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Las instituciones eclesiásticas

Spencer, Herbert, (1820-1903.)

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BIBLIOTECA DE JURISPRUDENCIA , FILOSOFÍA E HISTORIA --,0•••••• nnn LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS POR HERBERT SPENCER. Biblio eca PixeLegis. Uni e sidad de Se illa. VERSIÓN DIRECTA DEL INGLÉS CON NOTAS MADRID LA ESPAÑA mon•nm .A_ Cues a de San o Domingo , 16 , p incipal. Telé _ 260.. Es p opiedad. Queda 11.6clio el depósi o que ma ca la ley. AGUSTÍN AVRIAL, imp eso .—San Be na do, 92. Telé ono aa inz i._ 3-074 PRELIM â - 111, DE LA TRAD â CC101 ESNYOLI LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS o man un capí ulo independien e, sin duda , de una de las pa es del g an sis ema de iloso ía e olucio- nis a á que Spence a poco á poco dando cima. Po eso , pa a comp ende el alcance de las ideas sus en adas en es e lib o que hoy e la luz pública en España , y explica se el p ocedi- mien o que en su in es igación y exposición sigue su au o , se á p eciso ene p esen e que se a a en él, an e odo y sob e odo , de desen- ol e las consecuencias de p incipios gene ales sen ados, y de aplica á una es e a pa icula í- sima de la ealidad, concepciones ilosó icas ex- pues as en o os lib os , y con ocasiones di e- en es. Con el in de o ece al lec o español odos 6  PRELIMINARES los elemen os necesa ios pa a ap ecia con e- nien emen e el alo absolu o y ela i o de LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS, y eniendo en cuen- a las indicaciones hechas , se ha p ocu ado aña- di algunas llamadas ó no as al ex o, de ca ác- e acla a o io , y se pensó en pone al en e de es a aducción un p ólogo que si ie a de com plemen o explica i o , an o de La Jus icia como de Las Ins i uciones polí icas (1), y en el cual se p ocu a ía e e i al sis ema gene al de la iloso ía spence iana,, cada una de las ob as indicadas y la p esen e. Pe o es udiando bien el asun o, se ha c eído que se podía sus i ui el p ólogo , de an as p e ensiones, con una b e- ísima indicación bibliog á ica o denada de la ob a o al de Spence , dejando á és e expone la pa e undamen al de su iloso ía en un e- sumen b e e y sucin o, esc i o po él mismo. La ob a o al de Spence , que se comp ende bajo el í ulo gene al de Sis ema de iloso ía (A Sys em o syn he ic philosophy ), aba ca hoy a- ios olúmenes , y se sigue en su publicación cie o o den lógico muy cuidado. En el amplí- simo cuad o que supone es e sis ema, igu a, en p ime é mino, una de las ob as más ascen- •••••••• (1) Las I ns i uciones polí icas, po H. Speuce , dos g an- des olúmenes, Publicados po LA ESPAÑA MODERNA. e 2 PRELIMINARES  1 den ales de nues o au o : Los P ime os p inci- pios (Fi s P incipies), especie de sín esis gene- al de las ideas undamen ales del sis ema, que en aña la de e minación de sus lineamien os ilosó icos , la de la ley de la e olución y la de la posición especial del pun o de is a e olucio- nis a en la ciencia mode na. Las ob as siguien- es ienen á se desen ol imien os y aplicacio- nes de los P ime os p incipios á los di e en es ó denes de la e olución que comp enden el mun- do ino gánico ( e olución ino gánica) , de que Spence no habla especialmen e ; el mundo o - gánico ó e olución o gánica, expues a po Spen- ce en los P incipios de Biología (dos omos) , y en los P incipios de Psicología (dos omos), y el mundo supe o gánico (social) y e olución supe - o gánica , expues a en los P incipios de Sociolo- gía ( cua o olúmenes) , habiendo es udiado Spence además la Ñ ica (ob a de la cual lle a publicados es olúmenes). Es o, apa e de o os abajos especiales, como los P; s udios sob e Edu- cación , la Clasi icación de las ciencias, El Indi- iduo con a el Pis ado y los ii2 7 nsagos cien í icos, polí icos, e c., e c. ( es olúmenes). LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS 5 al igual que Las Ins i uciones polí icas , o ma pa e de los P incipios de Sociología, que po si mismos, y PRELIMINARES p ecedidos de una In oducción á la Sociología (The S udy o Sociolog y), cons i uyen uno de los sis emas de ciencia social más comple os ( e dade amen e enciclopédico) de cuan os se han p oducido has a el día. La Jus icia o ma pa e de los P incipios de F ica, según puede e se en el p ólogo del au o á dicho lib o (1). He aquí aho a la exposición b e e y sucin- a, en o ma de p oposiciones dogmá icas , de la pa e undamen al del sis ema de iloso ía sin- é ica de Spen.ce : (1) T aducción española publicada po La Espo a 31-ode izo, un g an olumen, sie e pese as. o lai PRÓLOGO DE SPENCER 1. En el uni e so en gene al, y en de alle, se p oduce una dis ibución incesan emen e e- no ada de ma e ia y de mo imien o. 2. Has a dis ibución, eno ada siemp e, cons i uye la e olución allí donde p edominan la in eg ación de ma e ia y la disipación de mo i- mien o , y cons i uye la disolución allí donde p edominan la abso ción de mo imien o y la desin eg ación de ma e ia. 3. La e olución es simple cuando el p o- cedimien o de in eg ación, ó en o os é minos, la o mación de un ag egado cohe en e, se e i- ica sin complicación po o os p ocedimien os. 4. La e olución es compues a cuando , al lado de ese cambio p ima io de un es ado in- cohe en e en un es ado cohe en e, se p oducen cambios secunda ios debidos á di e encias en las c i cuns ancias de las dis in as pa es del ag e- gado. 5. Esos cambios secunda ios cons i uyen 10  PRÓLOGO la ans o mación de lo que es homogéneo en lo que es he e ogéneo— ans o mación que , como la p ime a , se da en el uni e so , conside ado como un odo, y en odos (ó casi odos) sus de- alles ; en la masa de las es ellas y de la nebu- losa ; en el sis ema plane a io ; en la ie a, como masa ino gánica; en cada o ganismo , ege al y animal (ley de Von Bae ) ; en el ag egado de los o ganismos á a és de los iempos geológi- cos; en el espí i u ; en la sociedad; en odas las p oducciones de la ac i idad social. 6. El p oceso de in eg ación, ob ando an o local co no gene almen e, se combina con el p o- cedimien o de di e enciación pa a que ese cam- bio no sea sólo de la homogeneidad á la he e o- geneidad, sino de una homogeneidad inde inida á, una he e ogeneidad de inida ; y al ca ác e de de inición c ecien e, que acompaña á la he e o- geneidad c ecien e, es ambién obse able en odas las cosas y en odas las di isiones ó sub- di isiones, aun las más pequeñas. 7. Al lado de es a edis ibución de la ma- e ia componen e de odo ag egado en ía de e olución, se p oduce una edis ibución del mo imien o conse ado po sus compues os en elación los unos con los o os ; y aquí ambién el ca ác e he e ogéneo se hace poco á poco más de inido. 8. A al a de una homogeneidad in ini a y absolu a , es a edis ibución, de la cual la e o- lución es una ase, es ine i able. ql PRÓLOGO  11 nio • Ele aquí las causas que la hacen necesa ia: 9. La ins abilidad de lo homogéneo, esul- an e de los di e sos pelig os que causan las di e en es pa es de un ag egado limi ado cual- quie a en i ud de ue zas inciden ales. Las ans o maciones que de ahí esul an es án complicadas po : 10. La mul iplicación de los e ec os. Cada masa ó pa e de una masa , sob e la cual se eje ce una ue za, subdi ide y di e encia es a ue za, que de es e modo a p oduciendo cam- bios di e sos , y cada uno de esos cambios ge- ne a o os cambios que se mul iplican análoga- men e, llegando á se es a mul iplicidad cada ez más g ande á medida que el ag egado se hace más he e ogéneo. Y ambas causas de di e enciación c ecien e es án o madas po : 11. La seg egación, p ocedimien o que iende á, sepa a las unidades que di ie en en e sí y á euni las unidades que se asemejan, si iendo con inuamen e , de es e modo, pa a hace más i as y más de inidas las di e encia- ciones esul an es de o as causas. 12. De esas ans o maciones que su e un ag egado en e olución, esul a , inalmen e, el e quilib io. Los cambios se p osiguen has a que ese e quilib io se haya es ablecido en e las ue - zas , á las cuales odas las pa es de es e ag e- gado es án expues as , y las ue zas que esas pa es las oponen. El equilib io puede a a e-- - 18  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS mue e? El je e, llamado Commo o, esponde: ¿Una exis encia después? ¿cómo es posible eso? ¿Puede un mue o sali de su umba á menos que se le desen ie e?— ¿Piensas , en onces , que el homb e sea como la bes ia, que una ez mue o odo ha concluido  Commo o: Cie amen e; un buey es más ue e que un homb e, y mue e sin emba go; sus huesos son más la gos y más g ue- sos. Los huesos del homb e se ompen con acili- dad; el homb e es débil—El homb e, ¿no es su- pe io á él en in eligencia? ¿No iene un espí i u que di ija sus acciones?—Commo o: Hay homb es que no son an hábiles como el buey. Es p eciso que el homb e siemb e sus g anos pa a ene que come , mien as que el buey y los animales sal- ajes, pueden p ocu a se el alimen o sin semb a . . - T o sabéis que hay algo más que la ca ne , que ¿— hay un alma? ¿Es que acaso no soñáis? ¿Es que no iajáis lejos en ues o sueño ? Y sin emba go, ues o cue po no cambia de si io. ¿Cómo expli- ca eso ?— Pues bien — dice Commo o iendo ¿cómo lo explicáis? es una cosa que no puedo com- p ende y que odas las noches me ocu e...—¿No enéis idea alguna de la exis encia de espí i us supe io es al homb e ó á la bes ia? ¿No enéis emo de ningún o o mal que no sea el p o- inien e de causas ísicas?—Tengo miedo á los ele an es y á o os animales espondió Com- mo o —cuando me encuen o de noche en las sel- as, pe o nada más—¿En onces no c eéis en nada? ¿ni en el buen espí i u ni en el malo? ¿C eéis que, POR H. SPENCER  19 después de mue o, odo ha concluido pa a iles- ,' o cue po y pa a ues o espí i u; que sois co no odos los demás animales; que no hay ningu- na di e encia en e el homb e y el b u o; que uno y o o acaban al mo i ? — Na u almen e.» Cuando Bake le p esen ó el a gumen o de San Pablo , omado de la pod edumb e del g ano , so- b e el cual se apoya la li u gia de los une ales, Commo o , espondió: «Muy bien: eso lo com- . p endo. Pe o el g ano p imi i o no esuci a; se pud e como el homb e mue o, y odo ha con- cluido; el u o que ecoje no es el g ano en e a- do, es un p oduc o del mismo ; asi ocu e con el homb e. Mue o , me descompongo y acabo; pe o mis niños c ecen como el u o del g ano. Hay homb es que no ienen hijos ; pe o ambién hay g anos que pe ecen sin da u os; unos y o os han concluido (1).» E iden emen e, las ideas eligiosas no ienen I).  el o igen sob ena u al que po lo común se les a ibuye, y dados los hechos, debemos a i ma }1Y 40  § 584. En el p ime olumen de los P in- [11'  cipios de sociología hemos consag ado ce ca de 4¿  ein e capí ulos á da cuen a de las ideas p imi i- que ienen un o igen na u al. ¿Cuál es es e o i- gen? as en gene al, y especialmen e de las ideas ela i- 1a  as á la na u aleza y á las acciones de los agen es sob ena u ales. En ez de emi i al lec o á esos (1) Si Samuel Bake : Albe A yanza, 1 , 247. 20  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS capí ulos, c ee nos más del caso esumi la doc- ina expues a en ellos, p ime o po que es a doc- ina, di e en e de las c eencias einan es y de las de los mi ólogos , necesi a que la ep oduzcamos con insis encia, y además po que pode nos o i- ica la con nue os hechos y p oduci una mayo imp esión, elacionando más es echamen e los di- e sos g upos de hechos y las conclusiones. He aquí un ejemplo ipo de la génesis de las concepciones eligiosas, cuya ma cha amos á se- wii de nue o en es e capi ulo ; lo encon amos en la ob a de M . B ough Smy h , in i ulada Los Abo ígenes de Vic o ia. Cuando se sepul a á un aus aliano de no a, cazado ó miemb o del con- sejo, el hechice o, sen ado ó acos ado sob e su umba, elogia al di un o y se iende como pa a es- cucha sus espues as: « el mue o , dice, ha p o- me ido que si su mue e es su icien emen e en- gada, su espí i u no onda á la ibu, ni me e á miedo á nadie, ni induci á á ninguno á segui al- sas pis as , ni pond á á nadie en e mo , ni p odu- ci á uido po la noche (1)». Po nues a pa e e- conocemos sin es ue zo en es e ejemplo los p ime- os elemen os de un cul o ; encon amos ahí la. c eencia en un se sob ena u al., un espí i u, y e nos además los elogios di igidos á ese se que se supone escucha. A condición de que sus ó de- nes sean obedecidas, se dice que p ome e no hace (1) B. B. Smy h: The Abo igenes o Vic o ia. Melbou ne, 1872, ,107. POR H. SPENCER  21 aso de su pode sob ena u al, no hace daño á los i os ni a emo iza los. ¿No es e iden e que ales gé menes pueden desen ol e se y p oduci eligiones a anzadas? Leyendo la plega ia, ci ada po Al. Re ille, del malgache ado ado de los an epasados «Nyang, malo y po en e espí i u , no hagas e umba el ueno sob e nues as cabezas; di al ma que no aspase sus o illas. Cuida , Nyang, los u os que madu an ; no agos es el a oz en lo (1) », no puede menos de a i ma se que Y - yang no es más que una o ma más desa ollada de un espí i u como aquel que el aus aliano a a de calma con .1' sus uegos. Se dice en el Japón que los espí i us, de los mue os, con inúan exis iendo en el mundo in isible que nos odea po odas pa es , que se han con e ido odos en dioses con ca ac e es di- e en es y pode es más ó menos g andes..., que es p eciso aplaca los dioses malé icos pa a que no cas iguen á aquellos que les han o endido, que es p eciso hon a con un cul o á odos los dioses pa a induci les á aumen a sus a o es (2). Es e ejem- 11'  plo da g an ue za á la opinión de que los dioses malé icos, como los bené icos, se de i an de «los espí i us de los mue os... , di e en es po el ác e y po el in lujo ». Encon amos o o a gu- , 5• men o en a o de es a idea en el hecho de que en i' (1) Albe o Re ille: His oi e du Diable, 9. (2) E. M. Sa ow: Thc Re i al o Pi e Shin o. Apéndice i. las T ansac ions o he Asia ie ,S T ociely o Japan, in, 79. 22  LAS INSTITUCIONE S ECLESIÁSTICAS .1 n ••••• la India, según dice Alejand o Lyall , «pa ece que los hono es que se dispensaban p ime o á odos los espí i us de los mue os, se hayan concen ado como hono es di inos, pa a los manes de las pe - sonas no ables (1)». Hechos de un mismo géne o, en iempo de Pla ón, nos ecue dan ambién , que einaban análogas c eencias en e los g iegos. Así. emos, en La República, á Sóc a es pone en e los p ime os debe es «los cul os de los dioses, de los semidioses y de los hé oes... , y además los i- os que el homb e debe obse a pa a gana el a o de los habi an es del mundo in e nal». La pe sis encia de es a c eencia demues a que el « emo á la cóle a de los mue os se había apode- ado con ue za del ánimo de los p ime os g ie- gos (2) ». La analogía de esas c eencias, admi idas en las azas más di e en es en el iempo , en el es- pacio y po la cul u a in elec ual, es un pode oso a gumen o en a o de la conclusión que hace o i- gina se las eligiones odas del a án de ene p o- picios á los espí i us. A cualquie lado que mi emos, encon amos he- chos a o ables á nues a conclusión. No ha mucho oda ía se c eía que no exis ía es igio alguno del homb e p imi i o; pe o hoy que la a ención se di- ige sob e ese pun o, en odas pa es se encuen an ins umen os del homb e p imi i o; de igual sue - e, una ez o mulada la hipó esis que de i a las (1) Si . A. C. Lyall: Asia ic S udies, 1892, 18. (2) Pla ón: República.—G o e: .His o ia de G ecia, u , 187. 11) POR H. SPENCER  23 eligiones en gene al del cul o de los a n epasa- dos, encuén anse p uebas en p o en odas las azas y en odos los países. Ningún lib o de iajes deja de apo a hechos nue os, y examinando de ce ca las his o ias de los pueblos de la an igüedad , se des- cub en en ellas ejemplos nume osos pa a apoya nues a hipó esis. Vamos á da nue os ejemplos de los ac o es y de las e apas, de la génesis de las c encias eligiosas. Los oma emos de ob as publicadas después que hemos esc i o el p ime olumen de los P incipios de sociología. § 585. El sal aje a icano Commo o, de quien hemos hablado an es y el cual demos aba con sus espues as un espí i u más pene an e que el de su in e locu o , no iene eo ía alguna del sueño. A la p egun a de cómo explicaba el sen imien o del cambio de luga du an e el sueño , espondía: « es una cosa que no comp endo». Se puede no a , de paso, que cuando la idea de un doble que iaja du- an e el sueño no exis e, la c eencia en doble o o que sob e i a después de la mue e no exis e am- poco. Pe o los sal ajes más dispues os que Commo o á, acep a in e p e aciones, admi en que las a en u- as de los sueños son eales. Un zulú decía al obis- po Callaway: «cuando un mue o uel e (en sue- ños), no apa ece bajo la o ma de una se pien e, ni co no una somb a pu a; iene en pe sona, como si no hubiese mue o: habla á un homb e de su ibu; no se sabe que sea un mue o has a después de habe despe ado y en onces se dice: en e dad, que 24  LAS INSTITUCIONES ECLES1,1ST S ulano se me ha apa ecido i o aún , y en e dad que su somb a es la que ha llegado has a mi (1) .» De igual modo , los andamenes , que c een que la som- b a de un homb e no es más que una de sus almas ienen una c eencia según la cual «en los sueños, el alma es quien saliendo po las na ices, i e y se conduce de la mane a ep esen ada al homb e do - mido (2)». Cie as o mas ano males de insensibilidad, se epu an co no ausencias más p olongadas del o o yo emig an e, impo ando poco que la insensibi- lidad sea el e ec o de causas na u ales ó a i iciales Así se explicaban en o o iempo habi ualmen e esos es ados insóli os de inconsciencia apa en e. Encon amos la p ueba de es o en una c eencia ex- p esada po Mon aigne. Pa a él, el alma del hom- b e , pues a en libe ad y sepa ada del cue po , sea po el sueño, sea po algún éx asis di ino, p edice y e cosas que no pod ía pe cibi cuando es á uni- da al cue po. En nues os días, en e los oua aus, indios de la Guayana, el homb e que quie e adqui- i un pode mágico oma una in usión de abaco; y « en el es ado de debilidad semejan e á la mue e á que eso le educe, su espí i u ese obligado á aban- dona su cue po, isi a los gauhahus, y ecibi de ellos el pode ... Se c ee que pe manece en adelan e some ido al in lujo de esos se es emidos... (3)». (1) Callaway: The Religions Sys ems o he amazulu, 1868, 230. (2) Jou nal o he An h opological Ins i u o, xii, 162. (3) Re y . J. 11. Be nau. Missiona y Labou s in B i isí Guya - na, 1847, 153. POR H. SPENCER  25 De la c eencia en la ausencia o dina ia • del doble, du an e el sueño y de la ex ao dina ia du an e el síncope, la apoplejía, e c., e c., se pasa á la c eencia en su ausencia ilimi ada du an e la mue e , cuando después de un in e alo de espe a se e obligado á enuncia á la espe anza de e le ol e . Se consigna ambién la c eencia en que, so do á las súplicas, el doble uel e de iempo en iempo ó ol e á al in. Comúnmen e se supone que el espí i u aga ce ca del cue po ó iene á i- si a le. Los i oqueses y los chi iuikes «hablan del mue o que ma cha de noche; le c een despie o y en busca de alimen os (1 )». Es a c eencia en los supues os iajes noc u nos de los espí i us desma- e iali zaclos ha pe sis ido la go iempo en las azas supe io es; ésela, además, bajo su o ma g ose a de los p ime os iempos en las his o ias de am- pi os en boga en cie os paises. La c eencia p imi i a en la ma e ialidad del do- ble, iene po consecuencia el deseo de a ende á las aspi aciones mani es adas po él du an e su ida. A es e in, se e á la mad e andamena deposi a ce ca de la umba de su hijo una concha « con un poco de su p opia leche ( 2) » , á los chipeuayos « o ece alimen os y egalos á los mue os», á los chinukes coloca ce ca del cadá e odos los obje- os ú iles ; á los u aus «man ene el uego ce ca (1) Uni ed S a es Expedi ion, po el com. Wilkes, Filad.,1845, , 118 (2) Jou nal o he An h opological Ins ; u e , x , 142. 26  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS de la umba du an e a ias semanas (1) ; en U ua, A ica cen al , según Came on , se inmola, des- pués de la mue e de un je e, á su muje y á sus escla os (2). Con el mismo in, odas las azas no ci ilizadas ó á medio ci iliza , conse an los i os úneb es que implican la c eencia en que el espí i- u iene las mismas sensaciones y las mismas emo- ciones que el i o. En un p incipio se c eía en eso á la le a; los zulús son un ejemplo. Uno de ellos decía que «los espí i us an epasados inie on co- miéndolo odo, y que cuando las gen es ol ie on del baño encon á onló odo comido (3)». En o os pueblos, el espí i u concebido como menos ma e- ial , se le supone obligado á ap o echa se de la cosa o ecida; los na u ales de Nica agua , po ejemplo, «colocan sus ancias alimen icias en el cue po mue o an es de quema le  y los ah s queman las man as cuando amo ajan á sus ami- gos (4) « pa a que és os no engan que i i a de ío en el mundo sub e áneo (5)». Los sac i icios al doble del mue o , hechos po lo común en los une ales, llegan á se en cie os países usos pe manen es, ep oducidos ya en ocasiones especiales , ya en in e alos egula- es. En e ec o, si se abandona al espí i u, puede (1) Be nau, loe. ci ., 53. (2) Came on: Ac oss A ica, u, 110. (3) Folk Lo e, Sou h A ican Jou nal, u, 29. (4) Banc o : The Na i e Razes o he Paci, ic S a es o No h Ame ica , u, 801. (5) Id. ibid.,  521. POR H. SPENCER  27 esul a un daño. Los homb es de di e sos ipos isi an sus mue os de iempo en iempo pa a lle- a les alimen os , bebidas , e c. ; los gondos , po ejemplo, lle an á las umbas de los mue os que hon an «o endas anuales du an e a ios años (1)». O os , como los ukiahs y los saneles de Cali o - nia, «espa cen alimen os al ededo de los luga es que el mue o ecuen aba p e e en emen e (2)». En o as pa es, po ejemplo , en e los zulús , se supone que los espí i us ienden hacia los luga es donde los alimen os han sido p epa ados pa a ellos. El obispo Callaway ci a un zulú , que decía: « Esos mue os es án locos ! ¿Po qué se han e- elado ma ando al hijo de es a mane a , sin habla - me? Id y aed la cab a (3).» Las azas se o man ideas di e en es de los lu- ga es habi ados po esos espí i us de los mue os, que se pa ecen á los i os en sus ape i os y po sus pasiones. Algunos pueblos , como los chilukes del Nilo Blanco «se igu an que los mue os ecuen an los luga es de los i os y se ocupan en ellos (4)». O os , como los san ales , c een que los espí i us de sus an epasados habi an los bosques ce canos. En e los sono es y los moha es de Amé ica del o e se c ee que las ocas y las colinas son la mo ada de los espí i us. «La ie a de los biena en- (1) Re y . Hislop : Abo ioinal T ibes o he Cen al P o in- ces , 19. (2) Banc o , ob. ci ., u , 524. (3) Callaway, ob. ci . 372. (4) Schwein u h, ob. ci ., 91. 3-1  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS ag adecidos po las o en - das deposi adas an e sus imágenes. Algunas eces se les da el nomb e de je- es mue os (1)». Bas ión e ie e que una neg a de Sie a Leona enia en su cua o cua o ídolos , cu- yas bocas embadu naba dia iamen e con maíz y acei e de palma. Una ez lo hacia po ella misma, o a po su ma ido mue o, y o a po cada uno de sus hijos (2). Con ecuencia , la imagen es g ose a en ex emo. Los clama as ienen una imagen he- cha con dos piezas de made a que ep esen a la di inidad de la casa , ó, más bien , el pa ien e dei i- cado (3)», y el cual es lle ado ue a en cie as ocasiones. «Las ce emonias habi uales de los láhils consis en simplemen e en embadu na su ídolo, que nó es sino una pied a in o me , con e mellón ó acei e , y en o ece le algún animal ó lico , ha- ciendo en al momen o p o es as ó pe iciones (4)». Tenemos aquí ya la ansición á la especie de e ichismo que admi e que un obje o, g ose amen e semejan e á un se humano, y sin pa ecido alguno con és e, es á habi ado po un espí i u. Podemos añadi que la elación en e el desen ol imien o de la eo ía espi i is a y la del e ichismo se e ela en un hecho donde uno y o o al an. Tal se ob- se a en un pueblo a icano , según dice Thom- son. « Los wahabis pa ecen lib es de la idea supe s- iciosa, como ninguna o a ibu del mundo. No se (1) Li ings one: Las Jou nals in Cen al A ica , 1874, 1, 553. (2) Bas ian: De Mensch in de Geschich e 1860, II, 129. (3) Ande son: Lake 110gami , 229. L ) T an,sac ions o he Royal Asia ic Socie y, , 1, 72. á 1:p POR H. SPENCER  35 encuen a en ellos as o alguno de ese e ichismo que en o as eina. Ni aun se obse a en los waha- bis el espe o hacia sus mue os ; a ojan los cadá- e es en e las malezas , donde las hienas los de o- an (1).» Igual elación se e ela p ecisamen e en la desc ipción de los masüs , que el mismo au o nos da más ecien emen e. La iden i icación de los an epasados con los animales se hace de di e sas mane as: esul a la ene ación de és os , ya bajo o ma de a enciones supe s iciosas , ya bajo o ma de cul o. Los anima- les que ecuen an los luga es de las sepul u as ó los que c een habi ados po los espí i us, así como ambién las bes ias que ondan po la noche, son na u almen e conside ados como las o mas elegi- das po los mue os. Los bongos emen á «los espí- i us, cuya mo ada es á en la somb a oscu a de los bosques. Los espí i us, los diablos y las b ujas se los llama po lo común bi abohs ; llámase espe- cialmen e á los ampi os del bosque songas (2), de- signando con el mismo nomb e á odos los mu - ciélagos... y á los buhos de oda especie. » La c eencia de que odos los espí i us uel en á sus an iguas mo adas , induce á pensa que esos espí i us enca nan en las se pien es que ecuen- an las casas. Los neg os de Blan y c c een que ,<si un mue o quie e me e miedo á su muje , (1) Thomson: To Me Cen al A ica Lake& , and back, 1881, 1, 23-7. (2) Schwein u h, ob. ci ., 1, 305. 36  LAS INSTITUCIONES EGLESIkSTICAS puede apa ecé sele bajo la o ma de una se pien- e». Cuando alguno ma e una se pien e pe ene- cien e á un espí i u , p ocu a disculpa se an e el dios o endido , diciendo : «Pe dón , pe dón, no sa- bia que esa se pien e uese cosa ues a (1)». Un g an núme o de pueblos indo-eu opeos, han mi- ado las se pien es como di inidades domés ica s .. «En cie os can ones de Polonia , en 1762, los campesinos cuidaban mucho de da leche y hue- os á una especie de se pien e neg a que anda al- ededo de la casa, y se desespe aban cuando alguien hacia daño á esos ep iles (2) ». En la Amé- ica del No e obsé anse c eencias análogas, suge idas de o o modo. Los apaches « en en las se pien es de cascabel , la o ma que los malos o- man después de la mue e (3)». Los na u ales de Naya i c eían « que du an e el día los espí i us podían isi a á los i os, bajo o ma de moscas, pa a busca los alimen os (4)». Es o nos ecue da> un cul o de los ilis inos y una c eencia de los ba- bilonios exp esada en la leyenda de Izduba , don- de se dice que «los dioses de U uk Subu i (los biena en u ados) se con e ían en moscas». La iden i icación de los espí i us de los mue os con los animales , ya con los que ecuen an las casas ó los luga es que se suponen habi ados po aquéllos, ya con los que se asemejan á los di- (1) Mac Donnald: A ica, e c., i, 62. (2) Mau y: Bis oi e des eligions , e c., u, 463. (3) Bane o : The A a i e Races, e c., ni, 529. (4) Id. ibid., nx, 527. • POR H. SPENGER  37 un os po su buena ó mala na u aleza, se e ela en o os hechos po la alsa in e p e ación de los nomb es. En e los aYnos del Japón , «el mayo cumplimien o que puede hace se á un homb e , es compa a lo á un oso. Así, Chinondi , dice de Ben i el je e: es más ue e que un oso; y el iejo Fa e, pa a ponde a á Pipicha i , le llamaba «el jo en oso». Ahí e nos ambién el paso de la com- pa ación á la me á o a se i de ejemplo en el o igen de los nomb es de animales. Más lejos, ob- se amos á los aYnos endi cul o al oso , aun cuan- do lo ma en y lo coman can ando en co o en el es ín : «Te hemos mue o , oso , uel e en un aYno (1) »; odo lo cual nos hace comp ende cómo puede llega se á la iden i icación del oso con un aYno an epasado , y po consiguien e , al uso de busca el a o del oso. Es a causa de iden i ica- ción de los an epasados con los animales, y el ca- ác e sag ado que se concede, en su consecuen- cia á esos animales , nos so p enden cuando sabe- mos que «el an epasado de la amilia eal mongola e a un lobo , que es a amilia lle aba el nomb e de Lobo (2) », y eco damos los casos innume ables de nomb es de animales lle ados po los indios de Amé ica y el uso del o em que á ellos se asocia. Aun sin sali de Eu opa, encon amos ejemplos muy signi ica i os. Según una an igua adición, el Ea le Siwa d de No umb ia , enia un abuelo (1) Miss I. L. Bi d; Uebea en, T acks in, Japon, 1880, 97 y si- guien es. (2) Howo h : Tlis o y o he .1 on ,ols,1116, , 83. 38  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS que había sido oso en las sel as de No uega; y «es e oso, an epasado de Siwa d y de Ul , enia, ade- más , á lo que pa ece , osos en e sus descendien- es». Aho a bien ; Siwa d, dis inguiase po su «gigan esca alla, su ue za eno me y su a- lo » (1) , así podemos a i ma con azón , que, al igual que en el caso de los aYnos, la iliación e- e ida de un oso , p o enía de un e o de in e - p e ación de una me á o a aplicada á un an epa- sado análogamen e pode oso. En o os casos , el ca ác e sag ado de cie os animales , esul a de la idea de que los mue os han pasado al cue po de esos animales. Hay dayaks que se niegan á co- me ca ne de enado po que c een que « oman la o ma del gamo después de su mue e (2)». En e los esquimales, «el angekok anuncia á los pa ien- es a ligidos á qué animal ha pasado el alma del di un o (3)». El espe o hacia un animal, y á e- ces el cul o de que es obje o , pueden , pues , p o- duci se de a ias mane as; pe o odas suponen la iden i icación de es e animal con un homb e. Un pensionis a de la ins i ución de so do-mu- dos de Edimbu go decía, «que an es de i á la es- cuela , c eía que las es ellas es aban colocadas en el i mamen o como ascuas de uego (4) ». Es a ase nos ecue da una c eencia de algunos pueblos ',1) F eeman: His o y o he ISTo mand conqu.?s o England, 1870, I, 768. (2) Boyle: Ad en u e: amony he Dwahs o Bo neo, 1865, 229. (3) Hayes: A is Boal - Tou ney, 1780, 1:J9. (4) D . J. Ki o, The Los Senses, 199. POR H. SPENCER  39 de Amé ica del No e, pa a quien las es ellas más b illan es son uegos de campaña encendidos po los mue os en su camino hacia el o o mundo.. En ambos casos , emos co no puede es ablece se la iden i icación de las es ellas con las pe sonas. Cuando un cazado , al oi el uido de un dispa o, dice: es Jones, no quie e deci que Jones es el uido, sino que Jones ha hecho el uido. Pe o cuando un sal aje mues a cie a es ella que se supone el ue- go del i ac de un di un o y dice : allí es á él, el niño que oye y ap ende con ales palab as, supone na u almen e que en el pensamien o del sal aje, la es ella es el di un o mismo, sob e odo, cuando e- cibe es a enseñanza en una lengua no desa ollada. De ahí la c eencia de los cali o nios , según la que los espí i us an al luga « donde la ie a y el cielo se ocan, con ié ense en es ellas y los je es oman las o mas más b illan es.» De ahí ambién la c eencia de los mangaianos según los que cie as es ellas son niños. «Su mad e e a una diabla, que no les concedía ningún descanso: subié onse sob e una oca ele ada y de allí caye on al cielo, siguió- onles sus pad es pe o aún no los han encon a- do (1)». De análoga mane a, se o ma la pe so- ni icación de las es ellas y de las cons elaciones. Con sólo eco da que la iden i icación de los hom- b es con los animales, es un hecho gene al en las sociedades p imi i as , se puede comp ende como se llega á la iden i icación de los animales y de (1) Banc o , ob. ci ., ni, 523. 40  LAS INSTITUCIONES ECLESLI.STICAS las cons elaciones; po ejemplo Calix o, me amo - oseado en oso, se le conside a como oso en el cie- lo. Tenemos ambién la p ueba de que las apela-  1>' ciones me a ó icas pueden da luga á la pe so- ni icación del cielo en gene al. Un ey ha aiano lle aba el nomb e de Kalani-Nui-Liho-Liho lo que quie e deci , «los cielos g andes y somb íos» : de donde esul a, in i iendo el o den admi ido po los mi ólogos , que Júpi e ha sido acaso un hom- b e i o y que su iden i icación con el cielo p o- iene de su nomb e me a ó ico. Es á p obado que una con usión semejan e á esa de la me á o a con el hecho, conducen al cul o del sol. En odas pa es se encuen a el uso de los cumplimien os po medio de compa aciones con el sol; cumplimien os que se hacen he edi a ios cuan- do se e ie en á homb es po en es. Los ;e es de los Hu ones lle aban el nomb e del sol; y según Hum- bold , los eyes soles de los na chez hacen pensa en los héliadas de la p ime a colonia o ien al de Rodas. En e los nume osos hechos omados de la his o ia de Egip o, puede ci a se una insc ipción de Silsilis: «Salud á i, ey de Egip o, sol de los pueblos ex anje os... A él, ida y salud; es un sol b illan e». En semejan es casos el cul o del an e- pasado se con ie e p on o en el cul o del sol. Lo mismo ocu e con los o os me eo os. En la escue- la de Bey ou h, dice Yessup... «hay y ha habido jó enes llamadas... Au o a, Rocío, Rosa..., una -Vez isi é á un homb e en la ciudad de B unmana que enía seis hijas: las llamaba Sol, Mañana, Ce' i- I POR H. SPENCER  41 o, B isa, e c. O a se llamaba Es ella (1)». Aquí ambién la supe io idad del ango, la o una, un des ino excepcional de algún indi iduo, hab án sido el pun o de pa ida de un cul o del enómeno pe so- ni icado. Una leyenda de los boschimanes da un o igen análogo á la pe soni icación del ien o. «El ien o, dice, e a en o o iempo una pe sona, con- i ióse en una cosa con plumas , que olaba y no andaba como an es, olaba y i ía en la mon a- ña..., habi aba en una ca e na, en una oca (2)». En di e sas pa es del mundo se encuen a la idea de que, no sólo los an epasados di inos p o- c eado es de la aza humana salían de las ca e - nas, sino que los Dioses-Na u aleza , p ocedían ambién de ahí. Una leyenda mejicana nos enseña que el sol y la luna salían de las ca e nas. El bos- chiman mode no no hace o a cosa que epe i , en su leyenda del ien o, las c eencias de los an iguos g iegos. Esas his o ias, conside adas como de i a- das de las adiciones de los oglodi as y el cul o que las acompaña, ienen un o igen na u al: de o o modo p o oca ían absu dos inú iles que no se pod ían impu a legí imamen e á los homb es más in eligen es. Es á p obado que en los iempos p i- mi i os se usaban los nomb es con esa al a de p ecisión que p oduce las con usiones de que ha- bla nos. Según G o e el nomb e de la diosa A é se empleaba á eces pa a designa la pe sona, o as (1) Jessup, Tize Womesz o he T abes, [874, 24:3. (2) Folh Lo e ( Sou h A i ua ) Jou nal, u, 42. LAS INSTITUCIONE S ECLESIÁSTICAS eces el a ibu o ó el suceso no pe soni icado. Po o a pa e, se ha no ado que «en Home o, Kides es in a iablemen e el nomb e de un dios ; pe o más a de al nomb e se aplicaba á la mu alla del eino del dios (1)». El cul o de la na u aleza no es, pues, más que una des iación del cul o de los espí i us. En sus o mas no males , lo mismo que en las ano males, odos los dioses p o ienen de una apo- eosis. En:un p incipio, el dios es el homb e i o supe io en quien se concibe un pode sob ehumano. Los pueblos sal ajes de nues os días y los pueblos ci ilizados en su pasado , nos dan p ueba de ello. «Los amandebeles, dice M. Selous, mi an al je e de esos k aales como un Umlimo muy po en e es deci , un dios (2)». O o hecho : «El gene al Ni- cholson , cuando i ía, e a ado ado po los indios á pesa de la iolen a pe secución con que op i- mía á sus ado ado es (3)». Esos indios son de nues os días , pe o el Rig Veda nos enseña que los de la an igüedad hacían lo mismo. Así decían á sus dioses : «Tú , Agni, el más an iguo de los sabios y el semejan e á Angi a... Tú, Ind a, ú e es un ichi nacido en los an iguos iempos... In- d a es un sace do e , Ind a es un ichi». La apo- eosis de Aquiles , y la adición según la cual Py hia quiso habla á Licu go como á un dios, nos (1) G o e: His oi e de la G ece, i, 14.—W. Smi h: Dic ionna y o G eek and Roman Biog a y and Mi kology, , 1844, i , 319. (2) Selous: A Ilun e 's Wande ing in A ica, 1881, 331. (3) Si Al edo Lyall: Asia ic S udies, 1882, 19. a POR H. SPENCER  43 ecue d an cómo se de i aban en e los g iegos las di inidade s del homb e. Todos sabemos ambién que, en e los omanos y los pueblos some idos al Impe io , el cul o del empe ado había hecho muy g andes p og esos. En «cada una de las ciudades de las Galias , un g an núme o de homb es pe e- necien es, á las clases más ele adas , así como á las clases medias, e an sace do es de Augus o, de Vespasiano ó de Ma co Au elio (1) ». Las es a uas de los empe ado es e an « e dade os ídolos á los cuales se o ecía incienso , íc imas , y se di igían plega ias ». Un inciden e de la campaña de Tibe- io en Ge mania, en el año 5 , nos hace e de una mane a cu iosa, de qué modo las ideas que im- pe aban en esos cul os e an na u ales en los demás pueblos de Eu opa. Los omanos y los ge manos hallábanse en e á en e, sepa ados po el Elba. «Uno de los bá ba os , de edad a anzada, de igo- osa p esencia , y , á juzga po sus es idos , de ele ado ango , en aba en un onco de á bol ahuecado, de los que se ían á los ge manos de canoas, é impulsaba el esqui e has a la mi ad del ío. Una ez allí , pidió y ob u o un sal oconduc- o pa a pasa del lado de los omanos á e al p íncipe. Después de echa pie en ie a, pe ma- neció la go iempo mi ándole sin deci una pala- b a. Po in , exclamó: e dade amen e , nues os jó enes es an locos. Es áis lejos, os ene an como (1) Fus el de Coulanges: His oi e des Ins i u ions .poli iques de l'ancienne F ance, I, 89. JQ  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS un chacal... ¡ Soy yo quien e p o ege, hijo mío que ido ! , llo as, o o alien e que eina sob e la Tebaida.» Vemos en es a ci a lo que ya hemos is o en el ejemplo de los asnos ; es o es , que se pasa de la compa ación á la me á o a. « Tu Majes- ad, como el o o » , llega á se Ho us , « el o o alien e». Es a ansición conduce po una pen- dien e na u al, en una época subsiguien e, á con- undi al homb e con el animal, y, po an o, al cul o del animal mismo. Po o a pa e , emos ambién que la compa ación con los animales como cumplimien o, pasando de modo igual po la me- á o a pa a llega á la iden i icación, da á p oba- blemen e o igen á los indi iduos di inizados bajo di e sas o mas. O o caso nos hace e de qué mane a un nomb e que no e a más que un apela- i o en son de elogio, de un je e local, puede oca- siona la adopción de la imagen de un animal pa a una pe sona i a conocida. «Ram es el seño de la ciudad de Mendés, el G an Dios , la ida de Ra, el Gene ado , el p íncipe de las jó enes.» El ey se llama á si mismo « la imagen del di ino Ram, el i o e a o de ese Dios... , la emanación di ina del p olí ico Ram... , el hijo mayo de Ram...» Se nos dice en o o luga que el ey dei icaba á la p i- me a de sus muje es y « o denaba que su e igie, á semejanza de Ram, uese colocada en odos los emplos». La in e p e ación li e al de las me á o as con- duce al cul o de los cue pos celes es. Según hemos is o , la es ella Sesche se iden i ica con un indi- POR H. SPENCER  51 iduo : lo mismo le ocu e al sol. «Mi seño el Sol, Amenho ep III, el p íncipe Thebas me ha ecom- pensado. El es el dios Sol ; ningún ey ha hecho cosa semejan e desde el einado del dios Sol Ra , el seño de la ie a.» Cuén ase, á p opósi o del sa - có ago p epa ado pa a el ey Aménemha , que «jamás se había p epa ado nada igual desde los iempos del dios Ra». Esas ci as mues an que es a me á o a del saludo ó cumplido se empleaba de una mane a an posi i a, que se acep aba como un he- cho, dando al o igen á la c eencia según la que el sol había sido el sobe ano eal de Egip o. Po muy cla o que pe cibamos cómo odas esas c eencias se de i an del cul o á los an epasados según los hechos que acabamos de ci a , aún lo emos más cuando obse amos , de una pa e , que el nomb e dios se aplicaba á un supe io i o, y de o a , que los dioses no enían sino a ibu os huma- nos. «Ad ié ese pe ec amen e que la di e encia en e las ideas de lo di ino y de lo humano es ela- i amen e débil , dado el hecho signi ica i o de que en los je oglí icos , uno y el mismo de e mina- i o exp esa , según el con ex o , la idea de dios, an epasado , pe sona augus a . Cuando emos la apo eosis de un hechice o i o, no puede so p en- de nos el e al ey Saha a de la V dinas ía, llama- do « dios que cas iga odas las naciones y alcanza á odos los paises con su b azo» , ni encon a aná- loga dei icación pa a o os eyes y einas his ó i- cos, po ejemplo, Mena d es y No e -A i-Aah nés. Desde el momen o en que se a ibuye á un ey i o, 52  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS Ramsés II , po ejemplo , la omnipo encia y la. omnip esciencia , no se anda lejos de la dei icación. En ealidad se oca en ella; pues que al lado de esas ideas que ele an al homb e, encon a nos o as que ebajan á los dioses. «Los dioses ienen un cue po y un alma; ienen miemb os y pasiones, su en hamb e y sed. Sudan, sus miemb os iemblan, la cabeza les duele, sus dien es i i an , ie en lá- g imas sus ojos, sang e su na iz, el eneno in ade su ca ne... Todos los g andes dioses piden p o ec- ción. Osi is sucumbe sin soco os bajo el pode de sus enemigos; su muje y su he mana p o egen y cuidan sus es os (l).» (1) Es cu ioso e cómo el espí i u p e enido se cie a á la e idencia. Hubie a podido c ee se que an as p uebas, con o mes con las de o os pueblos, con ence ían á odos de que la eligión egipcia e a un cul o de los an epasados a anzado. Sin emba go,. ales p uebas no pa ece que hayan hecho e ec o alguno en el ánimo de los eólogos y de los mi ólogos. No impo a que, según las an iguas adiciones de Egip o, «la ie a de Pun e a la mo- ada p imi i a de los dioses», de donde «los san os inie on pa a el alle del Nilo , lle ando á la cabeza á Ammon , Ho us , Ha ho no impo a que, según o a adición, «du an e los p ime os iempos, einaba sob e la ie a una dinas ía de dioses, la cual ué seguida po una, e a de semidioses , y que la dinas ía del mis- e ioso Manés ce aba el pe íodo p ehis ó ico»; ampoco impo a nada que esas adiciones coincidan con la dei icación de los eyes, de los sace do es, de los pequeños p íncipes y de las pe - sonas o dina ias que la his o ia de Egip o en gene al nos da á conoce ; odo eso se desdeña po el place de p oclama un mo- no eísmo ó un cul o de la na u aleza p imi i os. La única au o- idad sob e la cual ales ideas se apoyan, consis e en las adi- ciones debidas á los sace do es egipcios de la úl ima época, a- diciones esc i as ú o ales, necesa iamen e p ecedidas po un la go pe íodo, du an e el cual el a e de ija los ecue dos no exis ía, y po o o ambién la go, de ci ilización; adiciones ea POR H. SPENCER  53 Hase dicho que una mi ad del mundo no sabe cómo i e la o a mi ad ; o o an o puede deci se espec o de que una mi ad del mundo no iene idea alguna de lo que la o a mi ad piensa , ni de lo que en o os iempos ella misma pensaba. De o dina- io , las cosas que e an amilia es en una época dada del desen ol imien o men al se ol idan en una época siguien e. Comúnmen e, muchas ideas y sen imien os de la in ancia se des anecen en al o ma en la edad madu a, que es imposible ep e- sen á selos y ep oduci los; de un modo análogo, de e minadas nociones na u ales pa a la conciencia de los homb es desp o is os de cul u a , han lle- gado á desapa ece de la conciencia de los hom- b es ilus ados, has a una medida al, que es pun o menos que imposible c ee que homb e alguno haya podido nunca acep a las. Así como las c een- cias absu das de que los pad es se íen cuando las en exp esadas po sus hijos, ue on en un iempo las suyas p opias, así los pueblos ci ilizados que en- cuen an idículas cie as ideas p imi i as , des- cienden de an epasados que p o esaban esas ideas mismas. Su p opia eo ía de las cosas p o iene po in, que exp esaban na u almen e ideas ela i amen e a anza- das. Casi es lo mismo es o cuino si se negase que el cul o he- b eo p imi i o ue a el que el Le í ico p esc ibe, po la azón de que ese cul o es á decla ado po Amós y Oseas, ó deci que la idea que Sóc a es enía de Júpi e , es una p ueba de que el an- opomo ismo de los p ime os g iegos no e a g ose o, ó sos ene que las ideas e inadas que cie os mode nos, Mau ice po ejem- plo, se o man del c is ianismo, exp esan las c eencias de los c is ianos de la Edad Media. 54  LAS INSTITUCIONES ECLESIASTICXS len as modi icaciones de la eo ía p imi i a de las cosas, en la cual la supues a ealidad del obje o is o en sueños , daba luga á la supues a ealidad de los espí i us , de donde se o iginan odas las es- pecies posibles de se es sob ena u ales. § 587. ¿ Hay alguna excepción en es a gene- alización? ¿Debe nos admi i que en e las nume osas eligiones, con sus o mas y sus elabo acio- nes di e sas que ienen es e o igen común , exis e una que p o iene de o igen di e en e? ¿Debemos deci que odas las eligiones son na u ales, pe o que la de los heb eos, que se nos ha ansmi ido modi icada, es sob ena u al? Si , pa a esponde , compa a nos es a eligión que se supone excepcional con las demás , no la encon a nos an di e en e de las o as , que sea necesa io asigna la una génesis dis in a. Po el con a io , la encon amos muy semejan e á las demás en odo. En p ime luga , el plasma de supe s iciones po medio del cual la eligión de los heb eos ha e olucionado, e a de la misma na u aleza que aquel que po odas pa es encon amos. Sin duda alguna que, du an e la e a de la ida nómada, la c een- cia, en un alma do ada de una exis encia pe ma- nen e no es aba desen uel a, pe o encon a nos en onces la c eencia en la ealidad de los obje os is os en sueños. Más a de obse amos la suposi- ción de que los mue os oyen á eces y esponden. C eiase que los espí i us de los mue os habi aban los luga es de los sepulc os; los demonios que se POR H. SPENCER  55 in oducían en los homb es e an causa de sus en- e medades ó de sus pecados. Muy c eyen es, como los sal ajes ac uales , en los amule os , en los encan os, en las hechice ías, e c., e c., los he- b eos enían en e ellos gen es cuyas unciones co espondían á las de los hechice os , es o es, homb es inspi ados po « los espí i us amilia es», magos (Isaías ,  19) y o os , p imi i amen e llamados isiona ios y más a de p o e as (I Sa- muel, ix, 9), á quienes se hacían p esen es en cambio de sus decla aciones, has a pa a encon a asnos. Samuel, que in ocaba el ayo y la llu ia, desempeñaba el papel de un doc o del iempo, y es pe sonaje és e que se encuen a aún en cie as pa - es del mundo. Los heb eos conse aban a ias adiciones que les e an comunes con o os pueblos. Su le- y enda ace ca del dilu io es de la misma amilia que la de los acadienses y la de los indios, en e los cuales el Sa hapa a-b áhmana nos enseña que Manú ecibió de Vichnú la o den de cons ui un a ca pa a lib a se de la inundación , la cual ocu- ía según se había p edicho y «a asaba odas las c ia u as i as (1)». Sólo Manú se sal aba. La his o ia del nacimien o de Moisés iene su aná- loga en una leyenda asi ia, en la cual leemos lo que sigue : «Yo soy Sa gina el g an ey..., mi ma- d e... me lle aba á un luga sec e o..., me colocó en una ces a de juncos... y me lanzaba al ío... (2) . (1) P o . Monnie Willia ns: Indians Wisdom, 1875, 32. (2) Reco ds on he Pas , e c., y , 3. 56  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS Lo p opio ocu e con el calenda io y las obse a- ciones que p esc ibe. «Los meses asi ios e an lu- na es... el sie e, el ca o ce , el ein iuno y el ein iocho e an sábados. En esos días de sábado es aba p ohibido odo abajo , aun el de ob as de bene icencia... Las disposiciones legales enían el mismo ca ác e que las del código judío (1). » Igual pasa con su eología. El í ulo común de Elohi n, aplicábase á la ez á los i os dis ingui- dos , á los espí i us o dina ios y á los espí i us supe io es ó dioses. Lo que quie e deci que pa a los heb eos, como pa a los egipcios y muchos o os pueblos, un dios no es más que un se po en e de una exis encia isible ó in isible. La palab a egip- cia Nu a , , empleada pa a designa los dioses, em- pleábase ambién pa a designa la ue za: de la p o- pia sue e Il ó El, en e los heb eos, aplicábase á los hé oes y á los «dioses de los gen iles». De es as concepciones ha salido , como en o os casos , la p opiciación ó el cul o de di e sos se es sob ena- u ales: un poli eísmo. Ab aham e a un semidiós á quien se di igían plega ias (2). «Ellos han sac i i- cado á los diablos, no á Dios, á dioses que no cono- úian , á dioses ecién enidos , y que nues os pa- d es no han emido (Deu ., xxxii, 17) .» La c eencia en o os dioses dis in os de Jeho á pe sis ió la go iempo; Salomón les o ecía sac i icios y los p o e- as lo denunciaban. Además, aun después que Je- (1) Smi h: His o y o Assy ia, 13. (2) Ewald: His oi e d'Is aa, u , 295. POR H. SPENCER  57 ho á llegó á se el g an Dios econocido, las ideas pe manecie on en el ondo poli eís as. En e ec o, así como en la Ilíada ( e sos 1000-1120) los dioses y las diosas comba ían con la espada y la lanza en las ba allas al lado de los mo ales, así los ángeles y los a cángeles del pan eón heb eo comba ían so- b e la ie a (1). Análogas ideas se encuen an en e cie os sal ajes de nues os días. Toda ez que Jeho á e a en el o igen un Dios co no an os o os, y que llegó á se el Dios sup e- mo, eamos qué na u aleza le asignan los es imo- nios an iguos. Sin de ene nos en la leyenda del ja - dín del Eden (sacada p obablemen e de los acca- dianos), donde se e á Dios anda y habla á la mane a de los homb es, ni en la época en que «el Seño ino á e la ciudad y la o e que los hijos de los homb es edi icaban », podemos encon a hechos ales como la lucha de Jacob con Dios y la con e sación de Dios con Moisés cuando «el Seño le hablaba ca a á ca a , como un homb e habla á su amigo». Esos ejemplos y muchos o os mues an que en e los heb eos de los p ime os iempos , Jeho á «el ue e... el homb e de gue- a», empezó po se un po en ado local « como los que se llaman dioses en e los beduinos», pa a se más a de mi ado como el más pode oso de los espí i us ado ados ; o eciansele , además , los sac i icios en los al os luga es (II Reyes,  3), semejan es á aquellas .donde se enia po cos um- (1) Supe na u al Religión, 2. a edie. 1874, 1, 110. 58  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS b e sepul a á la pe sona de ango supe io , y como se hace oda ía en cie os paises. En e los beduinos, dice Bu ckha d , «las umbas de los san os es án colocadas gene almen e sob e las cumb es de las mon añas» y « odos los á abes de las ce canías les di igen sus o os (1)». Véase ahí una anología con la idea eligiosa p imi i a de los g iegos, de los escandina os y de o os pueblos : en odos, los dioses que en la apa iencia e a imposi- ble dis ingui de los homb es, ababan á eces luchas con es os, y no siemp e con buen éxi o (2). Además, el «Dios de las ba allas», que cas igaba c uelmen e y con ecuencia la desobediencia, e a e iden emen e un Dios local, «el Dios de Is ael». El mandamien o «Tú no end ás o o Dios an e mí», no quie e deci que no hubiese o os dioses, sino que los is aeli as no debían econoce su au- o idad. La idea de que el Dios heb eo no e a el Dios único , se encuen a implíci a en la palab a «nues o» Dios que los heb eos empleaban pa a dis ingui á Jeho á de los demás dioses. Aun ad- mi iendo que Jeho á ue a un Dios como cual- quie o o, a i mábase que su au o idad se ex iende sob e el uni e so en e o. Igual ocu ió con cie os dioses de Egip o y con los Fa aones i os. Deciase á uno de ellos : «No hay luga donde no eine u di inidad; us palab as son la ley de oda la ie- a...; ú ienes millones de idas... Todo lo que (1) Bu ekha d : No es su les Bedouins e les Wakabis , 1831, 1,X59. (2) Po e : A ckceologia G eca, i, 172. la i (11 Ce T l POR H. SPENCER  59 se hace en sec e o, u ojo lo e (1).» La au o idad de Jeho á no es aba limi ada sólo en cuan o á la ex ensión, lo es aba en cuan o al g ado. No se p e endía pa a él la omnipo encia. Sin ol ida el us ado in en o de ma a á Moisés, podemos ci a las de o as su idas po los is aeli as cuando com- ba ían de con o midad con sus opiniones, po ejem- plo, en las dos ba allas lib adas con los benjami as, y el comba e con a los ilis eos , en que «el a ca de Dios ué omada (1 Sam.,  9-10) ». Un es i- monio más impo an e oda ía: aunque «el Seño ino en auxilio de Judá», «no pudo des ui á los habi an es del alle, po que enían ca os de hie- o» (Jueces, , 19). Es deci , que su pode enia lagunas, como el pode que o os pueblos a i- buían á sus dioses. Análogas lagunas enía en su na u aleza in elec ual y mo al; Jeho á ecibía no- icias: a á e si son cie as ó no ; a epién ese de lo hecho, es o es, que no iene la omnisciencia. Al igual que un ey de Egip o ó de Asi ia, no cesa de ponde a se á sí mismo. Así, dice : «No da é mi glo ia á nadie» ( Isaias, XLVIII, 11). Se decla a celoso,  u ena i o y des uc o implacable de sus 0 enemigos. En ía su espí i u de la men i a ce ca de un ey pa a engaña le, como Júpi e hace con Agamenón (II Co ., XVIII, 20). Se bu la de un p o- e a y le hace p o e iza alsamen e con in ención de pe de le (Ezequie , xi , 9). Endu ece los co a- zones de los homb es pa a luego cas iga les po el (1) Reco ds o he Pas . i, 101. 66  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS Ic blece un lazo de unión. Como ejemplo, en e an- os o os , ci a emos los padams, que « ienen po sag ado odo comp omiso cimen ado po un cam- bio de ca nes (1)». Admi ida la c eencia de que los espí i us de los mue os conse an sus ape i os , se alimen an con los manja es que les son o ecidos á con el espí i u de és os. Tal idea se ex iende á los mue os mismos. Po eso p ecisamen e en cie as pa es del mundo se ha obse ado el uso de es i- nes, en los cuales los i os y los mue os se supo- nen eunidos , y enue an sus elaciones de subo - dinación de un lado y bene olencia del o o. En- e los mejicanos , es e a e o de come con el espí- i u ó el dios , se ans o maba en el ac o de «come el dios» (simbolizado po un pas el hecho de sang e de las íc imas), y se asociaba á un luga dedicado al dios du an e un iempo de e minado. Hay o as semejanzas de una impo ancia me- no , que bas a e e i y ci a b e emen e. Las c u- zadas de los c is ianos pa a la posesión del San o Sepulc o , ienen su p o o ipo en la gue a sag ada sos enida po los g iegos pa a posee Del os. En- e los c is ianos hay una pa e del cul o que con- sis e en eci a los ac os del dios de los heb eos, de sus eyes y de sus p o e as; igualmen e , en e los g iegos , una pa e del cul o consis ía en e- ci a las hazañas de los dioses y de los hé oes ho- mé icos. Los emplos g iegos se en iquecían con los dones p eciosos o ecidos po los eyes y los (1) Dal on: Desc ip i e E knolo yy o Bengal. Calcu a, 1882,25. Vid;; • POR H. SPENCER  67 pe sonajes opulen os deseosos de ob ene el a o ó el pe dón de los dioses; los emplos de los c is- ianos se han en iquecido de igual mane a. La basílica de San Ped o de Roma ha sido edi icada con los ondos eunidos en los di e en es países ca ólicos, como el emplo de Del os había sido eedi icado con ayuda de las con ibuciones p o- po cionádas po los di e en es Es ados g iegos. 1N n La doc ina que concep úa egido el mundo po pa  p o idencias especiales , e a admi ida en e los g iegos, como lo ue más a de po los c is ianos, habiendo podido deci G o e que «las idas de los san os nos lle an á la eología sencilla y po en e de la edad homé ica (1)». En in , an o en el nue o como en el iejo mundo, las di e sas eligiones nos p esen an los elemen os que encon amos en el c is ianismo : el bau ismo , la comunión , la ca- nonización , el celiba o, las acciones de g acias y o as p ác icas de menos impo ancia. § 588. ¿ ) Qué conclusión debemos saca de es os hechos? ¿Qué debemos pensa de la unidad de ca- ác e mani es ada po la eligión en gene al? ¿,Qué di emos del ai e de amilia que se e ela en- e la c eencia c is iana y las demás ? Tan o en los indi iduos pe enecien es á azas ci ilizadas , que han sido p i ados de ins ucción á causa de una en e medad , como en e los di e en- es pueblos p imi i os, el espí i u no con iene con- 1.:  cepciones eligiosas. En odas pa es donde exis- (1) G o e : His . de la g ece. 68  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS en udimen os de ellas, se las encuen a bajo la o ma de c eencias en los dobles de los mue - os y de los sac i icios dedicados á los mismos. La eo ía espi i is a, con la p ác ica de la p opicia- ción de los espí i us o dina ios, sob e i e habi- ualmen e en la c eencia en se es sob ena u ales más po en es y en las p ác icas de p opiciación ce ca de esos se es. Esos se es son p ime amen e llamados con el mismo nomb e que los espí i us o dina ios, pe o se dis inguen de ellos g adual- men e. Los cul os dedicados á los se es que se su- ponen sob ena u ales, aun los más ele ados , son de la misma na u aleza y no di ie en más que po el g ado de elabo ación. ¿Qué hay en el ondo de odas esas analogías? ¿No consis i á es o en que, al igual que los demás enómenos sociológicos, las eligiones ienen una génesis na u al? ¿Hab emos de hace una excepción en a o de la eligión que eina en e noso os? Si decimos que bajo odas esas analogías se esconde una di e- encia ascenden al, no ha emos más que p o o- ca di icul ades. Es p eciso admi i que la causa sup ema pa a la que no hay limi es en el iempo ni en el espacio , y de la cual la c eación es an as a que nues o sis ema sola no es más que una pa e in ini esimal, ha omado el dis az de la igu a humana pa a hace una alianza con un je e de pas o es de la Asi ia. Es p eciso c ee que es a ue za, que se mani ies a siemp e y en odas pa - es, en el pasado, en el p esen e y en el po eni , se ha a ibuido á sí misma, bajo es a igu a humana, POR H. SPENCER  69 no sólo el sabe es ingido y el pode limi ado que cie os pasajes bíblicos dan á Jeho á, sino ambién las cualidades mo ales que hoy ebajan á un hom- b e. En in, es p eciso supone una in ención oda- ía más epugnan e pa a nues o sen ido mo al. En e ec o , si esas nume osas analogías en e la eli- gión c is iana y las demás no p ueban que se pa e- cen po el o igen y el desen ol imien o, es p eciso admi i que lo sob ena u al ha que ido simula po comple o lo na u al pa a engaña á aquellos que examinen con un espí i u c i ico lo que se les enseña. Todas no se ían más que ilusiones c eadas á in de ex a ia á los espí i us since os y expone - los á la condenación e e na po el c imen de habe in es igado la e dad. No hay azonamien o capaz de con ence á los homb es de que acep en es a úl ima al e na i a. Po nues a pa e nos sepa amos de ellos y segui- emos la p ime a. Acep ándola , nos encon amos ambién con que las ins i uciones eclesiás icas se hacen in eligibles en su o igen y en sus p og esos. "^- CAPÍTULO II Hechice os -3 sace do es_ § 589. Es di ícil encon a un ca ác e que dis inga de una mane a sa is ac o ia los sace do es de los magos ó hechice os. Unos y o os se ocupan en pone se en elaciones con los agen es sob ena u- ales, que en sus o mas p imi i as e an apa ecidos, somb as. Los medios que empleaban , en sus ela- ciones con esos agen es, es án mezclados de modo an di e so , que al p incipio no hay mane a de es ablece en e los hechice os y sace do es una di e encia especi ica. En e los pa agones , un mismo homb e un- ciona en el iple concep o de « sace do e, mago y médico (1) ». En e los indios de Amé ica del Su , las unciones de « hechice o , p o e a, mé- dico, exo cis a y sace do e (2)» hállanse eunidas (1) Al n. R. Fi z oy: Na . o Me S eyiny Voyayes o he «Ad en u e» and «Beagle», 1839, u, 152. (2) Bu on: Ci y o Me Sain s, 1861, 131. 72  LAS INSTITUCION ES ECLESIÁSTICAS en una misma pe sona. En Guyana, los mismos indi iduos hacen dos conju os, explican los p e- sagios, son médicos, jueces y sace do es (1)». Se- gún Ellis, en las islas Sandwich los médicos son o dina iamen e sace do es y hechice os. En. o as pa es emos inicia se un udimen o de sepa a- ción: así, po ejemplo, en e los na u ales de Nue a Zelanda, cada ibu iene, además de sus sace do- es, un pe sonaje que pasa po hábil hechice o. A medida que la o ganización social p og esa, e- i icase sin cesa una sepe ación pe manen e. En el o den c onológico, el hechice o ó mago es el que p ime o apa ece. Los iaje os que han desc i o los uegianos hablan sólo de los hechice- os; en e los mapuches , pueblo ela i amen e a anzado del con inen e ecino , no hay sace do- es , sino an sólo adi inos y magos. En e los aus alianos , los homb es que es án en elación con los se es sob ena u ales son los boyalas ó mé- dicos; Bonwick dice lo mismo hablando de los asmanianos. Po o a pa e, en muchos casos los indi iduos conocidos bajo el nomb e de sace do es en los pueblos sal ajes, no hacen más que p ac i- ca la hechice ía y la adi inación en una ú o a o ma. En e los mundu ucos, el Paji ó sace do e «dice el iempo más p opicio pa a a aca al ene- migo , exo ciza los espí i us malignos y cu a las en e medades (2)». Lo mismo ocu e en e los. (1) Dal on: His o y o B i ish Guyana, 1855, i, 87. (2) Ba e : A a u alis on he Ri e Amazons, 1848, 225. POR H. SPENCER  73 oaupés. En a ias ibus de Amé ica del No e, los clallums, los chipewayos y los c ics, po ejem- plo, no hacen o a cosa que conju a . ¿Qué signi ican es a con usión p imi i a de las dos unciones y la p eponde ancia o iginal de la nig omancia, que al in e mina po ocupa el se- gundo ango? § 590. Reco demos que en las ideas p imi i- as, el mundo de ul a umba ep oduce los asgos del nues o, que los espí i us que lo habi an lle an la misma ida, sos ienen en e si análogas ela- ciones , obedecen á las mismas pe sonas y eco- noce emos que los di e en es medios de a a con los espí i us adop ados po los hechice os y los sace do es, se pa ecen á los adop ados po los hom- b es en sus elaciones : en ambos casos, los me- dios a ían según las ci cuns ancias. Veamos las elaciones de cada miemb o de una ibu sal aje con los o os sal ajes. Hay, en p ime é mino , los miemb os de las ibus eci- nas , cuya hos ilidad es in e e ada y es á siemp e dispues a pa a hace le daño á él y á sus compañe- os. En e los miemb os de su p opia ibu , ie- ne los pa ien es ó allegados, de quienes la mayo ía de las eces espe a ayuda ó p o echo , y pa a los cuales su conduc a es de o dina io amis osa, pe o en ocasiones y po acciden e hos il. En e los de- más, hay los in e io es, sob e quienes eje ce po lo común un pode a bi a io , y o os cuya su- pe io idad en ue za y des eza ha expe imen ado, que habi ualmen e eme , y pa a con los cuales 74  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS adop a una conduc a de sumisión y espe o ; po in hay muchos cuya in e io idad ó supe io idad queda indecisa: con és os se conducen ya de una mane a, ya de o a, según las ci cuns ancias, pa- sando de la a ogancia á la sumisión y de la su- misión á la a ogancia , según la espues a que pueda ob ene . Teniendo en cuen a la ealización de sus ines, nues o sal aje adap a las di e en es acciones á los indi iduos que i en al ededo de él, ya pa a comba i les ó ya pa a hace les daño. La idea p imi i a de los espí i us los asimila po comple o á sus o ígenes , de donde esul a que el conjun o de esos espí i us , o mados po los miemb os mue os de la ibu y de las ibus ecinas, sos iene , en opinión de cada uno , análo- gas elaciones con él , á aquellas que él mismo man iene con sus amigos y enemigos i ien es. Un pasaje del obispo Callaway nos hace e que eso es así po comple o. T á ase de un zulú que habla de sus elaciones con el espí i u de sus he manos: «Venís á mi con el p oyec o de ma a me. Sin duda ya e ais un b ibón cuando e ais un homb e; ¿es que seguís siéndolo oda ía , aho a que es áis bajo ie a (1)?» Toda ez que se admi e que los espí i us ó los dioses p o inien es de los espí i us ep oducen los asgos y la mane a de ob a de los i os, es na u al que las mane as de ob a pa a con ellos es én adap adas de un modo análogo , y, (1) Callaway: The Religious Sys e,¿s o ihe Amazulu. Na al, 1863, 157. _,„ POR H. SPENCER  75 po an o, se hagan es ue zos pa ecidos pa a com- place les, pa a cong acia los, pa a cohibi los. S e_ wa nos dice que los nagas se bu lan de uno de sus dioses que es ciego : cuando le dedican un pe- queño sac i icio , a i man que le dedican un sac i- lojo muy g ande. Los bou ia es, que a ibuyen á un espí i u ma- H  ligno la causa de una en e medad, c een enga- ña le mos ándole en luga del en e mo una e igie; piensan que des uyendo la e igie han log ado su obje o (1). En Ki okoué, Came on ha is o un « also diablo, cuyo papel e a a emo iza á los dia- 1¿::  blos que habi aban en los bosques (2) ». Los kam chandales c een que hay espí i us en odas pa es : «los ado an cuando sus o os son a endidos y los ul ajan cuando sus negocios ma - chan mal (3)». En Nue a Zelanda, «con la espe- ,.  anza de conju a la cóle a de una di inidad ó de des ui la » , cuando hay alguno en e mo , se le amenaza con «ma a le ó come le» ó quema le (4). .Los oua alis dedican un cul o á una di inidad llamada Ouaghia. Habiéndoseles p egun ado si « e- ñían alguna ez á Ouaghia», espondie on: «Cla o es que la eñimos, diciéndole : cama ada, e hemos dado un pollo, un macho cab io, y ienes á pe- ga nos!¿Qué quie es oda ía (5)?» A es os ejem- (1) Michie: Sibe ian O e land Rou e, 1864, 200. (2) Came on: Ac oss A ica, 1877, u, 188. (3) O .  A ou eau Voyaye aulou du )onde, 1830. (4) lie . W. Ya e: Accoun o .Ven ,Yeala)Lci, 18:4, 111. Jou nal o he Royal Asia ic So ;ie y, 4 CAPÍTULO III Debe es sace do ales de los clescen.die i es_ § 594. Ya hemos is o (§ 87) (1) que exis ía en cie os luga es la cos umb e de des ui los cadá- e es á in de impedi la esu ección de los mis- mos , y, po consiguien e, e i a las moles ias que sus espí i us pueden causa . En o as pa es donde no se oma p ecaución alguna análoga, odos sin dis inción , pa ien es ó no , ienen á los mue os como au o es de las desg acias y en e medades. Hemos dado ejemplos de es a c eencia en los capí- ulos x y XVII de la p ime a pa e de es a ob a. He aquí uno omado de Nue a B e aña. Los na- u ales de Ma ukanapu a « en ie an sus mue - os bajo la choza habi ada en ida po és os, des- pués de lo cual los pa ien es hacen un. iaje en canoa, es ando ausen es algunos meses...; dicen (1) Véase . 1 de los P incip. de Soc.—(N. DEL T. ) 84  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS que el espí i u del mue o mo a en su úl ima e- sidencia algún iempo después de su mue e, y que no encon ando allí nadie á quien a o men a , ase en busca de o una á o a pa e. Los pa ien- es uel en en onces á su casa y con inúan en ella como an es ( 1) ». Aun en el caso en que se mi e á los espí i us como bené olos hacia sus descen- dien es, c éeseles capaces de o ende se, po lo que es necesa io asegu a se su buena olun ad. Los san ales c eían que del ondo de la umba ecina,  - 4 oscu a y silenciosa, «las gene aciones pasadas ob- se an á sus hijos y á los hijos de sus hijos, y des- empeñan un papel en su exis encia con in enciones que no son malé olas po comple o. Sin emba go, los espí i us habi an es en la umba son c í icos ace bos ; dis ibuyen á su al ededo miemb os con ahechos, la lep a, e c. , e c. , á menos que se les apacigüe (2}». Si los espí i us en gene al se epu an de o di- na io más ó menos malé olos, como podía supone - se , los que se concep úan más a o ables po los i os son los de los pa ien es. Algunos pueblos los conside an como simplemen e bené icos. Los ka- ens, po ejemplo, c een que esos buenos an epa- sados « elan en gene al con cuidado po sus hijos sob e la ie a (3)».  11( Hay muchos pueblos en los cuales la p opicia- . ción no se emplea más que ce ca de los espí i us (1) Powell: Wande ing in a Wild Coun y, 1883, 191 (2) W. W. Hun e : Annals o Ru al Bengal, 1868, , 183. (3) Jou nal o he A sia ic Socie y o Bengal, xxxi , 205. POR H. SPENCER  85 malos, abandonando á los buenos, que se supone no hacen daño; sin emba go, en odas pa es donde el cul o de los an epasados conse a sus asgos p imi i os, emos que la a ención se di ige p inci- palmen e hacia los espí i us de los pa ien es. Las o endas sob e las umbas, inspi adas o igina ia- men e po la a ección hacia los mue os, y las g andes alabanzas dic adas po los emo es eales de su pé dida, son el pun o de pa ida de los ac os análogos cumplidos á modo de p opiciación ; y es na u al, en e dad, que los pa ien es los ejecu en an es que los ex años. § 595. Así, obse amos en odas pa es que aquellos que ealizan los o icios del cul o p imi i o son, al p incipio, los hijos ú o os miemb os de la amilia. En las islas Samoa, «se eci an en común las plega ias sob e la umba de un pad e, de un he mano ó de un je e. Roga áse po ejemplo, en caso de en e medad, pa a pedi la salud, y pa a e si le cu a ó no (1)». En e los indígenas de Bans 'Is- land, quien de ellos a de iaje eza así: «¡Tío mío! ¡Pad e mío! muchos ce dos pa a os, mucho di- ne o y ka a pa a ues as necesidades , ein e sacos de í e es pa a ues a alimen ación en la canoa. Os uego me sigáis con ues os ojos; p o- egedme en el ma (2).» El Re . Mac Donald nos dice que cuando los neg os de Blan y e « uegan pa a ob ene una caza eliz y eg esan ca gados (1) Tu ne : Samoa a hancl ed Yea s ago, 1881, 151. (2) Jou nal, o he An h opological Ins i u e, x, 286. 86  LAS INSTITUCIONES ECLESIi.STICAS de ca ne de enado y de ma il, saben que lo deben á uno de sus iejos pa ien es, po lo que le o ecen un sac i icio en acción de g acias. Si los cazado es no aen nada , dicen que es que es á el espí i u de mal humo y con a ellos... y en onces les nie- gan la acción de g acia (1) ». Indiscu iblemen e, esos hechos ienen en apoyo de los que hemos e- e ido, y nos mues an los comienzos de una e- ligión de amilia. Al lado del emo á un se sob ena u al, núcleo de oda eligión, emos el sac i icio y la o ación, el econocimen o, así como la espe anza de alcanza p o echos en elación con los ac os de p opiciación. § 596. Encon amos la in e p e ación de la exis encia de la unción sace do al en odas las sociedades no ci ilizadas. En Nue a Caledonia, po ejemplo, «casi odas las amilias ienen un sace do e (2)». En Mada- gasca se han es ablecido o os cul os, pe o « mu- cho después que el cul o de los dioses domés icos dominaba (3) ». Los abo ígenes de la India enían el cul o de los an epasados, pe o no «un sace docio egula y cons i uido ». En el pueblo que ha dado los p ime- me os pasos en la ci ilización, los egipcios, cada amilia conse aba el uso de los sac i icios á sus p opios mue os: las di inidades de un o den más (1) Re y . Du Mac Donald: A icana, e c., 1, 61. (2) Tu ne : Nine een Yea s in Polynesia, 1861, 427. (3) Ellis: His . o Madagasca , 1, 306. POR H. SPENCER  87 ele ado enían un cul o semip i ado , se ido po descendien es e dade os ó supues os. En e los g iegos y omanos , al lado de los sac i icios o e- cidos á sus dioses públicos po sace do es , había los sac i icios o ecidos po los pa icula es á los dioses domés icos que e an miemb os de la ami- lia di un os (1).» En nues os días, encon amos lo mismo en China, donde los sace do es consag a- dos á los cul os más ex endidos no han suplan ado el cul o p imi i o de los an epasados que p ac ican sus descendien es. Vamos á e aho a cómo ese cul o domés ico e is e una o ma más de inida en azón de que su unción llega á se p opia de un miemb o de la amilia. (1) Nos pe mi imos llama la a ención del lec o hacia el p ecioso es udio, en pa e con i ma i o de lo que dice Spence , sob e el cul o domés ico y el cul o de ciudad, de Fus el de Con- langes, en la céleb e ob a La Ci é an ique.—(N. DEL T.) CAPITULO IV Ca ác e casi sace do al de los descen- dien es a ones de Daá.s edad.. § 597. Sin duda alguna , en los p imi i os iempos los descendien es del di un o enían la unción de o ece á su espi i a sac i icios; pe o con o me á la ley de la ins abilidad de lo homegé- neo (1), no a da mucho en p oduci se una des- igualdad: la unción p opicia o ia cae en onces en manos de un miemb o del g upo. Tu ne nos dice que, en e los na u ales de las islas Samoa, «el pa- d e de amilia es el g an sace do e (2)». Lo mismo (1) Habla Spence de es a ley como de odas aquellas que se e ie en á la e olución en gene al, en la ob a que pudié amos conside a como el núcleo ilosó ico de su sis ema, y la cual se i ula P ime os p incipios. La ins abilidad de lo homogéneo, lo mismo en el mundo o gánico que en el supe o gánico, a a iesa. po un p oceso que aquí no podemos expone : la di e enciación in e io de los compues os indi iduales ó de los ag egados socia- les. Es a di e enciación ese p o ocada po la dis in a na u aleza del elemen o in e no y po la di e en e mane a cómo es a ec ado po el medio.—(N. DEL T.) (2) Tu ne : Nine een Yea s in Polynesia 239. 90  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS en e los ahi ianos , « en la amilia , el pad e e a el sace do e (1 )». En Madagasca , dice D u y, « odo homb e es sace do e de si mismo y de su amilia (2)». Cosa idén ica ocu e en Asia. En e los os yakes , « el pad e de amilia e a el único sace do e , el mago, el acedo de dioses (3)». En- e los gondos, los i os eligiosos « cúmplense po lo común po algún pa ien e de edad (4) ». En las azas supe io es , es ó ha sido de la misma mane a. En e los indios de nues os días , el je e de la a- milia hace las o endas co idianas á los an epasados. Todo chino enciende dia iamen e el uego an e la mese a consag ada á la memo ia de su pad e ; pe o en las ocasiones impo an es el je e de la he man- dad es quien p ac ica los i os (5). No hace al a que eco demos cómo en e los g iegos y los omanos incumbían al je e de la amilia los debe es análo- gos ela i os al cul o de los manes. En e los sa- beanos p imi i os , nos dice Palg a e , « la p esi- dencia del cul o e a, á lo que pa ece , el p i ilegio de la edad más a anzada ó del je e de la ami- lia (6)». La p ác ica del cul o de los mue os es aba p ohibida en e los judíos , pe o conse a on la go (1) Ellis: Polynesian Resea ches, u, 208. (2) R. D u y : Madagasca , o Jou nal die ing een Yea s Cap i i y on ha lsland , 1731, 236. (3) P ieha d: Resea ches in o he Physical His o y o Man- kind , 3.' ed., 1836, i , 336. (4) Re y . S. Hisley: Abo iginal T ibus o Cen al P o in- ces , 19. (5) Gus a : China opened , 1838, 1, 503. (6) W. Gi o d Palg a e : Na a i e o a Yea 's Jou ney h ough Cen al and Eas e n A abia, 1865, i , 258. -- 1 POR H. SPENCER  91 iempo un uso que se de i a del mismo. Kuenen hace no a que si, has a Da id, «el de echo de odo is aeli a pa a o ece sac i icios no se ponía en duda, sin emba go, quienes lo p ac icaban e an el ey y los je es de las ibus y amilias (1)». En el cu so de la e olución bajo odas sus o - mas, la di e enciación iende siemp e á de ini se y ija se: la di e enciación sace do al indicada, no es una excepción de la egla. Implán ase á la la - ga el uso de un modo an p o undo, que el de e- cho de p ac ica los i os de los sac i icios dedica- dos á los an epasados, se ese a exclusi amen e á los descendien es. En e los an iguos a ios, dice si H. Maine (2), «no sólo debía se un a ón el an epasado á quien se dedicase el cul o, sino que quien cumplía con los i os debía se el hijo a ón ó un descendien e a ón de es e an epasado». § 598. Yacen de es o cie as consecuencias que es p eciso ad e i si que e nos comp ende bien las ins i uciones que al in llegan á es able- ce se. En el an iguo Egip o, «e a muy impo an- e que un homb e u iese un hijo es ablecido en su luga después de él, pa a cumpli con los i os (sac i icios á su Ka ó doble) y hace los cum- pli á los demás (3)». Pa a los an iguos a ios, esa necesidad e a aún más impe iosa (4). «Según la ley (1) :Kuenen : The Religion o  1, 338. (2) Maine: D isse a ions on Ea ly Lan,, e c. (3) Renou : O igin and G ow h, e c., 138. (4) Max Duneke : His o y o An iqui y, x , 252. 98  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS mis dominios y les dic an leyes, que han dado á su e i o io una on e a más dila ada , con ían en mis manos sus alien es y bélicos se ido es , y yo he some ido las ie as y los pueblos y las plazas ue es y los eyes hos iles á Ashu (1) .» Aho a bien; en Egip o se c eía que el ha ó do- ble del mue o uel e después de un la go plazo á eanima la momia y á su ida p ime a. Los pe- u ianos , que se ocupaban con los cuidados más minuciosos del bienes a de los mue os , c eían ambién en su uel a inal. En las ideas p imi i- as , la mue e no e a más que una la ga suspen- sión de la ida animal. ¿, No acaba nos de ad e i que, según las mismas ideas, el mue o uel e á i i y eclama á al ol e cuan o poseía an es, y que el enedo de su p opiedad, sea quien ue e, la iene pa a de ol é sela cuando se la pida , á la mane a de un ocupan e que puede se desposeído po el e dade o p opie a io , y cuyo debe sag a- do , en e an o , es adminis a an e odo en p o- echo de su e dade o amo? § 601. Sea de es o lo que quie a, lo cie o es que los hechos ci ados mues an cla amen e cómo en e los an epasados de los pueblos ci ilizados del iejo mundo y en e los pueblos del nue o , donde las iejas ins i uciones es án aún en igo , han nacido los usos del cul o amilia que exis ía an es ó que exis e aún en nues os días. No se e bien lo que hab á ocu ido en el caso (1) Reco ds o he Pas , e c. , , 81. a e i- i 3 á ,y e, la do P a- 9s o 1 coi POR H. SPENCER  99 en que la ley impe an e haya sido la iliación e- menina. Nada he encon ado que mues e que en las sociedades en que se señala semejan e uso , el o icio de se i al mue o uese á manos de uno de los hijos con p e e encia á los demás. Pe o los he- chos mencionados p ueban que con el sis ema del pa en esco po los a ones, la iliación de la un- ción sace do al sigue la misma ley que la iliación de la p opiedad: o os hechos lo p ueban aún más di ec amen e. En nues os días, la China nos o ece el ejem- plo muy no able de esa elación; mi ase allí como indispensable ene á alguien que queme el incienso á los manes de los mue os, desde el hijo mayo has a el úl imo descendien e en línea ec a del hijo mayo , ya median e un hijo de la amilia, ya me- dian e un hijo adop i o (1)»; y el hijo mayo , que iene en la he encia una pa e más g ande que los demás hijos , debe sopo a el gas o de las o en- das. Lo mismo ocu e en Co ea: el changjou je e de los que llo an, es el hijo mayo ó el p imo- géni o del mayo . En el momen o de en e a el cue po, « si hay umbas de an epasados en aquel si io, el changjou sac i ica an e esas umbas y pa icipa á los an epasados la llegada de un nue o miemb o de la amilia (2) ». Es os hechos, unidos á los p eceden es, mues- (1) Rey. Jus o Dooli le: Social Li e o he Chinesse, 1886, n 226. (2) Ross:  o Co ea, 1880, 335. 100  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS an que la ca ga de los sac i icios a con la p o- piedad, po que la p opiedad debe sopo a los gas- os de los mismos. En las sociedades pa ia cales, el hijo, único capaz de he eda , es quien an sólo podía posee los medios pa a el se icio del cul o al mue o ; po consiguien e, sólo él podía se sa- ce do e, de donde p o enía la necesidad de ene un descendien e a ón , según hemos indicado ya. Al p opio iempo econocemos que , bajo el ipo pa ia cal, en las p ime as épocas, los domi- nios domés ico, polí ico y eclesiás ico no es a- ban sepa ados. Los sac i icios o ecidos al je e de amilia di un o son p imi i amen e domés icos. A medida que el g upo amilia llega á se po e o- lución un g upo compues o , el pa ia ca, que es el je e del mismo, adquie e un ca ác e casi polí- ico; las o e as que se le hacen después de su mue e son de la misma na u aleza que los ibu- os, y el cumplimien o de sus manda os, cuya des- obediencia se ía obje o de cas igo , implica la su-- bo dinación ci il. Al mismo iempo , co no esos ac os es án des inados á ob ene el a o de un se epu ado sob ena u al, los homb es que los ealizan e is en un ca ác e casi eclesiás ico (1). (1) Responde, po o a pa e, la a i mación con enida en es e pá a o, á la idea gene al de la e olución de Spence , , en i ud de la cual se ma cha siemp e de lo inde e minado é incohe en e y homogéneo , á lo de e minado , cohe en e y he e ogéneo, me- dian e di e enciación con inua de unciones y especi icación in e- io de ó ganos. Pod ía hace se alguna obse ación, no al con- cep o gene al de la ley que la a i mación supone, sino á cie as a i maciones con enidas en el pá a o , ela i as al ca ác e p i- 101 POR H. SPENCER ) )1.1, sólo Ya, ) el de ,A o- 1 es )1í mi i amen e domés ico de las o endas al je e di un o; ¿ implica es o que p imi i amen e sólo había amilias cons i uidas? Tal pa- ece in e i se de lo que en el pá a o en cues ión dice, como del 603 que luego e emos. Pe o en onces, ¿no hay cie a con adicción con la a i mación, en i ud de la que «bajo el ipo pa ia cal en las p ime as épocas, los dominios domés ico, polí ico y eclesids- ico no es aban sepa ados»? En e ec o ; si sólo hay g upos ami- lia es, ¿cómo habla de dominio polí ico? Hacemos es a obse - ación, po que es hoy asun o deba ido el de sí puede concep- ua se la humanidad p oceden e de una amilia ó amilias p i- mi i as, siendo el Es ado apa ición social pos e io , ó bien hay que concebi la humanidad siemp e en un Es ado. Véase Gi aud Teulon, O igines du ma iage e de la lamine; S a cke, La Famille p imi i e; Sumne Maine , E udes su le d oi ancien , y o os.—(N. DEL T. es- Os E a e CAPíTULO V Sace docio del sobe ano_ § 602. Hemos is o en los capí ulos xi y x de la p ime a pa e ( . i) de los P incipios de sociología, que según la eo ía p imi i a de las cosas, es a ida y es e mundo es án en elación es echa con la o a ida y el o o mundo. Una de las conclusiones del capi ulo p eceden e , es la de que en las épocas p imi i as lo secula no se dis ingue de lo sag ado. Huc ad ie e que la eligión y la polí ica, «en los países del Asia o ien al, e an en o os iempos una sola y misma cosa , á c ee la adición... bá- base al impe io el nomb e de cielo, y al sobe ano se le llamaba dios (1) ». Los e íopes de la an igüe- dad no sepa aban los negocios de los mundos ma- e ial y espi i ual. Ve nos es o en la aducción de una insc ipción hecha po M. Maspe o , donde se desc ibe la elección de un ey po su pueblo. (1) Huc, ob. ci ,, i , 55. 104  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS «Cada cual (el ejé ci o eunido) dice á su compa- ñe o: «¡ es e dad! desde que el cielo es... desde que la co ona exis e... Ra ha decidido da le á su hijo amado, pa a que el ey sea una imagen de Ra en- e los i os. El mismo Ra , ¿no ha enido á es a ie a pa a que es e pais pudie a es a en paz ?» En onces cada cual dice á su compañe o : « Pe o Ra, ¿ no ha pa ido pa a el cielo , y no es á nues- o ono acío y sin ey?... » Y odo el ejé ci o llo aba diciendo : «Hay en e noso os un sobe a- no sin que lo conozcamos. » El ejé ci o acaba po en ende se pa a i al encuen o de Amen-Ra , el ey de Kouch, y pedi le un sobe ano pa a los e ío- pes que los i i ique. Amen-Ra eligió uno de los he manos eales. El nue o ey se p os e na an e Amen-Ra , ol a ea la ie a la go iempo... di- ciendo: «Ven á mi, Amen-Ra, seño de los onos de ambos mundos (1).» En e los an iguos pe u- ianos , « si los Es ados del ey no bas aban pa a a ende á las necesidades excesi as de una gue a, disponíase de los del sol que el Inca mi aba como suyos, oda ez que e a el hijo legí imo y el he e- de o de ese dios (2)». Cuando se c ee que el doble del mue o ol e- á pa a con inua el cu so de su ida, y que, po consiguien e, el hijo que iene la p opiedad de su pad e y que le o ece un cul o , no ob a más que á i ulo de delegado , es p eciso admi i como (1) Reco ds o he Pas , e c., , 73. (2) Ga cilasso de la Vega, y , 8. POR H. SPENCER  105 " 111,, K po , Ya po - L,a, el- le los a o di- )nos u- a a a, .120 co ola i o , que lo sag ado y lo p o ano pe ma- necen con undidos. En Nue a Caledonia encon- amos un ipo de la usión que esul a de es a supues a icege encia. «El ey Tui-Tokelau es g an sace do e...» «El dios se llama Tui-Tokelau ó ey de Tokelau (1).» § 603. Cuando la amilia , po i ud del c e- cimien o , se con ie e en g upo de amilias y acaba po se una aldea que comp ende á menudo los ex anje os a iliados , p oduce como conse- cuencia que el pa ia ca pie de su iple ca ác- e de je e domés ico, polí ico y eligioso (2), pe o conse a un doble papel: desempeña la unción de je e y sace do e. En odas pa es encon amos, en los p ime os pe íodos de la e olución social, es a elación de unciones , y la emos pe sis i du an e los pe iodos más mode nos. En las islas Tanna «el je e ob a como g an sa- ce do e (3)». Los eyes de Mangaia e an « los o a- do es y los sace do es de Rongo (4)». En e los na- (1) Tu ne : A ine een Yea s in Polynesia, 526. (2) Si el pa ia ca e a el je e de la amilia, ¿qué se debe en- ende po ca ác e polí ico? ¿Cómo puede pe de lo si no lo ie- ne? ¿Cómo puede ene lo si sólo hay una amilia y no una socie- dad polí ica, ya que pa a habe la iene que aspasa necesa ia- men e los lími es de la amilia? Dudas son es as que acaso se esuel en a i mando la simul aneidad en el o igen de la amilia y de la sociedad polí ica. En el mismo Spence ( omo iii de los P incipios de Sociología, Las ins i uciones polí icas) hay da os pa a sos ene es a solución.—(N. DEL T.) (3) Tu ne , ob. ci ., 88. (4) Re y . W. W. Gill: My hsand Songs om he Sou k Paci ic, 1870, 293. 106  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS u ales de Nue a Zelanda « las unciones de je e y de sace do e es aban de o dina io eunidas y e an he edi a ias (1)». El ey de Madagasca ... 4( es el g an sace do e del eino (2)». En las islas Sand- wich , « el ey se ocul aba en un educ o en e za zas pa a hace de o áculo (3)». El ey de la isla Humph ey «e a g an sace do e (4)». Lo mismo ocu ía en e los pueblos sal ajes de Amé ica. (Los je es de pueblos pa ecen se ambién g an- des sace do es (5)», dice Banc o . Ross y Hun - chinson nos dicen lo mismo , el p ime o espec o de los chinouks, y el segundo espec o de los indios de Boli ia. Análogas indicaciones se hacen ace ca de di e en es pueblos semici ilizados del pasado y de nues os días. Los pe sonajes á quienes la adi- ción a ibuye la undación de la ci ilización maya, eunían en su pe sona las cualidades de g an sace - do e y de ey (6)». En el an iguo Pe ú el Inca e a g an sace do e. « Como ep esen an e del sol, es aba á la cabeza del sace docio y p esidía las ies as eligiosas más impo an es (7)». El ey de Siam, esc ibe Thomson, «es el g an sace do e ambién (8)». C aw u d nos dice que el ey de (1) D . A. S. Thomson: His . o Neo Zealand, 1857, i, 114. (2) Ellis: His . o Madagasca , 1838, 1, 359. (3) Idem: Pollynesian Resea ches, 1829, 235. (4) Tu ne : Samoa a Hund ed Yea s ayo, 1884, 278. (5) Banc o : The na i e aces, e c., 1875, ni, 173. (6) Idem, ob. ci ., u, 647. (7) P esco : His . o Conques o Pe u, 11. (8) J. Thomson : The S ai s o Malacca:, Indo-China and China 1875 , 81., POR H. SPENCER  107 [ic o ' de -40 y II. espe los i u 311 ace o pasado: la ad 'n Inap 11 saca, el Inca del 51, día las °ey de I do e !e5 Ja a es «el p ime minis o de la eligión (1)». En China, las leyes i uales dan al empe ado pon í ice «el p i ilegio exclusi o de ado a al Se sup emo, y p ohiben á los súbdi os o ece los g andes sac i icios (2)». En el Japón , el mikado e a « el je e de la eligión nacional». La misma elación encon amos en los más an iguos documen os conocidos sob e los pueblos del iejo mundo. El ey de Egip o , je e de los sace do es , e a ep esen ado siemp e en los monumen os sac i i- cando á un dios. Al ey de Asi ia se le ep esen- aba en la misma ap i ud. Las insc ipciones nos enseñan que Tigla h-Pilese e a, «g an sace do e de Babilonia». Igualmen e , en los documen os he- b eos , emos que Da id o iciaba como sace do e. Lo mismo ocu ía en e los pueblos a ios de los p ime os iempos. En e los g iegos de Ho ne o «los je es desempeñaban en odas pa es sin acu- di á los sace do es » los ac os de de oción públi- ca. Los eyes de Espa a e an sace do es de Júpi- e y cob aban los de echos de los sace do es. De igual mane a , « en A enas , el a con e ey... com- p endía en sus unciones odo lo que co espondía á la eligión del Es ado. E a un e dade o ex sac o um (3)». Lo mismo ocu ía en e los oma- nos. Después de habe abolido la mona quía, los omanos designa on un « ex sac i iculus, pa a (1) C aw u d : His . o he lndian A chipielago, 1820,  , 15. (2) Medhu s : China i s S a e and P ospec s , 1838, 133. (3) P . Blackie: S o io Hellinice, 1874, 4..—G o e: His . de la G ece.—Mau y: His . des eligions de la G ece an ique, 1857, 182. ...; F. ^;^ ^.: ;,;:; CAPÍTULO VI Desen.- -ol inaie i o del sace docio_ § 606. Hemos no ado (§§ 480 y 504) (1) como hecho e iden e a p io i y comp obado en - odas pa es , que á medida que el e i o io de un je e aumen a, los negocios se acumulan ha l s a el pun o de impone el concu so de auxilia es , y hemos is o las consecuencias que de es o se desp enden con el hábi o de acudi ecuen emen e y po in de un modo pe manen e , á delegaciones de las unciones del je e , ales como las de gene al, juez, e c. , e c. En e las di e sas unciones dele- _  gadas con más ó menos ecuencia, se cuen a la del sace do e. La his o ia de los omanos, mues a que es a delegación se o igina en la g an can idad de ne- gocios ci iles y mili a es. Los eyes no siemp e podían ocupa se en los sac i icios. Numa, que (1) Véase el . III de los P inc. de soc. (N. DEL T.) 116  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS u o gue as muy ecuen es (po más que, según Ti o Li io, desempeñase po sí mismo la mayo pa e de los o icios sace do ales), «ins i uyó los lamines pa a eemplaza á los eyes cuando és os es aban ausen es »; po eso, añade Fus el de Cou- langes, puede a i ma se que « el sace docio o- mano ué sólo una emanación de la mona quía p imi i a (1)». Un pasaje de M. Mac Donald, e- la i o á los neg os de Blan y e, mues a cómo ese géne o de causas ob a en las sociedades sim- ples. «Si el je e, dice, es á ausen e, su muje ob a como sace do e, y si los dos es án ausen es, le sus i uye su he mano meno (2).» Es e ejemplo, omado de una sociedad sal aje donde las ela- ciones de la sang e del je e con el dios aún es án admi idas, nos p ueba, mejo aún que el de los omanos, el nacimien o no mal del sace docio. Aunque ahí el sace docio ep esen a i o del he mano meno es empo al, en o a pa e es pe - manen e. En e los na u ales de Nue a Zelanda, los je es son á menudo sace do es , pe o á menudo ambién el sace do e es el he mano del je e (3). En Méjico , en el eino de Acolhuacan y en el de Tlacupan, el g an sace do e e a, según cie os au o es, « siemp e el segundo hijo del ey (4)». Lo mismo ocu ía en el Pe ú; «había un g an sace - (1) Fus el de Coulanges: La ci é an ique, 237. (2) Du Mac Donald: A icana, I, 64. (3) Angas: Sa age. Li e and scenes in Aus alia and New Ze- land, 1847, 1, 247. (4) Cla ige o, I, 271. . n •••••• s, s / O los [OS 1,0 POR H. SPENCER  117 do e , que e a el ío ó el he mano del ey, ó po lo menos un miemb o au én ico de la amilia eal (1) ». Es e ejemplo hace e que cuando el je e, que aún eje ce la unción de sace do e en las g andes ocasiones, no ha delegado el suyo al he - mano meno , el o icio a, sin emba go, á manos de un pa ien e po la sang e. Así, en e los khon- dos, «las p ime as unciones ci iles y sace do ales, pa ecen habe es ado unidas en el p íncipe , ó po lo menos pa ecen habe es ado siemp e en pode de los miemb os de la amilia pa ia cal p incipal (2)». En Tahi i, donde el ey pe soni i- caba muchas eces el dios ecibiendo las o endas lle adas al emplo y las plega ias suplican es , y donde á más e a el sace do e de la nación « la más al a dignidad sace do al, poseíala á menudo algún miemb o de la amilia einan e (3)». Dupuy nos dice que «uno de los sace do es de los achan is pe enecía á la p opia amilia del ey (4) ». En e los mayas de Amé ica, «los g andes sace do es e an miemb os de las amilias eales (5)». Po in, en el an iguo Egip o exis ía una elación análoga. El mismo ey e a g an sace do e, y e a na u al que en e el sace docio hubie a algún miemb o pe enecien e á la amilia del ey. En e los g an- a (1) Ga cilasso de la Vega, lib. n, cap. 1x. (2) Macphe son: Repo upan he Khonds o Gau ani and Cal- cu a, 1842, 30. (3) Ellis: Pollynesian Resea ches, u, 208. (4) Jon. Dupuy: Jou nal o a Residence in Ashan ee, 1824, 268. (5) Banc o : The na i a Races, e c., u, 648. I ca cc ca ho 10 105 me je e el a de s A.un gue S6 118  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS des sace do es de Ph ah, dice B ugsch, «había p íncipes de sang e eal (1)». Como ejemplo , po- demos ci a el p íncipe Khamus, el hijo a o i o de Ramsés II. En cie os casos desempeña las unciones sa- ce do ales del je e una muje de su amilia. En e los dama as, la hija del je e es sace do isa : « debe ocupa se con los sac i icios y cuida del uego sa- g ado (2)». En ocasiones dadas, en el Dahomey se hacen sac i icios en la umba (p obablemen e en la del ey), y se hacen «po una sace do isa de san- g e eal, pues ella es quien dedica la o ación ó uega al espí i u (3) ». Lo mismo ocu e en el Pe ú, donde una g an sace do isa escogida de en- e las í genes del sol y conside ada como su p incipal esposa, « e a, bien la he mana, bien la hija del sobe ano (4)». El uso igen e en e los chibchas, según el cual en e los sace do es, «como en e los caciques, he edaba el hijo de la he ma- na (5)», nos indica que o os usos análogos e an la consecuencia de la iliación en línea emenina. En e los dama as es a ley de iliación hállase o- da ía en igo , einando en o o iempo en e los pe u ianos. La al a posición que ocupan en poli i- ca las muje es en el Dahomey , lle a á pensa que semejan e ley impe aba ambién en ese país. T o- (1) B ugsch Bey: His . d'Rgyp e, 1, 46. (2) Ande son: The Lake n'ami, 223. (3) Bu on: Misssion o Gele e,  193. (4) Molina: Fables e Ri es des Incas, 24. (5) Simon: No icias his o iales, 247. POR H. SPENCER  119 ° dÑ Kci N I 4, 3 1 0 1;:, e sz, oiú do el. DIO ion 1, o o. 3P 11 110 pezamos además con o a azón pa a c ee en el hecho de que en el Dahomey y en Pe ú la o gani- zación sace do al admi ía á las unciones de sa- ce do es á muchas muje es, y que en Madagasca , donde la iliación legal sigue la linea emenina, hay sace do isas. E iden emen e , el paso de la iliación emenina á la masculina , ó bien la mezcla de dos pueblos que espec i amen e obedezcan á cada una de esas leyes, p o oca án anomalías como , po ejemplo , las que obse amos en e los ca ens , donde los sace do es de las aldeas son homb es , pe o donde el cul o domés ico de los an epasados « exige que el o icio sace do al es é desempeñado po la muje de más edad de la a- milia (1)». La delegación de las unciones sace do ales en los miemb os de la amilia einan e , habi ual en los p ime os iempos , puede conside a se como el medio no mal de di e enciación en e el papel del je e y el de sace do e, po cuan o que siendo . el dios, el an epasado di inizado , los sac i icios no cesan de se sac i icios o ecidos po los descendien es. Aun en el caso en que la iliación no es eal ó en que se ha dejado de c ee en ella , oda ía se la a i ma, cual po ejemplo en Egip o , donde el ey se decía o dina iamen e pa ien e de un dios , y donde, po ía de consecuencia los miemb os de su amilia se suponían descendien es de un dios. § 607. Aunque al es el o igen o dina io del (1) Jou nal o he Asia ic Socie y o Bengal, xxxi , 266. 120  LAS INSTITUCIONES EGLESLISTICA.S sace docio, hay o os oda ía. En un capi ulo p e- ceden e, hemos is o que al p incipio no exis ía dis inción alguna cla a y ija en e el hechice o y el sace do e. El p ime o, an es que solici a el a- o de los espí i us , los espan a ; el segundo los a a como amigos más que como enemigos; pe o emos á menudo que los papeles cambian. El sace - do e hace á eces de exo cis a, y el hechice o a a de aplaca los espí i us, como, po ejemplo, el he- chice o de que hemos hablado en el § 584. En e los os yakes , los chamanes , que son hechice os, se ían ambién «de in e media ios en e el pueblo y sus dioses (1)». El papel de un hechice o con- sis e « en exo ciza á los espí i us malignos y en in e p e a los deseos del e iche , hace cae la llu ia, e c. (2)». Los mismos homb es que en e los koukis ienen po unción aplaca al dios i i- ado y au o de una en e medad, suelen se c i- icados , po que supone que abusan «del in lujo que poseen sob e los agen es sob ena u ales (3) ». Es o nos indica que el sace docio puede segu a- men e p o eni de o o o igen. En el caso en que el hechice o se supone que ob iene pa a la ibu cie as en ajas po la au o- idad que eje ce sob e el iempo median e los se es sob ena u ales , es cuando más especialmen e pa - icipa aquél del ca ác e sace do al. Samuel, juez (1) E man: T a els in Sibe ia, adución inglesa, i , 44. (2) Cap. J. Fo sy h: Eighlands o Cen al India, 1871, 142. (3) Jou nal o he Asia ical Socie y o Bengal, cxi , 630. del' , P4° ce o (0. pc i d i s d POR H. SPENCER  121 al 111 1„1. -z o, Eb, hice o o c,:/, cae le II iOS de Is ael, o ecía sac i icios á Jeho á como sace - do e, y al p opio iempo mandaba en el iempo po su in luencia ce ca de Jeho á , uniendo así los es papeles de je e polí ico, de sace do e y de hechi- ce o. Es e ejemplo nos hace e que puede p odu- ci se en o os casos una unión de o o géne o. En e los obos , el je e hace llo e . Sechele, ey de los bechuanos , p ac ica la magia sob e el iem- po (1). Es os hechos con i man lo que hemos dicho más a iba (§ 474) (2), á sabe : que una p e en- dida in luencia sob e los se es sob ena u ales o i- ica el b azo del je e polí ico, y además nos mues- an que los je es en ap i ud de ob ene de es os se es sob ena u ales a o es pa a la sociedad, cum- plen po al modo el o icio sace do al. En o os casos, se e o ma se en una ibu un cul o de pe sonajes di inizados , no ligados con el je e dios , sino que po al ó cual mo i o han dejado una epu ación ene ada. Hislop nos dice que un gondo, el cual se jac aba de ene un pode ma a illoso , y que había « ele ado un mon ículo sag ado á los manes de su pad e, do ado en su iem: po de un modo análogo , se ap o echaba del es- pe o sen ido hacia aquel luga pa a saca dine o á la eina, á quien engañaba (3)», y gas aba una pa e de su dine o en dedica sac i icios « á su an epasa- (1) Holub: Se en Yea s in Sou h Á ica, aducción inglesa, 1881, 1, 324. (2) Véase el omo üi de los P incip. de Sociología. (3) Hislop : Abo iginal T ibus o he Cen al P o inces, 19. 122  LAS INSTITUCIONE S ECLESIÁSTICAS sado di inizado», u ilizando pa a sí el es o. Po in, si A. Lyell , en sus Asia ic s udies , o ece a ios ejemplos de o igen espo ádico de nue as di inidades, cada una de las cuales daba ma gen á un sace docio. De odo lo expues o puede eni se á la conclu- sión de que en los p ime os iempos, los homb es no p o inien es de un an epasado del je e, adquie- en á eces papeles casi sace do ales , llegando en ocasiones á suplan a á los sace do es de o igen no mal. Es a usu pacion p oduci áse, sob e odo, p obablemen e en los paises en que , po e ec o de la emig ación ó de la gue a, exis en pa es de la sociedad que no ienen descendien es del dios adicional. § 608. En una sociedad cuyo undado mue - o ha llegado á se la di inidad local, á la cual sus descendien es , según el o den del mayo ó meno pa en esco con él , le di ijan súplicas y de- diquen sac i icios y que si a de mediado á las demás amilias dedicadas cada una al cul o de sus an epasados , el sace docio no se desen ol e á mien as es a sociedad no se di ida. Pe o inme- dia amen e después que el aumen o del núme o de sus an epasados hace necesa ia la sepa ación, p odúcese una di e enciación nue a. Un pasaje de Ande son sob e los dama as nos hace e muy bien cómo es a di e enciación se p oduce: «Dase un poco del uego sag ado al que manda el k aal cuando se halla á pun o de sepa a se del je e. Los debe es de es al incumben en onces á la hija del lo do ., o POR H. SPENCER  123 emig a n e ( 1 )» . Sin duda alguna , cuando un je e mue o ó cualquie a o o miemb o emine - e ha llegado á se un dios adicional , an eco- nocido que es á p esc i o di igi le ac os de p o- piciación, la pa e emig an e de la ibu, al lle- a consigo su cul o, iene que p ocu a se una pe sona que cumpla con los i os. Lo p obable es que la pa e sepa ada de la ibu enga homb es pa ien es del je e, y po an o descendien es di- ec os ó cola e ales del dios al cual se di ige el cul o, y que la unción de sace do e se e o aiga á uno de ellos, po que sea de más edad y po que sea el más p óximo pa ien e del dios. Como las azones que de e minan esa elección ienden am- bién á de e mina la he encia de la unción , se comp ende la génesis de una cas a sace do al. Un pasaje de Hislop a oja alguna luz sob e es e pun o. Aunque los gondos no engan sace do es, nos dice, hay en e ellos «homb es que, en i ud de supues os pode es supe io es ó de su elación he edi a ia con cie o luga sag ado , se epu an con i ulo he edi a io pa a oma la di ección del cul o (2) ». En e los san ales emos la ma cha seguida po ese cambio. «Dos de las ibus, dice Hun e , es án consag adas más especialmen e á la eligión y p opo cionan la g an mayo ía de sa- ce do es. Una de ellas ep esen a la eligión de Es ado undada sob e la base de la amilia y ad- (1) Ande son: Tke Lake Ngami, 224. (2) Hislop: Se en T ibus, e c., 19. 130  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS uyen los cul os de los pueblos conquis ados : ya impo en sus p opios cul os , ese ándoselos pa a sí exclusi amen e, ya admi an en ellos á los en- cidos , la di e sidad de sace do es aumen a en ambos casos. La pe sis encia de los cul os de o i- gen pelásgico en medio de los cul os g iegos , nos o ece un ejemplo en la Eu opa p imi i a; los o- manos nos p esen an uno más mode no. «Es ado conquis ado , Roma, no cesaba de abso be las eligiones de las ibus que some ía. Cuando los omanos asal aban una ciudad, enían po cos um- b e e oca solemnemen e á los dioses que esidían en ella (1).» La misma ma cha se obse a ambién en e las an iguas sociedades ame icanas. «Los g andes sace do es de Méjico e an los je es de su eligión sólo pa a los mejicanos, y no pa a las naciones some idas ; és as... conse aban sus sa- ce do es independien es (2).» En el Pe ú ocu ía cosa análoga. «Los incas no despoja on á los je es de su au o idad, pe o sus delegados i ían en los alles , y los indígenas debían ado a al sol. Pa a es o edi icábaseles un emplo donde las í genes y los sace do es ijaban su esidencia pa a celeb a las ies as. Pe o aunque ese emplo del sol u ie- a p eeminencias espec o de los demás , los na u- ales no cesa on de celeb a su cul o en su an i- guo emplo de Chinchaycama (3).» (1) Seeley: Ti e-Li e, Li, 73. (2) Cla ige o: His . du Mexique, I, 271. (3) Cieza de Leon ( ackluy Socie y), 1864, 262. üs 1,L ya; 1 so 11. le 'a ul, nas, 1 , 1'2; 3 311 sus:. o'Jz POR H. SPENCER  131 T es causas adicionales , si bien menos impo - an es, pueden ci a se de complicación del desen- ol imien o de las ins i uciones eclesiás icas. La epu ación de las di inidades locales se p opaga; edi ícaseles emplos en los paises á los cuales son ex añas: he ahí una de esas causas. De ella ene- mos un excelen e ejemplo en el cul o de Esculapio. Esculapio no e a al p incipio más que un an epasado local y un hechice o: su cul o nació en Pé gamo, pe o á medida que el an epasado se uel e dios, su cul o se p opagó en O ien e y en Occiden e, y, po úl imo, se es ableció en Roma. O a causa, de que el an iguo Egip o o ece un buen ejemplo, es la di- inización de pe sonajes po en es que ins i uyen los sace do es pa a se i su espí i u. La e ce a, es la apo eosis acciden al de aquellos que po cualquie azón hie en la imaginación popula . Es a causa es á aún en acción en la India. Si Al edo Lyall nos da ejemplos de ella en sus Es udios Asiá icos. § 611. No pocos piensan que es una cosa ex- ao dina ia la p oducción ecuen e de nue os cul os y la exis encia simul ánea pe sis en e de a ios cul os en posesión cada cual de su sace do- cio: aho a e emos que es po el con a io muy no mal. Los au o es que ecu en pa a explica los an iguos usos á las ideas mode nas, comen an la ole ancia de los omanos y su espe o hacia las eligiones de los pueblos encidos. Pe o desde su pun o de is a, ya que no del nues o , e a muy na u al que a asen de esa sue e á los dioses y sa- ce do es locales. Si el cul o de los an epasados es un 132  LAS INSTITUCCIONES ECLESIÁSTICAS onco de donde b o an po odas pa es las amas de los cul os de pe sonajes undado es de ibus ó an- epasados de oda una aza local , es lógico que el conquis ado econozca los cul os locales de los encidos al p opio iempo que in oduce el suyo. La consecuencia que se debe saca de la c eencia. uni e salmen e admi ida, es que los dioses de los encidos son an eales como los de los en- cedo es. Puede es o explica se de a ias mane as. O di- na iamen e, en el mundo an iguo los conquis ado es y undado es de ciudades omaban medidas p opi- cia o ias con elación á los dioses locales. Todo cuan o de los mismos sabia , les lle aba á c ee que esos dioses e an po en es en sus localidades espec i as, y podían hace daño si se dejaba de di igi les uegos y de dedica les acciones de g a- cias. Sin duda po es o es po lo que el egipcio Nekos hacía sac i icios á Apolo con ocasión de su ic o ia sob e Josia, ey de Judea (1). Po es o am- bién, y oma emos un ejemplo no lejano, los incas del Pe ú, aunque ado ado es del sol, hacían, sin em- ba go, sac i icios á los di e sos huacas de los pue- blos conquis ados, «po que emían que si omi ían á cualquie a de ellos, se podía encole iza y cas- iga al inca (2)». Lo que pe mi e la coexis encia de cul os di e- en es en cie os casos, es la c eencia de que mien- (1) G o e: His . de la G ece in, 438. (2) Molina: An Accoun o he abies and Ri es o he Yneas, POR H. SPENGER  133 as el homenaje de odo homb á á uno ó a ios dioses pa icula es es pa a él una obligación, no es á obligado ó no es á au o izado á ado a los dioses de sus conciudadanos p o inien es de o o o igen. Así, en la p imi i a G ecia, «la usión de di e sas o mas de cul o hizo de A enas una capi- • al y del A ica un país uni icado. Pe o... Apolo no po eso dejaba de se el dios de la nobleza y su eligión una línea de sepa ación... Solón cambia- ba odo eso... Todo a eniense u o en adelan- e el de echo y el debe de dedica sac i icios á Apolo (1)». Todos esos hechos hacen e bien cla amen e que no sólo la génesis del poli eísmo, sino su la ga du ación y el e ec o que esul a de la pe sis encia de los sace docios consag ados á di e en es dioses, son consecuencia del cul o á los an epasados p i- mi i os. § 612. Aun cuando en los p ime os iempos del poli eísmo no se e que un cul o haga abie - amen e un es ue zo pa a subyuga á o o, no po eso deja de p oduci se en e los cul os una i alidad que es el p ime paso hacia el some i- mien o. Un sen imien o análogo á aquel que á eces se e mani es a se en los niños cuando se jac an de la ue za espec i a de sus pad es, lle a á los hom- b es de los p ime os iempos á exage a el pode de sus an epasados compa ado con el de los an epa- (1) Cu ius: Hisl. de la G ece, , 323. 134  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS sados de los demás: de ahí segu amen e las dispu- as sob e el alo ela i o de los an epasados di- inizados de sus ibus. Encuén ase un ejemplo de es e es ado de cosas en las islas Fidji, en el momen- o en que los misione os hicie on po p ime a ez su desc ipción: «cada can ón comba ía po la supe io- idad de su p opio dios (1) ». Es e iden e que los heb eos c eían implíci amen e, en oposición con sus ecinos, que su dios e a el más g ande. No negaban la exis encia de o os dioses ; a i maban la supe io idad del suyo. En la misma G ecia , la i alidad eligiosa en e las ciudades y el deseo de exci a la en idia po el m'ime o de los ieles que acudían á sac i ica á sus dioses espec i os, deno an una lucha en e los cul os, lucha que con- duce á la desigualdad. Análogas causas á las que p oduje on la sup emacía de las ies as de Olimpia sob e las que se dedicaban en o as pa es , enían como e ec o da á cie os dioses y á sus minis os un es ado supe io al de los demás. La eligión es9 en su p ime a o ma , la exp esión del homenaje,. debido p ime amen e al pa ia ca i o ó al hé oe conquis ado , y más a de á su espí i u. Es p eciso, pues, espe a que las causas que modi ican el g ado y la ex ensión del homenaje al je e du an- e su ida, modi iquen el g ado y la ex ensión del homenaje á su espí i u después de mue o. El lazo es echo que une los dos géne os de idelidad, ese bien en hechos ales co no el ma imonio en e (1) Willians: Fiji and he Pi ian:. Mb_ POR H. SPENCER  .133 los san ales, donde la desposada debe abandona su clan y sus dioses po los del ma ido. Reco demos sino, la p esen ación de Noemi á Ru h: «Tu he - mano ha uel o á su pueblo y á sus dioses»; y la espues a de Ru h: « u pueblo se á mi pueblo y u dios se á mi dios». Comp endido es o, se e cómo acaece po con- secuencia na u al, que, al modo de los súbdi os de un je e i o, los cuales, descon en os de su au o idad, le abandonan pa a some e se á un je e ecino (452) en un pueblo poli eís a, es e ó el o o mo i o de e mina la diminución del nú- me o de ieles del emplo de un dios y el aumen o de ieles del emplo de o o. El sal aje, descon- en o po que sus ídolos no le conceden lo que les pide, les pega: o as causas análogas de des- con en o lle an al homb e algo más ci ilizado á aleja se de un dios que se mues a so do á sus uegos, y á di igi se á o o de quien espe a mayo a ención. En nues os días mismos, la co ien e de pe eg inos hacia Lou des mues a cómo la p o- pagación de una c eencia en un supues o milag o, puede o igina un nue o cul o ó p i a de ida á un cul o an iguo. Ocu e con los dioses como con los san os: es ablécese en e los mismos di e si- dad de g ados. A eces las in luencias polí icas p o ocan la ele ación de cul os sob e los demás. «O o cul o eligioso, dice Cu ius, que a o ecie- on los i anos , ué el de Baco. En odas pa ees encon amos ese dios de los campesinos en oposi- ción con los dioses de las casas nobles, siendo a- 136  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS ado con a o po cuan os je es quisie on acaba con el pode de la a is oc acia (1).» A lo que p incipalmen e se deben las desigual- dades del pode a ibuido á los dioses , cuando exis en a ios en el mismo pueblo , es á las con- quis as. El mili a ismo , uen e de la je a quía de angos en e los i os, es ambién una causa de la je a quía de los mue os di inizados. Todas las mi- ologías nos hablan de las ic o ias conseguidas po los dioses; odas hablan de comba es en e los dioses mismos y nos ep esen an el p incipal dios como el que ha adqui ido el p ime pues o po la ue za. Tales son p ecisamen e los asgos de un pan eón, esul ado de la apo eosis de in asiones ic o iosas y de las usu paciones ealizadas de iempo en iempo po sus je es. E iden emen e, el some imien o de un pueblo po o o , y lo que es su consecuencia , la ele ación de un pan eón po encima de o o, debió se una causa p incipal de la di e encia en e los pode es de los dioses mayo es y los de los dioses meno es , y de la di e encia en la impo ancia de sus cul os y de sus sace docios espec i os. § 613. Bajo el in lujo de ci cuns ancias a o- ables, p odújose al in un mo imien o hacia el mono eísmo. Ve dad es que puede exis i du an e la go iempo en el espí i u de un pueblo poli eís a una lucha llena de icisi udes en e las c eencias ela i as á los pode es espec i os de esos dioses. (1) Max Mulle : His . o Anca Sansk i o Liie a u , 1859,533. POR H. SPENCER 137 En e los a ios, dice el p o eso Max Mulle , , « en- con a ánse ácilmen e enlos nume osos himnos de los Vedas , pasajes donde cada uno de los dioses, omado po si solo, es conside ado como sup emo y absolu o... Agni se llama el sobe ano del uni e so... Ind a es glo i icado como el dios más ue e... y el es ibillo de uno de los can os... es... Ind a el más g ande que odos... Dicese de Soma que es encedo de odo el mundo (1) ». Lo mismo pasa con los dio- ses egipcios. El lenguaje hipe bólico de los ieles a ibuye ya á uno ya á o o, y á eces al ey i o, una g andeza an ascenden al , que no sólo exis en po su olun ad odas las demás cosas, sino odos los dioses. El papel de ese «pad e de los dioses y de los homb es», oma, po úl imo, cue po en el espí i u de los c eyen es. Si es un usu pado quien se apo- de a de su papel , la endencia hacia el mono eísmo no po eso se e des iada : an es po el con a io, esul a la idea de una di inidad más po en e que aquella en que an es se c eía. En la his o ia de los an iguos pe u ianos, emos cómo una ez admi ida la idea de la supe io idad de una aza conquis a- do a, y, po consiguien e, la de la supe io idad de sus dioses, amino an los dioses de los enci- dos. Cuén ase, dice Ga cilasso de la Vega, que las ibus indias se habían some ido á los incas po admi ación hacia su ci ilización supe io ; y una de las consecuencias de es a sumisión e a la adhe- (1) Cu ius: His . d.‘; la G ece, 1, 369. 138  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS Sión al cul o de los incas (1). Los mismos incas no p ocedie on de o o modo. «Cuando ie on á los españoles, dice 1-Te e a, hace los a cos cimb a- dos y e i a las cimb as cuando el puen e es u o concluido, huye on c eyendo que el puen e iba á eni se abajo ; pe o cuando obse a on que el puen e pe manecía de echo y que los españoles pasaban po él, un cacique exclamaba que e a jus o se i les pues o que e an los hijos del sol (2).» Es a esolución, sin duda , los impulsaba á acep a las c eencias y el cul o de los españoles. Tales conquis as men ales, epe idas con ecuen- cia en la e olución de las sociedades , p oducen la abso ción de los agen es sob ena u ales, locales é in e io es , po los agen es sob ena u ales más g andes y más gene ales. Fa o ece es a abso ción sob e odo una ci - cuns ancia. Cuando un dios , conocido en ida po su pasión de conquis a á los o os pueblos , ha de- jado á su mue e su ob a po e mina , hay un medio de gana su a o ; es és e ex ende sus domi- nios. Así ocu ía con el dios asi io Assu (§ 600), y con el mismo Jeho á, dios de los heb eos, según a es igua el Deu e onomio (xx, 10-18) : «Cuando e ace cas á una ciudad pa a comba i la, le o e- ce•ás la paz. Si e esponde con la paz y e ab e sus pue as, odo el pueblo que en ella se encuen- e se á u ibu a io y e se i á. Mas si no a a (I) Ga cilasso de la Vega , lib. In, cap. VIII. (2) He e a, DT, 433. POR H. SPENCER  139 con igo, sino que hace la gue a con a i, en on- ces la si ia ás. Y cuando el E e no, u Dios , la haya en egado á us manos , ha ás pasa á cuchi- llo á odos los a ones... Pe o ú no deja ás con ida á nadie que sea de las ciudades de esos pue- blos que el E e no u Dios e da en he encia , ú no deja ás de des ui las.» Desde el p incipio e- mos que odos los se es sob ena u ales en gene al, desde el espí i u de un mue o ulga , ienen po a ibu o los celos. C éese que los espí i us á los cuales no se ha dedicado sac i icios , son malos y capaces de enga se de los supe i ien es : los dioses cuyas umbas han sido abandonadas, y cuyas ies as no eunen las o endas con enien es, se suponen i i ados y au o es de desas es (1); (1) Después de odo, no hemos cambiado an o, á pesa de la di e encia de épocas, en e aquella á que se e ie e Spence y la p esen e. Sea como pe sis encia de ese modo p imi i o de con- cebi la di inidad, sea po que así lo equie a la humana na u a- leza, lo cie o es que esas p e e encias , esas dispu as , esos emo- es, en in, odas las elaciones señaladas en el ex o espec o de los dioses, pueden señala se en nues os iempos espec o de los san os. Si se examina a, cien í icamen e, sin apasionamien os inopo unos, el modo de en ende el ulgo las elaciones eligio- sas y la mane a de e ela se en el ulgo el sen imien o de lo di ino, e íase que no hemos p og esado an o, y que ac ual- men e se pueden indica las mismas concepciones limi adas de lo que es Dios, ó de lo que es el pode di ino. Y es que la eli- gión, como elación de la c ia u a con lo in ini o, lo descono- cido, Dios, en suma, es un sen imien o delicado, que se puede señala en las mul i udes, como esul an e g andioso de un im- pulso gene al, y que indi idualmen e equie e cie a acul ad sup ema, ele adísima, cie a ap i ud excepcional, como la que el a is a iene, como la del cien í ico pa a su ob a de in es- igación desin e esada... ¡Cuán pocos homb es eligiosos, e da- 140  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS ab aza ía más p on o el c is ianismo » si « eía á C is o y á los má i es ado ados á la mane a de los an iguos dioses (1)». Sea de ello lo que ue e, los hechos mues an que el mono eísmo y las ins i u- ciones sace do ales que le son p opias nunca lle- ga on á se comple as. (1) Mosheim: His . eclesias ique , 1, 283. CAPÍTULO VIII Je a quías eclesiás icas_ § 616. Las ins i uciones de cada sociedad p e- sen an habi ualmen e ca ac e es análogos de es- uc u a. Cuando la o ganización polí ica es á poco desen uel a, la o ganización eclesiás ica ampoco lo es á; po el con a io, al lado de un gobie no ci il coe ci i o cen alizado exis e un gobie no eligioso no menos cen alizado y coe ci- i o. Los cambios e ec uados po las e oluciones en el es ado polí ico y po las sus i uciones de c eencias en el dominio eligioso, no con adicen nues a p oposición. Desde el momen o en que el equilib io se es ablece , la alianza se es au a en- e ambos gobie nos. An es de abo da el asun o de las je a quías eclesiás icas conside adas en sí mismas, examina e- mos de una mane a más especi ica cómo esas dos o ganizaciones, p imi i amen e idén icas, conse - 148  LAS INSTITUCIONES EcunslÁsTuas an la go iempo el ca ác e común que de su o i- gen común se desp ende. 617. Esa elación sa exp esa p imi i amen- e po hechos donde se e las ins i uciones ci iles no eguladas, al lado de ins i uciones eligiosas no eguladas. Los na as, de que nos hablan S ewa y Bu le , «no ienen ninguna especie de gobie no in e io (1)» y no ienen ningún sace docio apa- en e: desdeñosos con oda au o idad humana, mues an muy poco espe o po los dioses, á quie- nes si en po segui la moda; a an es as gen es los se es del mundo de los espí i us con la misma i e e encia que á los i os. Schoolc a dice que en e los comanches «la au o idad de los je es es más nominal que eal»; pe o dice además, que «no ha is o en e ellos o den alguno de sace do es, y que la au o idad eclesiás ica única que econocen eside en sus je es mismos (2)». Sin duda, á al a de una au o idad polí ica es ablecida , no puede habe el je e cuya mue e p o oque la apo eosis: no hay, po an o , pues o pa a un p opiciado o icial. Ambas au o idades adquie en su o ma inicial cuando el ipo pa ia cal se o ganiza. Si , en los p imi i os iempos, el pad e , como ie e de ami- lia, hace las o endas al espí i u del an epasado; si el je e de clan, ó el je e de aldea, como je e (1) Jou nal o he Asia ic Socie y o Bengal, xxi , 608.—Ma- yo Bu le : T a els and Ad en u es, in Assam, 1885, 150. (2) Schoolc a , ob. ci ., 1, 231, 247. N• 0 POR H. SPENCER  149 polí ico, ado a el espí i u del je e mue o en nom- b e de odos como en el p opio , es e iden e que la o ganización eclesiás ica y polí ica, son al p in- cipio una sola y misma cosa ; el hechice o , se- gún hemos is o , no es un sace do e p opiamen e dicho. Cuando, po ejemplo , se nos dice qüe, en- e los esla os o ien ales, «el uso consis ía en que el je e de la amilia ó ibu o eciese los sac i- icios en nomb e de odos bajo un á bol (1)», iene á indicá senos que las unciones ci iles y eligiosas, así como sus agen es, se hallan en un p incipio con undidas. Aun cuando es é cons i uido algo que á sace docio se pa ezca, si exis e al p opio iempo en una unción gube namen al, los sace - do es no se dis inguen de los demás , y no poseen un pode que exclusi amen e les pe enezca: así, enemos los bodos y los dhimales, cuyas aldeas ienen je es que poseen una au o idad gene al, más bien consen ida que impues a, y en la cual los ancianos «pa icipan de las unciones de los sace do es (2)». Los hábi os y cos umb es nóma- das, que impiden el desen ol imien o de una o - ganización polí ica, impiden ambién el de un sa- ce docio , aun cuando los sace do es se dis ingan ya po su unción p opia. En e los á abes p imi- i os , dice Tiele , «los san ua ios de los di e sos espí i us y e iches ienen sus minis os he edi a- (1) Tiele: Ou lines o he is . o A7 cien Religion o he Sp ead o he uni e sal Rel'ig. T ad. Ca pen e , 1837, 188. (2) Hodgson: Xocch Bodo and Dhiwals T ibus, 1847, 159.— ou nal o he Asia ie Socie y o Ben y al, i in, 721. 150  LAS INSTITUCIoNES T ,C,I,EsLks•wAs eos p opios, que, sin emba go, no o man u bk cas a sace do al (1)». De igual sue e, si las con- diciones ma e iales del luga y los ca ac e es del ocupan e no pe mi en á los pequeños g upos un- di se pa a o ma los g andes, esos g upos con- se an, con la sencillez de la es uc u a polí ica, la sencillez de la eclesiás ica. En e los g iegos, po ejemplo, según ad ie e M . Glads one, el sa- ce do e no e a nunca un «pe sonaje impo an e», y «el sace do e de un emplo de una di inidad , no se unía con lazo alguno o gánico á o o sace do e de o a; po lo que si puede deci se que había sa- ce do es , no puede deci se que hubie a un cle- o (2)». Recíp ocamen e, al mismo iempo que se desen- uel e el gobie no ci il, po e ec o de la in eg a- ción, se desen uel e el gobie no eclesiás ico (3). En la Polinesia, enemos un ejemplo en Tahi i. Al lado de una je a quía donde se eía un ey, una nobleza, p opie a ios e i o iales y un pue- blo , o má onse los angos en e los sace do es„ cada uno de los que eje cía una unción según su an- go ; «los sace do es de los emplos nacionales o - maban una clase dis in a (4)». En el Dahomey y en e los acban is , al lado de un gobie no despó- ico y de una o ganización ci il di idida en g an (1) Tiele, ob. ci ., 64. (2) Glads one: Ju en us mundi, 181. (3) Po la ley de e olución que Spence desen uel e aquí, la in eg ación supone un aumen o de olumen en la masa, una co- he encia mayo en e sus elemen os.—(N. DEL T). (4) Ellis: Polynesian Resea ehes, i , 208. POR H. SPENCER  151 núme o de g ados , hay o denes de sace do es y sace do isas di ididos en a ias clases. En los an- iguos Es ados de Amé ica, ambién encon amos hechos análogos. A sus sis emas polí icos cen a- lizados y con je a quías , únense los sis emas eclesiás icos análogos po la complicación y su- bo dinación. No es necesa io que en emos en de- alles pa a hace e que, en las sociedades a an- zadas , hay algo que se pa ece á un pa alelismo en e el desen ol imien o de las unciones de go- bie no ci il y las de gobie no eligioso. Pa a e i a cualquie e o añadi emos que el es ablecimien o de una o ganización eclesiás ica, apa e de la o ganización polí ica , pe o de una es uc u a análoga, pa ece habe sido de e mina- do en g an pa e po la o mación de una sepa- ación adical en la concepción de los negócios de es e mundo y de los del o o que se supone. Cuando se c ee que esos dos ó denes de asun os es an unidos sin solución de con inuidad ó en e- lación in ima, las o ganizaciones ap opiadas á sus adminis aciones espec i as pe manecen idén i- cas , ó bien sólo se dis inguend e modo impe ec o. En el an iguo Egip o, donde los lazos supues os en e los mue os y los i os e an muy es echos, y donde la unión de las unciones ci iles y de las unciones eligiosas en la pe sona del ey e a eal, «gobe naba cada ciudad un g an sace do e odea- do de un cle o nume oso (1)». En el Japón , « ie- (1) Sha pe: His . o Egyp , 3. a ed., 1852, I, 11. 152  LAS INSTITUGioNES EGLES1 ÁsTICAS a de los se es sob ena u ales  eino de los es- pí i us», donde se c ee que el mikado iene el pode de ele a á los mue os á un ango supe io en la o a ida (§ 347), sabemos que el mikado enía en su co e seis angos eclesiás icos, y que las unciones sag adas y ci iles es aban al p inci- pio con undidas. «En e los an iguos japoneses, dice G i is, el gobie no y la eligión e an una cosa misma (1).» De modo análogo, en China, donde las cosas del cielo y las de la ie a es án an poco sepa adas en las c eencias y some idas á una misma au o idad, las unciones de la eligión o icial hállanse con iadas á homb es que son al p opio iempo adminis ado es ci iles. No solamen- e el empe ado es el sobe ano pon í ice, sino que los cua o p ime os minis os «son seño es espi i- uales y empo ales (2)». Si , como dice Tiele, «lo que hay de no able en e los chinos es la al a comple a de oda cas a sace do al (3) » , p o iene es o de que su cul o á los an epasados, uni e sal y i o, les ha pe mi ido con inua comp endiendo los debe es del sace do e en los del je e polí ico, con usión que nos p esen a el p eci ado cul o en su o ma más simple. 618. La semejanza que exis e en e las o - ganizaciones polí ica y eclesiás ica en los paises donde es án sepa adas , explicase en g an pa e (1) G i is: The Mikado Empi e. Nue a Yo k, 1876, 99. (2) Guz la : China Opened, u, 331. (3) Tiele: ob. ci ., 29. POR H. SPENGER  153 po que ienen su o igen común en el sen imien o del espe o. La obediencia p on a á un. je e e e- nal, no se mani ies a sin la p on a obediencia á un supues o je e celes ial; y la na u aleza, que a o- ece el desen ol imien o de la adminis ación que la una impone, a o ece ambién el de la adminis- ación que impone la o a. Las an iguas sociedades ame icanas si en de ejemplo pa a es a elación. En Méjico , al lado de un «despo ismo odioso» y de una sumisión abso- lu a del pueblo , que hace p obable una o ganiza- ción gube namen al ami icada has a el pun o de que exis ía un sub-sobe ano pa a cada g upo de ein e amilias , había un cle o muy complicado. To quemada es ima en 40.000 el núme o de los emplos de ese país, y Cla ige o piensa que al ci- a es in e io á la e dad. «No es eme a io, dice es e úl imo, a i ma que haya lo menos un millón de sace do es en odo el impe io (1).» Una ase de He e a hace más c eíble es a a i mación. « Cada g an pe sonaje, dice és e, iene un sace - do e ó un capellán (2).» Lo mismo ocu e en el Pe ú, donde al lado del absolu isnTo ilimi ado de los incas y de un unciona ismo polí ico an ex- enso y complicado , que de cada diez homb es había uno que mandaba sob e los o os, lo ecía un unciona ismo eligioso no menos ex enso. «Si se hace la cuen a de los unciona ios al os y bajos, (1) Cla ig-e o,  '269. (2) He e a, 15-4  LAS INSTITUCIONES ECLESIbTICAS dice A iaga , encu é n ase en gene al uno po cada diez indios ó quizá po cada menos de diez (1).» El ca ác e mo al de los mejicanos y (le los pe- uanos explica, sin duda, esas analogías. Los pue- blos some idos á la se idumb e polí ica de los súbdi os de Mo ezuma, quien no salía «sino lle- ado sob e las espaldas de los nobles» y quien además p ohibía « que illano alguno le mi ase ca a á ca a bajo pena de mue e (2) », debían ha- lla se sa is echos con p opo ciona las innume a- bles íc imas que anualmen e se sac i icaban á sus dioses , y ap esu a se á e e po sí mismos su sang e po ía de p opiciación. Na u almen e, las disposiciones sociales pa a la conse ación de la subo dinación e enal y celes ial , que en ales pueblos se o ganizaba, encon aban en cada g ado poca esis encia. Lo p opio ha ocu ido en Abisinia. Según B uce, «los eyes de Abisinia es án po en- cima de las leyes (3) », y luego añade que no hay «país alguno en el mundo donde haya an as igle- sias como en Abisinia (4)». No c eemos necesa io de ene nos á p oba la ecip oca. Bas a á indica el con as e que nos o ecen , desde el doble pun o de is a polí ico y eclesiás ico, los g iegos y las sociedades con em- (1) A íaga: Ex i pación de la idola ía del Pe ú. Lima, 1621, 28. (2) He e a, ni, 203. (3) B uce: T a els o Disco e he Sou ce o he Nile. Edim- bu go, 1805, y , 1. (4) B uce, ob. ci ., , 1. -- 4,7 POR H. SPENCER  155 po áneas, pa a pode pensa que un ca ác e social des a o able al desen ol imien o de una o ganiza- ción g ande y sólida del o den polí ico , es am- bién des a o able al desen ol imien o de una o - ganización g ande y sólida de o den eclesiás ico. § 619. Al p opio iempo que aumen an las di- mensiones del cle o , e i icase una especialización que p oduce en él una je a quía. La in eg ación a aqui unida á una di e enciación. La simul aneidad del p og eso de las dos o ga- nizaciones p o iene de que , mien as la o ganiza- ción eclesiás ica es á en un p incipio menos cla a- men e di e enciada de la o ganización poli ica que lo que más a de llega á es a lo , sus p opios ó ga- nos es án menos ijamen e di e enciados unos de o os. «Lo que p ueba, dice Tiele, que la eligión egipcia, como la china, no e a en el o igen más que un animismo o ganizado, son las ins i uciones del cul o. Tampoco allí exis ía cas a sace do al ex- clusi a. Los descendien es hacían los sac i icios á sus an epasados, los unciona ios del Es ado á las di inidades locales, el ey á les dioses de odo el país. Sólo más a de se cons i uía un o den de esc ibas y un cle o en egla, pe o ni aun esas un- ciones e an he edi a ias (1).» Leemos ambién que en e los omanos «los sace do es no o maban un o den dis in o del de los o os ciudadanos. No e- nían ni las mismas eglas que noso os pa a el se - icio público. En e ellos, la misma pe sona po- (1) Tiele, ob. ci ., 45. 258  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS implican un p incipio de cohesión co nse ando do e cul o p opicia o io común del espí i u del je s mue o, y neu alizando, po consiguien e, las endencias que impulsaban a las gue as in es inas. Y no sólo po es e medio han p oducido los sace - docios el mismo esul ado; han a o ecido el espí- i u conse ado que man iene la du ación de las ins i uciones sociales en cuan o han dado al sis- ema egulado polí ico el apoyo de un sis ema e- gulado complemen a io , imponiendo la obedien- cia p ime amen e á los dioses, luego á los eyes, p opo cionando además una base á la coacción que ha pe mi ido desen ol e la acul ad de aplica- ción y o i icando el hábi o de e ena se á sí p opio. Es a disciplina, común á odas las c eencias, p oduce en el ca ác e modi icaciones de un o den más ó menos ele ado, según la na u aleza de los dioses obje o del cul o y las condiciones sociales. La obediencia eligiosa es el p ime debe , y es a obediencia, en los p ime os iempos , ag a a con ecuencia la e ocidad. A medida que el es ado mili a es sus i uido po el es ado indus ial, apa- ece una c eencia mo al e o mada que c ece ó dec ece según que las unciones sociales son paci- icas ó se hacen gue e as. Po poco que es a c een- cia mo al e o mada, que se epu a de o igen di- ino, mani ies e su acción en las épocas en que la gue a man iene los sen imien os de hos ilidad en ez de los sen imien os de paz, es ya una e da- de a en aja, po que se cons i uye como en e- 1 d j c POR H. SPENCER  259 i/ 1 se a e elándose de nue o en cuan o las condicio- nes sociales lo pe mi an. Lo que hay es que la a i mación po el cle o de es a c eencia mo al e o mada, pe manece so- me ida á las necesidades apa en es del iempo. Hoy, lo mismo que al p incipio , aquello sob e que l sis  más insis e el cle o en odas pa es es el espe o á la subo dinación eligiosa y ci il. «Temed á Dios y hon ad al ey», he ahí el p e- cep o del sace do e, y siemp e y cuando que ob- yb, enga la subo dinación sin ese a , el sace do e 1 gua  pe dona los des allecimien os mo ales. a si I,i 1 CAPÍTULO XV Pasado y po eni de las ins i uciones eclesiá.s icas- § 652. Son las ins i uciones eclesiás icas en e odos los enómenos sociales ejemplo so p enden e de la ley gene al de la e olución. La sumisión que el je e de la amilia ob iene du an e su ida con inúa después de su mue e : se o ecen á su espí i u las cosas que an es amaba y le hacen cuan o él desea ía. Cuando ex endiéndose la amilia se ans o ma en una ibu, los egalos que se o ecían al je e en o ma de súplica ó de cumplimien os , con inúan después de su mue e bajo la o ma de oblaciones , de acciones de g a- cias , de plega ias dedicadas á su espí i u. Todo lo cual quie e deci que la subo dinación domés ica, ci il y eligiosa iene un o igen común y se de i a de las mismas ue zas ob ando de la misma mane a. Sin emba go, la di e enciación comienza muy p on o. Su ge en p ime é mino una di e enciación 262  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS en e el cul o p i ado de cada amilia y el cul o público p opio de la amilia del je e. El je e eune en onces en su pe sona las unciones del je e ci il y del je e espi i ual, á i ulo de p opiciado de su an epasado po cuen a de la ibu y po su p opia cuen a. El desen ol imien o de la ibu hace más g andes y más di íciles las unciones polí icas y mili a es , lo cual obliga más y más al je e á dele- ga sus unciones sace do ales que de o dina ia con ía á un pa ien e. De ese modo és as adquie en con el iempo una o ganización sepa ada. La in eg ación de la sociedad e ec uada po la conquis a, pe mi e la exis encia simul ánea de cul- os di e en es en las a ias pa es de la sociedad; en onces es cuando se en o ma se los cle os dele- gados enca gados del más impo an e de sus cul- os en las di e sas localidades. De ahí los sace do- cios poli eís as, que llegan á se he e ogéneos á causa de que unos aumen an más que los o os. Po in, en cie os casos, aumen a de al modo uno de en e ellos que log a exclui los á odos. Al p opio iempo que la usión de sociedades sencillas pa a o ma sociedades compues as, y de sociedades compues as pa a o ma sociedades do- blemen e compues as en aña el c ecimien o de cie os cle os, cada uno de és os se di e encia de los demás y expe imen a en si mismo una di e en- ciación. Se desen uel e y o ganiza en un cue po subo dinado á un sobe ano pon í ice y o mado po miemb os je á quicos y enca gados de uncio- nes especiales. POR H. SPENCER  263 lo ele. e do 111 A medida que la je a quía eclesiás ica se hace en su o ganización in ima, más es echamen e in- eg ada y más cla amen e di e enciada, pie de len amen e la es uc u a y la unción que le e a común al p incipio con las demás pa es del cue po polí ico. Hace ya la go iempo que el sace do e exis e á í ulo de al, y aun oma una pa e ac i a di ec a é indi ec amen e en la gue a ; sólo cuando el desen ol imien o social alcanza los g ados ele a- dos , es cuando el sace do e pie de lo que le quedaba de su papel mili a . Sus unciones ci iles co en la misma sue e. Sin duda que en los p ime os iempos eje ce el pode co no je e, minis o, con- seje o del je e, juez, pe o g adualmen e lo pie de has a que le quedan de él an sólo es igios. Mien as el desen ol imien o de las ins i ucio- nes eclesiás icas hace la sociedad en gene al más he e ogénea y la misma o ganización eclesiás ica más he e ogénea en su es uc u a, se complica po las sec as que sucesi amen e su gen , es as c ecen sepa adamen e, se o ganizan y hacen más mul i- o mes los cue pos des inados á la adminis ación eligiosa y al gobie no eligioso. Sin duda alguna que los con lic os pe pe uos que di iden las sociedades , de e minando ya la unión, ya la sepa ación, ó bien des uyendo las an iguas ins i uciones ó supe poniendo nue as o mas á las an iguas , han hecho p og esa i egula men e á las ins i uciones eclesiás icas. Pe o á a és de o- das esas pe u baciones descúb ese una ma cha en el ondo semejan e á aquella que hemos indicado. 264  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS 653. Añádese á las di e enciaciones de es- uc u a una di e enciación uncional P o un da- men e signi ica i a. Las unciones sa ce do ales que al p incipio o maban pa e de la misma se han sepa ado len amen e ; aquella de las dos que p i - me o e a sólo apa en e , pe o que hoy p edomina, llega á se independien e en g an pa e. La unción p imi i a es la del cul o, la unción de i ada es la que inculca las eglas de conduc a. El cul o empieza , como la se ie en e a de los enómenos eligiosos , po la p opiciación del pad e ó del je e mue o ; los ac os p opicia o ios depen- den de los deseos del espí i u , que se suponen aná- logos á los del homb e du an e la ida. El cul o iene , pues , po obje o , en su p imi i a o ma, gana se la bene olencia de se es que son la mayo pa e del iempo c ueles ; así ienen sus obse an- cias de ca ác e a oz. Al p incipio , no hay en el cul o elemen o mo al alguno ; po es o e nos las azas más in e io es concede á los i os eligiosos una impo ancia ex ínseca que no les conceden las azas ó las sociedades supe io es. Renou ad ie e que los «egipcios igu aban en el núme o de las naciones más eligiosas de la an- igüedad ; bajo una o ma ó bajo o a , la eligión dominaba odas las elaciones de su exis encia (1)». Según Mau y, el egipcio no i ía en ealidad más que pa a p ac ica su cul o (2). En e los an iguos pe u ianos , los sac i icios á los an epasados ó á los (1) Renou : O igin and G o o h o Religions, e c., 26. (2) Mau y: Re ue des Deux Mondes , 1851 j 9'10 POR H. SPENCER  265 dioses de i ados de los an epasados, e an an one- osos , que bien podia a i ma se que los i os e an escla os de los mue os. Lo mismo ocu ía en e los mejicanos, sanguina ios, cuya eligión descan- saba de alguna mane a en el canibalismo : «e an, en e odas las naciones c eadas po Dios, los más igu osos obse ado es de su eligión (1)». En e los a ios emos ese ca ác e en los iempos p imi i- os y en los momen os de es acionamien o. «Los e- das nos mues an los an iguos indo-a ios, eminen- emen e eligiosos en odas sus acciones. Todo ac o de la ida debía i acompañado (le una ó a ias ce emonias ; nadie podía abandona el lecho , la- a se el cue po, limpia los dien es, bebe un aso de agua sin ealiza odo un conjun o de pu i ica- ciones, salu aciones y plega ias (2) .» Lo mismo ocu- ía en e los omanos: «la eligión en ol ía la ida pública del omano po sus ies as , é imponía un yugo semejan e á su ida p i ada po sus exi- gencias bajo o mas de sac i icios, oga i as y au- gu ios (3)». El indio de nues os días, dice el Re y . M. A. She ing, «es un se eligioso ma a- illosamen e se io y obs inado. Su amo á la eli- gión es una pasión ené ica, un uego que le con- sume, dominando su pensamien o po encima de odo (4)». (1) Te naux-Compans. Recueil de pikes ela i as á la Con- quéle du  ,  86. (2) Bajend alala Mi a: Indo- A yans, i, 423. (3) Cla k: The G ea Religions, 331. (4) She ing: The na u al His o y o Hindu Cas e. Caleu a Re iew, xxi, 1880, 33. 9U, 266  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS En odas pa es encon amos elaciones análo- gas: en la T acia de la an igüedad , cuyo ca- ác e c uel se complacía en los « i os eligiosos es á icos y deli an es (1)» ; en el musulmán, que dia iamen e epi e sus plega ias y sus abluciones. Has a cuando compa amos los eu opeos mode nos con los de la Edad Media, habi uados á los ayu- nos y á las peni encias , en e los que i ían nume- osos anaco e as y homb es que se some ían á e - dade as o u as, que ealizaban g andes pe eg i- naciones , edi icando iglesias , enemos que eco- noce inmedia amen e que el p og eso social a seguido de una diminución acen uada de las obse - ancias eligiosas. La his o ia de un g an núme o de pueblos en di e en es épocas nos p ueba que el elemen o p opicia o io , es deci , el elemen o p i- mi i o, se des anece á medida que la ci ilización p og esa, y que el elemen o é ico, al desen ol e - se, educe la impo ancia del elemen o i ual. El elemen o é ico, como odos los demás ele- men os de la eligión, es p opicia o io po su o i- gen y su ca ác e . Comienza po el cumplimien o de los deseos y de los manda os del pad e mue o, del je e di un o ó del dios adicional. Al p incipio no hay en el elemen o é ico ningún o o debe que el de la obediencia. Mos a la subo dinación en es e ac o como en odos los demás ac os eligio- sos, es lo que más impo a; lo secunda io es á en el ca ác e de los mandamien os obse ados. La (1) G o e : His . de la ° ecé, i . POR  SPENCER  267 obligación de obedece no se conside a como in- ínseca, sino como de i ada in ínsecamen e de su p e endido o igen. Pe o poco á poco la expe iencia impone concepciones é icas, á las cuales se enla- zan los sen imien os p i ados y la opinión pública, dándoles una au o idad independien e. Sob e odo en una sociedad que se dedica poco á las ocupacio- nes gue e as y se abso be en la p oducción y en la dis ibución , es donde se e c ece y acla a se la conciencia de odas las eglas de conduc a, cuya obse ación es necesa ia pa a la a monía de la coope ación indus ial. Que una supues a e elación enseñe esas eglas y adquie an és as así una au o idad sob ena u al; en onces, du an e la go iempo, impónese la obliga- ción de obedece las po que son manda os de Dios. La p edicación de los p ecep os mo ales que se e- pu an dic ados po Dios , ocupa un luga cada ez más g ande en los se icios eligiosos. A las o en- das , á las ponde aciones , á las plega ias que o - man la pa e di ec amen e p opicia o ia, súmanse las homilías y los se mones, pa e indi ec amen e p opicia o ia, compues a sob e odo de p esc ip- ciones y exho aciones mo ales. Po in el ca ác- e del homb e , modi icado po una la ga aplica- ción de la disciplina social , p oduce con el iempo la concepción de una é ica independien e , inde- pendien e en cuan o se apoya sob e los undamen- os que le son p opios y que no ienen nada de co- mún con los undamen os eológicos que en o o iempo se p econizaban. • CAPÍTULO XVI Pasado y po - -en.i de la eligión. (1) § 656. De igual modo que an es de desc ibi el o igen y el desen ol imien o de las ins i ucio- nes eclesiás icas , ha sido necesa io desc ibi el o igen y desen ol imien o de la eligión; así,, no es ácil que pueda p e e se el po eni p obable de las ins i uciones eclesiás icas, sin indica el po - eni p obable de la eligión misma. E a, pues, ine i able que el úl imo capi ulo se an icipase en pa e al con enido de és e. Aho a que ya hemos esumido minuciosa- (1) Es e capí ulo, cuyo con enido es á en consonancia, como se e á, con las decla aciones espec o de las cuales nos hemos pe mi ido llama la a ención en o as no as, iene una impo - ancia excepcional en el sis ema ilosó ico de Spence , ó, mejo que en el sis ema, en el desa ollo de su pensamien o. Pa a mu- chas gen es, ué es e capí ulo una eacción del ilóso o. No es así cie amen e. Más bien puede concep ua se como una conse- cuencia de la iloso ía de Los P ime os p incipios, acen uada en de e minado sen ido po el in lujo del momen o... idealis a p esen e.—(N. DEL T.) 276  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS men e los asgos p incipales de la e olución eli- giosa, amos á expone las azones que jus i ican nues as conclusiones sob e la o ma inal de la eligión. A di e encia de la conciencia o dina ia, la con._ ciencia eligiosa se ocupa en lo que excede la es- e a de los sen idos. El b u o no piensa más que en las cosas que se pueden oca , - e , oi , gus- a , e c. , e c. ; lo mismo pasa con el niño , con el so do-mudo no ins uido y con el sal aje más a a- sado. Pe o el homb e de p og eso iene ideas de se es que conside a como no suscep ibles de se ocados , oídos, is os , y que, sin emba go, c ee capaces de eje ce un in lujo sob e él. De dónde iene es a noción de se es ac i os que no se pe ci- ben ? ¿ Cómo esas ideas ace ca de lo na u al se de- i an de ideas conce nien es á lo na u al? De unas á o as no se concibe que haya ansición posible. Pa a da se cuen a de la génesis de la eligión, es p eciso comenza po desc ibi las e apas que la eligión a a iesa. La eo ía espi i is a nos lo mues a cla amen- e. G acias á es a luz, emos que los se es in isi- bles é in angibles se di e encian en el espí i u de los se es isibles y angibles de una mane a len a y po g ados inap eciables. El o o yo, que se su- pone sepa ado del yo en el sueño, se concep úa que e y hace los de alles del sueño. El o o yo, sepa- ado del yo después de la mue e, po cuya uel a se espe a , se concep úa an ma e ial como el o iginal. 4 POR H. SPENCER  277 En esos dos hechos emos que el agen e sob e- na u al , en su o ma p imi i a, se di e encia muy poco del agen e na u al, que es el homb e o igi- 1.  nal a mado con un nue o pode , el de i y eni en sec e o y hace el bien y el mal. En in , cuando el doble del mue o no se apa ece en sueños á aquellos que le han conocido, se c ee que eal- ,  men e han mue o. Lo cual quie e deci que esos agen es sob ena u ales p imi i os no póseen más P: . á  que una exis encia empo al: los p ime os es ue - zos pa a concebi lo sob ena u al pe manen e abo an. En muchos casos la di e enciación no a más [D  allá. El mundo de los espí i us , poblado de una pa e po los mue os, y de o a despoblado á me- dida que la memo ia ó el sueño no ep esen an el espí i u del i o , no aumen a. Los indi iduos que lo componen, no log an la dignidad de po encias sob ena u ales econocidas po g an núme o de gene aciones. Así ocu e que el Unkulunkulu , ó el iejo dios de los zulús , el pad e de los ayos, ha mue o de ini i a y comple amen e. No hay p opiciación sino pa a los espí i us más mode nos. Pe o cuando las ci cuns ancias a o ecen la con inuación de los sac i icios sob e la umba, en p esencia de los miemb os de una gene ación nue- a á quien los an iguos hablan del mue o , con- iándola la adición , en onces es cuando acaba po o ma se la concepción de un espí i u ado nado con una exis encia pe manen e. Po es e camino 278  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS se es ablece en e las ideas espec o de los se es so- b ena u ales y las ideas sob e lo na u al una di e- encia más acen uada. Al p opio iempo, el núme o de los supues os se es sob ena u ales au men a po que en adelan e los nue os espí i us se suman sin cesa á los an iguos, y el homb e se halla siem- p e más inclinado á conside a se odeado po odas pa es po los espí i us , y á pensa que son los ales , au o es de lo que pasa. Muy p on o apa ecen di e encias en e los po- de es a ibuidos á los espí i us. Esas-di e encias se de i an na u almen e de las mismas, obse adas en ida con los indi iduos. Y esul a que , si los es- pí i us o dina ios no eciben un cul o p opicia o- io más que de sus descendien es, se c ee p uden e de ez en cuando, ob ene el a o de los espí i us de indi iduos más emidos, aun cuando no haya con ellos elaciones undadas en los lazos de la san- g e. Es po an o en los p ime os iempos, cuando nace la je a quía de los se es sob ena u ales , cu- yos angos al in llegan á se an pe ec amen e sepa ados. Las gue as habi uales , que in luyen más que ninguna o a causa pa a c ea esas di e enciaciones p imi i as, con inúan c eando o as nue as y más de e minadas. En e ec o, 4 medida que, en i ud de la gue a, las pequeñas sociedades se unden en- e si pa a o ma o as mayo es , y que és as se e unden á su ez pa a cons i ui las más g andes oda ía, y que los g ados de la je a quía del pode se mul iplican en e los i os, su ge en és os la 0;. POR H. SPENCER  279 idea de mul iplica los g ados del pode en e los espí i us. Así es como nacen en el cu so del iempo las ideas de los g andes espí i us ó de los dioses, las de los espí i us secunda ios ó semidioses, y las demás po el es ilo, has a cons i ui odo un pan- eón. Sin emba go, esos espí i us no se dis inguen po di e encia alguna gene al esencial, según e- mos en los nomb es de los dioses manes dados po los omanos á los espí i us o dina ios, y de elolim en e los heb eos. Además , como la o a ida e- p oduce en el o o mundo la ida del p esen e, en sus necesidades , en sus ocupaciones, su o ganiza- ción social, no sólo se di e encia con espec o de los pode es de los se es sob ena u ales , sino ambién con elación al ca ác e y al géne o de ac i idad que les es p opia. De ahí el o igen de los dioses lo- cales, de los dioses que p esiden al ó cual o den de enómenos y de los buenos ó malos espí i us. En in , cuando la conquis a ha supe pues o una socie- dad á o a , y cada una conse a las c eencias que de la eo ía espi i is a ha de i ado , ó mase un compues o cowlicado con odas esas c eencias, es deci , una mi ología. Supues o que los espí i us p imi i os ep o- ducen en odo á sus o iginales , y que los dioses, cuando no son los miemb os i os de una aza conquis ado a , son los dobles de homb es cuyo pode excede al de los demás , esul a que se les imagina p imi i amen e como no menos humanos que los demás espí i us en sus ca ac e es ísicos, sus pasiones y su in eligencia. A la mane a de los 14,) •ki% - .15 280  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS espí i us de los mue os ulga es , se a dmi e que se nu en con las o endas de ca ne, sang e, pan ino que se les dedica. Al p incipio se supon e que consumen esos obje os en especie, más a de, po una in e p e ación más espe i ualis a se admi e que consumen la esencia. No sólo apa ecen como pe sonas isibles y angibles , sino que en an en lucha con los homb es, quienes les p oducen he idas y les ocasionan dolo . El único p i ilegio que les dis ingue de los homb es es que ienen el pode milag oso de cu a , y que, po lo an o, poseen la inmo alidad. Debemos hace aquí una es icción. No sólo, en e ec o, a ios pueblos piensan que los dioses su en una p ime a mue e , suceso na u al cuando pe enecen á una aza conquis ado a , y que no se les llama dioses sino á causa de su supe- io idad, sino que algunos pueblos, en e los ci i- lizados, han admi ido que un dios puede mo i , como Pan po ejemplo, una segunda ez y pa a siemp e , al igual que los sal ajes de nues os días c een que un homb e puede mo i po segunda ez y de ini i amen e. A medida que la ci ilización p og esa, la sepa- ación se acen úa en e el se sob ena u al y el se na u al. Nada se opone como obs áculo á la desma e ialización g adual del espí i u y del dios: y es a desma e ialización p og esa, g acias al es- ue zo que se hace pa a llega á ideas cohe en es espec o de la acción sob ena u al : el dios que no es angible, no a da en se inaccesible á la is a y al oído. Al p opio iempo que se e i ica es a di e- 1 POR H. SPENCER  281 I  ,* enciación de los a ibu os ma e iales de la di ini- dad y de la humanidad, e i icase, aunque más len amen e, una di e enciación de los a ibu os men ales. El dios sal aje no iene más que una in- eligencia apenas supe io á la del homb e i o; así es ácil engaña le. En e los mismos pueblos ci ilizados los dioses suelen se bu lados : come en e o es y se a epien en. Sólo con el iempo se e nace la concepción de un dios que odo lo e y odo lo sabe. La na u aleza emocional expe imen- a simul áneamen e una ans o mación análoga. Las pasiones g ose as que so p enden en e los dioses p imi i os , y de las cuales los ieles se ha- cen a en os y cuidadosos minis os , se des anecen poco á poco, no quedando más que las pasiones menos ligadas á los ape i os co po ales : al in, ya pie den los dioses en pa e sus ca ac e es hu- manos. Los ca ac e es asignados á las di inidades se amoldan á las necesidades del es ado social po un abajo con inuo de adap ación. Du an e la época mili a , se admi e que el dios p incipal enga la insubo dinación po el más g ande de los c íme- nes , que es implacable en su cóle a, que cas iga sin piedad. Los a ibu os de un géne o más dulce ocupan un luga muy secunda io en la conciencia social. Pe o cuando el égimen mili a declina, y el gobie no despó ico co espondien e, se limi a poco á poco bajo la acción na u al del indus ialismo, los asgos del ca ác e di ino, compa ibles con la mo- al de paz, in aden poco á poco la conciencia, y al 282  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS in no se habla ya más que de amo , de mi se ico - dia, de pe dón di inos. Pa a comp ende bien los e ec os del p og eso men al y de los cambios de la ida social, que aca- ba nos de aza en é minos abs ac os, examiné- moslos en los hechos conc e os. Si conside a nos, sin deja nos lle a po las conclusiones o muladas, las adiciones, los docu- men os y los monumen os de los egipcios, emos que sus ideas p imi i as de los dioses , de las bes- ias y del homb e, se han desp endido de las ideas espi i ualizadas de los dioses , y inalmen e de un dios ; una ez allí , los sace do es más mode nos echazan las ideas p imi i as, donde no en sino ideas co ompidas, po que sin sabe lo obedecen al in lujo uni e sal y isible oda ía en las eo ías de los eólogos de nues os días, que conside an el es ado p imi i o como el es ado supe io . P escindamos de oda conje u a ela i a al alo his ó ico de la Piada, in es iguemos la p ime idea que los g iegos se o ma on de Júpi e , com- pa emos es a idea con la de los diálogos de Pla ón, y econoce emos que la concepción g iega ha mo- di icado p o undamen e, al menos en e los mejo- es espí i us , la concepción an opomó ica del pad e de los dioses : sus a ibu os humanos han desapa ecido, mien as sus a ibu os supe io es se lian ans igu ado. De igual sue e si compa amos el dios de los heb eos, al como las an iguas adi- ciones nos lo p esen an, an opomo o po el ex e- io , los ape i os y las emociones, con el dios de POR H. SPENCER  283 . los heb eos ep esen ado po los p o e as, e emos en él una po encia que c ece inmensamen e , á la ez que su na u aleza se sepa a Más y más de la del homb e. En in , con la idea que de su dios se o man hoy, obsé ase una ans o mación o al. G acias á un hábil uso de la acul ad de ol ida , se ha hecho de un dios , ep esen ado en un iempo como dedicado á endu ece el co azón de los hom- b es, pa a hace les capaces de come e acciones ep obables , y á en ia les su espí i u de la men- i a pa a engaña los, un dios en quien se esumen odas las i udes pu as, has a más allá de donde la imaginación puede concebi las. Si , pues , el espí i u del homb e p imi i o no con iene ni idea ni sen imien o eligioso , es po - que las ideas y los sen imien os designados con esa palab a nacen en el cu so de la e olución social y de la e olución in elec ual que le sigue , y más a de, bajo el in lujo de causas áciles de econo- ce , a a iesan aquellas ases que en las azas ci- ilizadas los conducen á sus o mas ac uales. 657. Z Podemos p ejuzga la ma cha de la e olución de la idea y de los sen imien os eligio- sos en los ideales del po eni ? De una pa e la azón no pe mi e supone la de ención simul ánea de los cambios po los cuales la conciencia eligiosa ha pasado pa a llega á su ' condición p esen e. De o a pa e, la azón echaza la suposición de que la idea eligiosa, p oducida po las causas na u ales que hemos e e ido, se des anezca y deje un acío sin llena . Sin duda LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS cia. La in eligencia única que podemos concebi , supone se es independien es y obje i os pa a ella, La in eligencia se compone de cambios cuyo pun o de pa ida es una ue za ex e io , es deci , de imp esiones engend adas po las cosas exis en es ue a de la conciencia y de ideas de i adas de esas imp esiones. Habla de una in eligencia que exis e ue a de esas ue zas ex e io es , es emplea una palab a desp o is a de sen ido. Debe , po an o, a i ma se que la causa p ime a, conside ada como in eligen e, iene que expe imen a sin cesa la imp esión de ue zas obje i as independien es, y si se obj e a que esas ue zas han llegado á se obje- i as é independien es po un ac o de c eación , y que an es de es e ac o es aban ence adas en la causa p ime a, puede esponde se que en al caso la causa p ime a no podía, an es de es a c eación, encon a i nada que engend ase en ella los cam- bios que cons i uyen la in eligencia, y po an o, que u o que se inin eligen e , en el momen o mismo en que más necesi aba se in eligen e. Es, según es o, e iden e que la in eligencia a ibuida á Dios, no esponde á nada de lo que llamamos con ese nomb e. Es una in eligencia sin nada de lo que cons i uye una in eligencia. Esas di icul ades y o as más , de las cuales algunas son discu idas con ecuencia y pe sis en siemp e an in incadas, ue zan al homb e á e- chaza poco á poco los ca ac e es an opomó icos supe io es a ibuidos á las causas p ime as , de la misma mane a que echaza a las in e io es . La POR H. PENCER  291 concepción que desde el p incipio se ha ampli icado debe con inua es endiéndose has a que po la su- p esión de sus limi es, deja el pues o á una con- ciencia que exceda odas las o mas del pensa- mien o dis in o, aun cuando con inúa siendo siem- p e una conciencia. 659. « Pe o ¿ como es posible que una con- ciencia de lo Incognoscible inalmen e ob enida, y enida áci amen e po e dade a , sea el p oduc o de una concepción absolu amen e alsa ans o - mada po modi icaciones sucesi as? La eo ía es- pi i is a del sal aje no descansa sob e nada. El doble ma e ial del mue o en el cual el sal aje c ee, no ha exis ido nunca. Si la des na e ialización de ese doble ha p oducido la concepción del agen e sob ena u al en gene al, si la concepción de una di inidad o mada po la desapa ición de cie os a ibu os humanos y la ans igu ación de los o os es el p oduc o de es a ope ación incesan e, la idea a anzada y pu i icada que se ob iene impulsando la ope ación has a cie o lími e, ¿ es una icción ambién? Segu amen e: si la c eencia p imi i a e a alsa absolu amen e , odas las c eencias de- i adas debe án se absolu amen e alsas am- bién.» Es a objeción pa ece decisi a y lo se ía si se undase en buenas p emisas. Espé enlo ó no la mayo ía de los lec o es, la espues a es que en el p incipio la concepción p imi i a con iene un ge - men de e dad , á sabe : que la po encia que se mani ies a en la conciencia no es más que una. 9  Á 2  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS o ma, di ec amen e condicionada , de la po encia que se mani ies a más allá de la conciencia. Todo ac o olun a io es pa a el homb e p imi- i o la e elación de que en él adica el o igen de una ue za. No es que e lexione en sus e xpe ien- cias in imas: al noción hállase en el es ado la en e en sus expe iencias mismas. Cuando p oduce mo- imien o en sus miemb os, y po su in e medio mo imien o en o as cosas , pe cibe el sen i- mien o del es ue zo. Ese sen imien o del es ue zo, an eceden e pe cibido de los cambios p oducidos po él, llega á se el an eceden e concebido de los cambios que él no p oduce , es deci , que le da un é mino ideal pa a ep esen a la génesis de esos sen imien os obje i os. Al p incipio, la idea de las ue zas muscula es conside adas como an eceden- es de sucesos insóli os que al ededo del homb e pasan , en aña odo el conjun o de las ideas aso- ciadas. Los es ue zos que po inducción supone los concep úa como p oducidos po se es semejan- es á él. Con el iempo , la concepción de los do- bles de los mue os que se epu an au o es de odos los cambios , á excepción de los más amilia- es, se modi ica. Hácense menos g ose os, pe o algunos c ecen pa a llega á se los pe sonajes más impo an es que ienen en su pode ó denes de enómenos, los cuales, ela i amen e egula es en su cu so, sugie en la c eencia en se es que á la ez son mucho más po en es y más cons an es en sus modos de acción que el homb e. A la la ga, la idea de una ue za pues a en acción po esos POR H. SPENCER  293 se es se sepa a poco á poco de la idea del espí i u del homb e mue o. O os p og esos que abso ben los agen es sob ena u ales en un agen e gene al y hacen indecisa y aga la pe sonalidad de es e agen e po que le a ibuyen una ex ensión inmen- sa, ienen ambién po e ec o disocia la noción de ue za obje i a de la noción de ue za conocida como al en la conciencia ; po in, la disociación alcanza su máximum en el pensamien o del sabio que in e p e a co no unción de ue za, no sólo los cambios isibles de los cue pos sensibles, sino o- dos los cambios , incluso las ondulaciones del é e . Sin emba go, es a ue za (sea bajo la o ma es á- ica, que cons i uye la esis encia de la ma e ia, sea bajo la o ma dinámica, que se llama ene gía), es siemp e en el pensamien o unción de la ene - gía in e na e elada en la conciencia del es ue zo muscula . El homb e sién ese obligado á simboli- za la ue za obje i a en unción de ue za subje- i a á al a de o o símbolo. Veamos aho a las consecuencias. La ene gía in e na que e a siemp e en las expe iencias del homb e p imi i o, el an eceden e inmedia o de los cambios que son su ob a, es a ene gía que se imagina cuando quie e in e p e a los cambios ex e nos acompañados de los a ibu os de la pe - sona humana que en sí mismo lle a, es a ene gía es la misma que despojada de odo acceso io an- opomó ico, se concep úa como la causa de odos los enómenos ex e nos. La úl ima e apa consis e en econoce que la ue za, al como exis e ue a 294  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS de la conciencia, no puede pa ece se á la que co- noce nos como ue za en la conciencia, y que, sin emba go, supues o que cada una de esas ue zas es capaz de engend a la o a, deben se di e en- es de la misma cosa. Consecuencia de es o , el p oduc o inal de la especulación que iene en el homb e p imi i o su pun o de pa ida, es que la po encia mani es ada en odas pa es, en el uni- e so ma e ial, es la misma po encia que b o a en noso os bajo la o ma de conciencia. No quie e es o deci que el azonamien o e e- ido más a iba, p e enda saca una c eencia e - dade a de una c eencia en e amen e alsa. Po el con a io, la o ma úl ima de la conciencia eli- giosa es el desen ol imien o inal de una con- ciencia que al p incipio con enía el ge men de una e dad oscu ecida po innume ables e o es. § 660. Los que piensan que la ciencia disipa las c eencias eligiosas, pa ecen igno a que odo cuan o pueda la ciencia qui a del mis e io á las an iguas in e p e aciones , lo añade á las nue as. Más e dad se ía deci que según se pasa de las an iguas á las nue as, el mis e io se hace más p o undo. En e ec o, la ciencia sus i uye la ex- plicación que pa ece p obable, po la que no hace sino lle a nos un poco más lejos pa a pone nos en p esencia de un hecho incon es ablemen e inexpli- cable. En cie o modo, el p og eso de la ciencia es una ans igu ación g adual de la na u aleza. Mien as la pe cepción o dina ia eía solo una Po . ni« POR H. SPENCER  295 simplicidad pe ec a , el p og eso e ela una g an complexidad : donde pa ece eina una ine cia ab- solu a, desc i ese una ac i idad in ensa: donde pa ece no exis i sino el acío , el p og eso mues- a el juego ma a illoso de las ue zas. A cada ge- ne ación de ísicos, se e en la supues a ma e ia b u a, po encias que , pocos años an es , los ísicos más ins uidos hubie an epu ado inc eíbles po ejemplo, la ap i ud de una simple lámina de hie o pa a ecoge las ib aciones aé eas an complejas de las palab as, las cuales aducidas á innume a- bles ib aciones eléc icas y luego uel as á adu- ci á milla es de millas po o a placa de hie o, se hacen oi bajo la o ma del lenguaje a iculado. El sabio que in e oga á la na u aleza e á su al- ededo sólidos que le pa ecen en eposo ; mjs luego descub e en ellos una sensibilidad de al sue - e , que ue zas de in ensidad in ini esimal a ec- an: el espec óscopo le hace e que las molécu- las de la ie a ib an en a monía con las de las es ellas , y así llega á admi i necesa iamen e que odo pun o del espacio se es emece en i ud de una in inidad de ib aciones  odas las di ec- ciones posibles. A pa i de aquí ya no puede p es- cindi de la conclusión según la que el uni e so se compone no de ma e ia ine e, Binó de ma e ia i a, ma e ia i a, ya que no en sen ido es ic o, á lo menos en el sen ido más gene al. Es a ans igu ación, que las in es igaciones de los ísicos hacen p og esa sin cesa , se ap o e- cha de los p og esos de o a ans o mación esul- 296  LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS ••• nn •....• an e de las in es igaciones me a ísicas. El análi- sis subje i o nos lle a á admi i que las i n e p e- aciones cien í icas que damos á los enómenos p esen ados po los obje os , iene po exp esión los nomb es de las di e sas combinaciones de nues as sensaciones y de nues as ideas , es deci , de los elemen os de nues a conciencia que no son más que símbolos de alguna cosa ue a de nues a conciencia. Aunque el análisis eune luego nues- as c eencias p imi i as has a el pun o de mos a que de ás de cada g upo de mani es aciones eno- menales hay siemp e un nexus de ealidad pe ma- nen e en medio de las expe iencias a iables, emos que ese nexus de ealidad es po siemp e inacce- sible á la conciencia. No ol idamos que los ac os cons i u i os de nues a conciencia son igu osa- men e limi ados , y no pueden hace en a en su ci culo los ac os que excedan de los limi es de la conciencia, y que po consiguien e no pa ecen se obje os de conciencia, aunque la p oducción de uno de esos ó denes de ac os po el o o, pa ezca implica que son en el ondo de la misma na u- aleza. La necesidad que se nos impone de pensa la ene gía ex e na bajo la o ma de la ene gía in- e na, hace e al uni e so más bien desde el pun o de is a espi i ualis a que desde el ma e ia- lis a; pe o si amos más allá, nos emos obliga- dos á econoce que una concepción exp esada bajo o mas de mani es aciones enomenales de es a ene gía undamen al, no puede en modo al- guno enseña nos lo que es. LY • POR  SPENCER  297 Mien as las c eencias inspi adas po la ciencia analí ica no des uyan el obje o de la eligión, sinó que simplemen e lo ans igu en , la ciencia en sus o mas conc e as aumen a la es e a del sen- imien o eligioso. Desde el p incipio , el p og eso del conocimien o ha ido á la pa con el aumen o de la ap i ud pa a admi a . En e los sal ajes, los más g ose os , son aquellos á quienes menos so - p enden los p oduc os no ables del a e ci ilizado. Su indi e encia so p ende á los iaje os. Sien en an poco lo que hay de ma a illoso en los más g andiosos enómenos de la na u aleza, que consi- de an las in es igaciones de los sabios como di- e siones pue iles. La di e encia de la ap i ud men al de los homb es in e io es , espec o de la de los supe io es de nues o iempo, encuen a su analogía en los g ados que sepa an á esos se es supe io es los unos de los o os. Ni el campesino, ni el come cian e, pe ciben cosa so p enden e en la incubación de un pollo: la pe cibe en cambio, el biólogo que lle a has a el ex emo su análisis de los enómenos ci ados, y se encuen a pe plejo cuando un agmen o de p o oplasma colocado en el mic oscopio le hace e la ida en su o ma más simple , y sen i lo que hay de bello en edu- ci á ó mulas las ope aciones de la ida : el juego eal de las ue zas que las cons i uyen , excede, en e dad, siemp e á los es ue zos odos de la imagi- nación. No es cie amen e á los ojos del u is a ó del cazado de gamuzas , en donde se despie an las más ele adas ideas del eje cicio y de lo pin o es- 208  TAS INSTETUGIONES EGLESC1STICI co con emplando un alleci o alpes e , sino á los del geólogo. El geólogo obse a que la oca, edondeada po la acción del hele o, en la cual se asien a, no ha pe dido más que una media pulgada de su su pe i- cie desde una época mucho más lejana que la del comienzo de la ci ilización humana, y en onces in en a concebi la len a ans o mación que ha p oducido el alle , llegando á las ideas de iempo y de po encia comple amen e ex añas al u is a y al cazado . Aunque esas ideas son comple amen e inadecuadas á su obje o , las encuen a aún más anas, cuando conside a los es a os con o neados del gneis, que le hablan de una época más lejana oda ía , allá cuando sob e la supe icie de la ie- a esas capas es aban en el es ado semilluido, y de una época que excede á esa misma inmensamen e po la an igüedad , en la que los elemen os del gneis yacían en el es ado de a enas y de lodo en la ibe a de un ma an iquísimo. Tampoco es en e los pueblos an iguos, que se imaginaban que el cielo descansaba sob e las cimas de las mon añas, ni en e los mode nos, he ede os de su cosmogonia , pa a quienes « los cielos p oclaman la glo ia de Dios », donde en- con a nos las más as as concepciones del uni- e so ó la mayo suma de admi ación en la co n - emplación de sus ma a illas. Todo es o se encuen- a mejo en el as ónomo, que e en el sol una masa de al amaño , que la ie a pod ía pasa po una de sus manchas sin oca los bo des, y 4 ••- 1. n • POR H. SPENCER  299 quien cada pe eccionamien o del elescopio hace . e una mul i ud cada ez más g ande de esos so- les, de los cuales algunos son mucho mayo es que el nues o. En el po eni , como en el pasado, el aumen o de la ue za del espí i u y de la ex ensión de los conocimien os, más bien ele a á que ebaja á ese sen imien o. Al p esen e, el espí i u más po en e y mejo con o mado no iene bas an e sabe ni po- encia bas an e pa a simboliza la o alidad de las cosas. Dedicado al es udio de una ó de o a de las di isiones de la na u aleza , el homb e de ciencia sabe muy pocas cosas de las demás di isiones pa a concebi , aunque sea de una mane a g ose a, la ex ensión y la complexidad de sus enómenos. Aun suponiendo que u ie a un conocimien o su icien e de cada una de esas di isiones, es incapaz de con- cebi las como un odo. Una in eligencia más ex- ensa y más ue e y sólida, puede en el po eni pe mi i le o ma se una idea aga en su o alidad- - Una acul ad musical udimen a ia, capaz an sólo de ap ecia una simple melodía , no pod á coge los mo i os di e samen e combinados y las a mo- nías de una sin onía ; pe o en cambio , el composi- o y je e de o ques a sien en la unidad en los e ec- os complicados que despie an en ellos sen imien- os p o undos, como no puede expe imen a los un homb e sin educación musical. De igual modo en el po eni las in eligencias más desen uel as pod án ab aza en su conjun o el cu so de las co- sas que hoy sólo puede ab aza se en pa e, y ex-