Las instituciones eclesiásticas
Full text
BIBLIOTECA DE JURISPRUDENCIA , FILOSOFÍA E HISTORIA
--,0••••••
nnn
LAS INSTITUCIONES
ECLESIÁSTICAS
POR
HERBERT SPENCER. Biblio eca PixeLegis. Uni e sidad de Se illa.
VERSIÓN DIRECTA DEL INGLÉS CON NOTAS
MADRID
LA ESPAÑA
mon•nm .A_
Cues a de San o Domingo , 16 , p incipal.
Telé _ 260..
Es p opiedad.
Queda 11.6clio el depósi o que
ma ca la ley.
AGUSTÍN AVRIAL,
imp eso .—San Be na do, 92.
Telé ono aa inz i._ 3-074
PRELIM
â
-
111, DE LA TRAD
â
CC101
ESNYOLI
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
o man un
capí ulo independien e, sin duda , de una de las
pa es del g an sis ema de iloso ía e olucio-
nis a á que Spence a poco á poco dando cima.
Po eso , pa a comp ende el alcance de las
ideas sus en adas en es e lib o que hoy e la luz
pública en España ,
y
explica se el p ocedi-
mien o que en su in es igación y exposición
sigue su au o , se á p eciso ene p esen e que
se a a en él, an e odo y sob e odo , de desen-
ol e las consecuencias de p incipios gene ales
sen ados, y de aplica á una es e a pa icula í-
sima de la ealidad, concepciones ilosó icas ex-
pues as en o os lib os , y con ocasiones di e-
en es.
Con el in de o ece al lec o español odos
6
PRELIMINARES
los elemen os necesa ios pa a ap ecia con e-
nien emen e el alo absolu o y ela i o de
LAS
INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS,
y eniendo en cuen-
a las indicaciones hechas , se ha p ocu ado aña-
di algunas llamadas ó no as al ex o, de ca ác-
e acla a o io , y se pensó en pone al en e de
es a aducción un p ólogo que si ie a de com
plemen o explica i o , an o de
La Jus icia
como de
Las Ins i uciones polí icas (1),
y en el
cual se p ocu a ía e e i al sis ema gene al de
la iloso ía spence iana,, cada una de las ob as
indicadas y la p esen e. Pe o es udiando bien
el asun o, se ha c eído que se podía sus i ui
el p ólogo , de an as p e ensiones, con una b e-
ísima indicación bibliog á ica o denada de la
ob a o al de Spence , dejando á és e expone
la pa e undamen al de su iloso ía en un e-
sumen b e e y sucin o, esc i o po él mismo.
La ob a o al de Spence , que se comp ende
bajo el í ulo gene al de
Sis ema de iloso ía (A
Sys em o syn he ic philosophy ),
aba ca hoy a-
ios olúmenes , y se sigue en su publicación
cie o o den lógico muy cuidado. En el amplí-
simo cuad o que supone es e sis ema, igu a, en
p ime é mino, una de las ob as más ascen-
••••••••
(1)
Las
I
ns i uciones polí icas,
po H. Speuce , dos g an-
des olúmenes, Publicados po
LA ESPAÑA MODERNA.
e
2
PRELIMINARES
1
den ales de nues o au o : Los
P ime os p inci-
pios (Fi s P incipies),
especie de sín esis gene-
al de las ideas undamen ales del sis ema, que
en aña la de e minación de sus lineamien os
ilosó icos , la de la ley de la e olución y la de
la posición especial del pun o de is a e olucio-
nis a en la ciencia mode na. Las ob as siguien-
es ienen á se desen ol imien os y aplicacio-
nes de los
P ime os p incipios á
los di e en es
ó denes de la e olución que comp enden el mun-
do ino gánico ( e olución ino gánica) , de que
Spence no habla especialmen e ; el mundo o -
gánico ó e olución o gánica, expues a po Spen-
ce en los P incipios de Biología
(dos omos) , y
en los
P incipios de Psicología
(dos omos), y el
mundo supe o gánico (social)
y
e olución supe -
o gánica , expues a en los
P incipios de Sociolo-
gía (
cua o olúmenes) , habiendo es udiado
Spence además la
Ñ ica
(ob a de la cual lle a
publicados es olúmenes). Es o, apa e de o os
abajos especiales, como los
P; s udios sob e Edu-
cación ,
la
Clasi icación de las ciencias, El Indi-
iduo con a el Pis ado y
los
ii2
7
nsagos cien í icos,
polí icos,
e c., e c. ( es olúmenes).
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
5
al igual
que
Las Ins i uciones polí icas ,
o ma pa e de
los
P incipios de
Sociología,
que po
si mismos, y
PRELIMINARES
p ecedidos de una
In oducción á la Sociología
(The S udy o Sociolog y),
cons i uyen uno de
los sis emas de ciencia social más comple os
( e dade amen e enciclopédico) de cuan os se
han p oducido has a el día.
La Jus icia
o ma pa e de los
P incipios de
F ica,
según puede e se en el p ólogo del au o
á dicho lib o (1).
He aquí aho a la exposición b e e y sucin-
a, en o ma de p oposiciones dogmá icas , de la
pa e undamen al del sis ema de iloso ía sin-
é ica de Spen.ce :
(1) T aducción española publicada po
La Espo a 31-ode izo,
un g an olumen, sie e pese as.
o
lai
PRÓLOGO DE SPENCER
1. En el uni e so en gene al, y en de alle,
se p oduce una dis ibución incesan emen e e-
no ada de ma e ia y de mo imien o.
2.
Has a dis ibución, eno ada siemp e,
cons i uye la e olución allí donde p edominan la
in eg ación de ma e ia y la disipación de mo i-
mien o , y cons i uye la disolución allí donde
p edominan la abso ción de mo imien o y la
desin eg ación de ma e ia.
3.
La e olución es simple cuando el p o-
cedimien o de in eg ación, ó en o os é minos,
la o mación de un ag egado cohe en e, se e i-
ica sin complicación po o os p ocedimien os.
4.
La e olución es compues a cuando , al
lado de ese cambio p ima io de un es ado in-
cohe en e en un es ado cohe en e, se p oducen
cambios secunda ios debidos á di e encias en las
c
i cuns ancias de las dis in as pa es del ag e-
gado.
5.
Esos cambios secunda ios cons i uyen
10
PRÓLOGO
la ans o mación de lo que es homogéneo en lo
que es he e ogéneo— ans o mación que , como
la p ime a , se da en el uni e so , conside ado
como un odo, y en odos (ó casi odos) sus de-
alles ; en la masa de las es ellas y de la nebu-
losa ; en el sis ema plane a io ; en la ie a, como
masa ino gánica; en cada o ganismo , ege al y
animal (ley de Von Bae ) ; en el ag egado de
los o ganismos á a és de los iempos geológi-
cos; en el espí i u ; en la sociedad; en odas las
p oducciones de la ac i idad social.
6.
El p oceso de in eg ación, ob ando an o
local co no gene almen e, se combina con el p o-
cedimien o de di e enciación pa a que ese cam-
bio no sea sólo de la homogeneidad á la he e o-
geneidad, sino de una homogeneidad inde inida
á, una he e ogeneidad de inida ; y al ca ác e de
de inición c ecien e, que acompaña á la he e o-
geneidad c ecien e, es ambién obse able en
odas las cosas y en odas las di isiones ó sub-
di isiones, aun las más pequeñas.
7.
Al lado de es a edis ibución de la ma-
e ia componen e de odo ag egado en ía de
e olución, se p oduce una edis ibución del
mo imien o conse ado po sus compues os en
elación los unos con los o os ;
y
aquí ambién
el ca ác e he e ogéneo se hace poco á poco más
de inido.
8.
A al a de una homogeneidad in ini a
y
absolu a , es a edis ibución, de la cual la e o-
lución es una ase, es ine i able.
ql
PRÓLOGO
11
nio •
Ele aquí las causas que la hacen necesa ia:
9.
La ins abilidad de lo homogéneo, esul-
an e de los di e sos pelig os que causan las
di e en es pa es de un ag egado limi ado cual-
quie a en i ud de ue zas inciden ales.
Las ans o maciones que de ahí esul an
es án complicadas po :
10. La mul iplicación de los e ec os. Cada
masa ó pa e de una masa , sob e la cual se
eje ce una ue za, subdi ide y di e encia es a
ue za, que de es e modo a p oduciendo cam-
bios di e sos , y cada uno de esos cambios ge-
ne a o os cambios que se mul iplican análoga-
men e, llegando á se es a mul iplicidad cada
ez más g ande á medida que el ag egado se
hace más he e ogéneo.
Y ambas causas de di e enciación c ecien e
es án o madas po :
11.
La seg egación, p ocedimien o que
iende á, sepa a las unidades que di ie en en e
sí y á euni las unidades que se asemejan,
si iendo con inuamen e , de es e modo, pa a
hace más i as y más de inidas las di e encia-
ciones esul an es de o as causas.
12.
De esas ans o maciones que su e un
ag egado en e olución, esul a , inalmen e, el
e
quilib io. Los cambios se p osiguen has a que
ese
e
quilib io se haya es ablecido en e las ue -
zas , á las cuales odas las pa es de es e ag e-
gado es án expues as ,
y
las ue zas que esas
pa es las oponen. El equilib io puede a a e--
-
18
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
mue e? El je e, llamado
Commo o,
esponde:
¿Una exis encia después? ¿cómo es posible eso?
¿Puede un mue o sali de su umba á menos que
se le desen ie e?— ¿Piensas , en onces , que el
homb e sea como la bes ia, que una ez mue o
odo ha concluido
Commo o: Cie amen e; un
buey es más ue e que un homb e,
y
mue e sin
emba go; sus huesos son más la gos y más g ue-
sos. Los huesos del homb e se ompen con acili-
dad; el homb e es débil—El homb e, ¿no es
su-
pe io á él en in eligencia? ¿No iene un espí i u
que di ija sus acciones?—Commo o: Hay homb es
que no son an hábiles como el buey. Es p eciso
que el homb e siemb e sus g anos pa a ene que
come , mien as que el buey y los animales sal-
ajes, pueden p ocu a se el alimen o sin semb a .
.
-
T
o sabéis que hay algo más que la ca ne , que
¿—
hay un alma? ¿Es que acaso no soñáis? ¿Es que
no iajáis lejos en ues o sueño ? Y sin emba go,
ues o cue po no cambia de si io. ¿Cómo expli-
ca eso ?— Pues bien — dice
Commo o
iendo
¿cómo lo explicáis? es una cosa que no puedo com-
p ende y que odas las noches me ocu e...—¿No
enéis idea alguna de la exis encia de espí i us
supe io es al homb e ó á la bes ia? ¿No enéis
emo de ningún o o mal que no sea el p o-
inien e de causas ísicas?—Tengo miedo
á los
ele an es
y
á o os animales espondió
Com-
mo o —cuando
me encuen o de noche en las sel-
as, pe o nada más—¿En onces no c eéis en nada?
¿ni en el buen espí i u ni en el malo? ¿C eéis que,
POR H. SPENCER
19
después de mue o, odo ha concluido pa a iles-
,'
o cue po
y
pa a ues o espí i u; que sois co no
odos los demás animales; que no hay ningu-
na di e encia en e el homb e
y
el b u o; que
uno y o o acaban al mo i ? — Na u almen e.»
Cuando Bake le p esen ó el a gumen o de San
Pablo , omado de la pod edumb e del g ano , so-
b e el cual se apoya la li u gia de los une ales,
Commo o , espondió: «Muy bien: eso lo com-
.
p endo. Pe o el g ano
p imi i o no esuci a;
se
pud e como el homb e mue o,
y
odo ha con-
cluido; el u o que ecoje no es el g ano en e a-
do, es un
p oduc o
del mismo ; asi ocu e con el
homb e. Mue o , me descompongo
y
acabo; pe o
mis niños c ecen como el u o del g ano. Hay
homb es que no ienen hijos ; pe o ambién hay
g anos que pe ecen sin da u os; unos y o os
han concluido (1).»
E iden emen e, las ideas eligiosas no ienen
I).
el o igen sob ena u al que po lo común se les
a ibuye,
y
dados los hechos, debemos a i ma
}1Y
40
§ 584. En el p ime olumen de los
P in-
[11'
cipios de
sociología
hemos consag ado ce ca de
4¿
ein e capí ulos á da cuen a de las ideas p imi i-
que ienen un o igen na u al. ¿Cuál es es e o i-
gen?
as en gene al, y especialmen e de las ideas ela i-
1a
as á la na u aleza
y
á las acciones de los agen es
sob ena u ales. En ez de emi i al lec o á esos
(1) Si Samuel Bake :
Albe A
yanza,
1
,
247.
20
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
capí ulos, c ee nos más del caso esumi la doc-
ina expues a en ellos, p ime o po que es a doc-
ina, di e en e de las c eencias einan es
y
de las
de los mi ólogos , necesi a que la ep oduzcamos
con insis encia,
y
además po que pode nos o i-
ica la con nue os hechos y p oduci una mayo
imp esión, elacionando más es echamen e los di-
e sos g upos de hechos y las conclusiones.
He aquí un ejemplo ipo de la génesis de las
concepciones eligiosas, cuya ma cha amos á se-
wii
de
nue o en es e capi ulo ; lo encon amos
en la ob a de M . B ough Smy h , in i ulada
Los
Abo ígenes de Vic o ia.
Cuando se sepul a á un
aus aliano de no a, cazado ó miemb o del con-
sejo, el hechice o, sen ado ó acos ado sob e su
umba, elogia al di un o
y
se iende como pa a es-
cucha sus espues as: « el mue o , dice, ha p o-
me ido que si su mue e es su icien emen e en-
gada, su espí i u no onda á la ibu, ni me e á
miedo á nadie, ni induci á á ninguno á segui al-
sas pis as , ni pond á á nadie en e mo , ni p odu-
ci á uido po la noche (1)». Po nues a pa e e-
conocemos sin es ue zo en es e ejemplo los p ime-
os elemen os de un cul o ; encon amos ahí la.
c eencia en un se sob ena u al., un espí i u, y
e nos además los elogios di igidos á ese se que
se supone escucha. A condición de que sus ó de-
nes sean obedecidas, se dice que p ome e no hace
(1) B. B. Smy h:
The
Abo igenes
o Vic o ia.
Melbou ne, 1872,
,107.
POR H. SPENCER
21
aso
de su pode sob ena u al, no hace daño á los
i os ni a emo iza los.
¿No es e iden e que ales gé menes pueden
desen ol e se
y
p oduci eligiones a anzadas?
Leyendo la plega ia, ci ada po Al. Re ille, del
malgache ado ado de los an epasados «Nyang,
malo y po en e espí i u , no hagas e umba el
ueno sob e nues as cabezas; di al ma que no
aspase sus o illas. Cuida , Nyang, los u os que
madu an ; no agos es el a oz en lo
(1) »,
no
puede menos de a i ma se que Y
-
yang no es más
que una o ma más desa ollada de un espí i u
como aquel que el aus aliano a a de calma con
.1'
sus uegos. Se dice en el Japón que los espí i us,
de los mue os, con inúan exis iendo en el mundo
in isible que nos odea po odas pa es , que se
han con e ido odos en dioses con ca ac e es di-
e en es y pode es más ó menos g andes..., que es
p eciso aplaca los dioses malé icos pa a que no
cas iguen á aquellos que les han o endido, que es
p eciso hon a con un cul o á odos los dioses pa a
induci les á aumen a sus a o es (2). Es e ejem-
11'
plo da g an ue za á la opinión de que los dioses
malé icos, como los bené icos, se de i an de «los
espí i us de los mue os... , di e en es po el
ác e
y
po el in lujo ». Encon amos o o a gu-
,
5•
men o en a o de es a idea en el hecho de que en
i'
(1)
Albe o Re ille:
His oi e du Diable,
9.
(2)
E. M. Sa ow:
Thc Re i al o Pi e Shin o.
Apéndice i. las
T ansac ions o he Asia ie ,S
T
ociely o Japan,
in, 79.
22
LAS
INSTITUCIONE
S
ECLESIÁSTICAS
.1
n
•••••
la India, según dice Alejand o Lyall , «pa ece que
los hono es que se dispensaban p ime o á odos
los espí i us de los mue os, se hayan concen ado
como hono es di inos, pa a los manes de las pe -
sonas no ables (1)». Hechos de un mismo géne o,
en iempo de Pla ón, nos ecue dan ambién , que
einaban análogas c eencias en e los g iegos. Así.
emos, en
La República,
á Sóc a es pone en e
los
p ime os
debe es «los cul os de los dioses, de
los semidioses y de los hé oes... , y además los i-
os que el homb e debe obse a pa a gana el
a o de los habi an es del mundo in e nal». La
pe sis encia de es a c eencia demues a que el
« emo á la cóle a de los mue os se había apode-
ado con ue za del ánimo de los p ime os g ie-
gos (2) ». La analogía de esas c eencias, admi idas
en las azas más di e en es en el iempo , en el es-
pacio
y
po la cul u a in elec ual, es un pode oso
a gumen o en a o de la conclusión que hace o i-
gina se las eligiones odas del a án de ene p o-
picios á los espí i us.
A cualquie lado que mi emos, encon amos he-
chos a o ables á nues a conclusión. No ha mucho
oda ía se c eía que no exis ía es igio alguno del
homb e p imi i o; pe o hoy que la a ención se di-
ige sob e ese pun o, en odas pa es se encuen an
ins umen os del homb e p imi i o; de igual sue -
e, una ez o mulada la hipó esis que de i a las
(1)
Si . A. C. Lyall:
Asia ic S udies,
1892, 18.
(2)
Pla ón:
República.—G o e: .His o ia de G ecia,
u , 187.
11)
POR H. SPENCER
23
eligiones en gene al del cul o de los
a
n epasa-
dos, encuén anse p uebas en p o en odas las azas
y en odos los países. Ningún lib o de iajes deja de
apo a hechos nue os,
y
examinando de ce ca las
his o ias de los pueblos de la an igüedad , se des-
cub en en ellas ejemplos nume osos pa a apoya
nues a hipó esis.
Vamos á da nue os ejemplos de los ac o es
y
de las e apas, de la génesis de las c encias eligiosas.
Los oma emos de ob as publicadas después que
hemos esc i o el p ime olumen de los
P incipios
de sociología.
§ 585. El sal aje a icano Commo o, de quien
hemos hablado an es y el cual demos aba con sus
espues as un espí i u más pene an e que el de su
in e locu o , no iene eo ía alguna del sueño. A
la p egun a de cómo explicaba el sen imien o del
cambio de luga du an e el sueño , espondía: « es
una cosa que no comp endo». Se puede no a , de
paso, que cuando la idea de un doble que iaja du-
an e el sueño no exis e, la c eencia en doble o o
que sob e i a después de la mue e no exis e am-
poco. Pe o los sal ajes más dispues os que Commo o
á, acep a in e p e aciones, admi en que las a en u-
as de los sueños son eales. Un zulú decía al obis-
po Callaway: «cuando un mue o uel e (en sue-
ños), no apa ece bajo la o ma de una se pien e, ni
co no una somb a pu a; iene en pe sona, como si
no hubiese mue o: habla á un homb e de su ibu;
no se sabe que sea un mue o has a después de
habe despe ado
y en onces se dice: en e dad, que
24
LAS INSTITUCIONES ECLES1,1ST S
ulano se me ha apa ecido i o aún ,
y
en e dad
que su somb a es la que ha llegado has a mi (1) .» De
igual modo , los andamenes , que c een que la som-
b a de un homb e no es más que una de sus almas
ienen una c eencia según la cual «en los sueños,
el alma es quien saliendo po las na ices, i e
y se
conduce de la mane a ep esen ada al homb e do -
mido (2)».
Cie as o mas ano males de insensibilidad, se
epu an co no ausencias más p olongadas del o o
yo emig an e, impo ando poco que la insensibi-
lidad sea el e ec o de causas na u ales ó a i iciales
Así se explicaban en o o iempo habi ualmen e
esos es ados insóli os de inconsciencia apa en e.
Encon amos la p ueba de es o en una c eencia ex-
p esada po Mon aigne. Pa a él, el alma del hom-
b e , pues a en libe ad y sepa ada del cue po , sea
po el sueño, sea po algún éx asis di ino, p edice
y e cosas que no pod ía pe cibi cuando es á uni-
da al cue po. En nues os días, en e los oua aus,
indios de la Guayana, el homb e que quie e adqui-
i un pode mágico oma una in usión de abaco;
y
« en el es ado de debilidad semejan e á la mue e á
que eso le educe, su espí i u ese obligado á aban-
dona su cue po, isi a los gauhahus, y ecibi de
ellos el pode ... Se c ee que pe manece en adelan e
some ido al in lujo de esos se es emidos... (3)».
(1)
Callaway:
The Religions Sys ems o he amazulu,
1868, 230.
(2)
Jou nal
o he An h opological Ins i u o,
xii, 162.
(3)
Re
y
. J. 11. Be nau.
Missiona y Labou s in B i isí Guya -
na,
1847, 153.
POR H. SPENCER
25
De la c eencia en la ausencia o dina ia • del
doble, du an e el sueño
y
de la ex ao dina ia
du an e el síncope, la apoplejía, e c., e c., se pasa
á la c eencia en su ausencia ilimi ada du an e la
mue e , cuando después de un in e alo de espe a
se e obligado á enuncia á la espe anza de e le
ol e . Se consigna ambién la c eencia en que,
so do á las súplicas, el doble uel e de iempo en
iempo ó ol e á al in. Comúnmen e se supone
que el espí i u aga ce ca del cue po ó iene á i-
si a le. Los i oqueses
y
los chi iuikes «hablan del
mue o que ma cha de noche; le c een despie o
y
en busca de alimen os (1 )». Es a c eencia en los
supues os iajes noc u nos de los espí i us
desma-
e iali zaclos
ha pe sis ido la go iempo en las azas
supe io es; ésela, además, bajo su o ma g ose a
de los p ime os iempos en las his o ias de am-
pi os en boga en cie os paises.
La c eencia p imi i a en la ma e ialidad del do-
ble, iene po consecuencia el deseo de a ende á las
aspi aciones mani es adas po él du an e su ida.
A
es e in, se e á la mad e andamena deposi a
ce ca de la umba de su hijo una concha « con un
poco de su p opia leche ( 2) » , á los chipeuayos
« o ece alimen os
y
egalos á los mue os», á los
chinukes coloca ce ca del cadá e odos los obje-
os ú iles ; á los u aus «man ene el uego ce ca
(1)
Uni ed S a es Expedi ion,
po el com. Wilkes, Filad.,1845,
, 118
(2)
Jou nal o he An h opological Ins ; u e , x ,
142.
26
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
de la umba du an e a ias semanas (1) ; en U ua,
A ica cen al , según Came on , se inmola, des-
pués de la mue e de un je e, á su muje y á sus
escla os (2). Con el mismo in, odas las azas no
ci ilizadas ó á medio ci iliza , conse an los i os
úneb es que implican la c eencia en que el espí i-
u iene las mismas sensaciones
y
las mismas emo-
ciones que el i o. En un p incipio se c eía en eso
á la le a; los zulús son un ejemplo. Uno de ellos
decía que «los espí i us an epasados inie on co-
miéndolo odo, y que cuando las gen es ol ie on
del baño encon á onló odo comido (3)». En o os
pueblos, el espí i u concebido como menos ma e-
ial , se le supone obligado á ap o echa se de la
cosa o ecida; los na u ales de Nica agua , po
ejemplo, «colocan sus ancias alimen icias en el
cue po mue o an es de quema le
y los ah s
queman las man as cuando amo ajan á sus ami-
gos (4) « pa a que és os no engan que i i a de
ío en el mundo sub e áneo (5)».
Los sac i icios al doble del mue o , hechos
po lo común en los une ales, llegan á se en
cie os países usos pe manen es, ep oducidos ya
en ocasiones especiales , ya en in e alos egula-
es. En e ec o, si se abandona al espí i u, puede
(1)
Be nau, loe. ci ., 53.
(2)
Came on:
Ac oss A ica,
u, 110.
(3)
Folk Lo e, Sou h A ican Jou nal,
u, 29.
(4)
Banc o :
The Na i e Razes o he Paci, ic S a es o No h
Ame ica ,
u, 801.
(5)
Id. ibid.,
521.
POR H. SPENCER
27
esul a un daño. Los homb es de di e sos ipos
isi an sus mue os de iempo en iempo pa a lle-
a les alimen os , bebidas , e c. ; los gondos , po
ejemplo, lle an á las umbas de los mue os que
hon an «o endas anuales du an e a ios años (1)».
O os , como los ukiahs y los saneles de Cali o -
nia, «espa cen alimen os al ededo de los luga es
que el mue o ecuen aba p e e en emen e (2)».
En o as pa es, po ejemplo , en e los zulús , se
supone que los espí i us ienden hacia los luga es
donde los alimen os han sido p epa ados pa a
ellos. El obispo Callaway ci a un zulú , que decía:
« Esos mue os es án locos ! ¿Po qué se han e-
elado ma ando al hijo de es a mane a , sin habla -
me? Id
y
aed la cab a (3).»
Las azas se o man ideas di e en es de los lu-
ga es habi ados po esos espí i us de los mue os,
que se pa ecen á los i os en sus ape i os
y
po sus
pasiones. Algunos pueblos , como los chilukes del
Nilo Blanco «se igu an que los mue os ecuen an
los luga es de los i os
y
se ocupan en ellos (4)».
O os , como los san ales , c een que los espí i us
de sus an epasados habi an los bosques ce canos.
En e los sono es y los moha es de Amé ica del
o e se c ee que las ocas
y
las colinas son la
mo ada de los espí i us. «La ie a de los biena en-
(1)
Re
y
. Hislop :
Abo ioinal T ibes o he Cen al P o in-
ces ,
19.
(2)
Banc o , ob. ci ., u , 524.
(3)
Callaway, ob. ci . 372.
(4)
Schwein u h, ob. ci ., 91.
3-1
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
ag adecidos po las o en
-
das deposi adas an e sus
imágenes. Algunas eces se les da el nomb e de je-
es mue os (1)». Bas ión e ie e que una neg a de
Sie a Leona enia en su cua o cua o ídolos , cu-
yas bocas embadu naba dia iamen e con maíz
y
acei e de palma. Una ez lo hacia po ella misma,
o a po su ma ido mue o, y o a po cada uno de
sus hijos (2). Con ecuencia , la imagen es g ose a
en ex emo. Los clama as ienen una imagen he-
cha con dos piezas de made a que ep esen a la
di inidad de la casa , ó, más bien , el pa ien e dei i-
cado (3)»,
y
el cual es lle ado ue a en cie as
ocasiones. «Las ce emonias habi uales de los láhils
consis en simplemen e en embadu na su ídolo,
que nó es sino una pied a in o me , con e mellón
ó acei e , y en o ece le algún animal ó lico , ha-
ciendo en al momen o p o es as ó pe iciones (4)».
Tenemos aquí ya la ansición á la especie de
e ichismo que admi e que un obje o, g ose amen e
semejan e á un se humano,
y
sin pa ecido alguno
con és e, es á habi ado po un espí i u. Podemos
añadi que la elación en e el desen ol imien o
de la eo ía espi i is a
y
la del e ichismo se e ela
en un hecho donde uno
y
o o al an. Tal se ob-
se a en un pueblo a icano , según dice Thom-
son.
« Los wahabis pa ecen lib es de la idea supe s-
iciosa, como ninguna o a ibu del mundo. No se
(1)
Li ings one:
Las Jou nals in Cen al A ica ,
1874, 1, 553.
(2)
Bas ian:
De
Mensch in de Geschich e
1860, II, 129.
(3)
Ande son:
Lake 110gami ,
229.
L
)
T an,sac ions o he Royal Asia ic Socie y,
,
1, 72.
á
1:p
POR H. SPENCER
35
encuen a en ellos as o alguno de ese e ichismo
que en o as eina. Ni aun se obse a en los waha-
bis el espe o hacia sus mue os ; a ojan los cadá-
e es en e las malezas , donde las hienas los de o-
an (1).» Igual elación se e ela p ecisamen e en
la desc ipción de los masüs , que el mismo au o
nos da más ecien emen e.
La iden i icación de los an epasados con los
animales se hace de di e sas mane as: esul a la
ene ación de és os , ya bajo o ma de a enciones
supe s iciosas , ya bajo o ma de cul o. Los anima-
les que ecuen an los luga es de las sepul u as ó
los que c een habi ados po los espí i us, así como
ambién las bes ias que ondan po la noche, son
na u almen e conside ados como las o mas elegi-
das po los mue os. Los bongos emen á «los espí-
i us, cuya mo ada es á en la somb a oscu a de
los bosques. Los espí i us, los diablos y las b ujas
se los llama po lo común
bi abohs ;
llámase espe-
cialmen e á los ampi os del bosque
songas (2),
de-
signando con el mismo nomb e á odos los mu -
ciélagos... y á los buhos de oda especie. »
La c eencia de que odos los espí i us uel en
á sus an iguas mo adas , induce á pensa que esos
espí i us enca nan en las se pien es que ecuen-
an las casas. Los neg os de Blan y c c een que
,<si un mue o quie e me e miedo á su muje ,
(1)
Thomson:
To Me Cen al A ica Lake& , and back,
1881,
1,
23-7.
(2)
Schwein u h, ob. ci ., 1, 305.
36
LAS INSTITUCIONES EGLESIkSTICAS
puede apa ecé sele bajo la o ma de una se pien-
e». Cuando alguno ma e una se pien e pe ene-
cien e á un espí i u , p ocu a disculpa se an e el
dios o endido , diciendo : «Pe dón , pe dón, no sa-
bia que esa se pien e uese cosa ues a (1)». Un
g an núme o de pueblos indo-eu opeos, han mi-
ado las se pien es como di inidades domés ica
s
..
«En cie os can ones de Polonia , en 1762, los
campesinos cuidaban mucho de da leche
y
hue-
os á una especie de se pien e neg a que anda al-
ededo de la casa,
y
se desespe aban cuando
alguien hacia daño á esos ep iles (2) ». En la Amé-
ica del No e obsé anse c eencias análogas,
suge idas de o o modo. Los apaches « en en las
se pien es de cascabel , la o ma que los malos o-
man después de la mue e (3)». Los na u ales de
Naya i c eían « que du an e el día los espí i us
podían isi a á los i os, bajo o ma de moscas,
pa a busca los alimen os (4)». Es o nos ecue da>
un cul o de los ilis inos y una c eencia de los ba-
bilonios exp esada en la leyenda de Izduba , don-
de se dice que «los dioses de U uk Subu i (los
biena en u ados) se con e ían en moscas».
La iden i icación de los espí i us de los mue os
con los animales , ya con los que ecuen an las
casas ó los luga es que se suponen habi ados
po aquéllos, ya con los que se asemejan á los di-
(1)
Mac Donnald:
A ica,
e c., i, 62.
(2)
Mau y:
Bis oi e des eligions ,
e c., u, 463.
(3)
Bane o :
The A
a i e Races,
e c., ni, 529.
(4)
Id. ibid., nx, 527.
•
POR H. SPENGER
37
un os po su buena ó mala na u aleza, se e ela
en o os hechos po la alsa in e p e ación de los
nomb es. En e los aYnos del Japón , «el mayo
cumplimien o que puede hace se á un homb e , es
compa a lo á un oso. Así, Chinondi , dice de
Ben i el je e: es más ue e que un oso;
y
el iejo
Fa e, pa a ponde a á Pipicha i , le llamaba «el
jo en oso». Ahí e nos ambién el paso de la com-
pa ación á la me á o a se i de ejemplo en el
o igen de los nomb es de animales. Más lejos, ob-
se amos á los aYnos endi cul o al oso , aun cuan-
do lo ma en y lo coman can ando en co o en el
es ín : «Te hemos mue o , oso , uel e en un
aYno (1) »; odo lo cual nos hace comp ende cómo
puede llega se á la iden i icación del oso con un
aYno an epasado ,
y
po consiguien e , al uso de
busca el a o del oso. Es a causa de iden i ica-
ción de los an epasados con los animales,
y
el ca-
ác e sag ado que se concede, en su consecuen-
cia á esos animales , nos so p enden cuando sabe-
mos que «el an epasado de la amilia eal mongola
e a un lobo , que es a amilia lle aba el nomb e de
Lobo (2) »,
y
eco damos los casos innume ables
de nomb es de animales lle ados po los indios de
Amé ica y el uso del
o em
que á ellos se asocia.
Aun sin sali de Eu opa, encon amos ejemplos
muy signi ica i os. Según una an igua adición,
el Ea le Siwa d de No umb ia , enia un abuelo
(1)
Miss I. L. Bi d;
Uebea en, T acks in, Japon,
1880, 97
y
si-
guien es.
(2)
Howo h :
Tlis o y o he .1 on ,ols,1116,
, 83.
38
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
que había sido oso en las sel as de No uega; y «es e
oso, an epasado de Siwa d
y
de Ul , enia, ade-
más , á lo que pa ece , osos en e sus descendien-
es». Aho a bien ; Siwa d, dis inguiase po su
«gigan esca alla, su ue za eno me
y
su a-
lo » (1) , así podemos a i ma con azón , que, al
igual que en el caso de los aYnos, la iliación e-
e ida de un oso , p o enía de un e o de in e -
p e ación de una me á o a aplicada á un an epa-
sado análogamen e pode oso. En o os casos , el
ca ác e sag ado de cie os animales , esul a de
la idea de que los mue os han pasado al cue po
de esos animales. Hay dayaks que se niegan á co-
me ca ne de enado po que c een que « oman la
o ma del gamo después de su mue e (2)». En e
los esquimales, «el angekok anuncia á los pa ien-
es a ligidos á qué animal ha pasado el alma del
di un o (3)». El espe o hacia un animal,
y
á e-
ces el cul o de que es obje o , pueden , pues , p o-
duci se de a ias mane as; pe o odas suponen la
iden i icación de es e animal con un homb e.
Un pensionis a de la ins i ución de so do-mu-
dos de Edimbu go decía, «que an es de i á la es-
cuela , c eía que las es ellas es aban colocadas en
el i mamen o como ascuas de uego (4) ». Es a
ase nos ecue da una c eencia de algunos pueblos
',1)
F eeman:
His o y o he ISTo mand conqu.?s o England,
1870, I, 768.
(2)
Boyle:
Ad en u e: amony he
Dwahs o
Bo neo,
1865, 229.
(3)
Hayes:
A is Boal
-
Tou ney,
1780, 1:J9.
(4)
D . J. Ki o,
The Los
Senses,
199.
POR H. SPENCER
39
de Amé ica del No e, pa a quien las es ellas más
b illan es son uegos de campaña encendidos po
los mue os en su camino hacia el o o mundo.. En
ambos casos , emos co no puede es ablece se la
iden i icación de las es ellas con las pe sonas.
Cuando un cazado , al oi el uido de un dispa o,
dice: es Jones, no quie e deci que Jones es el uido,
sino que Jones ha hecho el uido. Pe o cuando un
sal aje mues a cie a es ella que se supone el ue-
go del i ac de un di un o y dice : allí es á él, el
niño que oye
y
ap ende con ales palab as, supone
na u almen e que en el pensamien o del sal aje, la
es ella es el di un o mismo, sob e odo, cuando e-
cibe es a enseñanza en una lengua no desa ollada.
De ahí la c eencia de los cali o nios , según la que
los espí i us an al luga « donde la ie a
y
el
cielo se ocan, con ié ense en es ellas
y
los je es
oman las o mas más b illan es.» De ahí ambién
la c eencia de los mangaianos según los que cie as
es ellas son niños. «Su mad e e a una diabla, que
no les concedía ningún descanso: subié onse sob e
una oca ele ada
y
de allí caye on al cielo, siguió-
onles sus pad es pe o aún no los han encon a-
do (1)». De análoga mane a, se o ma la pe so-
ni icación de las es ellas y de las cons elaciones.
Con sólo eco da que la iden i icación de los hom-
b es con los animales, es un hecho gene al en las
sociedades p imi i as , se puede comp ende como
se llega á la iden i icación de los animales
y
de
(1) Banc o , ob. ci ., ni, 523.
40
LAS INSTITUCIONES ECLESLI.STICAS
las cons elaciones; po ejemplo Calix o, me amo -
oseado en oso, se le conside a como oso en el cie-
lo. Tenemos ambién la p ueba de que las apela-
1>'
ciones me a ó icas pueden da luga á la pe so-
ni icación del cielo en gene al. Un ey ha aiano
lle aba el nomb e de Kalani-Nui-Liho-Liho lo que
quie e deci , «los cielos g andes y somb íos» : de
donde esul a, in i iendo el o den admi ido po
los mi ólogos , que Júpi e ha sido acaso un hom-
b e i o
y
que su iden i icación con el cielo p o-
iene de su nomb e me a ó ico.
Es á p obado que una con usión semejan e á
esa de la me á o a con el hecho, conducen al cul o
del sol. En odas pa es se encuen a el uso de los
cumplimien os po medio de compa aciones con el
sol; cumplimien os que se hacen he edi a ios cuan-
do se e ie en á homb es po en es. Los ;e es de los
Hu ones lle aban el nomb e del sol;
y
según Hum-
bold , los
eyes soles
de los na chez hacen pensa
en los héliadas de la p ime a colonia o ien al de
Rodas. En e los nume osos hechos omados de la
his o ia de Egip o, puede ci a se una insc ipción
de Silsilis: «Salud á i, ey de Egip o, sol de los
pueblos ex anje os... A él, ida y salud; es un sol
b illan e». En semejan es casos el cul o del an e-
pasado se con ie e p on o en el cul o del sol. Lo
mismo ocu e con los o os me eo os. En la escue-
la de Bey ou h, dice Yessup... «hay
y
ha habido
jó enes llamadas... Au o a, Rocío, Rosa..., una
-Vez isi é á un homb e en la ciudad de B unmana
que enía seis hijas: las llamaba
Sol, Mañana,
Ce' i-
I
POR H. SPENCER
41
o, B isa,
e c. O a se llamaba
Es ella (1)».
Aquí
ambién la supe io idad del ango, la o una, un
des ino excepcional de algún indi iduo, hab án sido
el pun o de pa ida de un cul o del enómeno pe so-
ni icado. Una leyenda de los boschimanes da un
o igen análogo á la pe soni icación del ien o. «El
ien o, dice, e a en o o iempo una pe sona, con-
i ióse en una cosa con plumas , que olaba
y
no
andaba como an es, olaba
y
i ía en la mon a-
ña..., habi aba en una ca e na, en una oca (2)».
En di e sas pa es del mundo se encuen a la
idea de que, no sólo los an epasados di inos p o-
c eado es de la aza humana salían de las ca e -
nas, sino que los Dioses-Na u aleza , p ocedían
ambién de ahí. Una leyenda mejicana nos enseña
que el sol
y
la luna salían de las ca e nas. El bos-
chiman mode no no hace o a cosa que epe i , en
su leyenda del ien o, las c eencias de los an iguos
g iegos. Esas his o ias, conside adas como de i a-
das de las adiciones de los oglodi as
y
el cul o
que las acompaña, ienen un o igen na u al: de
o o modo p o oca ían absu dos inú iles que no se
pod ían impu a legí imamen e á los homb es más
in eligen es. Es á p obado que en los iempos p i-
mi i os se usaban los nomb es con esa al a de
p ecisión que p oduce las con usiones de que ha-
bla nos. Según G o e el nomb e de la diosa A é se
empleaba á eces pa a designa la pe sona, o as
(1)
Jessup,
Tize Womesz o he T abes,
[874, 24:3.
(2)
Folh Lo e ( Sou h A i ua ) Jou nal, u, 42.
LAS INSTITUCIONE
S
ECLESIÁSTICAS
eces el a ibu o ó el suceso no pe soni icado. Po
o a pa e, se ha no ado que «en Home o, Kides
es in a iablemen e el nomb e de un dios ; pe o
más a de al nomb e se aplicaba á la mu alla del
eino del dios (1)». El cul o de la na u aleza no
es, pues, más que una des iación del cul o de los
espí i us.
En sus o mas no males , lo mismo que en las
ano males, odos los dioses p o ienen de una apo-
eosis. En:un p incipio, el dios es el homb e i o
supe io en quien se concibe un pode sob ehumano.
Los pueblos sal ajes de nues os días
y
los pueblos
ci ilizados en su pasado , nos dan p ueba de ello.
«Los amandebeles, dice M. Selous, mi an al je e
de esos k aales como un
Umlimo
muy po en e es
deci , un dios (2)». O o hecho : «El gene al Ni-
cholson , cuando i ía, e a ado ado po los indios
á pesa de la iolen a pe secución con que op i-
mía á sus ado ado es (3)». Esos indios son de
nues os días , pe o el Rig Veda nos enseña que
los de la an igüedad hacían lo mismo. Así decían
á sus dioses : «Tú , Agni, el más an iguo de los
sabios y el semejan e á Angi a... Tú, Ind a, ú
e es un ichi nacido en los an iguos iempos... In-
d a es un sace do e , Ind a es un ichi». La apo-
eosis de Aquiles ,
y
la adición según la cual
Py hia quiso habla á Licu go como á un dios, nos
(1)
G o e:
His oi e de la G ece,
i, 14.—W. Smi h:
Dic ionna y
o G eek and Roman Biog a y and Mi kology,
, 1844, i , 319.
(2)
Selous: A
Ilun e 's Wande ing in A ica,
1881, 331.
(3)
Si Al edo Lyall:
Asia ic S udies,
1882, 19.
a
POR H. SPENCER
43
ecue d
an
cómo se de i aban en e los g iegos las
di inidade
s
del homb e. Todos sabemos ambién
que, en e los omanos
y
los pueblos some idos al
Impe io , el cul o del empe ado había hecho muy
g andes p og esos. En «cada una de las ciudades
de las Galias , un g an núme o de homb es pe e-
necien es, á las clases más ele adas , así como á las
clases medias, e an sace do es de Augus o, de
Vespasiano ó de Ma co Au elio
(1) ».
Las es a uas
de los empe ado es e an « e dade os ídolos á los
cuales se o ecía incienso , íc imas ,
y
se di igían
plega ias ». Un inciden e de la campaña de Tibe-
io en Ge mania, en el año 5 , nos hace e de
una mane a cu iosa, de qué modo las ideas que im-
pe aban en esos cul os e an na u ales en los demás
pueblos de Eu opa. Los omanos
y
los ge manos
hallábanse en e á en e, sepa ados po el Elba.
«Uno de los bá ba os , de edad a anzada, de igo-
osa p esencia , y , á juzga po sus es idos , de
ele ado ango , en aba en un onco de á bol
ahuecado, de los que se ían á los ge manos de
canoas,
é
impulsaba el esqui e has a la mi ad del
ío. Una ez allí , pidió y ob u o un sal oconduc-
o pa a pasa del lado de los omanos á e al
p íncipe. Después de echa pie en ie a, pe ma-
neció la go iempo mi ándole sin deci una pala-
b a. Po in , exclamó: e dade amen e , nues os
jó enes es an locos. Es áis lejos, os ene an como
(1) Fus el de Coulanges:
His oi e des Ins i u ions .poli iques
de l'ancienne F ance,
I, 89.
JQ
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
un chacal... ¡ Soy yo quien e p o ege, hijo mío
que ido ! , llo as, o o alien e que eina sob e
la Tebaida.» Vemos en es a ci a lo que ya hemos
is o en el ejemplo de los asnos ; es o es , que se
pasa de la compa ación á la me á o a. « Tu Majes-
ad, como el o o » , llega á se Ho us , « el o o
alien e». Es a ansición conduce po una pen-
dien e na u al, en una época subsiguien e, á con-
undi al homb e con el animal, y, po an o, al
cul o del animal mismo. Po o a pa e , emos
ambién que la compa ación con los animales como
cumplimien o, pasando de modo igual po la me-
á o a pa a llega á la iden i icación, da á p oba-
blemen e o igen á los indi iduos di inizados bajo
di e sas o mas. O o caso nos hace e de qué
mane a un nomb e que no e a más que un apela-
i o en son de elogio, de un je e local, puede oca-
siona la adopción de la imagen de un animal pa a
una pe sona i a conocida. «Ram es el seño de
la ciudad de Mendés, el G an Dios , la ida de Ra,
el Gene ado , el p íncipe de las jó enes.» El ey
se llama á si mismo « la imagen del di ino Ram,
el i o e a o de ese Dios... , la emanación di ina
del p olí ico Ram... , el hijo mayo de Ram...» Se
nos dice en o o luga que el ey dei icaba á la p i-
me a de sus muje es
y «
o denaba que su e igie, á
semejanza de Ram, uese colocada en odos los
emplos».
La in e p e ación li e al de las me á o as con-
duce al cul o de los cue pos celes es. Según hemos
is o , la es ella Sesche se iden i ica con un indi-
POR H. SPENCER
51
iduo : lo mismo le ocu e al sol. «Mi seño el Sol,
Amenho ep III, el p íncipe Thebas me ha ecom-
pensado. El es el dios Sol ; ningún ey ha hecho
cosa semejan e desde el einado del dios Sol Ra , el
seño de la ie a.» Cuén ase, á p opósi o del sa -
có ago p epa ado pa a el ey Aménemha , que
«jamás se había p epa ado nada igual desde los
iempos del dios Ra». Esas ci as mues an que es a
me á o a del saludo ó cumplido se empleaba de una
mane a an posi i a, que se acep aba como un he-
cho, dando al o igen
á
la c eencia según la que el
sol había sido el sobe ano eal de Egip o.
Po muy cla o que pe cibamos
cómo
odas esas
c eencias se de i an del cul o á los an epasados
según los hechos que acabamos de ci a , aún lo
emos más cuando obse amos , de una pa e , que
el nomb e
dios
se aplicaba á un supe io i o,
y
de
o a , que los dioses no enían sino a ibu os huma-
nos. «Ad ié ese pe ec amen e que la di e encia
en e las ideas de lo di ino
y
de lo humano es ela-
i amen e débil , dado el hecho signi ica i o de
que en los je oglí icos , uno
y
el mismo de e mina-
i o exp esa , según el con ex o , la idea de dios,
an epasado , pe sona augus a . Cuando emos la
apo eosis
de un hechice o
i o,
no puede so p en-
de nos
el e al ey Saha a de la V dinas ía, llama-
do «
dios que cas iga odas las naciones
y
alcanza á
odos los paises con su b azo» ,
ni encon a aná-
loga dei icación pa a o os eyes y einas his ó i-
cos, po ejemplo, Mena d es
y
No e -A i-Aah nés.
Desde el momen o en que se
a ibuye
á
un ey i o,
52
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
Ramsés II , po ejemplo , la omnipo encia
y
la.
omnip esciencia , no se anda lejos de la dei icación.
En ealidad se oca en ella; pues que al lado de esas
ideas que ele an al homb e, encon a nos o as que
ebajan á los dioses. «Los dioses ienen un cue po
y
un alma; ienen miemb os
y
pasiones, su en
hamb e y sed. Sudan, sus miemb os iemblan,
la cabeza les duele, sus dien es i i an , ie en lá-
g imas sus ojos, sang e su na iz, el eneno in ade
su ca ne... Todos los g andes dioses piden p o ec-
ción. Osi is sucumbe sin soco os bajo el pode de
sus enemigos; su muje y su he mana p o egen
y
cuidan sus es os (l).»
(1)
Es cu ioso e cómo el espí i u p e enido se cie a á la
e idencia. Hubie a podido c ee se que an as p uebas, con o mes
con las de o os pueblos, con ence ían á odos de que la eligión
egipcia e a un cul o de los an epasados a anzado. Sin emba go,.
ales p uebas no pa ece que hayan hecho e ec o alguno en el
ánimo de los eólogos
y
de los mi ólogos. No impo a que, según
las an iguas adiciones de Egip o, «la ie a de Pun e a la mo-
ada p imi i a de los dioses», de donde «los san os inie on pa a
el alle del
Nilo ,
lle ando á la cabeza á Ammon , Ho us , Ha ho
no impo a que, según o a adición, «du an e los p ime os
iempos, einaba sob e la ie a una dinas ía de dioses, la cual
ué
seguida po una, e a de semidioses ,
y
que la dinas ía del mis-
e ioso Manés ce aba el pe íodo p ehis ó ico»; ampoco impo a
nada que esas adiciones coincidan con la dei icación de los
eyes, de los sace do es, de los pequeños p íncipes
y
de las pe -
sonas o dina ias que la his o ia de Egip o en gene al nos da á
conoce ; odo eso se desdeña po el place de p oclama un
mo-
no eísmo
ó un cul o de la na u aleza p imi i os. La única au o-
idad sob e la cual ales ideas se apoyan, consis e en las adi-
ciones debidas á los sace do es egipcios de la úl ima época, a-
diciones esc i as ú o ales, necesa iamen e p ecedidas po un
la go pe íodo, du an e el cual el a e de ija los ecue dos no
exis ía, y po o o ambién la go, de ci ilización; adiciones
ea
POR H. SPENCER
53
Hase dicho que una mi ad del mundo no sabe
cómo i e la o a mi ad ; o o an o puede deci se
espec o de que una mi ad del mundo no iene idea
alguna de lo que la o a mi ad piensa , ni de lo que
en o os iempos ella misma pensaba. De o dina-
io , las cosas que e an amilia es en una época
dada del desen ol imien o men al se ol idan en
una época siguien e. Comúnmen e, muchas ideas
y sen imien os de la in ancia se des anecen en al
o ma en la edad madu a, que es imposible ep e-
sen á selos
y
ep oduci los; de un modo análogo,
de e minadas nociones na u ales pa a la conciencia
de los homb es desp o is os de cul u a , han lle-
gado á desapa ece de la conciencia de los hom-
b es ilus ados, has a una medida al, que es pun o
menos que imposible c ee que homb e alguno
haya podido nunca acep a las. Así como las c een-
cias absu das de que los pad es se íen cuando las
en exp esadas po sus hijos, ue on en un iempo
las suyas p opias, así los pueblos ci ilizados que en-
cuen an idículas cie as ideas p imi i as , des-
cienden de an epasados que p o esaban esas ideas
mismas. Su p opia eo ía de las cosas p o iene po
in, que exp esaban na u almen e ideas ela i amen e a anza-
das. Casi es lo mismo es o cuino si se negase que el cul o he-
b eo p imi i o ue a el que el
Le í ico
p esc ibe, po la azón de
que ese cul o es á decla ado po Amós
y
Oseas, ó deci que la
idea que Sóc a es enía de Júpi e , es una p ueba de que el an-
opomo ismo de los p ime os g iegos no e a g ose o, ó sos ene
que las ideas e inadas que cie os mode nos, Mau ice po ejem-
plo, se o man del c is ianismo, exp esan las c eencias de los
c is ianos de la Edad Media.
54
LAS
INSTITUCIONES ECLESIASTICXS
len as modi icaciones de la eo ía p imi i a de las
cosas, en la cual la supues a ealidad del obje o
is o en sueños , daba luga á la supues a ealidad
de los espí i us , de donde se o iginan odas las es-
pecies posibles de se es sob ena u ales.
§ 587. ¿ Hay alguna excepción en es a gene-
alización? ¿Debe nos admi i que en e las nume
osas eligiones, con sus o mas
y
sus elabo acio-
nes di e sas que ienen es e o igen común , exis e
una que p o iene de o igen di e en e? ¿Debemos
deci que odas las eligiones son na u ales, pe o
que la de los heb eos, que se nos ha ansmi ido
modi icada, es sob ena u al?
Si , pa a esponde , compa a nos es a eligión
que se supone excepcional con las demás , no la
encon a nos an di e en e de las o as , que sea
necesa io asigna la una génesis dis in a. Po el
con a io , la encon amos muy semejan e á las
demás en odo.
En
p ime luga , el plasma de supe s iciones
po medio del cual la eligión de los heb eos ha
e olucionado, e a de la misma na u aleza que aquel
que po odas pa es encon amos. Sin duda alguna
que, du an e la e a de la ida nómada, la c een-
cia, en un alma do ada de una exis encia pe ma-
nen e no es aba desen uel a, pe o encon a nos
en onces la c eencia en la ealidad de los obje os
is os en sueños. Más a de obse amos la suposi-
ción de que los mue os oyen á eces
y
esponden.
C eiase que los espí i us de los mue os habi aban
los luga es de los sepulc os; los demonios que se
POR H. SPENCER
55
in oducían en los homb es e an causa de sus en-
e medades ó de sus pecados. Muy c eyen es,
como los sal ajes ac uales , en los amule os , en los
encan os, en las hechice ías, e c., e c., los he-
b eos enían en e ellos gen es cuyas unciones
co espondían á las de los hechice os , es o es,
homb es inspi ados po « los espí i us amilia es»,
magos (Isaías ,
19)
y
o os , p imi i amen e
llamados isiona ios
y
más a de p o e as (I Sa-
muel,
ix, 9), á quienes se hacían p esen es en
cambio de sus decla aciones, has a pa a encon a
asnos. Samuel, que in ocaba el ayo
y
la llu ia,
desempeñaba el papel de un doc o del iempo,
y
es
pe sonaje és e que se encuen a aún en cie as pa -
es del mundo.
Los heb eos conse aban a ias adiciones
que les e an comunes con o os pueblos. Su le-
y enda ace ca del dilu io es de la misma amilia
que la de los acadienses
y
la de los indios, en e
los cuales el Sa hapa a-b áhmana nos enseña que
Manú ecibió de Vichnú la o den de cons ui un
a ca pa a lib a se de la inundación , la cual ocu-
ía según se había p edicho
y
«a asaba odas
las c ia u as i as (1)». Sólo Manú se sal aba.
La his o ia del nacimien o de Moisés iene su aná-
loga en una leyenda asi ia, en la cual leemos lo
que sigue : «Yo soy Sa gina el g an ey..., mi ma-
d e... me lle aba á un luga sec e o..., me colocó
en una ces a de juncos...
y me lanzaba al ío...
(2) .
(1)
P o . Monnie Willia ns:
Indians Wisdom,
1875, 32.
(2)
Reco ds on he Pas ,
e c.,
y
,
3.
56
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
Lo p opio ocu e con el calenda io
y
las obse a-
ciones que p esc ibe. «Los meses asi ios e an lu-
na es... el sie e, el ca o ce , el ein iuno y el
ein iocho e an sábados. En esos días de sábado
es aba p ohibido odo abajo , aun el de ob as de
bene icencia... Las disposiciones legales enían el
mismo ca ác e que las del código judío (1). »
Igual pasa con su eología. El í ulo común de
Elohi n,
aplicábase á la ez á los i os dis ingui-
dos , á los espí i us o dina ios
y
á los espí i us
supe io es ó dioses. Lo que quie e deci que pa a
los heb eos, como pa a los egipcios
y
muchos o os
pueblos, un dios no es más que un se po en e de
una exis encia isible ó in isible. La palab a egip-
cia
Nu a ,
,
empleada pa a designa los dioses, em-
pleábase ambién pa a designa la ue za: de la p o-
pia sue e Il ó El, en e los heb eos, aplicábase á
los hé oes
y
á los «dioses de los gen iles». De es as
concepciones ha salido , como en o os casos , la
p opiciación ó el cul o de di e sos se es sob ena-
u ales: un poli eísmo. Ab aham e a un semidiós á
quien se di igían plega ias (2). «Ellos han sac i i-
cado á los diablos, no á Dios, á dioses que no cono-
úian , á dioses ecién enidos ,
y
que nues os pa-
d es no han emido
(Deu .,
xxxii, 17) .» La c eencia
en o os dioses dis in os de Jeho á pe sis ió la go
iempo; Salomón les o ecía sac i icios y los p o e-
as lo denunciaban. Además, aun después que Je-
(1)
Smi h:
His o y o Assy ia,
13.
(2)
Ewald:
His oi e d'Is aa,
u , 295.
POR H. SPENCER
57
ho á llegó á se el g an Dios econocido, las ideas
pe manecie on en el ondo poli eís as. En e ec o,
así como en la
Ilíada
( e sos 1000-1120) los dioses
y
las diosas comba ían con la espada y la lanza en
las ba allas al lado de los mo ales, así los ángeles
y
los a cángeles del pan eón heb eo comba ían so-
b e la ie a (1). Análogas ideas se encuen an
en e cie os sal ajes de nues os días.
Toda ez que Jeho á e a en el o igen un Dios
co no an os o os,
y
que llegó á se el Dios sup e-
mo, eamos qué na u aleza le asignan los es imo-
nios an iguos. Sin de ene nos en la leyenda del ja -
dín del Eden (sacada p obablemen e de los acca-
dianos), donde se e á Dios anda
y
habla á la
mane a de los homb es, ni en la época en que «el
Seño ino á e la ciudad
y
la o e que los hijos
de los homb es edi icaban », podemos encon a
hechos ales como la lucha de Jacob con Dios
y
la con e sación de Dios con Moisés cuando «el
Seño le hablaba ca a á ca a , como un homb e
habla á su amigo». Esos ejemplos
y
muchos o os
mues an que en e los heb eos de los p ime os
iempos , Jeho á «el ue e... el homb e de gue-
a», empezó po se un po en ado local « como
los que se llaman dioses en e los beduinos», pa a
se más a de mi ado como el más pode oso de
los espí i us ado ados ; o eciansele , además , los
sac i icios en los al os luga es (II
Reyes,
3),
semejan es á aquellas .donde se enia po cos um-
(1)
Supe na u al Religión,
2.
a
edie. 1874, 1, 110.
58
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
b e sepul a á la pe sona de ango supe io ,
y
como se hace oda ía en cie os paises. En e los
beduinos, dice Bu ckha d , «las umbas de los
san os es án colocadas gene almen e sob e las
cumb es de las mon añas»
y
« odos los á abes de
las ce canías les di igen sus o os (1)». Véase ahí
una anología con la idea eligiosa p imi i a de los
g iegos, de los escandina os
y
de o os pueblos : en
odos, los dioses que en la apa iencia e a imposi-
ble dis ingui de los homb es, ababan á eces
luchas con es os,
y
no siemp e con buen éxi o (2).
Además, el «Dios de las ba allas», que cas igaba
c uelmen e
y
con ecuencia la desobediencia, e a
e iden emen e un Dios local, «el Dios de Is ael».
El mandamien o «Tú no end ás o o Dios an e
mí», no quie e deci que no hubiese o os dioses,
sino que los is aeli as no debían econoce su au-
o idad. La idea de que el Dios heb eo no e a el
Dios único , se encuen a implíci a en la palab a
«nues o» Dios que los heb eos empleaban pa a
dis ingui á Jeho á de los demás dioses. Aun ad-
mi iendo que Jeho á ue a un Dios como cual-
quie o o, a i mábase que su au o idad se ex iende
sob e el uni e so en e o. Igual ocu ió con cie os
dioses de Egip o
y
con los Fa aones i os. Deciase
á uno de ellos : «No hay luga donde no eine u
di inidad; us palab as son la ley de oda la ie-
a...; ú ienes millones de idas... Todo lo que
(1)
Bu ekha d :
No es su les Bedouins e les Wakabis ,
1831,
1,X59.
(2)
Po e :
A ckceologia G eca,
i, 172.
la
i
(11
Ce
T l
POR H. SPENCER
59
se hace en sec e o, u ojo lo e (1).» La au o idad
de Jeho á no es aba limi ada sólo en cuan o á la
ex ensión, lo es aba en cuan o al g ado. No se
p e endía pa a él la omnipo encia. Sin ol ida el
us ado in en o de ma a á Moisés, podemos ci a
las de o as su idas po los is aeli as cuando com-
ba ían de con o midad con sus opiniones, po ejem-
plo, en las dos ba allas lib adas con los benjami as,
y el comba e con a los ilis eos , en que «el a ca
de Dios ué omada (1
Sam.,
9-10) ». Un es i-
monio más impo an e oda ía: aunque «el Seño
ino en auxilio de Judá», «no pudo des ui á los
habi an es del alle, po que enían ca os de hie-
o»
(Jueces,
, 19). Es deci , que su pode enia
lagunas, como el pode que o os pueblos a i-
buían á sus dioses. Análogas lagunas enía en su
na u aleza in elec ual
y
mo al; Jeho á ecibía no-
icias: a á e si son cie as ó no ; a epién ese
de lo hecho, es o es, que no iene la omnisciencia.
Al igual que un ey de Egip o ó de Asi ia, no
cesa de ponde a se á sí mismo. Así, dice : «No da é
mi glo ia á nadie» (
Isaias,
XLVIII, 11). Se decla a
celoso,
u
ena i o
y
des uc o implacable de sus
0
enemigos. En ía su espí i u de la men i a ce ca
de un ey pa a engaña le, como Júpi e hace con
Agamenón (II Co ., XVIII, 20). Se bu la de un p o-
e a
y
le hace p o e iza alsamen e con in ención
de pe de le (Ezequie , xi , 9). Endu ece los co a-
zones de los homb es pa a luego cas iga les po el
(1)
Reco ds o he Pas .
i,
101.
66
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
Ic
blece un lazo de unión. Como ejemplo, en e an-
os o os , ci a emos los padams, que « ienen po
sag ado odo comp omiso cimen ado po un cam-
bio de ca nes (1)». Admi ida la c eencia de que los
espí i us de los mue os conse an sus ape i os , se
alimen an con los manja es que les son o ecidos á
con el espí i u de és os. Tal idea se ex iende á los
mue os mismos. Po eso p ecisamen e en cie as
pa es del mundo se ha obse ado el uso de es i-
nes, en los cuales los i os y los mue os se supo-
nen eunidos ,
y
enue an sus elaciones de subo -
dinación de un lado y bene olencia del o o. En-
e los mejicanos , es e a e o de come con el espí-
i u ó el dios , se ans o maba en el ac o de
«come el dios» (simbolizado po un pas el hecho de
sang e de las íc imas), y se asociaba á un luga
dedicado al dios du an e un iempo de e minado.
Hay o as semejanzas de una impo ancia me-
no , que bas a e e i
y
ci a b e emen e. Las c u-
zadas de los c is ianos pa a la posesión del San o
Sepulc o , ienen su p o o ipo en la gue a sag ada
sos enida po los g iegos pa a posee Del os. En-
e los c is ianos hay una pa e del cul o que con-
sis e en eci a los ac os del dios de los heb eos,
de sus eyes
y
de sus p o e as; igualmen e , en e
los g iegos , una pa e del cul o consis ía en e-
ci a las hazañas de los dioses
y
de los hé oes ho-
mé icos. Los emplos g iegos se en iquecían con
los dones p eciosos o ecidos po los eyes y los
(1) Dal on:
Desc ip i e E knolo yy o Bengal.
Calcu a, 1882,25.
Vid;;
•
POR H. SPENCER
67
pe sonajes opulen os deseosos de ob ene el a o
ó el pe dón de los dioses; los emplos de los c is-
ianos se han en iquecido de igual mane a. La
basílica de San Ped o de Roma ha sido edi icada
con los ondos eunidos en los di e en es países
ca ólicos, como el emplo de Del os había sido
eedi icado con ayuda de las con ibuciones p o-
po cionádas po los di e en es Es ados g iegos.
1N
n
La doc ina que concep úa egido el mundo po
pa
p o idencias especiales , e a admi ida en e los
g iegos, como lo ue más a de po los c is ianos,
habiendo podido deci G o e que «las idas de los
san os nos lle an á la eología sencilla
y
po en e de
la edad homé ica (1)». En in , an o en el nue o
como en el iejo mundo, las di e sas eligiones
nos p esen an los elemen os que encon amos en
el c is ianismo : el bau ismo , la comunión , la ca-
nonización , el celiba o, las acciones de g acias
y
o as p ác icas de menos impo ancia.
§ 588. ¿
)
Qué conclusión debemos saca de es os
hechos? ¿Qué
debemos pensa de la unidad de ca-
ác e mani es ada po la eligión en gene al?
¿,Qué di emos del ai e de amilia que se e ela en-
e la c eencia c is iana
y
las demás ?
Tan o en los indi iduos pe enecien es á azas
ci ilizadas , que han sido p i ados de ins ucción á
causa de una en e medad , como en e los di e en-
es pueblos p imi i os, el espí i u no con iene con-
1.:
cepciones eligiosas. En odas pa es donde exis-
(1) G o e :
His .
de la
g ece.
68
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
en udimen os de ellas, se las encuen a bajo la
o ma de c eencias en los
dobles
de los mue -
os
y
de los sac i icios dedicados á los mismos. La
eo ía espi i is a, con la p ác ica de la p opicia-
ción de los espí i us o dina ios, sob e i e habi-
ualmen e en la c eencia en se es sob ena u ales
más po en es
y
en las p ác icas de p opiciación
ce ca de esos se es. Esos se es son p ime amen e
llamados con el mismo nomb e que los espí i us
o dina ios, pe o se dis inguen de ellos g adual-
men e. Los cul os dedicados á los se es que se su-
ponen sob ena u ales, aun los más ele ados , son
de la misma na u aleza y no di ie en más que po
el g ado de elabo ación. ¿Qué hay en el ondo de
odas esas analogías? ¿No consis i á es o en que,
al igual que los demás enómenos sociológicos, las
eligiones ienen una génesis na u al?
¿Hab emos de hace una excepción en a o de
la eligión que eina en e noso os? Si decimos
que bajo odas esas analogías se esconde una di e-
encia ascenden al, no ha emos más que p o o-
ca di icul ades. Es p eciso admi i que la causa
sup ema pa a la que no hay limi es en el iempo
ni en el espacio , y de la cual la c eación es an
as a que nues o sis ema sola no es más que una
pa e in ini esimal, ha omado el dis az de la
igu a humana pa a hace una alianza con un je e
de pas o es de la Asi ia. Es p eciso c ee que es a
ue za, que se mani ies a siemp e y en odas pa -
es, en el pasado, en el p esen e
y
en el po eni ,
se ha a ibuido á sí misma, bajo es a igu a humana,
POR H. SPENCER
69
no sólo el sabe es ingido
y
el pode limi ado que
cie os pasajes bíblicos dan á Jeho á, sino ambién
las cualidades mo ales que hoy ebajan á un hom-
b e. En in, es p eciso supone una in ención oda-
ía más epugnan e pa a nues o sen ido mo al. En
e ec o , si esas nume osas analogías en e la eli-
gión c is iana
y
las demás no p ueban que se pa e-
cen po el o igen
y
el desen ol imien o, es p eciso
admi i que lo sob ena u al ha que ido simula
po comple o lo na u al pa a engaña á aquellos
que examinen con un espí i u c i ico lo que se les
enseña. Todas no se ían más que ilusiones c eadas á
in de ex a ia á los espí i us since os
y
expone -
los á la condenación e e na po el c imen de habe
in es igado la e dad.
No hay azonamien o capaz de con ence á los
homb es de que acep en es a úl ima al e na i a.
Po nues a pa e nos sepa amos de ellos
y
segui-
emos la p ime a. Acep ándola , nos encon amos
ambién con que las ins i uciones eclesiás icas se
hacen in eligibles en
su
o igen
y
en sus p og esos.
"^-
CAPÍTULO II
Hechice os -3 sace do es_
§ 589. Es di ícil encon a un
ca ác e que
dis inga de una mane a sa is ac o ia los
sace do es
de los magos
ó hechice os. Unos
y
o os se ocupan
en pone se en elaciones con los agen es sob ena u-
ales, que
en sus
o mas p imi i as
e an
apa ecidos,
somb as. Los medios que empleaban , en sus ela-
ciones con esos agen es, es án mezclados
de
modo
an di e so , que al p incipio no hay
mane a de
es ablece en e los
hechice os
y
sace do es una
di e encia especi ica.
En e los pa agones , un mismo homb e un-
ciona en el iple concep o de « sace do e, mago
y
médico (1) ». En e los indios de Amé ica del
Su , las unciones de « hechice o , p o e a, mé-
dico, exo cis a
y
sace do e (2)» hállanse eunidas
(1)
Al n. R. Fi z oy:
Na .
o Me S eyiny Voyayes o he
«Ad en u e» and «Beagle»,
1839, u, 152.
(2)
Bu on:
Ci y o
Me
Sain s,
1861, 131.
72
LAS INSTITUCION
ES
ECLESIÁSTICAS
en una misma pe sona. En Guyana, los mismos
indi iduos hacen dos conju os, explican los p e-
sagios, son médicos, jueces y sace do es (1)». Se-
gún Ellis, en las islas Sandwich los médicos son
o dina iamen e sace do es
y
hechice os. En. o as
pa es emos inicia se un udimen o de sepa a-
ción: así, po ejemplo, en e los na u ales de Nue a
Zelanda, cada ibu iene, además de sus sace do-
es, un pe sonaje que pasa po hábil hechice o.
A medida que la o ganización social p og esa, e-
i icase sin cesa una sepe ación pe manen e.
En el o den c onológico, el hechice o ó mago
es el que p ime o apa ece. Los iaje os que han
desc i o los uegianos hablan sólo de los hechice-
os; en e los mapuches , pueblo ela i amen e
a anzado del con inen e ecino , no hay sace do-
es , sino an sólo adi inos
y
magos. En e los
aus alianos , los homb es que es án en elación
con los se es sob ena u ales son los
boyalas
ó mé-
dicos; Bonwick dice lo mismo hablando de los
asmanianos. Po o a pa e, en muchos casos los
indi iduos conocidos bajo el nomb e de sace do es
en los pueblos sal ajes, no hacen más que p ac i-
ca la hechice ía y la adi inación en una ú o a
o ma. En e los mundu ucos, el
Paji
ó sace do e
«dice el iempo más p opicio pa a a aca al ene-
migo , exo ciza los espí i us malignos y cu a las
en e medades (2)». Lo mismo ocu e en e los.
(1)
Dal on:
His o y o B i ish Guyana,
1855, i, 87.
(2)
Ba e :
A
a u alis on he Ri e Amazons,
1848, 225.
POR H. SPENCER
73
oaupés. En a ias ibus de Amé ica del No e,
los clallums, los chipewayos
y
los c ics, po ejem-
plo, no hacen o a cosa que conju a .
¿Qué signi ican es a con usión p imi i a de las
dos unciones
y
la p eponde ancia o iginal de la
nig omancia, que al in e mina po ocupa el se-
gundo ango?
§ 590. Reco demos que en las ideas p imi i-
as, el mundo de ul a umba ep oduce los asgos
del nues o, que los espí i us que lo habi an lle an
la misma ida, sos ienen en e si análogas ela-
ciones , obedecen á las mismas pe sonas
y
eco-
noce emos que los di e en es medios de a a con
los espí i us adop ados po los hechice os
y
los
sace do es, se pa ecen á los adop ados po los hom-
b es en sus elaciones : en ambos casos, los me-
dios a ían según las ci cuns ancias.
Veamos las elaciones de cada miemb o de
una ibu sal aje con los o os sal ajes. Hay, en
p ime é mino , los miemb os de las ibus eci-
nas , cuya hos ilidad es in e e ada
y
es á siemp e
dispues a pa a hace le daño
á
él
y
á sus compañe-
os. En e los miemb os de su p opia ibu , ie-
ne los pa ien es ó allegados, de quienes la mayo ía
de las eces espe a ayuda ó p o echo ,
y
pa a los
cuales su conduc a es de o dina io amis osa, pe o
en ocasiones
y
po acciden e hos il. En e los de-
más, hay los in e io es, sob e quienes eje ce po
lo común un pode a bi a io ,
y
o os cuya su-
pe io idad en ue za
y
des eza ha expe imen ado,
que habi ualmen e eme , y pa a con los cuales
74
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
adop a una conduc a de sumisión
y
espe o ; po
in hay muchos cuya in e io idad ó supe io idad
queda indecisa: con és os se conducen ya de una
mane a, ya de o a, según las ci cuns ancias, pa-
sando de la a ogancia á la sumisión y de la su-
misión á la a ogancia , según la espues a que
pueda ob ene . Teniendo en cuen a la ealización
de sus ines, nues o sal aje adap a las di e en es
acciones á los indi iduos que i en al ededo de
él, ya pa a comba i les ó ya pa a hace les daño.
La idea p imi i a de los espí i us los asimila
po comple o á sus o ígenes , de donde esul a
que el conjun o de esos espí i us , o mados po
los miemb os mue os de la ibu y de las ibus
ecinas, sos iene , en opinión de cada uno , análo-
gas elaciones con él , á aquellas que
él
mismo
man iene con sus amigos
y
enemigos i ien es.
Un pasaje del obispo Callaway nos hace e que eso
es así po comple o. T á ase de un zulú que habla
de sus elaciones con el espí i u de sus he manos:
«Venís á mi con el p oyec o de ma a me. Sin
duda ya e ais un b ibón cuando e ais un homb e;
¿es que seguís siéndolo oda ía , aho a que es áis
bajo ie a (1)?» Toda ez que se admi e que los
espí i us ó los dioses p o inien es de los espí i us
ep oducen los asgos
y
la mane a de ob a de los
i os, es na u al que las mane as de ob a pa a
con ellos es én adap adas de un modo análogo ,
y,
(1) Callaway:
The Religious Sys e,¿s o ihe Amazulu.
Na al,
1863, 157.
_,„
POR H. SPENCER
75
po an o, se hagan es ue zos pa ecidos pa a com-
place les, pa a cong acia los, pa a cohibi los. S e_
wa nos dice que los nagas se bu lan de uno de
sus dioses que es ciego : cuando le dedican un pe-
queño sac i icio , a i man que le dedican un sac i-
lojo muy g ande.
Los bou ia es, que a ibuyen á un espí i u ma-
H
ligno la causa de una en e medad, c een enga-
ña le mos ándole en luga del en e mo una e igie;
piensan que des uyendo la e igie han log ado su
obje o (1). En Ki okoué, Came on ha is o un
« also diablo, cuyo papel e a a emo iza á los dia-
1¿::
blos que habi aban en los bosques
(2) ».
Los kam chandales c een que hay espí i us en
odas pa es : «los ado an cuando sus o os son
a endidos y los ul ajan cuando sus negocios ma -
chan mal (3)». En Nue a Zelanda, «con la espe-
,.
anza de conju a la cóle a de una di inidad ó
de
des ui la » , cuando hay alguno en e mo , se le
amenaza con «ma a le ó come le»
ó
quema le (4).
.Los oua alis dedican un cul o á una di inidad
llamada Ouaghia. Habiéndoseles p egun ado si « e-
ñían alguna ez á Ouaghia», espondie on: «Cla o
es que la eñimos, diciéndole : cama ada, e hemos
dado un pollo, un macho cab io,
y
ienes á pe-
ga nos!¿Qué quie es oda ía (5)?» A es os ejem-
(1)
Michie:
Sibe ian O e land Rou e,
1864, 200.
(2)
Came on:
Ac oss A ica,
1877, u, 188.
(3)
O .
A ou eau Voyaye aulou du )onde,
1830.
(4)
lie . W. Ya e:
Accoun o
.Ven ,Yeala)Lci,
18:4, 111.
Jou nal o he Royal Asia ic So ;ie y,
4
CAPÍTULO III
Debe es sace do ales de los
clescen.die i es_
§ 594. Ya hemos is o (§ 87) (1) que exis ía en
cie os luga es la cos umb e de des ui los cadá-
e es á in de impedi la esu ección de los mis-
mos , y, po consiguien e, e i a las moles ias que
sus espí i us pueden causa . En o as pa es donde
no se oma p ecaución alguna análoga, odos sin
dis inción , pa ien es ó no , ienen á los mue os
como au o es de las desg acias
y
en e medades.
Hemos dado ejemplos de es a c eencia en los capí-
ulos x y XVII de la p ime a pa e de es a ob a.
He aquí uno omado de Nue a B e aña. Los na-
u ales de Ma ukanapu a « en ie an sus mue -
os bajo la choza habi ada en ida po és os, des-
pués de lo cual los pa ien es hacen un. iaje en
canoa, es ando ausen es algunos meses...; dicen
(1) Véase . 1 de los
P incip. de Soc.—(N.
DEL
T. )
84
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
que el espí i u del mue o mo a en su úl ima e-
sidencia algún iempo después de su mue e,
y
que
no encon ando allí nadie á quien a o men a ,
ase en busca de o una á o a pa e. Los pa ien-
es uel en en onces á su casa y con inúan en ella
como an es ( 1) ». Aun en el caso en que se mi e
á los espí i us como bené olos hacia sus descen-
dien es, c éeseles capaces de o ende se, po lo que
es necesa io asegu a se su buena olun ad. Los
san ales c eían que del ondo de la umba ecina,
-
4
oscu a
y
silenciosa, «las gene aciones pasadas ob-
se an á sus hijos y á los hijos de sus hijos,
y
des-
empeñan un papel en su exis encia con in enciones
que no son malé olas po comple o. Sin emba go,
los espí i us habi an es en la umba son c í icos
ace bos ; dis ibuyen á su al ededo miemb os
con ahechos, la lep a, e c. , e c. , á menos que se
les apacigüe (2}».
Si los espí i us en gene al se epu an de o di-
na io más ó menos malé olos, como podía supone -
se , los que se concep úan más a o ables po los
i os son los de los pa ien es. Algunos pueblos los
conside an como simplemen e bené icos. Los ka-
ens, po ejemplo, c een que esos buenos an epa-
sados « elan en gene al con cuidado po sus hijos
sob e la ie a (3)».
11(
Hay muchos pueblos en los cuales la p opicia-
.
ción no se emplea más que ce ca de los espí i us
(1)
Powell:
Wande ing
in a Wild Coun y,
1883, 191
(2)
W. W. Hun e :
Annals o Ru al Bengal,
1868,
,
183.
(3)
Jou nal
o he
A
sia ic Socie y o Bengal,
xxxi , 205.
POR
H. SPENCER
85
malos, abandonando á los buenos, que se supone
no hacen daño; sin emba go, en odas pa es donde
el cul o de los an epasados conse a sus asgos
p imi i os, emos que la a ención se di ige p inci-
palmen e hacia los espí i us de los pa ien es. Las
o endas sob e las umbas, inspi adas o igina ia-
men e po la a ección hacia los mue os, y las
g andes alabanzas dic adas po los emo es eales
de su pé dida, son el pun o de pa ida de los ac os
análogos cumplidos á modo de p opiciación ;
y
es
na u al, en e dad, que los pa ien es los ejecu en
an es que los ex años.
§ 595. Así, obse amos en odas pa es que
aquellos que ealizan los o icios del cul o p imi i o
son, al p incipio, los hijos ú o os miemb os de la
amilia. En las islas Samoa, «se eci an en común
las plega ias sob e la umba de un pad e, de un
he mano ó de un
je e.
Roga áse po ejemplo, en
caso de en e medad, pa a pedi la salud,
y
pa a e
si le cu a ó no (1)». En e los indígenas de Bans 'Is-
land, quien de ellos a de iaje eza así: «¡Tío mío!
¡Pad e mío! muchos ce dos pa a os, mucho di-
ne o
y
ka a pa a ues as necesidades , ein e
sacos de í e es pa a ues a alimen ación en la
canoa. Os uego me sigáis con ues os ojos; p o-
egedme en el ma (2).» El Re . Mac Donald nos
dice que cuando los neg os de Blan y e « uegan
pa a ob ene una caza eliz y eg esan ca gados
(1)
Tu ne :
Samoa a hancl ed Yea s ago,
1881, 151.
(2)
Jou nal, o he An h opological Ins i u e,
x, 286.
86
LAS INSTITUCIONES ECLESIi.STICAS
de ca ne de enado
y de
ma il, saben que lo deben
á uno de sus iejos pa ien es, po lo que le o ecen
un sac i icio en acción de g acias. Si los cazado es
no aen nada , dicen que es que es á el espí i u
de mal humo
y
con a ellos...
y
en onces les nie-
gan la acción de g acia (1) ». Indiscu iblemen e,
esos hechos ienen en apoyo de los que hemos e-
e ido,
y
nos mues an los comienzos de una e-
ligión de amilia. Al lado del emo á un se
sob ena u al, núcleo de oda eligión, emos el
sac i icio
y
la o ación, el econocimen o, así como
la espe anza de alcanza p o echos en elación
con los ac os de p opiciación.
§ 596. Encon amos la in e p e ación de la
exis encia de la unción sace do al en odas las
sociedades no ci ilizadas.
En Nue a Caledonia, po ejemplo, «casi odas
las amilias ienen un sace do e (2)». En Mada-
gasca se han es ablecido o os cul os, pe o « mu-
cho después que el cul o de los dioses domés icos
dominaba (3) ».
Los abo ígenes de la India enían el cul o de los
an epasados, pe o no «un sace docio egula y
cons i uido ». En el pueblo que ha dado los p ime-
me os pasos en la ci ilización, los egipcios, cada
amilia conse aba el uso de los sac i icios á sus
p opios mue os: las di inidades de un o den más
(1)
Re
y
. Du
Mac
Donald:
A icana, e c.,
1, 61.
(2)
Tu ne :
Nine een Yea s in Polynesia,
1861, 427.
(3)
Ellis:
His . o Madagasca ,
1, 306.
POR
H. SPENCER
87
ele ado enían un cul o semip i ado , se ido po
descendien es e dade os ó supues os. En e los
g iegos
y
omanos , al lado de los sac i icios o e-
cidos á sus dioses públicos po sace do es , había
los sac i icios o ecidos po los pa icula es á los
dioses domés icos que e an miemb os de la ami-
lia di un os (1).» En nues os días, encon amos lo
mismo en China, donde los sace do es consag a-
dos á los cul os más ex endidos no han suplan ado
el cul o p imi i o de los an epasados que p ac ican
sus descendien es.
Vamos á e aho a cómo ese cul o domés ico
e is e una o ma más de inida en azón de que
su unción llega á se p opia de un miemb o de la
amilia.
(1) Nos pe mi imos llama la a ención del lec o hacia el
p ecioso es udio, en pa e con i ma i o de lo que dice Spence ,
sob e el cul o domés ico y el cul o de ciudad, de Fus el de Con-
langes, en la céleb e ob a
La Ci é an ique.—(N.
DEL
T.)
CAPITULO IV
Ca ác e casi sace do al de los
descen-
dien es a ones de Daá.s edad..
§ 597. Sin duda alguna , en los p imi i os
iempos los descendien es del di un o enían la
unción de o ece á su espi i a sac i icios; pe o
con o me á la ley de la ins abilidad de lo homegé-
neo (1), no a da mucho en p oduci se una des-
igualdad: la unción p opicia o ia cae en onces en
manos de un miemb o del g upo. Tu ne nos dice
que, en e los na u ales de las islas Samoa, «el pa-
d e de amilia es el
g an sace do e (2)».
Lo mismo
(1)
Habla Spence de es a ley como de odas aquellas que se
e ie en á la e olución en gene al, en la ob a que pudié amos
conside a como el núcleo ilosó ico de su sis ema,
y
la cual se
i ula
P ime os p incipios.
La ins abilidad de lo homogéneo, lo
mismo en el mundo o gánico que en el supe o gánico, a a iesa.
po un p oceso que aquí no podemos expone : la di e enciación
in e io de los compues os indi iduales ó de los ag egados socia-
les. Es a di e enciación ese p o ocada po la dis in a na u aleza
del elemen o in e no y po la di e en e mane a cómo es a ec ado
po el medio.—(N.
DEL
T.)
(2)
Tu ne :
Nine een Yea s in Polynesia
239.
90
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
en e los ahi ianos , « en la amilia , el pad e e a
el sace do e (1 )». En Madagasca , dice D u y,
« odo homb e es sace do e de si mismo
y
de su
amilia (2)». Cosa idén ica ocu e en Asia. En e
los os yakes , « el pad e de amilia e a el único
sace do e , el mago, el acedo de dioses (3)». En-
e los gondos, los i os eligiosos « cúmplense po
lo común po algún pa ien e de edad (4) ». En las
azas supe io es , es ó ha sido de la misma mane a.
En e los indios de nues os días , el je e de la a-
milia hace las o endas co idianas á los an epasados.
Todo chino enciende dia iamen e el uego an e la
mese a consag ada á la memo ia de su pad e ; pe o
en las ocasiones impo an es el je e de la he man-
dad es quien p ac ica los i os (5). No hace al a que
eco demos cómo en e los g iegos y los omanos
incumbían al je e de la amilia los debe es análo-
gos ela i os al cul o de los manes. En e los sa-
beanos p imi i os , nos dice Palg a e , « la p esi-
dencia del cul o e a, á lo que pa ece , el p i ilegio
de la edad más a anzada ó del je e de la ami-
lia (6)». La p ác ica del cul o de los mue os es aba
p ohibida en e los judíos , pe o conse a on la go
(1)
Ellis:
Polynesian
Resea ches,
u, 208.
(2)
R. D u y :
Madagasca , o Jou nal die ing een Yea s
Cap i i y on ha lsland ,
1731, 236.
(3)
P ieha d:
Resea ches in o he Physical His o y o Man-
kind ,
3.'
ed., 1836, i , 336.
(4)
Re
y
. S. Hisley:
Abo iginal T ibus o Cen al P o in-
ces ,
19.
(5)
Gus a :
China opened ,
1838, 1, 503.
(6)
W. Gi o d Palg a e :
Na a i e o a Yea 's Jou ney
h ough Cen al and Eas e n A abia,
1865, i , 258.
--
1
POR H. SPENCER
91
iempo un uso que se de i a del mismo. Kuenen
hace no a que si, has a Da id, «el de echo de
odo is aeli a pa a o ece sac i icios no se ponía
en duda, sin emba go, quienes lo p ac icaban e an
el ey
y
los je es de las ibus
y
amilias (1)».
En el cu so de la e olución bajo odas sus o -
mas, la di e enciación iende siemp e á de ini se
y
ija se: la di e enciación sace do al indicada, no
es una excepción de la egla. Implán ase á la la -
ga el uso de un modo an p o undo, que el de e-
cho de p ac ica los i os de los sac i icios dedica-
dos á los an epasados, se ese a exclusi amen e
á los descendien es.
En e los an iguos a ios, dice si H. Maine (2),
«no sólo debía se un a ón el an epasado á quien
se dedicase el cul o, sino que quien cumplía con
los i os debía se el hijo a ón ó un descendien e
a ón de es e an epasado».
§ 598. Yacen de es o cie as consecuencias
que es p eciso ad e i si que e nos comp ende
bien las ins i uciones que al in llegan á es able-
ce se. En el an iguo Egip o, «e a muy impo an-
e que un homb e u iese un hijo es ablecido en
su luga después de él, pa a cumpli con los i os
(sac i icios á su Ka ó doble) y hace los cum-
pli á los demás (3)». Pa a los an iguos a ios, esa
necesidad e a aún más impe iosa (4). «Según la ley
(1)
:Kuenen :
The Religion o
1, 338.
(2)
Maine:
D
isse a ions on Ea ly Lan,,
e c.
(3)
Renou :
O igin and G ow h,
e c., 138.
(4)
Max Duneke :
His o y o An iqui y,
x , 252.
98
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
mis
dominios y les dic an leyes, que han dado á su
e i o io una on e a más dila ada , con ían en
mis manos sus alien es
y
bélicos se ido es ,
y yo
he some ido las ie as y los pueblos y las plazas
ue es
y
los eyes hos iles á Ashu (1) .»
Aho a bien; en Egip o se c eía que el
ha
ó do-
ble del mue o uel e después de un la go plazo á
eanima la momia
y
á su ida p ime a. Los pe-
u ianos , que se ocupaban con los cuidados más
minuciosos del bienes a de los mue os , c eían
ambién en su uel a inal. En las ideas p imi i-
as , la mue e no e a más que una la ga suspen-
sión de la ida animal. ¿, No acaba nos de ad e i
que, según las mismas ideas, el mue o uel e á
i i
y
eclama á al ol e cuan o poseía an es, y
que el enedo de su p opiedad, sea quien ue e,
la iene pa a de ol é sela cuando se la pida , á la
mane a de un ocupan e que puede se desposeído
po el e dade o p opie a io ,
y
cuyo debe sag a-
do , en e an o , es adminis a an e odo en p o-
echo de su e dade o amo?
§ 601. Sea de es o lo que quie a, lo cie o es
que los hechos ci ados mues an cla amen e cómo
en e los an epasados de los pueblos ci ilizados del
iejo mundo y en e los pueblos del nue o , donde
las iejas ins i uciones es án aún en igo , han
nacido los usos del cul o amilia que exis ía an es
ó que exis e aún en nues os días.
No se e bien lo que hab á ocu ido en el caso
(1)
Reco ds o he Pas ,
e c. , ,
81.
a e
i-
i
3 á
,y
e,
la
do
P
a-
9s
o
1
coi
POR H. SPENCER
99
en que la ley impe an e haya sido la iliación e-
menina. Nada he encon ado que mues e que en
las sociedades en que se señala semejan e uso , el
o icio de se i al mue o uese á manos de uno de
los hijos con p e e encia á los demás. Pe o los he-
chos mencionados p ueban que con el sis ema del
pa en esco po los a ones, la iliación de la un-
ción sace do al sigue la misma ley que la iliación
de la p opiedad: o os hechos lo p ueban aún más
di ec amen e.
En
nues os días, la China nos o ece el ejem-
plo muy no able de esa elación; mi ase allí como
indispensable ene á alguien que
queme el incienso
á los manes de los mue os,
desde el hijo mayo
has a el úl imo descendien e en línea ec a del hijo
mayo , ya median e un hijo de la amilia, ya me-
dian e un hijo adop i o (1)»; y el hijo mayo , que
iene en la he encia una pa e más g ande que los
demás hijos , debe sopo a el gas o de las o en-
das. Lo mismo ocu e en Co ea: el changjou
je e de los que llo an, es el hijo mayo ó el p imo-
géni o del mayo . En el momen o de en e a el
cue po, « si hay umbas de an epasados en aquel
si io, el changjou sac i ica an e esas umbas
y
pa icipa á los an epasados la llegada de un nue o
miemb o de la amilia (2) ».
Es os hechos, unidos á los p eceden es, mues-
(1)
Rey. Jus o Dooli le:
Social Li e o he Chinesse,
1886, n
226.
(2)
Ross:
o Co ea,
1880, 335.
100
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
an que la ca ga de los sac i icios a con la p o-
piedad, po que la p opiedad debe sopo a los gas-
os de los mismos. En las sociedades pa ia cales,
el hijo, único capaz de he eda , es quien an sólo
podía posee los medios pa a el se icio del cul o
al mue o ; po consiguien e, sólo él podía se sa-
ce do e, de donde p o enía la necesidad de ene
un descendien e a ón , según hemos indicado ya.
Al p opio iempo econocemos que , bajo el
ipo pa ia cal, en las p ime as épocas, los domi-
nios domés ico, polí ico y eclesiás ico no es a-
ban sepa ados. Los sac i icios o ecidos al je e de
amilia di un o son p imi i amen e domés icos. A
medida que el g upo amilia llega á se po e o-
lución un g upo compues o , el pa ia ca, que es
el je e del mismo, adquie e un ca ác e casi polí-
ico; las o e as que se le hacen después de su
mue e son de la misma na u aleza que los ibu-
os, y el cumplimien o de sus manda os, cuya des-
obediencia se ía obje o de cas igo , implica la su--
bo dinación ci il. Al mismo iempo , co no esos
ac os es án des inados á ob ene el a o de un
se epu ado sob ena u al, los homb es que los
ealizan e is en un ca ác e casi eclesiás ico (1).
(1) Responde, po o a pa e, la a i mación con enida en es e
pá a o, á la idea gene al de la e olución de Spence ,
, en i ud
de la cual se ma cha siemp e de lo inde e minado é incohe en e
y
homogéneo , á lo de e minado , cohe en e
y
he e ogéneo, me-
dian e di e enciación con inua de unciones
y
especi icación in e-
io de ó ganos. Pod ía hace se alguna obse ación, no al con-
cep o gene al de
la
ley que la a i mación supone, sino á cie as
a i maciones con enidas en el
pá a o , ela i as al ca ác e p i-
101
POR H. SPENCER
)
)1.1,
sólo
Ya,
) el
de
,A
o-
1
es
)1í
mi i amen e domés ico de las o endas al je e di un o; ¿ implica
es o que p imi i amen e sólo había amilias cons i uidas? Tal pa-
ece in e i se de lo que en el pá a o en cues ión dice, como del 603
que luego e emos. Pe o en onces, ¿no hay cie a con adicción
con la a i mación, en i ud de la que «bajo el ipo pa ia cal en
las
p ime as épocas, los dominios domés ico,
polí ico y eclesids-
ico
no es aban sepa ados»? En e ec o ; si sólo hay g upos ami-
lia es, ¿cómo habla de dominio
polí ico?
Hacemos es a obse -
ación, po que es hoy asun o deba ido el de sí puede concep-
ua se la humanidad p oceden e de una amilia ó amilias p i-
mi i as, siendo el Es ado apa ición social pos e io , ó bien
hay
que concebi la humanidad siemp e en un Es ado.
Véase Gi aud Teulon,
O igines du ma iage e de la lamine;
S a cke,
La Famille p imi i e;
Sumne Maine ,
E udes su le d oi
ancien , y
o os.—(N.
DEL
T.
es-
Os
E
a e
CAPíTULO V
Sace docio del sobe ano_
§ 602. Hemos is o en los capí ulos xi
y
x de la p ime a pa e ( . i) de los
P incipios de
sociología,
que según la eo ía p imi i a de las
cosas, es a ida
y
es e mundo es án en elación
es echa con la o a ida
y
el o o mundo. Una
de las conclusiones del capi ulo p eceden e , es la
de que en las épocas p imi i as lo secula no se
dis ingue de lo sag ado.
Huc ad ie e que la eligión y la polí ica, «en
los países del Asia o ien al, e an en o os iempos
una sola y misma cosa , á c ee la adición... bá-
base al impe io el nomb e de
cielo, y
al sobe ano
se le llamaba
dios
(1) ». Los e íopes de la an igüe-
dad no sepa aban los negocios de los mundos ma-
e ial
y
espi i ual. Ve nos es o en la aducción
de una insc ipción hecha po M. Maspe o , donde
se desc ibe la elección de un ey po su pueblo.
(1) Huc, ob. ci ,, i , 55.
104
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
«Cada cual (el ejé ci o eunido) dice á su compa-
ñe o: «¡ es e dad! desde que el cielo es... desde
que la co ona exis e... Ra ha decidido da le á su hijo
amado, pa a que el ey sea una imagen de Ra en-
e los i os. El mismo Ra , ¿no ha enido á es a
ie a pa a que es e pais pudie a es a en paz ?»
En onces cada cual dice á su compañe o : « Pe o
Ra, ¿ no ha pa ido pa a el cielo , y no es á nues-
o ono acío y sin ey?... » Y odo el ejé ci o
llo aba diciendo : «Hay en e noso os un sobe a-
no sin que lo conozcamos. » El ejé ci o acaba po
en ende se pa a i al encuen o de Amen-Ra , el
ey de Kouch, y pedi le un sobe ano pa a los e ío-
pes que los i i ique. Amen-Ra eligió uno de los
he manos eales. El nue o ey se p os e na an e
Amen-Ra , ol a ea la ie a la go iempo... di-
ciendo: «Ven á mi, Amen-Ra, seño de los onos
de ambos mundos (1).» En e los an iguos pe u-
ianos , « si los Es ados del ey no bas aban pa a
a ende á las necesidades excesi as de una gue a,
disponíase de los del sol que el Inca mi aba como
suyos, oda ez que e a el hijo legí imo
y
el he e-
de o de ese dios (2)».
Cuando se c ee que el doble del mue o ol e-
á pa a con inua el cu so de su ida, y que, po
consiguien e, el hijo que iene la p opiedad de
su pad e
y
que le o ece un cul o , no ob a más
que á i ulo de delegado , es p eciso admi i como
(1)
Reco ds o he Pas , e c.,
, 73.
(2)
Ga cilasso de la Vega,
y
,
8.
POR H. SPENCER
105
"
111,,
K po ,
Ya po -
L,a,
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a o
di-
)nos
u-
a a
a,
.120
co ola
i
o , que lo sag ado y
lo
p o ano pe ma-
necen con undidos. En Nue a Caledonia encon-
amos un ipo de la usión que esul a de es a
supues a icege encia. «El ey Tui-Tokelau es g an
sace do e...» «El dios se llama Tui-Tokelau ó ey
de Tokelau (1).»
§ 603. Cuando la amilia , po i ud del c e-
cimien o , se con ie e en g upo de amilias y
acaba po se una aldea que comp ende á menudo
los ex anje os a iliados , p oduce como conse-
cuencia que el pa ia ca pie de su iple ca ác-
e de je e domés ico, polí ico y eligioso (2), pe o
conse a un doble papel: desempeña la unción de
je e
y
sace do e. En odas pa es encon amos,
en los p ime os pe íodos de la e olución social,
es a elación de unciones ,
y
la emos pe sis i
du an e los pe iodos más mode nos.
En las islas Tanna «el je e ob a como g an sa-
ce do e (3)». Los eyes de Mangaia e an « los o a-
do es y los sace do es de Rongo (4)». En e los na-
(1)
Tu ne :
A
ine een Yea s
in
Polynesia,
526.
(2)
Si
el pa ia ca e a
el je e de la amilia, ¿qué se debe en-
ende po ca ác e polí ico? ¿Cómo puede pe de lo si no
lo ie-
ne?
¿Cómo
puede ene lo
si
sólo
hay una amilia
y
no una socie-
dad polí ica, ya que pa a habe la iene que aspasa necesa ia-
men e los lími es de la amilia? Dudas son es as que acaso se
esuel en
a i mando la simul aneidad en el o igen de la amilia
y
de la sociedad polí ica. En el
mismo
Spence ( omo
iii
de los
P incipios de Sociología, Las ins i uciones polí icas)
hay da os
pa a sos ene es a solución.—(N.
DEL
T.)
(3)
Tu ne , ob. ci ., 88.
(4)
Re
y
. W. W.
Gill:
My hsand Songs om he Sou k Paci ic,
1870, 293.
106
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
u ales de Nue a Zelanda « las unciones de je e
y
de sace do e es aban de o dina io eunidas
y
e an
he edi a ias (1)». El ey de Madagasca ... 4( es el
g an sace do e del eino (2)». En las islas Sand-
wich , « el ey se ocul aba en un educ o en e
za zas pa a hace de o áculo (3)». El ey de la isla
Humph ey «e a g an sace do e (4)». Lo mismo
ocu ía en e los pueblos sal ajes de Amé ica.
(Los je es de pueblos pa ecen se ambién g an-
des sace do es (5)», dice Banc o . Ross y Hun -
chinson nos dicen lo mismo , el p ime o espec o
de los chinouks,
y
el segundo espec o de los indios
de Boli ia. Análogas indicaciones se hacen ace ca
de di e en es pueblos semici ilizados del pasado
y
de nues os días. Los pe sonajes á quienes la adi-
ción a ibuye la undación de la ci ilización maya,
eunían en su pe sona las cualidades de g an sace -
do e
y
de ey (6)». En el an iguo Pe ú el Inca
e a g an sace do e. « Como ep esen an e del sol,
es aba á la cabeza del sace docio
y
p esidía las
ies as eligiosas más impo an es (7)». El ey de
Siam, esc ibe Thomson, «es el g an sace do e
ambién (8)». C aw u d nos dice que el ey de
(1)
D . A. S. Thomson:
His . o Neo Zealand,
1857, i, 114.
(2)
Ellis:
His . o Madagasca ,
1838, 1, 359.
(3)
Idem:
Pollynesian Resea ches,
1829, 235.
(4)
Tu ne :
Samoa a Hund ed Yea s ayo,
1884, 278.
(5)
Banc o :
The na i e aces,
e c., 1875, ni, 173.
(6)
Idem, ob. ci ., u, 647.
(7)
P esco :
His . o Conques o Pe u,
11.
(8)
J.
Thomson :
The S ai s o
Malacca:, Indo-China and
China
1875 , 81.,
POR H. SPENCER
107
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de
I do e
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Ja a es «el p ime minis o de la eligión (1)». En
China, las leyes i uales dan al empe ado pon í ice
«el p i ilegio exclusi o de ado a al Se sup emo,
y
p ohiben á los súbdi os o ece los g andes
sac i icios (2)». En el Japón , el mikado e a « el
je e de la eligión nacional». La misma elación
encon amos en los más an iguos documen os
conocidos sob e los pueblos del iejo mundo.
El ey de Egip o , je e de los sace do es , e a
ep esen ado siemp e en los monumen os sac i i-
cando á un dios. Al ey de Asi ia se le ep esen-
aba en la misma ap i ud. Las insc ipciones nos
enseñan que Tigla h-Pilese e a, «g an sace do e
de Babilonia». Igualmen e , en los documen os he-
b eos , emos que Da id o iciaba como sace do e.
Lo mismo ocu ía en e los pueblos a ios de los
p ime os iempos. En e los g iegos de Ho ne o
«los je es desempeñaban en odas pa es sin acu-
di á los sace do es » los ac os de de oción públi-
ca. Los eyes de Espa a e an sace do es de Júpi-
e
y
cob aban los de echos de los sace do es. De
igual mane a , « en A enas , el a con e ey... com-
p endía en sus unciones odo lo que co espondía
á la eligión del Es ado. E a un e dade o
ex
sac o um (3)».
Lo mismo ocu ía en e los oma-
nos. Después de habe abolido la mona quía, los
omanos designa on un
« ex sac i iculus,
pa a
(1)
C aw u d :
His . o he lndian A chipielago,
1820,
, 15.
(2)
Medhu s :
China i s S a e and P ospec s ,
1838, 133.
(3)
P . Blackie:
S o io
Hellinice,
1874, 4..—G o e:
His . de
la
G ece.—Mau y:
His . des eligions de la G ece an ique,
1857, 182.
...;
F.
^;^ ^.:
;,;:;
CAPÍTULO VI
Desen.- -ol inaie i o del sace docio_
§ 606. Hemos no ado (§§ 480
y
504) (1) como
hecho e iden e
a p io i y
comp obado en - odas
pa es , que
á
medida que el e i o io de un je e
aumen a, los negocios se acumulan ha
l
s a el pun o
de impone el concu so de auxilia es , y hemos
is o las consecuencias que de es o se desp enden
con el hábi o de acudi ecuen emen e
y
po in
de un modo pe manen e , á delegaciones de las
unciones del je e , ales como las de gene al,
juez, e c. , e c. En e las di e sas unciones dele-
_
gadas con
más ó
menos ecuencia, se cuen a la
del sace do e.
La his o ia de los omanos, mues a que es a
delegación se o igina en la g an can idad de ne-
gocios ci iles y mili a es. Los eyes no siemp e
podían ocupa se en los sac i icios. Numa, que
(1) Véase
el .
III
de los
P inc. de soc. (N.
DEL
T.)
116
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
u o gue as muy ecuen es (po más que, según
Ti o Li io, desempeñase po sí mismo la mayo
pa e de los o icios sace do ales), «ins i uyó los
lamines pa a eemplaza á los eyes cuando és os
es aban ausen es »; po eso, añade Fus el de Cou-
langes, puede a i ma se que « el sace docio o-
mano ué sólo una emanación de la mona quía
p imi i a (1)». Un pasaje de M. Mac Donald, e-
la i o á los neg os de Blan y e, mues a cómo
ese géne o de causas ob a en las sociedades sim-
ples. «Si el je e, dice, es á ausen e, su muje ob a
como sace do e, y si los dos es án ausen es, le
sus i uye su he mano meno (2).» Es e ejemplo,
omado de una sociedad sal aje donde las ela-
ciones de la sang e del je e con el dios aún es án
admi idas, nos p ueba, mejo aún que el de los
omanos, el nacimien o no mal del sace docio.
Aunque ahí el sace docio ep esen a i o del
he mano meno es empo al, en o a pa e es pe -
manen e. En e los na u ales de Nue a Zelanda,
los je es son á menudo sace do es , pe o á menudo
ambién el sace do e es el he mano del je e (3).
En Méjico , en el eino de Acolhuacan y en el de
Tlacupan, el g an sace do e e a, según cie os
au o es, « siemp e el segundo hijo del ey (4)». Lo
mismo ocu ía en el Pe ú; «había un g an sace -
(1)
Fus el de Coulanges:
La ci é an ique,
237.
(2)
Du Mac Donald:
A icana,
I, 64.
(3)
Angas:
Sa age. Li e and scenes in Aus alia and New Ze-
land,
1847,
1,
247.
(4)
Cla ige o,
I,
271.
.
n
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s,
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O los
[OS
1,0
POR H. SPENCER
117
do e , que e a el ío ó el he mano del ey, ó po
lo menos un miemb o au én ico de la amilia
eal
(1) ».
Es e ejemplo hace e que cuando el
je e, que aún eje ce la unción de sace do e en las
g andes ocasiones, no ha delegado el suyo al he -
mano meno , el o icio a, sin emba go, á manos
de un pa ien e po la sang e. Así, en e los khon-
dos, «las p ime as unciones ci iles
y
sace do ales,
pa ecen habe es ado unidas en el p íncipe , ó
po lo menos pa ecen habe es ado siemp e en
pode de los miemb os de la amilia pa ia cal
p incipal (2)». En Tahi i, donde el ey pe soni i-
caba muchas eces el dios ecibiendo las o endas
lle adas al emplo
y
las plega ias suplican es , y
donde á más e a el sace do e de la nación « la más
al a dignidad sace do al, poseíala á menudo algún
miemb o de la amilia einan e (3)». Dupuy nos
dice que «uno de los sace do es de los achan is
pe enecía á la p opia amilia del ey (4) ». En e
los mayas de Amé ica, «los g andes sace do es
e an miemb os de las amilias eales (5)». Po in,
en el an iguo Egip o exis ía una elación análoga.
El mismo ey e a g an sace do e,
y
e a na u al
que en e el sace docio hubie a algún miemb o
pe enecien e á la amilia del ey. En e los g an-
a
(1)
Ga cilasso de la Vega, lib. n, cap. 1x.
(2)
Macphe son:
Repo upan he Khonds o Gau ani and Cal-
cu a,
1842, 30.
(3)
Ellis:
Pollynesian Resea ches,
u, 208.
(4)
Jon. Dupuy:
Jou nal o a Residence in Ashan ee,
1824, 268.
(5)
Banc o :
The na i a Races,
e c., u, 648.
I
ca
cc
ca
ho
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105
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je e
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de s
A.un
gue
S6
118
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
des sace do es de Ph ah, dice B ugsch, «había
p íncipes de sang e eal (1)». Como ejemplo , po-
demos ci a el p íncipe Khamus, el hijo a o i o de
Ramsés II.
En cie os casos desempeña las unciones sa-
ce do ales del je e una muje de su amilia. En e
los dama as, la hija del je e es sace do isa : « debe
ocupa se con los sac i icios
y
cuida del uego sa-
g ado (2)». En ocasiones dadas, en el Dahomey se
hacen sac i icios en la umba (p obablemen e en
la del ey),
y
se hacen «po una sace do isa de san-
g e eal, pues ella es quien dedica la o ación ó
uega al espí i u (3) ». Lo mismo ocu e en el
Pe ú, donde una g an sace do isa escogida de en-
e las í genes del sol
y
conside ada como su
p incipal esposa, « e a, bien la he mana, bien la
hija del sobe ano (4)». El uso igen e en e los
chibchas, según el cual en e los sace do es, «como
en e los caciques, he edaba el hijo de la he ma-
na (5)», nos indica que o os usos análogos e an la
consecuencia de la iliación en línea emenina.
En e los dama as es a ley de iliación hállase o-
da ía en igo , einando en o o iempo en e los
pe u ianos. La al a posición que ocupan en poli i-
ca las muje es en el Dahomey , lle a á pensa que
semejan e ley impe aba ambién en ese país. T o-
(1)
B ugsch Bey:
His . d'Rgyp e,
1, 46.
(2)
Ande son:
The
Lake n'ami,
223.
(3)
Bu on:
Misssion o Gele e,
193.
(4)
Molina:
Fables e Ri es des Incas,
24.
(5)
Simon:
No icias his o iales,
247.
POR H. SPENCER
119
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110
pezamos además con o a azón pa a c ee en el
hecho de que en el Dahomey
y
en Pe ú la o gani-
zación sace do al admi ía á las unciones de sa-
ce do es á muchas muje es,
y
que en Madagasca ,
donde la iliación legal sigue la linea emenina,
hay sace do isas. E iden emen e , el paso de la
iliación emenina á la masculina , ó bien la mezcla
de dos pueblos que espec i amen e obedezcan á
cada una de esas leyes, p o oca án anomalías
como , po ejemplo , las que obse amos en e los
ca ens , donde los sace do es de las aldeas son
homb es , pe o donde el cul o domés ico de los
an epasados « exige que el o icio sace do al es é
desempeñado po la muje de más edad de la a-
milia (1)».
La delegación de las unciones sace do ales en
los miemb os de la amilia einan e , habi ual en
los p ime os iempos , puede conside a se como el
medio no mal de di e enciación en e el papel del
je e
y
el de sace do e, po cuan o que siendo
.
el dios,
el an epasado di inizado , los sac i icios no cesan
de se sac i icios o ecidos po los descendien es.
Aun en el caso en que la iliación no es eal ó en
que se ha dejado de c ee en ella , oda ía se la
a i ma, cual po ejemplo en Egip o , donde el
ey
se decía o dina iamen e pa ien e de un dios ,
y
donde, po ía de consecuencia los miemb os de
su amilia se suponían descendien es de un dios.
§ 607. Aunque al es el o igen o dina io del
(1)
Jou nal o
he
Asia ic
Socie y
o
Bengal,
xxxi , 266.
120
LAS INSTITUCIONES EGLESLISTICA.S
sace docio, hay o os oda ía. En un capi ulo p e-
ceden e, hemos is o que al p incipio no exis ía
dis inción alguna cla a
y
ija en e el hechice o
y
el sace do e. El p ime o, an es que solici a el a-
o de los espí i us , los espan a ; el segundo los
a a como amigos más que como enemigos; pe o
emos á menudo que los papeles cambian. El sace -
do e hace á eces de exo cis a,
y
el hechice o a a
de aplaca los espí i us, como, po ejemplo, el he-
chice o de que hemos hablado en el § 584. En e
los os yakes , los chamanes , que son hechice os,
se ían ambién «de in e media ios en e el pueblo
y sus dioses (1)». El papel de un hechice o con-
sis e « en exo ciza á los espí i us malignos y en
in e p e a los deseos del e iche , hace cae la
llu ia, e c. (2)». Los mismos homb es que en e
los koukis ienen po unción aplaca al dios i i-
ado
y
au o de una en e medad, suelen se c i-
icados , po que supone que abusan «del in lujo
que poseen sob e los agen es sob ena u ales (3) ».
Es o nos indica que el sace docio puede segu a-
men e p o eni de o o o igen.
En el caso en que el hechice o se supone que
ob iene pa a la ibu cie as en ajas po la au o-
idad que eje ce sob e el iempo median e los se es
sob ena u ales , es cuando más especialmen e pa -
icipa aquél del ca ác e sace do al. Samuel, juez
(1)
E man:
T a els in Sibe ia,
adución inglesa, i , 44.
(2)
Cap.
J.
Fo sy h:
Eighlands
o
Cen al India,
1871, 142.
(3)
Jou nal o he Asia ical Socie y o Bengal,
cxi , 630.
del'
,
P4°
ce o
(0.
pc
i
d
i
s
d
POR H. SPENCER
121
al
111
1„1.
-z
o,
Eb,
hice o
o c,:/,
cae
le
II
iOS
de
Is ael, o ecía sac i icios á Jeho á como sace -
do e,
y
al p opio iempo mandaba en el iempo po
su in luencia ce ca de Jeho á , uniendo así los es
papeles de je e polí ico, de sace do e y de hechi-
ce o. Es e ejemplo nos hace e que puede p odu-
ci se en o os casos una unión de o o géne o.
En e los obos , el je e hace llo e . Sechele, ey de
los bechuanos , p ac ica la magia sob e el iem-
po (1). Es os hechos con i man lo que hemos dicho
más a iba (§ 474) (2), á sabe : que una p e en-
dida in luencia sob e los se es sob ena u ales o i-
ica el b azo del je e polí ico, y además nos mues-
an que los je es en ap i ud de ob ene de es os
se es sob ena u ales a o es pa a la sociedad, cum-
plen po al modo el o icio sace do al.
En o os casos, se e o ma se en una ibu un
cul o de pe sonajes di inizados , no ligados con el
je e dios , sino que po al ó cual mo i o han
dejado una epu ación ene ada. Hislop nos dice
que un gondo, el cual se jac aba de ene un pode
ma a illoso ,
y
que había « ele ado un mon ículo
sag ado á los manes de su pad e, do ado en su iem:
po de un modo análogo , se ap o echaba del es-
pe o sen ido hacia aquel luga pa a saca dine o á la
eina, á quien engañaba (3)», y gas aba una pa e
de su dine o en dedica sac i icios « á su an epasa-
(1)
Holub:
Se en Yea s in Sou h Á ica,
aducción inglesa,
1881, 1, 324.
(2)
Véase el omo üi de los
P incip.
de Sociología.
(3)
Hislop :
Abo iginal T ibus o he Cen al P o inces,
19.
122
LAS INSTITUCIONE
S
ECLESIÁSTICAS
sado di inizado», u ilizando pa a sí el es o. Po
in, si A. Lyell , en sus
Asia ic s udies ,
o ece
a ios ejemplos de o igen espo ádico de nue as
di inidades, cada una de las cuales daba ma gen á
un sace docio.
De odo lo expues o puede eni se á la conclu-
sión de que en los p ime os iempos, los homb es
no p o inien es de un an epasado del je e, adquie-
en á eces papeles casi sace do ales , llegando en
ocasiones á suplan a á los sace do es de o igen
no mal. Es a usu pacion p oduci áse, sob e odo,
p obablemen e en los paises en que , po e ec o de
la emig ación ó de la gue a, exis en pa es de
la sociedad que no ienen descendien es del dios
adicional.
§ 608. En una sociedad cuyo undado mue -
o ha llegado á se la di inidad local, á la cual
sus descendien es , según el o den del mayo ó
meno pa en esco con él , le di ijan súplicas
y
de-
diquen sac i icios
y
que si a de mediado á las
demás amilias dedicadas cada una al cul o de sus
an epasados , el sace docio no se desen ol e á
mien as es a sociedad no se di ida. Pe o inme-
dia amen e después que el aumen o del núme o
de sus an epasados hace necesa ia la sepa ación,
p odúcese una di e enciación nue a. Un pasaje de
Ande son sob e los dama as nos hace e muy
bien cómo es a di e enciación se p oduce: «Dase
un poco del uego sag ado al que manda el k aal
cuando se halla á pun o de sepa a se del je e. Los
debe es de es al incumben en onces á la hija del
lo
do .,
o
POR H. SPENCER
123
emig a
n e
( 1 )» . Sin duda alguna , cuando un
je e mue o ó cualquie a o o miemb o emine -
e ha llegado á se un dios adicional , an eco-
nocido que es á p esc i o di igi le ac os de p o-
piciación, la pa e emig an e de la ibu, al lle-
a consigo su cul o, iene que p ocu a se una
pe sona que cumpla con los i os. Lo p obable es
que la pa e sepa ada de la ibu enga homb es
pa ien es del je e,
y
po an o descendien es di-
ec os ó cola e ales del dios al cual se di ige el
cul o,
y
que la unción de sace do e se e o aiga
á uno de ellos, po que sea de más edad
y
po que
sea el más p óximo pa ien e del dios. Como las
azones que de e minan esa elección ienden am-
bién á de e mina la he encia de la unción , se
comp ende la génesis de una cas a sace do al.
Un pasaje de Hislop a oja alguna luz sob e es e
pun o. Aunque los gondos no engan sace do es,
nos dice, hay en e ellos «homb es que, en i ud
de supues os pode es supe io es ó de su elación
he edi a ia con cie o luga sag ado , se epu an
con i ulo he edi a io pa a oma la di ección del
cul o (2) ». En e los san ales emos la ma cha
seguida po ese cambio. «Dos de las ibus, dice
Hun e , es án consag adas más especialmen e á
la eligión
y
p opo cionan la g an mayo ía de sa-
ce do es. Una de ellas ep esen a la eligión de
Es ado undada sob e la base de la amilia
y
ad-
(1)
Ande son:
Tke Lake Ngami,
224.
(2)
Hislop:
Se en T ibus,
e c., 19.
130
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
uyen los cul os de los pueblos conquis ados : ya
impo en sus p opios cul os , ese ándoselos pa a
sí exclusi amen e, ya admi an en ellos á los en-
cidos , la di e sidad de sace do es aumen a en
ambos casos. La pe sis encia de los cul os de o i-
gen pelásgico en medio de los cul os g iegos , nos
o ece un ejemplo en la Eu opa p imi i a; los o-
manos nos p esen an uno más mode no. «Es ado
conquis ado ,
Roma, no
cesaba de abso be las
eligiones de las ibus que some ía. Cuando los
omanos asal aban una ciudad, enían po cos um-
b e e oca solemnemen e á los dioses que esidían
en ella (1).» La misma ma cha se obse a ambién
en e las an iguas sociedades ame icanas. «Los
g andes sace do es de Méjico e an los je es de su
eligión sólo pa a los mejicanos,
y
no pa a las
naciones some idas ; és as... conse aban sus sa-
ce do es independien es (2).» En el Pe ú ocu ía
cosa análoga. «Los incas no despoja on á los je es
de su au o idad, pe o sus delegados i ían en los
alles , y los indígenas debían ado a al sol. Pa a
es o edi icábaseles un emplo donde las í genes
y
los
sace do es ijaban su esidencia pa a celeb a
las ies as. Pe o aunque ese emplo del sol u ie-
a p eeminencias espec o de los demás , los na u-
ales no cesa on de celeb a su cul o en su an i-
guo emplo de Chinchaycama (3).»
(1)
Seeley:
Ti e-Li e,
Li,
73.
(2)
Cla ige o:
His .
du Mexique,
I,
271.
(3)
Cieza de Leon (
ackluy Socie y),
1864, 262.
üs
1,L
ya;
1
so 11.
le
'a ul,
nas,
1
,
1'2;
3
311 sus:.
o'Jz
POR H. SPENCER
131
T es causas adicionales , si bien menos impo -
an es, pueden ci a se de complicación del desen-
ol imien o de las ins i uciones eclesiás icas. La
epu ación de las di inidades locales se p opaga;
edi ícaseles emplos en los paises á los cuales son
ex añas: he ahí una de esas causas. De ella ene-
mos un excelen e ejemplo en el cul o de Esculapio.
Esculapio no e a al p incipio más que un an epasado
local
y
un hechice o: su cul o nació en Pé gamo,
pe o á medida que el an epasado se uel e dios, su
cul o se p opagó en O ien e
y
en Occiden e,
y,
po
úl imo, se es ableció en Roma. O a causa, de que
el an iguo Egip o o ece un buen ejemplo, es la di-
inización de pe sonajes po en es que ins i uyen los
sace do es pa a se i su espí i u. La e ce a, es la
apo eosis acciden al de aquellos que po cualquie
azón hie en la imaginación popula . Es a causa
es á aún en acción en la India. Si Al edo Lyall
nos da ejemplos de ella en sus
Es udios Asiá icos.
§ 611. No pocos piensan que es una cosa ex-
ao dina ia la p oducción ecuen e de nue os
cul os
y
la exis encia simul ánea pe sis en e de
a ios cul os en posesión cada cual de su sace do-
cio: aho a e emos que es po el con a io muy
no mal. Los au o es que ecu en pa a explica
los an iguos usos á las ideas mode nas, comen an
la
ole ancia
de los omanos
y
su espe o hacia las
eligiones de los pueblos encidos. Pe o desde su
pun o de is a, ya que no del nues o , e a muy
na u al que a asen de esa sue e á los dioses
y
sa-
ce do es locales. Si el cul o de los an epasados es un
132
LAS INSTITUCCIONES ECLESIÁSTICAS
onco de donde b o an po odas pa es las amas de
los cul os de pe sonajes undado es de ibus ó an-
epasados de oda una aza local , es lógico que el
conquis ado econozca los cul os locales de los
encidos al p opio iempo que in oduce el suyo.
La consecuencia que se debe saca de la c eencia.
uni e salmen e admi ida, es que los dioses de los
encidos son an eales como los de los en-
cedo es.
Puede es o explica se de a ias mane as. O di-
na iamen e, en el mundo an iguo los conquis ado es
y
undado es de ciudades omaban medidas p opi-
cia o ias con elación á los dioses locales. Todo
cuan o de los mismos sabia , les lle aba á c ee
que esos dioses e an po en es en sus localidades
espec i as,
y
podían hace daño si se dejaba de
di igi les uegos
y
de dedica les acciones de g a-
cias. Sin duda po es o es po lo que el egipcio
Nekos hacía sac i icios á Apolo con ocasión de su
ic o ia sob e Josia, ey de Judea (1). Po es o am-
bién,
y
oma emos un ejemplo no lejano, los incas
del Pe ú, aunque ado ado es del sol, hacían, sin em-
ba go, sac i icios á los di e sos huacas de los pue-
blos conquis ados, «po que emían que si omi ían
á cualquie a de ellos, se podía encole iza
y
cas-
iga al inca (2)».
Lo que pe mi e la coexis encia de cul os di e-
en es en cie os casos, es la c eencia de que mien-
(1)
G o e:
His .
de la G ece
in, 438.
(2)
Molina:
An Accoun
o
he abies and Ri es
o he Yneas,
POR
H. SPENGER
133
as el homenaje de odo homb á á uno ó a ios
dioses pa icula es es pa a él una obligación, no
es á obligado ó no es á au o izado á ado a los
dioses de sus conciudadanos p o inien es de o o
o igen. Así, en la p imi i a G ecia, «la usión de
di e sas o mas de cul o hizo de A enas una capi-
• al
y
del A ica un país uni icado. Pe o... Apolo
no po eso dejaba de se el dios de la nobleza y su
eligión una línea de sepa ación... Solón cambia-
ba odo eso... Todo a eniense u o en adelan-
e el de echo
y
el debe de dedica sac i icios á
Apolo (1)».
Todos esos hechos hacen e bien cla amen e
que no sólo la génesis del poli eísmo, sino su la ga
du ación
y
el e ec o que esul a de la pe sis encia
de los sace docios consag ados á di e en es dioses,
son consecuencia del cul o á los an epasados p i-
mi i os.
§ 612. Aun cuando en los p ime os iempos
del poli eísmo no se e que un cul o haga abie -
amen e un es ue zo pa a subyuga á o o, no
po eso deja de p oduci se en e los cul os una
i alidad que es el p ime paso hacia el some i-
mien o.
Un sen imien o análogo á aquel que á eces se
e mani es a se en los niños cuando se jac an de la
ue za espec i a de sus pad es, lle a á los hom-
b es de los p ime os iempos á exage a el pode
de sus an epasados compa ado con el de los an epa-
(1) Cu ius:
Hisl. de la G ece,
, 323.
134
LAS
INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
sados de los demás: de ahí segu amen e las dispu-
as sob e el alo ela i o de los an epasados di-
inizados de sus ibus. Encuén ase un ejemplo de
es e es ado de cosas en las islas Fidji, en el momen-
o en que los misione os hicie on po p ime a ez su
desc ipción: «cada can ón comba ía po la supe io-
idad de su p opio dios (1) ». Es e iden e que los
heb eos c eían implíci amen e, en oposición con
sus ecinos, que su dios e a el más g ande. No
negaban la exis encia de o os dioses ; a i maban
la supe io idad del suyo. En la misma G ecia , la
i alidad eligiosa en e las ciudades
y
el deseo
de exci a la en idia po el m'ime o de los ieles
que acudían á sac i ica á sus dioses espec i os,
deno an una lucha en e los cul os, lucha que con-
duce á la desigualdad. Análogas causas á las que
p oduje on la sup emacía de las ies as de Olimpia
sob e las que se dedicaban en o as pa es , enían
como e ec o da á cie os dioses
y
á sus minis os
un es ado supe io al de los demás. La eligión es9
en su p ime a o ma , la exp esión del homenaje,.
debido p ime amen e al pa ia ca i o ó al hé oe
conquis ado ,
y
más a de á su espí i u. Es p eciso,
pues, espe a que las causas que modi ican el
g ado
y
la ex ensión del homenaje al je e du an-
e su ida, modi iquen el g ado
y
la ex ensión del
homenaje á su espí i u después de mue o. El lazo
es echo que une los dos géne os de idelidad, ese
bien en hechos ales co no el ma imonio en e
(1) Willians:
Fiji
and he
Pi ian:.
Mb_
POR H. SPENCER
.133
los san ales, donde la desposada debe abandona su
clan
y
sus dioses po los del ma ido. Reco demos
sino, la p esen ación de Noemi á Ru h: «Tu he -
mano ha uel o á su pueblo
y
á sus dioses»;
y
la
espues a de Ru h: « u pueblo se á mi pueblo
y
u
dios se á mi dios».
Comp endido es o, se e cómo acaece po con-
secuencia na u al, que, al modo de los súbdi os
de un je e i o, los cuales, descon en os de
su au o idad, le abandonan pa a some e se á un
je e ecino (452) en un pueblo poli eís a, es e ó
el o o mo i o de e mina la diminución del nú-
me o de ieles del emplo de un dios y el aumen o
de ieles del emplo de o o. El sal aje, descon-
en o po que sus ídolos no le conceden lo que
les pide, les pega: o as causas análogas de des-
con en o lle an al homb e algo más ci ilizado á
aleja se de un dios que se mues a so do á sus
uegos,
y á di igi se á o o de quien espe a mayo
a ención. En nues os días mismos, la co ien e
de pe eg inos hacia Lou des mues a cómo la p o-
pagación de una c eencia en un supues o milag o,
puede o igina un nue o cul o ó p i a de ida á
un cul o an iguo. Ocu e con los dioses como con
los san os: es ablécese en e los mismos di e si-
dad de g ados. A eces las in luencias polí icas
p o ocan la ele ación de cul os sob e los demás.
«O o cul o eligioso, dice Cu ius, que a o ecie-
on los i anos , ué el de Baco. En odas pa ees
encon amos ese dios de los campesinos en oposi-
ción con los dioses de las casas nobles, siendo a-
136
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
ado con a o po cuan os je es quisie on acaba
con el pode de la a is oc acia (1).»
A lo que p incipalmen e se deben las desigual-
dades del pode a ibuido á los dioses , cuando
exis en a ios en el mismo pueblo , es á las con-
quis as. El mili a ismo , uen e de la je a quía de
angos en e los i os, es ambién una causa de la
je a quía de los mue os di inizados. Todas las mi-
ologías nos hablan de las ic o ias conseguidas
po los dioses; odas hablan de comba es en e los
dioses mismos y nos ep esen an el p incipal dios
como el que ha adqui ido el p ime pues o po la
ue za. Tales son p ecisamen e los asgos de un
pan eón, esul ado de la apo eosis de in asiones
ic o iosas
y
de las usu paciones ealizadas de
iempo en iempo po sus je es. E iden emen e, el
some imien o de un pueblo po o o , y lo que es
su consecuencia , la ele ación de un pan eón po
encima de o o, debió se una causa p incipal de la
di e encia en e los pode es de los dioses mayo es
y los de los dioses meno es , y de la di e encia en
la impo ancia de sus cul os
y
de sus sace docios
espec i os.
§ 613. Bajo el in lujo de ci cuns ancias a o-
ables, p odújose al in un mo imien o hacia el
mono eísmo. Ve dad es que puede exis i du an e
la go iempo en el espí i u de un pueblo poli eís a
una lucha llena de icisi udes en e las c eencias
ela i as á los pode es espec i os de esos dioses.
(1) Max Mulle :
His . o Anca Sansk i o Liie a u ,
1859,533.
POR H. SPENCER
137
En e los a ios, dice el p o eso Max Mulle ,
, « en-
con a ánse ácilmen e enlos nume osos himnos de
los Vedas , pasajes donde cada uno de los dioses,
omado po si solo, es conside ado como sup emo y
absolu o... Agni se llama el sobe ano del uni e so...
Ind a es glo i icado como el dios más ue e... y el
es ibillo de uno de los can os... es... Ind a el más
g ande que odos... Dicese de Soma que es encedo
de odo el mundo (1) ». Lo mismo pasa con los dio-
ses egipcios. El lenguaje hipe bólico de los ieles
a ibuye ya á uno ya á o o,
y
á eces al ey
i o, una g andeza an ascenden al , que no sólo
exis en po su olun ad odas las demás cosas,
sino odos los dioses.
El papel de ese «pad e de los dioses
y
de los
homb es», oma, po úl imo, cue po en el espí i u
de los c eyen es. Si es un usu pado quien se apo-
de a de su papel , la endencia hacia el mono eísmo
no po eso se e des iada : an es po el con a io,
esul a la idea de una di inidad más po en e que
aquella en que an es se c eía. En la his o ia de los
an iguos pe u ianos, emos cómo una ez admi ida
la idea de la supe io idad de una aza conquis a-
do a, y, po consiguien e, la de la supe io idad
de sus dioses, amino an los dioses de los enci-
dos. Cuén ase, dice Ga cilasso de la Vega, que las
ibus indias se habían some ido á los incas po
admi ación hacia su ci ilización supe io ;
y
una
de las consecuencias de es a sumisión e a la adhe-
(1) Cu ius:
His . d.‘; la G ece,
1, 369.
138
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
Sión al cul o de los incas (1). Los mismos incas no
p ocedie on de o o modo. «Cuando ie on á los
españoles, dice 1-Te e a, hace los a cos cimb a-
dos
y
e i a las cimb as cuando el puen e es u o
concluido, huye on c eyendo que el puen e iba á
eni se abajo ; pe o cuando obse a on que el
puen e pe manecía de echo
y
que los españoles
pasaban po él, un cacique exclamaba que e a
jus o se i les pues o que e an los hijos del
sol (2).» Es a esolución, sin duda , los impulsaba
á acep a las c eencias
y
el cul o de los españoles.
Tales conquis as men ales, epe idas con ecuen-
cia en la e olución de las sociedades , p oducen la
abso ción de los agen es sob ena u ales, locales é
in e io es , po los agen es sob ena u ales más
g andes
y
más gene ales.
Fa o ece es a abso ción sob e odo una ci -
cuns ancia. Cuando un dios , conocido en ida po
su pasión de conquis a á los o os pueblos , ha de-
jado á su mue e su ob a po e mina , hay un
medio de gana su a o ; es és e ex ende sus domi-
nios. Así ocu ía con el dios asi io Assu (§ 600),
y con el mismo Jeho á, dios de los heb eos, según
a es igua el
Deu e onomio
(xx, 10-18) : «Cuando
e ace cas á una ciudad pa a comba i la, le o e-
ce•ás la paz. Si e esponde con la paz
y
e ab e
sus pue as, odo el pueblo que en ella se encuen-
e se á u ibu a io y e se i á. Mas si no a a
(I) Ga cilasso de la Vega , lib. In, cap.
VIII.
(2) He e a, DT,
433.
POR
H. SPENCER
139
con igo, sino que hace la gue a con a i, en on-
ces la si ia ás. Y cuando el E e no, u Dios , la
haya en egado á us manos , ha ás pasa á cuchi-
llo á odos los a ones... Pe o ú no deja ás con
ida á nadie que sea de las ciudades de esos pue-
blos que el E e no u Dios e da en he encia , ú
no deja ás de des ui las.» Desde el p incipio e-
mos que odos los se es sob ena u ales en gene al,
desde el espí i u de un mue o ulga , ienen po
a ibu o los celos. C éese que los espí i us á los
cuales no se ha dedicado sac i icios , son malos
y
capaces de enga se de los supe i ien es : los
dioses cuyas umbas han sido abandonadas,
y
cuyas ies as no eunen las o endas con enien es,
se suponen i i ados
y
au o es de desas es (1);
(1) Después de odo, no hemos cambiado an o, á pesa de
la di e encia de épocas, en e aquella á que se e ie e Spence
y
la p esen e. Sea como pe sis encia de ese modo p imi i o de con-
cebi la di inidad, sea po que así lo equie a la humana na u a-
leza, lo cie o es que esas p e e encias , esas dispu as , esos emo-
es, en in, odas las elaciones señaladas en el ex o espec o
de los dioses, pueden señala se en nues os iempos espec o de
los san os. Si se examina a, cien í icamen e, sin apasionamien os
inopo unos, el modo de en ende el ulgo las elaciones eligio-
sas y la mane a de e ela se en el ulgo el sen imien o de lo
di ino, e íase que no hemos p og esado an o,
y
que ac ual-
men e se pueden indica las mismas concepciones limi adas de
lo que es Dios, ó de lo que es el pode di ino. Y es que la eli-
gión, como elación de la c ia u a con lo in ini o, lo descono-
cido, Dios, en suma, es un sen imien o delicado, que se puede
señala en las mul i udes, como esul an e g andioso de un im-
pulso gene al, y que indi idualmen e equie e cie a acul ad
sup ema, ele adísima, cie a ap i ud excepcional, como la que
el
a is a iene, como la del cien í ico pa a su ob a de in es-
igación desin e esada... ¡Cuán pocos homb es eligiosos, e da-
140
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
ab aza ía más p on o el c is ianismo » si « eía á
C is o
y
á los má i es ado ados á la mane a de los
an iguos dioses (1)». Sea de ello lo que ue e, los
hechos mues an que el mono eísmo y las ins i u-
ciones sace do ales que le son p opias nunca lle-
ga on á se comple as.
(1) Mosheim:
His . eclesias ique ,
1, 283.
CAPÍTULO VIII
Je a quías eclesiás icas_
§ 616. Las ins i uciones de cada sociedad p e-
sen an habi ualmen e ca ac e es análogos de es-
uc u a. Cuando la o ganización polí ica es á
poco desen uel a, la o ganización eclesiás ica
ampoco lo es á; po el con a io, al lado de un
gobie no ci il coe ci i o cen alizado exis e un
gobie no eligioso no menos cen alizado
y
coe ci-
i o. Los cambios e ec uados po las e oluciones
en el es ado polí ico
y
po las sus i uciones de
c eencias en el dominio eligioso, no con adicen
nues a p oposición. Desde el momen o en que el
equilib io se es ablece , la alianza se es au a en-
e ambos gobie nos.
An es de abo da el asun o de las je a quías
eclesiás icas conside adas en sí mismas, examina e-
mos de una mane a más especi ica cómo esas dos
o ganizaciones, p imi i amen e idén icas, conse -
148
LAS
INSTITUCIONES EcunslÁsTuas
an la go iempo el ca ác e común que de su o i-
gen común se desp ende.
617. Esa elación sa exp esa p imi i amen-
e po hechos donde se e las ins i uciones ci iles
no eguladas, al lado de ins i uciones eligiosas no
eguladas. Los na as, de que nos hablan S ewa
y
Bu le , «no ienen ninguna especie de gobie no
in e io
(1)»
y
no ienen ningún sace docio apa-
en e: desdeñosos con oda au o idad humana,
mues an muy poco espe o po los dioses, á quie-
nes si en po segui la moda; a an es as gen es
los se es del mundo de los espí i us con la misma
i e e encia que
á
los i os. Schoolc a dice que
en e los comanches «la au o idad de los je es es
más nominal que eal»; pe o dice además, que «no
ha is o en e ellos o den alguno de sace do es,
y
que la au o idad eclesiás ica única que econocen
eside en sus je es mismos (2)». Sin duda, á al a
de una au o idad polí ica es ablecida , no puede
habe el je e cuya mue e p o oque la apo eosis:
no hay, po an o , pues o pa a un p opiciado
o icial.
Ambas au o idades adquie en su o ma inicial
cuando el ipo pa ia cal se o ganiza. Si , en los
p imi i os iempos, el pad e , como ie e de ami-
lia, hace las o endas al espí i u del an epasado;
si el je e de clan, ó el je e de aldea, como
je e
(1)
Jou nal
o
he Asia ic Socie y
o
Bengal,
xxi , 608.—Ma-
yo Bu le :
T a els and Ad en u es, in Assam,
1885, 150.
(2)
Schoolc a , ob. ci ., 1, 231, 247.
N•
0
POR H. SPENCER
149
polí ico, ado a el espí i u del je e mue o en nom-
b e de odos como en el p opio , es e iden e que
la o ganización eclesiás ica
y
polí ica, son al p in-
cipio una sola
y
misma cosa ; el hechice o , se-
gún hemos is o , no es un sace do e p opiamen e
dicho. Cuando, po ejemplo , se nos dice qüe, en-
e los esla os o ien ales, «el uso consis ía en
que el je e de la amilia ó ibu o eciese los sac i-
icios en nomb e de odos bajo un á bol (1)», iene
á indicá senos que las unciones ci iles
y
eligiosas,
así como sus agen es, se hallan en un p incipio
con undidas. Aun cuando es é cons i uido algo
que á sace docio se pa ezca, si exis e al p opio
iempo en una unción gube namen al, los sace -
do es no se dis inguen de los demás , y no poseen
un pode que exclusi amen e les pe enezca: así,
enemos los bodos y los dhimales, cuyas aldeas
ienen je es que poseen una au o idad gene al,
más bien consen ida que impues a,
y
en la cual
los ancianos «pa icipan de las unciones de los
sace do es (2)». Los hábi os y cos umb es nóma-
das, que impiden el desen ol imien o de una o -
ganización polí ica, impiden ambién el de un sa-
ce docio , aun cuando los sace do es se dis ingan
ya po su unción p opia. En e los á abes p imi-
i os , dice Tiele , «los san ua ios de los di e sos
espí i us y e iches ienen sus minis os he edi a-
(1)
Tiele:
Ou lines o he is . o A7 cien Religion o he Sp ead
o he uni e sal Rel'ig.
T ad. Ca pen e , 1837, 188.
(2)
Hodgson:
Xocch Bodo and Dhiwals T ibus,
1847, 159.—
ou nal o he Asia ie Socie y o Ben y al,
i in, 721.
150
LAS
INSTITUCIoNES T ,C,I,EsLks•wAs
eos p opios, que, sin emba go, no o man u bk
cas a sace do al (1)». De igual sue e, si las con-
diciones ma e iales del luga
y
los ca ac e es del
ocupan e no pe mi en á los pequeños g upos un-
di se pa a o ma los g andes, esos g upos con-
se an, con la sencillez de la es uc u a polí ica,
la sencillez de la eclesiás ica. En e los g iegos,
po ejemplo, según ad ie e M . Glads one, el sa-
ce do e no e a nunca un «pe sonaje impo an e»,
y
«el sace do e de un emplo de una di inidad , no
se unía con lazo alguno o gánico á o o sace do e
de o a; po lo que si puede deci se que había sa-
ce do es , no puede deci se que hubie a un cle-
o (2)».
Recíp ocamen e, al mismo iempo que se desen-
uel e el gobie no ci il, po e ec o de la in eg a-
ción, se desen uel e el gobie no eclesiás ico (3).
En la Polinesia, enemos un ejemplo en Tahi i.
Al lado de una je a quía donde se eía un ey,
una nobleza, p opie a ios e i o iales
y
un pue-
blo , o má onse los angos en e los sace do es„
cada uno de los que eje cía una unción según su an-
go ; «los sace do es de los emplos nacionales o -
maban una clase dis in a (4)». En el Dahomey
y
en e los acban is , al lado de un gobie no despó-
ico y de una o ganización ci il di idida en g an
(1)
Tiele, ob. ci ., 64.
(2)
Glads one:
Ju en us mundi,
181.
(3)
Po la ley de e olución que Spence desen uel e aquí, la
in eg ación supone un aumen o de olumen en la masa, una co-
he encia mayo en e sus elemen os.—(N.
DEL
T).
(4)
Ellis:
Polynesian Resea ehes,
i , 208.
POR H. SPENCER
151
núme o de g ados , hay o denes de sace do es y
sace do isas di ididos en a ias clases. En los an-
iguos Es ados de Amé ica, ambién encon amos
hechos análogos. A sus sis emas polí icos cen a-
lizados
y
con je a quías , únense los sis emas
eclesiás icos análogos po la complicación
y
su-
bo dinación. No es necesa io que en emos en de-
alles pa a hace e que, en las sociedades a an-
zadas , hay algo que se pa ece á un pa alelismo
en e el desen ol imien o de las unciones de go-
bie no ci il
y
las de gobie no eligioso.
Pa a e i a cualquie e o añadi emos que el
es ablecimien o de una o ganización eclesiás ica,
apa e de la o ganización polí ica , pe o de una
es uc u a análoga, pa ece habe sido de e mina-
do en g an pa e po la o mación de una sepa-
ación adical en la concepción de los negócios de
es e mundo y de los del o o que se supone.
Cuando se c ee que esos dos ó denes de asun os
es an unidos sin solución de con inuidad
ó
en e-
lación in ima, las o ganizaciones ap opiadas á sus
adminis aciones espec i as pe manecen idén i-
cas ,
ó
bien sólo se dis inguend e modo impe ec o.
En el an iguo Egip o, donde los lazos supues os
en e los mue os
y
los i os e an muy es echos,
y
donde la unión de las unciones ci iles
y
de las
unciones eligiosas en la pe sona del ey e a eal,
«gobe naba cada ciudad un
g
an sace do e odea-
do de un cle o nume oso (1)». En el Japón , « ie-
(1) Sha pe:
His . o Egyp ,
3.
a
ed., 1852, I, 11.
152
LAS INSTITUGioNES EGLES1 ÁsTICAS
a de los se es sob ena u ales
eino de los es-
pí i us», donde se c ee que el mikado iene el
pode de ele a á los mue os á un ango supe io
en la o a ida (§ 347), sabemos que el mikado
enía en su co e seis angos eclesiás icos, y que
las unciones sag adas y ci iles es aban al p inci-
pio con undidas. «En e los an iguos japoneses,
dice G i is, el gobie no
y
la eligión e an una
cosa misma (1).» De modo análogo, en China,
donde las cosas del cielo y las de la ie a es án
an poco sepa adas en las c eencias
y
some idas á
una misma au o idad, las unciones de la eligión
o icial hállanse con iadas á homb es que son al
p opio iempo adminis ado es ci iles. No solamen-
e el empe ado es el sobe ano pon í ice, sino que
los cua o p ime os minis os «son seño es espi i-
uales
y
empo ales (2)». Si , como dice Tiele, «lo
que hay de no able en e los chinos es la al a
comple a de oda cas a sace do al (3) » , p o iene
es o de que su cul o á los an epasados, uni e sal
y
i o, les ha pe mi ido con inua comp endiendo
los debe es del sace do e en los del je e polí ico,
con usión que nos p esen a el p eci ado cul o en
su o ma más simple.
618. La semejanza que exis e en e las o -
ganizaciones polí ica y eclesiás ica en los paises
donde es án sepa adas , explicase en g an pa e
(1)
G i is:
The Mikado Empi e.
Nue a Yo k, 1876, 99.
(2)
Guz la :
China Opened,
u, 331.
(3)
Tiele: ob. ci ., 29.
POR H. SPENGER
153
po que ienen su o igen común en el sen imien o
del espe o. La obediencia p on a á un. je e e e-
nal, no se mani ies a sin la p on a obediencia á un
supues o je e celes ial;
y
la na u aleza, que a o-
ece el desen ol imien o de la adminis ación que
la una impone, a o ece ambién el de la adminis-
ación que impone la o a.
Las an iguas sociedades ame icanas si en de
ejemplo pa a es a elación. En Méjico , al lado de
un «despo ismo odioso»
y
de una sumisión abso-
lu a del pueblo , que hace p obable una o ganiza-
ción gube namen al ami icada has a el pun o de
que exis ía un sub-sobe ano pa a cada g upo de
ein e amilias , había un cle o muy complicado.
To quemada es ima en 40.000 el núme o de los
emplos de ese país,
y
Cla ige o piensa que al ci-
a es in e io á la e dad. «No es eme a io, dice
es e úl imo, a i ma que haya lo menos un millón
de sace do es en odo el impe io (1).» Una ase
de He e a hace más c eíble es a a i mación.
« Cada g an pe sonaje, dice és e, iene un sace -
do e ó un capellán (2).» Lo mismo ocu e en el
Pe ú, donde al lado del absolu isnTo ilimi ado de
los incas
y
de un unciona ismo polí ico an ex-
enso
y
complicado , que de cada diez homb es
había uno que mandaba sob e los o os, lo ecía
un unciona ismo eligioso no menos ex enso. «Si
se hace la cuen a de los unciona ios al os
y
bajos,
(1)
Cla ig-e o,
'269.
(2)
He e a,
15-4
LAS INSTITUCIONES ECLESIbTICAS
dice A iaga , encu
é
n ase en gene al uno po
cada diez indios ó quizá po cada menos de diez (1).»
El ca ác e mo al de los mejicanos y (le los pe-
uanos explica, sin duda, esas analogías. Los pue-
blos some idos á la se idumb e polí ica de los
súbdi os de Mo ezuma, quien no salía «sino lle-
ado sob e las espaldas de los nobles» y quien
además p ohibía « que illano alguno le mi ase
ca a á ca a bajo pena de mue e (2) », debían ha-
lla se sa is echos con p opo ciona las innume a-
bles íc imas que anualmen e se sac i icaban á sus
dioses ,
y
ap esu a se á e e po sí mismos su
sang e po ía de p opiciación. Na u almen e, las
disposiciones sociales pa a la conse ación de la
subo dinación e enal y celes ial , que en ales
pueblos se o ganizaba, encon aban en cada g ado
poca esis encia. Lo p opio ha ocu ido en Abisinia.
Según B uce, «los eyes de Abisinia es án po en-
cima de las leyes (3) »,
y
luego añade que no hay
«país alguno en el mundo donde haya an as igle-
sias como en Abisinia (4)».
No c eemos necesa io de ene nos á p oba la
ecip oca. Bas a á indica el con as e que nos
o ecen , desde el doble pun o de is a polí ico y
eclesiás ico, los g iegos y las sociedades con em-
(1)
A íaga:
Ex i pación de la idola ía del Pe ú.
Lima, 1621,
28.
(2)
He e a, ni, 203.
(3)
B uce:
T a els o Disco e he Sou ce o he Nile.
Edim-
bu go, 1805,
y
,
1.
(4)
B uce, ob. ci ., , 1.
--
4,7
POR H. SPENCER
155
po áneas, pa a pode pensa que un ca ác e social
des a o able al desen ol imien o de una o ganiza-
ción g ande
y
sólida del o den polí ico , es am-
bién des a o able al desen ol imien o de una o -
ganización g ande
y
sólida de o den eclesiás ico.
§ 619. Al p opio iempo que aumen an las di-
mensiones del cle o , e i icase una especialización
que p oduce en él una je a quía. La in eg ación
a aqui unida á una di e enciación.
La simul aneidad del p og eso de las dos o ga-
nizaciones p o iene de que , mien as la o ganiza-
ción eclesiás ica es á en un p incipio menos cla a-
men e di e enciada de la o ganización poli ica que
lo que más a de llega á es a lo , sus p opios ó ga-
nos es án menos ijamen e di e enciados unos de
o os. «Lo que p ueba, dice Tiele, que la eligión
egipcia, como la china, no e a en el o igen más
que un animismo o ganizado, son las ins i uciones
del cul o. Tampoco allí exis ía cas a sace do al ex-
clusi a. Los descendien es hacían los sac i icios á
sus an epasados, los unciona ios del Es ado á las
di inidades locales, el ey á les dioses de odo el
país. Sólo más a de se cons i uía un o den de
esc ibas y un cle o en egla, pe o ni aun esas un-
ciones e an he edi a ias (1).» Leemos ambién que
en e los omanos «los sace do es no o maban un
o den dis in o del de los o os ciudadanos. No e-
nían ni las mismas eglas que noso os pa a el se -
icio público. En e ellos, la misma pe sona po-
(1) Tiele, ob. ci ., 45.
258
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
implican un p incipio de cohesión
co
nse ando
do e
cul o p opicia o io común del espí i u del je
s
mue o,
y
neu alizando, po consiguien e, las
endencias que impulsaban a las gue as in es inas.
Y no sólo po es e medio han p oducido los sace -
docios el mismo esul ado; han a o ecido el espí-
i u conse ado que man iene la du ación de las
ins i uciones sociales en cuan o han dado al sis-
ema egulado polí ico el apoyo de un sis ema e-
gulado complemen a io , imponiendo la obedien-
cia p ime amen e á los dioses, luego á los eyes,
p opo cionando además una base á la coacción que
ha pe mi ido desen ol e la acul ad de aplica-
ción
y
o i icando el hábi o de e ena se á sí
p opio.
Es a disciplina, común á odas las c eencias,
p oduce en el ca ác e modi icaciones de un o den
más ó menos ele ado, según la na u aleza de los
dioses obje o del cul o
y
las condiciones sociales.
La obediencia eligiosa es el p ime debe , y es a
obediencia, en los p ime os iempos , ag a a con
ecuencia la e ocidad. A medida que el es ado
mili a es sus i uido po el es ado indus ial, apa-
ece una c eencia mo al e o mada que c ece ó
dec ece según que las unciones sociales son paci-
icas ó se hacen gue e as. Po poco que es a c een-
cia mo al e o mada, que se epu a de o igen di-
ino, mani ies e su acción en las épocas en que la
gue a man iene los sen imien os de hos ilidad en
ez de los sen imien os de paz, es ya una e da-
de a en aja, po que se cons i uye como en e-
1
d
j
c
POR H. SPENCER
259
i/
1
se a e elándose de nue o en cuan o las condicio-
nes sociales lo pe mi an.
Lo que hay es que la a i mación po el cle o
de es a c eencia mo al e o mada, pe manece so-
me ida á las necesidades apa en es del iempo.
Hoy, lo mismo que al p incipio , aquello sob e que
l
sis
más insis e el cle o en odas pa es es el espe o
á la subo dinación eligiosa
y
ci il.
«Temed á Dios y hon ad al ey», he ahí el p e-
cep o del sace do e, y siemp e
y
cuando que ob-
yb,
enga la subo dinación sin ese a , el sace do e
1 gua
pe dona los des allecimien os mo ales.
a
si
I,i
1
CAPÍTULO XV
Pasado y po eni de las ins i uciones
eclesiá.s icas-
§ 652. Son las ins i uciones eclesiás icas en e
odos los enómenos sociales ejemplo so p enden e
de la ley gene al de la e olución.
La sumisión que el je e de la amilia ob iene
du an e su ida con inúa después de su mue e : se
o ecen á su espí i u las cosas que an es amaba
y
le
hacen cuan o él desea ía. Cuando ex endiéndose
la amilia se ans o ma en una ibu, los egalos
que se o ecían al je e en o ma de súplica ó de
cumplimien os , con inúan después de su mue e
bajo la o ma de oblaciones , de acciones de g a-
cias , de plega ias dedicadas á su espí i u. Todo lo
cual quie e deci que la subo dinación domés ica,
ci il
y
eligiosa iene un o igen común
y se
de i a
de las mismas ue zas ob ando de la misma mane a.
Sin emba go, la di e enciación comienza muy
p on o.
Su ge en p ime é mino una di e enciación
262
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
en e el cul o p i ado de cada amilia y el cul o
público p opio de la amilia del je e. El je e eune
en onces en su pe sona las unciones del je e ci il
y
del je e espi i ual, á i ulo de p opiciado de su
an epasado po cuen a de la ibu
y
po su p opia
cuen a. El desen ol imien o de la ibu hace más
g andes
y
más di íciles las unciones polí icas y
mili a es , lo cual obliga más
y
más al je e á dele-
ga sus unciones sace do ales que de o dina ia
con ía á un pa ien e. De ese modo és as adquie en
con el iempo una o ganización sepa ada.
La in eg ación de la sociedad e ec uada po la
conquis a, pe mi e la exis encia simul ánea de cul-
os di e en es en las a ias pa es de la sociedad;
en onces es cuando se en o ma se los cle os dele-
gados enca gados del más impo an e de sus cul-
os en las di e sas localidades. De ahí los sace do-
cios poli eís as, que llegan á se he e ogéneos á
causa de que unos aumen an más que los o os.
Po in, en cie os casos, aumen a de al modo uno
de en e ellos que log a exclui los á odos.
Al p opio iempo que la usión de sociedades
sencillas pa a o ma sociedades compues as,
y
de
sociedades compues as pa a o ma sociedades do-
blemen e compues as en aña el c ecimien o de
cie os cle os, cada uno de és os se di e encia de
los demás y expe imen a en si mismo una di e en-
ciación. Se desen uel e
y
o ganiza en un cue po
subo dinado á un sobe ano pon í ice
y
o mado
po miemb os je á quicos
y
enca gados de uncio-
nes especiales.
POR H. SPENCER
263
lo
ele.
e do
111
A medida que la je a quía eclesiás ica se hace
en su o ganización in ima, más es echamen e in-
eg ada
y
más cla amen e di e enciada, pie de
len amen e la es uc u a y la unción que le e a
común al p incipio con las demás pa es del cue po
polí ico. Hace ya la go iempo que el sace do e
exis e á í ulo de al,
y
aun oma una pa e ac i a
di ec a
é
indi ec amen e en la gue a ; sólo cuando
el desen ol imien o social alcanza los g ados ele a-
dos , es cuando el sace do e pie de lo que le quedaba
de su papel mili a . Sus unciones ci iles co en
la misma sue e. Sin duda que en los p ime os
iempos eje ce el pode co no je e, minis o, con-
seje o del je e, juez, pe o g adualmen e lo pie de
has a que le quedan de él an sólo es igios.
Mien as el desen ol imien o de las ins i ucio-
nes eclesiás icas hace la sociedad en gene al más
he e ogénea y la misma o ganización eclesiás ica
más he e ogénea en su es uc u a, se complica po
las sec as que sucesi amen e su gen , es as c ecen
sepa adamen e, se o ganizan
y
hacen más mul i-
o mes los cue pos des inados á la adminis ación
eligiosa
y
al gobie no eligioso.
Sin duda alguna que los con lic os pe pe uos que
di iden las sociedades , de e minando ya la unión,
ya la sepa ación, ó bien des uyendo las an iguas
ins i uciones ó supe poniendo nue as o mas á las
an iguas , han hecho p og esa i egula men e á
las ins i uciones eclesiás icas. Pe o á a és de o-
das esas pe u baciones descúb ese una ma cha en
el ondo semejan e á aquella que hemos indicado.
264
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
653. Añádese á las di e enciaciones de es-
uc u a una di e enciación uncional
P
o un
da-
men e signi ica i a. Las unciones
sa
ce do ales que
al p incipio o maban pa e de la misma se han
sepa ado len amen e ; aquella de las dos que p i
-
me o e a sólo apa en e , pe o que hoy p edomina,
llega á se independien e en g an pa e. La unción
p imi i a es la del cul o, la unción de i ada es la
que inculca las eglas de conduc a.
El cul o empieza , como la se ie en e a de los
enómenos eligiosos , po la p opiciación del pad e
ó del je e mue o ; los ac os p opicia o ios depen-
den de los deseos del espí i u , que se suponen aná-
logos á los del homb e du an e la ida. El cul o
iene , pues , po obje o , en su p imi i a o ma,
gana se la bene olencia de se es que son la mayo
pa e del iempo c ueles ; así ienen sus obse an-
cias de ca ác e a oz. Al p incipio , no hay en el
cul o elemen o mo al alguno ; po es o e nos las
azas más in e io es concede á los i os eligiosos
una impo ancia ex ínseca que no les conceden
las azas ó las sociedades supe io es.
Renou ad ie e que los «egipcios igu aban en
el núme o de las naciones más eligiosas de la an-
igüedad ; bajo una o ma ó bajo o a , la eligión
dominaba odas las elaciones de su exis encia (1)».
Según Mau y, el egipcio no i ía en ealidad más
que pa a p ac ica su cul o (2). En e los an iguos
pe u ianos , los sac i icios á los an epasados ó á los
(1)
Renou :
O igin and G o o h o Religions,
e c., 26.
(2)
Mau y:
Re ue des Deux Mondes ,
1851
j
9'10
POR H. SPENCER
265
dioses de i ados de los an epasados, e an an one-
osos , que bien podia a i ma se que los i os e an
escla os de los mue os. Lo mismo ocu ía en e
los mejicanos, sanguina ios, cuya eligión descan-
saba de alguna mane a en el canibalismo : «e an,
en e odas las naciones c eadas po Dios, los más
igu osos obse ado es de su eligión (1)». En e
los a ios emos ese ca ác e en los iempos p imi i-
os y en los momen os de es acionamien o. «Los e-
das nos mues an los an iguos indo-a ios, eminen-
emen e eligiosos en odas sus acciones. Todo ac o
de la ida debía i acompañado (le una ó a ias
ce emonias ; nadie podía abandona el lecho , la-
a se el cue po, limpia los dien es, bebe un aso
de agua sin ealiza odo un conjun o de pu i ica-
ciones, salu aciones y plega ias
(2) .»
Lo mismo ocu-
ía en e los omanos: «la eligión en ol ía la
ida pública del omano po sus ies as ,
é
imponía
un yugo semejan e á su ida p i ada po sus exi-
gencias bajo o mas de sac i icios, oga i as
y
au-
gu ios (3)». El indio de nues os días, dice el
Re
y
. M. A. She ing, «es un se eligioso ma a-
illosamen e se io y obs inado. Su amo á la eli-
gión es una pasión ené ica, un uego que le con-
sume, dominando su pensamien o po encima
de
odo (4)».
(1)
Te naux-Compans.
Recueil de pikes ela i as á la Con-
quéle du
,
86.
(2)
Bajend alala Mi a:
Indo- A yans,
i, 423.
(3)
Cla k:
The G ea Religions,
331.
(4)
She ing:
The na u al His o y o Hindu Cas e. Caleu a
Re iew,
xxi, 1880, 33.
9U,
266
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
En odas pa es encon amos elaciones análo-
gas: en la T acia de la an igüedad , cuyo ca-
ác e c uel se complacía en los « i os eligiosos
es á icos
y
deli an es (1)» ; en el musulmán, que
dia iamen e epi e sus plega ias
y
sus abluciones.
Has a cuando compa amos los eu opeos mode nos
con los de la Edad Media, habi uados á los ayu-
nos y á las peni encias , en e los que i ían nume-
osos anaco e as y homb es que se some ían á e -
dade as o u as, que ealizaban g andes pe eg i-
naciones , edi icando iglesias , enemos que eco-
noce inmedia amen e que el p og eso social a
seguido de una diminución acen uada de las obse -
ancias eligiosas. La his o ia de un g an núme o
de pueblos en di e en es épocas nos p ueba que el
elemen o p opicia o io , es deci , el elemen o p i-
mi i o, se des anece á medida que la ci ilización
p og esa,
y
que el elemen o é ico, al desen ol e -
se, educe la impo ancia del elemen o i ual.
El elemen o é ico, como odos los demás ele-
men os de la eligión, es p opicia o io po su o i-
gen y su ca ác e . Comienza po el cumplimien o
de los deseos y de los manda os del pad e mue o,
del je e di un o ó del dios adicional. Al p incipio
no hay en el elemen o é ico ningún o o debe que
el de la obediencia. Mos a la subo dinación en
es e ac o como en odos los demás ac os eligio-
sos, es lo que más impo a; lo secunda io es á en
el ca ác e de los mandamien os obse ados. La
(1) G o e :
His . de la ° ecé,
i .
POR
SPENCER
267
obligación de obedece no se conside a como in-
ínseca, sino como de i ada in ínsecamen e de su
p e endido o igen. Pe o poco á poco la expe iencia
impone concepciones é icas, á las cuales se enla-
zan los sen imien os p i ados
y
la opinión pública,
dándoles una au o idad independien e. Sob e odo
en una sociedad que se dedica poco á las ocupacio-
nes gue e as
y se
abso be en la p oducción y en la
dis ibución , es donde se e c ece
y
acla a se la
conciencia de odas las eglas de conduc a, cuya
obse ación es necesa ia pa a la a monía de la
coope ación indus ial.
Que una supues a e elación enseñe esas eglas
y adquie an és as así una au o idad sob ena u al;
en onces, du an e la go iempo, impónese la obliga-
ción de obedece las po que son manda os de Dios.
La p edicación de los p ecep os mo ales que se e-
pu an dic ados po Dios , ocupa un luga cada ez
más g ande en los se icios eligiosos. A las o en-
das , á las ponde aciones , á las plega ias que o -
man la pa e di ec amen e p opicia o ia, súmanse
las homilías y los se mones, pa e indi ec amen e
p opicia o ia, compues a sob e odo de p esc ip-
ciones
y
exho aciones mo ales. Po in el ca ác-
e del homb e , modi icado po una la ga aplica-
ción de la disciplina social , p oduce con el iempo
la concepción de una é ica independien e , inde-
pendien e en cuan o se apoya sob e los undamen-
os que le son p opios
y
que no ienen nada de co-
mún con los undamen os eológicos que en o o
iempo se p econizaban.
•
CAPÍTULO XVI
Pasado y
po - -en.i
de la eligión. (1)
§ 656. De igual modo que an es de desc ibi
el o igen y el desen ol imien o de las ins i ucio-
nes eclesiás icas , ha sido necesa io desc ibi el
o igen y desen ol imien o de la eligión; así,, no
es ácil que pueda p e e se el po eni p obable
de las ins i uciones eclesiás icas, sin indica el po -
eni p obable de la eligión misma. E a, pues,
ine i able que el úl imo capi ulo se an icipase en
pa e al con enido de és e.
Aho a que ya hemos esumido minuciosa-
(1) Es e capí ulo, cuyo con enido es á en consonancia, como
se e á, con las decla aciones espec o de las cuales nos hemos
pe mi ido llama la a ención en o as no as, iene una impo -
ancia excepcional en el sis ema ilosó ico de Spence , ó, mejo
que en el sis ema, en el desa ollo de su pensamien o. Pa a mu-
chas gen es, ué es e capí ulo una
eacción
del ilóso o. No es
así cie amen e. Más bien puede concep ua se como una conse-
cuencia de la iloso ía de
Los P ime os p incipios,
acen uada
en de e minado sen ido po el in lujo del momen o... idealis a
p esen e.—(N.
DEL
T.)
276
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
men e los asgos p incipales de la
e
olución eli-
giosa, amos á expone las azones que jus i ican
nues as conclusiones sob e la o ma inal de la
eligión.
A di e encia de la conciencia o dina ia, la con._
ciencia eligiosa se ocupa en lo que excede la es-
e a de los sen idos. El b u o no piensa más que en
las cosas que se pueden oca , - e , oi , gus-
a , e c. , e c. ; lo mismo pasa con el niño , con el
so do-mudo no ins uido
y
con el sal aje más a a-
sado. Pe o el homb e de p og eso iene ideas de
se es que conside a como no suscep ibles de se
ocados , oídos, is os ,
y
que, sin emba go, c ee
capaces de eje ce un in lujo sob e él. De dónde
iene es a noción de se es ac i os que no se pe ci-
ben ? ¿ Cómo esas ideas ace ca de lo na u al se de-
i an de ideas conce nien es á lo na u al? De unas
á o as no se concibe que haya ansición posible.
Pa a da se cuen a de la génesis de la eligión, es
p eciso comenza po desc ibi las e apas que la
eligión a a iesa.
La eo ía espi i is a nos lo mues a cla amen-
e. G acias á es a luz, emos que los se es in isi-
bles
é
in angibles se di e encian en el espí i u de
los se es isibles
y
angibles de una mane a len a
y
po g ados inap eciables. El o o yo, que se su-
pone sepa ado del yo en el sueño, se concep úa que
e
y
hace los de alles del sueño. El o o yo, sepa-
ado del yo después de la mue e, po cuya uel a
se espe a , se concep úa an ma e ial como el
o iginal.
4
POR H. SPENCER
277
En esos dos hechos emos que el agen e sob e-
na u al , en su o ma p imi i a, se di e encia muy
poco del agen e na u al, que es el homb e o igi-
1.
nal a mado con un nue o pode , el de i y eni
en sec e o y hace el bien
y
el mal. En in , cuando
el doble del mue o no se apa ece en sueños á
aquellos que le han conocido, se c ee que eal-
,
men e han mue o. Lo cual quie e deci que esos
agen es sob ena u ales p imi i os no póseen más
P:
.
á
que una exis encia empo al: los p ime os es ue -
zos pa a concebi lo sob ena u al pe manen e
abo an.
En muchos casos la di e enciación no a más
[D
allá. El mundo de los espí i us , poblado de una
pa e po los mue os,
y
de o a despoblado á me-
dida que la memo ia ó el sueño no ep esen an el
espí i u del i o , no aumen a. Los indi iduos que
lo componen, no log an la dignidad de po encias
sob ena u ales econocidas po g an núme o de
gene aciones.
Así ocu e que el Unkulunkulu , ó el iejo
dios de los zulús , el pad e de los ayos, ha mue o
de ini i a
y
comple amen e. No hay p opiciación
sino pa a los espí i us más mode nos.
Pe o cuando las ci cuns ancias a o ecen la
con inuación de los sac i icios sob e la umba, en
p esencia de los miemb os de una gene ación nue-
a á quien los an iguos hablan del mue o , con-
iándola la adición , en onces es cuando acaba
po o ma se la concepción de un espí i u ado nado
con una exis encia pe manen e. Po es e camino
278
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
se es ablece en e las ideas espec o de los se es so-
b ena u ales y las ideas sob e lo na u al una di e-
encia más acen uada. Al p opio iempo, el núme o
de los supues os se es sob ena u ales
au
men a
po que en adelan e los nue os espí i us se suman
sin cesa á los an iguos,
y
el homb e se halla siem-
p e más inclinado á conside a se odeado po odas
pa es po los espí i us , y á pensa que son los
ales , au o es de lo que pasa.
Muy p on o apa ecen di e encias en e los po-
de es a ibuidos á los espí i us. Esas-di e encias se
de i an na u almen e de las mismas, obse adas en
ida con los indi iduos. Y esul a que , si los es-
pí i us o dina ios no eciben un cul o p opicia o-
io más que de sus descendien es, se c ee p uden e
de ez en cuando, ob ene el a o de los espí i us
de indi iduos más emidos, aun cuando no haya
con ellos elaciones undadas en los lazos de la san-
g e. Es po an o en los p ime os iempos, cuando
nace la je a quía de los se es sob ena u ales , cu-
yos angos al in llegan á se an pe ec amen e
sepa ados.
Las gue as habi uales , que in luyen más que
ninguna o a causa pa a c ea esas di e enciaciones
p imi i as, con inúan c eando o as nue as y más
de e minadas. En e ec o,
4
medida que, en i ud
de la gue a, las pequeñas sociedades se unden en-
e si pa a o ma o as mayo es , y que és as se
e unden á su ez pa a cons i ui las más g andes
oda ía, y que los g ados de la je a quía del pode
se mul iplican en e los i os, su ge en és os la
0;.
POR H. SPENCER
279
idea de mul iplica los g ados del pode en e los
espí i us. Así es como nacen en el cu so del iempo
las ideas de los g andes espí i us ó de los dioses,
las de los espí i us secunda ios ó semidioses,
y
las
demás po el es ilo, has a cons i ui odo un pan-
eón. Sin emba go, esos espí i us no se dis inguen
po di e encia alguna gene al esencial, según e-
mos en los nomb es de los dioses
manes
dados po
los omanos á los espí i us o dina ios, y de
elolim
en e los heb eos. Además , como la o a ida e-
p oduce en el o o mundo la ida del p esen e, en
sus necesidades , en sus ocupaciones, su o ganiza-
ción social, no sólo se di e encia con espec o de los
pode es de los se es sob ena u ales , sino ambién
con elación al ca ác e y al géne o de ac i idad
que les es p opia. De ahí el o igen de los dioses lo-
cales, de los dioses que p esiden al ó cual o den
de enómenos y de los buenos ó malos espí i us. En
in , cuando la conquis a ha supe pues o una socie-
dad á o a ,
y
cada una conse a las c eencias que
de la eo ía espi i is a ha de i ado , ó mase un
compues o cowlicado con odas esas c eencias, es
deci , una mi ología.
Supues o que los espí i us p imi i os ep o-
ducen en odo á sus o iginales , y que los dioses,
cuando no son los miemb os i os de una aza
conquis ado a , son los
dobles
de homb es cuyo
pode excede al de los demás , esul a que se les
imagina p imi i amen e como no menos humanos
que los demás espí i us en sus ca ac e es ísicos,
sus pasiones
y
su in eligencia. A la mane a de los
14,)
•ki%
-
.15
280
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
espí i us de los mue os ulga es , se
a
dmi e que
se nu en con las o endas de ca ne, sang e, pan
ino que se les dedica. Al p incipio se supon
e
que
consumen esos obje os en especie, más a de, po
una in e p e ación más espe i ualis a se admi e
que consumen la esencia. No sólo apa ecen como
pe sonas isibles
y
angibles , sino que en an en
lucha con los homb es, quienes les p oducen he idas
y
les ocasionan dolo . El único p i ilegio que les
dis ingue de los homb es es que ienen el pode
milag oso de cu a , y que, po lo an o, poseen la
inmo alidad. Debemos hace aquí una es icción.
No sólo, en e ec o, a ios pueblos piensan que los
dioses su en una p ime a mue e , suceso na u al
cuando pe enecen á una aza conquis ado a , y
que no se les llama dioses sino á causa de su supe-
io idad, sino que algunos pueblos, en e los ci i-
lizados, han admi ido que un dios puede mo i ,
como Pan po ejemplo, una segunda ez
y
pa a
siemp e , al igual que los sal ajes de nues os días
c een que un homb e puede mo i po segunda
ez y de ini i amen e.
A medida que la ci ilización p og esa, la sepa-
ación se acen úa en e el se sob ena u al
y
el
se na u al. Nada se opone como obs áculo á la
desma e ialización
g adual del espí i u
y
del dios:
y
es a
desma e ialización
p og esa, g acias al es-
ue zo que se hace pa a llega á ideas cohe en es
espec o de la acción sob ena u al : el dios que no
es angible, no a da en se inaccesible á la is a
y
al oído. Al p opio iempo que se e i ica es a di e-
1
POR H. SPENCER
281
I
,*
enciación de los a ibu os ma e iales de la di ini-
dad
y
de la humanidad, e i icase, aunque más
len amen e, una di e enciación de los a ibu os
men ales. El dios sal aje no iene más que una in-
eligencia apenas supe io á la del homb e i o;
así es ácil engaña le. En e los mismos pueblos
ci ilizados los dioses suelen se bu lados : come en
e o es
y
se a epien en. Sólo con el iempo se e
nace la concepción de un dios que odo lo e
y
odo lo sabe. La na u aleza emocional expe imen-
a simul áneamen e una ans o mación análoga.
Las pasiones g ose as que so p enden en e los
dioses p imi i os , y de las cuales los ieles se ha-
cen a en os
y
cuidadosos minis os , se des anecen
poco á poco, no quedando más que las pasiones
menos ligadas á los ape i os co po ales : al in,
ya pie den los dioses en pa e sus ca ac e es hu-
manos.
Los ca ac e es asignados á las di inidades se
amoldan á las necesidades del es ado social po un
abajo con inuo de adap ación. Du an e la época
mili a , se admi e que el dios p incipal enga la
insubo dinación po el más g ande de los c íme-
nes , que es implacable en su cóle a, que cas iga
sin piedad. Los a ibu os de un géne o más dulce
ocupan un luga muy secunda io en la conciencia
social. Pe o cuando el égimen mili a declina,
y
el
gobie no despó ico co espondien e, se limi a poco
á poco bajo la acción na u al del indus ialismo, los
asgos del ca ác e di ino, compa ibles con la mo-
al de paz, in aden poco á poco la conciencia,
y
al
282
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
in no se habla ya más que de amo , de
mi
se ico -
dia, de pe dón di inos.
Pa a comp ende bien los e ec os del p og eso
men al y de los cambios de la ida social, que aca-
ba nos de aza en é minos abs ac os,
examiné-
moslos en los hechos conc e os.
Si conside a nos, sin deja nos lle a po las
conclusiones o muladas, las adiciones, los docu-
men os y los monumen os de los egipcios, emos
que sus ideas p imi i as de los dioses , de las bes-
ias y del homb e, se han desp endido de las ideas
espi i ualizadas de los dioses , y inalmen e de un
dios ; una ez allí , los sace do es más mode nos
echazan las ideas p imi i as, donde no en sino
ideas co ompidas, po que sin sabe lo obedecen
al in lujo uni e sal
y
isible oda ía en las eo ías
de los eólogos de nues os días, que conside an
el es ado p imi i o como el es ado supe io .
P escindamos de oda conje u a ela i a al alo
his ó ico de la
Piada,
in es iguemos la p ime
idea que los g iegos se o ma on de Júpi e , com-
pa emos es a idea con la de los diálogos de Pla ón,
y econoce emos que la concepción g iega ha mo-
di icado p o undamen e, al menos en e los mejo-
es espí i us , la concepción an opomó ica del
pad e de los dioses : sus a ibu os humanos han
desapa ecido, mien as sus a ibu os supe io es se
lian ans igu ado. De igual sue e si compa amos
el dios de los heb eos, al como las an iguas adi-
ciones nos lo p esen an, an opomo o po el ex e-
io , los ape i os
y
las emociones, con el dios de
POR H. SPENCER
283 .
los heb eos ep esen ado po los p o e as, e emos
en él una po encia que c ece inmensamen e , á la
ez que su na u aleza se sepa a Más y más de la
del homb e. En in , con la idea que de su dios se
o man hoy, obsé ase una ans o mación o al.
G acias á un hábil uso de la acul ad de ol ida ,
se ha hecho de un dios , ep esen ado en un iempo
como dedicado á endu ece el co azón de los hom-
b es, pa a hace les capaces de come e acciones
ep obables ,
y
á en ia les su espí i u de la men-
i a pa a engaña los, un dios en quien se esumen
odas las i udes pu as, has a más allá de donde
la imaginación puede concebi las.
Si , pues , el espí i u del homb e p imi i o no
con iene ni idea ni sen imien o eligioso , es po -
que las ideas y los sen imien os designados con esa
palab a nacen en el cu so de la e olución social
y
de la e olución in elec ual que le sigue , y más
a de, bajo el in lujo de causas áciles de econo-
ce , a a iesan aquellas ases que en las azas ci-
ilizadas los conducen á sus o mas ac uales.
657.
Z
Podemos p ejuzga la ma cha de la
e olución de la idea y de los sen imien os eligio-
sos en los ideales del po eni ?
De una pa e la azón no pe mi e supone la
de ención simul ánea de los cambios po los cuales
la conciencia eligiosa ha pasado pa a llega á su '
condición p esen e. De o a pa e, la azón echaza
la suposición de que la idea eligiosa, p oducida
po las causas na u ales que hemos e e ido, se
des anezca
y
deje un acío sin llena . Sin duda
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
cia. La in eligencia única que podemos concebi ,
supone se es independien es
y
obje i os pa a ella,
La in eligencia se compone de cambios cuyo pun o
de pa ida es una ue za ex e io , es deci , de
imp esiones engend adas po las cosas exis en es
ue a de la conciencia
y
de ideas de i adas de
esas imp esiones. Habla de una in eligencia que
exis e ue a de esas ue zas ex e io es , es emplea
una palab a desp o is a de sen ido. Debe , po
an o, a i ma se que la causa p ime a, conside ada
como in eligen e, iene que expe imen a sin cesa
la imp esión de ue zas obje i as independien es, y
si se obj e a que esas ue zas han llegado á se obje-
i as
é
independien es po un ac o de c eación , y
que an es de es e ac o es aban ence adas en la
causa p ime a, puede esponde se que en al caso
la causa p ime a no podía, an es de es a c eación,
encon a
i
nada que engend ase en ella los cam-
bios que cons i uyen la in eligencia, y po an o,
que u o que se inin eligen e , en el momen o
mismo en que más necesi aba se in eligen e. Es,
según es o, e iden e que la in eligencia a ibuida
á Dios, no esponde á nada de lo que llamamos con
ese nomb e. Es una in eligencia sin nada de lo que
cons i uye una in eligencia.
Esas di icul ades y o as más , de las cuales
algunas son discu idas con ecuencia y pe sis en
siemp e an in incadas, ue zan al homb e á e-
chaza poco á poco los ca ac e es an opomó icos
supe io es a ibuidos á las causas p ime as , de la
misma mane a que echaza a las in e io es
.
La
POR H. PENCER
291
concepción que desde el p incipio se ha ampli icado
debe con inua es endiéndose has a que po la su-
p esión de sus limi es, deja el pues o á una con-
ciencia que exceda odas las o mas del pensa-
mien o dis in o, aun cuando con inúa siendo siem-
p e una conciencia.
659. « Pe o ¿ como es posible que una con-
ciencia de lo Incognoscible inalmen e ob enida, y
enida áci amen e po e dade a , sea el p oduc o
de una concepción absolu amen e alsa ans o -
mada po modi icaciones sucesi as? La eo ía es-
pi i is a del sal aje no descansa sob e nada. El
doble ma e ial del mue o en el cual el sal aje c ee,
no ha exis ido nunca. Si la des na e ialización de
ese doble ha p oducido la concepción del agen e
sob ena u al en gene al, si la concepción de una
di inidad o mada po la desapa ición de cie os
a ibu os humanos y la ans igu ación de los o os
es el p oduc o de es a ope ación incesan e, la idea
a anzada y pu i icada que se ob iene impulsando
la ope ación has a cie o lími e, ¿ es una icción
ambién? Segu amen e: si la c eencia p imi i a
e a alsa absolu amen e , odas las c eencias de-
i adas debe án se absolu amen e alsas am-
bién.»
Es a objeción pa ece decisi a y lo se ía si se
undase en buenas p emisas. Espé enlo ó no la
mayo ía de los lec o es, la espues a es que en el
p incipio la concepción p imi i a con iene un ge -
men de e dad , á sabe : que la po encia que
se
mani ies a en la conciencia no es más que una.
9
Á
2
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
o ma, di ec amen e condicionada , de la po encia
que se mani ies a más allá de la conciencia.
Todo ac o olun a io es pa a el homb e p imi-
i o la e elación de que en él adica el o igen de
una ue za. No es que e lexione en sus
e
xpe ien-
cias in imas: al noción hállase en el es ado la en e
en sus expe iencias mismas. Cuando p oduce mo-
imien o en sus miemb os,
y
po su in e medio
mo imien o en o as cosas , pe cibe el sen i-
mien o del es ue zo. Ese sen imien o del es ue zo,
an eceden e pe cibido de los cambios p oducidos
po él, llega á se el an eceden e concebido de los
cambios que él no p oduce , es deci , que le da un
é mino ideal pa a ep esen a la génesis de esos
sen imien os obje i os. Al p incipio, la idea de las
ue zas muscula es conside adas como an eceden-
es de sucesos insóli os que al ededo del homb e
pasan , en aña odo el conjun o de las ideas aso-
ciadas. Los es ue zos que po inducción supone
los concep úa como p oducidos po se es semejan-
es á él. Con el iempo , la concepción de los do-
bles de los mue os que se epu an au o es de
odos los cambios , á excepción de los más amilia-
es, se modi ica. Hácense menos g ose os, pe o
algunos c ecen pa a llega á se los pe sonajes
más impo an es que ienen en su pode ó denes
de enómenos, los cuales, ela i amen e egula es
en su cu so, sugie en la c eencia en se es que á
la ez son mucho más po en es
y
más cons an es
en sus modos de acción que el homb e. A la la ga,
la idea de una ue za pues a en acción po esos
POR H. SPENCER
293
se es se sepa a poco á poco de la idea del espí i u
del homb e mue o. O os p og esos que abso ben
los agen es sob ena u ales en un agen e gene al y
hacen indecisa y aga la pe sonalidad de es e
agen e po que le a ibuyen una ex ensión inmen-
sa, ienen ambién po e ec o disocia la noción de
ue za obje i a de la noción de ue za conocida
como al en la conciencia ; po in, la disociación
alcanza su máximum en el pensamien o del sabio
que in e p e a co no unción de ue za, no sólo los
cambios isibles de los cue pos sensibles, sino o-
dos los cambios , incluso las ondulaciones del é e .
Sin emba go, es a ue za (sea bajo la o ma es á-
ica, que cons i uye la esis encia de la ma e ia,
sea bajo la o ma dinámica, que se llama ene gía),
es siemp e en el pensamien o unción de la ene -
gía in e na e elada en la conciencia del es ue zo
muscula . El homb e sién ese obligado á simboli-
za la ue za obje i a en unción de ue za subje-
i a á al a de o o símbolo.
Veamos aho a las consecuencias. La ene gía
in e na que e a siemp e en las expe iencias del
homb e p imi i o, el an eceden e inmedia o de
los cambios que son su ob a, es a ene gía que se
imagina cuando quie e in e p e a los cambios
ex e nos acompañados de los a ibu os de la pe -
sona humana que en sí mismo lle a, es a ene gía
es la misma que despojada de odo acceso io an-
opomó ico, se concep úa como la causa de odos
los enómenos ex e nos. La úl ima e apa consis e
en econoce que la ue za, al
como
exis e
ue a
294
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
de la conciencia, no puede pa ece se á la que co-
noce nos como ue za en la conciencia,
y
que, sin
emba go, supues o que cada una de esas ue zas
es capaz de engend a la o a, deben se di e en-
es de la misma cosa. Consecuencia de es o , el
p oduc o inal de la especulación que iene en el
homb e p imi i o su pun o de pa ida, es que la
po encia mani es ada en odas pa es, en el uni-
e so ma e ial, es la misma po encia que b o a
en noso os bajo la o ma de conciencia.
No quie e es o deci que el azonamien o e e-
ido más a iba, p e enda saca una c eencia e -
dade a de una c eencia en e amen e alsa. Po el
con a io, la o ma úl ima de la conciencia eli-
giosa es el desen ol imien o inal de una con-
ciencia que al p incipio con enía el ge men de
una e dad oscu ecida po innume ables e o es.
§ 660. Los que piensan que la ciencia disipa
las c eencias eligiosas, pa ecen igno a que odo
cuan o pueda la ciencia qui a del mis e io á las
an iguas in e p e aciones , lo añade á las nue as.
Más e dad se ía deci que según se pasa de las
an iguas á las nue as, el mis e io se hace más
p o undo. En e ec o, la ciencia sus i uye la ex-
plicación que pa ece p obable, po la que no hace
sino lle a nos un poco más lejos pa a pone nos en
p esencia de un hecho incon es ablemen e inexpli-
cable.
En cie o modo, el p og eso de la ciencia
es
una ans igu ación g adual de la na u aleza.
Mien as la pe cepción o dina ia eía solo una
Po
. ni«
POR H. SPENCER
295
simplicidad pe ec a , el p og eso e ela una g an
complexidad : donde pa ece eina una ine cia ab-
solu a, desc i ese una ac i idad in ensa: donde
pa ece no exis i sino el acío , el p og eso mues-
a el juego ma a illoso de las ue zas. A cada
ge-
ne ación de ísicos, se e en la supues a
ma e ia
b u a,
po encias que , pocos años an es , los ísicos
más ins uidos hubie an epu ado inc eíbles po
ejemplo, la ap i ud de una simple lámina de hie o
pa a ecoge las ib aciones aé eas an complejas
de las palab as, las cuales aducidas á innume a-
bles ib aciones eléc icas y luego uel as á adu-
ci á milla es de millas po o a placa de hie o,
se hacen oi bajo la o ma del lenguaje a iculado.
El sabio que in e oga
á
la na u aleza e á su al-
ededo sólidos que le pa ecen en eposo ; mjs
luego descub e en ellos una sensibilidad de al sue -
e , que ue zas de in ensidad in ini esimal a ec-
an: el espec óscopo le hace e que las molécu-
las de la ie a ib an en a monía con las de las
es ellas , y así llega
á
admi i necesa iamen e que
odo pun o del espacio se es emece en i ud de
una in inidad de ib aciones
odas las di ec-
ciones
posibles. A pa i de aquí ya
no puede p es-
cindi de la conclusión según la que el uni e so se
compone no de ma e ia ine e, Binó de ma e ia
i a, ma e ia i a, ya que no en sen ido es ic o,
á lo menos en el sen ido
más
gene al.
Es a ans igu ación, que las in es igaciones
de los ísicos hacen p og esa sin cesa , se ap o e-
cha de los p og esos de o a ans o mación esul-
296
LAS INSTITUCIONES ECLESIÁSTICAS
•••
nn
•....•
an e de las in es igaciones me a ísicas. El análi-
sis subje i o nos lle a á admi i que las
i
n e p e-
aciones cien í icas que damos á los enómenos
p esen ados po los obje os , iene po exp esión
los nomb es de las di e sas combinaciones de
nues as sensaciones y de nues as ideas , es deci ,
de los elemen os de nues a conciencia que no son
más que símbolos de alguna cosa ue a de nues a
conciencia. Aunque el análisis eune luego nues-
as c eencias p imi i as has a el pun o de mos a
que de ás de cada g upo de mani es aciones eno-
menales hay siemp e un
nexus
de ealidad pe ma-
nen e en medio de las expe iencias a iables, emos
que ese
nexus
de ealidad es po siemp e inacce-
sible á la conciencia. No ol idamos que los ac os
cons i u i os de nues a conciencia son igu osa-
men e limi ados , y no pueden hace en a en su
ci culo los ac os que excedan de los limi es de la
conciencia,
y
que po consiguien e no pa ecen se
obje os de conciencia, aunque la p oducción de
uno de esos ó denes de ac os po el o o, pa ezca
implica que son en el ondo de la misma na u-
aleza. La necesidad que se nos impone de pensa
la ene gía ex e na bajo la o ma de la ene gía in-
e na, hace e al uni e so más bien desde el
pun o de is a espi i ualis a que desde el ma e ia-
lis a; pe o si amos más allá, nos emos obliga-
dos á econoce que una concepción exp esada
bajo o mas de mani es aciones enomenales de
es a ene gía undamen al, no puede en modo al-
guno enseña nos lo que es.
LY
•
POR
SPENCER
297
Mien as las c eencias inspi adas po la ciencia
analí ica no des uyan el obje o de la eligión,
sinó que simplemen e lo ans igu en , la ciencia
en sus o mas conc e as aumen a la es e a del sen-
imien o eligioso. Desde el p incipio , el p og eso
del conocimien o ha ido á la pa con el aumen o de
la ap i ud pa a admi a . En e los sal ajes, los
más g ose os , son aquellos á quienes menos so -
p enden los p oduc os no ables del a e ci ilizado.
Su indi e encia so p ende á los iaje os. Sien en
an poco lo que hay de ma a illoso en los más
g andiosos enómenos de la na u aleza, que consi-
de an las in es igaciones de los sabios como di-
e siones pue iles. La di e encia de la ap i ud
men al de los homb es in e io es , espec o de la
de los supe io es de nues o iempo, encuen a su
analogía en los g ados que sepa an á esos se es
supe io es los unos de los o os. Ni el campesino, ni
el come cian e, pe ciben cosa so p enden e en la
incubación de un pollo: la pe cibe en cambio, el
biólogo que lle a has a el ex emo su análisis de
los enómenos ci ados, y se encuen a pe plejo
cuando un agmen o de p o oplasma colocado en
el mic oscopio le hace e la ida en su o ma
más simple ,
y
sen i lo que hay de bello en edu-
ci á ó mulas las ope aciones de la ida : el juego
eal de las ue zas que las cons i uyen , excede, en
e dad, siemp e á los es ue zos odos de la imagi-
nación. No es cie amen e á los ojos del u is a ó
del cazado de gamuzas , en donde se despie an
las más ele adas ideas del eje cicio
y
de lo pin o es-
208
TAS INSTETUGIONES EGLESC1STICI
co con emplando un alleci o alpes e , sino á los
del geólogo.
El geólogo obse a que la oca,
edondeada po
la acción del hele o, en la cual se asien a, no ha
pe dido más que una media pulgada de su
su
pe i-
cie desde una época mucho más lejana que la del
comienzo de la ci ilización humana, y en onces
in en a concebi la len a ans o mación que ha
p oducido el alle , llegando á las ideas de iempo y
de po encia comple amen e ex añas al u is a y
al cazado . Aunque esas ideas son comple amen e
inadecuadas á su obje o , las encuen a aún más
anas, cuando conside a los es a os con o neados
del
gneis,
que le hablan de una época más lejana
oda ía , allá cuando sob e la supe icie de la ie-
a esas capas es aban en el es ado semilluido, y de
una época que excede á esa misma inmensamen e
po la an igüedad , en la que los elemen os del
gneis
yacían en el es ado de a enas y de lodo en la
ibe a de un ma an iquísimo.
Tampoco es en e los pueblos an iguos, que
se imaginaban que el cielo descansaba sob e las
cimas de las mon añas, ni en e los mode nos,
he ede os de su cosmogonia , pa a quienes « los
cielos p oclaman la glo ia de Dios », donde en-
con a nos las más as as concepciones del uni-
e so ó la mayo suma de admi ación en la co
n
-
emplación de sus ma a illas. Todo es o se encuen-
a mejo en el as ónomo, que
e en
el sol una
masa de al amaño , que la ie a pod ía pasa
po una de sus manchas sin oca los bo des,
y
4
••-
1.
n
•
POR H. SPENCER
299
quien cada pe eccionamien o del elescopio hace .
e una mul i ud cada ez más g ande de esos so-
les, de los cuales algunos son mucho mayo es que
el nues o.
En el po eni , como en el pasado, el aumen o
de la ue za del espí i u
y
de la ex ensión de los
conocimien os,
más
bien ele a á que ebaja á ese
sen imien o. Al p esen e, el espí i u más po en e
y
mejo con o mado no iene bas an e sabe ni po-
encia bas an e pa a simboliza la o alidad de las
cosas. Dedicado al es udio de una ó de o a de las
di isiones de la na u aleza , el homb e de ciencia
sabe muy pocas cosas de las demás di isiones pa a
concebi , aunque sea de una mane a g ose a, la
ex ensión y la complexidad de sus enómenos. Aun
suponiendo que u ie a un conocimien o su icien e
de cada una de esas di isiones, es incapaz de con-
cebi las como un odo. Una in eligencia más ex-
ensa y más ue e
y
sólida, puede en el po eni
pe mi i le o ma se una idea aga en su o alidad-
-
Una acul ad musical udimen a ia, capaz an sólo
de ap ecia una simple melodía , no pod á
coge
los mo i os di e samen e combinados
y
las a mo-
nías de una sin onía ; pe o en cambio , el composi-
o
y
je e de o ques a sien en la unidad en los e ec-
os complicados que despie an en ellos sen imien-
os p o undos, como no puede expe imen a los
un homb e sin educación musical. De igual modo
en el po eni las in eligencias
más
desen uel as
pod án ab aza en su conjun o el cu so de las co-
sas que hoy sólo puede
ab aza se en pa e,
y
ex-