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Escenas taurinas en el Claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos

Monclova, Javier

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Re is a de Es udios Tau inos N.º 10, Se illa, 1999, págs. 31-54 ESCENAS TAURINAS EN EL CLAUSTRO DEL MONASTERIO DE SANTO DOMINGO DE SILOS Ja ie Monclo a González Licenciado en His o ia del A e abemos –de hecho– que el iempo no se de iene y su de eni cons an e nos aspasa pa a i ma can- do, con su huella, el paso de nues as idas. Sin emba go, algo muy dis in o sucede en nues a ap eciación de la ealidad cuando en una nue a es ancia en el Monas e io de San o Domingo de Silos paseamos en silencio po las gale ías de su claus o ománico. La imp esión de un iempo de enido, incapaz de a anza , se hace pa en e llegan- do incluso a ilusiona nos con una isión inmó il de e e ni- dad. Pe o, como ambién sabemos, la ida con inúa y así, la ilusión de isi an e con as a con la ealidad del quehace dia- io de la comunidad de monjes benedic inos, en silencio, o a- ción y abajo, que o ecen sus es ue zos de homb e bajo las sabias palab as de San Beni o de «no an epone nada al Amo de C is o»1. Es e claus o conse a una eno me iqueza, es en sí mismo un eso o, un pequeño educ o de paz y de callada a monía que esconde pa a nues o gozo innume ables so p e- 1Regla de San Beni o. Capí ulo 4, 21. p ensión oda ía no acla ados (Pé ez de U bel, 1975). Po si ue a poco, la gale ía supe io –caso excepcional den o del ománico– se ele a como ema e pe ec o, p opo cionando un acabado único a oda la ob a. Pa a el inal hemos dejado al cip és, dueño del pedazo de cielo que engloba el claus o, igilan e sin egua du an e más de un siglo y capaz de hace b o a del co azón humano palab as i as de poe a e e no: «Enhies o su ido de somb a y sueño...». A pesa de odo lo dicho, esencia mínima en an pocas palab as, queda algo más a que p es a a ención y que supo- ne el mo i o p incipal y conc e o de nues o abajo: el al a - je mudéja , donde podemos obse a , den o de una a iada emá ica, una de las más an iguas e in e esan es ep esen a- ciones au inas del a e español. Debemos indica , con so - p esa, que dichas escenas no han sido obje o de un es udio en p o undidad, y an sólo hemos encon ado pequeñas alusio- nes ecogidas po los a adis as de la his o ia del a e e, igualmen e, po los p opios his o iado es de la lidia. C eemos que es e abajo puede se ele an e po da a conoce un documen o excepcional sob e los udimen os de la lidia, en gene al, y de la sue e de alancea o os en pa icula . Po o a pa e, el A e, a a és de una muy impo an e mani es ación pic ó ica, se con ie e en una uen e p imo dial y nos o ece un es imonio de p ime a mano pa a conoce , un poco más, el ascinan e mundo de la au omaquia. I.– ELALFARJE La palab a “al a je” de i a del é mino á abe “al a s”, que signi ica a qui abe. Cuando hablamos de Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 33 sas que, di ícilmen e y en an pocas líneas, somos capaces de esboza pa a e leja oda su g andeza. La cons ucción de es e p ecioso claus o, au én ico co azón de la abadía, comenzó du an e la segunda mi ad del siglo XI po inicia i a del p opio Domingo de Silos (1000- 1073), cuya ida dedicada en pleni ud al se icio de Dios y de los homb es le p opo ciona ía las es co onas de san idad que ado nan su escudo, pa a se concluido as un la go y p oceloso camino al ededo del año 1200 (Vi ancos, 1995). A San Domingo, abad pe pe uo del monas e io, se le consi- de a además el es au ado monás ico de dicho cenobio, cuya an igüedad se emon a a ines del siglo IX o p incipios de la siguien e cen u ia. La inicia i a cons uc i a de San Domingo no quedó enada únicamen e en el claus o, sino que alcanzó ambién a la p imi i a iglesia ománica. Po des- g acia és a no u o la sue e del p ime o y ue des uida, casi en su o alidad, en el siglo XVIII pa a le an a la que ac ual- men e podemos con empla. Vol iendo al in e io del claus o, ob a singula sin duda, encon amos un au én ico e angelio ep esen ado en ocho elie es escul ó icos que deco an los pila es del mismo: Ascensión, Pen ecos és, En ie o y Resu ección de C is o, Descendimien o, Emaús, Duda de San o Tomás, Anunciación y Á bol de Jesé. Todo ello con ie e a es e luga en un espa- cio pleno de con enido ca equé ico c is iano, además de supone una de las cimas del a e ománico español y eu o- peo. Podemos habla de una simbiosis pe ec a en e Fe y A e que encuen a su complemen o ideal en los sesen a y cua o capi eles dobles de la gale ía in e io , cuya a iedad écnica y simbólica o ece, a pesa de los es udios, una mul- iplicidad de pun os de is a pa a su conocimien o y com- Ja ie Monclo a González 32 p ensión oda ía no acla ados (Pé ez de U bel, 1975). Po si ue a poco, la gale ía supe io –caso excepcional den o del ománico– se ele a como ema e pe ec o, p opo cionando un acabado único a oda la ob a. Pa a el inal hemos dejado al cip és, dueño del pedazo de cielo que engloba el claus o, igilan e sin egua du an e más de un siglo y capaz de hace b o a del co azón humano palab as i as de poe a e e no: «Enhies o su ido de somb a y sueño...». A pesa de odo lo dicho, esencia mínima en an pocas palab as, queda algo más a que p es a a ención y que supo- ne el mo i o p incipal y conc e o de nues o abajo: el al a - je mudéja , donde podemos obse a , den o de una a iada emá ica, una de las más an iguas e in e esan es ep esen a- ciones au inas del a e español. Debemos indica , con so - p esa, que dichas escenas no han sido obje o de un es udio en p o undidad, y an sólo hemos encon ado pequeñas alusio- nes ecogidas po los a adis as de la his o ia del a e e, igualmen e, po los p opios his o iado es de la lidia. C eemos que es e abajo puede se ele an e po da a conoce un documen o excepcional sob e los udimen os de la lidia, en gene al, y de la sue e de alancea o os en pa icula . Po o a pa e, el A e, a a és de una muy impo an e mani es ación pic ó ica, se con ie e en una uen e p imo dial y nos o ece un es imonio de p ime a mano pa a conoce , un poco más, el ascinan e mundo de la au omaquia. I.– ELALFARJE La palab a “al a je” de i a del é mino á abe “al a s”, que signi ica a qui abe. Cuando hablamos de Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 33 sas que, di ícilmen e y en an pocas líneas, somos capaces de esboza pa a e leja oda su g andeza. La cons ucción de es e p ecioso claus o, au én ico co azón de la abadía, comenzó du an e la segunda mi ad del siglo XI po inicia i a del p opio Domingo de Silos (1000- 1073), cuya ida dedicada en pleni ud al se icio de Dios y de los homb es le p opo ciona ía las es co onas de san idad que ado nan su escudo, pa a se concluido as un la go y p oceloso camino al ededo del año 1200 (Vi ancos, 1995). A San Domingo, abad pe pe uo del monas e io, se le consi- de a además el es au ado monás ico de dicho cenobio, cuya an igüedad se emon a a ines del siglo IX o p incipios de la siguien e cen u ia. La inicia i a cons uc i a de San Domingo no quedó enada únicamen e en el claus o, sino que alcanzó ambién a la p imi i a iglesia ománica. Po des- g acia és a no u o la sue e del p ime o y ue des uida, casi en su o alidad, en el siglo XVIII pa a le an a la que ac ual- men e podemos con empla. Vol iendo al in e io del claus o, ob a singula sin duda, encon amos un au én ico e angelio ep esen ado en ocho elie es escul ó icos que deco an los pila es del mismo: Ascensión, Pen ecos és, En ie o y Resu ección de C is o, Descendimien o, Emaús, Duda de San o Tomás, Anunciación y Á bol de Jesé. Todo ello con ie e a es e luga en un espa- cio pleno de con enido ca equé ico c is iano, además de supone una de las cimas del a e ománico español y eu o- peo. Podemos habla de una simbiosis pe ec a en e Fe y A e que encuen a su complemen o ideal en los sesen a y cua o capi eles dobles de la gale ía in e io , cuya a iedad écnica y simbólica o ece, a pesa de los es udios, una mul- iplicidad de pun os de is a pa a su conocimien o y com- Ja ie Monclo a González 32 ealización a ines del siglo XIV, después de 1384, año en que la abadía ue obje o de un incendio. An es de pin a las escenas, la made a e a p epa ada median e una ina imp imación de yeso y posible cola ani- mal, y se pin aba en el suelo, an es de coloca la en la echumb e (La ado Pa adinas, 1982: 192). El dibujo se ea- liza al encaus o, quemando las líneas sob e la made a, y los colo es, as su aplicación, e an p o egidos con capas de ce a que e i an su desgas e. Los colo es más u ilizados son el ojo, e de, ama illo, azul, cá deno y ca mín. Es ilís icamen e, las pin u as de es e al a je se englo- ban den o del gó ico lineal a dío (Blanca Pique o, 1989: 38), ca ac e izada po el p edominio de la línea y el colo i- do b illan e sob e un ondo monoc omo, con igu ándose como una pin u a plana debido a su escaso ni el de p o- undidad. Sin emba go, o ece apo aciones no edosas en el sen ido na a i o con la inclusión de escenas co idianas de ma cado acen o exp esi o. Se ap ecia una no able p eo- cupación po el dibujo con un azo ápido pe o segu o, median e el cual, se consigue un ue e ealismo no exen o de cie a g acia y mo imien o de las igu as. Todo es o si e pa a p esen a nos un amplio ca álogo de poses y exp esiones humanas. Las escenas esponden a las o mas de ida de la época, con un acen o na u alis a, apegadas a la ida co idiana y leja- nas a cualquie ipo de ep esen ación de la ida monás ica. Encon amos ep esen aciones e e idas al amo , la caza, la gue a, la música, sa í icas y, ambién, eligiosas. Es a emá- ica deco a i a que incluye an o iconog a ía c is iana como p o ana llama pode osamen e la a ención. Pa a halla una Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 35 al a je nos es amos e i iendo a una echumb e plana o - mada po igas maes as colocadas en un sen ido ho izon- al, es deci , pa alelas al suelo en una misma di ección y que descansan sob e los es ibos. Po las cua o gale ías del claus o discu en los g andes a esaños, en made a de pino, unidos en e sí po igue as que o man espacios ec- angula es de made a deco adas, en el cen o, con una osa de cinco pé alos g abada en hueco (Pé ez de U bel, 1975: 191). Es e al a je que sopo a las gale ías del claus o al o es an iguo sólo en pa e, ya que únicamen e conse a la gale ía oes e y pa e de la no e y su , es au ándose las demás pa es en épocas pos e io ee. Todas las igas se hallan deco adas con escenas enma cadas en espacios más o menos iangula es que se en ec uzan po las bases. La o namen ación a ec a a las dos ca as de las igas en las que se si úa un núme o a iable de escenas, sie e u ocho, con p edominio de la úl ima ci a pe o sin no ma ija. Excepcionalmen e exis e una iga con sólo seis escenas. En los espacios in e igas se conse a un e es imien o de made a adosado al mu o con idén ica deco ación que las igas. Y suele albe ga en e una y cinco escenas. Es e al a je de Silos cons i uye la ob a de ca pin e ía deco ada más impo an e de la escuela mudéja bu galesa ((Bo as Gualis, 1990: 168-9; La ado Pa adinas, 1982: 23- 38 y 189-202). Ped o La ado Pa adinas ha sis ema izado su es udio y si úa a Silos como cabeza ep esen a i a de o as ob as como las del monas e io de Vileña, del palacio de Cu iel de los Ajos, y del co o de San Millán de los Balbases, con eno mes simili udes es ilís icas. A los que hay que aña- di , du an e la segunda mi ad del siglo XV, las a ian es de Cas oje iz y San oyo. F ay Jus o Pé ez de U bel si úa su Ja ie Monclo a González 34 ealización a ines del siglo XIV, después de 1384, año en que la abadía ue obje o de un incendio. An es de pin a las escenas, la made a e a p epa ada median e una ina imp imación de yeso y posible cola ani- mal, y se pin aba en el suelo, an es de coloca la en la echumb e (La ado Pa adinas, 1982: 192). El dibujo se ea- liza al encaus o, quemando las líneas sob e la made a, y los colo es, as su aplicación, e an p o egidos con capas de ce a que e i an su desgas e. Los colo es más u ilizados son el ojo, e de, ama illo, azul, cá deno y ca mín. Es ilís icamen e, las pin u as de es e al a je se englo- ban den o del gó ico lineal a dío (Blanca Pique o, 1989: 38), ca ac e izada po el p edominio de la línea y el colo i- do b illan e sob e un ondo monoc omo, con igu ándose como una pin u a plana debido a su escaso ni el de p o- undidad. Sin emba go, o ece apo aciones no edosas en el sen ido na a i o con la inclusión de escenas co idianas de ma cado acen o exp esi o. Se ap ecia una no able p eo- cupación po el dibujo con un azo ápido pe o segu o, median e el cual, se consigue un ue e ealismo no exen o de cie a g acia y mo imien o de las igu as. Todo es o si e pa a p esen a nos un amplio ca álogo de poses y exp esiones humanas. Las escenas esponden a las o mas de ida de la época, con un acen o na u alis a, apegadas a la ida co idiana y leja- nas a cualquie ipo de ep esen ación de la ida monás ica. Encon amos ep esen aciones e e idas al amo , la caza, la gue a, la música, sa í icas y, ambién, eligiosas. Es a emá- ica deco a i a que incluye an o iconog a ía c is iana como p o ana llama pode osamen e la a ención. Pa a halla una Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 35 al a je nos es amos e i iendo a una echumb e plana o - mada po igas maes as colocadas en un sen ido ho izon- al, es deci , pa alelas al suelo en una misma di ección y que descansan sob e los es ibos. Po las cua o gale ías del claus o discu en los g andes a esaños, en made a de pino, unidos en e sí po igue as que o man espacios ec- angula es de made a deco adas, en el cen o, con una osa de cinco pé alos g abada en hueco (Pé ez de U bel, 1975: 191). Es e al a je que sopo a las gale ías del claus o al o es an iguo sólo en pa e, ya que únicamen e conse a la gale ía oes e y pa e de la no e y su , es au ándose las demás pa es en épocas pos e io ee. Todas las igas se hallan deco adas con escenas enma cadas en espacios más o menos iangula es que se en ec uzan po las bases. La o namen ación a ec a a las dos ca as de las igas en las que se si úa un núme o a iable de escenas, sie e u ocho, con p edominio de la úl ima ci a pe o sin no ma ija. Excepcionalmen e exis e una iga con sólo seis escenas. En los espacios in e igas se conse a un e es imien o de made a adosado al mu o con idén ica deco ación que las igas. Y suele albe ga en e una y cinco escenas. Es e al a je de Silos cons i uye la ob a de ca pin e ía deco ada más impo an e de la escuela mudéja bu galesa ((Bo as Gualis, 1990: 168-9; La ado Pa adinas, 1982: 23- 38 y 189-202). Ped o La ado Pa adinas ha sis ema izado su es udio y si úa a Silos como cabeza ep esen a i a de o as ob as como las del monas e io de Vileña, del palacio de Cu iel de los Ajos, y del co o de San Millán de los Balbases, con eno mes simili udes es ilís icas. A los que hay que aña- di , du an e la segunda mi ad del siglo XV, las a ian es de Cas oje iz y San oyo. F ay Jus o Pé ez de U bel si úa su Ja ie Monclo a González 34 ma iano du an e una co ida de o os celeb ada en Plasencia (Cossío, 1989: II, 225). A anzando en el iempo y ambién ecogidas en códices, eco damos las escenas que deco an los can o ales de Guadalupe, del siglo XVI, como una mues- a más de lo que comen amos (Co de o Ba oso, 1997, 745- 746: 43-46). En medio de los dos úl imos ejemplos, hablan- do en sen ido c onológico, se encuen an las ep esen acio- nes del claus o de Silos. Es as escenas, un o al de ein idós, se epa en po las gale ías no e (sie e escenas), su (cinco) y oes e (diez). Todas ellas es án elacionadas en e sí de dos en dos o de es en es, excep o dos únicas ep esen aciones en las que el o o apa ece en soli a io. En odas podemos señala una se ie de ca ac e ís icas comunes. El o o siemp e es á colo eado en un ono ojizo, monoc omo, con un dibujo ana omizado de su cue po y a mado con una co namen a gene almen e muy le an ada, aunque no siemp e as i ina. Los pi ones suelen es a pin ados en blanco o en neg o de mane a indis in a. En cuan o a su ac i ud, apa ece quie o o embis iendo y ambién he ido. La lucha po la supe i encia le en en a an o al homb e a pie como a los caballe os alanceado es. Po su pa e, el homb e, cuando ma cha a pie, a a mado con una lanza, y, una sola ez, se ayuda con un capo e. Se ep esen a es ido con calzas y jubón ajus ado o de mangas anchas y deco ado con bo onadu as. Los caballe os, siemp e sob e co cel blanco y a mados con lanzas, a acan al o o bien en soli a io o po colle as. Finalmen e, odas las igu as se si ú- an sob e un paisaje que se epi e o mado po a bus os e hie - bas que ca ac e izan a odas las composiciones. La inclusión del paisaje en las escenas, apa e de se un ecu so p opia- Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 37 explicación al espec o se ha ecu ido a la in luencia que la li e a u a del momen o, especialmen e el Lib o del Buen Amo del A cip es e de Hi a, pudo eje ce sob e las a es plás icas como hechos pa alelos capaces de jus i ica la exis- encia de escenas p o anas en el claus o de un monas e io. De odas las escenas e e idas debemos des aca las que nos in e esan, ela i as al en en amien o en e el homb e y el o o y que es udia emos como ep esen aciones au inas. II.– LAS ESCENAS TAURINAS DE SILOS El mundo del o o ha es ado, y es á, muy p esen e en el campo de las a es plás icas si bien no odas las ep esen- aciones en las que el homb e y animal apa ecen de alguna mane a unidos pueden se conside adas como escenas au i- nas (Cossío, 1989: II, 935-939; y Cla amun , 1989). Dejando a un lado las ob as de época p ehis ó ica y an igua, que no son p opiamen e ela i as a la au omaquia pe o que sí cons- i uyen un sus a o a aigado con ue za en la cul u a del país, debemos de ene nos en el mundo medie al. Son de es e pe íodo las p ime as escenas que mues an los udimen os de la lidia, oda ía nada sis emá ica pe o sí su icien emen e di undida po odos los es a os sociales del momen o. Aunque no es el obje o de nues o abajo, podemos ci a las iluminaciones de Bea o de Liébana (copia de Facundo) en las que un ángel se en en a al Mal, enca nado en un o o, con una lanza (S ie lin, 1983: 140). Después enemos las imágenes que ilus an la can iga XCIV de Al onso X, con- se ada en el códice de El Esco ial, y que na an un milag o Ja ie Monclo a González 36 ma iano du an e una co ida de o os celeb ada en Plasencia (Cossío, 1989: II, 225). A anzando en el iempo y ambién ecogidas en códices, eco damos las escenas que deco an los can o ales de Guadalupe, del siglo XVI, como una mues- a más de lo que comen amos (Co de o Ba oso, 1997, 745- 746: 43-46). En medio de los dos úl imos ejemplos, hablan- do en sen ido c onológico, se encuen an las ep esen acio- nes del claus o de Silos. Es as escenas, un o al de ein idós, se epa en po las gale ías no e (sie e escenas), su (cinco) y oes e (diez). Todas ellas es án elacionadas en e sí de dos en dos o de es en es, excep o dos únicas ep esen aciones en las que el o o apa ece en soli a io. En odas podemos señala una se ie de ca ac e ís icas comunes. El o o siemp e es á colo eado en un ono ojizo, monoc omo, con un dibujo ana omizado de su cue po y a mado con una co namen a gene almen e muy le an ada, aunque no siemp e as i ina. Los pi ones suelen es a pin ados en blanco o en neg o de mane a indis in a. En cuan o a su ac i ud, apa ece quie o o embis iendo y ambién he ido. La lucha po la supe i encia le en en a an o al homb e a pie como a los caballe os alanceado es. Po su pa e, el homb e, cuando ma cha a pie, a a mado con una lanza, y, una sola ez, se ayuda con un capo e. Se ep esen a es ido con calzas y jubón ajus ado o de mangas anchas y deco ado con bo onadu as. Los caballe os, siemp e sob e co cel blanco y a mados con lanzas, a acan al o o bien en soli a io o po colle as. Finalmen e, odas las igu as se si ú- an sob e un paisaje que se epi e o mado po a bus os e hie - bas que ca ac e izan a odas las composiciones. La inclusión del paisaje en las escenas, apa e de se un ecu so p opia- Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 37 explicación al espec o se ha ecu ido a la in luencia que la li e a u a del momen o, especialmen e el Lib o del Buen Amo del A cip es e de Hi a, pudo eje ce sob e las a es plás icas como hechos pa alelos capaces de jus i ica la exis- encia de escenas p o anas en el claus o de un monas e io. De odas las escenas e e idas debemos des aca las que nos in e esan, ela i as al en en amien o en e el homb e y el o o y que es udia emos como ep esen aciones au inas. II.– LAS ESCENAS TAURINAS DE SILOS El mundo del o o ha es ado, y es á, muy p esen e en el campo de las a es plás icas si bien no odas las ep esen- aciones en las que el homb e y animal apa ecen de alguna mane a unidos pueden se conside adas como escenas au i- nas (Cossío, 1989: II, 935-939; y Cla amun , 1989). Dejando a un lado las ob as de época p ehis ó ica y an igua, que no son p opiamen e ela i as a la au omaquia pe o que sí cons- i uyen un sus a o a aigado con ue za en la cul u a del país, debemos de ene nos en el mundo medie al. Son de es e pe íodo las p ime as escenas que mues an los udimen os de la lidia, oda ía nada sis emá ica pe o sí su icien emen e di undida po odos los es a os sociales del momen o. Aunque no es el obje o de nues o abajo, podemos ci a las iluminaciones de Bea o de Liébana (copia de Facundo) en las que un ángel se en en a al Mal, enca nado en un o o, con una lanza (S ie lin, 1983: 140). Después enemos las imágenes que ilus an la can iga XCIV de Al onso X, con- se ada en el códice de El Esco ial, y que na an un milag o Ja ie Monclo a González 36 común en e los siglos XIV y XVI, po lo que nues as pin u- as au inas se ajus a ían al sen ido de espejo social o ecien- do la doble e sión, a pie y a caballo, de es e ipo de lidia. Ejemplos p imi i os, sin duda, pues o que dicha sue e iene su pe iodo de esplendo en el siglo XV. A pa i de ese momen o, la sue e de alancea el o o a caballo se impone, debido a la in luencia de las no mas co esanas, sob e la sue - e de alancea a pie que poco a poco a quedando elegada a un segundo plano (Rome o de Solís, 1981: 386). Dicho lo siguien e, pasamos a comen a las escenas di e enciando cinco mo i os o secuencias. 1.– MATATOROS Y RESES SILVESTRES El p ime ipo de ep esen aciones au inas son aque- llas que plasman la lucha del homb e a pie con a el ani- mal. Exis en un o al de doce escenas (seis o os y seis lan- ce os en en ados) epa idas equi a i amen e en las gale í- as no e y su . En la gale ía no e encon amos a un p ime ma a o os a pie, a mado con enablo y acompaña a su es imen a un capo e colo e de, que lle a sob e el b azo izquie do, que a anza sob e el paisaje ípico y se en en a ca a a ca a con un o o pe ec amen e ana omizado (Figs. n.º 3 y 4). El segundo mozo a en es a ocasión a mado con una lanza co a que di i- ge con la mano izquie da. Se di e encia ambién del p ime o en lo ela i o a los opajes, ya que, es e úl imo, is e un jubón ajus ado de mangas anchas. F en e a él, un o o en ac i ud de embes ida, cuyas pa as delan e as le an adas p esagian un e oz encuen o en e ambos (Figs. n.º 5 y 6). La e ce a esce- Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 39 men e composi i o, nos da cuen a del luga donde se desa- ollaban es os ac os de alancea o os, caso de e iales, ejidos o p ados si uados en las a ue as de las ciudades. An es de pasa a la desc ipción de las escenas debemos deja cla as algunas cues iones. La p ime a se e ie e al ma - cado p o agonismo de la nobleza en es as ac i idades, despla- zando a o as clases sociales de los menes e es de la lidia. Es a si uación enía impulsada po la p opia legislación, caso del Código de las Sie e Pa idas de Al onso X el Sabio, en el que se p ohibía lidia o os po dine o. Es o da pie a que única- men e los caballe os de linaje pudie an ealiza la lidia de los o os. Si uación que, po o a pa e, no impedía la exis encia de es ejos au inos ca ac e izados po la masi a pa icipación popula (Moya, 1995: 211-212). En es e sen ido, los opajes que obse amos en las pin u as e ue zan la idea de que el mundo co esano, nobilia io, monopoliza y lle a la oz can- an e en la esceni icación de la lucha con el o o. Los alan- ceado es no pa ecen, en ningún caso, plebeyos y demues an, con su ai e digno y expe o, una a ogancia na u al p opia de su p i ilegiada condición social. Es o signi ica que pe sonajes pe enecien es a las clases p i ilegiadas sus i uye an a los lla- mados ma a o os, que no e an sino plebeyos con a ados pa a dicha labo y de los que encon amos a ios ejemplos de sus ac uaciones, sob e odo en el no e peninsula . De odas o - mas, nos pa ece líci o u iliza dicho é mino pa a nues o a- bajo, pues o que no cambia la unción sino simplemen e los p o agonis as. Es e p oceso se p oduce a inales del siglo XIII, en plena ase expansi a de la Reconquis a c is iana (Mena Cabezas, 1998, 8: 160-161). La segunda cues ión, hace hinca- pié en la p opia sue e de alancea los o os como la más Ja ie Monclo a González 38 común en e los siglos XIV y XVI, po lo que nues as pin u- as au inas se ajus a ían al sen ido de espejo social o ecien- do la doble e sión, a pie y a caballo, de es e ipo de lidia. Ejemplos p imi i os, sin duda, pues o que dicha sue e iene su pe iodo de esplendo en el siglo XV. A pa i de ese momen o, la sue e de alancea el o o a caballo se impone, debido a la in luencia de las no mas co esanas, sob e la sue - e de alancea a pie que poco a poco a quedando elegada a un segundo plano (Rome o de Solís, 1981: 386). Dicho lo siguien e, pasamos a comen a las escenas di e enciando cinco mo i os o secuencias. 1.– MATATOROS Y RESES SILVESTRES El p ime ipo de ep esen aciones au inas son aque- llas que plasman la lucha del homb e a pie con a el ani- mal. Exis en un o al de doce escenas (seis o os y seis lan- ce os en en ados) epa idas equi a i amen e en las gale í- as no e y su . En la gale ía no e encon amos a un p ime ma a o os a pie, a mado con enablo y acompaña a su es imen a un capo e colo e de, que lle a sob e el b azo izquie do, que a anza sob e el paisaje ípico y se en en a ca a a ca a con un o o pe ec amen e ana omizado (Figs. n.º 3 y 4). El segundo mozo a en es a ocasión a mado con una lanza co a que di i- ge con la mano izquie da. Se di e encia ambién del p ime o en lo ela i o a los opajes, ya que, es e úl imo, is e un jubón ajus ado de mangas anchas. F en e a él, un o o en ac i ud de embes ida, cuyas pa as delan e as le an adas p esagian un e oz encuen o en e ambos (Figs. n.º 5 y 6). La e ce a esce- Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 39 men e composi i o, nos da cuen a del luga donde se desa- ollaban es os ac os de alancea o os, caso de e iales, ejidos o p ados si uados en las a ue as de las ciudades. An es de pasa a la desc ipción de las escenas debemos deja cla as algunas cues iones. La p ime a se e ie e al ma - cado p o agonismo de la nobleza en es as ac i idades, despla- zando a o as clases sociales de los menes e es de la lidia. Es a si uación enía impulsada po la p opia legislación, caso del Código de las Sie e Pa idas de Al onso X el Sabio, en el que se p ohibía lidia o os po dine o. Es o da pie a que única- men e los caballe os de linaje pudie an ealiza la lidia de los o os. Si uación que, po o a pa e, no impedía la exis encia de es ejos au inos ca ac e izados po la masi a pa icipación popula (Moya, 1995: 211-212). En es e sen ido, los opajes que obse amos en las pin u as e ue zan la idea de que el mundo co esano, nobilia io, monopoliza y lle a la oz can- an e en la esceni icación de la lucha con el o o. Los alan- ceado es no pa ecen, en ningún caso, plebeyos y demues an, con su ai e digno y expe o, una a ogancia na u al p opia de su p i ilegiada condición social. Es o signi ica que pe sonajes pe enecien es a las clases p i ilegiadas sus i uye an a los lla- mados ma a o os, que no e an sino plebeyos con a ados pa a dicha labo y de los que encon amos a ios ejemplos de sus ac uaciones, sob e odo en el no e peninsula . De odas o - mas, nos pa ece líci o u iliza dicho é mino pa a nues o a- bajo, pues o que no cambia la unción sino simplemen e los p o agonis as. Es e p oceso se p oduce a inales del siglo XIII, en plena ase expansi a de la Reconquis a c is iana (Mena Cabezas, 1998, 8: 160-161). La segunda cues ión, hace hinca- pié en la p opia sue e de alancea los o os como la más Ja ie Monclo a González 38 Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 47 Ja ie Monclo a González 46 Fig. n.º 10.– Jine e a anza hacia el o o galopando sob e un caballo de colo blan- co y a mado con una lanza (Fo o cedida po el a chi o del Monas e io de Silos). Fig. n.º 11.– El o o, si uado en e los caballe os de la página an e io , se halla he ido de mue e (Fo o cedi- da po el a chi o del Monas- e io de Silos). Fig. n.º 12.– Es e segundo caballe o, con la cabeza uel a hacia a ás, obse a la si ua- ción de la lidia y cómo eacciona el o o as la lucha (Fo o cedida po el a chi o del Monas- e io de Silos). Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 47 Ja ie Monclo a González 46 Fig. n.º 10.– Jine e a anza hacia el o o galopando sob e un caballo de colo blan- co y a mado con una lanza (Fo o cedida po el a chi o del Monas e io de Silos). Fig. n.º 11.– El o o, si uado en e los caballe os de la página an e io , se halla he ido de mue e (Fo o cedi- da po el a chi o del Monas- e io de Silos). Fig. n.º 12.– Es e segundo caballe o, con la cabeza uel a hacia a ás, obse a la si ua- ción de la lidia y cómo eacciona el o o as la lucha (Fo o cedida po el a chi o del Monas- e io de Silos). in ención, suponemos, de a oja los sob e el animal2. La igu a emenina, en un es ado de conse ación no muy acep- able, es á es ida con opa ajus ada y de poco lujo, cub ién- dose la cabeza con un sencillo go o. Es e hecho de la p e- sencia de espec ado es implica, po un lado, la conside ación de ac o público y, en segundo luga , que an e la escasez o inexis encia de espacios abie os o au én icas plazas, ca ac e- Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 49 2Fe nando Cla amun o ece una imagen simila a la que desc ibimos pe o que, en es e caso, se comple a con la p esencia de un ejoneado a pie den- o de la misma escena (Op. ci ., 1989: 79). Fig. n.º 14.– El o o, con de ensas más supe io es, as i inas (Fo o cedida po el a chi o del Monas e io de Silos). 4.– DOS CABALLEROS ALANCEADORES, TORO Y ESPECTADORA La pin u a, conse ada en la gale ía su , esul a se de lo más cla i icado a a la ho a de plan ea es as escenas au i- nas como iel e lejo de lo que e a un e dade o acon eci- mien o social en la época. En la escena donde es ep esen a- do el o o, és e no apa ece solo, sino que es á acompañado po una espec ado a que, asomada a una en ana o balcón, sos iene en ambas manos unos a poncillos co os con la Ja ie Monclo a González 48 Fig. n.º 13.– Caballe o mon ado sob e un caballo blanco, acome e con su lanza al o o (Fo o cedida po el a chi o del Monas e io de Silos). in ención, suponemos, de a oja los sob e el animal2. La igu a emenina, en un es ado de conse ación no muy acep- able, es á es ida con opa ajus ada y de poco lujo, cub ién- dose la cabeza con un sencillo go o. Es e hecho de la p e- sencia de espec ado es implica, po un lado, la conside ación de ac o público y, en segundo luga , que an e la escasez o inexis encia de espacios abie os o au én icas plazas, ca ac e- Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 49 2Fe nando Cla amun o ece una imagen simila a la que desc ibimos pe o que, en es e caso, se comple a con la p esencia de un ejoneado a pie den- o de la misma escena (Op. ci ., 1989: 79). Fig. n.º 14.– El o o, con de ensas más supe io es, as i inas (Fo o cedida po el a chi o del Monas e io de Silos). 4.– DOS CABALLEROS ALANCEADORES, TORO Y ESPECTADORA La pin u a, conse ada en la gale ía su , esul a se de lo más cla i icado a a la ho a de plan ea es as escenas au i- nas como iel e lejo de lo que e a un e dade o acon eci- mien o social en la época. En la escena donde es ep esen a- do el o o, és e no apa ece solo, sino que es á acompañado po una espec ado a que, asomada a una en ana o balcón, sos iene en ambas manos unos a poncillos co os con la Ja ie Monclo a González 48 Fig. n.º 13.– Caballe o mon ado sob e un caballo blanco, acome e con su lanza al o o (Fo o cedida po el a chi o del Monas e io de Silos). e a y ase a de echas, hecho que supone un ep oche pa a los jine es po su escaso acie o a la ho a de he i de mue e al animal. Encima del o o se si ua la espec ado a an es des- c i a (Figs. n.º 13 y 14). 5.– TOROS EN SOLITARIO Pa a e mina con la desc ipción de las escenas, debe- mos conclui con un pa de ep esen aciones en las que el o o no se en en a al homb e y apa ece en soli a io. El p ime o de ellos lo enemos en la gale ía no e, donde el animal, de colo ojizo, cue nos as i inos y ele os, apa ece en ac i ud ampan- e y queda empa ejado con un asno, en idén ica si uación, con el que pa ece i aliza en una especie de danza animalís ica (Fig. n.º 15). El segundo, si uado en la gale ía oes e, con as- a algo menos, al es a dibujado en el habi ual ono ojizo sob e un ondo be mellón y sin e e encia de paisaje. El o o galopa en soli a io mos ando su co namen a blanca, ambién, en una cla a ac i ud de desa ío. III.– CONCLUSIONES Amodo de colo ón a ende emos a dos conside aciones. La p ime a, en un plano pu amen e a ís ico, nos hace pon- de a es as escenas como una des acada ep esen ación de la pin u a medie al española, ca ac e izada po su calidad exp esi a y a iedad emá ica. Además, emos cómo las mani es aciones a ís icas se con ie en en au én icos es i- Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 51 ís ico de las ciudades medie ales, se imp o isaban ce cados en las a ue as de las mismas donde los espec ado es obse a- ían, sin pelig o, el desa ollo de la lidia. Re i iéndonos a los « o eado es», di emos que el p ime caballe o sigue la pau a ma cada, mon ando un caballo blanco y en ac i ud de acome- e con su lanza al o o. La escena del segundo jine e es á muy de e io ada y no se puede comen a . El o o, en cambio, mues a algunas a ian es con el p ime ejemplo. En p ime luga obse amos unas de ensas muy supe io es y que pode- mos cali ica de as i inas. En segundo é mino, es á he ido en dos ocasiones con sendas lanzas cla adas en las pa as delan- Ja ie Monclo a González 50 Fig. n.º 15.– To o ampan e y co ni ele o(Fo o cedida po el a chi o del Monas e io de Silos). e a y ase a de echas, hecho que supone un ep oche pa a los jine es po su escaso acie o a la ho a de he i de mue e al animal. Encima del o o se si ua la espec ado a an es des- c i a (Figs. n.º 13 y 14). 5.– TOROS EN SOLITARIO Pa a e mina con la desc ipción de las escenas, debe- mos conclui con un pa de ep esen aciones en las que el o o no se en en a al homb e y apa ece en soli a io. El p ime o de ellos lo enemos en la gale ía no e, donde el animal, de colo ojizo, cue nos as i inos y ele os, apa ece en ac i ud ampan- e y queda empa ejado con un asno, en idén ica si uación, con el que pa ece i aliza en una especie de danza animalís ica (Fig. n.º 15). El segundo, si uado en la gale ía oes e, con as- a algo menos, al es a dibujado en el habi ual ono ojizo sob e un ondo be mellón y sin e e encia de paisaje. El o o galopa en soli a io mos ando su co namen a blanca, ambién, en una cla a ac i ud de desa ío. III.– CONCLUSIONES Amodo de colo ón a ende emos a dos conside aciones. La p ime a, en un plano pu amen e a ís ico, nos hace pon- de a es as escenas como una des acada ep esen ación de la pin u a medie al española, ca ac e izada po su calidad exp esi a y a iedad emá ica. Además, emos cómo las mani es aciones a ís icas se con ie en en au én icos es i- Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 51 ís ico de las ciudades medie ales, se imp o isaban ce cados en las a ue as de las mismas donde los espec ado es obse a- ían, sin pelig o, el desa ollo de la lidia. Re i iéndonos a los « o eado es», di emos que el p ime caballe o sigue la pau a ma cada, mon ando un caballo blanco y en ac i ud de acome- e con su lanza al o o. La escena del segundo jine e es á muy de e io ada y no se puede comen a . El o o, en cambio, mues a algunas a ian es con el p ime ejemplo. En p ime luga obse amos unas de ensas muy supe io es y que pode- mos cali ica de as i inas. En segundo é mino, es á he ido en dos ocasiones con sendas lanzas cla adas en las pa as delan- Ja ie Monclo a González 50 Fig. n.º 15.– To o ampan e y co ni ele o(Fo o cedida po el a chi o del Monas e io de Silos). IV.– BIBLIOGRAFÍA Blanca Pique o, M. (1989): La Pin u a Gó ica de los siglos XIII y XIV, Mad id. Bo as Gualis, G. (1990): El A e Mudéja . Cla amun , F. (1989): His o ia Ilus ada de la Tau omaquia, Espasa Calpe. Co de o Ba oso, C. (1997): Tau omaquia en los can- o ales de Guadalupe, Guadalupe, núms. 745-746. Cossío, J. M.ª (1989): Los To os, Espasa-Calpe, omo II. Ga cía-Baque o, A.: Rome o de Solís, P. y Vázquez Pa ladé, I. [1980] (1994): Se illa y la ies a de los o os, Se illa, Ayun amien o, págs. 27-29. La ado Pa adinas, P. (1982): “El A e Mudéja desde la isión cas ellana”, en Ac as II Simposio In e nacional de Mudeja ismo (1981), Ins i u o de Es udios Tu olenses. _____ (1982): “La Ca pin e ía Mudéja en la ie a de campos”, en Ac as II Simposio In e nacional de Mudeja ismo (1981), Ins i u o de Es udios Tu olenses. Mena Cabezas, I. (1998): “Caballe os, o os y o e os en el siglo XVI: Un ex o de Don Luis Zapa a de Cha es”, en Re is a de Es udios Tau inos, Se illa, Fundación de Es udios Tau inos, n.º 8. Moya, C. (1995): “Los o os en España: genealogía, me amo osis, ac ualidad”, en Rome o de Solís, P. (Ed.): Sac i icio y au omaquia en España y Amé ica, Se illa, Sec e a iado de Publicaciones de la Uni e sidad de Se illa y Real Maes anza de Caballe ía. Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 53 monios y uen es, de p ime a mano, den o de un pe íodo his- ó ico con escasez de e e encias li e a ias. Su alo eside an o en su an igüedad, ines del siglo XIV, como po el luga donde se ubican, el claus o de un monas e io an señalado como es el de Silos, ci cuns ancias que con ibuyen a que nos p oduzca ex añeza po no habe sido enjuiciadas an e io - men e, en su o alidad, en ninguna his o ia de la au omaquia. De nue o, el A e se con igu a como e lejo de la sociedad que la concibe. La segunda conside ación a iende al hecho de que, en es e mismo ámbi o de la au omaquia, las escenas de Silos sean el conjun o de ep esen aciones más comple o, den o del mundo bajomedie al, de la sue e de alancea o os que has a es e momen o se conoce. El ca ác e desc ip i o de la sue e, a pie y a caballo, en soli a io o po colle as, nos ea i ma en su impo ancia, así como la desc ipción de los ipos y pe so- najes que lo p o agonizaban. En esumen, enemos delan e un ejemplo p ecioso, único, undamen al, a nues o juicio, pa a conoce una o ma de lidia an singula y, de és e modo, ahon- da un poco más en uno de los momen os más p imi i os del en en amien o en e el homb e y el o o. Has a aquí odo lo dicho, que no es poco, pe o que, na u almen e, debe se com- ple ado en u u as in es igaciones y es udios a los que nues o abajo ab e, muy modes amen e, el camino. Ja ie Monclo a González 52 IV.– BIBLIOGRAFÍA Blanca Pique o, M. (1989): La Pin u a Gó ica de los siglos XIII y XIV, Mad id. Bo as Gualis, G. (1990): El A e Mudéja . Cla amun , F. (1989): His o ia Ilus ada de la Tau omaquia, Espasa Calpe. Co de o Ba oso, C. (1997): Tau omaquia en los can- o ales de Guadalupe, Guadalupe, núms. 745-746. Cossío, J. M.ª (1989): Los To os, Espasa-Calpe, omo II. Ga cía-Baque o, A.: Rome o de Solís, P. y Vázquez Pa ladé, I. [1980] (1994): Se illa y la ies a de los o os, Se illa, Ayun amien o, págs. 27-29. La ado Pa adinas, P. (1982): “El A e Mudéja desde la isión cas ellana”, en Ac as II Simposio In e nacional de Mudeja ismo (1981), Ins i u o de Es udios Tu olenses. _____ (1982): “La Ca pin e ía Mudéja en la ie a de campos”, en Ac as II Simposio In e nacional de Mudeja ismo (1981), Ins i u o de Es udios Tu olenses. Mena Cabezas, I. (1998): “Caballe os, o os y o e os en el siglo XVI: Un ex o de Don Luis Zapa a de Cha es”, en Re is a de Es udios Tau inos, Se illa, Fundación de Es udios Tau inos, n.º 8. Moya, C. (1995): “Los o os en España: genealogía, me amo osis, ac ualidad”, en Rome o de Solís, P. (Ed.): Sac i icio y au omaquia en España y Amé ica, Se illa, Sec e a iado de Publicaciones de la Uni e sidad de Se illa y Real Maes anza de Caballe ía. Escenas au inas en el Claus o del Monas e io de San o Domingo de Silos 53 monios y uen es, de p ime a mano, den o de un pe íodo his- ó ico con escasez de e e encias li e a ias. Su alo eside an o en su an igüedad, ines del siglo XIV, como po el luga donde se ubican, el claus o de un monas e io an señalado como es el de Silos, ci cuns ancias que con ibuyen a que nos p oduzca ex añeza po no habe sido enjuiciadas an e io - men e, en su o alidad, en ninguna his o ia de la au omaquia. De nue o, el A e se con igu a como e lejo de la sociedad que la concibe. La segunda conside ación a iende al hecho de que, en es e mismo ámbi o de la au omaquia, las escenas de Silos sean el conjun o de ep esen aciones más comple o, den o del mundo bajomedie al, de la sue e de alancea o os que has a es e momen o se conoce. El ca ác e desc ip i o de la sue e, a pie y a caballo, en soli a io o po colle as, nos ea i ma en su impo ancia, así como la desc ipción de los ipos y pe so- najes que lo p o agonizaban. En esumen, enemos delan e un ejemplo p ecioso, único, undamen al, a nues o juicio, pa a conoce una o ma de lidia an singula y, de és e modo, ahon- da un poco más en uno de los momen os más p imi i os del en en amien o en e el homb e y el o o. Has a aquí odo lo dicho, que no es poco, pe o que, na u almen e, debe se com- ple ado en u u as in es igaciones y es udios a los que nues o abajo ab e, muy modes amen e, el camino. Ja ie Monclo a González 52 Re is a de Es udios Tau inos N.º 10, Se illa, 1999, págs. 55-66 LA CORRIDA DE TOROS CABALLERESCA DEL MUSEO DE CERÁMICA DE BARCELONA Ma ía An onia Casano as Conse ado a del Museo de Ce ámica de Ba celona esde la Exposición Uni e sal de 1888, el Museo de Ce ámica de Ba celona es deposi a io de dos pane- les de azulejos en o ma de lune a que habían o - mado pa e de la deco ación de una pé gola cons- uida po el I Conde de Cas ella en su p opiedad de Alella (Ba celona). Don F ancisco de Ama –G e olosa y de Planella, ba ón de Cas ella , es aba polí icamen e ubicado en el pa ido aus acis a. Jun o con su amigo el p íncipe Jo ge de Hesse-Da ms ad, i ey de Ca aluña desde 1698 a 1702, de endió ac i amen e los de echos del a chiduque don Ca los de Aus ia al ono español. Como ecompensa, el 16 de junio de 1707, le ue o o gado el í ulo de conde, del que ue des- poseído jun o con sus p opiedades as la ic o ia de Felipe V y de uel o, años más a de, g acias a los a o es del Rey pa a con el es o de su amilia a ancesada. En 1710 y en plena Gue a de Sucesión, el Conde adqui ió una masía del siglo XIII que, po habe sido du an- e los úl imos años monas e io de las Monjas de la Enseñanza, se le conocía con el nomb e de Ca les Monges. Como los sucesi os p opie a ios del inmueble, don F ancisco Pé ez de U bel, J. F. [1930] (1975): El Claus o de Silos.Pi -Ri e s, J. (1995): “La San a Ve ónica y el To o de la Vega”, en Rome o de Solís, P. (Ed.): Sac i icio y au oma- quia en España y Amé ica, Se illa, Uni e sidad y Real Maes anza de Caballe ía de Se illa. Rome o de Solis, P. (1981): “El Rap o del To o: Eques Agonis es”, en AA.VV: Las Ven as 50 años de co idas, Dipu ación de Mad id. Sáez, P. (1998): “Sob e la ies a de los o os en el mundo omano”, en Re is a de Es udios Tau inos, Se illa, Fundación de Es udios Tau inos, n.º 8. S ie lin, Hen i (1983): Los Bea os de Liébana y el a e mozá abe, Mad id, Edi o ial Nacional. Vi ancos, M. C. (1995): ”El Monas e io de Silos y su Sc ip o ium”, en El Sc ip o ium Silense y los o ígenes de la lengua cas ellana, Ca álogo de la exposición, Jun a de Cas illa León. Ja ie Monclo a González 54