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«A fin de acreditar la alegría y congratulación que demanda un asunto tan remarcable»: Fiestas en Quito por la Independencia (1822-1830)

Justo Estebaranz, Ángel; Vásquez Hahn, María Antonieta; Chiva Beltrán, Juan

Abstract

Tras la victoria independentista en la batalla del Pichincha (1822) y hasta 1830, en que Ecuador se desliga de la Gran Colombia, se celebran numerosos festejos en Quito, objetivo de nuestro estudio. Intentamos también descubrir hasta qué punto la independencia su-pone una ruptura total con las fiestas barrocas, o si hay continuidades. Analizamos las celebraciones organizadas en esta época, en base a numerosa documentación inédita de archivos quiteños, desde el enfoque de la historia social del arte. Interesan especialmente los discursos que se proyectan a través de los elementos efímeros –lamentablemente no conservados–.

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«A fin de acreditar la alegría y congratulación que demanda un asunto tan remarcable»: Fiestas en Quito por la Independencia (1822-1830) «A fin de acreditar la alegría y congratulación que demanda un asunto tan remarcable»: Festivities in Quito for Independence (1822-1830) Ángel Justo-Estebaranz Universidad de Sevilla, España ORCID: 0000-0002-0837-8855 María Antonieta Vásquez Hahn Investigadora independiente, Ecuador ORCID: 0000-0002-9924-7235 Juan Chiva Beltrán Universitat de València, España ORCID: 0000-0002-6592-308X POTESTAS, N.º 26, enero 2025 | pp. 107-131 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 Recibido: 09/09/2024 Evaluado: 07/10/2024 Aprobado: 19/11/2024 108 POTESTAS, N.o 26, enero 2025 | pp. 107-131 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 Resumen. Tras la victoria independentista en la batalla del Pichincha (1822) y hasta 1830, en que Ecuador se desliga de la Gran Colombia, se celebran numerosos festejos en Quito, objetivo de nuestro estudio. Intentamos también descubrir hasta qué punto la independencia supone una ruptura total con las fiestas barrocas, o si hay continuidades. Analizamos las celebraciones organizadas en esta época, en base a numerosa documentación inédita de archivos quiteños, desde el enfoque de la historia social del arte. Interesan especialmente los discursos que se proyectan a través de los elementos efímeros –lamentablemente no conservados–. Palabras clave: Fiestas, Quito, Independencia, batalla del Pichincha, Simón Bolívar Abstract. After the independence victory in the Battle of Pichincha (1822) and until 1830, when Ecuador separated from Gran Colombia, numerous festivities were held in Quito, the objective of our study. We also try to discover to what extent independence supposes a total break with the baroque festivals, or if there are continuities. We analyze the celebrations organized at this time, based on numerous unpublished documentation from Quito archives, from the perspective of the social history of art. The discourses that are projected through the ephemeral elements, unfortunately not preserved, are especially interesting. Keywords: Festivities, Quito, Independence, batalla del Pichincha, Simón Bolívar Introducción El 24 de mayo de 1822, las tropas de Antonio José de Sucre obtenían la victoria en la batalla del Pichincha.1 Este acontecimiento supuso el punto de partida para un elevado número de actividades de índole político, pero también artísticas. Era necesario conmemorar la victoria, honrar a los vencedores –los héroes para las nacientes repúblicas–, celebrar exequias por los caídos en combate y elaborar un corpus iconográfico que correspondiera a la nueva etapa. Se hacía imperioso sustituir los elementos simbólicos del poder real por los nuevos, así como pintar y colgar en los lugares públicos 1. Esta publicación es parte del Proyecto de I+D+i Pintura, poder, sociedad y naturaleza en el Quito barroco (ref. PID2020-112852GB-I00) financiado por MICIU/ AEI/10.13039/501100011033/ 109 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 Ángel Justo-Estebaranz «A fin de acreditar la alegría y congratulación que demanda un asunto tan remarcable» los retratos de los generales de la Independencia de Quito, que sustituirían a los de los monarcas. En este artículo estudiamos los festejos y celebraciones organizados en Quito entre 1822 y 1830, tanto los religiosos como los profanos. En primer lugar, presentamos un estado de la cuestión sobre la fiesta en Quito, remontándonos al periodo barroco, hasta llegar al momento de la Independencia. Analizamos las festividades que siguieron a la victoria en la batalla del Pichincha a mediados de 1822. La especial atención con que Quito festejó a Simón Bolívar, tanto en sus visitas como con ocasión de su onomástica, es otro de los aspectos que estudiamos. Finalmente, abordamos la conmemoración de las victorias en el Pichincha y en otras batallas, que se prolongó hasta 1830, cuando Ecuador se constituye como república independiente de la Gran Colombia. Con ello pretendemos comprobar hasta qué punto existe una ruptura total respecto a la tradición festiva de la Real Audiencia, o si hay continuidades, y si cambian los actores. El estudio de las fiestas en Quito, del Barroco a la Independencia Consideramos esencial hacer un estado de la cuestión sobre la fiesta en Quito para poder entender mejor las ceremonias, ritos y obras de arte objeto de este trabajo –las fiestas desde 1822 hasta 1830–. En el primer tercio del siglo xx, tanto en América como en Europa, se publican numerosos estudios reconstruyendo festejos y momentos concretos de los siglos xvii y xviii. En el caso de Ecuador destacan algunos textos de Gangotena y Jijón, publicados en los años 20.2 Se trata de trabajos esenciales, que redescubren la cultura festiva en el mundo hispano y que sirven como base para la catalogación de las múltiples ocasiones ceremoniales del Antiguo Régimen. Las bibliografías académicas –y también de difusión local– mexicana, española, argentina, francesa, italiana o inglesa se llenan de este tipo de textos, de gran valor documental, pero habrá que esperar hasta los años 70 para que se produzca una profunda reflexión sobre herramientas, procesos, modos y metodologías de estudio de la fiesta, desde la óptica de la historia social, la historia del arte, la iconología e iconografía, el estudio del teatro o la emblemática y la crítica textual. Son estudios globales y comparativos, que han ayudado a entender la fiesta como un producto social clave, muy potenciado durante el Antiguo Régimen, y que explica la forma de entender las ciudades barrocas. 2. Cristóbal de Gangotena y Jijón: «Fiestas que se celebran en Quito a fines del siglo xviii», Boletín de la Academia Nacional de Historia, 7, 1923, pp. 263-269, y Cristóbal de Gangotena y Jijón: «Honras de Felipe II. Jura de Felipe III», Boletín de la Academia Nacional de Historia, 8, 1924, pp. 278-284. 110 POTESTAS, N.o 26, enero 2025 | pp. 107-131 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 En Ecuador, podemos destacar el estudio de Chiriboga acerca de las exequias de Carlos III en Quito,3 un tipo de ceremonia que, por definición, se mostraba como un luto colectivo que afectaba a las ciudades del mundo hispánico, de Quito a Sevilla, de Valencia a Nápoles y de México a Manila, pero también a otras, como Roma, Florencia o París. Estos trabajos iniciales serán la base para estudios modernos sobre la fiesta quiteña, ya avanzados a mediados de los años noventa del siglo xx, con aportaciones como las de Viforcos Marinas, Kennedy Troya o Cruz Zúñiga.4 La primera investigadora estudia las fiestas promovidas, financiadas o patrocinadas por las autoridades municipales de Quito y Guayaquil a mediados del siglo xvii. Por su parte, Kennedy Troya sistematiza el vacío de estudios con una visión global de la fiesta barroca con ejemplos de festejos anuales y extraordinarios. Destaca en el caso de los primeros el Corpus Christi, que fue la festividad anual religiosa más relevante de Quito, como en el resto del mundo andino. En la Audiencia de Quito, tanto en la capital y Riobamba como en poblados rurales, la participación era numerosa y está ampliamente documentada. Otro centro de rituales religiosos será la Virgen de la Merced, significativa devoción de volcanes tras las erupciones del Pichincha en el siglo xvi. Los estudios sobre las fiestas litúrgicas anuales constituyen un relevante campo de investigación para evidenciar las formas y funcionamiento del Quito barroco, ampliada más recientemente por Justo Estebaranz,5 interesado por las fiestas de Semana Santa y Corpus Christi, y Webster, quien abordó la presencia indígena en estas fiestas.6 Un segundo ámbito es el de las solemnidades extraordinarias, que se organizan por algún hecho significativo desde el punto de vista político o religioso, como juras de monarcas, casamientos, nacimiento de príncipes y princesas, muertes regias o canonizaciones de algún personaje especialmente importante para la monarquía. Aunque se trata de celebraciones puntuales, están muy vinculadas escenográficamente al calendario litúrgico anual, pues utilizan los mismos espacios, edificios y algunas de las estrategias. 3. Gustavo Chiriboga: «Las exequias de don Carlos III, en Quito», Museo Histórico, 51, 1971, pp. 296-306. 4. María Isabel Viforcos Marinas: «Las fiestas ciudadanas en el Reino de Quito (S. xvii). Apuntes para su estudio», Estudios humanísticos. Geografía, historia y arte, 15, 1993, pp. 187-206. https://doi. org/10.18002/ehgha.v0i15.6629; Alexandra Kennedy Troya: «La fiesta barroca en Quito», Anales del Museo de América, 4, 1996, pp. 137-152. Ese mismo año se publica también en Procesos. Revista ecuatoriana de historia; Pilar Cruz Zúñiga: «La Fiesta Barroca en Quito. Elementos simbólicos, poder y diferenciación social en las celebraciones efectuadas en 1766», Procesos, revista ecuatoriana de historia, 17, 2001, pp. 35-60. 5. Ángel Justo Estebaranz: «Las grandes fiestas litúrgicas en el Quito barroco: Semana Santa y Corpus Christi», en Inmaculada Rodríguez Moya; María Ángeles Fernández Valle y Carme López Calderón (eds.): Arte y patrimonio en Iberoamérica: tráficos transoceánicos, Universitat Jaume I, Servei de Comunicació i Publicacions, Castelló de la Plana, 2016, pp. 495-509. 6. Susan V. Webster: «La presencia indígena en las celebraciones y días festivos», en Alexandra Kennedy (ed.): Arte de la Real Audiencia de Quito, siglos xvii-xix. Patronos, corporaciones y comunidades, Editorial Nerea S. A., Hondarribia, 2002, pp. 129-143. 111 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 Ángel Justo-Estebaranz «A fin de acreditar la alegría y congratulación que demanda un asunto tan remarcable» Kennedy Troya abordó el estudio de estas festividades extraordinarias en tres destacados casos,7 a través del análisis de la documentación conservada en archivos: el traslado de la Casa de la Real Audiencia, el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos en 1631 y la proclamación de Carlos IV. Paralelamente, se transcribieron y publicaron las fuentes acerca de las exequias de Fernando VI y la proclamación como monarca de Carlos III.8 La identificación de rituales festivos y el análisis de los espacios que estos ocuparon, por comparación con otras ciudades europeas y americanas, hacía avanzar la comprensión sobre los mecanismos ideológicos que subyacen a la fiesta como producto cultural, político y propagandístico clave durante el Antiguo Régimen. Su pervivencia o no en festejos posteriores a la Independencia son objetivo de este artículo. En las dos últimas décadas, el interés por analizar con metodologías propias de la historia global del arte algunos aspectos particulares de la fiesta americana en general y quiteña en particular es una constante: las imágenes de la fiesta recogidas en el proyecto Triunfos Barrocos, dirigido por Mínguez; la adaptación de rituales y eventos propios de la península Ibérica, como los estudios sobre la tauromaquia de Alfonso y Martínez Shaw;9 o la representatividad de estamentos y orden social, abordada por Büschges, Cruz Zúñiga o Cuño.10 En relación con la producción de imágenes festivas en América, principalmente en Lima y en la ciudad de México, se centra en su práctica totalidad en las estampas de túmulos levantados en catedrales e iglesias conventuales para conmemorar la muerte del monarca o de algún otro miembro de la casa real. Otros festejos, como las entradas triunfales, no cuentan prácticamente con memoria gráfica, ya que los honrados con el festejo eran virreyes, y aunque en ocasiones fueron de la más alta nobleza o estamento eclesial, no eran miembros de la familia real. La jerarquía ceremonial hizo que las ciudades hispanas decidieran embarcarse en costosos proyectos editoriales acompañados de imágenes solo cuando se trataba de demostrar el apego de sus municipios a las casas de Habsburgo y Borbón. En Quito podemos destacar dos proyectos: los túmulos de Margarita de Austria en 1613 –analizado por 7. Kennedy Troya: «La fiesta barroca», pp. 137-152. 8. «Interesantes relatos de las ceremonias realizadas en Quito por la muerte de Fernando Sexto y la exaltación al trono del Rey Carlos Tercero», Museo Histórico, 1, 1949, 7-15. 9. Marina Alfonso y Carlos Martínez Shaw: «Fiestas reales y toros en el Quito del s. xviii», en Antonio García-Baquero González y Pedro Romero de Solís (eds.): Fiestas de toros y sociedad: actas del Congreso Internacional celebrado en Sevilla del 26 de noviembre al 1 de diciembre de 2001, Universidad de Sevilla, Sevilla, 2003, pp. 123-138. 10. Christian Büschges: «Urban public festivals as representations and elements of social order in colonial Ecuador», en Johannes-Michael Schulz y Tamar Herzog (eds.): Observation and communication: the construction of realities in the Hispanic World, Frankfurt, Klostermann, 1997, pp. 113-145; Cruz Zúñiga, «La Fiesta Barroca en Quito», pp. 35-60; Justo Cuño: «Ritos y fiestas en la conformación del orden social en Quito en las épocas colonial y republicana (1573-1875)», Revista de Indias, 73, 259, 2013, pp. 663-692, https://doi.org/10.3989/revindias.2013.22 112 POTESTAS, N.o 26, enero 2025 | pp. 107-131 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 Sebastián–11 y de Felipe V en 1748 –recogido en un dibujo conservado en el Archivo de Indias de Sevilla estudiado por Mejías Álvarez–.12 Otro aspecto a tener en cuenta es la importancia, cada vez mayor, del estamento militar en la administración virreinal en el siglo xviii, y sobre todo tras las llamadas Reformas Borbónicas. Altos cargos militares ocuparon los cargos de virrey, capitán general u oidor, y las claves de las paradas militares empezaron a poblar los rituales urbanos, al tiempo que los problemas políticos de inicios del siglo xix, y el movimiento de tropas que implicaron, dieron la oportunidad de realizar entradas triunfales reales, con un ejército marchando en ciudades como México o Quito. En el caso quiteño, contamos con un testimonio visual contundente: Vista de la entrada en la ciudad de Quito de las tropas remitidas por el Excmo. Sr. Virrey del Perú (Museo de América, Madrid), estudiado por Zabía de la Mata.13 Se trata de una pintura que hace la función de informe visual sobre la llegada de las tropas virreinales a Quito en noviembre de 1809, tras la sublevación del anterior mes de agosto. Como en la mayoría de representaciones visuales, es un objeto propagandístico al servicio del virrey Abascal, que informa desde un punto de vista subjetivo sobre el éxito de las tropas enviadas a la ciudad. Es especialmente sugerente para marcar dos ideas que, en esta obra en concreto, ayudan a mejorar nuestro conocimiento sobre los mecanismos de la fiesta hispánica. En primer lugar, destaca la representación de un arco de triunfo, poco habitual en la tradición visual hispana, de los llamados «de vajilla» –objetos de arte efímero, rápidos y baratos, que recogen las relaciones festivas americanas de los siglos xviii y xix–. En segundo lugar, un elemento común a las ciudades del Antiguo Régimen: tras siglos de ceremonias y rituales, que repetían espacios y trazados, los espacios de la fiesta barroca quedaron fosilizados en las ciudades, como parte de su memoria urbana, y por ello fueron reutilizados para paradas militares, o festejos independentistas, como es nuestro objeto de estudio pocos años después de la confección de este lienzo. Las primeras publicaciones sobre la batalla del Pichincha, origen de las celebraciones estudiadas en este artículo, no mencionaban las fiestas por la victoria.14 Será en los últimos lustros cuando las celebraciones festivas por la Independencia de Quito sean objeto de interés, y generalmente abordadas de forma tangencial: Rodríguez alude simplemente a las ceremonias 11. Santiago Sebastián: Contrarreforma y barroco. Lecturas iconográficas e iconológicas, Alianza Editorial, Madrid, 1981. 12. María Jesús Mejías Álvarez: Fiesta y Muerte Regia: las Estampas de Túmulos Reales del Archivo General de Indias, CSIC-EEHA, Sevilla, 2002, p. 50-51. 13. Ana Zabía de la Mata: «La apoteosis de Abascal. El primer Grito de Independencia de Quito en un lienzo del Museo de América de Madrid», Anales del Museo de América, XXIV, 2016, pp. 71-99. 14. Jacinto Jijón y Caamaño: Quito y la Independencia de América, Imprenta de la Universidad Central, Quito, 1922, p. 80. 113 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 Ángel Justo-Estebaranz «A fin de acreditar la alegría y congratulación que demanda un asunto tan remarcable» tras la batalla;15 Cuño se refiere a las que se hacían en la ciudad en la década de 1880,16 a través del testimonio del francés Edouard André;17 y Bustos Lozano investiga sobre las fiestas con motivo del primer centenario de la Independencia ecuatoriana.18 En estos casos, es la conmemoración del primer grito de independencia lo que se analiza: las fiestas con motivo del 10 de agosto. Núñez Sánchez ha tratado sobre las ideas de patria y las fiestas patrias en Ecuador.19 Finalmente, las celebraciones festivas en los momentos posteriores a la batalla del Pichincha han sido abordadas por Vásquez Hahn recientemente:20 se alude a la intención que se tuvo en 1822 de que el homenaje a los héroes y el agradecimiento por el triunfo al Dios de los Ejércitos y a la Virgen de La Merced tuvieran un carácter perenne. Asimismo, la construcción de la nación ecuatoriana a través del culto festivo bolivariano en los años que siguieron a la Independencia ha sido tratada recientemente por Yépez Suárez, quien aportó documentación de archivos locales y estudió la iconografía de varias piezas relacionadas con el tema objeto de investigación.21 En este trabajo abordaremos con más detenimiento qué sucedió en el periodo 1822-1830, en relación con la conmemoración de los hechos. Para ello, analizamos documentación inédita procedente de otros archivos no tenidos en consideración hasta el momento, como el Archivo Histórico del Ministerio de Cultura del Ecuador, el Archivo Histórico Alfredo Pareja Diezcanseco del Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana y el Archivo Catedralicio de Quito, a los que sumamos la investigación en el Archivo Histórico Nacional del Ecuador y en el Archivo Metropolitano de Historia de Quito. Además, analizamos la participación de diversos actores en las fiestas, tanto de los comitentes y encargados de la organización de los festejos, como de los artistas implicados en la elaboración de las decoraciones efímeras. 15. Jaime E. Rodríguez O.: La revolución política durante la época de la independencia: el reino de Quito, 1808-1822, Corporación Editora Nacional - UASB-E, Quito, 2014, p. 181. 16. Cuño: «Ritos y fiestas», p. 686. 17. El 10 de agosto Quito amanecía empavesada, «la plaza mayor llena de adornos y los poderes públicos visten de gala y los festejos oficiales galvanizan por algunas horas la habitual apatía de la población». Edouard André: «América Equinoccial», en América Pintoresca: Descripción de viajes al Nuevo Continente, Montaner y Simón Editores, Barcelona, 1884, p. 839. 18. Guillermo Bustos Lozano: «La conmemoración del primer centenario de la independencia ecuatoriana: los sentidos divergentes de la memoria nacional», Historia Mexicana, LX, 1, julio-septiembre 2010, pp. 473-524. 19. Jorge Núñez Sánchez: «Las ideas de patria y las fiestas patrias en Ecuador», en Pablo Ortemberg (dir.): El origen de las fiestas patrias. Hispanoamérica en la era de las independencias, Prohistoria Ediciones, Rosario, 2013, pp. 131-150. 20. María Antonieta Vásquez Hahn: «La ruptura con España desde lo simbólico», en María Antonieta Vásquez Hahn (ed.): Pichincha: más allá de la batalla, Procuraduría General del Estado, Quito, 2022, pp. 84-89. 21. Santiago Paúl Yépez Suárez: «¡Honrar a la Patria! La construcción de la nación ecuatoriana a través del culto festivo bolivariano: 1822-1830», Revista Sarance, 48, 2022, pp. 52-94. 114 POTESTAS, N.o 26, enero 2025 | pp. 107-131 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 Las fiestas por la batalla del Pichincha en 1822 Antes de la victoria de las tropas de Sucre en el Pichincha, existían fiestas patrias en Colombia. En julio de 1821 se había fijado la fiesta anual por el advenimiento de la nación colombiana: los días 25 al 27 de diciembre se conmemoraron, entre otras efemérides, los triunfos obtenidos por los vencedores.22 Las celebradas en Bogotá del 25 al 29 de 1821 incluyeron corridas de toros, carreras de caballos, fuegos, pólvora y otras diversiones. Tras la batalla, se sucedieron con notable rapidez las operaciones destinadas a la celebración de la victoria y a la rápida sustitución de símbolos monárquicos por otros de los próceres. Recientemente se han publicado noticias relativas a la retirada del retrato de Fernando VII de espacios públicos.23 El administrador de la Renta de Aguardientes escribe a Sucre el 14 de junio de 1822 para preguntarle por el remate o la reubicación de un sitial de damasco carmesí con el retrato de Fernando VII, que figuraba en su oficina, pues ya no había «necesidad de este adorno».24 El 29 de mayo de 1822, la asamblea popular de Quito –presidida por el Concejo Municipal de la ciudad– dictaba varias disposiciones, entre las que destacan tres que atañían directamente al ámbito festivo: 5° Establecer perpetuamente una función religiosa, en que celebrar el aniversario de la emancipación de Quito; […] trasladando en procesión solemne la víspera de Pentecostés a la santa iglesia catedral la imagen de la Madre de Dios, bajo su advocación de Mercedes, y el día habrá en ella misa clásica con sermón a que concurrirán todas las corporaciones, y será considerada como la primera fiesta religiosa de Quito [...]. 6° Instituir otra función fúnebre por el alivio y descanso de las almas de los héroes que sacrificaron su vida a la libertad Americana, cuya función celebrada el tercer día de Pentecostés, será tan solemne como la del artículo anterior, o el día siguiente hábil. 8° Celebrar una misa de gracias el domingo dos del entrante [el 2 de junio], con toda pompa, para rendir al Dios de los ejércitos nuestro homenaje y reconocimiento por la transformación gloriosa de Quito, y disponiendo en los tres días precedentes, toda especie de regocijos públicos, iluminando la ciudad por tres noches, y concediendo al público cuantas diversiones quiera usar moderadamente. El Cabildo tendrá conciertos en estas tres noches y al frente 22. Armando Martínez Garnica: Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831: «Decid Colombia sea, y Colombia será», Editorial Universidad del Rosario, Bogotá, D.C., 2018, p. 262. 23. Ángel Justo-Estebaranz: «Difusión de la imagen del héroe a través de la pintura: los retratos de los próceres de la Independencia realizados en Quito en la década de 1820», en María Antonieta Vásquez Hahn (ed.): Pichincha: más allá de la batalla, Procuraduría General del Estado, Quito, 2022, p. 118. 24. «Libro de Copias de oficios, que da principio desde 19 de Diziembre de 1814», Archivo Histórico Nacional del Ecuador (AHN), Copiadores, Quito-Ecuador, Caja 8, vol. 30, f. 165r. 115 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 Ángel Justo-Estebaranz «A fin de acreditar la alegría y congratulación que demanda un asunto tan remarcable» de su casa se colocará una figura alegórica que represente la América sentada en un trono majestuoso, y rodeada de sus atributos, acariciando el busto del LIBERTADOR de Colombia. A la derecha se verá un genio que simbolice a Quito presentando al busto del General Sucre una corona cívica: a la izquierda estarán los retratos de los más esclarecidos Generales del ejército, y al rededor escritos con letras de oro sobre campo azul, los nombres de los oficiales y soldados más ilustres. El mismo Cabildo preparará una fiesta triunfal para el día 13 de Junio en que se publique la Ley fundamental del Estado.25 En estas disposiciones se manifiesta la elección de la Virgen de la Merced como advocación mariana fuertemente vinculada con la ciudad –era su protectora frente a erupciones y terremotos– y cuya imagen se trasladaría anualmente a la Catedral para celebrar misa solemne. Y otra misa de Acción de Gracias el 2 de junio, precedida de tres días de celebraciones festivas con conciertos, luminarias y la disposición de un conjunto alegórico frente a las casas del Cabildo. La publicación de la Ley fundamental del Estado vendría acompañada de una fiesta triunfal, preparada por el cabildo quiteño. La Constitución se publicó el 24 de junio, perpetuando una función anual para recordar la incorporación de Quito a la República. Conocemos la disposición de aparatos efímeros en los espacios más representativos de la ciudad andina. Además de los arcos triunfales que mencionaremos más adelante, en los festejos de junio de 1822 se levantó una arquitectura efímera en la plaza Grande de Quito, frente a las casas del Cabildo: un grupo alegórico, con las figuras de América y de Quito. El conjunto contaba con la representación de América sentada en un trono majestuoso, rodeada de sus atributos y acariciando el busto de Bolívar. A la derecha figuraba Quito como un genio que presentaba una corona cívica al busto de Sucre. A la izquierda destacaban los retratos «de los más esclarecidos generales del ejército», y alrededor, en letras de oro sobre campo azul, los nombres de los oficiales y soldados más ilustres. Por lo tanto, en el aparato figuraban los retratos de varios generales del ejército insurgente que, como sabemos por la documentación de esos momentos, habían comenzado a pintarse al poco tiempo de concluida la contienda, realizados por los artistas más reconocidos del momento y sus colaboradores, y a un precio fijo salvo pocas excepciones, sobre todo si se encargaban a Manuel Samaniego. Se observa una clara jerarquización, con Bolívar acariciado por América, mientras que Sucre recibe una corona cívica de manos de un genio –Quito–.26 Ambos mi25. En Eliecer Enríquez (compilador): Quito relicario de Sucre, 1795-1945, Quito: Imprenta Municipal, 1945, pp. 23-26. Un fragmento de la disposición octava fue reproducido en Yépez Suárez, «¡Honrar a la Patria!», p. 81. 26. Imágenes de los próceres de la Independencia junto con la figura alegórica de América y elementos tales como coronas cívicas, de laurel o gorros frigios -que se mencionarán más adelante en este artículoaparecieron en pinturas de la época realizadas en otras repúblicas americanas. Por ejemplo, una 122 POTESTAS, N.o 26, enero 2025 | pp. 107-131 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 cuatro noches. El terreno de la plaza se repartiría gratuitamente a los ciudadanos que quisieran construir tablados. El 24 de mayo de 1823 se celebraron las fiestas por el primer aniversario de la batalla del Pichincha. En esta ocasión, la simbología desplegada en los eventos recordaba la de las fiestas regias pues, en un trono erigido en el carro triunfal, se habían colocado los retratos de Bolívar y Sucre, los héroes ausentes. Según Lomné, es evidente que, tras las guerras de Independencia, los líderes militares –especialmente Bolívar– se apropiaron de los símbolos y los espacios que se reconocían como signos del poder de la monarquía. Lo que aconteció fue «la sustitución del retrato del rey por el mito del Libertador».61 El número 5 de El Monitor Quiteño, periódico auspiciado por Sucre, publicó la reseña de las fiestas bajo el título «Primer Aniversario de la batalla de Pichincha»: El 23 del corriente por la mañana fue traída la Imagen admirable de nuestra Señora de las Mercedes en una solemne procesión de su Iglesia a la Catedral. […]. El 24 por la mañana fue anunciada la celebridad del día por una salva de artillería, oyéndose enseguida el fuego que sobre las faldas del Pichincha hacían los cuerpos de la guarnición representando un simulacro militar que recordase la ilustre victoria que en igual día, y en aquel mismo campo obró la libertad del Sur […]. Concluido este hermoso espectáculo, el orden mismo de las cosas exigía se representase la entrada triunfante de la División Libertadora […]. Se había preparado un magnífico carro triunfal adornado con el gusto más exquisito y con todo el lujo de que es susceptible el país, por la señora Manuela Sáenz. Esta joven amable y generosa dio el testimonio más positivo de su entusiasmo por la causa de la libertad y de amor y reconocimiento a los libertadores de la Patria, dedicando sus desvelos a hacer brillar en el Carro todo cuanto podía contribuir a la grandeza del objeto a que se consagraba. Sobre cuatro ruedas se levantaba un trono en el cual estaba colocado el retrato del Libertador Presidente de Colombia, y a su izquierda el del General Sucre, coronados de laureles; delante del retrato se veían dos estatuas ricamente vestidas que representaban a la Justicia y a la Libertad, aquella con una espada laureada en la derecha y la balanza en la izquierda, y ésta con una pica y en ella el gorro, símbolo de la Igualdad; apoyado en las estatuas se mostraba el Código de Colombia, seguro de las sabias instituciones que contiene, sobre bases tan sólidas y respetables. Al pie del trono, y delante de las estatuas, se ostentaba la Fama sobre una multitud de trofeos militares, […]. El 25 se celebró por la mañana una solemne acción de gracias en la Iglesia Catedral, […] Después de esta piadosa ceremonia, los oficiales de la Guarnición y varios particulares divirtieron al público corriendo a caballo la sortija en la 61. Georges Lomné: «Del retrato del Rey al mito del Libertador, la mutación imaginaria del Padre de la Patria», Ponencia dictada en Flacso, Quito-Ecuador, 2006, 3 (inédito). 123 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 Ángel Justo-Estebaranz «A fin de acreditar la alegría y congratulación que demanda un asunto tan remarcable» Plaza Mayor, y luciendo otras pruebas y ejercicios militares […]. A este útil entrenamiento se siguió la corrida de toros; y en la noche se representó por los alumnos del Colegio de San Fernando la célebre pieza trágica: ROMA LIBRE […]62 El señor Manuel Zambrano, que tomó a su cargo dirigir la representación, acreditó su fino gusto en este ramo, y el interés que lo animaba por el lucimiento de tan plausibles celebridades.63 Algunos elementos simbólicos como las coronas de laurel y los gorros frigios, incorporados por la retórica independentista y mencionados en las celebraciones de 1823, aparecen también en otras ciudades de la Gran Colombia. Por ejemplo, el 28 de diciembre de 1823 en Bogotá, cuando se impusieron coronas de laurel a militares inválidos en un tablado público.64 A mediados de junio de 1823, el Cabildo acordaba que el mayordomo de propios verificase los gastos y las cuentas de las celebraciones del Pichincha, especificándose la disposición del túmulo, tres noches de iluminación, composición de teatro y demás invenciones y adornos mandados hacer por orden de la Intendencia.65 Hasta 1825, el 24 de mayo se celebraron los tres acontecimientos en Quito: la procesión y traslado de la Virgen de La Merced por la liberación de la ciudad y la entrada de Sucre, las honras fúnebres por los muertos en Pichincha y la misa de Acción de Gracias en la Catedral. Por ejemplo, el 4 de mayo de 1824 se acordaba costear el traslado de la Virgen de la Merced a la Catedral, donde se celebraría una Novena, «por los cuerpos y venerables comunidades en la forma que se ha acostumbrado». El traslado se realizaría el 14 de mayo, y se convidaba a las señoras a que acompañasen a la imagen mariana.66 Los días 24 y 25 se exhibirían en la 62. Roma Libre era una de las piezas favoritas en el repertorio libertario bolivariano. Según Lomné, el repertorio francés «exaltaba la virtud de los antiguos, confiriéndole una acusada connotación republicana: piénsese, entre otras obras, en Brutus o en Rome sauvée [Roma Libre] de Voltaire, en Caius Gracchus, de André Chénier, o en Mucius Scaevola. Era el espejo ideal de los criollos independentistas, […]». Georges Lomné: «La patria en representación. Una escena y sus públicos, Santafé de Bogotá, 18101828», en François-Xavier Guerra y Annick Lempérière (eds.): Los espacios públicos en Iberoamérica. Ambigüedades y problemas. Siglos xviii y xix, Fondo de Cultura Económica, México, 1998, p. 331. 63. Relación publicada por Ángel Grisanti: El general Sucre precursor del periodismo continental, Ed. Plenitud, Quito, 1946, pp. 22-27. 64. Martínez Garnica: Historia de la primera República de Colombia, p. 263. También se les entregó dinero donado por otros ciudadanos. Varios de estos elementos iconográficos empleados por los organizadores de las fiestas quiteñas proceden de la Revolución Francesa, como pone de manifiesto Ozouf al analizar varias festividades de la Francia revolucionaria. Véase Mona Ozouf: La fête révolutionnaire (1789-1799), Éditions Gallimard, París, 2013, edición digital. 65. «Acta de 17 de junio de 1822», AMH/Q, Transcripción del vol. 26, Actas del Cabildo de 1821 a 1826, f. 108r-108v. 66. «Acta de 4 de mayo de 1822», AMH/Q, Transcripción del vol. 26, Actas del Cabildo de 1821 a 1826, f. 150r-v. 124 POTESTAS, N.o 26, enero 2025 | pp. 107-131 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 galería de la sala municipal los retratos de Bolívar y de Sucre bajo sitial. Estarían iluminados desde las seis hasta las nueve de la noche. El maestro mayor de músicos debía convocar a todos los del gremio para tocar en las casas capitulares gratuitamente las dos noches, bajo multa de 2 pesos. Y ello se haría conforme a lo mandado por el Intendente para solemnizar «con la suntuosidad que demanda la memoria gloriosa del importante beneficio que se nos transmitió en aquel día memorable».67 José Félix Valdivieso, Intendente interino, ordenaba el 26 de mayo que esa noche y la siguiente se iluminasen balcones y tiendas, y que hubiese repique general de campanas. Además, el gremio de músicos tendría que tocar esas noches en la galería del Cabildo ante los retratos de Bolívar y de Sucre «que con el correspondiente decoro se expondrán al Público por la Municipalidad».68 Los retratos debieron colgar el doble de días de lo inicialmente dispuesto, debiendo tocar los músicos cuatro noches seguidas –aunque no sabemos si las dos últimas cobraron, o si también lo hicieron gratuitamente–. Otra posibilidad es que se retrasase dos días la exhibición pública de los retratos. Conocemos el coste de la intervención de los oradores en las funciones de aniversario de la Independencia y de los muertos en Pichincha realizadas ese año. Estos ascendieron a 48 pesos,69 una cantidad que suponía el triple del coste de cada uno de los retratos de los próceres realizados en los años inmediatamente anteriores por los principales pintores quiteños. El traslado de los retratos con ocasión de estas festividades provocó el deterioro de los marcos. Ya en 1824 se había dañado el marco del retrato de Bolívar al sacarlo a la galería de la Casa Consistorial la noche del 26 de mayo. Por ello, se conminaba al mayordomo a reponerlo a la mayor brevedad posible, sufragando el coste de la renta de su cargo.70 A inicios de 1825 se dispuso desde Bogotá celebrar otro triunfo militar: el de la batalla de Ayacucho. Por motivos que no se aclaran, el festejo se pospuso. El 15 de abril se hizo constar en el acta del cabildo que el juez político Manuel Zambrano daba a conocer que el Supremo Poder Ejecutivo había señalado el día 24 de junio para celebrar con todo género de regocijos y una 67. «Acta de 11 de mayo de 1822», AMH/Q, Transcripción del vol. 26, Actas del Cabildo de 1821 a 1826, f. 151r. 68. José Félix Valdivieso: «Disposición del intendente interino sobre celebración del segundo aniversario de la batalla del Pichincha», Quito, 26 de mayo de 1824, Archivo Histórico Alfredo Pareja Diezcanseco del Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana (AH/MREMH), QuitoEcuador, F.5.1, Comunicaciones recibidas de varias autoridades y particulares 1811-1824, s. f. 69. «Acta de 11 de junio de 1824», AMH/Q, Transcripción del vol. 26: Actas del Cabildo de 1821 a 1826, f. 153r. 70. «Acta de 11 de junio de 1824», AMH/Q, Transcripción del vol. 26: Actas del Cabildo de 1821 a 1826, f. 153r. Se indica que se había «averiado el marco del busto». Véase también Yépez Suárez, «¡Honrar a la Patria!», p. 85. 125 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 Ángel Justo-Estebaranz «A fin de acreditar la alegría y congratulación que demanda un asunto tan remarcable» función religiosa, y Acción de Gracias al Altísimo, el triunfo de Ayacucho, el aniversario de Carabobo y «de otros triunfos de las armas libertadoras».71 El 13 de mayo se informaba en sesión del Cabildo de la disposición de luminarias en la celebración de la victoria del Pichincha durante tres noches, y de que se solicitaría al gremio de músicos que tocasen gratuitamente.72 Ya en este momento se explicitan problemas de liquidez, pues las rentas municipales estaban literalmente «exhaustas». Los preparativos de estas fiestas conllevaron diversos gastos, entre ellos 3 pesos y 3 reales de los derechos de un albañil que murió al caer desde la cumbrera de la sala consistorial en que se estaba trabajando.73 También se pagaba por el sermón, por las honras y la velación del busto de Bolívar en la galería consistorial y sus noches de iluminación. En las fiestas se celebrarían corridas de toros en la plaza Mayor los días 24 al 26 de junio.74 A estos gastos se sumó el viaje a Perú del regidor Luis Saa, diputado por la Municipalidad, para felicitar a Simón Bolívar por el triunfo en Ayacucho, y que costeó el Cabildo en junio.75 También se decidía entonces que las fiestas nacionales dieran inicio el 8 de agosto. En diciembre, se informó en el cabildo quiteño sobre la resolución que había tomado el Intendente en acuerdo con la Junta Provincial para reunir en una sola época las fiestas por los triunfos de Colombia y el aniversario de los muertos, especificando que este acuerdo se observase en lo sucesivo.76 Esta resolución debió de tomarse fundamentalmente por razones económicas, pues solventar los gastos para hombres y armamento significó la exigencia de recurrentes contribuciones. En 1826, los días 24 al 26 de junio se celebraron las ceremonias de Acción de Gracias por los triunfos militares, el traslado de la Virgen de la Merced a la Catedral y las honras fúnebres por los fallecidos en batalla. En un oficio de Bartolomé Donoso dirigido al Intendente en junio, se reconocía como un deber de la Municipalidad celebrar la festividad del 24 en honor de los gloriosos acontecimientos de Pichincha, Carabobo y Ayacucho.77 Se decidía 71. «Acta de 15 de abril de 1825», AMH/Q, Transcripción del vol. 26: Actas del Cabildo de 1821 a 1826, f. 193v. 72. «Acta de 13 de mayo de 1825», AMH/Q, Transcripción del vol. 26: Actas del Cabildo de 1821 a 1826, ff. 196v-197r. La solicitud al gremio de músicos podía suponer una multa de 25 pesos en caso de no concurrir. 73. «Acta de 10 de junio de 1825», AMH/Q, Transcripción del vol. 26: Actas del Cabildo de 1821 a 1826, f. 200v. 74. «Acta de 21 de junio de 1825», AMH/Q, Transcripción del vol. 26, Actas del Cabildo de 1821 a 1826, ff. 202v-203r. 75. «Acta de 28 de junio de 1825», AMH/Q, Transcripción del vol. 26, Actas del Cabildo de 1821 a 1826, f. 204r. 76. «Acta de 16 de diciembre de 1825», AMH/Q, Transcripción del vol. 26, Actas del Cabildo de 1821 a 1826, f. 220r. 77. «Bartolomé Donoso al Intendente», Quito, 21 de junio de 1822, AHN, Fondo Especial, Caja 254, vol. 632, f. 80r. 126 POTESTAS, N.o 26, enero 2025 | pp. 107-131 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 organizarla con todo el honor y lustre que merecía, y también la traslación de la Virgen de la Merced a la Catedral. A estas festividades se sumaba el Doctor José Isidoro Camacho, rector del Colegio de San Luis, que asistiría con la comunidad del Colegio a la fiesta de la Virgen de la Merced y a la función fúnebre en la misma.78 José Manuel Flórez, Gobernador Eclesiástico del Departamento del Ecuador, asistiría con el deán y cabildo eclesiástico, especificándose que las victorias celebradas eran las de Pichincha, Carabobo, Junín y Ayacucho.79 Conclusiones Una vez analizada la documentación relativa a las fiestas en Quito inmediatas a la consecución de la Independencia, hemos llegado a las siguientes conclusiones: en primer lugar, hemos podido comprobar cómo se produjo una rápida sustitución de los símbolos reales por otros alusivos a la República y a sus próceres, vinculados con la iconografía independentista y republicana que se dio en otras naciones recién emancipadas de España: coronas de laurel, gorros frigios, genios, espadas laureadas, picas, etc., varios de estos objetos portados por figuras femeninas que representaban a América, la Justicia, la Libertad o la Fama. No obstante, se aprecia una continuidad en la estructura y el contenido de varios festejos: Tedeum, misas, procesiones, bailes, toros, refrescos y túmulos. Muchos actores se mantienen, aunque cambia el objeto de su conmemoración. En este sentido son esclarecedoras las disposiciones de la asamblea popular de Quito fechadas el 29 de mayo de 1822, pues revelan una continuidad ideológica con la fiesta: la idea de acción de gracias a la divinidad como parte esencial del acontecimiento festivo, o la procesión de imágenes religiosas a cuya advocación concreta se solicita el amparo sobre una situación política distinta, en este caso a la Virgen de la Merced. Esta advocación adquirió desde el primer momento, y durante todo el periodo, un destacado papel en las celebraciones vinculadas a la victoria en el Pichincha y en otras batallas, así como en las misas en memoria de los difuntos. Por otra parte, se observa un empeño de la Intendencia y del Cabildo civil por agasajar a Simón Bolívar con repetidos festejos. En relación con los gastos, los dedicados a Bolívar fueron en Quito significativamente mayores que 78. «José Isidoro Camacho al Intendente», Quito, 21 de junio de 1822, AHN, Fondo Especial, Caja 254, vol. 632, f. 87r. 79. «José Manuel Flórez al Intendente», Quito, 22 de junio de 1822, AHN, Fondo Especial, Caja 254, vol. 632, f. 83r. Menciona que la función fúnebre es en memoria de los héroes «que en aquellas épocas sacrificaron su vida por la libertad de la Patria». Calixto Miranda refería la asistencia a los oficios fúnebres por los muertos en las cuatro batallas. «Calixto Miranda al Intendente», Quito, 22 de junio de 1822, AHN, Fondo Especial, Caja 254, vol. 632, f. 89r. 127 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 Ángel Justo-Estebaranz «A fin de acreditar la alegría y congratulación que demanda un asunto tan remarcable» los destinados a Sucre, a pesar del mayor protagonismo de este en la batalla del Pichincha. Al ser Sucre el Intendente, es el responsable y mayor interesado en la proliferación de fiestas en honor de Bolívar. La disponibilidad de fondos fue un tema de preocupación para el Cabildo civil. Ya en septiembre de 1825, al tratar sobre los agasajos al «Jefe Superior» (probablemente Bolívar), se ordenaba prescindir del baile y del refresco, ofreciéndose una comida que se juzga menos costosa.80 Y en diciembre de ese año, se decidía reunir en las mismas fechas las fiestas por los triunfos en Colombia y el aniversario de los fallecimientos. Estos problemas económicos no fueron exclusivos de Quito en el periodo que estudiamos, pues se relacionan con la situación de la fiesta desde la crisis del Antiguo Régimen. La pintura desempeñó un papel relevante en estas celebraciones. Se contrató a Manuel Samaniego y a Diego Benalcázar, artistas destacados en el panorama quiteño, para que realizasen no solo retratos de los próceres de la Independencia, sino otras decoraciones. Los retratos de Bolívar y de Sucre tuvieron una presencia significativa como sustitutos de los militares, colgándose con todos los honores en la galería del Cabildo, para que pudieran ser contemplados debidamente por el pueblo. Pero incluso en presencia de Bolívar se exhibió su retrato. La música fue, en el contexto festivo, un elemento imprescindible que, según Campos y Fernández de Sevilla, realzaba los actos, animaba a los participantes y deleitaba a los espectadores.81 En ninguna de las celebraciones estudiadas en este artículo faltó música, ni en la catedral, ni en las procesiones, ni en las casas del Cabildo, ni en los bailes y fiestas de toros. La asistencia de los músicos era obligatoria, so pena de multa –que en varias ocasiones superaba con creces el costo de los retratos encargados para exhibirse en los espacios públicos–, y en alguna ocasión fue gratuita por orden del Intendente. La onomástica de Simón Bolívar se conmemoró en la antigua Audiencia de Quito mientras estuvo integrada en la Gran Colombia. La muerte de Sucre y de Bolívar en 1830, año que supone además la desmembración de la Gran Colombia, significó la suspensión de las conmemoraciones festivas. En estas fiestas participó toda la sociedad. En la documentación se alude al júbilo con que concurrieron los diferentes actores a festejar a sus héroes. Pero también es cierto que se conmina desde la Intendencia a que órdenes religiosas, alcaldes de barrio y personas acaudaladas demuestren su adhesión a la causa. En relación con los espacios de la fiesta, la plaza Grande fue el centro simbólico en esta época, como lo había sido previamente. Aglutinando en 80. «Acta de 6 de septiembre de 1825», AMH/Q, Transcripción del vol. 26, Actas del Cabildo de 1821 a 1826, f. 210r-v. 81. Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla: «Fiestas barrocas celebradas en Cuzco en 1603 y 1788», en Iván Zignaigo (ed.), Festival del Barroco Latinoamericano. Perú. Conferencias, Publicaciones Mensurabilis, Cuzco, 2017, pp. 13-43. 128 POTESTAS, N.o 26, enero 2025 | pp. 107-131 ISSN: 1888-9867 | e-ISSN 2340-499X | https://doi.org/10.6035/potestas.8428 torno a ella las sedes del poder religioso y civil, era el espacio más apropiado. En ella se erigió el aparato efímero levantado en junio tras la victoria del Pichincha, así como se iluminó, concurrieron los músicos, se exhibieron los retratos de los próceres en la galería del Cabildo, etc. Pero también se ocuparon las calles principales, que fueron escenario de desfiles y vieron engalanadas sus fachadas. Además, sabemos del uso de otros enclaves en determinados festejos, como la Alameda, escenario de un paseo cívico para celebrar la aprobación del «Acta de las Corporaciones y Personas Notables de Quito», y la declaración del pueblo de Quito como «benemérito de la Patria», el 22 y 23 de agosto de 1824. Los vecinos dispondrían allí «sus ranchos y vendimias al estilo del país que se citó», mientras los músicos en pleno tocarían desde las 2 a las 6 de la tarde, trasladándose después el Cabildo, para continuar hasta las 9 de la noche, previéndose también luminarias para ambas noches.82 Ello se haría «a fin de acreditar la alegría y congratulación que demanda un asunto tan remarcable», que consideramos una frase representativa del espíritu que animó la organización de estas efemérides. En adelante, falta investigar en profundidad sobre el papel de las élites civiles en la financiación de los festejos, así como las adhesiones previas a la causa independentista, y las que surgieron de la victoria en el Pichincha. Bibliografía Alfonso, Marina y Carlos Martínez Shaw: «Fiestas reales y toros en el Quito del s. xviii», en Antonio García-Baquero González y Pedro Romero de Solís (eds.): Fiestas de toros y sociedad: actas del Congreso Internacional celebrado en Sevilla del 26 de noviembre al 1 de diciembre de 2001, Universidad de Sevilla, Sevilla, 2003, pp. 123-138. André, Edouard: «América Equinoccial», en América Pintoresca: Descripción de viajes al Nuevo Continente, Montaner y Simón Editores, Barcelona, 1884, pp. 477-859. Ayala Mora, Enrique (ed.): Nueva historia del Ecuador. Volumen 15: documentos de la historia del Ecuador, Corporación Editora Nacional, Quito, 1996. 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