3 y el clásico Diccionario de Méndez Bejarano4. Alonso Carrillo de Aguilar nace en Sevilla en fecha desconocida y muere en la misma ciudad el 18 de junio de 1762, siendo sepultado en la parroquia de San Juan de la Palma. A lo largo de su vida desempeñó los cargos de Caballerizo del Rey Felipe V, Factor de las Reales Galeras de España y Nápoles, y Administrador de los Estados de Fontanar y Gines. Considerado como “sujeto de mucha instrucción en materias históricas y afectísimo a Sevilla, su patria”5, en su producción se advierte un fuerte peso del tema de historia eclesiástica local. Así nos lo ponen de manifi esto títulos como Noticia del origen de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Antigua de la Santa, Metropolitana y Patriarcal Iglesia de Sevilla (Sevilla, 1738), Simulacro de la Fe y Vida de San Laurencio Levita, Protomártir andaluz (Sevilla, 1740). En conexión con esta temática y patentizando la simbiosis entre lo religioso y lo político propia de su tiempo, encontramos otras obras suyas, como el Discurso histórico sobre la existencia de la espada del Señor Don Fernando Rey de España y el Discurso histórico sobre las llaves que se guardan en la Santa Iglesia de Sevilla. Los estudios arqueológicos tampoco escaparán a su interés, como lo manifi esta la Noticia histórica de la torre de Quatrovita. De este interés por los monumentos del pasado es buena muestra el manuscrito que vamos a estudiar. En la actualidad esta obra permanece inédita en la Biblioteca Capitular y Combina de Sevilla, como antes dijimos, aunque no desconocida. Precisamente Méndez Bejarano6 y Justino Matute7 citan este manuscrito. En la edición de 1886 de los Hijos de Sevilla del ilustre analista, una nota a pie de página redactada por alguien que responde a las iniciales “J. V. R” indica la localización del manuscrito en la citada biblioteca “en un tomo de varios con otros muchos manuscritos que tratan de antigüedades artísticas de Sevilla, originales de Don Justino Matute”8, tal y como hoy efectivamente se encuentra. 2 Manuscrito 58–8– 40. 3 MATUTE Y GAVIRIA, J.: Hijos de Sevilla señalados en santidad, letras, artes o dignidad. Sevilla, 1886. Tomo I, págs. 11 – 14. 4 MENDEZ BEJARANO, M.: Diccionario de escritores, maestros y oradores naturales de Sevilla y su actual provincia. (Edición facsímil, Sevilla, 1989). Pág. 115. 5 MATUTE Y GAVIRIA, J.: Op. cit., pág. 11. 6 MENDEZ BEJARANO, M.: Op. cit., pág. 115. 7 MATUTE Y GAVIRIA, J.: Op. cit., pág. 13. 8 Ibídem, pág. 13.
El manuscrito del Alcazar de Sevilla de Alonso Carrillo de Aguilar: una aportación a la... 233 2. ANÁLISIS DEL MANUSCRITO. Alonso Carrillo de Aguilar, siguiendo el estilo literario barroquista de su época, encabeza su obra, fechada el 23 de agosto de 1743, con pomposo título que, de entrada, hace pensar al lector en lo variopinto de su contenido. Si fragmentamos dicho título, obtendremos los tres puntos fundamentales en torno a los que va a girar su discurso: 1) Antigüedad del Alcázar: mezclando los argumentos históricos con ciertos testimonios arqueológicos, Carrillo de Aguilar nos va a mostrar los orígenes del Alcázar, ligándolos a los de la propia ciudad. 2) Jurisdicción o distrito del Alcázar: nuestro autor entiende por tal la extensión superfi cial de este complejo palatino, pero íntimamente conectada con el sistema defensivo de la ciudad, de tal forma que ésta se incluye en tal “distrito” del Alcázar formando una unidad indisoluble. 3) Excelencias del Alcázar: como tales entiende su función de servir de residencia de la Monarquía, tanto islámica como cristiana. Dicha funcionalidad engrandece el conjunto arquitectónico, frente a otros complejos edilicios similares del resto de España. Estas tres ideas van a articular su discurso, pero entremezclándose continuamente entre sí y con otros aspectos legendarios de la historia local, aderezados con continuas citas de autores locales, tanto anteriores como coetáneos. El resultado fi nal es una construcción historiográfi ca algo confusa y farragosa, matizada por ciertos detalles interesantes y aprovechables para la historia del arte local. Alonso Carrillo de Aguilar comienza su obra presentando la situación del Alcázar en el contexto urbano (fol. 1 r.): “frontero e inmediato al Templo Patriarcal”, acentuando la función defensiva del edifi cio palatino, cercado de “murallas y torres muy fuertes de piedra o sillería para su defensa contra la ciudad”. Alude así al conjunto de murallas que, mostrando parte de sus frentes a la actual Plaza del Triunfo, rodean el Patio de Banderas y formaron parte como es sabido del primer núcleo fundacional del Alcázar, que data de principios del siglo X9. El carácter hermético del Alcázar no pasó desapercibido a nuestro autor. Nos sugiere la visión de un conjunto cerrado, receloso frente a la ciudad, verdadero baluarte frente a enemigos tanto exteriores como interiores. Este hermetismo frente a la ciudad también lo es frente al campo, pues Carrillo de Aguilar nos habla de otra muralla “de argamasa al modo de los romanos, que cerca los jardines y los defi ende por la campiña, llegando por encima de ella hasta la Torre del Oro”. Circuito murado que en su tiempo era practicable “por encima de la Puerta de 9 VALOR PIECHOTTA, M.: La arquitectura militar y palatina en la Sevilla musulmana. Sevilla, 1991. Págs. 69 y siguientes; MARIN FIDALGO, A.: El Alcázar de Sevilla bajo los Austrias. Sevilla, 1990. Vol. I, págs. 38 – 39.
Salvador Hernández González 234 Xerez” (fol. 1 vto.). Pero no era éste el único itinerario entre el Alcázar y la Torre del Oro: “otro que hubo desde el Alcázar Viejo por el Archillo de la Montería siguiendo el muro por donde está la puerta de la Casa de [la] Moneda, Postigo del Carbón y Torre de la Plata, está cortado por no tener uso”10. A la hora de hablar de la muralla protectora de la urbe hispalense sigue literalmente a Rodrigo Caro11 y Ortiz de Zúñiga12, mezclando en este punto su discurso con las vicisitudes sufridas por las Columnas de Hércules, de la Alameda de su nombre, igualmente tomadas de los citados historiadores sevillanos, por lo que nos parece ocioso redundar en aspectos de sobra conocidos de la historia local. Redundancia que desde luego no incomodaba a Carrillo de Aguilar, pues seguidamente aborda los orígenes del Alcázar (fol. 2 r.) siguiendo a Caro, Morgado13 y Vera y Rosales14. Pero no fue el Alcázar el único palacio islámico en la ciudad: nos cita los supuestamente ubicados en los solares de los conventos de San Clemente15 y Santa Clara. Para nuestro autor, los orígenes del Alcázar había que buscarlos en “los tiempos de godos y romanos”. Precisamente –en el sentir de la época– los romanos tuvieron palacios “donde está el convento de la Trinidad a la Puerta del Sol” y la “Casa Real en la puerta antigua de Triana y en el sitio donde está la Casa de los Leones”. Este último edifi cio nos lo muestra como casa de San Hermenegildo, la cual hacia 1500 “la poseía la familia de los Carrillos, y su cabeza en esta ciudad Don Alonso Carrillo de Castilla” (fol. 2 vto.)16. Tan remotos orígenes del Alcázar lo prueba echando mano de diferentes testimonios arqueológicos recogidos por diversos autores (fols. 2vto.–3vto.): la estatua del dios Canopo que vio Caro, descubierta en los cimientos del edifi cio en 1605, y las dos monedas visigóticas encontradas al construir el palacio del Rey Don Pedro en 1364, hallazgo recogido por Vázquez Siruela17 y citado por los mencionados Caro y Ortiz 10 Ambos recorridos – al igual que el resto del sistema defensivo de la ciudad – han sido estudiados por VALOR PIECHOTTA, M.: Op. cit., págs. 217 – 228 y 233 – 246. 11 CARO, R.: Antigüedades y principado de la Ilustrísima ciudad de Sevilla y chonorgraphía de su convento jurídico o antigua Chancillería. Sevilla, 1634. (Edición facsímil, Ediciones Alfar, Sevilla, 1998). 12 ORTIZ DE ZUÑIGA, D.: Anales eclesiásticos y seculares de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla. Madrid, 1795 – 1798. (Edición facsímil, Ediciones Guadalquivir, Sevilla, 1988). 13 MORGADO, A. DE: Historia de Sevilla. Sevilla, 1587. (Edición facsímil, Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Sevilla, 1981). 14 VERA Y ROSALES, F.: Discurso histórico del origen, ocultación y hallazgo, y culto de la milagrosísima y antiquísima imagen de Nuestra Señora de la Hiniesta, y grandezas y excelencias de la ciudad de Sevilla. Sevilla, 1668. 15 Diferentes testimonios historiográficos sobre esta ubicación son recogidos por VALOR PIECHOTTA, M.: Op. cit., págs. 267– 268. 16 No hemos conseguido identificar este edificio, aunque Matute en la obra antes citada lo sitúa en la calle de la Pajería, actual Zaragoza. 17 VAZQUEZ SIRUELA, M.: Antigüedades de pueblos de la Bética. Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla, manuscrito 84 – 4 – 47.
El manuscrito del Alcazar de Sevilla de Alonso Carrillo de Aguilar: una aportación a la... 235 de Zúñiga. Restos que evidencian la existencia no de construcciones palatinas, pero sí de un temprano asentamiento. Estudios posteriores18 han demostrado que este emplazamiento quedaba extramuros de la ciudad romana, sin llegar a estar englobado por la muralla meridional, muy desdibujada por esta zona. En apoyo de este aserto vienen los restos aparecidos en una excavación en el Patio de Banderas por Manzano, Bendala y Negueruela19, de los que destacan una gran pila bautismal de inmersión, perteneciente a una basílica cristiano – visigoda construida sobre restos más antiguos hacia fi nales del siglo IV o principios del V e identifi cada como la Basílica de San Vicente, donde fuera enterrado San Isidoro. Después de haber demostrado la vetustez del Alcázar, Carrillo de Aguilar nos va a trazar la Jurisdicción o Distrito del Alcázar, que él entiende –como antes dijimos– por la extensión superfi cial del conjunto, aunque en realidad lo que va a hacer es esbozar el recorrido del circuito de murallas, que todavía en su tiempo permanecía en pie. Considera el Alcázar como el principio y fi n a la vez de este conjunto defensivo: las murallas arrancan del palacio, rodean a la ciudad y vuelven de nuevo a él. Con esta cuestión entremezcla otra, tópica y legendaria en la historiografía “clásica” de la ciudad: la fundación de la urbe hispalense por Hércules (fols. 3vto. – 4r.), unánimemente aceptada, a pesar de alguna voz discordante como la de José Pardo (Disertación de la fundación de Sevilla. Sevilla, 1737), que la atribuía a los fenicios. Al describir el trazado de las murallas nuestro autor se muestra escasamente original (fols. 4r.–6vto.). Su recorrido por las murallas es más “bibliográfi co” (siguiendo a Caro, Vera y Ortiz de Zúñiga) que propiamente arqueológico, repitiendo testimonios de sobra conocidos y que creemos ocioso repetir aquí. No obstante, en algún punto de este recorrido desciende a la realidad arqueológica en pie en su tiempo. Al referirse a las Puertas de San Miguel, del Sol y de Osario, nos aporta aspectos descriptivos de cierto interés. De la primera nos dice que “en la parte que mira al mediodía está un arco o puerta, y al lado del poniente hay otra; entrando no derecho, sino tortuosamente a la ciudad” (fol. 4vto.). Esa forma de entrar “ tortuosa “ y no derecha revela que se trataba –pues fue derribada en el siglo XIX como la mayor parte del sistema defensivo urbano– de una puerta en recodo, disposición sospechada para esta puerta de San Miguel por Valor Piechotta20 y confi rmada por el manuscrito que estamos analizando. 18 BLANCO FREIJEIRO, A.: La ciudad antigua. (De la Prehistoria a los visigodos). Vol. I de “Historia de Sevilla”. Universidad de Sevilla, 1984. 19 MANZANO MARTOS, R.; BENDALA GALAN, M.; NEGUERUELA MARTINEZ, I.: “Baptisterio paleocristiano y visigodo en los Reales Alcázares de Sevilla”, en Noticiario Arqueológico Hispánico, vol. X (1980), págs. 335–379. En las últimas décadas las excavaciones arqueológicas efectuadas en el recinto han permitido revisar las cronologías hasta ahora manejadas, como se recoge en la monografía de TABALES RODRIGUEZ, M. A.: El Alcázar de Sevilla: primeros estudios sobre estratigrafía y evolución constructiva. Patronato del Alcázar, Sevilla, 2004. 20 VALOR PIECHOTTA, M.: Op. cit., págs. 205 – 206.
Salvador Hernández González 236 Este dispositivo defensivo también lo presentaban las puertas “antigua del Sol, inmediata a la que se usa, la del Osario y otras que constan de la Historia estaban de esta forma para mayor fortaleza” (fols. 4vto.–5r.). En cuanto a la del Sol, nos hace pensar en la existencia de dos puertas: la “antigua” en recodo de época islámica, y la “que se usa”, que debió ser un portillo abierto bastante después, seguramente para facilitar el tráfi co rodado21. Para la del Osario, los datos que hasta ahora se conocían hablan de una entrada de acceso directo22, seguramente producto de obras posteriores a la fecha en que Carrillo de Aguilar redactó su manuscrito23. En su recorrido se hace eco también de otros asuntos: la lápida sepulcral del obispo Honorato (fol. 5r. y vto.), hoy conservada en la Biblioteca Colombina; los prodigios ocurridos en la habitación donde se pensaba murió San Fernando, en el Alcázar (fol. 7r.), relato que toma de José Maldonado (Historia de Nuestra Señora de los Reyes)24; y la descripción de las Atarazanas (fols. 7r.–8vto.), también más “libresca” que arqueológica, siguiendo a Peraza25, Espinosa de los Monteros26 y los tan citados Maldonado y Caro27. Carrillo de Aguilar fi naliza su obra con las Excelencias o singularidades del Alcázar (fols. 8vto.–9vto.), sin duda la parte menos original de su relato, donde hilvanando citas de los mencionados Peraza, Zúñiga, Morgado, Espinosa de los Monteros y otro autor, Aranda28, viene a demostrar la predilección de la monarquía – tanto islámica como cristiana – por el Alcázar hispalense. En este sentido trae a colación a “los Reyes Moros”; la ingente labor cultural de Alfonso X el Sabio con su “academia castellana de las ciencias y historia (…) trayendo académicos de provincias bien distintas”; el rey Pedro el Cruel y su halo legendario, con el trono de piedra ubicado en la puerta del Alcázar para la administración de justicia; y las reformas efectuadas en el edifi cio en época del Emperador Carlos V. 21 Ibídem, págs. 177 – 178, aunque sólo habla de una puerta. 22 Ibídem, pág. 185. 23 En el dibujo de la Puerta Osario de B. Tovar (1878), recogido por A. SANCHO CORBACHO en su Iconografía de Sevilla (Sevilla, 1978), sólo se plasma un acceso directo en arco de medio punto flanqueado por dos torreones de planta cuadrada. 24 No conocemos edición de esta obra. En la Biblioteca Capitular y Colombina se conserva el Discurso histórico sobre la Capilla Real de Sevilla (Manuscritos 83– 3-22 y 84–7– 20), que puede ser la obra a la que se refiere Carrillo de Aguilar, variando en este caso sólo en el título. 25 PERAZA, L. DE: Historia de Sevilla. (Manuscrito de hacia 1535). Edición a cargo de F. Morales Padrón. Sevilla, 1979. 26 ESPINOSA DE LOS MONTEROS, P.: Historia, antigüedades y grandeza de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla. Sevilla, 1627. 27 Sobre las atarazanas puede verse la monografía de COMEZ RAMOS, R.: Arquitectura alfonsí. Sevilla, 1974. 28 ARANDA, G. DE: Vida del Siervo de Dios el Venerable Padre Fernando de Contreras, natural de esta ciudad de Sevilla. Sevilla, 1692.
El manuscrito del Alcazar de Sevilla de Alonso Carrillo de Aguilar: una aportación a la... 237 3. CONCLUSIONES Para concluir este estudio del manuscrito de Carrillo de Aguilar nos parece lo más oportuno señalar los rasgos más característicos de su metodología y planteamientos historiográfi cos: 1. Escasa originalidad del autor: Carrillo de Aguilar pudo habernos dejado una interesante descripción del Alcázar y las murallas si nos hubiese plasmado la realidad arqueológica visible en sus días. Sin embargo, el único punto de interés de su obra en este sentido lo constituyen las referencias sobre las puertas de San Miguel, del Sol y Osario. Nuestro autor prefi rió refugiarse en divagaciones bibliográfi cas antes que entrar en aspectos descriptivos para los que posiblemente no contase con una metodología adecuada. En suma, prefi ere estudiar los documentos antes que los monumentos, aunque éstos de por sí ya sean auténticos documentos. 2. Erudición bibliográfi ca, en íntima conexión con lo dicho en el punto anterior. Es ésta una constante de la época: los autores están continuamente citándose entre sí, sin importar demasiado el concepto de originalidad que nosotros hoy día manejamos. 3. Principio de “autoridad”, en relación con el punto anterior. Para Carrillo de Aguilar los autores anteriores a él son verdaderos “clásicos”, cuyos asertos son incuestionables. 4. Culto a la historiografía local: a lo largo de su manuscrito desfi lan fi guras clave de la historiografía hispalense, como Rodrigo Caro, Ortiz de Zúñiga y Espinosa de los Monteros, entre otros. 5. Culto a la Antigüedad clásica: la Edad Antigua es una época civilizadora, defi nida por la mítica fi gura de Hércules, verdadero “constructor de la ciudad”, como dice Carrillo de Aguilar, “levantando edifi cios, muros y torres”. En pleno siglo XVIII sigue latente todavía la idea renacentista del culto a lo “antiguo”. Nuestro autor nos aparece como epígono de un ciclo historiográfi co que, partiendo de Alfonso X el Sabio y pasando por Luís de Peraza, manipula la antigüedad como legitimadora de las ambiciones presentes29. ¿Con qué intención utiliza Carrillo de Aguilar estos argumentos? Por un lado, para ensalzar su ciudad, “capital del Andalucía y de España en algún tiempo” (fol. 1r.), y por otro para hacer una apología de las glorias de la Monarquía, sobre todo en su papel de protectora de la cultura, “las letras”, cuando dice que “el Rey nuestro Señor patrocina la Real Academia de la Historia”. Preocupación por el estudio muy propia del siglo de 29 LLEO CAÑAL, V.: Nueva Roma: mitología y humanismo en el Renacimiento sevillano. Sevilla, 1979. Pág. 155.
Salvador Hernández González 238 la Ilustración, a la que nuestro autor encuentra un precedente tan ilustre como el Rey Sabio. 6. Idea de Sevilla como “Nueva Roma”, en simbiosis con el punto precedente. Aunque el autor escriba en el siglo XVIII, sigue vigente el proceso de recuperación de lo clásico, buscando anular la huella de la dominación musulmana, que para los intelectuales de aquella época supone un verdadero “vacío”30. Lo islámico sería un verdadero “accidente” de la historia local, idea poco estudiada hasta ahora y que recorre buena parte de la historiografía hispalense anterior al siglo XIX. Para salvar tan “lamentable” episodio histórico de la urbe hispalense hay que promocionar una Sevilla “restaurada”, heredera y depositaria de las más puras tradiciones de la Antigüedad clásica31. “Nueva Roma” que para Carrillo de Aguilar sigue existiendo en el Siglo de las Luces. Para fi nalizar hay que decir que a pesar de sus carencias y vicios historiográfi cos, la obra de Carrillo de Aguilar está ahí, enriqueciendo con su testimonio el imponente acervo historiográfi co con que está dotada Sevilla. APENDICE DOCUMENTAL CARRILLO DE AGUILAR, Alonso: Antigüedad, jurisdicción o distrito y excelencias del antiguo y moderno Real Alcázar. Biblioteca Capitular y Colombina, manuscrito 58 – 8 – 40. “Sevilla, ciudad capital del Andalucía y de España en algún tiempo32 (según el rey Don Alonso el Sabio en el sepulcro o inscripción de San Fernando) tiene a la parte de mediodía frontero e inmediato al Templo Patriarcal la Casa Real, Palacio o Alcázar, voz árabe que le quedó de la habitación de los Reyes Moros cuando poseyeron esta ciudad33. Cércanla por la parte de afuera murallas y torres muy fuertes de piedra o sillería para su defensa contra la ciudad, y por la parte interior otra de argamasa al modo de los romanos que cerca los jardines y la defi ende por la campiña, llegando por encima de ella hasta la Torre del Oro, como lo hizo el Señor Phelipo 4 º y los Serenísimos Infantes Don Carlos y Don Fernando sus hermanos, año 1624, y lo continuaron haciendo los Reyes y Príncipes en los años de 730 hasta el de 33 que honraron con su presencia esta ciudad. Este paso franco a la Torre del Oro por el muro exterior que mira al campo está // [1 vto.] corriente por encima de la 30 Ibídem, pág. 153. 31 Ibídem, pág. 161. 32 [De aquí en adelante, las notas corresponden al autor del manuscrito] Caro, “Antigüedades de Sevilla”, libro 2, capítulo 12. 33 Ídem, libro 2, capítulo 5; libro 1, capítulo 11, fol. 23.
El manuscrito del Alcazar de Sevilla de Alonso Carrillo de Aguilar: una aportación a la... 239 Puerta de Xerez, pero otro que hubo desde el Alcázar Viejo por el Archillo de la Montería siguiendo el muro por donde está la puerta de la Casa de la Moneda, Postigo del Carbón y Torre de la Plata, está cortado por no tener uso. Tendrá esta cerca más de una milla (dice Rodrigo Caro), es muy alta y fuerte, especialmente la que cae a la ciudad, con veinte varas de altura. Y ella y sus torres de piedras o sillares que se sacaron de las ruinas del templo de Hércules, que estuvo en la Parrochia [sic] de San Nicolás, en la calle de los Mármoles, nombre que tomó por los que había en ella y hoy conserva en tres columnas puestas a igual distancia la una de otra; compañeras tres que (como dice Zúñiga) las mandó sacar el Rey Don Pedro para llevarlas al Alcázar34 que ampliaba. Y junto al Hospital de Santa Marta se quebró una, que allí permanece, y las dos pasaron a la Puerta de las Banderas, donde quedaron. Y desistiendo el Rey (por los cuidados de su Reino) de esta empresa, después de muchos años con gran trabajo y notables artifi cios y máquinas se pasaron desde el Alcázar al Alameda por los años de 1574 y 1578, donde hoy son // [2 r.] celebradas con el nombre común de los Hércules. Tiene Caro35 por muy probable que el Palacio de los Reyes Moros fue en este mismo sitio, porque alguna parte de su edifi cio lo muestra así y algunos caracteres arábigos que se descubren en los yesos. Y aunque Morgado quiere haya sido hacia la Almenilla36, en donde está fundado el Real Monasterio de San Clemente, y dice que duraban algunas paredes en su tiempo (esto es, año 1587, en que imprimió su obra), se debe entender palacio de recreación de los reyes en el sitio de San Clemente, como la tenían las reinas moras en donde está el convento de Santa Clara (según afi rma en el capítulo siguiente), y que por ser éstas tan principales se repartieron al Infante Don Fadrique, quien labró la torre que hoy se ve dentro del convento en el año 1252, en que murió su padre el Santo Rey. No hay duda37 en que los Reyes Moros tuvieron en esta Alcázar su habitación. Lo que la tiene, y grande, es si llega su ancianidad a los tiempos de godos y romanos. De éstos se dice en las historias que el Cónsul o Presidente // [2 vto.] de España tenía su palacio donde está el convento de la Santísima Trinidad a la Puerta del Sol; y de aquéllos se acuerda en los Anales de esta ciudad que tenían su Casa Real en la Puerta antigua de Triana y en el sitio donde está la Casa de los Leones, y todo su ámbito desde la Puerta de Triana a la del Arenal era del Palacio Real de los godos38. Cuya casa, por serlo de San Hermenegildo Rey de Sevilla y Mártir, era venerada hasta los años de 1500, en que la poseía la familia de los Carrillos y su cabeza en esta ciudad Don Alonso Carrillo de Castilla. 34 Zúñiga, “Anales de Sevilla”, año 1574, n º 4. 35 Idem Caro, libro 2, capítulo 5. 36 Morgado, “Historia de Sevilla”, libro 6. 37 Morgado, libro 5, capítulo 2; libro 1, capítulo 13; Vera, “Historia de Nuestra Señora de la Hiniesta”, libro 1, capítulo 13; Zúñiga, año 1253, n º 8. 38 Zúñiga, año 1248, n º 18, y año 1249, n º 2.