El diccionario, arma de doble filo: la información gramatical
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EL DICCIONARIO, ARMA DE DOBLE FILO: LA INFORMACIÓN GRAMATICAL Francisco Garrudo Carabias Departamento de Filología Inglesa (Lengua Inglesa) Universidad de Sevilla Un diccionario1 es una herramienta: útil, necesaria, a veces indispensable, pero al mismo tiempo puede ser muy peligrosa para los fines que persigue quien la maneja. Como con toda herramienta, todo depende esencialmente del diseño, del que es único responsable, en el caso del diccionario, el lexicógrafo. Poca culpa se puede, o se debe, echar al usuario, una vez que las instrucciones de manejo de la herramienta, en función de sus fines, han sido debidamente explicadas. Un diccionario es una obra ardua de elaborar, nada fácil y nada agradecida. Exige un notable esfuerzo, demanda excesivo tiempo, y su objeto de estudio, análisis y categorización está en constante devenir y cambio. Las palabras evolucionan, cambian de significado según sus usuarios, son objeto de negociación en cada intercambio y, por si todo ello fuera poco, la llave de su significado no va incluida: está depositada en el último y único estrato significativo, el texto, al que hay que llegar tras superar importantes fases que se suceden en milésimas de segundo pero que necesariamente hay que descodificar modularmente. El lexicógrafo ha de diseñar una herramienta que ayude al usuario a resolver tareas imprevisibles, ilimitadas, insospechables e infinitamente variadas, como las posibilidades del mundo real en el que se desenvuelve la lengua. Un diccionario mal diseñado, concebido como simple repertorio de lexemas sobre los que se da una información meramente léxico-semántica, es una hoja de doble filo, y sin mango. Demasiado a menudo, al producir o al interpretar un texto, nos encontramos solos y sin ayuda a la hora de elegir un lexema sobre cuyo significado exacto -con importantes correlatos fonéticos, sintácticos y pragmáticosningún diccionario es capaz de darnos información. En tales casos, al interpretar o descodificar, sólo queda (¿quién no lo ha hecho?) el recurso imperfecto y agotador de consultar en la dirección contraria las distintas versiones de una palabra para verificar su correcto sentido en el texto; pero al producir o codificar, esta estrategia es inviable, no quedando más remedio que recurrir a un hablante nativo y confiar en su competencia. Si en un diccionario monolingüe, y en función de la finalidad de uso, hay -o debería haberdos diccionarios, uno productivo (activo, onomasiológico, del significado a la forma) que ayude a codificar, y otro receptivo (pasivo, semasiológico, de la forma al significado) que ayude a descodificar, en un diccionario bilingüe funcionalmente hay -o debería haberal menos, cuatro diccionarios distintos: uno productivo y otro receptivo en cada dirección. Un diccionario bilingüe es, por ello, una navaja suiza con múltiples aplicaciones: debe ayudar a descodificar o interpretar, y a codificar o producir en cada una de las dos lenguas implicadas, informando de manera precisa sobre circunstancias colaterales de tipo fonético, sintáctico, pragmático, de registro y uso, y tratando de formalizar o exteriorizar el conocimiento ideal e interiorizado, existente en el lexicón mental de un hablante nativo en ambas lenguas. Dicho lexicón mental constituye la meta de adecuación ideal a la que debe tratar de acercarse todo diccionario: la base de datos interna a la que accede, y que está en constante reconstrucción, un hablante nativo en el ejercicio de su capacidad lingüística es una unidad sometida a procesamiento con unas características muy complejas que implican materia fonética, reglas internas del sistema lingüístico -especialmente, pero no exclusivamentede tipo sintáctico, y conocimiento y experiencia del mundo. Muy a menudo, demasiado a menudo en mi opinión, se ha dejado la tarea de elaborar gramáticas y diccionarios para usuarios de lenguas extranjeras en manos de autores que tienen un excelente dominio de su propia lengua pero poco de la lengua del usuario no nativo. Ello ha provocado un total fracaso de la meta inherente a cualquiera de estas obras. El usuario no nativo no es 1 Inicio las lineas que siguen reproduciendo parte del texto de mi prólogo al Diccionario Longman Advanced (English-Spanish, Español-Inglés) 2003, obra dirigida por F. Sánchez Benedito y F. Gámez Gámez. 40 ASELE. Actas XV (2004). FRANCISCO GARRUDO CARABIAS. El diccionario, arma de dobl...
ACTAS DEL XV CONGRESO INTERNACIONAL DE ÁSELE una tabula rasa que interioriza su primer sistema lingüístico, y el sentido común, y por supuesto numerosos estudios empíricos de investigación, nos dicen que no es lo mismo la adquisición de la lengua nativa que la de una lengua segunda o extranjera. Si ya ha despertado, como así parece, la conciencia de la responsabilidad de la enseñanza del español como lengua extranjera, y los hispanohablantes estamos empezando a ser conscientes de nuestra responsabilidad lingüística y cultural en el mundo, hemos de aprender de lo bueno y de lo malo de los que nos han precedido en esta tarea en otras lenguas, y especialmente el inglés. Hemos de aprender del ejemplar diseño de los Institutos Británicos (así como de las Escuelas Francesas), y simultáneamente evitar caer en la soberbia de la lengua cortejada por hablantes que vienen a hacerle el honor de aprenderla. Esos hablantes tienen una cultura y una visión del mundo propias y previas, no sólo dignas sino insoslayables, si queremos tener éxito en nuestra empresa. A ambos aspectos pasaré a referirme seguidamente. El diseño de los Institutos Británicos, por ejemplo, no se ha basado simplemente en la dotación presupuestaria para la compra o alquiler de los ediñcios que los albergan en todo el mundo, ni para la contratación del personal que compone su plantilla. Simultáneamente, los responsables de la enseñanza se han dedicado a la tarea de elaborar gramáticas y diccionarios de uso del inglés como lengua extranjera. Especial mención merece la obra de Harold E. Palmer, A Grammar of English Words, publicada en Londres, nada menos que en 1938, por Longman, Green and Co. Ltd. y a cuyo título el autor añade: One thousand English words and their pronunciation, together with information concerning the several meanings ofeach word, its inflections and derivatives, and the collocations and phrases into which it enters. Se trata, efectivamente, de un diccionario gramatical, con un útilísimo diseño y muy consultado por generaciones de estudiantes extranjeros del inglés. Y lo mismo cabe decir de la obra de A. S. Hornby, Oxford Advanced Learner's Dictionary of Current English, publicada en 1948 en Londres por Oxford University Press, y seguida en 1954 por A Guide to Patterns and Usage in English. En ambos casos se trata, de nuevo, de diccionarios gramaticales, que tienen como destinatario al estudiante de inglés como segunda lengua o como lengua extranjera. Quiero añadir además, como ejemplo del que aprender, que el Dr. Palmer y el Profesor Hornby fueron reputadísimos profesores e investigadores en el campo de la lexicografía y la gramática, a los que no dolieron prendas por dedicar gran parte de su vida a estos menesteres. Si hemos de aprender de lo anteriormente mencionado, también hemos de aprender de los errores. Y el principal de ellos es el de la prepotencia, en este caso metodológica. No podemos tratar a nuestros estudiantes extranjeros desde la posición de superioridad que asumen las leyes de la oferta y la demanda: como son ellos quienes acuden a nuestra lengua, ignoremos la suya. No es posible enseñar una lengua extranjera de la misma manera a todos. Siempre ha existido la creencia de que el mejor profesor o autor de libros de texto de una lengua extranjera es el nativo. Y ello es cierto, con la condición de que tenga competencia en las dos lenguas concernidas y plena conciencia de sus peculiaridades. Pero, a falta de dicha condición, entre un autor o profesor nativo incompetente en la lengua materna del aprendiz y uno no nativo pero competente en ambas lenguas, sin duda alguna, y especialmente en las etapas iniciales e intermedias, es preferible el segundo. Este ha sido un grave error cometido por la enseñanza del inglés como lengua extranjera en el pasado2. Muchas academias privadas de inglés de nuestras ciudades, por ejemplo, han tenido y siguen teniendo el prurito de valerse exclusivamente de profesorado nativo, pero compuesto en algunos casos por estudiantes o visitantes de paso sin competencia profesional en la docencia y en muchos otros casos, aun teniéndola, con poca competencia en la lengua materna de los estudiantes a los que dirigen su enseñanza. No caigamos nosotros al enseñar español en este defecto. Evidentemente hay que especializar las gramáticas y los diccionarios según las lenguas de origen de sus estudiantes. Para mejor enseñar español a extranjeros hay que enseñarlo desde la perspectiva lingüística, cultural y pragmática de sus respectivas lenguas de origen y no pensar que basta con estar dotados exclusivamente de un profundo conocimiento teórico y práctico del es2 Me permitiré mencionar la anécdota de cierto libro de texto, editado en Gran Bretaña y que fue muy utilizado para la enseñanza del inglés en muchos colegios e institutos españoles hace algunos años. En un ejercicio de comprensión de lectura aparecía la palabra tolérate con un aviso de nota al pie en la que se explicaba que tolérate significaput up with. El autor asumía que los usuarios del libro habrían de tener los mismos prot: tener los mismos problemas que había tenido él al aprender su lengua materna: una palabra de origen latino, generalmente transparente para el hablante de español u otra lengua románica, tenía que ser explicada con un término anglosajón, totalmente opaco para dichos usuarios, usando la estrategia opuesta a la debida. Y lo más grave es que un tratamiento análogo suelen recibir muchas estructuras sintácticas, fáciles o difíciles en función de la lengua nativa del aprendiz. 41 ASELE. Actas XV (2004). FRANCISCO GARRUDO CARABIAS. El diccionario, arma de dobl...
LAS GRAMÁTICAS Y LOS DICCIONARIOS EN LA ENSEÑANZA DEL ESPAÑOL COMO SEGUNDA LENGUA: DESEO y REALIDAD pañol. No se pueden enseñar igual, pongamos por caso, los predicados que seleccionan sujeto estímulo y objeto experimentador del español (Me (dis)gusta / encanta / (des)agrada / complace / molesta algo) a un hablante nativo de italiano que a uno de inglés, lengua que suele seleccionarlos a la inversa (I like / love / enjoy something). Y no creamos que todo tiene que ver con las familias lingüísticas: un hablante nativo de francés está más cerca del inglés que del español en el parámetro pro-drop o del sujeto nulo {Queremos jugar vs We want toplay, Nous voulons jouer), con importantes correlatos en los predicados avalentes que tanto en inglés como en francés han de usar vailtoll llamado vacío o ambiental según los modelos lingüísticos (Está lloviendo, Hace frío vs It's raining, It's cold, Ilpleut, II fait froid). Es necesario de una vez por todas, si queremos mejorar los diccionarios, empezar a dar una información más completa de todo tipo, y no sólo semántico. Me referiré a un muestreo de posibilidades habitualmente ignoradas en nuestros diccionarios de uso. Aunque estamos habituados a pensar que uno de los grandes escollos de la lengua inglesa lo constituyen los llamados phrasal verbs (put on, blow out, setfree, take out on, etc.), ello es debido a que en la enseñanza de esa lengua existe la conciencia de las dificultades que implican las unidades frásticas compuestas, locuciones y modismos. El inglés es la lengua con un mayor número de diccionarios especializados y monográficos en este tipo de unidades. Pero no debemos olvidar que el español también tiene estos escollos, en gran número, y con los mismos correlatos sintácticos. Por ejemplo, en lo referente a los verbos compuestos, se considera con extrañeza la peculiaridad del inglés en las posibilidades de colocación del objeto directo {Put onyour coat, Putyour coat on, Put it on, *Put on if), cuando, curiosamente, en español ocurre exactamente lo mismo: si el objeto es un grupo nominal extenso, éste se postpone por razón de equilibrio y memoria, si es muy corto, especialmente si es un monosílabo, pronombre personal o clítico, se antepone obligatoriamente, y si es de un tamaño intermedio suele haber libertad de colocación. Compárese, por ejemplo, la similitud del comportamiento entre las unidades frásticas setfree y poner en libertad: la) The dictator set theprisoners free. Ib) El dictador puso a los prisioneros en libertad. 2a) The dictator set free the prisoners. 2b) El dictador puso en libertada los prisioneros. 3a) The dictator set themfree. 3b) El dictador los puso en libertad^. 3c) El dictador púsolos en libertad / Púsolos en libertad el dictador / etc. (literario) 4a) *The dictator setfree them. 4b) *El dictador puso en libertad los. 5a) The dictator setfree the prisoners v/ho provea not to be involved in the riots. 5b) El dictador puso en libertada los prisioneros que demostraron no haber participado en las revueltas. 6a) *The dictator set the prisoners whoproved not to be involved in the riots free. 6b) *El dictador puso a ¡os prisioneros que demostraron no haber participado en las revueltas en libertad. Tampoco olvidemos que en español hay abundantes unidades predicativas (verbos, adjetivos o nombres) preposicionales, algunas de ellas transparentes pero imprevisibles en su combinación (pensaren, soñar con, hablar de, ansioso(-sa) por/de, aficionado(-da) a, deseoso(-sa) de, cansado(-da) de, proclive a, en contacto con, etc.) y otras además con un altísimo porcentaje de opacidad (mirarpor, contar con, dar con, ajeno(-na) a, loco(-ca) por, duro(-ra) con, etc.). ¿Qué estudiante extranjero puede, sin la información debida, no sólo colegir el significado de estas unidades en las que mirar, contar y dar han sufrido un blanqueo semántico y cobran un nuevo significado al sumarse a un complementizador marcado, sino ni siquiera prever dicho complementiza3 Aunque entran enjuego unas reglas más complejas, las que regulan la colocación de los clíticos, está claro que las limitaciones de la memoria y la dislocación de unidades frásticas parecen constituir un principio lingüístico universal y no un parámetro particular de cada lengua. 42 ASELE. Actas XV (2004). FRANCISCO GARRUDO CARABIAS. El diccionario, arma de dobl...
ACTAS DEL XV CONGRESO INTERNACIONAL DE ÁSELE dor cuando en su lengua nativa, o no lo tiene, o es distinto (look after, dream of, rever de, think of, penser á, fond of, amateur de, etc.)? Una vez más creo que el inglés es la lengua con mayor conciencia de este problema y por ello la que cuenta con un mayor número de diccionarios monográficos4 sobre estas unidades. ¿Con cuántos contamos en español? Pienso que es necesario incorporar cuanto antes una información gramatical lo más completa posible a nuestros diccionarios de uso, valiéndonos de los avances de la lingüística sin importar en qué modelos o paradigmas se estén produciendo. Es hora ya de superar, aunque sólo sea pragmáticamente, el divorcio entre formalismo y funcionalismo que tanto daño está causando a la metodología de investigación. La moderna gramática cognoscitiva está explicando muchos de los procesos de adquisición del léxico, entre otros la importancia de los procesos metafóricos y metonímicos en la extensión del léxico, y sus avances deben incorporarse cuanto antes. Pero igualmente deben aprovecharse los avances operados en el paradigma generativista y su intento de explicación de la gramática interiorizada en la mente de los hablantes nativos con el mínimo posible de reglas. Como veremos seguidamente las posiciones están muy cercanas, en lo esencial. Y, por supuesto, es hora de elaborar diccionarios con una mejor información pragmática, tema al que me referiré posteriormente, basados en la lengua real y utilizada por los hablantes, para lo que es necesaria una labor previa de recogida de corpus en distintos registros y niveles de utilización. En la evolución del paradigma o modelo generativista, y tras muchos avatares en su tratamiento, los componentes lingüísticos no se consideran hoy tan impermeables y estancos como en el pasado. Aparte de otras razones de índole teórica y metodológica anejas al paradigma generativista, hay que resaltar la constatación de que al interiorizar la gramática de la lengua nativa no se interiorizan los componentes léxico, semántico, fonético, morfológico, sintáctico o pragmático de manera autónoma o separada, sino simultánea e interdependiente. Aunque estos componentes de la gramática tengan sus propias reglas y principios anejos, su actuación no es ni independiente ni libre, y se relacionan interactivamente, por lo que su autonomía es un puro supuesto tan sólo metodológico (Van Riemsdijk y Williams 1986:244). El supuesto no funciona en ninguno de los casos y mucho menos en didáctica de segundas lenguas. ¿Cómo se puede, por ejemplo, enseñar fonética suprasegmental sin recurrir a la sintaxis, o viceversa? Como correlato de lo anterior, las relaciones entre léxico y sintaxis, que en los albores del paradigma generativista partieron de un grave menosprecio del primer componente, desde hace algún tiempo ya, han sufrido un importante giro comenzándose a valorar debidamente la importancia del componente léxico. La gramática se considera integrada por dos macro-componentes, el léxico, especie de base de datos que almacena las unidades significativas básicas de la gramática con las que el segundo macro-componente, el sistema computacional o sintáctico, definible en esencia como un conjunto de operaciones, reglas o principios, genera las estructuras de las expresiones (utterances) lingüísticas (Chomsky y Lasmk 1993). Éstas operaciones computacionales son esencialmente dos: la proyección de las palabras en unidades sintácticas: nombres, verbos, núcleos, sintagmas, complementos, especificadores, etc., y el movimiento de dichas unidades. La gramática incluye, por tanto, dos componentes básicos, el léxico y el sintáctico, más dos componentes de interficie, la Forma Fonética (FF) y la Forma Lógica (FL). Hay cuatro posibles niveles de representación, la Estructura P(rofunda), la Estructura Superficial), la F(orma) F(onética) y la F(orma) L(ógica). La estructura P, interficie entre el sistema computacional y el léxico, es la expresión de las propiedades léxicas en una formalización accesible al sistema computacional y comporta la proyección de las propiedades semánticas o temáticas de los elementos léxicos en ciertas posiciones estructurales (A entrega B a C/Ia entrega de B a CporÁ) de especial aplicación en la concepción de nuevos diccionarios más científicos y útiles. El conocimiento del léxico que posee un hablante, más o menos ilustrado, no es innato (a diferencia de lo que ocurre con el sistema computacional o sintáctico) sino que tiene que ser aprendido. Los hablantes codifican y operan con las estructuras sintácticas correctamente, de manera natural y sin haber sido instruidos. Por iletrado que sea un hablante de inglés o español siempre codificará She saw me andlsaw her, o Yo te vi y tú me viste, y nunca *Me saw she and her saw lo *Me tú vi y te yo viste. Y en las lenguas dotadas de género gramatical operativo, como el es4 Tan sólo menciónale dos, ya clásicos: Cowie A. P. y R. Mackin (1975) Oxford DIctionary of Current Idiomatic English, volunte 1: Veros with Prepositlons & Fardeles, Londres: Oxford University Piess, y Cowie, A. P., R. Mackin y I. R. McCaig (1983) Oxford Dictionary of Current Idiomatic English, volóme 2: Pbnue, Clame & Sentence Idloms, Londres: Oxford University Press. Y, de paso, añadiré que el inglés es también la lengua que cuenta con un mayor número de diccionarios ideológicos, de campos semánticos o thesauri, pictóricos, especializados y científicos, de frecuencia, además de todos los tipos y variedades de corpora concebibles. 43 ASELE. Actas XV (2004). FRANCISCO GARRUDO CARABIAS. El diccionario, arma de dobl...
LAS GRAMÁTICAS Y LOS DICCIONARIOS EN LA ENSEÑANZA DEL ESPAÑOL COMO SEGUNDA LENGUA: DESEO Y REALIDAD pañol, cualquier hablante producirá automáticamente zapatos de piel italiana o zapatos italianos de piel, asignando correctamente número, género y colocación al adjetivo pertinente. Pero la adquisición y perfeccionamiento del uso léxico es harina de otro costal (vid. Fernández Lagunilla, M. y A. Anula Rebollo 1995:87 y ss.). De especial importancia, añadida a todo lo anterior para el tema que nos ocupa, ha sido la constatación empírica de que las relaciones entre los procesos léxicos y sintácticos son muy distintos en la comprensión (descodificación o recepción) y en la producción (o codificación). Mientras que en la comprensión parece haber una relativa separación funcional entre el reconocimiento de las palabras y el análisis sintáctico, en la producción, en cambio, existe una mutua interconexión y dependencia entre los procesos de selección léxica y de planificación sintáctica. Ello evidencia la importancia de dotar, muy especialmente a los diccionarios productivos, de una adecuada información sintáctica. En los modelos de producción, se suele distinguir entre dos clases de representaciones léxicas: el lemma, que abarca los rasgos de significado, la categoría gramatical de la palabra, su marco de subcategorización o engarce sintáctico, y ciertos rasgos gramaticales (género, contabilidad, telicidad, etc., dependiendo de su categoría), y el ¡exenta, mera especificación fonética de la palabra, su estructura morfológica y patrón de acento (Kempen y Huijbers 1983; Levelt 1989). En la distinción, clásica ya, entre principios (universales) lingüísticos y parámetros (particulares y relativos a cada lengua natural) es de especial relevancia la llamada hipótesis de parametrización léxica, según la cual el léxico parece constituir la causa primordial de diferenciación o variación entre lenguas. Las propiedades de las unidades del lexicón merecen, por tanto, un análisis y tratamiento muy particular al relacionar lenguas distintas. Dichas unidades, además de las propiamente léxicas o dotadas de contenido denotativo o nocional (sustantivos, verbos, adjetivos, preposiciones semánticas y adverbios), incluyen las piezas funcionales, tales como los elementos complementizadores o conjuntivos subordinantes, los determinantes, las preposiciones no léxicas o funcionales, y ciertas marcas semánticas variables según las lenguas (género, número, persona, aspecto, tiempo) (Borer 1984, ManziniyWexler 1987). La importancia de esta información en el procesamiento léxico es capital. De la pléyade de ejemplos que podrían darse voy a seleccionar el de la utilización de la preposición de en español, parametrizada como elemento des-semantizado que se utiliza como modificador dentro de un grupo nominal (Ja chica del maletín /del abrigo verde/de la esquina /etc.) -a diferencia del inglés (the girl with the briefcase / in the green coat / at the córner /etc.)- frente a la utilización de la preposición semántica cuando funcionan como constituyentes dentro de una cláusula, normal o sintética (small clause): 7a) La chica viene con un maletín en la mano. 7b) La chica te espera en la esquina. 7c) Espero verte con el maletín en la mano. (Cláusula sintética subrayada). Compárense 8 y 9, a continuación: 8a) Espero a la chica del paraguas. La espero desde las siete. (Grupo nominal subrayado y, todo él, sustituido por la proforma la en la cláusula reiterada, de ahí la no aceptabilidad de Espero a la chica del paraguas. *La espero del paraguas desde las siete) 9) Quiero a esa chica con un paraguas . Dadle un paraguas, que no sabe qué hacer con sus manos. La quiero con un paraguas en las manos. (Instrucciones de un director de escena, por ejemplo). (Cláusula sintética subrayada. La proforma la sólo sustituye al grupo nominal dentro de la cláusula). Todo lo dicho anteriormente acerca de los componentes lingüísticos es aún más válido para la Gramática Cognoscitiva, modelo para el que la lengua ni siquiera está estructurada en compartimentos o componentes autónomos, y mucho menos estancos. La gramática es, por tanto, indisociable del significado y no admite la segmentación de la estructura gramatical en componentes independientes (vid. Langacker 1987:36). 44 ASELE. Actas XV (2004). FRANCISCO GARRUDO CARABIAS. El diccionario, arma de dobl...
ACTAS DEL XV CONGRESO INTERNACIONAL DE ÁSELE El lexicón, la morfología y la sintaxis forman un ensamblaje de unidades simbólicas que estructuran el contenido. Lo mencionado acerca de la separación entre paradigmas formalistas y funcionalistas es exactamente aplicable a la larga tradición de divorcio entre el léxico y la sintaxis, con sus modelos exclusivamente lexicistas o sintacticistas, que tanto perjuicio causan a ambas disciplinas. En el terreno de la lexicología, por ejemplo, las frases hechas, los modismos, las colocaciones léxicas (tostar pan/*carne frente a asar carne/*pari), junto con las restricciones de selección5, no han sido tratados con la seriedad que merece un conjunto de lexemas que ocupa mas de la mitad (!) de nuestro repertorio léxico: To my mind, lexicón is most usefully and sensibly described as the set offixed expressions in a language, irrespective ofsize and regularity. Thereby included as lexical items are morphemes, stems, words, compounds, phrases and even longer expressions -provided that they are learned as established units, but regardless ofwhether theirformation is in any way idiosyncratic. In terms ofour threeparameters, lexicón consists ofthose symbolic structures that are high in both specifity and entrenchment: they represent particular expressions (rather than schetnas) that have achieved the status ofconventional units. Symbolic complexity is not a factor, for lexical items canfall anywhere along this scale (Langacker 1991:45). De esta manera se acaba la equivalencia unidad léxica/palabra. El listado de unidades léxicas almacenadas en el lexicón mental adquiere una nueva dimensión: una unidad conceptual puede ser un simple morfema, un compuesto o, incluso, toda una oración: si se ha consolidado como unidad simbólica pasa inmediatamente al lexicón con todas sus propiedades semánticas y fonológicas6. Teniendo en cuenta todo lo anterior, la gramática cognoscitiva considera que es un error concebir el lexicón como un simple conjunto de unidades léxicas almacenadas en la mente del hablante juntamente con, pero independientemente de, las reglas y principios de combinación de dichas unidades léxicas. El usuario concibe su lengua como un conjunto de unidades simbólicas (compuestas por la integración de un polo fonológico y un polo semántico), mientras que las reglas serían simples abstracciones motivadas por la frecuencia con que son usadas dichas unidades simbólicas en un contexto de uso de la lengua. De aquí se desprende el concepto de entrenchment o entrañamiento como la frecuencia con que una formación estructural ha sido invocada, la minuciosidad de su preeminencia y su previsibilidad o facilidad de activaciones posteriores. Como puede apreciarse, la aplicación al tema que nos ocupa es, una vez más, de vital importancia. La Gramática Cognoscitiva coincide también con las últimas propuestas de la Gramática Generativa y la Semántica Léxica (Jackendoff 1989, Grimshaw 1994 y Pustejovsky 1998) en que la unidad léxica ha de concebirse como una categoría compleja, o estructura formada por componentes arguméntales relacionados cualitativa y eventivamente unos con otros. La incorporación de dichos componentes arguméntales a la definición de las entradas léxicas es de urgente necesidad si queremos mejorar la adquisición del léxico de la lengua extranjera por analogía con la organización del lexicón mental de nuestra lengua materna. Todas las escuelas están de acuerdo actualmente en la necesidad de enriquecer el componente léxico de la gramática, lo cual debe realizarse en un doble plano: el de la microestructura del significado individual, mediante el análisis y mejora de la definición de cada unidad en el desarrollo de la interficie sintaxis-semántica, y el de la macroestructura, mediante el estudio e identificación de conjuntos de dominios semánticos cada vez más definidos pero investigando simultáneamente las relaciones de unos con otros. Es necesario, por tanto, dejar de tratar las unidades s Aunque su naturaleza es una cuestión que está lejos de haber sido resuelta. Algunos lingüistas han llegado incluso a proponer que se las considere ajenas al análisis lingüístico y más bien relacionadas con nuestro conocimiento del mundo (Johnson-Laird 1983). Pero incluso entre los que defienden su tratamiento lingüístico no hay acuerdo sobre si éste debe set de índole sintáctica, semántica, pragmática o lógica (Fodor 1977; Keenan 1970). Su violación es, por cierto, causa (¿o efecto?) de numerosas expresiones metafóricas. Sí parece, no obstante, ser cierto que es el predicado el que controla los valores temáticos de sus argumentos. En una oración como El tenedor se Jugó con la cuchara, es jugarse quien personaliza e impone a tenedor y cuchara el valor agentivo. 6 Vid. Rubio Cuenca 2004. 45 ASELE. Actas XV (2004). FRANCISCO GARRUDO CARABIAS. El diccionario, arma de dobl...
LAS GRAMÁTICAS Y LOS DICCIONARIOS EN LA ENSEÑANZA DEL ESPAÑOL COMO SEGUNDA LENGUA: DESEO Y REALIDAD léxicas como elementos aislados y empezar a concebirlos como representaciones dinámicas de la estructura conceptual (vid. Mairal 1999:67). Según Mairal 1999, y como consecuencia de todo lo anterior, un lexicón así concebido debe incluir las siguientes tareas: (i) Una descripción onomasiológica que agrupe los predicados en clases o dominios sintácticos. Dichos dominios sintácticos evidenciarán indudables pautas de comportamiento, pues los lexemas que compartan un subdominio semántico, aunque pertenezcan a categorías distintas (por ejemplo, verbo, nombre y adjetivo) tienden a estar subcategorizados por análogos patrones de complementación. (ii) Una descripción paradigmática de las relaciones sintáctico-léxicas por medio de las que se pueda predecir la interrelación sintaxis-semántica. Las definiciones diseñadas o concluidas y los marcos predicativos consecuentes deberán complementarse de manera que las diferentes realizaciones sintácticas se conciban como proyecciones de uno o más rasgos semánticos. (iii) El diseño de un sistema de notación que refleje las generalizaciones pragmáticas, semánticas y sintácticas que vinculan los diferentes tipos de predicados entre sí. (iv) La utilización de fuentes informativas sobre lenguaje real aportadas por la lingüística de corpus y no simplemente de ejemplos de laboratorio o generados adhoc por los lexicólogos o gramáticos. Naturalmente, y como puede preverse, el último punto entra en fricción con el paradigma generativista al considerar éste que es responsabilidad del lingüista dar cuenta de la generación de todas las posibilidades de producción lingüística (utterances) del hablante nativo y no sólo de las efectivamente realizadas. No obstante pienso que esta diferencia debería ser cada vez menos importante, y ello por dos razones: la primera, porque el desarrollo de la lingüística de corpus hará que el conjunto de producciones realizadas y recogidas se acerque cada vez más al conjunto no realizado de producciones teóricamente posibles7. La segunda razón, no menos importante que la anterior, es que la divergencia de estas dos posiciones teóricas no tiene por qué afectar a la praxis lexicográfica, que puede nutrirse, en todo caso, de los avances en ambos modelos, que de hecho, como ya he comentado anteriormente, caminan cada vez más en paralelo. Mairal 1999:71, recogiendo una bien asentada tradición funcionalista, define los tres ejes que vertebran la estructura de un lexicón: Eje paradigmático: organización de las entradas léxicas en dominios léxicos. Los términos superordinados se definen por medio de la descomposición de sus componentes de significado. La estructuración resultante permite reflejar las relaciones léxicas, tanto interlingüísticas como intralingüísticas. Eje sintagmático: análisis de los modelos o patrones de complementación de cada lexema, utilizando los marcos predicativos como mecanismos de representación. La complementación consiste esencialmente en combinar la semántica de los predicados con la semántica de los complementos. La información semántica del eje paradigmático es relevante para determinar la forma y la función de los diferentes patrones de complementación en un dominio léxico determinado. Eje cognoscitivo: La convergencia de los ejes paradigmático y sintagmático da lugar a una serie de esquemas denominados esquemas predicativos (predicóte schemata), que recogen el es7 El Proyecto COBUILD fue pionero al producir en 1987 el primer diccionario basado en el tratamiento computacional de datos de inglés real, y su introducción (pp. XV-XXI) es hoy, dieciocho años después, un excelente resumen de las metas de la lexicografía basada en corpus. En Sinclair (ed.) 1987 se recogen los presupuestos teóricos y la metodología del proyecto, y en esta obra se reconoce (p. 167) que los lexicógrafos implicados hubieron de tomar nota de algunos usos de palabras que en su opinión eran de utilización corriente pero no aparecían en el corpus. Evidentemente aquel corpus original, de 20 millones de palabras, podía presentar este problema. La curva que representa los usos recogidos en los corpora modernos, como he mencionado arriba, tiende progresivamente al punto teórico e hipotético de los posiblemente generados por el hablante nativo ideal, y aunque nunca lo alcance, la fracción que representaría la distancia que los separa creo que empieza a ser despreciable en términos de praxis. 46 ASELE. Actas XV (2004). FRANCISCO GARRUDO CARABIAS. El diccionario, arma de dobl...
ACTAS DEL XV CONGRESO INTERNACIONAL DE ÁSELE cenado sintáctico, así como los rasgos semánticos y pragmáticos que comparten los lexemas encuadrados en ese dominio semántico. Dicha convergencia lleva a concebir cada esquema de predicado como una minigramática léxica nuclear, que incluye las reglas y principios pertinentes a los lexemas de esa dimensión. En definitiva y en resumen, la meta es elaborar un aparato lexicológico que clasifique los predicados de todo tipo (fundamentalmente, pero no exclusivamente, verbales, nominales y adjetivales) en clases semánticas, lo cual acarreará una comprensión más profunda de la compleja interrelación entre sintaxis y semántica8. De esta manera se evidenciará la intuida correspondencia entre la representación léxica de un predicado y su expresión sintáctica, a la vez que la profunda interconexión entre el comportamiento sintáctico de los predicados y el subdominio léxico bajo el que se agrupan dichos predicados. Es necesario incorporar cuanto antes a los diccionarios prácticos y de uso los avances producidos en los diccionarios y lexicones elaborados por los lingüistas teóricos de la lengua. Creo que una meta no debe estar nunca separada de la otra. Si estos avances se van produciendo poco a poco en la información tradicionalmente gramatical (especialmente en lo que se refiere a la sintaxis más añeja de la subcategorización estricta o el régimen de complementación de algunas partes de la oración) deben incorporarse también cuanto antes los avances en la investigación de la estructura argumental de los predicados aprovechando cada vez más los factores de isosemia o similitud semántica entre distintas lenguas, y facilitando la comprensión de los factores de anisosemia o falta de similitud, utilizando la descripción en niveles más abstractos que hagan superar los problemas de inequivalencia léxica causados por dicha anisosemia9. Aunque estamos muy lejos de llegar a un consenso sobre la supuesta universalidad de los papeles semánticos o de encontrar un conjunto común de éstos en las lenguas naturales, su utilidad ha quedado largamente demostrada a la hora de explicar muchas variaciones léxicas y sintácticas entre ciertas lenguas específicas. Esta utilidad me lleva a postular la utilización del término papeles temáticos contrastivos para aquellos argumentos especialmente importantes al relacionar dos lenguas, que pueden no ser importantes en otras, generalmente por razones tipológicas. Por ejemplo, en español tiene una importancia especial un argumento no nuclear, adjunto (o satélite), que no suele darse con tanta facilidad en muchas lenguas: el tradicional dativo ético o simpatético (también llamado de interés). Se puede añadir con total libertad a cualquier oración saltando todas las barreras de compatibilidad sintáctica (con predicados intransitivos, copulativos, pronominales, etc.): A ver si me jugáis bien hoy, que es importante para la clasificación (dicho por un preparador a su equipo) /No te me enfades /No me seas pesado / etc. Otro ejemplo: la clase de los llamados nombres eventivos (o sucesos) es obviamente responsable del uso de ser o estar en español a la hora de denotar ubicación o localización: las sustancias se ubican con estar (El coche está en el garaje) y los sucesos con ser (La reunión es en el garaje), y no hay excepciones, lo que prueba que la diferencia ha de ser debidamente codificada en la definición del sustantivo. Lógicamente esta diferencia puede marcarse en ciertas lenguas mediante una distinción léxica: en inglés classroom (sustancia locativa) frente a class (suceso), en francés class (sustancia locativa) frente a cours (suceso) o en español aula (sustancia locativa) frente a clase (suceso). Pero en español la ambigüedad que presentan los lexemas clase y curso, que pueden referirse tanto al 8 Levin 1993:5, por ejemplo, en la introducción teórica a su archiconocido trabajo sobre clases verbales afirma, de manera obviamente muy bien fundamentada en la obra que le sigue, que: Further examination ofthe nature of lexical knowledge conftrms that various aspecto ofthe syntactic behaviour ofverbs are tied to their meaning. Moreover, verbs thatfall into cíasses accordmg to shared behaviour would be expected lo show shared meaning components. Análogamente, Pinker 1994:395 sostiene que: In most languages a verb can appear in afamtfy offorms, each with a distinct meaning component, plus a common meaning component that runs throughout thefamily, ' Entre otras muchas -muy numerosasposibilidades, es necesario sistematizar adecuadamente las diferentes realizaciones léxicas o morfológicas del aspecto en las lenguas relacionadas o contrastadas. Considérese la inequivalencia léxica entre el español llevar (un tiempo) haciendo algo, acabar de hacer algo, etc. y el inglés, por ejemplo, have been doing something, havejust done something, etc. Los verbos españoles mencionados anteriormente no suelen clasificarse en los diccionarios de uso como auxiliares de aspecto. Hay que reseñar también la posibilidad de anisosemia en lexemas de campos semánticos análogos pero no coincidentes: fish en inglés puede distinguirse en pez y pescado en español, pero justamente lo contrario sucede con carne frente a meat yflesh. El inglés suele distinguir entre roo/y ceiling (perspectiva desde el exterior o el interior, muy similar a lo que ocurre en español con rincón y esquina) cuando en español esta diferencia no se aplica en techo. De nuevo, y como ya be mencionado, la interpretación suele resolverse en el terreno del texto. 47 ASELE. Actas XV (2004). FRANCISCO GARRUDO CARABIAS. El diccionario, arma de dobl...
LAS GRAMÁTICAS Y LOS DICCIONARIOS EN LA ENSEÑANZA DEL ESPAÑOL COMO SEGUNDA LENGUA: DESEO Y REALIDAD suceso como a la sustancia colectiva de un grupo discente (ambigüedad por cierto paralela a la que presentan class en inglés y cours en francés), queda perfectamente aclarada por la compañía de ser o estar, que se convierten en catalizadores de esta diferencia semántica: La clase es en el laboratorio frente a La clase está en el laboratorio haciendo prácticas. Recordemos que el significado no radica en la palabra, ni siquiera en la oración, sino que se encuentra en la unidad mínima comunicativa, que es el texto (que, eso sí, a veces puede estar constituido por una sola palabra u oración), y muy a menudo se modula en distintos componentes de éste. Al ejemplo anterior se podrían añadir muchos más. El español distingue entre rincón y esquina (ya lo mencioné en la nota 9), según se visualice en su concavidad o convexidad. En cambio el inglés sólo dispone de córner para expresar las dos perspectivas. Pero no nos engañemos, esta importante y palmaria diferencia es transferida a la preposición acompañante, que también se convierte en catalizador semántico: la preposición tridimensional in para expresar rincón, la bidimensional on o la monodimensional at para expresar esquina. Algo muy análogo, como se puede ver, a lo que hace el español con ser/estar y los sustantivos eventivos. Una vez más, es responsabilidad de los diccionarios aclarar estas cuestiones. En español, por ejemplo, es muy importante la lexicalización de ciertos papeles semánticos como el locativo, experimentador, tema o instrumental en determinados predicados. Compárense las distintas interpretaciones desde una lengua como el inglés, en la que la (des)codificación semántica descansa en factores no inherentemente lingüísticos sino relativos a la experiencia o conocimiento del mundo: 10) Seville is hot. 11) John is hot. 12) This chair is hot. 13) Thisjacket is warm. 14) It is hot. En el caso de 10, y suponiendo que el oyente conozca la existencia de un lugar llamado Sevilla, lo interpretará como Hace calor en Sevilla (o quizás Sevilla es calurosa), y en el caso de 11, y suponiendo que el oyente, como es de esperar, sepa que John es un nombre típico de persona, lo interpretará como Juan tiene calor (experimentador). Pero si en vez de un lugar conocido se trata de una entidad de dudosa identificación, bien porque el oyente no tiene el conocimiento del mundo que el hablante le supone, o porque es un nombre de varios significados (topónimo o apellido de persona), en inglés no podrá descodificarlo correctamente, mientras que en español recibirá dicha información perfectamente lexicalizada: Hace calor en Sevilla (locativo) o Sevilla (por ejemplo, Juan Sevilla Gómez) tiene calor. Abre la ventana10. Si oye en inglés Topahei is hot (invento este nombre ad hoc sin saber de su existencia como topónimo o apellido en lengua alguna) ignorará su descodificación correcta, mientras que en español la codificación de Topahei tiene calor o Hace calor en Topahei, le aclarará léxicamente su significado sin necesitar del conocimiento del mundo o, mejor dicho, el oyente recibirá del hablante esta parte de su conocimiento del mundo mediante dicha lexicalización. Por supuesto, el español interpretará 12 como Esta silla está caliente (tema), y 13 como Esta chaqueta abriga (instrumento). 14 presenta en inglés una ambigüedad oracional" que en castellano no seria posible al codificarse como Hace calor, o (algo, la mesa, por ejemplo) Está caliente, o (el gatito, por ejemplo) Tiene calor. De ahí la importancia de que los diccionarios informen de este potencial de los lexemas predicativos hacer (calor/frío/etc.), tener (calor/frío/miedo/pánico/etc), estar (caliente/frío/templado/helado/etc), abrigar/calentar/refrescar/etc. con las pertinentes matizaciones y variaciones semánticas de cada predicado. Y esto es sólo una ínfima muestra de un complejísimo mundo de posibilidades. Queda claro que la gramática externa, reflejo actualizado de la gramática interiorizada que tiene todo hablante nativo en su mente, se contiene en el léxico. No basta con que el diccionario in10 Incluso se puede dar otra interpretación predicativa de experimentador mediante el uso de tener. Sevilla tiene calor, aparte de la interpretación mencionada arriba, por la que Sevilla representa a una persona de dicho apellido, también puede referirse al colectivo de sevillanos que tienen calor: Otro día de Julio en el que Sevilla tendrá calor. 11 La ambigüedad estructural, pienso, sólo es posible en el léxico, el sintagma o la oración pero nunca en el texto, a no ser que el hablante la provoque deliberadamente por falta de cooperación o por alguna razón estética, cómica o de otra índole. Fuego en español, por ejemplo, como lexema puede ser ambiguo entre fire y light, pero en los textos Fuego! Salgan todos! y ¿ Tiene usted juego, por favor?, es descodificado sin problemas. 48 ASELE. Actas XV (2004). FRANCISCO GARRUDO CARABIAS. El diccionario, arma de dobl...