Emigración y confluencia de culturas en Nueva España
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1 EMIGRACIÓ Y COFLUECIA DE CULTURAS E UEVA ESPAÑA. SILVIO ZAVALA. Aun en las regiones donde hubo encuentros euroindígenas densos - yo uso siempre el término "encuentro" en plural- , como los que se dieron en algunas partes de Mesoamérica y Suramérica, creo que no todo se redujo a los efectos de los contactos con los indígenas y a las supervivencias de los rasgos culturales de estos, puesto que al lado de ellos operaban las contribuciones sustanciales traídas por los inmigrantes europeos y sus acompañantes 1 . A veces se aducen comparaciones demográficas entre los varios grupos de la población, que no dejan de corresponder a una realidad observable, pero suelen pasar por alto la función que desempeñaban los miembros de tales grupos en las estructuras sociales ultramarinas. No era lo mismo ser encomendero que tributario; hacendado, que peón o vaquero, ni señor de ingenio, que esclavo. En otros casos se adoptan posturas forzadas de indianismo cultural apologético, alejado del cotejo efectivo de la realidad vivida. La civilización comunicada por efecto de la expansión europea a través de los océanos, no sólo "encuentra" a las ya existentes en suelo americano o en otras partes de la Tierra, sino que también las conquista o domina. La civilización europea cambia los dioses vencidos por la religión de los vencedores, a pesar de las supervivencias y las adaptaciones explicables. Al mismo tiempo, en el orden temporal, la dominación colonial pone al servicio de los colonizadores las formas de la organización social tributaria y de la mano de obra que suministraban los indígenas, introduciendo así mismo los hábitos propios de los habitantes del Viejo Mundo. El poblador de origen hispano procura desplazar a los nómadas en las zonas fronterizas por el avance de los presidios, las misiones, las minas, las poblaciones rodeadas por las haciendas y los recursos agrícolas y ganaderos. No se olvide, por otra parte, cómo los años de vida y de adaptación del emigrante europeo lo convierten en indiano y contribuyen a marcar diferencias entre él y la gente de su patria que ha quedado en Europa, o que pasa al Nuevo Mundo con posterioridad a los primeros pobladores. Carlos Pereyra subraya que las conquistas de América se consumaron por hombres de España, pero que todo lo aprendieron en América. Cortés cumplió los veinte años en la isla Española; Bernal Díaz del Castillo, como Cortés, cumplió los veinte años en tierras intertropicales. El historiador peruano José Durand, con larga permanencia en México, con su 1 El presente artículo es transcripción de la conferencia pronunciada por el Prof. Silvio Zavala en Sevilla, en septiembre de 1990,
2 estudio La transformación social del conquistador, que data de 1953, ha explorado en profundidad estos apuntes que ya estaban en las obras de Pereyra, que, recuerden, son de la década de los años 20 de este siglo. Si esto pasaba con la diferencia indicada entre los españoles de la península y los primeros indianos, no se diga lo que había con los descendientes de éstos ya nacidos y criados en la nueva tierra, o sea, los criollos, estudiados en profundidad hace años por el escritor mexicano Fernando Benítez en su libro titulado La vida criolla en el siglo XVI, que data también de 1953. Bajo la denominación de "encuentros" se engloban diversos procesos sociales, que marcan profundamente la existencia tanto de los inmigrantes y de sus acompañantes - pienso en los africanos y en los orientales- , que se acomodan al nuevo ambiente y a los sorpresivos contactos humanos con los antiguos habitantes indígenas, ahora desplazados o colonizados, como a éstos, los cuales, según la expresión de los españoles de la época, debían aprender a vivir como hombres de razón, además de convertirse a la fe cristiana, con todos los cambios que ella introducía en las costumbres, por ejemplo, en cuanto a la regla del matrimonio monogámico. En el orden de la cultura, la penetración de los europeos a partir de 1492 trae, además de los idiomas castellano en Hispanoamérica y portugués en Brasil, el acompañamiento del latín de los religiosos, que en ocasiones se transmite a los neófitos, como en el célebre Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. Vienen asimismo notorios elementos, como el alfabeto y la escritura; la numeración romana y la arábiga; los instrumentos de pesas y medidas; la imprenta, etc. Aquí anoto que todavía los más exaltados indigenistas no han propuesto quemar los libros de las bibliotecas por tratarse de un invento introducido por los europeos, tras la llegada de las carabelas colombinas. Muy al contrario, mi país, México, tiene como título y debe tener como título la llegada de la primera imprenta instalada en el continente americano, que pasa, como ustedes recuerdan, de Alemania a Barcelona, de Barcelona a Sevilla, y de Sevilla a México. En 1539 ya funciona la primera casa editora de libros en México, casa que se mantiene hasta el presente. Después he podido observar que la primera imprenta en el territorio actual de los Estados Unidos es de 1639, justo cien años después de la de México, que no solamente había llegado, sino que había florecido, porque la producción mexicana del siglo XVI es magnífica, como se puede ver en la famosa bibliografía de Joaquín García Icazbalceta. Llegaron asimismo las Universidades; el Derecho romano; el Derecho canónico y Derecho de la península ibérica; la Medicina en lo que valiera; la Teología y las Matemáticas; la
3 Cosmografía y las Casas de Moneda. México, junto a la imprenta, recibe una importante fundición que todavía hace la moneda de Asia y de otros países del Mundo. Se produce la transformación de los transportes terrestres y acuáticos, acompañados por la introducción de los ganados de vianda, lana, carga y tiro. Vienen cambios en la tecnología de la producción económica, por ejemplo, por la introducción del arado - espléndidamente estudiada por el etnólogo francés Stresser- y del beneficio por azogue de los metales, invento que tiene lugar a mediados del siglo XVI en las minas de Pachuca de México, por Bartolomé Medina, y que luego, en virtud del flujo y reflujo, repercute incluso en Andalucía, porque esa invención del tratamiento por azogue, después regresa a España y se introduce desde México al Perú, y también a las minas de Guadalcanal. Tampoco podemos olvidar el urbanismo occidental; las artes, la música y sus instrumentos -incluyendo la guitarra y la equitación. Curiosamente, hay que añadir también las corridas de toros -es una casualidad que nuestra reunión tenga lugar en la misma sede del famoso ruedo sevillano. Las peleas de gallos, en algún viaje las vi como grandes ceremonias de los pueblos de Filipinas, que salen a los caminos con los gallos y van al lugar con grandes exhibiciones de flores y carruajes. Es ésta una fiesta que en España no tiene tanta repercusión como en Hispanoamérica. Pensamos en el desarrollo de la lengua y la literatura de los mexicanos después de 1519, y pregunto: ¿se puede reducir al encuentro y a la coexistencia del castellano con el náhuatl, o con las otras lenguas indígenas de México? Ese contacto existe, como se ve claramente en el habla de Yucatán, mi tierra natal, por la presencia del idioma maya, que todavía se escucha en la plaza de la ciudad de Mérida. Pero también viene del arraigo y el florecimiento de la lengua y la literatura de los emigrantes y de sus descendientes que emplean el español, lo cual no se puede reducir a la primera figura del contacto aludido. Tomemos el ejemplo magnífico de Sor Juana Inés de la Cruz, que no ignora y aun juega con la presencia del indígena y el africano, mas también sabe su lengua propia, de criolla mexicana. Lee a los autores clásicos de España y adopta sus giros barrocos. Posee asimismo la lengua latina y escribe en ella. Es claro que no todos los emigrantes, ni sus descendientes mexicanos, después de 1519, dominan tales campos, ni descuellan en ellos como la llamada "décima musa de Nueva España", pero su excelente ejemplo abre el camino para la comprensión del panorama lingüístico y literario después de la conquista española, sin falsearlo ni empobrecerlo. No es posible reducirlo al simple contacto o encuentro hispanoindio presente, y lo que se ve claramente en este caso puede servir de guía para entender todo el fenómeno
4 cultural neohispano, creado por la llegada de los pobladores hispanohablantes al suelo pluricultural indígena. Por lo que toca al Arte, acabamos de celebrar en México el centenario de Manuel Toussaint, que como resultado de sus amplias investigaciones decía que México ha producido siempre un arte valioso. Desde los hombres del neolítico y después con las diversas culturas indígenas, comparables a las de los grandes pueblos-, hasta nuestros tiempos, existe un esfuerzo creador, una imaginación plástica paralelamente a una imaginación musical, como enseguida veremos, y que constituye una de las características básicas de este pueblo. Creo que es mejor verlo así que repudiarlo, como solía hacerse con el arte bárbaro prehistórico o, como decía el propio Toussaint, dejar de dar valor al momento en que México deja de ser país indígena para tornarse en país incorporado a la civilización occidental, con sus marcadas características particulares. En el amplio campo de la música se ofrece la comparación del instrumental llegado con los europeos y el existente en las culturas indígenas, y se impone la distinción entre la música popular, la culta, la religiosa y la civil. En todas estas cuestiones, el músico mexicano moderno Carlos Chávez comienza por creer que la música azteca es la suma y compendio de todas las culturas indias que le antecedieron y le fueron contemporáneas en México, si bien acompaña esta afirmación con el reconocimiento de que no hay información histórica suficiente para hacer distinciones notables entre las diversas culturas indias en lo musical, ni indicios de que tales diferencias hayan sido de consideración. Aquí yo creo que los andaluces me van a entender muy bien, porque cuando se sienten como parte de España no olvidan que son andaluces, y a mí me pasa que, siendo mexicano, no olvido que soy yucateco. Hay que preguntarle a Chávez qué pasó con la música de los mayas. No se puede subsumir, como él lo hace, a la ligera, con la azteca del centro de México. Es otra cosa. En los libros de Diego de Landa hay suficientes referencias sobre los instrumentos, sobre los actos y sobre el carácter de la danza y la música de los mayas. Chávez no ignora que para algunos estudiosos de la música mexicana, el lapso de la época precortesiana ha sido juzgado tan bárbaro y espantoso como las ceremonias donde se dejaban oír principalmente, o bien, que al llegar la música europea en medio de las luchas entre la civilización y la barbarie - uso los mismos términos de Sarmiento- , se infiltró en el alma mexicana, modificándose y adaptándose al medio poco propicio que ofrecía un país reacio a las más altas manifestaciones de la cultura. Ésta es una de las tesis, pero Chávez considera que se trata de posiciones extremas, y denuncia tanto la que quiere ver excelsitudes desmedidas en la música prehispánica, como la contraria, que todavía - hasta hace relativamente muy poco
5 tiempo mantenían la mayor parte de nuestros músicos y musicógrafos distinguidos. Él prefiere examinar los instrumentos y las formas musicales aztecas con criterio más receptivo, y señala que la principal misión de la música consistió en tomar parte muy importante en el rito religioso y en la guerra. Tuvo también lugar, comenta, el esparcimiento profano en danzas y cantos, y llegó, tal vez, a alcanzar un alto grado de lirismo acompañando poesías de cierta naturaleza íntima y de expresión individual, aunque tal vez de preferencia con un sentido religioso. Se puede añadir a esta parte del texto de Chávez lo que significa la llegada de los órganos a las iglesias de México. Por fortuna, todavía hay excelentes organistas mexicanos formados en los mejores centros culturales del mundo, que tocan en Puebla, en México, en Morelia. Quien vaya a México, no debe perderse alguno de esos conciertos. Por último, pasando a otro campo, el de la cultura popular, se cuenta con el ejemplo reciente ofrecido por una celebración que tuvo lugar en la Ciudad de México el 20 de junio de 1988, cuan· do con alejamiento de los vehículos de combustible, se organizó una bella fiesta que fue calificada de "nacionalismo y mexicanidad", en la cual desfilaron por las calles espléndidos caballos, bien montados por charros mexicanos, por mujeres jóvenes vestidas con trajes de "adelitas", y por niños y niñas diestros y valientes. Tal vez algunos de los caballos pertenecían a la ahora llamada "raza azteca". Bien estuvo - y es de celebrar que esa manifestación de galanura y de aptitud ecuestre tuviera lugar en la capital mexicana recientemente. Creemos también que sí fue una muestra, como se dijo, de nacionalismo y mexicanidad. Pero seamos congruentes y aceptemos en nuestras mentes y sentimientos que ello ocurrió así porque elementos importantes como el caballo vinieron a nuestra tierra con la inmigración europea y ya forman parte entrañable e íntima de nuestra cultura popular. Entonces aconsejo que llamemos, en este caso tan evidente, a las cosas por sus nombres, y sin hipocresías, ni complejos, ni deformaciones, aceptemos nuestro legado cabal de cultura tal como es. Tengo todavía que mencionar la presencia de los descendientes de esos pobladores europeos, ya se trate de criollos, de mestizos, o de mulatos. Con razón ha sido advertida la aparición de nuevos tipos humanos en las regiones colonizadas, como resultado de los contactos geográficos, étnicos, sociales o culturales, que ocurren en América desde 1492, proceso que ha sido comparado con el de un laboratorio de formación de los nuevos pueblos. El mismo Carlos Pereyra, antes citado, nos dice que los conquistadores llegaran jóvenes al Nuevo Mundo, y por ello los ve ya más americanos que europeos.
6 Los españoles hablan de la coexistencia en los reinos de Indias de dos repúblicas: la de los españoles y la de los indios, que lentamente se acercan entre sí y crean terceros términos étnicos y culturales, diferentes de los iniciales. Poco a poco se destaca y crece la presencia cultural del mestizo, bien expresada por el Inca Garcilaso de la Vega (1539- 1616) cuando escribía en sus Comentados Reales: "A los hijos de español y de india, o de indio y de española, nos llaman mestizos, por decir que somos mezclados de ambas naciones. Fue impuesto por los primeros españoles que tuvieron hijos en indias. Por ser nombre impuesto por nuestros padres y por su significación, me lo llamo yo a boca llena y me honro con él". La historia de ese mestizaje étnico y cultural es muy amplia y compleja, aunque tampoco absorbe por su número o función toda la vida en Indias. Hace muy poco, el Museo de América, de Madrid, nos llevó una espléndida colección de pinturas que se llamaban "las castas de México", que son todas las mezclas de negro, indio, asiático, europeo, etc., y todas las familias que se formaron en las relaciones de la época. Siempre junto a los blancos, sean europeos, sean criollos, o a los mestizos, se menciona a todas estas castas que también son parte de la población y de la cultura popular nuestra. Los visitantes de México que van hacia el lado del Atlántico, desde que llegan a Jalapa sienten la fuerte presencia afroamericana, y por el lado del Pacífico, la que dejó el galeón de Manila que durante más de doscientos años fue un vehículo de comunicación uno de los primeros y más intensos con las tierras no solo de Filipinas, sino también de Asia, puesto que a Manila llegaban los chinos y otros asiáticos que venían de la India o de otras tierras de esa parte del mundo. Esto es lo que alcanzo a ver y que he tratado de explicarles brevemente.