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El estado del bienestar y la distribución de la renta en las sociedades avanzadas

Díaz Calleja, Emilio

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Emilio Díaz Calleja1[211] EL ESTADO DEL BIENESTAR Y LA DISTRIBUCIÓN DE LA RENTA EN LAS SOCIEDADES AVANZADAS (testo contenuto in “La nueva economìa politica de la globalizaciòn”, a cura di J. Arriola-D. Guerrero) 12.1. La leyes económicas, el Estado y la globalización El debate sobre la naturaleza de las economías de mercado ha sido recurrente en la historia del análisis económico. Una de las grandes preocupaciones de los economistas clásicos fue precisamente, como nos recuerda Walter Eltis (1984), tratar de comprender el complejo mecanismo que rige el funcionamiento del sistema económico, cuyo carácter 'autoregulado' atribuyeron a la acción de leyes de orden natural. En general, los economistas clásicos creían que la economía poseía un cierto 'curso natural', o tendencias de largo plazo en el lenguaje moderno, que era fundamentalmente independiente de toda pretensión de controlar los asuntos económicos por parte del Estado, y ello tanto para lo bueno como para lo malo. Sin embargo, pese a la importancia de esta tradición intelectual, el análisis económico moderno parece estar más vinculado al punto de vista contrapuesto; a saber, a la idea básica de que las poderosas fuerzas que rigen la acumulación pueden ser gobernadas por un propósito diferente, que dimanaría en definitiva del Estado, del que subyace en el mundo de los negocios, también para lo bueno y para lo malo2[212]. Por otra parte, la idea de globalización, término éste que admite múltiples acepciones, en no pocos casos confusas e incluso contradictorias (véase por ejemplo, en este mismo libro, el excelente ensayo de Paolo Guissani), parece subrayar la existencia de un proceso a escala mundial de interpenetración cultural, que tendría su eje articulardor en la intensificación de los flujos económicos internacionales, y que comúnmente se ha presentado como una problemática novedosa, especialmente en tanto que subvierte la capacidad del Estado para controlar las economías nacionales, sobre todo su vertiente financiera. En este ensayo nuestro propósito principal es indagar, por medio de una aproximación de carácter esencialmente empírico, elaborada en otro lugar (cfr. Díaz Calleja, 1993), hasta qué punto la intervención del Estado, y particularmente las instituciones del denominado 'Estado del bienestar', han tenido en la práctica capacidad para cambiar las pautas 'naturales' de distribución de la renta en las sociedades capitalistas avanzadas3[213]. En particular, nuestro interés se centrará en medir el grado en que las actividades financieras del Estado, consideradas en su conjunto, han alterado la distribución de la renta dada por las fuerzas internas del proceso de acumulación de capital. Es decir, se trata aquí de lo que ha dado en llamarse >estudios de incidencia presupuestaria neta= (cfr. Saunders y Klau, 1985; pp. 304 y ss.). Para realizar este estudio utilizaremos como categoría operativa básica el llamado *impuesto neto+, propuesto por el economista norteamericano E. Ahmet Tonak4[214]. 1[211] Departamento de Economía Aplicada, Universidad de Sevilla; [email protected] 2[212] El punto de vista clásico puede resumirse bien con las palabras de Antoine Augustin Cournot: *...debe reconocerse que cuestiones como la libertad de comercio no se resuelven ni por los argumentos de los hombres de ciencia ni aun por la sabiduría de los hombres de Estado. Un poder superior arrastra a las naciones en esta o aquella dirección, y cuando los días [saludables] del sistema han pasado, no se restablece su vitalidad ni con buenas razones ni con sofismas. La habilidad de los hombres de Estado consiste, por consiguiente, en atemperar el ardor del espíritu de innovación, sin intentar una lucha imposible contra las leyes de la Providencia+ (citado en Robbins, 1961; p. 3).Por su parte, la percepción moderna encuentra acogida en las siguientes conocidas palabras de John Maynard Keynes: *...las ideas de los economistas y de los filósofos políticos, tanto cuando son correctas como cuando están equivocadas, son más poderosas de lo que comúnmente se cree. En realidad, el mundo está gobernado por poco más que ésto+ (1936; p. 337). 3[213] No debe perderse de vista, en este sentido, que el estudio de las pautas de distribución de la renta constituye uno de los objetos preferentes tanto para los economistas clásicos como para los economistas modernos. Así, de acuerdo con David Ricardo, éste es precisamente el *problema primordial de la Economía Política+ (1821; p. 5). Nuestra intención es sencillamente contribuir al debate sobre este particular, tratando de identificar empíricamente, para seis grandes países capitalistas contemporáneos (Estados Unidos, Alemania (RFA), Reino Unido, Francia, Italia y Japón), dentro del período 1960-1990, los límites operativos de la capacidad redistributiva del Estado. 4[214] La idea de *impuesto neto+ (traducción literal de la voz inglesa *net-tax+) hace referencia al impacto final, positivo o negativo, de los impuestos -en sentido muy ampliosobre las rentas salariales y no salariales una vez deducidos los beneficios que se derivan, Este análisis es pertinente para dilucidar hasta qué punto las instituciones del Estado del bienestar pueden alterar las pautas de la distribución de la renta dadas espontáneamente por el sistema. Esta evaluación, aún siendo meramente aproximativa, constituye en nuestro criterio una premisa necesaria para poder aventurarnos a valorar lo que se supone es más específico de la globalización. La razón es clara: si atribuimos a la globalización la capacidad de substraer del Estado nacional el control de la economía, será porque dicho control se ha manifestado a su vez en la forma de una modificación de las tendencias intrínsecas que subyacen en el sistema económico, particularmente en el ámbito de la distribución de la renta. De esta forma, si podemos negar la mayor (que la incidencia de la intervención del Estado haya alterado en lo substancial la pauta intrínseca de distribución de la renta en las economías capitalistas avanzadas), entonces la globalización, en la medida en que se refiere a la pérdida de control estatal sobre los procesos económicos, habrá de resituarse en un escenario bien diferente; a saber, como una mera manifestación externa de las propias leyes de la acumulación, manifestación por lo demás nada novedosa. 12.2. Distribución y redistribución de la renta En este epígrafe se lleva a cabo una descripción sintética del modelo teórico con el que vamos a representar, en general, el proceso de distribución de la renta característico de la economía capitalista. En particular, se trata de modelizar la incidencia del conjunto de las operaciones financieras del Estado sobre la distribución inter-clasista de la renta. El modelo que presentamos a continuación se fundamenta en la economía marxiana, razón por la cual las categorías utilizadas difieren de las categorías convencionales típicas en los estudios de distribución "funcional" de la renta. Desde esta perspectiva, la distribución capitalista de la renta significa, frente al punto de vista convencional5[215], la distribución del valor anual creado por el trabajo desarrollado en el sector productivo de la economía ─es decir, la renta interior─ entre la clase trabajadora, formada por el para estos segmentos de la población, de los gastos realizados por el Estado. Así, caso de que el *impuesto neto+ soportado por la clase trabajadora resultara ser negativo en un año y país concretos, entonces los salarios reales establecidos por el mercado agregado de trabajo se verán incrementados, lo cual tenderá a alterar la distribución de la renta (Cfr. Tonak, 1986). 5[215] Puesto que nuestro interés se centra en una reformulación crítica de la distribución inter-clasista de la renta implícita en el sistema de contabilidad nacional convencional, cuyo objetivo básico es replantear el problema de la distribución de la renta, y particularmente el de los efectos de la intervención del Estado sobre la misma, nuestra primera tarea será re-estimar los principales agregados del sistema contable sobre la base de la economía marxiana. Por esta razón es obligado detenernos, si bien en forma extraordinariamente sintética, en la propia concepción teórica de la renta por la corriente principal del análisis económico. A nuestro entender, el análisis convencional de la renta descansa en los siguientes principios: (i) La renta se vincula, en principio, a la realización en dinero (a través de la formación de los precios) del output resultante de la "función agregada de producción" de una economía. para un período de tiempo dado. Toda "función de producción" significa, en este contexto, una combinación tecnológica específica de los factores de producción utilizados como "insumos": la "tierra", el "capital" y el "trabajo" (Samuelson, 1980; pp. 571-572). (ii) La propiedad sobre uno o varios de estos "factores de producción" da pues lugar a un producto, es decir, un bien o un servicio cuya venta (o la posibilidad de venta) se traduce (pudiera traducirse) en un ingreso monetario para su propietario, incluyendo una serie de productos *imputados+, como los servicios prestados por una vivienda a su propietario (Guerrero, 1989; pp. 448 y ss.). (iii) Una parte de los ingresos obtenidos de la realización del output mercantil no puede considerarse, sin embargo, parte de la renta, toda vez que estos ingresos han de utilizarse para reponer el capital físico, fijo y circulante, consumido productivamente. La solución convencional de este problema descansa sencillamente en identificar el output a nivel agregado con el >valor añadido= (Weeks, 1989; pp. 4 y ss.). (iv) Finalmente, cabe destacar que, desde este punto de vista, la renta adopta tres formas básicas: el "salario", que no es sino la remuneración de los "servicios" prestados por el "factor trabajo"; el "interés", o remuneración de los "servicios" prestados por el "capital", y la "renta de la tierra", asociada a la existencia de ciertos recursos económicos no reproducibles (Bilas, 1971; 373-377). Naturalmente, esto no significa que no existan transferencias de renta entre los distintos agentes o propietarios, pero se trata siempre de transacciones desiguales, sin contraprestación por una de las partes: un robo, una propina, o los pagos realizado por la administración en concepto de subsidio de desempleo. Adviértase que, en esta perspectiva, la línea de separación entre las actividades laborales y las actividades no laborales es la misma que la que separa producción y consumo. Por tal motivo, todo trabajo es considerado trabajo productivo, y ello con independencia de su función específica en la organización económica de la sociedad (Cfr. Díaz Calleja, 1994a). conjunto de los trabajadores asalariados, y las clases propietarias, estas últimas integradas por el conjunto de los propietarios de los medios de producción6[216]. El modelo teórico parte de la idea de que la distribución de la renta en este tipo de formación económica no es arbitraria ni aleatoria, sino que, por el contrario, es el resultado directo de la distribución de las propias condiciones de producción, hecho que se basa a su vez en la pre-existencia de unas relaciones sociales específicas (cfr. Shaikh, 1990), en virtud de las cuales: (i) la clase trabajadora percibe un cierto volumen de ingresos, equivalente al capital variable adelantado por los capitalistas, y (ii) las clases propietarias, o burguesía, se apropian del resto de los ingresos derivados del trabajo productivo7[217], ingresos que constituyen desde este punto de vista la realización de la plusvalía (Cfr. Díaz Calleja, 1994a). A. La distribución de la renta primaria Denominamos distribución de la renta primaria a la distribución de la renta interior que resulta de considerar que el capital variable equivale a la suma total de dinero que se destina a la adquisición de la fuerza de trabajo empleada productivamente y la que se destina a la adquisición de la fuerza de trabajo empleada en la esfera de la circulación de mercancías; esto es, al salario agregado desde el punto de vista del proceso global de la producción capitalista, o *salario primario+ (Sp)8[218]. En este caso, la renta interior 6[216] Naturalmente, en el interior de las clases propietarias es preciso distinguir: (i) de un lado, la clase que explota los medios de producción a base de trabajo asalariado, es decir, la clase capitalista, y (ii) de otro lado, la pequeña burguesía, formada por los que explotan los medios de producción con su propio trabajo ─incluyendo, en su caso, el trabajo de todos los miembros de la familia que participan en la producción─. En el contexto del modelo teórico de que trata este epígrafe se excluyen, para mayor sencillez, la representación de los ingresos obtenidos por la pequeña burguesía; con otras palabras, el modelo se concibe para una economía capitalista "pura" (Cfr. Guerrero, 1990a). 7[217] Tanto los economistas clásicos como Marx, que concentraron sus esfuerzos en el análisis de la naturaleza de la producción y la distribución de la riqueza, distinguieron tres tipos básicos de actividad económica, en un contexto en el que la mercancía, es decir, lo producido expresamente para el intercambio y no para el consumo inmediato, se extendía progresivamente como forma predominante de la riqueza social (Cfr. Shaikh y Tonak, 1994): (i) La producción de objetos-de-uso-social, esto es, de objetos que poseen propiedades objetivas capaces de satisfacer deseos y necesidades humanas de cualquier índole. (ii) La distribución de dichos objetos-de-uso-social entre los miembros de la sociedad. (iii) El consumo de los objetos-de-uso-social distribuidos, consumo personal y colectivo que constituye el fundamento último de la reproducción de la sociedad. Para los economistas clásicos era evidente que las actividades laborales involucradas en la "esfera de la distribución" no incrementaban el acervo de la riqueza social, ya que su función se circunscribía a servir como mecanismo de transmisión entre la producción y el consumo. Por esta razón, la esfera distributiva, y los trabajos a ella vinculados, constituía en realidad un coste para la sociedad en su conjunto: una parte de la riqueza producida habría de sacrificarse al objeto de garantizar su distribución. En este razonamiento radica, en esencia, la pertinencia de la categoría de "trabajo improductivo", categoría que Adam Smith, a partir de los fisiócratas, sitúa en un lugar central del sistema de la economía política. La importancia de esta distinción, a los efectos de la determinación de la renta (tanto teórica como empíricamente), se pone de manifiesto cuando se advierte que, en esta perspectiva, mientras el trabajo productivo "produce" renta (al producir el producto cuya realización en el mercado la origina), el trabajo improductivo se limita a "consumir" una parte de la renta, constituyendo por ello un coste para la producción social (Smith, 1776; pp. 300 y ss.). Por trabajo improductivo no debe entenderse, en este contexto, trabajo innecesario: tan necesario es producir como distribuir lo producido. No obstante, el trabajo de producción y el trabajo de distribución son nítidamente distinguibles, porque desempeñan funciones distintas, aunque igualmente necesarias para la reproducción de la sociedad. Tampoco se trata, finalmente, de una distinción moral, relativa a la eficacia social de las mercancías producidas, o de una distinción formal de los resultados del proceso de trabajo, como la existente entre bienes y servicios (Guerrero, 1990b; pp. 121-122). El trabajo productivo, en el sentido de la producción capitalista de mercancías, es trabajo asalariado que produce un beneficio o plusvalía para quien lo contrata, lo cual significa que no todo trabajo de producción ─como el desarrollado en el ámbito doméstico, o el que llevan a cabo los productores mercantiles autónomos─ puede considerarse trabajo productivo; por otra parte, el trabajo desarrollado en el ámbito de las actividades del Estado no es, en todo caso, trabajo de producción de mercancías, razón por la cual tampoco puede considerarse trabajo productivo en el sentido indicado. *Sólo el trabajo organizado en la forma de empresas capitalistas, que tiene la forma de trabajo asalariado, alquilado por el capital con el fin de extraer de él una plusvalía, se incluye en el sistema de la producción capitalista. Ese trabajo es trabajo "productivo+ (Rubin, 1928; p. 318). 8[218] El salario primario equivale, por tanto, a la masa salarial (incluyendo todo tipo de cotizaciones y antes de la deducción de las retenciones de impuestos que recaen sobre estos ingresos) desembolsadas por las empresas (privadas y públicas) a sus trabajadores asalariados, es decir, sin contar las remuneraciones salariales de los trabajadores de las administraciones públicas. calculada en el "momento" de su distribución primaria, o *renta primaria+ (Rp), viene dada sencillamente por la siguiente expresión algebraica9[219]. [1] Rp = Sp + Gp Donde Gp representa la masa agregada anual de ganancia desde el punto de vista del proceso de producción capitalista considerado en su conjunto (esto es, la 'ganancia primaria'), que se obtiene simplemente como un residuo a partir de las magnitudes conocidas de Rp y Sp. Téngase en cuenta, sin embargo, que Sp y Gp no representan los ingresos disponibles de trabajadores y propietarios, ni tampoco los ingresos efectivos de ambas clases sociales (estos últimos en tanto que cuantificación de la capacidad de acceso a las mercancías disponibles), ya que la magnitud de los ingresos disponibles y efectivos dependerá del impacto de las operaciones financieras del Estado sobre Sp y Gp10[220]. B. La distribución de la renta disponible Dado que las operaciones financieras del Estado significan, en primer lugar, flujos monetarios desde y hacia las clases sociales, la distribución primaria de la renta interior se modificará en el siguiente sentido: (i) el salario primario (Sp) se verá reducido en una magnitud equivalente a la presión fiscal directa soportada por la clase trabajadora (que designaremos por PFDT), y asimismo se verá aumentado en una magnitud equivalente a la transferencias monetarias recibidas por la misma (abreviadamente, TMRT); (ii) igualmente, la ganancia primaria (Gp) se verá disminuida por la presión fiscal directa soportada por los capitalistas (PFDK) e incrementada por el montante de las transferencias monetarias recibidas por las clases propietarias (TMRK). Frente a la distribución primaria de la renta, dada por la expresión [1], los flujos monetarios propiciados por la intervención del Estado convierten los ingresos primarios en ingresos directamente disponibles para acometer toda clase de gastos: (i) desde el punto de vista de la clase trabajadora, el salario primario (Sp) se convierte en 'salario disponible' (Sd); (ii) para las clases propietarias, la ganancia primaria (Gp) se transforma en 'ganancia disponible' (Gd). En consecuencia, la 'renta disponible' (Rd): [2] Rd = (Sp-PFDT+TMRT) + (Gp-PFDK+TMRK) = Sd + Gd Desde este punto de vista, el conjunto de los ingresos a disposición de las familias trabajadoras (Sd) está formado por la masa salarial obtenida de la venta de la fuerza de trabajo empleada por las empresas una vez deducidos los impuestos directos, cotizaciones sociales y otras cargas fiscales, y una vez adicionados los beneficios monetarios de todo tipo (incluyendo las remuneraciones de los asalariados de las administraciones públicas) y otras transferencias recibidas por estas familias11[221]. Por otra parte, los ingresos disponibles de la burguesía están formados por la ganancia primaria neta de impuestos directos (tanto los que recaen directamente sobre las familias propietarias como los que gravan los beneficios y otras rentas de las empresas), una vez añadidas las transferencias monetarias recibidas por la misma. C. La distribución de la renta efectiva 9[219] La renta interior, en tanto que cantidad de dinero que representa la realización del valor nuevo anual en que cristaliza el producto del trabajo productivo, difiere lógicamente de su contrapartida convencional, ya que desde este último punto de vista todo trabajo se considera trabajo productivo y se supone, además, que la renta se deriva directamente de la simple propiedad sobre uno o varios "factores" de producción, incluso en el caso de que en dicha "producción" no medie trabajo alguno (por ejemplo, los alquileres de vivienda). En la aplicación empírica realizada en este trabajo se supone, en primera instancia, que la renta interior es equivalente al producto interior neto a precios de mercado (PINpm) una vez deducido los valores añadidos imputados a las ramas de administraciones públicas, servicio doméstico y alquiler de vivienda (Guerrero 1989, 1990a) y ajustada por un tratamiento alternativo de los márgenes comerciales (Cfr. Díaz Calleja, 1993). 10[220] Se trata de dos aspectos distintos del proceso de re-distribución de la renta que, considerados conjuntamente, reflejan el efecto global de la intervención del Estado sobre la distribución primaria de la renta, cuya resultante es la distribución "secundaria" de la renta, en los términos usados por Delaunay (1984). 11[221] Así, el salario disponible (Sd) constituiría el capital variable desde el punto de vista de la formación de la renta disponible (Cfr. Guerrero 1990a). Por este motivo, se ha considerado en ocasiones que el ahorro de los trabajadores (que no está disponible, lógicamente, para el gasto) no forma parte del capital variable. Sin embargo, esto no tiene en cuenta el des-ahorro de los trabajadores, que puede incluso más que compensar su ahorro (Cfr. Díaz Calleja, 1993). La adscripción de una serie de ingresos monetarios a las clases sociales en virtud del proceso de formación de la renta disponible descrito no es óbice, sin embargo, para que pueda darse una cierta variación en la cantidad de mercancías que pueden obtenerse efectivamente (no meramente comprarse) sobre la base de una misma renta disponible. Ello es así porque, por una parte, el Estado grava normalmente el gasto privado de consumo mediante impuestos indirectos, mientras que por otra parte "subvenciona", parcial o totalmente, el acceso a ciertas mercancías12[222]. Así pues, si se tienen en cuenta las operaciones financieras del Estado señaladas, la renta disponible de las clases sociales también se verá modificada: (i) en primer lugar, porque la magnitud monetaria Sd ve disminuida su capacidad de compra por el volumen de la presión fiscal indirecta que recae sobre las familias de la clase trabajadora (PFIT), mientras que ve incrementada su capacidad para acceder al consumo de mercancías por las transferencias en especie recibidas (TERT); (ii) de manera equivalente, la renta disponible de las familias burguesas (Gd) eleva su capacidad de acceso a las mercancías por el volumen de las transferencias en especie recibidas (TERK), mientras que la presión fiscal indirecta soportada por estas familias (PFIK) reduce la capacidad de compra de su renta disponible. En este sentido, la distribución de la 'renta efectiva' (Re) de la economía representa la distribución de la renta interior desde el punto de vista del acceso efectivo a la mercancías que resulta, para cada clase social, de la utilización de la renta disponible: (i) el salario efectivo (Se) se define, así, como la capacidad de consumo del salario disponible (Sd); (ii) la ganancia efectiva (Ge), igualmente, como la capacidad consumo de la ganancia disponible (Gd). Por tanto, en términos algebraicos, la distribución de la renta efectiva vendrá dada por: [3a] Re = (Sd-PFIT+TERT) + (Gd-PFIK+TERK) = Se + Ge Nótese que, en este caso, la intervención del Estado resulta, en suma, en una re-distribución de los ingresos disponibles de las clases sociales a partir de la cual se fija la posición de las mismas frente al acceso real a las mercancías. Esto significa, frente al criterio más común (Cfr. Tonak 1986; Shaikh y Tonak 1987, 1994), que los impuestos indirectos no se consideran parte de la plusvalía, de tal manera que se reconoce explícitamente que la imposición estatal sobre el gasto tiene efectos re-distributivos (Cfr. Freeman, 1995). D. La distribución capitalista de la renta vista en su conjunto Esta triple perspectiva del proceso de distribución y redistribución de la renta tiene, evidentemente, un carácter lógico y no cronológico, toda vez que, en realidad, todos los flujos y operaciones descritos tienen lugar de forma inseparable en el período que se toma como punto de referencia. La división del proceso en tres momentos lógicos ─a saber, el momento de la formación de la renta primaria, el de la formación de la renta disponible y, finalmente, el de la utilización de la renta disponible o formación de la renta efectiva─ posee por tanto un carácter meramente analítico. Para representar este proceso hemos construido la Figura 1. En esta figura puede observarse que las operaciones financieras del Estado operan a dos niveles distintos: (i) en el momento de la formación de la renta disponible, a partir de la distribución de la renta primaria, esta última dada por la expresión [1], la intervención estatal (operaciones directas) modifica la disponibilidad de la renta de las clases sociales, tal y como se refleja en la expresión [2]; (ii) adicionalmente, en el momento de la formación de la renta efectiva, la renta disponible de las clases sociales se ve también modificada, ya que en la utilización de esta última la intervención del Estado (operaciones indirectas) altera la capacidad inicial de la misma para adquirir mercancías, como se refleja en la expresión [3a]. 12[222] El término "subvención" se utiliza aquí en un sentido amplio, pues incluye no sólo los gastos estatales destinados específicamente a financiar la cuenta de explotación de ciertos productores, repercutiendo indirectamente en los precios de las mercancías (como un impuesto indirecto "negativo"), sino también aquellos gastos estatales destinados a la adquisición de mercancías que, ulteriormente, son puestas a disposición de las familias en tanto que consumidoras de servicios públicos. El último caso corresponde a las "compras netas de bienes y servicios" y a la "inversión pública" (Cfr. Díaz Calleja, 1993). Además, y en todo caso, puede observarse que la intervención del Estado considerada en su conjunto no altera el montante de la renta interior, sino simplemente su distribución. Nótese, en este sentido, que en primera instancia la igualdad Rp=Re está garantizada en condiciones de equilibrio presupuestario de las operaciones tanto directas como indirectas del Estado. Es decir, (i) si la presión fiscal directa del Estado (PFD=PFDT+PFDK) es igual a las transferencias monetarias recibidas por el conjunto de las familias (TMR=TMRT+TMRK), tenemos que Rp=Rd; (ii) si la presión fiscal indirecta del Estado (PFI=PFIT+PFIK) es igual al montante de las transferencias en especie recibidas por el conjunto de las familias (TER=TERT+TERK), entonces tenemos que Rd=Re; (iii) finalmente, si el equilibrio presupuestario es completo (es decir, siendo la presión fiscal total PFT=PFD+PFI, y las transferencias totales recibidas TTR=TMR+TER, el equilibrio presupuestario supone sencillamente que PFT=TTR), se sigue inmediatamente que Rp=Re. Como se representa en la Figura 1, en el caso general (desequilibrio presupuestario), la igualdad básica Rp=Re viene mediada por el sistema financiero, que posibilita la financiación del déficit público (que tiene como contrapartida el superávit privado) o privado (al que corresponde el superávit público). En efecto, denominando superávit estatal neto (SEN) a la capacidad (+) o necesidad (-) de financiación del Estado, podemos representar el caso de desequilibrio presupuestario, frente a la expresión [3a], como caso general de la transformación de la renta primaria (Rp) en renta efectiva (Re), de la forma siguiente: [3b] Re= Sp+TTRT-PFTT+Gp-PFTK+TTRK+SEN = Se+Ge+SEN Donde PTFT representa la presión fiscal total sobre los trabajadores, tanto directa como indirecta (PFTT=PFDT+PFIT), y PFTK la presión fiscal total sobre las clases propietarias (PFTK=PFDK+PFIK); y donde TTRT representa las transferencias totales, en dinero y en especie, recibidas por los trabajadores (TTRT=TMRT+TERT), y TTRK las transferencias de todo tipo recibidas por la burguesía (TTRK=TMRK+TERK). De esta forma, para completar el cuadro de relaciones, es claro que PFT=PFTT+PFTK, y que TTR=TTRT+TTRK. Finalmente, el superávit estatal neto (SEN) viene dado por [(PFD+PFI)-(TMR+TER)] o, lo que es lo mismo, por (PFT-TTR). De ésto se deriva que Rp=Re como caso general. En el caso general, pues, la renta efectiva (Re) no se define simplemente como la suma del salario y ganancia efectivos (Se+Ge), tal y como representa la expresión [3a], pues ha de tenerse en cuenta que el superávit (+) o déficit (-) del Estado (es decir, el superávit estatal neto, SEN) debe ahora compensar el déficit (-) o superávit (+) de las clases sociales (siempre con respecto a los ingresos primarios de las mismas) inducido por la intervención del Estado en la formación de sus ingresos efectivos, que es precisamente lo que representa la expresión [3b]. E. La incidencia redistributiva de la intervención del Estado: el 'impuesto neto' Estamos ahora en disposición de definir el 'impuesto neto' soportado, respectivamente, por la clase trabajadora y por las clases propietarias. Así, el impuesto neto soportado por la clase trabajadora13[223] (INT) es sencillamente el resultado de deducir de la presión fiscal total soportada por las familias trabajadoras (PFTT) el conjunto de las transferencias recibidas por las mismas (TTRT). Es decir: [4] INT = PFTT - TTRT Por su parte, el impuesto neto soportado por las clases propietarias (INK) viene dado por el resultado de deducir de la presión fiscal total soportada por las familias burguesas (PFTK) el conjunto de las transferencias recibidas por las misma (TTRK). Es decir: [5] INK = PFTK - TTRK Téngase en cuenta que el impuesto neto soportado por las clases sociales puede ser positivo o negativo. En el caso de que sea positivo, significa que la clase social correspondiente efectúa al Estado una transferencia de parte de sus ingresos primarios; por el contrario, si el impuesto neto es negativo es el Estado el que realiza una transferencia a la clase social correspondiente, aumentando sus ingresos primarios. Por otra parte, de acuerdo con la definición de superávit estatal neto (SEN) del apartado anterior, tenemos que: [6] SEN = INT + INK Esto significa que si el SEN es cero (equilibrio presupuestario) el impuesto neto que soportan ambas clases sociales es de signo contrario. Es decir, en tal circunstancia un impuesto neto positivo sobre la clase trabajadora financia un impuesto neto negativo de la clase burguesa, de manera que los trabajadores transfieren parte de su renta a los propietarios (o viceversa). En caso contrario (desequilibrio presupuestario), las posibilidades son múltiples. Podemos distinguir seis casos distintos, en función de las seis combinaciones posibles (con sentido económico) de los elementos del conjunto {SEN, INK, INT}, siendo que cada uno de estos elementos puede tomar, como sabemos, valores positivos o negativos: (1) {-SEN, +INK, -INT} En este caso, el impuesto neto negativo sobre los trabajadores (-INT) es financiado parcialmente por un impuesto neto positivo sobre los propietario (+INK) debido a la existencia de déficit público (-SEN). En este caso tenemos un impacto redistributivo absoluto favorable a la clase trabajadora14[224]. (2) {+SEN, +INK, -INT} Este caso refleja un impuesto neto sobre los propietarios positivo (+INK) que financia: (i) una redistribución inter-clasista de la renta desde los propietarios a los trabajadores asalariados, por la magnitud del impuesto neto negativo de estos últimos (-INT); (ii) una trasferencia hacia el Estado, por la magnitud del superávit real que ha contraído el Estado (+SEN). Como en el caso anterior, se produce también un impacto redistributivo absoluto favorable a la clase trabajadora15[225]. (3) {+SEN, +INK, +INT} Este caso muestra una pérdida de renta por parte de ambas clases sociales (+INT, +INK), con la cual se financia el superávit estatal (+SEN), sin perjuicio de que la posición relativa de renta de las clases sociales se vea alterada o permanezca invariable. Sin embargo, la pérdida absoluta de renta de ambas clases sociales acarreará normalmente alteraciones de su posición 13[223] Es frecuente, en la literatura sobre la materia, designar a los beneficios sociales que la clase trabajadora obtiene del Estado con el nombre de *salario social+ o *salario indirecto+. Aunque tales denominaciones son válidas (siempre que se refieran al resultado neto de la intervención del Estado, y no meramente a los beneficios derivados del gasto social) hemos preferido utilizar la expresión *impuesto neto+ con el fin de facilitar la comprensión de la exposición gráfica que se desarrolla más adelante. 14[224] Decimos que tiene lugar un impacto redistributivo absoluto porque clases las propietarias transfieren parte de sus ingresos primarios a la clase trabajadora debido a la intervención del Estado. En este caso, por otra parte, la clase trabajadora recibe además otra transferencia neta de renta, financiada por el déficit del Estado. 15[225] Sin embargo, a diferencia del caso anterior, la renta detraída a los propietarios, de magnitud (+INK), no va a parar íntegramente a los trabajadores, ya que parte de la carga fiscal neta soportada por aquéllos financia el superávit estatal. relativa de renta16[226]. Dentro de este caso distinguimos por tanto dos situaciones: (3a) una mejora de la posición relativa de renta de los trabajadores asalariados siempre que [INT]< [INK]; (3b) una mejora de la posición relativa de renta de los propietarios del capital cuando [INT] > [INK]. (4) {+SEN, -INK, +INT} En este caso, tenemos un impuesto neto positivo sobre los trabajadores (+INT) que financia tanto el superávit estatal (+SEN) como el impuesto neto negativo que recae sobre los propietarios (-INK), lo cual implica una redistribución interclasista absoluta de la renta favorable a las clases propietarias. (5) {-SEN, -INK, +INT} Este caso representa un impuesto neto negativo sobre los propietarios (-INK), que implica una redistribución de la renta favorable a esta clase social, financiada parcialmente por un impuesto neto positivo sobre los trabajadores (+INT) y por el déficit (-SEN) contraído por el Estado. Como en el caso anterior, supone un impacto redistributivo absoluto favorable a las clases propietarias. (6) {-SEN, -INK, -INT} El déficit (-SEN) contraído por el Estado posibilita en este caso que las clases sociales pueden ver simultáneamente incrementada su renta, dado que la financiación del incremento de renta de cada clase social no se realiza a expensas de la otra, sino a expensas del endeudamiento del Estado. No obstante, la posición relativa de renta de las clases sociales puede verse alterada pese a la mejora absoluta. Pueden distinguirse dos situaciones diferentes: (6a) una mejora de la posición relativa de renta de los propietarios, cuando [INT]<[INK]; (6b) una mejora de la posición relativa de renta de los trabajadores asalariados, siempre que [INT] > [INK]. Es posible ubicar todas las posiciones descritas en un diagrama de cuatro cuadrantes, como el de la Figura 2. En el eje horizontal de esta figura se representa el impuesto neto que recae sobre la clase trabajadora (- /+INT), y en el eje vertical el impuesto neto que recae sobre las clases propietarias (+/-INK). En esta figura se representan las seis combinaciones descritas de superávit estatal neto, impuesto neto sobre los trabajadores e impuesto neto sobre los propietarios; es decir, las seis combinaciones {+\-SEN, +\-INK, -/+INT} con sentido económico analizadas más arriba. 16[226] En este sentido podemos definir el impacto redistributivo relativo de la intervención estatal como la diferencia entre INT y INK. En el caso de que ambas magnitudes tengan signo y éste sea positivo, el impacto redistributivo relativo será favorable a la clase trabajadora (y desfavorable a las clases propietarias) siempre que [INT] < [INK]; por el contrario, si ambas magnitudes tienen signo negativo, el impacto redistributivo relativo será favorable a la clase trabajadora (y desfavorable a las clases propietarias) siempre que [INT] > [INK]; finalmente, si ambas magnitudes tienen el mismo signo (positivo o negativo) y se cumple que [INT]=[INK], entonces diremos que el impacto redistributivo relativo es nulo o, lo que es lo mismo, que la intervención redistributiva del Estado es 'neutral'. Naturalmente, todo impacto redistributivo absoluto en favor de una de las clases sociales significa al mismo tiempo un impacto redistributivo relativo en favor de esa misma clase. Los superávits o déficits estatales se corresponden en la Figura 2 con los puntos ubicados a la izquierda (+SEN) o a la derecha (-SEN) de la línea AA', línea cuyos puntos representan todas la combinaciones redistributivas posibles que cumplen la condición SEN=0; esto es, que entrañan equilibrio presupuestario. Es decir, se trata de la línea de equilibrio presupuestario, que se halla formada por los puntos {+\-INT, +\- INK} de signos contrarios que cumplen la condición [INT]=[INK]. Por otra parte, los puntos situados en la línea BB' representan todas las combinaciones posibles {+\-SEN, +\-INK, +/-INT} que no alteran la posición relativa de renta de las clases sociales; es decir, se trata de la línea de neutralidad redistributiva de la intervención estatal, dada por los puntos {+\-INT, +\-INK} del mismo signo que cumplen la condición [INT]=[INK]. De esta forma, los puntos ubicados a la derecha de la línea BB' corresponden a combinaciones para las cuales la intervención estatal altera la posición relativa de renta de las clases sociales en favor de los trabajadores asalariados; esto es, corresponden a las combinaciones que implican un impacto redistributivo relativo positivo. Asimismo, a la izquierda de la línea BB' se ubican todas las combinaciones para las cuales la intervención del Estado altera la posición relativa de renta de las clases sociales en favor de los propietarios, lo que se corresponde con un impacto redistributivo relativo negativo. Analicemos con algún detalle el significado de los puntos ubicados en cada uno de los cuatro cuadrantes de la Figura 2. En el Cuadrante I se ubican las combinaciones de impuestos netos positivo sobre los propietarios y negativo sobre los trabajadores (+INK, -INT). Los puntos contenidos entre la línea OA y el eje horizontal, tal como el punto W1 en la Figura 2, pertenecientes al caso (1), representan posiciones de renta favorables a los trabajadores asalariados, tanto en términos absolutos (-INT, de magnitud b1W1) como en términos relativos17[227], en presencia de déficit estatal (+SEN, de magnitud c1W1). Los puntos ubicados en el Cuadrante I situados entre el eje vertical y la línea OA, como el punto Z1, pertenecen al caso (2), correspondiente a superávit estatal (SEN>0). En este caso, el impuesto neto positivo sobre los propietarios, de magnitud 17[227] Dado que INK es positiva, por una magnitud equivalente al segmento (b1c1 ). La diferencia en valores absolutos entre INT y INK es equivalente, geométricamente, al segmento (c1W1 ). Esto significa sencillamente que el impacto redistributivo relativo es positivo, lo cual se deriva directamente del hecho de que el punto W1 se halla situado a la derecha de la línea BB'. bienestar han alterado los patrones 'competitivos' de distribución de la renta, y que (al menos en parte) por tal motivo, han generado efectos negativos sobre la senda de crecimiento económico característica de los años sesenta en los países capitalistas avanzados. Los resultados de este ejercicio analítico, que se presentaron en el epígrafe tercero de este ensayo, son sin embargo concluyentes: no es posible identificar, en general, un impacto redistributivo favorable a la clase trabajadora en el conjunto de los países estudiados; en particular, la única experiencia nacional de redistribución absoluta de renta significativa, el caso de Estados Unidos, tiene más puntos de conexión con el denominado Warfare State que con las instituciones del Estado del bienestar (cfr. O'Connor, 1973). En suma, la evidencia empírica suministrada arroja serias dudas sobre el supuesto reforzamiento de las pautas de distribución de la renta entorpecedoras del crecimiento económico vía intervención estatal. En particular, las instituciones del denominado Estado del bienestar no han facilitado especialmente, por lo que a los países considerados se refiere, un impacto redistributivo relativo (y mucho menos, absoluto) contraproducente para el funcionamiento del sistema económico; más bien al contrario, pues la política social se configura, en el mejor de los casos, como un mecanismo de redistribución de tipo 'horizontal', es decir, que opera esencialmente en el interior de las clases sociales. Por otra parte, los déficit estatales han jugado un papel fundamental en las fases más críticas de la acumulación de capital, garantizando que los beneficios sociales recibidos por la clase trabajadora no fueran gravosos para las clases propietarias, las más beneficiadas por la intervención del Estado. En realidad, si se considera el conjunto de los países analizados, el déficit público aparece como el determinante fundamental de las posibilidades re-distributivas de la intervención del Estado. Como consecuencia, si tenemos en cuenta que la evolución a largo plazo de la capacidad o necesidad de financiación de las administraciones públicas está altamente correlacionada con la propia senda del crecimiento económico, la conclusión general que cabe extraer es, en pocas palabras, que el proceso de distribución de la renta en sentido amplio (considerando también los aspectos re-distributivos) es gobernado esencialmente por el proceso de acumulación de capital en el seno de las economías de mercado estudiadas. Finalmente, es oportuno señalar que no es posible encontrar una evidencia consistente de la capacidad real de control por parte del Estado de las leyes de distribución inherentes al funcionamiento del sistema económico. Esto tiene poderosas implicaciones sobre el mentado carácter subversivo de la denominada globalización económica, en el sentido de que no es posible atribuir al proceso creciente de interpenetración económica a escala mundial una alteración substantiva de una capacidad de control estatal de los procesos económicos, y particularmente del proceso de distribución de la renta, ya que la capacidad misma de control estatal no encuentra cobijo en la evidencia empírica disponible.