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El monumento a la Inmaculada Concepción en Sevilla: un "triunfo" del pasado

Espiau Eizaguirre, Mercedes

Abstract

El 8 de Diciembre de 1918, festividad de la In-maculada, se inaugura en Sevilla un monumentoa la Concepción, celebrando con ello el tercer cen-tenario del voto y juramento concepcionista hechopor los dos cabildos de la ciudad en 1617.Este monumento —al igual que el que hacíapoco tiempo había sido aprobado en homenaje aColón—, se debió a la iniciativa privada que, demano de ciertos estamentos ciudadanos, sufragó elproyecto por suscripción popular. Su construcciónse plantea oficialmente el 5 de Julio de 1917, fe-cha en que D. Ramón Ibarra y González pide li-cencia al Ayuntamiento de Sevilla para situar en laPlaza del Triunfo un monumento a la InmaculadaConcepción, «interpretando el sentir de muchos se-villanos, amantes de las tradiciones de ésta nuestraciudad, y más amantes aún del honor y la gloriaque puedan dar a la santísima Virgen en el Miste-rio de su Concepción Inmaculada...».La tradición mariana de la ciudad de Sevilla, ymás concretamente su defensa a ultranza del dog-ma de la Inmaculada, es un hecho sobradamenteconocido, por lo que no es de extrañar la gran aco-gida popular que tuvo el proyecto, así como la elec-ción del lugar de su emplazamiento

Full text

El monumen o a la Inmaculada Concepción de Se illa. Un « iun o» del pasado MERCEDES ESPIAU EIZAGUIRRE El 8 de Diciemb e de 1918, es i idad de la In- maculada, se inaugu a en Se illa un monumen o a la Concepción, celeb ando con ello el e ce cen- ena io del o o y ju amen o concepcionis a hecho po los dos cabildos de la ciudad en 1617. Es e monumen o —al igual que el que hacía poco iempo había sido ap obado en homenaje a Colón 1—, se debió a la inicia i a p i ada que, de mano de cie os es amen os ciudadanos, su agó el p oyec o po susc ipción popula . Su cons ucción se plan ea o icialmen e el 5 de Julio de 1917, e- cha en que D. Ramón Iba a y González pide li- cencia al Ayun amien o de Se illa pa a si ua en la Plaza del T iun o un monumen o a la Inmaculada Concepción, «in e p e ando el sen i de muchos se- illanos, aman es de las adiciones de és a nues a ciudad, y más aman es aún del hono y la glo ia que puedan da a la san ísima Vi gen en el Mis e- io de su Concepción Inmaculada…» 2. La adición ma iana de la ciudad de Se illa, y más conc e amen e su de ensa a ul anza del dog- ma de la Inmaculada, es un hecho sob adamen e conocido, po lo que no es de ex aña la g an aco- gida popula que u o el p oyec o, así como la elec- ción del luga de su emplazamien o 3. Po o a pa e, la eligiosidad se illana siemp e ha es ado eñida de un ca ác e muy ba oco, muy i encial, cuyo p incipal p o agonis a ha sido el es- amen o popula , p esen e en odo ipo de mani- es aciones eligiosas calleje as, o ganizadas o no. En es e sen ido, la Iglesia, que desde la e olución de 1868 había su ido un alejamien o del pueblo pa a ap oxima se a la clase bu guesa, sigue enien- do un peso especí ico muy ue e en Se illa, don- de en 1904 el Ca denal Espínola o ganiza la co o- nación de la Vi gen de los Reyes pa a conmemo a el dogma de la Inmaculada 4. La p edisposición ciudadana, pues, es aba cla a desde el p ime momen o. Pe o además, no hay que ol ida que la ciudad se encon aba po aquellas echas inme sa en la g an emp esa de la Exposición Ibe oame icana, que lle a ía a con e i la u be en un inmenso mues a io de lo que supuso la cul u- a y la es é ica nacionalis a impe an e po es os años en España. Ín imamen e ligados a es e espí i u na- cionalis a su gen los mo imien os egionalis as, en muchos casos como solución de u gencia pa a sal- 1«Nue e de Feb e o de 1917. El ayun amien o acue da le- an a un monumen o a Colón en el paseo de Ca alina de Ribe- a». Vid. TRILLO DE LEYVA, M.: La Exposición Ibe oame icana, Se illa, 1980, pág. 190. 2A chi o Municipal de Se illa. Monumen os, Ca p. 2. Neg. Ob as Públicas, Exp e. 52. 3«La sun uosidad y ca ác e de los edi icios que odean es a plaza y su p oximidad a nues a Basílica, en la que en 1617 u o luga aquel o o y ju amen o, son azones que jus i ican se haya pensado en escoge el ci ado luga pa a le an a en él el monu- men o en p oyec o», C . A.M.S. Monumen os, Ca p. 2. Neg. O.P., Exp e. 52. 4VILLAR MOVELLÁN, Albe o: A qui ec u a del Regionalismo en Se illa, Se illa, 1979, págs. 63-64. MERCEDES ESPIAU EIZAGUIRRE540 a la de e io ada conciencia nacional del país y con mi as a indi idualiza ca ac e es p opios, a in de consegui una cie a au onomía cul u al e ideoló- gica. Todo es e p oceso iene de la mano de un amplio es udio del pasado his ó ico de la egión, en el que la a ención se cen a undamen almen e en el olklo e y en los a a ismos cul u ales p opios, lo que conlle a una base his o icis a muy ue e. En es e sen ido es muy ilus a i o el pá a o de Felipe Co ines, que en su Elogio de Se illa dice «… de es os lib os iejos que encie an la adición, nace en las ciudades y en las naciones la concien- cia de la p opia pe sonalidad, el sen imien o de una misión cons an e, el anhelo de es au a la g ande- za pasada, el ges o de dominio pa a consegui la hegemonía u u a, …» 5. Es en es e ambien e en el que se desa ollan los p oyec os de la Se illa egionalis a, que desde p in- cipios de siglo, comenza á su andadu a po es e ca- mino, con una cie a nos algia po los días glo io- sos de su pasado, hacia los cuales uel e su mi ada en un a án de ecupe a la g andeza pe dida, u ili- zándola como base y ejemplo pa a un nue o « e- nacimien o» cul u al. Du an e es a e apa se emp ende án una se ie de ope aciones u banís icas y de aja dinamien o de la ciudad, sob e odo en la zona su de la misma, don- de se ubica ía la mues a ibe oame icana, e o mán- dose, po ejemplo, las plazas del Ca denal Lluch y del T iun o 6. En es a úl ima ue donde se si uó el monumen o a la Inmaculada Concepción. El monumen o, al como lo desc iben los do- cumen os, «… a anca á del suelo con una g ade- ía de es peldaños, descansando sob e és os el ba- samen o del monumen o, que es p ismá ico de sección cuad ada, con moldu as de base y p olon- gación; encima de él an cua o pilas as de o den jónico con en ablamen o de base cuad ada. En el basamen o an adosadas cua o es a uas que ep e- sen a án a Mu illo, Ma ínez Mon añés, Miguel del Cid y al Pad e Juan de Pineda. Sob e el en ablamen o es a á el g upo que co- ona el monumen o y que ep esen a a la Inmacu- lada odeada de ángeles, con o me al cuad o de Mu illo, que es á en Pa ís, i ulado La Concepción g ande del Lou e. Rodea á al monumen o un pequeño ja dín que es a á ce cado po un ce amien o que ha de lle a cua o ca elas deco a i as. La del en e dedicada a S.S. Pío IX; la pos e io lle a á el escudo de la ciudad y la dedica o ia del monumen o, y las la e- ales los nomb es de los se illanos que se dis in- guie on po su e o a la Inmaculada. La al u a o al del monumen o se á de algo más de 16 me os y el ce amien o o ma á un cuad a- do de 8 me os 50 cen íme os de lado. El g upo de la Inmaculada se á de má mol blan- co de I alia; el en ablamen o y pilas as de pied a azulada de Mu cia; el basamen o de pied a Almo - quí; las cua o es a uas ambién de pied a azulada de Mu cia, y los es peldaños del ce amien o se- án de má mol de colo de Sie a El i a» 7. La ob a en su conjun o ue lle ada a cabo po es de los a is as más des acados del ambien e de la ciudad. El au o ma e ial de las escul u as ue el escul o Lo enzo Collau Vale a; el diseñado del monumen o, José Espiau y Muñoz y el esponsa- ble de la o denación u banís ica y del aja dina- mien o de la plaza, el a qui ec o municipal Juan Tala e a y He edia. El monumen o en sí es, pues, un iun o, mo- numen o eligioso cuya ipología se desa olla eno - memen e a pa i del siglo XVII. En Andalucía la p esencia de los iun os es muy nume osa. Encla- ados en plazas, c uces de calles o en adas de ciu- dades, suponen una cla a mani es ación pública del espí i u eligioso y del e o popula p opios de la cul u a ba oca 8. Pe o se á du an e el siglo XVIII cuando los iun os adquie an un mayo desa o- llo en la geog a ía andaluza. Es p ecisamen e en es a 5Ci ado po Villa Mo ellán, Albe o, op. ci ., pág. 81. 6Es as e o mas y aja dinamien o de las plazas se illanas ue- on gene almen e ealizadas po el a qui ec o municipal Juan Tala e a y He edia, pad e del que Guicho de inió como el «Ja - dín se illano», basado en la adición musulmana, jun o con las enseñanzas de Fo es ie y ap oximándose a las concepciones de Rome o Mu ube. En la plaza del T iun o Tala e a desa olla, sin emba go, un ipo de aja dinamien o más ce cano al squa e inglés que al ipismo se illano. En él abandona la concepción in imis a y sensual, la ce ámica y al azaha , pa a con o ma un espacio am- plio y despejado en el que el monumen o es p o agonis a. 7A.M.S. Monumen os, Ca p. 2, Neg. O.P., Exp e. 52. 8El p ime iun o andaluz dedicado a la Inma iculada es el que le an ó Alonso de Mena en 1631 pa a la ciudad de G a- nada, donde ue colocado delan e de una de las pue as de la ciu- dad. C . BONET CORREA, An onio: Andalucía Ba oca, Ba celo- na, 1978, pág. 247. EL MONUMENTO A LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE SEVILLA. UN «TRIUNFO» DEL PASADO 541 cen u ia cuando se cons uye el monumen o del T iun o en Se illa, cla o p eceden e del que se es á analizando. Se e igió en 1755 como acción de g a- cias po los escasos daños causados en la ciudad po el e emo o de Lisboa, alzándose an e la achada o ien al del edi icio en la Lonja. Al igual que el T iun o, el monumen o de 1918 cons a de una g ade ía sob e la que se alzan cua o pilas as, que o mando un bloque uni a io con en ablamen o y co nisa únicos, sus en an una ima- gen de la Inmaculada, omada di ec amen e de la que Mu illo pin ó pa a el Hospi al de los Vene a- bles. Es a ipología se man iene, como e emos, en los dis in os p oyec os de José Espiau, así como en la ob a de ini i a. E ec i amen e, en odos pe sis e la es uc u a básica del iun o y la iconog a ía de la Inmaculada, aunque cada uno de ellos posee cie - as a ian es deco a i as y, en dos de los casos, las cua o pilas as son sus i uidas po una columna de us e acanalado, ado nado con una gui nalda. Se a a, po an o, de una asposición, en pleno si- glo XX, de uno de los monumen os más ep esen- a i os de la cul u a ba oca, en el que se u iliza, no sólo la ipología básica del mismo, sino, inclu- so, se copia una ob a pic ó ica de un a is a se i- llano del siglo XVII, aduciéndola a bul o edon- do y desposeyéndola de colo . De es a o ma el monumen o se con ie e en odo un símbolo de la Se illa ma iana adicional, p incipal p omo o a de su cons ucción, a la ez que ecue da, no sin cie a nos algia, la glo ia de la ciudad ba oca y sus g andes genios. Espiau p esen ó seis p oyec os di e en es. El p i- me o ( ig. 1) p esen a una plan a ci cula , le emen- e ele ada, sob e la que se alza un podio de sec- ción cuad ada que sus en a al pedes al, ambién de o ma cúbica. Es e pedes al, que sigue en plan a las líneas del podio aunque a mayo escala, se deco a con cua o al a cillos en uelo, posiblemen e de ce ámica, que ocupan sus cua o en es. Es os al a cillos se o ganizan sob e una base sus en ada po dos pa es de ménsulas, en línea con las dos pilas as que enma can el ecuad o cen al y se e- ma an con un on ón iangula de cuyo ímpano pende un pequeño a ol de hie o. Es os al a cillos, muy al gus o del «es ilo se illano», es án en la lí- nea de las «capilli as» de ce ámica que el Regiona- lismo si úa po las calles de la ciudad, e omando una de las adiciones más a aigadas en la de o- ción popula del ba oco se illano 9. El enlace del pedes al con el podio se p oduce median e cua o pa es de ménsulas, un pa en cada en e, sal ado así el ángulo que se o ma en e ambos elemen os. El conjun o del pedes al se ema a con una co ni- sa que sigue igualmen e las líneas de sus ángulos. Sob e el pedes al desc i o se ele an cua o pilas as con sus co espondien es capi eles co in ios, ema ándose el conjun o con un en ablamen o liso y una co nisa de amplio uelo. La cúspide del mo- numen o lo ocupa la escul u a de la Inmaculada Concepción que sigue la iconog a ía adicional de la Inmaculada apocalíp ica, dada a conoce sob a- damen e du an e el ba oco se illano. El segundo p oyec o ( ig. 2) p esen a exac amen- e la misma es uc u a en plan a y alzado que el p ime o, con la única di e encia de que las ménsulas de enlace en e el pedes al y el podio si - en como elemen os sus en ado es de las cua o es- cul u as, las cuales quedan adosadas a los en es del pedes al en sus i ución de los al a es. En el e ce p oyec o ( ig. 3) el monumen o se hace más complejo. Sigue pe maneciendo la plan- a ci cula y el basamen o cuad ado. Po el con a- io, las ménsulas ocupan los ángulos del pedes al, si bien siguen cumpliendo la misma unción de sus en ado as de las cua o imágenes an es mencio- nadas, apa eciendo en los en es paneles deco a i- os como en el p ime p oyec o. El pun o de unión en e la co nisa del podio y la basa de las pilas as inco po a aho a elemen os deco a i os nue os, con- sis en es en unos medallones ema ados po angelo es y enma cados po olu as. Ocupando los ángulos del conjun o se colocan pa es de lame os del más pu o es ilo clasicis a. El es o del monu- men o pe manece inal e ado. La cua a solución ( ig. 4) es una simpli icación de la an e io . Con inúan los paneles deco a i os en los cua o en es, los medallones y los lame os, pe o han desapa ecido las escul u as de los ángu- los y las ménsulas de enlace han uel o a ocupa la posición que enían en los dos p ime os p oyec os. 9La inclusión de pequeños e ablos y ho nacinas en las a- chadas e in e io es de las casas en una cons an e en la ob a de Espiau. Es as capilli as suelen se un panel de azulejo, siemp e con algún mo i o eligioso, lanqueado po jambas cajeadas y co onadas po un on ón iangula o de medio pun o, odo ello de lad illo. Como se puede obse a , és a es exac amen e la ipología de los al a cillos del p oyec o núme o 1. MERCEDES ESPIAU EIZAGUIRRE542 El quin o p oyec o ( ig. 5) di ie e ya básicamen e de los an e io es. Man iene la plan a ci cula de los demás, si bien en ese caso se desa olla en al u a, cons i uyendo unas g adas sob e las que se ele a el podio que sus en a el pedes al. És e sigue es uc- u ándose en sección cuad ada, si bien en sus cua- o en es se adosan o os an os monoli os cúbi- cos, que si en de base a sendas escul u as y que se p oyec an hacia las g adas po medio de los pa es de ménsulas an e io men e u ilizadas. Se compo- ne así una es uc u a escalonada, que con un ue - e juego de olúmenes, impulsa la base del monu- men o hacia el elemen o ascencional más ue e del conjun o: la columna. E ec i amen e, la mi ad su- pe io del monumen o ha dejado de se la suma de cua o pilas as pa a con e i se en un solo us- e ci cula y acanalado que, ema ado po un capi- el co in io, se ado na en su e cio supe io con una gui nalda esculpida en la misma pied a, muy al gus o neoclásico. La igu a de la Inmaculada pe - manece igual que en los casos an e io es. El úl imo p oyec o ( ig. 6) gua da muchas concomi ancias con el quin o. En e ec o, se a a de la misma es uc u a, aunque e es ida de una mayo g andilocuencia, que le iene dada sob e odo, po el especial desa ollo del pedes al. Al igual que en el caso p eceden e, las cua o igu as ocu- pan los en es del p isma base, pe o en es e caso las es a uas, a pesa de se más pequeñas que en el p oyec o an e io , ocupan una posición más ele a- da ebasando la co nisa del pedes al. Es o ocu e po que se le an an sob e un doble basamen o. El p ime o lo cons i uye un p isma cúbico de g an amaño, ado nado con gui naldas y escudos, del que pa en los clásicos pa es de ménsulas que en- lazan con las g adas. Sob e él, se si úa el segundo, que apa ece como el sopo e di ec o de la igu a. En es e caso, pues, el pedes al del monumen o se desa olla a base de la acumulación de cua o ele- men os independien es, que dan al conjun o una mayo p es ancia y sun uosidad. La ob a inal, la que se puede obse a hoy día, es el p oduc o de algunas emodelaciones 10 y no co esponde exac amen e a ninguno de los p oyec- os mencionados, si bien man iene su es uc u a básica. Se deshecha la solución de la columna úni- ca pa a op a po el conjun o de las cua o pilas as con en ablamen o co ido y co nisa. Se man iene la misma iconog a ía inmaculadis a y las cua o i- gu as que odean el pedes al. Sin emba go es as i- gu as quedan como me o ado no escul ó ico de aquél, al le an a se sob e unos p ismas muy sim- ples y es a ma e ialmen e pegadas a los cua o en- es del mismo. Po o a pa e, las g adas han aban- donado la plan a ci cula pa a con e i se en un oc ógono i egula , e inco po a en sus lados me- no es unas ca elas en las que se concen a una mayo p o usión deco a i a, a base de co es mix ilíneos, gui naldas y ege ación bulbosa, enma cando las insc ipciones a que aluden los do- cumen os. El conjun o ha quedado mucho más modes o que los p oyec os p esen ados, más ce cano al gus- o neoclásico, en el que el blanco, símbolo de la pu eza, es el p o agonis a. La limpieza y simplici- dad de líneas emi en igualmen e al neoclasicismo y con a an con la igu a mo ida y llena de i ali- dad de la inmaculada mu illesca. Se a a, pues, de una solución in e media en la que las e e encias ba ocas y neoclásicas se mezclan de o ma muy simple, dando como esul ado un conjun o acep- able den o de la es é ica his o icis a que domi- naba la ciudad en aquellos momen os. El conjun o, como se comen ó, es ob a de es a is as: el escul o Lo enzo Collau Vale a y los a - qui ec os José Espiau y Muñoz y Juan Tala e a y He edia. Collau , discípulo de Susillo, con écnica suel a y espí i u ealis a —aunque sin abandona los cánones del academicismo—, esculpe las igu- as de los cua o inmaculadis as se illanos que, o- deando el pedes al del monumen o, e ue zan con su p esencia la adición his ó ica de Se illa en su de ensa del dogma. En la cúspide se alza la Inma- culada, que aduce en la pied a la sol u a y la lí- nea de lienzo de Mu illo. La escul u a se illana del siglo XX con inúa ape- gada a la adición academicis a de la cen u ia an- e io . Y, conc e amen e la escul u a pública sigue bebiendo de las uen es del oman icismo y del ea- lismo bu gués p eceden es, imp egnado de signi i- cado didác ico y di igido en casi odas las ocasio- nes po el pode local. Así pues, el monumen o público, con odo su a án ealis a, de ácil asimila- 10 En el mes de Ab il de 1953 se solici a licencia pa a es- au a el monumen o, cuyas ca elas y es a uas se encuen an muy de e io adas, así como pa a la colocación de una e ja p o ec o- a del mismo. C . A.M.S. Monumen os, Ca p. 2. Neg. O.P. Exp e. 52. EL MONUMENTO A LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE SEVILLA. UN «TRIUNFO» DEL PASADO 543 ción popula , se si úa en medio de un conjun o u - banís ico donde adquie e su au én ica signi icación, de mane a que «… se da un comple o p oceso de hondo con enido semiológico, donde lo igu a i o de una escul u a desc ip i a, na a i a (…), quizá cla amen e ol idada de su insepa able na u aleza de o mas plás icas con peso, consis encia y olumen, da a odo un p oceso g andilocuen e u banís ico, ambien ado bien en e edi icios de la época, bien en e ja dines y a boleda, los con enidos, la ase, el ó ulo o la igu a, en la que se enca na el e da- de o signi icado in encional de su nacimien o» 11. No se puede, po an o, en ende es e monumen- o si no es den o del en o no en que se ubica. Y no es sólo el en o no ísico al que me e ie o, sino am- bién al en o no in elec ual e his ó ico. Desde el si- glo XIX el ema del monumen o público iene sien- do p o agonis a, p olongándose en Se illa du an e oda la p ime a mi ad del siglo XX al po encia se con la celeb ación de la Exposición Ibe oame ica- na. En es e sen ido, el monumen o público se illa- no se e inme so en odo el p oceso egionalis a que se desa olla en la ciudad. El Regionalismo se illa- no expe imen a a pa i de 1914, un p oceso de ap oximación al ba oco as habe pasado una p i- me a ase ligada al neomudéja -pla e esco, que se e ue za du an e los años 17 al 23, sob e odo en el aspec o a qui ec ónico 12. No hay que ol ida que el monumen o a la Inmaculada se enca ga en 1917 y se inaugu a en el año 18; que la inicia i a pa e de un g upo de homb es p óximos a la adminis a- ción local y que Espiau y Collau son dos a is as ín imamen e ligados a la emp esa de la Exposición Ibe oame icana e inme sos en el ambien e egiona- lis a que i e la ciudad en esos momen os. Así pues, no es casual que la elección del mode- lo pa a el monumen o a la Inmaculada sea p eci- samen e el iun o, no ya po la adición que es a ipología iene en ie as andaluzas, sino po las es- peciales ca ac e ís icas ambien ales que odean su e ección. Pe o además, el mundo del ba oco es á igualmen e p esen e en la iconog a ía de la igu a: una inmaculada de Mu illo, pin o de inmaculadas po excelencia y de un eno me a aigo en la ciu- dad 13. Po o a pa e, la p opia colocación del mo- numen o en la plaza iene una es uc u a ba oca, al si ua se en el pun o más ele ado del conjun o, en un ex emo del ó alo de la plaza y con una o - denación en pe spec i a cla amen e ea al. Se a a, pues, de un monumen o al pasado, pe o en endiendo el pasado como única posibilidad de u u o. Es un compendio de oda una se ie de a- diciones que se unen en un símbolo uni e sal: la Se illa ma iana, la glo ia del Siglo de O o, la pa - icipación de las ue zas i as de la ciudad. En de- ini i a, el enace de una cul u a au óc ona que no iene que in en a nada nue o, sino ec ea su p opia pe sonalidad. Me cedes Espiau Eizagui e 11 SÁNCHEZ-MESA MARTÍN, Domingo: El monumen o al Ma qués de La ios y la p oblemá ica de la escul u a decimonónica, «Re is a Baé ica» 2 (I), Málaga (1979). 12 Es a mi ada hacia la es é ica ba oca es p oduc o de la búsqueda de las aíces más pu as de la egión, de o ma que el ba oco se con ie e, as la he encia islámica (neomudéja ) y la clásica (pla e esco), en la plasmación ísica de la cul u a c is ia- na, que cuen a, además con nume osos y cas izos ejemplos en el campo andaluz, en la a qui ec u a de co ijos y haciendas. Es e cas icismo a qui ec ónico a aigó eno memen e en la ciudad de Se illa, has a el pun o de que sigue p esen e incluso en nues os días. C . VILLAR MOVELLÁN, Albe o, op. ci ., págs. 313-315. 13 «En la e is a “Se illa Ma iana” [II (1922), 330 y sigs.] se da minuciosa no icia de odos los ac os o ganizado es po la Asociación de Jó enes de la Inmaculada, po el que se conme- mo a sob e odo a Mu illo pin o de Inmaculadas». C . ANGU- LO ÍÑIGUEZ, Diego, Mu illo. Su ida, su a e, su ob a, Vol. I, Ma- d id, 1981, pág. 232. MERCEDES ESPIAU EIZAGUIRRE544 Fig. 1. A chi o Espiau, M o. 1. (6). O iginal, plan a y alzado. Tin a neg a sob e papel ela.