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Izquierdas, populismos y nacionalismos: una relación difícil entre ideologías diferentes (y en ocasiones contradictorias). (Sobre Latinoamérica, ahora o nunca, de Juan Domingo Perón)

Bocca, Pablo

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PERFILES f SEMBLANZAS Izquierdas, populismos y nacionalismos: una relación difícil entre ideologías diferentes (y en ocasiones contradictorias) (Sobre Latinoamérica ahora o nunca, de Juan Domingo Perón) Pablo Bocea Universidad de Rosario Introducción El análisis del reciente y espectacular triunfo de Luiz Inácio "Lula" da Silva en Brasil, sobre todo por algunos medios de comunicación de la derecha, nos pueden llevar a verlo como un nuevo éxito del populismo latinoamericano, y no como la victoria electoral más importante de la historia de un partido de la izquierda democrática y moderna, que utiliza las herramientas tanto del materialismo dialéctico como las que tiene a mano (liberalismo incluido) para transformar una sociedad compleja -complejidad muchas veces olvidada desde un preocupante eurocentrismoen un contexto difícil, y alcanzar algunos objetivos concretos tras las utopías de igualdad, libertad y justicia social que siempre han movido a la participación política de las masas hacia estos actores colectivos que las representan. Como afirma Felipe González, "Lula, por ser de izquierdas, es un izquierdista, y por ser popular, es un populista"1. Pero hasta los que ven en Lula un populista se olvidan que el Partido de Jos Trabajadores (PT) fue fundado como otros tantos en Brasil (PCB, etc.) por un Güetilio Vargas que nada tenía que ver con el marxismo filo trotskista del primer Lula. Y tampoco comparan al PT con el Partido Justicialista que gobernó a la Argentina -socia preferente del Brasil en el MERCOSURentre 1945-1955, 1973-1976, 19891999 y actualmente desde la erupción del volcán social de ese país en diciembre de 2001. Un partido-movimiento hoy fracturado entre sus tendencias populistas, neoconservadoras y social cristianas. De este modo, nos animamos a revisar la doctrina peronista (en los términos que Juego desarrollaremos) a partir del análisis de un texto del ex presidente argenl. Felipe González. "Lula: el triunfo de la democracia", en El País, 29 de octubre de 2002, p. 4. tino Juan Domingo Perón, Latinoamérica ahora o nunca, que resume, a través de Ja edición de un conjunto de artículos durante su exilio en Ja España franquista, el acercamiento de su populismo a una nueva izquierda que intentaba comprender el fenómeno social de la adhesión de los obreros a un movimiento político, que no siempre Jos había contado como los protagonistas de sus acciones de gobierno. Y también en el contexto de una generación de intelectuales que discutía con seriedad académica la matriz conceptual del pensamiento peronista, y las coincidencias y diferencias entre el populismo argentino con el de otros países latinoamericanos (principalmente, Vargas en Brasil y Cárdenas en México). Para esta tarea utilizaremos algunas aportaciones de estos intelectuales tratando de intentar una breve descripción del surgimiento del peronismo; su acción de gobierno -centrándonos en lo ideológico y no en lo anecdóticoy el derrotero de su pensamiento en el exilio luego de la Revolución Libertadora de 1955, para concluir con un análisis del libro de Perón, ya en un marco más amplio de ideas y procesos sociales. 1930-1980: Una compleja relación entre el Estado y la sociedad civil en Argentina El crack económico mundial de 1929 produjo una caída de la demanda mundial de productos agropecuarios, y por tanto, la consecuente depresión en la economía argentina, marcada por el descenso de las exportaciones y la reducción de las arcas estatales. Esta situación originó una concentración del capital y la consiguiente exclusión de bastos sectores sociales. La conflictividad social aumentó ante la incapacidad del Estado de dar respuesta a las demandas de distribución del ingreso que recaían sobre él. La crisis ocasionó, entonces, una caída en la popularidad de Yrigoyen y la radicalización de la oposición política. La depresión económica actuó, por consiguiente, como catalizador de una crisis política, en la que la oligarquía aprovechaba el descontento social para, a través de un golpe de Estado, restablecer la primacía de sus intereses. El rol primordial jugado por las Fuerzas Armadas en el golpe del 6 de septiembre de 1930, significaría el comienzo de su inserción en el sistema político institucional como un actor, al mismo nivel que los partidos políticos. Sin embargo, los jefes militares, que compartían la hostilidad para con Y rigoyen, sostenían concepciones ideológicas diferentes: el principal líder militar del golpe de Estado, (luego "presidente provisional") general José F. Uriburu, representaba a la facción nacionalista de extrema derecha. Su nacionalismo, básicamente anticomunista y chauvinista, en los 20 se caracterizó por su oposición al sistema demo-liberal. Admiraban la doctrina clerical de la Hispanidad de Primo de Rivera y el fascismo ita- Izquierdas, populismos y nacionalismos 149 liano. Este grupo era minoritario frente al sector liberal-conservador, liderado por el general Agustín P. Justo. Represente de la visión de la vieja oligarquía, que exigía la caída del gobierno radical por sus desaciertos. Se trataba de posibilitar la llegada por la fuerza del sector terrateniente desplazado por el radicalismo. En noviembre de 1931 se realizaron elecciones presidenciales, con los radicales proscritos y sus dirigentes presos y exiliados. Se presentaron dos fórmulas presidenciales: la de los candidatos de la Alianza entre el Partido Demócrata Progresista y el Partido Socialista (PS) frente a la fórmula de la Concordancia liderada por A. P. Justo, que resultó la ganadora a través de la práctica de lo que después se denominaría "Fraude Patriótico" (término acuñado bajo su presidencia a fin de justificar el fraude electoral como medida para evitar el triunfo opositor). El triunfo de Justo supuso el regreso al poder de la elite política representante de los intereses oligárquicos. Las primeras respuestas conservadoras al Crack del 29 no trascendieron la ortodoxia económica. A partir de 1933 el sector industrial argentino entra en una etapa durante la cual, desde una situación de subordinación, pasará a ser el sector líder de la economía en tan solo una década. Puede afirmarse que la originalidad del caso argentino reside en que, a partir de 1930, las clases medias representadas por la UCR son apartadas del poder político, y quienes pasan a controlar el aparato estatal son, precisamente, los sectores conservadores oligárquicos, que promueven este progreso industrial. El resultado de un proceso de sustitución de importaciones es siempre el desarrollo de una economía fabril basado en una industria ligera, sin alterar la estructura agraria. A partir de 1930 no existe en Argentina una propuesta, formulada desde la elite política ni desde los industriales mismos, que conlleve el desarrollo de una industria pesada. La industrialización sustitutiva, controlada por la oligarquía, se limitó a llenar un vacío de bienes de consumo anteriormente brindado por la importación, basándose en la expansión de la industria preexistente (textiles, metalurgia y productos alimenticios). A fines de 1933 se desarrolla esta nueva política mediante el ascenso de Federico Pinedo y su equipo, que propondrá los cambios a las clases dominantes desde el Estado. El cambio de las orientaciones de los grupos terratenientes se hará posible luego del Pacto Roca-Runciman, firmado con Gran Bretaña (GB) en mayo de 1933, creando una nueva alianza entre fracciones de las clases propietarias y la profundización de la división de la elite agropecuaria, desplazando a un segundo plano el enfrentamiento clásico entre agrarios e industriales. El sector terrateniente más ligado al comercio exterior y más privilegiado (invernadores), desalojado del poder en 1916 por Hipólito Yrigoyen, es el que se vio más beneficiado de este nuevo ajuste. A través del Tratado de Ottawa, firmado en 1932, GB conseguía un acceso prefe- rencial a los mercados del Imperio, a cambio de importar bienes de las ex colonias. En un principio el sector industrial se opuso al Pacto que suponía la caída de los aranceles lesionando sus intereses. Estas protestas contaron, por primera y única vez, con la participación del movimiento obrero, efectuándose en nombre de todo el sector industrial. Sus demandas eran excesivamente limitadas y pretendían solamente la supervivencia del sector industrial. La propuesta industrial encontró eco en diciembre de 1933 con el Plan de Reestructuración Económica del ministro Pinedo. El mismo comprendía: el control de cambio para las importaciones, la creación de Juntas reguladoras de la producción, un Plan de Obras Públicas, la creación del Banco Central de la República Argentina y la devaluación del peso. Si bien esta última favorecía a la exportación y perjudicaba la importación de materias primas, fue aceptada por la Unión Industrial Argentina (UIA), ya que los industriales no pretendían disputar la hegemonía en el poder con la oligarquía. El proyecto de industrialización por sustitución de importaciones representó una alianza entre los grandes hacendados que la dirigían y los industriales, mediada por el Estado y que tenía por objetivo el mantenimiento del sistema tras la depresión económica de 1929 y sus consecuencias. Logrado el equilibrio de la balanza de pagos en 1939, esta vuelve a ser deficitaria en 1940 a causa del derrumbe de las exportaciones provocado por la segunda Guerra Mundial. En septiembre de ese año, asume por segunda vez el Ministerio de Hacienda Federico Pinedo quien elevará a la Cámara Alta un Plan de Reactivación Económica. Dicho Plan comprendía una serie de medidas largamente reclamadas por la UIA para superar la crisis evitando una recesión económica. La única, si bien importante, medida favorable a los sectores agropecuarios fue la compra por parte de Estado de los excedentes agrícolas. El Plan tenía por objetivo, salvaguardar los intereses de los grandes propietarios rurales, lo que requería, en esas circunstancias, el mantenimiento de la capacidad industrial. Se trató de un refuerzo de la primacía oligárquica frente a una clase industrial sin voluntad hegemónica. Si bien es cierto que la industrialización por sustitución de importaciones supuso cierta participación del Estado en la vida económica cabe destacar que su papel fundamental no era el de protagonista, sino el de moderador entre los intereses de los industriales y los de los grandes hacendados, los cuales hegemonizaban esta singular alianza de poder. Este rol estatal de mediación, a la larga, posibilitó una autonomía relativa del mismo. Es muy importante resaltar este rol de mediador y de autonomía relativa que adquirió el Estado argentino durante la Década Infame, ya que es la situación que lo confrontó en 1943 ante la situación novedosa del sindicalismo y de la clase obrera y que posibilitó la alianza de clases que conformó desde entonces el peronismo. Izquierdas, populismos y nacionalismos 151 En cuanto a la Jos cambios producidos en la clase obrera, el trabajo ya clásico de Miguel Murrnis y Juan Carlos Portantiero, tras comentar las interpretaciones académicas del tipo de Ja de Gerrnani y la diferente valoración que en cambio realizan de los trabajadores "nuevos" a los que se exalta en la literatura más cercana al peronisrno, plantean la existencia de una primer asincronía entre desarrollo económico y de participación e integración social a partir de la Crisis del 30. Este primer período se caracterizaría por la explotación desnuda, la anornia, pobreza y carencia organizativa. "Entre una situación en la cual los nuevos son organizados por los viejos y otra en que los nuevos son organizados directamente por el Estado, aparece una tercera en la que los nuevos quedan disponibles durante un período" (Murrnis y Portaniero, págs. 71-72). Entre las hipótesis más importantes de este análisis, se encuentra: la participación importante de los sindicatos y dirigentes sindicales viejos en el surgimiento del peronisrno; la falta de una actitud pasiva y heterónoma de los trabajadores en los orígenes del movimiento nacional-popular peronista; la participación de la clase obrera nueva y vieja se produjo en el marco de proyecto político autónomo corno la consecuencia de la continuidad de proyectos y reivindicaciones previos, a través de su inclusión en una alianza policlasista, cuyos antecedentes son previos al peronisrno. En esta alianza ínter clases entre sectores propietarios y no propietarios, alianza que representó el peronisrno, los segundos confluyeron en defensa de sus intereses. El supuesto de la expansión sindical a partir de los marcos nuevos creados por el Estado, incluso entre 1943 y 1946, soslaya la importancia previa de la estructuración del movimiento obrero anterior a 1940, que es, sin embargo, el elemento diferenciador del peronisrno con respecto a los otros movimientos populistas latinoamericanos. En la génesis del peronisrno, participan sindicatos viejos, tanto en el ámbito de la CGT corno del Partido Laborista juntamente con sindicatos nuevos creados desde 1943. Esto habla de la unidad y no de la diferenciación al interior de la clase obrera. Éste sector social fue sometido durante el proceso de acumulación capitalista previo que se inicia en 1930 bajo el control conservador, a una explotación sin distribución del ingreso a través de un intervencionismo social. La falta de políticas sociales, generó la acumulación de demandas obreras que no recibieron una respuesta estatal hasta 1944-46, cuando las decisiones políticas estatales referentes a la distribución del ingreso, crearon las condiciones propicias para una alianza en la cual, sin la pretensión de perder su autonomía, se integraron los sindicatos viejos y nuevos. En cuanto al peso del sindicalismo tradicional en la gestación del nacionalismo popular peronista, el conflicto que existió a su interior se debió a dos concepcio- nes sobre las formas en que se debía articular la alianza con otras clases, siendo esta discusión más importante para el análisis de la génesis del peronismo que el corte con Jos sindicatos nuevos. La lucha entre facciones sindicales anteriores al Golpe de 1930, nos permite observar la existencia de una corriente inclinada anegociar con el Estado y los industriales un tipo de crecimiento económico que no se basara en Ja explotación de la fuerza de trabajo. Este tipo de acumulación capitalista era similar a los procesos de industrialización clásicos y difiere de los generalmente adjudicados a los países dependientes, donde debiera haber una distribución del ingreso simultánea al desarrollo industrial. El 27 de octubre de 1943, el Coronel Juan Domingo Perón asume Ja Dirección Nacional de Trabajo, que un mes después se transforma en Ja más importante Secretaría de Trabajo y Previsión. Se producen cambios en las intervenciones de los sindicatos hacia personas ligadas a Perón, como el caso del Teniente coronel Domingo Mercante, que pasa a controlar a la Unión Ferroviaria y la Fraternidad. Toda esta situación es determinante en Ja nueva relación del Estado para con los sindicatos en los orígenes del peronismo. Los sectores mayoritarios de un movimiento obrero fue1temente fracturado participan de Ja alianza con el sector político militar populista del Estado, desde la preocupación compartida por este sector de la vieja elite sindical por mantener Ja autonomía reformista en esta alianza. Las organizaciones sindicales se proponían una acción política autónoma en cuanto a los partidos, reivindicación ésta que se obtuvo en octubre de 1945 mediante la sanción de una ley, que sería decisiva en la creación del Partido Laborista luego de las movilizaciones del 17 y 18 de ese mes. Este pa1tido político autónomo de la clase obrera, respondiendo a una vieja tradición reformista del sindicalismo argentino, diferenció al peronismo en su génesis, con respecto a los otros movimientos populistas latinoamericanos. La integración al Estado de la clase obrera y el rol de organismos públicos destinados a producir esa integración, se dici en el peronismo sobre la base de estructuras sindicales preexistentes, que ejercieron un papel mediador entre los trabajadores y el poder político, diferenciándose por esto de los otros populismos como el varguismo brasileño. Esta estructura social compleja y plural sirvió de marco para el ascenso del peronismo, que constituyó la política de un sector de las clases propietarias, dispuestas a ofrecer un canal de participación en las estructuras de poder a las clases populares. La participación obrera fue una condición necesaria para este proyecto de los industriales menos poderosos y de la burocracia militar y política. Estas fracciones de los sectores dominantes pretendían, por un lado, un crecimiento industrial para el mercado interno -área no abordada por la industrialización por sustitución de importaciones producida-, que requería del consumo de los sectores obre- Izquierdas, populismos y nacionalismos 153 ros, y por el otro, una legitimación que las FFAA no encontraron en los partidos políticos. Fue en este contexto social que en la Argentina, así como en Brasil y en México, se conformó un patrón de las relaciones económicas y fundamentalmente políticas entre el Estado y la sociedad. La trascendencia de estas relaciones está dada por el hecho que, con modificaciones coyunturales, definirían la estructura socio política de esos países durante medio siglo a partir de la depresión internacional de 1929-1932. Marcelo Cavarozzi define este patrón relacional como matriz Estadocéntrica (en adelante MEC) y lo define a través de dos pares de procesos complementarios que conforman un equilibrio relativo. El primer mecanismo está conformado por la relación entre el mercado y el Estado: los mercados funcionaron pero sujetos a inducciones y limitaciones designados y controlados estatalmente. La economía de mercado se diversificó y complejizó, dirigiendo la producción hacia el mercado interno como dinamizador de la economía. En cuanto a este mecanismo, debemos decir que los procesos centrados en el mercado y en el Estado no fueron antitéticos, sino más bien complementarios, ya que la regulación política de la economía fue funcional para el crecimiento. El sistema económico que se desarrollo foe controlado por las grandes firmas del sector privado, y los mecanismos regulatorios supusieron la incorporación de un capital necesario para las inversiones y el disciplinamiento de la burguesía. En el aspecto estrictamente económico la MEC fue funcional a diferentes regímenes políticos, ya que la mayoría de las estrategias "en materia de políticas económicas se mantuvieron aisladas de la 'política"' (Cavarozzi, 96 A: 113). Esta redefinición del concepto y las funciones a desempeñar por el Estado a través de su intervención en la economía estaría marcado por: el apoyo decidido a una industrialización que, como ya vimos, cambiaba de carácter, volviéndose sustitutiva; la regulación estatal de los mercados (sobre todo los mercados del trabajo y del capital); el cieITe de la economía (entre otros factores por acciones estatales); la configuración de una matriz social y política de la inflación. La trascendencia de esos mecanismos fiscales no se agota en los impactos económicos sobre los distintos actores sociales, sino que implican un componente más de la manera de hacer política bajo la MEC: se configuran en cuanto a las funciones estrictamente políticas del Estado un patrón estatista de politización (Cavarozzi, 96 B: 132). El segundo mecanismo está conformado por la relación entre la sociedad civil y el Estado, definido por las distintas instituciones que ejercieron un control directo (institucional) o indirecto (cultural) sobre la participación política y social, participación que se desarrolló en esta relación a la par de la movilización que se dio, sobre todo, entre los sectores populares. Pero el crecimiento en Ja participación fue equi- librado o, incluso, contrarrestado por la imposición de diferentes controles políticos y culturales ejercidos desde el Estado. La novedad de este control estatal de la participación es que significó la creación de canales corporativos o semi corporativos vinculados al Estado, los partidos, las asociaciones profesionales y los sindicatos. Lo tradicional de este mecanismo es el incremento de aquellos mecanismos clientelísticos que dominaron la etapa oligárquica, parcialmente recentrados en tomo a las agencias estatales (Cavarozzi, 96 A: 113-114 ). Paralelamente, la acción política canalizada y organizada en tomo al Poder Ejecutivo dejó filtrar algunos elementos democratizantes por vías electorales e, incluso, a través de las relaciones directas entre líder y masas, las que no implicaron que se afectara la discrecionalidad con la que actuaba el Poder Ejecutivo, que impregnaba los mecanismos participativos de un tinte jerarquizante y autoritario. La centralidad de lo estatal-ejecutivo redundaba en la sistemática debilidad del Poder Legislativo, del sistema de partidos políticos y de las instituciones del Estado de derecho (Cavarozzi, 96 B: 132-133). Este mecanismo jugó una mayor relevancia en la definición de los diferentes regímenes políticos, que fueron configurados por la importancia y naturaleza de los partidos; el tipo de sistemas de partidos políticos -de haberlo; la estabilidad de las reglas constitucionales y el grado en que fueron implementadas; el rol político de los militares en cada sociedad (Cavarozzi, 96 A: 114). La aplicación de la MEC supuso en Argentina un mayor crecimiento económico que en los otros países en poco tiempo, pero ese crecimiento no fue sostenido en el tiempo y fue acompañado de una inestabilidad política crónica a partir del golpe de Estado de 1930 que trajo con sigo su implementación. Entre las consecuencias en la economía que trae aparejada la MEC podemos enumerar: cuellos de botella en la balanza de pagos; déficit fiscales crónicos; estancamiento de la producción agrícola-ganadera. Esto nos indica el carácter inestable del modelo de acumulación del capital de la MEC, inestabilidad ocultada momentáneamente en cada envión de desarrollo, lo que genera nuevos motivos para el desequilibrio. El mecanismo más importante de aquellos que permitían devolver el equilibrio a la MEC cada vez que el mismo se dislocara era la inflación moderada, que lubricaba los conflictos económicos y sociales sin una desorganización económica severa. Por otro lado, la apropiación de excedentes provenientes de la agro exportación le brindaron al Estado la posibilidad de redistribuir el ingreso hacia los sectores urbanos. También, el patrón de crecimiento espasmódico propio de la industrialización sustitutiva le dieron la posibilidad a los Estados de la MEC de trasladar los problemas económicos de los cuellos de botella cíclicos en la balanza de pagos y las cuentas fiscales hacia adelante. Todos estos mecanismos de enlazamiento hacia Izquierdas, populismos y nacionalismos 155 atrás implicaron la multiplicación de actores con capacidad de defensa de sus intereses que se incorporaron a un sistema sin arenas políticas de negociación política. A nivel más político, la MEC supuso la incorporación de nuevos actores sociales y económicos. Estos actores emergentes tendieron a multiplicar sus demandas en una sumatoria de las mismas, generando una oleada de demandas secuenciales, en ocasiones antitéticas. Los conflictos que esta situación ocasionaba eran negociados en arenas diferentes, bloqueándose así el surgimiento de redes de un intercambio político generalizado. La legitimación del peronismo en el marco de la MEC fue de tipo fundacional, asociada a la fuerza social del mito fundacional del 17 de Octubre de 1945. Es decir, que no existió una legitimación procedural, que estuviere ligada a los procedimientos en la toma de decisiones. Así, cuando el mito fundacional no obtuvo tanto consenso, el sistema entero perdió legitimidad (Cavarozzi, 96 A: 114-115). La efectividad de la efectividad electoral de las masas populares significó un potencial discruptivo que tampoco contribuyó a generar un mecanismo de control de los funcionarios públicos de manera democrática. Por todo esto, la mayor participación no redundado en una mayor gobernabilidad del sistema político (Cavarozzi, 96 B: 134) Por todo esto, el Estado de la MEC tenía un plano fuerte, vinculado a la hiper politización de la sociedad y la mayor intervención estatal en la resolución de los conflictos económicos y sociales, pero otra cara débil. Esta se vincula con la falta de consolidación de mecanismos plenamente democráticos o despóticos, sino de una mezcla de una discrecionalidad nunca del todo legitimada, de chantaje, y de inestabilidad. Esta formula política nunca permitió al Estado el cumplimiento efectivo de sus decisiones (Cavarozzi, 96 B: 134 y 144). La suma del enlazamiento hacia atrás del modelo sustitutivo autárquico y de la fuga hacia adelante de la fórmula política de la MEC, provocó una fuerte ineficiencia, tanto para revertir las inercias generadas como para enfrentar restricciones imprevistas o para a provechar resquicios abiertos en el sistema institucional. Así, la MEC careció de flexibilidad política (Cavarozzi, 96 A: 116). En la Argentina, la MEC no eliminó las diferencias de clases, 1iquezas o ingresos, pero significó la incorporación de sectores urbanos medios y populares y rurales al régimen político y a una ciudadanía regulada por las políticas estatales, lugar del que habían sido desalojados en la etapa oligárquica. Las ideologías nacionalistas-populistas que estuvieron asociadas a la MEC en este país, implicaron que la integración se vinculara a la industrialización sustitutiva y a un modelo económico autárquico y semi cerrado, impulsando esa integración social tanto en el plano material como en el simbólico (Cavarozzi, 97: 96-97). tivista (más abierta al capital extranjero) sin fuertes modificaciones en la doctrina. Por ejemplo, el pragmatismo de Perón al aplicar su doctrina de la Tercera Posición en materia de las relaciones internacionales otorga la posibilidad de que algunos autores contemporáneos a Ciria lean esa doctrina como propia de un movimiento de liberación nacional, tratando los hechos como mitos. Empero, el peronismo fue solo un antecedente limitado de la no alineación o neutralismo positivo, plasmado en la Conferencia de Bandung (Indonesia, 1955), pero se debe recordar las relaciones del peronismo con el capital norteamericano en los años 50, para no mistificar al peronismo como un antiimperialismo. Así, el autor aconseja no descontextualizar históricamente el discurso de un Perón, con su retórica propia del exilio. La unión económica que éste propició con los países limítrofes fue un intento de hegemonizar el área, y la Tercera Posición tubo que ver con su doctrina de conciliación de clases, antes que con transformaciones radicales de la sociedad (Ciria: 28-98; 127; 132). Conclusiones En Latinoamérica ahora o nunca, Juan Domingo Perón abarca desde el exilio, distintos temas, algunos más doctrinarios (el "Concepto Justicialista") y otros referidos a la actualidad (los discursos a la juventud -fundamentalmente la peronista desde su impronta totalizadora; la unidad latinoamericana y la Conferencia de Presidentes de Punta del Este, siempre intentando un acercamiento a la izquierda. Una nueva izquierda que pretendía entender la adhesión de la clase obrera a un líder militar que propiciaba la conciliación de clases con la reciente burguesía nacional, a la que tanto había alentado desde sus gobiernos. Pero este libro, editado en la primavera de 1967 en Montevideo, es una de las primeras incursiones de Perón en el naciente nacionalismo populista, que pretendía ser de izquierdas, o en el populismo "de izquierda" -valga la contradicción-, reflejando ampliamente un clima ideológico de una época llena de mitos -el peronismo obrerista heredero de la tradición gaucha, telurista y antiimperialista, sería uno de ellosa los que muy pronto criticarán intelectuales de tanto peso como Alberto Ciria; que serán tratados desde esa "izquierda peronista" como liberales al servicio del enemigo de la Patria y pro norteamericanos. Sin embargo, el autor con el que hemos analizando la doctrina peronista, encuentra que el justicialismo.sufrió unos déficit en aspectos racionales, sintetizados en la filosofía, la doctrina y la organización, que provocaron su debilidad en el poder ante el golpe de Estado de 1955, y que fueron los elementos que Perón, desde un exilio contemporáneo al texto de Ciria, intentaba reforzar (Ciria: 172). Izquierdas, populismos y nacionalismos 163 Bibliografía ALCÁNTARA SÁEZ, Manuel (1995) Crisis y Política en América Latina (en AAVV. La Crisis en la Historia). Universidad de Salamanca, Salamanca. CAVAROZZI, Marcelo (1996a) Mas allá de las transiciones a la democracia en América Latina (en El capitalismo político tardío y sus crisis en América Latina), Horno Sapiens Ediciones, Rosario. -- ( l 996b) La política: clave del largo plaza latinoamericano" en El capitalismo político tardío ... -- ( 1997) Autoritarismo y democracia ( 1955-1996). 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