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Prologo del editor : no contento el editor del quijote en miniatura, publicado en Paris en 1827 ... : en esta segunda edicion .

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PROLOGO DEL EDITOR- No con en o el edi o del Quijo e en minia u a, publicado en Pa ís en 1827, con habe dado en aque¬ lla p imo osa joya ipog á ica una mues a de su ene¬ ación al ingenio de Ce an es, quie e aho a epe i su abajo, como pa a da una p ueba de que su pasión y espe o á una p oducción an ma a illosa no pade¬ cen al e ación ni menoscabo. En es a segunda edición que p esen a al público, casi no hay di e encia de la p ime a, ó á lo menos no hay in e io esme o, co ¬ ección y lujo: pues o que á las láminas que enia la an e io se han ag egado dos mas; la una, que ep e¬ sen a el pasage de la Ven a que alude á la disco dia del campo de Ag aman e, omada de la colección de Ri e a; y la o a, que ep esen a la p ocesión de la dolo ida Bele ma y sus doncellas que ió D. Quijo e en la cue a de Mon esinos, omada de una edición i ancesa de la misma ob a. Van con odo mas espa- ! C p S en ol° nes pa a que sea mas cómoda de lee ; I n C ? ÍÍUe n ° Salsa un °l ú ne n demasiado g ueso, dida^aob 6 1110 T p °P o cion á su amaño, es á di i- una pa e i 6 " ^ ^ de los « ales cada uno es ces se "daÍ ”* 7 "' * h “*‘ ah < ™ - pues o no oen Lcu idado ^ “ de habc ^;«mbajolmp oi; c n S í e n TO ^? d d no po que imagine que de él pueda esX kX ia’ no po c ° m ° ^ , os admi ad ° es « dQs ( ’ «. ml, o “ a“ 0,1 SUS a anes »' conside a que an * a dl a a Y p opaga el cul o de su ídolo. De es e mismo a ec o nace el que haya dedicado algunos a os ociosos, y no pocos hu ados á o as a eas, á medi a en las pe ecciones del Quijo e, y á busca les en cuan o es dable su o igen, ya á la luz de la c í ica examinando el mé i o in e no de la ob a, ó ya á la luz déla e udición buscando no icias po donde pueda á lo menos colegi se, si no posi i amen e a e i¬ gua se, cuál ue el in en o de su au o al esc ibi la. Poco hay que descub i ó que deci en ambos pun os, po que la ama inmo al del Quijo e, asi en e los p opios como en e los ex años, ha despe ado la ambición li e a ia de muchos c í icos y e udi os, cuyos es ue ¬ zos han acla ado pun os dudosos en la ida de Ce ¬ an es, y conside ado sus p oducciones bajo mil di e¬ en es aspec os; ó sea ensayándolas á la pied a de oque de la c í ica ilosó ica y me a ísica de nues os dias, ó sea midiéndolas po las eglas de las doc inas li e a ias mas comunmen e seguidas; o a allegando da os con labo iosa p olijidad, o a o mando hipó esis con eó ico a e imien o; ya siguiendo al esc i o en su ca e a y buscando allí la azón de sus in enciones, ó ya pene ando en el esc i o y deduciendo de su exá- men, ó el in en o con que ue compues o, ó la na u¬ aleza y alo del ingenio que le p odujo. Una cosa hay que ni Mayans, ni Pellice , ni Na- a e e, con oda su e udición, ni Ríos, ni Bou e weck, ni Sismondi, con su c í ica, han alcanzado á descu¬ b i , á sabe : si, como co e po adición an igua, es el Quijo e sá i a de un suge o de e minado. Que lo e a del Duque de Le ma , a i ma on algunos na u ales y 3 ex ange os, á nues o en ende sin mo i o su icien e. Mas álida anda y pa ece mas undada la idea de que se p opuso nues o Ce an es, idiculiza en un hé oe imagina io las emp esas mas a e idas que disc e as, y el humo caballe esco y maniá icamen e gue eado del empe ado Ca los Y. Mucho pod ia escla ece y aun bas a ía pa a ilus a del odo es e pun o, el Busca¬ pié , si pa eciese; pe o aunque los mas de los bióg a os de Ce an es c een que exis ió semejan e ob a, un dándose en la adición cons an e, y el es imonio de algunas pe sonas que han asegu ado habe la is o y leído, según puede e se en los documen os n° i y 2 del Apéndice, lo cie o es que has a aho a no se ha dado con un ejempla de ella, ni den o ni ue a de España, po mas diligencias que se han p ac icado. No deja de hace ue za con a que haya habido Buscapié , su desapa ición comple a, ó su apa i¬ ción dudosa ; ni po o a pa e es e dad que el Ingenioso Hidalgo ue an desa endido cuando se p e¬ sen ó en público; siendo no o io po el con a io, que desde el año i 6 o 5 has a 161S, se hicie on ocho edi¬ ciones en los dominios de España; ediciones que se¬ gún cálculo de un juicioso y en endido c í ico de nues¬ os dias, equi ald ían á cincuen a en la p esen e época; y es imonio po lo mismo, de que u o la obia un éxi o muy supe io á odas las de su iempo, é igual al de la composición mas a amada, aho a que an o se lee y con an a acilidad se imp ime. Se ia sin emba go , eme idad a oja se á decidi po me as conje u as una cues ión ace ca de un hecho, y pa ece 4 po lo mismo, mas juicioso deja que el iempo acla e es e pun o de modo que no haya luga á la duda. Sin necesidad del Buscapié, pueden los que sus en¬ an se Cá los V el modelo de D. Quijo e, encon a azones en apoyo de su c eencia. De las inú iles y des uc o as gue as que mo ió y siguió aquel céleb e mona ca da es imonio la his o ia, asi como del e o e dade amen e caballe esco que mandó al ey de F ancia F ancisco I o ; y de su pa icula a ición á los o neos y es ines emedando las emp esas de los caballe os andan es de los iempos pasados, hay no pocos ecue dos cons an es. En la elación del Viage del P íncipe D. Felipe, po Cal e e de la Es ella, * emos cuán quijo escas e an las ies as dadas pa a di¬ e i al Empe ado y es eja á su hijo y he ede o, y señaladamen e en el o neo ó unción de Bins leemos cosas que pa ecen imi adas po Ce an es: la súplica p esen ada po los caballe os p esos po el supues o encan ado No ab och, las a en u as de su ingido cas illo y la apa ición de p incesas dolo idas acompa¬ sadas de enanos; siendo singula que es en allí has a los nomb es de caballe os T is e, Penado, de la Es- ella, y del León, en los cuales, sin mucha iolencia, pue en los a icionados á busca e imologías y as ea o ígenes de imi aciones po semejanza de oces, en¬ con a modelos copiados en las a en u as de la T i- ald! o en os í ulos de caballe o* de los Leones, de la Blanca Luna, ó de la T is e Figu a. * Véase el n° 3 del Apéndice. 5 N« liab a mucho queden mi pe iódico de es a capi al salió u a a ículo pn^ndienchs ^^ o i¬ ginal la íH^a de Ce an es, sino n*ki £-díTla locu a de un caballe dndaluz, en una ay^n iNja muy pa ecida á las de^ íigenKgoHidalgo Ci íma el esc i o anónimo unj^é md c s^ en apoyo d(Nm ase o : pe o habiéndose‘Ss^cu íd^Qa ci a en los xs ados- Unidos, esul ó se als^ desnuda. de bas an e m da- men o pa a me ece c édi o alguno. Los que no c een que se p opuso nues o g an in¬ genio idiculiza pe sona de e minada, suponen que in en ó acaba con el espí i u caballe esco, y po ello ama gamen e le culpan, y con an o mas encono, cuan o c een que lo consiguió en g a e daño de su pa¬ ia y del mundo odo. Sin que nos ciegue la pasión á Ce an es, ni empeñe en una e ca de ensa de cuan o hizo y pensó, puede demos a se la injus icia de seme¬ jan e censu a; no menos injus a po se muy gene al y consen ida. Tan o dis aba aquel g ande esc i o de que e des e a el espí i u caballe esco, que en oda su ob a da mues as de ap ecia le y ecomenda le en sumo g ado. Lo que sí c i icaba él, e a los malos li¬ b os de caballe ías , y bien cla o dijo po boca del canónigo, que debian compone se o os exen os de los de ec os de que adolecian los publicados has a en on¬ ces. En la ida de Ce an es emos si á él le animaba el espí i u gene oso y a e ido p opio de un caballe o, Y en los discu sos de D. Quijo e cuando no desba a, en los cuales no amos que e ía el au o sus p opias °puiiones , campean los a ec os nobles y al os pensa- mien os cons i u i os de la caballe ía. Po que es un caballe o an cabal, que emos an o al buen hidalgo , y omamos al pa e en sus abajos y o unas, aun¬ que loco, cual a a ez omamos en lasóle o o hé oe imagina io, si bien pin ado muy en su seso. Ni es cie o que con la publicación del Quijo e acabó en Es¬ paña el espí i u de caballe ía. Pos e io es á Ce an es Calde ón, en cuyos galanes eluce el pundono deli¬ cado del cas izo caballe o mode no, y es de c ee que Calde ón e a ó á los homb es de su iempo ; aunque como esc i o de ingenio y an asía, he moseó lo que copiaba. Si decayó en España la caballe ía, ue po que decaia en odas pa es al paso que se iban mudando las cos umb es; po que la ápida decadencia de la g andeza de la mona quía causó decaimien o y pos¬ ación en los ánimos españoles; pe o lejos de habe decaido mas ápidamen e que en o os paises, se man¬ u o con mayo enacidad, y aun dejó ales as os, que en iempos muy ecien es han admi ado los ob- se ido es e » ™ Se os, en las clases ín imas de la Península,ceno pundono , al i ez y a o ñ anc¡a , cie ¬ as p esunciones y anidades no comunes en las clases espec i as de o os pueblos, y en su índole y o mas cie amen e caballe escas. Bien cla o apun ó Ce an es cómo con enia a a los a gumen os caballe escos, y po cie o no ha sido su opinión c odo in uc uosa, pues que en iempos mode nos ha enacido en los poe as i no elis as la a ición a las edades medias y á pin a sus cos umb es, y ce aquí los poemas y no elas de Si Wal e Sco y 7 o as p oducciones po el mismo es ilo, si bien no de igual mé i o; las cuales si él ie a, o zosamen e hab ia de con esa que se ajus aban en alguna mane a con sus ideas de lo que debían se los buenos lib os de caballe ías. Po donde es ue za con eni en que hizo nues o esc i o un señalado se icio á la li e a u a mo¬ de na, indicando con sus consejos, y demos ando con su ejemplo, cómo e a posible esc ibi ob as de imaginación en que se he manase lo ideal con lo imi¬ a i o , lo na u al con lo an ás ico, lo e osímil con lo ma a illoso, las e as con las bu las, lo se io con lo es i o, lo poé ico con lo ulga , a iando y mez¬ clando los es ilos y siguiendo asi la na u aleza, que en las cosas humanas odo lo apiña y e uel e sin adop¬ a clasi icaciones exclusi as; p opia in ención de c í¬ icos mas u ine os y dogmá icos, que ilóso os y obse ado es. De aqui nace el p incipal mé i o de Ce an es, y de aqui la admi ación y espe o con que en odas las naciones cul as es á ecibido su Quijo e. An es de es a p oducción había esc i as buenas ob as en e so y en p osa, buenas epopeyas y agedias, y co¬ medias , y odas , y poemas co os; buenas o aciones , y his o ias, y a ados ilosó icos, y algunas medianas no elas, pe o no una composición an a ia, an ica, an nue a, an al alcance de odos, y á un mismo iempo an acomodada pa a di e i a los en endi¬ mien os mas ulga es, y asomb a y delei a á los e ílicos mas su iles y descon en adizos. Po eso gus a el Quijo e en odas lenguas, pues es e o g a e, 8 aunque común, pensa que en una aducción, po mala que sea, desapa ecen sus pe ecciones: que si asi uese) no pod ía blasona la ob a de se como es sin dispu a de p ime a ma ca. Ve dad es que muchos p imo es de es ilo y odos los de dicción an sob esa¬ lien es en el Ihgenioso Hidalgo, y odas las pin u as de cos umb es locales, no pueden conse a se ni en la aducción mas pe ec a, ni se bien en endidas po quien no conozca á España y su lengua, usos y cos¬ umb es. Pe o las al as y a as in enciones y ica an asía del au o , la no edad y na u alidad de sus ca ac e es, la i eza y sencillez de los diálogos, lo pa¬ é ico de algunas si uaciones, y la he mosu a de no pocas desc ipciones, odo queda bien exp esado ó di¬ iamos in ac o en una aducción ex ange a bien ejecu¬ ada; al modo que en los g abados conocemos y admi¬ amos la buena in ención, composición, dibujo, cla o oscu o, y aun has a cie o pun o descub imos el colo ido de la pin u a que ep esen an. Pa a hace es o palpable po ejemplos, la igu a del Bachille Sansón Ca asco, aslado el mas iel y i o posible del es udian e español, las del cu a, y ba be o, y ama, y sob ina, y las del en e o y Ma i¬ o nes , aunque gus en á los ex ange os po lo que ienen de con o mes á la na u aleza en gene al, gus an mucho mas á los Espióles, que conocen lo que ie¬ nen de pa ecido á las pe sonas y cos umb es de su pa ia; asi como en los e a os quien no ha is o á los o iginales, solo admi a lo bien pin ado, y quien 1° 5 lia is o admi a ademas la pe ec a y animada seine- janza. Pe o D. Quijo e y Sancho no son e a os; son concep os o iginales en que eluce la an asía de su c eado , con o mas y acciden es humanos; po que si no se ian mons uos; en es que sin se eales pa ece que lo han sido, y que i en en nues a imaginación como ecue dos de pe sonas conocidas. Bien pueden o os esc i o es pin a ca ac e es como los p ime os con igual acie o y maes ía, pe o á los segundos no puede oca sino el maes o que los concibió y bosquejó, y les dió cue po y colo es, ó si alguno los oca se á solo pa a saca de ellos copias con odas las impe ¬ ecciones de ales. C ea semejan es en es es p e oga i a de los mas al os ingenios. En ascándose en lo ideal dan muchos esc i o es en ex a agancias: copiando la na u aleza sacan no pocos au o es ob as de g an mé i o , g andí¬ simo , mas nunca de aquellas que nos so p enden, y conmue en, y delei an en g ado ex ao dina io, y quedan es ampadas en nues a imaginación como mo¬ delos de géne os dis in os. Fuese cual haya sido la idea o iginal de Ce an es al compone el Quijo e, su alen o y es o p odigioso ue on causa de que saliese su concep o an nue o, an alien e y an na u al. Juzga le po eglas que siguie on o os, es no en ende le. Asi Ríos, cuando p e endió que e a el Ingenioso Hidalgo una epopeya bu lesca, 110 dijo mas que i ialidades; y aunque homb e de {jus o ino y de conocimien os ex ensos, no menos que oscn o elegan e y pu o, hizo en su análisis una ob a solamen e, y si acaso, mediana; imi ación del dis-