Metrópolis de oasis oxidados
Full text
METROPOLIS DE OASIS OXIDADOS
An onio Fe nández-Aiba
Vencida
la
ciudad del habi a y comunica se del homb e
po
las
condi-
ciones me opoli anas de
la
mo ilidad y el consumo, quedó sepa ado el
indi iduo de su medio. El medio
e
cni icado a eba ó al homb e sus a i-
bu os de ciudano pa a con e i le en au óma a esidencial y nómada
elemá ico. La u opía social de
la
mode nidad indus ial con aspi ación
a un o den global se ha us ado en la con igu ación con usa de la
me ópolis pos capi alis a.
E S CASOS son los es imonios de op imismo, que aún nos quedan, al con empla la ciudad,
la ciudad mode na con la que se p e endía inaugu a el a co ensado del siglo que conclu-
ye. De su g andeza b illan
«Oasis
oxidados» de sus pe íodos
de
esplendo . Sendas soli-
di icadas pa a los e i o ios de locomoción, que in adie on el alle y p o ana on el lago. A e- 3
ac os mine alizados de anspa en es ans igu aciones, se con abulan con las dunas de a cilla,
al modo de monoli os pe o ados donde albe ga los agabundos del mo o , sobe anos de los
luga es de des ie o. Rascacielos y con lic os sociales, he e ogeneidad de ins i nos u banos y
eclec icismos de con usas e incie as geome ías,
se
suceden como caleidoscopios he mé icos
donde albe ga las au oma izadas ambiciones del nómada elemá ico.
¿Se án es os agmen os del d ama que acon ece en la me ópoli in de siglo o p ade as del Edén
u banizado donde pode segui imaginando luga es pa a el ensueño lige o?
Tiempo y cambio
Los nue os iempos de la azón, ma caban po aquellos p incipios de siglo los p esupues os del
cambio que in oduci ía el p og eso, de mane a que iempo y cambio se consolida on como un
binomio solida io del p og eso y la azón. El iempo p on o se ap esu ó a depu a los discu sos
de la p omesa, que de mane a e iden e acon ecie on. Con cie a p ecisión, algunos de es os ex os
insinua on los iesgos de los «e ec os g andiosos». Se con iaba que el iempo o ece ía pa a el
espacio de la ciudad una si uación más g a i ican e, po que la a qui ec u a pod ía p oyec a sus
o mas en los alo es sus anciales de la u opía, aquel pa adigma neoilus ado de la e olución
indus ial que p e endía ga an iza pa a odos, bienes a gene alizado en el nue o paisaje del
humanismo social.
-III-
ASTRAGALO, 02 (1995)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1995.i02.01
P o eso -a qui ec o. Uni e sidad Poli écnica de Mad id.
Di ige el es udio de a qui ec u a An onio F. Alba y Asociados.
4
Jun o a es a concepción de un iempo no lineal, se supe ponía la noción del cambio, de mane a
que la ciudad se cons ui ía ex-no o, en dos es ic os pa áme os, o
si
se p e ie e en una sín esis
concep ual, dila ada en el iempo y en una me á o a alegó ica concebida pa a o maliza el cambio
de alo es. Fue on pues iempos de cambio pa a la ciudad, y en su ánsi o se p e endió edi ica
la nue a a qui ec u a en el con ex o de la u opía mode na. El p oyec o mode no de la a qui ec u-
a, y su consecuen e cons ucción de la ciudad, su ió como sus p opios habi an es, miedo y deso-
lación apenas concluidas las es p ime as décadas, cuando ie on c ece «los gigan es ama illos»
y los ilos plan ados en los albo es del siglo mo ibundos se oma on.
Emblemas de la unción
Pa a educi an inme ecida p ueba se acudió a una e apia mal adminis ada: mi iga el sen i-
mien o o elimina lo con endu ecidas somb as, inco po ando la ciencia u bana como sucedáneo
gene al a odos los males. La ciencia po
su
obje i idad no pod ía se an dañina pa a cons ui
espacios habi ables, además eclipsa ía los «caducos es ilos» de los iempos p eceden es. Mien-
as an o e olución y angua dia, ins i ucionalizaban las axonomías ambiguas del es ado bu o-
c á ico mode no, en o ali a ismos ideológicos y socialdemoc acias. Desape cibido paso po aque-
llos iempos, los undamen os neolibe ales y absolu is as que ence aban las nue as o mas de
dominio de unas sociedades o ien adas hacia la cul u a del luc o. El espí i u de la a qui ec u a se
iba oscu eciendo en e las iun ales conquis as plás icas de las angua dias y un sen imien o de
pasión se ap opió del manejo y manipulación de la ma e ia. La mane a de in e p e a
el
mundo
quedó alojada en la unción, y an singula in asión llegó a malgas a
la
o ma: al ma gen de la
unción, se llegó a acuña , la o ma no iene azón de exis i .
Po en onces se comenzaba a pe cibi que en los incipien es espacios de la ciudad mode na le
esul aba di ícil subsis i al «homb e sin a ibu os», odeado po an os ubos de ensayo y con em-
plado de aquella a qui ec u a de «baladas uncionales». Poco a poco la a qui ec u a se educía a
una se ie de obje os alea o ios, donde sus o mas hacían explíci o que habi a aquellos luga es
e a an o como acep a nues a con i encia pe dida.
La
dimensión sublime del bello obje o a qui ec ónico en la ciudad, ence aba, pese a su in ínse-
ca belleza, un cie o g ado de pe e sión, pues el «nue o espí i u» se legi imaba po unas mino-
ías he oicas que llega on a sup imi los espacios de la his o ia en bene icio de la emblemá ica
unción. No obs an e, el acaso de los c edos polí icos y la de e minación de aboga po una
secuencia de ecuaciones mecánicas, insinua ía la o ien ación de la espues a hacia el acon ece
poé ico. El a e, asumió la esponsabilidad de hace a lo a al mundo, las ideas p opias de
su
iem-
po, ideas que con igu a on solida iamen e la mode nidad del mundo é ico.
Iluminado es discu sos de up u a a lo a on en el mundo in e io del a is a: cubismo, su ealis-
mo, abs acción, cons uc i ismo ... , sus mensajes eunían un conjun o he e ogéneo de exp esio-
nes pe o ambién una g amá ica pa a cons ui los nue os discu sos sociales de la época, pese a
-
IV-
que el a is a no u ie a
un
conocimien o p eciso de la acciden ada geog a ía del acon ece social.
Aquellos a is as de la mi ada in e io despa ama on su ges o c eado en e los ecos de un imagi-
na io u u o y las igu aciones de un p e é i o ya consumado.
El
a is a mili an e mos aba a a és
de sus ob as los en o nos de la u opía, al mismo iempo que enunciaba el d ama de la enajena-
ción mode na.
La
ciudad, desde sus isiones axonomé icas hacía pa en e la ausencia de sus mo ado es y la
con aminación que en ella deposi aban los a e ac os indus iales, si uando al espec ado de es os
g abados imagina ios en los lími es del i mamen o, como
un
ángel necesa io que con empla a
un labe in o en expansión pe manen e. Así, Le Co busie , e o mado e iconoclas a, lle ado po
su celo mesiánico hacia la máquina, p oponía demole el Pa ís medie al y sus i ui lo po opacos
caleidoscopios donde e i ica los ensayos de la «u opía o alizado a sob e
la
ciudad». El Plan
Voisin, se concebía como una plani icación o ali a ia, un ma illo neumá ico guiado po el «ojo
ca esiano» pa a aboli calles y plazas, segmen a la ciudad en campamen os adecuados donde
aloja
la
nue a gleba
de
la espe anzada sociedad indus ial.
El idea io de aquellos pione os de la ciudad mode na e idenciaba el anhelo de los p ime os u ópi-
cos, cons uc o es de unos espacios eple os de un idealismo social que apenas e lejaba las eali-
dades del iempo. Sus c oquis egis aban los sueños blancos y g ises de una azón que pos ula-
ba
des ui las adhe encias ecléc icas, los amule os es ilís icos que el anscu i del iempo habí-
an sedimen ado sob e la ciudad. A asa oda di e encia pa a hace pa en e la ue za inno ado a 5
de un p esen e sin ecue dos, e ins au a la a qui ec u a sublime de ace o, ho migón y c is al.
Na u aleza écnica
La a qui ec u a de la ciudad indus ial, como en iempos del Renacimien o, p ecisaba ambién
de
los códigos composi i os, debe ía eni egida
po la
ida, de ma e iales ag adables al ac o,
co diales a la is a, adap ada
al
i mo del se humano pa a en ejece con dignidad y no iolen a
al o den ci cundan e. Pe o el idea io enacen is a y la apacible aza bu guesa
de
la ciudad p ece-
den e no se ían pa a o maliza los i ine a ios del au óma a esidencial o del nómada elemá i-
co, en los que se había con e ido el ciudadano de los iejos bu gos. La u opía mode na, soñó
pa a la ciudad una o ma pe ec a y casi de ini i a. El «aza » y la « olun ad de p og eso» se enca -
ga on de ep oduci su menes e osa mo ología ac ual.
El p oyec o de la a qui ec u a des inado a la ciudad de los «menhi es sublimes», llegó a los pe i-
les p óximos de la máquina, diseñando sus edi icios como obje os au osu icien es en la segunda
na u aleza écnica. Pe o los edi icios que obedecen a las leyes del cambio de la unción apenas
pudie on acep a
la
unción del se que los eque ía. Algunos pe manecen, aquellos que sopo a-
on la selección na u al de lo bello. Aquella u opía mode na, p ime a au o a de la azón en e
b umas, pos uló un p oyec o pa a la ciúdad del siglo XX, educ i a en sus elemen os exp esi os,
ampu ada de ecue dos, cau i a y p isione a de la idea. Inaugu ó, eso sí, la nue a dimensión del
- V -
ASTRAGALO,02(1995)ISSN 1134-3672
6
iempo y se ans o mó en u opía nega i a, en luga sin esidencia apacible, mi i icó la máquina,
dei icándola como abs ac a mediación pa a habi a y comunica se. Nunca sab emos a qué se
llamó
la
ciudad mode na.
La
expulsión del indi iduo
¿Quién cons uye la ciudad? ¿Qué p oyec o o ganiza el desa ollo de lo u bano? Las sociedades
capi alis as a anzadas e olucionan hacia un modelo
de
p oducción especí ica, modelos de
p oducción de Es ado, sis emas de pode que esul an de un comp omiso en e las es uc u as de
inicia i a p i ada y los pos ulados del nue o capi alismo de Es ado, en los di e en es p ocesos de
ges ión y desa ollo, es e modelo es en el que se o ien a la p esen e ideología del mundo occi-
den al.
La sociedad se o ganiza según los p incipios de la «economía del deseo» a los que ha llegado el
nue o capi alismo indus ial in eg ado (C.I.I.), o mado po las ans o maciones y adap aciones
del capi alismo monopolis a y las al e na i as que p ópone el capi alismo de Es ado; en los di e-
en es p ocesos de ges ión y desa ollo, es e modelo es en el que se o ien a la p esen e ideología
del mundo occiden al.
El p oyec o que es e modelo (C.I.I.), po lo que se e ie e a la cons ucción de la a qui ec u a de
la ciudad, se e-ci cunsc i o bien a un « o malismo écnico» que dé espues a a las in aes uc u-
as de la mo ilidad, g andes mac oespacios pa a el consumo (mo ilidad+consumo, como se sabe,
son los ac o es de mayo incidencia en la cons ucción de la me ópoli mode na), o bien en un
« o malismo his o icis a», que p e ende man ene median e cos osas cosmé icas las iejas amas
u banas de la ciudad cons uida. La cul u a que desa olla es e modelo C.l.l. en la ciudad ma ca
una di isión sin palia i os en e la expe iencia subje i a y oda la cosmogon_ía de a : e ac os que
cons i uyen el hipe me cado
c:le
necesidades ic icias, una ac u a en e la pe sona y los escena-
ios me opoli anos.
La
negación del indi iduo, pese a an a li e a u a humanizado a de las angua dias eó icas, es
un p oyec o implíci o en el p oyec o de la a qui ec u a mode na. Es a abolición de
la
iden idad
se plan ea en la ciudad del R o o acionalismo en una doble alo ación, como concep o y como
uso, como indi iduo y como g upo, como es ilo indi idual y es ilo colec i o. Pa adójicamen e el
p oyec o del a qui ec o cob a un p o agonismo
ue~a
de luga , su exp esión indi idual in e p e a
y ep oduce la plu alidad es ilís ica de las o mas que cons uyen el espacio de la ciudad.
La negación de la iden idad en la ciudad, la acu a en e pe sona y medio u bano, p oduce una
necesidad de p olonga
la
his o ia
indi idualllen~
de silenc-ios, en un diálogo con los .a e ac os
écnicos de comunicación, con los medios in o ma izados que pueblan los ámbi os de la demo-
c acia espec acula . En la calle sólo quedan los expedien es nemo écnicos del caminan e soli a-
io, según la melan
có
lica ci a de Wal e Benjamín, el den o y ue a, in e io y ex e io , sólo se
pe ciben po los códigos que señalan las demandas del consumo. Signos que ienen a se como
-
VI
-
desie os dis an es de su indi idualidad a eba ada, angen es sólo po la con ingencia del consu-
mo, esa necesidad ingida, p opiedad aplazada, donde ambién el obje o se
ha
quedado sin luga .
Su p opiedad sólo se adquie e po el o ea posesi o, po la pe cepción ansi o ia, como mi ada
mediado a de la iden idad pe dida.
La
mi ada en e enida en la calle de los obje os
aline~dos,
de
la
me cancía a amada
de
los signos, asgos publici a ios, au óg a os anónimos, ma cas egis a-
das, as olabio del dine o, e íme as consignas, sin agmas bené icos, códigos c omados, a qui ec-
u as en in de las
mil
ilig anas. La me ópoli como guía de la sepa ación en e homb e y medio
de es e epis ola io codi icado del adiós, desahuciado del yo en el habi a de la g an me ópoli.
Nues os cue pos de la in ancia oza on aún los mu os de la ciudad que albe gaba la a mós e a
de los ensueños de la niñez, nues a adolescencia y madu ez ya enmudecen en la pa ia de los
«inma e iales de la me ópoli», e an es agamos en el aza de la jungla elemá ica.
El homb e disociado dejó el co azón en la ciudad he ida y a a aho a, en lo que es ciudad con u-
sa, asimila con azonada esquizo enia las p omesas que bo dean sus luminosos mensajes.
In ancia me opoli ana, a lo que aho a asis imos, la ciudad quedó encida i emediablemen e con
sus ecu dos, símbolos y e iches. La ciudad como memo ia abolida de las cosas, en ella nos queda
sólo la mi ada de los obje os ansi o ios, pe o los obje os como las cosas, desalojadas del ecue -
do, ampu adas en su esencia, son e íme as. El cue po del homb e hace iempo que ue a ojado
del edén u bano y hoy su alma
ya
di aga po las geome ías
de
la angus ia, en e colinas de ojas
a cillas y menhi es de anspa en e celo án. O 7
~~
.
--:
~·
_
j
~¡;
__
__
_
VII
-
ASTRAGALO,02(1995)ISSN 1134-3672
Megaedi icios, pa illas sob e ciudades de módulos desechables, ciencia icción que p ecede
al colapso de la idea de la a
q
ui ec u a en los ines del milenio.
-
VIII
-