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Juan Sardá y la política monetaria del Plan de Estabilización

Sánchez Lissen, Rocío

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1 JUAN SARDÁ Y LA POLÍTICA MONETARIA DEL PLAN DE ESTABILIZACIÓN Rocío Sánchez Lissen ([email protected]) Departamento de Teoría Económica y Economía Política (Universidad de Sevilla) 1)Introducción Antes de la segunda guerra mundial, coexistían dos sistemas políticos contrapuestos, aunque iguales en cuanto a sus desfavorables efectos sobre la libertad individual y económica: el comunismo en la Unión Soviética y el nacionalsocialismo en Alemania1. La búsqueda de soluciones a esta preocupante situación hizo poner el acento en la economía de mercado como alternativa viable para contrarrestar esas dos situaciones extremas. Desde un punto de vista ideológico, esta orientación hacia la economía de mercado estuvo apoyada, de un lado por la creación en Suiza en el verano de 1947 de la Mont Pèlerin Society2 y de otro por la aparición en Alemania, en 1948, del primer anuario ORDO. Detrás de todo esto se encontraban numerosos economistas alemanes y 1 A partir de ahora el uso del término “Alemania”, hará referencia a Alemania Occidental. 2 Los antecedentes de la creación de esta sociedad se sitúan antes de la segunda guerra mundial, cuando a finales de agosto de 1938, a instancias de F. Hayek, se organizó en París un coloquio liberal llamado Colloque Walter Lippman, con la participación de 26 pensadores, en el que se acordó crear un Centro Internacional de Estudios para la Renovación del Liberalismo. Poco después, en enero de 1939, tuvo lugar la segunda reunión del Colloque Walter Lippman, cuyo ponente fue Jacques Rueff. El comienzo de la segunda guerra mundial hizo desaparecer ese Centro, si bien las ideas inspiradas por Hayek permanecieron vivas. Estas se centraban en hacer frente al colectivismo en todos los campos, dado el avance que el socialismo estaba teniendo a escala internacional. De ahí que se luchase por la creación de una Asociación y una revista internacionales. Concretamente fue Röpke quien desde Ginebra, en 1945, propuso la creación de una revista liberal internacional. Pero como la cantidad recaudada para la creación de esa revista fue insuficiente, se abandonó la idea de crearla y se empleó la cantidad de fondos obtenida en la fundación, en abril de 1947, de la Mont Pèlerin Society (www.montpèlerinsociety.org). Fue constituida legalmente en el estado de Illinois inicialmente por 64 miembros europeos y norteamericanos, la mayoría de ellos economistas. En cuanto a cómo debía de funcionar esta sociedad, hubo algunas discrepancias. Según Hayek se trataría de una Academia internacional de científicos de gran relevancia, pero que no intervendría en política activa, mientras que Salvador de Madariaga, otro de los padres fundadores, consideraba que debía concebirse como una internacional liberal y que debía intervenir en las elecciones y movimientos políticos de todos los países. En realidad el funcionamiento de esta sociedad discurrió por otros cauces menos radicales de los que se han señalado (BELTRÁN, 1996, pp. 217-220). 2 austriacos así como de otros países europeos, con el objetivo de estudiar y difundir los principios de la economía de mercado. Entre los economistas pertenecientes a la Mont Pèlerin Society se encuentran, además de Hayek como su principal impulsor, otros con clara influencia tanto en el pensamiento económico europeo como en el ámbito político. Fueron los casos de Einaudi en Italia, Erhard en Alemania y Rueff en Francia. Al mismo tiempo, el anuario ORDO sirvió de inspiración a la política neoliberal que empezó a aplicarse en Alemania en 1948, defendida entre otros por Erhard, MüllerArmack, Eucken y Röpke y aglutinados algunos de ellos en torno a la llamada Escuela de Friburgo3. En Inglaterra, sin embargo, todo este movimiento a favor de la economía de mercado tuvo una menor acogida, debido fundamentalmente a la mayor influencia de Keynes en ese país. Los colaboradores de ORDO eran, por lo general, antikeynesianos al considerar incompatible el funcionamiento de la economía de mercado con el intento de alcanzar el pleno empleo a toda costa. Así explicaba Lucas Beltrán (1963, tomo I, p. 21) esa incompatibilidad: “la política presupuestaria y monetaria que pretende conseguir la ocupación total produce inflación; los gobiernos no quieren aceptar los resultados naturales de la inflación e introducen controles en la vida económica; como éstos significan obstáculos a su libre funcionamiento, para asegurar la ocupación total es necesario que la inflación continúe, probablemente que se intensifique; inflación y controles se hacen mutuamente necesarios y se estimulan; el final lógico de este proceso es la intervención total de la economía”. En el caso de España, la influencia tanto de la Mont Pèlerin Society como de la Escuela de Friburgo a favor del fomento de la economía de mercado, se puede decir que 3 Buena parte de la literatura neoliberal procede de la llamada “Escuela de Friburgo”, fundada en los primeros años del régimen nazi, con Walter Eucken como la figura más influyente, Fränz Böhm, que fue portavoz de los neoliberales en cuestiones de política antimonopolio y Hans Grossman-Doerth. Asimismo cabe señalar otro grupo de economistas neoliberales que no pertenecían a la Escuela de Friburgo, tales como Wilhem Röpke, Alexander Rüstow, Alfred Müller-Armack, Gunter Schmölders, Otto Veit y Ludwig Erhard. Puede verse en este sentido el excelente trabajo que sobre el neoliberalismo alemán publicó Información Comercial Española bajo la dirección de Fuentes Quintana, en abril de 1961. 3 fue determinante en el diseño del Plan de Estabilización de 1959, inspirado por Juan Sardá. Para tratar de justificar esta afirmación, debo plantear las siguientes cuestiones: ¿Qué características tenía la política económica aplicada en Alemania en 1948?, ¿y la de Rueff en Francia a finales de 1958?, ¿qué conocimiento tenía Sardá de los casos alemán y francés?, ¿cuáles fueron las medidas de política monetaria contenidas en el Plan de Estabilización español?, ¿qué similitudes había entre el Plan de Estabilización español y los aplicados en Alemania y en Francia?. El objetivo de este trabajo es, precisamente, tratar de dar respuesta a estas cuestiones. 2) Contenido de la reforma monetaria alemana de 1948 Llegados a junio de 1948, la economía alemana, tras sufrir los embates de la crisis económica de los años 30 y la derrota militar en la segunda guerra mundial, había ido acumulando un conjunto de circunstancias económicas desfavorables. En tres aspectos esenciales puede resumirse esa situación: economía cerrada al exterior con escasez de oro y divisas, aumento considerable de la Deuda Pública que en 12 años (finales de 1932 hasta finales de 1944) había crecido a una media anual del 230 por ciento, así como una subida, también extraordinaria de la circulación fiduciaria, que se multiplicó por 11 entre finales de 1932 y mayo de 1945. No obstante, a pesar de los aumentos anteriores, al final de la guerra se producen dos episodios paradójicos: los precios sólo se elevaron en un 15 por ciento y la moneda alemana sufrió una fuerte depreciación. En estas circunstancias, la cuestión monetaria pasó a jugar un papel fundamental como centro de los problemas económicos alemanes, de tal manera que a mediados de 1948, siendo Ludwig Erhard director de economía en el Consejo Económico de Francfort, Alemania se planteaba resolver, contando con la ayuda del Plan Marshall, sus 4 graves problemas económicos mediante la aplicación simultánea de una reforma monetaria y de otra más amplia de política económica. De nuevo otra paradoja: Alemania pretendía reconstruirse con la ayuda anglosajona, pero con ideas contrarias a las teorías anglosajonas. Estas ideas, caracterizadas de liberales y antikeynesianas, se sintetizan en el término “Economía social de mercado”. En los llamados “artículos de Dusseldorf”, publicados en forma de manifiesto económico y social por la CDU en julio de 1949, uno de sus principales inspiradores, Ludwig Erhard, definía la “economía social de mercado” como una economía que “integra el trabajo de los hombres libres y aplicados a un orden, de donde dimana un máximo de utilidad económica y de justicia social para todos. Este orden se logra... por la auténtica competencia y el control de los monopolios. Hay competencia auténtica cuando un sistema de competencia garantiza la recompensa del mejor trabajo realizado en plena libertad, en igualdad de posibilidades y en condiciones de leal competición” (PIETTRÉ, 1955, p. 165). Las ideas económicas anteriores ponen de manifiesto que el fomento de la competencia puede conseguir y garantizar la prosperidad, así como mantener el afán de rendimiento personal. Un aspecto importante de esta nueva política era la expansión de la oferta, lo que se conseguiría si el Estado garantizaba el mantenimiento de la libre competencia mediante la aprobación de leyes que impidan la formación de cárteles que, según Erhard, se convierten en las fundamentales de la economía. De esta manera, se pone mayor énfasis en la expansión de la producción que en su distribución, lo cual permite ofrecer mayores posibilidades de empleo, así como un posible aumento de la productividad que permita elevar los salarios. La reforma monetaria alemana giraba en torno a la aplicación de dos tipos de deflaciones: una monetaria y otra financiera. Mediante la primera, una ley de 18 de junio de 1948 creaba una nueva unidad monetaria, el deutsche mark (DM), que sustituía 5 al reichmark (RM). La segunda supuso la suspensión del servicio de la deuda pública, que afectaba no sólo a la deuda del Estado sino también a las de los organismos públicos tales como los Ferrocarriles y Correos. De esta forma se asestaba un golpe a los organismos públicos o semipúblicos que habían participado en la política hitleriana y, al mismo tiempo, se empobrecía a una buena parte de las clases medias que habían entregado sus ahorros al III Reich. En resumen, la reforma monetaria afectó de la manera siguiente: Antes reforma(RM) Después reforma(DM) 1º Créditos y valores mobiliarios 100 10 2º Reservas en especie y depósitos bancarios 100 6,5 3º Títulos públicos (de particulares) 100 0 4º Salarios y rentas asimiladas 100 100 5º precios oficiales 100 100 Los valores anteriores ponen de manifiesto la situación de privilegio que se concedía a los asalariados y asimilados, que escapaban de la deflación, mientras que el capitalista que disponía de un crédito de 100 RM, sólo recibía 10DM. Por otra parte, si bien la deflación afectaba directamente a una parte del ahorro, como era el caso de los poseedores de billetes y de depósitos bancarios, no repercutía sobre los propietarios de bienes reales (tierras, inmuebles, maquinaria, etc, ). De hecho, esto supuso un cierto desequilibrio en la aplicación de la reforma, para lo que se establecieron ciertas disposiciones legales. Otro objetivo perseguido por la reforma monetaria alemana era la destrucción del mercado negro. Para conseguirlo, los precios de todas las mercancías y servicios quedaron al margen de la deflación, lo que unido a la reducción de la cantidad de dinero en circulación y los límites a la concesión de créditos, supuso de hecho el 6 hundimiento del mercado negro y la consiguiente afloración de todo tipo de bienes en los establecimientos para su venta inmediata. En definitiva, la aplicación de este conjunto de medidas económicas adecuadamente coordinadas, influyó decisivamente en lo que se ha dado en llamar el “milagro alemán”. 3) Contenido de la reforma monetaria francesa de 1958 (Informe Rueff) El 30 de septiembre de 1958 se constituyó en Francia el Comité de expertos presidido por Jacques Rueff, con objeto de diseñar las medidas necesarias para estabilizar el franco. El 8 de diciembre de ese mismo año presentaba al gobierno su plan de medidas. La base del orden social y político perseguida por esta reforma era la existencia de un orden monetario y de una estabilidad financiera firmes; de ahí que se considerarse a la inflación el problema prioritario que había que resolver. Cuando Jacques Rueff presentó el Informe al público señalaba: “El progreso económico es, fundamentalmente, una lucha entre la llamada del futuro, que exige remover y vencer los obstáculos que se le oponen, y la defensa del pasado, que intenta sostener las posiciones de privilegio. Y en esta lucha a largo plazo, el pasado nunca vence” (ICE, 1961 b, p. 81). Rueff advertía del peligro que suponía la puesta en práctica de lo que él denominaba “improvisación acrobática de Keynes”, es decir, las medidas emanadas de su teoría, que habían conducido a numerosos países a la inflación. En este sentido consideraba esencial el establecimiento de un orden social4 y político basado en la estabilidad monetaria y financiera. 4 Al respecto puede citarse su conocido y extenso libro L’Ordre social, que fue traducido al castellano con el título de El orden social, publicado en 1964 por Aguilar. Esta obra de Rueff combina el análisis de la dinámica monetaria con el estudio del funcionamiento de las sociedades humanas (una especie de teoría del orden social), atendiendo a los diversos regímenes políticos establecidos. Entre otras obras publicadas por Rueff traducidas al castellano, referidas al problema de la inflación, se encuentran La época de la inflación (1967) y El pecado monetario de occidente (1971). 7 El Informe Rueff aconsejaba la implantación de una estrategia de saneamiento económico que exigía, entre otras, las siguientes medidas: a) equilibrio presupuestario, b) reducción de las intervenciones económicas, c) liberalización de los intercambios comerciales y d) evitar la pérdida del poder adquisitivo de ciertas rentas, y para ello se planteaba el establecimiento de un salario mínimo interprofesional así como la indiciación de ciertos precios agrícolas. Tras la devaluación del franco en diciembre de 1958 en un 17,5 por ciento, pasando el dólar de 420 a 493 francos y la aplicación de unas adecuadas medidas estabilizadoras, la economía francesa consiguió notables resultados tanto desde el punto de vista del equilibrio exterior como del interno. Los déficit de la balanza comercial francesa registrados entre 1956 y 1958 que alcanzaron los 3000 millones de francos anuales, se transformaron en superávit los años 1959 (2603 millones de francos) y 1960 (3000 millones). Este buen comportamiento del sector exterior, permitió elevar las reservas en Francia y sostener así la cotización del franco a su nueva paridad. Por otra parte, el ahorro interno se elevó, canalizándose hacia nuevos proyectos de inversión pública y privada, sin provocar subidas de precios. En cuanto a la inflación, el índice general de precios al por mayor se redujo considerablemente al elevarse sólo un 5 por ciento en 1959 y un 3 por ciento en 1960, mientras que en 1957, antes de aplicarse las medidas estabilizadoras, se había elevado en un 13,2 por ciento. Poco después de la puesta en marcha de las medidas aconsejadas por Rueff, este economista proponía otras nuevas para favorecer la expansión económica francesa, que fueron estudiadas en un nuevo Comité creado en noviembre de 1959, y cuyos resultados fueron publicados en julio de 1960. En este sentido señalaba Rueff en 1959: “Hemos construido los cimientos (con las medidas estabilizadoras); sobre estos cimientos debemos erigir el edificio de la prosperidad francesa” (ICE, 1961 b, p. 79). 8 De forma sintética, este nuevo Informe (ICE, 1961 b) planteaba que la eliminación de los obstáculos a la expansión económica francesa debía actuar en cuatro ámbitos diferentes: a) sobre las rigideces económicas, b) eliminar todo tipo de intervencionismos sobre costes y precios, c) mejorar el uso de los recursos, especialmente de la mano de obra así como del territorio nacional, y d) remediar las deficiencias en educación e información. Acorde con lo anterior, se proponían una serie de medidas concretas, entre ellas las siguientes: 1) actuar contra las prácticas monopolísticas restrictivas, 2) apertura al ejercicio libre de diversas profesiones, 3) revisión de las redes de distribución de productos del comercio interior, para lograr precios de consumo más asequibles, 4) revisión del Sistema de tarifas de transporte por ferrocarril, 5) reforma del Sistema educativo en todos sus grados, facilitando la educación de las clases rurales, 6) reforma del mercado de viviendas, descongelando los alquileres para conseguir un aprovechamiento razonable y justo de la propiedad inmueble, y 7) reconversión industrial sobre los sectores especialmente afectados. No obstante, estas medidas de reforma estructural no fueron bien acogidas por parte de ciertos sectores de la población que veían reducidos sus privilegios, por lo que algunas de ellas quedaron sin aplicar. La economía francesa, a pesar de todo, respondió positivamente con un aumento considerable de la producción, que se vio favorecido con la integración de Francia en el Mercado Común, lo que permitió ampliar su zona de intercambios comerciales. Unos años después, en una entrevista que le hicieron a Rueff, publicada en el Economist en 1965, señalaba sobre las medidas estabilizadoras aplicadas en Francia que: “En 1958 –puedo decírselo con pleno conocimiento de causael principal mérito del plan fue su carácter global. Pero esta constatación no significa que yo esté satisfecho de lo que ocurrió después. Lo que faltó en nuestra política de 9 saneamiento fue un esfuerzo para mejorar nuestro sistema de crédito, que todavía era muy atrasado, así como una política de atenuación de las rigideces de nuestra economía” (RUEFF, 1971, p. 90). 4) Sardá y la economía monetaria: antecedentes 4.1 Su formación en economía monetaria Tras finalizar la licenciatura de Derecho en la Universidad de Barcelona, en el verano de 1929 Sardá amplió estudios en la London School of Economics. En este centro estudió a Keynes y al mismo tiempo conoce al economista antikeynesiano T.E. Gregory5. Un año después, en 1930, obtiene una beca de la Generalitat para realizar estudios en Munich, donde recibe influencia del marginalismo, especialmente del fundador de la Escuela Austriaca (Menger) y de su discípulo Böhm Bawerk. Asimismo trabajó con Adolf Weber, quien por entonces investigaba las causas de las oscilaciones cíclicas de las economías, así como la interpretación de esas fluctuaciones. Esta influencia fue determinante en el trabajo de Sardá La política monetaria y las fluctuaciones de la economía española en el siglo XIX, publicado en 1948. Por otra parte, también destacó Sardá como profesional en temas monetarios, al ser nombrado en 1935 Vicesecretario de la Asociación de Banqueros del Nordeste de España y colaborar en la revista que editaba esta Asociación, titulada España Bancaria. En ella publicó un conjunto de artículos6 poco antes del estallido de la guerra civil española, en los que criticaba la política monetaria restrictiva que se aplicaba entonces 5 Este economista era catedrático de Banca y Divisas desde 1926 e impartía la asignatura “Theory of Banking and the Money Market”. Como señaló Lucas Beltrán (1996, p. XXVI), “la opinión científica de Gregory sobre Keynes era tan baja que, comentando los principios más sencillos y elementales de la Ciencia Económica, solía añadir con sarcasmo que `podrían ser comprendidos incluso hasta por los teóricos de Cambridge´”. 6 Una colección de estos artículos fue publicada en forma de libro por la editorial Bosch en 1936, con el título La intervención monetaria y el comercio de divisas en España. Esta obra fue reeditada en 1975 por el Servicio de Estudios de la Banca Más Sardá. 16 esencia y la personalidad de un sistema económico, basándose en la ordenación de sus elementos materiales, sociales y jurídicos. El origen de este planteamiento, según le había explicado Eucken a Sardá13, era conciliar las dos tendencias que en otro tiempo habían dividido al mundo científico germánico, es decir, “el historicismo tradicional en Berlín, frente a la especulación abstracta predominante en Viena” (p. 267). Quizá lo más interesante del contenido de este artículo de Sardá para el objetivo de este trabajo es la exposición del programa político económico del grupo ORDO (ver esquema 1), basado en una economía de mercado e inspirado en los principios de libre iniciativa individual, libertad de precios y fomento de la competencia entre productores y consumidores, los cuales constituían las características de la denominada “Ordenación económica”. En ese programa de política económica, se distinguía entre principios constituyentes y medidas regulatorias. El núcleo de los primeros, según Sardá, consistía en mantener los precios libres, al que se añadirían otros principios para hacer efectiva esa libertad de precios: “existencia de un dinero capaz de cumplir sus funciones de medio general de intercambio, mercado abierto, en el sentido de no existir restricciones legales ni de hecho a la aparición de nuevas empresas; mantenimiento de la propiedad privada y de la libertad contractual, subordinadas a que no puedan ser empleadas para restringir la competencia; responsabilidad económica plena para los grupos dirigentes de la empresa..., constancia en las bases de la política económica con el fin de eliminar la inseguridad en las expectativas empresariales” (SARDÁ, 1949 a, p. 271). En cuanto a 13 Según indica Sardá en este mismo artículo, Eucken fue invitado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en el verano de 1949. Las conferencias pronunciadas por Eucken en Santander fueron recopiladas en un folleto editado por la propia Universidad con el título “El orden de la competencia”. Desconozco si por este motivo se produjo el primer contacto entre Sardá y Eucken, ya que podía haberse producido en un viaje que Sardá realizó a Kiel, además de a Ginebra y Bruselas, con el Instituto de Economía Mundial en los años 1948 y 1949, para elaborar su trabajo “Las uniones Aduaneras y Uniones Económicas”, que unos años después formó parte de la voluminosa obra dirigida por Larraz Estudios sobre la unidad económica europea, que fue publicada en nueve tomos entre 1951 y 1961. La estancia de Sardá en la Universidad de Kiel, de la que Eucken era profesor, podía haber dado lugar a ese encuentro. 17 las medidas regulatorias, servirían para adaptar el sistema a las circunstancias coyunturales. PROGRAMA POLÍTICO-ECONÓMICO DEL GRUPO ORDO Establecimiento de una Economía de Mercado basada en: A) ORDENACIÓN ECONÓMICA (características): 1) Libertad de iniciativa para individuos y empresas 2) Fomento de la competencia 3) Mantenimiento del Sistema de precios libres, control del monopolio, defensa de los económicamente débiles. 4) Autolimitación de la intervención del Estado para no interferir con la libre iniciativa, es decir, intervención sólo para mantener la competencia. La competencia es “una planta delicada que hay que proteger para evitar su destrucción”. B) PROGRAMA DE POLÍTICA ECONÓMICA: 1) Principios constituyentes: 1.1 muestran el objetivo del Sistema económico 1.2 aplicados con independencia de la coyuntura 1.3 forman el marco institucional económico 2) Medidas regulatorias: 2.1 sirven para adaptar el Sistema a la coyuntura 2.2 subordinadas a los principios fundamentales ESQUEMA 1 En definitiva, Sardá ofrecía en este artículo una síntesis del pensamiento económico del grupo ORDO, ensalzando especialmente la figura del profesor Eucken y su obra citada Cuestiones fundamentales de la Economía Política. Lo trascendental y quizá también lo más llamativo para Sardá era que Eucken se planteaba cómo acercar la teoría económica a la realidad y cómo enlazar el desenvolvimiento histórico con la teoría abstracta, cuestiones esenciales para un economista como Sardá, preocupado por mejorar la situación económica de su país. 18 d) Una introducción a la economía El análisis anterior, referido a los tres artículos de Sardá, debe ser completado con el comentario del último capítulo de su manual ya citado Una introducción a la economía, que lleva por título “Política de estabilización y de ocupación”. Este manual se convirtió en el primero de un economista español que contenía la teoría keynesiana14. En esta última parte de su manual, Sardá defendía un Sistema Económico entendido como “Economía de mercado monetaria”, caracterizada ésta por una amplia libertad económica individual, aunque admitiendo una cierta intervención del Estado con objeto de conseguir el máximo bienestar social, que se traducía en el logro de la mayor estabilización económica posible y del pleno empleo de los recursos económicos. Esta opción de Sardá por una economía mixta le lleva, de un lado, a sacar a relucir la crítica del grupo ORDO y de otros autores monetaristas como Friedman, a la compatibilidad entre una política de pleno empleo y un sistema económico de libre mercado; y de otro, a alabar ciertas virtudes de la política fiscal. De esta manera, Sardá concibe esa política de plena ocupación con un límite fundamental: que no provoque, según sus palabras, una “inflación monetaria y por ello sea compatible con el funcionamiento de la economía de mercado” (SARDÁ, 1950, p. 223). Ante este planteamiento, Sardá consideraba preocupantes las fluctuaciones en la demanda de dinero (preferencia de liquidez) que originaban problemas de inflación, de ahí que ofrezca también posibles soluciones. Las reflexiones de Sardá, recuerdan al contenido de los artículos de 1943 y 1949 ya comentados, al señalar que una situación 14 Este manual, que prácticamente no tuvo difusión en nuestro país, alcanzó un gran éxito de ventas en Venezuela, al ser utilizado por Sardá para la docencia en la Universidad Central de Caracas. Bajo los epígrafes de “La Renta y la Contabilidad Nacional”, “La economía de mercado” y “La ocupación y el dinero”, Sardá distribuía su contenido, de manera novedosa para España, en tres partes: Renta, Microeconomía y Macroeconomía, como ya lo había hecho Samuelson en su Curso de Economía moderna, publicado en Estados Unidos en 1948. Por otra parte, como es sabido, entre 1951 y 1956, Sardá simultaneó en Caracas la labor docente con la de asesor del Banco Central de Venezuela, en el que además de tratar problemas monetarios, mantuvo contactos con expertos que trabajaban en Organismos Económicos Internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (MARTÍNEZ VELA, 2000, pp. 38-39). 19 sin apenas fluctuaciones en la demanda de dinero, significa que el público tiene confianza en el valor del dinero tanto en el momento actual como en el futuro. De este modo “las expectativas son inelásticas y no tiene ninguna tendencia a acelerar ni a retrasar sus compras sobre el ritmo planeado inicialmente” (p. 224). Ahora bien, continúa explicando Sardá, teniendo en cuenta que la preferencia de liquidez responde elásticamente a las variaciones del tipo de interés, “cualquier tendencia a aumentar la preferencia de liquidez podría ser contrarrestada rebajando el tipo de interés, haciendo el dinero más barato, con el fin de incitar a los empresarios a acelerar sus inversiones, mientras que cualquier tendencia a rebajar la caja líquida, se podría compensar con un aumento del tipo de interés (dinero caro) con el fin de que los empresarios retrasaran sus inversiones” (p. 225). Por el contrario, si la preferencia de liquidez respondiese inelásticamente a las variaciones del tipo de interés, el público perdería su confianza en la capacidad de compra futura del dinero y dominarían las tendencias especulativas, bien al alza o a la baja. En esta situación, por tanto, el tipo de interés como instrumento monetario perdería buena parte de su eficacia. Esta justificada desconfianza sobre el tipo de interés, llevaba a Sardá a plantear otras medidas monetarias que actuasen directamente sobre la cantidad de dinero en circulación, las cuales sintetizaba así: “la política de mercado abierto o compra y venta directa de títulos de la Deuda Pública en Bolsa por el Banco de emisión, o bien la política de fijación directa de la conducta de la Banca, estableciendo los porcentajes mayores o menores de caja líquida que debe tener respecto a sus cuentas, o la mayor o menor proporción de ciertas inversiones, respecto a sus operaciones pasivas” (p. 225). En cuanto a la política fiscal, Sardá hacía especial hincapié en el riesgo de incurrir en inflación derivado del aumento de la Renta nacional monetaria provocado por el Estado (efecto multiplicador), al no corresponderse éste con una variación en el 20 mismo sentido de la Renta real. En este apartado, se detenía en explicar el fenómeno de la inflación desbordada15, según el cual, si el público tiende a creer que los precios van a continuar subiendo a un ritmo creciente (las expectativas del público se hacen más elásticas), existirá una tendencia a acelerar las compras, lo que reduciría el efectivo en caja del público y agravaría el fenómeno. Como puede apreciarse, Sardá manifestaba con contundencia el peligro de que la política económica provocase inflación, considerando a ésta un desequilibrio económico grave y con devastadoras consecuencias sobre el poder adquisitivo del público, la capacidad de producción y la distribución de la renta. En este sentido, Sardá señalaba que “reduce la capacidad económica y por tanto el nivel de vida de ciertas clases sociales que tienen ingresos fijos o poco adaptables a la marcha de los precios (obreros, empleados con sueldos fijos, rentistas, etc) mientras que otras clases con ingresos variables (industriales, agricultores, comerciantes, etc.) aumentan sus ingresos porque venden artículos que se van encareciendo” (SARDÁ, 1950, p. 233). 5) Sardá y las medidas estabilizadoras Además de los antecedentes expuestos sobre Sardá, referidos a su formación en temas monetarios, estancias en el extranjero -especialmente en Alemania-, su dominio de la teoría monetaria vigente demostrado a través de sus publicaciones, así como su labor de asesoramiento en el Banco Central de Venezuela durante la primera mitad de los años 50, hay que añadir su condición de director del Servicio de estudios del Banco de España, cargo para el que fue nombrado en 1956. En este centro, uno de los 15 Este término había sido empleado por Röpke en dos trabajos suyos publicados en la revista kyklos en 1947, para referirse a una situación en la que un aumento extraordinario de la cantidad de dinero era debido a los persistentes déficit fiscales. Las medidas que el gobierno debía aplicar para corregir esta situación llevaban, según explicaba Sardá, a “suprimir completamente la libertad en las transacciones de divisas, implantar controles y tasas de precios interiores, intervenir el comercio y racionar el consumo, dirigir las inversiones y utilizar sobre todo la amenaza fiscal para que no aparezcan los aumentos de valor en los activos reales de individuos y empresas” (SARDÁ, 1950, p. 232). 21 escenarios claves para entender la puesta en marcha del Plan de Estabilización, Juan Sardá elaboró la estadística de flujos monetarios con objeto de calcular la oferta monetaria en nuestro país. De esta manera introdujo el moderno análisis monetario, basado en la sectorización de los balances públicos y privados del sistema financiero, labor que por primera vez se realizaba en nuestro país, constituyendo a su vez una aportación original de Sardá. Asimismo, este economista simultaneaba su labor en el Banco de España con la docencia en la Facultad de Económicas de Madrid. En 1959, se publicaba traducido al español, un libro de George N. Halm con el título Economía del dinero y de la Banca, con prólogo de Juan Sardá, que sirvió de manual en esa Facultad. La importancia de la publicación de este libro reside básicamente en que a partir de ésta, se generalizó en nuestro país el uso de algunos términos monetarios que hasta entonces no habían aparecido impresos en ninguna obra. Eran los casos de “dinero bancario” (deposit money); “depósitos a la vista” (demand deposit) en lugar de la expresión más tradicional en España de “cuentas corrientes a la vista”; “dinero de pleno contenido” (full bodied money) y “fondos prestables” (loanable funds). Asimismo el término “sistema financiero”, que aparece por primera vez en los Informes sobre la economía española elaborados en el Servicio de Estudios del Banco de España bajo la dirección de Sardá, había sido acuñado por él mismo. Por otra parte, para confirmar el conocimiento que Sardá tenía sobre las reformas monetarias alemana y francesa previas al Plan de Estabilización español, recurro al testimonio de dos destacados catedráticos que le conocieron personal y académicamente. Uno es Lucas Beltrán, compañero y amigo de Sardá desde que ambos estudiaban la carrera de Derecho en la Universidad de Barcelona. Según señaló el profesor Beltrán (1996, p. 281), “Sardá conocía el precedente de la reforma monetaria alemana de 1948 de Ludwig Erhard que había sentado las bases del milagro alemán. Y 22 las reformas similares que habían hechos los Estados que habían suprimido inflaciones y habían permitido eliminar cambios múltiples”. El otro catedrático es Juan Velarde, gran conocedor de su obra académica y director de una tesis doctoral sobre la figura de Juan Sardá, que fue publicada en el año 200016. En este sentido, Velarde nos ha desvelado algunas de las claves del Plan de Estabilización español, al señalar la importancia de “ciertas aportaciones de Sardá en Moneda y Crédito y, muy especialmente, su trabajo Nueva dirección del pensamiento económico alemán. Ahí se palpaba una orientación clara hacia la Escuela de Viena, así como su simpatía hacia los economistas de Kyklos y su admiración por la figura de Jacques Rueff. Todo esto es lo que sirve para explicar su participación, desde el Servicio de Estudios del Banco de España, en el Plan de Estabilización de 1959” (VELARDE, 1999, p. 59; 2001, p. 181). 5.1 El Memorandum que el gobierno español dirigió al FMI y a la OECE. Este documento (ICE, 1959, pp. 33-40) que lleva fecha de 30 de junio de 1959, y que como ya se ha señalado fue redactado por Gabriel Ferrás y Juan Sardá, constituyó el primer paso firme para la aplicación de las medidas estabilizadoras. En el borrador previo al Memorandum, según indica Enrique Fuentes (2004, pp. 381-382), las medidas propuestas se distribuían en tres secciones y un apéndice: “Política monetaria y comercial exterior”, “Política monetaria y financiera internas” y “Política de capitales extranjeros”, siendo el título del apéndice “Apoyos financieros”, en el que se preveía un fondo de 200 millones de dólares para hacer frente a la operación estabilizadora. Asimismo, en caso de realizar con éxito esa operación, se preveía un posterior apoyo consistente en recibir del Banco Mundial créditos a largo plazo. 16 Me refiero al libro de Carmen Martínez Vela Joan Sardá: economista, varias veces citado en este trabajo. 23 En el Memorandum, se recogieron las medidas estabilizadoras propuestas en el borrador, ordenándose en cuatro líneas de actuación: I) En el sector público, el objetivo era el de equilibrar sus gastos totales con las fuentes de financiación no inflacionistas. Para ello se establecían medidas que limitaban el gasto público total (evitar anticipos directos del Banco de España a empresas públicas, limitar los saldos negativos del Tesoro y de los organismos públicos en el Banco de España), con la excepción del crédito del Banco de España al Servicio Nacional del trigo. Por otro lado, se establecían medidas que elevaban la recaudación por impuestos (gasolina y nuevos derechos de aduanas). II) En política monetaria, el objetivo era impedir aumentos importantes de la oferta monetaria, proponiendo para ello lo siguiente: uso de instrumentos tradicionales de política monetaria (recomendar a los bancos que no concedan créditos especulativos, así como límites al redescuento en el Banco de España), otras medidas de política monetaria (limitación del volumen de crédito al sector privado, control de las operaciones de descuento y de crédito de los Bancos Comerciales, prohibición de emitir fondos públicos con garantía pignoraticia, y establecimiento de un depósito previo sobre importaciones del 25 por ciento como medio transitorio para esterilizar dinero). III) Respecto a la flexibilidad de la economía, las propuestas se distribuían en tres ámbitos: permitir elevaciones de salarios sólo en caso de aumento de la productividad, reducir la intervención del Estado en los distintos sectores de la economía y eliminar rigideces de la legislación laboral y las que se originan en las restricciones a la competencia. 24 IV) En el Sector exterior, se pretendía establecer una relación adecuada entre precios exteriores e interiores. Para ello, había que actuar sobre el sistema de cambios (eliminando cambios especiales y estableciendo una nueva paridad de la peseta según exigía el FMI), sobre la liberalización del comercio y de los pagos (eliminando progresivamente las restricciones a las importaciones, accediendo a un Sistema multilateral de pagos, y para reducir el impacto sobre los precios interiores de las medidas propuestas, se concederían subsidios a ciertos productos importados, que serían compensados con ciertos gravámenes sobre las exportaciones) y para contribuir al desarrollo económico del país y mejorar el saldo de la Balanza de Pagos, se estimularía la inversión extranjera y la repatriación de capitales. Con este conjunto de medidas de política económica propuestas, se pretendía lograr la estabilidad monetaria interior y exterior, estimular el ahorro real, así como elevar la capacidad productiva del país. 5.2 El Decreto-Ley sobre ordenación económica y sus aspectos monetarios Buena parte de las medidas propuestas en el Memorandum se recogieron en el Decreto-Ley sobre Ordenación Económica de 21 de julio de 1959, con el que entró en vigor el Plan de Estabilización, que consta de 16 artículos y tres Anexos referentes a los aranceles de aduanas, lo que se conoce con el nombre de “arancelito”, ya que sólo estuvo en vigor hasta la aprobación de la nueva ley arancelaria en 1960. Unos días antes de entrar en vigor el Plan de Estabilización, mediante el Decreto de 17 de julio, se había fijado la nueva paridad de la peseta con el oro (0,0148112 gramos) y con el dólar (60 pesetas), tal y como exigían las normas del FMI, organismo en el que España había ingresado en 1958. El título del Decreto-Ley, recordaba los términos utilizados en el 25 Programa Político-económico del grupo ORDO (ver Esquema 1) cuyo principal objetivo era establecer una Economía de mercado. Con la aplicación conjunta y no parcial de esas medidas aprobadas a mediados de 1959, se pretendían abordar los dos graves problemas económicos de entonces: una elevada inflación y un acusado déficit de la Balanza de Pagos, que se agravaba con la crítica situación de nuestras reservas internacionales (a principios de julio de 1959, el saldo negativo del IEME se elevaba a 76,3 millones de dólares). Juan Sardá se ha referido con amplio detalle a cómo se gestó el Plan de Estabilización español en dos trabajos suyos, uno publicado en 1960 y otro aparecido en 197017. Para resolver los problemas de desequilibrio interno y exterior de nuestra economía, se articulaba una política monetaria a corto plazo con las siguientes características: a) Respecto al desequilibrio interno, era prioritario reducir la tasa de inflación, por lo que se estableció que el crecimiento porcentual de la oferta monetaria no excediese del correspondiente a la renta nacional real. Como esta última había aumentado en torno al 5 por ciento anual durante varios años anteriores al del Plan de Estabilización, se consideró admisible que la oferta monetaria pudiera elevarse como máximo hasta ese porcentaje en 1959. Al mismo tiempo, había que tener en cuenta los movimientos expansivos y contractivos que afectaban a la evolución de la oferta monetaria, como fueron entre otros, los pagos exteriores, los ingresos de la ayuda americana, el depósito previo del 25 por ciento sobre las importaciones y el crédito al Servicio Nacional del Trigo. Los instrumentos monetarios utilizados para controlar la oferta monetaria de los que disponía entonces nuestro país eran aún rudimentarios y 17 Me refiero a “Aspectos monetarios de la Estabilización” (1960) y “El Banco de España, 1931-1962” (1970).